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Biografía

Julio César Arana

Regeneración

1864–1952

15 min de lectura19 documentos
Nacimiento1864
Fallecimiento1952
RolesEmpresario cauchero · Senador del Congreso peruano
Lugar principalColombia
Período históricoRegeneración1886–1929
03

La biografía

Julio César Arana del Águila (Rioja, San Martín, Perú, 1864 — Lima, 1952) fue el empresario cauchero peruano que, entre 1890 y 1932, construyó sobre las selvas del Putumayo y el Caquetá el mayor sistema de extracción y exterminio de la Amazonía sudamericana. Su compañía, primero Arana y Compañía y luego la londinense Peruvian Amazon Company, ocupó de facto un territorio que Colombia consideraba suyo, esclavizó y aniquiló a decenas de miles de indígenas huitotos, boras, andoques y ocainas, y forzó al Estado colombiano a definir por las armas y la diplomacia una frontera amazónica que había cedido por omisión. Su nombre es peruano, pero su huella —el trapecio amazónico, la Leticia colombiana de hoy, el trauma de los pueblos murui— pertenece de lleno a la historia de Colombia.

02

Línea de vida

  1. 1889

    Inicio del negocio cauchero en Yurimaguas

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    Arana compró una estrada cauchera cerca de Yurimaguas, sobre el río Huallaga, y aplicó por primera vez el sistema de endeude con unos veinte trabajadores brasileños ('flagelados') reclutados en Ceará junto a su cuñado Pablo Zumaeta, cada uno ya endeudado en 30 libras por el pasaje.

  2. 1900

    Consolidación del dominio sobre el Putumayo

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    Tras desplazar y eliminar a los caucheros colombianos pioneros —entre ellos Benjamín Larrañaga, fundador de La Chorrera, muerto con síntomas de envenenamiento—, Arana concentró el control absoluto de La Chorrera y sus sucursales, expulsando a los colombianos restantes y respaldándose en tropas del gobierno peruano.

  3. 1904

    Reclutamiento de trabajadores de Barbados

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    La empresa contrató en Barbados a unos 200 súbditos británicos con contratos de dos años para reforzar la vigilancia. Cuando algunos intentaron abandonar el servicio en Manaos, la policía brasileña los devolvió bajo escolta armada, evidenciando la impunidad operativa de la empresa frente a autoridades consulares.

  4. 1906

    Pico documentado del terror sistemático

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    El agente José Fonseca celebró la Pascua de 1906 matando a tiros a aproximadamente 150 indígenas desde su cabaña en Último Retiro; a los heridos los apilaron, les rociaron gasolina y los quemaron. El sistema de terror incluía azotes hasta dejar los huesos al descubierto, quemas con parafina y uso de indígenas como blancos de tiro.

  5. 1909

    Constitución de la Peruvian Amazon Company en Londres

    Leer contexto

    La empresa Arana y Compañía comenzó a operar bajo la razón social The Peruvian Amazon Company Limited, constituida en Londres con capital británico, convirtiendo un negocio peruano en territorio disputado con Colombia en una compañía amparada formalmente por la Corona británica.

  6. 1910

    Investigación de Roger Casement en el Putumayo

    Leer contexto

    El Foreign Office envió a Roger Casement al Amazonas; este recogió testimonios sistemáticos de los trabajadores barbadenses y llevó un diario detallado del viaje. Su informe oficial, publicado como 'Correspondence Respecting the Treatment of British Colonial Subjects and Native Indians Employed in the Collection of Rubber in the Putumayo District', fijó ante la opinión internacional los crímenes de la empresa.

  7. 1913

    Disolución de la Peruvian Amazon Company

    Leer contexto

    El escándalo internacional desatado por las denuncias de Saldaña Rocca, Hardenburg, Casement y la revista Truth destruyó a la Peruvian Amazon Company entre 1911 y 1913. Arana, sin embargo, no fue procesado penalmente y continuó su actividad política en Perú.

  8. 1922

    Concesión de cinco millones de hectáreas y oposición al Tratado Lozano-Salomón

    Leer contexto

    Mediante influencias ante el Ministerio de Fomento peruano, Arana obtuvo título de propiedad sobre un lote denominado Putumayo de más de cinco millones de hectáreas en ambas márgenes del río Putumayo. Simultáneamente, como senador, lideró la oposición al Tratado Lozano-Salomón (firmado el 24 de marzo de 1922) que reconocía a Colombia el trapecio amazónico con Leticia. Colombia protestó la concesión por violar su soberanía.

La semblanza

Arana no fue un hacendado clásico ni un caudillo de frontera al modo decimonónico. Fue un empresario moderno que entendió antes que nadie tres cosas: que el caucho silvestre amazónico, disparado en su valor por la vulcanización de Goodyear (1839) y el neumático de Dunlop (1888), era la mercancía global del momento; que en los ríos que unían el Putumayo con Iquitos y Manaos no había Estado real que pusiera límites; y que un sistema de trabajo basado en deuda perpetua y terror físico podía extraer volúmenes que ningún contrato salarial permitiría. Sobre esa lectura levantó una empresa que hacia 1907 operaba siete lanchas de vapor de entre 40 y 120 toneladas, disponía de un arsenal capaz de reducir tribus enteras a una obediencia basada en el terror, empleaba a más de trescientos peruanos armados en La Chorrera, había entrenado a unos cuatrocientos jóvenes indígenas como vigilantes y había importado desde Barbados a doscientos súbditos británicos como capataces.

Ese conglomerado no operaba en Perú: operaba entre los ríos Caraparaná, Igaraparaná y Campuyá, afluentes del Putumayo, en territorio que Colombia reclamaba como propio. La empresa se consideraba a sí misma dueña absoluta de las selvas, indígenas y comercio de esa región. Y lo era, en el sentido más literal: los jueces de paz locales eran sus empleados, el cónsul peruano en Manaos hacía gestiones diplomáticas coordinadas con ella, y el cónsul colombiano en Iquitos —Juan Bautista Vega— aparecía vinculado a una de sus casas comerciales, Arana Vega & Cía.

El caso Arana no es, por eso, la historia de un criminal excepcional. Es la historia de cómo un particular pudo constituir un poder soberano paralelo sobre un territorio que dos Estados se disputaban en el papel y ninguno gobernaba en la práctica.

Los orígenes

Arana nació en Rioja, en la selva alta del San Martín peruano, en 1864. La biografía temprana está oscurecida por la propia leyenda que él y sus voceros construyeron después; lo que sí se documenta es su entrada al negocio cauchero al final de la década de 1880. En 1889 o 1890 compró una estrada cauchera cerca de Yurimaguas, sobre el río Huallaga, para explotarla como productor y no ya como intermediario comercial. Ese paso —del comercio a la extracción directa— marcó su método.

Para reclutar mano de obra, Arana y su cuñado Pablo Zumaeta viajaron a Ceará, en el nordeste brasileño castigado por la sequía, y contrataron a unos veinte flagelados. Cada uno llegó al Huallaga ya endeudado con Arana en treinta libras por el pasaje. Ese fue el mecanismo germinal de todo el sistema posterior: el trabajador no recibe salario, recibe aprovisionamiento; el aprovisionamiento se contabiliza en libros de la empresa a valores muy superiores a los reales; la deuda crece más rápido de lo que se paga; la sujeción es indefinida. Antes de que hubiera un solo huitoto encadenado en el Putumayo, la maquinaria ya funcionaba en pequeño en Yurimaguas.

Hacia comienzos de la década de 1890, Arana movió su operación al Putumayo, la región donde el caucho era más denso y donde el Estado —peruano o colombiano— era más tenue. Allí encontró un terreno ya roturado por caucheros colombianos que operaban desde 1880, entre ellos Benjamín Larrañaga, fundador de La Chorrera, el enclave sobre el río Igaraparaná que sería después la capital del imperio de Arana. Los Larrañaga habían abierto caminos, contactado poblaciones indígenas, montado los primeros galpones. Arana no los sustituyó de golpe: los absorbió, los desplazó, los eliminó.

La suerte de esa familia es indicativa del método. Benjamín Larrañaga murió con síntomas de envenenamiento por arsénico. Su hijo y heredero fue encarcelado en Iquitos y luego desapareció, supuestamente entre los indios. El cauchero Gutiérrez, su esposa y varios trabajadores fueron asesinados por indios boras en un episodio del que Rafael Larrañaga se aprovechó para apoderarse de sus productos y mercaderías y trasladarlos a La Chorrera. Al final del proceso, La Chorrera y sus sucursales quedaron bajo el control absoluto de Arana, y los pocos colombianos que aún permanecían empleados allí fueron expulsados hacia el Amazonas mientras más de trescientos peruanos, respaldados por tropas del gobierno de Lima, se concentraban en el enclave.

La trayectoria

La consolidación del imperio ocurrió entre 1900 y 1907. En 1904 Arana dio un paso decisivo: reclutó en Barbados a unos doscientos trabajadores con contratos de dos años para reforzar la vigilancia. Eran súbditos británicos, dato que él probablemente no pesó y que resultó fatal para la impunidad del sistema. Cuando algunos intentaron abandonar el servicio y llegar a Manaos, el vicecónsul británico no halló cláusula de escape en sus contratos y la policía brasileña los devolvió río arriba bajo escolta armada. La escena resume la época: un empresario peruano, en territorio en disputa con Colombia, hace que la policía de Brasil devuelva por la fuerza a súbditos ingleses a un régimen de esclavitud. Nadie objetó nada.

Sobre esa base logística, Arana montó el sistema del terror. Los agentes obligaban a los indígenas a extraer caucho día y noche, dándoles solo el alimento mínimo para mantenerlos vivos, y les robaban cosechas, mujeres e hijos. Los azotes dejaban los huesos al descubierto. La quema de personas con parafina o gasolina se ejecutaba como espectáculo. Los agentes usaban a indígenas como blancos de tiro. Rafael Calderón, agente de unos veintidós años, dio cincuenta latigazos a un niño huitoto por robar un pan; su lema declarado era matar a los padres primero y después gozar de las vírgenes. Armando Norman envolvía a las mujeres que se negaban a acostarse con sus hombres en una bandera peruana impregnada en gasolina y les prendía fuego. José Fonseca, agente principal en Último Retiro, celebró la Pascua de 1906 matando a tiros desde su cabaña a unos ciento cincuenta indios; a los heridos los apilaron, los rociaron con gasolina y los quemaron. El cauchero Crisóstomo Hernández decapitó a un grupo de huitotos, incluidos niños de pecho, alegando que practicaban el canibalismo. Los testimonios orales indígenas señalan además que el propio Arana abusaba de las mujeres consideradas más atractivas.

El sistema producía. Y, sobre todo, se blindaba. Los jueces de paz locales eran, simultáneamente, empleados de las casas Arana Vega & Cía. y J.C. Arana & Hermanos. En agosto de 1907, cuando el denunciante Benjamín Saldaña Rocca solicitó al juzgado constituirse en La Chorrera para hacer una visita ocular antes de que desaparecieran las osamentas de los millares de indias asesinadas, el sumario reconoció con inusual franqueza que todos eran culpables y pidió que los jueces fueran trasladados a otra jurisdicción porque ninguna diligencia podía encomendárseles. No pasó nada.

El siguiente movimiento de Arana fue el más audaz. En 1909, la empresa Arana y Compañía comenzó a operar bajo la razón social The Peruvian Amazon Company Limited, constituida en Londres con capital británico. La operación era brillante en el papel: un negocio peruano, en territorio en disputa con Colombia, pasaba a estar amparado por la Corona británica. En la práctica, esa ingeniería jurídica transnacional se convirtió en el hilo que deshizo el ovillo. Los trabajadores barbadenses eran ahora, formalmente, empleados de una compañía inglesa. El Foreign Office no podía seguir mirando hacia otro lado.

En 1907 y 1908, Benjamín Saldaña Rocca, periodista peruano, publicó en Iquitos sus primeras denuncias. Poco después, el ingeniero estadounidense Walter Hardenburg, que había atravesado la región y sido retenido por hombres de Arana, llevó el caso a Londres, donde la revista Truth publicó el 6 de octubre de 1909 un artículo demoledor que hablaba de la enorme responsabilidad del gobierno peruano y de la junta directiva de la Peruvian Amazon Company. En 1908, el ex cónsul británico en Iquitos, David Cazes, ya había informado en Londres al periodista Paternoster sobre lo que ocurría en el Putumayo.

En 1910, el Foreign Office envió al Amazonas a Roger Casement, el cónsul irlandés que años antes había documentado los crímenes coloniales del Congo belga. Casement viajó al Putumayo, recogió testimonios sistemáticos de los barbadenses —protegidos por su condición de súbditos británicos— y llevó un diario detallado del viaje. El gobernador de Barbados envió a John Brown a acompañarlo desde Pará. El informe resultante, publicado bajo el título Correspondence Respecting the Treatment of British Colonial Subjects and Native Indians Employed in the Collection of Rubber in the Putumayo District, fijó ante la opinión internacional lo que había sucedido. Casement escribió también, resumiendo un informe del juez peruano Rómulo Paredes, sobre una forest sickness, una enfermedad de montaña que él interpretó como una dolencia moral y espiritual para explicar el atavismo criminal de los caucheros. Sus notas guardan un parentesco literario evidente con El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad: Armando Norman como un Kurtz de carne y hueso.

El escándalo internacional destruyó a la Peruvian Amazon Company entre 1911 y 1913. No destruyó a Arana. La compañía se disolvió; el hombre permaneció.

La red

Para entender por qué Arana no cayó con su empresa hay que mirar la red que había tejido a ambos lados de la frontera. En Perú se convirtió en actor político de primer orden: fue elegido senador y lideró desde el Congreso peruano la oposición al Tratado Lozano-Salomón, firmado el 24 de marzo de 1922 entre el ministro plenipotenciario colombiano Fabio Lozano Torrijos y el canciller peruano Alberto Salomón. Ese tratado —ratificado por Colombia el 30 de octubre de 1925, por Perú el 20 de diciembre de 1927, con canje de ratificaciones el 19 de marzo de 1928— reconoció a Colombia el trapecio amazónico que hoy incluye Leticia, y era profundamente impopular en Perú porque se creía que Estados Unidos había presionado al presidente Augusto Leguía a firmarlo como compensación por la pérdida de Panamá.

Arana no aceptó esa cesión. En 1922, mediante influencias directas ante el Ministerio de Fomento peruano, obtuvo un título de propiedad sobre un lote denominado Putumayo de más de cinco millones setecientas mil hectáreas en ambas márgenes del río Putumayo. La concesión era, desde el punto de vista colombiano, doblemente nula: violaba la soberanía colombiana sobre la orilla norte y contravenía la propia ley peruana de terrenos de montaña vigente, que imponía límites a las adjudicaciones por denuncio. Colombia protestó. La concesión, en cualquier caso, cumplía su función política: convertía a Arana en el propietario titular del territorio que el tratado cedía, y sembraba la base jurídica de una futura revisión.

La red diplomática de Arana operaba también en Brasil. La Casa Arana y el cónsul general del Perú en Manaos actuaban conjuntamente ante la cancillería brasileña para impedir que se expidiera exequátur a nuevos cónsules colombianos en la región amazónica, obstaculizando así cualquier presencia diplomática colombiana capaz de investigar los abusos o de reclamar el territorio.

Del lado colombiano, la red que debía haber contenido a Arana estaba, sencillamente, ausente o comprometida. Manuel Espinosa, desde el Consulado de Colombia en Iquitos, emitió en 1899 una comunicación al Ministro de Gobierno cuyo contenido preciso permanece en el Archivo General de la Nación. Años después, el propio cónsul colombiano Juan Bautista Vega aparecía asociado a una razón social de la que Arana era socio, y ordenó la expulsión de los últimos colombianos que quedaban empleados en La Chorrera. El Estado colombiano no tenía en la región ni fuerza militar, ni presencia administrativa, ni consulado independiente. Cuando en 1911 tropas peruanas ocuparon La Pedrera, sobre el Caquetá, el contingente militar que Bogotá envió a responder tenía más apariencia de banda de gitanos que de militares, estaba desprovisto de lo básico y no contaba con aliados. El acuerdo del 23 de octubre de 1911 obligó a los peruanos a retirarse, pero el episodio dejó en evidencia lo que ya era obvio para Arana: entre él y la soberanía colombiana no había interlocutor real.

La red también incluye a quienes intentaron romperla desde Colombia. José Eustasio Rivera llevó al Congreso colombiano denuncias sobre las prácticas esclavistas de los caucheros amazónicos y encontró indiferencia parlamentaria. De esa frustración —de la certeza de que sus informes, cartas y alegatos dormirían para siempre en los archivos del Congreso— nació La vorágine (1924), concebida como el vehículo que haría trascender la denuncia más allá de los expedientes muertos. La novela es simultáneamente denuncia, diario de poeta, libro de aventuras, crónica de viaje y novela terrígena; su capa de denuncia es solo una de varias, pero es la que fijó en la memoria nacional colombiana la existencia del infierno cauchero. Rivera proyectaba una segunda novela, Mancha negra, contra los abusos de la explotación petrolera estadounidense; no alcanzó a escribirla. La línea la retomaría César Uribe Piedrahita en Mancha de aceite (1935).

Y está la red indígena, la más importante y la menos considerada por ambos Estados. Los pueblos huitoto (murui), bora, andoque y ocaina no fueron simple materia prima del proceso: fueron sujetos de decisiones extremas. Testimonios de mujeres murui narran cómo sus abuelos subieron por el Caquetá huyendo de la cauchería y de las violencias de Arana, y cómo hicieron las paces con los koreguaje, con quienes habían sido enemigos de vieja data. Esa reconciliación forzada por el terror —dos pueblos que se odiaban aliándose para sobrevivir a un tercero— es una de las reconfiguraciones étnicas más profundas de la historia amazónica reciente, y no ocurrió por diplomacia de Estado sino a pesar de ella.

La huella

La Peruvian Amazon Company se disolvió; el sistema no. En 1932, cuando el tratado Lozano-Salomón ya había sido ratificado y canjeado por ambos países, tropas peruanas invadieron el trapecio amazónico y tomaron Leticia. Comenzaba la guerra colombo-peruana. Perú buscaba obligar a Colombia a aceptar la revisión del tratado; Colombia se negó. El conflicto se resolvió en 1934 por vía diplomática, con la mediación de la Sociedad de Naciones y la confirmación de la frontera pactada en 1922. Leticia quedó colombiana.

Arana, para entonces, era un anciano derrotado en el papel y ganador en muchos otros sentidos. Nunca fue juzgado por los crímenes del Putumayo. Ningún tribunal peruano lo condenó; ningún tribunal británico llegó a él; ningún tribunal colombiano tuvo jurisdicción. Murió en Lima en 1952, en la cama, a los 88 años, cuando ya se hablaba de una segunda fiebre del caucho por la guerra y de nuevas bonanzas amazónicas —pieles, madera, petróleo, coca— que repetirían con variaciones el patrón que él había perfeccionado.

La huella territorial es visible en el mapa. El trapecio amazónico colombiano, con Leticia como capital, existe porque el escándalo del Putumayo obligó a Colombia a mirar hacia una frontera que había ignorado, y porque el propio Arana, al ocupar de facto ese territorio como empresa peruana con capital británico, hizo insostenible seguir sin definirlo. Sin Casement, sin los barbadenses, sin la contabilidad británica que hizo visibles los crímenes ante la opinión europea, es difícil imaginar que Bogotá hubiera desplegado la voluntad diplomática y militar que finalmente desplegó. La frontera amazónica colombiana no se ganó por proyecto soberano: se ganó, en gran medida, por reacción tardía a un escándalo internacional.

La huella demográfica y cultural sobre los pueblos indígenas es incalculable y aún dolorosamente presente. Los murui, boras, andoques y ocainas sobrevivieron como pueblos, pero fragmentados, desplazados, con líneas genealógicas rotas y territorios recompuestos. La retirada de la Casa Arana al Perú al final de la guerra de 1932-1933 no significó el fin del sufrimiento de esas comunidades: dio paso a un segundo escenario, el del proyecto evangelizador de las misiones católicas —amparadas desde 1887 por el Concordato y por la Ley 89 de 1890— que continuaron su labor entre los sobrevivientes con métodos de imposición cultural respaldados por el Estado. Los propios pueblos étnicos han insistido en que el conflicto armado contemporáneo es solo una expresión más de un repertorio de violencias desplegado sobre sus territorios desde hace varios siglos: la cauchería, para ellos, no es un capítulo cerrado sino la matriz de la que salieron todas las capas posteriores.

La huella jurídica y política es más ambigua. El caso Arana estableció, por primera vez en la historia sudamericana, que una compañía privada podía ser responsabilizada internacionalmente por crímenes contra pueblos indígenas: el informe de Casement y el debate parlamentario británico que le siguió fueron un antecedente reconocible de los tribunales internacionales del siglo XX. Pero también mostró los límites de esa responsabilidad: la compañía se disolvió, ninguno de los agentes principales fue juzgado, y el propio Arana rehízo su fortuna y su posición política en Perú.

Y está la huella literaria, que es la forma que ha tomado la memoria del caso en Colombia. La vorágine de José Eustasio Rivera es hoy, para la mayoría de los colombianos, la puerta de entrada al Putumayo cauchero: más que los informes de Casement, más que los sumarios de Saldaña Rocca, más que los archivos del Congreso que Rivera denunciaba. Que la memoria de un episodio tan brutalmente documentado dependa en última instancia de una novela dice algo sobre la relación de Colombia con su propia Amazonía: es un territorio que el país conoce, cuando lo conoce, por vía literaria.

Julio César Arana entendió, mejor que los Estados que se disputaban el territorio en el que operaba, que la Amazonía de finales del siglo XIX era un espacio de soberanía disponible para quien tuviera capital, armas y método. Construyó allí un poder privado que no cabe en la categoría de empresa ni en la de gobierno: fue las dos cosas a la vez. Colombia lo enfrentó tarde, mal y a medias, y cuando finalmente aseguró su frontera amazónica lo hizo empujada por un escándalo internacional que ella no había provocado. Esa es la razón por la que un empresario peruano nacido en Rioja pertenece a la historia territorial colombiana: no porque Colombia lo derrotara, sino porque su figura obligó al país a existir en un territorio del que se había ausentado. La lección incómoda del caso Arana no es que la soberanía se pierde cuando un actor privado la usurpa. Es que esa usurpación solo es posible cuando el Estado, primero, decide no estar.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

19 documentos · 46 fragmentos
01Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · Páginas 100, 114, 119, 123, 129, 135, 145, 1578 citas
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de beri-beri que casi le cuesta la vida). Intercambiando bienes por caucho, jugándose el todo por el todo en el mercado europeo, construyendo así su fortuna 34. Fue en el año de 1889 cuando Arana decidió meterse de lleno y seriamente en el negocio del caucho. Cerca de Yurimaguas com- pró un pequeño “camino” (o…

p. 114
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embargo, nunca fue posible saber “si el pago fue hecho de contado o en qué forma”. La Chorrera, agencia establecida por “Larrañaga, a quien menciona el LIBRO AZUL como uno de los primeros colombianos que invadieron la región en 1880”, sirvió de base para los futuros negocios de Ara- na en el Putumayo. “Larrañaga murió…

p. 119
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y su anchura de unos quince metros máximo. La precipitación de las aguas no se ve, sino un cordón de blanca espuma hasta que vertiginosamente se estrangula en grandes piedras y se levanta una neblina que impide ver el agua, al plano donde forma grandes remolinos y el agua bur- bujeante lentamente se sosiega en medio…

p. 100
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del caucho y el fruto de su próspera actividad lo vendía en las plazas comerciales de Tolima. Habiendo pretendido la Casa Arana que Gutiérrez trabajara con ellos y les recibiera mercancías de las que la empresa importaba del Putu- mayo, Gutiérrez se negó a entrar en transacciones con dicha Casa y resolvió viajar al…

p. 123
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y José Fonseca. De igual manera, la em- presa entrenó a 400 indígenas adolescentes (“boys”), adiestrados para ejercer el cargo de “vigilantes”, los cuales fueron reforzados con el reclutamiento de “200 colonos de Barbados” en 1904. El contrato de los negros de Barbados era por dos años. En Manaos, algunos de éstos…

p. 135
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se hallaban aprovi- sionados “del armamento necesario para reducir a los indígenas a una obediencia basada en el terror”, que “puso en sus manos a tribus enteras a las que tenía gran interés en aterrorizar”. 145 Fragmentos para una historia económica y sociocultural de las caucherías en el Putumayo Fuentes…

p. 145
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sé. El que lo sabe es Roberto Plaza. También conocí a Nicolás Montealegre porque volví donde Ciceri. Cuando yo me les hui a los peruanos, encontré a Nicolás y a Fructuoso en la casa de Macuje. Ellos fueron por una quebrada a buscar las casas de unos indios de Urbano Gutiérrez y me convidaron para que los acompañara…

p. 157
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las demás sociedades de comercio que explotaran las regiones caucheras 51. Las circunstancias de no poseer títulos sobre aquella extensión territorial colocaba a la empresa en una situación vulnerable y, en consecuencia, dadas las influencias de Julio César Arana en su país, por intermedio del Ministerio de Fomento…

p. 129
02El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · Páginas 411, 416, 4223 citas
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un siglo. Ni siquiera la muerte liberaba al cauchero, pues sus obligaciones pasaban por ley a sus hijos, que heredaban las deudas de sus padres; las madres desesperadas arrojaban 417 Eí ndi a las hijas a la prostitución. Era, de hecho, una forma de servidumbre bajo la cual el capataz esclavizaba no sólo al hombre,…

p. 416
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y elaboró una capa plegable para telas, lo que llevó a la invención del «mackintosh», la primera gabardina del mundo. Todos estos productos tenían, sin embargo, un defecto fundamental. Con el frío el caucho se volvía tan quebra- dizo como la porcelana. En el calor del verano, una capa de caucho se convertía en un…

p. 411
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sádico le cortó las orejas a un hombre, lo ató a un árbol y lo obligó a ver cómo que- maba viva a su esposa. José Fonseca, el agente principal en Último Retiro, celebró la Pascua de 1906 matando a tiros a ciento cincuenta indios desde su cabaña. A los heridos los amontonaron en una pila grotesca, les regaron gaso-…

p. 422
03Caquetá: conflicto y memoriaHarley Enrique Gutiérrez Ñustez, Rubén Darío Polo Sierra, Cristian E Paredes González · 2013 · Página 61 cita
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con parafina para que los empleados disfruten con su desesperada agonía. Hoy en día los pueblos indígenas Uitoto, Coreguaje, Inga y los que llegaron en los últimos años, Emberá Chamí y Paeces, recuperan y fortalecen las costumbres ancestrales en sus territorios, como una forma de resistencia para dejar en el pasado la…

p. 6
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 431 cita
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ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…

p. 43
05Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · Página 491 cita
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se internan en la selva, solamente con algunas porciones de fariña (arepa extraída de la yuca brava), que ellos mismos producen. Para procurarse algunas monedas, los indios deben venderle la fariña a un par de comerciantes que trafican allí amparados por los caucheros. Uno de éstos llegó como guardián al penal,…

p. 49
06Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Segunda parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · Páginas 91, 176, 240, 419, 445, 500, 5147 citas
[13]

Chorrera” las osamentas de lo millares de in- dias que se han asesinado, se hace indispensable que el juzgado se constituya en esas secciones a fin de que realice una visita ocular a la brevedad posible, antes de que hagan desaparecer las osamen- tas de las víctimas. Otro sí, digo: Que ninguna de las diligencias de…

p. 176
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una prueba de que llevarán a cabo su intento, pues llevan orden de ir a posesionarse en la boca del río Caraparaná o en El Encanto, es decir frente a donde se hallan las fuerzas colombianas que están a órdenes de Becerra. Las otras fuerzas que se hallan en las bocas de los ríos Cotuhé e Igaraparaná y en Chorrera, las…

p. 91
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enero de 514 Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio 1910 – Señor Gerente de las Rentas Departamentales – Popayán. – Tengo el honor de rendir a usted el informe que me solicitó en su atento oficio de 18 de diciembre último: 1º. Hace tres años que los señores Arana y Compañía quienes desde el año…

p. 514
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una enorme responsabilidad para lo futuro, tanto sobre el Gobierno del Perú como sobre la Junta Directiva de la Compañía Peruana del Amazonas. El buen nombre del Perú sólo corre ries- go de empañarse en el caso de que su Gobierno trate de resolver estos escándalos por medio de inconsultas negativas y de ataques…

p. 445
[19]

Entiendo que es el antiguo Tratado del año de 1.852 puesto nuevamente en vigencia. Conviene que la Cancillería colombiana no se duerma y vele por los intereses del país que se comprometen en tales pactos internacionales, siquiera sea para dejar constancia de su protesta. Sé que la casa de Arana y el Cónsul general del…

p. 500
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cablegrama de junio 27 en que se me decía: “Espere correo” y he quedado esperándolo hasta ahora. Mi situación aquí es insostenible e insisto en retirarme, porque me he arruinado en este Consulado nominal y deseo reponer mi tiempo perdido; lo cual no embarga para estar siempre a las órdenes del Gobierno, para ponerme…

p. 419
[30]

varios colonos colombianos, ante este Gobierno, para poner en su poder algunos documentos y suministrarle datos que pueden interesar; de Usted, respetuosamente solicito, sea tomado en con- sideración el presente informe sobre los recientes acontecimientos sucedidos en el Caquetá (territorio) colombiano, y de cuya…

p. 240
07Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 2851 cita
[16]

práctica. Taussig 24 De Quito, Relación de viaje, 46. 25 De Quito, Relación de viaje, 55. NOSOTROS Y LOS OTROS 286 recoge en su texto un fragmento del Memorándum de viaje (Regiones amazó- nicas), elaborado por Joaquín Rocha en 1905, en el que se narra la historia del cauchero Crisóstomo Hernández, quien al oír que un…

p. 285
08Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · Páginas 14, 76, 79, 82, 86, 89, 92, 968 citas
[21]

the possibility of him writing a book. While sailing to Iquitos in August 1910 he concluded a detailed journal record of his conversation with Victor Israel, a British trader and fellow traveller, with the comment: ‘supposing I were to some day publish a book on my travels in the Amazon – he will doubtless deny every…

p. 82
[22]

completely accurate; according, for instance, to the lexicon appended to Thomas Whiffen’s The North-West Amazons: Some Months Spent Among Cannibal Tribes (London: Constable and Company, 1915), p. 303, ‘sirete’ should read ‘isirete’. 6 For a discussion of truth and fiction in literature, see, for example: Barbara…

p. 76
[23]

has been advanced in this chapter for Casement’s obsessive journal keeping in the Putumayo.35 In a curious extra-literary echo of Heart of Darkness, when Canon Lindsay of Malahide wrote to the Home Secretary in support of Casement after his arrest in 1916 he noted that, since his return from the Putumayo, Casement…

p. 86
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to Último Retiro by way of Puerto Peruano, arriving on 7 October. He travelled downstream to Puerto Peruano on 11 October and the next day trekked through the forest to Entre Ríos, ‘[u]p hill and down hill and across streams innumerable flowing from right to left into the Igaraparaná or Coddicé as the Huitotos call…

p. 79
[25]

by the PAC after uncovering some unpalatable truths about their mistreatment of the indigenous people.59 Later he acted as guide to the English traveller Thomas Whiffen, who went to the Putumayo in search of Robuchon and who wrote an early ethnography of the region, The North-West Amazons: Some Months Spent Among…

p. 14
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compelled to reside in surroundings for which he [had] no true affection’:44 they were not children of the forest, but children of elsewhere lost in the forest – babes in the wood, grown up, it is true, and finding the forest their only heritage and shelter, but remembering always that it was not their home. […] They…

p. 89
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murder, rape, or torture often lend the testimonies an even greater capacity to horrify, as does the simplicity of the narrative style. Many of the Barbadian workers had come to the Putumayo as children and were 54 Rothberg, Traumatic Realism, p. 129. 55 Roberto Pineda Camacho, Holocausto en el Amazonas: Una historia…

p. 92
[28]

report compiled by Paredes he attributed the settlers’ atavism to an actual disease – ‘enfermedad de montaña’ (translated by Casement as ‘forest sickness’). As Casement’s précis of the report for the Foreign Office makes clear, this illness was not just a variant of altitude sickness but ‘a moral, a spiritual malady’:…

p. 96
09Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Páginas 45, 72, 853 citas
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finalmente, el 23 de octubre de 1911 se llegó a un acuerdo diplomático para que los peruanos se retiraran del territorio colombiano. En evidencia quedó entonces la inoperancia de la dirigencia civil colom- biana y las protuberantes fallas de la segunda misión –precisamente en lo que se suponía era experta: la defensa…

p. 45
[33]

límites entre Perú y Colombia que se había firmado el 24 de marzo de 1922 entre Fabio Lozano, el ministro plenipotenciario colombiano en Perú, y Alberto Salomón, canciller peruano. Luego de inconvenientes diplomáticos entre Brasil y Colombia y entre esta y Perú –relativos, por un lado, a la oposición brasileña al…

p. 72
[37]

reconsiderar el tratado de 1922, en busca de un acuerdo que comprendiera medidas económicas, comerciales y culturales. Haber aceptado la fórmula en mención demostró, primero, que la canci- llería colombiana no contaba con una política exterior, y, segundo, que los negociadores nacionales carecían de los conocimientos…

p. 85
10Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 165, 172, 1783 citas
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Congreso a los caucheros imperialistas — trasnaciona- les— que practicaban aún el esclavismo. Pero quedó todavía más indignado frente a la indiferencia de los parlamentarios y legisladores colombianos, encerrados en la alta sabana de Bogotá, mientras los límites —la realidad— se desparramaba incontrolable hacia los…

p. 172
[45]

Cómo aprendió a escribir García Márquez, Editorial Lealon, Medellín, 1995. 13 En diciembre de 1930 se realizó el iv Congreso Internacional Femenino en el Teatro Colón de Bogotá. Fue la época en que más revistas se escribieron para mujeres: La familia cristiana, Antioquia por María, Letras y encajes, Hogar, Hojita de…

p. 165
[46]

realidad americanas que no habían ingresado a la literatura”. (La fábula y el desastre, op. cit., p. 504). La bibliografía en torno a la novela de Rivera se prolonga, para lo cual recomendamos la selección de Montserrat Ordóñez: La vorágine: textos críticos, Alianza Editorial, Bogotá, 1989. 38 Rivera, La vorágine, op.…

p. 178
11Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3161 cita
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nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…

p. 316
12Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 1121 cita
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se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…

p. 112
13Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Página 371 cita
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On the other hand, the Ecuadorans were furious at what they regarded as a violation of the 1916 treaty agreement. Abruptly "confronted by a 300 mile boundary with their enemy, Peru, instead of the same line with Colombia, a country they had formerly regarded as a friend," they broke off diplomatic relations with Bogot…

p. 37
14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 41, 452 citas
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Municipio de Leguízamo y Alto Resguardo Predio Putumayo -Acilapp; Asociación de Cabildos Indígenas de Orito Putumayo - Aciop; Asociación Indígena Pueblo Awá - AIPA; Asociación de Cabildo Indígenas de Puerto Caicedo - Asocipca y la Asociación de Cabildos Indígenas del Municipio de Villagarzón, Putumayo. Acimvip 42…

p. 41
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entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…

p. 45
15Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · Página 281 cita
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región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…

p. 28
16Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · Página 1261 cita
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Hechos violentos como las masacres, la legalización de títulos de territorios étnicos, la imposición de formas de control de ejérci- tos de colonos armados, las violencias sexuales y la tortura, se han presentado históricamente como actos de invasión de territorios, acompañados de formas de colonización de grupos…

p. 126
17Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 1711 cita
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su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…

p. 171
18Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Página 771 cita
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a la recu- peración del territorio afectado a través del fortalecimiento de las autoridades espirituales y de los dispositivos propios de transmisión de memoria que puedan conducir ya no solo a la reparación de los daños, sino, sobre todo, a la sanación espiritual del territorio. La larga duración de las memorias La…

p. 77
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 2011 cita
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e incendiaria, la obra de Vargas Vila alcanzó gran popularidad, pero apenas sobrevive hoy como referencia de una singularidad sobredimensionada. La novela del siglo XX El siglo XX significa para Colombia la consolida- ción de su novelística a nivel internacional y el desprendimiento del género de sus lastres román-…

p. 201