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Ensayo · La Violencia · 1946–1957

La amnistía de Rojas Pinilla de 1953 y las paces incompletas de Colombia

En seis semanas de 1953, más de tres mil guerrilleros liberales entregaron las armas a Rojas Pinilla; dos años después, la aviación del mismo régimen bombardeaba Villarrica. La pregunta es si ese ciclo inauguró una gramática estructural de paces sin reforma que Colombia ha repetido en 1984, 1991 y 2016, o si fue el desenlace contingente de una dictadura militar sin proyecto agrario.

15 min de lectura3.229 palabras41 documentos58 fragmentos
La amnistía de Rojas Pinilla de 1953 y las paces incompletas de Colombia
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La amnistía de 1953 no fue un fracaso contingente ni un designio maquiavélico, sino la expresión inaugural de una gramática institucional que Colombia repetiría con variaciones: el Estado firma la desmovilización sin firmar la reforma, las élites terratenientes vetan la redistribución desde adentro del aparato encargado de ejecutarla, y sectores del poder eliminan selectivamente a los reincorporados que aspiran a hacer política legal. Esa tríada —desmovilización sin reforma, veto agrario, violencia contra reincorporados— constituye la matriz. Sin embargo, la matriz tiene un reverso que la lectura del incumplimiento estatal suele ocultar: los actores insurgentes más organizados aprendieron desde 1953 a no confiar en el pacto —Varela guardó armas, Marulanda nunca entregó nada—, y esa desconfianza estructural se realimenta con el incumplimiento estatal, haciendo del colapso (Villarrica, 1955; aniquilamiento de la UP, 1986-1990) el momento en que la doble asimetría se convierte en violencia abierta.

La tensión

La primera lectura, asociada a Gonzalo Sánchez y a la Comisión de la Verdad, sostiene que el incumplimiento fue estructural: el régimen concibió la amnistía como operación militar, no como pacto político; SENDAS y el ICI fueron paternalismo asistencial que sustituyó la reforma agraria; la detención de Rafael Rangel pese a la promesa escrita de libertad y el asesinato de Guadalupe Salcedo en 1957 no son excepciones sino la regla; y la línea genealógica de Los Treinta a las FARC —pasando por Villarrica— es continuidad orgánica, no coincidencia. La segunda lectura es más cauta: señala que la fractura entre guerrillas Limpias y Comunes data de finales de 1951 y que la Conferencia Boyacá de agosto de 1952 selló el rompimiento antes del golpe de Rojas; que los grupos comunistas del Sumapaz nunca aceptaron plenamente los términos del 53; y que Villarrica fue colisión anunciada entre un Estado sin proyecto agrario y unos actores que se replegaban con las armas puestas, no traición sobrevenida. El debate decide si la historia de los procesos de paz colombianos es una serie de errores repetidos o una estructura que reproduce sus efectos con independencia de los actores y las coyunturas.

Temas
Reforma agraria y conflicto por la tierra en ColombiaProcesos de paz y DDR (desarme, desmovilización, reintegración) en ColombiaOrigen de las FARC y continuidad de la resistencia armada campesinaViolencia bipartidista, bandolerismo y transición al conflicto armado modernoFrente Nacional, impunidad estructural y garantías de no repetición
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Ensayo completo

La lectura

¿Fue la amnistía de Rojas Pinilla de 1953 el molde de todas las paces incompletas que vinieron después?

El 13 de junio de 1953, el teniente general Gustavo Rojas Pinilla derrocó a Laureano Gómez y, casi enseguida, ordenó lanzar desde aviones de la Fuerza Aérea panfletos firmados por su ministro de guerra, el general Alfredo Duarte Blum, sobre los Llanos, Antioquia y Tolima: garantías a los alzados en armas si deponían las armas. En seis semanas rindieron los fusiles 3.220 guerrilleros —incluida una contraguerrilla conservadora—; en octubre, Juan de la Cruz Varela hizo lo propio en el Sumapaz. Dos años después, la aviación del mismo régimen bombardeaba Villarrica con bombas incendiarias.

Entre una escena y otra caben todos los problemas que la historiografía colombiana ha llamado, con eufemismo o con crudeza, "el fracaso del proceso del 53": la muerte de Guadalupe Salcedo en 1957, la degradación de una parte de la insurgencia liberal en bandolerismo, la persistencia de las autodefensas comunistas del Sumapaz y del sur del Tolima, y, once años más tarde, la fundación de las FARC. Y de ahí la pregunta: ¿aquellos veinticuatro meses inauguraron una matriz —un modo colombiano de firmar la paz sin hacerla— que reaparece en 1984, en 1990, en 2016? ¿O fueron, más modestamente, el desenlace contingente de una dictadura militar con prisa por pacificar?

Por qué importa la respuesta

De ella depende cómo se lee la historia larga del conflicto colombiano. Si 1953 fue accidente, cada proceso posterior es su propia historia: Betancur fracasó por razones de Betancur, el Caguán colapsó por razones del Caguán, La Habana se implementa mal por razones de La Habana. Si 1953 fue matriz, hay una gramática que atraviesa siete décadas y que ningún gobierno ha desarmado: el Estado ofrece pacificación sin reforma, las élites bloquean la redistribución, sectores armados del propio Estado o afines a él eliminan a los reincorporados, y el ciclo se cierra —o se reabre— con una insurgencia nueva o rearmada.

Responderla exige salir de la analogía sugerente y trabajar la evidencia del caso primario: qué firmó Rojas, qué entregaron los guerrilleros, qué prometió el Estado y qué —punto por punto— dejó de cumplir.

Los términos del debate

Hay dos lecturas fuertes en pugna. La primera sostiene que el incumplimiento de 1953 fue estructural: el régimen concibió la amnistía como operación militar, no como pacto político; SENDAS y el Instituto de Colonización e Inmigración (ICI) fueron paternalismo asistencial que sustituyó la reforma agraria; el asesinato de Salcedo en 1957 y la persecución a Rafael Rangel, detenido pese a la promesa escrita de libertad inmediata y recluido primero en Bucaramanga y luego en el Batallón Caldas de Fontibón, no son excepciones sino la regla. En esta lectura, 1953 fija el patrón: desmovilizar sin transformar, capitalizar la entrega y luego dejar morir —literal y políticamente— a los que la aceptaron. Betancur, La Uribe, la Alianza Democrática M-19, La Habana: variaciones del mismo tema.

La segunda lectura es más cauta. Observa que la fractura entre guerrillas Limpias (liberales) y Comunes (comunistas) es de finales de 1951, muy anterior al golpe de Rojas; que la Conferencia Boyacá de agosto de 1952 selló el rompimiento definitivo; que los grupos comunistas del Sumapaz y del sur del Tolima nunca aceptaron plenamente los términos del 53 —Varela entregó hombres pero guardó armas, Manuel Marulanda y Jacobo Prías Alape (Charro Negro) organizaron Los Treinta como comando clandestino en Gaitania y San Miguel—; y que, por tanto, la guerra de Villarrica en 1955 no fue traición sobrevenida sino colisión anunciada entre un Estado que no pensaba reformar y unos actores que no pensaban desarmarse. Bajo esta óptica, 1953 fracasó por coyuntura: un régimen militar sin proyecto agrario, una izquierda armada que se replegaba con las armas puestas, una guerra fría que en septiembre de 1954 llevó a la Asamblea Constituyente a ilegalizar el Partido Comunista.

El debate decide si la historia de los procesos de paz colombianos es una serie de errores repetidos o una estructura que reproduce sus efectos.

La evidencia

La mecánica de la entrega. El 18 de junio de 1953, cinco días después del golpe, las guerrillas de los Llanos emitieron la Segunda Ley del Llano —224 artículos— reconociendo a Guadalupe Salcedo Unda como comandante y a Eduardo Franco Isaza como jefe de estado mayor, con disposiciones sobre reforma agraria y control del ganado. No era el texto de un grupo que se rendía: era un programa. Entre agosto y octubre entregaron las armas 3.220 combatientes; Salcedo y sus lugartenientes se ubicaron en Cubarral, San Antonio y San Martín, en el Ariari, en un intercambio informal de armas por tierras. El único apoyo económico concreto documentado fue un modesto préstamo de la Caja Agraria. No hubo protocolo de verificación, no hubo comisión mixta, no hubo censo de las tierras que la guerrilla había ocupado durante los años de la resistencia. Hubo panfletos, gestiones del general Duarte Blum, y la palabra del régimen.

El diseño agrario. El Decreto 1894 de julio de 1953 creó el ICI como instrumento para entregar tierras y titular baldíos a colonos. Su gerente, el coronel Cuervo Araoz, formuló planes de colonización ambiciosos y descabellados; acumuló deudas; el instituto fue liquidado en marzo de 1956 —dieciocho meses de vida— y sus funciones pasaron a la Caja Agraria. Pero el dato decisivo no es el fracaso administrativo: es la composición del Consejo Nacional de Agricultura, encargado de diseñar los planes. Estaba integrado principalmente por representantes de grandes terratenientes, federaciones cafeteras y arroceras, y ganaderos. La política de colonización dirigida evitó deliberadamente las zonas cafeteras —las de mayor conflictividad— y se presentó como panacea bajo el pretexto de que el problema colombiano era la presión demográfica, no la distribución de la tierra. La Oficina de Rehabilitación y Socorro, creada en 1954 bajo SENDAS y dirigida por María Eugenia Rojas, fue pobremente presupuestada y sus resultados no justificaron el optimismo con que se anunció.

Aquí el argumento del "accidente" se debilita. La reforma no falló por falta de capacidad técnica: falló porque las élites terratenientes bloquearon la redistribución mediante su representación en el Congreso, la captura de funcionarios y el cabildeo en la burocracia agraria. La acción institucional se concentró en colonización fuera de la frontera agrícola —Ariari, piedemonte llanero— en lugar de expropiar y redistribuir tierras ya productivas. Es exactamente el mismo patrón que reproducirá el Incora entre 1962 y 1985, tras la Ley 135 de 1961, y que la implementación del Punto 1 de La Habana enfrentará medio siglo después. No es coincidencia sino continuidad: el veto terrateniente a la reforma es la constante que atraviesa las promesas rotas.

La fractura previa. A finales de 1951, el campamento de El Davis, en el sur del Tolima, se dividió en dos sectores: los Comunes, mandados por Isauro Yosa (Mayor Lister) y Luis Alfonso Castañeda (alias Richard), y los Limpios de Gerardo Loaiza, en La Ocasión. La Conferencia Boyacá del 15 de agosto de 1952, con delegados del Llano, Santander, Antioquia y Sumapaz, adoptó un programa que los liberales rechazaron, y ese rechazo consumó el rompimiento. Cuando llegó la amnistía de Rojas, los dos bandos respondieron distinto: los Limpios entregaron las armas y una parte colaboró con el régimen; los Comunes —y con ellos las autodefensas del Sumapaz de Varela— optaron por no desmovilizarse plenamente. Varela realizó una entrega políticamente calculada el 31 de octubre de 1953: entregó hombres —1.200, según la prensa—, guardó armas y conservó control político sobre el territorio. En Gaitania y San Miguel, Marulanda y Charro Negro constituyeron Los Treinta —26 hombres y cuatro mujeres— como comando clandestino móvil dedicado a la colonización agrícola con redes de enlace en varias regiones.

Este dato matiza —sin desmentir— la tesis del incumplimiento estatal. La parte más organizada políticamente de la insurgencia no confió en Rojas desde el principio; su cálculo no era pacificación sino repliegue táctico. Villarrica no la tomó por sorpresa.

El bombardeo. En septiembre de 1954, la Asamblea Constituyente ilegalizó al Partido Comunista, en parte por la creciente influencia de los marcos de la Guerra Fría. A mediados de 1955, Rojas declaró Villarrica y otros municipios del oriente del Tolima "zonas de operaciones militares" o "zonas rojas", y desplegó una política de tierra arrasada con bombardeos, ametrallamiento y bombas incendiarias sobre los caseríos de autodefensa comunista del Sumapaz-Viotá. Contingentes de varios miles de efectivos avanzaron sobre una región que apenas dos años antes había sido presentada como escenario de pacificación. La retórica anticomunista de Guerra Fría legitimó la ofensiva: los combatientes, ahora, eran agentes del comunismo internacional. Las autodefensas resistieron con tácticas como "la cortina" y, sobre todo, se movilizaron hacia territorios marginales —el Ariari, El Pato, Guayabero, Riochiquito— que pronto serían declarados nuevas zonas de operaciones militares. En vez de apaciguar, Villarrica sembró.

La muerte del símbolo. Guadalupe Salcedo fue asesinado en 1957, tras la caída de Rojas Pinilla el 10 de mayo de ese año. Las circunstancias siempre fueron confusas; su abogado sostuvo que fue acribillado a sangre fría cuando se encontraba desarmado y con las manos en alto. Rafael Rangel, comandante amnistiado, había sido detenido antes pese a la promesa escrita de libertad. La muerte de Salcedo no fue la primera ni la última eliminación de un guerrillero desmovilizado, y su nombre quedó fijado en la memoria de los alzados en armas como el peor referente posible sobre lo que significaba negociar con el Estado colombiano, entregar las armas y acogerse a un programa de reincorporación. Es una lección que se enunciará explícitamente en cada mesa de negociación posterior.

El reciclaje. Después de 1953, una parte de los exguerrilleros liberales degeneró en bandolerismo simple; otra se transformó en autodefensa o guerrilla de inspiración comunista. Oquist contabilizó 18.481 víctimas entre 1958 y 1966, tres de cada cuatro en Cauca, Huila, Tolima, Valle y Viejo Caldas. Las políticas de rehabilitación de Alberto Lleras Camargo lograron una disminución temporal, con muchos campesinos empleados como líderes de obras, pero el efecto se disipó con la persecución a las colonias agrícolas comunistas, que condujo al rearme. En mayo de 1964, la Operación Marquetalia atacó los enclaves campesinos comunistas del sur; dos años después, en la II Conferencia del Bloque Guerrillero del Sur (1966), esas estructuras asumieron el nombre de FARC y aprobaron su plataforma agraria. La línea genealógica no es especulación: es continuidad orgánica. De Los Treinta a las FARC, pasando por Villarrica, hay las mismas personas, los mismos territorios y —en lo esencial— el mismo programa.

Cada uno de estos seis planos —la entrega sin verificación, el diseño agrario capturado por los terratenientes, la fractura interna anterior al pacto, el bombardeo posterior a la desmovilización, la eliminación del símbolo y el reciclaje armado— aporta un fragmento del mismo esqueleto. Leídos juntos, obligan a mover la pregunta inicial de plano.

Entonces, ¿matriz o contingencia?

La amnistía de 1953 no fue un fracaso contingente, pero tampoco fue un designio maquiavélico. Fue la expresión inaugural, y por eso decisiva, de una gramática institucional que Colombia repetirá con variaciones: el Estado firma la desmovilización sin firmar la reforma, las élites terratenientes vetan la redistribución desde adentro del propio aparato encargado de ejecutarla, y sectores del poder —militares, paramilitares, políticos regionales— eliminan selectivamente a los reincorporados que aspiran a hacer política legal. Esa tríada —desmovilización sin reforma, veto agrario, violencia contra reincorporados— es la matriz.

Pero la matriz tiene un ingrediente que la lectura estatalista del incumplimiento suele ocultar: los actores insurgentes más organizados aprendieron desde 1953 a no confiar plenamente en el pacto. Varela entregó hombres y guardó armas; Marulanda y Charro Negro nunca entregaron nada; los Comunes no se desmovilizaron. La desconfianza estructural del actor armado hacia el Estado —racionalísima a la luz de lo que pasó con Salcedo y con Rangel— es el reverso especular del incumplimiento estatal, y ambos se realimentan. La amnistía de 1953 fracasó porque el Estado ofreció pacificación sin reforma y porque una parte significativa de los actores negociaba sin desarmarse; el punto de colapso —Villarrica en 1955— fue el momento en que esa doble asimetría se hizo violencia abierta.

Reconocido esto, la pregunta comparativa se vuelve tratable. En 1984, los Acuerdos de La Uribe entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC contemplaron once puntos, cese al fuego y una Comisión de Verificación; el propósito declarado por las FARC fue desmovilizar paulatinamente su estructura militar y transitar a movimiento político legal. Fracasó, en la lectura de Eduardo Pizarro, porque no logró convertirse en política de Estado ni obtuvo respaldo del conjunto del gobierno ni de partido alguno: se configuró un "bloque opositor a la estrategia de paz" desde sectores fundamentales del poder, y Betancur no tuvo aliados internos. El aniquilamiento subsecuente de la Unión Patriótica y el retorno de las FARC a la guerra son la reactivación exacta del mecanismo del 53: desmovilización política sin garantías institucionalizadas, oposición interna del propio Estado, violencia selectiva contra los reincorporados. En 1990-91, la desmovilización del M-19 y la Constituyente del 91 se dieron con Carlos Pizarro Leongómez asesinado siendo candidato presidencial de la Alianza Democrática M-19, con excombatientes atacados en el Magdalena Medio, en Caquetá, en Cauca. En 2016, altos tomadores de decisiones dentro del Estado se arrogaron, desde el inicio, el derecho de modificar unilateralmente lo pactado, vulnerando el principio de que las FARC podían vetar cambios a lo firmado, y en muchas ocasiones lo lograron.

El umbral mínimo de una paz que merezca el nombre es sencillo de enunciar: que los desmovilizados no sean exterminados, que las armas no vuelvan a empuñarse, que la violencia no continúe como si el pacto no existiera. Frente a ese umbral, 1984 se cae por su propio peso —la UP fue aniquilada, las FARC volvieron a la guerra— y 2016 se juega su veredicto en la trayectoria de esos mismos indicadores. La coincidencia entre 1953, 1984 y 2016 en la violencia contra reincorporados no es analogía: es el mismo mecanismo actuando en contextos distintos.

La matriz, sin embargo, no es destino. El Acuerdo de 2016 rompe parcialmente el patrón por una razón precisa: incluye un Punto 1 sobre Reforma Rural Integral que aborda —al menos formalmente— la cuestión agraria que 1953 escamoteó con el ICI y con SENDAS, que Lleras Camargo diluyó con la Ley 135, que Betancur ni siquiera puso sobre la mesa. Que la implementación de ese Punto 1 sea deficiente reactiva el patrón, pero la existencia misma del Punto reconoce que hay algo estructural que debe abordarse. La lectura que atribuye la diferencia decisiva entre los procesos al tratamiento de la tierra tiene, aquí, apoyo empírico: donde no se tocó la tenencia, el ciclo se cerró en rearme; donde se pactó tocarla pero se incumple la implementación, el ciclo amenaza con reabrirse.

La respuesta, entonces, no es matriz o contingencia: es matriz con márgenes. Colombia arrastra desde 1953 una gramática de paces incompletas cuyo núcleo es la disociación entre desmovilización y transformación estructural; esa gramática se ha reproducido, con actores y contextos distintos, en 1984, en 1990-91 y en 2016; y solo se rompería —hipótesis que el material sugiere, sin cerrar— si un proceso lograra simultáneamente institucionalizar garantías de seguridad para los reincorporados, blindar la implementación agraria contra el veto de las élites terratenientes, e incorporar como política de Estado —no de gobierno— los compromisos firmados. Ninguno de los cuatro procesos lo ha logrado plenamente. El de 2016 es el que más lejos ha llegado en formularlo; su suerte final está por verse.

Los flancos que la evidencia no cierra

Hay zonas que la evidencia no cierra. Primero, la relación causal exacta entre incumplimiento estatal y degeneración en bandolerismo: la historiografía documenta que una parte de los exguerrilleros liberales derivó en bandidaje, pero no establece con precisión cuánto peso tuvo el incumplimiento de las garantías —tierras no entregadas, promesas rotas, persecuciones— frente a otros factores como la venganza personal, la reproducción de estructuras armadas locales o la instrumentalización política por sectores bipartidistas durante 1954-1958. La distinción entre bandolero puro y guerrillero degradado, que el Estado nunca hizo, tampoco la hace del todo la investigación posterior, y esa indistinción sigue teniendo efectos hermenéuticos: caracterizar a Chispas, Sangrenegra o al propio Marulanda como una misma cosa o como cosas distintas cambia radicalmente el sentido de la posamnistía.

Segundo, el peso relativo de la ilegalización del Partido Comunista en septiembre de 1954 en el desencadenamiento de Villarrica. La secuencia es clara —ilegalización, presión militar, declaración de zonas rojas, ofensiva—; la relación causal precisa entre presión internacional de Guerra Fría, decisiones de política interna y agencia de las autodefensas comunistas locales es más difícil de reconstruir.

Tercero, y quizá lo más delicado: si esta matriz es específicamente colombiana o si es una variante local de un patrón latinoamericano de posguerras civiles incompletas. Que Colombia haya firmado más acuerdos de paz que casi cualquier otro país del continente y siga con guerra sugiere, al menos, que la matriz tiene fuerza propia, aunque no sea únicamente suya.

Cuarto, la cuestión de la agencia. La insurgencia comunista de 1953 no se desmovilizó plenamente, y ese cálculo estratégico —de Varela, de Marulanda, de Charro Negro— pesó tanto como el incumplimiento estatal en el desenlace. La afirmación tiene un corolario incómodo: la continuidad entre las autodefensas del Sumapaz y las FARC no es solo respuesta reactiva a la traición de Rojas; es también acumulación política autónoma de un movimiento agrario con proyecto propio. Reconocerlo no exonera al Estado del incumplimiento —Salcedo fue asesinado, Rangel fue perseguido, la reforma fue bloqueada—, pero impide leer la historia como una simple secuencia de víctimas y verdugos. Los actores tuvieron cálculo, tuvieron programa, tuvieron territorio. La matriz colombiana de paces incompletas no es solo lo que el Estado hace: es también lo que la insurgencia, escaldada, deja de hacer.

Queda, con todo, una consecuencia práctica que la evidencia sí autoriza. Si la matriz opera por la conjunción de tres mecanismos —desmovilización sin reforma, veto agrario interno, violencia selectiva contra reincorporados— y si cada proceso posterior a 1953 los ha reproducido en alguna combinación, entonces la evaluación de un acuerdo no puede hacerse en el momento de la firma. Debe hacerse en los cinco, diez, veinte años siguientes, cuando el veto agrario se manifiesta en la implementación diluida y cuando la violencia contra reincorporados alcanza su masa crítica. En 1953, el veredicto se pronunció en Villarrica dos años después; en 1984, en el aniquilamiento de la UP a lo largo de una década; en 1990-91, en el asesinato de Pizarro Leongómez y de centenares de excombatientes en los años siguientes. El acuerdo de 2016 está apenas en el tramo en que esos indicadores empiezan a decantarse. Los asesinatos de firmantes de paz y de líderes sociales en los territorios PDET, la lentitud de la adjudicación de tierras del Fondo de Tierras, la aritmética legislativa que ha reformado por dentro lo pactado: cada uno de esos hechos, medido contra la matriz, dice más sobre el destino del acuerdo que cualquier declaración oficial.

Entre el 13 de junio de 1953 y el bombardeo de Villarrica median veinticuatro meses. En ese lapso caben las promesas, el ICI, el asesinato futuro de Salcedo, la creación de Los Treinta, la ilegalización del Partido Comunista y el germen de todo lo que vendrá. Setenta años después, la misma gramática sigue dictando los renglones —y saber que los dicta es, quizás, la única condición para empezar a escribir otros.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

41 documentos · 58 fragmentos de referencia
01Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 39, 462 fragmentos
[1]

población civil que buscaba su seguridad al lado de quienes tenían las armas. Por ello, la columna per- dió movilidad y tuvo que afrontar problemas de protección a la gente que se había sumado a la marcha Ese tiempo se constituyó en una especie de escuela de entrenamiento que hizo posible la etapa propiamente…

p. 39
[38]

de la carre- tera entre San Juan de Arama y Piñalito hubo tendencia hacia la concentración de mejoras (Molano, 1989, p. 297). El Incora, más o menos en 1971, abandonó los programas de vías, crédito y asistencia y conservó solamente la titulación de baldíos fuera del área reservada de La Macarena (Molano, 1989, p.…

p. 46
02Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 57, 66, 853 fragmentos
[2]

licize this policy, he sent air force planes over guerrilla strongholds in the Llanos, Antioquia, and Tolima to drop leaflets signed by his minister of war, General Alfredo Duarte Blum, announcing that Gómez had fallen and that the new gov- ernment would extend guarantees to all who wished to lay down their weapons.…

p. 66
[4]

the Pacification of the Llanos, 1953–1957 57 about the military situation. “The llanero,” he said, “is convinced that only the army can defend his life and property and guarantee for his children the pros- perity of the land. Many of the bandits have already deserted and are joining the other side. The next months…

p. 57
[12]

turned in their arms, the initiative passed to the Communists, who chose not to accept the government’s offer and regarded their resistance as “self-defense.” Juan de la Cruz Varela in the Sumapaz coffee-growing region of Cundinamarca pioneered this strategy. While pledging support for pacification, Varela…

p. 85
03Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 315, 3182 fragmentos
[3]

propiedad individual al lado de la Granja o Colonia Colectiva. Y en la reglamentación de la ganadería se ordenó el pago de contribuciones para la revolución o su confiscación, en caso de no pago a los seis meses; el sostenimiento de la guerrilla se sacaría preferentemente de estos hatos y de aquellos donde hubiera más…

p. 315
[40]

agrario del Alto Su- mapaz y Oriente del Tolima, liderado por Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, y de las relaciones de ellos con Gaitán, surgieran las guerrillas del Su- mapaz, grupos de autodefensa campesina que enfrentaron la opresión y per secución del régimen conservador y del proyecto de conservatización…

p. 318
04La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 2131 fragmento
[5]

condiciones al conocer la llegada del señor brigadier general Alfredo Duarte Blum, según la versión del mayor Hernán Padilla: " 1 ° Que la comisión que ellos nombraron para hablar con la presidencia, antes de hablar con ésta, nombraron a los doctores Renán Leguizamón y Julio Roberto Salazar Ferro como sus apoderados,…

p. 213
05Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2281 fragmento
[6]

titular de El Tiempo: ((E l Regreso a la Norma- lidad en el Llano* y abajo una fotografia panorámica a ocho colum- nas con este pie: <<... con la Cordillera al fondo y la inmensidad de la región en torno s uyo, las guerrillas caminan en fila india hacia el puesto de las autoridades militares en Tauramena para deponer…

p. 228
06El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 391 fragmento
[7]

colaboraciones concretas al Ejército: brindar información para localizar a los “grupos antisociales y comodida- des para las tropas que acamparan en sus haciendas” y, por otra parte, suministrar ayuda para levantar un censo de los propieta- 139 Oliverio Perry y Cía (Editores). Quién es quién en Colombia. Bogotá:…

p. 39
07Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 511 fragmento
[8]

comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…

p. 51
08Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1771 fragmento
[9]

durante periodos relativamente largos, dada la coexistencia en su estructura productiva de una ganadería inmediatamente disponible para el consumo y terrenos aptos para el sembrado de cultivos de pan coger de retorno inmediato. En su conjunto, estas zonas pudieron haber llegado a albergar hasta 20. 000 hombres en…

p. 177
09Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 108, 1422 fragmentos
[10]

de las autoridades fuera evidentemente injusta. Guadalupe Salcedo era un guerrero vigoroso y leal con sus hombres, hábil estratega y memorable ser humano, firme en sus convicciones e implacable en el combate, que cuando fue llamado a la paz y a la concordia y se convenció de que la promesa oficial era sincera, actuó…

p. 108
[46]

de los llamados territorios nacionales, de la extensa Orinoquia, sino el fenómeno de una guerrilla que ya no se identificaba con los partidos tradicionales. Los primeros guerrilleros comunistas eran en realidad liberales traicionados, campesinos que le dijeron no a la orden de emigrar a la ciudad, las gentes del campo…

p. 142
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2171 fragmento
[11]

de los esp í ritus ”. Alfonso L ó pez, con autorizaci ó n del gobierno, que busc ó en varias ocasiones un acuerdo con la guerrilla que llevara a su desarme, se entrevist ó con algunos jefes guerrilleros sin ning ú n resultado. Sin embargo, las guerrillas segu í an aumentando: en los Llanos Orientales, dirigidas por…

p. 217
11Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 154, 1582 fragmentos
[13]

hacia Ríochiquito, en el Cauca, por el filo de la cordillera central. Los que tomaron el camino del Sumapaz fue- ron acogidos por un veterano líder agrario de estirpe gaitanista, Juan de la Cruz Várela, llevado gradualmente por la Violencia a hacer la causa co- mún con sus antiguos rivales, los co- munistas. Varela,…

p. 154
[37]

donde lle- gaban el conflicto del cual precisamen- te venían huyendo. Quedaría por verse, entonces, la eficacia de un nuevo organismo estatal ligado a las tareas de la reconstrucción económica y pobremente presupues- tado, pero rodeado de una campaña publicitaria comparable sólo a la que había recibido el proceso de…

p. 158
12Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 451 fragmento
[14]

la actitud de explotación y represión que a lo largo de la historia ha mostrado la oligarquía como constante” 41. La “segunda guerra” se explica igualmente por un acto injusto del Estado, que respondió a la organización pacífica de los campesinos con un operativo militar. Esa “segunda guerra” se desenvolvió en…

p. 45
13Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1861 fragmento
[15]

y uno de sus acompañantes, y heridos tres agentes; luego, su abogado sostuvo que fue acribillado a sangre fría cuando se encontraba desarmado y con las manos en alto. En esa ocasión, como en tantas otras, se anunció la designación de investigadores especiales para esclarecer el suceso “hasta las últimas…

p. 186
14A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 21, 264 fragmentos
[16]

contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados p o r el Partido, tenían u n program a social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951 El Davis se dividió en dos sectores: El Davis propiam en te dicho, mandado por…

p. 21
[17]

contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados p o r el Partido, tenían u n program a social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951 El Davis se dividió en dos sectores: El Davis propiam en te dicho, mandado por…

p. 21
[42]

la mayoría de los com batientes liberales, los comunistas subjetivam ente no podían continuar p o r su cuenta y riesgo” el m o vim iento. E ntonces optó p o r constituir, en com pañía de C harro N egro, u n com ando clandestino, “ abso lutam ente m óvil”, que se conoció com o el de “Los T reinta”, con 26 hom bres y…

p. 26
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la mayoría de los com batientes liberales, los comunistas subjetivam ente no podían continuar p o r su cuenta y riesgo” el m o vim iento. E ntonces optó p o r constituir, en com pañía de C harro N egro, u n com ando clandestino, “ abso lutam ente m óvil”, que se conoció com o el de “Los T reinta”, con 26 hom bres y…

p. 26
15De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 541 fragmento
[18]

de fondo, había posturas políticas e ideológicas en lo que cada uno defendía. Por ejemplo, se puede resaltar la defensa, por parte de Los Limpios, de la propiedad privada y la pertenencia al Partido Liberal: “Señores Santarritunos: Están muy gloriosos porque es- tán con los hijueputas limpios. Les avisamos que tienen…

p. 54
16Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 22, 262 fragmentos
[19]

el comunismo —aún alejado de la toma del poder político y más focalizado en la noción maoísta de guerra popular prolongada —, se va a afianzar sobre dos escenarios que, con posterioridad, serán claves en la emergencia guerrillera de las FARC, ya en la década de los sesenta: Tequendama y Sumapaz en Cundinamarca y el…

p. 22
[47]

que llevaron a cabo los gobiernos, sobre todo de Lleras Camargo, y de su sucesor, el conservador Guillermo León Valencia (1962-1966), rápidamente experimentaron el desvanecimiento del efecto “luna de miel” sobre la gestión de una violencia que, si bien controlada entre 1959 y 1964, nuevamente presentaba exacerbados…

p. 26
17Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1011 fragmento
[20]

como lo habían hecho muchos de los dirigentes de las guerrillas liberales que se habían dejado atraer por la euforia de los primeros meses del gobierno militar, cuando se anunciaba la suspensión de toda forma de persecución basada en razones políticas, y cuando se ofrecieron indultos y amnistías a los guerrilleros que…

p. 101
18Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 682 fragmentos
[21]

con las guerrillas liberales y otras se enfrentaron con ellas, como muestra del desorden reinante en la guerra y de la interferencia de muchos elementos que desbarataban las líneas previstas de enemistad. En los años que trascurrieron entre 1958 y 1962, los comunistas no fueron capaces de unificar su orientación para…

p. 68
[22]

con las guerrillas liberales y otras se enfrentaron con ellas, como muestra del desorden reinante en la guerra y de la interferencia de muchos elementos que desbarataban las líneas previstas de enemistad. En los años que trascurrieron entre 1958 y 1962, los comunistas no fueron capaces de unificar su orientación para…

p. 68
19La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3461 fragmento
[23]

(2004) en: GMH, op. cit. (2013, 112) 565 Paul Oquist, Violencia y conflicto y política en Colombia, 322, en GMH, ¡Basta Ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad. Informe General, 115. 347 A N EX O por el Partido Comunista, y las autodefensas del Sumapaz se negaron a aceptar la amnistía, con lo cual se expusieron a…

p. 346
20Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 521 fragmento
[24]

hablaba hasta que acabara. Él era muy buena gente (…) era chiquitico, pero era bravo de la lengua” (CNMH, entrevista con abuela, 2012). 1.4. Colonización, continuidad de la Violencia, e influencia del movimiento comunista En este contexto, el municipio de Villarrica, ubicado al oriente del departamento del Tolima,…

p. 52
21La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 1101 fragmento
[25]

tuvieron que refugiarse en las montañas y selvas de Galilea. Durante la mar- cha de evacuación fueron sistemáticamente agredidos por los aviones con ametrallamiento y bombardeos. Los campesinos si- guieron conociendo las nuevas ediciones de bombas N (incen- diarias). "Durante cinco meses, desde junio a octubre de…

p. 110
22No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 671 fragmento
[26]

la colonia agraria comunista, con estrategias de guerra como los bombardeos, desencadenó grandes desplazamientos forzados en regiones como el Sumapaz. El siguiente mapa da cuenta de esos desplazamientos, las distancias entre los lugares de salida y llegada, y estrategias de comunicación y resistencia como la llamada…

p. 67
23Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 401 fragmento
[27]

décadas an- teriores. La violencia mutó a una forma bandoleril, que en la región próxima a Cundinamarca encontró lugar en la zona esmeraldera de Boyacá y la figura de Efraín Guzmán (Sánchez, Meertens y Hobsbawm, 1985). La paz duró poco en el país. La confrontación se reactivó en 1955 con la guerra de Villarrica…

p. 40
24When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 2053 fragmentos
[28]

simple humanity." In addition, Rojas wrote, the guenillas of Sumapaz had constantly refused his entreaties to lay down their arms. He explained their reluctance to Tolima's Tragedy Deepens 193 sUITender in economic terms. They were Hclosely linked to the Violen- cia and to communist plottings/' he wrote, Hand they…

p. 205
[29]

simple humanity." In addition, Rojas wrote, the guenillas of Sumapaz had constantly refused his entreaties to lay down their arms. He explained their reluctance to Tolima's Tragedy Deepens 193 sUITender in economic terms. They were Hclosely linked to the Violen- cia and to communist plottings/' he wrote, Hand they…

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simple humanity." In addition, Rojas wrote, the guenillas of Sumapaz had constantly refused his entreaties to lay down their arms. He explained their reluctance to Tolima's Tragedy Deepens 193 sUITender in economic terms. They were Hclosely linked to the Violen- cia and to communist plottings/' he wrote, Hand they…

p. 205
25Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 652 fragmentos
[31]

despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…

p. 65
[32]

despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…

p. 65
26Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 721 fragmento
[33]

tan 1747 importante papel habia tenido en la violencia bipar- tidista, en calidad de brazo armado del partido con- servador, fue despolitizada y militarizada. Pero las verdaderas causas de la violencia politica y social fueron tratadas de una manera totalmente superfi- cial, lo cual condujo a que algunos sectores de…

p. 72
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 551 fragmento
[34]

violaban a las mujeres, haciéndoles todo lo que se les antojaba, y sin poder chistar palabra para evitar mayores tormentos [...] y yo entonces tenía sino escasos trece años, a mí me daba mucho miedo y me dolía todo lo que hacían, fue como me resolví a largarme de cerca de esas gentes tan malas, a ver si evitaba morir…

p. 55
28Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 861 fragmento
[35]

lograr la entrega de las guerrillas liberales y comunistas y de los grupos armados conservadores, Rojas Pinilla ofreció, además de una amnistía general, entregar tierra a los campesinos y titular baldíos a los colonos. Para cumplir esta promesa, en julio de 1953 expidió el Decreto 1894 por el cual se creó el ICI…

p. 86
29Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 2261 fragmento
[36]

those who, either directly or indirectly, had come out on top in the process. In regard to colonizationwhich may be considered the second focus of the government's agrarian policythe centers of greatest disturbance, which were the coffee zones, were avoided instead of emphasized. "Directed colonization" was presented…

p. 226
30Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5011 fragmento
[39]

élites terrate - nientes bloquearon la redistribución de tierras, usando la representación directa que tenían en la legislatura, además de la captura de una parte de los funcionarios elegidos, jueces o burócratas, que respondían a la distribución paritaria entre los partidos, y al uso del clientelismo para socavar el…

p. 501
31Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 391 fragmento
[41]

que agrupaban a la pobla- ción, la mayoría de ellos familiares, paisanos, compañeros de colonización o expulsados de la violencia. Utilizaban el esquema de autodefensas campesinas como forma de protección contra la persecución del Estado o de miembros de partidos políticos antagonistas. Los habitantes de estas…

p. 39
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 541 fragmento
[44]

Prías Alape alias 96 Coronel del Ejército estadounidense que en la guerra de Corea dirigió la Compañía Ranger del Octavo Ejército, una unidad encargada de acciones de guerra irregular. 97 Martínez Osorio, Hablan los generales, 28. 98 Londoño, Juan de la Cruz Varela. Sociedad y política. 99 Seguido a esto, la actividad…

p. 54
33Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 591 fragmento
[45]

colombiano en el marco de la guerra fría. Las operaciones de mayo de 1964 conocidas como Operación Soberanía, ocasionaron la salida de campesinos que organizados en grupos de autodefen- sas, iniciaron una marcha hacia el sur del país en columnas, este proceso per- mitió la consolidación política y militar con la…

p. 59
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 751 fragmento
[48]

exclusivamente en los lugares donde hasta mediados de la década de los sesenta persistía la acción de los bandoleros, sobre todo durante las cosechas cafeteras, y en las zonas de colonización donde el campesinado comunista había establecido colonias agrícolas. En estos primeros años del pacto bipartidista también hubo…

p. 75
35Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 511 fragmento
[49]

de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…

p. 51
36Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 42 fragmentos
[50]

la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…

p. 4
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la Comisión de Paz Fuente: El Espectador (31 de mayo de 1983). Al mismo tiempo, las, en constante comunicación con la Comisión de Paz, lograron importantes avances para FARC concretar el cese al fuego y la firma de una tregua. De tal manera que el 28 de marzo de 1984, en La Uribe (Caquetá), se firmó el Acuerdo de Cese…

p. 4
37Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 351 fragmento
[52]

a las tentativas de paz que los llevó a trabajar en llave con los paramilitares. Los hechos se adelantaron a las audaces y originales políticas de Betancur. Él no tuvo la autoridad individual para implementar o decretar un cambio unilateral, ni para negociar la reincorporación de los movimientos guerrilleros a la…

p. 35
38La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 401 fragmento
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Betancur, elegido para el periodo 1982-1986, quien quiso consagrarse como el presidente de la paz. Bajo su administración se lanzó el primer gran proceso de diálogo con las guerrillas que se habían formado casi veinte años atrás. Sin embargo, las guerrillas ya no eran las mismas de la década del setenta. El…

p. 40
39Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 777, 7912 fragmentos
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en nueve masacres, mientras que posterior a la fusión, durante 1996 y 1997, fue responsable de 18 masacres 2734. Desde la unión con los paramilitares, se inició una de las más sangrientas épocas entre los diversos grupos en la zona del Urabá, y los líderes sociales, sindicalistas y miembros del PCC, así como la…

p. 791
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de garantías». hasta la guerra tiene límites 778 nexos con paramilitares, el hijastro del exparamilitar recibió un mensaje de texto con intimidaciones. Macaco aseguró en su declaración ante la Corte Federal de Miami y ante los fiscales de la Unidad contra el lavado de activos y extinción de dominio que, entre 1996 y…

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40Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 341 fragmento
[55]

a hacer una oposición seria. Replanteó toda la política de paz, en las que ofrecía garantías para la desmovilización a quien quisiera aceptarla y creó un programa especial destinado a superar las inequidades sociales en las zonas rurales, bajo la esquiva enseña de la rehabilitación. En la periferia colombiana no había…

p. 34
41¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 59, 692 fragmentos
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sepultada por los acontecimientos (mejor: quedó en manos de otras corrientes, básicamente del uribismo) No: el Acuerdo no les daba a las FARC ni el derecho ni la posibilidad —entre otras cosas por su enorme deuda humanitaria, su agudo aislamiento de cara a la opinión y su debilidad política— de tratar de cogobernar o…

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esto apunta a una dificultad fundamental: la paz se puede evaluar desde diferentes criterios. Cada quien puede establecer sus prioridades. Claro, aquí —como en muchas otras circunstancias—decir que es posible construir varias perspectivas distintas no significa que todo valga. Por ejemplo, hay criterios minimalistas…

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