Mitú
“Mitú es una ciudad que nació como argumento: el Estado colombiano la fundó en 1935 y la convirtió en capital al año siguiente no porque hubiera allí una economía o una población consolidada, sino para poner un nombre visible en la frontera con…”
En la orilla derecha del río Vaupés, a pocos kilómetros de la frontera con Brasil, se levanta un caserío que el Estado colombiano decidió llamar capital. Mitú fue fundada en 1935 por Miguel Cuervo Araoz y elevada al año siguiente a cabecera de la Comisaría del Vaupés, no porque hubiera allí una ciudad ni un mercado ni un cruce de caminos, sino porque el mapa exigía un punto donde poner el nombre de Colombia frente al Brasil. Desde entonces vive de aviones. La yuca brava crece en las chagras de las comunidades tukano que la rodean; el resto —el pescado, el arroz, los uniformes, la gasolina, los funcionarios— llega por el aire. Esa condición de capital sostenida por una pista de arena blanca explica casi todo lo que le ha pasado: la lentitud administrativa, la fragilidad ante la guerra, la convivencia forzada entre resguardos milenarios y despachos oficiales, y el hecho de que el 1 de noviembre de 1998 unos mil quinientos guerrilleros de las FARC-EP la tomaran en doce horas y le mostraran al país que la soberanía en la Amazonía cabía, en rigor, en un edificio de policía.
Un lugar antes de ser capital
Mucho antes de que existiera el nombre Mitú, la cuenca del Vaupés era un mosaico de pueblos distribuidos por los ríos según reglas de parentesco, alianza y lengua. Los grupos de la familia lingüística tukano —tukanos propiamente dichos, guananos, taiwanos, kubeos, karapanos, desanos, barasanos, makunas— ocupaban los cauces principales y sus afluentes. Los tukanos se extendían a lo largo del río Vaupés en la franja limítrofe con Brasil; los uananos y tarianos, entre el Vaupés y el Papurí; los kubeos y kidegas, entre la Mesa de Yambí, el propio Vaupés y el río Isana. En regiones alejadas de los ríos, selva adentro, se movían los macú, cazadores especializados a quienes la mayoría de los tucanos orientales trataban como sirvientes y a quienes se ha asociado con procesos de reinstauración de la caza allí donde el suelo antiguo no permitía sostener horticulturas grandes.
Aquella organización, que combinaba exogamia lingüística, redes de intercambio ceremonial y jerarquías internas, se sostenía sobre un territorio que los ojos externos casi nunca miraron. Los suelos del Vaupés son lateríticos, pobres en humus, sometidos a una descomposición química acelerada por el calor y las lluvias permanentes; nada en ellos invita a la agricultura extensiva. La coca ipadu en polvo, mascada por los hombres adultos y algunas mujeres mayores entre los barasana del Pirá-Paraná y otros grupos vecinos, formaba parte de la vida ritual, y una densidad mitológica que apenas empezaba a describirse a mediados del siglo XX organizaba el paisaje: cachiveras, cerros, caños y bocas de río no eran accidentes sino nombres.
Sobre ese sustrato cayó, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, la primera economía extractiva que interesó al mundo exterior: el caucho. La trata de indígenas que la acompañó, ya desde la segunda mitad del XIX, provocó destierros y exterminios de sociedades enteras y desarticuló las redes de intercambio interétnico previas. La Casa Arana y otras casas caucheras extendieron sobre el Putumayo, el Caquetá y el Vaupés un régimen de despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio que afectó de manera brutal al pueblo Murui —los uitotos— y dejó huella en todos los grupos ribereños. El sistema operaba por habilitación: el patrón adelantaba mercancías al indígena, que quedaba endeudado y debía pagar con caucho recolectado, a precios fijados por el propio patrón. En los años setenta, cuando entre los andoques del Caquetá el kilo de caucho seguía comprándose a cuatro pesos y las mercancías se liquidaban también al precio del patrono, era evidente que aquel dispositivo había sobrevivido intacto al paso del siglo. Cuando en Bogotá se creó la Comisaría del Vaupés en 1910, segregándola del antiguo territorio del Caquetá por medio del Decreto 1131, lo que se estaba delimitando administrativamente era, en buena parte, un mapa de rutas caucheras.
La fundación como acto de frontera
La primera capital de la Comisaría fue Calamar, hoy en el departamento del Guaviare. Durante un cuarto de siglo el Estado colombiano administró el Vaupés desde ese punto interior, más cerca de los llanos que de la selva profunda, y su presencia efectiva sobre la frontera con Brasil era tenue. En el imaginario andino, aquellas tierras seguían siendo misteriosas y peligrosas: el mapa político de 1931, que ya incluía a Mitú como punto señalado dentro del sistema de intendencias y comisarías, mostraba más una aspiración que una realidad, porque hasta 1936 la capital efectiva siguió siendo Calamar.
El giro llegó con la fundación de Mitú por Miguel Cuervo Araoz en 1935 y con el traslado de la capital al año siguiente. La lógica era estrictamente geopolítica. En esa zona el territorio colombiano se prolonga sobre el brasileño en una saliente de unos dos mil kilómetros cuadrados conocida como la punta del Papurí, delimitada entre los ríos Papurí y Vaupés. Sin población, sin institución, sin bandera visible, esa punta podía convertirse en un renglón de conversación fronteriza; con una capital sobre el Vaupés, aunque fuera hecha de casas con techo de paja, alguna de lata y una pista de arena blanca, había un hecho consumado que exhibir. Mitú nació como argumento diplomático.
Sobre esa base mínima se levantó, durante décadas, una arquitectura institucional lenta. Las leyes 18 de 1963 y 55 de 1977 segregaron del Vaupés las comisarías del Guaviare y del Guainía, reduciéndolo a su configuración actual: un rectángulo de selva de fronteras interiores fluviales cuya cabecera seguía siendo Mitú. La Constitución de 1991 elevó al fin la comisaría al rango de departamento, con lo cual la ciudad pasó a ser, formalmente, capital departamental. Esa progresión jurídica —comisaría, comisaría reducida, departamento— no correspondía a una densificación demográfica ni económica, sino a una consolidación de la idea de que el territorio existía. Mitú fue el nombre que el Estado le dio a esa idea.
La disputa por el gobierno de los indígenas
La otra historia de Mitú, la que corre paralela a la administrativa, es la del gobierno sobre los pueblos indígenas del Vaupés. Desde muy temprano en el siglo XX, tres actores se disputaron ese poder: los caucheros, que necesitaban mano de obra y sistemas de deuda; los misioneros católicos, encargados por el Estado colombiano de la evangelización y la escuela en los territorios nacionales; y los funcionarios de la Comisaría, teóricamente responsables del orden público. Las disputas entre los tres giraban menos alrededor de principios que de una pregunta muy concreta: quién regulaba el trabajo indígena en la industria del caucho.
La Prefectura Apostólica, que en distintos períodos estuvo a cargo de figuras como monseñor Belarmino Correa Yepes, ejerció durante décadas un poder casi total sobre la vida cotidiana de las comunidades: escuelas internas, catequesis, control de matrimonios, prohibición de prácticas rituales, regulación de la vestimenta. Ese poder empezó a agrietarse a mediados del siglo XX y se derrumbó por fases. En 1975, la educación controlada por la Iglesia en el Vaupés fue reemplazada por el Fondo Educativo Regional del gobierno, un cambio que arrancó a la Prefectura misionera su instrumento principal de formación de las nuevas generaciones. En los años siguientes, la Organización Nacional Indígena de Colombia empezó a formar líderes indígenas en la región, la Alcaldía asumió programas juveniles, distintas ONG coparon el campo del desarrollo, y el Ministerio de Salud y el Bienestar Familiar entraron con sus propios funcionarios. El monopolio misional se disolvió en una competencia de actores estatales y no estatales, ninguno de los cuales terminó de ocupar el lugar dejado.
En medio de esa transición ocurrió el acto jurídico más importante de la historia reciente del Vaupés: la constitución del Gran Resguardo del Vaupés en 1982, que reconoció como territorio colectivo indígena una extensión enorme que abrazaba a la propia capital. Mitú, la ciudad artificial fundada para afirmar soberanía nacional, quedaba enclavada en territorio ancestral reconocido por el Estado. Esa paradoja —una capital administrada por funcionarios que llegan de Bogotá, rodeada por resguardo colectivo tukano, con toponimia indígena en cada caño y cachivera— sigue definiendo la ciudad. El Cerro Flechas, el Caño Cuduyarí, la Cachivera de Urania, el Querarí no son atracciones turísticas: son referentes de un territorio que precede a la capital y que la contiene.
Una capital sostenida por el aire
Quien llegaba a Mitú en el siglo XX, y aún hoy en buena parte, llegaba en avión. El vuelo desde Villavicencio o desde San José del Guaviare duraba más de tres horas, y durante casi todo el trayecto no se veían debajo poblaciones, caminos ni accidentes geográficos identificables: solo selva continua. Al principio, aún alcanzaban a distinguirse las carreteras y las haciendas de los llanos; después, nada. Los DC-3 de carga, a veces sin puerta, unieron durante décadas la capital departamental con el resto del país, y los pilotos que las comunidades y los funcionarios apodaron los tres héroes determinaron, con la frecuencia de sus vuelos, cuánto se comía en Mitú cada semana.
El detalle más elocuente de esa dependencia es también el más triste. El río Vaupés fue envenenado con barbasco —una práctica de pesca extensiva que terminó por agotarlo— y a partir de entonces Mitú tuvo que importar el pescado desde Bogotá. Una capital en la orilla de un gran río amazónico comiendo pescado congelado traído en avión desde la sabana andina es una imagen que describe con exactitud lo que la ciudad ha sido: una vida artificial en medio de la selva, existencia dependiente de insumos externos rodeada por una vegetación que no le provee lo que consume. La violencia del clima en el bajo Vaupés impedía almacenamientos mayores; cuando los vuelos fallaban por lluvias o averías, venían los racionamientos. Al viajero recién llegado le podía pasar, y le pasaba, no encontrar dónde desayunar el primer día, y descubrir en el chiste local del racionamiento la primera lección sobre el sitio.
A comienzos de la década de 1930, la presencia colombiana en los territorios de frontera era tenue y la población andina seguía viendo la Amazonía como una tierra misteriosa y peligrosa. A finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta, cuando Richard Evans Schultes recorrió el Vaupés en busca de plantas medicinales y alucinógenas, y cuando el zoólogo Federico Medem trabajaba en la región, Mitú era todavía poco más que un nombre en el mapa: un grupo de casas con techo de paja, alguna de lata, la pista de arena blanca. Aquel Mitú lo conocieron pocos, casi todos científicos, misioneros o funcionarios; el país lo ignoraba. Durante décadas, esa invisibilidad protegió a la ciudad de la guerra que ya recorría otras zonas de Colombia. Cuando la guerra llegó, llegó de golpe.
La toma del 1 de noviembre de 1998
En la ofensiva estratégica que las FARC-EP desarrollaron entre 1996 y 1998, Mitú fue el objetivo más ambicioso. La organización, comandada por Manuel Marulanda Vélez y con Víctor Julio Suárez —alias Jorge Briceño o Mono Jojoy— al mando de las operaciones militares, había desarrollado desde 1996 una nueva forma de operar: abandonaba la lógica de la emboscada y buscaba copar al enemigo en sus propias posiciones, concentrando columnas cada vez mayores. Los grupos que empezaron siendo de cincuenta a cien guerrilleros crecieron hasta permitir ataques con varios cientos de combatientes coordinados. La cadena de golpes fue larga y sonora: Las Delicias en 1996, Patascoy en diciembre de 1997, El Billar en marzo de 1998, Miraflores en 1998. En la cúpula de las FARC se instaló un estado de ánimo triunfalista: se consideraba factible la toma del poder por las armas. La crisis de gobernabilidad del gobierno de Ernesto Samper, atravesado por el Proceso 8.000, hacía del Estado un adversario debilitado.
Mitú era, en ese escenario, el objetivo perfecto: una capital departamental, con toda la carga simbólica del término, defendida apenas por una estación de policía y sostenida por una pista de aterrizaje. Al amanecer del 1 de noviembre de 1998, unos mil quinientos guerrilleros del Bloque Sur y del Bloque Oriental, bajo el mando general del Mono Jojoy, atacaron simultáneamente los puntos neurálgicos de la ciudad. El combate más largo se libró alrededor de la estación de Policía, que resistió durante aproximadamente doce horas antes de que los uniformados fueran sometidos. Al mismo tiempo, otro golpe de las FARC caía sobre Miraflores, en el Guaviare, con cerca de mil doscientos combatientes: la ofensiva era, en realidad, doble.
El saldo humano fue devastador para las fuerzas de seguridad y para la población civil. Al menos doce policías, veinte militares y cuatro civiles murieron en los combates. Sesenta y dos policías fueron secuestrados y trasladados a la selva, entre ellos el entonces coronel Luis Herlindo Mendieta, comandante de la Policía en el Vaupés, cuya figura terminaría por representar, en la memoria pública colombiana, todo el drama de aquel día. Mitú, la única capital departamental completamente tomada por la guerrilla en la historia del conflicto colombiano, quedó bajo control de las FARC.
La retoma y sus costos
El control guerrillero fue breve. La Fuerza Aérea colombiana reaccionó bombardeando y desembarcando tropas por la vía más lógica disponible, que era también la única: el aire, tras haber recuperado o improvisado plataformas de operación en San José del Guaviare y otros puntos. Las FARC, que habían tomado la ciudad, no pudieron sostenerla. La asimetría aérea las obligó a replegarse hacia la selva llevándose consigo a los secuestrados. Ese repliegue marcó, en clave estratégica, un punto de inflexión. La organización guerrillera había demostrado su capacidad de tomar una capital, pero también sus límites: no podía sostenerla, no podía enfrentar a una Fuerza Aérea que empezaba a modernizarse, no podía repetir la operación fuera del suroriente sin exponerse al aniquilamiento. La toma de Mitú fue, a la vez, el punto culminante de su ofensiva estratégica y el detonante de la reestructuración de las Fuerzas Militares colombianas, con mejoramiento de la aviación, profesionalización de tropas e inversión en inteligencia. A partir de ahí, la capacidad de las FARC de mover grandes columnas en zonas abiertas se contrajo rápidamente y comenzó un decaimiento constante.
La retoma tuvo, sin embargo, un costo del que se habló menos. Los bombardeos aéreos y los combates para recuperar la ciudad no distinguieron entre guerrilleros y civiles. Una docente habitante de Mitú resumió el trauma con una frase que se volvió referencia: la retoma fue más violenta que la toma. Hubo muertes en el municipio y en comunidades aledañas, daños en viviendas y desplazamientos internos de familias indígenas hacia caseríos vecinos y hacia la propia selva. En un territorio que ya cargaba condiciones delicadas de orden público, infracciones al derecho internacional humanitario y violaciones sistemáticas de derechos humanos, el 1 de noviembre lo agudizó todo, y lo hizo de manera desproporcionada sobre las comunidades indígenas del Gran Resguardo, que eran quienes vivían en las orillas de esa capital de utilería y quienes menos margen tenían para ponerse a salvo.
Los pueblos tukano, guanano, kubeo, desano y otros vecinos de Mitú vivieron el día como la irrupción de una guerra que hasta entonces les había pasado por los lados. Después de la retoma, la militarización creció, las tropas se establecieron con guarniciones permanentes, y los desplazamientos internos entre comunidades del Cuduyarí, del Querarí, del Yavaraté y de las zonas cercanas a Carurú se sumaron a los muchos que la historia extractiva ya había producido.
Una red de nombres
Alrededor de Mitú y del episodio de 1998 se organizó, con los años, una red de figuras públicas cuya sola enumeración cuenta parte de la historia territorial colombiana. Luis Mendoza Ovalle, empresario y político costeño con presencia en asuntos de los territorios nacionales, y Mario Calderón Rivera, banquero y observador de largo aliento de la Amazonía colombiana, forman parte del reducido grupo de figuras andinas que a lo largo del siglo XX prestaron atención sostenida a la región. Alfonso López Michelsen, presidente entre 1974 y 1978, había sido comisario del Vaupés antes de su carrera política nacional, y esa experiencia temprana en el bajo río marcó su mirada sobre las fronteras y las regiones olvidadas del país. Monseñor Belarmino Correa Yepes encarna la larga presencia misional que administró la vida indígena durante décadas.
En el otro extremo, la operación militar guerrillera del 1 de noviembre respondió al liderazgo político-militar de Manuel Marulanda Vélez y a la ejecución operacional del Mono Jojoy, que dirigió la ofensiva. Del lado de las víctimas, la figura que quedó grabada en la memoria pública es la del general Luis Herlindo Mendieta —coronel al momento de su captura—, cuyo cautiverio en las selvas del suroriente duró once años, siete meses y trece días. Fue rescatado el 13 de junio de 2010 por el Ejército colombiano en la Operación Camaleón y después ocupó la agregaduría de policía de la Embajada de Colombia en España. Su regreso, transmitido en vivo, se inscribió en la misma memoria del secuestro que hospedaba los nombres de Íngrid Betancourt y de otros cautivos de alto perfil, aunque el suyo tenía la particularidad de venir asociado a un lugar y una fecha exactos: Mitú, 1 de noviembre de 1998.
En los territorios de la propia región, la red se completa con nombres fluviales: el río Vaupés como eje, el Papurí como frontera interior, el caño Cuduyarí, el Querarí, las cachiveras que marcan tramos innavegables. Cerca de Mitú se encuentran pequeñas agrupaciones humanas como Teresita y Monfort, en la vecindad de la punta del Papurí; corriente abajo, ya fuera del departamento, La Pedrera; corriente arriba y hacia el occidente, Carurú y, más allá, la frontera con el Guaviare y su capital San José. Aguas abajo del Vaupés, del lado brasileño, la aldea de Yavaraté conecta con las mismas redes tukano que atraviesan la frontera política sin reconocerla.
Memoria, resguardo y presente
La huella de Mitú en la historia de Colombia es doble. Por un lado, la ciudad es un caso de escuela sobre la manera en que el Estado colombiano administró las fronteras amazónicas en el siglo XX: por decreto, por avión, por delegación misional, por presencia militar mínima; nunca por integración económica ni por construcción sostenida de infraestructura. Ese modelo, que tuvo su acta de nacimiento en la fundación de 1935 y en el traslado de la capital al año siguiente, sigue explicando la fragilidad estructural de la vida urbana en el bajo Vaupés. Por otro lado, la toma del 1 de noviembre de 1998 quedó fijada como uno de los acontecimientos definitorios del conflicto armado colombiano en la segunda mitad de los noventa: el momento en que las FARC llegaron más lejos y el momento a partir del cual empezaron a retroceder.
En 1999, en el contexto de las tomas guerrilleras y de los secuestros masivos de soldados y policías —Patascoy en 1997; Mitú, Miraflores, La Uribe y Pavarandó en 1998; Puerto Rico y Aranda en 1999; otras en Norte de Santander en 2000, con un total aproximado de cuatrocientos uniformados cautivos—, nació la Asociación Colombiana de Familiares de Miembros de la Fuerza Pública Retenidos y Liberados por Grupos Guerrilleros, Asfamipaz. La asociación desplegó campañas de cabildeo nacional e internacional, vigilias, marchas y conversatorios, y llevó a los espacios públicos los nombres de los secuestrados de Mitú y de las demás tomas. Durante más de una década mantuvo el tema en la agenda, y la fecha del 1 de noviembre entró en el calendario informal de conmemoraciones del conflicto, junto con las de los otros episodios ocurridos entre 1998 y 2002, período de mayor escalamiento del enfrentamiento armado.
Para las comunidades indígenas del Vaupés, la memoria del 1 de noviembre convive con otras memorias más largas y más silenciadas. La del caucho y sus casas exterminadoras. La de las escuelas misionales que prohibieron lenguas y ceremonias durante generaciones. La del envenenamiento del río, que dejó a la ciudad dependiendo de un pescado que llega en avión. La del Gran Resguardo del Vaupés, constituido en 1982, que reconoció formalmente lo que siempre había sido cierto: que la capital estaba en territorio ancestral, no lo contrario. La reconstrucción de Mitú tras la retoma incorporó, con lentitud, algunas de esas voces, y las organizaciones indígenas del departamento —CRIVA entre ellas— fueron ganando espacio en las decisiones sobre educación, salud y desarrollo local, aunque el modelo básico de ciudad-enclave siguió intacto.
Hoy Mitú es una capital departamental con población que ronda los pocos miles de habitantes, con presencia militar consolidada, con vuelos regulares que la conectan con Villavicencio y con Bogotá, y con una vida urbana que sigue dependiendo, en lo esencial, del transporte aéreo. Los suelos lateríticos siguen siendo pobres; el clima, exigente. Alrededor de la ciudad, en el resguardo, las malocas, las chagras, las cachiveras y los caños siguen organizando la vida cotidiana de los pueblos tukano y makú. La toponimia indígena convive con los nombres oficiales, y algunos, como el propio Mitú, son ya inseparables: se cree que el nombre viene del ave mitú, común en la región.
La lección que Mitú deja a la historia colombiana no es una sola. Es la de un país que aprendió tarde a mirar sus fronteras amazónicas y que, cuando lo hizo, las miró como argumentos diplomáticos antes que como territorios habitados. Es la de una guerrilla que confundió su capacidad militar máxima con la cercanía del poder y descubrió, el día siguiente de su mayor golpe, que había marcado también el inicio de su declive. Es la de unas comunidades indígenas que sobrevivieron a la cauchería, a las misiones, a la Comisaría, a la departamentalización y a la guerra, y que siguen habitando un territorio cuyas capas superpuestas ninguna administración ha terminado de reconocer del todo. Y es la de una ciudad que sigue existiendo, contra toda lógica geográfica, porque el Estado la nombró y el nombre —como en tantas otras partes de Colombia— resultó ser, al final, lo más duradero.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
36 documentos · 46 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1891 cita
[1]Mitú, la capital del departamento, está situada a orillas del río Vaupés, cerca de la frontera con Brasil. Funda- da en 1935 por Miguel Cuervo Araoz, en ella se hallaron los petroglifos del río Cuduyarí. Actualmente constituye un centro de servicios, en el que des- taca la práctica de la cestería artesa- nal, conocida…
p. 189
02Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2341 cita
[2]este, pasé a pertenecer al esta- do federal y luego (en 1 al departamento del Cauca. El decreto 1131 de 1910 creo la Comi-saria del Vaupés, segregada del antiguo territorio del Caqueta; las leyes 18 de 1963 y 55 de 1977 segregaron del Vaupés las comisarias del Guaviare y Guainia, con lo cual la comisaria del Vaupés…
p. 234
03Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 811 cita
[3]de una len- gua de tierra enmarcada entre el Guainía de un lado y el divor- cio de aguas de ese río y el Xie por el otro. Un hecho muy significativo de esta punta es su gran longi- tud de manera que viene a constituir el pronunciamiento más irregular de todos los límites nacionales y puede ser fácilmente cortada en…
p. 81
04El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 837, 8432 citas
[4]celebraciones promueven el espíritu de reciprocidad e intercambio en que se basa todo el sistema social, y por medio del ritual unen a los vivos con los antepasados míticos y el princi- pio de los tiempos. * Durante más de tres horas el avión avanzó sobre la selva. No había poblaciones, ni caminos, ni accidentes…
p. 843
[6]pasa a menudo. Tal vez deba probarlo otra vez. De hecho, tal vez deba pasar un poco más de tiempo en el Vaupés. Hay un río que me gustaría que viera, el Pirapa- raná, el río de los barasanas y de los macunas. Ya encontrará la forma de ir. * Tres días después de haber hablado con Schultes y de ir a Villavicencio por…
p. 837
05Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 346, 3522 citas
[5]Como tipo de suelos característicos de esta zona se considera el laterítico, bajo cuyo nombre se agrupan frecuentemente muy distintos suelos rojos del trópico. Como laterítico típico se considera aquel suelo con un gran contenido de arcilla plástica con oxidrato, sin —o muy escaso— ácido salicílico, pero generalmente…
p. 346
[9]tipo de paredes compactas; y las otras, denominadas «malocas», que habita el indio y con paredes intermedias, son chozas de palma de una longitud de unos 15 m, anchura de 10 y altura de 8 m, constituyen viviendas colectivas y alrededor de las cuales los indios tienen plantaciones de plátano, yuca y piña. Población…
p. 352
06Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 1971 cita
[7]como una fiesta a nuestra “soberanía” nacional. El primer día en Mitú no hubo dónde desayunar y a la hora del almuerzo, para explicarnos los problemas de escasez, alguien dijo que allí se comía a la carta: “Toma usted una baraja, la reparte, y a los cuatro que les salgan los ases, ésos son los que comen”. Desde luego,…
p. 197
07El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 721 cita
[8]Ama- zonas y Vaupés. Ahora incluye seis departamentos, por cuanto la comisaría más grande, Vaupés, se dividió en tres para crear dos nuevas entidades: Guainía y Guaviare. Las cuatro comisarías originales, en las cuales se basa este libro, abarcan una extensión de 250. 682 kilómetros cuadrados. Hay pocos centros de…
p. 72
08Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 82, 1072 citas
[10]traditions, and that it accepts whatever activists assert those traditions to be. In the Tukanoan case, and many others, such an assumption is mistaken. That a community might present a united front in the face of a perceived threat from outside— for instance an anthropologist criticizing their organi - zation’s…
p. 82
[21]state, the Prefecture tried to push its influence over other domains. But it faced competition nearly everywhere. A training program for native leaders was duplicated by an ONIC counterpart. Its youth groups faced competition from programs sponsored by the Office of the Mayor. In 1975 Church- controlled education had…
p. 107
09Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 206, 2122 citas
[11]el suelo es muy antiguo. Se explicaría así la presencia de los macús en regiones alejadas de los ríos del Vaupés. Vistos y tratados como «sirvientes» de la mayo- ría de los tucanos orientales, los macúes practican algo de agricultura y pesca aunque su especialidad es cazar selva adentro 22. De acuerdo con Lathrap,…
p. 206
[16]Universitas Humanística, diciembre, págs. 53-97, Bogotá: Facultad de Filo- sofía y Letras, Universidad Javeriana. 213 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr y baratijas. En el caso de los andoques, entre febrero y mayo, y agosto y diciembre, se marchan a «[…] las cabe- ceras de los ríos Amú y Cuñaré, afluentes del río…
p. 212
10Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1021 cita
[12]en el Amazonas: una perspectiva botánica, cultural e histórica. “Mambear coca no es pintarse la boca de verde”. 102 los frutales, el ají”. Al norte del Caquetá, algunas mujeres mambean: “coca is eaten by all adult men and by a few of the older women”, afirma Stephen Hu- gh-Jones (1995: 51; cf. Hugh-Jones, 1994: 536)…
p. 102
11Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 201 cita
[13]of the efforts of some dedicated individuals, however, ~LEGEND~ SCALE kilometers 0 100 200 400 Intendancies Comisarías Amazon Frontier Capitals National Capital N C a r i b b e a n S e a Panama Venezuela GUAJIRA Uribá MAGADLENA BOLÍVAR ATLÁNTICO SANTANDER NORTE de SANTANDER ANTIOQUIA CHOCO CALDAS BOYACÁ ARAUCA Arauca…
p. 20
12Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 51 cita
[14]these percentages had changed little: of a total of EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Page 7 Map 1. Colombia: intendancies and comisar í as, 1931 – 1946 Source: Vila, Nueva Geograf í a de…
p. 5
13Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 951 cita
[15]de la complejización del mismo es importante acercarse a otras fuentes, en este caso documentales, que permitan dar cuenta de los contextos regionales a los que no se tiene acceso a partir de los sujetos. No con el ánimo de corroborar si lo dicho por ellos es verdad o no, sino de ampliar el espectro de comprensión. De…
p. 95
14Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 361 cita
[17]fue que un día que ella había descuidado su mochila, alguien se la robó y le encontró la imagen de madera de un ídolo en forma de falo con que ella se hacía maravillas. Nunca se le conoció un macho; al parecer se consolaba con su ídolo. Cuando la gente supo, todo fue risas y algarabía, y Sophía tuvo que irse un tiempo…
p. 36
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 431 cita
[18]ejerció un rosario de violencias sobre las comunidades indígenas de Putumayo, Vaupés y Caquetá, que incluyeron despojo, expulsión, explotación, asesinato, tortura y exterminio 55. Un pueblo muy afectado fue el Murui (Uitoto) que huyó y subió por el río Caquetá hacia tierra koreguaje, pueblo con el que hicieron las…
p. 43
16Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 431 cita
[19]impedir aquello. Es también verdad que están dejando despobladas las márgenes y selvas del Putumayo, del Caquetá y todos los afluentes de éste 22. La trata de indígenas se incrementó en el curso de la segun- da mitad del siglo XIX y, por su causa, sociedades nativas enteras de la región amazónica colombiana padecieron…
p. 43
17Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 881 cita
[20]controlar algu- nos aspectos del intercambio. Los witotos desig- naron las hachas obtenidas a través del tráfico de hombres con el nombre de «hachas miedosas», y aún se recuerda, en algunas localidades, los cami- nos que recorrían aquellos traficantes de hombres llevando encadenados a los indios que iban con destino a…
p. 88
18Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1031 cita
[22]las filas de las FARC-EP entre 1985 y 1999, y aunque siempre estuvieron confrontadas por la Cuarta División del Ejército Nacional, lograron fortalecer sus estructuras armadas, lo que se evidenció en el aumento de las tomas, las cuales mostraban una guerrilla con- fiada y robusta. Entre estas se encuentra la conocida…
p. 103
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1511 cita
[23]de buses en distintos puntos del Área Metropolitana; la detonación de carros bomba en zona empresarial y barrios como El Poblado; el asalto a Cementos El Cairo en Santa Bárbara para extraer explosivos (que se usaron para los atentados ya nombrados); la activación de explosivos contra la oficina de seguridad de la…
p. 151
20Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 236, 8302 citas
[24]guerra tiene límites 830 por una carga [...] [se] comienza a hacer eso basado en la teoría de la impulsión del proyectil vietnamita [...]. En el Caguán se hacen todos esos experimentos y dan resul- tado [...], pero, como eso es relativo, entonces usted le tiraba al puesto de Policía y la bomba caía a la escuela de los…
p. 830
[30]departamento del Vaupés el 1. o de noviembre de 1998. Ver caso Toma de Mitú en la Transmedia de la Comisión de la Verdad. 647 Otros casos que ilustran el secuestro de miembros de la fuerza pública para favorecer el intercambio humanitario por parte de las FARC-EP son los que se perpetraron durante el ataque a bases…
p. 236
21Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3231 cita
[25]Departmental Assemblies —President Samper is acquitted by Congress —Peasant marches in Putumayo, Caquet á, and Guaviare concerning fumigation programs 1997 —Demilitarization of 14,000 square kilometers in Caquet á, to free soldiers captured by FARC —Internal displacement increases due to violence —The number of drug…
p. 323
22El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 422 citas
[26]redujo significativamente. 58 52 Entrevista n.° 22, hombre adulto, San Isidro, agosto de 2011. 53 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 54 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 55…
p. 42
[27]redujo significativamente. 58 52 Entrevista n.° 22, hombre adulto, San Isidro, agosto de 2011. 53 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 54 Vásquez, et. al. Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia, 207. 55…
p. 42
23Una sociedad secuestradaCentro Nacional de Memoria Histórica; César Caballero Reinoso (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2013 · p. 1831 cita
[28]consecuencia una mayor capacidad de realizar operaciones militares a gran es- cala, lo que les permitió llevar a cabo golpes de la magnitud de Patascoy – toma en la que fueron secuestrados 18 soldados, entre ellos Pablo Emilio Moncayo y Libio José Martínez -, y Mitú. El general Luis Herlindo Mendieta fue secuestrado…
p. 183
24La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 2401 cita
[29]la crisis de gobernabilidad de la administración Samper había transformado la perspectiva de acceso al poder de las Farc, lo que derivó en una ofensiva militar fuerte y continuada por par- te de estas: entre 1996 y 1998, infligieron duros golpes militares a las fuerzas armadas en distintas partes del territorio…
p. 240
25Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 3481 cita
[31]nueve en otros lugares de la geo- grafía nacional. La cifra resulta un tanto exigua habida cuenta de lo que se ha señalado en el presente informe respecto del elevado número de incursiones armadas guerrilleras y el importante guaris- mo de víctimas y afectaciones causadas por las mismas. En las conmemoraciones…
p. 348
26Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 35, 382 citas
[32]político y concediera la Zona de Distensión, situación que analizaremos más adelante. El punto cúlmine de la ofensiva de las Farc-EP se dio con la toma a Mitú, pero a la vez marcó el inicio del plan de restructuración de las Fuerzas Militares, que tuvo en general tres componentes: mejoramiento de la aviación,…
p. 35
[43]Las Farc-EP con ello buscaron nuevamente una estrategia para las grandes ciudades. Para ello, crearon redes de milicias en Bogotá, con la Red Antonio Nariño; en Medellín, con la Jacobo Arenas; en Cali con la red Manuel Cepeda Vargas y una más en Barranquilla. La última orden fue sacrificar al Estado. El saboteo…
p. 38
27Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 2271 cita
[33]the ones most recurrently mentioned were the defeats in the departments of Caquetá, Guaviare, and Vaupés—all of them in 1998. The first one involved an ambush against the Army’s Counterguer- rilla Battalion No. 52, an elite force of the 3rd Mobile Brigade formed by professional soldiers trained in counterinsurgency.…
p. 227
28El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 682 citas
[34]ejemplo, tomó fuerza a partir de la intensi fi cación 36 Para un recuento detallado de este proceso, ver CNMH, 2014 a. 69 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) de las acciones guerrilleras como las tomas de…
p. 68
[35]ejemplo, tomó fuerza a partir de la intensi fi cación 36 Para un recuento detallado de este proceso, ver CNMH, 2014 a. 69 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) de las acciones guerrilleras como las tomas de…
p. 68
29No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3311 cita
[36]razones de la toma y sus implicaciones para la población civil. Algunas víctimas se expresaron así: «Cuando se hizo la toma guerrillera se constató que llegaban con lista de civiles para ajusticiar por x o y motivo. Aparte del miedo de la toma, al conocerse durante la toma de la lista fue más difícil. A mí me dijeron…
p. 331
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 98, 1012 citas
[37]capital del Vaupés. [...] El fuego aerotáctico siempre fue constante y siempre estuvimos acompañados de las aeronaves de la fuerza aérea que nos apoyaban a los que estábamos como tropas de superficie» 251. Los bombardeos aéreos por parte del Ejército no distinguieron entre civiles y gue- rrilleros, provocando la…
p. 101
[41]que vivieron por parte de las FARC-EP, con particular fuerza en muni- cipios como San Francisco y Santiago. Una habitante de la vereda Santa Clara, en el municipio de Santiago, relata el modo en el que ella y otros habitantes soportaron la toma realizada por las FARC-EP en 1999, en la que tuvieron que refugiarse en la…
p. 98
31Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 2781 cita
[38]la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana en 1966, en la cual hubo una agria polémica sobre la tesis del “foco guerrillero” entre la delegación del pcc y las FARC con el propio Fidel Castro. L a situación militar La correlación de fuerzas en el momento de iniciar las negociaciones era, sin duda, compleja. Las…
p. 278
32Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1282 citas
[39]varios frentes y columnas de dicha agrupación, que determinan una escalada mayor de la guerra y una nueva forma de ataque de este grupo que pretende la toma del poder por la vía militar, pasando de la guerra de guerrillas a la guerra frontal estratégica y de columnas con gran cantidad de hombres en acción enfrentando…
p. 128
[40]varios frentes y columnas de dicha agrupación, que determinan una escalada mayor de la guerra y una nueva forma de ataque de este grupo que pretende la toma del poder por la vía militar, pasando de la guerra de guerrillas a la guerra frontal estratégica y de columnas con gran cantidad de hombres en acción enfrentando…
p. 128
33Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1091 cita
[42]De ahí que por su fuerte presencia en la cordillera Oriental y por la existencia de corredores estratégicos hacia el resto del país, las PARC hayan podido, por primera vez en su ya larga historia, amenazar la estabilidad institucional. 22 Cfr. en este libro, Francisco Gutiérrez, “Estado, control territorial…
p. 109
34Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1261 cita
[44]partido” [sic.] organizaron primero el Partido Comunista Colombiano Clandestino (PCCC), y, poco después, el Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia, (MB). Así, la estructura organizacional de las FARC pareció recargarse de instancias entre la cúpula y la base y empezó a sopor- tar las tensiones propias del…
p. 126
35Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 351 cita
[45]1998, en las FARC, seguíamos pensando en tomar el poder por las armas. El secretariado era consciente de ello. De hecho, cuando nos sentamos con Pastrana en el Caguán estábamos cerca del golpe final. Era un diálogo, pues nosotros éramos más fuertes (entrevista personal —EP 1—, mayo de 2015). La violencia se recrudece…
p. 35
36The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4341 cita
[46]S OACHA Un pájaro A black bird negro husmea pecks at las sobras de the remains of la vida. life. Puede ser Dios It could be God o el asesino: or the murderer: da lo mismo ya. it doesn’t matter now. 412 Kidnapped Major General Luis Mendieta Ovalle For the better part of the last two decades, Colombia had one of the…
p. 434