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Hecho histórico · Posconflicto · 2016–presente

Disidencias de las FARC y reconfiguración del conflicto armado (2017–2022)

Tras la desmovilización certificada de las FARC-EP en 2017, Colombia no transitó al posconflicto sino a una reconfiguración violenta: al menos treinta estructuras disidentes crecieron hasta 5.187 integrantes en 2021, ocupando los territorios que el Estado no llegó a llenar, mientras eran asesinados más de 1.262 líderes sociales y casi 292 excombatientes firmantes del Acuerdo de Paz.

Disidencias de las FARC y reconfiguración del conflicto armado (2017–2022)
Junio de 2017 – agosto de 2022
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Junio de 2017 – agosto de 2022
Protagonistas
Juan Manuel Santos, Iván Duque, Rodrigo Londoño, Iván Márquez (Luciano Marín Arango), Jesús Santrich (Seuxis Hernández), Gentil Duarte (Miguel Botache Santillana), Iván Mordisco (Néstor Gregorio Vera Fernández), El Paisa (Hernán Darío Velásquez), Juan de Jesús Monroy, Misión de Verificación de la ONU, Ministerio de Defensa de Colombia, Fiscalía General de la Nación
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Implementación incompleta del Acuerdo de Paz: el Estado no desplegó presencia civil, inversión social ni seguridad en los territorios dejados por las FARC-EP, reduciendo la implementación en la práctica a construcción de vías.
  2. Persistencia de economías ilegales —coca, oro, madera— que generaron disputa territorial inmediata entre el ELN, el Clan del Golfo, el EPL y estructuras disidentes en zonas donde las FARC-EP habían sido el actor hegemónico.
  3. Llegada al poder del gobierno Duque en 2018 con una plataforma que prometía modificar sustancialmente el Acuerdo, aumentando el déficit de legitimidad del proceso e impulsando a figuras como Márquez y Santrich a retomar las armas.
  4. Campaña política del uribismo y el Centro Democrático para excluir a la guerrilla desmovilizada de la competencia política, erosionando las condiciones para la reincorporación.
  5. Presencia previa de múltiples actores armados en zonas de transición: en territorios donde operaban hasta tres grupos criminales simultáneamente con las FARC-EP, la ocupación por otros actores fue casi inmediata tras la dejación de armas.
  6. Conflictos agrarios estructurales no resueltos por el Acuerdo, incluyendo la negativa de 'terceros civiles' a participar en la justicia transicional, según el análisis del expresidente César Gaviria.
Junio de 2017 – agosto de 2022Disidencias de las FARC y reconfiguración del conflicto armado (2017–2022)

Consecuencias

  1. Crecimiento sostenido del pie de fuerza disidente: de 2.972 integrantes en 2016 a 4.879 en 2019 y 5.187 en 2021, con al menos 30 estructuras armadas consolidadas en antiguos espacios de control fariano.
  2. Asesinato de al menos 1.262 líderes sociales y defensores de derechos humanos entre 2017 y 2021, con Colombia ocupando en 2020 el primer lugar mundial en este tipo de crímenes (177 de 331 casos globales, según Front Line Defenders).
  3. Asesinato de casi 292 excombatientes firmantes del Acuerdo de Paz a octubre de 2021, según la ONU, debilitando la reincorporación y la confianza en el proceso.
  4. Aumento del 30% en homicidios en municipios anteriormente controlados por las FARC-EP: 2.957 asesinatos en 2018 frente a 2016, con las tasas más altas en esas zonas según la Fiscalía.
  5. Desplazamiento forzado, confinamiento y reclutamiento de menores en comunidades indígenas y afrocolombianas del Pacífico, Chocó, Nariño y Cauca, con impactos desproporcionados sobre grupos étnicos.
  6. Consolidación de economías criminales diversificadas —narcotráfico, minería ilegal, ganadería, palma, madera y seguridad privada ilegal— bajo control de disidencias y grupos aliados en el Bajo Cauca, sur de Córdoba y Pacífico nariñense.
  7. Retorno a las armas en agosto de 2019 de Iván Márquez, Jesús Santrich y unos veinte excomandantes, configurando una segunda disidencia que operó desde Venezuela hasta la muerte de Santrich en mayo de 2021.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El período 2017–2022 demostró que la firma de un acuerdo de paz no garantiza el fin del conflicto cuando el Estado no ocupa los territorios ni resuelve las economías ilegales que lo sostienen: las disidencias no fueron una anomalía sino la expresión de una implementación fallida. La masacre sistemática de líderes sociales —con Colombia como primer país del mundo en ese indicador en 2020— revela que la violencia posacuerdo tuvo como objetivo específico desarticular los procesos de participación política, restitución de tierras y sustitución de cultivos que el Acuerdo había prometido. Este proceso pone a prueba los límites de la justicia transicional en contextos donde la geografía del conflicto coincide exactamente con la geografía del abandono estatal histórico.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Disidencias de las FARC y reconfiguración del conflicto armado (2017–2022)

Entre la dejación de armas de las FARC-EP, certificada por la misión de la Organización de las Naciones Unidas en junio de 2017, y el final del gobierno de Iván Duque Márquez en agosto de 2022, Colombia asistió a una mutación del conflicto armado que ningún vocabulario heredado alcanzaba a nombrar. Lo que se anunció como posconflicto —el paso de una guerra guerrillera de más de medio siglo a una etapa de reincorporación, sustitución de cultivos y reforma rural— se convirtió, en decenas de municipios, en una reconfiguración violenta bajo nuevas siglas y con las mismas rentas de fondo. Las llamadas disidencias, un archipiélago de al menos treinta estructuras armadas para 2021, no fueron una anomalía marginal ni el retorno melancólico de una guerrilla derrotada: fueron la constatación de que el Estado colombiano, con la coca, el oro y la madera en disputa, nunca terminó de llegar a los territorios que las FARC dejaron. Este artículo reconstruye ese proceso —cifras, nombres, geografías, víctimas— y explica por qué lo que puso a prueba el Acuerdo de 2016 no fue si la paz había fracasado, sino en qué lugares no se le permitió empezar.

Los territorios que quedaron abiertos

Cuando el 26 de septiembre de 2016 se firmó en Cartagena el Acuerdo Final entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, el mapa del país no era una hoja en blanco. En amplias franjas del Catatumbo, el Bajo Cauca antioqueño, el Pacífico nariñense, el Chocó, el norte del Cauca, el Guaviare, el Caquetá, el Putumayo y el piedemonte llanero convivían, junto a los frentes farianos, otros actores armados: el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL o Los Pelusos en el Catatumbo), las Autodefensas Gaitanistas de Colombia —conocidas como Clan del Golfo—, estructuras posparamilitares locales como Los Caparros y Los Pachely, y bandas ligadas al narcotráfico transnacional. En zonas donde llegaban a operar hasta tres actores criminales simultáneamente con las FARC-EP, la salida de la guerrilla más antigua del continente no dejó vacíos que el Estado pudiera ocupar con calma: dejó territorios en disputa inmediata.

La misión de la ONU certificó en junio de 2017 la desmovilización completa de más de siete mil combatientes de las FARC-EP y, durante ese mismo verano, vació los grandes depósitos de armas señalados por los mandos guerrilleros. Los excombatientes se concentraron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), figuras nacidas del Acuerdo, en lugares como Mesetas e Icononzo. La operación logística fue impecable en su cara visible. El problema fue el después: la reincorporación se había pactado como algo distinto del desarme, desmovilización y reintegración clásico de inserciones individuales, y debía hacerse "de acuerdo con los intereses" políticos, económicos y sociales de las FARC-EP. Sin vías, escuelas, salud, titulación de tierras, mercados campesinos ni seguridad para los firmantes, ese diseño perdía su columna vertebral, y en la mayoría de los territorios esa presencia civil del Estado no se materializó al ritmo que la dejación de armas requería.

El corredor Bajo Cauca–sur de CórdobaUrabá antioqueño–frontera con Panamá, ruta histórica del tráfico de cocaína y del oro ilegal; el Catatumbo, con su coca y su tránsito hacia Venezuela; los ríos San Juan y Mira en Nariño, arterias fluviales del narcotráfico hacia el Pacífico; el Baudó y el Atrato chocoanos; el norte del Cauca, con su encaje entre cordillera, minería y economías cocaleras: en todas esas geografías, la salida de las FARC-EP no interrumpió el negocio, sólo reordenó a sus operadores. Antioquia lo ilustra: los cultivos de coca en el departamento habían caído de unas 10.574 hectáreas en 2005 a 3.090 en 2013, en años de mayor confrontación armada, y volvieron a dispararse a 13.326 en 2016. Cuando el actor hegemónico se retira o pierde control, la mata vuelve, y con ella los actores que viven de ella.

De la dejación de armas al rearme: agosto de 2017–agosto de 2019

Los primeros signos de una disidencia armada aparecieron antes de que la tinta del Acuerdo se secara. En zonas del piedemonte llanero, del Guaviare y del sur del Meta, mandos medios de los antiguos bloques Oriental y Sur —encabezados por Miguel Botache Santillana, conocido como Gentil Duarte, y por Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco— no se acogieron al proceso o lo abandonaron poco después. Para 2018, en la Orinoquía, excombatientes de esos bloques habían regresado a la clandestinidad, se reactivaban prácticas ligadas a los cultivos de coca y los pobladores volvían a sentir la incertidumbre de años anteriores. El reclutamiento se hacía por citaciones y mensajes amenazantes; a firmantes del Acuerdo se les ofrecía —bajo presión— regresar a filas.

El punto de inflexión política llegó el 29 de agosto de 2019. En un video difundido desde una zona selvática no precisada, Luciano Marín Arango, conocido como Iván Márquez y jefe negociador de las FARC-EP en La Habana, apareció junto a Seuxis Hernández, alias Jesús Santrich, y a unos veinte excomandantes —entre ellos Hernán Darío Velásquez, El Paisa, y Juan de Jesús Monroy— anunciando el retorno a las armas. La lectura pública fue el nacimiento de una segunda disidencia, independiente de la de Gentil Duarte, y la denuncia de una traición al Acuerdo por parte del gobierno de Duque, que había asumido en agosto de 2018 con una plataforma que prometía modificar sustancialmente lo pactado.

El detonante inmediato del rearme de Márquez y Santrich estaba encadenado a un episodio judicial y político anterior. En abril de 2018, Santrich —exnegociador y congresista designado por el partido Comunes— había sido arrestado por presunto narcotráfico posterior al Acuerdo, tras una orden de Interpol tramitada por autoridades estadounidenses. Fue liberado por falta de pruebas concluyentes sobre la fecha del presunto delito, en un caso que se convirtió en frente de choque entre la Jurisdicción Especial para la Paz y la Fiscalía General de la Nación. Paralelamente, el uribismo y el Centro Democrático desplegaron una campaña sostenida para excluir a la guerrilla desmovilizada de la competencia política: se les señaló como violadores de niños y se exigieron penas de cárcel antes de permitirles ocupar los escaños que el Acuerdo les había asignado en el Congreso. Cuando Márquez, Santrich y su grupo cruzaron a la clandestinidad, invocaron ese ambiente como prueba de que el Estado no cumpliría con lo pactado. Santrich fue asesinado en Venezuela en mayo de 2021.

La geografía del rearme y las cifras del crecimiento

Para 2021, el Ministerio de Defensa contabilizaba 5.187 integrantes de disidencias, de los cuales 2.570 estaban en armas, frente a los 2.972 iniciales de 2016 y los 4.879 de 2019. La cifra importa menos por su exactitud —siempre discutible— que por su tendencia: en cinco años, mientras el Acuerdo se implementaba, el pie de fuerza disidente casi se duplicó.

Ese crecimiento no se explica principalmente por la conquista de nuevas zonas del territorio nacional. Las disidencias se consolidaron en las áreas contiguas a sus antiguos dominios y en los espacios que las FARC-EP habían controlado: Antioquia, Chocó, Catatumbo, Arauca, sur de Bolívar y Cauca. La estructura liderada por Gentil Duarte se expandió desde el Cauca hacia Nariño con el propósito declarado de reintegrar el antiguo Bloque Occidental bajo el rótulo de Comando Coordinador de Occidente. En 2017, esa disidencia se alió con el Clan del Golfo para entrar al Pacífico norte de Nariño —la zona del Sanquianga—, donde el Clan controló puntos estratégicos de minería ilegal y de producción y procesamiento de pasta de coca. En el mismo litoral, la organización denominada Cordillera Sur operó como enlace entre el Clan del Golfo y grupos pos-FARC, con líderes capturados por la Fiscalía en 2021.

El Bajo Cauca antioqueño y el sur de Córdoba se convirtieron en un tablero de guerra abierta. Las disidencias de los frentes 18 y 36 disputaban territorios y rentas —legales e ilegales— con el ELN, el Clan del Golfo, Los Caparros y Los Pachely. El alza del precio del oro pudo hacer más rentable la minería que la coca; los grupos armados diversificaron su base económica hacia la extracción aurífera, la industria maderera, el control de la ganadería y la palma, y hacia la prestación de servicios de seguridad privada ilegal para terceros civiles con intereses en proyectos de desarrollo. En el Catatumbo, alias El Negro Eliécer coordinaba con la disidencia del EPL —el Frente Libardo Toro comandado por alias Megateo—, con el ELN, con estructuras neoparamilitares y con carteles internacionales el reparto del negocio de las drogas ilícitas.

En el norte del Cauca, la coca, la marihuana y la coacción sobre organizaciones indígenas y campesinas empujaron la violencia a niveles que hacía tiempo no se veían. Entre 2016 y 2020 se registraron oficialmente 59 casos de reclutamiento forzado en el departamento —cifra que la Defensoría del Pueblo y las organizaciones territoriales consideran gruesamente subestimada por el silencio de las víctimas—. Líderes indígenas fueron amenazados de muerte y declarados objetivos militares por disidencias, ELN y EPL empeñados en desarticular la organización comunitaria y los procesos de restitución de tierras y sustitución de cultivos. La coacción sobre estas organizaciones no era un daño colateral del negocio: era la condición para que el negocio funcionara, y anticipaba lo que ocurriría a mayor escala con las comunidades étnicas del Pacífico y del Chocó.

En la frontera colombo-venezolana, la porosidad del límite y la presencia previa de estructuras farianas configuraron corredores logísticos y refugios operativos. Arauca, con su frontera con Apure, y Norte de Santander, con su vecindad con el Zulia, se convirtieron en escenarios donde los mandos disidentes podían replegarse. La muerte de Santrich en territorio venezolano en mayo de 2021 dejó constancia pública de esos vínculos.

Comunidades étnicas: el peso desproporcionado del posacuerdo

Sobre las comunidades indígenas y afrocolombianas del Pacífico, del Chocó, de Nariño y del Cauca cayó una parte desproporcionada de esta reconfiguración, y por razones que se leen mejor en el mapa de las economías ilegales que en cualquier estadística agregada. En el Chocó, la guerra entre el ELN y el Clan del Golfo provocó confinamientos de comunidades wounaan y embera-katíos, y desplazamientos masivos de comunidades negras. La Personería local de Juradó denunció que en 2019 el ELN reclutó a nueve menores de edad, casi todas niñas desde los doce años; en todo el departamento, decenas de menores fueron obligados a ingresar a las filas.

El reclutamiento tenía una lógica operativa precisa. En los ríos del Baudó y del Atrato, en los caseríos donde los comandantes fijaban sus centros de mando, la reclutada de doce años servía a la vez de cocinera, de mensajera, de compañera forzada del mando, de guardia en los retenes fluviales. Su presencia sostenía la logística cotidiana de la tropa y sellaba, con el silencio del miedo, el sometimiento de la comunidad de la que había sido arrancada. Las madres que denunciaban perdían a las hijas dos veces: primero al reclutamiento, después a la represalia. Las autoridades tradicionales embera y wounaan, cuyas asambleas habían sostenido durante décadas la resistencia contra colonos, madereros y guerrilleros, se encontraron desarmadas frente a una economía de guerra que ya no negociaba con los mayores ni respetaba los resguardos. En Juradó, en Bojayá, en el bajo Baudó, la lista de niñas reclutadas era siempre parcial: el silencio la protegía como la protegía el monte.

En Nariño, los ríos San Juan y Mira funcionaron como corredores para transportar coca procesada hacia la costa Pacífica, y los sistemas fluviales sostuvieron cadenas de suministro que atravesaban puertos, esteros y manglares. La Defensoría del Pueblo documentó impactos diferenciados sobre los grupos étnicos de la zona: confinamiento, víctimas civiles por minas antipersona, restricciones a la movilidad. El resguardo Awá Inda Sabaleta ilustró el patrón. Comunidades del Consejo Comunitario de Alto Mira y Frontera, tras décadas de presión sobre sus tierras por la expansión de la palma desde los años noventa y de la coca desde 2002, siguieron enfrentando el asesinato de líderes, el desplazamiento forzado y el confinamiento por parte de grupos armados aliados por intereses económicos.

La presencia armada paralizó actividades agrícolas comunitarias, forzó al abandono de fincas y produjo dependencia económica. En el norte del Cauca, líderes indígenas describieron el escenario posterior a 2016 como una zozobra permanente: donde antes había un actor armado dominante había ahora varios, todos con vocación extractiva y ninguno con voluntad de reconocer las autoridades tradicionales. El capítulo étnico del Acuerdo —negociado con esfuerzo por delegaciones indígenas y afrodescendientes— quedó, en la práctica, como uno de los tramos más rezagados de la implementación, y su rezago no era un asunto de calendario: era la condición que permitía que los mismos corredores fluviales, mineros y cocaleros siguieran funcionando bajo nuevas siglas.

Las víctimas de un posacuerdo incompleto

La cifra más pesada de este período no es la del pie de fuerza disidente, sino la de sus muertos. Entre 2017 y 2021 fueron asesinados al menos 1.262 líderes sociales y defensores de derechos humanos en Colombia: 207 en 2017, 298 en 2018, 279 en 2019, 310 en 2020 y 168 en un tramo de 2021. En 2020, según el informe Análisis Global 2020 de Front Line Defenders, Colombia ocupó el primer lugar mundial en asesinatos de defensores de derechos humanos, con 177 de los 331 registrados globalmente —el 53% del total—; era un lugar que el país ocupaba desde 2016.

Esos asesinatos no se distribuyeron al azar sobre el mapa. Se concentraron en las mismas zonas donde las disidencias y otros grupos disputaban las rentas dejadas por las FARC-EP: Putumayo, Caquetá, Guaviare, norte del Cauca, Chocó, Nariño, Bajo Cauca. En los tres departamentos amazónicos, según cifras del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), fueron asesinados 113 líderes sociales entre 2016 y 2020, entre ellos promotores y firmantes del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) e impulsores de procesos de sustitución voluntaria. El patrón se lee mejor cuando se cruza con la geografía del PNIS: la tasa de homicidios en municipios con poblaciones inscritas en el programa fue del 54,7%, frente al 39,5% en municipios con coca sin programa y al 21,7% en municipios sin coca. Firmar la sustitución voluntaria expuso a los liderazgos rurales a un riesgo mayor que el de vivir en zonas cocaleras sin programa alguno. La violencia contra los liderazgos no era colateral: era funcional. Los grupos armados eliminaban a quienes desafiaban la entrada del mercado ilícito.

Durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, entre el 5 de marzo y el 31 de julio de 2020, fueron asesinados 73 líderes sociales y al menos 13 comuneros indígenas. El 93% de las víctimas eran hombres, el 7% mujeres; el 90% murió en zona rural. La cuarentena inmovilizó al país pero no a los asesinos, y confirmó lo que las periferias sabían de tiempo atrás: en ellas, el Estado no protege lo que no ve.

Los firmantes del Acuerdo tampoco quedaron a salvo. A octubre de 2021, casi 292 excombatientes de las FARC-EP habían sido asesinados tras dejar las armas, y las cifras acumuladas para los primeros cinco años del Acuerdo superan los 300. El expresidente César Gaviria Trujillo ofreció una lectura punzante: los conflictos agrarios quedaron intactos tras el Acuerdo y los llamados terceros civiles —empresarios, hacendados, financiadores— se negaron a entrar a la justicia transicional. La guerra contra quienes creyeron en la paz fue, en muchos casos, la continuación por otros medios de una disputa por la tierra que el proceso no alcanzó a tocar.

Esa desconexión tuvo rostros concretos, y ninguno fue tan revelador como el de María del Pilar Hurtado, lideresa asesinada en Tierralta, Córdoba, en junio de 2019. El video del crimen, grabado por su hijo pequeño, se viralizó y forzó al país a mirar lo que ocurría en los municipios donde el Estado había prometido presencia y no la había dado. La respuesta del presidente Duque tardó en llegar y fue leída, con razón, como muestra de la distancia entre el discurso oficial sobre la paz y el trato administrativo que recibía la sangría de los liderazgos rurales. El caso Hurtado sirvió, además, para volver visible un mecanismo que las cifras del PNIS ya sugerían: la mayor exposición no estaba en los combatientes ni en las autoridades, sino en las mujeres y hombres que ocupaban los cargos comunitarios más modestos —juntas de acción comunal, comités de sustitución, consejos comunitarios— y que se interponían, sin protección alguna, entre las economías ilícitas y las comunidades que las padecían.

Las causas: por qué se rehizo la guerra

La reconfiguración del conflicto entre 2017 y 2022 no tuvo una causa única. Se explica por tres capas encadenadas: una estructural, anterior al Acuerdo; una de implementación deficiente; y una política, atribuible al gobierno Duque.

La capa estructural es la más antigua. En los territorios donde las FARC-EP se retiraron, las economías ilegales —coca en el Catatumbo, Nariño, Putumayo, Caquetá, Guaviare y Cauca; oro en el Bajo Cauca y el Chocó; madera y minería en varios corredores— ya sostenían circuitos productivos, laborales y de tributación armada consolidados. La introducción de la coca en la Amazonia entre 1977 y 1987 había impulsado un ciclo de colonización que arrastraba cuatro décadas de arraigo campesino en el cultivo. Los grupos que ocuparon los espacios dejados por las FARC no llegaron a inaugurar economías: entraron a disputar rentas preexistentes que ningún proceso de paz podía desmontar en el corto plazo. En zonas donde operaban hasta tres actores criminales simultáneamente con la guerrilla desmovilizada, la ocupación por otros grupos fue casi inmediata a la dejación de armas.

Sobre esa base estructural cayó una implementación a medias. El PNIS, diseñado como columna vertebral de la sustitución voluntaria pactada en el punto cuatro del Acuerdo, funcionó con pagos tardíos, incompletos o simplemente inexistentes, y con una ausencia crónica de proyectos productivos que reemplazaran los ingresos del cultivo ilícito. El contraste con la erradicación forzada es elocuente: la resiembra en zonas de sustitución voluntaria fue del 0,8%, mientras que en zonas de erradicación forzada alcanzó el 50%, según Indepaz. Los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) —el otro gran instrumento del posacuerdo— tendieron a reducirse a construcción de vías y a proyectos demostrativos, sin que la idea de una transformación integral de los territorios lograra arraigarse. En municipios que habían sido territorios de presencia de las FARC-EP, la Fiscalía General de la Nación registró en 2018 unos 2.957 homicidios, un 30% más que en 2016, y las tasas de homicidio más altas del país.

La tercera capa fue política. La llegada al poder en agosto de 2018 de una coalición encabezada por el Centro Democrático, elegida con una plataforma que prometía modificar sustancialmente el Acuerdo, produjo un déficit de legitimidad. La administración Duque impulsó iniciativas para socavar componentes clave del Acuerdo desde el ejecutivo —incluida, en su momento, la oposición a las curules especiales en el Congreso para víctimas del conflicto, luego modificada— y algunas de esas iniciativas sufrieron reveses parciales atribuibles a la impopularidad del presidente. El enfoque de seguridad del gobierno tendió a explicar la violencia colombiana principalmente a través del narcotráfico, mantuvo trazas de la figura del enemigo interno y se alineó en varios frentes con los lineamientos de la administración de Donald Trump, particularmente en el tratamiento de Venezuela, Cuba y los cultivos ilícitos. La política de sustitución voluntaria pactada perdió centralidad, y la señal enviada a las comunidades campesinas fue inequívoca: el Estado que había firmado el Acuerdo no era el Estado que lo iba a cumplir.

Las tres capas se refuerzan. La estructura de economías ilegales habría producido rearmamiento incluso con una implementación diligente; la implementación deficiente habría erosionado el Acuerdo incluso sin cambio de gobierno; la política de Duque hizo posible que ambas fallas se profundizaran sin corrección. Ninguna es suficiente por sí sola, pero su combinación convirtió territorios con vocación de paz en laboratorios de rearmamiento.

Consecuencias: un país con más grupos, menos legitimidad y las mismas heridas

Al cierre del gobierno Duque, en agosto de 2022, el conflicto armado colombiano tenía más actores que en 2016. Al menos treinta grupos disidentes de las FARC-EP operaban con estructuras de poder altamente localizadas, integrados por miembros que nunca se desmovilizaron, por excombatientes que se rearmaron por frustración con la implementación y por nuevos reclutas —muchos de ellos jóvenes rurales, indígenas y afrocolombianos, incluidos menores de edad—. El ELN aprovechó el vacío para consolidar y expandir su presencia en zonas adyacentes a sus dominios, incluido el sur de Bolívar. El Clan del Golfo, las estructuras posparamilitares y los carteles transnacionales completaron el reparto.

La reincorporación de excombatientes, concebida como un pilar del Acuerdo, sufrió erosiones graves. Los asesinatos de firmantes, los incumplimientos y el deterioro de las condiciones de seguridad produjeron su correlato en el exilio de algunos líderes desmovilizados y en la desconfianza persistente de las bases. Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, quedó al frente del partido Comunes con una legitimidad interna erosionada por la escisión de Márquez y Santrich y por la sangría de firmantes en los territorios.

El campo agrario, corazón temático del punto uno del Acuerdo, siguió en gran medida sin ser tocado por la reforma rural integral. Los terceros civiles que se negaron a entrar a la justicia transicional preservaron su capital y su influencia. Los conflictos por la tierra —restitución, formalización, titulación colectiva a comunidades étnicas— avanzaron con lentitud, y los líderes que los impulsaban murieron en tasas altísimas.

En el terreno simbólico, la legitimidad del Acuerdo de 2016 —que había recibido el respaldo de la comunidad internacional y el premio Nobel de la Paz de ese año para el presidente Santos— salió deteriorada. Se instaló una narrativa pública, alimentada por sectores del uribismo, que asociaba paz con impunidad y sustitución con narcotráfico. Esa narrativa cerró, para amplios sectores de la opinión, la posibilidad de discutir con honestidad qué había fracasado y qué merecía ser preservado.

Pero también hubo, en ese mismo período, hechos que no cabían en la lectura del fracaso puro. La Jurisdicción Especial para la Paz avanzó en la macrocausa 01 sobre secuestro y en las investigaciones sobre falsos positivos, con reconocimientos públicos de responsabilidad de exjefes guerrilleros y de militares. La Comisión de la Verdad, encabezada por el padre Francisco de Roux, entregó su informe final en junio de 2022 tras cuatro años de trabajo territorial. La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas empezó a exhumar cuerpos en escenarios largamente clausurados. Los ETCR sobrevivieron, con dificultades, en Icononzo, Miravalle, Mesetas y otros lugares, y algunos proyectos productivos —cafés, textiles, turismo comunitario— probaron que la reincorporación colectiva era posible cuando había continuidad estatal y acompañamiento internacional.

La paz no se decretó en La Habana ni en Cartagena: se jugó municipio a municipio. Donde el PNIS pagó a tiempo y acompañó con proyectos productivos, la coca no volvió y los liderazgos comunitarios pudieron disputar el sentido del territorio; en la mayoría de los municipios donde se jugaba, en cambio, la mata regresó, con ella los actores armados que viven de gravarla, y los líderes fueron asesinados por defender lo que el Estado no defendía. La diferencia, municipio a municipio, la marcaba la capacidad —o la falta de ella— de las instituciones civiles para llegar donde antes sólo llegaban la guerrilla o el ejército.

Las disidencias son la sigla; el fondo son los territorios donde el Estado colombiano no llegó a ejercer la ciudadanía que había prometido, y donde treinta grupos armados aprendieron en cinco años que la renta seguía intacta y el castigo era esquivo. Con ese balance entregó Colombia, en agosto de 2022, un Acuerdo herido pero vivo, y una guerra reconfigurada que ya llevaba nombres nuevos.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

31 documentos · 40 fragmentos
01The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 267, 2712 citas
[1]ex- combatants struggling to make ends meet around Colombia (Semana 2020). One of FARC’s congressmen, former nego- tiator Seuxis Hernández Solarte, alias “Jesús Santrich,” was arrested in April 2018 for alleged drug- trafficking after the Peace Agreement, following an ex- tradition order from Interpol. After a year’s…p. 271
[5]groups about the latest killings of social leaders and FARC ex- combatants. In ReD’s UK chapter, we discussed the unfolding situation in seminars and public dialogues with the urgency of the present. I began to realize I was writing one piece of the anthrohistorical puzzle (Coronil 2019) that could help us understand…p. 267
02Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 196, 2422 citas
[2]pie de fuerza: para 2016 contaba con 2.972 integrantes (entre hombres y mujeres en armas y redes de apoyo), en 2019 pasó a 4.879 y en 2021 llegó a 5.187 miembros (2.570 hombres y mujeres en armas), según el Ministerio de Defensa 213. Este proceso se caracterizó por una expansión que, más que abarcar nuevas zonas del…p. 196
[3]no es vigente en el Tercer Foro de São Paulo. […] él dice: “No, la guerra armada ya no es vigente”. O sea, eso es anacrónico» 310. La búsqueda de salidas políticas al conflicto armado fue parte de la nueva agenda del gobierno colombiano a partir de 2009 que encontró finalmente una coincidencia estratégica entre…p. 242
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 189, 1912 citas
[4]calidad de vida, protección del medio ambiente e incluso la disminución de la producción de cultivos ilícitos 773. Sin embargo, para 2018, muchos veían con preocupación cómo perdían fuerza los programas del acuerdo y los mismos se reducían a la construcción de vías. En realidad, la idea de transformación integral de…p. 189
[15]territorio haciendo cobros injustos y violentos a través de citaciones y mensajes, que sirven también para reclutamiento forzado bajo amenazas y que se reportaron ofrecimientos a firmantes del Acuerdo de volver a las filas. A la población civil la intimidan a través de advertencias y mensajes amenazantes en los que se…p. 191
04Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 271 cita
[6]Background and U.S. Relations 27 Colombian Constitutional Court in a ruling on December 13, 2016, particularly applied to the FARC ’s disarmament and demobilization. However, in May 2017, a new ruling by the high court determined that all legislation related to the implementation of the accord needed to be fully…p. 27
05Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2741 cita
[7]materia de seguridad seguirán siendo altos. De ahí que los modelos de seguridad planteados por la institución estatal son centrales para contener nuevas olas de violencia. El mapa 51 muestra estos 242 municipios donde hacían presencia las Farc-EP, cruzados con aquellos que tienen presencia de economías ilegales.…p. 274
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 165, 1722 citas
[8]FARC 490. El Clan del Golfo llegó a la región en 2017 gracias a una alianza con la disidencia de Gentil Duarte –presuntamente asesinado en Venezuela en el 2022–. Esta disiden- cia venía expandiéndose desde Cauca hacia Nariño y buscaba reintegrar el Bloque Occidental de las FARC-EP bajo el nombre de Comando Coordinador…p. 172
[27]La presión sobre el territorio del Consejo Comunitario por parte de colonos que llegaron impulsados por la expansión de los cultivos de coca sucede a partir del 2002, año que coincide con el fortalecimiento de la presencia de las FARC-EP a partir de la entrada de la columna Daniel Aldana. Desde la década de los…p. 165
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 841 cita
[9]atropellos por parte de las fuerzas militares, como empadronamientos (restricción de la entrada de víveres a las comunidades), daños a viviendas, ocupa- ciones de bienes civiles, toques de queda, disparos indiscriminados y activación de explosivos contra la población civil, incluyendo menores de edad. Las autoridades…p. 84
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 181, 1952 citas
[10][…] pero también puede pasar la droga que viene de otros países, entre otras, o que va pa otros países […] lo ilegal que sale en el Bajo Cauca puede fácilmente pasar sur de Córdoba, Urabá Antioqueño y ahí sale a la frontera con Panamá fácilmente» 538. Relatos de víctimas, testigos, conocedores y líderes de la región…p. 195
[35]de la década del 2000, como lo prueban las cifras de áreas cultivadas. Durante 2005 se cultivaron 10.574 hectáreas de coca, con un rango similar hasta 2012. En el 2013 los cultivos disminuyeron a 3.090 hectáreas, y aumentaron drásticamente tres años después, cuando sumaron 13.326 hectáreas 501. Los cultivos de coca…p. 181
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1601 cita
[11]Golfo, Los Caparros, las Águilas Negras y la incursión de grupos pos FARC o disidencias. Estos grupos pelean también por el usufructo de actividades económicas legales e ilega- les, entre las cuales destacan la ganadería extensiva, el cultivo de palma, el narcotráfico, la minería y la industria de hidrocarburos, esta…p. 160
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 180, 1932 citas
[12]la Comisión: 629 Registraduría Nacional del Estado Civil, «Plebiscito 2 octubre 2016». 630 Entrevista 169-VI-00058. Exguerrillero, Arauca. 631 Centro Nacional de Memoria Histórica, «Observatorio de Memoria y Conflicto». 632 Centro Nacional de Memoria Histórica, «Base de datos sobre acciones bélicas». 633 Sánchez, «El…p. 180
[36]apuntaba al eslabón principal de la economía campesina en esos territorios de frontera. Las comunidades se organizaron para construir los planes de sustitución y la erradicación voluntaria comenzó. Un líder social y campesino relató a la Comisión lo siguiente: «Cambió muchísimo, porque de ser una zona coquera, de ser…p. 193
11At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 308, 3122 citas
[13]was signi fi cantly higher for municipalities with populations registered for the PNIS program than municipalities that continued to grow coca uninterrupted and for municipalities that did not grow coca (54.7% vs. 39.5% and 21.7%, respectively). Many of those killed were social activists and community leaders that…p. 312
[37]projects, 1.8 million pesos (US $ 562) to promote food sovereignty, and 3.2 million pesos (US $ 950) in technical assistance toward alternative economic projects (King and Wherry 2018). An Uncertain Future in the Caguán and Beyond | 293 cultivation, 50% of which would be done through the PNIS program and the remaining…p. 308
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 184, 1882 citas
[14]que en estos lados está la disidencia, está el ELN, ahora hablan de [segunda] Marquetalia y todo eso, de la gente del Estado, que Los Pelusos, que el EPL; pues sí, o sea, hay una cantidad de grupos armados dentro del territorio y el fin de ellos es reclutar jóvenes y la disputa del narcotráfico, yo creo que eso es muy…p. 188
[20]hechos de violencia sistemática buscan limitar la organización y participación política, impedir la garantía de los derechos humanos y entorpecer los procesos de implementación del acuerdo, restitución de tierras, defensa del medio ambiente y sustitución de cultivos de uso ilícito. Un dirigente indígena del norte del…p. 184
13No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5651 cita
[16]en 2017 asesi- naron 207 personas; en 2018 a 298; en 2019 a 279; en 2020 a 310, y en 2021 a 168. Otro de los hechos que más alarmas generan es el asesinato de excombatientes de las FARC-EP, según la ONU, a octubre de 2021 casi 292 de ellos habían sido asesinados tras dejar las armas 1638. Para el expresidente César…p. 565
14Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2021 cita
[17]el primer lugar del mundo en asesinatos de defensores y defensoras de d erechos h umanos con el 53 % del total de casos. En todo el mundo, fueron asesinados 331 defensores, y de estos, 177 casos ocurrieron en Colombia (le siguen en su orden Filipinas con 25 y Honduras con 20), según el informe Análisis Global 2020,…p. 202
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 cita
[18]sus- titución de cultivos, pactada en el Acuerdo, la resiembra llega solamente al 0.8%» 455 y, en los casos de erradicación forzada, la resiembra se incrementa al 50%, según cifras de Indepaz. Respecto a las víctimas del conflicto, la violencia en contra de líderes y lideresas que trabajaron en el propósito de la paz…p. 168
16Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2401 cita
[19]según la entidad, una reducción de 37,7 % en comparación al mismo periodo del año anterior. Por su parte, la Defensoría del Pueblo emitió recientemente una resolución en la que alerta de la peligrosidad de la zona dada la presencia de grupos armados ilegales y el “fortale- cimiento de las disidencias”. Además de los…p. 240
17¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 731 cita
[21]por las lógicas de la guerra, se han ido deteriorando significativamente. El uribismo ha ejercido una constante presión para sacar a la guerrilla desmovilizada de la competencia política. Su idea es que antes de tener sillas en el Congreso deberían pagar cárcel. Mientras tanto, el Centro Democrático lanzó, apenas…p. 73
18Parar para avanzar. Crónica del movimiento estudiantil que paró a ColombiaSandra Borda · 2020 · p. 191 cita
[22]la opinión esperaba era un espaldarazo al menos discursivo a su labor. Creo que, en este sentido, el punto de desconexión más alto de este gobierno se generó a mediados del 2019. En junio asesinaron a María del Pilar Hurtado—una líder social en Tierralta, Córdoba. Todos vimos a su hijo Bryan llorar y gritar de…p. 19
19La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 cita
[23]poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…p. 200
20Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 1961 cita
[24]no previous experience as a minister (Samper and Santos had served as ministers before their presidential terms) neither as a governor (Uribe had served as a governor of the department of Antioquia) or as a local mayor (as noted before, Pastrana was Bogota’s first popularly elected mayor in 1988). Duque’s election as…p. 196
21Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 991 cita
[25]en la Mesa. Paz en Colombia: Pers P e C tivas, desafíos, o PC iones 100 l a comple J idad de la reincorporación en lo pol Í tico, lo económico Y lo social Aunque los términos de lo pactado en materia de reincorporación de las FARC-EP a la vida civil indican que éste de un asunto que corresponde en primera instancia a…p. 99
22Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 991 cita
[26]en la Mesa. Paz en Colombia: Pers P e C tivas, desafíos, o PC iones 100 l a comple J idad de la reincorporación en lo pol Í tico, lo económico Y lo social Aunque los términos de lo pactado en materia de reincorporación de las FARC-EP a la vida civil indican que éste de un asunto que corresponde en primera instancia a…p. 99
23Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 94, 2932 citas
[28]comunica con el Ecuador, y la vía alterna que comunica Ipiales y Tumaco con el océano Pacifico, y mantiene conexión por la vía Pasto-Mocoa con el departamento del Putumayo. Además, este corredor ha sido de gran interés para el desarrollo de economías asociadas a la explotación maderera, la extracción petrolera,…p. 94
[31]«La detención de los líderes impactó, porque todo quedó por el suelo: nadie quería estar en un trabajo comunitario, nadie quería hacer nada, cada quien en su casa. Por eso aquí se perdió la economía, porque la gente ya no quería ir a la finca a sembrar; entonces, los hombres hasta tenían que ponerse a tejer las…p. 293
24Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1921 cita
[29]entre el 5 y el 9 de mayo de 2022: El paro armado deja imágenes de poblaciones aterrorizadas, vivi endo un toque de queda con el comercio cerrado, con poblaciones patrulladas y controladas por hombres de civil portando fusiles automáticos y en algunos casos golpeando de manera inmisericorde, o disparando contra…p. 192
25Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 2181 cita
[30]ESCENARIOS DE CONFLICTO ARMADO Y VIOLENCIA Panorama posacuerdos con AUC desde hace varios años. Este pueblo también sufrió en 2012 por - que en el mes de agosto las FARC volaron ocho torres de energía ubicadas en el resguardo Awá Inda Sabaleta, la zona circundante a las torres fue minada y allí “perdieron la vida…p. 218
26Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1781 cita
[32]5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…p. 178
27Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 1281 cita
[33]matic and geographic conditions. The territory is also used to process coca leaves into coca paste and to crystallize this paste into cocaine. In total, 753 cocaine- base laboratories and 67 hydrochloride cocaine laboratories were destroyed in 2016. 126 Further laboratories have been detected but not destroyed;…p. 128
28Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1901 cita
[34]500 y 1.000 millones de dólares producto del narcotráfico”. Estos recursos se emplean para la guerra y el sostenimiento y pro- tección de sus jefes, entre ellos Rodrigo Londoño Echeverri, Timonchenco (Verdad Abierta.com, 2014, Las FARC frente a los temas álgidos). 190 Con licencia para desplazar Frente a un enemigo…p. 190
29Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 161 cita
[38]desapariciones y los secuestros se contaban por centenas; los desplazamientos, por cientos de miles, y todas las camas del Hospital Militar estaban copadas por heridos de guerra. Lo ganado con el Acuerdo de Paz de noviembre de 2016 es una realidad. Si bien no se dio la transformación participativa regional que se…p. 16
30Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 91 cita
[39]los críticos y atribuyéndoles, en muchos casos de manera caprichosa, propósitos desestabilizadores. También en el caso de los militares han existido quejas serias. Aunque las fuerzas militares y de policía han anunciado cambios en sus respectivas doctrinas, y aunque en efecto muchas de las nuevas políticas han…p. 9
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1301 cita
[40]incumplieron: no se suspendieron las fumigaciones y las obras de infraestructura quedaron limitadas a las asignaciones presupuestales que las entidades estatales ya tenían para el año en curso y los años siguientes 273. La Comisión ha podido establecer que sí hubo una influencia de las FARC-EP en el desarrollo del…p. 130