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Hecho histórico · La Violencia · 1946–1957

La Violencia bipartidista rural y los chulavitas (1948–1953)

Entre el asesinato de Gaitán en 1948 y el golpe de Rojas Pinilla en 1953, una fuerza parapolicial conservadora conocida como los chulavitas se desplegó sobre el campo colombiano, desatando masacres rituales, violencia sexual sistemática y un despojo agrario masivo que dejó más de doscientos mil muertos y casi 400.000 parcelas perdidas.

La Violencia bipartidista rural y los chulavitas (1948–1953)
9 de abril de 1948 – 13 de junio de 1953
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
9 de abril de 1948 – 13 de junio de 1953
Protagonistas
Jorge Eliécer Gaitán, Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Gustavo Rojas Pinilla, Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos, Juan de la Cruz Varela, León María Lozano, Chulavitas (fuerza parapolicial conservadora), Pájaros (sicarios civiles del Valle del Cauca), Partido Conservador, Partido Liberal
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Conflicto agrario estructural irresuelto en las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima desde los años veinte, con arrendatarios y colonos enfrentados a grandes propietarios por el derecho a sembrar café, la libre movilidad y la conmutación del trabajo obligatorio
  2. Retorno conservador al poder en 1946 tras dieciséis años de hegemonía liberal, seguido de la conservatización progresiva de la policía y los organismos de orden público desde 1947, que dejó a los liberales sin garantías institucionales
  3. Asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, que desencadenó el Bogotazo y eliminó la voz política más articulada del ala popular del liberalismo, abriendo paso a la represión sin contrapeso electoral
  4. Campaña ideológica de Laureano Gómez que acusaba al liberalismo de manejar 1.800.000 cédulas falsas y de estar infiltrado por el comunismo, funcionando como licencia discursiva para alcaldes, policías y chulavitas
  5. Respaldo clerical a la violencia antiliberal: el arzobispo definió la participación política del clero como 'obligación estricta' y sectores del clero antioqueño justificaron el asesinato de participantes en los levantamientos de abril de 1948
  6. Cierre del Congreso por el ejecutivo en noviembre de 1949, que cortó el último hilo del entendimiento entre partidos y dejó sin salida institucional el conflicto político
9 de abril de 1948 – 13 de junio de 1953La Violencia bipartidista rural y los chulavitas (1948–1953)

Consecuencias

  1. Más de doscientos mil muertos en todo el país durante el ciclo de La Violencia
  2. Pérdida de 393.648 parcelas por sus propietarios entre 1948 y 1966, concentradas en Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Antiguo Caldas y Santander, según el cálculo de Paul Oquist
  3. En el Tolima, desplazamiento forzado de 321.621 personas —el 42,6% de la población departamental— y abandono de 40.176 propiedades pertenecientes a 32.400 propietarios
  4. Destrucción de poblaciones enteras: Yacopí (Cundinamarca) fue bombardeada por la Fuerza Aérea en diciembre de 1952 y sus dieciséis manzanas centrales destruidas; comunidades indígenas pijao del Resguardo de Ortega y Natagaima fueron expulsadas en 1950
  5. Emergencia de guerrillas liberales en el Tolima, los Llanos Orientales y Cundinamarca en respuesta a la violencia chulavita, sentando las bases organizativas de lo que décadas después se convertiría en las FARC y otras insurgencias
  6. Reconfiguración demográfica del país: migración masiva hacia ciudades, con Bogotá creciendo de menos de 500.000 habitantes a comienzos de los cuarenta a 620.000 en 1951, como efecto parcial del desplazamiento rural
  7. Consolidación de un patrón de despojo agrario que revirtió los avances de la reforma liberal de los años treinta y reconcentró la tierra en manos de grandes propietarios, notarios y especuladores
  8. Establecimiento de un precedente de paramilitarismo estatal —los chulavitas y los pájaros— que la historiografía identifica como genealogía directa de las estructuras paramilitares posteriores en Colombia
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La Violencia bipartidista rural de 1948–1953 no fue solo una guerra de odios partidistas: fue la resolución violenta de un conflicto agrario estructural que el Estado colombiano había postergado desde los años veinte, y su saldo —doscientos mil muertos, casi 400.000 parcelas despojadas, poblaciones enteras destruidas— trazó el mapa de la desigualdad rural y de la insurgencia armada que definirían el siglo XX colombiano. La figura de los chulavitas establece además una genealogía directa entre la violencia paraestatal de los años cincuenta y el paramilitarismo de las décadas siguientes, convirtiendo este período en clave interpretativa indispensable para entender la violencia política colombiana como fenómeno de larga duración.
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Desarrollo histórico

La historia completa

La Violencia bipartidista rural (1948-1953)

Entre el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá el 9 de abril de 1948 y el golpe militar de Gustavo Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953, el campo colombiano fue atravesado por una guerra que no llevó ese nombre porque no lo necesitaba: los campesinos la llamaron simplemente la Violencia, con mayúscula tácita, y así entró en la lengua nacional. En cinco años, una fuerza parapolicial reclutada en veredas conservadoras de Boyacá se desplegó sobre municipios liberales del Tolima, el Viejo Caldas, el Valle del Cauca y los Santanderes, dejando tras de sí un rastro de masacres rituales, aldeas quemadas, mujeres violadas, cadáveres arrojados a los ríos y un patrón masivo de abandono de tierras que Paul Oquist calcularía después en 393.648 parcelas perdidas para el ciclo largo 1948-1966. El saldo global superaría los doscientos mil muertos. Fue una guerra librada con machete, con retórica clerical y con actas notariales, y su geografía —las mismas haciendas cafeteras donde en los años veinte y treinta habían chocado colonos y hacendados— revela que bajo la insignia bipartidista se estaba resolviendo, con sangre, un pulso agrario mucho más antiguo.

El campo antes del incendio

La violencia rural que estalló en 1948 no cayó sobre un terreno pacificado. Desde la década de 1920, las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima habían sido el epicentro de una conflictividad agraria persistente entre arrendatarios, colonos y grandes propietarios: hacia 1939, 75 de las 153 agremiaciones campesinas con personería jurídica en Colombia estaban concentradas en esas dos regiones. Los arrendatarios peleaban por asuntos concretos: el derecho a sembrar café en sus parcelas —los hacendados lo prohibían para evitar que la mejora consolidara la posesión—, la libre movilidad de sus productos, la conmutación del trabajo obligatorio en la hacienda por una renta en dinero o especie, la reducción de multas, el pago de mejoras en caso de desalojo. En el sur del Tolima, hacia 1936, unos 1.800 colonos habían invadido tierras de una hacienda del río Combeima aprovechando la debilidad de los títulos.

La Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo (1934-1938) había prometido responder a esas demandas, pero el impulso reformista se frenó bajo Eduardo Santos y recibió su golpe definitivo con la Ley 100 de 1944, ya en el segundo López, que devolvió la iniciativa a los grandes propietarios. Cuando el conservatismo retornó al poder en 1946 con Mariano Ospina Pérez, tras dieciséis años de hegemonía liberal, el mapa de las tensiones agrarias irresueltas —Tequendama, Rionegro, Sumapaz, centro y norte del Tolima, Viejo Caldas— quedó expuesto como una superficie inflamable. Ese retorno conservador ya venía acompañado, desde antes del 9 de abril, de una violencia política rural larvada que las estadísticas no siempre registran pero que la memoria campesina fijó con precisión. En 1947 comenzó la conservatización de los organismos de control del orden público; los liberales fueron saliendo del gobierno alegando falta de garantías. El país entraba en 1948 con la policía en disputa, las haciendas cafeteras cargadas de rencor y un movimiento popular urbano cuya voz era la de Gaitán.

El 9 de abril y el detonante

A la una y cinco de la tarde del 9 de abril de 1948, Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado a tiros en el centro de Bogotá, sobre la carrera séptima, al salir de su oficina. En cuestión de horas la ciudad ardía. El Bogotazo dañó el sistema de tranvías, quemó iglesias y archivos eclesiásticos, arrasó negocios asociados al conservatismo. Una estimación cifra en más de cinco mil los muertos en la capital, sobre una población de 600.000 habitantes. La coincidencia con la IX Conferencia Panamericana, reunida en Bogotá para redactar la carta de la OEA, dio proyección internacional al episodio: el gobierno y los grandes medios atribuyeron enseguida los disturbios al comunismo internacional, y Colombia rompió relaciones diplomáticas con la URSS.

El levantamiento careció de dirección política. No hubo comando nacional, no hubo plan, no hubo cabeza: fue un estallido sin cauce, tanto en Bogotá como en las capitales de provincia donde también surgieron juntas revolucionarias efímeras. Y fue, en su fracaso, la muerte política del ala popular del liberalismo. Gaitán era el único de los grandes populistas latinoamericanos de su generación —Cárdenas en México, Perón en Argentina, Vargas en Brasil, Haya de la Torre en Perú— que sería asesinado; con él se truncó el programa reformista que podía haber tramitado en el terreno electoral las presiones acumuladas del campo y de las barriadas urbanas.

Ospina Pérez ensayó tras el 9 de abril un gobierno de Unión Nacional con participación liberal, pero el intento se agotó pronto. En noviembre de 1949 el ejecutivo cerró el Congreso, cortando el último hilo del entendimiento entre los partidos tradicionales. Meses después, con Laureano Gómez encaminado a la presidencia sin contradictor liberal en las urnas, el país había entrado ya en otra guerra.

Los chulavitas: una policía hecha en Boyacá

El nombre venía de una vereda. Chulavita —o Chulavitas— es un caserío del municipio de Boavita, en el norte de Boyacá, cuya población era conocida por su adhesión férrea al Partido Conservador, filiación que algunas versiones remontan hasta 1837. De allí, y de veredas vecinas del altiplano boyacense, el gobierno de Ospina Pérez reclutó a los hombres que integrarían la fuerza parapolicial que la memoria nacional bautizaría con el gentilicio de aquel lugar.

Su función original fue doble. Por un lado, sustituir en el terreno a una policía nacional considerada liberal o al menos tibia; por otro, disponer de un cuerpo armado leal cuya lealtad, en las palabras crudas de la época, servía para "salvar al presidente Ospina" en un contexto donde los liberales controlaban buena parte de las alcaldías y de los aparatos locales. Los chulavitas no fueron un cuerpo separado del Estado: fueron el Estado conservador vestido con ropa civil o con uniforme improvisado, adscritos formal o informalmente a la policía y al ejército. La conservatización del aparato de seguridad, que ya venía en curso desde 1947, se aceleró y se hizo brutal después del 9 de abril.

El despliegue siguió una lógica de exportación. Desde los bastiones conservadores del interior —Boyacá, Nariño, Antioquia—, las comisiones chulavitas fueron enviadas a municipios de mayorías liberales: al sur del Tolima (Chaparral, Planadas, Gaitania, Santiago Pérez), al oriente del departamento, al Valle del Cauca, al Viejo Caldas. En esas regiones los campesinos no preguntaban cuándo había empezado la Violencia sino cuándo había llegado, y la respuesta invariable asociaba la llegada con la aparición de los chulavitas. Hacia finales de abril de 1949, comisiones enteras entraron a Nunchía y Támara, en el piedemonte llanero; la prensa liberal denunció que el objetivo era impedir que los llaneros votaran en las elecciones congresionales del 5 de junio. Ese mismo año el Directorio Liberal Nacional denunció que "en todas partes por la fuerza se arrebatan a los ciudadanos las cédulas que los capacitan para votar", en un dispositivo que combinaba alcaldes conservadores, policía politizada y chulavitas.

Junto a ellos operó otra figura parapolicial, los pájaros: sicarios civiles que actuaron sobre todo en el Valle del Cauca, cuyo nombre más recordado es el de León María Lozano, el Cóndor, y cuya presencia haría de municipios como Ceilán sinónimos de matanza. Los pájaros no vestían uniforme; los chulavitas a veces sí. Los dos gozaban de la misma cobertura: la impunidad garantizada por el aparato estatal a los partidarios del partido en el poder.

La palabra encendida: iglesia, prensa, púlpito

Los machetes no bajaron solos de las cordilleras. La violencia rural fue precedida y acompañada por una intensa producción discursiva que la volvía legítima, incluso obligatoria, para amplios sectores de la Colombia conservadora. Laureano Gómez, regresado del exilio madrileño a finales de 1948, lanzó una campaña en la que acusaba al Partido Liberal de manejar 1.800.000 cédulas electorales falsas y de estar dominado por los comunistas. La cifra circuló como consigna. Sobre alcaldes, policías y chulavitas actuó como licencia: si el adversario era un fraude y una infiltración soviética, combatirlo dejaba de ser política y se volvía defensa del orden.

La Iglesia hizo el resto. En Antioquia, donde el clero equiparaba desde el siglo XIX masonería con liberalismo y señalaba a los liberales como herejes desde el púlpito, la retórica antiliberal encontró su forma más extrema. El arzobispo definió la participación política del clero no como facultad sino como "obligación estricta", argumentando que defender la seguridad pública exigía combatir a los enemigos del orden, del Estado y de la Iglesia, es decir, a los liberales. El clero antioqueño elaboró discursos que justificaban el asesinato de los "nueveabrileños", los participantes en los levantamientos de abril de 1948. Un testimonio recogido en San Rafael atribuye a Gómez, ante conservadores de la localidad que denunciaban asesinatos, una respuesta feroz: "¿Y se van a dejar matar? ¡A defenderse!", añadiendo que debían dejar de lado la mediación de los curas y actuar por su cuenta.

No es casual que la Violencia se ejecutara con especial saña desde los bastiones conservadores de Boyacá, Nariño y Antioquia, y desde allí se propagara al Tolima, al Valle y al Viejo Caldas. En esos bastiones el andamiaje ideológico estaba listo; la aviación aún no había roto el aislamiento geográfico antioqueño y la mentalidad conservadora se sostenía intacta, reforzada por un monopolio educativo eclesiástico. Cuando Roberto Urdaneta Arbeláez asumió como ministro de guerra bajo Gómez, uno de sus primeros gestos fue advertir que las guerrillas liberales serían combatidas con toda la fuerza disponible, tratándolas como una mezcla de liberales, comunistas y bandidos.

El repertorio: masacres, mutilaciones, fosas

Los muertos de la Violencia no fueron muertos limpios. Las prácticas de mutilación fueron tan extendidas que recibieron nombres propios en el habla campesina; el más documentado es el corte de mica, referido a descuartizamientos con machete, castraciones y cercenamientos de órganos. Se cortaba la cabeza para reubicarla en el cuerpo mutilado; se castraba para introducir los testículos en la boca del cadáver; se extraían fetos. La lógica —los antropólogos que estudiaron el fenómeno la llamaron ritual— era la de matar, rematar y contramatar: no bastaba con la muerte física, había que producir una eliminación simbólica de la reproducción del adversario, marcarlo, humillarlo póstumamente.

La violencia sexual formó parte del repertorio con la misma sistematicidad que la mutilación. La violación de mujeres campesinas no fue exceso sino instrumento: dispositivo de terror que aceleraba el éxodo, disciplinaba a las familias, marcaba el territorio. Se combinó con el robo de ganado, la quema de cosechas y de viviendas, el saqueo. En noviembre de 1950, las chozas de los indígenas del antiguo Resguardo de Ortega y Natagaima, en el Tolima, descendientes de los Pijao, fueron incendiadas y sus habitantes expulsados. En diciembre de 1952, la Fuerza Aérea Colombiana bombardeó y destruyó las dieciséis manzanas del centro poblado de Yacopí, en Cundinamarca, con el objetivo declarado de acabar con el apoyo local a la guerrilla liberal. El pueblo había sido ya arrasado antes por incendio; el bombardeo aéreo lo remató.

Los cadáveres necesitaban destino. Los chulavitas los transportaban en volquetas y los arrojaban desde el puente natural del municipio de Pandi al río Sumapaz, desde los precipicios del sector de Profundos —entre Villarrica y Cunday, en el oriente del Tolima— y desde el alto de Buenavista. Esos lugares operaron como fosas comunes de escala geográfica. En el sur del Tolima, las incursiones sobre veredas produjeron masacres específicas registradas por el sacerdote Germán Guzmán Campos: entre ellas, la muerte de trece personas en El Limón, en el marco de un gran operativo contra colonos liberales.

Del lado liberal y en las bandas de retaliación posteriores, la violencia recíproca dejó también su rastro de sevicia. Pero el desequilibrio inicial de las fuerzas, y el hecho de que un bando contara con el respaldo activo del Estado y el otro con su hostilidad abierta, marcaron una asimetría que las estadísticas territoriales confirman: fueron las regiones de mayorías liberales las que sufrieron el grueso del despojo.

El despojo: la Violencia como transferencia de tierras

Detrás de la sangre había una operación económica de escala continental. El cálculo de Paul Oquist para el ciclo 1948-1966 —393.648 parcelas perdidas por sus propietarios— concentra su núcleo duro en cinco departamentos: Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, el Antiguo Caldas y Santander. Son exactamente los mismos departamentos donde la violencia fue más intensa entre 1948 y 1953, y donde en las décadas previas se habían acumulado los conflictos agrarios más agudos.

El Tolima ofrece la fotografía más completa. Entre 1949 y 1957, la Violencia dejó allí al menos 16.219 muertos, sin contar las masacres colectivas ni las bajas de las Fuerzas Armadas. 321.621 personas —el 42,6% de la población departamental— sufrieron desplazamiento forzado, permanente o transitorio; los campesinos lo llamaron exilio. Se abandonaron 40.176 propiedades, el 42,82% del total, pertenecientes a 32.400 propietarios; el 46% de esas tierras fue abandonado en apenas dos años, entre 1955 y 1956, ya bajo Rojas Pinilla. En el Viejo Caldas, para un período de seis años de alta intensidad, se documentaron 52 masacres con 444 muertos, 90 acciones bélicas, 137 asesinatos selectivos, 4 desapariciones forzadas y 8 secuestros; Quindío fue el departamento más golpeado con 574 víctimas, seguido de Caldas con 152 y Risaralda con 140.

El patrón temporal delata el motivo. La intensidad de los desplazamientos y las muertes se agudizaba en épocas de cosecha de café: se atacaba cuando el grano estaba maduro, se aprovechaba el terror para forzar la venta a precios irrisorios, se completaba la operación con actas notariales de compraventa que legalizaban el traspaso. Los actores del despojo formaban una cadena: chulavitas o pájaros producían el éxodo con violencia física; alcaldes conservadores garantizaban la impunidad; notarios, especuladores, vendedores y compradores de tierra ejecutaban la parte legal. La articulación no requería un plan trazado en un despacho de Bogotá para operar con eficacia: bastaba que la impunidad estuviera garantizada a los partidarios del partido en el poder para que en las zonas cafeteras se activaran, con brutalidad multiplicada, las dinámicas de despojo que ya habían aparecido en los años veinte y treinta.

Los beneficiarios fueron comerciantes, ganaderos y propietarios medianos y grandes que adquirieron parcelas a fracción de su valor. La Violencia no distribuyó tierra: la concentró. Y lo hizo en las zonas de mayor productividad cafetera del país, precisamente donde los colonos y arrendatarios habían empezado a organizarse dos décadas antes para exigir derechos que la Ley 100 de 1944 había negado.

Del bipartidismo al conflicto de clase: la resistencia campesina

La respuesta no tardó. Desde 1948, y con fuerza creciente desde 1949, se formaron guerrillas liberales en el sur del Tolima, los Llanos Orientales y el occidente antioqueño, con presencia también en Santander. Fueron, en primera instancia, dispositivos defensivos: colonos y campesinos liberales que se armaban para no morir en la próxima incursión chulavita.

En los Llanos Orientales, Guadalupe Salcedo encabezó una fuerza de entre 2.000 y 3.000 hombres que combinaban trabajos rurales con acciones militares, apoyados por grandes terratenientes liberales de la región. La composición social del llano —hato ganadero, distancia del centro— facilitó una guerrilla de otro tipo, más móvil, más masiva, capaz de expedir dos Leyes del Llano con ayuda de abogados y dirigentes para regular procesos agrarios y darse un ideario. Eliseo Velásquez fue considerado uno de sus jefes iniciales: el 17 de marzo de 1949 Ospina envió un destacamento del ejército a Villavicencio; cuatro días después, guerrilleros de Velásquez atacaron desde el sur, y el 29 de abril sitiaron Nunchía en Casanare. En noviembre de ese año, durante el intento insurreccional liberal, guerrilleros tomaron Villavicencio bajo el mando del capitán Alfredo Silva, y Cumaral y Puerto López bajo el mando de Eliseo Vásquez.

En el sur del Tolima, la geografía era otra y la composición política también. Allí se formó un Estado Mayor Unificado de liberales y comunistas con base en El Davis, en el cañón del Cambrín, bajo el mando conjunto de Gerardo Loaiza por los liberales e Isauro Yosa —el Mayor Lister— por los comunistas. Yosa era un dirigente agrario que venía de las invasiones de tierras de 1936; situó el retorno a las armas en 1949 como respuesta directa a la revancha de los señores del latifundio por aquellas ocupaciones. La formulación desnuda la naturaleza del conflicto: bajo la etiqueta bipartidista se estaba resolviendo una vieja pelea por la tierra.

En el centro del Tolima, la zona de Rovira fue devastada; allí surgieron cuadrillas campesinas defensivas dirigidas, entre otros, por Leónidas Borja El Lobo y por el joven Teófilo Rojas Chispas, que años después se convertiría en una de las figuras más temidas del bandolerismo posterior. En Sumapaz y las provincias de Tequendama y Rionegro, Juan de la Cruz Varela lideraba la resistencia con base en la tradición organizativa de los años treinta, cuando el Partido Comunista había construido allí una influencia rural sólida a través de los conflictos entre colonos y hacendados.

La convivencia entre liberales y comunistas duró poco. Hacia finales de 1951, el campamento de El Davis se fracturó entre Comunes —los comunistas de Yosa y de Luis Alfonso Castañeda, Richard— y Limpios —los liberales de Loaiza. El rompimiento se consumó tras la Conferencia del Movimiento Popular de Liberación Nacional, conocida como Conferencia Boyacá, reunida el 15 de agosto de 1952 con delegados de las guerrillas del Llano, Santander, Antioquia y Sumapaz. Los comunistas adoptaron el programa aprobado; los liberales lo rechazaron. La guerra popular contra el gobierno conservador se dividió por dentro justo cuando enfrentaba, unida, el momento de máxima intensidad de la represión oficial.

El golpe: la salida militar de un pacto entre élites

El 13 de junio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla depuso a Laureano Gómez con el respaldo tácito de amplios sectores de las élites bipartidistas, agotadas por una violencia que ya amenazaba la estabilidad misma del régimen. Su promesa central fue la pacificación, y la ejecutó en dos frentes.

El primero fue la amnistía general para las guerrillas liberales. La medida funcionó: la mayoría de los combatientes entregaron las armas en 1953, en una desmovilización casi completa. La rendición no fue el resultado de una derrota militar sino de una decisión política: los jefes liberales de los Llanos y del Tolima calcularon que la nueva coyuntura ofrecía condiciones aceptables. Algunos grupos recalcitrantes se mantuvieron activos, sobre todo en el oriente del Tolima y en zonas del Llano donde la desconfianza hacia el ejército era demasiado profunda.

Los comunistas rechazaron la amnistía. Juan de la Cruz Varela, en Sumapaz, encabezó la línea de la no entrega: se replegó a los rincones más remotos del páramo y continuó combatiendo en nombre de colonos y aparceros. El Partido Comunista formuló entonces la doctrina de la autodefensa, que sostendría entre 1949 y 1964 mediante una política cíclica de repliegue defensivo y guerrilla móvil. Varela aparentó apoyar la pacificación mientras mantenía la resistencia; era un cálculo de supervivencia en un país donde los amnistiados liberales empezarían pronto a aparecer asesinados —Guadalupe Salcedo caería en Bogotá en 1957— y donde el propio Rojas terminaría bombardeando comunidades campesinas del sur del Tolima.

El segundo frente fue la promesa agraria. Rojas ofreció tierra a los campesinos y titulación de baldíos a los colonos, y en julio de 1953 expidió el Decreto 1894, que creó el Instituto de Colonización e Inmigración (ICI). El proyecto fracasó rápido: sus planes ambiciosos condujeron a su liquidación en marzo de 1956, apenas año y medio después, con transferencia de funciones, bienes y deudas a la Caja Agraria. El fracaso no fue accidental. La reforma agraria requería tocar la propiedad concentrada en las mismas zonas donde el despojo acababa de producir la mayor transferencia de tierras del siglo, y Rojas no tenía —ni quiso tener— la fuerza política para hacerlo.

Su gobierno, con el lema Colombia por encima de los partidos y una inspiración populista de estilo peronista, terminó enfrentado a las élites bipartidistas que lo habían traído. En 1957 fue depuesto y se abriría paso el Frente Nacional. Pero para entonces la geografía del despojo ya estaba dibujada, las tierras ya habían cambiado de manos, y las guerrillas comunistas que se habían negado a entregar las armas empezaban a construir, en enclaves del sur del Tolima y de Sumapaz, las bases de lo que en 1964, tras el ataque a Marquetalia, se llamaría las FARC. Uno de los jóvenes combatientes de aquellas cuadrillas del sur del Tolima se llamaba Pedro Antonio Marín; el país lo conocería después como Manuel Marulanda Vélez.

Genealogía de un país

Lo que ocurrió entre 1948 y 1953 no se cerró con Rojas. Los chulavitas fueron desmantelados como cuerpo, pero el modelo que encarnaron —una fuerza parapolicial reclutada en zonas de lealtad partidista, adscrita informalmente al aparato estatal, cubierta por la impunidad y desplegada contra poblaciones civiles marcadas como enemigas— quedó instalado como matriz operativa. Los pájaros del Valle prefiguraron el sicariato. Las masacres rituales fijaron un repertorio que reaparecería casi idéntico cuatro décadas después en el paramilitarismo antisubversivo. La quema de cosechas, la violación como arma, el arrojar cadáveres a los ríos, el uso combinado de terror físico y despojo notarial: cada uno de esos gestos volvería.

La obra fundacional que documentó el fenómeno —La Violencia en Colombia, publicada en 1962 por Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna— nombró la sevicia con un rigor que ninguna investigación posterior ha podido eludir. Su registro de los cortes con nombre propio, de las masacres campesinas, de las fosas naturales convertidas en cementerios anónimos, fijó las coordenadas de la memoria del país sobre aquellos cinco años.

La Violencia bipartidista rural fue, a la vez, una guerra partidista con lógica propia y un proceso de despojo agrario estructural. Ni una cosa ni la otra por separado alcanzan a explicarla. El odio conservador contra el liberalismo, atizado desde el púlpito y desde la retórica gomista, fue real y produjo ferocidades que no se reducen a ningún cálculo económico. Pero ese odio se descargó con precisión geográfica sobre las zonas cafeteras donde los conflictos por la tierra permanecían irresueltos desde los años veinte, y su efecto principal —más allá del número de muertos— fue una redistribución masiva de la propiedad rural en beneficio de una nueva capa de compradores. Los doscientos mil muertos no compraron una restauración conservadora estable; la República conservadora cayó en 1953. Compraron, en cambio, un país donde la concentración de la tierra se profundizó, donde el campesinado quedó organizado sólo allí donde había sabido armarse, y donde la matriz del terror parapolicial quedó disponible para ser reactivada cada vez que el orden social fuera desafiado. En ese sentido, y no en otro, la Violencia sigue siendo el hecho fundacional del siglo XX colombiano: no porque haya empezado algo, sino porque revela con crudeza qué es lo que en Colombia, cuando se pelea por la tierra, se pone en juego.

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La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

57 documentos · 80 fragmentos
01Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1491 cita
[1]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…p. 149
02Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 691 cita
[2]prontitud en el des- monte de los aparatos liberales y al li- beralismo que pugna por pasar el cua- trenio con los menores golpes posi- bles, antes de recuperar la presiden- cia. El país se caldea y en los campos y pueblos comienza la Violencia. Jor- ge Eliécer Gaitán, dirigente indiscuti- do del partido, hace vibrar…p. 69
03Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 147, 1572 citas
[3]Villarreal. Esta fuerza parapolicial, alimentada por el rencor hacia sus contrarios, fue reclutada para “salvar al presidente Ospina” y para matar campesinos liberales. Desde entonces, el gentilicio de los oriundos de Chulavita —los chulavitas— se convirtió en el terror por los métodos y medios criminales que…p. 147
[58]especie de estado socialista, y los comunistas se establecieron entre ellos; poco a poco lograron una posición de influencia dominante. Esto es cierto, en especial, de Víctor Merchán que, prácticamente, parece dirigir sus asuntos; y de Juan de la Cruz Varela, quien durante la administración Rojas fue el líder militar…p. 157
04Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1151 cita
[4]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…p. 115
05Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 401 cita
[5]economic elites that dominated both polit- ical parties (Pearce 1990, 44). His candidacy expressed the frustration of mil- lions of Colombians disappointed with the failed reformist efforts of the López-Pumarejo government. In April 1948 Gaitan was assassinated in the streets of Bogotá. His death set off an incredible…p. 40
06Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1111 cita
[6]Bogotá con numerosas obras de infraestructura, urbanizando la ciudad con la creación de nuevos barrios y generando una amplia oferta de empleos en la ciudad. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Partido Liberal se dividió entre los dos candidatos liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Para las…p. 111
07Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 1161 cita
[7]on the cover. The violence sparked by “el nueve de abril” (April 9) made the streets and the public sphere, which had shaped Gaitán into a popular icon, dangerous terrain to tread.36 Once the Cali daily El Relator restarted printing its newspaper on April 12, reports tracked and interpreted the violent fallout of…p. 116
08Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2181 cita
[8]Gaitán”—which translates (politely) in English as “that dark-skinned Gaitán”—a reference to his mixed-blood, mestizo features. On the day he was killed by an assassin’s bullet, Gaitán was working in his downtown office, preparing to compete in the 1950 presidential elections. His death touched off a wave of urban…p. 218
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2321 cita
[9]a las características regionales asumió sus propias modalidades. Sin em- bargo, al igual que en Bogotá, los movimientos carecieron de una or- ganización y dirección adecuadas; los espontáneos líderes se quedaron esperando la decisión radical de las altas esferas del liberalismo aposen- tadas en Bogotá o las…p. 232
10Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1051 cita
[10]104 contra todo lo que representaba el poder clerical-conservador de la época. Los símbolos del liberalismo, como el periódico El Tiempo, no sufrieron ningún daño, pese a que se encontraban en el epicentro de las revueltas. El gaitanismo parecía anunciar, así, su retorno al oficia- lismo liberal… Detrás de los actos…p. 105
11Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1281 cita
[11]del pueblo. A la negociación de los sindicatos y el Estado —fórmula pri- vilegiada de la República Liberal— opone la acción directa: la marcha, la manifestación. Su escenario no es la fábrica sino la plaza pública. Lo que se perfila allí es, primero, una nueva estrategia —la lucha reivindicativa pasa por la lucha…p. 128
12Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 161, 1732 citas
[12]presidencial tenía una mira precisa: la organización de la retaliación; y desde allí habría de apuntalarse una de las medidas más directamente asociadas a la generalización de “La Violencia”: la renovación de la policía liberal y su sustitución por campesinos reclutados en las veredas boyacenses, especialmente en…p. 161
[33]vereda, establecían estrictas líneas de demarcación política cuya transgresión tenía consecuencias fatales. Una corbata, una camisa o una puerta roja eran una invitación a la muerte; como también cargar una cédula de identidad que llevara el registro de determinadas elecciones. Y formas atroces de mutilación, de…p. 173
13Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 291 cita
[13]llegó también la re vuelta. Mientras tanto, varios jefes liberales fueron a Palacio para hablar con el presidente sobre la difícil situa ción. Ospina continuó en el mando. Los liberales aceptaron colabo rar con él. Varios días permaneció la multitud ebria, sin que nadie la dirigiera. Se diluyó la revuelta en las…p. 29
14Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 38, 452 citas
[14]su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote "chulativa”, con que los grupos libérales desig naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia', ese era el nombre de una vereda conservadora del municipio boyacense de Boavita que desde 1837 había…p. 38
[15]gadas de protegerlos. Las identidades partidistas estaban tan enraizadas que, con su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote “chulativa”, con que los grupos liberales desig- naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia; ese era el nombre de…p. 45
15Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 20, 252 citas
[16]que Gaitan habia recibido dinero de los soviéticos para organizar la revuelta. Y, en con- secuencia, desde el estallido del 9 de abril en ade- lante, la politica del partido conservador, y la del go- bierno, estuvo inspirada por el temor de Ja revolu- cién social y por la necesidad de evitarla a toda costa. Entre las…p. 25
[30](el «Bo- gotazo») y en muchas poblaciones de provincia, la tepresiOn sindical; la persecucién confesional; los tiroteos en la Camara de Representantes; la clau- sura del Congreso y la instauracién del estado de sitio, que desde entonces ha imperado en Colom- bia, excepto en las breves pausas de normalidad…p. 20
16La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 66, 672 citas
[17]habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la luz de orientaciones centrales era…p. 66
[18]Pero la entrega de los hombres que habían sacrificado su vida y las armas conquistadas al precio de la sangre de muchos combatientes caídos era una traición en la cual no se incurría. Esto hacía la situa- ción de este sector de combatientes guerrilleros extre- madamente difícil. El análisis político que se hacía, a la…p. 67
17La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 841 cita
[19]los poderes tradicionales y terratenientes: la Unión Nacional de Oposición [UNO]. Con ellos tuve mi primera amenaza y me tuve que ir del pueblo porque los conservadores donde vivíamos le dijeron a mi padre que “o yo dejaba eso o me mata- ban”. Mi padre era un hombre muy afectado por la muerte de Gaitán, con mucho odio…p. 84
18Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 228, 3012 citas
[20]el ambiente de la república” (Henderson, 2006: 392), Ospina reaccionó tratando de convertir a la policía en un cuerpo uniformemente conservador y declaran do el estado de sitio en varias regiones del país. i A partir de 1947 se conservatizaron no solo los organismos de control del orden público, sino también las…p. 228
[54]matriz de los procesos de conformación de las guerrillas campesinas, unas de origen liberal, otras comunistas; que tendrán un notorio protagonismo en algunas zonas del país. Por ello se hace mención de las guerrillas del Llano y sus dos leyes, que buscaban de alguna manera regular y ordenar los procesos agrarios en…p. 301
19Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2211 cita
[21]destajo q ue li q uidaban sel ectivamen te lib eral es des d e J> alm ira hasta A rm enia, y El P aís, más recatado y oligarca. E l au togol pe de Os pina y la decla ratoria de abstención li be ral de fin es de 1949, a br ie ron lo q ue a quí he mo s ll a mad o un a segu n- da eta pa qu e, po r m ome nt os, pareció…p. 221
20A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 16, 214 citas
[22]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…p. 16
[23]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…p. 16
[62]contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados p o r el Partido, tenían u n program a social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951 El Davis se dividió en dos sectores: El Davis propiam en te dicho, mandado por…p. 21
[63]contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados p o r el Partido, tenían u n program a social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951 El Davis se dividió en dos sectores: El Davis propiam en te dicho, mandado por…p. 21
21Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 184, 1902 citas
[24]aim was to ensure that the provincial masses, who had shown such revolutionary vigor on April 9, would not threaten the pax romana imposed on the urban centers. Stimulated by Gómez's preaching, this task was carried out in the principal Conservative bastions of Boyacá and Nariño as well as in Antioquia. In Antioquia…p. 184
[34]thousands of Colombians. Its images are unerasable and in good measure have given the Violence its distinctive seal. The extreme modality of this process was, of course, murder. Extreme not only for the number of victims but also because of the indescribable torture that surrounded these murders and marked for life…p. 190
22Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 37, 49, 853 citas
[25]April 29. On May 4, an ominous report pub- lished in El Liberal stated that the Chulavitas had arrived in Nunchía and Tá- mara six days previously and were now sowing terror and ruin. “The Llaneros,” wrote Juan Salagero Bravo, “are visibly alarmed by this action by the governor of Boyacá, who is surely following the…p. 49
[59]heartened Liberals fleeing towns in Tolima, Cundinamarca, and Boy- acá. 26 Regarding Velásquez as the chief of the nascent guerrilla movement, they traveled down the roads to Meta and Casanare to join him, setting the stage for the Liberal insurgency that within a few months would engulf the Llanos. On March 17, 1949,…p. 37
[67]turned in their arms, the initiative passed to the Communists, who chose not to accept the government’s offer and regarded their resistance as “self-defense.” Juan de la Cruz Varela in the Sumapaz coffee-growing region of Cundinamarca pioneered this strategy. While pledging support for pacification, Varela…p. 85
23Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3832 citas
[26]bierno de unidad nacional, con la participación del centro libe- ral, que contribuyó a calmar un poco los ánimos. Pero esto no solucionó la violencia, que se fue agravando. Cuando Laureano 38 John D. Martz, Colombia, un estudio de política contemporánea, Bogotá, Uni- versidad Nacional, 1969, p. 75. 39 El Tiempo, 8 de…p. 383
[27]bierno de unidad nacional, con la participación del centro libe- ral, que contribuyó a calmar un poco los ánimos. Pero esto no solucionó la violencia, que se fue agravando. Cuando Laureano 38 John D. Martz, Colombia, un estudio de política contemporánea, Bogotá, Uni- versidad Nacional, 1969, p. 75. 39 El Tiempo, 8 de…p. 383
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 48, 512 citas
[28]que llegaban hasta en pencas de mata de fique y daban plazos para abandonar los territorios. Estas acciones fueron resultado de una combinación de miedo, ánimo de venganza y fanatismo religioso, que fueron instrumentalizados desde la dirección del Partido Conservador. Bajo esta lógica de violencia, varios lugares en…p. 48
[35]de malhechores sorprendió a la pequeña guarnición y después de haber asesinado a once personas, incendió la población y redujo a cenizas la iglesia y la casa cural. Poco después se trató de reedificar el pueblo, no lejos de las ruinas; pero una nueva incursión de los bandidos lo destruyó completamente 82. El terror y…p. 51
25Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3681 cita
[29]mutually exclusive views of it held by Liberals and Con- servatives. Liberals saw guerrilla warfare as a necessary response to what they considered Conservative tyranny. For Liberals the guerrilla fighter was a he- roic figure who braved daunting odds in order to defend himself and his family 350 | Dangers of…p. 368
26Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 731 cita
[31]decían: “Esta es la cabeza de mi papá, esto es…”, porque eran desmembrados todos, totalmente desmembrados, entonces así mismo reclamaban» 82. Las mutilaciones del cuerpo del adversario político fueron la regla. Las prácticas fueron tan extendidas y frecuentes que en Colombia se les pusieron nombres, como «corte de…p. 73
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 55, 602 citas
[32]violaban a las mujeres, haciéndoles todo lo que se les antojaba, y sin poder chistar palabra para evitar mayores tormentos [...] y yo entonces tenía sino escasos trece años, a mí me daba mucho miedo y me dolía todo lo que hacían, fue como me resolví a largarme de cerca de esas gentes tan malas, a ver si evitaba morir…p. 55
[74]afectado por esta ola de violencia fue Quindío, con 574 víctimas, seguido de Caldas con 152 y Risaralda con 140. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), durante esos seis años hubo en esta región 52 masacres que dejaron 444 muertos, 90 acciones bélicas, 137 asesinatos selectivos, nueve daños a bienes,…p. 60
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391, 4972 citas
[36]caracterizaron por estar fundamentadas en la consideración de que las protestas y manifestaciones de traba - jadores, estudiantes, indígenas y campesinos eran alteraciones del orden público que requerían medidas de excepción 739. La respuesta a estas reivindicaciones fueron las medidas autoritarias dirigidas,…p. 391
[52]conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…p. 497
29Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 2461 cita
[37]to speak up and denounce others. The regions marked by La Violencia are fertile zones of strategic impor - tance, in which products such as rice, coffee, beans and cotton are grown and livestock are raised. The strategies of violence and intimidation used against the peasants included rustling, the burning of crops,…p. 246
30Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3861 cita
[38]y demás documentos anexos a los expedientes judiciales, van tomando cuerpo sentimientos contradictorios y confusos. La ausencia de descripciones por parte de los autores de las masacres es notable. Ello se debe a la impunidad que rodea estos hechos y a que ninguno de los procesados confiesa haber cometido los actos…p. 386
31La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 601 cita
[39]Ninguna zona del sector central del Tolima tan devastada como la de Rovira. ¿Causas? La exacerbación política como mística de masas y centro máximo de convergencia de las inquietudes de la comunidad. El resultado inmediato fue la organización de cuadrillas de exaltados pro-gobiernistas y, como reacción contra sus…p. 60
32Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 441 cita
[40]años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…p. 44
33¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 701 cita
[41]de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…p. 70
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 59, 642 citas
[42]forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…p. 64
[43]campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…p. 59
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 cita
[44]regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…p. 42
36El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2931 cita
[45]Violencia no se pueda vincular directamente al comportamicn to o los “intereses”—independientemente de lo que se entienda por esa expresión— de ciertas clases sociales, sí está críticamente ligada al diseño institucional de los derechos de propiedad sobre la tierra, es decir, a la “expansión de Legrand” y a la…p. 293
37Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 2391 cita
[46]de los conflictos (sobre lo cual existe, por lo demás, una amplia al campesino cafetero como un héroe nacional. El proceso de renovación, basado en los cultivos de caturra, se iniciaría en los años sesenta, tomando un gran impulso en la década del se- tenta. Cambios en la estructura de la producción Las haciendas…p. 239
38Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4101 cita
[47]a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…p. 410
39Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 187, 2172 citas
[48]de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…p. 187
[56]de los esp í ritus ”. Alfonso L ó pez, con autorizaci ó n del gobierno, que busc ó en varias ocasiones un acuerdo con la guerrilla que llevara a su desarme, se entrevist ó con algunos jefes guerrilleros sin ning ú n resultado. Sin embargo, las guerrillas segu í an aumentando: en los Llanos Orientales, dirigidas por…p. 217
40No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 35, 562 citas
[49]para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición se pone como ejemplo que la luz eléctrica llegó primero al ingenio La Manuelita que a Cali, y que este tuvo primero una red ferroviaria hacia Buenaventura que hacia la ciudad. 13 Tomo Colombia adentro. Relatos territoriales del conflicto armado,…p. 35
[73]Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…p. 56
41Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 612 citas
[50]a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…p. 61
[51]a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…p. 61
42Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 331 cita
[53]los bajos precios de compra y las exigencias de 7 “China en Miniatura”, Semana, febrero 5 de 1949. 8 Víctor Julio Merchán, “La Autodefensa. Testimonio”, Estudios Marxistas 10 (1975): 118. 9 José Gutiérrez, Un intruso en el espejo (Bogotá: Ediciones Spiridon, 1988), 243. 35 Primer Periodo trabajo obligatorio, impuestos…p. 33
43Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 971 cita
[55]o para impedir a las autoridades que les quitaran las cédulas. La dictadura conservadora (1950-1953) La elección de Laureano Gómez para el periodo 1950-1954 llevó a la ruptura total entre los dos partidos. Las guerrillas liberales crecieron en varias regiones del país, como los Llanos Orientales, el occidente de…p. 97
44Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 471 cita
[57]batallones del Ejército. Aunque la operación fue un fracaso militar, desen- cadenó la “rebelión llanera” que se prolongó hasta mediados de 1952 (Molano, 1986). Durante esta rebelión, numerosas victorias en contra de la Poli- cía y el Ejército consagraron a Guadalupe Salcedo, Eduardo Fran- 20 Todas las entrevistas…p. 47
45Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 321 cita
[60]insurreccional de finales de 1949, que fracasó luego de que la DNL (Dirección Nacional Liberal) le retirara el apoyo al movimiento susti- tuyendo la iniciativa por la promoción de un paro nacional de carác- ter pacífico (Villanueva Martínez, Orlando, 2012, páginas 139-148). El intento insurreccional fue promovido a…p. 32
46Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1001 cita
[61]destacamentos embrionarios y los grupos guerrilleros liberales, comandados por Gerardo Loaiza; se creó el Comando del Davis en lo alto del cañón del Cambrín, y se conformó un estado mayor unificado. Entre 1949 y 1964, el PCC, en consonancia con los cambios de la situación política nacional, va a desarrollar una…p. 100
47Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 221 cita
[64]el comunismo —aún alejado de la toma del poder político y más focalizado en la noción maoísta de guerra popular prolongada —, se va a afianzar sobre dos escenarios que, con posterioridad, serán claves en la emergencia guerrillera de las FARC, ya en la década de los sesenta: Tequendama y Sumapaz en Cundinamarca y el…p. 22
48Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 682 citas
[65]con las guerrillas liberales y otras se enfrentaron con ellas, como muestra del desorden reinante en la guerra y de la interferencia de muchos elementos que desbarataban las líneas previstas de enemistad. En los años que trascurrieron entre 1958 y 1962, los comunistas no fueron capaces de unificar su orientación para…p. 68
[66]con las guerrillas liberales y otras se enfrentaron con ellas, como muestra del desorden reinante en la guerra y de la interferencia de muchos elementos que desbarataban las líneas previstas de enemistad. En los años que trascurrieron entre 1958 y 1962, los comunistas no fueron capaces de unificar su orientación para…p. 68
49De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 691 cita
[68]se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el arzobispo definió la política…p. 69
50De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 691 cita
[69]buenas costumbres. no sólo se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el…p. 69
51Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · p. 901 cita
[70]líderes del Partido Conservador tuvieron un destacado desempeño como de - fensores de San Rafael como bastión conservador. Desde la pers - pectiva conservadora, la violencia fue agenciada por los liberales, por lo que “se vieron obligados a pedir ayuda”. conservadores y liberales (…) nunca se querían (…) o no nos…p. 90
52Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 581 cita
[71]and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…p. 58
53Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 581 cita
[72]and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…p. 58
54When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 163 citas
[75]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…p. 16
[76]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…p. 16
[77]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…p. 16
55When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 11 cita
[78]Introduction The Violencia and Its Literature On the fourth of June 1949} the registrar of voters of Santa Isabel} Tolima} picked up a pistol and fired a bullet through his brain. The news caused a ripple of interest in the village} and for several days people mused on his untimely passing. A newspaper in the nearby…p. 1
56The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 351 cita
[79]Rojas Pinilla, granted a general amnesty and achieved an almost complete demobilization of the armed peasants. The indiscriminate assaults and retaliations gradually ended, and the Violencia was reduced to counterinsurgent campaigns by the army against bandits, Communist strongholds, and recalcitrant Liberal guer-…p. 35
57Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 861 cita
[80]lograr la entrega de las guerrillas liberales y comunistas y de los grupos armados conservadores, Rojas Pinilla ofreció, además de una amnistía general, entregar tierra a los campesinos y titular baldíos a los colonos. Para cumplir esta promesa, en julio de 1953 expidió el Decreto 1894 por el cual se creó el ICI…p. 86