Juntas revolucionarias provinciales y Junta Provisional Socialista del 9 de abril
El 9 de abril de 1948, mientras Bogotá ardía tras el asesinato de Gaitán, emergieron juntas revolucionarias en Barrancabermeja, Buga, Ibagué y Líbano, y desde la Radiodifusora Nacional Jorge Zalamea, Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar proclamaron una Junta Provisional de gobierno socialista; todas fueron clausuradas por el pacto bipartidista que Ospina Pérez y la dirigencia liberal sellaron el 10 de abril.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 9 y 10 de abril de 1948
- Dónde
- Bogotá, Barrancabermeja, Ibagué, Tolima, Valle del Cauca, Magdalena Medio, San Vicente de Chucurí, Buga, Líbano
- Protagonistas
- Jorge Eliécer Gaitán, Jorge Zalamea, Gerardo Molina, Diego Montaña Cuéllar, Rafael Rangel, Mariano Ospina Pérez, Darío Echandía, Carlos Lleras Restrepo, Raúl Eduardo Mahecha, Ignacio Torres Giraldo, Unión Sindical Obrera (USO), Radiodifusora Nacional
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Persecución sistemática del gaitanismo desde 1946 en municipios y cabeceras del centro del país, que acumuló agravios —robos de cédulas, encarcelamientos, homicidios— y convirtió el asesinato de Gaitán en detonante de respuesta armada anticonservadora.
- Existencia de organización popular densa y preexistente: la USO de Barrancabermeja con veinticinco años de práctica sindical y huelgas petroleras desde 1922, y la tradición socialista del Líbano con antecedentes en el levantamiento de julio de 1929.
- Amplificación radial triunfalista desde la Radiodifusora Nacional: las proclamas de Zalamea, Molina y Montaña Cuéllar —'El pueblo manda en Colombia por primera vez en la historia'— llegaron a la provincia como confirmación del triunfo revolucionario en la capital, movilizando a los insurrectos locales.
- Ausencia de un comando nacional revolucionario que coordinara las juntas provinciales entre sí y con la capital, lo que dejó a cada junta actuando de forma desarticulada y a la espera de órdenes que nunca llegaron.
Consecuencias
- Las juntas provinciales se disolvieron sin resistencia armada organizada una vez que el pacto bipartidista del 10 de abril entre Ospina Pérez y la dirigencia liberal privó a los insurrectos de cualquier interlocutor nacional, dejando a Barrancabermeja y demás focos con poder obrero real pero sin respaldo político externo.
- El gabinete de Unión Nacional acordado el 10 de abril restauró la coalición bipartidista y clausuró la alternativa socialista democrática proclamada desde la Radiodifusora, cancelando institucionalmente la vía política que Zalamea, Molina y Montaña Cuéllar habían intentado abrir.
- La paradoja comunicativa de la radio —que agitó la provincia con un triunfo ficticio e inmovilizó la marcha popular sobre Bogotá— quedó como lección estructural sobre el control gubernamental de las emisoras, reforzando la centralización estatal de los medios de comunicación.
- La experiencia de las juntas provinciales fue subsumida bajo el relato urbano del Bogotazo, invisibilizando durante décadas el carácter plural, regional y programáticamente diferenciado del acontecimiento, hasta que Gonzalo Sánchez Gómez lo documentó académicamente en 1983.
La clave interpretativa
Por qué importa
El episodio demuestra que el 9 de abril no fue un motín capitalino espontáneo sino un proceso simultáneo y regionalmente diferenciado, con alternativas organizativas concretas —incluida una vía socialista democrática con nombre, programa y aparato mediático— que el liberalismo institucional deliberadamente clausuró al negociar con Ospina en lugar de respaldar la insurrección popular. Cuestiona el centralismo bogotano de la historiografía dominante y documenta que la violencia bipartidista posterior no fue inevitable: hubo un momento en que otras salidas estuvieron sobre la mesa y fueron descartadas por las élites.
Desarrollo histórico
La historia completa
Juntas revolucionarias provinciales y Junta Provisional Socialista del 9 de abril
El 9 de abril de 1948, mientras Bogotá ardía tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán a la 1:05 de la tarde en la carrera séptima con avenida Jiménez, en al menos cuatro ciudades del país emergieron gobiernos locales que desconocieron a las autoridades constituidas y ensayaron, durante 48 a 72 horas, formas embrionarias de poder popular. En Barrancabermeja, Buga, Ibagué y Líbano se constituyeron juntas revolucionarias que dictaron decretos, organizaron abastecimientos y proclamaron milicias. Desde la Radiodifusora Nacional, tomada por un grupo encabezado por Jorge Zalamea, Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar, se proclamó una Junta Provisional de gobierno de contenido socialista y se lanzaron al aire consignas que resonaron con fuerza en la provincia. Todas estas experiencias fueron abortadas por la negociación política entre la dirigencia liberal y el presidente Mariano Ospina Pérez el 10 de abril en el Palacio de la Carrera. Bajo el rótulo urbano del Bogotazo se leyó aquello como un motín capitalino; el archipiélago provincial que emergió esas mismas horas obliga a reescribir el acontecimiento como un proceso simultáneo, plural y regionalmente diferenciado, en el que se ensayó —sin coordinación central y con destino frustrado— una alternativa política que el pacto bipartidista restaurado clausuró de raíz.
El asesinato de Gaitán no cayó sobre un país en reposo. Desde 1946, con el ascenso de Mariano Ospina Pérez a la presidencia, la persecución al gaitanismo se había endurecido en el campo y en las cabeceras municipales del centro del país. Los partidarios de Gaitán sufrieron robos de cédulas, constreñimiento electoral, encarcelamientos sin causa justa, apaleamientos y homicidios. En febrero de 1946, el personero de Anapoima, en Cundinamarca, ordenó retirar de sus puestos a todo el personal identificado con el movimiento gaitanista: un ejemplo pequeño y documentado de una práctica extendida. Sobre esa acumulación de agravios se montaron, más tarde, las juntas de abril.
La otra base del acontecimiento estaba en la organización popular acumulada a lo largo de un cuarto de siglo. En Barrancabermeja, la Unión Sindical Obrera se había fundado en 1922 con la colaboración del socialista Raúl Eduardo Mahecha, y desde allí había protagonizado la primera gran huelga contra la Tropical Oil Company en octubre de 1924. Una segunda huelga estalló en 1927, precedida por giras de agitación de dirigentes del partido socialista-comunista —entre ellos Ignacio Torres Giraldo—, con paros de solidaridad de los portuarios a lo largo del Magdalena y una represión mayor que la anterior, con varios enfrentamientos armados con la tropa. Los pliegos de peticiones exigían pago de salarios atrasados, mejoras habitacionales, servicios médicos y abolición del sistema de vales redimibles en almacenes de la compañía: agendas concretas, no metáforas.
La reforma laboral de 1936, apoyada en el Código Laboral, cambió la aritmética. Cuando la vieja Sociedad Unión Obrera se transformó en la USO, el gobierno le reconoció el mismo estatus jurídico que a la Tropical Oil Company y obligó a la compañía a sentarse en la mesa de negociación. Fracasada la primera ronda, cinco mil trabajadores se declararon en huelga y el gobierno militarizó Barrancabermeja. La USO, sin embargo, salió reforzada: lideró un movimiento nacionalista por la soberanía sobre el petróleo, tejió alianzas con la ciudad y con el ala gaitanista del liberalismo, y consiguió un paro cívico en Bogotá con veinticinco mil personas. De esa presión sostenida saldría, más adelante, la creación de una empresa estatal petrolera. Cuando llegó el 9 de abril, Barrancabermeja no fue un puerto sorprendido: fue una comunidad obrera con veinticinco años de práctica sindical, memoria de huelgas y capacidad de convocatoria intacta.
El Tolima traía otra genealogía. El 29 de julio de 1929, antes del amanecer, un grupo de insurgentes armados con rifles Mauser y Gras, portando linternas cubiertas con papel rojo para identificarse mutuamente, protagonizó el levantamiento socialista del Líbano: bombas en la cabecera y en el corregimiento de Dos Quebradas, seis muertos, la toma del vecino Murillo y la exigencia a los funcionarios locales de saludar la bandera roja. La milicia ciudadana que dispersó a los insurgentes fue liderada conjuntamente por el capitán conservador Marco Sáenz y el liberal Juan B. Echeverri, en una alianza bipartidista contra la insurrección de izquierda que prefiguraría, en pequeño, la del 10 de abril de 1948. La memoria de 1929 no se había perdido: cuando Ospina Pérez ganó la presidencia, el periódico local del Líbano declaró que la población "era, es y continuará siendo una ciudadela del liberalismo". El gobernador nombró alcalde al liberal Neftalí Larrate, y en menos de un mes lo reemplazó por el conservador Benjamín Villegas; la protesta liberal ante el gobernador Meléndro Serna fue inmediata y ruidosa. La animosidad estaba servida.
Sobre esa capa de agravios recientes y organización acumulada cayeron los tres tiros de la carrera séptima.
A la 1:05 de la tarde, Juan Roa Sierra disparó tres tiros contra Jorge Eliécer Gaitán frente al edificio Agustín Nieto. Antes de las dos, la noticia estaba en la calle. Turbas incendiaron tranvías, templos, edificios públicos civiles y religiosos, abrieron cárceles y saquearon almacenes en el centro de Bogotá. Las estimaciones de muertos en la capital oscilan entre dos mil y más de cinco mil, sobre una población de aproximadamente seiscientos mil habitantes. Pero el eco del acontecimiento no se detuvo en la sabana: repercutió en Barranquilla, Cartagena, Sincelejo y otras localidades, razón por la cual en muchas regiones se prefiere hablar del colombianazo y no del Bogotazo.
La irrupción decisiva vino de las ondas. Un grupo encabezado por Jorge Zalamea, Gerardo Molina y Diego Montaña Cuéllar tomó las instalaciones de la Radiodifusora Nacional y desde allí lanzó proclamas revolucionarias con un vocabulario deliberadamente épico. "El pueblo manda en Colombia por primera vez en la historia", "La revolución colombiana es la más grande del mundo", "Ha comenzado la verdadera Revolución Americana": frases que evocaban la Revolución francesa y la Revolución de Independencia, dotando al mensaje de un marco histórico-simbólico de gran resonancia. La radio, que en los años previos ya había funcionado como vector político —transmitiendo sesiones del Congreso, conferencias de jefes políticos, mensajes directos al ciudadano—, se convirtió aquella tarde en el instrumento de proclamación de una Junta Provisional de contenido socialista. Los tres nombres no eran fortuitos: Zalamea, escritor y diplomático de trayectoria; Molina, dirigente socialista con vocación intelectual; Montaña Cuéllar, jurista de izquierda. La proclama tenía firma, programa y densidad ideológica.
En Barrancabermeja, la respuesta fue inmediata y organizada. Las organizaciones populares del puerto —con la USO en el centro— constituyeron una Junta Revolucionaria que desconoció a las autoridades gubernamentales. Al frente estuvo Rafael Rangel Gómez, figura que sintetizó el liderazgo obrero-liberal de la ciudad. La junta no se limitó a proclamas: puso en marcha cocinas colectivas, compró productos agrícolas a campesinos de los alrededores de San Vicente de Chucurí y convocó a los sectores económicos pudientes de la ciudad a aportar contribuciones diarias en efectivo para sostener el abastecimiento. Fue una economía de emergencia con lógica reconocible: control popular del consumo, tributación local a los propietarios, redistribución inmediata. Durante varios días, la comunidad obrera del puerto administró la ciudad.
En Ibagué y en Buga se constituyeron juntas análogas, y en el Líbano —el pueblo de la bandera roja de 1929— la memoria del levantamiento socialista dio un marco histórico al movimiento del 9 de abril. La composición social de las juntas fue heterogénea: dirigentes liberales de base, obreros sindicalizados, artesanos, pequeños propietarios, gaitanistas de la primera hora. El programa inmediato incluyó la prohibición del consumo de alcohol —medida elemental de orden en una insurrección—, la organización de milicias populares y la emisión de decretos locales que asumían funciones de gobierno. No fue una improvisación caótica: fue una respuesta que activó redes organizativas preexistentes.
Mientras las juntas se organizaban en la provincia, en Bogotá ocurría la escena que iba a decidir su destino. Los dirigentes liberales Carlos Lleras Restrepo y Darío Echandía se dirigieron al Palacio de la Carrera a negociar con Ospina Pérez, mientras una gran masa los seguía y esperaba afuera los resultados. Le pidieron la renuncia. Ospina la rechazó, defendió la legitimidad de su mandato y esperó la llegada de refuerzos militares. Algunos militares le propusieron la formación de una junta provisional para recuperar el orden; también rechazó esa salida. Decidió mantenerse al mando y proponer, en cambio, un gobierno de Unión Nacional que incorporara a dirigentes liberales al gabinete. La coyuntura, para él, no era el fin: era la ocasión.
En la mañana del 10 de abril, con la revuelta bogotana ya en repliegue, se acordó el gabinete bipartidista. La coalición renació. Aquel acuerdo, tomado a puerta cerrada en un palacio rodeado de escombros, selló el destino de las juntas provinciales sin que ninguna orden militar directa tuviera que dictarse contra ellas.
La ramificación provincial del 9 de abril tuvo tres causas de fondo. La primera fue la persecución acumulada del gaitanismo desde 1946: los agravios recibidos durante dos años en decenas de municipios convirtieron el asesinato de Gaitán en una consigna vengadora que no necesitaba dirección central para estallar. Fue un movimiento fundamentalmente anticonservador, orientado a reivindicar la muerte del jefe. Donde había memoria de agravio, hubo respuesta.
La segunda causa fue la existencia previa de organización popular densa. Barrancabermeja tenía a la USO y veinticinco años de práctica sindical; el Líbano tenía una tradición socialista con antecedentes en 1929; Ibagué y Buga eran ciudades con presencia liberal-gaitanista consolidada. Sin esa base, el asesinato habría producido solo estallidos dispersos. Con esa base, produjo juntas.
La tercera causa —y aquí entra el elemento más singular— fue la radio. Las proclamas transmitidas desde la Radiodifusora Nacional llegaron con fuerza a la provincia y funcionaron simultáneamente como convocatoria y como confirmación. Los insurrectos provinciales recibieron el mensaje como prueba de que en la capital la revolución había triunfado, y a partir de esa certeza calibraron sus acciones. El detonante coyuntural, entonces, no fue únicamente el crimen: fue el crimen amplificado por una revolución mediática inédita en el país. La palabra que salió de Bogotá construyó una realidad en la provincia distinta de la que ocurría en la propia Bogotá.
Y en esa asimetría descansaba la paradoja del acontecimiento. Desde la capital se emitieron voces triunfalistas que la propia capital se negó a escuchar. Bogotá lanzó al aire la proclama de una revolución que Bogotá no cumpliría. La provincia recibió el mensaje como verdadero y ajustó su conducta a esa verdad: creyó que la insurrección había ganado en la capital y, por tanto, no marchó sobre ella. Las juntas se dedicaron a organizar el poder local mientras esperaban órdenes de un centro que en realidad se desmoronaba en dirección contraria.
Si la insurrección se ramificó por acumulación de agravios, organización previa y amplificación radial, su desenlace se explica por la conjunción de tres factores. El primero fue la ausencia de dirección nacional. Los líderes espontáneos de los levantamientos provinciales se quedaron esperando la decisión radical de las altas esferas del liberalismo asentadas en Bogotá, o la orden de un comando nacional revolucionario que nunca existió. Las juntas de Barrancabermeja, Buga, Ibagué y Líbano actuaron desarticuladamente entre sí, cada una atenta a lo que ocurriera en la capital y ninguna coordinándose con las demás. La proclama de Zalamea, Molina y Montaña Cuéllar por la Radiodifusora, con toda su fuerza simbólica, no vino acompañada de un aparato político capaz de convertirla en aparato de mando.
El segundo factor fue la desinformación misma que había disparado los levantamientos. La provincia, convencida por las proclamas radiales de que la capital ya había caído, se negó a marchar sobre ella. La principal fuente de agitación fue también la principal fuente de parálisis: la radio agitó conciencias y mantuvo vivo el movimiento durante horas cruciales, pero produjo simultáneamente una representación imaginaria de Bogotá que inmovilizó la única fuerza capaz de decidir la insurrección, la propia marcha popular sobre el poder central.
El tercer factor fue el pacto del 10 de abril. Cuando Lleras Restrepo y Echandía entraron a negociar con Ospina, y cuando este propuso el gabinete de Unión Nacional, la fuente de legitimación externa que las juntas provinciales esperaban se convirtió en su verdugo. La dirigencia liberal bogotana no llamó a marchar sobre Palacio: negoció adentro. El liberalismo institucional eligió la coalición bipartidista sobre la insurrección popular, y con esa elección canceló la posibilidad de que las juntas de provincia tuvieran un interlocutor nacional. La provincia se quedó sola, con la certeza inicial —el triunfo revolucionario en la capital— disuelta en un pacto de Palacio que la ponía en falso.
El 10 de abril de 1948, la situación comenzó a despejarse para los insurrectos de Barrancabermeja: en Bogotá, la dirección liberal y el gobierno habían llegado a un acuerdo político, y la Junta Revolucionaria se encontró frente a la pregunta de qué hacer a continuación, con un movimiento obrero fuerte y el apoyo de la población, pero sin nadie en la capital dispuesto a sostener el proyecto. La respuesta llegó por sustracción: la desmovilización silenciosa, la restauración de las autoridades, la absorción del episodio como un accidente. En el Líbano, en Ibagué, en Buga, el desenlace fue análogo. La coalición renacida en Bogotá duró poco más de un año como fórmula formal, pero el gesto del 10 de abril había cumplido su tarea decisiva: enterrar la vía que las juntas prefiguraban.
Del pacto de Palacio salió también, en pocas semanas, la decisión de rehacer el aparato coactivo del Estado. Ospina Pérez leyó el 9 de abril como una advertencia. La revuelta y la deserción parcial de la policía capitalina —cuya participación en algunos episodios del Bogotazo había provocado alarma en el partido gobernante— convencieron al conservatismo de que el aparato coactivo del Estado necesitaba una depuración política. Laureano Gómez lo formularía con dureza: habían "recibido la herencia de una policía enemiga del nuevo régimen". La consecuencia fue la conservatización de la policía y, con ella, la construcción de una fuerza parapolicial paralela: los chulavitas.
El nombre venía de la vereda de Chulavita, en el norte de Boyacá, de donde se reclutaron muchos de sus agentes, marcados por un sectarismo conservador militante. La fuerza fue reclutada, en los términos de sus propios promotores, para "salvar al presidente Ospina", y desde 1948 se desplegó contra campesinos liberales con una violencia que se convertiría en marca de época. En el sur del Tolima las comisiones chulavitas hicieron presencia sistemática desde 1948, y en El Limón dejaron trece muertos en un solo ataque; en Chaparral operaron comisiones mixtas de policía y civiles. Los cuerpos eran transportados en volquetas y arrojados desde el puente natural de Pandi al río Sumapaz, en precipicios entre Villarrica y Cunday, y en el alto de Buenavista. Paralelamente, surgieron los "pájaros", grupos de sicarios políticos cuya siniestralidad quedó registrada en la memoria regional.
En Boyacá, desde el mismo 9 de abril, se movilizó a civiles conservadores mayores de dieciocho años, organizados en comisiones para detener a liberales, defender los pueblos y marchar sobre Bogotá bajo el llamado del gobernador Chepe Villareal. Aquella movilización cristalizó la lógica que iba a dominar la Violencia: guerra partidista con métodos irregulares, combinación de fanatismo religioso, ánimo de venganza y miedo, e instrumentalización desde la dirección política del conservatismo.
La violencia posterior operó en dos niveles superpuestos. Uno partidista: matanzas en distritos con mayoría liberal o resultado electoral empatado. Otro clasista: represión sistemática de organizaciones populares y sindicales. El conjunto de las clases dominantes no vio con malos ojos ese doble movimiento. La oportunidad de culminar lo que podría llamarse una subversión socialista de contenido democrático se frustró aquel día, y la Violencia que siguió —estimulada en parte desde el propio gobierno— no fue revolucionaria sino apenas parcialmente, sin alcanzar las metas de cambio instrumental que el movimiento gaitanista había representado.
Las juntas provinciales del 9 de abril quedaron durante décadas fuera del relato canónico. El acontecimiento se contó en torno a Bogotá —los tres tiros de Roa Sierra, el linchamiento del asesino, el incendio del centro, las cifras de muertos, la negociación en el Palacio— y trató la provincia como réplica menor de la sacudida capitalina. Barrancabermeja, el Líbano y otras localidades tardaron en recuperar el lugar que la memoria bogotánica les había recortado, y solo con esa recuperación se hizo posible reconstruir el archipiélago como un objeto historiográfico legítimo.
El desplazamiento no fue menor. El 9 de abril dejó de leerse como un episodio exclusivamente urbano para revelarse como un proceso nacional con planos superpuestos. La existencia de la proclama socialista por la Radiodifusora Nacional —firmada por Zalamea, Molina y Montaña Cuéllar— mostró que en aquellas horas se ensayó no solo una insurrección espontánea sino la formulación pública de una alternativa política con densidad ideológica. Y la organización obrera de Barrancabermeja, con sus cocinas colectivas, sus contribuciones económicas locales y su capacidad de sostener durante días el abastecimiento popular, demostró que las juntas no fueron solo simbolismo: hubo administración concreta de recursos, ensayo de economía comunitaria, ejercicio efectivo de gobierno alternativo.
Sería un error, sin embargo, convertir el archipiélago en mito. Las juntas provinciales tuvieron límites estructurales severos. Carecieron de organización sostenida, de dirección coordinada, de proyecto articulado a escala nacional. Su contenido programático se movió entre la reivindicación gaitanista, el anticonservatismo y la improvisación de emergencia; solo en Barrancabermeja, y solo en algunos aspectos de la proclama radial, hubo formulaciones que podrían llamarse propiamente socialistas. En su mayoría, el 9 de abril provincial fue un movimiento anticonservador de duelo por Gaitán, no un proyecto revolucionario articulado. La pregunta pertinente no es si aquellas juntas eran, en sí mismas, viables como gobierno nacional —no lo eran, no en las condiciones organizativas de abril de 1948—, sino si portaban un contenido que la restauración bipartidista percibió como riesgo suficiente para cerrarlo con la firma del gabinete de Unión Nacional. Todo indica que sí.
La paradoja comunicativa del 9 de abril hizo visible la potencia y el peligro de la radio como instrumento de construcción de realidad. La provincia obedeció una Bogotá que no existía sino en las ondas. Ese descubrimiento —que un país puede ser movilizado o paralizado por lo que la radio le cuenta, con independencia de los hechos— sería aprendido con rapidez por el gobierno y por sus adversarios en la década siguiente. La política colombiana no volvió a pensarse al margen del medio.
El 9 de abril de 1948 quedó fijado en la memoria nacional como el día en que Colombia perdió a Gaitán y como la noche en que Bogotá ardió. Pero ese día contuvo, además, una pregunta que rara vez se formula con claridad: qué habría ocurrido si la insurrección provincial y la proclama socialista de la Radiodifusora hubieran encontrado dirección nacional, si las juntas de Barrancabermeja, Buga, Ibagué y Líbano hubieran actuado coordinadamente, si Lleras Restrepo y Echandía hubieran entrado a Palacio no a negociar sino a exigir. La respuesta contrafactual no existe; lo que existe es la constatación de que en aquellas 48 a 72 horas se hizo visible un país distinto del que la historiografía oficial narró después.
Ese país tenía nombres: Rafael Rangel Gómez en Barrancabermeja; Zalamea, Molina y Montaña Cuéllar en la Radiodifusora; dirigentes locales del Líbano, de Ibagué y de Buga cuyos rastros el archivo regional sigue conservando. Tenía organización obrera con veinticinco años de práctica, memoria socialista con antecedentes de 1929, capacidad demostrada para administrar cocinas colectivas y decretar milicias, y una proclama que invocaba a la Revolución francesa y a la Independencia como marco de referencia. Fue un ensayo real, breve, plural y desarticulado, cerrado por un pacto de Palacio y sepultado luego por la conservatización del Estado y el auge chulavita.
Restituir ese archipiélago a la memoria histórica no es un ejercicio nostálgico ni una operación política diferida. La historia del 9 de abril, mientras se cuente solo desde Bogotá, será una historia amputada. La provincia estuvo allí, con sus juntas, sus decretos, sus cocinas y sus milicias; con la Radiodifusora Nacional tomada y una Junta Provisional Socialista proclamada al aire; con presencia suficiente para que la restauración bipartidista tuviera que actuar deprisa. Que Ospina rechazara la renuncia, que Lleras y Echandía aceptaran el gabinete, que la policía se conservatizara en semanas: aquella premura dice, con más precisión que cualquier discurso posterior, lo que se cerró el 10 de abril. Las juntas provinciales fueron una alternativa política que existió durante 72 horas y fue liquidada sin gran violencia visible en las cabeceras insurrectas. Esa liquidación —silenciosa, negociada— marcó, más que muchos episodios sangrientos posteriores, el contorno del país que vendría.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 57, 602 citas
[1]Pero el resto de las gentes de Barranca no tenían este recurso. Entonces se adoptó una serie de medidas como el suministro de carne. Al tiempo que se convocó a sectores de grandes recur- sos económicos en Barranca, para que aportaran contribuciones diarias en efectivo para resolver los problemas de abastecimiento, se…p. 60
[5]revolución en Ba- rranquilla. Acaban de tomarse la go- bernación de Barranquilla las fuerzas revolucionarias izquierdistas, en la ca- pital del Atlántico...» «Liberales de Boyacá, os habla Her- nán Villamarín, diputado actualmente Manifestación gaitanista en la Plaza de Bolívar con delegaciones de Cundinamarca y…p. 57
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2321 cita
[2]a las características regionales asumió sus propias modalidades. Sin em- bargo, al igual que en Bogotá, los movimientos carecieron de una or- ganización y dirección adecuadas; los espontáneos líderes se quedaron esperando la decisión radical de las altas esferas del liberalismo aposen- tadas en Bogotá o las…p. 232
03Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 141, 1652 citas
[3]revolucionario a la provincia, así fuera muchas veces con un triunfalismo sin fundamento y distorsionado de lo que acontecía en Bogotá. «El pueblo manda en Colombia por primera vez en la historia… La revolución colombiana es la más grande del mundo… Ha comenzado la verdadera Revolución Americana», eran algunas de las…p. 165
[33]se toma en todo rigor, podría indicar que usted es o puede ser mi adversario de la propiedad individual; la manera como usted la expone da a entender tan solo que usted quiere introducir serias reformas legales que vengan a mejorar la condición lastimosa de nuestras clases inferiores. Tal ha sido al menos en los…p. 141
04Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4141 cita
[4]Fire; Betancourt E. and García B., Matones y cuadrilleros. 39. Preparations for the conference are detailed in Braun, The Assassination of Gaitán, 129–31; conference business in Tirado Mejía, Colombia en la OEA, 84–98. For Gaitán’s career, see Braun, The Assassination of Gaitán, chapters 1– 5. Lleras mentions his link…p. 414
05¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 881 cita
[6]al tiempo que transmitía las sesiones del Congreso, las primeras radionovelas y las conferencias de unos jefes políticos que así se daban el lujo de llegar directa mente al ciudadano. A ese impulso cultural respondía también la Iglesia con la creación de Radio Sutatenza, un novedoso sistema de educación para…p. 88
06Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1991 cita
[7]tras int e rmin ab les meses de racionamientos de agua y electricidad a raíz de una int ensa sequ ía en 1947 que se prolongó en 1948. Además, en un gesto qu e causó irritación en el libera li smo, el canc ill er La ur ea no Gómez lo h ab ía excl uid o de la delegación co l ombia na a la Confe ren cia, pese a que los…p. 199
07Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 1121 cita
[8]mecanizada, las comunicaciones, el comercio y los servicios se desarrollaron principal- mente a costa de los sectores tradicio- nales. Las actividades económicas de la población se modificaron en con- secuencia: si en 1938 cerca del 75 % de la población activa trabajaba en la agricultura, en 1957, por contra, no había…p. 112
08Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1151 cita
[9]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…p. 115
09Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1491 cita
[10]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…p. 149
10Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1471 cita
[11]Villarreal. Esta fuerza parapolicial, alimentada por el rencor hacia sus contrarios, fue reclutada para “salvar al presidente Ospina” y para matar campesinos liberales. Desde entonces, el gentilicio de los oriundos de Chulavita —los chulavitas— se convirtió en el terror por los métodos y medios criminales que…p. 147
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2141 cita
[12]ros sitios peque ñ os. Finalmente, en Bogot á, siguiendo a los jefes, una gran masa se acerc ó al Palacio de Gobierno, donde esperaron los resultados de las negociaciones con el presidente. Carlos Lleras y Dar í o Echand í a pidieron su renuncia, pero el presidente defendi ó su legitimidad, esperando la llegada de…p. 214
12Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1771 cita
[13]April was that of social protest, of an uprising against hunger, speculation, and the high cost of living. Its goal was the punishment of commerce, whose most notorious symbols were located Page 82 downtown and whose representatives included a fair number of citizens with foreign names. Known generically in Colombia…p. 177
13Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 891 cita
[14]al gobierno. De todos modos, los dirigentes liberales intentaron convencer a Ospina Pérez de que cediera el poder, mientras que algunos militares sugirieron que se organizara una junta de gobierno provisional, con militares y dirigentes conservadores, para recuperar el orden. El presidente, acosado por multitudes…p. 89
14Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 871 cita
[15]mañana del 10 de abril, en un salón contiguo de donde se hallaban los jefes liberales. Señores generales, estoy a sus órdenes. —Señor presidente, la situación es sumamente delicada — comentó el general Germán Ocampo. —Tengo la impresión —dijo el presidente— de que hemos ganado bastante terreno en la batalla de la…p. 87
15María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 1651 cita
[16]lucha, sino también de criticar la manera como Mahecha trabajaba. Tila Uribe confirma esta apreciación al referirse al trato que le dio Ignacio a Mahecha en su libro Los inconformes: […] Para nadie resultó sorpresa el tratamiento que le dio a Mahecha en el siguiente capítulo, donde lo ataca sin ningún miramento y le…p. 165
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2221 cita
[17]entre el trabajo y el capital pueden M ü m ó nicas. -Si ¿ 30 EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO SINDICAL La primer gran huelga se hizo contra la Tropical Oil Com Las condiciones de trabajo en el Magdalena medio eran desastroS En 1923, 40.81 % de los trabajadores empleados se enfermaron,-s,y! 1.51% muri ó. En ese medio…p. 222
17Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 361 cita
[18]petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…p. 36
18El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1541 cita
[19]con base territorial y composici ó n social popular ” 3. 3 Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo 4, Bogot á 1974, p. 7/8 Aqu í aparece como soluci ó n de emergencia precisamente aquello en que descansaban la fuerza y la capacidad movilizadora del nuevo partido: su í ntima relaci ó n con las agrupaciones…p. 154
19En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 281 cita
[20]una industrialización creciente condujeron a las reformas laborales y agrarias del año 1936. Ambas tuvieron un profundo impacto en el Magdalena Medio, especialmente en las zonas petroleras. La reforma laboral tuvo como una de sus consecuencias el reconocimiento y la reglamentación de la actividad sindical. Cuando la…p. 28
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[21]otros sindicatos, fortalecieron el Paro Cívico de Bogotá, en el que 25.000 personas se movilizaron bajo la consigna nacionalista de la USO 55. Hubo mítines y paros de apoyo de otros sindicatos en Tunja y otras ciudades. Al respecto, un exdirigente de la USO afirmó ante la Comisión que el objetivo de la huelga era…p. 45
21When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 26, 712 citas
[22]plan showing how all private property in the municipio would be distributed to the poor. The uprising began as planned} before dawn on the morning of July 29} 1929. AImed with Mauser and Gras rifles 87 and canying lanterns shielded with red paper for the purpose of mutual identification} the socialists began their…p. 71
[26]true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best effort at…p. 26
22When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 39, 1826 citas
[23]Ospina Perez to win the presidency. Anticipating the inevitable bureaucratic housecleaning} they warned in their local newspaper that Lib an 0 tt was } is} and will continue to be a citadel of Liberalism/' that ttmunicipalleadership will probably continue in the hands of Liberals/' and that the new govern- ment should…p. 182
[24]Ospina Perez to win the presidency. Anticipating the inevitable bureaucratic housecleaning} they warned in their local newspaper that Lib an 0 tt was } is} and will continue to be a citadel of Liberalism/' that ttmunicipalleadership will probably continue in the hands of Liberals/' and that the new govern- ment should…p. 182
[25]Ospina Perez to win the presidency. Anticipating the inevitable bureaucratic housecleaning} they warned in their local newspaper that Lib an 0 tt was } is} and will continue to be a citadel of Liberalism/' that ttmunicipalleadership will probably continue in the hands of Liberals/' and that the new govern- ment should…p. 182
[27]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…p. 39
[28]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…p. 39
[29]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…p. 39
23No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 531 cita
[30](1920-1958) 53 Los testimonios recogidos en comunidades por la Comisión de la Verdad permiten afirmar que efectivamente Gaitán y su movimiento, que incluía a sectores campesinos, obreros y pequeños propietarios, fueron objeto de una persecución implacable en varios de los municipios del centro del país. El asesinato…p. 53
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 501 cita
[31]1982. formaciones y conflictividades propias del mundo urbano en colombia 51 menesteres denigrantes» 78. Un año después, en febrero de 1946, en Anapoima el perso- nero municipal ordenó «retirar [de su] trabajo a todo el personal Gaitanista» 79. El 20 de marzo de 1947, en Icononzo, Juan de la Cruz Varela 80 dirigió a…p. 50
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 561 cita
[32]a López Pumarejo en su segunda administración 103 Murad y Fondo de Población de las Naciones Unidas, Estudio sobre la distribución espacial de la población en Colombia. 104 Archivo Gaitán. Gloria Gaitán abrió las puertas del archivo a la Comisión para hacer una búsqueda de documentos relacionados con este asunto en…p. 56
26Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4881 cita
[34]1933) de Jorge Eliécer Gaitán, la Asocia- ción Patriótica de Empresarios Nacionales (Apen, 1931- 35) de inspiración derechista, la Liga de Acción Política (Lap, 1934-35) de orientación socialista. Ninguna de estas fuerzas logró perdurar -excepto el partido comunista- ni alterar el monopolio que sobre la opinión…p. 488
27Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 691 cita
[35]prontitud en el des- monte de los aparatos liberales y al li- beralismo que pugna por pasar el cua- trenio con los menores golpes posi- bles, antes de recuperar la presiden- cia. El país se caldea y en los campos y pueblos comienza la Violencia. Jor- ge Eliécer Gaitán, dirigente indiscuti- do del partido, hace vibrar…p. 69
28La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1861 cita
[36]La oportunidad de culminar la sub - versión socialista había pasado. Ahora seguía el anticlímax de la vi o lencia, estimulado con el poder desde el mismo go- bierno. Así se acabaría de frustrar el élan y se pondría dique al avance de la Secularidad instrumental. Sin embargo, los liberales en un último esfuerzo de…p. 186
29Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 251 cita
[37]que Gaitan habia recibido dinero de los soviéticos para organizar la revuelta. Y, en con- secuencia, desde el estallido del 9 de abril en ade- lante, la politica del partido conservador, y la del go- bierno, estuvo inspirada por el temor de Ja revolu- cién social y por la necesidad de evitarla a toda costa. Entre las…p. 25
30Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3532 citas
[38]México, Siglo Vein- tiuno Editores, 1980, pp. 216 y ss. 360 ECONOMÍA Y NACIÓN ción en la cúpula del poder, Laureano Gómez rechaza con más fuerza todavía la corrupción electoral, por la cual se explica la mayoría liberal en el país. Al confundir al liberalismo y al co- munismo, Laureano Gómez busca el camino para la…p. 353
[39]México, Siglo Vein- tiuno Editores, 1980, pp. 216 y ss. 360 ECONOMÍA Y NACIÓN ción en la cúpula del poder, Laureano Gómez rechaza con más fuerza todavía la corrupción electoral, por la cual se explica la mayoría liberal en el país. Al confundir al liberalismo y al co- munismo, Laureano Gómez busca el camino para la…p. 353
31A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 162 citas
[40]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…p. 16
[41]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…p. 16
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 cita
[42]que llegaban hasta en pencas de mata de fique y daban plazos para abandonar los territorios. Estas acciones fueron resultado de una combinación de miedo, ánimo de venganza y fanatismo religioso, que fueron instrumentalizados desde la dirección del Partido Conservador. Bajo esta lógica de violencia, varios lugares en…p. 48
33Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 2481 cita
[43]de dieciocho años, todos los buenos cristianos, y todos los con- servadores, debían presentarse para defender el Gobierno, para defender la patria, para defender la Iglesia. En medio de aquellas carreras se nombraron comi- siones; una para detener a los liberales del Cocuy, otra para defender el pueblo, otra para…p. 248