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Biografía

Álvaro García Romero

Seguridad Democrática

18 min de lectura30 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesConcejal de Sincelejo · Alcalde de Ovejas
Lugar principalColombia
Período históricoSeguridad Democrática2002–2016
03

La biografía

Álvaro Alfonso García Romero fue senador de la República por Sucre durante tres períodos, heredero de una tradición ganadera y política costeña, y una de las figuras condenadas por el escándalo de la parapolítica que atravesó el gobierno de Álvaro Uribe Vélez entre 2002 y 2010. Su nombre resume, más que ninguna otra ficha del expediente, un modelo completo: el del político-empresario regional que articuló élites ganaderas, aparato estatal municipal y estructuras paramilitares en un solo circuito de poder. La condena que finalmente se dictó en su contra no desmontó una anomalía: reconoció, tardíamente, que la Seguridad Democrática, mientras avanzaba contra las guerrillas, operaba sobre un Estado regional en Sucre que llevaba años capturado. Este perfil traza esa trayectoria completa —del concejo de Sincelejo a la cárcel— con el detalle documental que el caso exige y con el pulso interpretativo que impide reducirlo a un caso individual.

García Romero pertenece a esa clase política costeña que hizo de la ganadería la base económica y del clientelismo departamental el instrumento electoral. Su carrera es la de un hombre que subió peldaño a peldaño en el escalafón regional —concejal de Sincelejo, alcalde de Ovejas, diputado a la Asamblea de Sucre— hasta consolidarse en el Congreso, primero como representante a la Cámara durante tres períodos consecutivos y luego como senador otras tres veces. Ese perfil, en apariencia rutinario dentro de la política caribeña, adquiere sentido pleno solo cuando se lee en paralelo a otra cronología: la de la implantación paramilitar en Sucre a partir de 1996, la consolidación del Bloque Héroes de los Montes de María bajo Rodrigo Mercado Peluffo, alias Cadena, y la ola de masacres que entre 1999 y 2001 dejó cuarenta y dos matanzas y trescientas cincuenta y cuatro víctimas fatales solo en la región de los Montes de María.

En ese cruce reside la centralidad histórica del personaje. García Romero no fue un congresista al que se le imputó, tardíamente, complicidad con un fenómeno externo: fue miembro visible de la élite política que participó activamente en la estrategia paramilitar, según lo estableció la justicia. Se lo situó en el mismo bloque de dirigentes sucreños que hicieron del departamento uno de los laboratorios más nítidos de la captura del Estado por parte de una alianza armada, política y económica. Entre ellos figuraron el exsenador y exrepresentante José María Conde Romero, la exrepresentante Muriel de Jesús Benitorrevollo Balseiro y el exsenador Jairo Enrique Merlano Fernández. La condena, por tanto, no cierra el caso de un hombre: nombra un modelo.

Nada del ascenso de García Romero se entiende sin la mecánica social de la sabana. La tierra concentrada en pocas manos, la ganadería extensiva como marca de estatus, el compadrazgo como forma de administración municipal, la fidelidad al apellido antes que al programa: sobre esos rieles avanzó una carrera que atravesó cuatro décadas sin sobresaltos. Y sobre esos mismos rieles corrió, en paralelo, la maquinaria armada que el propio hombre y sus pares terminaron de acoplar al Estado local. La política sucreña funcionó como un negocio familiar ampliado, donde las herencias no eran solo de hato sino de electorado, y donde cada generación aprendía temprano que el poder se defendía con los mismos instrumentos con que se administraba la finca: la lealtad exigida, la deuda contraída, la amenaza tácita.

02

Línea de vida

  1. 1970

    Inicio de la carrera política local

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    García Romero inició su ascenso político como concejal de Sincelejo, acumulando capital territorial y redes clientelares en la sabana sucreña que servirían de base para su escalada regional y nacional.

  2. 1980

    Alcalde de Ovejas y diputado a la Asamblea de Sucre

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    Ejerció como alcalde del municipio de Ovejas, en el corazón de los Montes de María, y posteriormente como diputado a la Asamblea Departamental de Sucre, consolidando el control sobre padrones electorales, ganaderos y comerciantes locales.

  3. 1996

    Implantación paramilitar en Sucre y articulación de la red político-armada

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    A partir de 1996, políticos y ganaderos de Sucre —entre ellos el círculo de García Romero— importaron activamente el paramilitarismo desde Córdoba. Salvador Arana Sus, aliado político directo de García Romero, confesó posteriormente que fueron los propios políticos quienes buscaron a las autodefensas para asegurar curules electorales.

  4. 1997

    Ofensiva paramilitar sobre los Montes de María

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    Las AUC concentraron esfuerzos en municipios como Ovejas, San Onofre, Carmen de Bolívar y Tolú. El Bloque Héroes de los Montes de María bajo Rodrigo Mercado Peluffo (alias Cadena) y la estructura Rito Antonio Ochoa del Bloque Norte ejecutaron masacres, desplazamientos forzados y apropiaciones de tierra que reordenaron el mapa social del departamento.

  5. 2000

    Consolidación como senador en el período de máxima violencia paramilitar

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    García Romero ejerció su mandato senatorial mientras en su territorio se perpetraban masacres sucesivas —42 matanzas y 354 víctimas fatales solo en los Montes de María entre 1999 y 2001— y se producía la apropiación de grandes superficies de tierra por parte de las estructuras paramilitares aliadas.

  6. 2004

    Aval a Yahir Acuña: síntesis de la red político-paramilitar

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    García Romero otorgó el aval del Movimiento Apertura Liberal a Yahir Acuña para ser elegido concejal de Sincelejo. En esa candidatura confluían tres estratos: el financiamiento de Salvador Arana Sus como padrino político, los avales paramilitares de Diego Vecino y Cadena, y la firma legal del senador, ilustrando el funcionamiento completo de la red.

  7. 2006

    Desmovilización de las AUC y apertura del archivo judicial

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    La desmovilización formal de las AUC, enmarcada en la Política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez, abrió el proceso de versiones libres y permitió que la Corte Suprema de Justicia investigara los vínculos entre paramilitares y cerca del 30% del Congreso, proceso que afectó directamente a García Romero y a su red en Sucre.

  8. 2009

    Condena de Salvador Arana Sus y desmantelamiento judicial de la red

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    El 3 de diciembre de 2009, la Corte Suprema de Justicia condenó a Salvador Arana Sus —aliado político directo de García Romero— a 40 años de prisión por la desaparición y asesinato del alcalde de El Roble, Eudaldo León Díaz Salgado (10 de abril de 2003), y por concierto para delinquir vinculado a la conformación del Bloque Mojana en 1997. La condena nombró la red de la que García Romero era nodo central.

  9. 2010

    Condena por parapolítica

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    García Romero fue condenado en el marco del escándalo de la parapolítica, reconociendo judicialmente su participación activa en la estrategia paramilitar en Sucre. Su caso fue emblemático del modelo de captura del Estado regional por una alianza armada, política y económica que operó durante el período de la Seguridad Democrática.

Los orígenes del hombre y del sistema

La vida temprana de García Romero pertenece a la textura clásica de las oligarquías ganaderas de la sabana sucreña. Ovejas, el municipio del que fue alcalde, se encuentra en el corazón de los Montes de María, una geografía que combina fertilidad agrícola, tradición campesina y —desde los años ochenta— presencia guerrillera del ELN, el PRT, la CRS y el EPL, a los que se sumaría en 1994 el Frente 35 de las FARC con énfasis en La Mojana, y el ERP como disidencia del ELN. Ese era el mapa que enmarcó su ascenso: una zona rural donde la propiedad ganadera y la representación política se transmitían casi como un mismo activo familiar, y donde la amenaza guerrillera, aunque real, no alcanzaba las intensidades de otras regiones del país.

Es esa desproporción la que da sentido al viraje. A partir de 1996, políticos y ganaderos de Sucre no reaccionaron ante una insurgencia desbordante: importaron activamente el paramilitarismo desde Córdoba, aprovechando la coyuntura para consolidar un poder que la política electoral, por sí sola, no les garantizaba. La confesión más precisa de ese origen la dio años después Salvador Arana Sus, exgobernador de Sucre y aliado político directo de García Romero, condenado a cuarenta años de prisión: fueron los propios políticos, dijo, quienes comenzaron a buscar a las autodefensas para formar alianzas que les aseguraran ganar curules electorales. La frase invierte el guion oficial de la contrainsurgencia: no fue el paramilitarismo el que penetró la política; fue la política la que fue a buscarlo.

En esa lógica se explica también el hombre que Sucre necesitaba para operar como puente entre la trinchera ganadera y el Capitolio. Edwar Cobos Téllez, alias Diego Vecino, natural de San Marcos —capital de La Mojana—, fue reclutado por políticos y ganaderos para crear grupos de autodefensa. Cadena, por su parte, dirigió el Bloque Héroes de los Montes de María y controló el corredor del narcotráfico que salía por el golfo de Morrosquillo, cargando sobre sus hombros la responsabilidad de masacres y asesinatos que reordenaron por la fuerza el mapa social del departamento. Junto a ellos operó la estructura Rito Antonio Ochoa, perteneciente al Bloque Norte de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, con su grupo San Onofre activo en San Onofre, Tolú, Toluviejo, Ovejas, Chalán y Los Palmitos. Los orígenes de García Romero como político no son separables de este parto violento. El municipio donde había sido alcalde era precisamente uno de los que las AUC identificaron a partir de 1997 como objetivo prioritario en su ofensiva sobre los Montes de María.

En el terreno, la ofensiva se tradujo en fincas quemadas, veredas vaciadas, cuerpos exhibidos en plazas para producir escarmiento. El sur del departamento se despobló de campesinos y se repobló de ganado; los títulos de propiedad, cuando volvían a la superficie, lo hacían con nombres nuevos. Esa reordenación silenciosa del suelo fue el subsuelo económico de la política que García Romero encabezaba desde Bogotá. Cada masacre corrigió, sin acta notarial, la escritura de una finca. Cada desplazamiento liberó un padrón electoral. Cada ejecución selectiva de un líder campesino canceló una demanda pendiente ante la reforma agraria. La violencia hizo, en cinco años, lo que la política ganadera no había logrado hacer en cincuenta.

La trayectoria en tres tiempos

La carrera política de García Romero se lee en tres tiempos superpuestos, que corresponden a tres etapas del sistema que ayudó a construir.

Primer tiempo: el ascenso local (años setenta y ochenta). Concejal de Sincelejo primero, alcalde de Ovejas después, diputado a la Asamblea Departamental de Sucre a continuación. Ese itinerario, en apariencia banal, le dio el capital político territorial: conocimiento de veredas y municipios, control de padrones electorales, alianzas con ganaderos y comerciantes locales, capacidad para hacer alcaldes. Ese capital es la moneda con la que después negociaría a escala nacional. La Ovejas de su alcaldía era ya una plaza en disputa, cruzada por guerrilla, ganadería y presencia campesina organizada; administrarla exigió tejer los primeros hilos de una red que después escalaría hasta el Senado.

Segundo tiempo: la nacionalización del poder regional (años noventa). El salto a la Cámara de Representantes, y su reelección durante tres períodos consecutivos, coincide con la implantación paramilitar en Sucre. La figura política que llega a Bogotá con la representación de un departamento ganadero medio no es la misma que sube en un tiempo sin armas: García Romero se instaló en el Congreso mientras en su territorio se ejecutaban masacres, desplazamientos forzados y apropiaciones de tierra que copaban grandes superficies. Su tercer tiempo, ya como senador, se produjo dentro del Movimiento Apertura Liberal, la etiqueta bajo la cual otorgó en 2004 el aval al joven Yahir Acuña para el concejo de Sincelejo. El Movimiento Nacional Progresista, identificado como una de las formaciones que ampliaron su influencia en el Congreso durante la unificación de las AUC, forma parte del mismo ecosistema de siglas, avales y microempresas electorales.

Tercer tiempo: la Seguridad Democrática y la caída (2002-2010). Este es el período que da al personaje su peso histórico. Álvaro Uribe Vélez gobernó Colombia durante dos períodos consecutivos entre 2002 y 2010, tras la habilitación de su reelección, con la Política de Seguridad Democrática como eje único de gobierno. Bajo ese paraguas, la desmovilización de las AUC —formalizada en 2006 tras un proceso que involucró a más de treinta y un mil combatientes— se planteó como un acuerdo pragmático que ofrecía a los paramilitares permanencia corta en cárceles de mínima seguridad, mensualidades para sus hombres y apoyo a proyectos agroindustriales, desestimando los derechos de las víctimas.

La paradoja del período fue que ese mismo proceso, diseñado para blindar a los comandantes, abrió el archivo. Las versiones libres, la información del computador de Jorge 40 y las declaraciones espontáneas de paramilitares a los medios permitieron que se investigaran vínculos con el paramilitarismo en concejales, alcaldes, gobernadores y cerca del treinta por ciento del Congreso. Por esa grieta la Corte Suprema de Justicia, con el impulso investigativo asociado a Iván Velásquez Gómez, entró al corazón del Estado. Y fue en ese proceso donde la trayectoria de García Romero, tras décadas de escalada, se detuvo.

La red: cómo se hizo el poder en Sucre

Ningún político-empresario opera solo. La categoría que mejor describe a García Romero no es la de individuo poderoso sino la de nodo dentro de una red. Reconstruir esa red es reconstruir el sistema.

En su núcleo estaba Arana Sus, aliado político directo, condenado por la Corte Suprema de Justicia el 3 de diciembre de 2009 a cuarenta años de prisión por la desaparición y asesinato del alcalde de El Roble, Eudaldo León Díaz Salgado, ocurrido el 10 de abril de 2003 en cercanías a Sincelejo, y por concierto para delinquir vinculado a la conformación del Bloque Mojana en 1997. Su testimonio posterior aportó la que sigue siendo la explicación más franca del origen del sistema: que los políticos buscaron a las autodefensas para asegurar curules, y que las autodefensas, con el tiempo, se interesaron menos en el apoyo de los ganaderos y más en manejar los presupuestos y recursos de los municipios, porque resultaba más lucrativo. Esta es la clave económica del entramado: el paso de una alianza contrainsurgente a una alianza fiscal.

Alrededor de Arana Sus y García Romero orbitaron los cuadros medios y bajos de la maquinaria. El exalcalde y diputado Ángel Villarreal Barragán fue condenado por su vinculación en la conformación del Bloque Mojana en 1997. El contratista Octavio Otero Porras aparece como pieza intermedia del entramado. El diputado Nelson Stamp Berrío fue señalado como parte del núcleo de políticos sucreños que participaron activamente en la estrategia paramilitar. En el Congreso, los pares de García Romero fueron Conde Romero, Benitorrevollo Balseiro y Merlano Fernández, la trilogía sucreña que compartió con él bancada, aval y expediente.

Sobre esa red política se acoplaron los comandantes armados. Diego Vecino, hijo del suelo mismo que reclutaba, aportó la conducción territorial. Cadena, con base en el Bloque Héroes de los Montes de María, aportó el músculo militar y, sobre todo, el control del corredor del narcotráfico por el golfo de Morrosquillo. La estructura Rito Antonio Ochoa, en articulación con Jorge 40, cerró la geografía sobre los municipios estratégicos. En un plano superior operaron Salvatore Mancuso y, más adelante, Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, como referentes nacionales de la negociación con el gobierno.

Un caso testimonial resume la mecánica de la red hacia abajo. Yahir Acuña llegó a la política con el apoyo económico de Arana Sus como padrino, con los avales paramilitares de Diego Vecino y Cadena, y con el aval formal del Movimiento Apertura Liberal firmado por García Romero, para ser elegido concejal de Sincelejo en 2004. En una sola candidatura confluyen los tres estratos: financiación política de la élite regional, respaldo armado paramilitar y firma legal del senador. Acuña sobrevivió al desmantelamiento judicial de sus padrinos y prolongó, en la posdesmovilización, la vida de la red bajo nuevos ropajes.

El circuito económico: regalías, ganado y alcaldías

La segunda capa de la red —la fiscal— es la que otorga al caso García Romero su singularidad interpretativa. El paramilitarismo en Sucre no fue solo un aparato de violencia contrainsurgente: fue, sobre todo, un dispositivo de captura de recursos públicos. La coincidencia geográfica es demasiado precisa para ser accidental: el cincuenta por ciento de los giros de regalías petroleras en el departamento correspondió a municipios del área de influencia directa de Cadena.

Sobre un total superior a doscientos noventa y un mil quinientos setenta y cinco millones de pesos, la mitad del río petrolero se concentraba en cuatro municipios del corredor. Santiago de Tolú recibió once mil cuatrocientos setenta millones; Coveñas, diez mil sesenta y tres millones; Sincelejo, siete mil quinientos cincuenta y cuatro millones; y San Onofre, dominado por los Benitto Revollo, tres mil seiscientos setenta y ocho millones. La geografía del giro coincide con la geografía del fusil: las alcaldías controladas por el bloque paramilitar del golfo de Morrosquillo eran las mismas por las que pasaba la mayor parte de las regalías petroleras del departamento.

Cadena negociaba ganado robado en los Montes de María con algunas alcaldías de Sucre y Córdoba. Los financieros del grupo, Willer Coba López y Humberto Frasser, se encargaban de entregar a los alcaldes participantes su parte de los recursos. En ese circuito —regalías, contratos, hurto de ganado reciclado a través de las alcaldías— el paramilitarismo sucreño encontró su verdadera economía política. Diego Vecino lo dijo con claridad en versión libre: uno de los mayores logros de su proyecto político fue haberse ganado las cinco alcaldías del Golfo de Morrosquillo en las elecciones de 2003.

La consecuencia de esta configuración es inmediata para leer un asesinato particular. El 10 de abril de 2003, en cercanías a Sincelejo, Díaz Salgado, alcalde de El Roble, fue desaparecido y luego asesinado. El crimen se inscribe en la dinámica de alianza entre las AUC y actores políticos para el control de recursos municipales y del gobierno local. La sentencia contra Arana Sus por este hecho estableció, judicialmente, la conexión: el mismo aparato que había sido armado para ganar elecciones era ya, en 2003, el aparato que ejecutaba a quien pudiera obstruir el flujo de contratos. El testimonio de Arana Sus sobre la evolución de los intereses paramilitares —del ganadero al presupuesto— cobra aquí su literalidad más dolorosa. Díaz Salgado había denunciado públicamente lo que estaba viendo desde la alcaldía; el precio de esa denuncia fue su vida.

La condena y el proceso

La judicialización de la parapolítica no nació en 2006 con la desmovilización, aunque haya sido entonces cuando adquirió velocidad. El escándalo se desencadenó principalmente a partir de la información contenida en el computador de Jorge 40, que reveló vínculos de decenas de políticos, empresarios y militares —especialmente de la región Caribe— con pagos, apoyos electorales y contratos. En el plano parlamentario, el impulso inicial provino del Polo Democrático y particularmente de Gustavo Petro, quien señaló en debates sobre la Ley de Justicia y Paz que varios congresistas tenían impedimentos por sus relaciones con paramilitares.

La Corte Suprema de Justicia, en articulación con el trabajo de un núcleo de magistrados y auxiliares entre los que se destaca Velásquez Gómez como impulsor de las investigaciones más agudas, centró su atención en las redes que los paramilitares mantenían en el corazón del Estado. La sentencia contra Arana Sus del 3 de diciembre de 2009 se convirtió en referencia jurisprudencial para el conjunto de casos sucreños. En paralelo, la Corte Constitucional, en 2006, reencuadró el proceso de Justicia y Paz para acercarlo a los estándares de verdad, justicia y reparación, forzando desde la jurisdicción constitucional una lectura menos indulgente del pacto con los comandantes.

En este marco fue condenado García Romero. La justicia constató que, junto con los otros políticos de Sucre, participó activamente en la estrategia paramilitar. El proceso, como el conjunto de la parapolítica, no fue lineal ni pleno: los paramilitares también habían utilizado bases de datos electorales del registro civil para planear y ejecutar fraude masivo en las elecciones de 2002, y habían penetrado el DAS para borrar antecedentes penales y elaborar listas de ciudadanos acusados de ser aliados de la guerrilla que después fueron asesinados. Ese trasfondo —de captura no solo del Congreso sino del aparato electoral y de seguridad— otorga a la condena su peso institucional.

Los límites del proceso: la impunidad como sistema

Sería una lectura complaciente presentar la condena de García Romero como el cierre de un ciclo. El expediente comparado dice otra cosa. Años después de las principales condenas, ninguno de los congresistas sancionados por parapolítica había pagado las multas judiciales impuestas. Varios firmantes del Pacto de Ralito fueron absueltos por no encontrarse prueba distinta a la firma del documento. Las investigaciones se nutrieron de versiones libres de comandantes paramilitares calificadas, en su calidad de aporte a la verdad, como muy precarias. La mayoría de los procesos permaneció en etapa preliminar, con escaso avance en materia de reparación. Se documentaron pabellones exclusivos para políticos condenados, con condiciones de reclusión diferenciadas.

La historia larga de estos intentos judiciales es aún más ilustrativa. La justicia colombiana tuvo al menos tres oportunidades históricas de enfrentar el entramado paramilitar-político: en los años ochenta con el MAS, luego con la contabilidad de las ACCU hallada en el parqueadero Padilla, y finalmente con la parapolítica posdesmovilización. En las dos primeras, la impunidad se impuso; el asesinato de jueces e investigadores fue un factor documentado. La tercera oportunidad —la de García Romero— produjo condenas visibles y sentencias sólidas contra un núcleo de la clase política, pero coexistió con una judicialización de fondo que no logró desmontar los circuitos económicos ni las redes clientelares que sostenían el sistema en las regiones.

Mancuso llegó a expresar su intención de no continuar contribuyendo a los procesos de justicia ordinaria y de Justicia y Paz, alegando violaciones a los términos de la ley; Don Berna, por su parte, adujo falta de garantías para su familia. Ese estancamiento —el retiro de los comandantes de la colaboración— cerró la ventana de verdad justo cuando empezaba a ampliarse. Mientras tanto, los medios de comunicación priorizaron el escándalo nacional sobre la investigación regional y local, y limitaron de manera decisiva la rendición de cuentas en el territorio, donde las redes seguían operando.

Las víctimas, entretanto, aprendieron a moverse en un idioma jurídico que no había sido diseñado para ellas. Familias de campesinos desplazados, viudas de alcaldes asesinados y líderes sociales sobrevivientes se convirtieron en actores procesales tardíos, con acceso limitado a expedientes que llevaban años armándose sin su presencia. La reparación integral, prometida por la ley, se fue quedando en la nomenclatura. La distancia entre el archivo judicial y el territorio se ensanchó: los expedientes engrosaban en Bogotá mientras en los Montes de María los mismos caminos rurales seguían siendo transitados por herederos de las mismas estructuras, con nombres nuevos y contratos vigentes.

La huella: qué queda de García Romero en Sucre

La condena de García Romero no restituyó lo que su carrera política contribuyó a producir. Las organizaciones paramilitares que actuaron en Sucre desde 1996 consolidaron su dominio a través de masacres sucesivas, desplazamiento forzado y apropiación de tierras, copando grandes superficies territoriales. Los datos hablan por sí solos: en los Montes de María, entre 1999 y 2001, cuarenta y dos masacres dejaron trescientas cincuenta y cuatro víctimas fatales. El ochenta y cuatro por ciento del suelo del departamento correspondía, hacia 2008, a actividades pecuarias, una configuración agraria que no se explica sin la violencia sostenida contra el campesinado y la reordenación forzada de la propiedad rural.

Sobre esa geografía de ausencia se levantó la posdesmovilización. La red política sobrevivió a la caída de sus fundadores mediante la figura de operadores más jóvenes. Acuña, el concejal avalado en 2004 por García Romero con padrinazgo de Arana Sus y bendición armada de Diego Vecino y Cadena, extendió la vida del sistema en el período posterior a las condenas. Redes vinculadas a esa trayectoria utilizaron recursos del erario público de Tolú y Coveñas —en especial regalías— como fuente de financiación política, e incidieron en la elección, en marzo de 2013, de los alcaldes Régulo Puentes, Arnulfo Ortega, Álvaro Manuel Vanegas y María Bernarda Merlano como delegados ante los OCAD Regional y Departamental. El circuito de regalías que había sido el corazón económico del paramilitarismo sucreño no desapareció: cambió de gestores.

La desmovilización nacional, en paralelo, dejó tras de sí estructuras herederas del paramilitarismo que mantuvieron actividades armadas, particularmente en el litoral Pacífico, y produjo una redistribución del control territorial que las FARC-EP y el ELN aprovecharon parcialmente, replegándose hacia zonas económicamente estratégicas. La Seguridad Democrática, medida en cifras militares, mostró resultados. Medida en captura del Estado regional, dejó intactas buena parte de las estructuras que la parapolítica apenas alcanzó a rozar en su superficie institucional.

García Romero termina siendo, en la biografía política colombiana reciente, más que un condenado: es una clave interpretativa. Su itinerario permite leer el paramilitarismo sucreño no como un accidente externo a la política ni como una infiltración desde afuera, sino como el resultado de una decisión consciente de la élite regional que, en los años noventa, prefirió importar un ejército privado antes que perder el control electoral y presupuestal de su departamento. Al mismo tiempo, su caída permite ver los límites del propio aparato que lo capturó: una Corte Suprema que llegó tarde, condenas que no se pagan, redes que sobreviven en la generación siguiente, medios que iluminan el escándalo nacional y dejan la región en penumbra.

Las élites políticas iniciaron el proceso, pero los comandantes paramilitares desarrollaron autonomía estratégica propia: Cadena controlaba un corredor de narcotráfico; Diego Vecino se ganó las cinco alcaldías del Golfo como logro personal de su proyecto político; los financieros del bloque decidían qué alcaldes recibían qué parte del ganado robado. García Romero y sus pares fueron los arquitectos del pacto y, al mismo tiempo, sus rehenes progresivos. Esa asimetría explica por qué la condena de la clase política sucreña, aunque necesaria e insuficiente, no bastó para desmontar el sistema: la máquina había adquirido lógica propia.

Queda, finalmente, la pregunta que este perfil no cierra pero sí formula con precisión. Si la Seguridad Democrática funcionó durante ocho años sobre un mapa regional en el que Sucre —y buena parte de la Costa Caribe— estaba ya capturado por una alianza político-paramilitar documentada judicialmente, ¿qué significa haber ganado, desde el Estado central, una guerra que a nivel local se libraba sobre presupuestos, regalías y alcaldías cooptadas? El nombre de Álvaro García Romero, apellido y expediente juntos, es una de las puertas por donde esa pregunta entra al archivo colombiano y se queda.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 35 fragmentos
01Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 3141 cita
[1]

de Sucre y Alcalde del municipio de Sucre; el ex Senador y ex Representan- te a la Cámara José María Conde Romero; la ex Representante a la Cámara Muriel de Jesús Benitorrevollo Balseiro; el ex Senador Jairo Enrique Merlano Fernández; y el Diputado de la Asamblea departamental de Sucre Nelson Stamp Berrío, entre…

p. 314
02Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · Páginas 13, 162 citas
[2]

logrado ascender en su carrera, pasando de 29 estudiante de Ingenieria Agropecuaria a ser el representante de los egresados ante el Consejo Superior de Educacion de la Universidad de Sucre. Acuna llego ala politica con el apoyo econornico de Sal- vador Arana, su padrino politico, y el aval de los jefes pararnilitares…

p. 13
[14]

asegura el futuro de su can·era politica a la Gobernacion de Sucre y Alcaldia de Sincelejo, siendo los recursos del erario publico de las administraciones municipales de Tolu, Covefias, su principal fuente de financiacion, en especial los recursos provenientes de regalias, Secretaria de Educacion Municipal de…

p. 16
03La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · Páginas 89, 982 citas
[3]

una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…

p. 89
[5]

entre los 26 mu- nicipios de Sucre 80 Al interior del departamento pueden distinguirse dos micro- regiones donde la movilización armada ha sido especialmente aguda. La primera corresponde a los Montes de María. Allí se ins- talaron desde los ochenta el ELN, el PRT, la Coordinadora de Reno- vación Socialista – CRS -, y…

p. 98
04Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · Página 781 cita
[4]

Eric Morris y que se transcribe a continuación: “A partir de 1996, sin desconocer que en los años anteriores de esa década grupos armados ilegales habían ope- rado en Sucre y llevado a cabo aten- tados contra la población, empezaron a actuar en la región organizaciones paramilitares que se proclamaron como expresión…

p. 78
05El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · Página 2631 cita
[6]

2004). En el departamento de Sucre, las autodefensas operan en la zona a través de la estructura Rito Antonio Ochoa, perteneciente el Bloque Norte de las AUC. El grupo San Onofre opera en la región, ubicándose en los municipios de San Onofre, Tolú, Toluviejo, Ovejas, Chalán y Los Palmitos. A partir de 1997 las AUC se…

p. 263
06El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · Página 2631 cita
[7]

2004). En el departamento de Sucre, las autodefensas operan en la zona a través de la estructura Rito Antonio Ochoa, perteneciente el Bloque Norte de las AUC. El grupo San Onofre opera en la región, ubicándose en los municipios de San Onofre, Tolú, Toluviejo, Ovejas, Chalán y Los Palmitos. A partir de 1997 las AUC se…

p. 263
07Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 1841 cita
[8]

Mojana. Ella, a su vez, reclutó a Edward Cobos Téllez, después conocido con el alias de Diego Vecino, de San Marcos, capital de La Mojana, para crear grupos de autodefensa, con el patrocinio de políticos y ganaderos. El director de Acción Social, buen conocedor de la historia regional, recuerda que “la Cantora y…

p. 184
08Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · Página 621 cita
[9]

que comunica con el bajo Cauca antioqueño. Se- gún enseña La tierra en disputa, durante quince años las guerrillas ejercieron un régimen de extorsión sobre ganaderos y comercian- tes, reforzado por la comisión de 633 secuestros entre 1996 y 2004 (GMH, 2010, página 100). En los Montes de María ejerció domi- nio el…

p. 62
09Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 617, 6202 citas
[10]

de Infantería de Marina. La guerrilla tuvo presencia con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y la Corriente de Renovación Socialista (CRS), desmovilizados en los primeros años de la década de los noventa; con el ELN y con las FARC-EP, que ingresaron a la región con los frentes 35 y 37 integrados al…

p. 617
[11]

Rebollo, fuera el nuevo alcalde del municipio. Se buscaba seguir asegurando el control del gobierno local 2001. Salvador Arana Sus, exgobernador de Sucre condenado por sus vínculos con el paramilitarismo 2002, sostuvo que fueron los mismos políticos los que comenzaron a buscar a las autodefensas para comenzar a hacer…

p. 620
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1171 cita
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en este entramado de corrupción. Una pista para develar dicho entramado son los pactos electorales entre políticos regionales y jefes paramilitares en los municipios magdalenenses de Chivolo y Pivijay. En 2000 se suscribió el Pacto de Chivolo, que le dio vida el movimiento político de Jorge 40. El movimiento fue…

p. 117
11La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Páginas 125, 2402 citas
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el con- solidado total de los giros para el periodo supera los 291.575 millones de pesos que representan unos 150 millones de dóla- res. Aumentan de modo constante hasta 2006 por efecto de las fluctuaciones en los precios del crudo y por el descubrimiento y explotación de nuevos pozos. b. El 50% de los giros…

p. 125
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a los alcaldes que participaban en la negociación se encargaban de entregarles su parte los financieros del grupo paramilitar Willer Coba López y Humberto Frasser"." -Disputa Paramillr:.res -Gull!lTilla -Disputa Gobierno......rant6litares.#'.,.. <f" ",# --=-- DIsputa Gobierno -Guarrdla DEPARTAMeNTO: serie de ttempo…

p. 240
12Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 7451 cita
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de Justicia. Sala de Casación Civil. Magistrado ponente: Luis Armando Tolosa Villabona. «Sentencia STC 7641-2020». Bogotá, 22 de septiembre de 2020. ———. Sala de Casación Penal. Magistrado ponente: Alfredo Gómez Quintero. «Sentencia de 19 de Diciembre de 2007». Radicado 26118. 19 de diciembre de 2011. 746…

p. 745
13Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 1971 cita
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Vergara. Corte Suprema de Justicia (Sala de Casación Penal. Radicado 21629 del 15 de junio de 2005; Sala de Casación Penal. Radica- do 33039. Magistrado ponente: José Leonidas Bustos Martínez, Bogotá, 16 de diciembre de 2010; Sala Plena, agosto 13 de 1970. Magistrado ponente: Luis Sarmiento Buitrago; Sala de Casación…

p. 197
14¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 1821 cita
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que también lo hicieran. Hubo dos decisiones judiciales clave que reforzaron esta actitud de los paramilitares. La primera de ellas fue la Sentencia C-370 del 2006, en la que la Corte Constitucional decla- ró exequible la Ley de Justicia y Paz, pero fortaleció los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de…

p. 182
15Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 2241 cita
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respecto al estatus penal de los paramilitares, otros elementos complicaron la situación. En efecto, la intervención de la Corte Suprema fue más allá de las condiciones de desmovilización y se centró en las redes que los paramilitares mantenían en el corazón del Estado. En las siguientes páginas exploramos este…

p. 224
16Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · Página 681 cita
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adicionalmente, los medios de comunicación van “tras el gran escándalo”, restándole importancia a la investigación regional y local. - Se registran procesos judiciales que si bien existieron y tuvieron efectos serios sobre los responsables, en especial aquellos que fueron juzgados en la Corte Suprema de Justi - cia,…

p. 68
17Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · Página 1601 cita
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y ejes explicativos sobre el paramilitarismo en los informes del CNMH y en la producción académica fue un fenómeno exclusivamente “costeño” o “paisa”. También figuran departamentos como Tolima, Caldas, Norte de Santander y Boyacá. 4. Si bien las acciones judiciales emprendidas por la Corte Su- prema de Justicia, en…

p. 160
18Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 3561 cita
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de las regiones de influencia de los investigados (Gaitán, 2014), ni fueron parte de ellos los elaborados en los procesos de justicia y paz 380 y/o en los casos de connotación de la Fiscalía, entre otras fuentes estatales y particulares. Así las cosas, no se avanzó en esclarecer la participación y el gra- do de…

p. 356
19No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 5081 cita
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decenas de políticos, empresarios, militares, especialmente de la región Caribe, relacionados con pagos, apoyos electorales y contratos. El contenido se conoció parcialmente a través de la Revista Semana en septiembre de ese año y se convirtió en un escándalo político nacional. Esta era la tercera vez que la justicia…

p. 508
20Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Página 2611 cita
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contrincantes &%$. Fue así como, de la mano de la información del computador de “Jorge $) ” y de las declaraciones que hicieron los paramilitares a los medios antes de las versiones libres, se investigó por vínculos con el paramilitarismo a concejales, alcaldes, gobernadores, y a casi el +) % del Congreso. Las…

p. 261
21The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 4451 cita
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agency], provided confirmation that paramilitaries used voter databases from the civil status registry to plan and execute a massive amount of electoral fraud in the 2002 elections. García’s testimony and other evidence demonstrated that paramilitaries committed this breach through the DAS to erase the criminal…

p. 445
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1591 cita
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única salida? (2002—2016) 160 fiflćflThxiff fffl. iThififf xffff ćff ff E n la noche del 20 de febrero de 2002 el presidente Andrés Pastrana Arango se dirigió a la opinión pública para comunicar su decisión de dar cierre defi- nitivo al fracasado proceso de paz del Caguán 517, con el que había iniciado su mandato…

p. 159
23Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · Página 51 cita
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fall below 10% in 2012 according to some analysts. The large, unregulated informal sector accounts for 50% to 60% of Colombian workers. Drug trafficking has helped to perpetuate Colombia’s conflict by providing earnings to both left- and right-wing armed groups. The two main leftist guerrilla groups are the FARC and…

p. 5
24Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · Página 501 cita
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Medio y sur de Bolívar). De igual manera, profundizaron sus métodos de lucha contraguerrillera, logra- ron fortalecer en varias regiones el modelo de desarrollo agra- rio latifundista y agroindustrial y, por último, llevaron hasta sus últimas consecuencias la estrategia de violencia para excluir la oposición social y…

p. 50
25Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1861 cita
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y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…

p. 186
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1521 cita
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1985-2005, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Proyecciones de población municipal por área 2005-2020, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. 602 Entrevista 208-PR-02012. Testigo, mujer, religiosa. 153 fiflćffć́Th́ El repliegue de la insurgencia, los herederos del paramilitarismo y la…

p. 152
27Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 4341 cita
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en el Caribe. 48 En los términos en que arrancó el proceso, el gobierno Uribe desestimó olímpicamente los derechos de las víctimas, y de los ciudadanos en general, leyendo mal lo que era tolerable en el siglo XXI en Colombia y el mundo. Quizás por eso, planeó una desmovilización pragmática. A cambio de que le bajaran…

p. 434
28Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 4832 citas
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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

p. 483
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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

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29Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4061 cita
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vida construir relaciones solidarias en el barrio a través del fútbol y la danza de los matachines 947. En el Caribe Colombiano, y en particular en la subregión de los Montes de María, y en el departamento del Magdalena, entre 1999 y 2001 se repite el patrón de actua- ción de los grupos paramilitares contra la…

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30Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · Página 6391 cita
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partamento de Sucre, el 84 por ciento (748.930 has.) del suelo co- rrespondía a actividades pecuarias y el 10 por ciento a actividades agrícolas (Banco de la República, Subgerencia de Estudios Econó- micos, Centro Regional de Estudios Económicos, CREE, Cartage- na, 2008). Si se considera el inventario bovino de la…

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