Movilización agraria y conflictos por la tierra en Sumapaz, Tolima y Cundinamarca (1934–1936)
Entre 1934 y 1936, arrendatarios y colonos de las haciendas cafeteras del oriente colombiano protagonizaron una de las movilizaciones campesinas más intensas del siglo XX, apoyándose en una sentencia de la Corte Suprema de 1926 para reclamar como baldíos los predios que ocupaban. El ciclo culminó con la Ley 200 de 1936, que resolvió la crisis de títulos a favor de los grandes propietarios y fijó los límites del reformismo liberal frente al latifundio.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1934–1936
- Dónde
- Sumapaz, Tolima, Cundinamarca, Viotá, Villarrica, Fusagasugá, Pandi, San Bernardo, Pasca, Icononzo, Cunday, Cabrera
- Protagonistas
- Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán, Erasmo Valencia, Juan de la Cruz Varela, Eduardo Zuleta Ángel, Francisco José Chaux, Raúl Eduardo Mahecha, Partido Comunista de Colombia (PCC), Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR), Partido Agrario Nacional (PAN), Corte Suprema de Justicia de Colombia, Ministerio de Industrias de Colombia
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El sistema de arrendamiento con trabajo obligatorio en las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima, que prohibía a los arrendatarios sembrar café en sus parcelas y comercializar libremente sus productos, los confinaba a la subsistencia y los excluía de los beneficios del auge cafetero de los años veinte.
- La sentencia de la Corte Suprema de Justicia de 1926, reiterada en 1934, que exigió títulos originales de concesión estatal para acreditar la propiedad privada —la llamada 'prueba diabólica'—, abrió una crisis jurídica que permitió a arrendatarios y colonos reclamar como baldíos los predios que ocupaban.
- Un decreto del Ministerio de Industrias que reservó tierras para una colonia en Icononzo y Cunday, al estipular que todo el territorio se consideraría baldío salvo prueba en contrario, detonó invasiones en masa y la negativa generalizada a pagar obligaciones laborales.
- La escasez relativa de fuerza de trabajo libre en los años veinte, agravada por la demanda de obras públicas, presionó el vínculo obligacional de las haciendas y contribuyó al estallido de conflictos entre arrendatarios y propietarios.
- La organización campesina impulsada por el Partido Comunista, la UNIR gaitanista y el PAN de Erasmo Valencia, que canalizaron el descontento rural mediante ligas agrarias, estrategias legales y movilización política en Sumapaz, Cundinamarca y Tolima.
Consecuencias
- La promulgación de la Ley 200 de 1936 bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo, que resolvió la crisis de títulos sustituyendo la exigencia del título original por la demostración de destinación económica productiva, saneando así la situación jurídica de los grandes propietarios y entregándoles un plazo para expulsar a los ocupantes.
- El reconocimiento implícito de los límites del reformismo liberal: la Ley 200 favoreció al propietario individual sobre la Nación y sobre los colonos, frustrando las expectativas de redistribución agraria que había generado la movilización campesina.
- La consolidación de Sumapaz como epicentro de la resistencia agraria colombiana, con liderazgos como el de Erasmo Valencia —elegido diputado a la Asamblea de Cundinamarca en 1935— y Juan de la Cruz Varela, cuya influencia se prolongaría en décadas posteriores.
- El empleo sistemático de violencia privada por parte de los hacendados —soltar ganado en parcelas, confiscar productos, cortar agua y caminos— y el respaldo de las autoridades departamentales a los propietarios, que prefiguraron los métodos de desalojo que marcarían el conflicto agrario colombiano.
- La politización del campesinado del oriente colombiano y la competencia organizativa entre el PCC, la UNIR y el PAN, que sentaron bases para la movilización rural de las décadas siguientes y, en lugares como Viotá, transformaron gradualmente la estructura de tenencia de la tierra.
La clave interpretativa
Por qué importa
La movilización agraria de 1934–1936 en Sumapaz, Tolima y Cundinamarca es el momento en que la presión campesina forzó al Estado colombiano a legislar sobre la propiedad rural, pero también el momento en que quedó demostrado que el reformismo liberal tenía como techo la integridad del latifundio. La Ley 200 de 1936, presentada como reforma agraria, resolvió la crisis de títulos del lado de los terratenientes y dejó sin respuesta la demanda de tierra de colonos y arrendatarios, sembrando las condiciones del conflicto rural que marcaría el resto del siglo XX. El ciclo revela, además, cómo una sentencia judicial puede convertirse en arma política y cómo el Estado puede actuar simultáneamente como árbitro y como parte en los conflictos por la tierra.
Desarrollo histórico
La historia completa
Movilización agraria y conflictos por la tierra en Sumapaz, Tolima y Cundinamarca (1934–1936)
Entre 1934 y 1936, las haciendas cafeteras del oriente colombiano fueron el escenario de una de las movilizaciones campesinas más intensas del siglo XX. Arrendatarios que durante décadas habían trabajado obligados en los cafetales de sus patrones dejaron de pagar sus jornadas, sembraron café en parcelas donde tenían prohibido hacerlo y, en un giro que trastocó el orden agrario, se declararon colonos de tierras públicas al amparo de una sentencia de la Corte Suprema de Justicia. El desenlace fue la Ley 200 de 1936, promulgada bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo, presentada entonces como reforma agraria y recordada después como el techo de un reformismo que resolvió el problema de los títulos del lado de los grandes propietarios y les entregó una década para expulsar a los ocupantes. El ciclo dejó al descubierto el nervio movilizador del campesinado del Sumapaz y del oriente del Tolima, y también la capacidad del latifundio para recapturar la ley que amenazaba con desplazarlo.
El mundo de la hacienda cafetera antes de la tormenta
Las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima se consolidaron en la segunda mitad del siglo XIX sobre una fórmula pragmática: como los propietarios carecían de dinero en efectivo para pagar salarios, aseguraron la fuerza de trabajo mediante el arrendamiento, la aparcería y otras formas de tenencia. Al arrendatario se le entregaba una parcela de pan coger a cambio de que trabajara un número determinado de días al año en los cafetales del hacendado. El rango exacto variaba según el tamaño de la parcela, la calidad del suelo, su localización y las prácticas de cada finca, pero el principio no cambiaba: la tierra se pagaba con trabajo, no con dinero.
Sobre esa obligación central se apilaban otras. Al arrendatario le estaba prohibido, en la mayoría de los casos, sembrar café en su parcela o comercializar libremente sus productos: debía contentarse con cultivos de subsistencia. Respondía además por multas, jornadas de trabajo subsidiario para caminos y funciones de policía rural. No controlaba el producto de su tierra, no podía comerciar café, y su propio tiempo estaba prendado a la hacienda. Su participación en el mercado libre —de trabajo y de bienes— quedaba reducida al mínimo.
El sistema, viable mientras la mano de obra abundaba y el café no valía lo que después valdría, empezó a resquebrajarse en los años veinte. Las obras públicas del quinquenio conservador absorbieron un número significativo de trabajadores, encarecieron el jornal libre y presionaron el vínculo obligacional. Y el auge cafetero volvió intolerable la restricción: los arrendatarios veían cómo el grano se vendía a precios altos mientras a ellos les estaba prohibido sembrarlo. Desde mediados de la década, la reivindicación de sembrar café en las parcelas se convirtió en bandera de la protesta y en un cuestionamiento directo al régimen de hacienda, que los excluía del auge y los confinaba a la agricultura de sustento. A esa demanda se sumaron la libre movilidad de los productos, la conmutación de la obligación de trabajo por una renta en dinero o en especie, la reducción de multas y la fijación de condiciones para el desalojo y el pago de mejoras. Hacia finales de los años veinte, en Viotá y en el Sumapaz coexistían un régimen de tenencia premoderno y un negocio cafetero que se modernizaba a toda velocidad.
La sentencia de 1926 y la prueba diabólica
El detonante jurídico llegó desde un lugar inesperado. En 1926, la Corte Suprema de Justicia estableció que quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos remontados a una concesión original de la Corona o de la República. La doctrina, lógica en apariencia, resultó devastadora en la práctica: gran parte de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se había originado en usurpaciones de tierras públicas, y para muchos hacendados era imposible acreditar el acto original por el cual la tierra había salido del Estado. Los propios juristas bautizaron la exigencia como prueba diabólica.
El magistrado Eduardo Zuleta Ángel explicó ante la Cámara de Representantes, en diciembre de 1935, que casi todas las tierras habían sido otorgadas por la Corona sin ninguna noción de agrimensura, y que era muy difícil encontrar un palmo de territorio colombiano sin que surgiera algún título colonial disputado cuando un colono tenía interés económico en él. La descripción, hecha desde el estrado, resumía el estado de un país cuya propiedad rural se sostenía menos en documentos que en la costumbre y el poder local.
La Corte reiteró su doctrina en 1934, prolongando la incertidumbre. Y entonces, un decreto del Ministerio de Industrias reservó tierras para una colonia en los municipios de Icononzo y Cunday, en el oriente del Tolima, y estipuló que todo el territorio dentro de esos límites se consideraría baldío salvo que los propietarios exhibieran títulos originales conforme a la sentencia. Los arrendatarios entendieron rápido lo que aquello significaba. Si la tierra que trabajaban era baldía —porque nadie podía probar que hubiera dejado de serlo—, ellos no eran arrendatarios sino colonos, y las obligaciones que pagaban a los patrones eran un cobro indebido sobre tierras del Estado.
Las invasiones estallaron. En varias fincas cafeteras de Icononzo y Cunday, los ocupantes se proclamaron colonos y se produjeron ocupaciones en masa. El fenómeno se extendió: Sumapaz, otras regiones de Cundinamarca, el norte del Valle del Cauca y distintos puntos del Tolima vieron cómo arrendatarios y colonos dejaban de pagar obligaciones y alegaban la propiedad de sus parcelas apoyándose en la jurisprudencia de 1926. Un observador de la época estimaría después que si el proyecto de reforma agraria elaborado en 1933 bajo el gobierno de Enrique Olaya Herrera hubiera sido convertido en ley, más de las tres cuartas partes de la propiedad privada en Colombia habrían revertido a la Nación. La cifra, verosímil o no, indicaba la magnitud del terremoto jurídico.
Sumapaz: colonos, ligas y liderazgos
El Sumapaz —franja que abraza el sur de Cundinamarca y desciende al oriente del Tolima, con Fusagasugá, Pandi, San Bernardo, Cabrera, Pasca, Icononzo, Cunday y Villarrica como puntos de referencia— fue el epicentro del ciclo. Allí, los conflictos agrarios de los años veinte y treinta habían tenido rasgos propios, y el liderazgo se organizó en torno a dos figuras que representaban tradiciones distintas.
Erasmo Valencia, señalado por un funcionario gubernamental como uno de los principales organizadores comunistas del campesinado en la cordillera, era en realidad una figura difícil de encasillar. Dirigentes del Partido Comunista lo caracterizaron con ambivalencia notable: unas veces como dirigente anarquista, otras como luchador antilatifundista con concepción legalista y prejuicios anti-comunistas. Valencia dirigía el Partido Agrario Nacional (PAN), cuyas bases estaban entre los colonos del movimiento agrario. En octubre de 1935, el PAN eligió concejales en Fusagasugá, Pasca, San Bernardo y Pandi, y ese mismo año Valencia fue elegido diputado a la Asamblea de Cundinamarca para el período 1935-1936, desde donde propuso ordenanzas como la prohibición del concierto de personas, figura que penalizaba y controlaba el vagabundeo rural y que era palanca habitual de coacción laboral. Valencia nunca tomó las armas, aunque la memoria oral de excombatientes lo recordaría después como referencia de las luchas campesinas.
Junto a él emergió Juan de la Cruz Varela, cuyo protagonismo se desplegaría plenamente en los años posteriores. Los dos mantuvieron relaciones con Jorge Eliécer Gaitán, cuya Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR) organizaba ligas campesinas en las mismas haciendas donde competía el Partido Comunista. Las estrategias eran opuestas: las ligas uniristas recurrían al sistema legal —memoriales, abogados, hojas sueltas—, mientras el Partido Comunista prevenía a sus afiliados contra el recurso a las autoridades nacionales. Ambos aspiraban a organizar la misma base y ambos encontraban en los colonos del Sumapaz su sostén natural. La competencia entre organizadores no fue accesoria: definió el modo en que la protesta se canalizó y las formas concretas de resistencia frente a los desalojos.
Del lado de las autoridades departamentales, la reacción fue temprana y explícita. Ya en 1931, el secretario de gobierno del Tolima realizó una visita personal al oriente del departamento y elaboró un extenso informe en el que analizó la relación entre las invasiones y el decreto de colonización de 1928, y señaló que los colonos se amparaban en él para reclamar tierras como baldíos. El informe cerraba con un discurso anticomunista que denunciaba a organizadores como Valencia y advertía que los campesinos leían el periódico radical Claridad. La postura era clara: los ocupantes eran agitados, los propietarios debían ser defendidos.
La violencia de los desalojos
En Cundinamarca, el gobernador ordenó a las autoridades de Sumapaz actuar bajo el supuesto de que toda la tierra en esa región era propiedad privada, contradiciendo abiertamente la postura de la Corte Suprema, y dos departamentos suministraron refuerzos de policía a los hacendados. Los métodos de expulsión no eran los del pleito civil sino los del hostigamiento cotidiano: los hacendados tiraban semillas de pasto en las parcelas de los colonos y soltaban ganado sobre los sembrados de pan coger, confiscaban productos en camino al mercado, cortaban puentes, cerraban fuentes de agua y clausuraban caminos.
Cada acción tenía una lógica precisa. El pasto convertía la parcela en potrero y borraba la huella del cultivo, argumento clave si un juez venía a mirar. El ganado suelto arruinaba la cosecha. La confiscación en los caminos rompía la incipiente autonomía comercial que los colonos empezaban a ejercer. Cortar el agua o el paso volvía inhabitable la tierra sin necesidad de firmar un desalojo. Frente a esa presión, la resistencia campesina se organizó en torno a la ocupación efectiva: sembrar, permanecer, negarse a pagar obligaciones, reclamar como colono lo que hasta ayer se ocupaba como arrendatario.
El propio Estado central tomó nota de la magnitud del problema. La Memoria de Industrias de 1933, elaborada por Francisco José Chaux, documentó conflictos entre herederos de títulos coloniales y colonos que consideraban baldías unas 300.000 hectáreas situadas en Bogotá, Usme, Pandi, Cunday, San Martín y La Uribe. El gobierno intentó comprar varios de los terrenos en litigio, incluidas la hacienda Doa, en Pandi, y el propio Sumapaz. La compra de tierras en conflicto era, en el fondo, una confesión: el Estado reconocía que la disputa jurídica había superado la capacidad ordinaria de dirimirse en los tribunales.
La Revolución en Marcha entra en escena
Alfonso López Pumarejo asumió la presidencia en 1934 con un programa que se autodenominaba Revolución en Marcha y que se articulaba en torno a tres ejes: reforma tributaria, reforma agraria y democratización de la educación. Su primer gabinete rompió con la iconografía del liberalismo tradicional: Alberto Lleras a los 28 años, Darío Echandía, Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral —todos menores de 38 años, todos intelectuales jóvenes, sin los grandes líderes históricos del partido. La sola composición del gabinete señalaba una intención: el liberalismo llegaba al poder decidido a modernizar el país por vías institucionales, y el problema agrario ocupaba el centro de esa agenda.
Seis años antes había ocurrido, sin embargo, un episodio que marcaba el umbral de tolerancia del sistema y que ningún reformista podría ignorar. La United Fruit Company había establecido un enclave entre Ciénaga y Fundación, y para 1921 era dueña del 59% de la tierra productiva e improductiva de la región. Su monopolio hacia 1928 combinaba el control del ferrocarril y del transporte marítimo, la quiebra y compra de pequeñas empresas bananeras, el acaparamiento de tierras y un sistema de contratistas intermediarios que enganchaban a los trabajadores y desdibujaba la relación laboral directa con la compañía. A los jornaleros se les pagaba en vales canjeables únicamente en los comisariatos de la propia empresa, mecanismo que perjudicaba al trabajador y excluía al comerciante local.
La Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena, fundada en 1925, había agrupado a asalariados y colonos —porque la expansión bananera había expropiado a campesinos que fungían también como reserva laboral—, con influencia inicial anarcosindicalista y luego del Partido Socialista Revolucionario. Raúl Eduardo Mahecha organizó a los trabajadores y el 11 de noviembre de 1928, en reunión de la USTM, se decidió la huelga. El pliego incluía seguro colectivo, pago semanal en dinero, servicios sanitarios, vivienda y compensación por accidentes laborales: reivindicaciones que revelaban por omisión lo que la compañía no cumplía.
El gobierno de Miguel Abadía Méndez declaró el estado de sitio en la zona bananera el 5 de diciembre de 1928 y militarizó la región bajo el mando del general Carlos Cortés Vargas. En la madrugada del 6 de diciembre, Cortés Vargas ordenó disparar contra una multitud concentrada en Ciénaga. El número de muertos quedó indeterminado y disputado desde el primer día: Mahecha reportó alrededor de mil, el propio general reconoció 47 —cifra ya sin precedentes en un conflicto laboral colombiano—. No hubo responsabilidad política ni penal efectiva por los hechos; el gobierno actuó en defensa de los intereses de la UFC y los huelguistas fueron objeto de represión posterior.
La masacre fijó un precedente que pesó sobre el gobierno de López desde el primer día. El Estado colombiano había demostrado que podía reprimir sin coste jurídico cuando los intereses afectados eran suficientemente poderosos. Los conflictos cafeteros del oriente se desplegarían sabiendo eso, y el gobierno que los enfrentó en 1934 tendría presente que la vía de Cortés Vargas seguía disponible, aunque a un costo político mayor para un régimen que se presentaba como reformador. Ese cálculo pesó en el modo en que se administró la violencia contra los colonos del Sumapaz: con pasto y ganado, no con fusilamientos frente a una plaza.
La presión desde el campo llegó rápido. En 1934, un grupo de terratenientes dirigió al presidente una carta pidiendo represión armada contra los campesinos ocupantes. López respondió el 6 de septiembre con un lenguaje que, según recordarían testigos, ningún mandatario colombiano había utilizado antes: esbozaba una actitud gubernamental que no aceptaba el uso automático de la fuerza pública en favor de la propiedad. Cuatro días después, el 10 de septiembre, el ministro de Gobierno Darío Echandía presentó a la Cámara proyectos de reforma constitucional sobre la propiedad y la intervención del Estado en la economía, y al Senado proyectos sobre límites y derechos de extranjeros. El gobierno señalaba que se disponía a legislar sobre lo que hasta entonces se dirimía en el monte y en el juzgado municipal.
Los terratenientes organizaron sucesivamente la Liga Nacional para la Defensa de la Propiedad y el Sindicato Central de Propietarios y Empresarios Agrícolas para hacer frente a los conflictos y oponerse a las políticas del gobierno. La resistencia no venía solo de fuera del Partido Liberal: la elección de López no había significado la derrota de la facción terrateniente dentro del partido, que era y siguió siendo una alianza de clases que incluía a terratenientes tradicionales junto a sectores radicales, clase media urbana y burguesía industrial. La reforma agraria debía negociarse tanto contra el conservatismo como contra los propios copartidarios del presidente.
El trámite de la reforma constitucional se extendió: los proyectos se habían presentado desde septiembre de 1934, la legislatura de 1935 contó ya con un parlamento homogéneamente liberal, y el debate agrario avanzó en ese contexto. En diciembre de 1935, ante la Cámara, Zuleta Ángel explicaba por qué la doctrina de los títulos originales había resultado impracticable. La ley que la sustituiría estaba en camino.
La Ley 200 de 1936: qué resolvió y a favor de quién
La Ley 200, promulgada en 1936, hizo cuatro cosas. Resolvió el problema de la prueba diabólica al vincular en adelante la acreditación de la propiedad a la destinación económica del predio, y no a la exhibición de un título remontado a la Corona o a la República. Introdujo una prescripción adquisitiva abreviada para colonos: quien demostrara haber explotado económicamente un predio durante cinco años de buena fe adquiriría derecho al dominio, reduciendo un plazo que en ese contexto era de treinta años. Estableció que los predios rurales cuyo propietario no les diera destinación económica revertirían al Estado al cabo de diez años. Y otorgó a los grandes propietarios ese mismo plazo de diez años para explotar sus predios en forma capitalista.
Enunciados así, los cuatro puntos parecen componer una reforma agraria de talante distributivo. El articulado en conjunto dice otra cosa. La sustitución de la prueba de títulos por el criterio de destinación económica resolvió, en la práctica, la distinción entre propiedades privadas y baldíos del lado de los terratenientes: el gran propietario que no podía exhibir un título colonial ahora solo debía mostrar que su tierra estaba en uso. La cláusula de reversión al Estado por falta de explotación nunca se aplicó. La prescripción para colonos, por su parte, se enfrentó de inmediato al hecho de que muchos hacendados, ante el riesgo de que los ocupantes reclamaran derechos sobre sus tierras al amparo de la nueva ley, procedieron a expulsar a colonos y arrendatarios, y produjeron paradójicamente el efecto contrario al que la norma prometía.
Para cumplir el requisito de explotación económica sin exponerse a reclamaciones, numerosos propietarios recurrieron a la ganadería extensiva. El decreto reglamentario establecía que bastaba una cabeza de ganado mayor por hectárea en tierras de buena calidad, o tres hectáreas por cabeza en terrenos de calidad inferior, salvo circunstancias excepcionales. La medida convirtió la ley en un incentivo para expulsar ocupantes y llenar de reses las haciendas: donde había familias sembrando maíz y yuca aparecieron potreros vacíos, económicamente explotados según el papel y despoblados en la realidad.
El cumplimiento local terminó de vaciar la reforma. Los terratenientes controlaban los gobiernos municipales, la policía y los jueces de distrito, y desde ahí pudieron burlar la Ley 200 y ofrecer interpretaciones alternativas de sus disposiciones. La incapacidad del Estado central para hacer cumplir su propia ley se mostró como el otro rostro del reformismo: la norma se escribía en Bogotá y se ejecutaba —o se desactivaba— en las alcaldías del Sumapaz y el Tolima.
La ley logró, eso sí, frenar temporalmente el malestar. Se entregó un pequeño porcentaje de las tierras en conflicto, se saneó la situación de un grupo de colonos y se instaló la percepción de que el problema agrario estaba siendo atendido por el Estado. La Ley 200 fue una medida del sector liberal que buscaba estimular la productividad, dar seguridad jurídica y frenar el malestar social en los campos; sus resultados fueron contradictorios porque las tres cosas apuntaban en direcciones distintas y el equilibrio interno de la ley se resolvió a favor del propietario. Ocho años después, la Ley 100 de 1944, promulgada durante el segundo gobierno de López, amplió en cinco años el plazo dado a los latifundios para poner a producir la tierra improductiva —pasando de diez a quince años— y confirmó el sentido en que se había inclinado el reformismo.
Presión desde abajo, palanca desde el estrado
La secuencia importa. Si la Ley 200 se leyera solo como concesión graciosa del reformismo lopista a un campesinado difuso, se perdería lo esencial. El detonante inmediato fue la sentencia de 1926, reiterada en 1934, que dotó a los arrendatarios de un argumento jurídico irrebatible: sin título remontado a la Corona, la propiedad no estaba acreditada. El decreto de colonización de Icononzo y Cunday convirtió ese argumento abstracto en herramienta concreta: donde el Ministerio de Industrias declaraba baldío lo que no tuviera título original, los arrendatarios se declaraban colonos.
Sobre esa palanca legal se apoyó una movilización que ya existía pero que sin ella no habría podido pasar de la queja al hecho consumado. Las ligas uniristas armaron memoriales, los organizadores comunistas alentaron la ocupación, el PAN de Valencia articuló una fuerza electoral, y las invasiones se extendieron desde el oriente del Tolima hacia Sumapaz, otras zonas de Cundinamarca y el norte del Valle del Cauca. Los hacendados respondieron con pasto, ganado y policía, pero el hecho central era que no podían acreditar sus títulos y lo sabían. La Corte Suprema los había desnudado, y los colonos aprovecharon.
De ahí el sentido de la Ley 200. No fue una concesión graciosa ni una simple respuesta técnica: fue el punto donde convergieron dos presiones. Desde abajo, una movilización campesina que había reconfigurado la ocupación de las haciendas y hecho impagables las obligaciones. Desde el propio aparato jurídico, una crisis de títulos que amenazaba a los grandes propietarios tanto como beneficiaba a los colonos. El reformismo lopista canalizó ambas hacia una salida que saneó los títulos de los grandes propietarios, les otorgó un plazo para expulsar ocupantes y dejó sin aplicación práctica la cláusula redistributiva. La capacidad campesina de reconfigurar la propiedad sobre el terreno no se tradujo en poder suficiente para imponer una reforma equivalente en el texto ni en la ejecución de la ley.
La reforma también fue producto de la agencia de una élite liberal modernizante —el gabinete joven de López, Echandía a la cabeza— que usó la presión campesina como argumento ante los sectores terratenientes del propio partido para imponer una racionalización capitalista del agro que ninguna de las partes en conflicto había diseñado. Ni los colonos pedían la cláusula de destinación económica ni los hacendados la aceptaron de buen grado; ambos terminaron subordinados a una lógica de modernización desde arriba cuyo horizonte era el capitalismo agrario, no la redistribución. Que esa modernización se plegara con tanta rapidez al latifundio dice algo sobre los límites internos del proyecto: las reformas fueron toleradas por sectores importantes de la clase dominante mientras el movimiento laboral y agrario representó una amenaza real, y una vez encauzadas las organizaciones hacia la cooperación con el Estado y el Partido Liberal, las políticas reformistas fueron abandonadas o revertidas.
La larga posteridad de una reforma incompleta
El ciclo 1934-1936 dejó abierta una pregunta que la historia colombiana del siglo XX no logró cerrar. La Ley 200 resolvió los títulos de los grandes propietarios y frenó por un tiempo el malestar, pero no modificó sustancialmente la situación del campesinado ni avanzó hacia una reforma redistributiva. Las expulsiones que la propia ley provocó, sumadas a la conversión de haciendas en potreros para cumplir formalmente con la exigencia de explotación económica, acumularon un pasivo que el país pagaría después.
En Sumapaz y el oriente del Tolima, las organizaciones formadas en torno a Valencia y a las ligas gaitanistas no se disolvieron con la ley. Juan de la Cruz Varela heredó el liderazgo del movimiento. Cuando la violencia conservadora se desató desde 1946, esa herencia adquirió otro carácter: el de una guerra campesina contra la revancha terrateniente, apoyada en la trama de veredas, ligas y redes de solidaridad que la movilización de los años treinta había tejido en la cordillera.
Los grupos de autodefensa que surgieron entonces —algunos orientados por el Partido Comunista— hundían sus raíces en aquella movilización, aunque el paso a la lucha armada supuso un salto de naturaleza que Valencia, que nunca tomó las armas, no habría suscrito. Varela unificó los comandos guerrilleros del Sumapaz y optó por la desmovilización y entrega simbólica de armas el 31 de octubre de 1953, sin perder el control político de la zona. A mediados de los cincuenta, la ofensiva militar contra Villarrica —bombardeada como colonia agraria comunista— desencadenó desplazamientos masivos y propició la expansión de fuerzas de resistencia hacia territorios marginales. Algunas de aquellas columnas en retirada, replegadas hacia zonas de colonización, derivarían más tarde en las guerrillas que dieron origen a las FARC. El hilo va del arrendatario que se declara colono en 1934 al combatiente que se repliega hacia Marquetalia en los años sesenta.
La Ley 200 de 1936 quedó en la memoria como reforma agraria del liberalismo. Lo fue en el sentido de que abrió por primera vez una discusión legislativa seria sobre la propiedad rural, y en el sentido de que resolvió una crisis jurídica que el propio Estado había precipitado. No lo fue en el sentido de redistribuir la tierra ni de modificar la relación de fuerzas entre latifundistas y campesinos. El ciclo movilizador que la había hecho posible se replegó, y cuando volvió, décadas después, lo hizo por otras vías. La historia agraria colombiana del siglo XX puede leerse como la larga posteridad de esa reforma incompleta.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 68, 239, 3023 citas
[1]de los conflictos (sobre lo cual existe, por lo demás, una amplia al campesino cafetero como un héroe nacional. El proceso de renovación, basado en los cultivos de caturra, se iniciaría en los años sesenta, tomando un gran impulso en la década del se- tenta. Cambios en la estructura de la producción Las haciendas…p. 239
[5]que, como Cundinamarca y Tolima, habían sido beneficiadas por los ferrocarriles. A ello se sumó la valorización de la co- secha cafetera gracias al aumento de los precios internacionales del grano, lo que pondría la cuestión de la utili- zación económica del suelo en el cen- tro de las discusiones sobre el proble- ma…p. 68
[57]fueron, ante todo, una reacción ante la supuesta amenaza de un movimiento laboral insurgente contra la hegemonía política y social de la clase gobernante. Las concesio- nes que implicaban para los trabaja- dores urbanos y rurales fueron apro- badas y toleradas por elementos im- portantes de la clase dominante mien-…p. 302
02Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 233, 363, 4103 citas
[2]a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…p. 410
[14]nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…p. 363
[16]de crear una tradición legal sobre ellas, etc. El hecho de que probablemente la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaban en usurpaciones ilegales explica por qué los propietarios consideraron imposible y “diabólico” mostrar en sus títulos el acto original por el cual la tierra había salido…p. 233
03Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 380, 4182 citas
[3]de tales relaciones en el área situada al suroriente de Bogotá, donde las enormes haciendas cafeteras fundadas a fines del siglo pasado se convirtieron en el foco de grandes protestas obreras durante los años veintes y comienzos de los treintas. Comúnmente, a los trabajadores permanentes de estas propiedades,…p. 380
[32]constrefiido por la estructura de la eco nomía exportadora de café, ignoran la dinámica tanto progresista como conservadora de la protesta deJos trabajadores en las grandes haciendas cafeteras (que conformaban, el sector más combativo del movimiento obrero a comienzos de 1M años treintas) y no aprecianru la magnitud…p. 418
04El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 318, 349, 3863 citas
[4]haciendas cafeteras. LOS ARRENDATARIOS, ¿KULAKS?, ¿PROLETARIOS? En esta sección sobre la estructura interna de las haciendas se discuten algunos aspectos que condujeron a la destrucción del sistema o a su desestructuración, para dar paso a formas de tenencia y propiedad centradas sobre la finca familiar y el…p. 318
[11]social que Martínez Alier ha denomina- do «seudoservidumbre andina» y parece que la descripción presentada avala el término. Seguramente que análisis más detallados y profundos de las dimensiones políticas e ideoló- gicas asociadas con el mundo de las haciendas de café podrían descubrir la trama y estructu- ra de…p. 349
[40]de la Ley de Tierras 14• Los fundamentos teóricos, las bases ideológicas y los efectos prácticos de la Ley 200 han sido muy divulgados y analizados por diferentes especialistas, especialmente en el campo del derecho agrario. Esto nos permite tocarla sólo de pasada. En cuanto a modernizar el derecho dándole uniformidad…p. 386
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 37, 642 citas
[6]ó n 7. Adicionalmente a su trabajo en las labores del caf é, los trabajadores estaban sometidos a otras obligaciones, como las de trabajo personal subsidiario para la construcci ó n y man tenimiento de caminos, las de polic í a rural y toda una serie de multas por violar las estrictas disposiciones del hacendado. De…p. 37
[48]í a distributiva. Juzgada por estos prop ó sitos, la ley 200 efectivamente fue eficaz, casi.totalment é en cuanto al segundo de los prop ó sitos y un poco menos en cuanto al primero. El primer efecto fue propi ciar, a costa de las tierras agr í colas, la expansi ó n de la ganader í a como forma de “ ocupaci ó n econ ó…p. 64
06Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1291 cita
[7]examination of the existing relationship between arrendatario and hacienda is essential to an understanding of the type of social formation which took place in the hacienda in Cundinamarca and Tolima. One of the most difficult aspects of the problem, once we have elucidated the essence of the abundant literature on…p. 129
07The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 216, 487, 5033 citas
[8]hired hands at harvest time, and, indeed, Lleras documented the fact that two thousand wage workers were brought onto the hacienda in this way, meaning that tenants acted as intermediaries and recruiters for landowners in need of hands. 2 Politically, Lleras’s involvement, and the involve- ment of other urban…p. 216
[70]it is established that banana workers across the Santa Marta region did in fact strike in 1928, and that strikers were massacred when General Carlos Cortés Vargas ordered soldiers to fire on a large crowd at Ciénaga on December 6, the ques- tion remains: “How many?” Labor organizer Raúl Mahecha reported a thousand…p. 487
[71]did not repress the insurrection energetically, the United States would send troops Strikers or Revolutionaries? 481 and the national army would be in a bad position. On the 5th of Decem- ber, 1928, in the city of Ciénaga, we learned that the national government, together with the powerful, imperialist company, was…p. 503
08Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 234, 2382 citas
[9]rich. Service tenants on the coffee estates stood even lower in the rural hierarchy than the peripatetic jornaleros, who exchanged their labor for cash. Jornaleros in coffee-rich Viotá “looked down on the tenants with disdain and sadness,” writes a student of that region. 83 216 | Dangers of Political Inauthenticity,…p. 234
[51]in the countryside enhanced stability in democratic societies. “In all civilized nations,” he wrote in 1926, “it is the yeoman farmer” who anchors the middle class, which is “the backbone of society, the sinew of stability.” 91 By the 1920s, many Conservatives accepted that idea as well. In 1929, Minister of Mines…p. 238
09El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 29, 362 citas
[10]los inicios del siglo; la fiebre de las exportaciones y los créditos de 1925 en ade- lante añadieron demanda efectiva a la industria y ésta acometió importantes ampliaciones, obteniendo cambios cualitativos y fo- mentando la urbanización y el desarrollo de un mercado inte- rior. Esto acarreó a su vez condiciones para…p. 29
[42]la conformación de una amplia capa media campesina que pro- dujera grandes excedentes agrícolas que sirvieran para obtener un bajo nivel de precios para las subsistencias (salarios) y ma- terias primas de la industria, para dar lugar a un alto nivel de exportaciones agrícolas diferentes al café y para constituirse, en…p. 36
10Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4451 cita
[12]situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…p. 445
11Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1531 cita
[13]sociales seguían apoyándose en el trípode formado por ha - ciendas, plantaciones y unidades campesinas, con sus acentuadas variaciones comarcales. '' La protesta campesina se había convertido en uno de los ele- mentos centrales de la politización urbana. En este contexto de- ben entenderse los cambios en la…p. 153
12Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 100, 118, 1983 citas
[15]factor was yet another reform in the legal system. Reflecting the state's tendency to take an interventionist role in the economy, the Colombian Supreme Court resolved for the first time to specify the legal criteria by which to distinguish private property from public land. When the Court ruled in 1926 that the only…p. 100
[31]by the large estates but by peasant producers, the government endeavored to facilitate colonization of the public domain by peasant settlers in order to expand food production. The uncertain status of landownership, however, frustrated the endeavor, leading the Supreme Court to define what was private property and…p. 118
[78]As Darío Fajardo and Medófilo Medina have shown, the uncertainty of land titles in these areas was such that the "agrarian question" remained very much alive. These were also regions with considerable preexisting peasant politicization, through the Communist party, the Partido Socialista Revolucionario, and Gaitán's…p. 198
13Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 192, 202, 3183 citas
[17]jurídico, sino de orden social. 190 L a L e y 2 0 0 d e 1 9 3 6 y e l o r d e n a m ie n t o d e l o s d e r e c h o s d e p r o p ie d a d sieron entonces al pago de la tierra que recibían y los precios que el gobierno pagaba se decía que eran exageradamente altos. La parcelación para los colo nos y arrendatarios era…p. 192
[27]sobre todo en Cundinamarca y Tolima, donde había gran des haciendas cafeteras (Sánchez, 1977). También algunos candidatos del partido liberal y conservador trataron de aumentar sus caudales electorales respaldando las solicitudes de los invasores en algunas regiones; la pesca política se puso al día. 85 Dice LeGrand:…p. 202
[38]agrario del Alto Su- mapaz y Oriente del Tolima, liderado por Erasmo Valencia y Juan de la Cruz Varela, y de las relaciones de ellos con Gaitán, surgieran las guerrillas del Su- mapaz, grupos de autodefensa campesina que enfrentaron la opresión y per secución del régimen conservador y del proyecto de conservatización…p. 318
14Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 224, 249, 276, 2824 citas
[18]programa de colonización patrocinado por el Gobierno, el Ministerio de Industrias reservó varios miles de hectáreas para una colonia en los municipios de Icononzo.y Cunday. En el decreto por medio del cual se estableció la colonia, el Ministerio estipulaba que todo el territorio dentro de los límites establecidos para…p. 224
[20]modalidad de la legislación colombiana. Al hacerlo, desafiaba la tenue base con que se había consolidado gran parte de la propiedad privada y señalaba el camino hacia una reforma radical de las estructuras agrarias colombianas. De acuerdo con un observador de la época, si el proyecto de 1933 hubiera sido convertido en…p. 276
[21]más concretamente que cualquier otro estatuto previo los elementos comprendidos bajo el término «mejoras>>, cuya compensación se hacía obli- gatoria (véase Catherine LeGrand, «From Public Lands... », p. 430). La estipulación final sobre reembolso y derechos de compra se aplicaba solamente a los colonos que nunca…p. 282
[33]Borda, Resistencias..., pp. 177b-178b. COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN COLOMBIA (1850-1950) Las ligas formadas por esos partidos ayudaban a los colonos a presentar un fren- te unido en sus relaciones tanto con los terratenientes como con el Gobierno. Aunque no se dispone de detalles sobre la afiliación y la…p. 249
15El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 3671 cita
[19]ampliaciones de linderos propios". 30 En diciembre de 1935 Eduardo Zuleta Ángel, magistrado de la Cor- te, expone a la Cámara de Representantes el origen de tal situación: casi todas las tierras fueron otorgadas por la Corona bajo sistemas diferentes y sin ninguna noción de agrimensura, de modo que "es rarísimo…p. 367
16When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 913 citas
[22]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…p. 91
[23]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…p. 91
[24]with a new fonn of discontent."16 Gone was the humble one of old) respectful of his ((betters/' ready to work out his life on another's land) and philosophically accepting Church teachings that God would reward The Invisible State 79 his patience in the next life. Life in the city had radicalized him. He had earned…p. 91
17When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 791 cita
[25]radicals were intimidating those who refused to join them) inter- fering with police) destroying property) and traveling through the EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:58 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 80 Chapter 3 cordillera…p. 79
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 47, 50, 593 citas
[26]se valieron de mecanismos como el uso de la fuerza policial al servicio de hacendados, en razón del carácter local que esta fuerza mantuvo hasta su nacionalización, en 1960 70. Contrario a lo definido por la Corte, El gobernador de Cundinamarca, por ejemplo, ordenó a las autoridades de Sumapaz que actuaran bajo el…p. 47
[41]jueces agrarios y estableció mecanismos para evitar la acumulación ociosa de baldíos, lo que a la larga les permitió a muchos campesinos hacerse con la propiedad de la tierra que ocupaban. Así se inició una tradición en el modelo de garantía del derecho a la tierra del campesinado que privilegió la entrega de baldíos…p. 50
[77]campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…p. 59
19De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 961 cita
[28]dispu- ta entre propietarios y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década…p. 96
20De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 961 cita
[29]y arrendatarios. Pierre Gilhodés, experto en política agraria colombiana, ha descrito este proceso de la siguiente manera: «Poco a poco. uno puede ver la expansi6n de movimientos que tomaron varias formas: quejas, ocupa- ciones y luchas armadass-". Fals Borda señala cómo, durante la década de 1920, el proceso de…p. 96
21Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3151 cita
[30]liberales después de 1930 para que se haga un esfuerzo por re- visar las titulaciones de los años an- teriores. La gravedad de estos conflic- tos puede ser atestiguada en el caso del Sumapaz. Ya en su Memoria de Industrias de 1933, Francisco José Chaux muestra los conflictos entre los herederos de títulos coloniales y…p. 315
22Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 29, 37, 453 citas
[34]a la guerrilla a mediados de los noventa, con 21 Nos referimos al titulado: Qué son y por qué luchan las FARC-EP, mimeografiado (s. f). 22 FARC-EP, Comisión internacional, FARC-EP. Esbozo histórico (1998), 12. 39 Primer Periodo mucho convencimiento, que su padre había estado “peliando” al lado del “guerrillero Erasmo…p. 37
[39]la actitud de explotación y represión que a lo largo de la historia ha mostrado la oligarquía como constante” 41. La “segunda guerra” se explica igualmente por un acto injusto del Estado, que respondió a la organización pacífica de los campesinos con un operativo militar. Esa “segunda guerra” se desenvolvió en…p. 45
[75]1 Por ejemplo: Eduardo Pizarro, Las FARC 1949-1966: de la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha (Bogotá: Tercer Mundo-IEPRI, 1991). 31 Primer Periodo conflictos agrarios de las décadas anteriores con la creación de las farc en 1964 y su evolución posterior: su arraigo campesino, la importancia de…p. 29
23Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 164, 2822 citas
[35]entrado en una franca lu- cha de clases, provocada no por los de abajo sino por las agudas contradiccio- nes que precipitan la agonía de la plu- tocracia de arriba» (13 de abril de 1935). En el mismo editorial, Valencia llama a campesinos y obreros a cerrar filas contra los terratenientes. Como la UNIR, el PAN tenía…p. 282
[82]jas: la ofensiva terrateniente-militar contra el Sumapaz. Fue esta acción la que más que ninguna otra hizo del pe- ríodo de Rojas, no una simple transi- ción o tregua, sino un capítulo más de la Violencia. El Sumapaz —se señaló al comienzo de este ensayo— había quedado desde fines de 1953 en suspenso, pero vigi- lado…p. 164
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 48, 54, 633 citas
[36]Prías Alape alias 96 Coronel del Ejército estadounidense que en la guerra de Corea dirigió la Compañía Ranger del Octavo Ejército, una unidad encargada de acciones de guerra irregular. 97 Martínez Osorio, Hablan los generales, 28. 98 Londoño, Juan de la Cruz Varela. Sociedad y política. 99 Seguido a esto, la actividad…p. 54
[76]que llegaban hasta en pencas de mata de fique y daban plazos para abandonar los territorios. Estas acciones fueron resultado de una combinación de miedo, ánimo de venganza y fanatismo religioso, que fueron instrumentalizados desde la dirección del Partido Conservador. Bajo esta lógica de violencia, varios lugares en…p. 48
[81]el Frente Nacional, los comunistas retomaron la fuerza del movimiento agrario de los años treinta y cua- renta y se organizaron en sindicatos agrarios que fundaron en diferentes municipios de la región. Era una estructura de organización compleja, pues en su interior se crearon comités de mujeres, núcleos juveniles y…p. 63
25Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 177, 2462 citas
[37]por los comunistas, aunque con tres variantes regionales claramente diferenciables: la del Tequendama, la del Sur del Tolima y la de Sumapaz. Diferenciables no solo por su particular experiencia histórica, sino también por el papel que acertada o equivocadamente les asignó el Partido Comunista en el marco general de…p. 246
[79]durante periodos relativamente largos, dada la coexistencia en su estructura productiva de una ganadería inmediatamente disponible para el consumo y terrenos aptos para el sembrado de cultivos de pan coger de retorno inmediato. En su conjunto, estas zonas pudieron haber llegado a albergar hasta 20. 000 hombres en…p. 177
26Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 324, 357, 3643 citas
[43]I nómicamente explotados. Quien com- probara que por cinco años había ex- plotado económicamente un predio, tenía derecho a adquirir el dominio, si había obrado de buena fe. A su vez, y en desarrollo del principio de la fun- ción social de la propiedad y de que ésta implicaba obligaciones, si un pro- pietario no daba…p. 364
[52]5 de agosto de 1886, había sido san- cionada la constitución que encarnaba el pensamiento de la Regeneración. El trámite de la reforma fue el si- guiente. Un mes después de posesio- nado Alfonso López Pumarejo, el go- bierno puso sus cartas sobre la mesa en materia de reforma constitucional, por intermedio de su…p. 357
[56]la sede de la Sociedad de Agricultores, en Bogotá, la Liga Nacional para la Defensa de la Pro- piedad, con el objeto de hacer oír la voz de los propietarios. Luego se cons- tituyó el Sindicato Central de Propie- tarios y Empresarios Agrícolas, para enfrentar la labor de los elementos re- volucionarios entre los cuales…p. 324
27Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3372 citas
[44]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…p. 337
[45]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…p. 337
28No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 45, 672 citas
[46]las tierras improductivas, sus alcances estaban diri- gidos a estimular la productividad y la modernización rural, pero no a «adelantar una reforma agraria redistributiva» 50, lo que permitió con el tiempo perpetuar el modelo de acumulación de tierra. La aplicación de esta Ley 200, como ocurrió a lo largo del siglo…p. 45
[83]la colonia agraria comunista, con estrategias de guerra como los bombardeos, desencadenó grandes desplazamientos forzados en regiones como el Sumapaz. El siguiente mapa da cuenta de esos desplazamientos, las distancias entre los lugares de salida y llegada, y estrategias de comunicación y resistencia como la llamada…p. 67
29Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 22, 242 citas
[47]lograron permanecer en las tierras que habían trabajado, pero bajo condiciones que no son del todo claras 22. En algunos lugares, los terratenientes sencillamente no expulsaron a los colonos de tierras cuyo estatus legal seguía sin definirse. Los terrate- nientes también consiguieron arrebatar tierras a los colonos,…p. 24
[54]Depresión que, al aumentar los precios de los productos importados, los había puesto por fuera del alcance de la 1nayoría de los consu1nidores y estünuló así la demanda de productos locales, disponibles a precios mucho más b~jos. Es de anotar que el Par- tido Conservador ejercía un proteccionisn1o con1ercial que rigió…p. 22
30Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 541 cita
[49]200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…p. 54
31Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[50]conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…p. 497
32Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 63, 722 citas
[53]crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…p. 72
[65]La huelga se comenzó a preparar el6 de octubre de 1928 cuan- do se llevó a cabo una reunión plenaria de delegados de los ~breros con el ~~jeto da redactar una serie de peticiones para presentar a la compama. Como de costumbre, ésta rehusó negociar a pesar de que había sido presionada por el Gobernador local para que…p. 63
33Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2011 cita
[55]cam bios no fueron muy dr á sticos. Entre é stos estuvieron una reforma constitucional que dio otra vez el voto a pobres y analfabetos. El sufragio universal estuvo acompa ñ ado de la movilizaci ó n del elec torado, que se acostumbr ó a hacer manifestaciones callejeras para respaldar un gobierno que promet í a educaci…p. 201
34Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 691 cita
[58](aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…p. 69
35Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1221 cita
[59]de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…p. 122
36Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1321 cita
[60]maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…p. 132
37El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 392 citas
[61]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…p. 39
[62]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…p. 39
38El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 751 cita
[63]menos lo mismo: casas pintadas con cal, plazas polvorientas, puentes grises sobre ríos de agua sucia. Pero justo bajo la superficie hay una historia de traición y de muerte. A principios de la década de 1920, la United Fruit Company trajo el banano, y con el tren y el telégrafo, los caminos, los correos, las esta-…p. 75
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 551 cita
[64]para encontrar «enemigos internos» en los actores sociales. La historia nacional también demuestra que la guerra suele desbordar los límites humanitarios y que al final se tejerán ilícitas alianzas estratégicas que la reconfiguran en guerra sucia. Surge, entonces, un patrón de estigmatización, persecución, eliminación…p. 55
40Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 641 cita
[66]sus actividades independientes al margen de la plantacion bananera, actuaban como una reserva de fuerza laboral. El sistema de contra- tistas implementado por la U.F.C., contratistas que a su vez enganchaban trabajadores, permitid el uso del trabajo parcial de estos campesinos. Y ademas, en la medida que la compajiia…p. 64
41María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 220, 2502 citas
[67]no cortar banano. Los comerciantes locales se habían unido a la huelga, debido al monopolio que tenía la Compañía con el comisariato. Los trabajadores recibían de la empresa vales que sólo podían hacerse efectivos en su comisariato, lo cual los tenía perjudicados. Por esto, decidieron apoyar a los trabajadores con…p. 220
[72]que a los obreros se les hizo maliciosamente concentrar en la ciudad de Ciénaga, en la tarde del 5 de diciembre, diciéndoles que era para recibir al gobernador, pues se iba en aquella ciudad a firmar el pacto con la United, que había aceptado algunos puntos. Aparece bien claro que los obreros sí quisieron transigir y…p. 250
42Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 781 cita
[68]the rest of Colombia. 44 The system that United Fruit Company developed to manage diverse modes of production—from cultivation in the company’s own plantations to subcontracting with small, medium, and large growers—existed in no other United Fruit Company district (except for Ecuador decades later). 45 The company…p. 78
43Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1981 cita
[69]de la costa caribe y del interior del país, en busca de mejores condiciones econó- micas. Muchos de ellos se emplearon en el ferro- carril y en el puerto o se convirtieron en colonos de las propiedades públicas y se dedicaron a culti- var yuca, plátano, maíz, arroz, caña de azúcar y ta- baco, que se destinaban a…p. 198
44La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 331 cita
[73]actualidad, en particular la forma de relacionamientos entre la población y los poseedores de tierra y las formas en las que aún se trata a la clase trabajadora del departamento. Pero del paso de la United por la zona bananera no solo quedan esos regis- tros arquitectónicos. También, como lo anuncia la primera frase…p. 33
45At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 1591 cita
[74]that threatened com- pany pro fi ts and domestic government legitimacy, the banana companies used both carrots and sticks. On the one hand, the wages offered to enclave workers were typically higher than those available to them in their local labor markets. And because the banana enclaves were geographically isolated…p. 159
46Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 511 cita
[80]comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…p. 51
47Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5331 cita
[84]refor- ma agraria; 13. Levantamiento del estado de sitio y elecciones libres; 14. Rebaja de impuestos y reducción del presupuesto de guerra y de las fuerzas de represión; 15. Desarme de los pájaros y de las famosas guerrillas de paz y todo lo relacionado con la vida democrática y jurídica del país. 488 Tierras y…p. 533