Andrés Almarales Manga
Crisis y narcotráfico
La biografía
Andrés Almarales Manga fue uno de los fundadores del Movimiento 19 de Abril (M-19), abogado laboralista de origen costeño, dirigente de la ANAPO Socialista y, en las horas finales de su vida, comandante en el interior del Palacio de Justicia durante la toma del 6 y 7 de noviembre de 1985. Su figura condensa una de las contradicciones más agudas de la guerrilla colombiana de los años ochenta: la del negociador que apostó por la salida política en los Acuerdos de Corinto y, al mismo tiempo, el jefe militar que dirigió la operación más autodestructiva del grupo. En él se lee, más nítidamente que en cualquier otro dirigente del M-19, el agotamiento de una generación que quiso combinar la palabra y las armas dentro del cerrado sistema político del Frente Nacional tardío, y que terminó atrapada entre la promesa de la tregua y la maquinaria del Estado en retoma.
Línea de vida
- 1960
Militancia en la ANAPO
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Oriundo de la costa Caribe, séptimo hijo de un campesino bananero sin tierra, Almarales se trasladó a Bogotá, se hizo abogado laboralista y se integró a la Alianza Nacional Popular (ANAPO) de Gustavo Rojas Pinilla, llegando a ejercer como congresista popular por esa corriente.
- 1973
Fundador del M-19 en la conferencia de Cali
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Participó en la primera conferencia fundacional del M-19, celebrada en Cali con aproximadamente veinticinco personas. Quedó integrado a la primera dirección del movimiento junto a Jaime Bateman, Iván Marino Ospina, Álvaro Fayad y Hélmer Marín, dentro del núcleo político —no operativo— de la conducción colectiva.
- 1984
Acuerdos de Corinto y salida pública del M-19
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Fue una de las figuras del ala política que respaldó y encarnó los Acuerdos de Corinto (24 de agosto de 1984), que incluyeron un cese bilateral del fuego con el gobierno de Belisario Betancur. Durante los meses siguientes destacó como orador de plaza, siendo reconocido por Gustavo Petro como referente formativo de su propia práctica discursiva.
- 1985
Ruptura de la tregua y preparación de la toma del Palacio
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Tras el colapso formal de la tregua en junio de 1985 y en medio de divisiones internas agudas sobre el rumbo del M-19, Almarales participó en la planificación de la operación 'Antonio Nariño por los Derechos del Hombre', concebida como acción simbólica para someter políticamente al presidente Betancur ante la Corte Suprema.
- 1985
Comandante político en la toma del Palacio de Justicia
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El 6 de noviembre de 1985 codirigió junto a Luis Otero Cifuentes el asalto al Palacio de Justicia en Bogotá, asumiendo el mando político interior mientras Otero conducía el operativo militar. Murió durante la retoma del Ejército el 7 de noviembre, junto a la mayoría de los guerrilleros y decenas de rehenes, entre ellos el presidente de la Corte Suprema Alfonso Reyes Echandía.
El hijo del bananero
Nació en la costa Caribe colombiana, séptimo hijo de un campesino bananero sin tierra. La biografía escueta de ese arranque —un jornalero de la zona bananera del Magdalena, una familia numerosa, un muchacho más entre los hijos de trabajadores que no eran dueños del suelo que sembraban— condensa el paisaje social del que salió una parte considerable de la izquierda popular colombiana de mediados del siglo XX: la costa de las huelgas de United Fruit, la memoria vivísima de la masacre de las bananeras de 1928, un mundo donde la palabra "sindicato" tenía todavía el peso de la sangre.
De ese origen Almarales salió a Bogotá y se hizo abogado laboralista. La trayectoria es en sí misma un dato político: los abogados laboralistas de aquellos años eran, en su gran mayoría, cuadros orgánicos de organizaciones sindicales, cercanos a los partidos y movimientos que disputaban el control de las centrales obreras. El paso del hijo del bananero al defensor letrado de los trabajadores no era ascenso individual: era conversión de un origen de clase en oficio militante. La oratoria —esa oratoria caribeña de plaza abierta, de vocativo largo y remate en imagen— fue su instrumento profesional antes de ser su instrumento revolucionario.
En Bogotá se integró a la Alianza Nacional Popular (ANAPO), el movimiento fundado por el general Gustavo Rojas Pinilla en los años sesenta para agrupar a los desheredados de los dos partidos tradicionales y a los sectores populares que el Frente Nacional había dejado sin representación. La ANAPO fue, durante esa década, el gran polo del descontento urbano: no tenía un programa articulado para las zonas devastadas por la Violencia rural, pero capitalizaba el malestar de los barrios populares de las grandes ciudades y la memoria de la breve modernización rojista. Almarales fue congresista popular por esa vertiente. La cronología exacta entre su labor parlamentaria y su tránsito posterior a la clandestinidad es difícil de fijar, pero lo esencial está en la pertenencia: fue anapista antes de ser guerrillero, y esa filiación explica buena parte de lo que vino después.
El fraude que fundó un nombre
El 19 de abril de 1970, Gustavo Rojas Pinilla se presentó por la ANAPO a las elecciones presidenciales y, según los primeros conteos parciales, aventajaba al candidato oficialista del Frente Nacional, Misael Pastrana Borrero. Durante esa noche electoral, la transmisión de resultados se interrumpió —distintas versiones la atribuyen a una decisión del presidente saliente Carlos Lleras Restrepo o a un apagón general de energía eléctrica en momento sospechoso— y a la mañana siguiente se proclamó el triunfo de Pastrana. Para los seguidores de Rojas y para amplios sectores de la izquierda, la elección había sido robada.
De ese agravio nació, cuatro años después, el nombre de una organización armada. El Movimiento 19 de Abril se llamó así para inscribir en su denominación la fecha del fraude y con ella la denuncia de la naturaleza cerrada del régimen del Frente Nacional. La organización se conformó hacia 1973 y 1974 con dos afluentes principales: cuadros radicalizados que provenían de la ANAPO —entre ellos el senador Carlos Toledo Plata y el propio Almarales— y guerrilleros escindidos de las FARC, como Jaime Bateman Cayón, Álvaro Fayad e Iván Marino Ospina. A esa confluencia se sumaron militantes de otras corrientes de la izquierda universitaria y sindical.
La primera conferencia fundacional se celebró en Cali en 1973 y reunió a alrededor de veinticinco personas. Allí se constituyó la primera dirección del movimiento, integrada, entre otros, por Bateman, Ospina, Fayad, Hélmer Marín y Andrés Almarales. La conducción funcionaba colectivamente, por consenso, sin un jefe único reconocido, y estaba dividida en un núcleo operativo y un núcleo político. Almarales pertenecía al segundo: era hombre de la palabra y de la línea, no de la acción armada directa. Esa distinción interna del M-19 —el ala política y el ala militar— resultará decisiva para leer su papel quince años después.
El movimiento debutó en enero de 1974 con el robo de la espada de Simón Bolívar en la Quinta de Bolívar de Bogotá, precedido de una campaña de anuncios enigmáticos en la prensa. Fue una acción menor en términos militares y colosal en términos simbólicos: puso al M-19 en el mapa del país como una guerrilla distinta, urbana, capaz de hablar el idioma de los medios y de la imagen. Almarales, hombre de foro y no de asalto, estaba entre quienes habían diseñado ese lenguaje.
La palabra como arma
Hay un rasgo que atraviesa las evocaciones posteriores de Almarales y conviene mirar de cerca, porque explica su lugar interno en el M-19 y su influencia sobre una generación que lo sobrevivió. Almarales era, sobre todo, un orador. En la costa Caribe la oratoria política es un género con reglas propias: heredera del sermón, la arenga liberal decimonónica y el pregón, se apoya en el ritmo, la anáfora, el manejo de la respiración y la complicidad inmediata con la plaza. Los abogados laboralistas costeños de mediados de siglo, formados en tribunales y en asambleas de puerto, la llevaron al derecho y de allí a la política.
Cuando el M-19 salió de la ilegalidad en 1984 al calor de la tregua con Belisario Betancur, la oratoria fue una de las grandes fortalezas del movimiento, y dos líderes caribeños se destacaron especialmente. Uno era Almarales. Gustavo Petro —entonces un cuadro joven de la organización— reconocería después que su propia práctica de hacer discursos, central en su trayectoria política posterior, provenía en buena medida de la influencia de esos dos líderes costeños del M-19 muertos en el Palacio de Justicia. La observación es más significativa que anecdótica: ni Carlos Pizarro Leongómez ni Antonio Navarro Wolff, los rostros del M-19 que sí llegaron a la desmovilización y a la política legal, tenían esa misma capacidad de comunicación pública. La oratoria del M-19 legalizado bebió, cuando quiso hablarle al pueblo, de una escuela caribeña que ya estaba muerta.
En esa dimensión Almarales fue algo distinto de un simple dirigente: fue formador de estilo, referente de una manera de hacer política desde la palabra encendida, y su ausencia posterior dejó al M-19 con una plana mayor más técnica y menos plaza pública.
Los años del proyecto político
Durante la segunda mitad de los setenta el M-19 creció rápido. Sus acciones espectaculares —la toma de armas del Cantón Norte en 1979, la toma de la Embajada de la República Dominicana en 1980— le dieron una popularidad y una atención nacional que ninguna otra guerrilla del momento lograba capitalizar en la misma medida, en parte por el carisma de Bateman, en parte por la espectacularidad simbólica de sus operaciones, en parte porque su discurso era menos dogmático que el de las guerrillas de raíz marxista-leninista clásica. La inspiración de los Tupamaros uruguayos —el ADN de guerrilla urbana, teatral, capaz de hablar el idioma de la ciudad— estaba presente desde el origen.
Almarales fue durante esos años uno de los rostros del ala política del movimiento. La composición misma del M-19 —cuadros radicalizados de la ANAPO, expulsados de las FARC y del Partido Comunista, militantes universitarios y sindicales— hacía que la conducción tuviera que negociar permanentemente entre dos vocaciones: la de partido provisionalmente en armas destinado a la lucha democrática, y la de ejército revolucionario destinado a alcanzar el poder o al menos a negociar desde una posición de fuerza militar. Esa tensión no se resolvió jamás. Almarales encarnaba visiblemente la primera.
Cuando Belisario Betancur llegó a la presidencia en 1982 y promulgó la ley de amnistía que benefició a guerrilleros de las FARC, el M-19, el ELN, el EPL, el PLA, la ORP y la ADO —el propio Betancur cifró en cerca de dos mil los amnistiados políticos excombatientes—, la cúpula del M-19 quedó dividida. Un sector, encabezado por Bateman antes de su muerte en 1983, sostenía que "la amnistía no es la paz": aceptaba la excarcelación de los presos pero exigía garantías políticas adicionales y no consideraba la amnistía como punto final del proceso. Otro sector empujaba más decididamente hacia la conversión en fuerza política legal.
El 24 de agosto de 1984, el M-19 firmó con el gobierno de Betancur los Acuerdos de Corinto, que incluyeron un cese bilateral del fuego. Almarales fue una de las figuras del ala política que respaldó y encarnó ese proceso. Durante los meses siguientes, el M-19 salió parcialmente de la clandestinidad, sus dirigentes hablaron en plazas y cámaras, y la oratoria caribeña de Almarales encontró su escenario más amplio. Fue el momento en que la vocación de partido pareció imponerse sobre la vocación de ejército.
Pero la tregua no cuajó. Las Fuerzas Armadas nunca aceptaron plenamente el proceso; los frentes del M-19 en el suroccidente sufrieron hostigamientos; sectores de la organización se sintieron traicionados por lo que interpretaron como incumplimientos gubernamentales. La tregua terminó formalmente en junio de 1985. El 28 de junio, un comando del M-19 realizó su primera acción armada post-tregua en el Eje Cafetero. La organización volvía a la guerra.
Corinto y su reverso
Aquí se abre la contradicción que la figura de Almarales carga sin resolver. Los mismos hombres que en agosto de 1984 habían firmado la tregua fueron, quince meses después, quienes planearon y ejecutaron la toma del Palacio de Justicia. Almarales entre ellos, en primera línea.
Reconstruir por qué exige mirar de cerca lo que ocurrió en la dirección del M-19 entre junio y noviembre de 1985. La ruptura de la tregua no significó un plan unificado: significó divisiones internas agudas sobre qué hacer, y una deriva en la que se combinaron el resentimiento por los incumplimientos gubernamentales, la voluntad de golpear políticamente al presidente Betancur y una serie de contactos con el narcotráfico que contaminarían para siempre la lectura de lo que vino.
Pablo Escobar ofreció financiar la operación del Palacio de Justicia con dos millones de dólares, condicionando el dinero a que dos de sus hombres acompañaran a los guerrilleros para quemar los archivos de extradición y para asesinar a los magistrados que apoyaban el tratado de extradición con Estados Unidos. Álvaro Fayad rechazó formalmente esa exigencia. Iván Marino Ospina también la rechazó en las condiciones planteadas, pero aceptó el dinero. Los testigos presenciales de las reuniones nunca escucharon a los guerrilleros comprometerse a quemar los archivos ni a matar magistrados; sin embargo, el dinero entró. Esa aceptación —de la que Almarales pudo o no ser plenamente consciente— pesará sobre la interpretación de la operación durante décadas.
La motivación política declarada del M-19 para tomarse el Palacio era someter al presidente Betancur a un juicio político por el incumplimiento de los compromisos de las negociaciones de paz y por la violación del acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. La operación se llamó Antonio Nariño por los Derechos del Hombre. Fue diseñada como una acción simbólica —tomar la Corte Suprema de Justicia y forzar allí un juicio moral al presidente— con una lógica análoga a la de la toma de la Embajada Dominicana cinco años antes: presión política máxima, cobertura mediática total, salida negociada.
Que esa lectura política conviva con la aceptación del dinero de Escobar constituye la contradicción central del episodio. No hay evidencia de que los guerrilleros hayan ido al Palacio a quemar los archivos de extradición ni a ejecutar a los magistrados extradicionistas por encargo del cartel; sí hay evidencia de que aceptaron plata cuyo origen contaminaba la operación. Almarales, comandante de la acción en el interior, cargó esa ambigüedad hasta el último minuto.
El 6 y el 7 de noviembre
A las 11:30 de la mañana del miércoles 6 de noviembre de 1985, un comando de aproximadamente treinta y cinco guerrilleros del M-19 asaltó el Palacio de Justicia, en el costado norte de la Plaza de Bolívar, frente al Capitolio Nacional y a pocos metros de la Casa de Nariño. La operación fue dirigida por Luis Otero Cifuentes y Andrés Almarales, con Alfonso Jacquin, Elvecio Ruiz, Ariel Sánchez, José Domingo Gómez y una treintena más de combatientes. Otero comandaba el operativo militar general; Almarales el mando político interior.
En cuestión de minutos los guerrilleros tenían control del edificio y varios centenares de rehenes, entre ellos magistrados de la Corte Suprema y del Consejo de Estado, empleados, visitantes y trabajadores de la cafetería. El presidente de la Corte, Alfonso Reyes Echandía, estaba entre ellos. La operación había sido pensada como un secuestro político, con la expectativa de una negociación mediada probablemente por el episcopado o por representantes internacionales, similar a la que en 1980 había permitido a los guerrilleros de la Embajada Dominicana salir del país rumbo a Cuba.
La respuesta del Estado fue de otra naturaleza. En cuestión de una hora el Ejército rodeó la plaza, tanques Cascabel entraron al primer piso del Palacio y comenzó una retoma militar que se prolongaría casi veintiocho horas. No hubo negociación política: el presidente Betancur delegó de facto el manejo del episodio en la cúpula militar. Las llamadas telefónicas de los guerrilleros a las autoridades no fueron respondidas con voluntad de diálogo. La retoma fue dirigida por el Ejército Nacional con participación de otras fuerzas de seguridad del Estado.
Adentro, Almarales asumió el mando de la fase más larga y desesperada. Cuando el fuego consumió las plantas superiores del edificio y el operativo militar avanzó piso a piso, ordenó concentrar a los rehenes del cuarto piso en los baños ubicados entre el segundo y el tercer piso, donde se reunió una parte importante de los rehenes sobrevivientes junto con guerrilleros. Entre esos rehenes se encontraba el magistrado Manuel Gaona Cruz. Fue en ese baño, o en su cercanía inmediata, donde transcurrieron las últimas horas de Almarales. Todavía intentó negociar por teléfono, todavía intentó gestionar la salida con vida de rehenes; nunca la obtuvo.
El saldo de la toma y la retoma fue devastador. Once magistrados muertos, entre ellos el propio Alfonso Reyes Echandía, empleados judiciales, visitantes, guerrilleros, miembros de la fuerza pública. Al menos un miembro del M-19 salió con vida del Palacio custodiado por miembros de la fuerza pública y luego apareció asesinado; otros dos miembros del M-19 salieron con vida: uno reapareció muerto dentro del Palacio y otra fue desaparecida. Varias personas —incluidos trabajadores de la cafetería que no tenían filiación guerrillera alguna— fueron llevadas al Cantón Norte y a otras instalaciones militares, torturadas y desaparecidas. Los restos de al menos una de esas trabajadoras de la cafetería fueron entregados a su familia treinta años después, en septiembre de 2016.
Andrés Almarales murió durante la retoma, en el sector del edificio donde había concentrado a los rehenes bajo su custodia. Las circunstancias precisas de su muerte forman parte de la larga sombra de dudas que rodea el episodio: quién disparó, cuándo, si hubo o no rendición previa. Lo que la historia registra sin ambigüedad es que allí terminó, a los cincuenta años y algo, la trayectoria del séptimo hijo del bananero.
Después del humo
La Comisión de la Verdad concluyó, décadas después, que el repentino retiro de la seguridad del Palacio de Justicia horas antes de la toma y la instantánea organización del operativo militar de respuesta indican la existencia de un dispositivo prediseñado para actuar así. La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por violación a la libertad personal, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas en el caso del Palacio de Justicia. El presidente Juan Manuel Santos pidió perdón públicamente en 2015, en el trigésimo aniversario, en nombre del Estado colombiano.
Sobre el M-19 la operación tuvo un efecto devastador. La organización fue calificada de suicida políticamente, aunque la propia guerrilla la admitió solo como error militar. En los meses siguientes fue severamente hostigada en los núcleos urbanos y obligada a replegarse al suroccidente colombiano —Caquetá, Huila, Cauca—. La comandancia se rehízo bajo Carlos Pizarro Leongómez, quien terminaría negociando la desmovilización final. El 9 de marzo de 1990, en Santo Domingo, Cauca, el M-19 entregó las armas con novecientos combatientes y se transformó en la Alianza Democrática M-19, partido político legal. Pizarro fue asesinado semanas después. Navarro Wolff continuó la conducción del proceso.
El lugar de Almarales
Leer la trayectoria de Almarales tentando una tesis única es simplificarla, y él merece más que eso. Cabe la lectura que hace del Palacio el desenlace lógico de una biografía política: el hijo del bananero convertido en abogado laboralista, el laboralista convertido en congresista anapista, el anapista convertido en fundador de una guerrilla urbana, el guerrillero convertido en negociador de la tregua, el negociador convertido en comandante de la operación que destruyó a su propia organización. Vista así, su muerte en el baño del Palacio es el punto final de una lógica de cierre progresivo: un sistema político que fue cerrando puertas hasta empujar a una generación de cuadros populares a la lucha armada, y esa lucha armada empujada a su vez, por la deriva combinada de la ruptura de la tregua y la infiltración narco, hasta la operación imposible.
Pero también cabe la lectura contraria, y hay que sostenerla al mismo tiempo. La decisión de tomar el Palacio no fue el desenlace inevitable de la trayectoria de Almarales, sino el producto de una contingencia específica: la ruptura de la tregua en junio de 1985, la aceptación del dinero de Escobar por Iván Marino Ospina, las divisiones internas sobre si continuar en armas o consolidar la vía política, el diseño de una operación pensada como golpe simbólico y no como operación suicida. En otro escenario —con una tregua sostenida, con una cúpula unificada, sin dinero narco de por medio— Almarales habría podido ser un dirigente político legal a partir de 1990, un candidato, un parlamentario, quizá una figura análoga a Navarro Wolff pero con la voz de la costa. Nada garantizaba el Palacio.
Sostener las dos lecturas juntas es más exacto que optar por una. Almarales encarnaba una tensión estructural del M-19 —entre partido y ejército, entre negociación y acción armada, entre horizonte democrático y proyecto de poder— que nunca resolvió; y esa tensión, cuando estalló, no lo hizo por lógica interna pura sino porque una serie de accidentes precipitó una salida catastrófica que su propia posición política no habría elegido en otras circunstancias. Fue el negociador de Corinto y fue el comandante del Palacio. Las dos cosas caben en el mismo hombre porque el M-19 mismo era las dos cosas, y porque él era su síntesis más visible.
Su huella
En la memoria pública colombiana Almarales ocupa un lugar oblicuo. No es el rostro emblemático del M-19 —ese lugar lo ocupan Bateman por el mito fundacional y Pizarro por el rostro de la desmovilización— ni es la figura central de la memoria del Palacio, que gravita más sobre las víctimas civiles y sobre los desaparecidos que sobre los guerrilleros muertos. Es más bien una figura de reconocimiento intramuros, cuyo peso emerge en testimonios y evocaciones antes que en monumentos.
El más elocuente de esos reconocimientos vino de Gustavo Petro, cuadro joven del M-19 en los años ochenta y presidente de Colombia desde 2022. Petro ha atribuido explícitamente su capacidad oratoria —central en su lucha política de tres décadas— a la influencia de dos líderes caribeños del M-19 muertos en el Palacio de Justicia, entre ellos Almarales. Es una filiación de estilo antes que de programa: la manera de hablarle a la plaza, el ritmo, la carga emocional, la retórica de la denuncia. En ese linaje discreto Almarales sobrevive a su muerte, no como ideólogo ni como estratega, sino como escuela de oratoria política popular.
Queda la contradicción más incómoda: la operación en la que murió es, todavía hoy, materia de disputa jurídica, historiográfica y moral. Los archivos judiciales sobre el Palacio se quemaron entonces, y con ellos una parte de la memoria del Estado sobre sí mismo. Los cuerpos de algunos desaparecidos por la fuerza pública tardaron treinta años en volver a sus familias. La verdad sobre quién ordenó qué durante la retoma sigue siendo parcial. Sobre ese fondo, Almarales aparece como una de las figuras que la historia colombiana no ha logrado —quizá no pueda— fijar en un lugar único. Fue víctima y verdugo, negociador y asaltante, orador de la paz y comandante del error militar más costoso de su organización. En esa irresolución radica, precisamente, su centralidad para entender el M-19 y el país que lo produjo.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
32 documentos · 42 fragmentos01El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · Páginas 31, 622 citas
[1]prometido, comenzó por televisión la transmisión de fútbol desde el estadio El Campín de Bogotá. Más larde, una serie de explosiones masivas estremecieron el centro de la ciudad, y el inmenso edificio empezó a incendiarse. Desde mi habitación en el piso 18 del hotel Tequendama, apenas a catorce cuadras de distancia,…
p. 31
[36](el presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandía; el hermano del presidente Betancur, Jaime Bc- tancur Cuartas, y la esposa del ministro de Gobierno. Clara Forero de Castro), d mayor peligro para las vidas de las trescientas per sonas atrapadas dentro del inmenso edificio venía del incesante ataque por parte…
p. 62
02Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 811 cita
[2]contaba con el respaldo del sector ospinista del conservatis- mo. Pero habia tres candidatos més. Dos de frac- ciones conservadoras: Evaristo Sourdis, candidato de la Costa Atlantica, y Belisario Betancur, repre- sentante de un sector antioquefo. Y ademas, por la ANAPO, el general Gustavo Rojas Pinilla. Rojas,…
p. 81
03Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 1461 cita
[3]dirigida por el exdictador Rojas Pinilla, un fraude del que ya nadie duda y que muchos justifican, exasperó a los jóvenes anapistas de la clase media, que decidieron fundar la primera guerrilla urbana de Colombia, el M19. La vieja Colombia murió el 9 de abril de 1948: la nueva no ha nacido todavía. Todos sabemos que…
p. 146
04Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · Página 591 cita
[4]ANAPO). Rojas Pinilla’s dream of returning to power was denied, however. Many analysts con- tend that Rojas was the winner of the presidential elections of April 19, 1970, but the minister of the interior named Conservative Misael Pastrana Borrero the new president after a suspiciously timed massive power outage.…
p. 59
05Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 1661 cita
[5]tuvo a punto de caer en el vacío. Los escrutinios electorales dieron una ven- taja inicial a Rojas Pinilla sobre su contendor, el candidato del Frente Nacional Misael Pastrana Borrero. pero tras una intervención televisada del ministro de Gobierno, que fue in- terpretada como un anuncio público y oficial de fraude, el…
p. 166
06Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Páginas 202, 2052 citas
[6]escrutinios electorales dieron una ventaja inicial a Rojas Pinilla sobre su contendor, el candidato del Frente Nacional Misael Pastrana Borrero, pero tras una intervención televisada del ministro de Gobierno, que fue interpretada coma un anuncio público y oficial de fraude, el conteo final dio por triunfador, y con…
p. 205
[7]el largo plazo el rojismo hizo una contribución indudable al descongelamiento político del país, pues a través de la Anapo creó por primera vez la posibilidad de desplazamientos constantes de sectores conservadores hacia la izquierda, y en las elecciones de 1978 distintas coaliciones de ésta tuvieron en sus listas a…
p. 202
07Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 4131 cita
[8]free primary and secondary educa- tion, economical medical service and free medicines, urban reform, and afford- able housing for the lower and middle classes. Stressing its coalition aspect, that of an “alliance” uniting the poor regardless of traditional party affiliation, ANAPO evolved into what historian César…
p. 413
08Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2441 cita
[9]se dispone a presenciar el juicio que se le haría en el Senado, corporación que a la postre lo despoja de todos sus derechos políticos. Los mismos que recupera por senten- cia del Tribunal Superior de Bogotá el 20 de diciembre de 1966, confirmada por la Corte Su- prema de Justicia el 18 de octubre de 1967, con lo cual…
p. 244
09Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1471 cita
[10]de los setenta. A comienzos de ella apareció un nuevo movimiento guerrillero, el M-19, que rápidamente acaparó la atención nacional. Su surgimiento dejó al descubierto la fragilidad de la democracia frentenacionalista. En las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, la Anapo logró sus mejores resultados,…
p. 147
10Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · Página 501 cita
[11]order to prevent the possible election of Rojas-Pinilla. The military was sent out to repress ANAPO rioters after the close election, which was fraudently won by the National Front candidate. The falure of ANAPO was the genesis for the development of the guerrilla group M-19. 23 The group was officially born in 1972…
p. 50
11Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1311 cita
[12]de que votaran mayoritariamente por grupos de oposición; pero el posible fraude demostraba lo que habían dicho siempre los amigos de la lucha armada: que el establecimiento político no aceptaría por las buenas una derrota, que los votos no tenían fuerza solos, pues podían ser manipulados, y que ni siquiera un general…
p. 131
12¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 831 cita
[13]y 1975; la mayoría de ellas entre 1970 y 1973, cuando el movimiento 130 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica el representante a la cámara Israel Santamaría, el senador Carlos Toledo Plata y un grupo de guerrilleros urbanos encabezados por Jaime Bateman Cayón, escindidos de las FARC, en 1974 conformaron…
p. 83
13Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 1231 cita
[14]organización integrada por algunos dirigentes expulsados de las FARC y del PCC que se unieron con cuadros radicalizados de ANAPO. 28 Inspirado en los Tupamaros de Montevideo, “el eme” alcanzó la cota máxima de popularidad de su breve historia en uno de los momentos de mayor impo- pularidad del sistema político y del…
p. 123
14Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Página 722 citas
[15]del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…
p. 72
[16]del país. Cuando el Partido Comunista empezaba a preparar su retorno con nombre propio a las lides electorales a principios de la década de 1970, un grupo de combatientes rasos de las FARC dejó la organización como resultado de la crisis de una guerrilla que no marchaba y la identificación con una alternativa…
p. 72
15Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Páginas 385, 5502 citas
[17]las consideraciones “tácticas” para vincularse a la ANAPO y la relación con las guerrillas rurales: “Un paso táctico consiste en ligarnos con las masas de la ANAPO, fortalecer la formación del frente legal, realizar acciones politicomilitares ligadas a las necesidades de las masas y a la lucha armada en general.…
p. 385
[32]y familiares de víctimas, dirigentes políticos y gente del común se han grabado; todo un rosario de análisis, conjeturas, informes, desinformaciones, acusaciones, versiones y tergiversaciones, unas muy ciertas, otras quedaron como verdades absolutas o verdades a medias, y las más, como mentiras completas. Se dice que…
p. 550
16More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 911 cita
[18]and slums. Some, among them the group's founder, Jaime Bateman Cayon, had begun their guerrilla ca- reers in the FARC. Bateman's memories of growing up in the shadow of United Fruit Company factories fed his rebellion. Colombians could not swim in company pools or shop in company stores, even as they harvested the…
p. 91
17Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Página 411 cita
[19]en Piedecuesta, otro en San Gil y tres en Bucaramanga. Entonces viajé a Cali. Todavía corría el año 1973. Allá se realizó la primera conferencia en la que yo participé. Asistimos unas veinti cinco personas. Constituimos la primera dirección del movimiento. La integraban Jaime Bateman, Iván Ospina, Alvaro Fayad, Hélmer…
p. 41
18Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 912 citas
[20]la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…
p. 91
[21]la sede de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. Esta estaba dirigida por Luis Otero y Andrés Almarales, miembros y fundadores del M-19 (El Tiempo, 1985c). La toma dejará sin vida 11 magistrados, adicionalmente a los magistrados titulares estaban los auxiliares de la Corte Suprema de Justicia y el…
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199 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · Páginas 149, 1792 citas
[22]lo que le dio toda la fortaleza a Uribe desde el año 2000 hasta hoy. Cuando Uribe recibió el país en el año 2000 estaba muy complicada la situación de orden público y la mejoró muchísimo en sus ocho años y ha vivido de esos réditos a lo largo de los años. El momento político que nos tocó a nosotros no era así, razón…
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[24]donde confluimos distintas vertientes ideológicas y políticas que algunos meses más tarde darían lugar a lo que el país conoció como el Movimiento 19 de Abril, M-19. El contexto local era de una fuerte agitación social en la región, originada en un cambio dramático en la producción de la sal, que desde siempre se…
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20Leer es resistirMario Mendoza · 2022 · Página 531 cita
[23]fue protagonista de una historia que da para un magnífico guion de un thriller cinematográfico. * En los años setenta surgió el grupo guerrillero M-19. El golpe con el cual se dio a conocer este movimiento fue el robo de la espada de Bolívar en enero de 1974. Hay que recordar que, a diferencia de las FARC, cuyo origen…
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21Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 2001 cita
[25]M -19 eran, de hecho, guerrillas urbanas comprometidas, no muy diferentes a los Tupamaros, de Uruguay o a los Montoneros, de Argentina. En Año Nuevo de 1979, habiendo construido un túnel secreto debajo de una base militar, se robaron más de cinco mil armas del Ejército colombiano. Un año después, se tomaron la…
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22Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · Páginas 91, 962 citas
[26]Si él comunicaba esa magia a través de la palabra escrita, ellos dos trataban de comunicarla mediante la palabra hablada. La oratoria fue, sin duda, una de las grandes fortalezas del M-19 en aquel entonces, cuando pudo salir de la ilegalidad en el año 84. Ninguno de los otros líderes del movimiento, ni Carlos Pizarra…
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[27]los que denominaban los bolcheviques. Había ingresado al M-19 desde su altura intelectual y compartíamos una tendencia a mez- clarnos con el pueblo, a no desligarnos de los más pobres. Los dos habíamos participado en la construcción de lo que lla- mábamos "milicias populares"; él en el barrio Siloé de Cali y en 95…
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23¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · Página 1671 cita
[28]se beneficiaron gue- rrilleros de las FARC, M -19, ELN, EPL, del PLA (Comando Pedro León Arboleda), de la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) y de la ADO (Autodefensa Obrera), que fueron excarcelados. El número de beneficiarios varía dependiendo de la fuente, sin embargo, en la mitad de su gobierno, Betancur,…
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24Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Páginas 108, 1122 citas
[29]misma época, habían aprobado las farc en su VII Conferencia cuando añadió un e p (Ejército del Pueblo) a su sigla tradicional. Sin embargo, como ya vimos, la ley de amnistía y el impulso de la Cumbre Política desubicaron a la cúpula del M-19 que no esperaba estas iniciativas provenientes de un gobierno conservador.…
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[30]al poder, una convicción que se vio reforzada con la entrada triunfal a Managua del f sl n en 1979. Bate- man no fue capaz de dar el paso, se quedó inmerso en sus dudas e incertidumbres, y no tuvo la suficiente confianza en su capacidad del liderazgo y en el impacto que una decisión de paz hubiera tenido en el resto…
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25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 811 cita
[31]que nunca nos hicieron. [...] Cuando yo salí de la cárcel mi papá me dijo: “Lo que pasó en ese tiempo no pasó”, y eso fue toda la atención psicosocial que yo recibí. [...] Y efectivamente yo de eso nunca volví a hablar porque mi papá pensaba que hablando de eso me ponía en riesgo» 218. El 24 de agosto de 1984 el M-19…
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26Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 841 cita
[33]a la fuerza las instalaciones del Palacio de Justicia en donde se encontraban las sedes de la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado. El grupo guerrillero buscaba someter al entonces Presidente de la República, Belisario Betan- cur Cuartas, a un juicio político por el incumplimiento de los compromisos de las…
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27Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 1292 citas
[34]del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…
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[35]del Congreso Nacional y a solo dos cuadras del palacio presidencial y, cuando tuvieran el control del edificio, acu- sar al presidente de Colombia de violar el acuerdo de cese al fuego firmado el año anterior. Después de lo que esperaban fuera una exitosa toma del Palacio de Justicia, los rebeldes planeaban,…
p. 129
28La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · Páginas 77, 1922 citas
[37]Presidente de la Corte y el Director de la Policía y entre éste y el Comandante guerrillero, fue escuchado, por el amplificador del teléfono, por todos los que estábamos en el Despacho Privado del Presidente. Quedamos muy preocupados por la gravedad de la situación y por el peligro que estaba corriendo la vida del…
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[38]de 2008, cuando se conoció la desaparición de numerosos jóvenes, en Soacha y en otros lugares del país, el Presidente señaló, excepcionalmente, la obligación de los uniformados de respetar los derechos humanos.. Enrique Parejo González 198 Ojalá puedan superarse los contratiempos que han hecho que no se haya recibido…
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29Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4581 cita
[39]en los hechos. Está comprobado que este último salió con vida del Palacio de Justicia, custodiado la impunidad como factor de persistencia del conflicto armado 459 por miembros de la fuerza pública y luego apareció asesinado 915. Dos miembros del M-19 también salieron con vida: uno reapareció muerto en el Palacio y la…
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30No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2071 cita
[40]Palacio de Justicia se perdieron casi cien vidas y se mancilló al poder judicial, en un acto que significó un suicidio político para el M-19, aunque esta guerrilla solo lo admitió como un error militar. A Belisario Betancur le costó el silencio perpetuo hasta su muerte en 2018. Finalmente, por la falta de suficientes…
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31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1201 cita
[41]eso fue con el tiempo. [...] A mí me metían allá y cuando me sacaban, me sacaban era en la camioneta esa a dar vueltas por la ciudad, no me llevaban a un sitio fijo y luego me devolvían otra vez a las cuevas de Sacromonte, otra vez me subían. [...]. Empeloto, sí, ¡colgado de los brazos, amarrado! Yo durante…
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32Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 471 cita
[42]personas en la Embajada de la República Dominicana en Colombia (1980) y, sobre todo, la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985. Un grupo guerrillero que, por todo lo anterior, va a ser severamente hostigado en los núcleos urbanos y obligado a retirarse a los emplazamientos del suroccidente colombiano,…
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