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Ensayo · Constitución de 1991 · 1991–2002

Apertura económica de 1990-91 y auge cocalero

La apertura neoliberal de Gaviria y el colapso del Pacto Internacional del Café en 1989 destruyeron simultáneamente las cadenas de ingreso legal del campesinado colombiano. La pregunta es si ese doble desmantelamiento fue causa estructural coadyuvante del auge cocalero de los noventa o un detonante coyuntural cuyo peso la historiografía ha exagerado.

15 min de lectura3.146 palabras50 documentos58 fragmentos
Apertura económica de 1990-91 y auge cocalero
Actualizado 28 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La apertura de 1990-91 y la ruptura del Pacto Internacional del Café en 1989 constituyeron un doble desmantelamiento simultáneo que destruyó las cadenas de ingreso legal del campesinado andino, caribeño y periférico: entre 1989 y 1992 los países productores perdieron cerca de 10.000 millones de dólares por la caída del precio del café, y la apertura eliminó la protección de cultivos transitorios provocando una pérdida de más de 605.800 hectáreas cultivadas. El área cocalera pasó de unas 34.000 hectáreas en 1988 a 136.200 en 2000, con una expansión del 286% entre 1992 y 2001, correlación temporal demasiado ajustada para ser accidental y cuya geografía —oriente caldense, Catatumbo, Nariño, Montes de María— coincide con zonas de economía campesina legal en colapso, no de vacío estatal previo. La apertura fue causa estructural coadyuvante, no víctima ni telón de fondo: creó la condición de posibilidad económica que hizo racional la sustitución hacia coca, mientras los actores armados —FARC-EP, AUC, narcotraficantes— proveyeron la cadena productiva organizada sobre ese tejido ya roto.

La tensión

La tensión historiográfica central enfrenta dos jerarquías causales incompatibles. La lectura bélico-territorial sostiene que la distribución municipal de cultivos ilícitos sigue, con un rezago de dos años, la expansión geográfica del conflicto armado: la coca habría crecido de todas formas donde el Estado no estaba y los grupos armados sí, con independencia de los aranceles. La lectura político-económica invierte la jerarquía: sin el doble golpe de 1989-91 —colapso cafetero más apertura indiscriminada— no habría habido la oferta masiva de campesinos disponibles ni las tierras devaluadas que narcotraficantes y paramilitares convirtieron en base de expansión; el oriente caldense y los Montes de María, con indicadores sociales entre los mejores del país hasta 1989, refutan la tesis del vacío previo. Una tercera posición articula ambas como variables complementarias —la crisis explica por qué había campesinos dispuestos a sembrar; el conflicto armado explica dónde y cómo se organizó la cadena— pero esta síntesis es resistida por quienes temen que reconocer la responsabilidad de la apertura diluya la del narcotráfico, y por quienes temen que enfatizar el conflicto armado exculpe al aperturismo de sus efectos rurales. El debate tiene consecuencias directas sobre la lectura del Plan Colombia, la política de erradicación forzada con glifosato y la genealogía del desplazamiento forzado masivo de los noventa.

Temas
Apertura económicaEconomía cocaleraPacto Internacional del CaféDesplazamiento forzadoParamilitarismoReforma agrariaPlan ColombiaConflicto armado colombiano
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Ensayo completo

La lectura

¿Fue la apertura de 1990-91 causa estructural del auge cocalero?

La pregunta suele responderse dentro de cada campo como si el otro no existiera. Los economistas analizan la apertura del gobierno de César Gaviria y su ministro Rudolf Hommes como un episodio de política comercial con costos agrícolas medibles; los historiadores del conflicto explican la expansión cocalera de los años noventa por la geografía del abandono estatal, el fortalecimiento de las FARC-EP y el ELN, y la ofensiva paramilitar de las AUC. Entre uno y otro relato queda un vacío argumental en el que caben las hectáreas de cultivos legales que desaparecieron durante la apertura, el crecimiento del área cocalera entre 1992 y 2001, y los cientos de miles de campesinos que hicieron el tránsito de una economía a otra. Este artículo sostiene que ese vacío no es tal, que la responsabilidad causal de la apertura en el auge cocalero es mayor de la que suele reconocerse, y que reconocerlo no absuelve al abandono estatal previo ni a los actores armados que capitalizaron el colapso.

Lo que se juega en la pregunta

Responderla no es un ejercicio académico. De la respuesta depende cómo se lee todo el ciclo posterior: el Plan Colombia, la política de erradicación forzada, las tesis oficiales sobre "narcocultivos" y "narcoterrorismo", y la genealogía misma del desplazamiento forzado que entre 1991 y 2002 arrojó decenas de miles de víctimas solo en Caldas, Quindío y Risaralda. Si la coca fue una patología moral del campesinado o una infiltración externa del narcotráfico, la respuesta correcta es represiva. Si fue una respuesta racional a un shock de política pública que destruyó al mismo tiempo el precio administrado del café y la protección arancelaria de cultivos transitorios, la responsabilidad histórica se traslada: del cultivador al legislador, del jornalero al ministro de Hacienda, del municipio periférico al Palacio de San Carlos donde se firmaron los decretos.

Está en juego también la comprensión del conflicto armado. La expansión territorial de las FARC-EP hacia el Bloque Occidental, el fortalecimiento del ELN en el Catatumbo y la irrupción de las Autodefensas Unidas de Colombia entre 1997 y 1999 no ocurrieron en un vacío económico: se montaron sobre un tejido campesino que la apertura había roto. Distinguir causa estructural de detonante coyuntural, y ambos de la agencia de los actores armados, es la única forma de evitar tanto la explicación monocausal —que atribuye todo al neoliberalismo o todo al narcotráfico— como el fatalismo geográfico que trata al Catatumbo o a Tumaco como zonas condenadas.

Los términos del debate

Una primera lectura sostiene que la expansión de la coca se explica por variables propiamente bélicas: la geografía del abandono estatal, la presencia guerrillera y la posterior disputa paramilitar. La distribución municipal de cultivos ilícitos, con un rezago de aproximadamente dos años, sigue la expansión geográfica del conflicto armado. Aquí la apertura de 1990-91 es un telón de fondo, un contexto agravante pero no un motor: los cultivos ilícitos habrían crecido de todas formas donde el Estado no estaba, donde los grupos armados sí, y donde la topografía y la ausencia de vías hacían inviable la agricultura legal desde mucho antes de que Hommes desmontara los aranceles.

Una segunda lectura invierte la jerarquía causal: la apertura, al eliminar de un golpe la protección de cultivos transitorios como algodón, arroz, trigo, cebada, soya, sorgo y hortalizas, y al coincidir con la ruptura del Pacto Internacional del Café en 1989, destruyó las cadenas de ingreso legal que sostenían a la economía campesina andina y caribeña. Las hectáreas perdidas en cultivos transitorios y café no fueron una pérdida contable: fueron desempleo agrícola masivo, y el desempleo agrícola masivo en un país con conflicto armado y demanda internacional de cocaína tiene una traducción territorial predecible.

Una tercera posición intenta articular ambas: reconoce que la apertura creó la condición de posibilidad —hizo económicamente racional lo que antes era marginal— pero atribuye a los actores armados la organización específica de la cadena productiva. Sin las FARC-EP y las AUC controlando precios de pasta base, sin los narcotraficantes comprando tierras cafeteras devaluadas después de 1989, sin los corredores del Pacífico sur y el golfo de Morrosquillo, la crisis agraria podría haber producido migración urbana masiva —como en otros episodios de descampesinización latinoamericana— y no necesariamente la expansión a escala nacional que efectivamente ocurrió.

El doble desmantelamiento

El material verificable respalda con inusual claridad la existencia de un doble golpe simultáneo. En 1989 se abroga el Pacto Internacional del Café, el mecanismo de cuotas que durante décadas había garantizado precios administrados al productor. Entre 1989 y 1992 los países productores pierden cerca de 10.000 millones de dólares por la caída de precios; a mediados de 1992 el productor colombiano recibe cincuenta centavos de dólar por libra, un umbral por debajo de los costos de producción para buena parte de las fincas pequeñas y medianas del Eje Cafetero. En simultáneo, entre 1990 y 1991, el gobierno de Gaviria ejecuta el desmonte arancelario y elimina las garantías de precios para los cultivos importables. La convergencia es de calendario. Cuando el pacto cafetero cae, el circuito de protección del principal cultivo comercial campesino desaparece; cuando la apertura llega, los cultivos de sustitución potenciales —arroz, maíz, trigo, sorgo, algodón— también quedan expuestos a precios internacionales deprimidos por subsidios de países industrializados.

El resultado es medible. El área en cultivos transitorios y café pierde más de seiscientas mil hectáreas. En paralelo, el área en coca pasa de unas 34.000 hectáreas en 1988 a 136.200 en el año 2000; entre 1992 y 2001 casi se cuadruplica. La correlación temporal es demasiado ajustada para ser accidental, y su geografía es reveladora: la coca no aparece principalmente donde no había economía campesina, sino donde había una economía campesina en colapso.

El oriente caldense —Samaná, Pensilvania, Norcasia— es un caso paradigmático. Zona cafetera consolidada hasta los años ochenta, con infraestructura comunitaria financiada por la Federación de Cafeteros, comienza a sustituir café por coca y amapola en los años noventa, o a intercalarlos. En Pueblo Rico (Risaralda) ocurre lo mismo. No son territorios de colonización tardía ni de vacío estatal absoluto: son municipios que hasta 1989 sostenían indicadores de necesidades básicas insatisfechas entre los más bajos del país. Su viraje hacia los cultivos ilícitos no puede explicarse por abandono previo, solo por el desmontaje simultáneo del andamiaje que los había hecho viables.

El Catatumbo ofrece la evidencia complementaria. Allí la coca había comenzado a sembrarse en los años ochenta, pero se fortalece decisivamente en los noventa. La causa próxima, documentada en testimonios de La Gabarra, corregimiento de Tibú, no es abstracta: los campesinos tardaban hasta una semana en sacar plátano y maíz por caminos intransitables, y las cosechas se perdían por falta de compradores. La apertura no creó ese aislamiento —la precariedad vial le antecede en décadas— pero eliminó el último margen que hacía viable la agricultura legal: cuando los precios internos de los cultivos importables cayeron por competencia de importaciones subsidiadas, incluso los campesinos que lograban sacar sus productos encontraron que ya no había mercado dispuesto a pagarlos. La coca resolvía ambos problemas a la vez: se compraba en la finca y pagaba precios superiores a cualquier alternativa legal.

En Nariño, la palma africana y la coca se expanden en paralelo en el Pacífico sur, sobre un tejido campesino y afrodescendiente cuya economía tradicional —pesca artesanal, agricultura de subsistencia, extracción maderera— no tenía protección alguna en el nuevo marco. Tumaco concentraba en 1999 el 13,3% del área nacional de palma y aportaba el 11% del aceite; los resguardos Awá de Inda Zabaleta y Gran Rosario registrarían dos décadas más tarde las mayores extensiones de coca en resguardos indígenas del país. La expansión palmera fue en parte impulsada por el Plan Colombia, pero se montó sobre un vacío productivo que la apertura había ayudado a crear.

Los Montes de María añaden un caso adicional y devastador. El Salado, corregimiento de El Carmen de Bolívar, no era una zona marginal en 1990: sostenía una economía tabacalera con 33 tiendas, almacenes, depósitos, una droguería. Era una comunidad campesina exportadora, autónoma, integrada al circuito nacional del tabaco. Las compañías tabacaleras abandonaron el corregimiento tras la masacre de marzo de 1997, pero el debilitamiento del circuito comercial venía de antes: la desprotección de precios agrícolas y la reducción de garantías institucionales para cultivos tradicionales durante la apertura habían erosionado ya la posición del pequeño productor frente a intermediarios y grandes compradores. Cuando el Bloque Norte y el Bloque Héroes de los Montes de María perpetran la masacre de febrero de 2000 —sesenta personas asesinadas—, no destruyen una economía marginal: rematan una economía que la política macroeconómica ya había fragilizado.

Los actores armados como articuladores del colapso

La evidencia obliga a matizar cualquier lectura puramente económica. La apertura y el colapso cafetero produjeron una oferta masiva de mano de obra campesina disponible y tierras desvalorizadas; los actores armados y los narcotraficantes proveyeron la demanda organizada. Tierras cafeteras devaluadas después de 1989 fueron adquiridas por narcotraficantes y convertidas en potreros. No fue anecdótico: reconfiguró la estructura de propiedad en zonas enteras del Eje Cafetero, del Magdalena Medio, de Urabá.

Las AUC, bajo la dirección de Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, entendieron el nuevo mapa. La expansión paramilitar de finales de los noventa —culminada durante los diálogos del gobierno de Andrés Pastrana entre 1998 y 2002— no fue solo una ofensiva contrainsurgente: fue una operación de captura territorial de zonas cocaleras y de corredores estratégicos. La entrada al Catatumbo en 1999, marcada por la masacre de La Gabarra el 21 de agosto, tuvo como objetivo declarado el centro productor de cocaína de la región. En el sur de Bolívar, entre 1998 y 2000, el área cultivada de coca se triplicó hasta 5.960 hectáreas —su máximo histórico— en simultáneo con la ofensiva paramilitar. Los narcotraficantes adquirieron "franquicias" paramilitares que les permitían montar aparatos armados propios, superar a competidores violentos y proyectarse como actores políticos con silla en las futuras negociaciones con el Estado.

La correlación entre crecimiento de combatientes de las AUC y aumento del área cocalera entre mediados de los noventa y 2002 responde a la retroalimentación de ambos fenómenos sobre una base común: la crisis agraria. La dirección causal opera en ambos sentidos. La crisis produjo la mano de obra; los actores armados produjeron la cadena productiva. Sin la crisis, no habría habido campesinos disponibles para transformar sus fincas a escala masiva. Sin los actores armados, la crisis habría producido probablemente más migración urbana y menos ocupación del territorio por los cultivos ilícitos. La expansión geográfica del conflicto explica dónde se siembra, con un rezago de dos años; la crisis económica explica por qué había campesinos dispuestos a sembrar y tierras dispuestas a acoger la siembra. Son variables complementarias, no alternativas.

Descampesinización, desplazamiento y concentración de la tierra

Un tercer indicador confirma que se está ante un proceso estructural, no ante episodios aislados. El coeficiente de Gini de concentración de la tierra en Colombia pasa de 0,86 en 1970 a 0,905 en 2014 sin territorios étnicos; los predios mayores de 1.000 hectáreas ganan 30,8 puntos porcentuales de participación en el área total. Ese salto —casi cinco centésimas de Gini en cuatro décadas, con la mayor parte del movimiento concentrada entre la apertura y el fin del ciclo paramilitar— no es un dato de fondo: es la huella cuantitativa del proceso que este texto describe. La descapitalización del pequeño productor, la adquisición masiva de tierras devaluadas por narcotraficantes y ganaderos, y el desplazamiento forzado que despejó zonas enteras del Caribe y el Magdalena Medio dejaron su marca en el mismo indicador. En Bolívar, decenas de miles de hectáreas fueron abandonadas y cientos de miles de personas desplazadas durante la ofensiva paramilitar de finales de los noventa y comienzos de los dos mil.

El desplazamiento forzado, en la lógica paramilitar, tenía dos motivaciones: la expansión territorial con fines de control político-militar y el despojo de tierras con fines económicos vinculados a economías extractivas, cultivos ilícitos y comercio. La mecánica se repite en múltiples corregimientos del Caribe y del Magdalena Medio: campesinos asentados durante los años ochenta en playones baldíos o parcelaciones incompletas son desplazados hacia el año 2000 por acciones del Bloque Norte, en contextos de disputa previa con terratenientes ganaderos. La violencia paramilitar no cae sobre un tejido campesino robusto: cae sobre un tejido ya fragilizado por una década de desprotección económica, y remata la transferencia de tierras hacia grandes propietarios ganaderos, palmicultores y narcotraficantes.

El Eje Cafetero merece una nota específica. Hasta comienzos de los noventa sostenía los índices nacionales más bajos de necesidades básicas insatisfechas y una infraestructura social financiada por la capacidad redistributiva del sistema cafetero: escuelas, vías veredales, cooperativas, salud comunitaria. Ese modelo institucional, sostenido por la Federación Nacional de Cafeteros, había amortiguado durante décadas la volatilidad del mercado internacional. La ruptura del pacto de 1989 lo dejó sin base financiera; la crisis de la broca a comienzos de los noventa golpeó la productividad; el terremoto de enero de 1999, con epicentro en Armenia, no causó el derrumbe pero lo aceleró. Los desplazados del Eje Cafetero entre 1991 y 2002 no son víctimas de un desastre natural: son producto de la conjunción de crisis cafetera, apertura, violencia guerrillera, expansión paramilitar y sismo, en un orden causal donde la política económica ocupa el lugar estructural.

La respuesta

La apertura de 1990-91 fue causa estructural —no víctima ni telón de fondo— del auge cocalero de los años noventa. No fue causa única: sin la ruptura previa del Pacto Internacional del Café, sin el abandono estatal histórico del Catatumbo o del Pacífico sur, sin los actores armados que organizaron la cadena productiva, la apertura no habría producido por sí sola la expansión de la coca a escala nacional. Pero tampoco fue víctima ni coincidencia: la simultaneidad del colapso cafetero de 1989 y el desmonte arancelario de 1990-91 destruyó los dos pilares del ingreso campesino legal, y esa destrucción hizo económicamente racional lo que antes había sido marginal.

La coca, en los años noventa, no fue expresión de una patología moral campesina ni de una infiltración externa del narcotráfico sobre comunidades ingenuas. Fue una respuesta racional a un shock de política económica cuya magnitud —cientos de miles de hectáreas legales perdidas, precios cafeteros al productor por debajo del costo, desprotección total de cultivos importables frente a competencia subsidiada— rara vez se lee junto con la historia del conflicto. La cuadruplicación del área cocalera en menos de una década no es una anomalía criminal: es el reflejo especular del desmantelamiento del andamiaje protector de la agricultura campesina.

Esto no exonera a los actores armados. Las FARC-EP y el ELN convirtieron zonas de cultivo en fuentes de renta y territorios controlados; las AUC, entre 1997 y 2002, capturaron corredores y centros productores mediante masacres —La Gabarra, El Salado, el Naya— que dejaron miles de muertos y cientos de miles de desplazados. Entre 1995 y 2004 se registraron miles de víctimas de masacres en Colombia, con los grupos paramilitares como primeros responsables. Estos actores tienen agencia propia, proyectos políticos, alianzas con élites locales y regionales. Pero su agencia opera sobre un terreno que la apertura contribuyó decisivamente a preparar. Analizar narcotráfico y política económica por separado invisibiliza esa relación y produce una imagen incompleta —a veces conveniente— del conflicto.

La responsabilidad estatal en el auge cocalero, entonces, no se limita a la ausencia militar en zonas periféricas ni al fracaso de la sustitución de cultivos. Se extiende al diseño mismo de la política macroeconómica de comienzos de los noventa: al aperturismo indiscriminado sin cláusulas selectivas para la agricultura campesina, al desmonte de garantías de precios sin sustitución institucional, a la ratificación colombiana del abandono del Pacto Cafetero sin negociación de un régimen alternativo, a la subestimación deliberada del choque distributivo que el nuevo modelo produciría en las economías rurales andinas y caribeñas. Un contrafactual de apertura selectiva —con protección diferenciada para cultivos campesinos, mecanismos de estabilización de precios y transición gradual— habría producido, con alta probabilidad, un ciclo cocalero significativamente menor, aunque no nulo.

Lo que queda abierto

El primer flanco atañe a la ponderación fina entre apertura y conflicto armado como causas concurrentes de la expansión municipio por municipio. El conflicto, con rezago de dos años, aparece como la variable espacial dominante; la crisis económica opera en el registro temporal —explica el momento nacional del auge— y no compite con la primera sino que la habilita. Estimar ambos efectos en un mismo modelo sigue siendo una tarea pendiente, y su ausencia ha permitido que cada campo se apropie del fenómeno como si el otro fuera decorativo.

El segundo pertenece a las economías que las estadísticas nacionales nunca capturaron: la pesca artesanal ribereña del Magdalena, del Atrato, de la Ciénaga Grande de Santa Marta, y las agriculturas de patio y minifundio étnico que sostenían amplios sectores del campesinado afrodescendiente e indígena. Mal registradas por las encuestas y ausentes de los balances gremiales, absorbieron el impacto de la apertura sin dejar huella cuantificable. Su descomposición alimentó probablemente la expansión de la coca en el Pacífico y en zonas ribereñas del Caribe, aunque el archivo estadístico no lo devuelve.

El tercero es el más incómodo, y este texto solo puede dejarlo planteado. Si la coca fue respuesta racional a un shock de política pública, la política antidrogas que vino después —erradicación forzada, aspersión aérea con glifosato, criminalización del cultivador, militarización de zonas rurales— aplicó una respuesta represiva a un problema estructural. Su fracaso persistente en revertir el área cocalera durante dos décadas de Plan Colombia y planes sucesores no es una anomalía operativa ni un problema de recursos: es la consecuencia lógica de un diagnóstico equivocado. Erradicar mata de coca en fincas de campesinos empobrecidos por una política macroeconómica anterior no repone el ingreso perdido, no restituye el circuito comercial destruido, no reconstruye la Federación Nacional de Cafeteros ni el sistema de precios administrados de los cultivos transitorios. Reabrir la responsabilidad causal de la apertura obliga, entonces, a reabrir el balance del prohibicionismo colombiano de las últimas tres décadas. Ese balance excede el marco de este artículo, pero queda inscrito en su argumento como pregunta que ya no se puede aplazar.

Entre 1989 y 2002, la Colombia rural sufrió al mismo tiempo un shock de política económica, un colapso de acuerdos internacionales de commodities, una guerra armada que se extendió por dos tercios del territorio y un proceso de captura paramilitar de zonas productivas. Esos cuatro procesos no fueron independientes. Nombrar el auge cocalero como su resultado agregado —y no como patología moral, invasión criminal o accidente histórico— es la única forma de restituir a los cientos de miles de campesinos que hicieron el tránsito de una economía a otra la racionalidad de su decisión, y al Estado colombiano la parte de responsabilidad que le corresponde en haber vuelto esa decisión, para tantos, la única disponible.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

50 documentos · 58 fragmentos de referencia
01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 921 fragmento
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de enero de 1999 un terremoto de 6,1 grados en la escala de Richter causó daños en 26 municipios y dejó un censo de 1.185 personas muertas, 160.397 destechadas y 400.141 con afectación familiar, en su vivienda o en su empleo. Las pérdidas económicas se estimaron en 2.786 miles de millones de pesos colombianos 254.…

p. 92
02El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 38, 3322 fragmentos
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13.873 kilómetros cuadrados equivalente al 1,2% del país; de este porcentaje el 56% co- rresponde a Caldas, el 28% a Risaralda y el 15% al Quindío. Su lugar de privilegio en la economía nacional, especialmente hasta comienzos de la década de los 90, sustentó el imaginario de considerarlo como un escenario de calidad…

p. 38
[56]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
03El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 38, 3322 fragmentos
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13.873 kilómetros cuadrados equivalente al 1,2% del país; de este porcentaje el 56% co- rresponde a Caldas, el 28% a Risaralda y el 15% al Quindío. Su lugar de privilegio en la economía nacional, especialmente hasta comienzos de la década de los 90, sustentó el imaginario de considerarlo como un escenario de calidad…

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de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

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04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 98, 1262 fragmentos
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de compra de tierras por parte de narcotraficantes se intensificó tras la crisis cafetera ocasionada por la caída del Pacto Internacional del Café, en 1989, y por la crisis de la broca a principios de los años noventa. Hacia finales de la década de los ochenta, en algunas de estas tierras compradas se sembró coca, y…

p. 98
[19]

previas a la implementación en 1999 del sistema de Monitoreo de Cultivos de Coca coordinado por UNODC, su fuente son estudios realizados por Estados Unidos. 262 Uribe, «Evolución de los cultivos de coca en Colombia: 1986-2017». Razón Pública. tercer ciclo de afectaciones (1991-2020) 127 Miles de hectáreas sembradas…

p. 126
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 5431 fragmento
[5]

franjas de precios y un estatuto anti- dumping, pero sin volver a garantizarle en forma tan tajante el mercado local a unos precios administrados crecientes, lo que HACIA EL NUEVO MILENIO 553 contribuyó a que la crisis agrícola se profundizara en 1991 y 1992. En 1989 se rompió el pacto internacional del café y los…

p. 543
06Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 1831 fragmento
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en ese mercado), de todas maneras tuvo influencia en la determinacion del precio en cierto tango. Perspectivas La produccién de café en Colombia paso desde el comienzo de la década de 1940 al comienzo de la década de 1990 de unos cuatro a unos 15a 16 millones de sacos anuales, es decir se cuadruplico. Tras las crisis…

p. 183
07Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 312, 3202 fragmentos
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de precariedad para comercializar sus productos y conectarse a los mercados agrícolas: «En un punto, a La Gabarra [municipio de Tibú, Norte de Santander] se le acabó la carretera; usted fácilmente podía gastarse de Tibú a La Gabarra… ¿qué le digo yo?, se podía demorar hasta una semana. Es que los carros se enterraban,…

p. 320
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una fuerte influencia sobre la política y la economía del país, debido a que reproduce un modo de acumulación mafioso (usa la violencia) de riqueza y poder, a partir de una economía ilegalizada por el prohibicionismo, la cual necesita ser legalizada después por medio del sistema económico nacional e internacional.…

p. 312
0825 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1341 fragmento
[8]

crisis de la economía agraria de los primeros años e incrementaron sus u Martha Cecilia Garcia, ·luchas y movimientos clvicos en Colombia duranle los ochenla y tos novenla_ Transformaciones y permanencias~. en Mauricio Archila y t.tauricio Pardo (ediiOfes). Movimitnlos sociales, fSiado y democtacia en QJkJm. bla...•…

p. 134
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 fragmento
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no tenían los recursos institucionales, financieros ni tecnológicos para adaptarse a las nuevas condiciones de la competencia. Si se considera que la economía global había privilegiado un modelo de producción que se caracteriza por la extracción y adaptación tecnológica intensiva y el limitado uso de mano de obra,…

p. 62
10Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 1231 fragmento
[10]

1992 and 1993 alone (44). Faced with competi- tion from lower-cost foreign producers and falling coffee prices, farmers are supplementing their incomes by growing drug crops (Wilson 2001), since in absolute terms the farmer is still better off doing that than participating in the regular economy. Furthermore, coffee…

p. 123
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 281 fragmento
[11]

Tierras (Himat). A este esfuerzo gubernamental se sumó la cons- titución de gremios en el sector; el primero la Fe- deración Nacional de Cafeteros, y luego el Fondo Nacional del Café (1927) y su centro de investiga- ción (Cenicafé) en Chinchiná (Caldas), el Instituto de Fomento Algodonero en 1948, Coltabaco, Pro-…

p. 28
12Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 5991 fragmento
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(con excepción de los productos de caucho), de hecho el sector más exitoso durante la apertura económica, así como del sector de papel e imprenta. Esto estuvo acompañado, sin embargo, por un retroceso de las industrias del caucho, vidrio y, especialmente, todas las metalmecánicas, incluido el sector automotriz, pese a…

p. 599
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 80, 972 fragmentos
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y otros grupos delincuenciales, tal como lo confirmó el relato del excombatiente: «Era que eso [el proceso de desmovilización] no tenía ningún futuro para el com- batiente raso, o sea la gente sentía que después de tener un arma, ser alguien con poder en una región, tener un uniforme, salir a dormir en el piso, sin…

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producción local. Esta, que consistía en un primer momento en bazuco –mezcla del alcaloide de la coca con distintos químicos, que implica el procesamiento de la hoja–, era vendida a narcotraficantes en Cúcuta 215. Un líder del Catatumbo, que de niño conoció estos grupos, relató a la Comisión lo siguiente: «Era un…

p. 80
14Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2151 fragmento
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de la agricultura tradicional, si no se generan correctivos a través de instrumen- tos de política que permitan articular a la pequeña agricultura, v) la vigencia de los altos niveles de subsidios en los países industrializados y la tendencia histórica de disminución de los precios agrícolas, probablemente mantendrá…

p. 215
15Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 4551 fragmento
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de este tipo de productos de consumo directo; la presión de las impor- taciones y la exposición a los precios internacionales; una muy escasa organización institucional, con la excepción de la papa, el cacao, el fique y el tabaco; los sesgos negativos en el crédi- to, y una casi inexistente red de apoyo para la…

p. 455
16Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 3341 fragmento
[16]

ahí saliendo de Norcasia. (CNMH, MNJCV, 2014, 9 de junio) Más allá de los discursos antisubversivos, Norcasia y Samaná tuvieron ese alto grado de acciones bélicas pues se convirtieron en una zona de disputa entre las FARC y las ACMM por las rentas del narcotráfico, porque este era el principal medio de finanzas de…

p. 334
17Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2201 fragmento
[17]

insumos, por parte de los narcotraficantes. Todo se enmarca en un cuadro de desempleo y pobreza créni- ca de la poblacién campesina, consecuencia de la falta de infraestructura, medios de transporte, crédito, apoyo tecnolégico y facilidades de comercializacién y merca- deo para los productos agropecuarios…

p. 220
18Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 3391 fragmento
[18]

aquellos que sufren de dicha violencia, en particular a los más pobres. Cultivos ilícitos y narcotráfico en Colombia Los noventa se caracterizaron por una expansión de los cultivos de coca del orden del 286% (las hectáreas cultivadas pasaron de 37.500 en 1992 a 144.807 en 2001) aunque, durante este siglo, los cultivos…

p. 339
19Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1631 fragmento
[20]

el deporte, los medios de comunicación, la banca, miembros del Ejército y miles de campesinos y de comerciantes. La corrupción del narcotráfico llegó a tal nivel que, incluso, un presidente de la República (Ernesto Samper) fue acusado de recibir enormes cantidades de dinero del cartel de Cali para financiar su campaña…

p. 163
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1001 fragmento
[21]

1987. El quinto periodo (1988-1990) está marcado por la disminución del precio de la coca, la intensificación de la lucha contra el narcotráfico y el inicio de una nueva oleada migratoria proveniente de zonas como Huila, Cauca, Valle del Cauca, Nariño, la zona cafetera y del Ecuador. Ramírez, Entre el Estado y la…

p. 100
21Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1491 fragmento
[22]

y el Mundo Fuente: UNODC, Policía Nacional ¿Porqué se expandieron de manera vertiginosa los cultivos de hoja de coca en Colombia hasta el punto de llegar a ser el principal productor de cocaína?. Es una pregunta que surge de mirar los hechos mencionados y cuya respuesta se encuentra recorriendo varios aspectos e…

p. 149
22Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 511 fragmento
[23]

disminución no son claras. Desde 1994 y hasta 1997, el número de hectáreas cultivadas osciló entre 2.000 y 2.500, pero a partir de 1998 se produjo un crecimiento sostenido de cultivos hasta el 2000, año en el que se triplica el área cultivada y alcanza su máximo histórico: 5.960 hectáreas (Minjusticia, Unodc, 2016, p.…

p. 51
23Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 1951 fragmento
[24]

los paracos ma- taban a quien no les vendiera a ellos nos tocó vender muy barato. La ganancia casi no era nada” (Jansson, 2006, página 237). Pero las personas productoras de pasta de base de cocaína en pequeña escala no sólo se encontraban en desventaja comercial frente a paramilitares del Bloque Sur Putumayo. Ante la…

p. 195
24La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 601 fragmento
[25]

lo que ocasionó el fin de los cultivos de maíz y arroz, que habían sido la base económica de la región en las déca- das de los sesenta y setenta. A continuación presentamos algunos testimonios que dan cuenta de los efectos que trajo la economía cocalera en el sur del departamento. Nos llegó la cultura de la coca y…

p. 60
25Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 931 fragmento
[27]

una región periférica, atada a distintos ciclos de colonización espontánea, en el marco del desarrollo de diferentes tipos de economía extractiva (petróleo y posteriormente coca), favore- ció la inserción y consolidación del ELN, el EPL y las FARC. Por eso, los grupos paramilitares implementaron un modelo intensivo en…

p. 93
26Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2752 fragmentos
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Romero, Paramilitaries, 152. 114 Semana, 19 de julio de 1999, 111. 275 Víctima de la globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia Otro de los organizadores fue Guillermo Rivera, presidente del sindicato que representaba a los guerrilleros desmovilizados del EPL, a quienes Del Río…

p. 275
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Romero, Paramilitaries, 152. 114 Semana, 19 de julio de 1999, 111. 275 Víctima de la globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia Otro de los organizadores fue Guillermo Rivera, presidente del sindicato que representaba a los guerrilleros desmovilizados del EPL, a quienes Del Río…

p. 275
27Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3681 fragmento
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está, por ser Norte de Santander un departamento fronterizo donde los criminales comunes se habían disputado desde siempre el control de los contrabandos varios, las tasas de homicidios doblaban las del promedio nacional. 60 Por esa frontera salía cocaína colombiana a Europa vía Venezuela y también entraban…

p. 368
28Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 311 fragmento
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2005 del Departamento Nacio- nal de Estadística (DANE, 2005). 31 Tibú: las paradojas de su riqueza Mapa 2. Municipio de Tibú Fuente: procesado por CNMH. Georreferenciación: Julio E. Cortés, 2015 32 Con licencia para desplazar Para nadie es un secreto, esta es una zona olvidada de los pla- nes sociales del Estado y el…

p. 31
29El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 272 fragmentos
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Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…

p. 27
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Una vieja guerra en un nuevo contexto. Conflicto y territorio en el sur de Colombia. (Bogotá: Universidad Javeriana/ Cinep/ Odecofi/ Colciencias/ Cerac, 2011), 184, 190. 27 Capítulo 1 y político, en permanente competencia con Mocoa. Los campamen- tos de la Texas Petroleum Company, a su llegada en 1963, se esta-…

p. 27
30Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 fragmento
[34]

comunica con el Ecuador, y la vía alterna que comunica Ipiales y Tumaco con el océano Pacifico, y mantiene conexión por la vía Pasto-Mocoa con el departamento del Putumayo. Además, este corredor ha sido de gran interés para el desarrollo de economías asociadas a la explotación maderera, la extracción petrolera,…

p. 94
31Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2621 fragmento
[35]

en uso del municipio de Tumaco y el 13.3 % del área total sembrada en palma en Colombia. Colombia es el primer productor de palma de aceite en América Latina y el cuarto en el mundo, aportando Tumaco el 11% de la producción nacional de aceite de palma, con un promedio anual de 16 toneladas/ha (Fedepalma 1999). Esta…

p. 262
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1771 fragmento
[36]

ocho de los cuales pertenecen a Nariño. Todos estos presentaron dismi- nuciones en comparación con el año anterior y presentaron la mayor extensión de cultivos de coca entre 2016 y 2017. Su extensión para 2019 se desagrega en la siguiente tabla. Las mayores extensiones se observan en Inda Zabaleta y Gran Rosario,…

p. 177
33Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 3131 fragmento
[37]

Tumaco! The Águilas Negras resisted, and so, in 2009, there were massacres on the road because the Rastrojos took the Águilas Negras’ men to the road to assassinate them. In 2010, the Rastrojos won the fight and entered the city of Tumaco, but the Águilas Negras were still there. [There were] a number of drug…

p. 313
34Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 661 fragmento
[38]

sobre la situación de riesgo para su supervivencia”. • A principios de 2011, el Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas recomendó en un informe “prevenir el genocidio que pudiera perpetrarse allí.” 67 • En marzo de 2011, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas…

p. 66
35La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 381 fragmento
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Así, los recursos económicos derivados del tabaco garantizaron ingresos altos para ese medio rural, una cierta calidad de vida, actividad comercial y empleo productivo y comercial, hasta llegar a contar con 33 tien- das, almacenes, depósitos y una droguería. En esa prosperidad jugó un papel muy importante la organi-…

p. 38
36Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 761 fragmento
[40]

masacres se hicie- ron costumbre en el territorio nacional. El país entró en los años más sanguinarios del conflicto armado y los grupos paramilitares fueron los primeros responsables (en algunos de los casos, en complicidad con agentes del Estado). Las intenciones de hostigar y controlar comunidades se mezclaron con…

p. 76
37Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1971 fragmento
[41]

Salvatore Mancuso y alias Popeye lograron establecerse en el casco urbano de Simití, mientras el grupo de los hermanos Botero, desde Magangué, incursionó en Tiquisio, Achí, Pinillos y Altos del Rosario […]; el Bloque Central Bolívar ejerce dominio en los cascos urbanos, su periferia y la vega del río Magdalena, a…

p. 197
38Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2031 fragmento
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en el que había pocos hombres en la zona? Luego de ocultarse, las y los sobrevivientes abandonaron sus viviendas y emprendie - ron largos caminos hacia algunos centros poblados y se encontraron con la prevención de otras comunidades a su llegada: recordando la afirmación de uno de los documentos, “Váyanse, váyanse…

p. 203
39La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 2671 fragmento
[43]

eran los que primero… Ellos venían de… que venían de los lados del Urabá, Antioquia. Comenzaron llegando, llegaron… entraron fue, los pri- meros pueblos, lo que fue Algarrobo, San Ángel. (CNMH, MNJCV, 2015, 24 de abril) Como lo explica el Tribunal Superior de Bogotá, Sala de Justicia y Paz (2014), el proyecto de…

p. 267
40Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 751 fragmento
[44]

Análisis Político, No. 2, Sept-Dic., p. 44. 33 Grupo de Memoria Histórica (2010), La tierra..., op. cit. 34 Ibid. 35 Barrera, op. cit. Capítulo II 75 Cauca al golfo de Morrosquillo, lugar donde los ilícitos eran embar- cados fuera del país. Por su parte, la guerrilla se valió de las ventajas geoestratégicas que…

p. 75
41La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 961 fragmento
[45]

anterior y las acciones del Bloque Norte que luego beneficiaron a las élites locales, es el del corregimien- to de Guaimaro, ubicado en el municipio de Salamina, Magdalena. En el año 2000 vivió el desplazamiento forzado de miles de campesinos asentados en los playones conocidos como Laura y Castro. Desde el año 1987…

p. 96
42Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1811 fragmento
[46]

ilegal y de fractura urbana y sus violencias. Guerrilla hace secuestros y extorsiones. Solicitud élites empresa- riales y narcotraficantes locales y regionales de crear un bloque AUC. Arremetida AUC en territorios FARC Toma de control territorios estratégi- cos tráfico droga y ne- gocios ilegales varios…

p. 181
43Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 422 fragmentos
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del paramilitarismo, 1982-2002 Coyunturas entre 1982 y 2002 3 1 Impacto en crecimiento y expansión paramilitar Las primeras negociaciones de paz con las guerrillas durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) Coincide con el surgimiento de los primeros grupos de autode- fensas y paramilitares. Apertura…

p. 42
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del paramilitarismo, 1982-2002 Coyunturas entre 1982 y 2002 3 1 Impacto en crecimiento y expansión paramilitar Las primeras negociaciones de paz con las guerrillas durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) Coincide con el surgimiento de los primeros grupos de autode- fensas y paramilitares. Apertura…

p. 42
44Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 1481 fragmento
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capital social y político (Bejarano, Jesús y otros, 1997). En estas regiones fue claro que uno de los resultados de la ofensiva nacio- nal de las AUC, en medio de los diálogos del Caguán y luego de la Seguridad Democrática, fue la de crear condiciones para la colo- nización empresarial y la consolidación de la…

p. 148
45Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 1631 fragmento
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100 80 60 40 20 0 Cultivated coca (000 hectares) 16 14 12 10 8 6 4 2 0 Estimated levels of cultivated coca Number of (pre-existing and official) AUC combatants 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 Figure 6.2 The links between coca growth and AUC paramilitarism…

p. 163
46Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 521 fragmento
[51]

guerra irregular y pudiendo servir como base para el reclutamiento y el entrenamiento de nuevos combatientes. Los compradores de las franquicias eran narcotra fi cantes que tenían un doble interés en orquestar su transformación en paramilitares. Por una parte, la fl uidez de las redes económicas de la cocaína…

p. 52
47¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 951 fragmento
[53]

crecimiento del conflicto armado dalena medio, el 18 de enero de 1989. 94 Ante esta masacre, el Gobierno impartió una orden al DAS para que investigara la estructura criminal de los grupos paramilitares en esa región. Igualmente, derogó la Ley 48 de 1968, a través de los decretos 813 y 814 de 1989, que penalizaban la…

p. 95
48Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 2681 fragmento
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50 a 100 has 2,4 98 5,9 21 100 a 500 has 1,7 99,7 12,6 33,6 500 a 1.000 has 0,2 99,9 4,8 38,4 >1000 has 0,2 100,1 61,2 99,6 Sin contar los territorios étnicos del censo agropecua- rio, el Gini de 2014 se reduce a 0, 905, bastante mayor que el de 1970 que alcanzó 0, 86, reflejo de la concentración de la propiedad que…

p. 268
49Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4461 fragmento
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se presentó por diversas razones. Entre ellas resaltan la expansión te- rritorial de los grupos paramilitares como castigo a la transgresión del orden impuesto y el despojo de tierras para fines económicos. El desplazamiento por expansión territorial de los paramilitares implicó el constante quebrantamiento de las…

p. 446
50Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 821 fragmento
[58]

a las instituciones presentes que la coca era el único producto agrícola que les habían enseñado a transformar. Era un reclamo histórico de las condiciones y el precario apoyo que habían recibido del Estado cuando promovió la colonización. Desde su perspectiva, explicaba las razones por las que el campesinado de la…

p. 82