Erasmo Valencia
República Liberal
La biografía
Erasmo Valencia fue el organizador y publicista que dio forma jurídica, periodística y electoral a la lucha de los colonos del Sumapaz durante la República Liberal. Entre finales de los años veinte y mediados de los cuarenta articuló, desde el Partido Agrario Nacional y el periódico Claridad, una posición agrarista autónoma que no cabía ni en el legalismo del liberalismo oficial ni en el antilegalismo del Partido Comunista de Colombia, y que llegó a traducirse en una diputación a la Asamblea de Cundinamarca y en concejales en varios municipios del Sumapaz. Su figura, borrosa en la memoria colectiva frente al brillo posterior de Jorge Eliécer Gaitán y al arraigo comunista de Juan de la Cruz Varela, es sin embargo indispensable para entender por qué el conflicto por la tierra en Cundinamarca y Tolima llegó a los tribunales, a las urnas y a las páginas de la prensa antes de estallar en violencia armada.
Línea de vida
- 1931
Identificado como 'organizador comunista' por el secretario de gobierno del Tolima
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A mediados de 1931, el secretario de gobierno del Tolima lo señaló en informe oficial como uno de los 'destacados organizadores comunistas' que aconsejaban a los campesinos del oriente del departamento y los inducían a suscribirse al periódico radical Claridad. La caracterización reflejaba la perspectiva represiva del Estado y no su afiliación real: Valencia dirigía el Partido Agrario Nacional, organización distinta del PCC.
- 1935
Editorial en Claridad: 'franca lucha de clases' contra la plutocracia
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El 13 de abril de 1935 publicó un editorial en Claridad llamando a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes y describiendo la situación como una 'franca lucha de clases' provocada por las contradicciones de la 'plutocracia'. El texto ilustra su agrarismo clasista en el diagnóstico y su uso de la prensa como herramienta de movilización política.
- 1935
El PAN elige concejales en municipios del Sumapaz
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En octubre de 1935 el Partido Agrario Nacional obtuvo representación en concejos de Fusagasugá, Pasca, Pandi y al menos uno más (San Bernardo o Icononzo, según la fuente), constituyendo la primera evidencia sólida de un agrarismo autónomo capaz de traducir movilización campesina en representación local sin pasar por las maquinarias liberal o conservadora.
- 1935
Elegido diputado a la Asamblea de Cundinamarca
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Valencia fue elegido diputado a la Asamblea de Cundinamarca para el período 1935-1936, el punto más alto de su proyección institucional. Desde ese cargo impulsó proyectos de ordenanza que atacaban pilares del orden hacendatario: la prohibición del concierto de personas en Cundinamarca y la creación de escuelas campesinas ambulantes.
- 1936
La Ley 200 y la erosión del agrarismo autónomo del PAN
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La Ley 200 de 1936, que introdujo la función social de la propiedad y el principio de extinción de dominio por no explotación, llegó como resultado parcial de las presiones que Valencia y otros habían ejercido durante años, pero canalizó el conflicto agrario hacia el Estado liberal, erosionando el espacio del agrarismo autónomo representado por el PAN.
Un agitador clasificado como comunista por quienes no lo entendían
A mediados de 1931, el secretario de gobierno del Tolima recorrió personalmente la turbulenta zona oriental del departamento y redactó un informe extenso sobre lo que vio. En sus páginas, Erasmo Valencia aparece como un "destacado organizador comunista" que aconsejaba a los campesinos de la cordillera y los inducía a suscribirse a Claridad. Del comunismo, el funcionario escribió que era "ese cáncer que disuelve la sociedad moderna". De los campesinos, que se estaban "infectando, quizás sin sospecharlo, con ideas comunistas que subvierten el orden social y amenazan destruir los mismos fundamentos sobre los que descansa el edificio de la República".
Esa clasificación fija la primera dificultad para reconstruir la figura de Valencia. Autoridades locales, hacendados y prensa conservadora la repitieron durante toda la década. La percepción oficial lo empujaba a un casillero —"comunista"— que no correspondía ni a su afiliación orgánica ni a su estrategia política. Valencia no militaba en el Partido Comunista de Colombia. Dirigía el Partido Agrario Nacional, una organización distinta, con estrategia electoral propia y con una relación problemática, cuando no francamente competitiva, con los comunistas sobre las mismas bases sociales de colonos.
El paternalismo del informe tolimense revela también la operación con que el Estado colombiano procesaba la agencia política campesina. Los campesinos se radicalizaban "sin sospecharlo", como si fueran incapaces de leer Claridad con juicio propio. No había campesinos organizados: había campesinos contagiados. No había programa agrario autónomo: había subversión foránea. Sobre esa distorsión oficial se construyó gran parte de la represión que Valencia y sus aliados enfrentaron.
Lo que las autoridades leían como contagio era un proyecto político. Valencia empujaba a los colonos del Sumapaz y del oriente del Tolima a organizarse en ligas, a suscribir prensa propia, a elegir concejales, a redactar memoriales y a llevar los pleitos por baldíos ante los tribunales. En abril de 1935, en un editorial firmado en Claridad, llamaba a "campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes", describiendo la situación como una "franca lucha de clases" provocada por las contradicciones de la "plutocracia". Ese vocabulario, tomado del léxico marxista de la época, no lo convertía en comunista de aparato. Lo colocaba en el amplio arco del agrarismo popular colombiano de los años treinta, donde también militaban María Cano, Ignacio Torres Giraldo, José Gonzalo Sánchez y, con otro estilo, el propio Gaitán al frente de la UNIR.
Los orígenes: la cuestión de los baldíos y la coyuntura del Sumapaz
Antes de que Valencia fuera nombre público, la región donde iba a operar ya estaba en llamas jurídicas. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, un grupo reducido de grandes concesionarios había acumulado más de 208.000 hectáreas en el Sumapaz, los Llanos de San Martín y Colombia (Huila), a un costo promedio cercano a los 50 centavos por hectárea incluyendo gastos de mensura, según los datos que en su momento citó Emiliano Restrepo. Sobre ese despojo legal se montaron las haciendas cafeteras y ganaderas que dominaron la región durante medio siglo.
El conflicto del Sumapaz, en el que Valencia labraría su lugar, involucraba alrededor de 300.000 hectáreas repartidas entre los municipios de Bogotá, Usme, Pandi, Cunday, San Martín y La Uribe. En el centro había una disputa jurídica de fondo: los herederos de títulos coloniales afirmaban ser propietarios; los colonos, muchos de ellos llegados en las oleadas de expansión cafetera posteriores a 1920, sostenían que esos terrenos eran baldíos de la nación y que, por tanto, quien los ocupara y trabajara adquiría derechos sobre ellos. Desde fines del siglo XIX y hasta bien entrado el XX, los litigios se resolvían por dos vías paralelas que rara vez se separaban: el "papel sellado" —el pleito judicial— y la "pistola" —la fuerza armada respaldada por el poder político local—.
Cuatro factores convergieron para transformar ese contencioso latente en insurrección organizada, y para abrirle a Valencia el espacio que ocupó. La expansión cafetera acelerada desde 1920 multiplicó el valor de la tierra y con ello la codicia hacendataria sobre parcelas antes marginales. Una decisión jurisprudencial de 1926 sobre la "prueba de la propiedad" introdujo una incertidumbre profunda respecto a la validez de los títulos que se remontaban a la Corona española, abriendo un flanco legal por el que los colonos podían atacar. La ubicación geográfica del Sumapaz, encajado entre Bogotá y Girardot —dos polos de agitación socialista y sindical—, permitió que las ideas y los organizadores circularan con fluidez. Y la crisis empresarial y financiera de los hacendados a fines de los veinte debilitó su capacidad para sostener la coerción cotidiana sobre la mano de obra arrendataria. A ese cóctel se sumó, después de 1928, la agitación político-electoral que precedió al colapso de la hegemonía conservadora.
En ese terreno movedizo apareció Valencia como articulador. No hay evidencia sólida sobre su formación previa ni sobre los caminos que lo llevaron al agrarismo, pero sí sobre el papel que ya jugaba hacia 1930-1931: dirigente reconocido por autoridades, hacendados y campesinos como uno de los operadores centrales del oriente del Tolima y del alto Sumapaz. Villarrica, en la vertiente tolimense de la cordillera, fue uno de los escenarios donde su nombre aparece con más frecuencia en la documentación de la época. Las prácticas del movimiento agrarista que él ayudó a organizar combinaban la difusión ideológica —la prensa radical, el consejo del organizador— con acciones directas: intimidación a quienes se negaban a unirse a las ligas, interferencia con la policía, destrucción de propiedad y desplazamiento en bandas armadas por la cordillera. Es esa mezcla, y no un puro pacifismo legalista, lo que los informes oficiales registraron con horror.
Del periódico al Partido Agrario Nacional (1930-1936)
La década de 1930 fue la de mayor densidad política en la vida pública de Valencia. Coincidió con la llegada del liberalismo al poder —Enrique Olaya Herrera en 1930, Alfonso López Pumarejo en 1934— y con la apertura de un espacio de reforma que sus impulsores llamarían Revolución en Marcha. Ese contexto explica que un agrarista pudiera, por primera vez en Colombia, aspirar a representación institucional sin ser inmediatamente aplastado.
Valencia trabajó en dos frentes que se reforzaron mutuamente. Por un lado, Claridad, el periódico que las autoridades tolimenses calificaban de "radical" y que circulaba por suscripción entre los campesinos de la cordillera. Junto con El Bolshevique y Tierra, Claridad fue una de las plataformas de la prensa agrarista de los años treinta, y su función excedía la difusión ideológica: ofrecía a los colonos un marco interpretativo —lucha de clases, plutocracia, derechos sobre baldíos— y los conectaba con una red política más amplia que la de sus veredas. Suscribirse a Claridad, como registraba con alarma el secretario tolimense, no era un gesto pasivo de contagio: era un acto de afiliación política.
Por otro lado, el Partido Agrario Nacional. El PAN no fue el aparato masivo que la memoria posterior reservaría a la UNIR de Gaitán o al comunismo del Sumapaz, pero sí una organización con base social real, arraigada entre los colonos del movimiento agrario del Sumapaz, y con una estrategia electoral distintiva. En octubre de 1935, el PAN eligió concejales en varios municipios de la región —entre ellos Fusagasugá, Pasca, Pandi y probablemente San Bernardo o Icononzo—, en lo que constituye la única evidencia sólida de un agrarismo autónomo capaz de traducir movilización campesina en representación local sin pasar por las maquinarias liberal o conservadora. Ese mismo año, Valencia fue elegido diputado a la Asamblea de Cundinamarca para el período 1935-1936.
Desde la Asamblea impulsó proyectos de ordenanza que revelan el perfil práctico de su agrarismo: la prohibición del "concierto de personas" en Cundinamarca —una figura heredada del siglo XIX que permitía disponer coactivamente de la mano de obra— y la creación de escuelas campesinas ambulantes. No eran proyectos revolucionarios en un sentido maximalista, pero atacaban dos pilares del orden hacendatario: el control coactivo del trabajo y el monopolio del hacendado sobre la educación de sus arrendatarios. Que un diputado agrarista pudiera radicar tales ordenanzas en la Asamblea del principal departamento del país indica hasta dónde llegó, en su punto más alto, la apertura política de la primera administración López.
El movimiento agrario del Sumapaz, del que Valencia era una de las cabezas visibles, otorgaba gran importancia a esta conquista de espacios institucionales. Participaba en debates electorales, financiaba memoriales, contrataba abogados. Esa orientación —usar el aparato legal contra los hacendados en lugar de rechazarlo como trampa burguesa— sería, precisamente, uno de los puntos de fricción más agudos con el Partido Comunista.
El PAN entre la UNIR y el Partido Comunista
Para entender el lugar de Valencia hay que verlo triangulado con las otras dos fuerzas que disputaban las mismas bases colonas: la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR) de Gaitán y el PCC.
La UNIR, fundada por Gaitán en 1933, compartía con el PAN el terreno y buena parte de los métodos. Sus ligas campesinas recaudaban cuotas para financiar memoriales, contratar abogados y publicar hojas sueltas; defendían los intereses de los invasores dentro del sistema legal, ante ministerios y tribunales. Valencia y Gaitán no fueron, en ese sentido, adversarios de estrategia sino competidores por la representación de un mismo campesinado insurgente y jurídicamente ilustrado. En la práctica cotidiana del Sumapaz, la coexistencia entre uniristas y agraristas fue posible porque ambos operaban con el mismo repertorio: papel sellado, movilización, prensa. El propio Gaitán intervino personalmente en el conflicto de la hacienda El Chocho, entre Fusagasugá y Silvania, uno de los casos emblemáticos del contencioso agrario cundinamarqués.
La ruptura, cuando llegó, no vino de Valencia sino de Gaitán. Al aparecer en 1935 en una lista oficial del Partido Liberal a la Cámara y ser elegido, Gaitán disolvió la UNIR y renunció a la organización que él mismo había fundado, dejándola sin conducción hasta su desaparición. Ese gesto —absorción del líder popular por el aparato liberal, colapso de la estructura autónoma que representaba— marcó una tendencia que Valencia resistiría durante toda la década: la absorción del agrarismo por el bipartidismo.
Con el PCC la relación fue más tensa y más reveladora. Comunistas y agraristas coexistían en las mismas veredas, muchas veces entre las mismas familias, pero con estrategias frontalmente opuestas. El PCC, pese a calificar las ocupaciones de tierras como "tomas revolucionarias", nunca puso en duda la legalidad de los títulos de propiedad de los hacendados —una paradoja que revela más pragmatismo que doctrina—; pero rechazaba la orientación legalista de los invasores y prevenía a sus afiliados contra el recurso a las autoridades nacionales, por considerarlo incompatible con su estrategia autónoma. En vez de memoriales, incitaba a los campesinos a desafiar directamente a los propietarios: sembrar café en las parcelas en disputa, negarse a trabajar en los campos del patrón, sostener la ocupación por la fuerza cotidiana de la presencia.
Valencia se situaba en el polo opuesto de esa disputa metodológica. Su agrarismo era clasista en el diagnóstico —lucha de clases, plutocracia— y legalista en la táctica —diputación, concejales, ordenanzas, prensa suscrita—. Esa combinación, que en el imaginario oficial resultaba indistinguible del comunismo, era en la práctica su antítesis operativa. Y explica también por qué el PCC, cuando el conflicto del Sumapaz entró en su fase armada, terminaría desplazando al PAN: mientras la vía legal se agotaba, la disciplina organizativa comunista ofrecía herramientas que Valencia, situado en el terreno institucional, no podía proporcionar.
En el arco más amplio de la izquierda agrarista de los años treinta, el nombre de Valencia aparece junto a los de María Cano, Torres Giraldo y José Gonzalo Sánchez —los "grandes luchadores" del movimiento popular colombiano de la época—. Esa ubicación tiene sentido si se recuerda que el movimiento campesino colombiano de comienzos de los años treinta había adquirido gran importancia política y coexistía con un movimiento obrero en ascenso, en el marco de un auge general de las fuerzas populares. Valencia no fue el eje único de ese momento, pero fue una de sus figuras nítidas.
La Ley 200 de 1936 y la erosión del agrarismo autónomo
La reforma legal que Valencia y otros habían empujado durante años llegó en 1936, y llegó envenenada. La Ley 200 introdujo el principio de función social de la propiedad y estableció un plazo de diez años para que los grandes propietarios explotaran sus predios de forma capitalista, so pena de extinción de dominio. En la superficie era una victoria del movimiento agrario. En la práctica fue lo contrario.
La ley expresó de forma deliberadamente ambigua dos vías para el capitalismo agrario colombiano: la distribución de tierras inexplotadas entre colonos y la transformación capitalista de la hacienda tradicional. Entre esas dos opciones, la aplicación real prefirió la segunda. Ese sesgo no fue accidental. Los redactores de la ley pertenecían a la misma élite liberal que negociaba, en la sombra, con hacendados y sectores conservadores dispuestos a tolerar reformas siempre que no tocaran la estructura de la propiedad. Y los jueces encargados de aplicarla, formados en el derecho civil clásico, resolvieron las ambigüedades del texto en el sentido que les resultaba más familiar: el de la propiedad establecida.
El efecto decisivo fue jurídico. La Ley 200 sustituyó la exigencia de títulos que se remontaran a la Corona por la demostración de destinación económica productiva. Al hacerlo, resolvió a favor de los terratenientes el problema de los "títulos diabólicos" —esos títulos coloniales cuya validez la jurisprudencia de 1926 había puesto en duda y sobre cuya fragilidad Valencia y los agraristas habían construido buena parte de su estrategia jurídica—. En adelante, ya no había que probar la línea colonial de propiedad: bastaba con probar la explotación económica.
Las consecuencias para el proyecto de Valencia fueron devastadoras, aunque su gravedad tardaría años en hacerse visible. Los abogados de las ligas agraristas, que hasta entonces habían podido cuestionar en los tribunales la genealogía de los títulos hacendatarios, se encontraron de pronto litigando en un terreno completamente distinto. La pregunta ya no era si los papeles del hacendado se remontaban a una merced real legítima. Era si el predio estaba siendo explotado. Y aquí la ley resultaba especialmente hostil al colono: en un país donde la ganadería extensiva permitía a los hacendados demostrar "explotación" con un rebaño y un mayordomo, la prueba se volvía trivial para el propietario y prácticamente imposible de refutar para el invasor.
Los memoriales que Claridad enseñaba a redactar, las estrategias procesales que Valencia había desarrollado con paciencia durante más de una década, el andamiaje jurídico que sostenía a los concejales agraristas cuando debían intervenir en pleitos locales: todo eso quedó, de un año para otro, obsoleto. La "pausa" en las reformas de la República Liberal, pactada a partir de 1937 entre López y las élites conservadoras que se sentían amenazadas, debilitó todavía más el alcance de las medidas. La Ley 100 de 1944 amplió en cinco años el plazo para la explotación adecuada. Cuando debía concretarse la reversión de tierras inexplotadas, esta simplemente no llegó.
Valencia sobrevivió políticamente a la Ley 200, pero su proyecto no. El campo estratégico sobre el que había construido el PAN —la incertidumbre jurídica de los títulos coloniales, la vía legal para los colonos, la representación electoral autónoma— se estrechó al ritmo en que el Estado liberal cooptaba las demandas agrarias sin satisfacerlas. La invisibilización posterior de Valencia en la memoria histórica colombiana no es tanto efecto de una derrota frontal frente al PCC o al gaitanismo cuanto del éxito del bipartidismo en vaciar de contenido las propuestas autónomas sin necesidad de aplastarlas.
De Villarrica a Varela, del PAN a las guerrillas del Sumapaz
Después de 1936, la trayectoria pública de Valencia se hace más difusa. Siguió activo en el movimiento agrario, siguió escribiendo, siguió operando en la zona del Sumapaz y del oriente tolimense —Villarrica volvía una y otra vez en los informes como escenario de su influencia—, pero la iniciativa política del país se desplazó hacia otras figuras y otras fuerzas. Gaitán, absorbido al liberalismo en 1935, comenzaba su ascenso como líder populista del partido. El PCC, aunque pequeño, se consolidaba como el actor de izquierda más disciplinado en las zonas de conflicto agrario. La UNIR había desaparecido. Y las bases sociales colonas se preparaban, sin saberlo aún, para la fase armada del conflicto.
Fue Juan de la Cruz Varela, aparecido por primera vez como dirigente campesino en los conflictos entre colonos y latifundistas del Sumapaz en los mismos años treinta, quien tomaría el relevo del liderazgo agrario regional. Valencia y Varela actuaron en el mismo territorio, con diferencia de una generación política: el primero durante la República Liberal y bajo apuestas institucionales; el segundo con protagonismo pleno desde los años cuarenta y sobre todo en los cincuenta, cuando el terreno ya era otro. No hay evidencia sólida de una relación de discípulo a maestro entre ambos, pero sí una continuidad territorial y de lucha que la propia región reconoció.
El ascenso de Mariano Ospina Pérez al poder en 1946 y su proyecto de conservatización del país cambiaron radicalmente las condiciones. Ospina emprendió la conservatización de la policía, en parte como respuesta a la liberalización que López Pumarejo había impulsado sobre ese cuerpo en los años treinta y que el nuevo gobierno percibía como base armada del partido liberal. Las zonas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas anteriores —Tequendama, Rionegro y Sumapaz en Cundinamarca, centro y norte del Tolima— se convirtieron en escenarios de una revancha terrateniente. Las reivindicaciones del PAN de Valencia, de la desaparecida UNIR y de las luchas comunistas de Viotá, Chaparral y Sumapaz serían el objeto de esa venganza: una represalia sistemática por las luchas campesinas de los veinte y los treinta.
De ese contexto emergieron las autodefensas y guerrillas del Sumapaz, orientadas unas por el partido liberal y otras por el partido comunista, algunas de las cuales derivaron con el tiempo en los grupos que dieron origen a las FARC. Varela unificó los comandos guerrilleros de la región al comenzar los años cincuenta, e incluso tras la desmovilización simbólica del 31 de octubre de 1953 —una entrega de armas al régimen de Gustavo Rojas Pinilla— mantuvo el control político sobre el Sumapaz. Un documento de inteligencia estadounidense de 1959 lo describía como el líder militar de las guerrillas del valle del Sumapaz durante la administración Rojas, mientras señalaba que los comunistas, en particular Víctor Merchán, habían alcanzado una posición dominante en la región.
Valencia no alcanzó a encabezar esa fase armada, y esa ausencia es tan reveladora como su presencia en la anterior. El liderazgo del Sumapaz fue reclamado, tras el ciclo de Violencia, por quienes sobrevivieron a él con estructura organizativa: los comunistas y Varela. Con el inicio del Frente Nacional, el PCC retomó la fuerza del movimiento agrario de los treinta y cuarenta y lo reorganizó en sindicatos agrarios complejos, con comités de mujeres, núcleos juveniles y el Comité Propaz. El PAN, en cambio, no tenía ya ni prensa, ni concejales, ni diputados, ni siquiera archivo propio con qué reconstruir su propia historia. Valencia se convirtió en un nombre citado, no en una tradición viva.
El lugar que le corresponde
La reconstrucción de Erasmo Valencia en la historiografía colombiana ha oscilado entre dos gestos igualmente inadecuados: mencionarlo como pieza secundaria en genealogías del PCC o del gaitanismo, o rescatarlo con nostalgia como profeta desatendido de una tercera vía posible. Ambas lecturas fallan.
Valencia no fue una anécdota del comunismo colombiano. Dirigió durante más de una década una organización con base social propia, con prensa propia, con estrategia electoral propia y con representación institucional real, en un momento en que el PCC era todavía un actor menor. Y no fue tampoco un profeta desatendido: su proyecto operó siempre en competencia desigual con la UNIR y el PCC sobre el mismo campesinado colono, y su tercera vía —legalista pero clasista, electoral pero no cooptada— no fracasó porque nadie la escuchara, sino porque la Ley 200 de 1936 le sustrajo el terreno jurídico sobre el que se apoyaba y porque el ciclo de violencia que siguió a 1946 exigía formas de organización armada que él no encabezó.
Su lugar preciso está en el punto de articulación entre dos momentos del conflicto agrario colombiano. Antes de él, la lucha por la tierra en el Sumapaz era ya intensa pero desorganizada, con colonos aislados enfrentando a hacendados a través de pleitos individuales y ocupaciones dispersas. Después de él, la región tenía una tradición de organización política, de uso combinado del derecho y la movilización, de representación institucional y de prensa clasista. Hay un detalle que condensa esa transición mejor que cualquier balance general: los concejales agraristas elegidos en Fusagasugá y Pandi en octubre de 1935 no llegaron a los concejos como delegados de un cacique liberal ni como brazo local de un aparato bogotano. Llegaron con memoriales redactados en veredas, con suscriptores de Claridad como electores, con un vocabulario propio para nombrar a los hacendados y con la expectativa —hasta entonces impensable en el Sumapaz— de que un colono podía sentarse a legislar sobre su propio pedazo de cordillera. Que esa expectativa durara apenas un ciclo electoral no borra el hecho de que existió, y de que Valencia fue quien la hizo pensable.
Que esa tradición desembocara en las guerrillas de Varela y en el arraigo comunista del Sumapaz, y no en un partido agrarista nacional consolidado, no es reproche contra Valencia: es descripción de las opciones que la política colombiana ofreció a su generación.
En los informes oficiales de la República Liberal, Erasmo Valencia fue un comunista que envenenaba a los campesinos con ideas que no entendían. En el archivo, es otra cosa: el hombre que, entre 1928 y 1946, intentó demostrar que los colonos del Sumapaz podían ganar sus tierras en los tribunales, elegir sus propios concejales, leer su propia prensa y hablar en la Asamblea de Cundinamarca con voz propia. Que ese intento se agotara antes de la Violencia no lo vuelve irrelevante. Al contrario: explica, por contraste, por qué la Violencia fue lo que fue.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 29 fragmentos01When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 791 cita
[1]radicals were intimidating those who refused to join them) inter- fering with police) destroying property) and traveling through the EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:58 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 80 Chapter 3 cordillera…
p. 79
02La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · Página 841 cita
[2]los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…
p. 84
03¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 741 cita
[3]estallido re- volucionario en los países latinoamericanos”. Ciertamente, durante la Violencia, la confrontación en algunas zonas del país se entrelazaba con la “revancha terrateniente”, una suerte de venganza por las luchas campesinas de las décadas de 1920 y 1930. 21 La 21. Las reivindicaciones de líderes y…
p. 74
04Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · Página 451 cita
[4]la actitud de explotación y represión que a lo largo de la historia ha mostrado la oligarquía como constante” 41. La “segunda guerra” se explica igualmente por un acto injusto del Estado, que respondió a la organización pacífica de los campesinos con un operativo militar. Esa “segunda guerra” se desenvolvió en…
p. 45
05Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 2821 cita
[5]entrado en una franca lu- cha de clases, provocada no por los de abajo sino por las agudas contradiccio- nes que precipitan la agonía de la plu- tocracia de arriba» (13 de abril de 1935). En el mismo editorial, Valencia llama a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes. Como la UNIR, el PAN tenía…
p. 282
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 54, 632 citas
[6]Prías Alape alias 96 Coronel del Ejército estadounidense que en la guerra de Corea dirigió la Compañía Ranger del Octavo Ejército, una unidad encargada de acciones de guerra irregular. 97 Martínez Osorio, Hablan los generales, 28. 98 Londoño, Juan de la Cruz Varela. Sociedad y política. 99 Seguido a esto, la actividad…
p. 54
[25]el Frente Nacional, los comunistas retomaron la fuerza del movimiento agrario de los años treinta y cua- renta y se organizaron en sindicatos agrarios que fundaron en diferentes municipios de la región. Era una estructura de organización compleja, pues en su interior se crearon comités de mujeres, núcleos juveniles y…
p. 63
07Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 5211 cita
[7](Partido Agrarista Nacional, see Agrarian movement, 1925–36); Radical Liberals (see Liberal Party); Socialist Party, 156–57, 170, 220; Socialist Revo- lutionary Party, 159, 164–68; UNIR (Unión Izquierdista Revolucionaria, see Agrarian movement, 1925–36). See also Communist Party; Conservative Party; Liberal and…
p. 521
08When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 913 citas
[8]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…
p. 91
[9]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…
p. 91
[10]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…
p. 91
09Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 1181 cita
[11]by the large estates but by peasant producers, the government endeavored to facilitate colonization of the public domain by peasant settlers in order to expand food production. The uncertain status of landownership, however, frustrated the endeavor, leading the Supreme Court to define what was private property and…
p. 118
10Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 3151 cita
[12]liberales después de 1930 para que se haga un esfuerzo por re- visar las titulaciones de los años an- teriores. La gravedad de estos conflic- tos puede ser atestiguada en el caso del Sumapaz. Ya en su Memoria de Industrias de 1933, Francisco José Chaux muestra los conflictos entre los herederos de títulos coloniales y…
p. 315
11Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Página 1871 cita
[13]208,000 hectares in Sumapaz, the Llanos de San Martin, and Colombia (Huila), as set out in table 26. By comparison, this makes up a greater area than was granted to the antioqueho colonias', according to Parsons these received 195,750 hectares. 21 According to Emiliano Restrepo, himself a holder of large concessions…
p. 187
12El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 3031 cita
[14]y esta autoridad decidió ordenar su desalojo violento, "hasta el extremo de ordenar a fuego la destrucción de nuestras casas de habitación a fin de no pagar mejoras". 73 En 1914 el personero de Belalcázar denuncia también "innumerables conflictos, divergencias y contrariedades entre los vecinos de la población porque…
p. 303
13Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · Páginas 243, 2492 citas
[15]Borda, Resistencias..., pp. 177b-178b. COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN COLOMBIA (1850-1950) Las ligas formadas por esos partidos ayudaban a los colonos a presentar un fren- te unido en sus relaciones tanto con los terratenientes como con el Gobierno. Aunque no se dispone de detalles sobre la afiliación y la…
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[17]a que desafiaran a los propietarios, sembrando café en sus parcelas de subsistencia y negándose a trabajar en los campos del patrón. Aunque los comunistas decían que tales procedimientos eran <<tomas revolucionarias de tierra», el partido nunca puso en duda la legalidad de los títulos de propiedad de los hacendados.…
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14El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 3431 cita
[16]liberales, instrumentaron su descontento, canalizaron sus aspiraciones y dieron alguna coherencia política a sus reivindicaciones. Muy sintéticamente la protesta de estas regiones puede enunciarse así: 1) En cuanto a sus causas de corto plazo, hay que mencionar: la acelerada expan~ión de la producción cafetera a…
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15Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 2871 cita
[18]campaña reformista "(43). En un comportamiento contradictorio, que dejó sorprendidos a amigos y enemigos, Jorge E. Gaitán, después de negar que tenía alianzas con el liberalismo, apareció en una lista oficial de ese partido a la Cámara. Cuando fue elegido renunció a la UNIR, dejando huérfana a la organización, la que…
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16Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 3181 cita
[19]agrario del Alto Su- mapaz y Oriente del Tolima, liderado por Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, y de las relaciones de ellos con Gaitán, surgieran las guerrillas del Su- mapaz, grupos de autodefensa campesina que enfrentaron la opresión y per secución del régimen conservador y del proyecto de conservatización…
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17Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 4451 cita
[20]situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…
p. 445
18Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 3372 citas
[21]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…
p. 337
[22]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…
p. 337
19El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · Página 361 cita
[23]la conformación de una amplia capa media campesina que pro- dujera grandes excedentes agrícolas que sirvieran para obtener un bajo nivel de precios para las subsistencias (salarios) y ma- terias primas de la industria, para dar lugar a un alto nivel de exportaciones agrícolas diferentes al café y para constituirse, en…
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20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 591 cita
[24]campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…
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21Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · Página 511 cita
[26]comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…
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22Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1571 cita
[27]especie de estado socialista, y los comunistas se establecieron entre ellos; poco a poco lograron una posición de influencia dominante. Esto es cierto, en especial, de Víctor Merchán que, prácticamente, parece dirigir sus asuntos; y de Juan de la Cruz Varela, quien durante la administración Rojas fue el líder militar…
p. 157
23Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 1771 cita
[28]durante periodos relativamente largos, dada la coexistencia en su estructura productiva de una ganadería inmediatamente disponible para el consumo y terrenos aptos para el sembrado de cultivos de pan coger de retorno inmediato. En su conjunto, estas zonas pudieron haber llegado a albergar hasta 20. 000 hombres en…
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24Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · Página 1561 cita
[29]muchos cadáveres, no sólo de animales sino de cristianos. Se andaba por ventiaderos de morte - cino. Los niños llegaron casi los mismos porque por el camino nacieron unos y se murieron otros. Las comisiones caminaban por el lado de afuera, peleando, comidiando, y los niños, las mujeres y la dirección íbamos en el…
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