Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Hecho histórico · La Violencia · 1946–1957

La Iglesia y la Violencia: Monseñor Builes y la legitimación clerical del conflicto bipartidista

Entre 1946 y 1957, la Iglesia católica colombiana participó activamente en la construcción del enemigo interior que alimentó la Violencia bipartidista: sus púlpitos, pastorales y obispos —con monseñor Miguel Ángel Builes a la cabeza— convirtieron la militancia liberal en pecado y ofrecieron cobertura teológica al orden conservador armado. Salvo contadas voces disidentes, la jerarquía puso su peso institucional del lado del poder conservador, anatematizó a la oposición y legitimó, directa o indirectamente, la represión sobre comunidades liberales y protestantes.

La Iglesia y la Violencia: Monseñor Builes y la legitimación clerical del conflicto bipartidista
1946–1957
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1946–1957
Protagonistas
Monseñor Miguel Ángel Builes (obispo de Santa Rosa de Osos), Laureano Gómez (presidente 1950–1953, líder conservador), Mariano Ospina Pérez (presidente 1946–1950), Jorge Eliécer Gaitán (líder liberal, asesinado el 9 de abril de 1948), Monseñor Ezequiel Moreno (obispo de Pasto, polemista antiliberal), Monseñor Enrique Vallejo (obispo de Belalcázar, señalado en el Cauca), Iglesia Católica colombiana, Partido Conservador colombiano, Conferencia Episcopal Colombiana, Federación Agraria Nacional (FANAL), Unión de Trabajadores de Colombia (UTC), Gustavo Rojas Pinilla (general, derrocó a Gómez en 1953)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 consolidaron una alianza tripartita entre el Estado, la Iglesia católica y el Partido Conservador, entregando al clero el control de la educación pública y una posición de autoridad moral capilar en cada parroquia del país.
  2. La doctrina eclesiástica que caracterizaba al liberalismo como pecado —sistematizada desde finales del siglo XIX con textos como 'Las enseñanzas de la Iglesia sobre el liberalismo' y el juramento antiliberal de 1902— proveyó un lenguaje teológico listo para activarse en contextos de conflicto político.
  3. El retorno conservador al poder ejecutivo en 1946, tras dieciséis años de gobiernos liberales, reavivó los ajustes de cuentas locales y encontró en el clero rural un aparato discursivo ya probado para nombrar y estigmatizar al adversario.
  4. El Bogotazo del 9 de abril de 1948 —con la quema de iglesias y archivos eclesiásticos en Bogotá— fue interpretado por la jerarquía como agresión directa del liberalismo y el comunismo, reforzando su alineamiento institucional con el poder conservador y su lectura del conflicto como guerra religiosa.
  5. La convergencia entre el discurso de Laureano Gómez, que vinculaba obsesivamente al liberalismo con el comunismo, y la prédica antiliberal de sectores del clero creó un clima de legitimación mutua que descendió desde los grandes textos pastorales hasta el confesionario y el atrio parroquial.
1946–1957La Iglesia y la Violencia: Monseñor Builes y la legitimación clerical del conflicto bipartidista

Consecuencias

  1. La legitimación eclesiástica contribuyó a que la Violencia se incubara y expandiera desde los bastiones conservadores de Antioquia, Boyacá y Nariño hacia el Tolima, el Valle del Cauca y el Viejo Caldas, asociando en la memoria campesina la llegada de la represión con la presencia de los chulavitas y el discurso clerical.
  2. Las comunidades protestantes sufrieron hostigamientos sistemáticos durante la Violencia, con destrucción de templos y persecución de fieles, lo que generó más de cincuenta quejas diplomáticas registradas por Washington en 1956 y la admisión del embajador colombiano de que existían 'condiciones especiales' hostiles a los intereses protestantes.
  3. En 1949, los obispos de Santander prohibieron bajo pecado mortal vender el semanario liberal 'Voz de la Democracia', y en el Cauca sectores eclesiásticos promovieron y financiaron bandas de 'pájaros', mostrando que la legitimación clerical podía traducirse en instrumentos concretos de represión territorial.
  4. La Iglesia impulsó la creación de la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) y la Federación Agraria Nacional (FANAL) como aparatos de contención social anticomunista, procurando copar los espacios de organización obrera y campesina antes de que lo hiciera la izquierda, con lo que extendió su influencia institucional más allá del púlpito.
  5. La responsabilidad moral de la Iglesia en la Violencia fue documentada por Germán Guzmán Campos y otros investigadores, pero el relato oficial del conflicto tendió a eludirla, dejando una deuda historiográfica y ética que persistió durante décadas en la memoria colectiva colombiana.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El papel de la Iglesia católica en la Violencia bipartidista colombiana representa uno de los capítulos más incómodos y menos asumidos de la historia del conflicto: una institución con autoridad moral capilar sobre millones de colombianos rurales utilizó esa posición para construir al enemigo interior, sacralizar la identidad conservadora y ofrecer cobertura teológica a la represión, con consecuencias que se midieron en decenas de miles de muertos. El caso de monseñor Builes no es una anomalía individual sino la expresión más sistemática de un patrón institucional que arrancó en 1886 y que la historiografía tardó décadas en nombrar con precisión. Entender ese papel es condición para comprender por qué la Violencia adquirió en Colombia la intensidad y la geografía que tuvo.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La Iglesia y la Violencia: monseñor Builes y la legitimación clerical del conflicto bipartidista (1946–1957)

Entre 1946 y 1957, la Iglesia católica colombiana no fue testigo neutral de la Violencia: sus púlpitos, sus pastorales y sus obispos participaron en la construcción del enemigo interior que las balas se encargarían de eliminar. Salvo contadas voces disidentes, la jerarquía puso su peso institucional del lado del poder conservador, anatematizó a la oposición liberal y ofreció cobertura teológica al orden de las bandas armadas oficiales. La voz más sistemática, más incendiaria y más citada de ese proceso fue la de monseñor Miguel Ángel Builes, obispo de Santa Rosa de Osos, cuyas cartas pastorales convirtieron durante décadas la militancia liberal en pecado y el voto conservador en deber sacramental. Lo que sigue es la reconstrucción de ese papel: el discurso que lo sostuvo, las prácticas territoriales en que se tradujo, las fracturas internas que lo atravesaron y el modo en que la Iglesia manejó su salida cuando el régimen que había amparado se derrumbó en mayo de 1957.

La alianza que después se manifestaría en las pastorales de Builes no era invento de los años cuarenta. Venía de un pacto fundacional. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 habían atado al Estado colombiano, a la Iglesia católica y al Partido Conservador en una arquitectura tripartita: el clero recibía el control de la educación pública —el artículo 41 estableció que la instrucción oficial debía organizarse en concordancia con la Religión Católica— y la potestad de vigilar la privada; el conservatismo obtenía a cambio un aparato ideológico capilar que cubría cada parroquia del país.

Sobre esa base, la caracterización del liberalismo como pecado se convirtió en doctrina. En julio de 1902, todavía bajo el estruendo de la Guerra de los Mil Días, se exigió a los liberales que quisieran regresar al seno eclesial un juramento en el que debían condenar "sin reserva alguna y de corazón todo tipo de liberalismo religioso o político y todas aquellas falsas libertades que amenazan y perjudican nuestra fe católica". Monseñor Ezequiel Moreno, obispo de Pasto, protagonizó la polémica dogmática sobre el asunto. Las enseñanzas de la Iglesia sobre el liberalismo —que demostraba la naturaleza pecaminosa de la doctrina liberal— circuló desde la cátedra del Colegio del Rosario hasta los sermones de municipios remotos, y muchos obispos lo glosaron en sus cuestiones de púlpito y confesionario.

En Antioquia, esa doctrina echó raíces particularmente hondas. El clero equiparó allí masonería y liberalismo como una sola cosa, y predicó cotidianamente contra ambas desde el púlpito. Quien era señalado como hereje debía elegir entre abjurar sus opiniones políticas o emigrar; los establecimientos educativos quedaron bajo monopolio conservador, y la palabra "liberal" adquirió en la vida cotidiana la carga de una tara moral. Rafael Uribe Uribe documentó que en pueblos y zonas rurales los liberales sufrían una persecución "político-religiosa" equiparable, según su descripción, a la tiranía medieval europea; en las ciudades, la mayor educación y la capacidad de organización limitaban los abusos más brutales.

La expresión electoral de la alianza era transparente. En las elecciones de octubre de 1921 en Bogotá, el voto del clero repartió 165 sufragios por los conservadores y ninguno por los liberales. Nueve años después, la candidatura conservadora dependió de la aprobación del arzobispo de Bogotá, aunque terminaría perdiendo ante Enrique Olaya Herrera. La llegada del liberalismo al poder no supuso una ruptura del orden anterior: los conservadores conservaron mayorías parlamentarias y control judicial, y la alianza clero-conservatismo siguió operando como fuerza política de peso. Fue durante esa República Liberal cuando Builes, obispo de Santa Rosa de Osos desde la creación de la diócesis, se consolidó como el más ruidoso guardián de la retórica antiliberal desde el conservador departamento de Antioquia.

Cuando en 1946 los conservadores recuperaron el poder ejecutivo con Mariano Ospina Pérez, esa maquinaria discursiva llevaba más de medio siglo de rodaje. La Violencia no la inventó: la activó. El retorno conservador tras dieciséis años de gobiernos liberales avivó los ajustes de cuentas locales, y el clero rural encontró en las viejas fórmulas doctrinales un lenguaje ya probado para nombrar a los nuevos adversarios.

Builes gobernó la diócesis de Santa Rosa de Osos como quien administra una plaza sitiada. Sus cartas pastorales constituyen el más completo repertorio del discurso antiliberal en la Colombia de la primera mitad del siglo XX. En ellas el liberalismo no era un adversario político sino una desviación teológica, una enfermedad del alma, una avanzada de fuerzas satánicas cuya derrota constituía obligación de conciencia para el católico.

Del papel a la sangre había menos distancia de la que sugerían los púlpitos. En la pastoral del 11 de febrero de 1943, Builes escribió que "el asesinato adquirió caracteres de legitimidad" y denunció que no se castigaba a quienes atentaban contra la vida humana. En otra pastoral, sin fecha precisa, señaló que muchos muertos habían caído por armas de "los guardianes del orden" sin que hubiera sanción para los responsables. Son textos ambiguos por diseño: denuncian la impunidad en términos generales, pero no nombran ni a víctimas ni a victimarios de un bando específico, y se emiten desde una posición que había contribuido durante décadas a construir la legitimidad moral de los "guardianes" en cuestión. La condena flotaba en un plano abstracto; la sacralización de la identidad conservadora, en cambio, era concretísima.

El alcance normativo del magisterio de Builes trascendía la política. Lanzó pastorales contra la moda —condenó el uso de pantalones por parte de las mujeres— y contra cualquier costumbre que juzgara desviación del orden católico integral. Esa amplitud importa: el obispo no era un panfletista partidista disfrazado de prelado, sino un pastor convencido de que Colombia era, o debía ser, una sociedad católica sin fisuras, y que el liberalismo —con su escuela laica, su matrimonio civil, su libertad de cultos, su separación de la Iglesia y el Estado— constituía una amenaza existencial contra ese orden. El anticomunismo posterior sería la continuación natural de ese antiliberalismo, no su sustituto.

Builes fue el caso más visible, no el único. En 1949, los obispos de Santander prohibieron bajo pecado mortal vender el semanario liberal Voz de la Democracia —luego Voz Proletaria—, extendiendo la condena religiosa a la prensa. En el Cauca, la Iglesia y los terratenientes promovieron y financiaron las bandas de "pájaros" encargadas de "limpiar la región"; monseñor Enrique Vallejo, obispo de Belalcázar, arrastró señalamientos por su actividad en ese contexto durante la pacificación caucana. El patrón no era antioqueño en exclusiva, aunque en Antioquia adquirió su formulación más doctrinal y su vocero más constante.

El 9 de abril de 1948, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán encendió un levantamiento espontáneo en múltiples lugares del país y sacudió especialmente a Bogotá. Durante el Bogotazo ardieron iglesias y archivos eclesiásticos, saqueadores destruyeron edificios religiosos, y la propia jerarquía se sintió herida en su autoridad, golpeada en sus bienes y ultrajada en su personal. Aquella noche la Iglesia experimentó lo que después se llamaría una "ira santa".

Ese sentimiento cristalizó de inmediato en clave ideológica. Los sectores conservadores y eclesiásticos leyeron la insurrección como muestra de barbarie popular promovida por el liberalismo y por una conspiración comunista internacional. La destrucción de templos se convirtió en la prueba tangible de esa lectura: no un estallido social contra décadas de exclusión, sino la máscara caída de una amenaza subversiva organizada. El gobierno conservador y sectores del episcopado responsabilizaron formalmente al comunismo internacional por lo ocurrido, y esa lectura se impuso pronto en la interpretación oficial y militar de los años siguientes.

Las consecuencias del 9 de abril para la posición eclesiástica fueron decisivas. La Iglesia puso a partir de entonces todo su peso institucional del lado del poder conservador, anatematizando a la oposición y ofreciendo, según sus críticos contemporáneos, el reino de Dios a las bandas armadas del gobierno. En Antioquia, el clero elaboró discursos que justificaron el asesinato de los "nueveabrileños", los participantes en los levantamientos, y desde ese bastión —junto con Boyacá y Nariño— la Violencia se incubó antes de avanzar hacia el Tolima, el Valle del Cauca y el Viejo Caldas, donde los campesinos asociarían su llegada con la presencia de los chulavitas.

El caso del padre Pedro María Ramírez ilustra el mecanismo. Cura conservador enviado a Armero, bastión liberal del Tolima, murió a manos de una multitud tras el Bogotazo. Su asesinato se sumó al inventario de agravios contra la Iglesia que se invocaría luego para legitimar la represión, y confirmó en el episcopado la percepción de un liberalismo capaz de matar sacerdotes por el solo hecho de serlo, lectura que borraba la carga política del emplazamiento previo.

Cuando Laureano Gómez asumió la presidencia en 1950 —tras un proceso electoral marcado por la abstención liberal y la violencia rural—, la convergencia entre su discurso, que vinculaba obsesivamente al liberalismo con el comunismo, y la prédica de los sectores más militantes del clero se hizo evidente. Gómez estimuló la violencia en los bastiones conservadores de Boyacá, Nariño y Antioquia con el objetivo de que las masas provinciales no amenazaran el orden restaurado en los centros urbanos; sacerdotes y obispos convirtieron los púlpitos en tribunas contra el liberalismo y el comunismo. La siembra del odio sectario tuvo múltiples sembradores, y varios llevaban sotana.

En una Colombia rural de comunicaciones frágiles y Estado ausente, el párroco era con frecuencia la única autoridad moral estable en la vereda. Esa posición estructural convertía cada sermón dominical en un acto político, y cada pastoral episcopal en instrucción operativa. La legitimación eclesiástica de la Violencia no se agotó en los grandes textos: descendió por una red capilar hasta el confesionario y el atrio.

Las prácticas territoriales fueron variadas. En algunos templos se colocaron entradas separadas por color partidista —roja para liberales, azul para conservadores—, gesto que párrocos concretos describieron después como una de las pocas opciones frente al conflicto, y que sin embargo materializaba en el espacio sagrado la división binaria que las armas ejecutaban afuera. En La Uvita, un párroco medió recibiendo combatientes capturados y oficiando la firma de un pacto de paz en su despacho parroquial. En el Cauca, la financiación clerical de las bandas de "pájaros" mostró que la mediación podía transformarse en promoción activa de la violencia contra el enemigo político-religioso.

La persecución a las comunidades protestantes ilustró con particular nitidez el carácter simbólico de la violencia clerical. Turbas y autoridades hostigaron a los simpatizantes del protestantismo durante la Violencia, y varios de sus templos sufrieron actos vandálicos. Los protestantes eran doblemente sospechosos: por su credo, disidencia religiosa en un país de catolicismo integralista; y por sus simpatías con un Partido Liberal que había manifestado cierto interés por la libertad de cultos. La Iglesia católica negó institucionalmente cualquier responsabilidad y alegó que los hostigamientos no tenían relación con cuestiones religiosas —encuadre defensivo que dejaba implícita la explicación política. La presión diplomática estadounidense subió el tono: durante 1956, Washington registró más de cincuenta quejas sobre el trato a misioneros extranjeros. En marzo de ese año, el embajador colombiano admitió que en Colombia y España reinaban "condiciones especiales" hostiles a los intereses protestantes.

Mientras predicaba contra los rojos en las veredas, la Iglesia construía en paralelo su propia infraestructura civil anticomunista. En 1946 impulsó dos aparatos gemelos destinados a copar los espacios de organización popular antes de que lo hicieran los sindicatos rojos: en las fábricas nació la Unión de Trabajadores de Colombia; en el campo, la Federación Agraria Nacional. UTC y FANAL competirían durante décadas con la izquierda por los mismos afiliados. Ambas nacieron con una consigna gemela: evitar que los comunistas dominaran los movimientos obrero y campesino, y ofrecer un sindicalismo bajo principios de moral cristiana. La Iglesia no solo legitimó el poder conservador desde el púlpito; procuró convertirse en operadora directa de los planes oficiales de contención social, con dirigentes propios, sedes propias y prensa propia.

Un cura jesuita del Valle del Cauca articuló mejor que nadie el diagnóstico que animaba ese aparato. Francisco Mejía, promotor del IMCA de Buga, recorría fincas y veredas convencido de que el gran enemigo no llegaría por las armas sino por el hambre y el analfabetismo: el comunismo agrario, decía, era el mayor peligro de América Latina, y aprovechaba la miseria y la ignorancia del campesinado para su propaganda. Frente a esa amenaza, la UTC y FANAL debían ser algo más que sindicatos: eran, en su lectura, cortafuegos.

El alineamiento no fue absoluto. Existieron excepciones individuales, y su existencia importa tanto porque desmiente cualquier caricatura de la Iglesia como bloque monolítico como porque muestra que la opción de otra actitud era posible y estuvo disponible. El presbítero Fidel Blandón, en el occidente antioqueño, y el sacerdote Rubén Salazar, en el norte del Tolima, fueron los casos más citados. Blandón escribió Lo que el cielo no perdona, novela sobre la Violencia en Antioquia que mezclaba hecho y ficción, incluía fotografías de incidentes violentos y describía actos de crueldad extrema —entre ellos la exhibición de cabezas de jóvenes decapitados por un perpetrador de la Violencia— que la retórica oficial prefería no mirar.

La disidencia más consecuente vino después del período que aquí interesa, pero se gestó en él. En 1962, el sacerdote Germán Guzmán Campos publicó, con la asesoría de Eduardo Umaña Luna y otros colaboradores, La violencia en Colombia, obra fundacional en la documentación del conflicto. Guzmán la sacó a la luz sin obtener el permiso eclesiástico requerido, y el cardenal arzobispo de Bogotá lo reprendió por violar el estatuto pertinente del derecho canónico y desautorizó públicamente la responsabilidad de la Iglesia sobre los argumentos del libro. Tras la reprimenda, Guzmán partió a Europa y luego a México, entre rumores de que lo habían forzado a salir del país. Que la institución que había tolerado décadas de retórica incendiaria de Builes reaccionara con tal severidad ante un trabajo de documentación de las víctimas dice más sobre sus prioridades que cualquier declaración pública.

La sociología también leyó ese silencio. La Violencia funcionó como un mecanismo que abrió el monolito del orden establecido y dejó al descubierto las escisiones internas de instituciones que se presentaban como cohesionadas —la Iglesia entre ellas. Lo que expuso, en el caso eclesial, no fue solo la existencia de disidentes: fue la desproporción entre esos disidentes y el peso institucional volcado en la dirección contraria.

Por qué la disidencia fue tan minoritaria tiene explicaciones convergentes. La formación de gran parte del clero rural en seminarios de fuerte impronta antiliberal, la dependencia estructural de la Iglesia respecto de un aparato estatal conservador que garantizaba su control educativo y su presencia territorial, la memoria institucional del Bogotazo como agresión sacrílega, la simplicidad polar del enfrentamiento bipartidista y el propio poder disciplinario de la jerarquía sobre los sacerdotes díscolos ayudan a entender por qué las excepciones fueron excepciones, y por qué el patrón dominante fue el de la legitimación.

Operaron allí dos capas causales distintas. La primera es estructural: la posición de la Iglesia en la Violencia fue la consecuencia lógica de un orden institucional centenario en el que ella dependía del Estado conservador para su control de la educación pública, para su influencia sobre la vida civil —matrimonio, cementerios, registro— y para su presencia territorial. El discurso antiliberal no fue un accidente ni una desviación de obispos exaltados: fue la expresión doctrinal de una arquitectura de poder cuya ruptura habría implicado, para la Iglesia, perder los cimientos materiales de su influencia. Vista así, la Violencia expresó una consecuencia sistémica del pacto de 1886-1887 más que una opción ideológica deliberada de una generación específica de prelados.

La segunda capa es coyuntural. Sin el detonante del 9 de abril de 1948 —la quema de templos, la percepción de agravio sacrílego, la lectura del alzamiento como conspiración comunista— es difícil que el antiliberalismo retórico se hubiera traducido con tanta amplitud en legitimación de la violencia física. El Bogotazo proporcionó a la jerarquía el argumento de víctima que autorizó su giro hacia la cobertura de la represión conservadora; permitió presentar la defensa del orden como defensa de la Iglesia misma, y transformó una postura política heredada en una cruzada con lógica de emergencia.

Las dos capas operaron juntas. La estructura hacía disponible el discurso; la coyuntura lo activó en clave de urgencia. Builes en particular, y la jerarquía en general, dispusieron de un repertorio doctrinal listo para ser desplegado en el momento en que el poder conservador lo necesitó, y ese despliegue tuvo consecuencias materiales concretas sobre las vidas de campesinos liberales en Antioquia, Boyacá, los Santanderes y el Tolima.

La relación de la Iglesia con Gustavo Rojas Pinilla ilustra la lógica pragmática que gobernaba las decisiones de la jerarquía. En sus primeros meses de gestión —aún antes de la toma del poder—, Rojas invocó la doctrina social y religiosa católica como fuente de inspiración y unidad nacional, y articuló un programa de populismo militar orientado a beneficiar a los sectores menos favorecidos. Ese lenguaje encajaba con la sensibilidad de la jerarquía. En abril de 1953, la Federación de Universitarios de Colombia (FUC) —organización estudiantil de perfil conservador y católico surgida con patrocinio del partido conservador— recibió el aval eclesiástico. Dos meses después, el 13 de junio, Rojas tomó el poder mediante golpe militar, y la Iglesia, que ya había mostrado su afinidad con el proyecto, acompañó la transición sin sobresaltos.

Cuando Rojas se convirtió en obstáculo para la restauración bipartidista, la Iglesia recalibró. El 27 de enero de 1957, el general Gabriel París anunció la "decisión irrevocable" de las Fuerzas Armadas de mantener a Rojas en el poder hasta 1962. Semanas más tarde, la Asamblea Nacional Constituyente (ANAC) decretó su propia disolución y su reemplazo por una nueva asamblea de 90 miembros —un tercio nombrado por el presidente, los otros sesenta por juntas locales escogidas por la ANAC saliente—, mecanismo diseñado para garantizar la reelección de Rojas. El 20 de marzo se firmó un nuevo pacto bipartidista, al que se incorporó el sector conservador orientado por Ospina Pérez, dirigido contra la reelección del general y a favor de la restauración democrática. Para entonces, Rojas solo contaba con el respaldo de burocracias militares y civiles, funcionarios conservadores y unos pocos políticos socialistas sin impacto popular.

En abril de 1957, el cardenal Crisanto Luque dirigió al presidente Rojas una carta impugnando su reelección y pidiéndole propiciar el retorno a la democracia. El gesto es ambiguo. Por un lado, marca la ruptura de la jerarquía con un régimen que había amparado durante casi cuatro años. Por otro, la prensa solo conoció la carta días después de la caída de Rojas —el 10 de mayo de 1957—, no antes. La Iglesia se aseguró primero de que el pronunciamiento no la comprometiera con un desenlace incierto, y solo cuando el general cayó permitió que se conociera su distanciamiento previo. Un actor político calcula sus posiciones según la correlación de fuerzas; una autoridad moral arriesga su capital para denunciar un poder abusivo. La Iglesia hizo, aquí, lo primero.

Ese cálculo había gobernado también su comportamiento durante la Violencia. La Iglesia amparó el orden conservador mientras este resultó funcional a sus intereses, toleró —y en muchos lugares alimentó— la retórica que criminalizaba al adversario, y ajustó sus posiciones cuando el equilibrio nacional cambió. La condena moral de la violencia rural nunca ocupó, en sus prioridades institucionales, el lugar central que le habría correspondido si su discurso hubiera sido lo que decía ser.

El relato dominante de la Violencia colombiana ha tendido a repartir responsabilidades entre los dos partidos, las policías chulavitas, las guerrillas liberales, las oligarquías regionales y el gobierno central, colocando a la Iglesia como marco de fondo o como víctima ocasional de los sucesos del 9 de abril. Esa distribución omite el peso específico de la jerarquía en la construcción del enemigo interior cuya eliminación las armas ejecutaron.

Builes no ordenó personalmente asesinatos, y sus pastorales condenaron —en términos generales— la impunidad de los guardianes del orden. Pero durante décadas convirtió la militancia liberal en pecado en las zonas donde el cura era la única autoridad moral estable, y ofreció con ello el andamiaje simbólico dentro del cual los asesinatos rurales encontraron su justificación cotidiana. La responsabilidad de la Iglesia en la Violencia no fue una responsabilidad de gatillo: fue una responsabilidad de lenguaje, y en una sociedad rural, católica e iletrada, el lenguaje del párroco no era menos determinante que el fusil del chulavita. Los "nueveabrileños" asesinados en Antioquia con justificación clerical, los protestantes hostigados, los liberales que debían optar entre abjurar o emigrar, los lectores prohibidos de Voz de la Democracia bajo pena de pecado mortal en Santander: todos ellos aparecen al final de una cadena discursiva cuyo primer eslabón era el altar.

La distancia entre la retórica antiliberal más agresiva y la violencia física fue, en varios lugares del país, corta. Y la lentitud con que la jerarquía se distanció de sus efectos —todavía en 1955 condenaba al liberalismo por defender la escuela laica, el matrimonio civil, la libertad de cultos y la separación de Iglesia y Estado— muestra que el problema no fue un exceso puntual, sino un rasgo estructural del catolicismo político colombiano en la primera mitad del siglo XX.

Cuando en agosto de 1958 comenzó el Frente Nacional y los dos partidos pactaron alternarse en el poder para desactivar la lógica del exterminio, la Iglesia había hecho ya su ajuste. El anticomunismo desplazaría al antiliberalismo como eje del discurso episcopal, y los antiguos adversarios se sentarían juntos bajo la misma bandera de la civilización cristiana amenazada. Las viudas, los huérfanos y los desplazados de la Violencia —los que habían enterrado a sus muertos en veredas donde el párroco predicaba contra los suyos— quedaron sin respuesta. Nadie les explicó por qué el confesor de su verdugo era también el suyo, ni por qué la palabra que en el sermón dominical los había nombrado enemigos era la misma que ahora se les ofrecía en el réquiem.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

35 documentos · 44 fragmentos
01De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 27, 69, 1053 citas
[1]se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el arzobispo definió la política…p. 69
[30]con FANAL en 1946, y en el de los trabajadores industriales a través de la UTe. Las acciones se llevaron a cabo, en gran parte, como medidas preventivas: para prevenir el surgimiento y la dominación de los comunistas. Para realizar una lectura clara y profunda del período histórico comprendido entre J 930 y 1950, es…p. 105
[39]más profundo)' verdadero de su Iglesia, pero nada pasa.' Adolfo Pérez Esquivel, 1980 Premio Nobel de Paz INTRODUCCIÓN 28 explosivos ante los cuales reaccionaron los diferentes sectores o grupos de interés que para la fecha estaban presentes en el interior de la Iglesia. El sociólogo colom- biano Orlando Fals Borda, al…p. 27
02Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1181 cita
[2]educación y la participación política, e incluso censuró y controló su forma d e vestir, entre muchos otros aspectos: «Si por aquella época monseñor Builes lanzó una pastoral contra la moda, condenando el uso de pantalones para la mujer [...], también es cierto que, en plena República Liberal, en Medellín, las…p. 118
03Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1241 cita
[3]ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…p. 124
04Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1101 cita
[4]Vaticano Primero, del Concilio Plenario de Obispos 1.a tinoa- mericanos, y las enseñanzas del Syl/alms, rechazaban los conceptos básicos de libera li smo, naturalismo, socialismo y racionalismo. En julio de 1902 se emitió otro juramento para los li berales que qui- sieran renegar; el arrepentido condenaba < < sin…p. 110
05La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1501 cita
[5]y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…p. 150
06Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 1101 cita
[6]y el Estado siguieron colaborando estrechamente. Esta relación fue ilustrada en forma inmejorable por la campaña presidencial de 1930, cuando la candidatura del Partido Conservador dependió de la aprobación del arzobispo de Bogotá. La unidad entre la Iglesia católica y el Partido Conservador siem- pre se hizo pública…p. 110
07Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 581 cita
[7]and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…p. 58
08Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 581 cita
[8]and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…p. 58
09Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4841 cita
[9]época de la Violencia, que va de 1946 a 1957; después, el Frente Nacional, de 1958 a 1982 y, por último, el proceso de negociación, apertura política y reforma institucional que se viene desarrollando desde 1982. Cada uno de ellos se desenvuelve en el contexto de unos hechos y situaciones específicas, tiene unas…p. 484
10Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2261 cita
[10]matrimonio civil eliminandose la fórmula-de la ab- jumción y descartándoseLa excomi= nión para los contrayentes; el estables cimiento de una comisión para impul- Peso Y carl Comcintanie nt de eerieros. Palrcar de Sar retos, Bogahl,! la y religión ESOS iso o Ses Ezapuíel Morews y Dz, ie de Comsemaro (18318031 y ng…p. 226
11Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 1481 cita
[11]Uribe scoffed in an editorial; "among modem men only a Turk could conceive of such a thing!" Uribe Uribe accused the leaders of the Regeneration of reviving the religious question when all other bases of its support were crumbling, and added, as if to convince himself, that the poe ple "no longer hear them and their…p. 148
12De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 27, 86, 1053 citas
[12]entre Iglesia y Estado: un Estado liberal, en 1938. El rencor, la hostilidad y la mentalidad de asedio son carac- teríst icas notablemente ausentes en esta carta pastoral. Como tema para ser aborda- do por un arzobispo, la educación era un territorio seguro y no amenazante; la carta tenía, por supuesto, ramificaciones…p. 86
[28]en el sector agrario, con FANAL en 1946, y en el de los trabajadores industriales a través de la UTe. Las acciones se llevaron a cabo, en gran parte, como medidas preventivas: para prevenir el surgimiento y la dominación de los comunistas. Para realizar una lectura clara y profunda del período histórico comprendido…p. 105
[40]laicos que esperan algo más profundo)' verdadero de su Iglesia, pero nada pasa.' Adolfo Pérez Esquivel, 1980 Premio Nobel de Paz INTRODUCCIÓN 28 explosivos ante los cuales reaccionaron los diferentes sectores o grupos de interés que para la fecha estaban presentes en el interior de la Iglesia. El sociólogo colom-…p. 27
13No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[13]ideología de ultraderecha tenía audiencia y el anticomunismo, arraigo. Si bien en Bogotá los partidos mantenían las formas, en medio de una gran polarización política, en las regiones los episodios de violencia pasaron de ser esporádicos a reiterados. Probablemente uno de los episodios que marcaron el regreso de la…p. 49
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1071 cita
[14]el se- dico de tendencia li- Alejandro Galvis Galvis. manario Voz (inicial- beral y fuertemente dl TU ou mente Voz de la De- atacado por la Iglesia mocracía y luego Voz católica en tiempos de la Violencia política, al Proletaria); sin embargo han existido diferen- punto de que en 1949 los obispos de Santan- tes…p. 107
15La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 5611 cita
[15]porque saben que no serán vengados los delitos, antes bien se premiará casi siempre a los delincuentes. Allí están las montañas de cadáveres de los Santanderes, Boyacá, Antioquia y de toda la república que cayeron asesinados por las armas que llevaban en sus manos los guardianes del orden y que debían servir para…p. 561
16Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1841 cita
[16]aim was to ensure that the provincial masses, who had shown such revolutionary vigor on April 9, would not threaten the pax romana imposed on the urban centers. Stimulated by Gómez's preaching, this task was carried out in the principal Conservative bastions of Boyacá and Nariño as well as in Antioquia. In Antioquia…p. 184
17Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1271 cita
[17]“mayor” Ciro Trujillo. La labor de pacificación en el Cauca fue continuada por la Igle- sia y los terratenientes, quienes promovieron y financia ron bandas 200 El Davis fue el mayor núcleo de resistencia de las guerrillas liberales y comunistas durante los años cincuenta. Ubicado en el cañón de Las Hermosas, en el sur…p. 127
18Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1151 cita
[18]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…p. 115
19Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 931 cita
[19]y edificios religiosos, el saqueo de los almacenes y los daños a oficinas de gobierno, la insurrección fue descrita, al mismo tiempo, como una muestra de barbarie popular promovida por el liberalismo y de planeación subversiva: esto definió el tipo de visión de la revuelta urbana en los años siguientes, como ejecutada…p. 93
20Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 691 cita
[20]prontitud en el des- monte de los aparatos liberales y al li- beralismo que pugna por pasar el cua- trenio con los menores golpes posi- bles, antes de recuperar la presiden- cia. El país se caldea y en los campos y pueblos comienza la Violencia. Jor- ge Eliécer Gaitán, dirigente indiscuti- do del partido, hace vibrar…p. 69
21More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 491 cita
[21]the Catholic hierarchy was viewed as closely allied with the Conservative cause. Swept up, Castro observed and then embraced what he later called the spontaneous combustion of the pueblo that had loved Gaitan as one of their own. Castro tried to steal some police boots, but they were too small for his feet. He grabbed…p. 49
22Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 92, 1052 citas
[22]104 contra todo lo que representaba el poder clerical-conservador de la época. Los símbolos del liberalismo, como el periódico El Tiempo, no sufrieron ningún daño, pese a que se encontraban en el epicentro de las revueltas. El gaitanismo parecía anunciar, así, su retorno al oficia- lismo liberal… Detrás de los actos…p. 105
[32]que se manifestaban en sus simpatías por el Partido Liberal, el cual, en ocasiones, había mostrado cierto interés por la libertad religiosa. En medio del fragor de la Violencia, del Estado, Bogotá, Cinep, 2003, pp. 17-46. Varios trabajos del sociólogo Alfredo Molano abordan el tema de la Violencia a partir de los…p. 92
23Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1371 cita
[23]terno como en lo externo. En lo interno, la Iglesia. Desde el 9 de abril, sobre todo, la Iglesia respi- raba ira santa. Había sido herida en su autoridad, golpeada en sus bienes y ul- trajada en su personal, como tal vez nunca lo había sido en la historia de esta nación que se preciaba de ser la más católica del…p. 137
24Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1271 cita
[24]conflicto, salvo poner dos entradas a los lados de cada iglesia, una puerta roja para los liberales y una azul para los conservadores. Algunas partes del país, incluyendo la Costa Caribe y ciertas ciudades del interior, como Honda, lograron mantenerse al margen del conflicto, pero en las regiones más azotadas por la…p. 127
25El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 3501 cita
[25]un carácter na- t uralmente violento. Era violento, porque el dominio local de cada partido y facción era ferozmente competido por sus adversarios, pero el diseño institucional daba al grupo dominante una ventaja estratégica: la apelación a las policías departamental y municipal (incluyendo al Resguardo de Rentas), y…p. 350
26Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 2581 cita
[26]de nosotros, montados en unos caballos que nos dio Joa- quín Galvis, el papá del músico Eliseo, nos les fuimos por la espalda y los encontramos embobados oyendo los dis- paros, tratando de saber de dónde salía el humo para saber por dónde veníamos. Y nosotros ya estábamos encima. Les respondimos sin que se dieran…p. 258
27La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 21, 2732 citas
[27]neo- presbítero. Jaime Castillo, destrozado en San Juan de Urabá el 30 de julio de 1950; y al anciano padre Teodoro Sánchez en la Tolda, municipio de Roncesvalles, Tolima. En algunos sitios esas mismas gentes salvaron las imágenes, pero en otros, profanaron templos y capillas y aun cometieron sacrilegios como el de…p. 273
[37]al Presbítero Camilo Torres Restrepo, fraternal im- pulsador de todas las horas; a la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional que promovió la idea de la investi- gación; a la Fundación de la Paz con cuyo patrocinio fue posible realizar la labor; a don René Camargo, generoso auxiliar; al doctor Andrew Pearse…p. 21
28"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1601 cita
[29]en el campo político. En el plano militar esta preocupación cobró forma bajo la perspectiva de seguridad nacio- nal y la doctrina del enemigo interno. Este planteamiento derivó en una serie de medidas tomadas por los gobiernos nacionales del continente americano. De estas preocupaciones no estuvo exenta la iglesia…p. 160
29Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 651 cita
[31]in Colombia expanded. The chang - ing balance of power among various groups, in a country and a region with deep transformations in the 1960s, determined ruptures in the face of relative unanimity in the image built around the causes and conse - quences of the unequal development, characteristic of the prevailing eco…p. 65
30Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 173, 1762 citas
[33]Indeed, Washington registered more than fifty com- plaints about the treatment of foreign missionaries in Colombia during 1956 alone. In March 1956 the Colombian ambassador admitted that “special conditions reign[ed] in countries like Colombia and Spain,” which were hostile to Protestant interests.50 Nevertheless, in…p. 176
[43]Rojas invoked Catholic religious and social doctrine to inspire unity. Honoring the legacy of Simón Bolívar, the military government also extolled the ideas of “loyalty, honesty, modesty, strength, and moderation.”31 Together, these virtues would help Colombia move beyond la Violencia, toward some higher, albeit…p. 173
31When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 163 citas
[34]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…p. 16
[35]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…p. 16
[36]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…p. 16
32Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 2841 cita
[38]Guzmán. Following on González’s insider recognition that Monsignor Guzmán had not obtained ecclesiastical permission to publish the book (a matter distinct from his authorized transfer from Tolima to Bogotá), El Siglo ventured that La violencia en Colombia ’s positive coverage of a “child bandit” (fi gure 2) and…p. 284
33Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 661 cita
[41]a la pre- sidencia de la Asamblea. 1957. Enero 27. El general Gabriel Paris da a conocer a la naci6n la «decisi6n irrevocable» de las Fuerzas Armadas de que Rojas siga en el poder hasta el afio 1962. Enero 29. Ospina Pérez se retira de la ANAC y junto con Alberto Lleras se pronuncia contra la de- claraci6n del general…p. 66
34Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2301 cita
[42]n. La anac, en la que hab í a una minor í a opositora fuerte, se reu ni ó en marzo de 1957 y busc ó dar todo el poder al rojismo. Para ello decret ó su disoluci ó n y su reemplazo por una nueva Asamblea Constituyente, de 90 miembros, la tercera parte de ellos nombrados por el presidente y los otros 60 por juntas…p. 230
35La MANE y el movimiento estudiantil en Colombia. Agendas, luchas y desafíosAndrés Felipe Mora Cortés (compilador), Mauricio Archila Neira, Laura Isabel Buitrago Rodríguez, José Abelardo Díaz Jaramillo, Paulina Andrea Farfán Trujillo, Paola Alejandra Galindo García, Martha Lucía Gutiérrez Bonilla, Andrea Lopera Lombana, Jairo Andrés Rivera Henker · 2020 · p. 371 cita
[44]tolerado. El Gobierno conservador pretendió además promover una organización estudiantil de bolsillo que secundara propósitos como la reforma constitu - cional, que apuntaba a consolidar un régimen corporativista. Eso explica el patrocinio que el partido le dio a un encuentro de profesores y estudiantes en Medellín,…p. 37