Ensayo · Constitución de 1991 · 1991–2002
Feminismo colombiano post-1991: territorialización, ONGización y violencia contra lideresas
Entre 1991 y 2016, el feminismo colombiano se enraizó en periferias en guerra —Barrancabermeja, Putumayo, Montes de María, Pacífico afrodescendiente— y simultáneamente se profesionalizó bajo el lenguaje de los derechos humanos y la cooperación internacional. La persecución sistemática de lideresas revela que ambos procesos coexistieron en tensión, y que la violencia contra mujeres con voz pública no fue daño colateral sino estrategia política de desactivación.
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La respuesta en breve
El feminismo colombiano no eligió entre territorialización y ONGización: ambos procesos operaron en paralelo y en tensión desde 1991. La parte políticamente más aguda del período provino de las periferias en conflicto —la OFP en Barrancabermeja, ASMUM en Puerto Caicedo, los procesos del Cauca, Anmucic y Amars en el Caribe—, organizaciones que construyeron identidad propia y resistieron tanto la cooptación armada como la absorción institucional. La violencia selectiva contra lideresas —amenazas, exilio, agresión sexual, destrucción de sedes— no fue exceso ni accidente: su patrón sistemático, documentado desde el Atlántico hasta La Guajira y el Magdalena Medio, delata una intención política de silenciar voces públicas femeninas percibidas como amenaza estructural.
Una posición sostiene que la inclusión formal de las mujeres en la Constitución de 1991 —lograda mediante el cabildeo de la Red Nacional de Mujeres ante la Asamblea Constituyente— coincidió con una pérdida del filo radical: la profesionalización posterior convirtió a las organizaciones en gestoras de proyectos dependientes de agendas internacionales, más eficaces jurídicamente y menos peligrosas políticamente. La posición contraria invierte el argumento: el filo político venía de las periferias en conflicto, no del centro académico ni institucional; la escisión de 1995 que dio origen a la Ruta Pacífica en Mutatá fue una fractura estructural entre un eje metropolitano-institucional orientado a la igualdad legal y un eje territorial-antibelicista orientado a denunciar la guerra, y organizaciones como la OFP o ASMUM nunca fueron filiales de un centro sino nodos con agenda propia. Un tercer eje de disputa concierne al liderazgo femenino agrario del Caribe: mientras una lectura lo presenta como difusión natural del feminismo, la evidencia apunta a que emergió en buena medida como respuesta contingente al asesinato de líderes varones, con un origen distinto al de la vanguardia urbana. Finalmente, la caracterización de la violencia contra lideresas divide a quienes la leen como exceso paramilitar o daño colateral y quienes, apoyados en el subregistro del 95% documentado por Sisma Mujer y en los picos de violencia sexual correlacionados con la expansión paramilitar en el Magdalena (2000-2005), la interpretan como instrumento político deliberado de desactivación de actoras emergentes.
Ensayo completo
La lectura
Territorialización y ONGización del feminismo colombiano post-1991
¿Se despolitizó el feminismo colombiano al institucionalizarse entre 1991 y 2016, o fueron las periferias en guerra las que sostuvieron su filo más agudo? La pregunta parece binaria y no lo es. Entre la promulgación de la Constitución de 1991 y la firma del Acuerdo Final en 2016, el feminismo colombiano hizo las dos cosas: se enraizó en periferias en guerra —Barrancabermeja, Puerto Caicedo, los Montes de María, el Pacífico afrodescendiente, el Cauca indígena— y se profesionalizó bajo el nuevo lenguaje de los derechos humanos, la cooperación internacional y las políticas de focalización de vulnerables. Territorialización y ONGización no fueron caminos alternativos sino procesos superpuestos. En medio de ambas, una tercera realidad se impuso con violencia calibrada: la persecución sistemática de lideresas —amenazas, exilio, asesinato, agresión sexual, destrucción de sedes— que no puede leerse como daño colateral, porque su selectividad delata intención.
¿Por qué importa responder esto con precisión? Por tres razones concretas. La primera fija responsabilidades. Si las lideresas asesinadas o exiliadas —Martha Cecilia Obando en Buenaventura; Yolanda Becerra, presidenta de la Organización Femenina Popular, amenazada en su apartamento por dos hombres encapuchados en Barrancabermeja; la presidenta departamental de Anmucic-Cesar exiliada; la lideresa indígena de Anmucic-La Guajira secuestrada— fueron blanco elegido y no víctima accidental, entonces el patrón de violencia contra mujeres con voz pública debe leerse como política, no como estadística. La segunda reordena la historia del feminismo colombiano: si el filo político venía de las periferias en conflicto y no de la academia metropolitana, se invierte el mapa habitual de la vanguardia. La tercera obliga a mirar de frente la ambivalencia de la Constitución de 1991 y de la cooperación internacional posterior a la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995: marcos que abrieron espacio y, al mismo tiempo, encauzaron ese espacio hacia formas domesticables de existencia política.
¿Es cierto que el feminismo colombiano se despolitizó al ONGizarse?
Conviene descartar de entrada esa tesis fácil. La ONGización recorrió los noventa y produjo efectos reales sobre el tono, los formatos y las alianzas del activismo por derechos humanos —el paso a un lenguaje desapasionado y a estándares jurídicos internacionales, el desplazamiento de la alianza explícita con programas de izquierda—, pero coexistió con la aparición o consolidación de organizaciones territoriales que hicieron exactamente lo contrario: politizar el cuerpo, el territorio y la guerra desde abajo. La respuesta correcta no elige entre las dos tendencias: reconoce que operaron en paralelo y en tensión, y que la violencia armada contra las lideresas es la evidencia de que la segunda —la territorial— fue percibida como amenaza estructural precisamente por no dejarse capturar del todo.
¿Cuáles son las posiciones en disputa?
Están en juego cuatro. La primera sostiene que la inclusión formal de las mujeres en el Estado colombiano —lograda vía la Asamblea Nacional Constituyente de 1990-1991, donde la Red Nacional de Mujeres coordinó el cabildeo— coincidió con una pérdida del filo radical. La Constitución de 1991 incorporó una carta amplia de derechos, creó la Corte Constitucional, universalizó la ciudadanía y añadió reconocimientos específicos para mujeres, indígenas y afrocolombianos; la tutela convenció a los colombianos de que sus derechos eran exigibles. El precio, según esta lectura, fue una profesionalización posterior de las organizaciones que las volvió gestoras de proyectos, dependientes de agendas internacionales, más eficaces jurídicamente y menos peligrosas políticamente.
La segunda posición invierte el argumento. El feminismo colombiano contemporáneo se construyó desde las periferias en conflicto y no desde el centro académico. La Ruta Pacífica de las Mujeres —nacida en 1995 como escisión de la Red Nacional de Mujeres en un encuentro celebrado en Mutatá, Urabá— fue el vehículo de esa reorientación: donde la Red apostaba por la igualdad política y legal, la Ruta apostó por denunciar el impacto de la guerra sobre las mujeres bajo la consigna "No parimos hijos e hijas para la guerra". Las organizaciones locales no eran filiales de una central bogotana. ASMUM en Puerto Caicedo mantuvo agenda propia. La Organización Femenina Popular en Barrancabermeja también. Los procesos de mujeres articulados al CIMA en el Cauca resistieron incluso la cooptación ideológica del feminismo externo. La Ruta funcionó como red descentralizada, con directiva en Bogotá pero decisiones colectivas de coordinadoras regionales.
La tercera posición se centra en la violencia. La agresión contra lideresas fue estrategia política específica de desactivación, no exceso ni daño colateral. La cuarta, complementaria, insiste en que el liderazgo femenino agrario del Caribe emergió en buena medida como respuesta contingente al asesinato de líderes varones —de la toma de tierras a la toma de decisiones—, lo que le da un origen distinto al de una difusión "natural" del feminismo urbano. Las cuatro posiciones tienen fundamento en el registro histórico. Ninguna lo agota.
¿Fue Beijing lo que instaló el feminismo en las periferias?
La Asamblea Nacional Constituyente fue el resultado de una convergencia extraordinaria: la desmovilización en 1991 del M-19, el Quintín Lame, el PRT y el EPL; la presión de sectores sociales por apertura democrática; y el cabildeo específico de organizaciones de mujeres, que perdieron algunas batallas frente a los constituyentes pero incorporaron protecciones que después servirían de base jurídica. La Red Nacional de Mujeres se formó justamente en ese proceso. Lo decisivo, sin embargo, es lo que pasó cuatro años después: en 1995, mujeres del Putumayo asistieron a la Conferencia de Beijing y, al regresar, se sumaron a las marchas cocaleras de 1996 y participaron en la fundación de la Ruta Pacífica en Mutatá.
El itinerario es significativo. No fue Beijing el que instaló el feminismo en Puerto Caicedo: fueron mujeres de Puerto Caicedo las que usaron Beijing —y Mutatá, y los encuentros posteriores en Medellín, Bogotá y La Habana— para traer a su región un vocabulario (no violencia, feminismo, pacifismo, antimilitarismo) que ellas politizaron localmente en medio de la marcha cocalera y de la llegada paramilitar a fines de los noventa. La dirección de la flecha importa. El lenguaje internacional no bajó a los territorios; los territorios subieron a buscarlo y lo devolvieron a casa con otra carga.
¿Cómo se resiste dos décadas de paramilitarismo desde una casa de tabla?
La Organización Femenina Popular nació en Barrancabermeja en 1972, impulsada por la Diócesis bajo el influjo de la Teología de la Liberación, como respuesta a la prostitución y la falta de oportunidades en los barrios nororientales. Cuando el paramilitarismo llegó al Magdalena Medio, la OFP tenía tras de sí más de dos décadas de trabajo barrial. Esa acumulación —no el marco constitucional, no la cooperación internacional— explica su capacidad de resistir. La organización denunció por radio y prensa las acciones paramilitares, ayudó a familias amenazadas a salir de la ciudad, buscó hijos desaparecidos y se negó a entregar sus sedes. Convirtió ollas comunitarias, llaves y casas en símbolos de resistencia.
Hombres identificados como miembros de las Autodefensas intentaron apropiarse de la Casa de la Mujer, exigieron las llaves y fijaron un ultimátum a las cuatro de la tarde con "el Comandante Freddy". En otro momento, un grupo armado llegó en un camión a la sede norte, cortó la luz, arrasó la casa —que era de tabla— y se llevó todo, dejando solo el piso descubierto. Una integrante de la OFP resumió lo que estaba en juego: la organización era, en su percepción, la única voz en el Magdalena Medio que expresaba públicamente por radio y prensa su rechazo a los grupos armados. La consigna paramilitar era silenciarla. Una tarde de noviembre de 2007, Yolanda Becerra abrió la puerta de su apartamento y se encontró con dos hombres armados y encapuchados.
¿Por qué el Caribe produjo un liderazgo femenino agrario propio?
Si en Barrancabermeja la resistencia se sostuvo sobre décadas de trabajo barrial urbano, en el Caribe la ecuación fue otra. Allí el vínculo entre violencia contra líderes varones y emergencia de liderazgos femeninos aparece con nitidez. Las lideresas de Anmucic sufrieron un patrón sistemático que recorrió el mapa completo de la organización: en el Atlántico la tesorera departamental fue amenazada y desplazada; en La Guajira una lideresa indígena fue amenazada, hostigada, desplazada y finalmente secuestrada; en el Cesar la presidenta departamental terminó exiliada. Los cargos atacados no eran subalternos ni intercambiables: eran nodos de coordinación regional.
En paralelo, las mujeres campesinas de la costa organizaron Amars —agregándole la "S" de Sucre—, con cultivos de plantas medicinales, cría de especies menores, huertas caseras y, después, tiendas comunitarias, con constitución consolidada en La Pelona, San Onofre. El asesinato de hombres en el conflicto propició que mujeres campesinas pasaran a ocupar lugares de liderazgo en el espacio público como reclamantes de derechos, en calidad de ciudadanas y de víctimas. Ciénaga, en el Magdalena, aparece como el municipio con mayor número de masacres registradas en años recientes y con el mayor número de violaciones sexuales entre 1997 y 2005. El Magdalena registró la cifra más alta de delitos contra la integridad y libertad sexual entre Atlántico, Cesar, Magdalena y La Guajira, con picos en 2000-2005 que correlacionan con la expansión paramilitar y disminuciones asociadas al proceso de desmovilización.
¿Qué revela el subregistro?
El subregistro de la violencia sexual alcanza el 95% de los casos reales. La cifra no es abstracta: significa que veinte de cada veintiuna violaciones no dejan huella en el archivo estatal. La violencia sexual contra mujeres campesinas tenía antecedentes en la Violencia de los años cincuenta, cuando las violaciones, torturas y mutilaciones cumplieron una función simbólica ligada al odio partidista, con víctimas elegidas de forma deliberada. En el conflicto reciente, el orden normativo paramilitar actuó como catalizador: desplazó los mecanismos de control social informal, desestructuró la autoridad comunitaria y familiar, y permitió a sus integrantes actuar sin límites contra las mujeres incluso cuando había normas internas que prohibían esos comportamientos.
La Fuerza Pública perpetró violencia sexual, especialmente contra mujeres indígenas en la Amazonía y el Putumayo, como mecanismo de castigo o señalamiento, y contra mujeres detenidas bajo el Estatuto de Seguridad en contextos de tortura. Desde la Octava Conferencia Nacional de las FARC-EP en 1993, niveles jerárquicos implementaron una política de control reproductivo sobre las mujeres de sus filas que no fue ni ocasional ni aislada. Los grupos armados posdesmovilización usaron la amenaza sexual como instrumento para despojar a mujeres campesinas de sus tierras y silenciar su liderazgo en procesos de restitución.
¿Cómo reconfiguró la cooperación internacional el terreno?
Si la violencia armada operó por eliminación, la ONGización operó por absorción. Menos brutal, más eficaz en el largo plazo. Las organizaciones de solidaridad que protestaban bajo la bandera de derechos humanos se transformaron en ONG bajo presiones y oportunidades de financiamiento internacional, con nuevos mandatos y reglas centradas en reportes objetivos y estándares legales. El tono desapasionado desplazó la alianza explícita con programas de izquierda; algunos activistas leyeron el proceso como despolitización del conocimiento sobre derechos humanos. Las políticas de focalización de grupos vulnerables visibilizaron a las mujeres campesinas y simultáneamente las relegaron a un papel doméstico, desconociendo su participación activa en luchas campesinas.
El Plan Colombia, aprobado en 2000, gastó millones de dólares en proyectos de desarrollo alternativo abandonados o intrascendentes; los programas de USAID socavaron la legitimidad del Estado y erosionaron la confianza pública en él. La investigación sobre la masacre de Bahía Portete —mujeres Wayuu— se produjo con respaldo del Instituto de Paz de Estados Unidos, asistencia técnica de la OIM, apoyo de UNIFEM y de British Columbia de Canadá: la cooperación no fue neutra, moldeó qué se investigaba y en qué términos.
¿Cómo se ordena entonces la respuesta?
El feminismo colombiano contemporáneo no se territorializó ni se ONGizó: hizo las dos cosas en paralelo, y la relación entre ambos procesos fue disputada, no complementaria. Los dos frentes de captura —el civil, mediante la profesionalización; el armado, mediante la eliminación selectiva— operaron sobre el mismo campo con lógicas distintas y grados variables de éxito.
La territorialización fue real y produjo la parte más políticamente aguda del período. La OFP en Barrancabermeja politizó el cuerpo en lo rural y en lo barrial. ASMUM articuló lo cocalero con lo antimilitarista en Puerto Caicedo. Los procesos del Cauca unieron género y guerra sin subordinarse al centro. Anmucic y Amars construyeron liderazgo agrario en el Caribe. La Ruta Pacífica funcionó como red que las conectaba manteniendo la identidad de cada nodo. Ninguna era filial de un centro; todas construyeron identidad propia y, cuando fue necesario, resistieron la cooptación ideológica del feminismo externo con la misma firmeza con que enfrentaron a los actores armados. La escisión de 1995 que dio origen a la Ruta no fue un accidente burocrático: fue una fractura estructural entre un eje metropolitano-institucional orientado a la igualdad legal y un eje territorial-antibelicista orientado al conflicto, y esa fractura recorre todo el período sin resolverse.
La ONGización también fue real y sí produjo efectos de captura. El tono profesionalizado, la dependencia de financiamiento, el vocabulario de vulnerables y beneficiarias, el desplazamiento de la alianza con la izquierda, la focalización que reducía a las campesinas a su papel doméstico: todo eso ocurrió y limitó los márgenes de lo decible. Pero llamar a este proceso "despolitización" es impreciso. Tradujo a formatos jurídicos y técnicos una parte del trabajo político —la parte más traducible—, mientras la otra parte, la irreductible, siguió operando en los territorios y pagó por ello el precio armado.
¿Por qué llamar política a la violencia contra lideresas?
Porque la selectividad es la prueba. No fueron atacadas mujeres cualesquiera: fueron atacadas presidentas departamentales, tesoreras, coordinadoras, voceras en radio y prensa, defensoras en procesos de restitución. La amenaza fue calibrada al rol público. La destrucción de la sede de la OFP no buscaba daño material sino desmontaje simbólico; el ultimátum de las cuatro de la tarde con el Comandante Freddy no era intimidación difusa sino demanda de rendición territorial; el patrón de amenaza sexual contra reclamantes de tierra en el posacuerdo no es exceso sino tecnología de despojo. Los actores armados —paramilitares principalmente, guerrillas, Fuerza Pública, grupos posdesmovilización— reconocieron en las voces femeninas públicas una amenaza al control territorial y simbólico, y respondieron en consecuencia. Que lo hicieran confirma, por reacción, que estas actoras eran percibidas como amenaza estructural y no como beneficiarias de programas.
¿Qué hicieron entonces la Constitución y Beijing?
Ni crearon el feminismo territorial colombiano ni lo domesticaron por completo. Le entregaron un lenguaje de derechos y una red de circulación que organizaciones periféricas usaron para politizar agendas propias que desbordaban los marcos institucionales. El Estado y la cooperación internacional capturaron parte de esa agenda por vías no violentas: la profesionalizaron, la volvieron gestionable, la relegaron al lugar de vulnerable. Los actores armados capturaron —o intentaron capturar— la otra parte por vía violenta: la que no se dejaba profesionalizar. Ambos procesos coexistieron durante todo el período y no se anularon mutuamente.
¿Es el liderazgo agrario del Caribe difusión o continuidad?
Ninguna de las dos cosas por separado. Es a la vez continuación de una tradición larga —el feminismo popular tiene raíces que se remontan a figuras como María Cano en los años veinte y a los procesos barriales de los setenta como la OFP— y respuesta contingente al vacío dejado por el asesinato de líderes varones. La sustitución forzada activó una capacidad organizativa que estaba latente, no ausente; la tradición popular preexistente hizo posible que esa sustitución no fuera meramente reactiva sino políticamente productiva. Por eso las organizaciones que mejor resistieron la violencia armada fueron las de acumulación territorial larga, no las de creación reciente al calor de la cooperación: lo que estaba en juego no era el acceso a un lenguaje internacional sino la densidad de un tejido local capaz de sostener a sus lideresas cuando la casa de tabla quedó reducida al piso descubierto.
¿Qué queda, entonces, cuando se leen juntos los tres frentes?
Queda una lectura acertada del adversario. Los actores armados leyeron correctamente lo que tenían enfrente: una capacidad de politización local que no cabía en los formatos de la cooperación ni en la retórica de la vulnerabilidad, y que por eso mismo constituía una amenaza al orden territorial que ellos pretendían imponer. La violencia fue la respuesta a esa lectura acertada. La medida del filo político de las lideresas colombianas no está en su reconocimiento constitucional ni en su presencia en congresos internacionales: está en la precisión con que fueron identificadas como blanco, y en la densidad del tejido que, aun así, mantuvo el piso —aunque fuera solo el piso descubierto— sobre el que volver a construir.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
42 documentos · 54 fragmentos de referencia01Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 128, 1292 fragmentos
[1]1991 y abrió un periodo de reformas en todos los órdenes del sistema político y socioeconómico. La Constitución disolvió los bloqueos que desde 1976 habían impedido reformar el régimen político; de manera tácita pero contundente, respondió a las demandas de “apertura democrática” que algunos sectores políticos y…
p. 128
[2]1991 y abrió un periodo de reformas en todos los órdenes del sistema político y socioeconómico. La Constitución disolvió los bloqueos que desde 1976 habían impedido reformar el régimen político; de manera tácita pero contundente, respondió a las demandas de “apertura democrática” que algunos sectores políticos y…
p. 129
02Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 fragmento
[3]a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…
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03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2741 fragmento
[4]firmadas y en parte incumplidas. Muchas de sus normas constitu í an una actualizaci ó n indispensable de una constituci ó n formalista, ya centenaria, convertida en obst á culo a la democracia: reemplaz ó a una constituci ó n que exist í a en buena parte en la medida en que su vigencia se suspend í a, de modo que se…
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04Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 911 fragmento
[5]la reforma de la Constitución reconoció a la mujer los mismos derechos políticos de los varones. Finalmente, en 1975 se reformó la Constitución con el fin de establecer que se es ciudadano colombiano a partir de los 18 años. La Constitución de 1991 solo determina cuándo se pierde o se suspende la ciudadanía y mantiene…
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05El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 56, 644 fragmentos
[6]de recursos naturales” (Bouley y Rueda, s.f.). 65 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) desmilitarizar sus territorios, también se organizaron en zonas humanitarias (Comisión Colombiana de Juristas, 2006).…
p. 64
[7]de recursos naturales” (Bouley y Rueda, s.f.). 65 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) desmilitarizar sus territorios, también se organizaron en zonas humanitarias (Comisión Colombiana de Juristas, 2006).…
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[41]por un lado, dialogaban para conseguir la paz, mientras que por el otro se fortalecían 57 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) en el plano militar (González, Bolívar y Vásquez, 2002). En el contexto de estas…
p. 56
[42]por un lado, dialogaban para conseguir la paz, mientras que por el otro se fortalecían 57 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) en el plano militar (González, Bolívar y Vásquez, 2002). En el contexto de estas…
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06Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 317, 3232 fragmentos
[8]F ARC estaría compuesto de mujeres. Sin embargo, son pocas las que logran escalar posiciones dentro de las estructuras militares, y cuando lo hacen, consideran, por lo general, que los feminismos son ideologías burguesas o por lo menos secundarias respecto a la confrontación de clases. Excepcionalmente, la Corriente…
p. 317
[24]los actores en armas 19. A partir del anterior panorama, se colige 17 Díaz, Sofía (2001), Memorias Audiencia Pública de las Mujeres. Economía y empleo, Bo- gotá: Red Nacional de Mujeres, pp. 3 y 133. 18 Ejemplo de esto son la Marcha del 25 de noviembre de 2003 al Putumayo, en el marco del día de la No Violencia contra…
p. 323
07Women's Writing in Colombia: An Alternative HistoryCherilyn Elston · 2016 · p. 195, 2432 fragmentos
[9]the local population. Consolidated as an organization shortly after, the Ruta Pacífica marked an important shift in the feminist movement in the country, reorienting the campaigns of the 1980s and early 1990s for women’s political and legal equality. As Doris Lamus narrates, the Ruta Pacífica emerged out of a split in…
p. 195
[51]violence, 27, 144 fascism, 78, 92, 122, 124 Felski, Rita, 5, 6, 78, 97, 98. See also nonsynchronicity feminine symbolic order, 32, 187, 193, 194, 215 236 INDEX feminism Chicana, 10, 228 and conflict, 24–30 French, 217n4, 224, 226 genealogies of, 13, 34n15, 92, 226 history in Colombia, 1, 230 inappropriate in Latin…
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08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 fragmento
[10]crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…
p. 94
09El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 3552 fragmentos
[11]asmum es el punto de referencia desde donde se promueven las actividades de la Ruta en la región, lo cual proyecta las activida- des de la Asociación municipal al nivel departamental. Vale la pena aclarar, como lo hace la Coordinadora Nacio- nal de la Ruta Pacífica, que en las regionales “cada organización mantiene su…
p. 355
[12]asmum es el punto de referencia desde donde se promueven las actividades de la Ruta en la región, lo cual proyecta las activida- des de la Asociación municipal al nivel departamental. Vale la pena aclarar, como lo hace la Coordinadora Nacio- nal de la Ruta Pacífica, que en las regionales “cada organización mantiene su…
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10Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1141 fragmento
[13]Después de ir en 1995 a Beijing e insertarse en las redes de mujeres a nivel nacional e internacional, participan en las marchas cocaleras de 1996. Ade- más, estas mujeres con la Asociación de Mujeres de Puerto Cai- cedo (ASMUN), van a un encuentro en Mutatá (Urabá) donde se crea La Ruta Pacífica de Mujeres, en…
p. 114
11Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 169, 1892 fragmentos
[14]de sus principales consignas que hasta hoy las acompaña: “No parimos hi jos e hijas para la guerra”. Esa frase ha sonado durante los 10 años que llevan moviéndose por las trochas, montañas y carreteras colom bianas. El ejercicio de emprender camino y acompañar a otras mujeres en desgracia fue tomando fuerza y en…
p. 189
[15]20 años, recién terminado su bachillerato, se empleó como secretaria de la misma parroquia y emprendió su camino en la OFP: “Apenas teníamos una oficina pequeñita que más parecía un cucurucho [una habitación di minuta] donde se hacían las cartas y las actas de las reuniones con las mujeres”. Hablar de ella es hablar…
p. 169
12En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 651 fragmento
[16]se llamó Unidad Dinamizadora del Progra- ma. A su sombra se formó la Organización Femenina Popular (OFP), (www.ofp.org.co). Eran tiempos violentos. La guerrilla dominaba el campo y el Ejército no, se atrevía a combatirla frontalmente. En Barranca, la insurgencia dictaba conferencias públicas y hacía mítines en las…
p. 65
13Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 3301 fragmento
[17]a esa comunidad en un camión grande, cortaron la luz y como era una casa de tabla, la arrasaron y cogieron todo y solo dejaron el piso descubierto, sin nada. En general nos hicieron muchas cosas. La consigna de ellos era que la OFP callara, pero las mujeres somos muy tercas y en ese entonces también organizadas.…
p. 330
14Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 2181 fragmento
[18]Y esa ha sido una construcción del proceso de mujeres desde el CIMA. Cooptar ideológicamente ese proceso desde el feminismo lo han confrontado las mujeres mismas 273. 271 CNMH-CIMA, conversatorio local de memoria municipio de El Bordo, Cauca, 18 de septiembre de 2015. 272 CNMH-CIMA, conversatorio local de memoria…
p. 218
15Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · p. 1401 fragmento
[19]in the country into a single network to act collectively in times of urgency. Each region where La Ruta has a presence has a group of coordinators. Teresa is one of the coordina - tors of Medellin, and she says that, “the decision making process is done col - lectively … there is a directive in Bogotá, but all the…
p. 140
16Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2651 fragmento
[20]suficientes, no alcanzan a reflejar la alarmante situación, dado que hay una gran mayoría de casos donde las mujeres no denuncian. En Colombia la violencia contra la mujer ha sido usada como un mecanismo de domina- ción y poder, en las modalidades de violencia de género sobresalen la violencia doméstica, la violencia…
p. 265
17¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 441 fragmento
[21]por el GMH en el departamento del Magdalena entre 1990 y 2005, 40 fue- ron perpetrados por grupos paramilitares (63,5%), 4 por las guerrillas (6,3%), 4 por miembros de la Fuerza Pública (6,3%), 1 por grupos pa- ramilitares y miembros de la Fuerza Pública (1,6%) y los 14 restantes no 109. Al respecto, consultar: Sisma…
p. 44
18Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5571 fragmento
[22]de colaborar con las insurgencias o las sospechosas de ser guerrilleras. La Comisión pudo constatar que los hechos más recurrentes se dieron hacia las mujeres detenidas en el marco del Estatuto de Seguridad, en contextos de tortura. Aunque como un fenómeno menos evidente, la Comisión también conoció casos de hombres…
p. 557
19Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 3701 fragmento
[23]partir de experiencias internacionales (como Etiopía, Su- dán, Sierra Leona y algunos países de Centroamérica), se ha podido inferir que los actos sexuales de carácter violento y sin consentimiento son riesgos inevitables en tiempos de guerra, convirtiéndose la violencia sexual en una forma de intimidar y silenciar,…
p. 370
20El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 3351 fragmento
[25]un continuum entre el orden patriarcal y el impuesto por el actor armado. Una consideración generalizada para estos casos es que el orden armado fue un catalizador de las violencias contra las mujeres, en especial las sexuales, toda vez que de no haber mediado la amenaza de las armas, no hubiera existido un escenario…
p. 335
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1511 fragmento
[26]los que la población civil enfrentó esas situaciones de manera pacífica, a través de procesos y asociaciones impulsados por ella misma. Las Fuerzas Militares violentaron a las mujeres –como también lo habían hecho los otros actores armados–, especialmente a las indígenas, muchas veces como un meca- nismo de castigo o…
p. 151
22La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 3471 fragmento
[27]cifra más alta de los cuatro departamentos. En La Guajira los eventos crecen a partir de 2000 y el pico se presenta en 2002, como en el Magdalena. Si bien se presentan algunos matices con respecto al comportamiento del fenómeno entre 2003 y 2005, es claro que 2000 marcó el punto de cre- cimiento de estos hechos…
p. 347
23Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 3811 fragmento
[28]de haber pasado por varios de estos casti- gos “si no se corrigen”, los y las asesinan. Son varios los casos en que las mujeres jóvenes o adultas, son asesinadas después de torturas crueles: arrodillamientos para obligarlas a pedir perdón, corte de sus senos, introducción de objetos en su vagi- na, descuartizamiento…
p. 381
24La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 631 fragmento
[29]me tocó dejar todo allá cuando me vine con mis hijos que porque ellos me amenazaban que me iban hacer el mal, que me violaban y que se iban a meter con mis hijos (…) De ahí para acá mi vida ha sido terrible, ha sido de amenazas y amenazas, persecución y amenazas (CNMH, Esther, mujer adul- ta, Magdalena, 2015). La…
p. 63
25Violencia Sexual, Conflicto Armado y Justicia en ColombiaClaudia Cecilia Ramírez Cardona (coord.); Andrea González Rojas; Constanza Clavijo Velasco; Carmen Alicia Mestizo Castillo; Belén Pérez González · 2007 · p. 1081 fragmento
[30]de duelo y hago curas con plantas. La niña desde que la violaron no comía, lloraba, y la llevaron donde el “tayta"para la limpieza de "yagé" (bejuco que se cocina con otras plantas para curar) 25 de mayo de 2000 B O G O T Á Jineth Bedoya, periodista del diario E l Espectador de Bogotá, fue secu estrada por tres…
p. 108
26Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 1231 fragmento
[31]las ciudades y el desplazamiento de campesinos a otras zonas de su misma filiación partidista, hasta llegar a homogeneizar políticamente a veredas y regiones. (Sánchez y colaboradores 1984 p. 38). En esta Violencia clásica del 1950, la mayor parte de los enfrentamientos se llevaron a cabo entre la población civil y…
p. 123
27Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 961 fragmento
[32]dos hombres que se identificaron como miembros de las “Autodefensas” llegaron a la Casa de la Mujer de la Orga- nización Femenina Popular ubicada en la calle 42 No. 61-66 Barrio Prado Campestre exigiendo a las mujeres que atendían el comedor Popular, en- tregarles las llaves de la casa porque las necesitaban. Ante la…
p. 96
28«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 851 fragmento
[33]tiros a Martha Cecilia Obando, conocida como «Doña Chila», en el barrio de San Francisco de Asís de la localidad de Buenaventura, en el departamento del Valle del Cauca. Martha Cecilia Obando era presidenta de la Asociación de Mujeres Desplazadas (ASODESFRAN) y miembro de la Red Local Madres por la Vida, iniciativa…
p. 85
29Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7251 fragmento
[34]con su hijo y hermano, el 5 de agosto de 1989 2476. Más adelante hubo allanamientos, amenazas y el desplazamiento forzado de la tesorera departamental de Anmucic-Atlántico; amenazas, hostigamien- tos, desplazamiento forzado y secuestro de una de la lideresa indígena de Anmucic-La Guajira en 2003; y amenazas,…
p. 725
30La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3901 fragmento
[35]de las mujeres y su rol social. Algunas que habían logrado abrirse un espacio en escenarios políticos y profesionales a mucho pulso, así como en los procesos sociales a los que habían dedicado su vida, se ven enfrentadas a que nada de eso existe en este nuevo escenario adonde llegaron. Si bien existen países donde las…
p. 390
31Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 1971 fragmento
[36]de líderes y lideresas La persecución, el desplazamiento y el asesinato de líderes po- líticos y comunitarios generaron un daño colectivo que se expresa en la desestructuración de las apuestas políticas, pero también de la capacidad organizativa de la comunidad. En la medida en que el terror se convirtió en el medio…
p. 197
32La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 313, 3172 fragmentos
[37]Al iniciar la década de los noventa, mediante las políticas de focalización de grupos considerados como vulnerables y con el 203 Ver Anuc-Ur (1987) Op. Cit::100 204 Ibídem: 60 205 Testimonios Mujeres adultas campesinas/desplazadas/líderes, Taller de memo- ria, Coveñas, septiembre de 2009. La tierra en disputa 319…
p. 317
[45]otros lugares del país como los de la zona cafetera. Pero las mujeres campesinas de la costa Caribe, en pro de su autonomía, le agregaron la letra «S» –de Su- cre- al nombre de la organización, con lo que se denominó Amars, cuya constitución se consolidó a finales del mismo año en la Pelo- na (San Onofre). En Amars…
p. 313
33Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 363, 3692 fragmentos
[38]and coca paste for the illegal drug trade for the international market. 2 Beginning in the 1970s, the profits of dramatically expanded coca cultivation brought thousands of small farmers into the region, who created villages and began organizing to secure state services such as roads, schools, and health centers. 3 By…
p. 363
[40]and brutality but also regulating public space, individual comportment, and interpersonal relationships. 15 Plan Colombia, a U.S. package passed in 2000, funneled funding into newly created Colombian military counternarcotics battalions to operate in the region, as well as expanding the area sprayed by chemical…
p. 369
34Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 1261 fragmento
[39]solidarity groups that had organized under the human rights banner to protest the persecution of their members and allies became NGOs in the 1990s. 1 Activists responded to the pressures and opportunities created by the shifts within Colombia’s political landscape and funding and training offered by international…
p. 126
35La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 91 fragmento
[43]Social y la Cooperación i nternacional. Sin el generoso respaldo del i nstituto de Paz de Estados u nidos (u ni- ted States i nstitute of Peace - u S i P), y la asistencia técnica de la Organización i nternacional para las Migraciones (O i M) esta in- vestigación, con su dimensión participativa, no hubiese podido…
p. 9
36Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 801 fragmento
[44]tanto a las comunidades como a actores institucionales para construir propuestas de trabajo conjunto encaminadas a fomentar condiciones de desarrollo y paz en las regiones, acompañando diversas expresiones ciudadanas de mujeres, jóvenes, indígenas, campesinos, iglesias y afrodescendientes, entre otras. Rostros de la…
p. 80
37Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 128, 1322 fragmentos
[46]a raíz del asesinato de los hombres en el marco del conflicto, ellas pasan a un lugar de liderazgo en el espacio público como reclamantes de derechos, no sólo en su calidad de ciudadanas sino también de víctimas del conflicto. La reconstrucción de la vida de Margarita –con sus vicisitudes y alegrías– sigue un orden…
p. 128
[47]maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…
p. 132
38Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4552 fragmentos
[48]distintos informes- por lo regular ha sido la mayor o una de las mayores responsabilidades la que recayó en el paramilitarismo, y la que aún recae en los grupos posacuerdos con las AUC. Así, en general la actuación de este tipo de grupos continua - ba comprometida con la actuación violenta contra las mujeres, ataques…
p. 455
[49]distintos informes- por lo regular ha sido la mayor o una de las mayores responsabilidades la que recayó en el paramilitarismo, y la que aún recae en los grupos posacuerdos con las AUC. Así, en general la actuación de este tipo de grupos continua - ba comprometida con la actuación violenta contra las mujeres, ataques…
p. 455
39Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 3751 fragmento
[50]ellas estuvie- ran ahí porque las iban a matar por ellas. Así mismo pasó en los noven- ta… ellas, digamos, o las que tenían hijos se sentían señaladas por los hijos, acusadas por los hijos, insultadas. Y muchas de ellas, es la fecha que no dicen que son desmovilizadas, por temor al señalamiento. (CNMH-DAV, MNJCV, CV,…
p. 375
40Born of War in Colombia: Reproductive Violence and Memories of AbsenceTatiana Sanchez Parra · 2024 · p. 591 fragmento
[52]from the global north; it is a diverse movement that works together to advance reproductive justice issues within patriarchal, colonial, and capitalist systems. Since the 1980s, Latin American feminisms have worked toward interna - tionalizing the movement through the development of regional collaboration and agendas.…
p. 59
41Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 1071 fragmento
[53]la historia y el conocimiento, sino también interrogar al pensamiento feminista y de género de manera constante. Solo de este modo se le puede brindar a la sociedad colombiana una herramienta pertinente para enten- der el lugar que tuvo el género en las dinámicas del conflicto armado y construir un país que acoja la…
p. 107
42Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2701 fragmento
[54]tema de la paz y los derechos humanos. Las tácticas de estos movi- mientos no siempre se describen como políticas, ni se incluyen dentro de los análisis académicos, ni se les brinda la atención que otros movimientos sociales reciben. Los procedimientos de organización, de movilización de recursos, de reclutamiento y…
p. 270