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Hecho histórico · Estados Unidos de Colombia · 1863–1885

Introducción masiva de pastos africanos y expansión ganadera (1845–1880)

Entre 1845 y 1880 tres gramíneas de origen africano —guinea, pará y yaraguá— se difundieron por los pisos cálidos y templados de Colombia, transformando silenciosamente la geografía agraria del país: convirtieron selvas y rastrojos en potreros, capitalizaron tierras antes improductivas y dieron forma ecológica definitiva al latifundio ganadero decimonónico.

Introducción masiva de pastos africanos y expansión ganadera (1845–1880)
1845–1880
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1845–1880
Dónde
Antioquia, Magdalena Medio, Costa Caribe, Tolima, Valle del Cauca, Mompox, Ambalema, Nueva Granada, Santa Marta, Valle del río Magdalena, Valle del río Cauca
Protagonistas
General Carlos Soublette (introductor del pasto pará de Venezuela a Santa Marta), Julián Vásquez Calle (introductor del pasto pará a Antioquia), Vicente B. Villa (introductor del pasto pará a Antioquia), Manuel Vélez Barrientos (introductor del pasto pará a Antioquia), Mariano Ospina Rodríguez (cronista y promotor de la innovación forrajera antioqueña), Empresa Montoya, Sáenz y Cía. (capital tabacalero reconvertido en ganadería), Hermanos Samper (comerciantes vinculados al ciclo tabacalero y a la reconversión agraria)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Disponibilidad de tierras bajas y cálidas escasamente pobladas, cubiertas de selva húmeda, que ninguna actividad agrícola previa había podido capitalizar de manera sostenida.
  2. Existencia de capital acumulado en los ciclos exportadores del tabaco (Ambalema, 1850–1875) y la quina, que buscó refugio productivo tras el colapso de esos mercados desde 1875.
  3. Propiedades ecológicas excepcionales de las gramíneas africanas: el guinea multiplicaba la carga ganadera en suelos fértiles, el pará prosperaba en vegas anegadizas y el yaraguá colonizaba laderas empinadas y suelos agotados donde otros pastos fracasaban.
  4. Marco jurídico de baldíos que permitió a quienes tenían capital denunciar, medir y titular extensiones inmensas, excluyendo a pobladores previos sin documentos.
  5. Redes de élite —militares republicanos, comerciantes de Medellín, hacendados vallecaucanos— que circulaban semillas e información técnica como activo económico, acelerando la difusión regional de las nuevas gramíneas.
  6. Colapso simultáneo del tabaco y la quina (desde 1875), que dejó plantaciones sin destino y tierras desmontadas disponibles para la reconversión ganadera.
1845–1880Introducción masiva de pastos africanos y expansión ganadera (1845–1880)

Consecuencias

  1. Formación material del latifundio ganadero en el Caribe, el Magdalena Medio y los valles interandinos: la revalorización de tierras antes improductivas concentró la propiedad rural en manos de quienes tenían capital para sembrar pastos y titular baldíos.
  2. Desplazamiento silencioso de poblaciones campesinas y ribereñas, que perdieron acceso a la selva, las ciénagas y las tierras de rocería sin que mediara un conflicto político explícito, quedando como arrendatarios, agregados o migrantes.
  3. Sustitución de ecosistemas de selva tropical húmeda por sabanas artificiales mantenidas mediante quema anual, con pérdida irreversible de biodiversidad y de las opciones de subsistencia que el bosque ofrecía.
  4. Configuración de una estructura agraria de baja densidad demográfica en las tierras cálidas —latifundio ganadero extensivo con escasa demanda de mano de obra permanente— que alimentó flujos migratorios hacia nuevos frentes de colonización.
  5. La colonización cafetera de finales del siglo XIX y comienzos del XX se realizó en parte con familias desplazadas desde las tierras bajas por una ganadería que no las necesitaba, vinculando esta revolución forrajera con la formación de la sociedad cafetera.
  6. Establecimiento de la matriz agraria —concentración de la propiedad, ganadería extensiva de baja productividad, exclusión del campesino sin tierra— que el siglo XX heredó como conflicto agrario abierto y de larga duración.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La introducción de pastos africanos es el eslabón material que explica la formación del latifundio ganadero colombiano decimonónico: no fue un decreto ni una guerra, sino una revolución técnica silenciosa que capitalizó tierras, expulsó poblaciones y fijó una estructura agraria cuya persistencia atravesó el siglo XX. Entender este proceso obliga a ampliar la historia agraria más allá de los ciclos exportadores visibles —tabaco, quina, café— para incluir las transformaciones ecológicas que los hicieron posibles o que llenaron el vacío que dejaron. Es, además, un caso ejemplar de cómo las innovaciones técnicas sin protagonismo político pueden tener consecuencias sociales más duraderas que las guerras civiles que dominan el relato del período.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Introducción masiva de pastos africanos y expansión ganadera (1845–1880)

Entre 1845 y 1880 tres gramíneas de origen africano y tropical —el guinea, el pará y el yaraguá— se difundieron por los pisos térmicos cálidos y templados de la Nueva Granada y de los Estados Unidos de Colombia, y con ellas se rehizo la geografía agraria del país. Fue una revolución técnica sin manifiestos ni decretos: no aparece en el debate del Radicalismo, no figura en las plataformas partidistas, no dejó fecha señalada en el calendario republicano. Y sin embargo volvió productivas laderas antioqueñas agotadas, selvas del Magdalena Medio antes intransitables, dehesas del Tolima que el tabaco había abandonado y sabanas caribes que la ganadería colonial explotaba con hato cimarrón y baja carga. Al hacerlo, capitalizó tierras que ninguna otra actividad podía sostener, dio su forma ecológica definitiva al latifundio ganadero, empujó al hato nacional desde los altos valles hacia las tierras bajas y sembró la matriz agraria —concentración de la propiedad, ganadería extensiva de baja productividad, desplazamiento del campesino sin tierra— que el siglo XX heredaría como conflicto abierto. Ese silencio del archivo político frente al ruido de la transformación material es, en sí mismo, el hecho a explicar.

El país agrario antes de los pastos africanos

A mediados del siglo XIX la vida colombiana estaba encaramada en las tierras altas. Allí se concentraba la mayor parte de la población, allí se escapaba del calor y de las enfermedades tropicales, allí prosperaban los cultivos que la geografía andina permitía: papa, trigo, cebada, maíz. Eran los mismos productos que Europa y América del Norte producían por su cuenta, de modo que Cundinamarca, Boyacá y los altiplanos del oriente no tenían nada excepcional que ofrecer al comercio internacional. Las tierras bajas y templadas, en cambio, permanecían escasamente pobladas. Cubiertas de selva húmeda desde el nivel del mar hasta los mil metros, atravesadas por el Magdalena y el Cauca, extendidas en las sabanas del Caribe y en los valles interandinos calientes, eran vistas como espacios de tránsito o de frontera: insalubres, difíciles, poco rentables.

La ganadería que se practicaba en ellas era heredera directa de la colonia. En el Magdalena Grande y en las llanuras del Caribe pastaba un ganado semisilvestre sobre pastos nativos de baja capacidad de carga; en los valles del Cauca y del alto Magdalena, hatos de estancia servían al abasto local; en Antioquia, la ganadería era secundaria frente a la minería y al comercio. El latifundio existía —era, en buena medida, la institución agraria más persistente que había legado el orden colonial—, pero su capacidad de generar riqueza estaba limitada por la vegetación disponible. En muchas zonas, la posesión del ganado cimarrón importaba más que la titulación formal de la tierra: quien tenía vaqueros y marca dominaba, aunque los linderos permanecieran indivisos.

Sobre ese paisaje sobrevino, entre las décadas de 1840 y 1870, un ciclo económico que preparó el terreno sin proponérselo. La supresión progresiva del monopolio estatal del tabaco permitió a los mayoristas privados exportar la hoja, y Ambalema, en el valle del Magdalena tolimense, se convirtió en el centro de un auge que promedió entre dos y tres millones de pesos oro anuales entre 1850 y 1875. La empresa Montoya, Sáenz y Cía. —vinculada a capitales antioqueños y a una compañía inglesa— y comerciantes como los hermanos Samper canalizaron el negocio. Junto al tabaco corrieron la quina y otras exportaciones menores. Todo ese ciclo desmontó tierras calientes, abrió caminos, formó capitales y —cuando cayó— dejó plantaciones sin destino y hombres con dinero buscando refugio productivo. Hacia 1870 el tabaco colombiano ya era considerado de tercera calidad en Bremen; en 1875 los precios se derrumbaron. La quina siguió pronto. Y en esas tierras desmontadas empezó a instalarse, con una lógica silenciosa, la ganadería de pastos artificiales.

Los pastos, sus rutas y sus hombres

El primero en llegar fue el guinea (Megathyrsus maximus, antes Panicum maximum), gramínea africana de porte alto y follaje abundante. Entró a Antioquia en 1825 y se aclimató lentamente a los pisos cálidos y templados. Su fuerza estaba en la biomasa que producía sobre suelos razonables: donde había fertilidad, el guinea multiplicaba la capacidad de carga de un potrero muy por encima de lo que los pastos naturales permitían.

El pará (Brachiaria mutica, hoy Urochloa mutica) siguió una ruta rastreable con nombres propios. Fue introducido por el general venezolano Carlos Soublette, que lo trajo desde Venezuela hasta Santa Marta hacia mediados de la década de 1840, aproximadamente veinte años después del guinea. Una segunda introducción ocurrió a fines de esa misma década: el proceso fue múltiple, no un episodio único. De la costa, la semilla viajó a Antioquia por gestión de tres nombres: Julián Vásquez Calle, Vicente B. Villa y Manuel Vélez Barrientos —comerciantes y hacendados de Medellín, insertos en las redes que conectaban el interior con los puertos caribes—. Desde Antioquia, el pará llegó al Valle del Cauca hacia los años 1860. La ruta —Venezuela, Santa Marta, Antioquia, Valle— dibuja el mapa de una circulación de élite: militares republicanos, comerciantes de Medellín, hacendados vallecaucanos que compartían información técnica como quien comparte una noticia de bolsa.

El pará se distinguía por su tolerancia a la humedad. Prosperaba en tierras anegadizas, en orillas de ciénaga, en las vegas ribereñas del Magdalena y del Cauca —justamente los suelos que otras gramíneas rechazaban—. Su nombre, tomado del estado brasileño donde ya era conocido, alude a esa afinidad con el agua estancada.

El tercero, el yaraguá, es en Colombia el nombre popular del Melinis minutiflora, hierba africana también llamada gordura, melona o peludo. Su virtud fue distinta y en cierto sentido más decisiva: se agarraba fuertemente al suelo, resistía las pendientes empinadas y toleraba tierras de fertilidad baja, incluidas las del macizo granítico antioqueño y las cafeteras abandonadas del suroeste. Donde el guinea exigía buen suelo, el yaraguá se instalaba en el rastrojo agotado. Su carácter pegajoso al tacto y su capacidad de fijar laderas lo convirtieron en la gramínea de las tierras que ya nadie quería.

La aritmética silenciosa del potrero

Para entender por qué estas tres hierbas rehicieron un país hay que descender a la aritmética de la finca. Un potrero de pasto nativo en las sabanas del Caribe sostenía, en promedio, una res cada tres o cuatro hectáreas, y aun así el animal engordaba mal y llegaba flaco al mercado. Sobre guinea establecido, la carga podía subir a una res por hectárea o, en las mejores vegas del Sinú y del Magdalena, más. Sobre pará, en tierras bajas y anegadizas donde antes solo prosperaba el jején, se alcanzaban capacidades comparables. Sobre yaraguá, en laderas de veinte o treinta grados que ningún cultivo permanente había podido domesticar, el ganado podía sostenerse allí donde antes solo cabía el rastrojo. Multiplicar por tres o por cuatro la capacidad de carga de un potrero no es un ajuste marginal: es la diferencia entre una tierra que devuelve la inversión y una que la devora.

A ese efecto directo se sumaba otro más sutil. Los pastos africanos, una vez establecidos, competían con eficacia contra la regeneración del bosque. El yaraguá, en particular, se resembraba solo, cubría el suelo con densidad suficiente para ahogar los renuevos leñosos y —cuando el hacendado quemaba el potrero al final del verano, práctica que se generalizó en las tierras cálidas— rebrotaba con vigor mientras las especies nativas retrocedían. La quema anual, importada de los usos ganaderos venezolanos y adaptada al calendario climático colombiano, fijó una ecología nueva: sabana artificial donde antes había selva o rastrojo, mantenida por el fuego y el diente del ganado. Lo que en los papeles del hacendado aparecía como mejoramiento del potrero era, en el paisaje, la sustitución de un ecosistema entero.

El costo de instalación no era menor. Desmontar una hectárea de selva, sembrarla en guinea o en pará, cercarla y esperar los dos o tres años que tomaba consolidar el pasto exigía capital, brazos y paciencia. Pero una vez hecha la inversión, el potrero duraba décadas con mantenimiento mínimo, y la tierra —hasta entonces valuada casi en nada— pasaba a tener un precio que reflejaba su nueva capacidad productiva. La revalorización fue el resorte oculto de la transformación: los mismos hombres que habían amasado fortunas con el tabaco, la quina o el comercio de importación descubrieron que comprar barato una selva del Magdalena Medio, sembrarla en pará y esperar diez años equivalía a una operación financiera de rentabilidad excepcional.

Antioquia, el Magdalena, el Valle

La geografía de la expansión tuvo tres focos y una lógica común. Antioquia, primero. La minería del oro había dejado, en las vertientes de la cordillera Central, un mosaico de tierras desmontadas, cuadrillas de peones sin ocupación permanente y capital líquido buscando destino. El yaraguá encontró allí su medio ideal: laderas empinadas, suelos ácidos derivados del granito, altitudes intermedias. Las mismas familias que habían dominado la minería —Ospina, Villa, Vásquez, Uribe, Restrepo— se hicieron ganaderas en el norte antioqueño, en el nordeste y en el bajo Cauca. La ganadería antioqueña no reemplazó a la minería: la prolongó por otros medios, capitalizando el excedente aurífero en tierra y ganado.

El Magdalena Medio, segundo. La ribera del gran río, entre Honda y el Banco, había sido durante siglos un corredor de tránsito bordeado de selva impenetrable, con caseríos ribereños que vivían de la pesca y del bogaje. El pará, sembrado en las vegas inundables, convirtió aquellas orillas en potrero. Los hacendados que habían enriquecido con el tabaco en Ambalema movieron su capital río abajo y compraron por bocados baratos extensiones que hoy medimos en miles de hectáreas. La navegación a vapor, que había hecho posible el auge tabacalero, hizo también posible sacar el ganado en pie hasta los mercados de la costa y del interior. Selva, pará, res, vapor: la cadena estaba completa.

El Valle del Cauca, tercero. Allí la ganadería tenía raíces coloniales sólidas —las haciendas jesuíticas del siglo XVIII habían establecido las estructuras—, pero la introducción del pará en los años 1860 permitió incorporar las vegas del río, hasta entonces marginales por su régimen de inundación, y ampliar de manera decisiva la superficie ganadera. Familias como los Caicedo, los Cabal y los Holguín, con presencia política nacional y vínculos comerciales con el Pacífico, consolidaron latifundios cuya persistencia atravesaría el siglo XX. El guinea, en las tierras planas y bien drenadas, y el pará en las anegadizas, se repartieron el valle según la topografía.

En los tres focos la operación fue análoga: capital acumulado en otro sector, tierra barata o de acceso relativamente sencillo, gramínea africana adecuada al piso térmico, ganado que llegaba caminando desde hatos más antiguos, mano de obra disponible por el colapso de los ciclos previos. Ninguno de estos elementos era nuevo por sí solo; la combinación sí lo era.

Los que no aparecen en el negocio

Toda esta transformación se cuenta habitualmente en los términos que la propia hacienda dejó registrados: introductores, semillas, capacidades de carga, precios. Pero la sabana artificial no se hizo sola. La abrió el machete de peones que en los censos no tienen apellido, la desyerbó una mano de obra que se contrataba por jornal y se pagaba a menudo en fichas de tienda, la cuidó una población ribereña que fue perdiendo, hectárea a hectárea, el acceso a la selva de la que había vivido: la pesca en las ciénagas que el pará invadió, la caza en los montes que la quema anual redujo a rastrojo, la agricultura de rocería sobre tierras que ahora tenían dueño con título y cerca.

El desplazamiento fue rara vez violento en el sentido espectacular del término. Fue jurídico, económico y ecológico. Jurídico, porque las leyes de baldíos de mediados de siglo permitieron adjudicar en pocos años extensiones inmensas a quienes tenían capital para denunciarlas, medirlas y titularlas; los pobladores previos, sin papeles, quedaron dentro de las fincas ajenas como arrendatarios, agregados o simplemente sobrantes. Económico, porque el jornal ganadero era estacional y escaso —una hacienda de mil hectáreas en pará ocupaba de manera permanente a media docena de vaqueros—, de modo que la tierra que antes sostenía familias campesinas ahora sostenía reses y muy pocos hombres. Ecológico, porque la sustitución del bosque por el potrero cerró las opciones de subsistencia que la selva ofrecía a quien no tenía tierra propia.

La consecuencia demográfica es visible en la geografía posterior. Las tierras cálidas que la ganadería ocupó no se convirtieron en zonas densamente pobladas: se convirtieron en zonas de latifundio con población dispersa, cabeceras municipales pequeñas y flujos migratorios permanentes hacia los frentes de colonización que todavía quedaban abiertos —el suroeste antioqueño, el sur del Tolima, el piedemonte llanero—. La colonización cafetera de finales del siglo XIX y comienzos del XX, con su fama de sociedad de pequeños propietarios, se hizo en buena parte con familias empujadas desde las tierras bajas por una ganadería que no las necesitaba.

La revolución que no se nombró

Queda por explicar el silencio. Los años en los que el guinea, el pará y el yaraguá rehicieron el mapa agrario colombiano son los mismos del Radicalismo, de las constituciones de Rionegro y de 1886, de las guerras civiles que enfrentaron a liberales y conservadores por la forma del Estado, la relación con la Iglesia, el federalismo. En esa discusión encendida, la introducción de tres gramíneas no figura. Los pastos africanos no tienen tribuna en el Congreso, no aparecen en los editoriales, no reciben ley que los promueva ni que los regule. La Sociedad de Agricultores, cuando llegue a organizarse a fines de siglo, hablará de ellos como de una realidad ya consumada.

Esa invisibilidad tiene explicación. La transformación la hicieron actores privados con recursos privados sobre tierras que —jurídicamente— eran suyas o pudieron serlo mediante los mecanismos ordinarios de adjudicación. No requirió política pública, no generó conflicto entre facciones de la élite, no interpeló al Estado. Los introductores del pará —Soublette, Vásquez Calle, Villa, Vélez Barrientos— eran, ellos mismos, parte de la clase política; los hacendados que sembraron el guinea en Antioquia o el pará en el Magdalena Medio se sentaban en las mismas asambleas que legislaban sobre baldíos, aduanas y crédito. No había, en rigor, nada que debatir: el proceso convenía al conjunto de los que decidían.

El silencio del archivo político no es entonces omisión: es coincidencia. Cuando una transformación material beneficia a la élite entera y no afecta —o afecta favorablemente— la posición relativa de sus fracciones, no genera debate. Los debates se abren cuando hay intereses enfrentados; aquí no los había. Los perdedores —peones sin tierra, pobladores ribereños, campesinos de rocería— no tenían representación en el Congreso ni voz en los periódicos, y las guerras civiles del período se pelearon por otras cosas.

La herencia

Hacia 1880, la ganadería de pastos artificiales estaba consolidada. En las décadas siguientes, la expansión continuó: hacia la Costa Atlántica con más fuerza, hacia el piedemonte llanero, hacia el bajo Cauca, hacia el Sinú. La estructura básica ya estaba echada. El latifundio ganadero de pisos cálidos, con capacidad de carga moderada pero rentable, con inversión inicial fuerte y mantenimiento bajo, con mano de obra escasa y estacional, con desplazamiento constante de campesinos hacia frentes de colonización, se convirtió en la forma dominante de ocupar y valorizar las tierras bajas colombianas. Los pastos siguieron llegando —el pangola, el elefante, más tarde las brachiarias mejoradas— sobre el molde que el guinea, el pará y el yaraguá habían fijado.

La matriz agraria que el siglo XX recibiría como conflicto —concentración extrema de la tierra en las zonas cálidas, minifundio en las altas, ganadería extensiva de baja productividad ocupando las mejores vegas, campesinado sin tierra empujado hacia el margen— no se fraguó en las reformas fallidas de la República Liberal ni en la Violencia de mediados del siglo XX. Se fraguó antes, entre 1845 y 1880, en la callada operación técnica de sembrar tres hierbas africanas en las selvas y sabanas del país cálido. Cuando en 1936 la ley 200 intentó por primera vez, tímidamente, poner condiciones a la propiedad rural, la geografía ganadera colombiana llevaba ya tres cuartos de siglo asentada sobre esa base. Cuando el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria abrió sus puertas en 1961, la sabana artificial cubría regiones enteras y sostenía una estructura de poder cuya solidez era, en buena medida, la solidez del potrero.

Se comprende entonces por qué la revolución de los pastos africanos ha sido llamada silenciosa. No porque nadie la haya visto —los hacendados la vieron, la promovieron y la escribieron en sus libros de finca—, sino porque no necesitó hacerse oír. Fue una transformación por acumulación privada, sancionada por leyes generales y no por reformas nombradas, ejecutada por una élite continua consigo misma. Su producto —el país ganadero de tierra baja— se volvió tan natural en el paisaje que costó reconocerlo como producto: parece que las sabanas del Sinú, las vegas del Magdalena y las laderas de yaraguá siempre estuvieron allí. No estuvieron. Las sembraron entre 1845 y 1880 unos hombres cuyos nombres conocemos, con unas semillas cuyas rutas podemos rastrear, sobre unas tierras cuya vegetación previa era otra. Y con ellas sembraron también, sin proponérselo o proponiéndoselo poco, el conflicto agrario que el siglo siguiente heredaría como su asunto más terco y menos resuelto.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

34 documentos · 44 fragmentos
01Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 365, 4552 citas
[1]la Contraloría General de la República, n.º 10 (octubre de 1944). La segunda introducción de la pará ocurrió a fines de los cuarentas. «El pasto de guinea y el de pará… han producido la revolución más importante y felíz en la agricultura de Antioquia…; el primero llegó a Antioquia en el año 25 de este siglo, y el…p. 365
[38]Cauca, y en el estado del Tolima —la parte de la hoya alta del Magdalena segregada de Cundinamarca en 1861 — avanzaba hacia el sur por la media falda orien- tal de la cordillera del Quindío. * Esta colonización se efectuaba al principio más o menos en las condiciones y con las formas coloniales y granadinas — con…p. 455
02Plantas exóticas con alto potencial de invasión en ColombiaDairon Cárdenas López, María Piedad Baptiste E., Nicolás Castaño A. · 2017 · p. 731 cita
[2]elementos técnicos que incluyan fundamentos ambientales y sociecológicos para mantener el uso de las especies ya introducidas en el país de manera controlada, reduciendo las posibilidades de los efectos negativos sobre las comunidades de especies nativas. Adicionalmente, se requiere el fortalecimiento de herramientas…p. 73
03Las gramíneas en Colombia: riqueza, distribución, endemismo, invasión, migración, usos y taxonomías popularesDiego Giraldo-Cañas · 2013 · p. 293, 3742 citas
[3]0-500 m. Dept.: ARA, MET, VAL Introducida-naturalizada, cultivada NV: Braquiaria (Orinoquia). Usos: Forrajera Urochloa maxima (Jacq.) R. D. Webster = Megathyrsus maximus (Jacq.) B. K. s imon & s. W. L. Jacobs Urochloa mollis (s w.) Morrone & z uloaga Sin.: Brachiaria mollis (Sw.) Parodi, Panicum molle Sw. Ref.: D.…p. 374
[4]en Colombia Riqueza, distribución, endemismo, invasión, migración, usos y taxonomías populares Dept.: CAS, MET Nativa NV: Desconocidos. Usos: Desconocidos. Panicum irregulare Swallen = Ocellochloa irregularis (s wallen) z uloaga & Morrone Panicum ischaemum Schreb. = Digitaria ischaemum (s chreb.) s chreb. ex Muhl.…p. 293
04La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 97, 992 citas
[5](único entre las gramináceas conocidas) que lo hace pegajoso al tacto y que se cree rechaza los mosquitos y las garrapatas. Los animales colocados en este pasto son indiferentes a él, pero una vez habituados a la yerba la prefieren a todas las demás. Su capacidad de mantenimiento es de dos tercios de la del Pará o…p. 99
[28]también referencias a varias descripciones de ganado blanco con puntos negros en el sur de Europa (Hungría, Servia), de donde él conjetura vienen los uros, progenitores del Chillingham y de otros ganados de Park. 198 La colonización antioqueña costeño (que tiene una fuerte mezcla de sangre cebú) predomina hoy en día…p. 97
05Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 177, 3752 citas
[6]contribuye a formar aquí un hábitat para las especies características de la selva tropical húmeda, entre las que se destacan la palma chontaduro (Guillielma) y el caucho (Hevea). Lo fragoso del relieve, que contrasta con el suelo plano, pantanoso y selvático del valle del río Magdalena, hace posible en parte su…p. 375
[11]su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…p. 177
06El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 56, 682 citas
[7]J. Parsons, "Spread of African Pasrure Gra.sses ro the American Tropics", }ourna/ of Rang< Managmzent 25 (1972); Brew, El desarrollo económico, 179-181. "Comraloría, Geagrafia...,Antioquia, 137; Diego Monsalve, Colombia cafiura (Bogotá: Artes Gráficas, 1927); Brew, El desarrollo económico, 181. " B. Le Roy Gordon,…p. 56
[27]es que estimó las poblaciones ganaderas en las parroquias. Esto permite esrablecer una regionalización de la ganadería con buen nivel de detalle. Comparar estos datos con aquellos del Censo Agropecuario de 1960 da una idea de cómo la geografia de la ganadería cambió a través del siglo". Este ejercicio muestra un…p. 68
07Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 79, 1082 citas
[8]en la cuenca del río Magdalena se encuentran gran número de ecosistemas diferentes 291. Entre estos ecosistemas se encuentran las selvas tropicales ubicadas en las pendientes húmedas desde cerca del nivel del mar hasta 1000 metros de altitud. Estas por lo general se ubicaban en las cercanías de las orillas del río.…p. 108
[36]medio de un esquema de sub-regiones, presentamos un bosquejo de como estos lugares de “frontera” asociados a poblaciones de jaguares fueron ocupados a lo largo de nuestro periodo de estudio. 218 Esteban Payán, Comunicación personal. 18 de marzo de 2014 80 Figura No. 9 Mapa de fundaciones en la Región Andina (Siglo…p. 79
08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 141 cita
[9]casi todo el territorio. T em pe ra tu ra constante y lluvia ab u n d a n te producen una vigorosa vegetación. Esto es cierto en las tierras bajas y en las m ontañas que, por lo general, ofrecen u n tono v erd e esm eralda que contrasta con la desolada aridez de la vertiente occidental de los A ndes peruanos. H…p. 14
09Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 59, 762 citas
[10]el estímulo primordial para el crecimiento económico rural a fines del siglo XIX y comienzos del xx. Este período presenció la tremenda expansión del cultivo del café, el auge de la ganadería y la construcción de ferrocarriles. Pero este crecimiento no se distribuyó uniformemente por el país. Las regiones altas ha-…p. 76
[34]«Problemas generales de la colonización amazónica en Colombia», Enfoques colombianos, 5 (1975), p. 40, e Instituto Colombiano de la Reforma Agraria e Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, La Colonización en Colombia: evaluación de un proceso, 2 vol. (Bogotá, 1974). COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN…p. 59
10Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3511 cita
[12]El valor de las exporta ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda de la demanda…p. 351
11Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 871 cita
[13]como el mazamorreo, 0 con otras mas avan- zadas, como las empleadas en El Zancudo. El tabaco, 1850-1875 Las inversiones antioquefias, a través de Mon- toya y Saenz y de otros capitalistas, fueron decisivas en la reactivacién de la colonia Ambalema como primer productor de tabaco en las condiciones de la gradual…p. 87
12Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 3821 cita
[14]de estas y de las fuertes introducciones de ganado que se hacen de Venezuela, el precio de la carne en casi toda la República ha doblado, hecho que prueba un aumento considerable de consumo, lo que a su vez revela una extensa mejora en la condición de las clases pobres de la sociedad, puesto que la carne es un…p. 382
13Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2161 cita
[15]de 1848). Claro que ya se venía explotando por parti- culares (Montoya, Sáenz y Cía. conectada con una compañía inglesa) y su fomento había crecido en la región de Ambalema y Alto Magdalena (Luis F. Sierra, E l tabaco en la economía colombiana d e l siglo XIX, Bogotá, 1971, 42). El tabaco bajaba en barcos por el…p. 216
14Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 3241 cita
[16]y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…p. 324
15La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1351 cita
[17]m po a los colinos del tabaco. Fundan también en el cercano puerto de Ambalema una gran factoría, en la que se prepara el producto para la exportación (Díaz, 1889, II, cap. XX). Ya por el río corrían los primeros vapores de rueda traídos desde los Estados Unidos de América por Juan B. Elbers. Pero todo esto, en…p. 135
16Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 991 cita
[18]por habitante es menor que el de 1800 calculado por nosotros en 27. 5 pesos. Para el mismo 1846 el cálculo nuestro es de 25 pesos plata por habitante. El crecimiento económico nos arroja el 1, 2 % anual, infe- rior al de población que fuera de 1, 6 % anual. Fue una fase en la cual cayeron sustancialmente los impuestos…p. 99
17Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 143, 1472 citas
[19]con la actividad ganadera, apreciaba su naturaleza y, sobre todo, su importancia central en el pasado nacional. Para Ospina Vásquez, “la extensión de la ganadería [...] fue el principal elemento dinámico de nuestra evolución agrícola desde el fin del período colonial hasta la gran expansión del café”1 2. Esta…p. 143
[22]el llama do “ganado cimarrón”, que pastaba en tierras todavía sin cercar, cuando la actividad central de los ganaderos, la vaquería, se asemejaba a la de los cazadores24. Hay que insistir en este punto, sobre todo frente a una tradición historiográfica com o la colom biana, que ha tendido a identificar del todo a los…p. 147
18El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 2561 cita
[20]en la ganadería colombiana Es obvio que el cuadro abstracto de la tecnología ganadera delineado atrás no corresponde al estado de las prácticas en la ganadería nacional. Mientras que la ganadería i ^eal se lleva a cabo mediante técnicas que hacen intensiva la utilización de la tierra, regularizando y midiendo…p. 256
19Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 361 cita
[21]Santander, palos de tinte en la costa Atlántica, y caucho en el Caquetá, Vichada y Putumayo y en me - nor escala en To lima. Pero por su base demográfica y por su im- pacto en definir las grandes regiones colombianas del siglo xx, las colonizaciones decisivas habrían de ser las del café, muy identifi- cadas con el…p. 36
20Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 211 cita
[23]3. Infraestructura para la exportación de carbón 23 1 Tenencia de la tierra, reforma agraria y desarrollo carbonífero en el gran magdalena les por donde se transportaba el mineral, salvo el producido por Drummond, la primera y única concesionaria del corredor férreo La Loma - Santa Marta hasta 2006 9. Ese año, esa…p. 21
21Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1981 cita
[24]haciendo legalmente difícil la adquisición de tierras. La política agraria, por lo tanto, estuvo en- caminada a desincentivar la fuga de la barata mano de obra rural. La adquisición de baldíos por parte de individuos de escasos medios fue obstaculizada por una ley de 1868 que establecía como requisito de compra una…p. 198
22Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1062 citas
[25]la organización de las haciendas liberadas no fueron espectaculares, y que el efecto global sobre la estructura agraria, en relación con las formas de trabajo imperantes en esa época, no ha debido de ser muy grande, ya que se trataba apenas de cerca del 1.5% del área entonces explotada. La dificultad de conseguir…p. 106
[26]la organización de las haciendas liberadas no fueron espectaculares, y que el efecto global sobre la estructura agraria, en relación con las formas de trabajo imperantes en esa época, no ha debido de ser muy grande, ya que se trataba apenas de cerca del 1.5% del área entonces explotada. La dificultad de conseguir…p. 106
23Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 3611 cita
[29]1870, la mitad de la población residía en el oriente colombiano (Santanderes, Bo- yacá y Cundinamarca); el 30 % en el sur-occidente, en lo que hoy son los departamentos de Antioquia, antiguo Caldas, Valle, Cauca, Chocó y Nari- ño; el 8 % en el centro (Tolima y Hui- la) y el 12 % en la costa atlántica. Pese al notorio…p. 361
24Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 621 cita
[30]Herrera, “Las divisiones político-administrativas del Virrein- ato de la Nueva Granada a finales del período colonial.” Historia Crítica (Bogotá, Universidad de Los Andes: 22, Diciembre 2001), 76–104. 46 Chapter Two range or toward the Eastern mountain range’s extreme north to what is today Norte de Santander.…p. 62
25"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 411 cita
[31]vertiente occidental recibió la mayor in fl uencia antioqueña durante el siglo XIX con un poblamiento disperso en la zona de ladera, que evitó el choque con los propietarios de la zona plana. Sin embargo, la colonización no estuvo exenta de con fl ictos entre colonos y propietarios. En esta región fue famoso el con fl…p. 41
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 411 cita
[32]un buen vivir. Para las poblaciones que coexisten en Antioquia, habitar territorios con determi- nadas características geográficas y climáticas ha tenido consecuencias. En las tierras frías y templadas del centro –según la historiadora Diana Henao–, ubicadas hacia el oriente y el norte del Valle de Aburrá, el Estado y…p. 41
27Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2001 cita
[33]Central, en donde se encontraron con las grandes migraciones rumbo al corredor antioqueño que ya llevaba en proceso más de cien años. La movilización de los antioqueños se había iniciado muchas décadas antes de la Independencia, huyendo de la hambruna, las sequías y la sobrepoblación de las zonas montañosas de los…p. 200
28Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1531 cita
[35]las reivindicaciones de negros y mulatos. Por esto, las formas de discriminaci ó n racial, mantenidas con severidad en la “ sociedad ci vil ” — no hab í a curas negros, ni estaban en los colegios elegantes, ni pod í an entrar a los clubes sociales, ni eran admisibles como pareja matrimonial de los blancos — se…p. 153
29En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 241 cita
[37]motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…p. 24
30La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 191 cita
[39]de la producción ganadera y su casi nulo mejoramiento técnico, con insignificantes índices de aumento de la producti vidad e incluso con algunos de decrecimiento a lo largo de 20 a 25 años, tiempo en el cual han, transcurrido varios ciclos ganaderos. Al igual que la abismal diferencia que separa a nuestra ganadería de…p. 19
31Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 342 citas
[40]de la Tatacoa (Hui- intensivo para el ganado la). El paisaje subdesér- que se ha dado a esta tico de la Tatacoa es, zona desde la Colonia. EAT de 200 km”, con paisajes subdesérticos pertene- cientes geológicamente a la Formación Honda, de carácter sedimentario. El escurrimiento super- ficial y la poca cobertura…p. 34
[41]de la Tatacoa (Hui- intensivo para el ganado la). El paisaje subdesér- que se ha dado a esta tico de la Tatacoa es, zona desde la Colonia. EAT de 200 km”, con paisajes subdesérticos pertene- cientes geológicamente a la Formación Honda, de carácter sedimentario. El escurrimiento super- ficial y la poca cobertura…p. 34
32Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1571 cita
[42]recogido por Antolín Díaz, y de seguro don Francisco tuvo centenares de compadres y ahijados (rechazó la compra de doncellas). Pero en muchas partes los colonos pobres llegaron a "temerle más a los hombres que a las fieras del monte". Se sabe que, como Berástegui, en la plantación francesa de Tucura, en el Este…p. 157
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
[43]políticos representan «esa rancia cúspide regional acos- tumbrada a manejar haciendas, predios, casas comerciales y oficinas públicas, con los mismos criterios especulativos y endogámicos» 60. Es un sistema que las nuevas élites políticas han replicado con cierto éxito 61. Cabe señalar también, como lo recuerda Fals…p. 46
34Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 351 cita
[44]en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…p. 35