Rafael Rangel Gómez
La Violencia
La biografía
Rafael Rangel Gómez fue el jefe militar de la guerrilla liberal del Magdalena Medio santandereano entre 1949 y 1953, el hombre que convirtió el circuito Barrancabermeja–San Vicente de Chucurí–Carare-Opón en uno de los focos de resistencia armada más disciplinados de La Violencia. Su trayectoria conecta dos mundos que la historiografía colombiana suele narrar por separado: el sindicalismo petrolero radical que fermentó en Barrancabermeja desde los años veinte y la insurgencia rural liberal que estalló tras el 9 de abril de 1948. Se acogió a la amnistía de Gustavo Rojas Pinilla en agosto de 1953, fue detenido en contra de lo prometido, rechazó la oferta de cooptación del régimen y siete años después, el 23 de julio de 1960, murió en vísperas de posesionarse como representante a la Cámara por Santander en las filas del Movimiento Revolucionario Liberal. Su caso condensa el patrón con que el Estado colombiano procesó a sus pacificados armados: promesa incumplida, oferta de asimilación, muerte prematura y bases sociales que quedaron disponibles para el siguiente ciclo insurgente.
Línea de vida
- 1949
Inicio del mando guerrillero en el Magdalena Medio
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Tras el asesinato de Gaitán y la escalada de la violencia bipartidista, Rangel asumió la comandancia de la guerrilla liberal en la vertiente santandereana del Magdalena Medio, articulando redes obreras de Barrancabermeja con colonos campesinos del Carare y el Opón.
- 1950
Toma de San Vicente de Chucurí
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Rangel ejecutó la toma de San Vicente de Chucurí como respuesta a los asesinatos continuos contra liberales y para sabotear un acuerdo entre liberales y militares. Las fuentes difieren sobre la magnitud: 'La Violencia en Colombia' habla de 700 hombres y 200 muertos, mientras otras estimaciones reducen la tropa a 200 combatientes.
- 1953
Acogimiento a la amnistía de Rojas Pinilla y detención
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En agosto de 1953, Rangel y su guerrilla se acogieron a la amnistía convocada por el general Rojas Pinilla mediante carta suscrita por el coronel Carrasco y Galvis, que prometía libertad inmediata. Contra lo prometido, fue detenido en Bucaramanga y luego trasladado al Batallón Caldas de Fontibón, donde permaneció dos meses.
- 1953
Rechazo a la oferta de cooptación del régimen
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Rojas Pinilla invitó a Rangel al palacio presidencial y le propuso integrarse a una institución del Estado; Rangel rechazó la propuesta, consolidando su ruptura con el gobierno militar y su posterior persecución y exilio.
- 1960
Muerte en vísperas de posesionarse como representante a la Cámara
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El 23 de julio de 1960, Rangel murió en circunstancias dudosas poco antes de posesionarse como representante a la Cámara por Santander en las filas del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), cerrando una trayectoria que ejemplificó la ruptura de los pactos de entrega y la impunidad estructural del Estado colombiano frente a sus pacificados.
Una región que produce guerrilleros
Rangel no se explica sin el territorio que lo formó. El Magdalena Medio, franja plana y calurosa que se extiende entre las cordilleras Oriental y Central a lo largo de unos 386 kilómetros del río grande, con municipios repartidos entre Antioquia, Bolívar, Boyacá, Caldas, Cesar, Magdalena y Santander, y con centros en Puerto Berrío, La Dorada, Puerto Boyacá y Barrancabermeja, había acumulado desde la Conquista una densa mitología de resistencia. Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada llegó en 1536 al sitio que entonces se llamaba Latora —hoy Barrancabermeja— chocó con los Yariguíes, Carares y Opones, pueblos que la tradición local convirtió en símbolos de una beligerancia que se autoconcebía como constitutiva del lugar.
Cuatro siglos después, sobre ese sustrato se montó un enclave petrolero. La concesión que Roberto de Mares había obtenido sobre yacimientos de Barrancabermeja fue declarada caduca y traspasada durante el gobierno de José Vicente Concha a la Tropical Oil Company. En pocos años, la empresa norteamericana levantó una economía de campamento sostenida sobre una desigualdad brutal. Hacia 1923, el 40,8% de los trabajadores colombianos enfermaba en los campos y el 1,5% moría; el jornal colombiano era de un peso con cincuenta centavos sin alojamiento ni comida, mientras el trabajador extranjero cobraba tres pesos con cincuenta y recibía beneficios. Esa asimetría produjo el sindicalismo más aguerrido del país.
De la Sociedad Obrera —o Unión Obrera— nació en 1922 o 1923 la Unión Sindical Obrera con la mano de Raúl Eduardo Mahecha, abogado que había llegado a Barrancabermeja a finales de 1922 y que organizó, el 8 de octubre de 1924, la primera huelga petrolera del país. La compañía se negó a negociar. En enero de 1927 estalló una segunda huelga, preparada desde finales del año anterior con la participación de Mahecha y de Ignacio Torres Giraldo, ambos vinculados al Partido Socialista Revolucionario. El PSR, que había participado en la formación de la USO, aportó desde Barrancabermeja al fallido levantamiento conocido como la Revolución Bolchevique de 1926 en San Vicente de Chucurí: una temprana articulación entre movilización obrera y campesina que quedaría grabada en la memoria política de la región. El episodio fue efímero y militarmente irrelevante, pero dejó un precedente organizativo. La izquierda regional lo reactivaría en cada ciclo posterior bajo la misma premisa: los obreros del petróleo y los campesinos de las estribaciones cordilleranas podían operar en un mismo frente. La represión que siguió no borró la red; la replegó. Muchos de los cuadros que aparecerían dos décadas más tarde en la resistencia gaitanista habían pasado por esa escuela o eran hijos y sobrinos de quienes la habían hecho.
La reforma laboral de 1936, en el marco de la República Liberal, dio a la USO el mismo estatus jurídico que a la Tropical Oil Company y permitió al sindicato presentar pliegos formales por salarios, servicio médico, vivienda y comisariatos. Cuando la negociación se rompió, cinco mil trabajadores fueron a la huelga y el gobierno militarizó Barrancabermeja. Los pliegos de los años veinte y los de la década siguiente comparten un mismo horizonte reivindicativo: salarios, salud, condiciones de vida, trato digno. Esa continuidad —esa memoria acumulada de organización— fue la que Rangel heredó.
A esa densidad obrera se sumaba, en el valle medio del Magdalena, una politización campesina temprana. El circuito San Vicente de Chucurí–Barrancabermeja–La Dorada–Puerto Wilches funcionó como zona de frontera abierta donde el PSR, el Partido Comunista y el movimiento UNIR de Jorge Eliécer Gaitán habían sembrado décadas antes del 9 de abril. Cuando La Violencia se desató, la región no fue un lienzo en blanco: era un terreno con capas de experiencia organizativa, sindical y agraria que la resistencia armada iba a reactivar. La colonización de baldíos a lo largo del Carare y del Opón, promovida a lo largo de la primera mitad del siglo por familias campesinas expulsadas del altiplano cundiboyacense y de las provincias tabacaleras de Santander, había producido además una sociedad rural con una relación tensa con el Estado central: los colonos vivían de abrir monte, negociaban con comisariatos, temían al fisco y desconfiaban de la policía. En esas condiciones, el paso de la desobediencia cotidiana a la resistencia armada requería poca traducción.
El 9 de abril y la deriva a la sierra
El asesinato de Gaitán en Bogotá el 9 de abril de 1948 encendió levantamientos populares en múltiples regiones. En el Magdalena Medio, donde el gaitanismo había arraigado en los años previos entre trabajadores petroleros, colonos y campesinos, el estallido no se limitó a un motín urbano: prefiguró la reorganización armada que vendría después. Durante los meses siguientes, la persecución conservadora se afinó como aparato. Los chulavitas —cuyo mote provenía de la vereda Chulavita del municipio boyacense de Boavita, de tradición conservadora desde 1837— fueron reclutados como fuerza parapolicial para, en palabras que circularon en la época, "salvar al presidente Ospina". Junto con los pájaros, quemaron casas, tendieron emboscadas en los caminos, asesinaron liberales y desplazaron familias enteras. El gentilicio se volvió sinónimo de terror.
El autogolpe de Mariano Ospina Pérez y la declaratoria de abstención liberal a fines de 1949 abrieron una segunda etapa de la guerra difusa. En 1950 se registraron más de cincuenta mil muertos. La violencia, sin embargo, no cuajó en guerra civil formal: el Ejército permaneció leal al gobierno y la resistencia quedó desvertebrada en espasmos de cólera local. Fue en ese vacío donde surgieron las guerrillas liberales, en muchos casos como grupos de autodefensa campesina, campesinos rasos armados con escopetas de fisto que se replegaban a los montes cuando el chulavita entraba a la vereda. En noviembre de 1949, el Partido Comunista Colombiano llamó a la autodefensa de masas; en algunas regiones la resistencia armada liberal gaitanista ya había brotado por su cuenta, porque la alternativa era resistir o perecer.
En ese cruce se ubica el paso de Rafael Rangel de la vida civil a la comandancia guerrillera. El Magdalena Medio ofrecía tres ventajas al que quisiera armar una fuerza: una tradición sindical y política que suministraba cuadros, un territorio de selvas, ríos y estribaciones cordilleranas ideal para la movilidad, y una población campesina que ya sabía qué era ser perseguida por el Estado. Rangel articuló las tres. Su llegada al mando no se produjo por designación externa ni por consenso partidista: se produjo por acumulación de autoridad práctica en los meses en que la guerrilla se organizaba, cuando los campesinos alzados necesitaban a alguien que supiera moverse entre el enclave petrolero y el monte, negociar con los sindicalistas y disciplinar a los combatientes.
Comandante del Carare-Opón
Entre 1949 y 1953, Rangel se consolidó como jefe militar de la guerrilla liberal en la vertiente santandereana del Magdalena Medio. Su radio de acción cubrió extensas zonas del interior santandereano, con eje en el circuito San Vicente de Chucurí–Barrancabermeja y proyecciones hacia los ríos Carare y Opón, hacia Cimitarra, Landázuri, Yondó y las riberas medias del Magdalena. La región le permitió combinar dos lógicas: la del enclave petrolero, con su experiencia sindical y sus redes obreras, y la de la colonización campesina, con veredas dispersas donde la fuerza pública apenas llegaba.
La operación que lo instaló como figura reconocida fue la toma de San Vicente de Chucurí. Rangel la ejecutó como respuesta a los asesinatos continuos contra integrantes del Partido Liberal en la zona y, en un cálculo político más fino, para sabotear un acuerdo que se venía tejiendo entre liberales y militares. Las cifras varían: la crónica clásica sobre La Violencia habla de setecientos hombres bajo su mando y un saldo de doscientos muertos —hombres, mujeres y niños—, mientras otras estimaciones acotan la tropa a apenas doscientos combatientes. La propia obra que consigna la cifra mayor advierte sobre versiones contradictorias, y las estimaciones más conservadoras se aproximan probablemente mejor a la escala real del hecho. Lo cierto es que la toma proyectó a Rangel como el jefe capaz de operar con cohesión en una región donde los grupos armados solían ser fragmentarios. La operación combinó ataque frontal a la cabecera, control temporal del casco urbano y retirada ordenada a las veredas altas, un patrón que en el Magdalena Medio de aquellos años pocos comandantes lograban ejecutar sin dispersarse en el saqueo o quedar atrapados por la reacción militar.
A lo largo de esos cuatro años, la guerrilla controló buena parte del Magdalena Medio santandereano y le disputó al Estado el tránsito por corredores fluviales estratégicos. La comparación con otras experiencias coetáneas ayuda a dimensionarlo. En los Llanos Orientales, Guadalupe Salcedo dirigía la fuerza más numerosa del país, con estimaciones que oscilan entre dos mil y tres mil hombres bajo su mando, en una región donde el conjunto de las guerrillas pudo albergar, en su pico, hasta diez mil combatientes. Salcedo fue el símbolo nacional de la resistencia armada liberal, acompañado por lugartenientes como Eduardo Franco Isaza, Eduardo Nossa, Dumar Aljure, Bernardo Giraldo, José Alvear Restrepo y Plinio Murillo. En el Sumapaz, Juan de la Cruz Varela imprimió a la resistencia el carácter de guerra campesina contra la revancha terrateniente. En el sur del Tolima operaba la vertiente que confluiría con el naciente movimiento comunista rural.
Rangel no dirigió una fuerza del tamaño de la de Salcedo, pero su guerrilla tenía dos rasgos que la distinguían. Primero, la cercanía al enclave petrolero de Barrancabermeja: ningún otro jefe guerrillero liberal del período operó tan cerca de la infraestructura estratégica del país ni con vínculos tan directos con un movimiento sindical de la magnitud de la USO. Segundo, la textura política de sus filas: junto a los campesinos liberales gaitanistas convivían combatientes formados en la tradición del PSR y del Partido Comunista, herederos de la organización obrera y agraria de los años veinte. Entre ellos estaba una mujer conocida como La Mona Mariela, compañera de guerrilla que años después sería una de las fundadoras del Ejército de Liberación Nacional. Otro cuadro, el campesino Julio Guerra, terminaría integrándose al proceso fundacional del Ejército Popular de Liberación en el sur de Córdoba entre 1965 y 1967. Esos nombres, que en 1953 eran combatientes de Rangel, en la década siguiente serían los puentes entre la guerrilla liberal y las organizaciones marxistas que la sucederían.
La logística de la guerrilla dependía de una tupida red civil. En Barrancabermeja, obreros petroleros y comerciantes menores hacían llegar municiones, medicamentos y noticias del movimiento de tropas. En las veredas del Carare y del Opón, familias campesinas alimentaban a los combatientes y ocultaban heridos. Esa infraestructura no era anónima: tenía nombres, apellidos, casas concretas y curas de parroquia que a veces la protegían y a veces la delataban. Cuando la amnistía llegó en 1953, esa red no se disolvió con la entrega de armas; simplemente entró en un estado de latencia que la década siguiente reactivaría.
La amnistía de 1953
El 13 de junio de 1953, las Fuerzas Militares bajo el mando del teniente general Gustavo Rojas Pinilla derrocaron a Laureano Gómez. El nuevo gobierno ofreció amnistía general a las guerrillas liberales y conservadoras, la promesa de entregar tierras a los campesinos y titular baldíos a los colonos. Fue el primer intento serio de pacificar el país por vía de un pacto entre el Estado y los alzados. Entre agosto y octubre de 1953, el grueso de las guerrillas de los Llanos —con Salcedo y sus lugartenientes concentrados en Cubarral, San Antonio y San Martín— entregó las armas. Rangel y su guerrilla se acogieron en agosto.
La carta que lo convocó a la entrega fue suscrita por un coronel Carrasco y Galvis. Los términos eran claros: libertad inmediata para quienes depusieran las armas. La estrategia del gobierno, además, contemplaba usar las entregas en las distintas regiones como palanca de presión sobre las guerrillas restantes, en particular sobre las llaneras, consideradas las más numerosas y temidas. La entrega de Rangel entraba en esa lógica: un pacificado del Magdalena Medio empujaba, por efecto demostrativo, a las demás.
Lo que siguió mostró de una vez el fondo del pacto. Rangel fue detenido en Bucaramanga y luego trasladado al Batallón Caldas de Fontibón, donde estuvo dos meses. La promesa de libertad inmediata no se cumplió. En algún momento de ese proceso, Rojas Pinilla lo hizo llevar al palacio presidencial y le propuso incorporarse a una estructura del Estado. Rangel rechazó la oferta. Ese doble gesto —detención en violación de los términos de la amnistía y oferta simultánea de cooptación— es el núcleo del episodio. El Estado que había prometido libertad ofrecía en su lugar una plaza en su aparato; el rechazo de Rangel fijó la naturaleza del vínculo que quedaría entre él y el régimen.
El manejo posamnistía revela, en retrospectiva, la lógica con que el gobierno de Rojas procesó a sus pacificados. La amnistía funcionaba como acto público y como palanca de presión estratégica; los términos concretos de libertad y garantías se administraban de manera discrecional. En los Llanos, esa misma lógica encontraría su expresión más nítida en la muerte de Salcedo poco después de que el bipartidismo retomara el poder tras la caída de Rojas Pinilla el 10 de mayo de 1957: el jefe amnistiado y traicionado se volvió un motivo recurrente en la memoria del período.
Del monte al Movimiento Revolucionario Liberal
Rangel salió de Fontibón sin haber aceptado el ingreso al aparato estatal y también sin haber vuelto a las armas. Entre 1954 y 1960 transitó, con lentitud y sin espectacularidad, hacia la política electoral. Regresó a Santander, donde el nombre del excomandante seguía pesando en las veredas del Carare y del Opón y en los barrios obreros de Barrancabermeja. Se movía entre Bucaramanga, Barrancabermeja y las cabeceras del Magdalena Medio, mantenía correspondencia con antiguos combatientes y atendía peticiones de campesinos que buscaban titulación de baldíos o intercesión ante autoridades locales. Sin aparato armado y sin la protección de un partido que le hubiera garantizado plaza estable, sostuvo lo que en la práctica era una vida vigilada. La red logística de la guerrilla, esa que en 1953 había entrado en latencia, funcionaba ahora como red civil de un excomandante que había vuelto a la legalidad pero conservaba el capital político de haber mandado en armas.
El escenario nacional se transformó dos veces en esos años. La caída de Rojas Pinilla el 10 de mayo de 1957 devolvió el poder a los partidos tradicionales y abrió paso al Frente Nacional pactado por Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez, sistema que se estrenó en las elecciones de 1958 y que repartía por igual entre liberales y conservadores todos los cargos de elección popular durante dieciséis años, con alternancia obligatoria en la Presidencia. Para un antiguo guerrillero liberal, el pacto tenía un significado directo: la resistencia armada de los años cuarenta había sido librada contra la persecución conservadora, y el arreglo bipartidista sellaba precisamente con esos conservadores un condominio del poder que dejaba fuera cualquier programa gaitanista de reformas sociales.
De ese descontento nació, en el interior del liberalismo, el Movimiento Revolucionario Liberal. Encabezado por Alfonso López Michelsen, el MRL agrupó a la disidencia de izquierda del partido y ofreció un cauce político a sectores populares y a antiguos combatientes que veían en el reparto bipartidista una traición al programa gaitanista. Para Rangel, la operación política era coherente con su rechazo previo a la cooptación de Rojas: la vía electoral por la izquierda liberal permitía volver al espacio público sin negociar la memoria de la guerrilla ni entregar la representación de sus antiguas bases. En la campaña santandereana, su nombre aportaba lo que ningún dirigente de escritorio podía aportar: reconocimiento territorial en el Magdalena Medio, credibilidad frente a los campesinos de veredas donde el MRL era una sigla lejana y la referencia inmediata a la resistencia liberal contra la persecución de los años cuarenta.
Rangel fue elegido representante a la Cámara por Santander en las filas del MRL. Nunca alcanzó a posesionarse. Murió el 23 de julio de 1960, poco antes de tomar el escaño. Las circunstancias precisas de su muerte no se han fijado con la nitidez que el caso ameritaría: la fecha es firme, el desenlace es firme, y el hecho de que ocurriera en el intervalo entre la elección y la toma del cargo es firme. El resto —lugar exacto, autores materiales, móvil inmediato— quedó en una zona borrosa que la memoria regional ha llenado con versiones parciales y la historiografía nacional no ha reconstruido a fondo. Lo que sí puede afirmarse es que el momento resulta elocuente. Un excomandante guerrillero, detenido tras acogerse a la amnistía, que había rechazado la oferta de cooptación del gobierno militar y que estaba a punto de incorporarse al Congreso como voz de una disidencia liberal, no llegó a tomar posesión.
El desenlace de Rangel prefigura y comparte lógica con el de Salcedo tres años antes. Ambos habían depuesto las armas creyendo en los términos ofrecidos; ambos habían sobrevivido a la fase inmediata de la amnistía; ambos murieron cuando comenzaban a proyectarse políticamente en el nuevo escenario. Con una diferencia que conviene sostener: Rangel había logrado, contra todo pronóstico, transitar hacia la política electoral por vía institucional; su muerte ocurrió en vísperas de ejercer el cargo, no como represalia por haberlo ejercido. La neutralización de los pacificados armados no operó, en su caso, como una máquina de exterminio mecánico, sino como una desarticulación deliberada que combinó coerción, incumplimiento y muerte, dejando a los excombatientes sin garantías reales de reintegración plena.
El puente hacia el ELN y el EPL
La huella más consecuente de Rangel no está en su nombre, sino en lo que dejaron sus filas. En 1964 comenzó la organización que pondría al ELN en el mapa; en 1965 el foco insurgente se estableció en el Magdalena Medio santandereano, con raíces en San Vicente de Chucurí y Simacota. Rangel llevaba cuatro años muerto. No fue, en sentido estricto, un antecesor del ELN: fue un antecedente. La distinción no es menor: un antecesor implica continuidad orgánica, transmisión directa de mando o de proyecto; un antecedente implica que el terreno estaba preparado por otros, y que el nuevo actor lo hereda sin subordinarse a él.
Algunos fundadores del ELN tenían vínculos personales con esas experiencias anteriores. La Mona Mariela, que había combatido bajo Rangel, fue una de las fundadoras del ELN. Julio Guerra, otro veterano de sus filas, se sumó al proceso del EPL en el sur de Córdoba, en las regiones del Alto Sinú y Alto San Jorge, entre 1965 y 1967.
La amnistía de 1953 no desmovilizó las redes sociales que sostenían la guerrilla liberal del Magdalena Medio, solo las dispersó. Los cuadros regresaron a sus veredas, a sus oficios, a sus casas. Cuando una década después apareció un proyecto insurgente nuevo, con lenguaje marxista, referencias cubanas y aliento revolucionario, esos cuadros no tuvieron que ser convencidos desde cero: ya habían pasado por la experiencia de la guerra, ya conocían los caminos, ya tenían un mapa personal de quién apoyaba y quién no en cada corregimiento. El capital que heredaron las guerrillas de los sesenta no fue una organización sino una geografía social.
Ese es el peso histórico específico del ciclo Rangel. No convirtió a sus hombres en marxistas —los procesos de politización de La Mona Mariela y de Julio Guerra tuvieron sus propias mediaciones—, pero les dio la primera experiencia armada, los curtió en la relación con el campesinado, los ubicó en un territorio. El ELN estableció su foco en San Vicente de Chucurí y Simacota, precisamente los lugares donde Rangel había operado. Desde allí se irradió al Magdalena Medio, Norte de Santander, Arauca, Casanare, la costa atlántica y regiones del occidente y sur andino.
Un cuadro político-militar, no una leyenda
Rafael Rangel Gómez merece leerse como lo que fue: un cuadro político-militar formado en el cruce entre el sindicalismo petrolero de Barrancabermeja y la insurgencia campesina liberal, con capacidad de operación militar sostenida durante cuatro años en una región estratégica y con la lucidez de rechazar la oferta de cooptación que le hizo Rojas Pinilla en 1953. No fue el jefe guerrillero más numeroso del país —ese lugar lo ocupó Salcedo en los Llanos— ni el más simbólico en la memoria nacional. Pero fue, probablemente, el más significativo desde el punto de vista de la genealogía del conflicto colombiano posterior a 1958, porque su territorio de operación fue el escenario donde el ELN plantó su primer foco y sus cuadros funcionaron como puentes hacia dos de las guerrillas que definirían la segunda mitad del siglo XX.
Su muerte en julio de 1960 cerró un arco personal y abrió otro colectivo. El personal: un hombre que se había levantado en armas para defender a los suyos de la persecución conservadora, que había depuesto esas armas bajo promesa de libertad, que había sido detenido en violación de lo pactado, que había rechazado convertirse en agente del régimen y que en el momento de dar el paso definitivo hacia la política institucional fue eliminado. El colectivo: el fracaso del primer proceso de paz colombiano, entendido no solo como la falla del pacto de 1953 sino como la incapacidad del Estado para ofrecer garantías reales de reintegración a sus pacificados armados.
En la memoria de Barrancabermeja y del Magdalena Medio, Rangel quedó como una figura tratada con más pudor que fervor. La región lo recuerda desde su tradición sindical y desde la historia oral del período de La Violencia, sin haberlo convertido en el mito monumental que otras figuras del mismo ciclo alcanzaron. Esa relativa discreción quizá corresponda mejor a lo que fue: un dirigente concreto, responsable de una toma de San Vicente de Chucurí que produjo muertes de civiles, jefe de una guerrilla que ejerció control territorial con métodos de guerra, y autor de una decisión final —rechazar la cooptación y buscar la vía electoral— que lo colocó del lado de una tradición democrática que el país, entonces como después, no supo proteger.
La historia de Rangel es la de un pacto roto: un jefe amnistiado detenido en Bucaramanga, trasladado a Fontibón, llevado al palacio presidencial y luego devuelto a un país que no le ofreció garantías, muerto en vísperas de sentarse en el Congreso. Entre Salcedo y Rangel, y entre ellos y los desmovilizados de las décadas siguientes, la mecánica del incumplimiento, la cooptación y la eliminación selectiva conserva una continuidad terca.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
39 documentos · 47 fragmentos01El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · Página 2871 cita
[1]para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…
p. 287
02El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · Página 2871 cita
[2]para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…
p. 287
03Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 511 cita
[3]bajo la dirección del coronel Efraín Rojas Acevedo. Las concesiones petroleras Aunque las concesiones petroleras De Mares, en Barrancabermeja, y Barco, en el Catatumbo, habían sido declaradas caducas por las autoridades por razones de política internacional –entre las cuales estaba lograr la firma del Tratado con…
p. 51
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 421 cita
[4]sucesivas olas migratorias de personas buscando ocupación en oficios varios y abrir oportunidades comerciales. Mientras que los rendimientos de las empresas se multiplicaban y sus empleados extranjeros gozaban de comodidades y beneficios, los obreros y sus familias vivían en condiciones muy difíciles. Fue en esta…
p. 42
05En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · Página 281 cita
[5]una industrialización creciente condujeron a las reformas laborales y agrarias del año 1936. Ambas tuvieron un profundo impacto en el Magdalena Medio, especialmente en las zonas petroleras. La reforma laboral tuvo como una de sus consecuencias el reconocimiento y la reglamentación de la actividad sindical. Cuando la…
p. 28
06Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 1981 cita
[6]As Darío Fajardo and Medófilo Medina have shown, the uncertainty of land titles in these areas was such that the "agrarian question" remained very much alive. These were also regions with considerable preexisting peasant politicization, through the Communist party, the Partido Socialista Revolucionario, and Gaitán's…
p. 198
07Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 1111 cita
[7]Caldesa S.A. Puerto Nare ha sido uno de los municipios de mayor explotación de mármoles y calizas en el distrito minero que com- prende también los municipios de Puerto Berrío, Maceo y Puerto Triunfo. El Magdalena Medio es una región geográ fi ca que se encuentra ubicada en el centro de Colombia, entre las cordilleras…
p. 111
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1921 cita
[8]naciente clase obrera colom- biana no tenía un componente de trabajadores in- dustriales fuertes; para 1930 sólo 15.000 obreros laboraban en fábricas; la mayoría de ellos, las dos terceras partes, eran mujeres; las formas de orga- nización sindical tuvieron carácter esporádico. Los sectores que presentaron mayor grado…
p. 192
09María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · Página 1651 cita
[9]lucha, sino también de criticar la manera como Mahecha trabajaba. Tila Uribe confirma esta apreciación al referirse al trato que le dio Ignacio a Mahecha en su libro Los inconformes: […] Para nadie resultó sorpresa el tratamiento que le dio a Mahecha en el siguiente capítulo, donde lo ataca sin ningún miramento y le…
p. 165
10Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 601 cita
[10]fue la culminación de un largo proceso de frustración e injusticia. En abril de 1922, los trabajadores de los campos de la Tropical ya se estaban quejando de sus condiciones de trabajo. Había pocos hos~itales en la región petrolera, a pesar de las condiciones en, ext:emo.ms~lubres~ y mientras los colombianos ganaban…
p. 60
11Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2221 cita
[11]entre el trabajo y el capital pueden M ü m ó nicas. -Si ¿ 30 EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO SINDICAL La primer gran huelga se hizo contra la Tropical Oil Com Las condiciones de trabajo en el Magdalena medio eran desastroS En 1923, 40.81 % de los trabajadores empleados se enfermaron,-s,y! 1.51% muri ó. En ese medio…
p. 222
12Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 2371 cita
[12]de Noviembre, de Barrancabermeja, Ignacio Torres Giraldo habla a los obreros, el 26 de diciembre de 1926, durante los preparativos de la huelga petrolera que será declarada el 5 de enero de 1927. 236 Nueva Historia de Colombia. Vol. III mostró algunos triunfos obreros. Pri- mero fueron los braceros de Girardot y luego…
p. 237
13Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · Página 731 cita
[13]exactamente a un congreso sindical sino a un encuentro abierto y revolucionario de organizaciones”.2 Agrega que el Partido se alimentaba del gran espíritu de lucha obrera que floreció en esa segunda década del siglo XX. Una época mar cada por un incipiente proceso de industrialización en el país, la confor mación de…
p. 73
14The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 4961 cita
[14]natural warmth, he didn’t use fancy words, he went directly to the point. The language he used was so that everyone could understand him, even though he was a lawyer, he came here as a lawyer. His office was by the Pipatón Hotel, over where 4th Avenue is being built, there by the riverbank.—Rafael Núñez, interviewed…
p. 496
15Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 361 cita
[15]petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…
p. 36
16No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 35, 532 citas
[16](1920-1958) 53 Los testimonios recogidos en comunidades por la Comisión de la Verdad permiten afirmar que efectivamente Gaitán y su movimiento, que incluía a sectores campesinos, obreros y pequeños propietarios, fueron objeto de una persecución implacable en varios de los municipios del centro del país. El asesinato…
p. 53
[20]para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición se pone como ejemplo que la luz eléctrica llegó primero al ingenio La Manuelita que a Cali, y que este tuvo primero una red ferroviaria hacia Buenaventura que hacia la ciudad. 13 Tomo Colombia adentro. Relatos territoriales del conflicto armado,…
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17La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 4701 cita
[17]y se han ejecutado todas las locuras. A la oposición se le silencia con Consacá. Al desastre económico se le muestra el endriago de Consacá. A la disolución de los partidos, se les señala Consacá. A la república lacerada se le abate con los ramalazos de Consacá. Y, a la conciencia civil de Colombia, desfalcada por los…
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18Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 351 cita
[18]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
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19Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 691 cita
[19]prontitud en el des- monte de los aparatos liberales y al li- beralismo que pugna por pasar el cua- trenio con los menores golpes posi- bles, antes de recuperar la presiden- cia. El país se caldea y en los campos y pueblos comienza la Violencia. Jor- ge Eliécer Gaitán, dirigente indiscuti- do del partido, hace vibrar…
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20Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 38, 452 citas
[21]gadas de protegerlos. Las identidades partidistas estaban tan enraizadas que, con su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote “chulativa”, con que los grupos liberales desig- naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia; ese era el nombre de…
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[22]su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote "chulativa”, con que los grupos libérales desig naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia', ese era el nombre de una vereda conservadora del municipio boyacense de Boavita que desde 1837 había…
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21Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Páginas 147, 1522 citas
[23]Villarreal. Esta fuerza parapolicial, alimentada por el rencor hacia sus contrarios, fue reclutada para “salvar al presidente Ospina” y para matar campesinos liberales. Desde entonces, el gentilicio de los oriundos de Chulavita —los chulavitas— se convirtió en el terror por los métodos y medios criminales que…
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[28]acordado entre liberales y militares, la toma de San Vicente de Chucurí con el propósito de sabotearlas y responder así a los continuos asesinatos que se cometían en contra de los integrantes de su partido. En las filas de Rangel participó también el campesino Julio Guerra, que años después se ubicó en el sur del…
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22Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2211 cita
[24]destajo q ue li q uidaban sel ectivamen te lib eral es des d e J> alm ira hasta A rm enia, y El P aís, más recatado y oligarca. E l au togol pe de Os pina y la decla ratoria de abstención li be ral de fin es de 1949, a br ie ron lo q ue a quí he mo s ll a mad o un a segu n- da eta pa qu e, po r m ome nt os, pareció…
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23El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 692 citas
[25]parida necesariamente en el campo. Cuando en Colombia el Partido Comunista llamó a la autode- fensa de las masas, noviembre de 1949, en algunas regiones ya reto- ñaba entre liberales gaitanistas. Porque la alternativa era resistir o perecer. El presidente Gómez Castro, al darse cuenta que había nacido una resistencia…
p. 69
[26]parida necesariamente en el campo. Cuando en Colombia el Partido Comunista llamó a la autode- fensa de las masas, noviembre de 1949, en algunas regiones ya reto- ñaba entre liberales gaitanistas. Porque la alternativa era resistir o perecer. El presidente Gómez Castro, al darse cuenta que había nacido una resistencia…
p. 69
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 691 cita
[27]una perspectiva de más largo aliento, como parte de un proyecto político y de vida, bien fuese por por una decisión libre y racional, o presos de las circunstancias. Así lo constató ante la Comisión este testimoniante: «Esos eran Pájaros, apoyados por los terratenientes. Ellos no estaban en contra del Estado, ellos…
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25El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · Página 391 cita
[29]colaboraciones concretas al Ejército: brindar información para localizar a los “grupos antisociales y comodida- des para las tropas que acamparan en sus haciendas” y, por otra parte, suministrar ayuda para levantar un censo de los propieta- 139 Oliverio Perry y Cía (Editores). Quién es quién en Colombia. Bogotá:…
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26El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · Página 322 citas
[30]de San Vicente–, y fue exterminada por las Fuerzas Militares a comienzos de los años sesenta. Desprendido de la segunda, está el grupo de bandoleros comandado por Polo Millán y que operó como grupo de asaltantes o “matarifes a sueldo”, y que fue exterminado por el Ejército con la muerte de su jefe a fines de los años…
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[31]de San Vicente–, y fue exterminada por las Fuerzas Militares a comienzos de los años sesenta. Desprendido de la segunda, está el grupo de bandoleros comandado por Polo Millán y que operó como grupo de asaltantes o “matarifes a sueldo”, y que fue exterminado por el Ejército con la muerte de su jefe a fines de los años…
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27Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · Página 761 cita
[32]y del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), que motivados por la Revolución Cubana se insertaron en las ten- siones del mundo rural. Así, instauraron un foco revolucionario en Magdalena Medio como lugar estratégico 45, a partir de las re- des guerrilleras liberales que tenían contacto con una población campesina…
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28Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · Página 391 cita
[33]población civil que buscaba su seguridad al lado de quienes tenían las armas. Por ello, la columna per- dió movilidad y tuvo que afrontar problemas de protección a la gente que se había sumado a la marcha Ese tiempo se constituyó en una especie de escuela de entrenamiento que hizo posible la etapa propiamente…
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29Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · Página 861 cita
[34]lograr la entrega de las guerrillas liberales y comunistas y de los grupos armados conservadores, Rojas Pinilla ofreció, además de una amnistía general, entregar tierra a los campesinos y titular baldíos a los colonos. Para cumplir esta promesa, en julio de 1953 expidió el Decreto 1894 por el cual se creó el ICI…
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30Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Páginas 177, 1902 citas
[35]durante periodos relativamente largos, dada la coexistencia en su estructura productiva de una ganadería inmediatamente disponible para el consumo y terrenos aptos para el sembrado de cultivos de pan coger de retorno inmediato. En su conjunto, estas zonas pudieron haber llegado a albergar hasta 20. 000 hombres en…
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[38]El logro parcial o total de estos objetivos en cualquiera de las regiones convulsionadas, sería utilizado como arma de presión a las guerrillas del Llano, las más numerosas, las más temidas y de mayor significación en el contexto nacional. Hay que recordar que cuando llegaron los primeros comunicados a los Llanos, los…
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31Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2171 cita
[36]de los esp í ritus ”. Alfonso L ó pez, con autorizaci ó n del gobierno, que busc ó en varias ocasiones un acuerdo con la guerrilla que llevara a su desarme, se entrevist ó con algunos jefes guerrilleros sin ning ú n resultado. Sin embargo, las guerrillas segu í an aumentando: en los Llanos Orientales, dirigidas por…
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32Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 1081 cita
[37]de las autoridades fuera evidentemente injusta. Guadalupe Salcedo era un guerrero vigoroso y leal con sus hombres, hábil estratega y memorable ser humano, firme en sus convicciones e implacable en el combate, que cuando fue llamado a la paz y a la concordia y se convenció de que la promesa oficial era sincera, actuó…
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33Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · Página 471 cita
[39]batallones del Ejército. Aunque la operación fue un fracaso militar, desen- cadenó la “rebelión llanera” que se prolongó hasta mediados de 1952 (Molano, 1986). Durante esta rebelión, numerosas victorias en contra de la Poli- cía y el Ejército consagraron a Guadalupe Salcedo, Eduardo Fran- 20 Todas las entrevistas…
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34Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · Página 681 cita
[40]pú- blicas. Gobernadores, miembros de consejos locales, alcaldes y hasta senadores se han visto sometidos a la justicia guerrillera, la cual puede llegar al asesinato (ejecución revolucionaria) de la persona implicada. La citación a empleados públicos por corrupción de parte de los mucha- chos, como se llama…
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35Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 831 cita
[41]de Caño Limón, en Arauca, y de la construcción del oleoducto hasta Coveñas. Su surgimiento tuvo lugar en Santander y desde allí irradió al Magdalena medio, Norte de Santander, Arauca, Casanare, la costa atlántica y regiones aisladas del occidente y sur de las montañas andinas. En 1990, el ELN actuó en toda la región…
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36La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · Páginas 66, 672 citas
[42]habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la luz de orientaciones centrales era…
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[43]Pero la entrega de los hombres que habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la…
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37Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 612 citas
[44]a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…
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[45]a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…
p. 61
38Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 3181 cita
[46]agrario del Alto Su- mapaz y Oriente del Tolima, liderado por Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, y de las relaciones de ellos con Gaitán, surgieran las guerrillas del Su- mapaz, grupos de autodefensa campesina que enfrentaron la opresión y per secución del régimen conservador y del proyecto de conservatización…
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39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 551 cita
[47]violaban a las mujeres, haciéndoles todo lo que se les antojaba, y sin poder chistar palabra para evitar mayores tormentos [...] y yo entonces tenía sino escasos trece años, a mí me daba mucho miedo y me dolía todo lo que hacían, fue como me resolví a largarme de cerca de esas gentes tan malas, a ver si evitaba morir…
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