Institución · República Liberal
Ligas campesinas
Las ligas campesinas fueron la principal forma organizativa del campesinado colombiano entre finales de los años veinte y mediados de los cuarenta, surgidas para disputar la propiedad de la tierra, el reconocimiento como colonos y el derecho a sembrar café en las parcelas de la hacienda. Su ciclo mayor coincide con la República Liberal (1930-1946), que primero las reconoció legalmente y luego las neutralizó.
Trayectoria de una idea
- 1926
Fallo de la Corte Suprema y la 'prueba diabólica'
- 1926
Fundación del PSR y primeras ligas en Viotá y Tequendama
- 1929
Levantamiento del Líbano y madurez del ciclo insurreccional
- 1931
Ley 83 de 1931: reconocimiento legal de sindicatos rurales y ligas
- 1933
Viotá: primer concejal comunista de Colombia
- 1936
Ley 200 de 1936: punto de inflexión y desmovilización
- 1939
153 agremiaciones campesinas con personería jurídica
- 1949
Reconversión en autodefensas armadas durante la Violencia
La lectura
Las ligas campesinas no fueron una forma organizativa importada sino una respuesta autóctona a la crisis del sistema de hacienda cafetera: nacieron donde la relación arrendatario-terrateniente dejó de ser negociable y donde el fallo judicial de 1926 sobre la 'prueba diabólica' abrió una grieta legal que los campesinos supieron explotar. Su singularidad en el contexto latinoamericano reside en esa combinación de argumento jurídico y presión territorial: la liga pagaba abogados y redactaba memoriales al mismo tiempo que organizaba la siembra colectiva en tierras disputadas y la defensa armada de las ocupaciones. Disputadas entre el Partido Comunista, la UNIR gaitanista y el Partido Agrario Nacional, las ligas fueron también el campo de entrenamiento de una generación de cuadros rurales —María Cano, Torres Giraldo, Erasmo Valencia, Juan de la Cruz Varela— que marcaron la política colombiana durante décadas. Su legado más duradero no fue la reforma que no lograron arrancar, sino los enclaves territoriales de Viotá, Sumapaz y el sur del Tolima que sobrevivieron a la Violencia y trazaron la geografía de la insurgencia armada de la segunda mitad del siglo XX.
Las ligas campesinas fueron la forma organizativa que el campesinado colombiano se dio entre finales de los años veinte y mediados de los cuarenta para disputar la propiedad de la tierra, el reconocimiento como colonos y el derecho a sembrar café en las parcelas de la hacienda. No fueron un sindicato rural en sentido estricto ni una réplica agraria del gremio obrero: funcionaron a la vez como sociedades de resistencia, como cajas de defensa jurídica que pagaban abogados y memoriales, y como tribunales agrarios paralelos capaces de repartir parcelas, resolver pleitos internos y decidir quién entraba a una vereda. Su epicentro estuvo en las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima —Viotá, Sumapaz, Tequendama, Fusagasugá, Chaparral—, y su ciclo mayor coincide con la República Liberal (1930-1946), que primero las reconoció legalmente con la Ley 83 de 1931, luego intentó absorberlas con la Ley 200 de 1936 y terminó neutralizándolas con la Ley 100 de 1944. De ese ciclo quedaron pocos núcleos vivos, pero los que sobrevivieron —Viotá, Sumapaz, sur del Tolima— se reconvirtieron en autodefensas armadas durante la Violencia y, por esa vía, marcaron el mapa de la insurgencia rural colombiana de la segunda mitad del siglo XX.
Qué era una liga campesina
El nombre engaña por su modestia. Una liga no era un partido ni una guerrilla ni un sindicato registrado: era una asociación de arrendatarios, aparceros, jornaleros y colonos de una vereda o de un conjunto de haciendas contiguas, constituida para pelear un problema concreto —el derecho a sembrar café en la parcela, el pago de la arroba de café cogido en balanza romana y no al ojo del mayordomo, el reconocimiento de las mejoras cuando llegaba la orden de desalojo, la defensa de una ocupación que el hacendado consideraba invasión—. Recolectaba cuotas para pagar abogados, redactar memoriales dirigidos al juez agrario o al gobernador, imprimir hojas sueltas y sostener a los delegados que viajaban a Bogotá o a la capital departamental. Cuando la vía jurídica se agotaba, la liga pasaba a la acción directa: siembra colectiva en tierras disputadas, negativa a pagar el terraje, ocupación armada.
Esa doble naturaleza —legalista y territorial, tribunal y milicia— es la marca distintiva de la forma. Las ligas de filiación unirista, ligadas a Jorge Eliécer Gaitán, operaron predominantemente dentro del sistema legal, defendiendo a los invasores mediante litigio. Las de filiación comunista, en cambio, prevenían a sus afiliados contra el recurso a las autoridades nacionales, al que consideraban una forma de complicidad con el orden vigente, y privilegiaban la organización territorial de base. Pero incluso en el caso comunista el legalismo campesino no desapareció: la memoria del fallo de 1926 sobre la prueba diabólica y la existencia de una legislación de baldíos que protegía a los colonos hicieron que el papel sellado, el título original y el memorial siguieran siendo armas centrales del repertorio. Esa combinación de argumento jurídico y presión territorial —rara en América Latina, donde el conflicto agrario tomó con más frecuencia la forma de la rebelión abierta— explica por qué en Colombia el ciclo agrario de los años veinte y treinta no produjo grandes insurrecciones al modo mexicano o boliviano, sino más de 450 enfrentamientos importantes entre colonos y terratenientes registrados entre 1875 y 1930, dispersos, prolongados y con un pie en el juzgado.
Las raíces: el fallo de 1926 y la crisis del arriendo cafetero
El terreno donde crecieron las ligas se preparó en los años veinte, cuando el proceso de tecnificación, concentración de la tierra y desalojo comenzó a exigir a miles de familias que presentaran títulos legales que rara vez poseían. El campesino que llevaba dos generaciones desmontando monte y sembrando plátano en una vertiente se encontró de pronto convertido en arrendatario de un hacendado que exhibía un papel; y si quería quedarse, debía pagar en trabajo o en dinero por lo que hasta entonces había considerado suyo.
La grieta se abrió con el fallo de la Corte Suprema de 1926, que resolvió que la única prueba admisible de propiedad privada sobre la tierra era el título original por el cual el Estado la había enajenado del dominio público. La prueba diabólica —así se la llamó, porque era prácticamente imposible de cumplir— invirtió de golpe la carga de la evidencia: ahora era el hacendado quien debía demostrar que su tierra no era baldía. En las regiones de desarrollo fronterizo reciente, sobre todo en las vertientes cafeteras de Cundinamarca y Tolima donde la hacienda había crecido a lomo de títulos coloniales dudosos, los arrendatarios comenzaron a argumentar que eran colonos y no aparceros, que la tierra que trabajaban era pública y no privada, y que por tanto no debían nada a nadie.
La respuesta de los propietarios fue violenta y metódica. Cuando un arrendatario dejaba de pagar el terraje o sembraba café —cultivo de larga duración que elevaba el monto de las mejoras a compensar en caso de desalojo—, los hacendados tiraban semillas de pasto en las parcelas para volverlas potrero, soltaban ganado sobre los sembrados, confiscaban las cosechas, cortaban puentes, cerraban fuentes de agua, quemaban chozas e imponían multas o cárcel a través de las autoridades locales que controlaban. Fue esa presión —y la prohibición de sembrar café en particular— la que empujó a los campesinos de las vertientes cundinamarquesas y tolimenses a organizarse. La liga nació allí donde la relación hacienda-arrendatario dejó de ser negociable: donde la vieja personalidad servil del terrazguero se había disuelto con el relevo generacional, con el paso previo por los campos petroleros de Barrancabermeja, la zona bananera del Magdalena o los ferrocarriles, y con la penetración de la prédica socialista.
Los precursores: PSR, María Cano y las primeras invasiones
La estructura política inicial la aportó el Partido Socialista Revolucionario (PSR), fundado en 1926 por el núcleo marxista dirigido por Ignacio Torres Giraldo tras la resonante huelga del Ferrocarril del Pacífico de septiembre de ese año. El PSR simpatizó con la Internacional Comunista sin plegarse del todo a sus tesis, y sus tres figuras mayores —Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha y María Cano— fueron también las que llevaron la agitación al campo. Mahecha, que había organizado a los trabajadores petroleros de Barrancabermeja en las huelgas de 1924 y 1927, hizo lo propio con los bananeros del Magdalena en la huelga que terminó en la masacre de Ciénaga en diciembre de 1928. María Cano recorrió las regiones cafeteras y los enclaves obreros como Flor del Trabajo, hilando la conexión entre proletariado urbano y campesinado.
De ese mismo núcleo salieron dos episodios que anticipan la forma liga: el levantamiento del Líbano (Tolima) en 1929, cuando campesinos armados avanzaron a medianoche sobre la ciudad con choques violentos en Dosquebradas, Murillo, Convenio y Santa Teresa; y, sobre todo, las invasiones de Viotá, donde militantes socialistas revolucionarios ayudaron a los trabajadores de las haciendas cafeteras a ocupar tierras y a formar organizaciones de defensa que las sostuvieran por la fuerza. Viotá se convertiría, en la primera mitad de los años treinta, en el principal centro cafetero de Cundinamarca y en el primer municipio de mayoría comunista del país: en 1933, Víctor J. Merchán fue elegido allí como el primer concejal comunista de Colombia.
Cuando el PSR se disolvió y en 1930 se fundó el Partido Comunista Colombiano, el capital humano acumulado en el campo pasó al nuevo partido. Al abrirse la década, del movimiento campesino habían surgido numerosos cuadros revolucionarios, y todos los grandes luchadores del momento —María Cano, Torres Giraldo, Erasmo Valencia, José Gonzalo Sánchez— tuvieron alguna relación con esa base rural. Ese era el sedimento organizativo que la República Liberal, inaugurada en 1930 con la elección de Enrique Olaya Herrera, iba a encontrar cuando llegó al poder.
La República Liberal: reconocimiento, competencia y desborde (1930-1936)
Los primeros años de gobierno liberal alteraron radicalmente el marco. La Ley 83 de 1931 reconoció legalmente los derechos de organización y huelga, y con ello desató un aumento sostenido de sindicatos rurales y ligas campesinas con personería jurídica. Para 1939, las agremiaciones campesinas reconocidas legalmente sumaban 153 en todo el país, de las cuales 75 —casi la mitad— se concentraban en Cundinamarca y Tolima. Era la geografía exacta de las viejas haciendas cafeteras de vertiente, y coincidía con las zonas donde las invasiones de finales de los veinte habían dejado un tejido de comités veredales listo para formalizarse.
Ese reconocimiento legal cambió también el mapa político. Al lado del Partido Comunista aparecieron dos organizaciones que se disputaban la misma base social de colonos y arrendatarios: el Partido Agrario Nacional (PAN) de Erasmo Valencia, apoyado sobre los colonos de las tierras en litigio, y la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), fundada por Jorge Eliécer Gaitán como excepción transitoria a su postura habitual de actuar desde el liberalismo. La UNIR, sostenida en el trabajo de Gaitán como abogado laboralista y en su capacidad de convocatoria pública, organizó ligas en Cundinamarca y Tolima que defendieron a los invasores dentro del sistema legal, recolectando cuotas para memoriales y hojas sueltas.
La competencia entre los tres proyectos —PCC, UNIR, PAN— por una misma base rural fue, más que la cooptación estatal, la dinámica determinante del ciclo. Cada organización disputaba las mismas veredas, ofrecía servicios jurídicos y organizativos parecidos y se distinguía sobre todo por su relación con el Estado: el PCC desconfiaba de él, la UNIR litigaba a través de él y el PAN oscilaba entre uno y otro polo. En zonas puntuales de la vertiente cafetera —Viotá y Fusagasugá señaladamente— el Partido Comunista consiguió arraigo duradero; pero en el conjunto del sector cafetero, los esfuerzos de la izquierda por organizar la protesta obrera antes de 1936 fueron en gran medida un fracaso. La liga campesina, como forma, funcionó donde encontró un núcleo militante estable y una hacienda vulnerable en sus títulos; en el resto del país cafetero se disolvió tan pronto como el conflicto puntual que la había convocado se resolvió o se ahogó.
Fuera del eje Cundinamarca-Tolima, el mapa fue disperso. En el norte del Cauca, las ligas de inspiración liberal formadas desde 1930 intentaron integrar a las comunidades indígenas pero fracasaron al imponerles estructuras sindicalistas —presidente, comisiones, carnets, aportes mensuales en dinero— ajenas a la organización de cabildos. En Valle, Caldas, Bolívar y Magdalena aparecieron ligas al calor de invasiones concretas, muchas ligadas al retorno de trabajadores que habían estado en los campos petroleros, la zona bananera o los ferrocarriles y se negaban a aceptar la relación arcaica de arrendatario-terrateniente. En algún punto de la vertiente cafetera, las ligas coordinaron una huelga que involucró a unos 18.000 recolectores y consiguieron dos victorias materiales que resumen bien lo que estas organizaciones podían arrancar cuando actuaban en conjunto: que los hacendados aceptaran el pesaje en balanzas romanas y un alza en el precio por arroba cogida.
La Ley 200 de 1936 y el punto de inflexión
Cuando Alfonso López Pumarejo asumió la presidencia en 1934, la Revolución en Marcha llegó al campo con la Ley 200 de 1936, conocida como Ley de Tierras. La ley no fue una reforma agraria redistributiva: buscó estimular la productividad rural y modernizar la tenencia sin tocar la estructura de la gran propiedad. Expresaba de forma ambigua dos vías paralelas para el desarrollo del capitalismo agrario: la distribución de tierras inexplotadas y un plazo de diez años para que los grandes propietarios sustituyeran la aparcería y el arriendo por trabajo asalariado. La ambigüedad no fue accidente: era el compromiso entre un gobierno liberal que necesitaba desactivar el movimiento agrario y una clase terrateniente que no estaba dispuesta a ser expropiada.
Para las ligas, la Ley 200 fue el punto de inflexión. En apariencia les daba razón: reconocía la posibilidad de que tierras inexplotadas volvieran al dominio público y abría un plazo para la modernización. La Caja Agraria complementó el marco aprobando 453.618 préstamos entre 1936 y 1943, muchos destinados a que arrendatarios y colonos adquirieran parcelas propias. Pero el efecto real fue triple y, en su conjunto, desmovilizador.
Primero, los terratenientes reaccionaron con expulsiones preventivas: para evitar reclamaciones que pudieran alegar mejoras al amparo de la ley, procedieron a desalojar antes de que el litigio se armara. Segundo, el decreto reglamentario aceptó una cabeza de ganado por hectárea como explotación económica suficiente, lo que permitió a muchos hacendados evitar los conflictos laborales convirtiendo cafetales y sembrados en potreros: nació allí, o allí se consolidó, la vocación ganadera extensiva de amplias zonas de la vertiente. Tercero, la aplicación fue desigual y dependió del equilibrio de poder local. Donde los terratenientes controlaban los gobiernos municipales, la policía y los jueces —es decir, casi en todas partes—, lograron burlar o reinterpretar la ley en su favor.
La liga como forma organizativa quedó atrapada en la contradicción: la ley que había venido a validar sus reclamos legalistas convirtió a su base social en objetivo de expulsión. Al tiempo, la política liberal de parcelación —que efectivamente convirtió a un número limitado de arrendatarios en pequeños propietarios— fragmentó al movimiento: quien recibía su parcela ya no necesitaba la liga, y muchos de los antiguos militantes rurales de Viotá y Fusagasugá se volvieron, con el título en la mano, una fuerza más conservadora de lo que su historia sugería.
El efecto político fue inmediato. Gaitán renunció a la UNIR poco después de ser elegido a la Cámara en lista oficial del Partido Liberal; la organización desapareció con rapidez. El retorno se explicó por varios factores convergentes: López anunciaba reformas que sintetizaban los anhelos programáticos de la UNIR, los intereses profesionales de Gaitán como abogado laboralista lo empujaban hacia el liberalismo institucional, y el costo de sostener una organización independiente crecía a medida que la Revolución en Marcha ocupaba el espacio reformista. El Partido Agrario Nacional de Erasmo Valencia se desmovilizó también bajo el peso conjunto de la política de parcelación y los efectos de la Ley 200. Al cabo de dos o tres años, de las tres organizaciones que se habían disputado la base agraria a comienzos de los treinta solo quedaba en pie el Partido Comunista, y solo en un puñado de enclaves.
Viotá, Sumapaz, Tequendama, sur del Tolima: la geografía del rescoldo
En esos enclaves, sin embargo, la liga alcanzó su forma más acabada. Viotá, cabecera de la vertiente cafetera cundinamarquesa, había construido desde comienzos de los treinta una estructura municipal comunista con arraigo de vereda, concejales elegidos y comités veredales que operaban como autoridad de hecho sobre porciones considerables del territorio. En el Tequendama, el pacto firmado en 1930 entre los Crane —propietarios de la hacienda Calandaima— y la liga campesina local pasó a la memoria organizativa como ejemplo de lo que podía negociarse cuando las dos partes reconocían la fuerza de la otra.
En Sumapaz el conflicto tenía otra escala. Allí se disputaban unas 300.000 hectáreas repartidas entre Bogotá, Usme, Pandi, Cunday, San Martín y La Uribe, sobre las que herederos de títulos coloniales pretendían derechos frente a colonos que habían desmontado el monte por generaciones. Juan de la Cruz Varela aparece por primera vez como dirigente campesino en ese contexto, articulando la defensa jurídica de los colonos con la organización territorial de veredas enteras. En el sur del Tolima, hacia 1936, unos 1.800 colonos invadieron tierras sobre el río Combeima aprovechando la falta de claridad en los títulos de una hacienda; entre sus dirigentes estaba Isauro Yosa, que años después encabezaría uno de los núcleos de autodefensa comunista de la región.
La forma organizativa en estos enclaves ya no era la liga jurídica de la UNIR sino algo más complejo: comités veredales que combinaban la afiliación —con carnet y cuota—, la asignación de parcelas a los recién llegados, la resolución de pleitos internos, la organización del trabajo colectivo en jornadas comunitarias y el control sobre la entrada de nuevos poblantes a la vereda. En zonas de colonización posterior, como el Alto Ariari, el sindicato agrario comunista funcionaría abiertamente como autoridad territorial, distribuyendo tierras, resolviendo conflictos, organizando el trabajo y proveyendo servicios básicos. Era, en la práctica, un gobierno popular de base sobre un territorio pequeño pero denso, con capacidad de interlocución con el Estado central. La liga había mutado en institución rural completa: no ya una asociación para pleitear una hacienda, sino la infraestructura básica de la vida colectiva de una vereda entera.
La pausa, la Ley 100 y el estrangulamiento (1938-1946)
El primer freno vino desde el propio liberalismo. Eduardo Santos ganó las elecciones de 1938 —las primeras por sufragio universal y directo desde 1856— con apoyo liberal y la abstención conservadora, y su gobierno (1938-1942) declaró la pausa a la Revolución en Marcha: frenó los procesos de parcelación de haciendas y moderó el impulso reformista en materia agraria. El ritmo de reconocimiento de nuevas ligas se ralentizó y la Caja Agraria estrechó sus criterios.
El golpe decisivo llegó con el segundo mandato de López Pumarejo (1942-1945) y la Ley 100 de 1944, que amplió el plazo concedido a los latifundios para poner a producir la tierra improductiva y expresó un cambio abierto a favor de los grandes propietarios. En términos prácticos, la Ley 100 revirtió los avances redistributivos que se habían intentado con la Ley 200 y, sumada al freno de Santos, dejó al movimiento agrario sin la muleta legal sobre la que había caminado durante una década. Los conflictos escalaron: los arrendatarios que confiaban en la vía jurídica se encontraron con juzgados y policías al servicio del hacendado, y las ligas que habían operado dentro del marco legal se quedaron sin marco.
En ese vacío intervino el Partido Socialista Democrático, que asumió la dirección de una parte importante de la movilización campesina tras el repliegue de la UNIR y la desmovilización del PAN. El 12 de octubre de 1942 organizó en Bogotá la primera convención nacional campesina e indígena, de la que salió la Federación Nacional Campesina e Indígena (FNCI), pensada como estructura de segundo grado para articular las ligas regionales sobrevivientes. La FNCI llegó tarde: para entonces, la República Liberal había agotado su ciclo reformista, la violencia política sectaria comenzaba a extenderse por los municipios y la agenda agraria quedaba tapada por la confrontación entre liberalismo y conservatismo. La violencia funcionó como cortina de humo que impedía a los campesinos exigir las tierras y los derechos laborales que la Revolución en Marcha les había prometido parcialmente y no había cumplido.
De la liga a la autodefensa: la revancha terrateniente
La derrota electoral del liberalismo en 1946 y la escalada de la Violencia después del 9 de abril de 1948 tuvieron un componente que el análisis meramente político suele subestimar: la revancha terrateniente. La violencia conservadora que se desató sobre el campo en 1948-1950 no fue indiferenciada: se dirigió con especial saña contra las zonas donde habían tenido lugar las luchas campesinas de los años veinte y treinta. Viotá, Chaparral, Sumapaz, las viejas veredas del PSR, del PAN, de la UNIR y del PCC fueron blancos deliberados. Se saldaron cuentas de dos décadas: las mejoras no reconocidas, los cafetales impedidos, los desalojos frustrados, los concejales comunistas de 1933, los invasores de 1936.
Frente a esa violencia dirigida, y cuando quedó claro hacia finales de 1949 que Laureano Gómez ganaría las elecciones presidenciales sin oposición liberal, el Partido Comunista Colombiano anunció una política de autodefensa armada de masas. Su alcance territorial fue exactamente el mapa de los enclaves donde las ligas habían sobrevivido a la Ley 200 y a la Ley 100: el municipio de Viotá, la región del Sumapaz —a lo largo de la frontera oriental de Cundinamarca con Tolima— y el extremo sur del Tolima. Juan de la Cruz Varela encabezó el enclave del Sumapaz; Jacobo Prías Alape, alias Charro Negro, el del sur del Tolima. Cada uno presentaba variantes regionales claramente diferenciables por su experiencia histórica previa y por el papel que el Partido les asignó en el marco general de la resistencia: el Tequendama volcado sobre la hacienda cafetera, el sur del Tolima sobre la colonización de frontera, Sumapaz sobre el litigio secular por los títulos coloniales.
La transición de la liga a la autodefensa no fue un salto ideológico sino una continuidad organizativa. Los comités veredales que habían recolectado cuotas para memoriales pasaron a recolectarlas para armas; las comisiones que asignaban parcelas a los recién llegados pasaron a ubicar familias desplazadas por la violencia; los delegados que viajaban a Bogotá a hablar con jueces agrarios pasaron a negociar treguas con el Estado. En Sumapaz, los jefes de la autodefensa negociaron con el gobierno compromisos que incluían el respeto a autoridades, bienes y credos políticos, con una capacidad de interlocución política heredada directamente de la etapa de las ligas.
Cuando Gustavo Rojas Pinilla ofreció amnistía en 1953, muchos dirigentes de las guerrillas liberales aceptaron los indultos y entregaron las armas; los grupos armados vinculados al PCC, en cambio, optaron por no hacerlo. Juan de la Cruz Varela realizó en octubre de ese año una entrega políticamente calculada: presentó 1.200 hombres —según la prensa de la época— para neutralizar la presión militar, mientras retenía al menos parte del armamento para prevenir la reacción latifundista. La ilegalización del Partido Comunista en 1954 y, sobre todo, la operación militar de mediados de 1955 —cuando Villarrica y otros municipios del oriente tolimense fueron declarados zonas de operaciones militares o zonas rojas y sometidos a una política de tierra arrasada con bombardeos y ametrallamientos que obligó a miles de familias a refugiarse en las montañas— cerraron el ciclo de la autodefensa territorial y abrieron el de las columnas de marcha que, hacia 1964, se convertirían en las FARC. Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda Vélez, fue uno de los dirigentes formados en esa transición.
Huella
Las ligas campesinas dejaron un rastro largo y desigual. En lo inmediato, produjeron logros materiales concretos: el pesaje en balanza romana en las haciendas cafeteras, la protección efectiva de mejoras en algunos pleitos, la parcelación de un número limitado de haciendas antes de 1940, el acceso a crédito de la Caja Agraria para arrendatarios que se hicieron propietarios. Debilitaron el régimen de la hacienda cafetera tradicional sin desmantelar la estructura agraria prevaleciente: la gran propiedad sobrevivió, pero mutada hacia la ganadería extensiva y hacia formas de explotación menos dependientes del arriendo servil.
En el plano organizativo aportaron el modelo del comité veredal con capacidad de gobierno territorial —el sindicato agrario del Alto Ariari, que afiliaba y ubicaba colonos, organizaba trabajo colectivo y controlaba la entrada de nuevos poblantes, es el ejemplo más completo—, un modelo que reaparecería en zonas de colonización comunista durante décadas. En el Atlántico, a finales de los años cincuenta, se gestaron las Ligas Campesinas de la Costa como una de las primeras formas organizativas del campesinado de la región Caribe, y de allí saldrían líderes que después conformarían otros procesos. Cuando Carlos Lleras Restrepo creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) en 1967-1968, en el marco de su política reformista, encontró en muchas veredas una memoria organizativa que venía de las ligas, aunque para entonces el vínculo directo se había roto.
La huella más problemática es la que va de las ligas a las FARC. La continuidad organizativa entre las autodefensas comunistas de Viotá, Sumapaz y sur del Tolima y la guerrilla fundada en 1964 es real, y pasa por figuras como Marulanda, Isauro Yosa y, en el terreno político, Juan de la Cruz Varela. Pero no fue una línea recta ni una expresión inevitable de las ligas como forma: fue el resultado contingente de que solo en esos enclaves el Partido Comunista había construido arraigo suficiente para sobrevivir a la cooptación liberal, a la contrarreforma de Santos, a la Ley 100 y a la revancha terrateniente. En el resto del país cafetero —Caldas, Quindío, Valle, buena parte del Tolima central—, las ligas se disolvieron con el ciclo liberal y su base social se integró al bipartidismo, al minifundio propietario o a la migración urbana. Lo que queda no es una plataforma latente uniforme sino un archipiélago: tres o cuatro veredas que aprendieron a resistir dos veces, primero al hacendado con memoriales y después al Estado con fusiles, y que por esa vía escribieron un capítulo desproporcionadamente largo de la historia colombiana del siglo XX.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01República Liberal1930–19461
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Jorge Eliécer Gaitán — fundó la UNIR y organizó ligas campesinas de filiación unirista en Cundinamarca y Tolima que defendían a los invasores dentro del sistema legal
- 02Ignacio Torres Giraldo — cofundador del PSR, figura central en la agitación obrera y campesina que impulsó las primeras ligas en las vertientes cafeteras
- 03Raúl Eduardo Mahecha — dirigente del PSR que organizó trabajadores bananeros y petroleros, cuya experiencia organizativa alimentó la formación de ligas campesinas
- 04María Cano — recorrió regiones cafeteras y enclaves obreros hilando la conexión entre proletariado urbano y campesinado, contribuyendo al surgimiento de las ligas
- 05Juan de la Cruz Varela — dirigente campesino de Sumapaz que lideró la resistencia organizada en la región durante la Violencia, heredero directo del movimiento de ligas
- 06Sumapaz — epicentro de conflictos entre colonos y herederos de títulos coloniales sobre 300.000 hectáreas, territorio donde las ligas tuvieron mayor arraigo y persistencia
- 07Viotá — principal centro cafetero de Cundinamarca y primer municipio de mayoría comunista del país, núcleo emblemático de las ligas de filiación comunista
- 08Reforma agraria — horizonte normativo disputado por las ligas, parcialmente recogido en la Ley 200 de 1936, que a la vez validó sus reclamos y desmovilizó su base social
- 09Aparcería — relación de producción que las ligas buscaban transformar o abolir, cuya crisis en las haciendas cafeteras fue el detonante organizativo del movimiento
- 10Partido Comunista Colombiano — heredero del PSR desde 1930, principal fuerza política que fomentó ligas de trabajadores rurales y les dio orientación territorial autónoma
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
51 documentos · 73 fragmentos
01De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 961 cita
[1]y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década de 1920, el proceso de…
p. 96
02De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 961 cita
[2]dispu- ta entre propietarios y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década…
p. 96
03Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1001 cita
[3]factor was yet another reform in the legal system. Reflecting the state's tendency to take an interventionist role in the economy, the Colombian Supreme Court resolved for the first time to specify the legal criteria by which to distinguish private property from public land. When the Court ruled in 1926 that the only…
p. 100
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 363, 4102 citas
[4]nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…
p. 363
[24]a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…
p. 410
05Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 21, 242 citas
[5]de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…
p. 21
[45]lograron permanecer en las tierras que habían trabajado, pero bajo condiciones que no son del todo claras 22. En algunos lugares, los terratenientes sencillamente no expulsaron a los colonos de tierras cuyo estatus legal seguía sin definirse. Los terrate- nientes también consiguieron arrebatar tierras a los colonos,…
p. 24
06Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 202, 2502 citas
[6]sobre todo en Cundinamarca y Tolima, donde había gran des haciendas cafeteras (Sánchez, 1977). También algunos candidatos del partido liberal y conservador trataron de aumentar sus caudales electorales respaldando las solicitudes de los invasores en algunas regiones; la pesca política se puso al día. 85 Dice LeGrand:…
p. 202
[55]o latifundio. El 12 de octubre de 1942, el Partido Socialista Democrático (PSD) orga nizó la primera convención nacional campesina e indígena, creando la Fede ración Nacional Campesina e Indígena (FNCI), encargada de articular las ac ciones de las diferentes organizaciones campesinas de las regiones en donde el PSD…
p. 250
07Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 433, 4452 citas
[7]momento en que la migración de campesinos se inició, los terratenientes trataron de conservar la mano de obra en las condiciones de explotación tradicionales, pero los campesinos exigieron o salarios más altos o que en las parcelas además de los cultivos tradicionales se les dejara plantar café, producto que les…
p. 433
[46]situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…
p. 445
08El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 314, 3632 citas
[8]autonomía familiar y económica de los arrendatarios con relación a las haciendas que a la postre dio lugar a una clara dualidad dentro de la hacienda: la economía parcela- ria del arrendatario y la economía cafetera de la hacienda. Cuando la personalidad servil desaparece con el relevo generacional y la prédica…
p. 314
[40]del movimiento agrario de Viotá y el Tequendama: testimonio'', en Estudios marxistas, núm. 9, 1975, pp. 105-16; núm. 10, 1975, pp. 117-9. 24 Notaría Cuarta de Bogotá, Escritura 1360 de 1928; Notaría de La Mesa, Escritura 29 de 1931; y Notaria de Tocaima, Escritura 22 de 1934. 362 EL CAFt'. EN COLOMBIA, 1850-1970 El…
p. 363
09Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 525, 529, 5333 citas
[9]reclamantes de tierras era su “inscripción en las listas municipales de impuestos” (Legrand, 1988, páginas 97-99). La ocupación de tierras incultas generalmente daba lugar a acciones de desalojo por parte de la guardia departamental, a las cuales los campesinos oponían resistencia, a veces pacífica y a veces violenta.…
p. 525
[28]declive del régimen laboral de las haciendas basado en el arrendamiento de servicios. Recuérdese asimismo el reconocimiento de los derechos de or- ganización y de huelga (Ley 83 de 1931) durante el gobierno de Olaya Herrena, y el consiguiente aumento de los sindicatos rurales y ligas campesinas que fueron reconocidos…
p. 529
[71]refor- ma agraria; 13. Levantamiento del estado de sitio y elecciones libres; 14. Rebaja de impuestos y reducción del presupuesto de guerra y de las fuerzas de represión; 15. Desarme de los pájaros y de las famosas guerrillas de paz y todo lo relacionado con la vida democrática y jurídica del país. 488 Tierras y…
p. 533
10Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2411 cita
[10]formado por grupos muy pequeños, afectado por una gran movilidad, ejercía formas cotidianas de resistencia y tenía una participación bastante particular en el sistema político; por tanto, la élite no podía ejercer dominio total sobre el campesinado de la zona norte de la cordillera de los Andes. La diversidad de las…
p. 241
11Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 501 cita
[11]Estos nicleos compuestos por obre- ros, artesanose intelectuales se lanzan a la tarea de organizar el naciente movimiento laboral a través de congresos obreros. En el segundo de estos con- gresos, en julio de 1925, surgié la Confederacién Obrera Nacional, con un marcado tinte anarcosin- dicalista. Un afio més tarde,…
p. 50
12¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 791 cita
[12]una jornada laboral que era de doce horas o más, el acceso a servicios de seguridad social -atención en salud y pensión en 155 ¿Otra historia de Colombia? caso de retiro o incapacidad-, el derecho a organizar sindicatos y sociedades de ayuda mutua, más el aumento de los salarios. Los movimientos campesinos también…
p. 79
13Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1201 cita
[13]lo s políticos que lo s costos marginales de cada voto en esas circunscripciones eran demasiado elevados en comparación con las ciudades y distritos rurales tr adicionales. Los principales focos de descont e nto pueden seguir se en la actividad de tres fogosos agitadores y organizadores revoluciol\a- rio s: Raúl…
p. 120
14Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 731 cita
[14]exactamente a un congreso sindical sino a un encuentro abierto y revolucionario de organizaciones”.2 Agrega que el Partido se alimentaba del gran espíritu de lucha obrera que floreció en esa segunda década del siglo XX. Una época mar cada por un incipiente proceso de industrialización en el país, la confor mación de…
p. 73
15El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 133, 1542 citas
[15]con base territorial y composici ó n social popular ” 3. 3 Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo 4, Bogot á 1974, p. 7/8 Aqu í aparece como soluci ó n de emergencia precisamente aquello en que descansaban la fuerza y la capacidad movilizadora del nuevo partido: su í ntima relaci ó n con las agrupaciones…
p. 154
[53]hay cosas dedicadas al cambio, y por lo tanto hay capitales... Luego Colombia no s ó lo es un pa í s que tiene capitalismo sino que se desarrolla econ ó micamente bajo el r é gimen capitalista, en el sentido estricto y cient í fico de la palabra. Es un pa í s de r é gimen capitalista ya que el capital no es un simple…
p. 133
16Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 691 cita
[16](aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…
p. 69
17María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 2421 cita
[17]algunos campesinos que la visitaron cuando ella ya estaba retirada de la actividad política, aprovechando un viaje a Medellín. Le contaron que el 28 a la medianoche, campesinos armados avanzaron sobre el Líbano. El mejor equipado era el grupo dirigido por Narváez, que se acantonó en la parte occidental, en el sitio…
p. 242
18Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 761 cita
[18]de los migtantes de Jos años veinte volvie- ron al campo durante la Gran Depresión, no se puede determinar la magnitud de la corriente migratoria entre 1923 y 1930 con base en los censos de 1918 y 1936. 127 l28 HISTORIA DEL S!ND!CMJSMO EN COLOM!llA, tfi50·;Wl' de los campos petroleros y de la zona bananera, y habían…
p. 76
19Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 187, 2042 citas
[19]de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…
p. 187
[56]ó o no, pero el periodo siguiente fue el de mayor desarrollo de la gran propiedad y estas normas impulsaron la intensa colonizaci ó n, que convirti ó inmensos territorios bald í os y de selva, sobre todo en las zonas bajas, en los Llanos Orientales, el Caquet á, el Magdalena Medio o Urab á, en propiedades privadas…
p. 204
20Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 219, 249, 2973 citas
[20]Sobre estos conflictos, véanseAlbert O. Hirschman, pp. 101-106; Miguel Urrutia Montoya, pp. 129-136; Pierre Gilhodes, «Agradan Struggles in Colombia>> en Agrarian Problems and Peasant Movements in Latín American, ed. Rodolfo Stavenhagen (Garden City, Nueva York, 1970), pp. 407-452; Diego Castrillón Arboleda, El indio…
p. 219
[22]Borda, Resistencias..., pp. 177b-178b. COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN COLOMBIA (1850-1950) Las ligas formadas por esos partidos ayudaban a los colonos a presentar un fren- te unido en sus relaciones tanto con los terratenientes como con el Gobierno. Aunque no se dispone de detalles sobre la afiliación y la…
p. 249
[49]sin proponérselo dio origen a otros. Los efectos de la Ley 200 sobre la evolución de las relaciones rurales de trabajo derivan de los esfuerzos de los campesinos por sacar provecho de la ley y de la reacción de los terratenientes a la agitación de los arrendatarios en una época de recesión económica. rural es muy…
p. 297
21La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 841 cita
[21]los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…
p. 84
22Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4181 cita
[23]constrefiido por la estructura de la eco nomía exportadora de café, ignoran la dinámica tanto progresista como conservadora de la protesta deJos trabajadores en las grandes haciendas cafeteras (que conformaban, el sector más combativo del movimiento obrero a comienzos de 1M años treintas) y no aprecianru la magnitud…
p. 418
23Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 29, 332 citas
[25]los bajos precios de compra y las exigencias de 7 “China en Miniatura”, Semana, febrero 5 de 1949. 8 Víctor Julio Merchán, “La Autodefensa. Testimonio”, Estudios Marxistas 10 (1975): 118. 9 José Gutiérrez, Un intruso en el espejo (Bogotá: Ediciones Spiridon, 1988), 243. 35 Primer Periodo trabajo obligatorio, impuestos…
p. 33
[61]1 Por ejemplo: Eduardo Pizarro, Las FARC 1949-1966: de la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha (Bogotá: Tercer Mundo-IEPRI, 1991). 31 Primer Periodo conflictos agrarios de las décadas anteriores con la creación de las farc en 1964 y su evolución posterior: su arraigo campesino, la importancia de…
p. 29
24El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 3031 cita
[26]Varios años duró la resistencia de los indígenas y los campesinos, hasta cuando en 1964, ya bajo el gobierno del Frente Nacional, desapareció el último reducto de la resistencia organizada, la República Independiente de Riochiquito, después de un intenso bombardeo por las fuerzas armadas nacionales. Lograda la…
p. 303
25Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 51, 562 citas
[27]de baldíos, conformada por delegados de cada una de las veredas para regular la colonización, establecer linderos y dirimir conflictos, lo que permitió una equitativa distribución de las tie- rras entre los colonos y convirtió el minifundio en un rasgo distin- tivo en la estructura agraria de la región. Las comisiones…
p. 56
[64]comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…
p. 51
26Campesinos de tierra y agua: memorias sobre sujeto colectivo, trayectoria organizativa, daño y expectativas de reparación colectiva en la región Caribe 1960-2015. Campesinado en el departamento del AtlánticoCarmen Andrea Becerra Becerra, John Jairo Rincón García · 2017 · p. 171 cita
[29]tierra” y otros en tierras propias, pero bajo condiciones que lo están obligando a desplazarse porque “no tenemos con qué vivir”. “(…) Ya usted hoy no ve que se ralle un saco de yuca porque ya no hay donde cultivar, donde arran- carlo, no se pila una lata de arroz porque ¿dónde la vas a sembrar?, entonces los usos,…
p. 17
27Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2461 cita
[30]por los comunistas, aunque con tres variantes regionales claramente diferenciables: la del Tequendama, la del Sur del Tolima y la de Sumapaz. Diferenciables no solo por su particular experiencia histórica, sino también por el papel que acertada o equivocadamente les asignó el Partido Comunista en el marco general de…
p. 246
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 42, 542 citas
[31]de pro- piedad o de la institución de la familia, tales como están reconocidos y amparadas por la Constitución y leyes del país. 3. Promover, estimar o sostener huelgas violatorias de las leyes que las regula; y 4. Hacer apología de hechos definidos por las leyes penales como delitos. 56 Kalmanovitz, Economía y…
p. 42
[62]Prías Alape alias 96 Coronel del Ejército estadounidense que en la guerra de Corea dirigió la Compañía Ranger del Octavo Ejército, una unidad encargada de acciones de guerra irregular. 97 Martínez Osorio, Hablan los generales, 28. 98 Londoño, Juan de la Cruz Varela. Sociedad y política. 99 Seguido a esto, la actividad…
p. 54
29¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 741 cita
[32]estallido re- volucionario en los países latinoamericanos”. Ciertamente, durante la Violencia, la confrontación en algunas zonas del país se entrelazaba con la “revancha terrateniente”, una suerte de venganza por las luchas campesinas de las décadas de 1920 y 1930. 21 La 21. Las reivindicaciones de líderes y…
p. 74
30Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 239, 3022 citas
[33]de los conflictos (sobre lo cual existe, por lo demás, una amplia al campesino cafetero como un héroe nacional. El proceso de renovación, basado en los cultivos de caturra, se iniciaría en los años sesenta, tomando un gran impulso en la década del se- tenta. Cambios en la estructura de la producción Las haciendas…
p. 239
[50]fueron, ante todo, una reacción ante la supuesta amenaza de un movimiento laboral insurgente contra la hegemonía política y social de la clase gobernante. Las concesio- nes que implicaban para los trabaja- dores urbanos y rurales fueron apro- badas y toleradas por elementos im- portantes de la clase dominante mien-…
p. 302
31Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 3051 cita
[34]of rice, 250 g of meat, 15 g of lard, 10 g of salt (Jose Cisneros, Report on the Construction of a Railway from Puerto Berrio to Barbosa State of Anti- oquia (New York, 1878), p. 98. There was a scarcity of salt in the coffee zones. Rice and chocolate were usually reserved for the hacienda ad- ministrator and his…
p. 305
32Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3151 cita
[35]liberales después de 1930 para que se haga un esfuerzo por re- visar las titulaciones de los años an- teriores. La gravedad de estos conflic- tos puede ser atestiguada en el caso del Sumapaz. Ya en su Memoria de Industrias de 1933, Francisco José Chaux muestra los conflictos entre los herederos de títulos coloniales y…
p. 315
33Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 154, 2822 citas
[36]entrado en una franca lu- cha de clases, provocada no por los de abajo sino por las agudas contradiccio- nes que precipitan la agonía de la plu- tocracia de arriba» (13 de abril de 1935). En el mismo editorial, Valencia llama a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes. Como la UNIR, el PAN tenía…
p. 282
[67]hacia Ríochiquito, en el Cauca, por el filo de la cordillera central. Los que tomaron el camino del Sumapaz fue- ron acogidos por un veterano líder agrario de estirpe gaitanista, Juan de la Cruz Várela, llevado gradualmente por la Violencia a hacer la causa co- mún con sus antiguos rivales, los co- munistas. Varela,…
p. 154
34When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 1603 citas
[37]Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…
p. 160
[38]Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…
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[39]Violencia the concept of class struggle was U above the true level of consciousness and alien to the nature" of most men under arms. 48 Two weeks after it became apparent that Laureano G6mez would win the presidential election of 1949} the Colombian Communist party announced a policy of anned self-defense rAutodefensa…
p. 160
35Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 181 cita
[41]las dificultades que tuvieron para actuar en el ámbito político colombiano; aunque, participaron de la “crisis del sistema conservador”, como lo demostró la creciente actividad huelguística en los años veinte y treinta. 50 El incipiente peso de los movimientos políticos de izquierda permitió que estos se replegaran al…
p. 18
36No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[42]las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…
p. 45
37Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3372 citas
[43]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…
p. 337
[44]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…
p. 337
38Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3641 cita
[47]I nómicamente explotados. Quien com- probara que por cinco años había ex- plotado económicamente un predio, tenía derecho a adquirir el dominio, si había obrado de buena fe. A su vez, y en desarrollo del principio de la fun- ción social de la propiedad y de que ésta implicaba obligaciones, si un pro- pietario no daba…
p. 364
39Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 641 cita
[48]í a distributiva. Juzgada por estos prop ó sitos, la ley 200 efectivamente fue eficaz, casi.totalment é en cuanto al segundo de los prop ó sitos y un poco menos en cuanto al primero. El primer efecto fue propi ciar, a costa de las tierras agr í colas, la expansi ó n de la ganader í a como forma de “ ocupaci ó n econ ó…
p. 64
40Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[51]conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…
p. 497
41Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2411 cita
[52]over landownership. In legal cases where landowners prevailed over tenants, and then proceeded to evict, owners were required to reimburse their former em- ployees for any improvements made during the time tenants had occupied the land. Should owners be unable to pay squatters for such improvements, ten- ants had the…
p. 241
42Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 2871 cita
[54]campaña reformista "(43). En un comportamiento contradictorio, que dejó sorprendidos a amigos y enemigos, Jorge E. Gaitán, después de negar que tenía alianzas con el liberalismo, apareció en una lista oficial de ese partido a la Cámara. Cuando fue elegido renunció a la UNIR, dejando huérfana a la organización, la que…
p. 287
43Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2181 cita
[57]1938 a 1942. Sale electo con los votos liberales y la abstención que hizo el conservatismo de participar en el debate electoral, fiel a una costumbre muy co- mún en la nación hace ya algunos años. Se posesiona el 7 de agosto y comienza un gobierno del que Alberto Lleras dijo, durante el sepelio del doctor Santos, "fue…
p. 218
44Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 612 citas
[58]a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…
p. 61
[59]a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…
p. 61
45Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1571 cita
[60]especie de estado socialista, y los comunistas se establecieron entre ellos; poco a poco lograron una posición de influencia dominante. Esto es cierto, en especial, de Víctor Merchán que, prácticamente, parece dirigir sus asuntos; y de Juan de la Cruz Varela, quien durante la administración Rojas fue el líder militar…
p. 157
46Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 531 cita
[63]guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…
p. 53
47Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 221 cita
[65]el comunismo —aún alejado de la toma del poder político y más focalizado en la noción maoísta de guerra popular prolongada —, se va a afianzar sobre dos escenarios que, con posterioridad, serán claves en la emergencia guerrillera de las FARC, ya en la década de los sesenta: Tequendama y Sumapaz en Cundinamarca y el…
p. 22
48Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1011 cita
[66]como lo habían hecho muchos de los dirigentes de las guerrillas liberales que se habían dejado atraer por la euforia de los primeros meses del gobierno militar, cuando se anunciaba la suspensión de toda forma de persecución basada en razones políticas, y cuando se ofrecieron indultos y amnistías a los guerrilleros que…
p. 101
49Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 52, 562 citas
[68]hablaba hasta que acabara. Él era muy buena gente (…) era chiquitico, pero era bravo de la lengua” (CNMH, entrevista con abuela, 2012). 1.4. Colonización, continuidad de la Violencia, e influencia del movimiento comunista En este contexto, el municipio de Villarrica, ubicado al oriente del departamento del Tolima,…
p. 52
[72]y nosotros nos afiliamos (CNMH, entrevista con abuelo, 2013). El sindicato también “actuó como autoridad” y realizó todo tipo de labores para que la comunidad campesina pudiera “vivir de una manera sana, digna y en paz”. Se encargó de la satisfacción de necesidades básicas, entre ellas la seguridad alimentaria, para…
p. 56
50Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 262 citas
[69]prin - cipio de “la tierra para el que la trabaja”, y las “leyes del Llano” de 1953 que, en un principio, conservaron la orientación liberal al promover “la confiscación de los bienes del enemigo o sea de los godos chulavitas”, y que después mostraron más autonomía al extenderla a todos “los hatos y propiedades de…
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[70]prin - cipio de “la tierra para el que la trabaja”, y las “leyes del Llano” de 1953 que, en un principio, conservaron la orientación liberal al promover “la confiscación de los bienes del enemigo o sea de los godos chulavitas”, y que después mostraron más autonomía al extenderla a todos “los hatos y propiedades de…
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51El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 2881 cita
[73]pero más restricciones que a nivel local, t harto y último, algunos Gobiernos podrían querer ampliar su base M»cial a costa de determinadas élites locales, para obtener objetivos |itogramáticos, éxitos electorales, o ambos.239 Por todas estas razo nes, la alianza estratégica entre los ricos del campo y las agencias…
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