Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Biografía

María Cano

Regeneración

1887–1967

17 min de lectura31 documentos
Nacimiento1887
Fallecimiento1967
RolesPoeta · Periodista
Lugar principalColombia
Período históricoRegeneración1886–1929
03

La biografía

María de los Ángeles Cano Márquez (Medellín, 1887 – 1967) fue la primera mujer que en Colombia tomó la tribuna obrera como oradora de masas y convirtió su voz en instrumento de organización política. Poeta de formación, periodista de oficio y agitadora socialista por decisión, encabezó entre 1925 y 1930 una de las oleadas de movilización popular más intensas del siglo. Viajó por campamentos, trilladoras y plazas para articular un lenguaje de reivindicación obrera en un país que hasta entonces no había escuchado a una mujer hablar así en público. Su figura fue rápidamente envuelta en un mote que la volvía tolerable —«la Flor del Trabajo»— y luego apartada por un Partido Comunista que juzgó «aventurera» a la generación fundadora del socialismo colombiano. Recorrió el país mientras el país aún no sabía qué hacer con ella.

02

Línea de vida

  1. 1923

    Giro hacia la temática social

    Leer contexto

    En noviembre de 1923 María Cano comenzó a introducir elementos de temática social en sus publicaciones periodísticas, marcando el inicio de su radicalización pública.

  2. 1924

    Protesta contra la conscripción militar

    Leer contexto

    En enero de 1924 protestó públicamente contra la educación militar impartida a jóvenes reclutados y llamó a la población, especialmente a las mujeres, a movilizarse contra ella.

  3. 1925

    Exaltación como 'Flor del Trabajo' e inicio de las giras nacionales

    Leer contexto

    A partir de 1925 fue reconocida con el título de 'Flor del Trabajo', distinción que transformó en plataforma política; comenzó entonces sus giras por campamentos petroleros, nudos ferroviarios, trilladoras de café y plazas públicas, siendo apodada por los obreros 'la flor roja y revolucionaria de Colombia'.

  4. 1926

    Fundación del Partido Socialista Revolucionario

    Leer contexto

    El 21 de noviembre de 1926, en el Tercer Congreso Obrero Nacional en Bogotá, nació el PSR; Cano se integró como una de sus figuras públicas más reconocibles, colaborando en el periódico socialista La Humanidad dirigido por Ignacio Torres Giraldo y realizando seis giras nacionales de agitación.

  5. 1928

    Campaña contra la Ley Heroica

    Leer contexto

    Tras la aprobación de la Ley Heroica en octubre de 1928, que prohibía organizaciones populares y la difusión de ideas socialistas, Cano fue una de las voces del PSR en la campaña de protesta contra la ley, en el mismo contexto de la masacre de las bananeras en Ciénaga.

  6. 1930

    Marginación en el proceso de bolchevización del PSR

    Leer contexto

    Entre el 5 y el 17 de julio de 1930, en el pleno ampliado del PSR, el partido fue refundado como Partido Comunista de Colombia bajo presión de la Internacional Comunista; Cano fue electa suplente en el Comité Central Ejecutivo pero pidió que se retirara su nombre, siendo apartada junto a otros dirigentes fundadores juzgados como 'aventureros'.

Una hija del ambiente Cano

María Cano nació en 1887 en Medellín, en una familia entretejida con la vida intelectual y política de Antioquia. Era pariente de Fidel Cano, fundador de El Espectador, cuya primera edición apareció el 22 de marzo de ese mismo año, tres veces por semana y en formato tabloide. Nombrar ese periódico no es adorno: la infancia y juventud de María Cano transcurrieron dentro del perímetro moral e intelectual que ese diario definió, un liberalismo antioqueño combativo, culto y perseguido. El Espectador fue silenciado en octubre de 1899, con el estallido de la Guerra de los Mil Días; reapareció en octubre de 1903; volvió a ser suspendido en diciembre de 1904 por disposiciones del gobierno de Rafael Reyes; y solo pudo circular con regularidad a partir de enero de 1913, ya como diario de formato universal bajo la dirección conjunta de Fidel y Gabriel Cano. En 1915 se abrió una edición vespertina en Bogotá, y la edición matinal de Medellín se mantuvo hasta 1923.

En ese Medellín leía la joven María Cano. Y en ese Medellín también apareció, en febrero, la revista Panida, animada por León de Greiff, Ricardo Rendón, Fernando González, Libardo Parra Toro —Tartarín Moreira— y José Gaviria Toro. Diez números, una banda de artistas jóvenes y una atmósfera intelectual en la que la crítica al orden dejaba de ser un exabrupto para volverse gesto cultural admisible. Cano no fue de los Panidas —no era ese su lugar—, pero respiró el mismo aire. Cuando ella misma dio el paso hacia la escritura pública, lo hizo desde la poesía, la prosa breve y las colaboraciones periodísticas, es decir, desde el idioma en el que su ciudad reconocía autoridad literaria. Fue una mujer letrada de la clase media ilustrada antioqueña antes de ser cualquier otra cosa, y esa condición explica tanto lo que pudo hacer como lo que se le permitió hacer.

La casa Cano, además, era un nudo de conversación pública. Por allí circulaban abogados, periodistas, poetas jóvenes; se leía en voz alta, se discutía la política nacional, se recibían las novedades editoriales que llegaban por correo. La educación de María Cano fue esa: una escolaridad doméstica intensiva en un hogar donde escribir era una forma normal de estar en el mundo. Sus primeros textos aparecieron en revistas y páginas literarias antioqueñas, y no llamaron la atención por su radicalismo sino por su afinación lírica. Nadie la habría imaginado, en 1920, subida a un cajón en una plaza pública para dirigirse a obreros del ferrocarril.

De la página a la tribuna

La radicalización de María Cano no fue una conversión súbita sino un desplazamiento gradual dentro del mismo oficio de escribir. En noviembre de 1923, sus publicaciones periodísticas empezaron a incorporar temas sociales: la denuncia como prolongación natural de la sensibilidad literaria. En enero de 1924 protestó públicamente contra la educación militar impartida a jóvenes reclutados, y llamó a la población, especialmente a las mujeres, a movilizarse contra ella. Ese llamado marca un umbral: la escritora que hasta entonces se dirigía a lectores estaba empezando a dirigirse a un pueblo.

En ese tránsito colaboró en la revista Cyrano, en la que también participaron otras mujeres —«sus compañeras», como se las nombra en la época— y que sirvió como plataforma editorial para las nuevas ideas. La revista incomodó lo suficiente como para provocar respuestas: en 1926 surgió en Medellín Letras y Encajes, dirigida por mujeres de la élite antioqueña, y fue leída por los contemporáneos como el contraataque católico y conservador de las «damas bien» a los desafueros de Cano y sus compañeras. Preparar a la mujer para el mundo moderno sin abandonar los valores católicos: esa era la fórmula defensiva. La existencia misma de Letras y Encajes mide, mejor que ningún elogio, el tamaño de la perturbación que Cano estaba introduciendo en el orden simbólico de su ciudad.

El punto de bisagra fue 1925. Ese año María Cano fue exaltada con el título de «Flor del Trabajo», una distinción de origen benéfico dirigida a mujeres de clases medias y altas: un dispositivo cultural que les permitía asomarse a espacios vedados —el mundo del trabajo remunerado, el universitario— con el pretexto de recaudar fondos para casas del obrero. Era una manera de dejarlas entrar sin dejarlas quedarse. Cano invirtió los términos del pacto. A partir de la exaltación comenzó su carrera política; usó la plataforma como tribuna y transformó una figura ornamental en un cargo movilizador. Lo que las damas caritativas de Medellín pretendían coronar era una sensibilidad; lo que la coronada asumió fue una responsabilidad.

Las giras: seis viajes por el país obrero

Entre 1925 y 1930 María Cano realizó seis giras nacionales de agitación. El itinerario preciso de cada una no se conserva con la nitidez que uno quisiera, pero sí la lógica del recorrido: campamentos petroleros, nudos ferroviarios, trilladoras de café, puertos fluviales, plazas públicas de las capitales departamentales. Iba a hablar a los trabajadores allí donde estaban, y volvía a la ciudad a escribir sobre lo que había visto. Colaboró de manera continua en La Humanidad, el periódico socialista dirigido por Ignacio Torres Giraldo, que se convirtió en su vehículo escrito mientras las giras eran su vehículo hablado.

Los obreros la bautizaron con dos apodos que se superpusieron: «la Flor del Trabajo», que era el título institucional resignificado desde abajo, y «la flor roja y revolucionaria de Colombia», que era ya una divisa política. En las manifestaciones respondían con una pasión que la prensa liberal medellinense —lectora, en el fondo, de la misma tradición cultural que la había formado— describió con imágenes de electricidad: una oradora capaz de encender multitudes con su retórica apasionada y su recién descubierto marxismo. La escena era inédita en la historia colombiana: ninguna mujer había convocado antes a miles en plazas obreras.

La adhesión popular tuvo momentos que la propia Cano recordó con incomodidad. En Dagua, un campesino le pidió que bautizara a su hijo, convencido de que ella y sus compañeros tenían potestad para casar y bautizar. Cano lo contó después en entrevista: la gente los tomaba, dijo, como «santos». El episodio es puntual y no autoriza a hablar de una religiosidad extendida entre las masas obreras del período, pero ilumina algo importante: la novedad de la propuesta socialista se recibía, en zonas rurales, con las gramáticas simbólicas disponibles, y la propia agitadora quedaba atrapada en un aura que ella no había pedido y que sabía distinguir de su tarea.

Las giras se enlazaban con un proceso más amplio de organización socialista que venía desde los primeros Directorios Nacionales Socialistas en Bogotá a partir de 1919. Cano no era una activista aislada: era el rostro más visible de una red de agitadores que estaba dando cuerpo, por primera vez, a un socialismo colombiano con arraigo territorial. Junto a ella trabajaban Ignacio Torres Giraldo, en el centro de los movimientos del Ferrocarril del Pacífico, y Raúl Eduardo Mahecha, que organizaba a los obreros del río Magdalena y de Barrancabermeja. Los tres fueron identificados por observadores y adversarios como los principales focos de descontento de la segunda mitad de los años veinte, cada uno en su frente.

Cada gira dejaba, además, un rastro material: hojas volantes impresas al calor de un mitin, colectas para fondos de huelga, contactos que se convertían meses después en sindicatos locales, corresponsalías que empezaban a alimentar La Humanidad desde municipios donde antes no había prensa obrera. La palabra hablada en la plaza se traducía luego en organización, y esa era la razón del viaje.

El Partido Socialista Revolucionario

El Tercer Congreso Obrero Nacional se reunió en Bogotá el 21 de noviembre de 1926 y en él la mayoría de los delegados, influidos por el marxismo, votó por construir un partido independiente de la clase obrera. Así nació el Partido Socialista Revolucionario. Su nombre no era un accidente terminológico: el PSR simpatizaba con la Internacional Comunista pero no adoptaba enteramente el modelo leninista de organización partidista. Sus líderes buscaban un partido amplio de masas y no una minoría cerrada de cuadros. Tomás Uribe Márquez, su primer secretario general, fue descrito como el primero en concebir en Colombia un partido que sirviera tanto a trabajadores urbanos como a campesinos.

María Cano se integró al PSR como una de sus figuras públicas más reconocibles, aunque su papel formal en la estructura del partido fue menos visible que su trabajo de agitación. Su función era conectar: llevar la palabra del partido a lugares donde el partido todavía no existía, y traer de vuelta a las ciudades la experiencia concreta de los obreros. En ese sentido, ella y Torres Giraldo funcionaron durante años como una dupla de proyección nacional, con La Humanidad como órgano común y las giras como brazo territorial.

Dentro del PSR se fueron acumulando dos tensiones. La primera enfrentaba a quienes preferían el entendimiento táctico con sectores del liberalismo con quienes apostaban por la confrontación directa; el creciente autoritarismo del gobierno favoreció, en la práctica, las posiciones más radicales. La segunda tensión era ideológica y venía de fuera: la Internacional Comunista miraba con desconfianza al PSR y presionaba por su bolchevización. Entre las dos fuerzas, el partido se fue estrechando: lo que había nacido como coalición amplia terminaría, en pocos años, disciplinado según un molde que ya no le pertenecía.

La huelga de las bananeras y la Ley Heroica

Los años 1924 a 1928 fueron un ciclo de huelgas que probó al movimiento obrero y a la vez lo puso en el centro de la agenda pública. La primera gran huelga petrolera contra la Tropical Oil Company estalló en Barrancabermeja el 8 de octubre de 1924 y en dos días paralizó por completo la operación. Su organizador principal fue Raúl Eduardo Mahecha, un abogado llegado a la región a comienzos de la década desde un entorno conservador emparentado con la familia del general Rafael Reyes, y a quien la Revolución Rusa y el movimiento obrero internacional habían llevado a otra ribera. La huelga fracasó, pero fundó una tradición: Barrancabermeja quedaría por décadas como el epicentro simbólico del sindicalismo colombiano.

La segunda huelga petrolera fue declarada el 5 de enero de 1927, con demandas de aumento salarial del veinticinco por ciento, jornada de ocho horas y mejores condiciones sanitarias. Ignacio Torres Giraldo había hablado a los obreros de Barrancabermeja el 26 de diciembre anterior, en los preparativos. La represión que siguió fue considerable e incluyó enfrentamientos armados, y de esa derrota salió el movimiento con la certeza de que la siguiente batalla se libraría en otra parte.

Tras Barrancabermeja, Mahecha se trasladó a la costa. En la zona bananera del Magdalena organizó a los trabajadores —muchos de ellos ex obreros petroleros desplazados por la Tropical Oil— hasta un total de 32.146 asalariados sindicalizados. La huelga estalló en noviembre de 1928. A comienzos de diciembre, los trabajadores fueron concentrados en la plaza de Ciénaga en la tarde del 5, supuestamente para recibir al gobernador y firmar un acuerdo. Lo que llegó, en cambio, fue la orden de disolución y la tropa. La masacre se consumó entre esa noche y la madrugada del 6.

Las cifras se pelearon desde la primera noche. Un corresponsal de El Espectador calculó cien muertos y doscientos treinta y ocho heridos hasta el 13 de diciembre; Alberto Castrillón habló de números mucho más altos; el general Carlos Cortés Vargas, responsable directo de la represión junto al presidente Miguel Abadía Méndez, dio números mucho más bajos. Después vinieron los tribunales. Cortés Vargas dispuso Consejos de Guerra verbales a instancias de funcionarios de la compañía frutera: de más de setecientos sobrevivientes presos se juzgó a ciento treinta y seis, entre ellos varias mujeres, periodistas y profesores, con penas de hasta veinticinco años. Contar los muertos era ya, entonces, una forma de disputar la historia.

Antes de la masacre, en octubre de 1928, el Congreso había aprobado la Ley Heroica, un marco jurídico represivo cuyo eje era prohibir la formación de organizaciones populares y sindicales de oposición, impedir la difusión de ideas socialistas y establecer procedimientos expeditos de condena. El ministro de Guerra Ignacio Rengifo, que había aceptado la designatura presidencial en octubre de 1927 hablando de «nubes de tempestad en el horizonte patrio», fue la figura política central de ese giro. Varios jerarcas católicos enviaron telegramas de felicitación a los congresistas que aprobaron la ley; el arzobispo de Cartagena bendijo «el triunfo alcanzado por el partido del orden social». La ley recortó de manera sustancial la capacidad de organización y acción del PSR, que respondió con una campaña de protesta enmarcada en una defensa más amplia de las libertades, y que ya venía movilizándose contra el decreto 707 de 1927.

María Cano fue una de las voces más reconocibles de esa resistencia. Su trabajo de agitación entre 1925 y 1928 no puede leerse por fuera de este cerco: cada gira ocurría en un país que estaba endureciendo sus leyes contra ella. Que su figura sobreviviera a esos años se debió, en parte, a que el sistema simbólico del «Flor del Trabajo» todavía la volvía difícil de encarcelar como se encarcelaba a un dirigente obrero varón.

Ser mujer en la tribuna

La irrupción de María Cano rompió una regla no escrita de la vida colombiana. Al tomar las tribunas y participar en la agitación de ideas socialistas, quebró la sujeción tradicional de la mujer al espacio doméstico. Ese quiebre tuvo dos dimensiones simultáneas: le abrió un lugar que nunca antes había ocupado una mujer y le atrajo una hostilidad específica que ningún hombre del PSR sufría en los mismos términos.

La reacción católica fue explícita. En 1927, el obispo de Santa Rosa de Osos —diócesis antioqueña de particular severidad— emitió una carta pastoral amenazando con el infierno a las mujeres que se vistieran de forma provocadora o montaran a caballo a horcajadas. En 1930, el Vaticano dirigió a los obispos del mundo una directiva sobre moda femenina modesta. La jerarquía eclesiástica del período leía los cambios sociales en el cuerpo de las mujeres y ahí libraba sus batallas. La presencia de Cano en las plazas obreras no era, en esa gramática, un asunto ideológico: era un asunto moral, y por tanto un asunto de salvación.

Baldomero Sanín Cano, en una «Conversación en la Universidad» de 1927, atribuyó a la civilización judeocristiana la idea de que la mujer es el crimen y el pecado. Que una de las plumas más respetadas del país formulara así el problema da la medida del debate abierto. El feminismo colombiano de la época nacía enlazado a las vanguardias artísticas y a nuevas representaciones de la mujer, y contra él se organizaba una respuesta que combinaba doctrina religiosa, elegancia social y periodismo femenino conservador —de nuevo, Letras y Encajes—.

Cano no organizó su activismo alrededor de una agenda feminista explícita: sus energías se orientaron hacia la lucha obrera y la propaganda socialista. Pero su figura funcionó, quisiéralo ella o no, como el signo más visible del cambio en el estatuto público de la mujer colombiana. Que la respuesta conservadora se articulara contra sus «desafueros» en Cyrano muestra que sus contemporáneos leyeron correctamente la magnitud del desplazamiento. La ropa que usaba en las plazas, el tono de voz con que se dirigía a los obreros, el simple hecho de viajar sola en tren de una ciudad a otra: todo eso se convertía, para la mirada eclesiástica y burguesa de la época, en material sintomático. La biografía privada quedaba absorbida por la controversia pública.

1930: la depuración

El régimen conservador se agotaba. El PSR había planeado una serie de levantamientos armados para 1929 que en su mayoría fueron suspendidos por orden de la Internacional Comunista; sin embargo, en El Líbano, Tolima, y en otros sitios las instrucciones no llegaron a tiempo, y los alzamientos fueron reprimidos con facilidad por el Estado. El fracaso, combinado con la derrota bananera y con la campaña presidencial de 1930, sirvió a la Komintern de argumento para intervenir directamente en la reorganización del partido.

Entre el 5 y el 17 de julio de 1930 se realizó el pleno ampliado del Comité Ejecutivo Nacional del PSR. En la sesión del 13 de julio, siguiendo los dictados de la Internacional Comunista, el partido cambió su nombre por el de Partido Comunista de Colombia y eligió como secretario general a Guillermo Hernández Rodríguez, alias Guillén. La operación fue una depuración. Raúl Mahecha, condenado por consejo de guerra tras la masacre bananera, y Erasmo Valencia fueron expulsados. Ignacio Torres Giraldo fue descartado. La Komintern juzgaba «aventureras» las acciones previas de la generación fundadora: la huelga bananera, el proyecto insurreccional, la campaña presidencial de 1930. Se trataba de construir, en su lugar, un partido de cuadros seleccionados minuciosamente según la perspectiva leninista.

María Cano fue electa suplente del nuevo Comité Central Ejecutivo. Ella misma pidió que se retirara su nombre. En sus intervenciones posteriores criticó duramente la injerencia de la Internacional Comunista y el sometimiento del partido a sus dictados, aunque también reconoció errores propios. Su salida, por tanto, no fue solo expulsión: fue un rechazo consciente a un partido que ya no reconocía como suyo. La agitadora que había electrizado plazas obreras entre 1925 y 1928 no encontraba su lugar en la organización disciplinada y jerárquica que la Komintern quería construir sobre las ruinas del PSR.

Después: el exilio interior

De 1930 en adelante, María Cano se retira de la primera línea. No hay ya giras, no hay ya intervenciones públicas de la escala anterior. Su nombre desaparece de los grandes momentos del país durante los años treinta y cuarenta —los años de la República Liberal, de la reforma constitucional del 36, del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948, de la Violencia—. Vive largamente, hasta 1967, pero vive fuera del centro. Su radicalismo no cabía ya en el liberalismo reformista de López Pumarejo, y el Partido Comunista al que había ayudado a abrir espacio la había puesto a un lado.

Los últimos años los pasó en Medellín y luego en Palmira, en condiciones de pobreza y aislamiento político, conviviendo con Ignacio Torres Giraldo, el compañero de las giras. Allí Torres Giraldo escribió, entre otras obras, una biografía de María Cano publicada en 1972, uno de los primeros esfuerzos por rescatar su figura del olvido. Pero fuera de ese gesto tardío de un antiguo camarada, el país olvidó rápidamente lo que ella había sido. La mujer que en 1927 llenaba plazas terminó sus décadas finales en silencio, mientras la política colombiana giraba hacia otros nombres y otras violencias.

El retorno de Cano a la escena pública fue lento y desigual. La operación de contención hecha en dos tiempos —primero por el establishment cultural antioqueño, que la coronó «Flor del Trabajo», y luego por la Internacional Comunista, que la descartó como «aventurera»— dejó una huella difícil de borrar. Durante décadas, cuando el nombre de Cano volvía a mencionarse, volvía como poeta socialista, como símbolo lírico, como figura conmovedora. Rara vez volvía como lo que fue: la primera oradora obrera de la historia colombiana y una de las organizadoras políticas más eficaces de la década de 1920.

Lo que queda

Restituir a María Cano es hacer dos operaciones a la vez. La primera es sacarla del mote: no fue solo la Flor del Trabajo, ese título que sirvió a las élites para volverla presentable y luego insuficiente. Fue una agitadora que en cinco años reconfiguró el mapa del descontento obrero colombiano, y lo hizo con la palabra hablada, en plazas y campamentos, en un país que apenas empezaba a tener plazas obreras. La segunda operación es más difícil: reconocer que su radicalidad no fue una anomalía biográfica sino la culminación política de una tradición cultural antioqueña —la de El Espectador, la de los Panidas, la de Cyrano— que sus contemporáneos también compartieron pero que ninguno llevó tan lejos como ella. Cano no fue la excepción a Antioquia: fue Antioquia empujada hasta su consecuencia socialista.

El país que ella intentó organizar terminó imponiéndose. Los sindicatos que ayudó a fundar sobrevivieron a la masacre bananera y a la Ley Heroica. Las ideas que difundió cambiaron el vocabulario de la política colombiana antes incluso de que el Partido Comunista naciera formalmente en julio de 1930. Y la posibilidad misma de que una mujer hablara en una tribuna pública sobre política y trabajo dejó de ser inimaginable el día en que ella se subió a la primera. La Cano que quedó fue un ícono lírico; la que importa restituir es la organizadora. La Flor Roja fue, antes que cualquier otra cosa, una organizadora, y así ingresa hoy en la historia política del país.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

Aparece en40
Ver las 36 restantes
1918Luchas por baldíos y movimiento campesino costeño (1918–1928)Hecho1920Betsabé EspinosaEntidad1920Huelga de las obreras textiles de Bello (1920)Hecho1920Mujeres y orígenes del movimiento social colombianoEnsayo1922BarrancabermejaEntidad1923Juana Julia GuzmánEntidad1924Huelgas petroleras de la Tropical Oil en Barrancabermeja (1924-1927)Hecho1924José Gonzalo SánchezEntidad1926Bolchevización del PSR y fundación del Partido Comunista ColombianoHecho1928La Ley Heroica (Ley 69 de 1928)Hecho1928La masacre de las bananeras (1928)Ensayo1928La masacre de las bananeras: mito literario y vacío judicialEnsayo1928SindicalismoEntidad1928Zona BananeraEntidad1929Levantamiento bolchevique del Líbano y Chucurí (1929)Hecho1930Feminismo y sufragismo en Colombia (1930–1946)Hecho1930Internacional ComunistaEntidad1930Luis VidalesEntidad1930Ofelia Uribe de AcostaEntidad1930República Liberal (1930–1946)Época1930ViotáEntidad1932Georgina FletcherEntidad1934Movilización agraria y conflictos por la tierra en Sumapaz, Tolima y Cundinamarca (1934–1936)Hecho1935Erasmo ValenciaEntidad1935Masculinismo estructural en la historiografía de la República LiberalEnsayo1936Frente PopularEntidad1936La síntesis socialista que no cristalizó (1925-1948)Ensayo1936Ligas campesinasEntidad1936Populismo agrarioEntidad1938CooptaciónEntidad1938Fracaso de la izquierda autónoma colombiana, 1930-1948Ensayo1938Gerardo Molina RamírezEntidad1948Movilización popularEntidad1950Repertorio de protestaEntidad1954El sufragio femenino en Colombia (1954)Ensayo2003Feminismo colombiano post-1991: territorialización, ONGización y violencia contra lideresasEnsayo
Relacionadaspor co-ocurrencia
05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

31 documentos · 39 fragmentos
01Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 3131 cita
[1]

don Fidel, quien hizo circular el 24 de abril de 1897, el No. 3 1 2 El 19 de octubre de 1899 salió el No. 505 y ese día estalló la Guerra de los Mil días. Un nuevo silencio for zoso cobijó al bisemanario de los Cano. El 16 de octubre de 1903 tornó a la palestra, bajo el No. 506. Continuó hasta el No. 845, del 17 de…

p. 313
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 1071 cita
[2]

el se- dico de tendencia li- Alejandro Galvis Galvis. manario Voz (inicial- beral y fuertemente dl TU ou mente Voz de la De- atacado por la Iglesia mocracía y luego Voz católica en tiempos de la Violencia política, al Proletaria); sin embargo han existido diferen- punto de que en 1949 los obispos de Santan- tes…

p. 107
03Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1101 cita
[3]

febrero de 1791 con la aparición del Papel Periódico de la Ciudad de Santa Fe de Bogotá, que fundó y dirigió Ma- nuel del Socorro Rodríguez. Don Ma- nuel, nacido en La Habana, Cuba, ha- bía llegado dos años antes al Nuevo Reino de Granada en calidad de ami- Primera página del "Papel periódico de la Ciudad de Santafé…

p. 110
04Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 2471 cita
[4]

cathedral, the rent paid by Carrasquilla. The life of this group, active between  and , was linked to that of the local bohemians, steadfast frequenters of the El Globo, El Blumen, La Bastilla, and the Chantecler cafés. The most famed Panidas were the poet León de Greiff, the caricaturist Ricardo Rendón, Félix…

p. 247
05Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 2471 cita
[5]

cathedral, the rent paid by Carrasquilla. The life of this group, active between  and , was linked to that of the local bohemians, steadfast frequenters of the El Globo, El Blumen, La Bastilla, and the Chantecler cafés. The most famed Panidas were the poet León de Greiff, the caricaturist Ricardo Rendón, Félix…

p. 247
06María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · Páginas 81, 309, 3203 citas
[6]

Jaramillo Meza y Adelfa Arango de Jaramillo. La revista duró hasta 1923. “Cuando llegó al número cien, los editores, decepcionados por su pobre acogida, remataron por kilos los ejemplares sobrantes, que sirvieron de papel de envolver en la plaza de mercado” 46. En 1926 surgió la revista femenina Letras y Encajes,…

p. 81
[37]

años de la lucha y masacre en las bananeras. Ciénaga, Magdalena: Alcaldía de Ciénaga, 2008 Posada Duperly, Esteban. Fidel Cano, un hombre de su tiempo. Medellín: Universidad Pontificia Bolivariana, 2007 Pérez Builes, Catalina. Francisco Antono Cano y sus discípulos. Medellín: La Carreta Editores E.U., 2004 Poveda…

p. 309
[38]

del Partido Comunista de Colombia. Bogotá: Centro de Estudios e Investigaciones Sociales, CEIS, 1980, p. 105. 109 Torres Giraldo, Ignacio. Los inconformes IV, p. 26. 110 Medina, Medófilo, op. cit., p. 106. 111 Torres Giraldo, Ignacio, Apostolado, p. 86. 112 Medina, Medófilo, op. cit., p. 196. 113 Medina, Medófilo, op.…

p. 320
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 195, 1982 citas
[7]

las letras latinoamericanas en la década anterior: Delmira Agustini, Alfonsina Storni, Jua- na de Ibarbourou y Gabriela Mistral. El movi- miento antioqueño rompió con la opresión a que estaba sometida la mujer antioqueña y con los convencionalismos propios de un duro régimen político y una cultura tradicional, como…

p. 195
[31]

de la costa caribe y del interior del país, en busca de mejores condiciones econó- micas. Muchos de ellos se emplearon en el ferro- carril y en el puerto o se convirtieron en colonos de las propiedades públicas y se dedicaron a culti- var yuca, plátano, maíz, arroz, caña de azúcar y ta- baco, que se destinaban a…

p. 198
08Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Páginas 42, 462 citas
[8]

las clases medias y al- tas. A través de eventos que les hacían Capítulo 1 43 posible entrar como reinas a espacios para ellas vedados, como el mundo del trabajo remunerado y el mundo uni- versitario, se las nombraba «Flor del Trabajo» o «Reina de los Estudian- tes», para recaudar fondos de ayuda para las casas del…

p. 42
[35]

preparación intelectual que la capacitara para ser independiente en la vida y dotarla de un techo propio que la protegiera en las eventualida- des de la vida matrimonial. Su charla oscilaba entre la melosidad descriptiva de los atributos de la feminidad y la confrontación que el mundo moderno hacía de ese ideal.…

p. 46
09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1651 cita
[9]

Cómo aprendió a escribir García Márquez, Editorial Lealon, Medellín, 1995. 13 En diciembre de 1930 se realizó el iv Congreso Internacional Femenino en el Teatro Colón de Bogotá. Fue la época en que más revistas se escribieron para mujeres: La familia cristiana, Antioquia por María, Letras y encajes, Hogar, Hojita de…

p. 165
10Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · Página 2071 cita
[10]

que, distinto al toro, arremete y pega con los ojos abiertos". En otros pueblos y ciudades (Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos, Neiva) se crearon casi simultáneamente sociedades de obreros y obreras similares a las de Montería en cuyos estatutos se abogaba "por la emancipación de la mujer organizando socieda-…

p. 207
11Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 4121 cita
[11]

de periodistas liberales de Mede lIín,Marla Cano se preocupó muy pronto por los sufrimientos de los po bres. Para fines de los años veintes se había convertido en símbolo de los obreros rebeldes y en una oradora capaz de electrizar a las multitudes de trabajadores que acudían a escuchar su apasionada retórica y las…

p. 412
12Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1201 cita
[12]

lo s políticos que lo s costos marginales de cada voto en esas circunscripciones eran demasiado elevados en comparación con las ciudades y distritos rurales tr adicionales. Los principales focos de descont e nto pueden seguir se en la actividad de tres fogosos agitadores y organizadores revoluciol\a- rio s: Raúl…

p. 120
13Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 4201 cita
[13]

Marín, El Amanecer..., p. 118, dijo que en Dagua un campesino la llamó para que bautizara a su hijo: "nos creía con potestad para casar gente". María Cano insistió en esa entrevista que la gente los tomaba como 'santos'. Sin embargo, el contenido de la ceremonia reproducido en el periódico ya citado, cuyo director era…

p. 420
14Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Páginas 237, 2442 citas
[14]

proyecto anarcosindicalista fue rápidamente criticado por distintos sectores obreros e intelectuales que se habían adherido inicialmente a la CON. En ese ambiente comienza a surgir nuevamente la idea de la cons- trucción de un partido independiente de la clase obrera. Al calor de resonantes éxitos huel- guísticos como…

p. 244
[30]

de Noviembre, de Barrancabermeja, Ignacio Torres Giraldo habla a los obreros, el 26 de diciembre de 1926, durante los preparativos de la huelga petrolera que será declarada el 5 de enero de 1927. 236 Nueva Historia de Colombia. Vol. III mostró algunos triunfos obreros. Pri- mero fueron los braceros de Girardot y luego…

p. 237
15Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 621 cita
[15]

contrario, decidió que el avance intelectual y doctrinario no radicaba más en el liberalismo y optó por pasar al socialismo, aunque años después regresó a las toldas liberales. Los socialistas, por su lado, continuaban concretando ideas. Hacia 1924, en un nuevo congreso, orientaron su perfil hacia un compromiso más…

p. 62
16Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 2691 cita
[16]

comu- nidades desarrollaron el trabajo de educación y organización dirigentes indígenas socialistas como José Gon- zalo Sánchez y Eutiquio Timoté. Tomás Uribe Márquez (1886-1936), secretario general del partido socialista revolucionario fundado en 1926. "El fue el primero en concebir en Colombia la modalidad de un…

p. 269
17Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · Página 501 cita
[17]

Estos nicleos compuestos por obre- ros, artesanose intelectuales se lanzan a la tarea de organizar el naciente movimiento laboral a través de congresos obreros. En el segundo de estos con- gresos, en julio de 1925, surgié la Confederacién Obrera Nacional, con un marcado tinte anarcosin- dicalista. Un afio més tarde,…

p. 50
18Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 139, 1472 citas
[18]

época, nombre despectivo para golpistas, “aventureros pequeñoburgueses”. 3 Similar a la anterior, nombre despectivo para quienes impulsaban alzamientos guerrilleros y derivado del nombre del revolucionario mexicano Pancho Villa. 139 Capítulo 5. Trayectorias de una fallida élite política de izquierda Ignacio Torres…

p. 139
[36]

la familia de María Cano en Medellín y posteriormente en Palmira. Durante este, redactó una prolífica obra de análisis político-social, gran parte aún inédita, que incluye Los inconformes (Torres Giraldo, 1978) —estudio historiográfi - co pionero sobre las luchas sociales en Colombia—, las Cinco cuestio - nes…

p. 147
19Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1271 cita
[19]

se enfrentó a los ataques y calificativos definidos por la IC, reconoció errores, defendió a sus compañeros y criticó duramente su injerencia y el sometimiento del partido a esta; incluso, fue electa suplente en el Comité Central Ejecutivo, y ella pidió que se retirara su nombre. Otros dirigentes como Raúl Mahecha y…

p. 127
20El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Página 1541 cita
[20]

con base territorial y composici ó n social popular ” 3. 3 Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo 4, Bogot á 1974, p. 7/8 Aqu í aparece como soluci ó n de emergencia precisamente aquello en que descansaban la fuerza y la capacidad movilizadora del nuevo partido: su í ntima relaci ó n con las agrupaciones…

p. 154
21El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 392 citas
[21]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
[22]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
22Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 2731 cita
[23]

de las luchas sociales. Esta convicción se derivaba de una concepción paternalista de las relacio- nes sociales y de la confianza en un or- den inmutable, garantizado por las creencias religiosas que debían com- partir los colombianos, sin importar el lote que les hubiera cabido en el re- parto de los bienes…

p. 273
23No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 421 cita
[24]

los manifestantes. Tila Uribe relató así lo que vino después: «Durante 120 días se desató la persecución por todas las zonas, se oían las descargas del Ejército que disparaba contra todo en cualquier parte, mataba sin preguntar nada; aquello era un horrible desfile de muertos. La casa sindical, la imprenta y la…

p. 42
24Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1081 cita
[25]

201. 76 Uno de estos levantamientos ocurrió en El Líbano. El PSR había dado, siguiendo las instrucciones de la Internacional, la orden de suspender las revueltas planeadas para junio de 1929; sin embargo, en El Líbano y en otros sitios las instrucciones no llegaron a tiempo, y los levantamientos se hicieron de todos…

p. 108
25Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2221 cita
[26]

entre el trabajo y el capital pueden M ü m ó nicas. -Si ¿ 30 EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO SINDICAL La primer gran huelga se hizo contra la Tropical Oil Com Las condiciones de trabajo en el Magdalena medio eran desastroS En 1923, 40.81 % de los trabajadores empleados se enfermaron,-s,y! 1.51% muri ó. En ese medio…

p. 222
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 421 cita
[27]

sucesivas olas migratorias de personas buscando ocupación en oficios varios y abrir oportunidades comerciales. Mientras que los rendimientos de las empresas se multiplicaban y sus empleados extranjeros gozaban de comodidades y beneficios, los obreros y sus familias vivían en condiciones muy difíciles. Fue en esta…

p. 42
27Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · Página 731 cita
[28]

exactamente a un congreso sindical sino a un encuentro abierto y revolucionario de organizaciones”.2 Agrega que el Partido se alimentaba del gran espíritu de lucha obrera que floreció en esa segunda década del siglo XX. Una época mar cada por un incipiente proceso de industrialización en el país, la confor mación de…

p. 73
28Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Páginas 61, 652 citas
[29]

compañía: 30 Además de las fuentes periodísticas y la Memoria del Ministerio de Industrias de 1927, también se consultó la autobiografía de uno de los dirigentes de la huelga de 1927. Gutiérrez, l. (1949). 97 98 1-llSTORIA OEL SINDICAUSMO EN COLOMHI!I., 185<1·2013 1. Aumento de salarios del25% 2. Seguridad de empleo,…

p. 61
[32]

horas. El almacén de la compañía y otros edifi- cios fueron quemados hasta los cimientos, y los huelguistas intentaron quemar vivos a los empleados estadounidenses y colombianos que estaban resistiendo en la única casa que quedaba. Antes de que esto ocurriera, sin embargo, Uegó el Ejército, y en la batalla que siguió…

p. 65
2930 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1761 cita
[33]

premeditaba, como lo demostraré, asesinar a la gente que estaba dormida en los carros del ferrocarril; necesitaba pintar ante Bogotá una situación tan grave que le permitiera explicar su premeditado asesinato. Ni más ni menos que la misma actitud que se observa en los telegramas de la United. Es decir, de la compañía…

p. 176
30Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Página 961 cita
[34]

aPParent MOdernity 83 oversee and direct workers’ free time. Ironically, or predictably, these centers of industry experienced stubborn resistance to modern freedom, reinforcing nineteenth-century morality and religion.21 Catholic bishops became stout defenders of order and morality, not only warning of the evils of…

p. 96
31The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 4961 cita
[39]

natural warmth, he didn’t use fancy words, he went directly to the point. The language he used was so that everyone could understand him, even though he was a lawyer, he came here as a lawyer. His office was by the Pipatón Hotel, over where 4th Avenue is being built, there by the riverbank.—Rafael Núñez, interviewed…

p. 496