Ensayo · Regeneración · 1886–1929
Mujeres y orígenes del movimiento social colombiano
Antes de que existiera un sindicalismo consolidado, el movimiento social colombiano tenía una base demográfica y laboral esencialmente femenina: obreras textiles antioqueñas, María Cano, Juana Julia Guzmán, indígenas caucanas. La historiografía obrera ortodoxa borró ese origen y separó la lucha de género de la sindical, debilitando a ambas.
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La respuesta en breve
El género fue matriz constitutiva —no derivada— del primer movimiento obrero y popular colombiano: la feminización estructural de la fábrica textil antioqueña (87% de obreras solteras, 71% menores de 24 años en 1916), el agrarismo costeño del Sinú y la movilización indígena caucana tuvieron protagonismo femenino explícito antes de la fundación del PSR en 1926 o del PCC en 1930. Las obreras usaron los repertorios morales del catolicismo social —decencia, honor, dignidad sexual— no como sujeción sino como escudo que hacía políticamente costosa la represión patronal y estatal. La masculinización historiográfica posterior no fue descuido sino dispositivo que separó la lucha obrera de la feminista, debilitando a ambas, y que condenó al feminismo colombiano a llegar al sufragio de 1954 desconectado de una tradición popular anterior en varias décadas.
Tres lecturas estructuran el campo en tensión real. La primera, dominante hasta los años ochenta, lee el movimiento obrero como historia de trabajadores varones de enclave —petroleros de Barrancabermeja, huelguistas bananeros de 1928, núcleo marxista de Torres Giraldo— y trata a las obreras textiles como sujeto incapaz de politización autónoma por su sujeción clerical. La segunda, ligada a la historia social y de género, invirtió el foco: rescató la huelga de Bello de 1920, la figura de Betsabé Espinal, la centralidad de María Cano y el agrarismo de Juana Julia Guzmán, pero tendió a leer el catolicismo social y los patronatos como puro dispositivo de dominación, sin ver cómo esos espacios fueron infraestructura organizativa de la protesta. La tercera, más reciente, sostiene que el asociacionismo católico femenino —Hijas de María, patronatos de obreras, congregaciones marianas— fue precondición ambivalente de la politización femenina, no su obstáculo; y que la proclamación de María Cano como 'Flor del Trabajo' en 1925 fue una operación cultural de doble filo: otorgó agencia pública inédita pero dentro de un marco simbólico mariano que la bolchevización de 1930 volvió prescindible, ilustrando la incompatibilidad estructural entre feminismo popular y leninismo dogmático. Persiste además el debate sobre si el agrarismo costeño del Sinú y la movilización indígena caucana —con repertorios, lenguajes y bases sociales distintos al modelo andino de Sumapaz— constituyen corrientes autónomas del movimiento popular o episodios subordinados al eje sindical urbano que la historiografía ha privilegiado.
Ensayo completo
La lectura
¿Y si el primer movimiento social colombiano fue de mujeres?
¿Qué se hace con estas cifras? En 1916, en las fábricas textiles de Antioquia, el 87% de las obreras eran solteras, el 71% tenía menos de veinticuatro años y el 40% había llegado de fuera de Medellín. ¿Y con esta escena? En marzo de 1920, la fábrica de Bello se paralizó por una huelga protagonizada por ese proletariado casi enteramente femenino, vigilado de cerca por monjas. ¿Y con este gesto? En 1925 los obreros consagraron a María Cano como Flor del Trabajo y la lanzaron a recorrer el país en giras que electrizaban plazas. ¿Y con este papel? En 1927 catorce mil indígenas —hombres y mujeres— firmaban memoriales por el derecho a la tierra en el Cauca. ¿Y con esta geografía? En el valle del Sinú, entre 1918 y 1932, las mujeres del mercado de Montería sostenían con Juana Julia Guzmán y Vicente Adamo un agrarismo costeño que ocupaba latifundios en grupos de cien a trescientas personas.
Antes de que existiera en Colombia un sindicalismo consolidado, antes de que se fundara el Partido Socialista Revolucionario en 1926 o el Partido Comunista en 1930, el movimiento social colombiano ya estaba en marcha, y su base demográfica y laboral era, en lo esencial, femenina. La pregunta entonces es doble: ¿por qué fue así, y por qué el relato canónico del obrerismo colombiano borró después ese origen?
Una genealogía canonizada por sustracción
Entre los años sesenta y ochenta del siglo XX, la historiografía obrera colombiana canonizó una línea masculina: los enclaves petroleros de Barrancabermeja con Raúl Eduardo Mahecha, la huelga bananera de diciembre de 1928 en la zona del Magdalena, el núcleo marxista dirigido por Ignacio Torres Giraldo, la línea que va del PSR al PCC y de allí a las luchas agrarias del Sumapaz con Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela. ¿Es ese relato falso? No: es exacto en lo que nombra. ¿Es completo? En absoluto: es mutilado en lo que omite.
¿Quién estaba en la fábrica cuando en 1918 comenzaron a formarse los primeros sindicatos y a estallar las primeras huelgas? El proletariado industrial más numeroso y concentrado del país —el textil antioqueño— era femenino, joven y migrante rural. ¿Y quién había sostenido la matriz laboral previa? Las artesanas de mediados del siglo XIX, que en el censo de 1870 constituían más de dos tercios de los 305.824 artesanos registrados en el país. En Santander, la proporción de mujeres artesanas frente a hombres era de cinco a uno.
No se trata solo de reparación historiográfica. La pregunta apunta a la estructura misma del movimiento: si el género fue matriz constitutiva y no derivada de la cuestión obrera, ¿qué significa políticamente que la lucha sindical y la lucha de mujeres se hayan separado a lo largo del siglo XX? La respuesta tiene consecuencias materiales: debilitó al sindicalismo, que perdió una parte de su base; y debilitó al feminismo colombiano, que llegó al sufragio de 1954 desconectado de una tradición popular anterior en varias décadas, obligado a nacer como si fuera un movimiento letrado de clase media urbana.
Tres lecturas en disputa
El campo se organiza en torno a tres lecturas. La primera, dominante durante décadas, lee el movimiento obrero como una historia de trabajadores varones industriales y de enclave —ferrocarriles, puertos, transporte fluvial, petróleo, banano— vanguardia de la modernización política del país. ¿Dónde quedan, en esta lectura, las obreras textiles antioqueñas? Como fenómeno marginal, sometidas al control clerical y por tanto incapaces de constituirse en sujeto político. ¿Y las mujeres del agrarismo costeño o de la movilización indígena caucana? Cuando aparecen, aparecen como acompañantes.
La segunda, ligada a la historia social y de género desde los años ochenta, invirtió el foco: mostró la centralidad de las obreras textiles, rescató la huelga de Bello de 1920 y la figura de Betsabé Espinal, releyó a María Cano no como excepción sino como emergente de un movimiento con base femenina, y recuperó a Juana Julia Guzmán y a las ligas campesinas del Sinú. Su límite fue tratar con frecuencia el catolicismo social y los patronatos como puro dispositivo de sujeción, sin ver cómo esos mismos espacios habían sido la infraestructura organizativa que hizo posible la protesta.
La tercera, más reciente y más incómoda, plantea que el asociacionismo católico femenino —cofradías, congregaciones marianas, Hijas de María, patronatos de obreras— fue el principal espacio de agencia pública preliberal de la mujer colombiana, y por tanto precondición ambivalente de su politización posterior. ¿Y qué hacer con la decencia, el honor, la dignidad sexual? No fueron ideología impuesta desde arriba sino repertorios morales que las obreras usaron para hacer legítima una protesta que ningún gobierno conservador podía reprimir sin costo político. Esta tercera lectura sostiene mejor el material, con las tensiones que ya se dirán.
La fábrica, feminizada por diseño
Coltejer inició actividades en 1907; hacia 1915 empleaba unos 150 obreros y operaba unos 140 telares con activos avaluados en $470.000. En el Valle de Aburrá se levantaron, entre 1904 y 1920, la Compañía Antioqueña de Tejidos, Coltejer, Rosellón y Fabricato, y todas se surtieron del mismo patrón de reclutamiento: muchachas jóvenes, solteras, procedentes en gran proporción del campo, enviadas por familias campesinas como prolongación de la economía doméstica. Los datos de 1916 —87% solteras, 71% menores de veinticuatro años, 40% migrantes— no describen una anomalía sino la estructura del proletariado industrial antioqueño en su década fundacional.
La Compañía Colombiana de Tejidos y sus hermanas necesitaban mano de obra barata, disciplinada y renovable; el mercado de trabajo rural antioqueño ofrecía muchachas cuyo salario era considerado suplementario al ingreso familiar masculino y cuyo tránsito por la fábrica se pensaba como episodio previo al matrimonio. Ganaban menos que el promedio industrial, siempre. Los índices lo cuentan de manera plana: el índice femenino tocó pico en 1921 con 148,5 sobre base 100 de 1918, y fondo en 1926 con 93. Traducidos a la nómina de Bello o de Envigado, esos números dibujan una curva de hambre —tres años de respiro tras la guerra mundial, luego el desplome sostenido que se instala justo cuando la industria acelera su expansión—.
Encima del salario operaba un dispositivo moral. La congregación Hijas de María, con sede inicial en la iglesia de la Candelaria y capítulos en Salgar, Concordia y Titiribí, admitía únicamente a mujeres solteras, obedientes y modestas, y exigía confesión y comunión mensuales, rosario diario y participación en festividades marianas. El Patronato de Obreras de Fabricato en Medellín, a cargo de las Hermanas de la Presentación en los años treinta, alojaba a las obreras bajo una cotidianidad de disciplina y rutina heredada de la beneficencia decimonónica. La vigilancia se extendía más allá del portón de la fábrica: en 1927, el obispo de Santa Rosa de Osos emitió una carta pastoral amenazando con el infierno a las mujeres que se vistieran de manera provocadora o montaran a caballo a horcajadas; en 1930, el Vaticano emitió una directiva mundial sobre la moda femenina modesta.
En ese marco estalla, en 1920, la huelga de la fábrica textil de Bello. Un proletariado casi enteramente femenino, vigilado por monjas, paró la producción. ¿Encaja la escena en las categorías del sindicalismo clásico? No. Las huelguistas no tenían tras de sí una tradición gremial masculina, no militaban en partidos —el PSR aún no existía—, no disponían del lenguaje del enfrentamiento clasista. Y sin embargo pararon la fábrica. No a pesar del marco moral católico sino desde él: la denuncia de abusos y la reivindicación de la dignidad femenina eran un terreno en el que el poder patronal y clerical resultaba especialmente vulnerable, porque su propia legitimidad se afirmaba en el discurso de la protección de la honestidad de las obreras. Una huelga textil femenina en Antioquia no podía reprimirse con el repertorio anticomunista con que se aplastaba a los petroleros de Barrancabermeja: lo impedía la gramática moral en la que estaban montados los propios patrones.
Nueve años más tarde, en 1929, las obreras de Rosellón en Envigado se movilizaron por sus condiciones de trabajo. Entre 1930 y 1933 las textileras antioqueñas hicieron fuertes inversiones en maquinaria —Fabricato casi duplicó su stock entre 1928 y 1932, Coltejer emprendió su ensanche de hilados en 1932, Rosellón dispuso un segundo plan al año siguiente—, un ciclo de modernización que reorganizó también las condiciones de la mano de obra. Sobre esa ecuación —catolicismo social, salario bajo, disciplina de dormitorio y protesta contenida dentro del lenguaje de la decencia— se sostuvo el modelo antioqueño durante décadas.
El techo de la Flor del Trabajo
Precisar la operación cultural de 1925: al proclamar a María Cano Flor del Trabajo, los obreros le entregaron un lugar de enunciación pública inédito en la Colombia de la Regeneración tardía —el de la oradora capaz de electrizar plazas obreras— pero bajo una figura simbólica que remitía a la iconografía mariana y a la pureza femenina. La flor del trabajo, la flor roja y revolucionaria de Colombia: epítetos que fusionaban militancia y feminidad casta en una misma imagen. La agencia era real; el marco, tradicional.
Entre 1925 y 1930, cinco años, María Cano fue la figura de mayor visibilidad pública del movimiento obrero colombiano, en giras que atravesaron el país junto a Ignacio Torres Giraldo. El PSR, fundado en 1926, se había pensado como partido de masas antes que como minoría de cuadros de tipo leninista, opción que dejaba espacio para figuras como la suya. Entre el 5 y el 17 de julio de 1930, siguiendo los dictados de la Komintern de bolchevizar el partido, el PSR se transforma en Partido Comunista de Colombia, con Guillermo Hernández —Guillén— como secretario general. Cano es electa suplente del Comité Central Ejecutivo y pide que retiren su nombre; Raúl Mahecha y Erasmo Valencia son expulsados.
El modelo de partido de cuadros disciplinados que se impuso desde 1930 tenía poco espacio para una figura como Cano, cuya autoridad procedía de un carisma público construido en el registro moral del emblema femenino de la clase. Al pedir que retiraran su nombre no está desertando: está registrando la incompatibilidad entre su forma de ejercer política y la nueva gramática partidista. Que Torres Giraldo escribiera en 1972 la biografía de Cano no altera el hecho: para 1930, la Flor del Trabajo ya había cumplido su función simbólica y el aparato no la necesitaba. Fue uno de los primeros episodios documentados en América Latina de la subordinación de las mujeres al leninismo dogmático.
Los otros carriles: Sinú, Cauca, Tolima
Mientras las textileras paraban en Bello y Rosellón, otra cosa pasaba fuera del guion sindical clásico. En el valle del Sinú, desde comienzos del siglo XX, los blancos —terratenientes y comerciantes— habían consolidado su poder cercando tierras de campesinos pobres y baldíos, usando ganado para arrasar cultivos y recurriendo a la Fuerza Pública. Las ligas campesinas de la región respondieron: en los meses posteriores a las elecciones de 1931, grupos de cien a trescientos campesinos invadieron latifundios en varios municipios; a comienzos de 1932 el alcalde de Montería informó al gobernador que el problema de la tierra se presentaba en el Sinú con caracteres alarmantes.
Los estatutos de las sociedades de obreros y obreras de Montería, Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos y Neiva decían cosas notables: abogaban por la emancipación de la mujer organizando sociedades feministas, por el boicoteo al juego y al alcohol, por el fomento de escuelas laicas, por la ayuda a socios presos y por el uso de los vocablos camarada y compañero en lugar de señor y don. Vicente Adamo trabajaba con Juana Julia Guzmán, que organizaba a las mujeres del mercado de Montería, en una configuración que incluía al inmigrante azoriano Ayres Nascimento, llegado a la Costa durante la Primera Guerra Mundial haciendo proselitismo socialista. El agrarismo costeño no fue apéndice del sindicalismo urbano: fue otro repertorio, con lenguaje propio —igualitario, comunitario, con presencia afrodescendiente y europea inmigrante— y con protagonismo femenino explícito en sus estatutos.
En el Cauca, Manuel Quintín Lame llevaba desde 1910 un pulso jurídico y de acción directa por los resguardos. Su punto más alto fue la ocupación de Inzá en noviembre de 1916 —con el efímero Gobierno chiquito de Tierradentro y seis muertos—. Detenido en mayo de 1917 en el puente el Cofre, cerca de Popayán, Lame se trasladó hacia 1922 al sur del Tolima, donde en 1924 fundó con José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timotée el Supremo Consejo de Indias para reconstituir los resguardos de Natagaima, Velú, Yaguara y Coyaima. Su programa era recuperar las tierras de los resguardos, fortalecer los cabildos, no pagar terrajes y dar a conocer las leyes indígenas, apoyándose en la Ley 89 de 1890, sancionada por Carlos Holguín, que había ralentizado la disolución de la propiedad colectiva.
Con el memorial firmado por catorce mil indígenas en 1927, la historiografía obrera no supo qué hacer. No cabía en el molde sindical: no venía de una fábrica, no reclamaba salario, no procedía de un enclave. Era una demanda territorial y jurídica de un campesinado indígena que había sostenido durante casi cuatro décadas una resistencia legalista y de hecho combinada. Después de 1930, Sánchez y Timotée se vincularon al movimiento comunista, Lame permaneció conservador, la ruptura se hizo evidente; la victoria liberal de 1930 asestó el golpe final al movimiento de Lame.
Vistas juntas, la trayectoria caucana y la del Sinú muestran que la protesta popular colombiana en el primer tercio del siglo XX corrió por al menos tres carriles paralelos —fábrica textil femenina, agrarismo costeño con protagonismo femenino y afrodescendiente, movilización indígena caucana— y que el relato obrero centrado en Bogotá, Barrancabermeja y la zona bananera solo capturó una fracción de lo que estaba ocurriendo.
Entonces, ¿cuál es la respuesta?
¿Puede decirse, con la evidencia sobre la mesa, que el primer ciclo del movimiento social colombiano —entre 1880 y 1945— tuvo una base demográfica y laboral mayoritariamente femenina, y que la historiografía obrera posterior la borró? Puede decirse. Se sostiene con esto: en 1870 dos tercios del artesanado eran mujeres; en 1916 la fábrica textil antioqueña era 87% de solteras jóvenes; en 1920 la primera gran huelga industrial del país la protagonizaron obreras textiles en Bello; entre 1925 y 1930 la figura pública de mayor visibilidad del obrerismo fue María Cano; en 1927 catorce mil indígenas firmaron un memorial que la historia obrera nunca supo integrar; en las ligas costeñas del Sinú los estatutos hablaban explícitamente de emancipación femenina.
La parte incómoda de la respuesta es que la invisibilización de esa base femenina no fue únicamente un acto historiográfico retrospectivo. Operó en tiempo real. El catolicismo social —a partir de la Rerum Novarum y de su implementación tardía en Colombia desde las dos primeras décadas del siglo XX— construyó una base ideológica competitiva frente al socialismo marxista, con el Patronato de Obreras de Fabricato, las Hijas de María, las cartas pastorales episcopales y las directivas vaticanas como piezas de un sistema que canalizaba la agencia femenina hacia formas de disciplina que la contenían al mismo tiempo que la habilitaban.
Cuando el 30 de octubre de 1928 se promulgó la Ley Heroica bajo un gobierno conservador que había recibido telegramas de felicitación de varios jerarcas de la Iglesia —el arzobispo de Cartagena celebró la ley como triunfo del partido del orden social— y cuando en 1930 el PSR se bolchevizó, expulsó a Mahecha y Valencia y arrinconó a Cano, se consumó una separación estructural entre el proletariado femenino textil y la línea sindical dominante. La Flor del Trabajo fue, en último término, un puente cultural ambiguo: hizo posible la agencia pública de una mujer en la Colombia de la Regeneración, pero encadenó al obrerismo colombiano a marcos morales tradicionales que limitaron su radicalidad y que, cuando el partido cambió de gramática, la dejaron sin lugar.
El siglo XIX que la borradura presupone
La feminización del movimiento social del siglo XX no cae del cielo. El censo de 1870 registró 305.824 artesanos en el país; menos de un tercio, 92.347, eran hombres. Dos de cada tres artesanos colombianos hacia mediados del siglo XIX eran mujeres o niños. En Santander, la proporción era de cinco mujeres por cada hombre en el sector, concentradas en textiles de algodón. Cuando las importaciones extranjeras golpearon el artesanado textil colombiano en la segunda mitad del siglo XIX, quien recibió el golpe más duro fueron las mujeres.
No se organizaron en protesta. En parte porque sus ingresos eran leídos como suplementarios a la remuneración masculina en la agricultura. No es un signo de pasividad sino de una configuración estructural: la economía doméstica pensaba el trabajo femenino como accesorio, y esa lectura desactivaba políticamente su base material.
Otras formas de ciudadanía sí ejercieron las mujeres colombianas del siglo XIX, y la historiografía oficial las borró. Las guerras civiles recurrentes —hasta la de los Mil Días entre 1899 y 1902, que dejó miles de viudas y huérfanos y destruyó infraestructura— fueron sostenidas por las Juanas: mujeres que acompañaron ejércitos como cocineras, enfermeras, cargueras, informantes y a veces combatientes. María Martínez de Nisser en las guerras antioqueñas de mediados de siglo, Policarpa Salavarrieta como símbolo retrospectivo de la Independencia: figuras nombradas de una masa anónima. Existe además una fotografía de finales del siglo XIX, tomada por Restrepo, que muestra a una mujer posando con revólver y carriel: documento y aspiración al mismo tiempo, imagen que registra un imaginario disponible en el que la mujer armada era pensable.
El espacio de agencia pública del que dispuso la mujer colombiana durante siglos fue el organizado por la Iglesia: de la vida conventual femenina en la Nueva Granada de los siglos XVII y XVIII a las cofradías, congregaciones marianas y juntas de damas del XIX. La Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, fundada en 1864 en Bogotá y extendida a Medellín con estrechos vínculos con la Sociedad Católica, es uno de los ejemplos. Ese asociacionismo no fue neutralización de una agencia que existiera en otro lugar: fue el lugar mismo donde esa agencia se ejerció, con las contradicciones evidentes de un espacio que a la vez habilitaba y sujetaba.
La firma tardía de una subordinación temprana
La masculinización historiográfica del movimiento obrero consumada entre los años sesenta y ochenta fue la firma tardía de una subordinación que ya se había producido antes en la fábrica, en el resguardo y en la liga campesina. Al canonizar Barrancabermeja y la huelga bananera y colocar como línea maestra la que va del PSR al PCC y al Sumapaz, la historiografía repitió el gesto de exclusión que el propio movimiento había ensayado sobre su propia base en 1930. El precio fue doble: debilitó al sindicalismo, al que le quitó una parte de su base social y al que le impidió pensarse como una lucha con contenido de género; y debilitó al feminismo colombiano, al obligarlo a nacer en 1954 —con figuras como Georgina Fletcher y las sufragistas letradas— desconectado de una tradición popular anterior, en la que Betsabé Espinal, Juana Julia Guzmán, Raquel Uribe de Echeverri, las firmantes indígenas de 1927 y las obreras anónimas de Rosellón habían sido, medio siglo antes, protagonistas.
¿Qué queda abierto?
Persisten sombras en el archivo. El nombre confirmado de la líder de la huelga de Bello de 1920, el pliego preciso y la lista de resultados están por reconstruirse en detalle: Betsabé Espinal aparece en la tradición oral y en la historiografía de género como la figura central, pero la documentación del episodio sigue incompleta. Tampoco hay precisión sobre cuántas obreras se movilizaron en Rosellón en 1929 y qué obtuvieron. Las disposiciones exactas de la Ley Heroica de octubre de 1928 y sus efectos concretos sobre el sindicalismo femenino son otro flanco por trabajar: el PSR la percibió como un golpe grave, pero el detalle está por reconstruir. Queda por rastrear cómo se articularon las ligas del Sinú con otros focos costeños, hasta dónde llegó el programa lamista entre las mujeres indígenas del Cauca y del Tolima, y cuál fue la biografía política completa de Juana Julia Guzmán.
La tensión conceptual de fondo es más difícil. Si el asociacionismo católico femenino fue precondición ambivalente de la politización popular de la mujer colombiana, la pregunta es cuánto de esa politización pudo trascender el marco moral que la había hecho posible. El caso de María Cano en 1930 sugiere un techo; el de Juana Julia Guzmán en el Sinú, con estatutos que proclamaban explícitamente la emancipación femenina, sugiere que en algunos lugares ese techo se rompió. Reconstruir en detalle esa geografía diferencial —dónde se subordinó la agencia femenina y dónde encontró vocabulario propio— es tarea abierta.
Lo que sí puede afirmarse sin ambigüedad es que hubo, entre 1880 y 1945, un feminismo popular colombiano, obrero, agrario e indígena, anterior en varias décadas al sufragio de 1954. Que haya sido borrado del canon no lo hace menos real. Lo hace más urgente.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
55 documentos · 72 fragmentos de referencia01Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 21, 352 fragmentos
[1]y se reglamentara la educación física y los deportes en las escuelas y colegios, dejando en claro que con ello no se atentaba contra la feminidad. No obs- tante, en el país, las mujeres de la eli- te, desde principios de siglo, practi- caban deportes tales con el tenis o el basquetbol y utilizaban bicicletas, pese que…
p. 21
[10]no sólo porque generalmente las desconocían, sino porque de hacerlas efectivas las despedían de sus empleos. A las mu- jeres que laboraban en la agricultura Chapolera o recogedora de café antioqueña, en 1922. Trescientas obreras de este gremio presentaron un memorial al Congreso, en 1935, denunciando atropellos de las…
p. 35
02Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 7521 fragmento
[2]varia- ciones del salario real, se tendría esta evolución: el salario real en el conjunto sube fuertemente de 1918 (100) a 1921 (150); sigue luego una curva quebrada con tendencia gene - ral a la baja, hasta 1926, en que está más o menos a la altura del primer momento (107). Inicia después una ascensión marcada: en…
p. 752
03Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 971 fragmento
[3]femenina en la naciente clase obrera, especialmente en la rama manufacturera. Por las diversas fuentes consultadas, orales y escritas, tenemos la impresión de que el trabajo femenino en los inicios de la industria era una prolongación de la economía familiar, todavía centrada en la agricultura. Así como en Europa un…
p. 97
04María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 1001 fragmento
[4]Antioquia y Amagá. Los trenes transportaron a mediados de los años veinte más de ciento cincuenta mil personas por mes. Por la misma época transitaron unas cinco mil personas y más de mil trescientos vehículos, cada hora, por Carabobo, la principal calle del barrio, y a la plaza de mercado ingresaron no menos de…
p. 100
05Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 1271 fragmento
[5]its seat in the Candelaria Church, but in was transferred to San Ignacio. In the congregation was still active and had opened chapters in Salgar, Concordia, and Titiribí. It admitted only unmarried, obedient, modest women. During the feast day of Our Lady of the Immaculate Conception, celebrated in May,…
p. 127
06Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 1271 fragmento
[6]its seat in the Candelaria Church, but in was transferred to San Ignacio. In the congregation was still active and had opened chapters in Salgar, Concordia, and Titiribí. It admitted only unmarried, obedient, modest women. During the feast day of Our Lady of the Immaculate Conception, celebrated in May,…
p. 127
07Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2562 fragmentos
[7]44 Villegas, Yunis, op. cit., p. 344. 262 ECONOMÍA Y NACIÓN mismo fiscal rechazó su papel de acusador y pidió la absolución del acusado. 45 Pero los conflictos más novedosos vividos por esta sociedad semifeudal fueron los acometidos por aquellos asalariados que laboraban en condiciones capitalistas bastante puras. En…
p. 256
[8]44 Villegas, Yunis, op. cit., p. 344. 262 ECONOMÍA Y NACIÓN mismo fiscal rechazó su papel de acusador y pidió la absolución del acusado. 45 Pero los conflictos más novedosos vividos por esta sociedad semifeudal fueron los acometidos por aquellos asalariados que laboraban en condiciones capitalistas bastante puras. En…
p. 256
08Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 434, 4432 fragmentos
[9]con nuestra primera fábrica. Aquí no las conocíamos porque tam- poco se conocían las fábricas. En Europa discuten las jornadas de ocho y diez horas, las de doce horas y tres cuartos ni entrarían a discutirlas. Me permito llamar la atención sobre este punto, pues me parece demasiado grave el que empiece la anarquía…
p. 434
[11]obreras otro tipo de posturas que nos permiten identificar la existencia de unas mujeres que, a su manera, intentaron conquistar una mayor autonomía en las fábri- cas y en sus propias vidas cotidianas. Lo que parecía ser un modelo empresarial con posibilidades de una larga vi- gencia histórica, también al promediar…
p. 443
09Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 961 fragmento
[12]aPParent MOdernity 83 oversee and direct workers’ free time. Ironically, or predictably, these centers of industry experienced stubborn resistance to modern freedom, reinforcing nineteenth-century morality and religion.21 Catholic bishops became stout defenders of order and morality, not only warning of the evils of…
p. 96
10Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 117, 1202 fragmentos
[13]lo s políticos que lo s costos marginales de cada voto en esas circunscripciones eran demasiado elevados en comparación con las ciudades y distritos rurales tr adicionales. Los principales focos de descont e nto pueden seguir se en la actividad de tres fogosos agitadores y organizadores revoluciol\a- rio s: Raúl…
p. 120
[24]las perif erias geográ fi cas La co nfiguración de la s capas populares co lo mbi anas difirió de la de Argentina, Uruguay o el s ur del Brasi l, dond e los inmigran- tes e urop eos pesaron tanto. Pero, co mo en aquellas latitudes, la movilización y protesta de l os trabajadores tu vi eron gran auge e ntre 1918 y…
p. 117
11Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1951 fragmento
[14]las letras latinoamericanas en la década anterior: Delmira Agustini, Alfonsina Storni, Jua- na de Ibarbourou y Gabriela Mistral. El movi- miento antioqueño rompió con la opresión a que estaba sometida la mujer antioqueña y con los convencionalismos propios de un duro régimen político y una cultura tradicional, como…
p. 195
12Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 207, 2122 fragmentos
[15]que, distinto al toro, arremete y pega con los ojos abiertos". En otros pueblos y ciudades (Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos, Neiva) se crearon casi simultáneamente sociedades de obreros y obreras similares a las de Montería en cuyos estatutos se abogaba "por la emancipación de la mujer organizando socieda-…
p. 207
[50]3. Sociedad de Obreros y Artesanos de Montería, Boceto biográfico sobre la historia del señor Vicente Adamo (Montería, 1920); Víctor Negrete, Origen de las luchas agrarias en Córdoba (Montería, 1981), 75- 76 (Comité Socialista); Centro Popular de Estudios, Lomagrande, ba- luarte del Sinú (Montería, 1972). Entrevistas…
p. 212
13Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 31, 502 fragmentos
[16]Estos nicleos compuestos por obre- ros, artesanose intelectuales se lanzan a la tarea de organizar el naciente movimiento laboral a través de congresos obreros. En el segundo de estos con- gresos, en julio de 1925, surgié la Confederacién Obrera Nacional, con un marcado tinte anarcosin- dicalista. Un afio més tarde,…
p. 50
[34]‘Motin Incitaci6n del cura parroco 1918 pata atacar a los artidarios de violencia Marzo de —_| Sastres y Bogoté Protesta Evitar la compra en el Varios muertos y heridos _| El Estado interviene para 1919 zapateros exterior de uniformes y reprimir el movimiento botas para el ejército Abril 22 de | Ferrocarril La dorada…
p. 31
14Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1271 fragmento
[17]se enfrentó a los ataques y calificativos definidos por la IC, reconoció errores, defendió a sus compañeros y criticó duramente su injerencia y el sometimiento del partido a esta; incluso, fue electa suplente en el Comité Central Ejecutivo, y ella pidió que se retirara su nombre. Otros dirigentes como Raúl Mahecha y…
p. 127
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 fragmento
[18]sucesivas olas migratorias de personas buscando ocupación en oficios varios y abrir oportunidades comerciales. Mientras que los rendimientos de las empresas se multiplicaban y sus empleados extranjeros gozaban de comodidades y beneficios, los obreros y sus familias vivían en condiciones muy difíciles. Fue en esta…
p. 42
16Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4121 fragmento
[19]de periodistas liberales de Mede lIín,Marla Cano se preocupó muy pronto por los sufrimientos de los po bres. Para fines de los años veintes se había convertido en símbolo de los obreros rebeldes y en una oradora capaz de electrizar a las multitudes de trabajadores que acudían a escuchar su apasionada retórica y las…
p. 412
17Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1471 fragmento
[20]la familia de María Cano en Medellín y posteriormente en Palmira. Durante este, redactó una prolífica obra de análisis político-social, gran parte aún inédita, que incluye Los inconformes (Torres Giraldo, 1978) —estudio historiográfi - co pionero sobre las luchas sociales en Colombia—, las Cinco cuestio - nes…
p. 147
18Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 210, 2272 fragmentos
[21]en los trabajadores tanto urbanos como rurales. Antes de la Primera Guerra Mundial, los artesanos c9nstituían el volumen principal de la llamada «clase trabajadora» en Colombia. Su organización se limitaba asocie- dades de ayuda mutua, constituidas generalmente bajo los auspicios paternales de la Iglesia católica. El…
p. 210
[48]formas. En 1927 un profeta errante proclamaba el fin del mundo y millares de campesinos convergieron en la localidad de San Marcos, en lo que parece haber sido un movimiento milenarista incipiente 22 • Cuatro años después, el día de elecciones, Montería se vio sacudida por la violencia, que dejó 69 muertos y 146 casas…
p. 227
19Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 331 fragmento
[22]Centro Educativo Agualasal 31 Texto 2. Artesanos antes que obreros. En un comienzo, el número de obreros frente a los artesanos era bastante bajo. Por lo tanto, el artesano, un trabajador manual calificado y dueño de su taller o lugar de trabajo, fue el principal encargado de dirigir las luchas y los movimientos…
p. 33
20Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 35, 612 fragmentos
[23]pp. 403-440. · 1931-1946: 2. República de Colombia, Contralor(a General de la República. Primer censo:;indica] de Colombia, 1947. Bogotá, 1949. 1947-1965: 3. República de Colombia. Diario Oftria/, enero de 1947-marzo de 1966. a) nt: acuerd<l con el Código Laboral, articulo 368, es obligación de todo sindicato, tan…
p. 35
[29]compañía: 30 Además de las fuentes periodísticas y la Memoria del Ministerio de Industrias de 1927, también se consultó la autobiografía de uno de los dirigentes de la huelga de 1927. Gutiérrez, l. (1949). 97 98 1-llSTORIA OEL SINDICAUSMO EN COLOMHI!I., 185<1·2013 1. Aumento de salarios del25% 2. Seguridad de empleo,…
p. 61
21Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 621 fragmento
[25]contrario, decidió que el avance intelectual y doctrinario no radicaba más en el liberalismo y optó por pasar al socialismo, aunque años después regresó a las toldas liberales. Los socialistas, por su lado, continuaban concretando ideas. Hacia 1924, en un nuevo congreso, orientaron su perfil hacia un compromiso más…
p. 62
22El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 133, 1502 fragmentos
[26]tico, era m á s que una mera representaci ó n de intereses sindicales. “ Los primeros partidos obreros sindicalistas hab í an desaparecido completamente al prome diar el a ñ o de 1925. Pero las masas estaban en acci ó n. En estas condiciones, la CON nac í a como central del movimiento obrero y tambi é n como bandera…
p. 150
[28]hay cosas dedicadas al cambio, y por lo tanto hay capitales... Luego Colombia no s ó lo es un pa í s que tiene capitalismo sino que se desarrolla econ ó micamente bajo el r é gimen capitalista, en el sentido estricto y cient í fico de la palabra. Es un pa í s de r é gimen capitalista ya que el capital no es un simple…
p. 133
23Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 269, 2732 fragmentos
[27]comu- nidades desarrollaron el trabajo de educación y organización dirigentes indígenas socialistas como José Gon- zalo Sánchez y Eutiquio Timoté. Tomás Uribe Márquez (1886-1936), secretario general del partido socialista revolucionario fundado en 1926. "El fue el primero en concebir en Colombia la modalidad de un…
p. 269
[57]oriente del país y en otro tipo de latifundio y en virtud de la acción de corrientes de coloni- zación en Cundinamarca y el Tolima, se abrían para la población agraria mayores posibilidades de acción polí- tica por fuera de los marcos del bipar- tidismo. Al mismo resultado contri- buían la presencia de una numerosa…
p. 273
24Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 731 fragmento
[30]exactamente a un congreso sindical sino a un encuentro abierto y revolucionario de organizaciones”.2 Agrega que el Partido se alimentaba del gran espíritu de lucha obrera que floreció en esa segunda década del siglo XX. Una época mar cada por un incipiente proceso de industrialización en el país, la confor mación de…
p. 73
25El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 392 fragmentos
[31]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
p. 39
[32]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
p. 39
26Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 93, 992 fragmentos
[33]la necesidad de ocuparse de la clase obrera, puesto que aún era embrionaria. Por otra parte, la difusión de la encíclica coincidió con el establecimiento de la Regeneración y el reinado de la intransigencia católica, lo cual hizo que la polémica política ocupara las fuerzas de los católicos, dejando a un lado la…
p. 99
[68]e Barranquilla tomó la iniciativa, alentada por el Obispo de Santa Marta, de traer al país a la comunidad religiosa de Las Hermanas de La Presentación, con no pocos obstáculos que imponían algunos clérigos intransigentes 198. 6.5. Congregación del Sagrado Corazón de Jesús En 1864 nació la Congregación del Sagrado…
p. 93
27Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1191 fragmento
[35]dos ene- migos del movimiento. Estas movilizaciones alcanzaron su punto más alto con la ocupación de Inzá, en noviembre de 1916, duran- 182 Testimonio de Estanislao Lame, en Tello, Piedad (1982). Vida y obra de Manuel Quintín Lame. Tesis Universidad de los Andes, Bogotá, p. 47. 119 Tradiciones de resistencia y…
p. 119
28A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 112 fragmentos
[36]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[37]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
29When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 751 fragmento
[38]that the resguardos uhave no reason to exist} given the fact that their inhabi- tants... are all civilized." 1 In 1924 Quintin Lame} acting in concert with two tolimense Indians named Jose Gonzalo Sanchez and Euti- quio Timonte} formed the Supreme Indian Council. Through it} they founded a town named San Jose de…
p. 75
30Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 321 fragmento
[39]a sus luchas. Desde finales del siglo xix, los indígenas de la región amazónica eran objeto de una terrible explotación por parte de los grandes comerciantes de caucho; en diferentes zonas del país, otras comuni- dades veían peligrar sus resguardos. En los años veinte, la resistencia indígena se hizo más fuerte, en…
p. 32
31No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391 fragmento
[40]la Verdad ha encontrado que dicha ironía encarna un patrón de comportamiento histórico respecto al despojo de tierras, especialmente de los pueblos étnicos 22. En Tolima y Huila había un levantamiento social liderado desde 1915 por Manuel Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez. Era una lucha por la recuperación de los…
p. 39
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 421 fragmento
[41]de pro- piedad o de la institución de la familia, tales como están reconocidos y amparadas por la Constitución y leyes del país. 3. Promover, estimar o sostener huelgas violatorias de las leyes que las regula; y 4. Hacer apología de hechos definidos por las leyes penales como delitos. 56 Kalmanovitz, Economía y…
p. 42
33Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2051 fragmento
[42]vez refrendado por el Senado, el proyecto se convirtió en la ley 89 de 1890, sancionada el 25 de noviembre por el presidente encargado, Carlos Holguín y el ministro de gobierno encargado, Antonio Roldan. Esta ley, REITERACIÓN: LOS RÍANOS SE REPLIEGAN 117 vigente aún, permitió que muchos resguardos —especialmente los…
p. 205
34El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 2141 fragmento
[43]la ley: «En esta virtud y considerando este Juzgado que el Supremo Gobierno, movido de piedad, ha puesto la consideración en pro- teger a estas familias infelices para su mejor alivio: por todo lo que y sin ánimo de infringir le ley, he venido en mandar suspender las diligencias que se están evacuando y que se les dé…
p. 214
35Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 501 fragmento
[44]1810, the system became, if anything, more repressive: legislation and judicial rulings autho - rizing the sale of resguardo lands legitimized their expropriation by outsiders, often achieved through violence. 5 A great deal of land was lost in this way. The dominant ideology of the era, enacted into law, facilitated…
p. 50
36Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1071 fragmento
[45]la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…
p. 107
37The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 3001 fragmento
[46]“little republic” of Indians, counterposed to the “big republic” of the whites. A few years after his death, indigenous activists founded the Consejo Regional Indígena del Cauca (Regional Indigenous Council of Cauca), and later, an indigenous armed guerrilla movement took Quintín Lame’s name. Both groups took up his…
p. 300
38En defensa de mi raza y otros textosManuel Quintín Lame Chantre · 2017 · p. 1611 fragmento
[47]y villanamente a mis antepasados, padres de donde desciendo yo, los que habían nacido y habitado en esta tierra guananí, antes del 12 de octubre, ya citado; ese jardín que me ha mostrado la naturaleza humana hasta hoy, me ordena que no debo temer decir la verdad a ninguno de los hombres por más blanco que sea,…
p. 161
39A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 231 fragmento
[49]rraleja irrumpieron movimientos campesinos que reclamaban "la tierra para el que la trabaja", que ocuparon algunas haciendas y enfrentaron a las autoridades judiciales, militares y de policía que actuaban en defensa de los intereses de los dueños de las tierras, o mejor, de quienes ostenta- ban la propiedad sobre las…
p. 23
40Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5251 fragmento
[51]reclamantes de tierras era su “inscripción en las listas municipales de impuestos” (Legrand, 1988, páginas 97-99). La ocupación de tierras incultas generalmente daba lugar a acciones de desalojo por parte de la guardia departamental, a las cuales los campesinos oponían resistencia, a veces pacífica y a veces violenta.…
p. 525
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 fragmento
[52]se valieron de mecanismos como el uso de la fuerza policial al servicio de hacendados, en razón del carácter local que esta fuerza mantuvo hasta su nacionalización, en 1960 70. Contrario a lo definido por la Corte, El gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, ordenó a las autoridades de Sumapaz que actuaran bajo el…
p. 47
42Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 183, 3182 fragmentos
[53]Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…
p. 183
[59]agrario del Alto Su- mapaz y Oriente del Tolima, liderado por Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, y de las relaciones de ellos con Gaitán, surgieran las guerrillas del Su- mapaz, grupos de autodefensa campesina que enfrentaron la opresión y per secución del régimen conservador y del proyecto de conservatización…
p. 318
43Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4331 fragmento
[54]momento en que la migración de campesinos se inició, los terratenientes trataron de conservar la mano de obra en las condiciones de explotación tradicionales, pero los campesinos exigieron o salarios más altos o que en las parcelas además de los cultivos tradicionales se les dejara plantar café, producto que les…
p. 433
44Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1181 fragmento
[55]tasks such as weeding, the haciendas also imposed on the permanent workers a minimum annual area for them to clear, while the workers wanted a fixed daily wage for this work. The neo-classical dictum on the inefficiency of share-cropping is well known: 2 The share-cropper will exert a minimum effort to obtain a crop…
p. 118
45El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 3101 fragmento
[56]la hacienda sirve de puente para emprender un análisis a otro nivel: el uso de la tierra, las técnicas del cultivo y los requerimientos de fuerza de trabajo en función del ciclo botánico del cafeto, lo cual da pie para describir en más detalle la jerarquización de los diferentes tipos de trabajadores y los sistemas de…
p. 310
46Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 312, 3362 fragmentos
[58]pequeñas fincas cafe- teras viables de propiedad familiar. Conclusión Los acontecimientos políticos de 1930 y 1946, los años que marcan la crucial trasferencia de poder entre los dos partidos tradicionales y definen el sur- 311 312 Nueva Historia de Colombia. Vol. V gimiento y la caída de la República Li- beral, no…
p. 312
[72]que re- sultó de la fusión de las cervecerías La Antioqueña y Libertad en 1930. El país asistió, pues, casi desde los mismos años de la crisis a una extraor- dinaria recuperación industrial sin an- tecedentes en su historia. En el caso de la industria textil, las inversiones y el cambio técnico fueron dos de los…
p. 336
47Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 241, 2852 fragmentos
[60]• 28 Oficina de Estadística Nacional de Colombia, Anuario estadístico de Colombia, 1875, cit., pp. 22-28. 29 Urrutia, Historia delsíndíca/ismo en Colombia, cit.; Payne, Patterns oJConflíct in Colombia, cit., 1969. A'..;ATO'.IÍA DE LA DECADE'..;C!A FCO'..;Ó'.IICA E>..; COLO'.IBIA DCRA'..;TE EL SIGLO XIX No es difícil…
p. 241
[70]empleados. Hacia 1910, su capacidad productiva se había duplicado, la planta con- sumía unos 300 caballos de fuerza de electricidad generada por una 35 Oliver La Farge ha escrito en términos similares sobre la experiencia de Guatemala con el cultivo del café. La Farge considera que el advenimiento de la producción y…
p. 285
48Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 265, 3022 fragmentos
[61]consulta de archivos de correspondencia privada de las élites, muchas veces nos pueden llevar a la imagen idealizada de unas relaciones marcadas por el afecto y el cuidado de los patronos para con la servidumbre. Es innegable que en muchas familias los criados, debido a los largos años que permanecían den- tro de una…
p. 265
[67]maíz, ocho de papa, y cuatro de panela, alfandoque o miel. A las cinco de la tarde sus trabajos serían revisados y corregidos, a las siete deberían asistir a la Iglesia para oír algunas palabras del capellán y a las ocho estarían en los dormitorios. Los do- mingos y días festivos tendrían permiso de diversiones que…
p. 302
49Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2841 fragmento
[62]la comunidad donde viven, y la situación gene- ral de la sociedad. Por otra parte, el asumir que estos mo- vimientos no tienen objetivos feministas claros expresa una po- sición paternalista que implica que las mujeres de sectores populares y con poca educación formal no pueden tener ni cla- ridad, ni conciencia…
p. 284
50Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 2161 fragmento
[63]fotografía de Restrepo, la guerra de los Mil Días aún no había comenzado, pero la fotografía ya se había convertido en una herramienta para cumplir ciertos deseos a través de representaciones aparentemente verosímiles. Sin más documentación, es imposible saber con solo mirar la fotografía si Restrepo fue efectivamente…
p. 216
51Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 481 fragmento
[64]Papel Periddico Illustrado». Durante su mandato se firmé el concordato con el Vaticano, que ponia fin al largo litigio entre la Iglesia y el Estado, A la izquierda, entrada en Bogoté del arzobispo monsenor José Telesforo Patil. El arzobispo desempené un destacado papel en los anos iniciales del Movimiento de la…
p. 48
52Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 281 fragmento
[65]cuyo balance fue aterrador: en 220 combates se enfrentaron 75.000 soldados del Gobierno conservador y otro tanto de liberales, la mayoría constituidos en guerrillas. Estos sufrieron varias derrotas, pero la mayor e irreversible, fue la de la batalla de Palonegro, la más larga y mortífera, que duró 16 días (entre el 11…
p. 28
53Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Salcedo Martínez · 2022 · p. 11 fragmento
[66]74 VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, SIGLOS XVII Y XVIII Diana Paola Hernández Fernández Introducción El estudio de la vida religiosa femenina en Colombia se ha desarrollado desde múltiples perspectivas que buscan dar cuenta del papel de la mujer en la Colonia y la manera como la Iglesia católica…
p. 1
54La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1291 fragmento
[69]el comercio derivado de ella, facilitó la acumulación de grandes sumas de capital líquido en las manos de unos pocos. Así, anota Safford, en 1852 el gobierno cedió el monopolio del tabaco en Ambalema a Francisco Montoya, un antioqueño, por ser éste el mayor y más estable capitalista del país. En contraste con los…
p. 129
55Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 3001 fragmento
[71]presentaron a l aNotaría Primera de Medellin para c o n s t i t u i r una sociedad denominada L ocería de Caldas l o s s i g u i e n t e s s o c i o s: Alonso T o r o,Luciano R e s t r e p o,Lázaro B o t e r o,Teodomiro Llano-por EcheverriLl a no yCía-,Eugenio Santamaría,Lope M. Montoya,ApolinarV i l l a,Fernando…
p. 300