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Biografía

Mario Iguarán

Seguridad Democrática

18 min de lectura43 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesFiscal General de la Nación de Colombia (2005–2009) · Funcionario del Ministerio del Interior y de Justicia durante el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez
Lugar principalColombia
Período históricoSeguridad Democrática2002–2016
03

La biografía

Mario Germán Iguarán Arana fue el Fiscal General de la Nación que administró, entre 2005 y 2009, el expediente judicial más comprometedor de la historia reciente colombiana: la desmovilización paramilitar bajo la Ley 975 de 2005, el estallido de la parapolítica, la extradición masiva de jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia a Estados Unidos y el descubrimiento sistemático de las ejecuciones extrajudiciales conocidas como falsos positivos. Su período coincidió con el momento cumbre del proyecto uribista y con el instante en que ese proyecto empezó a resquebrajarse por dentro. Ni antagonista del Ejecutivo que lo acompañó al poder ni instrumento dócil de sus designios, operó como bisagra de una institucionalidad fracturada: una Fiscalía que perseguía crímenes de Estado mientras albergaba, en sus propios cuerpos técnicos, a funcionarios cómplices de la impunidad que denunciaba. Su gestión encarna el balance ambiguo de la Seguridad Democrática: el fiscal que procesó al paramilitarismo político sin desmontarlo, que administró la verdad de Justicia y Paz sin garantizarla, y que vio cómo la extradición de mayo de 2008 le arrancaba de las manos a los principales testigos del país.

02

Línea de vida

  1. 2005

    Designación como Fiscal General

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    Iguarán fue designado Fiscal General de la Nación como opción de consenso tras el fracaso del presidente Uribe en imponer a Jorge Pretelt. La Corte Suprema de Justicia, encargada de elegir al Fiscal de una terna presidencial, rechazó al candidato preferido del Ejecutivo y aceptó a Iguarán, quien llegó al cargo con cercanía al proyecto uribista pero con distancia suficiente para no aparecer como brazo directo del Palacio de Nariño.

  2. 2005

    Herencia de la Ley 975 de Justicia y Paz

    Leer contexto

    Iguarán asumió la tarea operativa más compleja del proceso de desmovilización paramilitar: recibir a los desmovilizados postulados, conducir las versiones libres, imputar cargos y sustentar la reparación. La Ley 975, sancionada en junio de 2005 tras las negociaciones de Santa Fe de Ralito, consagraba penas alternativas reducidas para miembros de grupos armados que colaboraran con la verdad y la reparación, pero dejaba fuera a terceros civiles, militares y mandos medios, contribuyendo al no desmonte de las estructuras criminales.

  3. 2006

    Reconfiguración del marco por la Corte Constitucional

    Leer contexto

    En junio de 2006 la Corte Constitucional modificó la Ley de Justicia y Paz estableciendo que si los líderes paramilitares no cooperaban plenamente ni realizaban restitución suficiente, serían juzgados bajo la ley penal ordinaria y podrían enfrentar extradición. La Fiscalía emitió resoluciones internas —entre ellas las resoluciones 0-3998 de 2006, 0-0387 de 2007, 0-2296 de 2007 y 0-4773 de 2007— para regular el proceso, dotando al aparato de Justicia y Paz de una estructura procedimental formal.

  4. 2007

    Decisiones de firmeza y parapolítica

    Leer contexto

    En marzo de 2007 Iguarán declaró públicamente 'No he vacilado en tomar decisiones', posicionándose en un momento de alta tensión institucional. En abril de ese año la Fiscalía libró una orden de captura contra Sor Teresa Gómez, representante legal de Funpazcor, por el asesinato de la líder de víctimas Yolanda Izquierdo. Simultáneamente, las versiones libres de comandantes como Hernán Giraldo Serna —quien declaró entre junio de 2007 y febrero de 2008— y Salvatore Mancuso comenzaban a revelar nombres que alimentaban los expedientes de parapolítica de la Corte Suprema.

  5. 2008

    Extradición masiva de jefes paramilitares y quiebre del proceso

    Leer contexto

    En mayo de 2008 el gobierno de Uribe extraditó a Estados Unidos a catorce comandantes de las AUC postulados a Justicia y Paz, entre ellos Mancuso y Macaco, privilegiando cargos de narcotráfico sobre los procesos internos de verdad y reparación. Entre mayo y noviembre de 2008 no se realizó ninguna audiencia de versión libre desde Estados Unidos; entre noviembre de 2008 y octubre de 2009 solo se realizaron 22 días. Según carta de Mancuso a la Corte Suprema, el propio Iguarán y el jefe de la Unidad de Justicia y Paz viajaron a Washington un año después y declararon ante funcionarios estadounidenses que no conocían los motivos de la extradición, evidenciando que la Fiscalía había sido marginada de la decisión más consecuente sobre sus principales testigos.

  6. 2008

    Falsos positivos y complicidad interna de la Fiscalía

    Leer contexto

    El escándalo de los falsos positivos —al menos 6.402 ejecuciones extrajudiciales entre 2002 y 2008— estalló públicamente con el caso de los jóvenes de Soacha. La Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía asumió investigaciones, pero integrantes de la propia Fiscalía y del CTI habían contribuido a la 'legalización' de cadáveres certificando pruebas falsas e implantando evidencia fraudulenta, generando un esquema de impunidad que favoreció la continuación de las ejecuciones. La institución era investigadora y cómplice a la vez.

  7. 2009

    Fin del período y sucesión bloqueada

    Leer contexto

    El período de Iguarán terminó en julio de 2009. Tras su salida, la Corte Suprema consideró inviable la terna de candidatos para fiscal general que el presidente Uribe presentó, impidiendo la designación inmediata de su sucesor. La Fiscalía dejó como legado una Guía de procedimientos de la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz y un Protocolo de Presentación de Prueba, pero también un proceso de Justicia y Paz gravemente dañado por la extradición y una institución cuya complicidad en los falsos positivos no había sido plenamente investigada.

Semblanza de un jurista de la costa

Iguarán es guajiro. Nació en Riohacha en una familia de tradición jurídica y política de la costa Caribe, y se formó en el derecho penal con una vocación técnica que lo diferenciaría de los fiscales militantes que lo precedieron y sucedieron. Antes de llegar a la Fiscalía General, ocupó posiciones de segunda línea en el Ministerio del Interior y de Justicia durante el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez, donde trabajó estrechamente con Sabas Pretelt de la Vega en el diseño del andamiaje jurídico de la desmovilización paramilitar. Esa cercanía con el proyecto de la Seguridad Democrática marcó su designación y condicionó su gestión posterior: llegó a la Fiscalía como un hombre del sistema, no como una figura de ruptura.

Pero llegó, sobre todo, porque Uribe no logró imponer al candidato que quería. En 2005, en el momento cumbre del entusiasmo uribista, el presidente intentó ungir a Jorge Pretelt como sucesor de Luis Camilo Osorio en la Fiscalía. La Corte Suprema de Justicia, encargada constitucionalmente de elegir al Fiscal General de una terna presidencial, se resistió. Iguarán emergió como opción de consenso: uribista en su procedencia, técnicamente sólido y con distancia suficiente para no aparecer como brazo directo del Palacio de Nariño. Esa condición —oficialista sin ser exactamente el elegido— sería la clave estructural de sus cuatro años: márgenes de autonomía acotados, obediencia estructural al proyecto que lo había llevado hasta allí.

Los orígenes de una gestión

Iguarán tomó posesión en un momento fundacional. La Ley 975 de 2005, sancionada en junio de ese año tras las negociaciones de Santa Fe de Ralito con las Autodefensas Unidas de Colombia, entregaba a la Fiscalía General la tarea operativa más compleja del proceso: recibir a los desmovilizados postulados, conducir las versiones libres, imputar cargos y sustentar la reparación. El equipo del comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo redactó lo esencial del texto, que consagraba penas alternativas reducidas para los miembros de grupos armados ilegales que colaboraran con la reconstrucción de la verdad y la reparación de víctimas.

Desde su origen cargaba con un pecado estructural: se había negociado con paramilitares que en 2001 firmaron en Santa Fe de Ralito, con destacados políticos colombianos, un pacto que exigía nada menos que la "refundación del país". Entre los firmantes por las AUC estaba Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40. Para entonces, las autodefensas habrían llegado a movilizar cerca de treinta mil hombres armados distribuidos en bloques a lo largo del territorio, dominaban grandes zonas del país e influían de manera decisiva en los resultados de las elecciones legislativas de 2002. El mecanismo era conocido. Los paramilitares garantizaban que los candidatos avalados no tuvieran competencia en sus jurisdicciones y presionaban al electorado. A cambio, los elegidos toleraban las actividades ilegales de las AUC y les adjudicaban contratos públicos. Sobre esa base política se construyó el marco jurídico de la desmovilización.

Desde agosto de 2003, cuando se radicó la primera versión del proyecto en el Senado, los principales activistas de derechos humanos y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia denunciaron que aquello equivalía a una amnistía y podría abrir la puerta a la impunidad para autores de crímenes graves. Amnistía Internacional advertiría después que la operación podía ocultar la dimensión real de las violaciones de derechos humanos y el papel de fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y empresarios. La ley era, para sus críticos internacionales, la sanción legal de la impunidad: castigaba crímenes de lesa humanidad con penas de prisión insignificantes. Sus defensores la enmarcaban en la tradición colombiana de ofrecer términos generosos a grupos armados ilegales a cambio de su reintegración.

Iguarán heredó ese diseño. En junio de 2006 la Corte Constitucional lo modificó de forma decisiva: si los líderes paramilitares no cooperaban plenamente en revelar la verdad sobre sus acciones criminales ni realizaban restitución suficiente, serían juzgados bajo la ley penal ordinaria y podrían enfrentar extradición. La sentencia reconfiguró la mesa: dio a la Fiscalía una palanca real para exigir verdad y sembró la amenaza cuya activación —dos años después— desmontaría el proceso.

La gestión del expediente

La gestión de Iguarán se despliega en tres frentes paralelos que se contaminan entre sí. En cada uno hay avances formales y una impunidad de fondo que la propia institución contribuye a sostener.

El aparato de Justicia y Paz

Bajo su dirección, la Fiscalía emitió una batería de resoluciones internas destinadas a regular el proceso. La secuencia culminó en 2009 con una Guía de procedimientos de la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz y un Protocolo de Presentación de Prueba en la Audiencia de Control de Legalidad. En el papel, el aparato funcionaba como una cadena: llegaban las listas de desmovilizados postulados, se abrían investigaciones preliminares, se conducían las versiones libres, se imputaban cargos, se surtía el incidente de reparación. Fiscales especializados viajaban a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí y a otros centros de reclusión para interrogar a los comandantes de las AUC. Hernán Giraldo Serna rindió versiones libres entre junio de 2007 y febrero de 2008. Carlos Mario Jiménez, alias Macaco, avanzaba en el suyo. Salvatore Mancuso empezaba a revelar nombres.

La ley, sin embargo, había sido acotada quirúrgicamente. Su alcance se limitaba a los excombatientes de las AUC postulados al proceso: dejaba fuera a terceros civiles responsables y a militares, y a mandos medios y patrulleros se les aplicó amnistía. Ese diseño contribuyó al no desmonte de las estructuras que perpetraron los crímenes y a la falta de investigación y sanción de responsables directos e indirectos. La Fiscalía de Iguarán aplicaba fielmente una ley pensada para producir impunidad de contorno amplio.

La judicialización de la parapolítica

El otro gran frente no lo dirigía la Fiscalía. La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, competente para juzgar a miembros del Congreso, encabezó las investigaciones que revelaron los nexos entre políticos electos y estructuras paramilitares. El magistrado auxiliar Iván Velásquez Gómez condujo esas indagaciones con una tenacidad que abrió una fractura política sin precedente latinoamericano: en el continente, la clase política escapó mayoritariamente a juicios por vínculos con dictaduras o grupos criminales, con excepciones puntuales como Fujimori en Perú y Bordaberry en Uruguay. En Colombia se acumularon condenas de senadores y representantes que implicaron no solo penas efectivas de prisión sino la "muerte política": inhabilitación permanente para ejercer cargos públicos.

La Fiscalía de Iguarán no lideraba el proceso, pero no era ajena a él. Le tocaba investigar a los operadores paramilitares y a los intermediarios civiles, y en las versiones libres de Justicia y Paz sus fiscales recogían las revelaciones que alimentaban los expedientes de la Corte. El caso del clan de Enilce López Romero, "La Gata", en el Caribe —donde el poder económico se articuló con las AUC y sus hijos llegaron a las alcaldías de Magangué y Montecristo y al Congreso con apoyo paramilitar— es el paradigma del fenómeno que el aparato judicial debía procesar. El proceso alcanzó incluso al senador Mario Uribe Escobar, primo del presidente.

En marzo de 2007, en W Radio, Iguarán pronunció una frase que pretendía marcar su posición: "No he vacilado en tomar decisiones". La afirmación era defensiva y también programática. En abril de ese mismo año, la Fiscalía libró una orden de captura contra Sor Teresa Gómez, representante legal de Funpazcor, por el asesinato de la líder de víctimas de desplazamiento Yolanda Izquierdo. Era el tipo de decisión que fundamentaba la frase: golpear operadores del engranaje paramilitar en el nivel civil.

Los falsos positivos

El tercer frente sería el más devastador. Entre 2002 y 2008, la Jurisdicción Especial para la Paz estableció que al menos 6.402 personas fueron ejecutadas extrajudicialmente por miembros de la Fuerza Pública y presentadas como bajas en combate. El estallido mediático llegó en 2008 con el caso de los jóvenes de Soacha, en Cundinamarca, encontrados muertos en Ocaña, Norte de Santander, y reportados como "dados de baja en combate". El escándalo derivó en destituciones de oficiales y suboficiales del Ejército y forzó una respuesta institucional: la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía asumió la investigación de numerosos casos, con condenas que recayeron principalmente en soldados de bajo rango.

Aquí la responsabilidad de la Fiscalía era doble, y ahí residía la incomodidad estructural de Iguarán. La Unidad de Derechos Humanos investigaba las ejecuciones; pero integrantes de la propia Fiscalía y del Cuerpo Técnico de Investigación —el CTI— habían contribuido a la dinámica de "legalización" de cadáveres: certificaban pruebas falsas, implantaban evidencia fraudulenta en las escenas donde el Ejército presentaba a civiles asesinados como guerrilleros dados de baja en combate. La institución era investigadora y cómplice a la vez. En un caso documentado —dos personas sin identificar reportadas como bajas en combate por tropas del Batallón Tarqui, en Boyacá, el 10 de febrero de 2007—, indagaciones posteriores establecieron que se trataba de una ejecución extrajudicial. Ese tipo de casos se acumulaban por miles.

El Ejército, entre tanto, respondía con la estrategia de "guerra jurídica": estigmatizaba a víctimas y organizaciones denunciantes, las calificaba de parte de grupos guerrilleros que buscaban victorias psicológicas mediante el uso de las normas legales del Estado. La Fiscalía de Iguarán operaba, entonces, en un terreno donde la propia doctrina militar la trataba —cuando investigaba a militares— como un instrumento del enemigo.

Mayo de 2008: la extradición como punto de quiebre

El momento decisivo de la gestión de Iguarán —y el más difícil de defender— llegó en mayo de 2008, cuando el gobierno de Uribe extraditó a Estados Unidos a catorce comandantes de las AUC postulados a la Ley de Justicia y Paz, entre ellos Salvatore Mancuso y Carlos Mario Jiménez alias Macaco. La decisión privilegió las demandas penales estadounidenses por narcotráfico sobre los procesos internos de verdad, justicia y reparación en curso.

El efecto sobre las versiones libres fue inmediato y devastador. Entre mayo y noviembre de 2008 no se realizó una sola audiencia de versión libre desde Estados Unidos. Entre noviembre de 2008 y octubre de 2009, apenas veintidós días. Las teleconferencias implementadas como mecanismo sustituto resultaron ineficaces: en al menos un caso se canceló la visa de turista a la defensora del postulado y no se concedió visa al fiscal encargado, con lo que la audiencia sencillamente no pudo realizarse. Organizaciones de derechos humanos y de víctimas —y al menos una organización internacional— se opusieron a las extradiciones por considerar que truncaban los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación.

Aquí la posición de Iguarán se vuelve más incómoda de sostener. Según una carta que Mancuso enviaría después a la Corte Suprema de Justicia, el propio Iguarán y el jefe de la Unidad de Justicia y Paz, Luis González, viajaron a Washington un año después de la extradición, se reunieron con funcionarios de la justicia estadounidense y les declararon que no conocían los motivos por los cuales se había producido la operación. La versión es la de Mancuso, pero, si se acepta, revela algo demoledor: el Fiscal General de la Nación había sido pasado por alto en la decisión más consecuente sobre el destino de los principales acusados que tenía a su cargo. La supuesta autonomía de la Fiscalía frente al Ejecutivo se desmoronaba en el gesto de un jefe de institución que iba a preguntar, con un año de retraso, por qué le habían quitado a sus testigos.

Mancuso lo expresó en términos políticos: el Gobierno había faltado a su palabra y, cuando él comenzó a revelar verdades que tocaban intereses políticos y económicos nacionales, fue deslegitimado e impedido de reconstruir la verdad. Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, declaró que no había garantías para él ni su familia y anunció que no declararía más ante la justicia colombiana; propuso, en cambio, colaborar en los procesos de parapolítica a cambio de reducción de penas en Estados Unidos. La lógica que se instaló fue la del regateo transnacional: los grandes testigos, ya fuera del alcance operativo de la Fiscalía, negociaban con jueces norteamericanos por rebajas que Colombia no controlaba. Amnistía Internacional advertiría que el riesgo de impunidad aumentaría si los tribunales estadounidenses no investigaban las violaciones de derechos humanos que los tribunales colombianos ya no podían procesar plenamente.

Después de mayo de 2008, la pregunta sobre cuánta autonomía real ejerció Iguarán frente al Ejecutivo tiene una respuesta menos ambigua. En el momento más crítico, no la ejerció.

Una Fiscalía infiltrada

El otro problema estructural de su gestión estaba dentro de la casa. La infiltración paramilitar del Estado colombiano se había documentado a lo largo de la década en múltiples regiones —Magdalena Medio, Nariño, Norte de Santander— y su alcance no se limitaba al Departamento Administrativo de Seguridad, el DAS, aunque este constituyera su expresión más notoria. Un exparamilitar declaró ante la Comisión de la Verdad que ninguna institución del Estado escapó a la infiltración de las autodefensas. La Fiscalía —la institución que Iguarán presidía— no fue excepción.

Había indicios de una nómina paralela en la Fiscalía y el DAS que habría suministrado inteligencia al Bloque Catatumbo y contribuido a la impunidad de sus crímenes. El nombre del antecesor de Iguarán, el exfiscal Luis Camilo Osorio (2001-2005), quedó envuelto en esos indicios: su responsabilidad penal por eventuales nexos con el Bloque Catatumbo a través de esa nómina paralela quedó pendiente de establecer. Testimonios de exparamilitares sostuvieron que las autodefensas habrían tenido acceso a copias de procesos judiciales abiertos en su contra, lo que interpretaban como evidencia de infiltración en la Fiscalía.

El DAS constituye un capítulo aparte. Un informante lo describió como "la institución más paramilitar que se conoce en la historia del país", con su dirección articulada con las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio. En Nariño, según testimonio de un exparamilitar, actuó como aliado de las autodefensas, suministrando nombres, direcciones y fotografías para facilitar asesinatos.

A ese perfil se sumó una segunda faceta. La entidad realizó interceptaciones ilegales —las llamadas "chuzadas"— contra periodistas y contra quienes investigaban la parapolítica, incluido el propio magistrado auxiliar Iván Velásquez. Cuando se divulgaron los audios de esas interceptaciones, el presidente Uribe anunció la liquidación del DAS. El gobierno intentó inicialmente minimizar la gravedad del espionaje presentándolo como acciones aisladas de "manzanas podridas" o exdetectives que querían dañar a la institución.

Iguarán heredó una Fiscalía marcada por su antecesor y por las estructuras paralelas que este pudo haber tolerado o amparado. La depuración interna, si existió, no dejó huella pública comparable a la denuncia externa.

Aliados, adversarios, contrapesos

La gestión de Iguarán se comprende en el mapa de fuerzas que la rodeaban. Su relación con el presidente Álvaro Uribe Vélez fue la más determinante y la más ambigua: le debía el cargo en un sentido político amplio, pero no había sido su primera opción. Ese margen le permitió sostener autonomías tácticas —la orden de captura contra Sor Teresa Gómez, la persecución de operadores paramilitares en algunos frentes, la investigación de casos incómodos— sin llegar nunca a un choque frontal. En al menos un episodio documentado, Uribe sostuvo que tenía derecho a pedir explicaciones a la Corte Suprema sobre sus actuaciones, lo que evidenció la tensión creciente entre el Ejecutivo y el poder judicial. Iguarán, en esa disputa, no fue actor central: se mantuvo en el pliegue.

La Corte Suprema de Justicia fue su contrapeso más importante y también su liberación política: al llevar la parapolítica sobre sus hombros, la Corte alivió a la Fiscalía del costo político directo del enfrentamiento con el uribismo. Iván Velásquez encarnó esa capacidad de la judicatura para investigar en condiciones adversas, y su blindaje frente a las chuzadas del DAS reveló hasta qué punto el poder judicial colombiano operaba en un campo de batalla real.

Los jefes paramilitares fueron sus interlocutores forzosos. Mancuso, Macaco, Don Berna, Hernán Giraldo Serna, Jorge 40 —una nómina que reunía a los responsables de decenas de miles de crímenes— pasaron por audiencias que sus fiscales conducían. La extradición transformó esa relación en correspondencia diplomática: cartas, teleconferencias fallidas, viajes a Washington. El presidente del Consejo Superior de la Judicatura, José Alfredo Escobar Araujo, fue señalado en el contexto del escándalo de la parapolítica por presuntos vínculos con la mafia internacional, y magistrados de la Corte Suprema como Leonor Perdomo y Rubén Darío Henao fueron objeto de sospechas por presuntamente favorecer intereses del narcotráfico. El entorno institucional era todo menos limpio.

Al término de su período en julio de 2009, la Corte Suprema consideró "inviable" la terna de candidatos para fiscal general que Uribe le presentó, lo que impidió la designación inmediata de su sucesor. La Fiscalía quedó en manos de Guillermo Mendoza Diago como fiscal encargado durante un largo interregno. El desenlace confirmaba una pauta: Uribe no controlaba el nombramiento del jefe del ente acusador. Iguarán, en su salida, dejaba una institución más expuesta que cuando entró, pero también más cargada de expedientes que ningún fiscal anterior había siquiera intentado abrir.

Después de la Fiscalía

Concluido el período, Iguarán salió del centro del poder judicial y regresó al ejercicio profesional. La distancia de la primera línea no lo excluyó de las conversaciones sobre justicia transicional que dominaron la década siguiente, cuando el proceso de paz de La Habana con las FARC, iniciado en 2012, obligó al país a rediseñar la arquitectura judicial que él había ayudado a operar. La Jurisdicción Especial para la Paz, creada tras el acuerdo de 2016, tomó nota expresa de las limitaciones de Justicia y Paz: penas mínimas frente a la magnitud del daño, lentitud extrema en las sentencias, escaso alcance frente a terceros civiles y militares. El modelo que Iguarán administró se convirtió, en buena medida, en el contramodelo que la generación siguiente intentó no repetir.

En clave latinoamericana, el balance de su gestión adquiere otra dimensión. Las transiciones del Cono Sur —Argentina, Chile, Uruguay— procesaron crímenes de dictaduras estatales; Perú lidió con el fujimorismo y Sendero Luminoso; Centroamérica arrastró procesos de posguerra con desmovilizaciones que rara vez llegaron a juicios significativos contra sus cúpulas. Colombia hizo algo distinto: procesó a la clase política civil por sus vínculos con estructuras paramilitares privadas mientras el conflicto armado seguía activo. Ninguna otra jurisdicción del continente sometió, en un mismo período, a decenas de congresistas en ejercicio, comandantes de un ejército irregular con treinta mil hombres y una tropa estatal responsable de miles de ejecuciones extrajudiciales. Que ese esfuerzo produjera resultados desiguales, tardíos e insuficientes no lo hace menos singular. La Fiscalía que Iguarán dirigió fue, con todos sus vicios, una pieza de ese experimento.

Balance de una administración del escándalo

Tras dieciséis años de aplicación, la Ley de Justicia y Paz había producido apenas 92 sentencias condenatorias. La cifra habla por sí sola de una lentitud extrema en las decisiones judiciales, y explica por qué en 2012 fue necesaria una reforma general mediante la Ley 1592. Las víctimas y organizaciones sociales denunciaron durante todo el período —y después— que los paramilitares continuaron cometiendo graves violaciones tras las desmovilizaciones, que surgieron nuevos grupos armados ilegales y que no se lograba un proceso real de desmovilización. Muchas víctimas denunciaron no haber recibido verdad ni localización de sus desaparecidos. La búsqueda avanzó con enormes dificultades.

En las versiones libres, los paramilitares hicieron una representación de sí mismos alejada de la realidad. El diseño del incentivo —penas alternativas a cambio de verdad y reparación— no logró producir la verdad que prometía. La Fiscalía General de la Nación fue poco señalada por la población general como fuente de información sobre Justicia y Paz: los medios de comunicación fueron la fuente predominante, y la Fiscalía tenía mayor presencia solo en los estratos altos. El aparato judicial, en otras palabras, no logró comunicar su trabajo ni anclarlo en la conciencia pública de las víctimas.

Los informes de evaluación identificaron múltiples dimensiones problemáticas en la atención a víctimas: desinformación sobre versiones libres, dificultades para acceder a representación judicial, ausencia de estrategia psicosocial, falta de condiciones para atender a víctimas de violencia sexual, dificultades de acceso a la justicia para población indígena y afrodescendiente. Y sin embargo, sentencias posteriores del proceso documentaron la participación de funcionarios de la Fiscalía y el CTI en la legalización de cadáveres y en la generación de impunidad para estructuras paramilitares. La institución producía, en sus fallos, la evidencia de su propia complicidad. Esa capacidad de autodocumentación, aunque tardía y limitada, es también una herencia del período de Iguarán.

Hernán Giraldo Serna fue condenado en diciembre de 2018, casi una década después de su extradición, por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla a ocho años de privación de la libertad por daños a diez mil víctimas del Bloque Resistencia Tayrona. Ese tipo de sentencias —tardías, con penas mínimas respecto a la magnitud del daño, pero existentes— constituye el legado material del proceso que Iguarán administró.

Queda una figura difícil de acomodar en las categorías habituales. No fue el fiscal de Uribe ni su antagonista, sino el administrador de un momento imposible: heredó una ley diseñada con influencia paramilitar directa, condujo un aparato infiltrado, respondió a un Ejecutivo que no lo controlaba pero podía sortearlo cuando importaba, y entregó una institución donde los avances formales conviven con impunidades sistémicas que ella misma contribuyó a sostener. Lo específico de su paso por la Fiscalía no está en haber resuelto ese tiempo —no lo resolvió—, sino en haberlo dejado documentado. Los expedientes abiertos bajo su dirección son la materia prima con la que jueces, historiadores y comisiones han podido, después, empezar a nombrar lo ocurrido. Un legado modesto para lo que la época exigía, y mayor que el de cualquier fiscal colombiano anterior.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

43 documentos · 55 fragmentos
01El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · Página 1751 cita
[1]

Buitragn es fiscal contra el ex director del DAS, Jor ge Noguera, acusado de entregar esa agencia de inteligencia al pa nmiilitarismo; y contra Guillermo Valencia Cossio, hermano del actual ministro del Interior y de Justicia, acusado tic poner la Fis calía Seccional de Medellín al servicio del narcotráfico. Entre un…

p. 175
02¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · Página 1441 cita
[2]

colombiano, quien le ha dado un tratamiento de excepción y lo ha puesto a cubierto de los medios, mientras el Centro Democrático planteaba una acción de tutela para proteger la segunda instancia del exministro. Arias ganó, así fuera parcialmente, su tutela, y su caso pasó a revisión en la misma Corte Suprema. Menos…

p. 144
03A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · Página 911 cita
[3]

Fiscal", 2 deJ/l/lio de 2001, p. lA. 155 Posteriormellf(', ('/1 abril de 2007, dl/rallfe la admi/listració/l deljiscal Mario I)!/lartÍ/I, se libró /lIIa ordl'll de captllra collfra Sor Teresa Gómez, reprl'Sellfallf1' It:!!al de F/l/lpazcor, p,'r el asesillato de la líder de las víctimas de desplazamiellf", Y(,lallda…

p. 91
04Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · Página 2811 cita
[4]

“Las dos caras del Fiscal.” 25. In 2014 Cabal won a Congressional seat on a campaign with former president Uribe’s party. Cabal regularly visited Col o nel Hernán Mejía and many other soldiers imprisoned for civilian killings, who she said were “unjustly jailed for confronting terror.” Juan Sebastián Rojas, “Coronel…

p. 281
05Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Páginas 334, 4222 citas
[5]

una invitación a la impunidad.4 En efecto, el proyecto buscaba motivar la desmovilización de los grupos armados a cambio de penas bajas, sin que los actores del conflicto contribuyeran a resarcir los daños que habían causado. En esencia, era un proyecto centrado en los victimarios. Después de un proceso de negociación…

p. 334
[12]

un proceso de investigación general que los corrobore mínimamente.4 Eso se puede lograr cotejando datos o 3 Véase, por ejemplo, Fiscalía General de la Nación. Guía de procedimientos de la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz. 2009. Así mismo, el documento de circulación interna “Protocolo de…

p. 422
06Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 1462 citas
[6]

beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…

p. 146
[7]

beneficios de las negociaciones de paz con los paramilitares. Esta se emitió el 22 de junio de 2005 por medio del Congreso de la República de Colombia, denominada Ley 975 de 2005 43 de Justicia y Paz, en la que se le dieron herramientas a la reincorporación de miembros de grupos armados organizados al margen de la…

p. 146
07Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 2952 citas
[8]

fue utilizada por la oposición para flagelar a Uribe como amigo de las AUC. A nivel internacional, muchos de quienes profesaban un interés por Colombia tacharon la ley propuesta como poco más que la sanción legal de la impunidad. No obstante, al castigar con penas de prisión insignificantes crímenes de lesa humanidad…

p. 295
[9]

fue utilizada por la oposición para flagelar a Uribe como amigo de las AUC. A nivel internacional, muchos de quienes profesaban un interés por Colombia tacharon la ley propuesta como poco más que la sanción legal de la impunidad. No obstante, al castigar con penas de prisión insignificantes crímenes de lesa humanidad…

p. 295
08Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · Página 621 cita
[10]

as well. In June 2006, t he Peace and Justice Law of 2005, introduced by President Álvaro Uribe and approved by Congress as a way to facilitate demobilization of the AUC, was modified: the Constitutional Court ruled that if paramilitary leaders did not fully cooperate in telling t he truth about their criminal…

p. 62
09Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · Páginas 11, 322 citas
[11]

distintos enfoques ideo- lógicos y políticos. Por otra parte, las formas violentas del deno- tado paramilitarismo surgieron y se consolidaron a lo largo del territorio colombiano a mediados de los ochenta y durante todo el final del siglo XX. 12 Justicia Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico…

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de las AUC en el Congreso colombiano. Para 2001, “las AUC quizá alcanzaron a tener treinta mil hombres armados a su disposición en distintos bloques” (Acemoglu, Daron y Robinson, James, 2012, página 444). Estos mismos autores relatan un hecho relevante en los términos del fenómeno que posteriormente se conocería como…

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10Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · Página 1971 cita
[13]

repetición para garantizar que las organizaciones que perpetraron los crímenes investigados sean desmontadas y las estructuras que permitieron su comisión re- movidas, a fin de asegurar que tales crímenes no volverán a tener lugar (CConst, Sentencia T-821 de 2007, página 38). El no desmonte de esas estructuras se debe…

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11Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Páginas 271, 2732 citas
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canceló la visa de turista a su defensora y no se le concedió la visa al fi s- cal encargado de la versión. La audiencia, entonces, no se pudo realizar, porque el postulado que se veía desde una pantalla no podía tener acceso directo a su defensora ni al fi scal. Fue así como durante el ())' y el ()&) las noticias de…

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y locales con el paramilitarismo. Man- cuso, por ejemplo, envió una carta a la Corte Suprema de Justicia donde advirtió que el Gobierno había faltado a su palabra, por lo que él no había podido cumplir con su compromiso de confesar: “cuando empecé a contar las verdades tal como me exigen la ley y mi consciencia, y…

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12Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Páginas 479, 4834 citas
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a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

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a los derechos humanos, pero a pesar de ello se optó por privilegiar las demandas penales por delitos comunes, y así mismo se dio prelación a un ente de justicia de otro país cuando obraba con ciertos resultados la justicia interna, como por ejem - plo los casos de las revelaciones en versiones libres ante la Fiscalía…

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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

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13«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · Página 341 cita
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Justicia. De este modo, la dimensión real de las violaciones de derechos humanos cometidas a lo largo de los años por los paramilitares, así como el papel fundamental desempeñado por las fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y destacadas personalidades de la política y del mundo empresarial en estos delitos,…

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14Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Página 3611 cita
[18]

la ley por seguir delinquiendo e, incluso, fueron extraditados a los Esta- dos Unidos; algunos otros no se desmovilizaron y tampoco cumplieron penas de privación de la libertad; y unos últimos fueron asesinados por diferentes razones. La idea en esta sección es revisar el panorama de lo que pasó con los comandantes…

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15La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · Página 5291 cita
[22]

la Ley 975 de 2005. Entre el 5 de junio de 2007 y el 22 de febrero de 2008, Giraldo participó de las audiencias de versión libre previstas por el mecanismo, mientras se encontraba privado de la libertad en la Cárcel Modelo de Barranquilla, antes de su extradición a Estados Unidos en mayo de 2008. Giraldo contaba desde…

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16Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3411 cita
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no dene ningún antecedente en América Ladna. En todo el condnente, con pocas excepciones, aunque enormemente significativas por el rango de las personas condenadas, como son los casos del expresidente Alberto Fujimori en el Perú y el expresidente Juan María Bondaberry en Uruguay, la clase política continental escapó a…

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17¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 1821 cita
[24]

que también lo hicieran. Hubo dos decisiones judiciales clave que reforzaron esta actitud de los paramilitares. La primera de ellas fue la Sentencia C-370 del 2006, en la que la Corte Constitucional decla- ró exequible la Ley de Justicia y Paz, pero fortaleció los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de…

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18Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 1222 citas
[25]

whose major reason for existence was the drug trade. [45.77.104.39] Project MUSE (2025-12-19 03:45 GMT) Universidad de Los Andes 6 The Conflicts of President Uribe with the Judicial Branch In this chapter, I turn to the conflicts of the judicial branch with President Uribe, especially in the cases of the Supreme Court…

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whose major reason for existence was the drug trade. [45.77.104.39] Project MUSE (2025-12-19 03:45 GMT) Universidad de Los Andes 6 The Conflicts of President Uribe with the Judicial Branch In this chapter, I turn to the conflicts of the judicial branch with President Uribe, especially in the cases of the Supreme Court…

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19No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 494, 5182 citas
[27]

en los magistrados que investigaban la parapolítica. Ante este escenario, la primera reacción del Gobierno fue minimizar la gravedad de las denuncias e intentar presentarlas como acciones aisladas de «manzanas podridas» o como «exdetectives de esa entidad que que- rían hacerle daño al DAS». Cuando se divulgaron…

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[52]

mío, cómo sufriría mi hermanito, un niño de diecisiete años, cómo suplicaría, cómo les imploraría. Eso me ha dado esa fuerza para seguir [pidiendo] verdades, para que nos entreguen esa verdad que nunca nos han entregado. ¿Para qué sirvió Justicia y Paz? porque no nos entregaron la verdad, no nos han entregado aquí en…

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20Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · Página 2501 cita
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nunca nos perdonó nuestro papel estratégico en la destrucción del proyecto paramilitat. 254 El coraje de la verdad Cuando llegué al Senado, como parte del nuevo partido de izquierda Polo Democrático, en 2006, sentí la necesidad de vol- ver a investigar el paramilitarismo región por región. En espe- cial, me llamaba la…

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21The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 4451 cita
[29]

agency], provided confirmation that paramilitaries used voter databases from the civil status registry to plan and execute a massive amount of electoral fraud in the 2002 elections. García’s testimony and other evidence demonstrated that paramilitaries committed this breach through the DAS to erase the criminal…

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22Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · Página 1041 cita
[30]

llamada había tenido referencia a ese caso. El Presidente de la República a fi rma que no es improcedente que el Jefe de la Nación pida cuentas o explica- 105 Juan Manuel López Caballero ciones a la Corte sobre sus actuaciones; que la coincidencia entre esas dos cosas fue eso, una coincidencia; que la llamada no tenía…

p. 104
23Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4491 cita
[31]

integrantes de la Fiscalía y el CTI. Estos contribuyeron a la dinámica de «legalización» de cadáveres, certificando pruebas falsas, implantando evidencia fraudulenta y generando un esquema de impu - nidad para que la maquinaria de muerte se siguiera cometiendo hasta llegar al menos a 6.402 víctimas entre los años 2002…

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24Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 8871 cita
[32]

la derrota del ene- migo solo era posible con su eliminación. Con la priorización de las bajas no solo se desconoció la pluralidad de misiones constitucionales que tenía la fuerza pública 3164, sino que se tejieron dos discursos para dotarlas de legitimidad: por una parte, se usó la «guerra jurídica» a nivel interno,…

p. 887
25Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 4111 cita
[33]

de vínculo con grupos armados y que su condición de trabajador informal fue aprovechada por los militares, quienes mediante engaños la trasladaron desde la Terminal de Transpor- tes de Tunja hasta un alejado paraje en donde fue ejecutado ex- trajudicialmente. Tanto el lugar de los hechos como la época de ocurrencia de…

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26"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · Página 951 cita
[34]

a llevar sus historias. Como se muestra abajo, la cobertura en los medios de ejecuciones extrajudiciales creció exponencialmente en los 12 meses siguientes a las revelaciones sobre el caso de Soacha. 223 Observatorio de derechos humanos y derecho humanitario de la Coordinación Colombia– Europa–Estados Unidos:…

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27Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · Página 311 cita
[35]

to Colombia peaked. In recent years, the number of new alleged false positive cases declined steeply, but human rights NGOs still reported a few cases in 2012 through 2015. To address the military ’s human rights violations, the Santos administration proposed a change that did not prevail. This reform was a…

p. 31
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 911 cita
[36]

funcionarios del Estado del DAS, la dirección del DAS, estaba articulada con las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio [...] No pareciera que hubiese una responsabilidad institucional del liderazgo político y del liderazgo institucional de las Fuerzas Armadas, el nivel de articulación de la infraestructura…

p. 91
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1341 cita
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nivel municipal y departamental y la incidencia política en las alcaldías se articulaba con el apoyo de la Policía, el Ejército y las instituciones de inteligencia del Estado, como el DAS. Un exparamilitar afirmó ante la Comisión que: «El DAS en Nariño fue realmente un aliado de las autodefensas. [...] El DAS pasó…

p. 134
30Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 2381 cita
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Bloque Catatumbo, como Bernardo Betan- court, alcalde de Tibú y Ovidio Navarro Urón, exconcejal de Tibú (Canal RCN, 2008, Hay 2.400 procesos en Santander y Norte de Santander por parapolítica). • Con respecto a la nómina paralela en la Fiscalía y el desapare- cido DAS, que además de suministrar inteligencia al Bloque…

p. 238
31La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · Página 1061 cita
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otros fenó- menos agresivos que incidían sobre el periodismo y sobre la socie- dad local y nacional. No se debe dejar de mencionar la actitud del Presidente Álvaro Uribe Vélez en contra de defensores de derechos 106 La palabra y el silencio humanos y de algunos periodistas, como lo ocurrido a Gonzalo Guillén, a quien…

p. 106
32Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 2101 cita
[40]

orden del cabecilla narcoparamilitar. Pero no era el único alto representante de la justicia que se veía envuelto en estas oscuras aventuras, a la par con el escándalo de la parapolítica, también recaían sospechas en los magistrados de la Corte Suprema de Justicia tales como Leonor Perdomo y Rubén Darío Henao 252. La…

p. 210
33Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 2101 cita
[41]

orden del cabecilla narcoparamilitar. Pero no era el único alto representante de la justicia que se veía envuelto en estas oscuras aventuras, a la par con el escándalo de la parapolítica, también recaían sospechas en los magistrados de la Corte Suprema de Justicia tales como Leonor Perdomo y Rubén Darío Henao 252. La…

p. 210
34La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 201 cita
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realizada por Hernán Pedraza en trabajo de campo en Barranquilla, octubre 2010. 47. Grupo de Memoria, CNRR, La masacre de El Salado, Taurus, 2009. 41 LA ECONOMÍA DE LOS PARAMILITARES que las elecciones regionales eran manipuladas por las AUC. Algo simi- lar sucedió con el éxito electoral de los miembros de la familia,…

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35Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 1321 cita
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parecían tareas convergentes. Se politizaba la criminalidad de los paramilitares, asociándola al delito de sedición, y por consiguiente se la hacía negociable; mientras se criminalizaba a la insurgencia como “amenaza terrorista”, y su agenda se convertía en no negociable. En suma, se pueden destacar los siguientes…

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36El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 3152 citas
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campaña no tuvieran competencia en sus jurisdicciones, y el día de la elección que el pueblo votara masiva- mente por ellos. A cambio de ese “aval”, los elegidos se hacen los de la vista gorda ante sus actividades, e incluso han llegado a adjudi- carles contratos públicos para sus empresas [...] 3 El establishment…

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campaña no tuvieran competencia en sus jurisdicciones, y el día de la elección que el pueblo votara masiva- mente por ellos. A cambio de ese “aval”, los elegidos se hacen los de la vista gorda ante sus actividades, e incluso han llegado a adjudi- carles contratos públicos para sus empresas [...] 3 El establishment…

p. 315
37Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · Página 691 cita
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de las coaliciones regionales que apoyaban los grupos paramilitares, cuyas pretensiones de pasar a la “toma” del poder po- lítico nacional fueron resistidas e impedidas por los más diversos sec- tores del ámbito nacional e internacional. De un lado, la comunidad internacional, las ONG, los movimientos sociales y la…

p. 69
38Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1231 cita
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(1990-2010) 123 El clan de Enilce López Romero y la parapolítica Un caso paradigmático y emblemático de la parapolítica colombiana y del Caribe es el del clan Alfonso López de Magangué, liderado por Enilce López Romero y sus hijos Jorge Luis y Héctor Julio Alfonso López. El esposo, y padre de los hijos de Enilce…

p. 123
39Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 2161 cita
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la controversia se estableció en el seno del mismo “espacio de los derechos de las víctimas”, con interpretaciones concurrentes acerca del contenido de estos derechos. La siguiente parte retoma estos debates. Justicia y Paz: ¿valores incompatibles? Movilizaciones y críticas El paso por la arena parlamentaria tuvo…

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40Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1941 cita
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comprometieron a cesar las hostilidades, continuaron los actos de violencia contra la población civil. A la vez, llamó la atención sobre la reparación de las víctimas. 342 …las víctimas que han sido despojadas de sus tierras o propiedades por medio de la violencia ejercida por los actores del conflicto armado tienen…

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41Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · Página 761 cita
[51]

a su colapso. Ante esta situación el Gobierno intentó distraer la discusión en la opinión pública con un señuelo que acaparó el debate: la inminencia de la derrota militar de las FARC (Vásquez, Vargas y Restrepo, 2011). Los paramilitares consideraron que los acuerdos y los bene- fi cios de la desmovilización se habían…

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42Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · Páginas 98, 1362 citas
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La Comisión Nacional de Reperación y Reconciliación La Presidencia de la República La Defensoría del Pueblo Naciones Unidas La Personería Los jueces Los medios de comunicación Iglesia católica Las organizaciones sociales La Procuraduría Otras iglesias Ninguna 48% 39% 49% 36% 34% 20% 15% 14% 17% 11% 5% 2% 1% 49% 45%…

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adecuadamente a las víctimas [117] 2.9 Desinformación sobre la programación de las versiones libres de los jefes paramilitares desmovilizados [119] 2.10 Conocimiento de la Ley de justicia y paz [119] 2.11 Dificultades de las víctimas para contar con representación judicial [120] 2.12 Ausencia de una estrategia de…

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43Encuesta Nacional ¿Qué piensan los colombianos después de siete años de Justicia y Paz?Gonzalo Sánchez Gómez, Iván Orozco Abad, Álvaro Villarraga Sarmiento, Luis Carlos Sánchez Díaz, Patricia Linares Prieto, María Consuelo Ramírez Giraldo, Angelika Rettberg Beil, Laura Otálora Cuenca, Irina Mago Cordido, Paola Ximena Silva Cortés · 2012 · Página 331 cita
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que viven en la región Oriental y los mayores de 45 años. El “voz a voz” de vecinos y familiares prevalece en las regiones Caribe y Suroriental y entre los más jóvenes. La Fiscalía y la CNRR, que son poco señaladas por la Población General, aparecen con una proporción mucho más alta en los estratos altos que en los…

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