Iván Velásquez Gómez
Seguridad Democrática
N. 1955
La biografía
Iván Velásquez Gómez es el magistrado auxiliar que, entre 2006 y 2012, condujo desde la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia las investigaciones que documentaron los vínculos entre congresistas y las Autodefensas Unidas de Colombia. Bajo su coordinación —y la de la Sala como cuerpo colegiado— fueron arrestados 65 congresistas entre noviembre de 2006 y julio de 2008; otros 43 renunciaron a sus curules para evadir la jurisdicción de la Corte. Su nombre quedó ligado al proceso judicial más ambicioso contra una clase política civil en la historia de América Latina, y por eso mismo se convirtió en blanco privilegiado de las operaciones ilegales del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Su trayectoria posterior —comisionado de la CICIG en Guatemala, ministro de Defensa de Gustavo Petro— proyectó al plano internacional una carrera forjada en los tribunales regionales de Antioquia durante los años más violentos del conflicto colombiano.
Línea de vida
- 1955
Nacimiento y formación jurídica en Antioquia
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Nacido en 1955, Velásquez se formó como abogado e ingresó a la rama judicial cuando la instrucción criminal en Colombia era una tarea de campo peligrosa. Trabajó durante décadas en Antioquia, acumulando conocimiento directo sobre las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, los hermanos Castaño y las redes que ataban a las autodefensas con sectores del empresariado, la política y las fuerzas de seguridad.
- 2006
Designación como magistrado auxiliar y apertura de las investigaciones de parapolítica
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Velásquez fue designado magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia y asignado a coordinar las investigaciones de parapolítica en la Sala Penal. Su llegada coincidió con la Sentencia C-370 de 2006 de la Corte Constitucional, que endureció las condiciones de la Ley de Justicia y Paz y convirtió la confesión de los desmovilizados en moneda de supervivencia, abriendo una cadena de revelaciones sobre los vínculos entre paramilitares y políticos.
- 2006
Inicio de arrestos masivos de congresistas: noviembre de 2006
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A partir de noviembre de 2006, la Sala Penal comenzó a ordenar arrestos de congresistas aforados. El método combinaba versiones libres de excomandantes paramilitares, documentación incautada —incluido el computador de alias 'Don Antonio'—, análisis electoral regional y pactos escritos como los de Chivolo, Pivijay y Barranco de Loba. Velásquez coordinó la sistematización de esa evidencia y el cruce de fuentes.
- 2008
65 congresistas arrestados y 43 renunciantes: balance a julio de 2008
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Entre noviembre de 2006 y julio de 2008 fueron arrestados 65 congresistas por vínculos con las AUC. Otros 43 renunciaron a sus curules para pasar a la jurisdicción ordinaria de la Fiscalía, calculando condiciones más benignas. Los partidos uribistas concentraron el grueso de los afectados: 84 congresistas salpicados, 21 condenados y tres gobernadores condenados. Las sentencias incluyeron prisión efectiva e inhabilitación permanente para ejercer cargos públicos.
- 2008
Interceptaciones ilegales del DAS y escándalo público
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El DAS interceptó ilegalmente las comunicaciones de Velásquez mientras este conducía las investigaciones de parapolítica, en el marco de operativos clandestinos (Europa, Extranjeros, Canela, Imprenta, Transmilenio) dirigidos contra magistrados, periodistas y opositores. Cuando los audios se hicieron públicos, el presidente Uribe anunció la liquidación del DAS. La primera reacción del gobierno había sido minimizar el escándalo, calificándolo como obra de 'manzanas podridas' o exdetectives que querían dañar a la entidad.
- 2012
Cierre del ciclo en la Corte Suprema y proyección internacional
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Hacia 2012 concluyó el período más intenso de las investigaciones de parapolítica bajo la coordinación de Velásquez en la Sala Penal. Su trayectoria posterior lo llevó a encabezar la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y, posteriormente, a ocupar el cargo de ministro de Defensa en el gobierno de Gustavo Petro, proyectando al plano internacional una carrera forjada en los tribunales regionales de Antioquia.
Un hombre de judicatura
Velásquez pertenece a una tradición de jurista provinciano que, en Colombia, tuvo su epicentro en pueblos donde ser magistrado significaba algo más que un cargo. San Gil, en Santander, es el ejemplo que Horacio Serpa Uribe evocaba: un municipio con Tribunal propio, orgullo antiguo de judicatura, donde llevar toga era un honor social del mayor peso. Esa cultura —la de comunidades donde el derecho tenía prestigio comparable al del comercio o la política— formó a varias generaciones de funcionarios que entendieron el oficio como vocación cívica antes que como carrera burocrática.
Velásquez encarna esa estirpe. Nacido en 1955, formado como abogado, ingresó a la rama judicial cuando la instrucción criminal en Colombia era una tarea de campo peligrosa. Los fiscales e investigadores de los años ochenta y noventa se disfrazaban de campesinos para acercarse a las zonas de conflicto, escondían expedientes en cajas de cartón y sabían que llevar un caso contra el paramilitarismo podía costarles la vida. Esa manera de hacer justicia —con el cuerpo, con el archivo bajo el brazo, con la conciencia de que la investigación misma era un frente del conflicto— quedó grabada en el modo de trabajar de una cohorte entera de funcionarios antioqueños. Velásquez fue uno de ellos.
Su experiencia coincidió con una transformación profunda del aparato de justicia. La Constitución de 1991 creó la Fiscalía General de la Nación, que entró en operación en 1992; las reformas procesales de 2000 y 2004 tecnificaron la investigación criminal e introdujeron la carrera judicial. La Corte Constitucional, activista en la protección de derechos fundamentales, se consolidó como una de las instituciones de mayor confianza en el país. La influencia del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho penal internacional empezó a permear la formación de los jueces colombianos, que comenzaron a cuestionar las categorías clásicas del derecho penal liberal —autoría, participación, dolo individual— por resultar insuficientes para explicar la responsabilidad en aparatos organizados de poder.
Velásquez trabajó buena parte de su vida profesional en Antioquia, la región donde el paramilitarismo tenía su núcleo político-militar. Allí acumuló, durante décadas, un archivo mental y documental sobre las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), sobre los hermanos Castaño, sobre las redes de financiación y protección que ataban a las autodefensas con sectores del empresariado, la política y las fuerzas de seguridad. Cuando lo designaron magistrado auxiliar de la Corte Suprema y lo asignaron a las investigaciones de la parapolítica, no llegaba a aprender: llegaba a aplicar, en el vértice del poder judicial, un método ensayado durante veinte años en los estrados regionales.
La Sala Penal en el ojo del huracán
El escándalo de la parapolítica no empezó en la Corte. Empezó en la política, en la prensa y en la desmovilización. Entre 2003 y 2006, en cumplimiento de los acuerdos de Ralito y de la Ley 975 de 2005 —conocida como Ley de Justicia y Paz—, unos treinta mil hombres se desmovilizaron colectivamente de las AUC. Las versiones libres de sus jefes y las revelaciones de mandos medios empezaron a dibujar el mapa de una alianza tejida durante más de una década entre comandantes paramilitares y políticos regionales.
El senador y luego representante Gustavo Petro, del Polo Democrático, denunció públicamente esos vínculos durante las elecciones presidenciales de 2006 y en debates parlamentarios sucesivos. La Fiscalía General de la Nación incautó el computador de alias 'Don Antonio', donde aparecían detalles de los contactos entre alias 'Jorge 40' y políticos costeños. La agenda electoral de 2006 y la propia dinámica del proceso de Justicia y Paz hicieron el resto.
La pieza jurídica que abrió la compuerta fue la Sentencia C-370 de 2006 de la Corte Constitucional. La Ley 975, tal como había sido aprobada por el Congreso y defendida por el Ejecutivo, ofrecía a los desmovilizados una pena alternativa de cinco a ocho años a cambio de su confesión y de contribución a la reparación. La sentencia declaró exequible la ley pero endureció drásticamente sus condiciones: los paramilitares debían decir toda la verdad desde su primera versión libre, so pena de perder el beneficio; si no cooperaban plenamente o no restituían lo debido, serían juzgados bajo el derecho penal ordinario y podrían enfrentar extradición. Esa reingeniería judicial —hecha en junio de 2006— convirtió la confesión en moneda de supervivencia. Cada jefe paramilitar tenía que decir más para no perder lo poco que la ley le concedía, y cada palabra suya podía comprometer a otros.
Sobre ese sustrato entró a operar la Sala Penal de la Corte Suprema. Por mandato constitucional, la Corte investiga y juzga en única instancia a los congresistas: los aforados no responden ante la Fiscalía, sino ante los magistrados. Cuando las versiones libres de los desmovilizados empezaron a apuntar hacia senadores y representantes, la Sala Penal se encontró con una responsabilidad sin precedentes: procesar simultáneamente a decenas de miembros del Congreso. Velásquez, como magistrado auxiliar, coordinó buena parte del trabajo investigativo: sistematización de las versiones, cruce con la documentación incautada, entrevistas a excomandantes, análisis regional del voto, verificación de alianzas municipales.
El método era el que había aprendido en Antioquia. Reconstruir el mapa territorial de cada bloque paramilitar. Identificar los municipios donde el bloque tenía control militar y hegemonía electoral. Contrastar los resultados electorales atípicos con los pactos escritos, cuando existían, o con las confesiones sobre reuniones y acuerdos. Rastrear los flujos de contratación pública que financiaban el sostenimiento del pacto. Y trabajar la delación como herramienta central: cada acusado, al buscar reducir su responsabilidad individual, comprometía a otros. La solidaridad entre implicados se diluyó rápidamente. La cadena de revelaciones se autoalimentó.
Los resultados llegaron con velocidad inédita. En el Magdalena, los sucesivos pactos de Chivolo, Pivijay y del Magdalena, suscritos entre 2000 y 2002, revelaron cómo el jefe paramilitar Jorge 40 había sectorizado electoralmente municipios enteros en favor de candidatos al Congreso. En el sur de Bolívar y en el Magdalena Medio, el Bloque Central Bolívar de Ernesto Báez había suscrito acuerdos como el Pacto de Barranco de Loba con políticos de distinto nivel. En Urabá, el Bloque Elmer Cárdenas armó directamente una lista de cuatro candidatos —los llamados 'cuatrillizos'— que se rotaron una única curul de la Cámara entre 2002 y 2006, alternando representantes del norte de Urabá y del eje bananero. En Sucre, el senador Álvaro García Romero fue condenado por su participación activa en la estrategia paramilitar. En el Atlántico, Jaime Cervantes Varelo fue procesado por sus vínculos con el Bloque Norte.
El fondo del asunto era una lectura sobre el sistema político. La Constitución de 1991 había multiplicado los partidos y movimientos, con la intención democrática de abrir el juego. Las AUC aprovecharon esa arquitectura fragmentada para construir una bancada propia a través de siglas menores y de sectores del liberalismo y el conservatismo. No todas esas fuerzas eran creación paramilitar, pero varias funcionaron como vehículos electorales de sus aliados regionales. La proliferación partidista, pensada como oxígeno democrático, resultó ser también un terreno colonizable por los ejércitos privados.
Los canales de retribución eran materiales. Por orden de alias 'Diego Vecino', los presupuestos municipales de regalías del petróleo fueron canalizados en la Costa a través de la cooperativa COOPSABANA, convertida en holding de empresas de fachada. Los libros de contabilidad de las ACCU, incautados años antes por el CTI de la Fiscalía, registraban nombres y pagos a colaboradores; según el testimonio de alias 'Don Berna', los comandantes vieron con alarma esa evidencia y utilizaron un funcionario infiltrado para recuperar los discos y obtener la lista de investigadores del caso, muchos de los cuales fueron después perseguidos y asesinados. Esa era la memoria negra que Velásquez traía consigo.
Cifras y método
Entre noviembre de 2006 y julio de 2008 fueron arrestados 65 congresistas. Otros 43 renunciaron a sus curules para pasar a la jurisdicción ordinaria de la Fiscalía, calculando que allí los procesos serían más lentos, las penas más leves y los jueces menos rigurosos. El cálculo era revelador: en el escalafón institucional colombiano de esos años, la Sala Penal se había convertido en el foro más temido por los aforados.
Los partidos afines al gobierno de Álvaro Uribe Vélez concentraron el grueso de los investigados: 84 congresistas uribistas resultaron salpicados, 21 condenados, con muchos otros en juicio, además de tres gobernadores condenados. Las sentencias no solo impusieron prisión: incluyeron la inhabilitación permanente para ejercer cargos públicos —la 'muerte política'—, un castigo sin antecedentes comparables en América Latina para una clase política civil. En países donde la relación entre políticos y grupos criminales de extrema derecha o dictaduras había sido documentada durante décadas, casi nadie había ido a juicio. Colombia lo hizo, y lo hizo desde adentro del propio Estado, con sus jueces y su Fiscalía, sin comisiones internacionales.
El método de Velásquez explica el escándalo. La Ley de Justicia y Paz, tras la Sentencia C-370, obligaba a los desmovilizados a confesar toda la verdad. Cada confesión ampliaba el mapa. Los excomandantes fueron llamados por la Sala Penal a rendir testimonio sobre sus interlocutores políticos, y sus declaraciones se cruzaban con la documentación incautada, con los libros contables, con los mapas electorales, con los pactos suscritos. La Fiscalía aportaba evidencia material como el computador de 'Don Antonio'. La combinación producía imputaciones difíciles de refutar.
El 1 de diciembre de 2006, en un movimiento sorpresa que marcó un giro en el proceso, 22 comandantes paramilitares fueron trasladados del Centro de Reclusión de La Ceja a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí. La medida, coincidente con las nuevas exigencias de verdad, tensó el proceso de paz con las AUC. Los jefes paramilitares empezaron a percibir que las condiciones habían cambiado y que la extradición a Estados Unidos —autorizada bajo la Ley 975 modificada en caso de incumplimiento— era una amenaza real. Muchos aceleraron sus confesiones. Otros callaron. En mayo de 2008, el gobierno Uribe extraditó a catorce de los principales jefes paramilitares a Estados Unidos por narcotráfico, decisión que interrumpió abruptamente la aportación de verdad al proceso interno y que muchas víctimas y magistrados leyeron como un intento de blindar a los implicados civiles.
La ofensiva del DAS
A medida que las investigaciones avanzaban, el gobierno respondió. La respuesta no fue judicial ni argumentativa: fue de inteligencia clandestina. El Departamento Administrativo de Seguridad, adscrito directamente a la Presidencia y dirigido en distintos momentos por Jorge Noguera y luego por María del Pilar Hurtado, montó una operación sistemática contra magistrados, periodistas, políticos de oposición, académicos y defensores de derechos humanos. Iván Velásquez fue uno de los blancos principales.
Se interceptaron sus comunicaciones. Se siguieron sus movimientos. Se documentaron sus contactos. Los operativos —conocidos internamente con nombres como 'Europa', 'Extranjeros', 'Canela', 'Imprenta', 'Transmilenio'— formaban parte de lo que las investigaciones posteriores describieron como una red criminal al interior del DAS, jerárquica, con presupuesto estatal y articulada con estructuras paramilitares. La Fiscalía la calificó así. Desde esa red se compartió información obtenida ilegalmente con grupos paramilitares y con estructuras políticas. Según declaraciones del exfuncionario Flórez Gélvez, uno de los objetivos principales del llamado 'plan escalera' era conocer información sobre los procesos de parapolítica y las decisiones de la Sala Penal.
Velásquez no fue el único magistrado hostigado. Contra Yesid Ramírez, magistrado de la Corte Suprema, el DAS fabricó un documento anónimo que lo vinculaba falsamente con personas cercanas al narcotráfico —el italiano Giorgio Sale— y con el desfalco de Cajanal. Con base en ese documento, el grupo anticorrupción de la Subdirección de Policía Judicial del DAS solicitó a la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) los movimientos bancarios del magistrado, buscando construir un caso a partir de la nada. La operación combinaba fabricación documental, uso ilegal de facultades de policía judicial y filtración calculada a la prensa afín.
Cuando los audios de las interceptaciones contra Velásquez se hicieron públicos, el escándalo fue devastador. La primera reacción del gobierno consistió en minimizar los hechos: se hablaba de 'manzanas podridas', de exdetectives resentidos que querían dañar a la entidad. Cuando esa narrativa se hizo insostenible, el presidente Uribe anunció la liquidación del DAS. La decisión —presentada como voluntad de saneamiento— fue en realidad la admisión pública de que la agencia de inteligencia del Estado había sido usada como instrumento de persecución contra el poder judicial.
Lo que hacía crisis con el escándalo del DAS no era una infiltración puntual del narcotráfico en el Estado, ni la deriva de funcionarios extraviados. Era un modelo político que había puesto el aparato estatal y sus fuentes de poder al servicio de élites mafiosas, y que empezaba a ser judicializado por las mismas instituciones que se pretendía instrumentalizar.
El choque con el Ejecutivo
La ofensiva contra Velásquez fue la punta visible de un conflicto más amplio entre el gobierno Uribe y la Corte Suprema. El choque no fue una campaña planeada de destrucción institucional, sino una cadena de respuestas reactivas ante un proceso que se le fue de las manos al Ejecutivo. Cada movimiento judicial provocaba una réplica presidencial; cada réplica presidencial reforzaba la percepción de que la Corte era un obstáculo.
Uno de los episodios más sonados fue la llamada de Álvaro Uribe al presidente de la Corte Suprema, César Julio Valencia Copete, cuando Mario Uribe Escobar —primo del presidente y expresidente del Senado— era investigado por parapolítica. Uribe sostuvo que la llamada expresaba un interés abstracto sobre los procesos y que la coincidencia con el caso de su primo era casual. La Corte lo entendió de otro modo. Valencia Copete no cedió, y el episodio se convirtió en símbolo de una relación institucional envenenada.
El gobierno también interpuso denuncia penal ante el Congreso contra un magistrado de la Corte, en un trámite complejo que reveló el pulso entre el Ejecutivo y el máximo tribunal penal. La parte más estridente del uribismo adoptó una actitud amenazante frente a decisiones de la Corte Constitucional, en particular en las iniciativas reeleccionistas, sin que el presidente desautorizara explícitamente esas posiciones. El Consejo de Estado llegó al punto paradójico de declarar inconstitucional la interpretación de la Constitución hecha por la propia Corte Constitucional. Las altas cortes se disputaban el terreno; el Ejecutivo aprovechaba las fricciones.
El caso de alias 'Tasmania' —Rubén Villalba, un exparamilitar del Bloque Cacique Nutibara— se convirtió en una pieza singular. Villalba declaró, a través del abogado Sergio González, que Velásquez le habría ofrecido beneficios judiciales a cambio de acusar a Santiago Uribe Vélez, hermano del presidente, de vínculos con el paramilitarismo. La denuncia, vehiculada desde el propio entorno del gobierno, buscaba desacreditar al magistrado auxiliar y neutralizar su trabajo. La historia terminó revirtiéndose: 'Tasmania' se retractó, y las investigaciones posteriores apuntaron a que la maniobra había sido armada para incriminar a Velásquez y no al revés. El episodio mostró hasta qué punto la figura del magistrado se había vuelto blanco político.
El sistema colombiano estaba viviendo algo inusual. La judicatura procesaba a la mayoría oficialista del Congreso. El Ejecutivo respondía con inteligencia clandestina, denuncias penales y presión mediática. Y aun así, la Corte Suprema sostuvo la cadena de imputaciones. La autonomía judicial —consagrada en la Constitución de 1991 pero puesta a prueba como nunca antes— resistió. Que resistiera no fue mérito exclusivo de Velásquez: fue el resultado de una arquitectura institucional que, pese a sus fallas y a sus fricciones internas, tuvo la textura suficiente para no ceder cuando el poder ejecutivo intentó torcer sus decisiones.
Los límites de la lectura individual
Sería un error atribuirle a Velásquez el papel de arquitecto singular del proceso. La Sala Penal actuó como cuerpo colegiado. Varios magistrados firmaron las sentencias y sostuvieron las decisiones colectivas. La Fiscalía General de la Nación, con Mario Iguarán como fiscal general durante buena parte del proceso, aportó evidencia clave, incluidas las incautaciones que dieron pie a las imputaciones iniciales. El Polo Democrático, y en particular Gustavo Petro e Iván Cepeda, abrieron públicamente el escándalo desde el debate parlamentario. La Corte Constitucional, con la Sentencia C-370, creó las condiciones jurídicas para que la cadena de confesiones fuera posible. Los desmovilizados aportaron el material sin el cual ningún expediente habría prosperado.
Velásquez fue el nodo más visible de un proceso colectivo. Personificó, ante el gobierno y sus aliados, la convergencia entre una tradición de judicatura de campo, el nuevo arsenal del derecho penal internacional y la dinámica de delatores en cadena desatada por la Ley de Justicia y Paz. Por eso el DAS lo eligió como blanco: no porque fuera el único, sino porque neutralizarlo simbólicamente equivalía a golpear al proceso entero. Y por eso también su figura resistió: porque detrás había una estructura institucional que no dependía de él.
La parapolítica fue, en el fondo, un colapso del sistema de partidos posterior a 1991. La fragmentación electoral habilitada por la Constitución ofreció a las AUC una arquitectura lista para ser colonizada. Los paramilitares no inventaron la relación entre política regional y coerción armada: la heredaron, la profundizaron y la sistematizaron. La investigación judicial fue la consecuencia, no la causa, de una crisis de representación política que ningún actor individual habría podido producir ni detener.
La Seguridad Democrática como telón
Todo esto ocurrió bajo la política de Seguridad Democrática. El gobierno Uribe (2002–2010) no sostuvo una política de paz ni una política general de derechos humanos, sino que subsumió ambas en el 'triángulo de la confianza': seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social. El eje era militar. La desmovilización de las AUC —negociada mientras la guerra contra las FARC se intensificaba— formaba parte de esa arquitectura. Los paramilitares, aliados históricos de sectores del Estado en la lucha contrainsurgente, entraban a un proceso de justicia transicional generoso, mientras el conflicto seguía en marcha en otros frentes.
La parapolítica no fue un ruido lateral: fue la revelación del reverso del proyecto. El mismo Estado que celebraba la desmovilización descubría, por vía judicial, que buena parte de su mayoría parlamentaria estaba tejida con los desmovilizados. Juan Manuel Santos, ministro de Defensa entre 2006 y 2009, reconoció que le tocó enfrentar un episodio "muy doloroso y vergonzoso para la fuerza pública" —el escándalo de los falsos positivos, la ejecución extrajudicial de civiles presentados como bajas en combate—, lo que lo empujó a impulsar una política de derechos humanos en las Fuerzas Armadas.
Las tensiones internas del propio Ejército apuntaban en la misma dirección. El coronel Luis Alfonso Plazas Vega y otros oficiales medios que habían encarado investigaciones sobre vínculos entre uniformados y paramilitares fueron desplazados o marginados; entre ellos, el coronel Rusbel Alfredo Prieto, oficial de inteligencia militar que trabajaba precisamente en el rastreo de esos nexos. Prieto sostuvo que un general le comunicó que el presidente Uribe había ordenado en al menos tres ocasiones su relevo durante 2004, relacionando el hecho con sus investigaciones sobre militares vinculados al paramilitarismo.
Velásquez trabajaba en el punto donde esa contradicción se hacía visible. Su labor no era una crítica política a la Seguridad Democrática: era la aplicación técnica del derecho penal a los aliados civiles de un actor armado en desmovilización. Pero el efecto era el mismo. Cada condena a un congresista era un cuestionamiento implícito a la coalición que sostenía al gobierno. Y por eso el gobierno reaccionó como reaccionó.
Guatemala
En 2012, Velásquez concluyó su ciclo en la Corte Suprema. Al año siguiente asumió como comisionado de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), organismo respaldado por Naciones Unidas para investigar estructuras clandestinas y cuerpos ilegales de seguridad. La CICIG existía desde 2007, pero llevaba años funcionando en un registro discreto, con investigaciones técnicas que rara vez alcanzaban al vértice del poder. Su llegada cambió esa escala.
Trasladó a Ciudad de Guatemala el método aprendido en Antioquia y perfeccionado en la Corte Suprema: rastreo sistemático de las relaciones entre poder político, poder económico y coerción; construcción de imputaciones sobre evidencia material; uso intensivo de delatores en cadena; alianza operativa con una fiscalía local dispuesta a asumir el riesgo político. La contraparte guatemalteca fue la fiscal general Thelma Aldana, cuya alianza con la Comisión resultó decisiva. Sin ese respaldo local, el trabajo habría quedado, como antes, en informes archivados.
El resultado más sonoro fue el caso La Línea, destapado en abril de 2015: una red de defraudación aduanera que corría desde funcionarios menores hasta la cúpula del gobierno. En septiembre de ese año, el presidente Otto Pérez Molina renunció y fue detenido; la vicepresidenta Roxana Baldetti había caído meses antes. Guatemala vivió movilizaciones ciudadanas en las plazas y una crisis institucional que dejó al descubierto la porosidad entre política, contrabando y aparatos de seguridad. La CICIG, bajo Velásquez, encadenó luego investigaciones sobre financiación electoral irregular, contratos públicos amañados y estructuras paramilitares residuales de la guerra civil.
La ofensiva vino después, con el mismo guion aprendido en Bogotá. Cuando la Comisión empezó a investigar la financiación de la campaña del presidente Jimmy Morales, elegido en 2015 con el eslogan del outsider anticorrupción, la relación se rompió. En agosto de 2018, Morales anunció que no renovaría el mandato de la CICIG y declaró a Velásquez persona non grata. La Comisión cerró operaciones en septiembre de 2019. Cuando la investigación judicial se acerca al vértice del poder político, ese poder responde no con argumentos sino con la clausura institucional del investigador. La diferencia con Colombia fue que en Guatemala se lo podía expulsar del país; en Bogotá lo había protegido la propia arquitectura judicial que lo respaldaba.
El retorno como ministro
En agosto de 2022, tras la victoria electoral de Gustavo Petro, Velásquez asumió como ministro de Defensa. El nombramiento cerró un ciclo largo. El hombre que había investigado a los aliados civiles de las AUC durante el uribismo pasaba a comandar las Fuerzas Armadas bajo un gobierno que hacía de la 'paz total' su bandera. La contradicción era evidente y buscada: Petro construía un gabinete que quería marcar distancia simbólica y operativa con la tradición uribista de la seguridad, y Velásquez encarnaba esa distancia con una legitimidad que pocos podían disputarle.
Su gestión, hasta la salida en 2025, transcurrió entre las tensiones con una cúpula militar que lo recibió con desconfianza, los intentos de negociación con el ELN y con grupos armados residuales de las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo, y una agenda de reforma de la fuerza pública que se enredó en la propia fragmentación del Ejecutivo. Los resultados fueron mixtos. La 'paz total' avanzó menos de lo prometido, la violencia rural se reacomodó en corredores del narcotráfico y la relación entre el ministerio y la tropa se tensó en varios momentos. Fue una gestión debatida, sin la nitidez épica de los años de la Corte.
La huella
Iván Velásquez no fue un ideólogo ni un tribuno. No firmó libros célebres, no acuñó doctrinas, no encabezó movimientos. Su lugar en la historia de Colombia es el de un funcionario judicial que, en una coyuntura precisa, aplicó con rigor el derecho a un fenómeno que había estado protegido durante décadas por el silencio, la connivencia y el miedo. Que lo hiciera fue posible porque venía de una tradición de judicatura antigua, porque el marco jurídico internacional le daba herramientas nuevas, porque la Ley de Justicia y Paz había creado —contra la voluntad inicial del Ejecutivo— las condiciones para la delación en cadena, y porque la Corte Suprema sostuvo como cuerpo lo que él coordinaba en el detalle.
Lo que deja tras de sí es, primero, la demostración práctica de que la autonomía judicial colombiana podía procesar a la mayoría parlamentaria del gobierno de turno sin quebrarse. Y es también el registro documental —sentencias, expedientes, condenas firmes— de la penetración paramilitar en el Estado colombiano, un archivo que ninguna narrativa posterior podrá borrar. Sobre esa base material se levantó luego la disputa simbólica: hagiografiado por unos, satanizado por otros, blanco de espionaje ilegal, de campañas de desprestigio y de retractaciones fabricadas, Velásquez se convirtió en la figura sobre la que se proyectó la pelea por la memoria de la parapolítica.
Álvaro Uribe fue procesado años después, en parte a raíz de investigaciones que la Corte Suprema abrió sobre él tras un giro procesal en el que él mismo era denunciante y terminó investigado. En 2024, fue condenado en primera instancia por soborno a testigos y fraude procesal; la sentencia fue revocada en segunda instancia en 2025. El caso —con sus derivas, sus recusaciones y su traslado a la Fiscalía tras la renuncia de Uribe al Senado, con su condena y su revocación posterior— es hijo del mismo aparato judicial que Velásquez ayudó a consolidar. La disputa judicial y la disputa por la memoria siguen su curso paralelo.
Cuando en Colombia se hable del periodo 2006–2012 y del difícil equilibrio entre justicia y política, entre autonomía judicial y presión ejecutiva, entre memoria y olvido, el nombre de Iván Velásquez Gómez seguirá apareciendo. No porque haya sido único, sino porque encarnó, en la escala de un solo funcionario, la posibilidad de que las instituciones colombianas —tan cuestionadas, tan frágiles, tan tensionadas— hicieran lo que tantas veces se dijo imposible: procesar a los suyos, con las leyes propias, sin comisión extranjera que las respaldara.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
35 documentos · 44 fragmentos01No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 5181 cita
[1]en los magistrados que investigaban la parapolítica. Ante este escenario, la primera reacción del Gobierno fue minimizar la gravedad de las denuncias e intentar presentarlas como acciones aisladas de «manzanas podridas» o como «exdetectives de esa entidad que que- rían hacerle daño al DAS». Cuando se divulgaron…
p. 518
02¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Páginas 140, 1822 citas
[2]que también lo hicieran. Hubo dos decisiones judiciales clave que reforzaron esta actitud de los paramilitares. La primera de ellas fue la Sentencia C-370 del 2006, en la que la Corte Constitucional decla- ró exequible la Ley de Justicia y Paz, pero fortaleció los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de…
p. 182
[42]discusiones de la Asamblea Nacional Constituyente y de unas negociaciones fallidas con el narcotráfico que condujeron al Estado a un enfrentamiento agudo contra el Cartel de Medellín. El tercer periodo, con el que cerramos este capítulo, va desde 1992 hasta nuestros días. Desde la puesta en marcha de la Fiscalía…
p. 140
03Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1891 cita
[3]que los anteriores ejemplos, hasta dónde estaba dispuesto a ir el Gobierno en su afán por satisfacer sus propios intereses: magistrados de las Altas Cortes, periodistas y políticos de la oposición, académicos, intelec- tuales, fueron objeto de seguimientos ilegales por parte de agencias estatales para calumniarlos e…
p. 189
04Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · Página 721 cita
[4]del Es- tado, en la rama judicial y en los organis- mos de control. También han influido en la elección de cargos públicos en el nivel regional. De esta manera, la corrupción lo- cal que les sirvió de base para su llegada al Congreso ha podido, en algunos casos, re- troalimentar el poder y el control local. Al mismo…
p. 72
05Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3411 cita
[5]no dene ningún antecedente en América Ladna. En todo el condnente, con pocas excepciones, aunque enormemente significativas por el rango de las personas condenadas, como son los casos del expresidente Alberto Fujimori en el Perú y el expresidente Juan María Bondaberry en Uruguay, la clase política continental escapó a…
p. 341
06Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 1522 citas
[6]about links between paramilitaries and politicians. In addition to the three congressional members arrested in November 2006, five more were detained in February 2008 and another twenty-six in March 2008. In July 2008 Dilian Francisca Toro, the former president of the Senate, was also arrested, and a total of…
p. 152
[7]about links between paramilitaries and politicians. In addition to the three congressional members arrested in November 2006, five more were detained in February 2008 and another twenty-six in March 2008. In July 2008 Dilian Francisca Toro, the former president of the Senate, was also arrested, and a total of…
p. 152
07Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Páginas 224, 2272 citas
[8]de los años ochenta y fi nales de los noventa, obtuvo en 2006 uno de los peores resultados de su historia reciente; su candidato presidencial había quedado relegado en un tercer lugar detrás del candidato de la izquierda. Así, la arena jurídica se convirtió en la instancia central de certi fi cación de la moralidad…
p. 227
[9]respecto al estatus penal de los paramilitares, otros elementos complicaron la situación. En efecto, la intervención de la Corte Suprema fue más allá de las condiciones de desmovilización y se centró en las redes que los paramilitares mantenían en el corazón del Estado. En las siguientes páginas exploramos este…
p. 224
08La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · Página 891 cita
[10]una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…
p. 89
09Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · Página 1461 cita
[11]Parapolftica un roceso... p~sar a manos de Ia justicia inte,rnaci~nal C JUdiCia·l· de caracter nacional que puede Pag. 15.. orporaCion Nuevo Area Iris. Bogota. 2009. 254. Ariel Avila. 294 Los senadores Despues de las capturas la gran mayoria de los parapoliticos apo- yaron en las elecciones siguientes a familiares o…
p. 146
10Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Página 2551 cita
[12]influencia que el BCB llegó a tener en la esfe- ra del Congreso de la República no fue marginal, todo lo contrario, muestra el importante número de políticos relacionados con esta estructura paramilitar (y de paso con algunas otras que hacían presencia en estos departamentos). Se trata de la concreción del plan…
p. 255
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1171 cita
[13]en este entramado de corrupción. Una pista para develar dicho entramado son los pactos electorales entre políticos regionales y jefes paramilitares en los municipios magdalenenses de Chivolo y Pivijay. En 2000 se suscribió el Pacto de Chivolo, que le dio vida el movimiento político de Jorge 40. El movimiento fue…
p. 117
12Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 1481 cita
[14]recibido una aportación por valor de 200 millones de pesos. Pacto de Chocó De acuerdo a las audiencias pronunciadas por El Alemán, el BEC tuvo una injerencia directa sobre la política del departamento de Chocó 32. De este modo, la estructura paramilitar aportó 100 millones a la campaña del representante a la Cámara,…
p. 148
13Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · Página 1141 cita
[15]coordinadores de las oficinas de Carepa, Turbo y Mutatá, y con Fredy Rendón, con la intención de debatir temas relaciona- dos con las candidaturas. Se discutieron dos propuestas: una apostaba por otorgarle dos años de representatividad al norte de Urabá y otros dos al eje bananero, y la segunda le apostaba a que cada…
p. 114
14Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 3141 cita
[16]de Sucre y Alcalde del municipio de Sucre; el ex Senador y ex Representan- te a la Cámara José María Conde Romero; la ex Representante a la Cámara Muriel de Jesús Benitorrevollo Balseiro; el ex Senador Jairo Enrique Merlano Fernández; y el Diputado de la Asamblea departamental de Sucre Nelson Stamp Berrío, entre…
p. 314
15La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1281 cita
[17]número de personas, entre las que se encuentran periodistas y defensores de derechos humanos de varios países. Las operaciones Europa, Extranjeros, Canela, Imprenta y Transmilenio se llevaron a cabo por parte de una red de inteligencia establecida al interior del DAS bien estructurada, jerárquica, interinstitucional,…
p. 128
16Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 9031 cita
[18]montaje de la mano de la Unidad de Información y Análisis Financiero en contra de Yesid Ramírez, magistrado de la Corte Suprema de Justicia. El exfuncionario reconoció que, con el fin de desprestigiar al magistrado, desde el DAS se creó un documento anónimo que vinculaba al magistrado con personas cercanas al…
p. 903
17Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · Página 2681 cita
[19]desde el DAS se compartió información obtenida ilegalmente, con las estructuras paramilitares y con estructuras políticas 269 7 Estrategias y alianzas para romper el cerco de violencia y el miedo A mí me hicieron un montaje por tres delitos: uno, falsa de- nuncia, otro de auto amenazas, otro de fraude procesal;…
p. 268
18El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1161 cita
[20]una gran maestría para dejar saber a sus líderes 104. No es el objetivo de este capítulo hacer una anatomía del uribismo, pero este inicialmente incluyó al grueso de la tecnocracia y a políticos de trayectoria que querían inventarse como outsiders. Uribe terminó peleando con muchos de ellos. 105. Debido a que en la…
p. 116
19Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · Páginas 104, 1082 citas
[21]llamada había tenido referencia a ese caso. El Presidente de la República a fi rma que no es improcedente que el Jefe de la Nación pida cuentas o explica- 105 Juan Manuel López Caballero ciones a la Corte sobre sus actuaciones; que la coincidencia entre esas dos cosas fue eso, una coincidencia; que la llamada no tenía…
p. 104
[22]un sistema y entre quienes lo represen- tan: los primeros pueden defender su punto de vista y cuestionar el sistema sin que eso lleve a contradicciones, mientras los segundos ante el posible dilema de si cumplir su función o seguir sus con- vicciones, les está prohibido lo último. En todo caso se ha llegado al punto…
p. 108
20Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · Página 621 cita
[23]as well. In June 2006, t he Peace and Justice Law of 2005, introduced by President Álvaro Uribe and approved by Congress as a way to facilitate demobilization of the AUC, was modified: the Constitutional Court ruled that if paramilitary leaders did not fully cooperate in telling t he truth about their criminal…
p. 62
21Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · Página 321 cita
[24]de las AUC en el Congreso colombiano. Para 2001, “las AUC quizá alcanzaron a tener treinta mil hombres armados a su disposición en distintos bloques” (Acemoglu, Daron y Robinson, James, 2012, página 444). Estos mismos autores relatan un hecho relevante en los términos del fenómeno que posteriormente se conocería como…
p. 32
22Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Página 2391 cita
[25]la Casa de Nariño &)". En el diario El Colombiano, la denuncia se publicó así: La oposición del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez mostró su descontento porque la discusión del texto de Verdad, Justicia y Reparación no salga del seno de la Casa de Nariño (…). Una semana después, el proyecto de verdad y paz no sale de la…
p. 239
23El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 5812 citas
[26]2:30. Yo estaba en Puerto Boyacá. Eso fue el 16 [de agosto], que pasó eso en Villa Esperanza, cuando capturaron a los señores que estaban ahí. Y yo estuve hasta el 22. Yo arranco para allá [San Fernando] porque nos mandaron a buscar con la Policía. Entonces yo le dije yo no me voy a dejar coger porque no se sabe qué…
p. 581
[27]2:30. Yo estaba en Puerto Boyacá. Eso fue el 16 [de agosto], que pasó eso en Villa Esperanza, cuando capturaron a los señores que estaban ahí. Y yo estuve hasta el 22. Yo arranco para allá [San Fernando] porque nos mandaron a buscar con la Policía. Entonces yo le dije yo no me voy a dejar coger porque no se sabe qué…
p. 581
24Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 2202 citas
[28]de los 26.000 paramilitares que podían aplicar, ya que a quienes no se presentaron se les investigará y se les sancionará sin re - cibir beneficios jurídicos. Información disponible en, http://www.verdadabierta.com/ component/content/article/203-desmovilizados/3751-cuenta-regresiva 221 CAPÍTULO II. POLÍTICA Y…
p. 220
[29]de los 26.000 paramilitares que podían aplicar, ya que a quienes no se presentaron se les investigará y se les sancionará sin re - cibir beneficios jurídicos. Información disponible en, http://www.verdadabierta.com/ component/content/article/203-desmovilizados/3751-cuenta-regresiva 221 CAPÍTULO II. POLÍTICA Y…
p. 220
25La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 1271 cita
[30]Barre- ra", figuraba como líder de dos CONVIVIR 66 ubicadas en Cesar y Caldas: Los Guayacanes y Siete Cueros; y Juan Prada, alias "Juancho" Prada, la CONVIVIR Los Arrayanes (Ávila, 2010, p. 116). 65. "Convivir y paras: amor a primera vista", Semana, 14 de abril de 2007. 66. Creadas en 1994 por el decreto 356 del 11 de…
p. 127
26Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · Página 701 cita
[31]radicado 26.470, que dispone la detención de Álvaro Araújo Cas- tro, Mauricio Pimiento Barrera, Dieb Nicolás Maloof Cusse, Jorge Luís Caballero Caballero, Alfonso Antonio Campo Escobar y Luis Eduardo Vives Lacouture; y 2012, 1 de febrero, radicado 27.199, Sentencia condenatoria contra Miguel Pinedo Vidal. 72 Tierra y…
p. 70
27Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3041 cita
[32]del paramilitarismo. […] Entonces, por ejemplo, un señor del occidente de Antioquia, Luis Arnulfo Tuberquia, ‘Memín’, entonces había un cuadro que decía: “Occidente” y “Memín”, cuánto se le pagaba, cuánto se le retenía, una planilla, una planilla de pagos, cuánto era en las escalas» 479. Sin embargo, estas…
p. 304
28La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · Página 3241 cita
[33]a la hora de abrir investigaciones contra políticos señalados por coman- dantes y por otros desmovilizados en sus versiones libres, de tener nexos con paramilitares. Además, dieron un panorama acerca de: 1. Las estra- tegias de cooptación política de los paramilitares en el departamento del Atlántico. 2. El nivel de…
p. 324
29Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1861 cita
[34]y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…
p. 186
30Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 3611 cita
[35]restablecer la gobernabilidad y resolver las necesidades de justicia y equidad social. Junto con las demás instituciones, las Fuerzas Armadas trabajaron en lo que el presidente Uribe denominó el ‘Triángulo de la confianza’: la seguridad democrática, la confianza inversionista y la cohesión social. Esta labor fue…
p. 361
31La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Página 1111 cita
[36]los equipos, ni la tropa, ni la estrategia, sino el apoyo y la confianza de la población. Un ejército que no se gana, con su actitud recta y respetuosa de la comunidad, el apoyo y la confianza del pueblo, es un ejército derrotado de antemano, que ha perdido su razón de ser. Por el contrario, un ejército que acata la…
p. 111
32Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · Página 511 cita
[37]during the period when Juan Manuel Santos was defense minister in the Uribe government. More than two years later, shortly after his inauguration, President Santos approved a raid in September 2010 that resulted in another government victory over the FARC, the killing of Commander Jorge Briceño (or “Mono Jojoy”), a…
p. 51
33El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · Página 3032 citas
[38]de única instancia 27408 de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia. III. DECLIVE (2003-2006) 305 que esa región llegara al grado de sometimiento que yo la encontré? Entonces llaman al general Carreño. Y Carreño dice: “Que el coronel me haga un informe”. Yo le hago un informe al comandante de la…
p. 303
[39]de única instancia 27408 de la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia. III. DECLIVE (2003-2006) 305 que esa región llegara al grado de sometimiento que yo la encontré? Entonces llaman al general Carreño. Y Carreño dice: “Que el coronel me haga un informe”. Yo le hago un informe al comandante de la…
p. 303
34La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · Páginas 34, 1672 citas
[40]con su expediente, su maletín y la máquina portátil y se iba para el campo y permanecía todo el día haciendo sus diligencias de reconstrucción.» 4 Pero adelantar las dili- gencias no siempre era tarea fácil: «por ejemplo, a veces nos tocaba subirnos a un bus escalera, disimulando quién era juez o secretario, para que…
p. 34
[41]crimen propio de un fenó- meno criminal más amplio, aún estando sujetos a los límites del derecho penal aplicable en diferentes momentos históricos, a las precariedades del sistema judicial y a las del cuerpo de investiga- ción colombiano. En las decisiones tomadas en los primeros años de la investiga- ción influyeron…
p. 167
35El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 812 citas
[43]la Acción de Tutela La creación de la Corte Constitucional y la previsión de la ac- ción de tutela son dos de las innovaciones institucionales más im- portantes de la Constitución de 1991, marcando de fi nitivamente el acceso a la justicia de las víctimas de violaciones a los derechos humanos en los años siguientes en…
p. 81
[44]la Acción de Tutela La creación de la Corte Constitucional y la previsión de la ac- ción de tutela son dos de las innovaciones institucionales más im- portantes de la Constitución de 1991, marcando de fi nitivamente el acceso a la justicia de las víctimas de violaciones a los derechos humanos en los años siguientes en…
p. 81