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Hecho histórico · República Liberal · 1930–1946

Colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima (1930–1936)

Entre 1930 y 1936, la hacienda cafetera que durante medio siglo había dominado las vertientes de Cundinamarca y Tolima se desintegró como forma dominante de propiedad, presionada por la caída de precios internacionales tras 1929, una sentencia de la Corte Suprema que desde 1926 exigía títulos imposibles de exhibir y la movilización organizada de arrendatarios y colonos. Cuando la Ley 200 de 1936 intentó regular el régimen agrario, el colapso ya era un hecho consumado en el terreno.

Colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima (1930–1936)
1930–1936
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1930–1936
Dónde
Cundinamarca, Tolima, Viotá, Sumapaz, Chaparral, Boyacá, Tequendama, Fusagasugá, Icononzo, Cunday, Río Combeima, Río Magdalena
Protagonistas
Isauro Yosa, Juan de la Cruz Varela, Alfonso López Pumarejo, Enrique Olaya Herrera, Jorge Eliécer Gaitán, Arrendatarios y estancieros de las haciendas cafeteras, Corte Suprema de Justicia de Colombia, Partido Socialista Revolucionario (PSR), Partido Comunista de Colombia, Erasmo Valencia (Partido Agrario Nacional), Sociedad de Agricultores de Colombia
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La sentencia de la Corte Suprema de 1926 —reiterada en 1934— exigió que los propietarios demostraran sus títulos remontándose al acto original de enajenación estatal (la llamada 'prueba diabólica'), lo que volvió jurídicamente vulnerables a las grandes haciendas formadas mediante ocupaciones ilegales de baldíos durante el siglo XIX.
  2. La Gran Depresión de 1929 hundió los precios del café a un tercio de su valor previo, eliminó el margen de caja que sostenía el aparato coercitivo y administrativo de las haciendas, y provocó despidos masivos que agudizaron la miseria en las regiones cafeteras.
  3. El régimen de haciendas excluía sistemáticamente a los arrendatarios de los beneficios del auge cafetero de los años veinte —prohibiéndoles sembrar café en sus parcelas y comerciar libremente— generando un agravio estructural que se convirtió en el eje de la movilización campesina.
  4. La penetración de ideas socialistas y populistas entre los campesinos boyacenses de segunda generación disolvió la 'mentalidad servil' que sostenía la pseudoservidumbre andina, haciendo insostenible la dualidad entre la economía parcelaria del arrendatario y la economía cafetera de la hacienda.
  5. La organización de ligas campesinas, huelgas de recolectores y tácticas jurídicas como la siembra ilegal de café en parcelas arrendadas —que obligaba al hacendado a pagar mejoras permanentes antes de desalojar— convirtieron cada intento de coerción en un litigio largo y costoso que la hacienda en crisis no podía sostener.
  6. El avance estructural de la pequeña propiedad cafetera antioqueña y caldense, que para 1932 concentraba el 60,4% de las exportaciones frente al 24,6% de Cundinamarca-Santander, demostró en el terreno que el modelo de hacienda era menos productivo y resiliente que la finca familiar.
1930–1936Colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima (1930–1936)

Consecuencias

  1. La hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima se fragmentó en una miríada de fincas campesinas autónomas, reconfigurando de manera permanente la estructura agraria del centro del país antes de cualquier intervención legislativa.
  2. La Ley 200 de 1936 llegó a certificar notarialmente un colapso ya consumado: al reemplazar la 'prueba diabólica' por la demostración de destinación económica del predio, subsanó la inseguridad jurídica de los terratenientes supervivientes, pero también dificultó el lanzamiento de colonos ocupantes y estableció la extinción de dominio para predios inexplotados.
  3. La promulgación de la Ley 200 desencadenó desahucios preventivos masivos por parte de hacendados que buscaron expulsar arrendatarios antes de que la norma consolidara sus derechos, agudizando en el corto plazo los conflictos que pretendía resolver.
  4. Cundinamarca y Tolima concentraron 75 de las 153 agremiaciones campesinas con personería jurídica hasta 1939, evidenciando que el conflicto agrario había producido una organización rural duradera que continuaría presionando la política agraria colombiana en las décadas siguientes.
  5. Figuras y redes organizativas forjadas en estos conflictos —como Isauro Yosa en el sur del Tolima y Juan de la Cruz Varela en Sumapaz— sobrevivieron al período y reaparecieron en la violencia de los años cuarenta y cincuenta, trazando una línea de continuidad entre la lucha agraria de los treinta y los orígenes de la guerrilla colombiana.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima demuestra que la transformación agraria más profunda del centro del país no fue producto de una reforma estatal sino de la convergencia entre crisis económica global, fragilidad jurídica de la gran propiedad y movilización campesina organizada. Entender este proceso es indispensable para comprender por qué la Ley 200 de 1936 —presentada como reforma— fue en realidad una formalización tardía de hechos consumados, y por qué sus efectos fueron tan distintos de sus intenciones. El período sienta además las bases organizativas y los agravios no resueltos que alimentarían décadas de conflicto rural en Colombia.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima

Entre 1930 y 1936, la hacienda cafetera que durante medio siglo había dominado las vertientes de Cundinamarca y TolimaViotá, Sumapaz, Tequendama, la cordillera que se descuelga hacia el Magdalena— dejó de existir como forma dominante de propiedad. No fue derribada por una reforma agraria: se desintegró desde adentro. La caída de precios internacionales tras 1929, un fallo de la Corte Suprema que desde 1926 exigía títulos imposibles de exhibir y la movilización sistemática de arrendatarios y colonos organizados por socialistas, comunistas y agraristas independientes hicieron impagable e ingobernable el modelo. Cuando en 1936 el gobierno de Alfonso López Pumarejo promulgó la Ley 200, el régimen que aquella norma pretendía regular ya estaba fracturado en el terreno. La ley certificó notarialmente un colapso consumado, aunque al hacerlo aceleró desahucios preventivos y consolidó jurídicamente la miríada de pequeñas fincas campesinas que reconfiguraron para siempre la estructura agraria del centro del país.

El régimen que se agrietaba: la hacienda cundiboyacense-tolimense hacia 1925

La hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima descansaba sobre un contrato desigual y una figura precisa: el arrendatario, también llamado estanciero. A cambio del usufructo de una parcela de pan coger —maíz, plátano, yuca, algunos animales— el arrendatario se comprometía a trabajar un número fijo de días al mes en los cafetales del hacendado. Los "semanales" debían siete días; los "quincenales", catorce. La magnitud de la obligación variaba con el tamaño y la calidad de la parcela.

Sobre esa columna se apilaba una serie de restricciones que definían el carácter del régimen. Al arrendatario le estaba prohibido sembrar café en su parcela: sólo el hacendado producía la mercancía de exportación. Le estaba vedado comerciar café. Su acceso a los mercados de los pueblos vecinos era vigilado y a veces bloqueado. Debía además trabajo subsidiario en caminos, cumplía funciones de policía rural y pagaba multas por violar las disposiciones del hacendado. Su autonomía económica era, en la letra del contrato, mínima.

Se ha llamado a este arreglo una "pseudoservidumbre andina", sostenida en buena medida por la mentalidad servil de los campesinos boyacenses de primera y segunda generación que poblaron las vertientes de Cundinamarca durante la expansión cafetera de fines del siglo XIX. La hacienda no era, sin embargo, una unidad arcaica en todos sus planos: contaba con equipamiento técnico moderno —maquinaria de despulpe, beneficios racionalizados—, llevaba contabilidad y, en momentos de crisis sanitaria, la propia Sociedad de Agricultores de Colombia impulsó campañas fisio-sanitarias para atender la reproducción de una mano de obra que sus propias relaciones sociales tendían a agotar. Modernidad técnica sobre relaciones regresivas: ese fue su carácter estructural.

Bajo esa superficie relativamente estable, algo se movía. Los precios internacionales del café subieron con fuerza durante los años veinte y esa bonanza no llegó a los arrendatarios, expresamente excluidos del cultivo. La misma prohibición de sembrar café que definía al régimen se convirtió en el agravio central: los trabajadores veían enriquecerse al hacendado con un producto que la ley del contrato les impedía cultivar en sus propias parcelas. En paralelo, los grandes cafeteros de Cundinamarca enfrentaban una escasez creciente de mano de obra asalariada, atraída por las obras públicas y las ciudades, lo que tensaba las relaciones con agregados, aparceros y arrendatarios. La productividad del trabajo servil se estancaba mientras las regiones de pequeña propiedad —Antioquia, el Viejo Caldas— avanzaban.

Los números del largo plazo son elocuentes. En 1874, Santander y Cundinamarca producían el 95,1% de las exportaciones cafeteras del país; Antioquia y Caldas apenas el 3,1%. Para 1913, Cundinamarca-Santander había bajado al 48,7% y la zona antioqueña de colonización subía al 40,6%. En 1932, el reparto se había invertido: Antioquia-Caldas concentraba el 60,4% de las exportaciones, Cundinamarca-Santander apenas el 24,6%, sobre un total nacional de 191.000 toneladas. Ya en 1923, las fincas con cafetales adultos de menos de doce hectáreas controlaban el 56,4% de la producción nacional. La hacienda del centro no fue destruida por una alternativa hipotética: la alternativa había crecido a su lado durante medio siglo y demostraba, en el terreno, ser más productiva y resiliente.

En 1926 la Corte Suprema de Justicia emitió una sentencia que cambió el suelo bajo los pies de los hacendados. Para probar la propiedad privada de la tierra en caso de litigio, el propietario debía exhibir el título original por el cual el Estado —la Corona española o la República— había enajenado ese predio del dominio público. La cadena de escrituras notariales acumuladas durante décadas dejaba de bastar. Había que remontarse a la fuente estatal.

La exigencia recibió pronto un nombre: "prueba diabólica". Y era diabólica en un sentido muy concreto: la mayoría de las grandes haciendas cafeteras del centro se habían formado durante el siglo XIX mediante ocupaciones y apropiaciones de tierras baldías, ampliaciones sucesivas sin título estatal legítimo o simples usurpaciones toleradas por autoridades locales. Muchos hacendados podían exhibir escrituras impecables desde los años 1880, pero ningún acto original de enajenación. La sentencia no anulaba automáticamente sus propiedades, pero las volvía vulnerables ante cualquier disputa. Un colono, un arrendatario, un vecino podía llevar al hacendado a demostrar lo indemostrable.

La Corte reiteró el criterio en 1934, disipando cualquier esperanza de que el fallo de 1926 fuera una anomalía transitoria. La seguridad jurídica de la gran propiedad rural quedó suspendida en el aire durante ocho años decisivos, precisamente los años en que los precios se hundían y la organización campesina se articulaba.

El efecto inmediato fue una inversión de posiciones. Los arrendatarios y colonos que hasta entonces habían resistido de forma defensiva —esperando el desalojo, pleiteando por multas, pidiendo alivio en contratos— pasaron a la ofensiva. En regiones de desarrollo fronterizo reciente, los arrendatarios comenzaron a argumentar que en realidad eran colonos y que la tierra bajo sus pies era baldío público usurpado. En otras se negaron sencillamente a cumplir las obligaciones, alegando propiedad sobre las parcelas. Albert Hirschman escribiría después que estas sentencias "hicieron temblar los cimientos del orden establecido" y que los arrendatarios "no fueron remisos en aprovechar la ventaja judicial que les brindaban".

Un episodio ilustra el mecanismo. El Ministerio de Industrias, mediante decreto, reservó varios miles de hectáreas para una colonia agrícola en los municipios de Icononzo y Cunday, estipulando que todo el territorio dentro de los límites definidos debía considerarse baldío, salvo que los propietarios exhibieran el título original conforme a la doctrina de 1926. La consecuencia imprevista fue inmediata: arrendatarios de varias fincas cafeteras de la zona se declararon colonos y ocuparon tierras altas que hasta entonces habían pertenecido nominalmente a las haciendas. La Memoria de Industrias de 1933 documentaba conflictos entre herederos de títulos coloniales y colonos sobre unas 300.000 hectáreas en Bogotá, Usme, Pandi, Cunday, San Martín y La Uribe. Un decreto administrativo, apoyado en una sentencia judicial, había desatado invasiones masivas.

La Gran Depresión sobre las vertientes

Cuando el precio internacional del café se derrumbó tras 1929, la hacienda cafetera del centro perdió el margen que le permitía sostener simultáneamente su ineficiencia relativa y su aparato coercitivo. El ingreso nacional colombiano cayó de 75,2 millones de dólares en 1929 a 54,3 millones en 1930. La desocupación urbana alcanzó cifras alarmantes —hasta 150.000 obreros— y en las ciudades se multiplicaron las marchas de desempleados, las protestas de inquilinos y el aumento de la delincuencia. El empleo industrial cayó de 65.100 trabajadores en 1925 a 42.402 en 1931. En las regiones cafeteras, los cambios se tradujeron en un aumento agudo de la miseria y en despidos masivos en las haciendas.

El hundimiento de precios tuvo un efecto asimétrico. La pequeña propiedad familiar antioqueña y caldense podía comprimir consumo, reducir venta al mercado y sostenerse; el trabajo familiar no se paga y no se despide. La hacienda, en cambio, dependía de un flujo de caja para mantener jornaleros de recolección, administradores, mayordomos, correos, ganado, insumos. Al caer los precios a menudo por debajo del costo de producción, muchos hacendados no pudieron sostener ni los jornales ni la estructura de vigilancia que hacía funcionar el sistema de obligaciones. La coerción extraeconómica —multas, expulsiones, retención de cosechas— requiere aparato administrativo, y ese aparato tiene un costo que la hacienda quebrada dejaba de poder pagar.

En paralelo, el arrendatario descubrió que su parcela de pan coger, tantas veces despreciada como economía de subsistencia marginal, era en la depresión su ancla. Producía comida, no dependía del precio internacional, no requería salarios. Algunos contratos permitían incluso subcontratar mano de obra externa para cumplir las obligaciones con la hacienda, indicio de que ciertos arrendatarios habían acumulado una capacidad económica suficiente para operar como pequeños agricultores autónomos. La hipótesis de que el ingreso del arrendatario como agricultor parcelario podía superar su ingreso monetario como obligacionero circulaba entre los observadores, aunque las cifras eran escasas. Cuando el hacendado dejó de pagar y de sostener la coerción, la parcela del arrendatario se reveló como una unidad económica más viable que la hacienda de la que formalmente dependía.

Del malestar difuso a la ofensiva organizada: 1929-1935

La disolución del régimen no fue un proceso mecánico. Requirió agentes que convirtieran la crisis estructural en programa de acción. Esos agentes existieron y actuaron con notable coordinación entre 1929 y 1935.

En Viotá, epicentro cafetero de Cundinamarca y núcleo del conflicto, los peones y arrendatarios fueron politizados primero por el Partido Socialista Revolucionario y luego por el Partido Comunista, que consolidó allí una base cuya continuidad marcaría la historia agraria del país durante décadas. El Espectador del 16 de mayo de 1931 daba cuenta de una huelga de recolectores de café en Viotá, calificada por el propio periódico como de inspiración comunista. Ese año, en respuesta a los bajos precios de compra que los hacendados imponían y a las exigencias renovadas de trabajo obligatorio, los campesinos se organizaron en ligas y declararon una huelga que involucró a unos 18.000 recolectores. Consiguieron dos victorias precisas: que los hacendados aceptaran pesar la cosecha en balanzas romanas —terminando con el fraude sistemático en el peso— y un alza en el precio pagado por arroba. La huelga fue algo más que un episodio: convirtió al arrendatario y al recolector en actores capaces de imponer condiciones.

Los organizadores no se limitaron a demandas salariales. Con apoyo del Partido Comunista, las organizaciones campesinas del Tequendama alentaron a sus afiliados a sembrar café en las parcelas de subsistencia, en violación directa de los contratos con los hacendados. La táctica era jurídicamente astuta: la ley colombiana obligaba al propietario a pagar por las mejoras permanentes introducidas por el arrendatario, y un cafetal en producción era el paradigma de la mejora permanente. Sembrar café ilegalmente convertía cada desalojo en un juicio largo, costoso y de resultado incierto. El arrendatario dejaba de ser un obligacionero para volverse un litigante con activos.

En Sumapaz y las vertientes del suroccidente de Cundinamarca operaba una figura de perfil distinto: Erasmo Valencia, líder del Partido Agrario Nacional, una organización agraria independiente cuya base eran los colonos. Aunque las autoridades lo señalaban como organizador comunista, Valencia se movía en la política electoral: en octubre de 1935 su partido eligió concejales en Fusagasugá, Pasca, San Bernardo y Pandi, y él mismo fue elegido diputado a la Asamblea de Cundinamarca para el período 1935-1936, desde donde propuso, entre otras iniciativas, la prohibición del concierto de personas —forma legal de trabajo forzoso rural— en el departamento. La coexistencia del PAN, el PSR, el Partido Comunista y sectores liberales agraristas —Jorge Eliécer Gaitán entre ellos, aunque desde la escena nacional— configuró un mosaico ideológicamente heterogéneo pero convergente en objetivos: reforma del régimen de haciendas, acceso a la tierra, fin de las obligaciones serviles.

Hacia 1936, en el sur del Tolima, sobre las márgenes del río Combeima, cerca de 1.800 colonos invadieron tierras aprovechando la ambigüedad de los títulos de una gran hacienda. El líder agrario Isauro Yosa —figura que reaparecerá en la historia guerrillera del país— organizó la posesión con método: destrucción de selvas para hacer visible el trabajo, construcción de rancherías, siembra nocturna de cafetos para presentar hechos consumados a la policía cuando amaneciera. Chaparral y su entorno se convirtieron en otro núcleo de agitación agraria que confirmaba que el fenómeno excedía Cundinamarca y se extendía al Tolima cafetero.

Las demandas de las ligas de arrendatarios, más allá de las variaciones locales, formaban un pliego coherente: derecho a sembrar café en las parcelas, libre movilidad y venta de los productos, sustitución del trabajo obligatorio en la hacienda por renta en dinero o especie, reducción de multas y obligaciones subsidiarias, regulación del desalojo con pago de mejoras, acceso a los mercados de los pueblos vecinos. En conjunto, un programa que no pedía tanto una reforma agraria como la conversión del arrendatario en pequeño productor con derechos.

Las haciendas, cuando descubrieron que los mecanismos legales de desalojo eran lentos, costosos e inciertos —y que la sentencia de 1926 podía volverse contra ellas—, recurrieron a la coerción directa. Soltaban ganado y arrojaban semillas de pasto sobre las parcelas de los colonos, confiscaban productos en camino al mercado, cortaban puentes, cerraban fuentes de agua, quemaban chozas, destruían cercas y sembrados, imponían multas o cárcel a quienes se negaran a comprometerse a no regresar. El gobernador de Cundinamarca ordenó a las autoridades de Sumapaz actuar bajo el supuesto de que toda la tierra era propiedad privada, en abierta contradicción con lo resuelto por la Corte, y dos departamentos suministraron refuerzos de policía a los hacendados. La coerción funcionó a veces, pero era cada vez más impagable y políticamente costosa, sobre todo con un liberalismo que hacía de las bases agrarias su nuevo horizonte electoral.

Un observador de la época acuñó una expresión para nombrar esa reacción: "refeudalización". Cuando el régimen fue cuestionado en su legitimidad, las haciendas endurecieron restricciones, aumentaron el peso de las obligaciones, cerraron accesos a los mercados. Pero la refeudalización era una respuesta terminal: un régimen que sólo puede sobrevivir intensificando su coerción está, en el fondo, admitiendo que ha perdido la capacidad de reproducirse por medios ordinarios.

El Estado que llega tarde y con dos manos: Olaya, la Caja Agraria, la Ley 200

El gobierno de Enrique Olaya Herrera, que abrió la República Liberal en 1930, heredó el problema en toda su gravedad. La protesta campesina se había convertido en un elemento central de la politización tanto rural como urbana, y el fallo de 1926 había vuelto el problema de la propiedad agraria una cuestión de orden público. Olaya encargó la preparación de una reforma legal en materia agraria, pero mientras tanto operaron dos instrumentos que actuaron antes que la ley y con lógica distinta a la que después consagraría la Ley 200.

El primero fue la Ley 74 de 1926, ya expedida bajo el régimen conservador, que permitía comprar fincas de más de 500 hectáreas para parcelarlas en lotes no mayores a 50. Entre 1928 y 1936, bajo su amparo, se repartieron algunas haciendas. En Cundinamarca, los bancos oficiales adquirieron grandes propiedades que habían sido foco de protesta laboral y las fraccionaron en parcelas vendidas a los cultivadores que las trabajaban. Fue un mecanismo de descompresión: comprar la hacienda en crisis, parcelarla, venderla a los arrendatarios organizados. Los hacendados salían con dinero; los arrendatarios se convertían en propietarios; el Estado desactivaba conflictos que ya no podía reprimir sin costo político.

El segundo instrumento fue la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero —la Caja Agraria—, establecida en 1931. Su función central fue proveer crédito a colonos y arrendatarios que buscaban adquirir parcelas. Los préstamos promediaban entre 450 y 650 pesos, suma suficiente para comprar una finca de cinco a seis hectáreas al precio vigente de 70 pesos por hectárea en zonas de parcelación gubernamental. Al momento de la promulgación de la Ley 200 en 1936, la Caja ya había otorgado más de 133.000 préstamos; en los siete años siguientes, entre 1936 y 1943, aprobaría 453.618 adicionales. La cifra revela el tamaño de la operación silenciosa: mientras se debatía la reforma legal, cientos de miles de campesinos accedían a crédito para consolidar en escritura pública una propiedad que en muchos casos habían empezado a ocupar como colonos o arrendatarios rebeldes.

La reforma constitucional de 1936, impulsada por López Pumarejo tras suceder a Olaya, introdujo el principio de la función social de la propiedad. La Ley 200 de 1936, aprobada ese mismo año, ha sido caracterizada como un apéndice de esa reforma constitucional. Su operación fue precisa: sustituyó la "prueba diabólica" del título original por el criterio de la destinación económica productiva del predio. Un propietario ya no debía remontarse a la Corona o a la República para probar su dominio; le bastaba demostrar que la tierra estaba en uso económico. La ley resolvía así el problema jurídico creado por la Corte diez años antes.

La norma incluyó un artículo considerado el más revolucionario: la extinción de dominio sobre predios improductivos, pensada como amenaza para forzar la puesta en producción de tierras acaparadas. Fue retórica más que instrumento operativo. Funcionó como amenaza distante, no como mecanismo aplicado sistemáticamente.

El efecto inmediato de la Ley 200 fue paradójico. Los terratenientes, temerosos de que los arrendatarios y colonos les disputaran la tierra invocando la ocupación prolongada, procedieron a desahuciarlos preventivamente. La ley que pretendía resolver el problema aceleró la expulsión de precisamente los sujetos cuya condición pretendía regular. Pero esa expulsión, en el contexto de la Caja Agraria activa y de bancos oficiales dispuestos a adquirir haciendas para parcelarlas, no revirtió el proceso: lo consolidó bajo otra forma. El arrendatario expulsado con algún capital o con crédito compraba una parcela; el que no lo lograba engrosaba la colonización de baldíos que la República Liberal favoreció, con adjudicaciones que entre 1930 y 1946 aumentaron notablemente el peso relativo de las pequeñas (menos de 20 hectáreas, 13% del área adjudicada) y medianas (hasta 1.000 hectáreas, 55%) unidades.

Por qué la ley llegó tarde

Conviene detenerse en la cronología de lo ya consumado en 1936. La huelga de recolectores de Viotá con 18.000 trabajadores había ocurrido en 1931. Las invasiones de Icononzo y Cunday, en la primera mitad de la década. El primer concejal comunista de Viotá, Víctor J. Merchán, fue elegido en 1933; para 1935, Viotá era ya el primer municipio de mayoría comunista del país. Valencia y el PAN habían obtenido representación en la Asamblea de Cundinamarca en las elecciones de 1935. Las invasiones del Combeima con Yosa culminaban ese mismo 1936. Los 133.000 préstamos de la Caja Agraria se habían otorgado antes de la promulgación de la ley.

La reconfiguración agraria del centro del país —fragmentación de haciendas, conversión de arrendatarios en pequeños propietarios, disolución del sistema de obligaciones serviles— estaba en curso avanzado. La Ley 200 fue un acto de reconocimiento tardío. Certificó jurídicamente lo que en el terreno ya había ocurrido: que la hacienda cafetera cundiboyacense-tolimense había dejado de ser la forma dominante de propiedad; que los arrendatarios habían dejado de aceptar el régimen de obligaciones; que los títulos coloniales o republicanos no bastarían para restaurar el orden anterior; que la pequeña propiedad familiar, ya hegemónica en Antioquia y Caldas, sería el modelo hacia el que convergería también el centro del país.

Decir que la ley solo formalizó lo consumado no es minimizarla. Al resolver la ambigüedad jurídica creada por la "prueba diabólica", la Ley 200 puso fin a un período de ocho años en que ni hacendados ni colonos podían estar seguros de sus derechos. Esa incertidumbre había paralizado inversiones y multiplicado litigios; su cierre permitió a los nuevos pequeños propietarios consolidar títulos, acceder a crédito y planificar producción. La ley también, al inducir desahucios preventivos, aceleró la fragmentación. Fue actor y notario a la vez, pero su margen de maniobra era el que le dejaba una realidad ya transformada.

La comparación con la trayectoria antioqueña ilumina el fondo del proceso. En 1874, Cundinamarca y Santander producían el 95,1% del café exportable colombiano; Antioquia y Caldas, el 3,1%. En 1932, Antioquia-Caldas producía el 60,4%; Cundinamarca-Santander, el 24,6%. La curva describe un desplazamiento estructural que la crisis de 1929-1936 no inauguró sino consumó. La pequeña propiedad familiar demostró, durante medio siglo, ser más productiva, más resistente a la volatilidad de precios y menos costosa en administración que la hacienda con obligaciones. Los precios internacionales colapsaron para todos los productores colombianos, pero solo un régimen —el del centro— se derrumbó como forma de propiedad. Esa asimetría es la mejor evidencia de que la crisis fue detonante, no causa; el problema estaba en la arquitectura del régimen.

Consecuencias

La fragmentación de las haciendas de Cundinamarca y Tolima reconfiguró la sociedad rural del centro del país. La producción cafetera evolucionó desde grandes unidades con trabajo servil hacia un patrón de fincas dispersas poseídas y operadas por pequeños productores. Ese patrón, ya dominante en Antioquia y Caldas, terminó por caracterizar la economía cafetera colombiana en su conjunto. Poseer tierra a título libre, que había sido el objetivo central de todo trabajador cafetero durante generaciones, se hizo alcanzable para decenas de miles de familias mediante una combinación de organización política, ocupación de hecho, compra facilitada por crédito y adjudicación de baldíos.

El proceso tuvo un significado profundamente conservador. La conversión del arrendatario movilizado en pequeño propietario individual desactivó la energía política que había sostenido las ligas. El nuevo minifundista, endeudado con la Caja Agraria y escritura en mano, se volvió un actor más cauteloso que su antecesor sin tierra. El liberalismo amplió su base electoral incorporando a estos sectores, y en muchos casos los canalizó hacia una política clientelista de larga duración. La radicalidad de los años treinta se disolvió en la propiedad recién adquirida.

Pero la base organizativa comunista construida en los núcleos cafeteros de Cundinamarca durante los años treinta no desapareció: en Viotá, en el Tequendama, en Sumapaz, en el sur del Tolima, quedaron estructuras políticas y redes de liderazgo que en las décadas de 1950 y 1960 harían posible la conformación de las primeras estructuras guerrilleras del país. Isauro Yosa reaparecerá en esa historia. La misma región donde el régimen de haciendas se disolvió por presión desde abajo se convertirá, veinte años después, en cuna de las autodefensas campesinas comunistas. La consecuencia agraria fue conservadora; la consecuencia política de largo plazo, no.

En el orden nacional, la experiencia de Cundinamarca y Tolima dejó una lección que la Ley 200 y su fracaso posterior confirmarían: el Estado colombiano llega tarde a las transformaciones agrarias. La reforma se hace desde abajo, y la ley sanciona, con retraso, un mapa ya dibujado. Mariano Ospina Pérez, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros y figura central del gremio conservador, entendió pronto que el futuro estaba en la pequeña propiedad y que la política cafetera nacional debía articularse en torno a ella. Los partidos aprendieron la geografía electoral resultante. Los grandes hacendados que sobrevivieron reconvirtieron sus predios hacia ganadería, o los vendieron. La estructura agraria del centro del país cambió de manera irreversible entre 1930 y 1936.

Por qué sigue importando

El colapso de la hacienda cafetera de Cundinamarca y Tolima entre 1930 y 1936 es uno de los raros episodios de transformación estructural profunda del campo colombiano, y quizás el único de esa magnitud antes del Frente Nacional. Ocurrió sin reforma agraria estatal, sin expropiación masiva, sin plan orgánico: fue el resultado de la convergencia de una crisis internacional, una sentencia judicial, la movilización organizada de arrendatarios y colonos, y la respuesta pragmática de un Estado liberal que aprendió a acompañar más que a dirigir.

Su estudio importa por al menos tres razones. Primero, porque desmiente la idea de que el orden agrario colombiano ha sido estático y refractario al cambio: hubo un momento en que una forma de propiedad dominante se disolvió en pocos años. Segundo, porque muestra el papel decisivo de la incertidumbre jurídica —la "prueba diabólica" de 1926— como palanca de transformación social; los cimientos legales de la gran propiedad pueden ser más frágiles de lo que aparentan. Y tercero, porque ilumina el patrón recurrente de la política agraria colombiana: la ley que llega tarde, el Estado que certifica lo que otros ya hicieron, la reforma que se escribe con letra de arrendatario en la parcela antes de escribirse con letra de legislador en el papel. La Ley 200 de 1936, tantas veces invocada como el gran hito de la reforma agraria colombiana, fue en realidad el epitafio jurídico de una hacienda que se había disuelto sin ella.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

31 documentos · 53 fragmentos
01Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 233, 363, 4103 citas
[1]a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…p. 410
[13]nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…p. 363
[14]de crear una tradición legal sobre ellas, etc. El hecho de que probablemente la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaban en usurpaciones ilegales explica por qué los propietarios consideraron imposible y “diabólico” mostrar en sus títulos el acto original por el cual la tierra había salido…p. 233
02Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 380, 391, 4093 citas
[2]de tales relaciones en el área situada al suroriente de Bogotá, donde las enormes haciendas cafeteras fundadas a fines del siglo pasado se convirtieron en el foco de grandes protestas obreras durante los años veintes y comienzos de los treintas. Comúnmente, a los trabajadores permanentes de estas propiedades,…p. 380
[33]un tiempo los trabajadores cafete ros organizados' hallaron 'aliados en el movimiento obrero, y aunque hubo sindicatos qué los apoyaron y pequeños partidos reformistas y de izquierda que defendieron sus intereses en la prensa y algunas veces hasta en el Congreso, las victorias parciales conquistadas a mediados de los…p. 409
[36]la familia en la producción cafetera en pequeña escala. Sobre la frecuenCls del matrimonio y la edad a la cual lo efectuaban comúnmente los hombres (más tarde) y las mujeres 'más pronto) en Caldas en los años treintas, véanse. p~. 194;'96; sobr,: el ~to.porcen taje de varones solteros en la fuerza de trabajo cafetera…p. 391
03Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1741 cita
[3]in this case, puritan habits of the owner. The arrendatarios grew their own food crops, but not coffee; the latter was planted under the administrator’s direction. One source of difficulty was the administrator’s rule that obliged the arrendata- rios to do unpaid work on the hacienda. Another source of difficulty was…p. 174
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 371 cita
[4]ó n 7. Adicionalmente a su trabajo en las labores del caf é, los trabajadores estaban sometidos a otras obligaciones, como las de trabajo personal subsidiario para la construcci ó n y man tenimiento de caminos, las de polic í a rural y toda una serie de multas por violar las estrictas disposiciones del hacendado. De…p. 37
05Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 97, 129, 1323 citas
[5]estancia by agreeing to work seven days per month on the hacienda. For this work they would be paid 3 pesos weekly or 32 pesos per year. (b) The 'quincenales' (fortnightly arrendatarios), who in return for an estancia agreed to work for 14 days in the month at the same rates of pay as the above. (c) The 'semestrales'…p. 132
[7]size of the coffee plantation under contract, he was obliged to take on any extra hands from outside his family, the share-cropper was unable to be overexigent in the conditions of employment, since he was not a landowner and his contract was for a fixed period and not automatically renewable. In general the agreed…p. 97
[9]examination of the existing relationship between arrendatario and hacienda is essential to an understanding of the type of social formation which took place in the hacienda in Cundinamarca and Tolima. One of the most difficult aspects of the problem, once we have elucidated the essence of the abundant literature on…p. 129
06El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 310, 3142 citas
[6]autonomía familiar y económica de los arrendatarios con relación a las haciendas que a la postre dio lugar a una clara dualidad dentro de la hacienda: la economía parcela- ria del arrendatario y la economía cafetera de la hacienda. Cuando la personalidad servil desaparece con el relevo generacional y la prédica…p. 314
[10]la hacienda sirve de puente para emprender un análisis a otro nivel: el uso de la tierra, las técnicas del cultivo y los requerimientos de fuerza de trabajo en función del ciclo botánico del cafeto, lo cual da pie para describir en más detalle la jerarquización de los diferentes tipos de trabajadores y los sistemas de…p. 310
07El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 318, 333, 3493 citas
[8]social que Martínez Alier ha denomina- do «seudoservidumbre andina» y parece que la descripción presentada avala el término. Seguramente que análisis más detallados y profundos de las dimensiones políticas e ideoló- gicas asociadas con el mundo de las haciendas de café podrían descubrir la trama y estructu- ra de…p. 349
[31]haciendas cafeteras. LOS ARRENDATARIOS, ¿KULAKS?, ¿PROLETARIOS? En esta sección sobre la estructura interna de las haciendas se discuten algunos aspectos que condujeron a la destrucción del sistema o a su desestructuración, para dar paso a formas de tenencia y propiedad centradas sobre la finca familiar y el…p. 318
[32]al ministro de Economía Nacional so- bre visitas practicadas a las haciendas «Ceilán» y «Liberia» en Viotá y «El Chocho» en Fusaga- sugá el 17 de noviembre de 1948, copia a máquina, s. f. 23 Boletín de la Oficina, octubre-diciembre, 1933. 331 EL CAFÉ EN COLOMBIA bres como el presidente López Pumarejo 24 • Al quebrarse…p. 333
08Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 83, 1532 citas
[11]sociales seguían apoyándose en el trípode formado por ha - ciendas, plantaciones y unidades campesinas, con sus acentuadas variaciones comarcales. '' La protesta campesina se había convertido en uno de los ele- mentos centrales de la politización urbana. En este contexto de- ben entenderse los cambios en la…p. 153
[22]ngestio naron. En 1 92 1 des- ce ndi eron a un tercio del va lor del año anterior, debid o a la caí da de l os precios del café. Co n razón se decía qu e el país e ra la Co - lombia cafetera. H asta la década de 1980 el café ocupó el ce ntro d e la esce na económica. Deben pr ecisarse e nton ces cuatro características…p. 83
09Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1001 cita
[12]factor was yet another reform in the legal system. Reflecting the state's tendency to take an interventionist role in the economy, the Colombian Supreme Court resolved for the first time to specify the legal criteria by which to distinguish private property from public land. When the Court ruled in 1926 that the only…p. 100
10Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 433, 4452 citas
[15]situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…p. 445
[28]momento en que la migración de campesinos se inició, los terratenientes trataron de conservar la mano de obra en las condiciones de explotación tradicionales, pero los campesinos exigieron o salarios más altos o que en las parcelas además de los cultivos tradicionales se les dejara plantar café, producto que les…p. 433
11Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 68, 226, 2393 citas
[16]que, como Cundinamarca y Tolima, habían sido beneficiadas por los ferrocarriles. A ello se sumó la valorización de la co- secha cafetera gracias al aumento de los precios internacionales del grano, lo que pondría la cuestión de la utili- zación económica del suelo en el cen- tro de las discusiones sobre el proble- ma…p. 68
[25]de los conflictos (sobre lo cual existe, por lo demás, una amplia al campesino cafetero como un héroe nacional. El proceso de renovación, basado en los cultivos de caturra, se iniciaría en los años sesenta, tomando un gran impulso en la década del se- tenta. Cambios en la estructura de la producción Las haciendas…p. 239
[38]de estos dos departamentos era de 802.000 sacos (un 23 % de la produc- ción nacional) y estaba concentrada ya en la cordillera central. Además, la producción cafetera comenzó a dise- minarse en nuevas regiones del país, especialmente en Cauca, Nariño, Hui- la, Boyacá y Magdalena. Las viejas zonas de producción en…p. 226
12Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 178, 1864 citas
[17]"demacrados, envejecidos prematuramente..., inservibles para la agricultura y listos para ocupar un puesto en el hospital". 21 La situación perjudica- ba tanto la productividad del trabajo y hasta la reproducción de la mano de obra, que la SAC, vocera de los grandes terrate- nientes cafeteros, sus fundadores, impulsó…p. 178
[18]"demacrados, envejecidos prematuramente..., inservibles para la agricultura y listos para ocupar un puesto en el hospital". 21 La situación perjudica- ba tanto la productividad del trabajo y hasta la reproducción de la mano de obra, que la SAC, vocera de los grandes terrate- nientes cafeteros, sus fundadores, impulsó…p. 178
[34]productiva del hombre consiguió domeñar tan inhóspito territorio y sentar las verdaderas bases del desarro- llo capitalista del país. Tan alta productividad y esa capacidad expansiva de la econo- mía parcelaria surgida de la colonización hicieron que ésta domi- nara la producción de café en un período relativamente…p. 186
[35]productiva del hombre consiguió domeñar tan inhóspito territorio y sentar las verdaderas bases del desarro- llo capitalista del país. Tan alta productividad y esa capacidad expansiva de la econo- mía parcelaria surgida de la colonización hicieron que ésta domi- nara la producción de café en un período relativamente…p. 186
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2011 cita
[19]y los conflictos sociales, con una po- sición abiertamente crítica al régimen. La clase trabajadora también tuvo importantes canales de crítica: sólo en el año de 1920 existieron 60 pe- Repercusiones del crac del 29 as consecuencias de la Gran Depresión de 1929, que generó una preocupante desocupación laboral y que…p. 201
14De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 80, 962 citas
[20]reflejaba la rápida caída de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948,…p. 80
[51]dispu- ta entre propietarios y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década…p. 96
15De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 80, 962 citas
[21]de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948, cuando la Iglesia Católica se…p. 80
[52]y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década de 1920, el proceso de…p. 96
16Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 315, 3172 citas
[23]liberal, tuvo un fuerte componente agrario y revela cierta radicalización del campesino." 316 Nueva Historia de Colombia. Vol. III Entrega de la medalla al mérito agrícola a Pedro A. López, por parte de la Sociedad de Agricultores de Colombia, en junio de 1932. El diario El Espectador del 16 de mayo de 1931, menciona…p. 317
[47]liberales después de 1930 para que se haga un esfuerzo por re- visar las titulaciones de los años an- teriores. La gravedad de estos conflic- tos puede ser atestiguada en el caso del Sumapaz. Ya en su Memoria de Industrias de 1933, Francisco José Chaux muestra los conflictos entre los herederos de títulos coloniales y…p. 315
17Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 331 cita
[24]los bajos precios de compra y las exigencias de 7 “China en Miniatura”, Semana, febrero 5 de 1949. 8 Víctor Julio Merchán, “La Autodefensa. Testimonio”, Estudios Marxistas 10 (1975): 118. 9 José Gutiérrez, Un intruso en el espejo (Bogotá: Ediciones Spiridon, 1988), 243. 35 Primer Periodo trabajo obligatorio, impuestos…p. 33
18Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2461 cita
[26]por los comunistas, aunque con tres variantes regionales claramente diferenciables: la del Tequendama, la del Sur del Tolima y la de Sumapaz. Diferenciables no solo por su particular experiencia histórica, sino también por el papel que acertada o equivocadamente les asignó el Partido Comunista en el marco general de…p. 246
19Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 761 cita
[27]de los migtantes de Jos años veinte volvie- ron al campo durante la Gran Depresión, no se puede determinar la magnitud de la corriente migratoria entre 1923 y 1930 con base en los censos de 1918 y 1936. 127 l28 HISTORIA DEL S!ND!CMJSMO EN COLOM!llA, tfi50·;Wl' de los campos petroleros y de la zona bananera, y habían…p. 76
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[29]se valieron de mecanismos como el uso de la fuerza policial al servicio de hacendados, en razón del carácter local que esta fuerza mantuvo hasta su nacionalización, en 1960 70. Contrario a lo definido por la Corte, El gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, ordenó a las autoridades de Sumapaz que actuaran bajo el…p. 47
21Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 2021 cita
[30]sobre todo en Cundinamarca y Tolima, donde había gran des haciendas cafeteras (Sánchez, 1977). También algunos candidatos del partido liberal y conservador trataron de aumentar sus caudales electorales respaldando las solicitudes de los invasores en algunas regiones; la pesca política se puso al día. 85 Dice LeGrand:…p. 202
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 311 cita
[37]medianas y pequeñas propiedades de San- tander bajo el sistema de aparcería; en las grandes haciendas de Cundinamarca se hizo bajo la con- tratación de arrendatarios; y en las explotaciones de Antioquia, por intermedio de los agregados, formas propias de la economía del siglo XIX. Último paso del proceso cafetero: el…p. 31
23El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 571 cita
[39]resto de la agricultura nacional, sufrió profundas trasformaciones tanto en su estructura tenencial, en sus formas de trabajo, como en el proceso de con- centración de la producción, que es típico para el resto de cul- tivos. Gráfico 1.3 Distribución de la superficie catv^tera. 1932 - 1954 y 1970 - Curva deLorenz. o…p. 57
24Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 180, 1872 citas
[40]1920 los cafeteros reunieron su primer congreso y formaron una federaci ó n en 1927, en un mo mento de altos precios y optimismo por una industria a la que ve í an gran futuro, aunque algunos riesgos, sobre todo por la agitaci ó n rural. Un a ñ o despu é s, la Federaci ó n de Cafeteros firm ó con el go bierno un…p. 180
[41]de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…p. 187
25Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2411 cita
[42]over landownership. In legal cases where landowners prevailed over tenants, and then proceeded to evict, owners were required to reimburse their former em- ployees for any improvements made during the time tenants had occupied the land. Should owners be unable to pay squatters for such improvements, ten- ants had the…p. 241
26Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 54, 2652 citas
[43]200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…p. 54
[45]preocupados por los últimos intentos nacionalistas conservadores en materia petrolera. Actuando bajo presión --primero por las difíciles condiciones económicas, fruto de la Gran Depresión, y segundo por el conflicto limítrofe con Perú--, Olaya hizo realidad cierta intervención del Estado en aspectos no sólo económicos…p. 265
27Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 211 cita
[44]títulos de las fincas superiores a 500 hectáreas eran sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante los jueces civiles en los años que siguieron a la Ley 200 de 1936 (Reyes Posada, 1976). Las adjudicaciones de baldíos durante el periodo liberal de 1930-1946 tendieron a corregir el sesgo a favor de las grandes…p. 21
28Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 224, 2432 citas
[46]programa de colonización patrocinado por el Gobierno, el Ministerio de Industrias reservó varios miles de hectáreas para una colonia en los municipios de Icononzo.y Cunday. En el decreto por medio del cual se estableció la colonia, el Ministerio estipulaba que todo el territorio dentro de los límites establecidos para…p. 224
[49]a que desafiaran a los propietarios, sembrando café en sus parcelas de subsistencia y negándose a trabajar en los campos del patrón. Aunque los comunistas decían que tales procedimientos eran <<tomas revolucionarias de tierra», el partido nunca puso en duda la legalidad de los títulos de propiedad de los hacendados.…p. 243
29When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 791 cita
[48]radicals were intimidating those who refused to join them) inter- fering with police) destroying property) and traveling through the EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:58 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 80 Chapter 3 cordillera…p. 79
30Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 2821 cita
[50]entrado en una franca lu- cha de clases, provocada no por los de abajo sino por las agudas contradiccio- nes que precipitan la agonía de la plu- tocracia de arriba» (13 de abril de 1935). En el mismo editorial, Valencia llama a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes. Como la UNIR, el PAN tenía…p. 282
31Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 cita
[53]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…p. 35