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Hecho histórico · Crisis y narcotráfico · 1974–1990

Infiltración del ELN en A Luchar y masacre de Llana Caliente

Entre 1987 y 1988, el ELN infiltró cuadros en el movimiento político legal A Luchar sin revelarlo a su base civil, creando una zona gris entre lucha legal y armada que facilitó la identificación de dirigentes campesinos del Magdalena Medio como blancos contrainsurgentes; la cadena culminó en la masacre de Llana Caliente en mayo de 1988, ejecutada con participación del Ejército y estructuras paramilitares.

Infiltración del ELN en A Luchar y masacre de Llana Caliente
1987–1988 (masacre de Llana Caliente: 21 de mayo de 1988)
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1987–1988 (masacre de Llana Caliente: 21 de mayo de 1988)
Dónde
Magdalena Medio, Llana Caliente (río Chucurí, Santander), San Vicente de Chucurí (Santander), Simacota (Santander), El Carmen de Chucurí (Santander), Santa Helena del Opón (Santander), Barrancabermeja (Santander), Bucaramanga (Santander), Puerto Boyacá (Boyacá)
Protagonistas
A Luchar (movimiento político legal), Ejército de Liberación Nacional (ELN), Manuel Pérez Martínez (comandante del ELN), Nicolás Rodríguez Bautista 'Gabino' (comandante del ELN), Camilo Torres Restrepo (sacerdote fundador del ELN, símbolo de la fusión religiosidad-insurgencia), Los Sanjuaneros (grupo paramilitar fundado por Isidro Carreño Lizarazo en San Juan Bosco La Verde), Isidro Carreño Lizarazo (fundador de Los Sanjuaneros), Isidro Carreño Estévez (comandante de la expansión de Los Sanjuaneros desde 1988), Henry Pérez (Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio), Ramón Isaza (Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio), ACDEGAM (Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio), MAS – Muerte a Secuestradores
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Fundación de A Luchar en mayo de 1984 con cuadros del ELN entre sus fundadores, en el marco del rechazo a los acuerdos de tregua del gobierno Betancur, lo que creó desde el origen una superposición orgánica entre el movimiento legal y el aparato armado insurgente.
  2. Estrategia del ELN de 'combinación de formas de lucha': uso de organizaciones políticas legales como correa de transmisión de su línea político-militar, sin transparencia hacia la base civil del movimiento.
  3. Tensión estructural entre la autonomía que A Luchar reivindicaba para la lucha legal y la presión de la dirección armada del ELN, que acusaba a sus militantes urbanos de 'legalismo', generando una zona gris de lealtades superpuestas.
  4. Aparición de guerrilleros y conformación de guardias populares durante el Paro del Nororiente de 1987, que movilizó a más de 7.500 personas de más de veinte municipios, entregando a la fuerza pública y a los paramilitares una identificación visual de la dirigencia campesina.
  5. Consolidación del proyecto paramilitar-militar en el Magdalena Medio desde 1981 (Los Sanjuaneros, MAS, ACDEGAM, Autodefensas de Puerto Boyacá), con patrullajes conjuntos Ejército-paramilitares desde 1982 y doctrina contrainsurgente que equiparaba organización social con subversión.
  6. Aplicación indiscriminada de la doctrina del 'enemigo interno' que no distinguía entre militantes guerrilleros y dirigentes civiles de la izquierda social, usando la porosidad orgánica del ELN como argumento para justificar el aniquilamiento del conjunto del movimiento popular.
1987–1988 (masacre de Llana Caliente: 21 de mayo de 1988)Infiltración del ELN en A Luchar y masacre de Llana Caliente

Consecuencias

  1. Masacre de Llana Caliente el 21 de mayo de 1988, en la que campesinos que habían participado en los paros cívicos fueron asesinados en una operación con participación articulada de fuerza pública y estructuras paramilitares.
  2. Al menos 367 integrantes de A Luchar fueron asesinados, ejecutados extrajudicialmente o desaparecidos de manera forzada a lo largo de la existencia del movimiento, con 45 violaciones a derechos humanos registradas solo entre marzo de 1985 y junio de 1986.
  3. Desactivación progresiva del movimiento social campesino en el Magdalena Medio santandereano, al eliminar físicamente a la dirigencia que había sostenido los paros cívicos y sembrar terror en las comunidades movilizadas.
  4. Expansión formal de Los Sanjuaneros hacia El Carmen de Chucurí, San Vicente de Chucurí y Bajo Simacota a partir de 1988, consolidando el control paramilitar sobre los territorios donde se había concentrado la protesta.
  5. Legitimación retroactiva de la equivalencia entre organización legal y aparato armado: la infiltración real del ELN en A Luchar fue usada como argumento para justificar la represión indiscriminada contra toda la izquierda social, incluyendo a militantes sin ningún vínculo guerrillero.
  6. Debilitamiento de la confianza interna en A Luchar y agudización de sus tensiones con el ELN, que culminarían en la crisis del movimiento ante el debate sobre la Asamblea Nacional Constituyente, acelerando su desintegración.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El caso documenta con precisión el mecanismo por el cual la 'combinación de formas de lucha' del ELN —infiltración de cuadros armados en organizaciones civiles sin consentimiento de su base— no solo instrumentalizó la protesta social sino que la convirtió en blanco legible para la contrainsurgencia, transfiriendo sobre dirigentes campesinos sin armas el costo letal de una estrategia que no eligieron. La masacre de Llana Caliente y el exterminio sistemático de A Luchar revelan que la responsabilidad en la destrucción del movimiento social del Magdalena Medio fue compartida: el proyecto paramilitar-militar habría victimizado a la izquierda social con o sin infiltración guerrillera, pero la porosidad orgánica del ELN proveyó el argumento que hizo la represión presentable. Esta dimensión —la responsabilidad insurgente en la desactivación del movimiento social— permanece ausente de los relatos dominantes sobre el período, que tienden a concentrar la causalidad exclusivamente en el paramilitarismo y el Estado.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Infiltración del ELN en A Luchar y masacre de Llana Caliente

Entre 1987 y 1988, en el Magdalena Medio santandereano, se hizo visible una operación de doble uso que venía madurando desde la fundación de A Luchar en 1984: el Ejército de Liberación Nacional, nacido dos décadas antes en San Vicente de Chucurí y Simacota, había infiltrado cuadros en el movimiento político legal que lideraba, junto a otras organizaciones, los paros cívicos del nororiente. La ambigüedad entre organización legal y aparato armado —diseñada por la insurgencia, no negociada con la base civil que la sostenía— entregó a la dirigencia campesina como blanco legible al proyecto contrainsurgente del Ejército y de los grupos paramilitares que se expandían desde San Juan Bosco La Verde. El 21 de mayo de 1988, en el sitio Llana Caliente, sobre el río Chucurí, se condensó la cadena: campesinos que habían marchado meses antes por servicios públicos, cese de desalojos y fin de la guerra sucia murieron en una operación en la que se articularon fuerza pública y estructuras paramilitares.

La cuna santandereana y la deriva militarista del ELN

El ELN aparece hacia 1965 en San Vicente de Chucurí y Simacota, con una toma temprana del casco urbano de Simacota entre 1964 y 1965 que funcionó como acta de nacimiento pública. Se pensaba a sí mismo como un movimiento de liberación nacional inspirado por la Revolución cubana, y algunos de sus fundadores habrían recibido formación en la isla antes del lanzamiento formal. Su composición ideológica cruzaba el marxismo-leninismo con una religiosidad cristiana de izquierda que se hizo emblemática con la incorporación del sacerdote y profesor universitario Camilo Torres Restrepo, quien dio su última misa el 27 de julio de 1965 antes de subir al monte y murió en combate cerca de San Vicente de Chucurí en 1966.

Torres había traído consigo, a través del Frente Unido del Pueblo, un caudal de sindicalistas, estudiantes y católicos de izquierda. Su muerte precipitó una fractura interna: rivalidades intestinas, ajusticiamientos y una línea militarista extrema que prohibió el trabajo político urbano y sometió a los cuadros a fusilamientos internos y paranoia colectiva. El ELN quedó con dos rasgos que definirían su relación posterior con la protesta social. Primero, una base territorial en la selva próxima a San Vicente, Bucaramanga y Barrancabermeja, con vínculos notables con los sindicatos petroleros —la USO— y sectores de la Iglesia católica influenciados por la teología de la liberación, más que con el campesinado, pese a que operaba en zonas rurales. Segundo, una desconfianza estructural hacia lo urbano y lo legal, saldada durante años a punta de sospecha y purga.

Cuando el ELN retomó la política de masas a comienzos de los ochenta, bajo el mando de Manuel Pérez Martínez y Nicolás Rodríguez Bautista, Gabino, la desconfianza no había desaparecido: se había vuelto método. La organización aceptaría trabajar con movimientos legales, pero siempre bajo la premisa de que el aparato armado tenía la última palabra sobre las desviaciones ideológicas de sus frentes políticos.

A Luchar: un movimiento plural con núcleos armados adentro

A Luchar fue fundada en mayo de 1984, en el contexto de oposición a los acuerdos de tregua y diálogo nacional entre las organizaciones guerrilleras y el gobierno de Belisario Betancur. El ELN, que rechazaba la vía negociada tal como la proponía Betancur, encontró en la oposición un espacio propicio para fortalecer su influencia sobre el nuevo movimiento. Entre los fundadores había militantes de la guerrilla, algunos de los cuales serían reconocidos años después como cuadros del ELN.

Pero A Luchar no era el ELN. La mayoría de sus integrantes no militaba en la insurgencia, y su composición era plural: dirigentes sindicales, cuadros de la izquierda no armada, sacerdotes, estudiantes, líderes cívicos, campesinos organizados. Algunos de los cuadros elenos que ingresaron a la organización declararon después haber asumido de manera consciente el hecho político por encima del hecho armado, es decir, haber optado por la lucha legal aunque conservaran su vínculo con la guerrilla. En la práctica, A Luchar reivindicaba autonomía para moverse en el terreno de la política legal, y esa autonomía se convirtió pronto en fuente de tensión con la dirección armada del ELN, que acusaba a los militantes urbanos de "legalismo" y de "hacerle el juego a las instituciones". Varios frentes guerrilleros presionaban para corregir las desviaciones, atrapando al movimiento entre su vocación plural y las exigencias de la dirigencia insurgente.

La lectura desde afuera era menos matizada. Gustavo Petro, que por entonces observaba el proceso desde otra guerrilla y desde otro proyecto político, describió a A Luchar como una enmascarada del ELN que usaba núcleos armados para la organización campesina en el nororiente del país. La caracterización era polémica, pero recogía un rasgo real: la superposición de estructuras. Al menos un militante sindicado por el Estado de pertenecer al ELN se identificaba públicamente como periodista del periódico nacional A Luchar, ilustrando en un caso concreto la porosidad entre la fachada legal y el aparato guerrillero.

La porosidad tenía un rasgo agravante: no era transparente hacia adentro. Los militantes civiles de A Luchar, en su gran mayoría ajenos a la guerrilla, no sabían con precisión qué compañeros suyos respondían a otra estructura ni qué decisiones del movimiento se tomaban en función de una estrategia político-militar externa. Cuando el ELN impulsaba paros nacionales obreros y populares como respuesta a los acuerdos de tregua, la línea de mando entre lo que era decisión autónoma del movimiento social y lo que era instrumentalización guerrillera se difuminaba.

El nororiente en pie: el paro de 1987

Santander fue, entre 1980 y 1995, el departamento con mayor número de acciones campesinas de protesta en Colombia, y el Magdalena Medio santandereano concentraba diversas formas de movilización. El Paro del Nororiente de 1987 fue el punto más alto del ciclo. Las fechas oscilan entre el 7 y el 14 de agosto según algunos registros y el 7 de junio según otros, pero el hecho central es estable: más de 7.500 personas de más de veinte municipios de la región se sumaron a la protesta.

Las demandas eran las de un territorio que llevaba décadas sin Estado o con un Estado ausente en lo social y militarizado en lo demás: agua, luz, vías, salud, educación, cese de los desalojos de predios ocupados y fin de la "guerra sucia" que ya venía cobrando líderes en toda la región. A Luchar lideró y promovió el paro junto con la Unión Patriótica y otras estructuras del movimiento popular.

La organización tuvo dos capas visibles y una tercera menos declarada. Sobre el terreno, cuadros del movimiento instruyeron a los campesinos a guardar comida y armar juntas para sostener la protesta durante días, tejer redes de apoyo, coordinar bloqueos. Ese trabajo fue autónomamente campesino: la agencia de los pobladores del Magdalena Medio en esos días no fue delegada ni fabricada. Pero la tercera capa, la que muchos manifestantes no pidieron y algunos ni siquiera advirtieron, la registró después uno de los exmiembros de A Luchar identificado como Eliécer 23: guerrilleros aparecieron durante la marcha, y se conformaron guardias populares o milicias para proveer seguridad. La frontera entre organización civil y presencia armada se rompió en el campo abierto de la protesta, ante los ojos de la fuerza pública y de quienes, desde los cascos urbanos, tomaban nota de los rostros.

Ahí quedó la fotografía que la contrainsurgencia venía esperando. Para un dispositivo militar-paramilitar que desde 1981 registraba a la dirigencia social como enemigo interno, la aparición de cuadros armados junto a la marcha civil funcionaba como confirmación retrospectiva de una equivalencia que él mismo había construido. El paro consiguió sentar al gobierno a negociar puntos concretos, pero también dejó identificados, con nombres y municipios, a los dirigentes campesinos que lo habían sostenido.

La contrainsurgencia armada: Los Sanjuaneros, el MAS, ACDEGAM

Mientras A Luchar salía a las carreteras, el proyecto paramilitar del Magdalena Medio consolidaba su arquitectura. En 1981, en el corregimiento de San Juan Bosco La Verde, del municipio de Santa Helena del Opón, el inspector de policía Isidro Carreño Lizarazo fundó el grupo conocido como Los Sanjuaneros. El detalle importa: la primera pieza de la estructura paramilitar santandereana no fue una autodefensa espontánea, sino una organización armada creada desde un cargo estatal municipal.

Durante los primeros años, Los Sanjuaneros ejercieron influencia en El Carmen de Chucurí, San Vicente de Chucurí y municipios aledaños, aunque sin presencia permanente. La influencia dejó rastros medibles. Entre 1981 y 1986, en el conjunto de Santa Helena del Opón, Simacota, El Carmen de Chucurí y San Vicente de Chucurí se registraron 163 homicidios selectivos, con San Vicente concentrando más del doble de los casos de Santa Helena; a ello se sumaron 55 desapariciones forzadas, 34 de ellas en San Vicente, y 49 víctimas de masacres, cuarenta en Santa Helena del Opón y nueve en San Vicente. Antes de que la protesta social alcanzara su pico, el mapa de la violencia paramilitar ya estaba trazado sobre los mismos municipios que luego se movilizarían.

A partir de 1988, bajo el mando de Isidro Carreño Estévez, Los Sanjuaneros dieron el salto de la influencia a la expansión formal hacia El Carmen de Chucurí, San Vicente de Chucurí y Bajo Simacota. La coincidencia cronológica con el ciclo álgido del paro no fue accidental, aunque tampoco fue mera reacción: la expansión respondía a una pauta de control territorial preexistente, que las movilizaciones aceleraron sin haber creado.

En paralelo operaban dos estructuras más. El MAS —Muerte a Secuestradores— se consolidó en el Magdalena Medio desde 1981, y sus miembros fueron apodados masetos; en febrero de 1986, mediante panfletos, amenazó a dirigentes sindicales y cívicos de Ocaña, entre ellos Alfredo Angarita Quintero. Las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá y del Magdalena Medio, con figuras como Henry Pérez y Ramón Isaza al frente en distintos frentes, se fortalecieron en el mismo período. Isaza reconocería después que su grupo se conformó no solo para combatir a las guerrillas, sino también para prestar servicios de protección a ganaderos, comerciantes y narcotraficantes de la región, lo que revela la lógica económica y de clase que sostenía el proyecto.

El pegamento institucional lo aportó ACDEGAM —Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio—, que canalizó los recursos para el acondicionamiento de centros de entrenamiento, el pago de sueldos, armas y municiones de las estructuras paramilitares. El eje social del proyecto lo constituían grandes empresarios, ganaderos y hacendados, y su articulación con la fuerza pública fue explícita.

Desde 1982, el Ejército acentuó tácticas contrainsurgentes que hasta entonces se usaban marginalmente, entre ellas los patrullajes conjuntos de unidades militares y paramilitares en el Magdalena Medio. Oficiales y exoficiales estuvieron a cargo de la capacitación en escuelas de entrenamiento militar a civiles, lo que reprodujo y naturalizó los grupos de autodefensa como parte del paisaje regional. Militares facilitaron a finqueros y ganaderos la compra de armas a cambio de su colaboración como informantes y grupos armados de apoyo. Miembros de la fuerza pública se vistieron de civil para encubrirse con paramilitares y participar en masacres, homicidios, detenciones, torturas, desplazamientos, desapariciones y amenazas. El proyecto consolidado desde 1983 dejó al menos 18 masacres y miles de desplazados.

La izquierda social bajo fuego

Antes y durante los paros del nororiente, la izquierda social ya venía siendo diezmada. Al menos 367 integrantes de A Luchar fueron asesinados, ejecutados extrajudicialmente o desaparecidos de manera forzada a lo largo de la existencia del movimiento. Entre marzo de 1985, cuando la organización empezaba a formalizarse, y junio de 1986, cuando se constituyó como movimiento político, se registraron 45 violaciones a los derechos humanos contra sus integrantes. La cifra crecía con cada mes de protesta.

Las acciones violentas en el Magdalena Medio y el nordeste antioqueño se dirigieron contra militantes del Partido Comunista, el MOIR, la Unión Patriótica, A Luchar, sectores del Partido Liberal, comités de derechos humanos y juntas cívicas. El objetivo declarado en la práctica era castigar a la izquierda social y política y clausurar su expresión en el espacio público. El exterminio no se limitó a militantes de la UP —el caso más conocido nacionalmente—, sino que se extendió al movimiento social más amplio, incluyendo a líderes religiosos como el sacerdote Bernardo López Arroyave, con más de quince años de trabajo pastoral y social en la región.

La lógica contrainsurgente operaba con un principio: no distinguir. La UP no era el aparato militar de las FARC, pero fue tratada como si lo fuera. A Luchar tenía cuadros del ELN, pero la enorme mayoría de sus víctimas no eran guerrilleros. La equivalencia entre organización legal y aparato armado, aplicada de manera indiscriminada contra toda la izquierda social, fue una construcción autónoma del proyecto paramilitar-militar que habría victimizado a la protesta social con o sin la infiltración guerrillera. En el caso de A Luchar, la construcción encontró en la porosidad orgánica del ELN un argumento adicional: los perpetradores pudieron señalar cuadros que efectivamente cruzaban ambas estructuras, y usar la constatación puntual para justificar el aniquilamiento del conjunto.

Barrancabermeja: el laboratorio urbano

Para entender por qué la lógica del doble uso hería tan hondo, hay que mirar Barrancabermeja. En los años ochenta, la ciudad petrolera funcionaba como epicentro urbano del Magdalena Medio y como laboratorio de una relación entre sindicato y movimiento popular que no tenía equivalente en el país. La USO mantenía su actividad sindical con el apoyo de sacerdotes de la diócesis local influenciados por la teología de la liberación. El sindicalismo petrolero y los movimientos populares funcionaban como entidades siamesas, con afinidades políticas que se expresaban en marchas, huelgas, paros coordinados de producción y comités cívicos.

Los comités cívicos de Barrancabermeja demandaban lo básico —agua potable, luz eléctrica, pavimentación, educación, salud— tanto a las autoridades municipales como a Ecopetrol, en un pulso permanente contra la empresa estatal y contra el municipio. La densidad organizativa, tejida durante décadas, era exactamente el sustrato sobre el cual A Luchar creció en la región y desde el cual se irradió hacia los municipios rurales del Magdalena Medio santandereano.

El ELN tenía en Barrancabermeja un vínculo histórico con la USO y con la diócesis, y ese lazo explicaba la naturalidad con la que sus cuadros circulaban por el movimiento popular urbano y rural. Pero la misma densidad organizativa que hacía viable la protesta la volvía identificable. La ciudad y su hinterland rural constituían un espacio donde cada dirigente tenía nombre, cara y municipio, y donde las estructuras paramilitares en expansión podían levantar listados con precisión. La ciudad quedaba fichada como blanco por lo que había construido.

El gobierno Barco: rehabilitación y guerra en la misma región

Virgilio Barco Vargas tomó posesión como presidente el 7 de agosto de 1986 y anunció un plan de rehabilitación nacional dirigido a los municipios más pobres, basado en la idea de que reducir la pobreza eliminaría la razón de existir de la guerrilla. Su política de paz exigía como requisito el cese de hostilidades a cambio de amnistías, seguridad y participación política para quienes se reincorporaran a la vida civil. En enero de 1989 se iniciarían formalmente las conversaciones con el M-19 —antecedidas por el secuestro y liberación de Álvaro Gómez Hurtado— que desembocarían en el acuerdo de paz de marzo de 1990. Y el 13 de marzo de 1988 se realizaron las primeras elecciones para designación de alcaldes por votación popular, resultado de una ley del gobierno anterior, que abrieron parcialmente los municipios a la disputa democrática.

En el Magdalena Medio santandereano, la política nacional se estrellaba contra la realidad regional. Mientras el gobierno hablaba de rehabilitación y negociación, el proyecto paramilitar avanzaba con apoyo militar y financiación de ACDEGAM, y el Ejército profundizaba los patrullajes conjuntos con estructuras irregulares. Las directrices presidenciales impulsaron algunas investigaciones sobre abusos de autoridades militares y grupos paramilitares en la región, a raíz de denuncias de distintos sectores, pero la maquinaria contrainsurgente sobre el terreno seguía operando. El paramilitarismo integró en los años ochenta a grandes empresarios, ganaderos y hacendados, al MAS y a elementos de la fuerza pública, configurando un proyecto narcoparamilitar consolidado en la región.

Para la dirigencia campesina de A Luchar, la contradicción tenía consecuencias concretas. El plan de rehabilitación llegaba a algunos municipios como oferta pública, pero la protección efectiva contra el asesinato selectivo no llegaba. Los paros de 1987 y 1988 exigían al Estado que interviniera y cumpliera: el Estado que respondía en el terreno era, con demasiada frecuencia, el que se coordinaba con los paramilitares.

Llana Caliente, 21 de mayo de 1988

Sobre la acumulación de tensiones —un ELN infiltrado en A Luchar sin transparencia hacia la base, un movimiento social movilizado y expuesto tras los paros, un dispositivo paramilitar en expansión formal desde 1988 bajo Isidro Carreño Estévez, un Ejército articulado con esas estructuras, un gobierno nacional cuya política de paz no llegaba al Magdalena Medio— se produjo la masacre de Llana Caliente.

El sitio, sobre el río Chucurí en jurisdicción de San Vicente de Chucurí, era territorio que Los Sanjuaneros habían transitado con influencia durante años y en el que consolidaban presencia permanente desde ese mismo 1988. San Vicente era, además, el municipio con mayor número de personas desplazadas del Magdalena Medio en los registros disponibles, con 1.026 personas, seguido de El Carmen de Chucurí con 904. El territorio estaba siendo vaciado sistemáticamente antes, durante y después de la masacre.

Ejército y estructuras paramilitares ejecutaron Llana Caliente de manera articulada contra campesinos vinculados al movimiento social que había liderado los paros del año anterior. La masacre operó en la línea que ya estaba probada en la región: los grupos paramilitares como método recurrente, con participación directa o indirecta de militares, del que la desaparición de 19 comerciantes en el Magdalena Medio en 1987 había sido uno de los casos más visibles. La coordinación operativa —patrullajes conjuntos, encubrimiento de miembros de la fuerza pública vestidos de civil, financiación e infraestructura provistas por ACDEGAM— no fue una anomalía puntual sino el modo de funcionamiento del dispositivo.

El efecto inmediato fue la desactivación de la dirigencia campesina en la zona. Los cuadros que habían organizado juntas, coordinado bloqueos y sostenido las asambleas durante los paros del año anterior fueron eliminados o forzados al desplazamiento. La combinación de asesinato selectivo y masacre, más las desapariciones acumuladas durante toda la década, cumplió el objetivo estratégico de clausurar la expresión pública de la protesta campesina en el Magdalena Medio santandereano.

El patrón se probaría a más largo plazo en el mismo eje regional. El 16 de mayo de 1998, un grupo de cincuenta paramilitares ingresó al sector noroccidental de Barrancabermeja, asesinó a once personas y secuestró a veinticinco acusándolas de ser simpatizantes de la guerrilla, desencadenando un paro cívico de cinco días. Aquella masacre urbana, una década posterior, tenía un linaje directo con lo que se venía cocinando desde comienzos de los ochenta y con la lógica que había desembocado en Llana Caliente.

La responsabilidad cruzada

Reconstruir Llana Caliente sin nombrar las tres capas de responsabilidad sería falsificar el episodio. La primera es la de los perpetradores directos: paramilitares organizados desde una inspección de policía en 1981, expandidos con apoyo militar y financiación gremial, articulados con el Ejército en patrullajes conjuntos y en encubrimientos operativos. Su responsabilidad es primaria e ineludible. Sin ellos, no hay masacre.

La segunda es la del Estado, cuya cara nacional prometía rehabilitación mientras su cara regional coordinaba operativos con estructuras irregulares. La responsabilidad no es solo de omisión: es de participación directa por vía del Ejército y de las policías locales, y de sostenimiento estructural por vía de la impunidad. Las investigaciones impulsadas desde la Presidencia tocaron algunos casos, pero no desmontaron el proyecto.

La tercera es la del ELN. Su responsabilidad no está en haber ordenado la masacre —no la ordenó— ni en haber ejecutado la violencia contra los campesinos —no la ejecutó—. Está en haber diseñado una relación con A Luchar en la que la frontera entre organización legal y aparato armado se difuminaba sin transparencia hacia la base civil, en haber impulsado paros y movilizaciones desde una estrategia político-militar que no asumía los costos que descargaba sobre los cuadros expuestos, y en haber tratado la autonomía política del movimiento como una desviación ideológica a corregir en lugar de una protección de sus militantes civiles. La aparición de guerrilleros junto a la marcha, la conformación de guardias populares y milicias, la superposición pública entre militancia legal y estructura armada —como el caso del militante identificado como periodista de A Luchar— entregaron a la contrainsurgencia el argumento de equivalencia que ya estaba dispuesta a usar de todos modos, pero que ahora podía sostener con casos concretos.

La equivalencia era falsa: la mayoría de A Luchar no era del ELN, y los cuadros infiltrados priorizaban con frecuencia el hecho político. Pero la contrainsurgencia no necesitaba pruebas de culpabilidad para actuar, como lo demuestra la victimización de la UP, del PC, del MOIR, del Partido Liberal en sus vertientes locales, de los comités de derechos humanos y las juntas cívicas. La infiltración del ELN en A Luchar no causó la violencia paramilitar, pero sí agravó y aceleró la exposición específica de la dirigencia campesina del Magdalena Medio santandereano, y facilitó el argumento con el que los perpetradores justificaron —hacia adentro y hacia afuera— el aniquilamiento del conjunto.

Después de la masacre

Llana Caliente no interrumpió el ciclo de movilización en el Magdalena Medio santandereano de manera definitiva —los paros continuaron, la USO siguió existiendo, Barrancabermeja siguió organizada—, pero sí clausuró la posibilidad de una dirigencia campesina rural articulada al movimiento nacional de izquierda en las condiciones en que había existido hasta 1987. Los cuadros que sobrevivieron se desplazaron, se replegaron o pasaron a otras formas de trabajo. A Luchar entró en su fase final: cuando un sector mayoritario decidió apoyar la Asamblea Nacional Constituyente, la cúpula del ELN abrió un debate interno sobre esa decisión, señal de la distancia irrecuperable entre el movimiento y su presunto brazo político legal.

La masacre documenta con nombres, fechas y municipios el modo en que el proyecto paramilitar-militar del Magdalena Medio operó contra la protesta social durante el gobierno Barco: no como excesos aislados de agentes descontrolados, sino como método sistemático articulado desde 1982 con apoyo institucional. El ELN no mató a los campesinos de Llana Caliente. Los expuso, los rentabilizó políticamente sin protegerlos y trató la autonomía política —la única herramienta que tenían para no ser confundidos con un aparato armado— como una traición. La contrainsurgencia, cuando vino a cobrar, cobró sobre la dirigencia legal del Magdalena Medio, no sobre los frentes armados que operaban en la selva.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

33 documentos · 48 fragmentos
01Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 54, 682 citas
[1]pú- blicas. Gobernadores, miembros de consejos locales, alcaldes y hasta senadores se han visto sometidos a la justicia guerrillera, la cual puede llegar al asesinato (ejecución revolucionaria) de la persona implicada. La citación a empleados públicos por corrupción de parte de los mucha- chos, como se llama…p. 68
[4]El argumento principal de este capítulo es que la firma del pacto de Chicoral en 1972 y el establecimiento for- mal de las FARC (1964-1966) y del ELN (1965) no fueron coinciden- cias. El pacto de Chicoral y los movimientos guerrilleros representan dos respuestas diametrahnente opuestas a la misma crisis institucional…p. 54
02Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2621 cita
[2]rojo del presidente Mao•> y a un Che Guevara y a un Ho Chih M in transformados en íconos sicodélicos. Legitimidad elusi va En Co l ombia este \· oluntarismo tocó tan gencialme nte la s uni - versidades, d o nd e apenas es tudiaba un J '3ó de la población entre 1 R y 2 ~ aiios. D e estos ambient es qu edarían una…p. 262
03¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 941 cita
[3]s ubver s iv os, entre l os que s e des tacó el Movimient o Obrero, E s tudiantil y Campe s ino (MOEC). C o n aquella lógica de la guerra fría, s umada al hech o de que el régimen había delegad o a la s fuerza s armada s el c o ntr o l ca s i ab so lut o de la s eguridad interna, el Gobiern o de Guillerm o León…p. 94
04El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1052 citas
[5]texto se planteaban reivindicaciones sociales y económicas que se pueden catalogar de reformistas, con muy poco de “comunismo”. 1 El ELN se hizo más popular con el ingreso a sus filas de Camilo Torres Restrepo, sacerdote que rompía con la tradición conser- vadora y reaccionaria de la Iglesia. Torres Restrepo sacudió…p. 105
[6]texto se planteaban reivindicaciones sociales y económicas que se pueden catalogar de reformistas, con muy poco de “comunismo”. 1 El ELN se hizo más popular con el ingreso a sus filas de Camilo Torres Restrepo, sacerdote que rompía con la tradición conser- vadora y reaccionaria de la Iglesia. Torres Restrepo sacudió…p. 105
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 831 cita
[7]mal armados. El asunto de la línea política quedó pendiente hasta que en abril, con el prestigio fresco de las acciones de Sima- cota y Papayal, que tranquilizaron a los cubanos, ordenó absorber y reorgani- zar el aparato clandestino urbano y disolver las JMRL; su dirigencia se resignó. Según Vásquez, “estaba…p. 83
06En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 331 cita
[8]la toma de la población de Simacota en 1964. Dos años después de algunas acciones más espectaculares que militares, como el ataque a un tren, relatado por la revista Sucesos de México, se unió a sus fi- las el cura Camilo Torres Restrepo, que traía tras de sí una larga cola de sindicalistas, estudiantes y católicos de…p. 33
07Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1241 cita
[9]en la construcción de instituciones e instrumentos de poder popular (ELN, El Militante Opina, 1991a: 20). Con ese diseño consideró que estaban dadas las condiciones para crear las primeras unidades de ejército. Al tiempo que el ELN definía su estrategia para la guerra, fortalecía su influencia sobre el movimiento A…p. 124
08El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · p. 49, 754 citas
[10]no somos una vanguardia”, dicen ellos de sí mismos, “somos la parte armada de la resistencia civil” (…) ¿Algunos miembros de A Luchar eran miembros del ELN? Sí. Obviamente. ¿Todos los miembros de A Luchar eran miembros del ELN? No. La mayoría de miembros de A Luchar no eran miembros del ELN (…) de la gente que creó A…p. 75
[11]no somos una vanguardia”, dicen ellos de sí mismos, “somos la parte armada de la resistencia civil” (…) ¿Algunos miembros de A Luchar eran miembros del ELN? Sí. Obviamente. ¿Todos los miembros de A Luchar eran miembros del ELN? No. La mayoría de miembros de A Luchar no eran miembros del ELN (…) de la gente que creó A…p. 75
[21]estos lugares había influencia pero no presencia permanente del grupo de Los Sanjuaneros. Gráfico 6. Víctimas del conflicto armado en El Carmen y San Vicente entre 1984 y 1986 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 Acto terrorista Amenaza Desaparicion forzada Desplazamiento Homicidio Lesiones personales físicas…p. 49
[22]estos lugares había influencia pero no presencia permanente del grupo de Los Sanjuaneros. Gráfico 6. Víctimas del conflicto armado en El Carmen y San Vicente entre 1984 y 1986 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 Acto terrorista Amenaza Desaparicion forzada Desplazamiento Homicidio Lesiones personales físicas…p. 49
09Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 2211 cita
[12]distante de -i tradición “elena”. Si esto ocurría en el seno del aparato armado, en el frente político que influenciaba A Luchar, las tensiones internas eran aún más inten sas debido a que su composición era mucho más plural que en el seno del eln. Fernando Hernández recalcaba en estas brechas crecientes entre el…p. 221
10Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 1071 cita
[13]ranchos en la cordillera de al frente. En San Alberto, Cesar, volví a cruzarme con ellos. Cabalgaban, revól- ver al cinto, por los barrios populares. Los obreros, desde las esquinas, cuchicheaban que eran los paramilitares y que su cuar- tel general quedaba en la base militar Morrison, que de ahí salían a propagar la…p. 107
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 671 cita
[14]tortura aparece, en este caso, como un patrón de violencia ejercido por parte de organismos de inteligencia antes de que las personas capturadas tuviesen su proceso judicial correspondiente. «A mí me sindicaban de ser alias el Pastuso, de ser el responsable militar de esa estructura del Ejército de Liberación…p. 67
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 50, 1062 citas
[15]7 y el 14 de agosto de 1987 se llevó a cabo el Paro del Nororiente, uno de los hitos más importantes de la movilización popular. Se movilizaron más de 7.500 personas de más de veinte municipios de la región. 307. Bajaron personas del Catatumbo y el sur del Cesar, de los Santanderes y del sur de Bolívar, que…p. 106
[39]1964, lo cual permite entender la dimensión de la problemática social que se vivía en el puerto petrolero por el rápido aumento demográfico sin la mejora en la prestación de servicios públicos y sociales 71. La USO continuó su trabajo, apoyada por los sacerdotes de la diócesis local, cuya labor de pastoral social tuvo…p. 50
13La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 761 cita
[16]con la movi- lización social”, asegura. Otra cosa piensa Eliécer 23, exmiembro de A Luchar, quien coin- cide con Sanguino en que el ELN se mezcló en la protesta. “Los organizadores del paro les decían a los campesinos que debían guardar comida y organizar juntas. Al tiempo aparecían los gue- rrilleros. También se…p. 76
14Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 162, 2902 citas
[17]del conflicto armado. Los reclamos por inversión estatal en bienes públicos (infraestructura, salud, educación, vías) acompañaban sus denuncias de violaciones de derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH). En el plano ru- ral fue la movilización cívica y regional las claves en la…p. 290
[32]• 1984-1996: actividad paramilitar sostenida y ciclo más dinámico de la movilización social regional (hasta 1995). En las masacres de 1988 y 1996, miembros de la fuerza pública participaron como planeadores. La primera se inscribe en una coyuntura electoral en la que la Unión Patriótica obtuvo la mayoría de los…p. 162
15El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 301 cita
[18]las minas de Muzo por el río Minero. La extracción de oro se desarrolló en la quebra- da de La Corcovada. 109 Entrevista a Campesino realizada por María Teresa Acosta. Mayo de 1992. Acosta,María Teresa. Op.cit. 110 ATCC. Plan de desarrollo Corregimiento de La India. 1988. S,p. pp 1-3. 111 ATCC. Plan de desarrollo…p. 30
16Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 122 citas
[19]hasta 2000 con el nombre Autodefensas de Puerto Boyacá. Se revisa cómo desde entonces operó con la denomina- ción de BPB-ACMM (Bloque Puerto Boyacá-Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio) bajo el mando de Arnubio Triana Mahecha. Y se examina su desmovilización ocurrida en 2006 con la etiqueta de ACPB…p. 12
[20]hasta 2000 con el nombre Autodefensas de Puerto Boyacá. Se revisa cómo desde entonces operó con la denomina- ción de BPB-ACMM (Bloque Puerto Boyacá-Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio) bajo el mando de Arnubio Triana Mahecha. Y se examina su desmovilización ocurrida en 2006 con la etiqueta de ACPB…p. 12
17Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 521 cita
[23]siones, excesivas generalizaciones y al desconocimiento de la com- plejidad de los procesos experimentados en esa área del territorio colombiano” (página 22). Empero, esa falencia se ha ido subsa- nando: antes, Vásquez (2006) y, posteriormente, los informes del CNMH han contribuido a establecer los factores y…p. 52
18No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[24]una presencia pre- dominante, sobre todo en las zonas más alejadas. Es así como en los años ochenta la disputa por el control territorial en el Magdalena Medio –región donde se encuentra ubicado Simacota– tuvo como actor principal a los grupos paramilitares, en parti- cular el Muerte a Secuestradores (MAS), que se…p. 47
19Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 631 cita
[25]y de control de población de los grupos paramilitares se daría simultáneamente con una intensi fi cación de las operaciones militares del Ejército en el Magdalena Medio. El Grupo de Me- moria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Recon- ciliación (CNRR) constataría que, en el Magdalena Medio, A partir de…p. 63
20Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 1011 cita
[26]de la tregua entre el Gobierno y las FARC. Las elites y los militares de la región compartían una ideología anticomunista y el propósito de erradicar a las guerrillas, junto con otros factores, como la falta de recursos de las unidades militares, hacía que se comprometieran con los intereses de las minorías de la zona…p. 101
21El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 76, 2014 citas
[27]caso de que haya que capturar a un tipo, entonces él lo lleva a Calderón al coronel, al capitán, al que quedó allá (…) le informaban de algún problema y enseguida lo llevaban a la base. Si había que llevarlo a la base, lo llevaban. (CNMH, CV, Dilan, 2017, 5 de marzo) Las operaciones en las que la fuerza pública está…p. 76
[28]caso de que haya que capturar a un tipo, entonces él lo lleva a Calderón al coronel, al capitán, al que quedó allá (…) le informaban de algún problema y enseguida lo llevaban a la base. Si había que llevarlo a la base, lo llevaban. (CNMH, CV, Dilan, 2017, 5 de marzo) Las operaciones en las que la fuerza pública está…p. 76
[33]ticomunista, esos somos nosotros. Pero si hay alguien que esté defendiendo los derechos humanos contra las balas de las FARC y del MAS, esos también somos nosotros”. (Semana, 1987, 29 de junio) Sacerdote Bernardo López Arroyave. Fotografía: cortesía archivo particular para CNMH-DAV. Bernardo López Arroyave, es otra…p. 201
[34]ticomunista, esos somos nosotros. Pero si hay alguien que esté defendiendo los derechos humanos contra las balas de las FARC y del MAS, esos también somos nosotros”. (Semana, 1987, 29 de junio) Sacerdote Bernardo López Arroyave. Fotografía: cortesía archivo particular para CNMH-DAV. Bernardo López Arroyave, es otra…p. 201
22Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 221, 2622 citas
[29]organismos de seguridad e inteligencia tenían como objetivo la contrainsurgencia, en un espectro difuso entre lo «militar» y aquello que consideraban como «quitarle el agua al pez». Por su parte, los políticos regionales tenían el interés de eliminar a los actores que amenazaban con arrebatarles el poder que…p. 262
[35]simpatías ideológicas no significan pertenencia ni subordinación a las estructuras guerrilleras, y que no hay justificación alguna para la estigmatización, la persecución o la eliminación de los miembros de movimientos políticos y sociales. El Estado de derecho funciona investigando las posibles conductas delictivas,…p. 221
23La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2621 cita
[30]el gobierno cen- tral, también estuvieron determinados por la creciente importan- cia atribuida al respeto y a la defensa de los derechos humanos. En efecto, dentro del marco de la revolución humanitaria mundial que apenas despuntaba en el horizonte de la vida nacional, algu- nos aparatos del Estado central como la…p. 262
24Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7121 cita
[31]por su militancia o simpatía política con A Luchar. De estas, 146 sufrieron dos o más violaciones de derechos humanos por su labor política. Por lo menos 367 personas del movimiento fueron asesinadas, ejecutadas extrajudicialmente o desapa- recidas de manera forzada 2434. Entre la creación de ¡A Luchar!, en marzo de…p. 712
25Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 952 citas
[36]1987 Virgilio Barco Vargas será el encargado de recibir a el 4 de febrero de 1987 la noticia de un informante anónimo de quien se presume fue el propio Pablo Es- cobar, para facilitar la captura de Lehder en la finca Los Toldos, en Guarne, An - tioquia. De igual manera afrontará las masacres como el medio predilecto…p. 95
[37]1987 Virgilio Barco Vargas será el encargado de recibir a el 4 de febrero de 1987 la noticia de un informante anónimo de quien se presume fue el propio Pablo Es- cobar, para facilitar la captura de Lehder en la finca Los Toldos, en Guarne, An - tioquia. De igual manera afrontará las masacres como el medio predilecto…p. 95
26Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1551 cita
[38]región del Magdalena Medio fueron: San Vicente de Chucurí (1.026 personas), El Carmen de Chucurí (904 personas), Cimitarra (818 personas), Barrancabermeja (489 personas), Yacopí (473 personas), y Puerto Boyacá (395 personas). 155 Éxodo rentista: disputas por la tierra y el territorio Así también lo reconoció el propio…p. 155
27Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 2021 cita
[40]chalupas para el trasporte fluvial de pasajeros. La comunicación de Barrancabermeja con Bucaramanga tomaba mínimo seis horas por San Vicente de Chucurí, con una carretera destapada y con frecuentes derrumbes y zonas pantanosas. De la zona de Puerto Berrío a Medellín no existía carretera directa, sino solamente la vía…p. 202
28Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 1721 cita
[41]década de 1990 y que intensificaron en 1998. Yolanda Becerra Vega Una Colombia que nos queda 174 “La masacre del 16 de mayo de 1998 fue el aviso de llegada de los paramilitares, después de haberse tomado poco a poco todo el Magda lena Medio. Ese día, un grupo de 50 paramilitares ingresó al sector noroccidental de la…p. 172
29Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1661 cita
[42]del ELN. La ofensiva paramilitar del Bloque Calima, así como la presión de las Fuerzas Militares destruyeron el Frente José María Becerra. La última zona de importante presencia era la zona centro y particularmente el Tolima. El Frente Bolcheviques del Líbano lograba aglutinar la presencia del ELN en el centro del…p. 166
30Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2042 citas
[43]del que tuvieron sus dos predecesores. Al mismo tiempo, promovió sig- nificativamente la reforma del sistema político colombiano y dirigió la desmo- vilización del tercer grupo guerrillero más grande del país, el M-19. Cuando tomó posesión de su cargo, el 7 de agosto de 1986, Barco anunció un “plan de rehabilitación…p. 204
[44]del que tuvieron sus dos predecesores. Al mismo tiempo, promovió sig- nificativamente la reforma del sistema político colombiano y dirigió la desmo- vilización del tercer grupo guerrillero más grande del país, el M-19. Cuando tomó posesión de su cargo, el 7 de agosto de 1986, Barco anunció un “plan de rehabilitación…p. 204
31¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 971 cita
[45]social más amplia, como los de Córdoba o la Sierra Nevada de Santa Marta, liderados por Fidel Castaño y Hernán Giraldo. Pese a la lucha contra la amenaza narcoterrorista, durante el Gobierno Barco se reanudaron las conversaciones de paz con el M -19. Estas se habían iniciado en enero de 1989 tras el secuestro y…p. 97
32Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2811 cita
[46]Liberalismo y el 71.0 de los liberales. Lo cual refleja las diferencias perceptivas de los colombianos hacia un hecho tan común a todos como es el mando de la nación. Por otro lado, el 13 de marzo de 1988 se efectuaron las primeras elecciones para designa- ción de todos los alcaldes del país por votación popular, de…p. 281
33Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 22, 242 citas
[47]Rione - gro, Matanza, Suratá y El Playón, mediante el Frente Ramón Gil - berto Barbosa Zambrano (Vicepresidencia de la República, 2001b, páginas 5-8). Este Frente como tal actuó hasta 1991, cuando se suscribió el pacto de paz entre el EPL y el Gobierno nacional, pero quedó activa en esa región una fracción disidente…p. 24
[48]y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…p. 22