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Hecho histórico · Posconflicto · 2016–presente

Paro Cívico de Buenaventura de 2017

Entre el 16 de mayo y el 6 de junio de 2017, Buenaventura se paralizó durante 22 días bajo el Comité del Paro Cívico, movilizando hasta 200.000 personas afrodescendientes en demanda de agua potable, salud, educación, empleo y autonomía étnico-territorial frente a un modelo de enclave portuario que concentraba el 45% del comercio exterior colombiano en medio de una ciudad con 41% de pobreza multidimensional. El paro concluyó con un acuerdo con el gobierno de Juan Manuel Santos y la aprobación de la Ley 1872 de 2017.

Paro Cívico de Buenaventura de 2017
16 de mayo – 6 de junio de 2017
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
16 de mayo – 6 de junio de 2017
Protagonistas
Francia Márquez, Comité del Paro Cívico de Buenaventura, Víctor Hugo Vidal, Eliécer Arboleda Torres (alcalde de Buenaventura), Óscar Naranjo (vicepresidente de Colombia), Juan Manuel Santos (presidente de Colombia), Proceso de Comunidades Negras (PCN), ESMAD, Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Contradicción estructural entre la riqueza generada por el puerto —45% del comercio exterior colombiano, 1.670 millones de dólares en 2013— y la pobreza extrema de la ciudad: 41% de la población en pobreza multidimensional y 26% de desempleo, con los recursos portuarios drenados fuera del territorio local.
  2. Reemplazo progresivo de la mano de obra portuaria por maquinaria y subcontratación, que dejó a miles de familias afrodescendientes fuera de la cadena de valor del propio puerto que habitaban.
  3. Décadas de abandono estatal en servicios básicos: agua potable racionada pese a estar rodeada de ríos, hospitales colapsados, escuelas sin cupos y saneamiento deficiente.
  4. Inserción de Buenaventura en la geografía del conflicto armado y el crimen organizado desde finales de los años noventa, con paramilitarismo, bandas criminales, esquemas de subcontratación criminal y desplazamiento intraurbano que la Corte Constitucional debió atender mediante los Autos 119, 074 y 234 de 2013.
  5. Incumplimiento gubernamental del preacuerdo firmado tras la movilización de 2014, que radicalizó al Comité del Paro y lo llevó a exigir garantías antes de levantar cualquier bloqueo.
  6. Sedimentación organizativa de medio siglo: redes de pastoral liberacionista (monseñor Gerardo Valencia Cano), sindicatos portuarios, cooperativas pesqueras (ANPAC, 1991), consejos comunitarios creados por la Ley 70 de 1993 y el repertorio del paro cívico nacional heredado del 14 de septiembre de 1977.
16 de mayo – 6 de junio de 2017Paro Cívico de Buenaventura de 2017

Consecuencias

  1. Firma de un acuerdo entre el Comité del Paro Cívico y el gobierno de Juan Manuel Santos al cabo de 22 días, con compromisos de inversión en salud, agua, educación, vivienda y empleo para Buenaventura.
  2. Aprobación de la Ley 1872 de 2017, que creó un fondo autónomo con vigencia de una década destinado a financiar las inversiones pactadas para el distrito de Buenaventura.
  3. Visibilización nacional e internacional de la brecha entre la función logística del puerto y las condiciones de vida de la población afrodescendiente, instalando el concepto de 'Desarrollo con Soberanía Territorial' en el debate público.
  4. Consolidación del Comité del Paro Cívico como referente organizativo étnico-territorial y proyección de líderes como Francia Márquez hacia escenarios políticos nacionales.
  5. Primer gran ciclo de movilización social del posacuerdo desde un territorio étnico, que anticipó la gramática del estallido social que se generalizaría en las ciudades andinas en 2019 y 2021.
  6. Represión por parte del ESMAD con cientos de heridos, detenciones y procesos penales contra jóvenes manifestantes, en un patrón documentado de criminalización de la protesta social.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El Paro Cívico de Buenaventura de 2017 es el primer gran ciclo de protesta del posacuerdo surgido desde un territorio étnico racializado, y demuestra que el estallido social colombiano se incubó en las periferias afropacíficas antes de generalizarse en las ciudades andinas. Su singularidad reside en articular, desde una infraestructura organizativa de medio siglo, demandas de servicios básicos con una crítica estructural al modelo de enclave portuario y una reivindicación de autonomía étnico-territorial que el catálogo de protestas urbanas nacionales no había formulado con esa densidad. La Ley 1872 de 2017 es, además, un precedente de legislación específica arrancada por la movilización social afrodescendiente, aunque su cumplimiento efectivo quedó pendiente de verificación.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El Paro Cívico de Buenaventura de 2017

Entre el 16 de mayo y el 6 de junio de 2017, la principal ciudad-puerto del Pacífico colombiano se paralizó durante veintidós días bajo la conducción de un Comité del Paro Cívico que agrupó organizaciones afrodescendientes, iglesias, sindicatos, juntas de acción comunal y colectivos juveniles. La consigna, condensada en un lema que recorrió el país —"vivir con dignidad y paz en el territorio"—, articulaba demandas de agua potable, salud, educación, empleo y autonomía étnico-territorial frente a un modelo de enclave portuario que movía cerca del 45% del comercio exterior colombiano en medio de una ciudad donde el 41% de la población vivía en pobreza multidimensional. El paro terminó con un acuerdo firmado con el gobierno de Juan Manuel Santos y la aprobación de la Ley 1872 de 2017, que creó un fondo autónomo con vigencia de una década para financiar las inversiones pactadas. Más allá de sus resultados legales, la movilización marcó el primer gran ciclo de protesta social del posacuerdo desde un territorio étnico, y anticipó, desde la periferia racializada del Pacífico, la gramática del estallido que dos y cuatro años después se generalizaría en las ciudades andinas.

Un puerto sin ciudad: la contradicción estructural

Buenaventura no es una ciudad cualquiera. Por su bahía pasa cerca del 45% de la carga internacional de Colombia —aproximadamente 70% de importaciones y 30% de exportaciones—, y en 2013 la Sociedad Portuaria Regional cifraba su comercio exterior en torno a los 1.670 millones de dólares. El puerto se consolidó como principal salida del café colombiano en 1932, tras la apertura del Canal de Panamá en 1914 y la construcción de la red ferroviaria que enlazó el occidente cafetero con el Pacífico; desde entonces, su lugar en la economía nacional no ha hecho sino agrandarse con la contenedorización, los tratados de libre comercio y la modernización de sus terminales.

Esa riqueza no se traduce en la ciudad que la produce. Los indicadores sociales describen una fractura brutal entre el enclave y su entorno humano: el 41% de la población se encontraba en situación de Pobreza Multidimensional, más del doble del promedio nacional del 19,6%, y a diciembre de 2020 el desempleo local llegó al 26%, unos diez puntos por encima de la media del país. La mano de obra portuaria, durante décadas principal fuente de trabajo popular, había sido progresivamente reemplazada por maquinaria, subcontratación y esquemas de tercerización que dejaron a miles de familias fuera de la cadena de valor del propio puerto. Los recursos generados por la actividad portuaria, denunciaban las organizaciones locales, no se quedaban ni se reinvertían en la población: se drenaban hacia las sociedades portuarias, la Nación y los circuitos globales del comercio.

A esa contradicción de fondo se sumó, desde finales de los años noventa, otra capa: la conversión de Buenaventura en escenario privilegiado del conflicto armado y del crimen organizado. La llegada del paramilitarismo hacia 1999 —justo cuando las comunidades afrocolombianas apenas empezaban a pensarse como dueñas de sus territorios y a dialogar con el Estado a través de la Comisión Consultiva de Alto Nivel creada por la Ley 70 de 1993— insertó a la ciudad en la geografía de la guerra por el control geoestratégico del puerto y de las rutas del narcotráfico. En 2013, el municipio operaba bajo un esquema de subcontratación criminal en el que grandes organizaciones cedían el control territorial a bandas locales y grupos juveniles que se disputaban metro a metro los expendios barriales de droga, mientras en el terminal portuario grupos conocidos como los rivioli se infiltraban entre los trabajadores oficiales, robaban mercancía en bandas armadas con cuchillos e intimidaban a los guardias del puerto. Las llamadas "casas de pique" —viviendas usadas para descuartizar personas— y el desplazamiento intraurbano dieron a la ciudad una fama macabra que la Corte Constitucional se vio obligada a atender mediante los Autos 119, 074 y 234 de 2013, en los que ordenó a la Unidad para las Víctimas priorizar la grave situación humanitaria del municipio.

Ese era el escenario en 2017: una ciudad-puerto donde el dinero de contenedores convivía a pocos metros con barrios sin agua potable veinticuatro horas, hospitales colapsados, escuelas sin cupos y un régimen difuso de violencia armada. Ninguna solución técnica y ninguna presencia estatal esporádica bastaba: lo que se había quebrado era el pacto mismo entre la ciudad y la Nación que se enriquecía a través de ella.

Medio siglo de sedimentación organizativa

El Paro Cívico de 2017 no brotó de esa fractura como un estallido espontáneo. Se apoyó —y a la vez rebasó— una infraestructura organizativa afropacífica construida durante medio siglo, cuyas capas es preciso reconocer para entender cómo veintidós días de bloqueo pudieron sostenerse frente al ESMAD y frente a la impaciencia del gobierno nacional.

La capa más antigua es la de la pastoral liberacionista encarnada por monseñor Gerardo Valencia Cano, obispo de Buenaventura entre 1953 y 1972. Valencia Cano combinó en su diócesis acción pastoral, alfabetización, teatro comunitario y organización gremial: los sábados subía a caseríos como Punta Soldado a celebrar misa, y quienes lo acompañaban se quedaban dictando clases y montando obras de teatro popular. Junto al líder comunitario Manuel Bedoya impulsó, en el Muro Yusti de Buenaventura, la creación de una cooperativa pesquera que sirvió de matriz para una red de asociaciones costeras. Firmante de la declaración del movimiento Golconda —esa corriente sacerdotal que recogió en clave colombiana el pensamiento de Camilo Torres y propugnó por un cambio profundo y urgente de las estructuras socioeconómicas, aunque Valencia Cano no compartió las vías violentas para la toma del poder que defendía un sector del grupo—, el obispo dejó tras de sí un tejido de organizaciones populares que se prolongaría, décadas después, en la Corporación para el Desarrollo de la Pesca Artesanal del Litoral Pacífico Colombiano (ANPAC), constituida en 1991.

La segunda capa es la del ciclo cívico y sindical nacional de los años setenta. El primer paro cívico rural del que se tiene noticia en Colombia ocurrió en febrero de 1972 en la región del Sarare, en Arauca, cuando un comité cívico bloqueó carreteras y municipios para exigir al INCORA el cumplimiento de créditos subsidiados y vías. Cinco años después, el 14 de septiembre de 1977, el Paro Cívico Nacional convocado por el Consejo Nacional Sindical —que unificó por primera vez a las principales confederaciones sindicales colombianas de líneas políticas dispares— llevó a la calle un pliego de ocho puntos: aumento salarial del 50%, levantamiento del estado de sitio, congelamiento de precios, derogatoria del Estatuto Docente, entrega de tierras, jornada de ocho horas, supresión de decretos sobre el Seguro Social y abolición de la reforma administrativa. El gobierno de Alfonso López Michelsen respondió con los decretos 2004 y 2066, que autorizaban arrestos de treinta a ciento ochenta días para organizadores de ceses y prohibían difundir información sobre paros en radio y televisión, y el M-19 aprovechó la jornada para liberar al empresario Hugo Ferreira Neira, gerente de Indupalma, en solidaridad con la huelga que sus trabajadores adelantaban desde agosto. El paro del 77 se conmemoró hasta entrados los años ochenta y consolidó el repertorio —comités locales, pliego unificado, bloqueo, negociación— del que Buenaventura sería heredera.

La tercera capa es la etnización de los años noventa. Antes de la Constitución de 1991, las organizaciones afropacíficas se articulaban en torno a ejes de clase, gremio y ciudadanía: movimientos cívicos, sindicatos portuarios, cooperativas pesqueras, asociaciones de pequeños productores, agrupaciones artístico-culturales. La Asamblea Nacional Constituyente cambió esa gramática al incorporar el Artículo Transitorio 55, que ordenó al Congreso expedir una ley reconociendo a las comunidades negras ribereñas de la cuenca del Pacífico el derecho a la propiedad colectiva sobre sus territorios. La Ley 70 de 1993 desarrolló ese mandato y creó las figuras del consejo comunitario y de la Comisión Consultiva de Alto Nivel, instancias que redefinieron a las comunidades negras como sujetos étnicos con territorio, autoridad y derecho a la consulta.

Ese giro no fue armónico. Tras la Ley 70 proliferaron organizaciones urbanas de reivindicación étnica cuyos activistas fueron cuestionados por las bases rurales por carecer de representatividad; las organizaciones de pescadores, cooperativas y consejos comunitarios se resistieron a ceder autonomía a coordinaciones nacionales sin arraigo, y las múltiples instancias de participación abiertas por la ley alimentaron tensiones sobre quién podía interlocutar con el Estado en nombre del pueblo negro. El Proceso de Comunidades Negras (PCN) emergió como uno de los referentes de esa articulación en clave étnico-territorial, y en Buenaventura convergieron con él las viejas redes cívicas, gremiales y eclesiales.

La cuarta capa, más reciente y decisiva, fue el Comité del Paro Cívico conformado en 2014, tras una primera movilización que dejó firmado un preacuerdo con el gobierno cuyos compromisos no se cumplieron. Ese comité —integrado por líderes como Víctor Hugo Vidal, Rosa Emilia Salamanca y una franja amplia de organizaciones locales, con figuras que después se harían nacionales como Francia Márquez circulando en su órbita— aprendió del incumplimiento previo, refinó su estructura interna, elaboró un diagnóstico técnico del abandono estatal y esperó una coyuntura para reactivarse. La coyuntura llegó en mayo de 2017.

La reconstrucción de los veintidós días

En la madrugada del martes 16 de mayo de 2017 arrancó el paro. Los bloqueos se concentraron en los puntos neurálgicos que conectan el puerto con el país: el Puente El Piñal —vía obligada para la entrada y salida de contenedores hacia la vía Simón Bolívar y el interior— y los principales corredores urbanos de la Comuna 12 y de la zona insular. Miles de personas, en una ciudad de aproximadamente 400.000 habitantes, se volcaron a las calles; el Comité del Paro y observadores externos hablarían, en el pico de la movilización, de hasta 200.000 personas involucradas de forma directa o indirecta en jornadas, ollas comunitarias, marchas y puntos de resistencia. La ciudad quedó, literalmente, detenida: el puerto dejó de operar con normalidad, el comercio cerró, el transporte se suspendió y las pérdidas económicas empezaron a contabilizarse en decenas de miles de millones de pesos por día.

El pliego que sostenía la movilización desbordaba las demandas puntuales de obra pública. Incluía la declaratoria de una emergencia social, económica y ecológica para el distrito; un sistema de salud propio, con reapertura del Hospital Luis Ablanque de la Plata; agua potable las veinticuatro horas del día, en una ciudad que recibía servicio racionado pese a estar rodeada de ríos; educación pública con universidad pública propia; empleo digno y no tercerizado en el puerto; vivienda, saneamiento, cultura, deporte, medidas contra la violencia armada; y, como marco, un modelo alternativo de desarrollo, el llamado Desarrollo con Soberanía Territorial, que reivindicaba a Buenaventura no como plataforma logística del capital global sino como territorio étnico con vocación propia.

El tercer día del paro, la delegación del gobierno nacional llegó a Buenaventura. La componían, entre otros, el ministro de Ambiente y el secretario general de la Presidencia, y su misión era discutir los términos de la negociación. Muy pronto se encalló en el primer punto: el gobierno se negó a declarar la emergencia, con el argumento de que el estatuto legal invocado por el Comité solo aplicaba a desastres naturales, no a situaciones de abandono estructural. El cuarto día, el alcalde Eliécer Arboleda Torres endureció la postura: condicionó cualquier diálogo al levantamiento previo de los bloqueos, criticó el daño económico que la movilización causaba y pronosticó que el paro no duraría. El Comité rechazó la condición —levantar el bloqueo sin garantías equivalía, en su lectura, a repetir el fracaso de 2014— y, en cuestión de horas, la delegación gubernamental se retiró de manera inesperada de las negociaciones.

Inmediatamente después de esa retirada apareció el ESMAD. Un miembro del Comité del Paro lo resumió con crudeza: "tan pronto como la delegación se retiró, el ESMAD llegó a reprimir a la gente". La represión sustituyó al diálogo. Durante los días siguientes se produjeron enfrentamientos sostenidos en el Puente El Piñal, en la Comuna 12 y en distintos barrios de la zona continental: gases lacrimógenos, aturdidoras, disparos de recalzada y persecuciones nocturnas. Hubo cientos de heridos, allanamientos, detenciones y denuncias de abuso; jóvenes fueron señalados y procesados bajo figuras penales severas, en línea con un patrón nacional en el que entre enero de 2000 y febrero de 2018 se abrieron más de 11.000 casos por rebelión o terrorismo contra jóvenes de 15 a 25 años, con un 95% de no culpabilidad final. La ciudad, sin embargo, no cedió. Ollas comunitarias en las esquinas, alabaos y arrullos en los puntos de resistencia, curas y pastores acompañando las marchas, mujeres al frente de las asambleas: la infraestructura organizativa acumulada durante décadas se manifestó en la capacidad —poco común en una movilización urbana— de sostener el bloqueo por semanas sin desintegrarse.

Bajo la presión del prolongado cierre portuario y del creciente costo político, el gobierno nacional recompuso su delegación. Regresaron a la mesa figuras de mayor peso, entre ellas el vicepresidente Óscar Naranjo, y las conversaciones se reanudaron en la Casa Municipal de Cultura. El Comité del Paro llegó con equipos técnicos, cifras, mapas y un archivo de incumplimientos anteriores; el gobierno, con la urgencia de reabrir el puerto. Se negoció punto por punto, en jornadas que se prolongaban hasta la madrugada, mientras en las calles el pulso con el ESMAD continuaba.

El 6 de junio de 2017, veintidós días después del inicio del paro, se firmó el acuerdo. Contenía compromisos en salud, educación, agua potable, vivienda, empleo, cultura, deporte, seguridad y justicia, y —clave institucional del pacto— la creación de un fondo específico para financiar las inversiones pactadas, con vigencia decenal y administración autónoma. Los bloqueos se levantaron. El puerto volvió a operar. Buenaventura, exhausta pero victoriosa en su capacidad de haber forzado al Estado a sentarse, entró en un nuevo ciclo: el de la implementación.

Causas estructurales y detonantes

Distinguir lo que hizo posible el paro de lo que lo desencadenó ayuda a entender por qué ocurrió cuando ocurrió, y por qué en Buenaventura y no en otra parte.

En el plano estructural, la contradicción es la más antigua y evidente: un modelo de enclave portuario que extrae valor de la ciudad sin devolverle infraestructura, empleo ni servicios. Esa contradicción se agravó a lo largo del siglo XX y se aceleró tras la firma de los tratados de libre comercio de la primera década del 2000, cuando la modernización de terminales y la contenedorización multiplicaron el volumen de carga y simultáneamente destruyeron los oficios tradicionales del puerto. La región Pacífico en su conjunto, al cierre de 2016, presentaba altos niveles de subempleo, desocupación y baja remuneración per cápita, y aportaba a la nación una riqueza que no se traducía en desarrollo regional.

A esa fractura económica se sumó, como segunda causa estructural, la exclusión étnica y racial. La Ley 70 de 1993 había reconocido derechos territoriales colectivos a las comunidades negras del Pacífico, pero su aplicación en zonas urbanas y portuarias fue mínima; la Comisión Consultiva de Alto Nivel funcionó de manera intermitente y las obras derivadas de la consulta previa rara vez se materializaron. La ciudad afrodescendiente más grande del país no tenía universidad pública propia, ni hospital de tercer nivel operativo, ni acueducto de veinticuatro horas.

La tercera causa estructural fue la instalación del conflicto armado y del crimen organizado. Desde la llegada del paramilitarismo hacia 1999, y luego bajo el esquema de subcontratación criminal consolidado hacia 2013, la ciudad vivió bajo un régimen difuso de terror en el que bandas locales controlaban expendios y territorios metro a metro, mientras grandes organizaciones se concentraban en el mercado global de la droga. La violencia intraurbana produjo desplazamientos masivos dentro del mismo municipio, un fenómeno que la Corte Constitucional debió reconocer mediante las Sentencias C-253A y C-781 de 2012, la Sentencia C-280 de 2013 y los Autos 119, 074 y 234 de 2013, ordenando a la Unidad para las Víctimas priorizar Buenaventura.

Los detonantes coyunturales, en cambio, se concentran en los meses previos a mayo de 2017. Primero, el incumplimiento del preacuerdo de 2014, que había generado expectativas y luego frustración. Segundo, la persistencia y agravamiento de la violencia armada, con episodios de desmembramiento y desaparición forzada que resonaban a nivel nacional. Tercero, el momento político: la firma del Acuerdo de Paz de La Habana en noviembre de 2016 había abierto una ventana de expectativas de "paz territorial" que en el Pacífico se traducía en la exigencia concreta de inversión y presencia estatal. Cuarto, la crisis específica de servicios básicos —cortes de agua sostenidos, colapso del hospital, cierre de vías internas por deterioro— que convirtió lo insoportable en insostenible. Finalmente, la maduración del Comité del Paro reactivado desde 2014, con capacidad técnica, política y organizativa para transformar el malestar difuso en un pliego concreto y en un bloqueo sostenido.

Un acuerdo, una ley y un fondo

La consecuencia inmediata del paro fue el acuerdo del 6 de junio de 2017 y la aprobación, en el segundo semestre del mismo año, de la Ley 1872 de 2017. La ley creó un fondo autónomo para Buenaventura con vigencia de diez años, dotado de recursos específicos del Presupuesto General de la Nación y destinado a financiar los compromisos pactados en salud, educación, agua potable, vivienda, empleo, cultura, deporte y seguridad. Se estableció una gobernanza mixta, con participación del Comité del Paro Cívico y de instancias del gobierno nacional y local, y un mecanismo de seguimiento y rendición de cuentas.

La implementación fue desigual. Los primeros años del fondo mostraron avances parciales en infraestructura educativa y hospitalaria, retrasos considerables en el sistema de acueducto —el punto quizá más sensible para la vida cotidiana bonaverense— y tensiones recurrentes entre el Comité y el gobierno sobre la priorización, contratación y ejecución de las obras. El paso del gobierno de Santos al de Iván Duque en agosto de 2018 introdujo cambios de énfasis, y el Comité del Paro debió mantenerse activo, con nuevos ciclos de movilización y presión, para asegurar la continuidad de los compromisos. La ciudad no se transformó de la noche a la mañana; ninguna ley podía cerrar en una década una brecha construida durante un siglo.

En términos políticos, el paro proyectó a una nueva generación de liderazgos afrodescendientes al escenario nacional. Víctor Hugo Vidal, uno de los voceros más visibles del Comité, sería posteriormente alcalde de Buenaventura, elegido en 2019 y posesionado en 2020 tras una campaña que capitalizó el capital simbólico del paro. Figuras vinculadas al proceso —directa o indirectamente, en la constelación amplia de la lucha por la dignidad del Pacífico— alimentaron trayectorias que llegarían hasta la vicepresidencia de la República en 2022, con Francia Márquez, oriunda del norte del Cauca pero ligada por trayectoria y agenda al movimiento negro pacífico. El paro, en ese sentido, no solo abrió un fondo: abrió una puerta política.

Por qué este paro sigue importando

El Paro Cívico de Buenaventura de 2017 ocupa un lugar singular en la historia reciente de Colombia por al menos tres razones que se sostienen mutuamente.

Fue, primero, el primer gran ciclo de movilización social del posacuerdo, en un país que apenas terminaba de firmar en La Habana el fin de una guerra de más de medio siglo. Los estudios sobre posconflictos señalan que tras un acuerdo la violencia disminuye pero no desaparece, y que el conflicto deja de servir como "tapadera" de las disputas sociales, que ahora se expresan a cielo abierto. El paro bonaverense confirmó ese patrón: en ausencia de la coartada del conflicto armado como principal marco explicativo, la contradicción entre riqueza portuaria y pobreza urbana emergió con toda su crudeza y produjo una movilización de un tamaño y una duración excepcionales.

Fue, segundo, un paro con matriz étnico-territorial. A diferencia del ciclo urbano andino que estallaría en el 21N de 2019 y en el paro nacional del 28 de abril de 2021 —cuando las movilizaciones alcanzaron 862 municipios en los 32 departamentos, y Cali fue bautizada "capital de la resistencia" con puntos como Puerto Resistencia y Siloé—, Buenaventura movilizó desde una gramática distinta: la del pueblo negro que reivindica su territorio, su autoridad y su modelo de desarrollo propio. El pliego habló de Desarrollo con Soberanía Territorial antes que de reformas fiscales o de una lista de derechos individuales; los repertorios simbólicos —alabaos, arrullos, alabanzas en los puntos de bloqueo, presencia de consejos comunitarios y de organizaciones étnicas— provenían de una tradición cultural específica. El estallido social colombiano contemporáneo no se incubó primero en Bogotá o en Cali, sino en las periferias racializadas del Pacífico, y la Colombia andina llegó tarde a un ciclo que la Colombia negra ya había abierto.

Fue, tercero, la maduración pública de una infraestructura organizativa de medio siglo. Sin las cooperativas pesqueras impulsadas por Valencia Cano y Bedoya en los años sesenta, sin el repertorio cívico consolidado por el ciclo de paros del 72 y del 77, sin la etnización derivada de la Ley 70, sin el PCN, sin la memoria del preacuerdo incumplido de 2014, el bloqueo de veintidós días habría sido inconcebible. Esa infraestructura nunca fue homogénea: entre activistas urbanos y bases rurales, entre coordinaciones nacionales y consejos comunitarios, entre distintas iglesias, sindicatos y organizaciones juveniles hubo siempre tensiones, celos y disputas por la representatividad. Pero la coyuntura de 2017 —la combinación de violencia intraurbana insoportable, colapso de servicios, incumplimientos acumulados y ventana política del posacuerdo— fue lo suficientemente intensa como para desbordar las divisiones internas y forzar una convergencia. La organización acumulada hizo posible el paro; la crisis coyuntural lo hizo necesario. Ninguna de las dos condiciones habría bastado por sí sola.

De ahí que Buenaventura 2017 no pueda leerse como un episodio local ni como un antecedente menor. Fue, en sentido estricto, el primer capítulo del ciclo de protesta social colombiano del posacuerdo, y el que definió gran parte de su gramática: bloqueo sostenido de infraestructura crítica, comité amplio con pliego articulado, negociación pública con delegación gubernamental de alto nivel, aparición del ESMAD tras el retiro del diálogo, criminalización juvenil, y desenlace en acuerdo firmado con instrumento legal de largo plazo. Cuando dos años después el 21N pusiera a Bogotá en el mapa del estallido, y cuando en 2021 Cali se convirtiera en símbolo de la resistencia, muchos de los patrones observados en las calles andinas ya habían sido ensayados —a otra escala, en otra clave, con otros cantos— en las calles del Pacífico. La periferia racializada había mostrado el camino, y el país tardaría en reconocerlo.

Buenaventura sigue siendo hoy una ciudad tensa, con la Ley 1872 vigente pero con brechas sociales que persisten, con violencia armada que reaparece por ciclos y con un movimiento cívico que, veintidós días de mayo y junio de 2017 mediante, aprendió que el Estado no llega solo: hay que traerlo, con paciencia organizativa y con la ciudad detenida.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 36 fragmentos
01Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3891 cita
[1]población está sumida en la pobreza y la violencia, porque esos recursos que se generan no se quedan ni se invierten en la población local ni se traducen en empleo, pues la mano de obra ha sido reemplazada por maquinaria. Por ejemplo, según la Sociedad Portuaria Regional de Buenaventura, para 2013, el comercio…p. 389
02Intereses de Colombia en el Mar: Reflexiones y Propuestas para la Construcción de País MarítimoSamuel Rivera-Páez (Editor), Daniel Alfonso Rojas Sánchez, Héctor Mauricio Rodríguez Ruiz, Sergio Uribe Cáceres, Luis H. Osorio Dussán, Paola Marcela Iregui Parra, Natalia Pérez Amaya, William Pedroza Nieto, Giovanny Vega-Barbosa, Hermann León Rincón, Julio Monroy Silvera, César Grisales López, Natalí Delgado Orozco, Oscar Medina Mora · 2018 · p. 461 cita
[2]2015 estuvo entre el 55 y 65% mientras que en la región Pací fi co mostró en sus principales ciudades la informalidad entre 48 y 60%, a nivel nacional el estimado fue de un 49%; así mismo, las cifras al fi nalizar 2016 según se muestra en la (Tabla 1), dan cuenta que el alto subempleo, la desocupación y la baja…p. 46
03Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 3231 cita
[3]ese momento controlaban una parte del Valle del Cauca y hacían lo propio desde años anteriores. Para la guerra de 2013 que cobijó a Buenaventura y Cali los grupos subcontratados más importantes fueron los siguientes (gráfico 45): La subcontratación criminal traería cuatro grandes impactos en el funcionamiento del…p. 323
04Participating in Peace: Violence, Development and Dialogue in ColombiaJefferson Jaramillo-Marín, Luz Mery López-Lizarazo, Adriel Ruiz-Galvan, Matthew Louis Bishop, Juan Mario Díaz-Arévalo, Juan Miguel Kanai, Melanie Lombard, Simon Rushton, Anastasia Shesterinina, Henry Staples, Helen Louise Turton · 2023 · p. 115, 1202 citas
[4]is life, and life is not possible without territory. (Expression of the life– territory relationship formulated by the Proceso de Comunidades Negras) If the national peace agreement and Buenaventura’s Civic Strike are seen as two parallel processes, the Civic Strike has arguably been as or more important for…p. 115
[22]were paralysed (El País, 2017 in Barragán, 2020: 49). Numbers swelled over the following days. Arriving on Day 3 to discuss terms, the government’s delegation – including the Environment Minister and the Secretary General of the Presidency – declined to declare an emergency, claiming that the relevant statute applied…p. 120
05Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 2021 cita
[5]los buques hay grupos de hombres —especialmente durante las mañanas— esperando pacientemente. Algunos buscan trabajo ocasional con las navieras que los necesitan para agilizar ciertas labores que no hacen los trabajadores de Puertos de Colombia. Otros se cuelan en las bodegas de los buques, se mezclan con los braceros…p. 202
06El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 631 cita
[6]exportaciones estu- vo en los tres puertos del Caribe, de los cuales Barranquilla tomó la delantera después de 1870, siendo secundada por Cúcuta en el interior andino. Pero en 1932 Buenaventura, en el Pacífico, es el principal puerto de exportación de café, dando principio a un nuevo período en la historia de los…p. 63
07Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 3741 cita
[7]lantado por monseñor Valencia Cano y por el líder comunitario Manuel Bedoya 129, se comenzaron a consolidar las primeras orga- nizaciones de pescadores en Buenaventura: Hicimos la primera cooperativa pesquera del Pacífico en el Muro Yusti. Íbamos a Punta Soldado y todos esos caseríos los sá- bados. Él [monseñor…p. 374
08Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 1031 cita
[8]importantes procesos organizativos, ni que las diversas instituciones estatales, la iglesia, los académicos, empresarios y otros actores locales no hayan articulado acciones y representaciones en torno a las poblaciones negras de esta parte del Pacífico. La ausencia de la etnización en la articulación de la negridad…p. 103
09La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[9]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…p. 57
10Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 3171 cita
[10]sancione los actos de discriminación racial y que cumpla con los estándares internacionales en la materia. Por otro lado, la legislación que se dirige a la población afrocolombiana intenta de- sarrollar y garantizar los derechos culturales de dicha población y atacar algunos as- pectos puntuales en los que las…p. 317
11Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2571 cita
[11]se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…p. 257
12Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2191 cita
[12]urbana de Buenaventura comenzó a incorporar el discurso del territorio como espacio vital, visualizándolo y ubicándolo como una extensión, de carácter simbólico, del espacio rural. 2005 - 2014 • Emergencia en el contexto local de nuevas organizaciones sociales de jóvenes y de mujeres. • Construcción de lenguajes…p. 219
13Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 288, 2972 citas
[13]Transitorio 55 de la Constitución y reconociendo el reto de cons- truir el nuevo sujeto político de derechos, vuelcan toda su capa- cidad en la divulgación y aporte al proceso de reglamentación y desarrollo de la Ley 70 de 1993. Pero simultáneamente y cuando apenas era el tiempo de las comunidades pensarse en los…p. 288
[21]últimos años, el reconocimiento e inclusión de las vícti- mas de desplazamientos intraurbanos en el registro oficial ha sido posible a partir de los pronunciamientos de la Corte Constitucio- nal. A través de las Sentencias C- 253A y C -781 de 2012; Sentencia C- 280 y Autos 119, 074 y 234 de 2013, el tribunal ordenó…p. 297
14Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5511 cita
[14]INCORA en los decenios de 1960 y 1970. Además de las invasiones de tierras, en esos años surgió en Co- lombia una nueva modalidad de protesta: el paro cívico campesi- no, el primero de los cuales se llevó a cabo en febrero de 1972 en la región del Sarare, donde la Caja Agraria había iniciado en 1959 un proyecto de…p. 551
15Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 4161 cita
[15]de coordinación denominada Consejo Nacional Sindical (CNS), para orientar las acciones y garantizar el éxito del paro. No fue fácil llegar a ese punto, que unificaba en los hechos, aunque temporalmente, a las más diversas líneas políticas de izquierda y de derecha dentro del sindicalismo colombiano. Para la protesta…p. 416
16Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 159, 1622 citas
[16]el ánimo de pro- testa y resistiéndose a negociar, expidió el Decreto 2004 de 1977, el cual estableció en su artículo 1. 0: "Mientras subsista el actual estado de sitio, quienes organicen, dirijan, promuevan, fomenten o estimulen, lS Garzón {2013), p. 43. 1<1 Archila Neira (2005), p.l46. 20 Voz Proletaria, 1977. 21…p. 159
[17]políticos del paro de septiembre y justicia para las víctimas de la represión militar por haber participado en él. 4. Medidas que garantizaran el cumplimiento de los acuerdos 87 y 98 de la OIT. Jornadas de ocho horas de trabajo y mayor pro- tección a los derechos de huelga y asociación. 5. Eliminación del régimen de…p. 162
1725 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1971 cita
[18]de la relación estu- diantes-fuerza pública, año tras año se engrosó la lista de mártires estu- diantiles y la memoria colectiva flaqueaba. El Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977 fue objeto de conmemoraciones impulsadas por las centrales obreras. que se realizaron hasta entrados los años 80, y los…p. 197
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 105, 1082 citas
[19]desde organizaciones de izquierda hasta liberales y conservadores ospinistas. En el libro Un día de septiembre de Arturo Alape abundan los testimonios al respecto: En la preparación del paro, creamos un comité integrado por representantes de las juntas comunales, sin que hicieran pública su adhesión; participaron…p. 105
[20]paro propuesto por organizaciones armadas, como decía la prensa y Alfonso López, el presidente, ¿sí?, que la mano de las organizaciones había estado ahí y habían financiado, carreta, unas estuvieron al margen, pero los integrantes, los militantes se vieron en un momento dado abocados a participar, ¿sí?, porque había…p. 108
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 213, 2162 citas
[23]de la imple- mentación de un acuerdo y el inicio de la construcción de la paz, la conflictividad social se incrementa, puesto que «el conflicto armado ya no sirve de tapadera para las disputas entre diversos grupos sociales, o de pretexto estigmatizador de la acción colectiva con afán de cambio para el gobierno o las…p. 213
[25]acciones en 862 municipios de los 32 departamentos» 720; que consistieron en concentraciones, marchas, bloqueos a las vías públicas y asambleas. La rutina de vías, plazas y parques fue alterada por el encuentro cotidiano de las resistencias. Y los nombres de decenas de lugares fueron cambiados. A pocos días de…p. 216
20Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2051 cita
[24]a los estudiantes. Un informe entregado a la Comisión por la Universidad Politécnico Grancolombiano concluyó que, entre enero de 2000 y febrero de 2018, se abrieron más de 11.000 casos por rebelión o terrorismo en contra de jóvenes de entre 15 y 25 años. Del total de casos, 4.155 (33,6%) no llegó a una investigación.…p. 205
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1431 cita
[26]concentración, el enfrentamiento entre los manifestantes y la fuerza pública se agudizó. «El día 15 de mayo el Ejército y el Esmad empezaron a disparar contra los marchantes» 385. La misión de la Defensoría del Pueblo también resultó víctima de ataques indiscriminados, como lo señaló el exdefensor del Pueblo de…p. 143
22Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 502 citas
[27]los grupos armados. Esta pér - dida de autonomía como organizaciones de la sociedad civil lleva con frecuencia a que sus reclamos de justicia social terminen, sin quererlo, en bloqueos de vías y disturbios, lo cual contribuye a incrementar en el país la ya larga espiral de violencia. Así lo percibió el entonces…p. 50
[28]los grupos armados. Esta pér - dida de autonomía como organizaciones de la sociedad civil lleva con frecuencia a que sus reclamos de justicia social terminen, sin quererlo, en bloqueos de vías y disturbios, lo cual contribuye a incrementar en el país la ya larga espiral de violencia. Así lo percibió el entonces…p. 50
23Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 871 cita
[29]the Orinoquia, was Alfredo Molano. J. ALDANA CEDEÑO 83 Resulting of the partial agreement of Havana (2015) built once the cycle of peace negotiations between the government of Juan Manuel Santos (2010–2018) and the FARC was closed, some optimism before the possibility of configuring a post-conflict sociology was…p. 87
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1861 cita
[30]las plantaciones 760. En entrevistas realizadas por la Comisión, los pueblos indígenas Sikuani y Piapoco señalaron que hasta el día de hoy se sienten confinados y tienen dificultades para pescar y morichar 761, razón por la cual han tenido que cambiar su dieta 762. La persistencia de la exclusión fue el motivo del…p. 186
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1631 cita
[31]a cabo. Obviamente, esto se produjo en el contexto de un avance determinante durante esta década, resultado de la Constitución, en la aplicación de los derechos territoriales 337 Congreso de la República de Colombia, Ley 1448 de 2011. 164 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć étnicos y del establecimiento de un marco de derechos…p. 163
26Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 581 cita
[32]make a situation visible or to reverse an image that is socially accepted. In both cases, the constant exposure to new images creates a different mindset, a different view of the situation and, thus, new ways of acting. During the protests in 2021 against the government in Colombia, and more specifically those known…p. 58
27Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 1401 cita
[33]el de “aglutinador”. Ambos concuerdan en considerar como secundario el papel del prelado en la reunión del grupo en Buenaventura. Para LaRosa, él simplemente “prestó su nombre, su posición y su diócesis al movimiento Golconda y firmó el documento final” 259, pero no estaba de acuerdo en algunos planteamientos…p. 140
28De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 1471 cita
[34]período de gran violencia, migración y crecimiento urbano. Camilo trabajó con estudiantes, sacerdotes, profesores y con los pobres de la ciudad, en un permanente intento por captar el ambiente cambiante y dirigirlo en favor de los pobres y los marginados, que eran. sin duda alguna, la gran mayoría de los colombianos.…p. 147
29De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 1471 cita
[35]migración y crecimiento urbano. Camilo trabajó con estudiantes, sacerdotes, profesores y con los pobres de la ciudad, en un permanente intento por captar el ambiente cambiante y dirigirlo en favor de los pobres y los marginados, que eran. sin duda alguna, la gran mayoría de los colombianos. Camilo es recordado, hoy en…p. 147
30Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3871 cita
[36]modelo institucional de Iglesia imperante en Colombia y su ín- tima vinculación con el Estado: ade- más, debían añadirse los problemas tí- picos del Tercer Mundo (atraso eco- nómico y cultural, pobreza, injusticia, desigualdad social y económica, poca participación política de las masas po- pulares, etc.) para los…p. 387