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Biografía

Victoria Sandino

Posconflicto

18 min de lectura30 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesCombatiente y comandante de las FARC-EP · Delegada plenipotenciaria de las FARC-EP en las negociaciones de paz de La Habana
Lugar principalColombia
Período históricoPosconflicto2016–presente
03

La biografía

Judith Simanca Herrera, conocida en la insurgencia y luego en la política legal como Victoria Sandino Palmera, es la mujer que mejor encarna el tránsito del enfoque de género desde las trincheras de las FARC-EP hasta el articulado de un acuerdo de paz y, después, hasta un escaño en el Senado de la República. Formada en una organización que catalogaba el feminismo como desviación pequeñoburguesa, terminó siendo la delegada guerrillera más visible en la subcomisión de género instalada en La Habana en 2014, la mesa que —con el empuje decisivo de las organizaciones civiles de mujeres— logró que el Acuerdo firmado en el Teatro Colón en noviembre de 2016 se convirtiera en el primer pacto de terminación de un conflicto armado del mundo con una perspectiva de género transversal. Su biografía es, por eso, algo más que la de una excombatiente reincorporada: es la bisagra de un proceso que traduce la lengua de la insurgencia a la lengua de la institucionalidad y que arrastra hasta el Congreso las contradicciones no resueltas de esa traducción.

02

Línea de vida

  1. 1990

    Incorporación a las FARC-EP

    Leer contexto

    Judith Simanca Herrera, oriunda del Caribe colombiano, se incorporó a las filas de las FARC-EP adoptando el alias Victoria Sandino Palmera, en un contexto generacional marcado por convicciones políticas y la percepción de inminencia revolucionaria. Ascendió a posiciones intermedias de mando dentro de una estructura donde las mujeres representaban cerca del 30% de los combatientes pero eran minoría en los mandos.

  2. 2013

    Participación en las negociaciones de La Habana y articulación con el movimiento feminista

    Leer contexto

    Sandino se integró al equipo de la delegación de las FARC-EP en La Habana como una de las voces femeninas más consistentes. En 2013, organizaciones civiles de mujeres convocaron una Cumbre Nacional de Mujeres y Paz con cerca de 700 participantes; la coordinación por Skype entre esas organizaciones y las mujeres de las FARC en Cuba contribuyó a reposicionar a Sandino y a sus compañeras, consideradas marginales al inicio del proceso, como interlocutoras activas en la mesa.

  3. 2014

    Instalación de la subcomisión de género

    Leer contexto

    En septiembre de 2014 se instaló formalmente la subcomisión de género, encargada de revisar transversalmente cada punto de la agenda negociadora para incorporar la perspectiva de género y los derechos de las mujeres y la población LGBTI. Sandino fue una de las delegadas centrales de las FARC-EP en ese espacio, junto a Sandra Ramírez, frente a representantes gubernamentales como María Paulina Riveros y Nigeria Rentería.

  4. 2016

    Firma del Acuerdo de Paz en el Teatro Colón

    Leer contexto

    El Acuerdo de Paz entre las FARC-EP y el gobierno de Juan Manuel Santos fue firmado en el Teatro Colón de Bogotá en noviembre de 2016, tras la renegociación que siguió al rechazo del plebiscito del 2 de octubre. El texto incorporó una perspectiva de género transversal considerada sin precedentes en procesos de paz mundiales, resultado directo del trabajo de la subcomisión en la que Sandino participó activamente.

  5. 2018

    Elección como senadora del partido Comunes

    Leer contexto

    Con la transformación de las FARC-EP en el partido Comunes y la asignación de diez curules en el Congreso para dos períodos consecutivos (2018-2022 y 2022-2026), Sandino ocupó una de las bancas del Senado en el primer período. Su labor legislativa se concentró en la vigilancia de la implementación del Acuerdo, especialmente del enfoque de género, la JEP y la situación de los excombatientes, en un contexto en que más de 300 exguerrilleros habían sido asesinados desde la firma del pacto.

La semblanza

Victoria Sandino es un personaje construido en cuatro tiempos. Primero, la joven caribeña que se incorpora a las filas de las FARC-EP en un período en que la guerrilla gozaba de una aureola victoriosa y una convicción de inminencia revolucionaria. Después, la comandante que asciende dentro de una estructura donde son pocas las mujeres que logran escalar posiciones de mando, pese a que ellas llegaron a representar cerca del 30% de los combatientes, frente a un porcentaje inferior al 20% en los años setenta. Más tarde, la plenipotenciaria que participa en la mesa de La Habana entre 2013 y 2016 y que, junto con otras delegadas, articula con la sociedad civil feminista la creación de una subcomisión de género sin precedentes. Y finalmente, la senadora de Comunes que ocupa una de las diez curules asignadas al nuevo partido para el período 2018-2022, encargada de vigilar en el Legislativo la implementación de lo pactado.

Su centralidad no proviene de un liderazgo militar espectacular ni de un peso previo en el Secretariado —el núcleo duro de mando lo integraban hombres como Iván Márquez, Pablo Catatumbo, Rodrigo Granda, Joaquín Gómez o Carlos Antonio Lozada—, sino del lugar peculiar que ocupó cuando las mujeres de las FARC en la mesa, consideradas marginales al inicio del proceso, encontraron en las redes feministas colombianas un interlocutor que las reposicionó. En ese cruce, Sandino se volvió indispensable.

Comprender su figura exige, además, aceptar de entrada una advertencia: ninguna de las lecturas fáciles que circulan sobre ella —heroína de la paz, comandante reciclada, feminista tardía— alcanza a describirla. Fue mando militar en una guerra prolongada, negociadora reconocida en un proceso internacional y, después, legisladora electa en el Congreso de un país en el que su firma antes valía como orden de captura. Cada uno de esos tiempos deja una capa de sentido que se superpone sobre las demás sin borrarlas.

De la Costa Caribe a la militancia armada

La biografía verificable de Judith Simanca antes de la insurgencia es escueta y coincide, en sus trazos gruesos, con la de otras jóvenes que se sumaron a las guerrillas colombianas entre los años ochenta y noventa. Provenía del Caribe colombiano, región donde las FARC-EP mantenían frentes en zonas rurales de los Montes de María y de los departamentos de Sucre, Bolívar y Córdoba, con presencia también en el sur de Bolívar y el Magdalena Medio. Adoptó, como era práctica común en la organización, un alias compuesto —Victoria Sandino Palmera— que evocaba referencias del sandinismo nicaragüense y de la iconografía revolucionaria latinoamericana, y que terminó imponiéndose sobre su nombre civil incluso después de la firma del Acuerdo.

Su vinculación se enmarca en un patrón generacional: jóvenes, hombres y mujeres, que ingresaron motivados por convicciones políticas y por la percepción de que la revolución era inevitable e inminente. Las mujeres de esa cohorte encontraron en las FARC una organización que sostenía —al menos en su discurso oficial— un principio de igualdad estatutaria entre hombres y mujeres, con un reconocimiento normativo y una práctica de convivencia entre compañeros y compañeras en igualdad de deberes y derechos. Ese discurso funcionaba como parte del adoctrinamiento ideológico y contrastaba con la casi total ausencia de un discurso equivalente en los grupos paramilitares, donde apenas cerca del 6% de los desmovilizados colectivamente entre 2003 y 2006 eran mujeres.

Sandino ascendió a posiciones intermedias de mando dentro de esa estructura. Su itinerario interno, propio de una organización clandestina, dejó pocas huellas verificables antes de La Habana; se sabe, sin embargo, que la ascensión de mujeres a puestos de responsabilidad militar era excepcional, y que quienes lo lograban tendían mayoritariamente a considerar los feminismos como ideologías burguesas o secundarias respecto a la confrontación de clases. Esa es la formación política que Sandino llevó consigo a la mesa de negociaciones, y la que, en los cuatro años siguientes, sería reconfigurada por el contacto con el movimiento feminista colombiano.

La contradicción es doble. Por un lado, una organización que se presentaba como igualitaria mantenía una jerarquía interna en la que las mujeres eran mayoría en la tropa y minoría en el mando. Por otro, ninguna de las mujeres que llegó al nivel medio del mando pareció haber articulado, mientras estuvo en armas, una crítica sistemática a esa asimetría. La disciplina interna la absorbía como parte de la condición insurgente, y no del problema. Ese es el bagaje con el que Sandino entra a Cuba.

La Habana, 2013-2016

El proceso de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP tuvo su germen en contactos exploratorios celebrados en julio de 2011 en la isla de Orchila, en Venezuela, con Cuba, Venezuela y Noruega como garantes internacionales. Las FARC-EP designaron a Mauricio Jaramillo, alias el Médico, y a Rodrigo Londoño, Timochenko, como plenipotenciarios en la fase reservada, que culminó con la firma, el 26 de agosto de 2012, del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. Ese documento fijó la agenda de seis puntos que estructuró toda la negociación. El 15 de octubre de 2012 se anunció el inicio formal de los diálogos en Noruega, antes del traslado a La Habana como sede principal.

Sandino no aparece en la primera línea de negociadores más publicitados —Iván Márquez, Jesús Santrich, Andrés París, Marcos Calarcá, Joaquín Gómez, Pastor Alape, Carlos Antonio Lozada, Pablo Catatumbo, Rodrigo Granda—, pero su nombre gana relieve conforme Timochenko implementa la estrategia de involucrar a decenas de jefes guerrilleros de distintas zonas del país en subcomisiones y equipos de apoyo, rotándolos entre las selvas colombianas y La Habana. En ese sistema, Sandino se convirtió en una de las voces femeninas más consistentes de la delegación insurgente.

El giro decisivo llegó en 2013, cuando organizaciones de mujeres colombianas convocaron una Cumbre Nacional de Mujeres y Paz a la que asistieron aproximadamente 700 participantes, con el propósito explícito de incidir sobre el proceso de La Habana. Las mujeres de esas organizaciones establecieron contacto con las mujeres de las FARC en Cuba a través de conversaciones por Skype, dado que las guerrilleras estaban confinadas en la sede de negociación y no podían participar de forma presencial en los encuentros civiles. Entre esas organizaciones estaba la Ruta Pacífica de las Mujeres. También Casa de la Mujer, Redepaz, Viva la Ciudadanía y Rodeemos el Diálogo. Cada una con su historia, su capital político y su vínculo particular con territorios afectados por la guerra.

Esa coordinación contribuyó a un hecho sin precedente en ningún otro proceso de paz: la creación de una plenaria permanente de mujeres plenipotenciarias, con representantes tanto del gobierno como de las FARC. El gobierno delegó allí a figuras como María Paulina Riveros y Nigeria Rentería; las FARC, a Sandino y a otras combatientes, entre ellas Griselda Lobo Silva, conocida como Sandra Ramírez, compañera histórica de Manuel Marulanda. Poco después, en septiembre de 2014, se instaló formalmente una subcomisión de género, encargada de revisar con lupa cada punto de la agenda para incorporar transversalmente la perspectiva de género y los derechos de las mujeres y de la población LGBTI.

Sandino se volvió allí una interlocutora central. La subcomisión trabajó sobre los borradores parciales de los cinco primeros puntos de la agenda —desarrollo rural integral, participación política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas y víctimas— y sostuvo audiencias con organizaciones de mujeres, con víctimas y con expertas internacionales. La participación de las mujeres de las FARC, que al comienzo del proceso había sido percibida como marginal, se convirtió por esa vía en un componente activo del andamiaje negociador. La agencia decisiva no vino de arriba —del discurso oficial igualitarista de las FARC— sino de abajo: fueron las 700 mujeres de la Cumbre de 2013 y las redes civiles quienes, con presión sostenida, forzaron el espacio; las guerrilleras, incluida Sandino, se reposicionaron dentro de esa presión externa y la tradujeron hacia la mesa. La biografía política de Victoria Sandino no explica el enfoque de género del Acuerdo: es el enfoque de género del Acuerdo el que reordena su biografía política.

Ese trabajo cristalizó en el texto firmado inicialmente el 26 de septiembre de 2016 en Cartagena y, tras el rechazo del plebiscito del 2 de octubre —que en el Eje cafetero alcanzó márgenes especialmente altos: 60,13% de No en Quindío, 57,9% en Caldas y 55,69% en Risaralda—, en el Acuerdo renegociado y firmado en el Teatro Colón de Bogotá en noviembre de ese mismo año. La renegociación de finales de 2016 incorporó objeciones de sectores opositores encabezados por partidos afines al expresidente Álvaro Uribe y por gremios rurales, que exigían sanciones más severas para los jefes guerrilleros. Fue también en esa fase cuando la llamada "ideología de género" se convirtió en munición de campaña. Reflexiones personales del jefe negociador del gobierno, Humberto de la Calle, distinguidas expresamente del discurso oficial de la delegación, fueron utilizadas y deformadas durante el plebiscito; el propio De la Calle reconocería después que, aunque su distinción fue clara, esas reflexiones pudieron haber sido inoportunas dado el uso que sectores conservadores hicieron de ellas. La derrota del Sí y el papel de esa ofensiva antigénero marcaron para siempre la manera en que el enfoque construido por Sandino y las plenipotenciarias sería debatido en la política colombiana.

La red: quienes rodean su trayectoria

Ninguna figura de La Habana existe sola. La red de Sandino se organiza en tres círculos concéntricos.

El primero es el de la comandancia de las FARC-EP: Timochenko como comandante en jefe tras la muerte de Alfonso Cano en noviembre de 2011; Iván Márquez como jefe de la delegación negociadora; y los demás miembros del equipo insurgente en La Habana —Santrich, París, el Médico, Granda, Calarcá, Joaquín Gómez, Alape, Lozada, Catatumbo—. Entre las mujeres de la delegación, Sandra Ramírez es la referencia histórica; Sandino aporta a ese círculo la interlocución con el movimiento feminista, un capital que las mujeres de la comandancia clásica no tenían.

El segundo círculo es el del movimiento social de mujeres colombianas. La Ruta Pacífica de las Mujeres se creó en un encuentro en Mutatá, Urabá, en el contexto de las movilizaciones de mediados de los noventa. La impulsaron, en parte, mujeres del Putumayo que habían asistido en 1995 a la Conferencia de Beijing. Aportó al proceso la experiencia acumulada de una organización con discurso de neutralidad, no violencia y antimilitarismo, posición que a finales de los noventa la había enfrentado tanto con las FARC como con los paramilitares que llegaban a esas regiones. A ella se sumaron Casa de la Mujer, Redepaz y la Red Nacional de Mujeres —nacida del cabildeo con los constituyentes de 1990-1991—, junto a otras organizaciones ampliamente articuladas al proceso, en algunos casos con políticos propaz como Ernesto Samper, Iván Cepeda y Ángela María Robledo. Ese entramado externo fue la contraparte con la que Sandino terminó dialogando. Que una comandante de una organización que había desdeñado al feminismo como ideología burguesa se convirtiera en su contraparte técnica en la mesa es la paradoja fundacional de su figura pública.

El tercer círculo es el de la contraparte gubernamental: Humberto de la Calle como jefe negociador, Sergio Jaramillo como alto comisionado para la paz, y en las mesas de género María Paulina Riveros y Nigeria Rentería. La relación con estas dos últimas, y con las expertas internacionales que asistieron a la subcomisión, tejió una interlocución que sobrevivió a la propia negociación y que reaparecería en las labores de implementación.

De la selva al Senado: la reincorporación política

La firma del Acuerdo abrió para Sandino una nueva vida. Las FARC-EP se transformaron en el partido Comunes, y una norma implementada en 2018, derivada del propio Acuerdo, otorgó a esa colectividad diez curules en el Congreso durante dos períodos consecutivos —2018-2022 y 2022-2026—, incrementando temporalmente el tamaño del Legislativo. Sandino ocupó una de esas curules en el Senado en el primer período, junto a otros excomandantes reincorporados. La composición del bloque parlamentario reflejó el pulso interno de la organización por dar visibilidad a mujeres reincorporadas: Sandra Ramírez y Victoria Sandino fueron sus rostros más reconocibles en el Capitolio.

Su labor legislativa se concentró en la vigilancia de la implementación del Acuerdo y, muy en particular, del enfoque de género que ella misma había ayudado a construir. Participó en debates sobre el Estatuto de la Oposición —sancionado como Ley 1909 de 2018, en respuesta también al Acuerdo aunque no exclusivamente—, sobre el funcionamiento del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, y sobre la protección de líderes sociales y firmantes de paz en un contexto adverso.

Ese contexto adverso es imposible de eludir. Desde la firma del Acuerdo hasta aproximadamente 2021 fueron asesinados más de 300 excombatientes de las FARC-EP —cifra que algunas fuentes elevan a 355 en cinco años—. El deterioro de la seguridad, junto con la lentitud en la implementación y los incumplimientos parciales del Estado, forzaron al exilio a un número creciente de firmantes. El propio proceso de reincorporación se organizó en 24 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación —los ETCR, herederos de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización— pensados como plataformas de tránsito a la vida civil, muchos de ellos en zonas rurales aisladas. Sandino recorrió varios de esos espacios y llevó al Senado la voz de las excombatientes que allí enfrentaban, además de los riesgos generales, las condiciones específicas de la maternidad, la salud sexual y reproductiva y la reintegración laboral en entornos que no siempre reconocían su trayectoria política.

La cuestión de la maternidad ilustra bien el desfase entre el papel y el terreno. En la vida guerrillera, la maternidad había sido, en muchos casos, incompatible con la operación militar y con la disciplina de campamento; en el posacuerdo, las excombatientes que decidieron ser madres se encontraron con un sistema de salud, un mercado laboral y unas redes de cuidado que no habían sido pensados para ellas. Sandino trasladó al debate público esa asimetría, con la insistencia de quien sabe que la implementación de un acuerdo se juega tanto en el articulado como en el consultorio, el jardín infantil y la oficina de contratación.

En paralelo, defendió públicamente la actuación de la Jurisdicción Especial para la Paz. La JEP, junto con la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, integra el Sistema Integral pactado en La Habana. Tiene como base normativa el Acto Legislativo 01 de 2017 y opera con un Tribunal para la Paz compuesto por 20 magistrados y 4 amicus curiae. En el proceso de sometimiento, las FARC-EP entregaron una cifra final de 3.015 detenidos reconocidos como miembros de la organización al momento de la firma. La CEV, por su parte, publicó su informe final bajo el título Hay futuro si hay verdad, tras años de recolección extrajudicial de testimonios. Tanto la JEP como la CEV han sido severamente criticadas desde posiciones ideológicas de derecha, y Sandino se convirtió en una de sus defensoras más constantes en el debate público, ella misma como compareciente ante la Jurisdicción por su condición de excomandante de las FARC-EP.

Esa doble condición —senadora que defiende el sistema y compareciente sometida a él— es una de las particularidades más incómodas de su figura. La habilita para hablar con conocimiento del funcionamiento interno del andamiaje transicional, pero la expone también a la sospecha permanente de estar defendiendo un tribunal ante el cual ella misma responde. Sandino ha convertido esa incomodidad en argumento: no se puede pedir a los firmantes de un acuerdo que sostengan en público un sistema del que en privado esperan indulgencia. Es la posición institucional la que la obliga a comparecer, y es la posición política la que le obliga a defenderlo aun cuando la afecte.

El enfoque de género, entre el papel y la política real

La incorporación del enfoque de género en el Acuerdo tuvo un impacto notable sobre la propia gramática del proceso, pero su implementación posterior ha sido desigual.

Por un lado, el Acuerdo abrió un espacio institucional inédito para nombrar y combatir violencias sexuales, garantizar acceso de mujeres rurales a la tierra, promover su participación política e incluir de manera explícita a la población LGBTI. La plenaria permanente de mujeres y la subcomisión de género fueron piezas técnicas cuya influencia atravesó los cinco primeros puntos de la agenda. Por otro lado, la reacción antigénero durante la campaña del plebiscito mostró la fragilidad política de esa arquitectura: el enfoque fue caricaturizado, y parte del articulado terminó recibiendo un tratamiento más discursivo que estructural en la fase de implementación.

La biografía de Sandino ilustra una tensión que el propio material histórico no permite —ni debe— disolver. Formada en una cultura política que catalogaba el feminismo como desviación pequeñoburguesa, su adopción del enfoque de género en La Habana puede leerse en dos claves complementarias. En la primera, es una conversión política genuina, forjada en el diálogo sostenido con las organizaciones civiles y en la constatación práctica de que la retórica igualitarista interna de las FARC —el discurso oficial de deberes y derechos idénticos— no había impedido que fueran pocas las mujeres en posiciones de mando. En la segunda, es un pragmatismo de mesa: la delegación necesitaba una voz femenina insurgente creíble, y Sandino la proveyó, sin que ese giro implicara una autocrítica pública de la organización sobre las prácticas internas de subordinación femenina. Ambas claves operan sobre su figura sin que ninguna la agote.

Esa ambigüedad se prolonga en su paso al Senado. La mayor presencia de mujeres en política no garantiza por sí sola una agenda transformadora: el patriarcado puede capitalizar logros parciales, como la paridad, sin que las mujeres representantes se conviertan en sujetos incómodos para el orden establecido. Sandino ha sido, sin duda, un sujeto incómodo en muchos debates —sobre la JEP, sobre la protección a firmantes, sobre las violencias sexuales en el conflicto—; pero su labor legislativa se despliega dentro de un partido, Comunes, que no ha producido de manera pública un ajuste de cuentas con las asimetrías de género de su propio pasado insurgente, y dentro de un sistema político que ha absorbido el lenguaje del enfoque de género sin necesariamente transformar sus estructuras.

Excombatiente y feminista: una identidad tensa

Sandino ha reivindicado su identidad de mujer excombatiente en términos que reflejan la complejidad de la experiencia. Las mujeres excombatientes son frecuentemente leídas en extremos simplistas —víctimas o victimarias— sin reconocer los matices de sus trayectorias y roles, y a ellas se les interroga sobre su feminidad y su identidad insurgente de un modo que no se les plantea a los hombres respecto de su masculinidad. Ese doble filo aparece en sus intervenciones públicas como una tensión política: ella se presenta al mismo tiempo como comandante formada en una guerra y como sujeto feminista contemporáneo, sin renegar de ninguna de las dos experiencias.

Ha llevado esa doble condición a un terreno que las guerrilleras de generaciones anteriores rara vez transitaron. La Corriente de Renovación Socialista —disidencia del ELN que pactó su reincorporación a la legalidad en los años noventa— fue la excepción que en su tránsito articuló un discurso explícito sobre la subordinación femenina. Sandino, sin haber pertenecido a esa corriente, ha llevado esa conversación al espacio de una excomandancia de las FARC que históricamente no la produjo, y lo ha hecho desde dentro, sin la protección de haber sido siempre disidente.

Esa posición tiene un costo. Frente a los sectores más ortodoxos de su antigua organización, aparece como demasiado permeable a las agendas civiles. Frente a algunos sectores del feminismo colombiano, arrastra la sospecha de haber pertenecido a una guerrilla que reclutó a menores, que aplicó violencias sexuales documentadas contra combatientes y no combatientes, y que sostuvo estructuras verticales incompatibles con la horizontalidad que el feminismo predica. Sandino ha optado por no evadir ninguna de las dos objeciones: reconoce la asimetría histórica interna de las FARC y defiende, a la vez, la legitimidad política de la insurgencia en la que se formó. Es una posición delicada de sostener, y explica que gran parte de su trabajo público consista, precisamente, en administrar esa tensión sin cerrarla.

La huella

Es temprano para escribir el epílogo. Sandino sigue siendo una figura política activa, y el marco del Acuerdo cuyo enfoque de género ella ayudó a inscribir continúa en implementación bajo tensiones considerables. Aun así, algunos rasgos de su huella pueden trazarse con firmeza.

Primero, la subcomisión de género de La Habana. Con todas sus limitaciones y con la impronta decisiva de las redes civiles, quedó incorporada como referencia técnica en los procesos de paz internacionales. Ningún acuerdo posterior podrá desconocerla; en Colombia, se ha convertido en un piso mínimo bajo el cual futuras negociaciones —con el ELN, con disidencias, con grupos herederos de los paramilitares— serán medidas.

Segundo, la visibilización de mujeres reincorporadas en política. Que Sandino y Sandra Ramírez ocuparan escaños del bloque de Comunes fijó una imagen pública que rompió la asociación exclusiva de la excomandancia con figuras masculinas. Esa imagen, con todas las paradojas que arrastra, forma parte del paisaje del posacuerdo.

Tercero, la persistente cuestión de si el enfoque de género firmado en 2016 sobrevivirá como estructura o se disolverá como retórica. Sandino ha sido, en el Senado y fuera de él, una operadora empeñada en la primera opción. Los datos del entorno son ambivalentes: más del 90% de quienes se desmovilizaron y entregaron sus armas continuaron en el proceso de paz, sin que las FARC en su integridad retomaran las armas; pero los grupos herederos de los paramilitares, el ELN y las disidencias de las FARC —aunque aún pequeños, con poco poder de fuego y sin un relato nacional creíble para reclutar— configuran el riesgo de un tercer ciclo de violencia.

Cuarto, la contradicción no resuelta. Victoria Sandino es a la vez producto y límite del giro de género en La Habana. Su biografía prueba que la alianza táctica entre guerrilleras marginales en la mesa y feministas civiles fue capaz de inscribir el enfoque de género en un acuerdo de paz sin precedente. Pero también prueba que traducir ese enfoque desde la insurgencia hasta la institucionalidad no resuelve —y puede incluso cristalizar— la contradicción entre el discurso de igualdad y las estructuras que lo contienen. Esa contradicción, que atraviesa a las FARC históricas, a Comunes y al propio Congreso, es hoy parte del inventario político colombiano. Y Sandino, con nombre de alias y silla en el Capitolio, es una de sus lectoras más informadas, precisamente porque la ha vivido desde adentro en cada una de sus formas.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 31 fragmentos
01Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · Página 561 cita
[1]

de sus pue- blos y se reagruparon en el sur del Tolima. COMPOSICIÓN DE CLASE Y DE GÉNERO DE LAS FARC Los comandantes de las FARC de ese entonces eran Manuel Maru- landa Vélez,Jacobo Arenas, Rigoberto Lozada (Joselo), Carmelo López, Rogelio Díaz,José de Jesús Rivas (Cartagena) y Ciro Trujillo. Todos eran de origen…

p. 56
02Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · Página 3171 cita
[2]

F ARC estaría compuesto de mujeres. Sin embargo, son pocas las que logran escalar posiciones dentro de las estructuras militares, y cuando lo hacen, consideran, por lo general, que los feminismos son ideologías burguesas o por lo menos secundarias respecto a la confrontación de clases. Excepcionalmente, la Corriente…

p. 317
03La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · Página 1611 cita
[3]

lo que lo hicie- ron los grupos paramilitares. Según el Observatorio de Desarme, Desmovilización y Reintegración de la Universidad Nacional de Co- lombia, aproximadamente solo el 6 por ciento de las personas des- movilizadas colectivamente por grupos paramilitares entre 2003 y 2006 eran mujeres (Observatorio de…

p. 161
04Mujeres e insurrección en Colombia: Reconfiguración de la identidad femenina en la guerrillaMaría Eugenia Ibarra Meló · 2009 · Página 1121 cita
[4]

u n supuesto hecho histórico, la inexo rabilidad de la victoria. C o n esa claridad en los planteam ientos, incluso se apostó una fecha para el triunfo de la revolución, lo que precipitó e increm en tó el ingreso de hom bres y m ujeres a las guerrillas. Recuerdan que en el m o m ento de iniciar su militancia, la…

p. 112
05Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · Página 451 cita
[5]

del bloque más numeroso de las F A R C (septiembre de 2010) y el máximo comandante (noviembre del 2011). Las gestiones continuaron y a principios de 2012 se inició una fase exploratoria que se prolongaría durante seis meses hasta que, el 26 de agosto, se dio a conocer el documento conjunto Acuerdo general para la…

p. 45
06Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 1201 cita
[6]

Jurídico para la Paz, el Gobierno de Juan Manuel Santos ini- ció nuevamente un proceso de diálogos de paz con las FARC que se plasmó en el Acuerdo General para la Terminación del Conflic- to y la Construcción de una Paz Estable y Duradera 161. A partir de la suscripción de dicho acuerdo que contempla una agenda de…

p. 120
07Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 651 cita
[7]

mundo. El Consejo está integrado por cinco miembros permanentes: China, Francia, Federación Rusa, Reino Unido y Estados Unidos.Y por 10 no permanentes: Angola, Egipto, España, Japón, Malasia, Nueva Zelandia, Senegal, Ucrania, Uruguay, y Venezuela. El día 27, los 33 gobiernos de la Comunidad de Estados Latinoamericanos…

p. 65
08Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 8381 cita
[8]

que la zona de concentración que nos están ofreciendo son cárceles a cielo abierto y de seguro nadie querría entrar en estas trampas” 953. Ante esta primera expresión pública de inconformidad, Santos respondió, desde San José del Guaviare, advirtiendo que, de no desmovilizarse, serían “fuertemente combatidos” por las…

p. 838
09La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Páginas 229, 2842 citas
[9]

Farc, incluidos casi todos los miembros del secretariado, cumplieron el papel de negociadores en la mesa. Los más determinantes en la negociación —además de Márquez y Santrich— fueron Mauricio Jaramillo, alias el Médico; Rodrigo Granda; Andrés París y Marcos Calarcá, que habían participado en la fase secreta, así como…

p. 284
[10]

desplazarían a Cuba los representantes de las Farc— se realizaron en julio de 2011 en la isla de Orchila, en el Caribe venezolano, donde hay una base naval y una casa que el presidente Chávez usaba como residencia presidencial alterna. En esa casa se hicieron las reuniones, en las que comenzaron a participar, además…

p. 229
10Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · Página 1431 cita
[11]

… it would be terrible if social organizations and women are not part of the negotiation …. So we changed our agenda: we are going to have some involvement in this process. In 2013, we organized a women’s conference to talk about the peace process … 700 women working for peace in Colombia gathered … We knew we needed…

p. 143
11Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 2211 cita
[12]

tarea de las mujeres en la preparación de sus núcleos sociales para la autogestión de la reconciliación, para la conservación de la memoria de los hechos de terror, como también de las tradiciones y arraigo cultural de sus pueblos. Han sido líderes indispensables en los procesos organizativos ante la terca…

p. 221
12The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · Página 2831 cita
[13]

to find someone with a greater, more authentic commitment to Colombia.” 39. Interview February 28, 2018. 40. Interview October 5, 2017. 41. Parody then lost leverage with the gender ideology scandal. 42. Interview July 24, 2018. 43. Interview January 23, 2017. 44. Interview June 5, 2018. 45. “Todos por la paz,”…

p. 283
13La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2001 cita
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poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…

p. 200
14Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2841 cita
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sostenidos durante dos a ñ os con recursos p ú blicos, as í como a que las farc siguieran present á ndose ante la opini ó n, con algo de prepotencia, como un movimiento que hizo una guerra justa, que era la respuesta inevitable a la opresi ó n del sistema, lo que justificaba que las v í ctimas de estas d é cadas de…

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15Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 4141 cita
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más incluidos en la democracia. La reforma política y la reforma electoral, y las normas que abren el espacio para una reforma rural integral y un régimen de tierras más justo, están por aprobarse, y se deben aprobar. O sea que ahí hay una hoja de ruta avanzada para el nuevo gobierno, a la que habría que añadirle la…

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16Elecciones presidenciales y legislativas en Colombia en 2022Juan Carlos Escobar, Bibiana Ortega, Laura Wills-Otero · 2023 · Página 161 cita
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aumenta el tamaño del Congreso temporalmente, se suma a otra que se implementó en 2018, que tam- bién incrementó el tamaño de la institución, al otorgarle, durante dos periodos consecutivos (2018-2022 y 2022-2026), diez curules a Comunes, partido que resultó de la desmovilización, desarme y reintegración a la sociedad…

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17Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · Página 871 cita
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decisiones e implementación de los múltiples pro- gramas prometidos. Los borradores de La Habana parecen presagiar una conversión de las FARC en un movimiento político y social rural, no propiamente en un partido político tradicional. Estructura y diná- mica que no parece apostarle mucho al fortalecimiento de las…

p. 87
18Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · Página 871 cita
[19]

decisiones e implementación de los múltiples pro- gramas prometidos. Los borradores de La Habana parecen presagiar una conversión de las FARC en un movimiento político y social rural, no propiamente en un partido político tradicional. Estructura y diná- mica que no parece apostarle mucho al fortalecimiento de las…

p. 87
19JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020.htmlPágina 11 cita
[20]

JEP - Patricia Linares y los logros del Sistema Integral en 2020 Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/Destacan-logros-del-Sistema-Integral-de-Verdad%2C-Justicia%2C-Reparaci%C3%B3n-y-no-Repetici%C3%B3n-de-Colombia.aspx Fecha de consulta: 2026-08-10.…

p. 1
20Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2781 cita
[21]

Truth, Coexistence, and No- Repetition, on a temporary and extrajudicial basis, as part of the Comprehensive System of Truth, Jus- tice, Reparations, and No- Repetition—representing the significant institu- tional framework that took shape from the Peace Agreement. In this sense, in addition to the Commission for the…

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21Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4401 cita
[22]

Acuerdo de paz con las FARC-EP, de la competencia de la Jurisdicción especial para la Paz (JEP). Cuando se firmó el Acuerdo de Paz con las FARC-EP, la cifra de detenidos de esa organización finalmente reconocidos fue de 3.015 personas, por lo que la persecución de esos hechos en los casos de la guerrilla sí mostraba…

p. 440
22JEP - La JEP actuará con pleno rigor - declaración de Patricia Linares.htmlPágina 11 cita
[23]

JEP - La JEP actuará con pleno rigor - declaración de Patricia Linares Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/Comunicado-No.15.-La-JEP-actuar%C3%A1-con-pleno-rigor.aspx Fecha de consulta: 2026-08-10. Contenido de la página Comunicado No.15 La JEP…

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23JEP - Tribunal Especial para la Paz - perfil de Patricia Linares Prieto.htmlPágina 11 cita
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JEP - Tribunal Especial para la Paz - perfil de Patricia Linares Prieto Fuente oficial: Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). URL: https://www.jep.gov.co/JEP/Paginas/Tribunal-Especial-para-la-Paz.aspx/1000 Fecha de consulta: 2026-08-10. Contenido de la página…

p. 1
24Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3821 cita
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fa r c al parecer lograron evitar un reciclamiento significativo de miembros de su movimiento en redes criminales317 y no se produjo ninguna disidencia de carácter político, no lograron que el e l n participara de manera conjunta en las negociaciones o, al menos, en negociaciones paralelas. En el caso del equipo…

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25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 1401 cita
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de falsos positivos». presentación 141 Posacuerdo: transición y riesgos de una paz inestable (2017—2022) 142 fiflćflff fl. fifl E l 2 de octubre del 2016, tras una semana de haberse firmado el Acuerdo de Paz con las FARC-EP en Cartagena, el plebiscito en el que se le preguntó a la ciudadanía «¿apoya usted el Acuerdo…

p. 140
26¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · Página 281 cita
[27]

está en guerra (analizo esto más sistemáticamente en el capítulo II). Los grupos que quedan —herederos de los paramilitares, ELN y disidencias de las FARC — simplemente son todavía muy chiquitos y tienen muy poco poder de fuego. Además, carecen de un relato nacional creíble que les permita hacer política, conseguir…

p. 28
27Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1081 cita
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Por qué a los hombres no se les cuestiona o no se le s pregunta por lo masculino y lo insurgente, o sea, qué significa ser hombre en la insurgencia, o por lo menos yo no lo he visto [...]» 308. La realidad es que ambas situaciones han sido parte de las experiencias de las mujeres excombatientes. Parece difíci l salir…

p. 108
28Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · Página 1141 cita
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Después de ir en 1995 a Beijing e insertarse en las redes de mujeres a nivel nacional e internacional, participan en las marchas cocaleras de 1996. Ade- más, estas mujeres con la Asociación de Mujeres de Puerto Cai- cedo (ASMUN), van a un encuentro en Mutatá (Urabá) donde se crea La Ruta Pacífica de Mujeres, en…

p. 114
29Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · Página 2791 cita
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Esto ha oscurecido la riqueza y complejidad de nuestros movimientos, disminuyendo su importancia, sin brin- dar atención a los puntos en común, creando divisiones, dificul- tando alianzas y estigmatizando el término "feminista". Por otra parte, hay que tener en cuenta que en los movimien- tos existen transformaciones…

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30Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 1661 cita
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- jeres representantes de las élites políticas hay un evidente trabajo de los varones sobre las agendas que ellas lideran, sus partidos y sobre ellas mismas. En los últimos años ha circulado la idea de la equidad de género como parte de sus discursos, capitalizando una parte de los logros de las mujeres, por ejemplo,…

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