Idea · Independencia
Continuidad colonial
La continuidad colonial designa la persistencia de las estructuras institucionales, económicas y sociales del orden virreinal —tributo indígena, esclavitud, hacienda, jerarquía racial, patronato eclesiástico, sistema fiscal— dentro de la república neogranadina tras la independencia de 1810-1830, prolongándose en sus efectos hasta las reformas liberales de mediados del siglo XIX y, en algunas dimensiones, mucho más allá.
Trayectoria de una idea
- 1781
Revolución de los Comuneros: primer síntoma del agotamiento del pacto colonial
- 1810
20 de julio: revolución anticolonial capturada por la élite criolla
- 1821
Congreso de Cúcuta: reformas tímidas que consagran la continuidad
- 1828
Decreto bolivariano: restauración del tributo indígena y protección de resguardos
- 1842
Ley de 29 de mayo: extensión del concierto forzoso hasta los 25 años
- 1850
Reformas liberales de mediados de siglo: primer desmantelamiento sistemático
- 1852
Abolición definitiva de la esclavitud: treinta y un años después de la libertad de vientres
- 1905
Ley 55: liquidación final de los resguardos en beneficio de hacendados
La lectura
La continuidad colonial no fue una anomalía ni un descuido: fue la condición de posibilidad de la independencia neogranadina. La élite criolla que lideró la ruptura con España necesitaba el orden social colonial para seguir siendo élite, y lo preservó bajo el lenguaje del liberalismo republicano con una eficacia que ningún decreto de Cúcuta logró deshacer. El resultado fue una república que proclamaba la igualdad ciudadana mientras mantenía la esclavitud durante treinta años más, disolvía los resguardos en papel mientras los hacendados se apropiaban de las tierras comunales, y heredaba el diezmo, el quinto y la alcabala como si el cambio de soberanía no hubiera ocurrido. Lo que la historiografía —desde Germán Colmenares hasta Marco Palacios— llamó continuidad colonial es, en el fondo, la historia de cómo una sociedad puede cambiar de nombre sin cambiar de estructura, y de cómo las grandes transformaciones —la abolición de 1852, las reformas liberales de 1850, la liquidación de los resguardos en 1905— llegaron siempre tarde, siempre incompletas y siempre mediadas por los intereses de quienes más tenían que perder con el cambio. Su legado más duradero no fue ninguna institución en particular sino la brecha entre el vocabulario de la igualdad y la realidad de la jerarquía, una brecha que la historia colombiana del siglo XIX no cerró y que el siglo XX heredó.
La independencia de la Nueva Granada no derribó el orden colonial: lo rebautizó. Entre 1810 y 1830, mientras las juntas patriotas proclamaban la soberanía del pueblo y los ejércitos libertadores recorrían el continente, las instituciones que sostenían la vida material y simbólica del virreinato —tributo indígena, esclavitud, patronato eclesiástico, hacienda, jerarquía racial, sistema fiscal— sobrevivieron con retoques cosméticos bajo el lenguaje republicano. Esa persistencia, que la historiografía llamaría continuidad colonial, no fue ni un accidente ni un fracaso de aplicación: fue el pacto tácito que hizo viable la Gran Colombia, el precio que las élites criollas cobraron por liderar la ruptura con España y el peso muerto que dos siglos y medio de dominación imperial habían depositado sobre el nuevo Estado. Sus efectos se prolongaron hasta las reformas liberales de mediados del siglo XIX y, en algunas de sus vetas —la cuestión indígena, la estructura agraria, la jerarquía sociorracial—, mucho más allá.
Qué se hereda y por qué importa
Cuando el 20 de julio de 1810 se instaló la Junta Suprema de Santafé, la Nueva Granada arrastraba una arquitectura institucional forjada durante dos siglos y medio: un aparato fiscal apoyado en la alcabala, el diezmo, el quinto minero y los estancos borbónicos del tabaco y el aguardiente; una economía agraria organizada en torno a la hacienda, con formas serviles de trabajo —colonato, agregados, aparceros, medieros— que suplían la imposibilidad de un mercado laboral asalariado; una Iglesia católica que era a la vez propietaria, prestamista, jueza de conductas y única fuerza formadora de opinión pública; una jerarquía racial-jurídica que distinguía a blancos peninsulares y criollos de castas, indios y esclavos negros; y unas comunidades indígenas encerradas en resguardos, gravadas con la capitación y a la vez protegidas —de manera precaria— por la tutela real.
Esa densidad institucional no era una capa superficial que un decreto pudiera raspar. Era el sistema mismo. El cambio económico prosiguió a un ritmo imperceptible desde la Independencia hasta las reformas de 1850, y no por falta de decretos sino por la profundidad del arraigo. La élite criolla que capturó el proceso de 1810 no necesitó defender explícitamente la continuidad: bastó con que no se apurara a desmontarla. Y cuando alguna medida —la libertad de vientres de 1821, la disolución de los resguardos ese mismo año— apuntaba a la ruptura, la ejecución práctica se encargó de vaciarla.
Entender la continuidad colonial es entender por qué la palabra república tardó tanto en producir consecuencias materiales para quienes vivían del trabajo ajeno o bajo el trabajo forzado; por qué el liberalismo doctrinal —único fundamento disponible para justificar la ruptura con España— convivió durante décadas con esclavitud, tributo indígena y fuero eclesiástico; y por qué las grandes transformaciones estructurales tuvieron que esperar hasta la segunda mitad del siglo XIX, como si la Colonia se hubiera prolongado bajo otro nombre.
Los antecedentes borbónicos: cuando el imperio apretó
La continuidad colonial se explica también por la forma en que terminó la Colonia. Las reformas borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII, y en particular la visita general iniciada en 1776, apretaron las tuercas fiscales del virreinato con una intensidad que reordenó las lealtades. El visitador Gutiérrez de Piñeres reorganizó el estanco del tabaco en cuatro zonas de cultivo —Ambalema, Girón, Pore-Nunchía y Palmira— y estableció seis administraciones y factorías para todo el territorio, lo que excluyó a numerosos pueblos que antes cultivaban tabaco. En la última década colonial, los ingresos de la Corona alcanzaron un promedio de 2,4 millones de pesos, de los cuales cerca de 770.000 —un 32%— provenían de los estancos de tabaco y aguardiente. La carga tributaria, que en algún momento del período borbónico tardío llegó a representar el 10,4% del PIB, marcó un salto notable frente al 2,9% de un período inicial anterior.
El detonante fue la Revolución de los Comuneros de 1781. Habitantes de El Socorro marcharon hacia Bogotá para protestar contra los estancos y los nuevos gravámenes, y las autoridades coloniales aparentaron ceder ante la mayoría de sus demandas antes de reprimir a los líderes. Dos rasgos del levantamiento importan para lo que vendría. Primero: los Comuneros nunca reclamaron la independencia; pidieron reducción de cargas fiscales y preferencia de los criollos sobre los peninsulares en los cargos públicos. Segundo: fue una alianza estratégica y transitoria entre criollos, mestizos e indios, posible porque todos ocupaban una posición dominada frente al visitador, pero sin que los prejuicios raciales de los criollos se disolvieran en el proceso.
Ese patrón —criollos que aprovechan el descontento popular sin renunciar a la jerarquía racial— se repetiría treinta años después. Y no es menor que muchos futuros líderes de la independencia, en 1781, estuvieran del lado de la Corona. La élite criolla que en 1810 se lanzó a la ruptura no era una clase revolucionaria: era un grupo dominante que había pasado tres décadas midiéndole el pulso al imperio, calculando cuándo convenía la lealtad y cuándo la disidencia. Los sucesos de 1781 resonaron en las crisis de 1794-1797 y en la coyuntura imperial de 1808-1810, no como plantillas ideológicas sino como memoria acumulada de agravios y de límites.
La captura criolla del proceso independentista
La revolución de 1810 fue liderada por la élite criolla, que recurrió a las masas populares como apoyo social y fuente de legitimidad, pero mantuvo con ellas una relación de desconfianza mutua. Los criollos temían —y la correspondencia de Bolívar lo dice sin rodeos— que los sectores de color escaparan a su control político. Esa desconfianza atravesó todo el proceso: la incorporación retórica del pueblo soberano fue instrumental, y sus consecuencias reales de poder, mínimas.
No fue, en sentido estricto, una guerra popular. En muchos lugares los indígenas rechazaron el movimiento independentista, y sectores populares combatieron del lado realista. En el suroeste, los pastos apoyaron a las fuerzas del rey; en Popayán, el aristocrático núcleo esclavista se movió con vacilaciones antes de acomodarse al bando triunfante. Las familias Mosquera, Arboleda y Arroyo —lo que el propio Bolívar llamó, con más ironía que ternura, los "patriarcas esclavistas" enfrentados al "partido de la canalla"— encarnaron el tipo criollo que hizo la independencia sin proponerse tocar la esclavitud ni la estructura de la hacienda.
El resultado fue una revolución anticolonial estrangulada por los mismos grupos que disfrutaban de hegemonía económica dentro de la vieja economía colonial. La ruptura con España se consumó; el orden social que España había levantado, no. Los beneficios políticos se concentraron en la élite criolla. Para esclavos, indígenas y sectores de color, los cambios fueron limitados o nulos. Y las nuevas instituciones republicanas, aunque adoptaron el liberalismo como fundamento doctrinal —era el único vocabulario disponible para justificar la ruptura—, se instalaron sobre una realidad social y económica que las contradecía a cada paso.
Tributo indígena y resguardos: la oscilación de un proyecto irresuelto
Pocas continuidades muestran con tanta nitidez la tensión entre discurso republicano y práctica heredada como la política sobre los pueblos indígenas. En el Congreso de Cúcuta, la Ley del 11 de octubre de 1821 suprimió la capitación —el tributo indígena— y ordenó la liquidación de los resguardos, con el propósito de convertir las tierras comunales en propiedad privada individual repartida por familia. Era una disposición coherente con el liberalismo doctrinal: el indígena dejaba de ser vasallo tributario para convertirse en ciudadano propietario.
En la práctica, la ley no tuvo efectos mayores de inmediato. Y siete años después, el 15 de octubre de 1828, un decreto dictatorial de Bolívar la derogó y restableció el tributo. El propio Bolívar emitió, en la misma línea, disposiciones que protegían los resguardos coloniales, garantizaban acceso equitativo a la tierra comunal por familia indígena y prohibían la libre enajenación de esas tierras, encomendando a las autoridades municipales la gestión cotidiana. El tributo indígena fue finalmente abolido en 1832, tras la disolución de la Gran Colombia.
Esa oscilación entre 1821 y 1828 no fue una vacilación técnica: fue una disputa entre dos proyectos republicanos rivales. Uno —el del Congreso de Cúcuta— liberal e individualista, que quería disolver las corporaciones coloniales en un mercado de propietarios iguales ante la ley. Otro —el bolivariano— paternalista y corporativo, que reconocía a los indígenas una condición diferenciada que requería tutela y fiscalidad propias. Ninguno prevaleció de manera limpia, y ninguno era, en realidad, ajeno al horizonte colonial: el primero replicaba las ideas ilustradas de fines del siglo XVIII; el segundo, la lógica protectora de la Corona.
Cuando la disolución de los resguardos finalmente avanzó, en las décadas siguientes, no fue en los términos previstos por la ley. Las tierras comunales terminaron en manos de particulares y no de las comunidades indígenas. La aristocracia criolla se benefició de la disolución, apropiándose de tierras y trabajo indígenas, y en el Cauca ese proceso proveyó mano de obra a las haciendas y permitió a la aristocracia caucana sobrevivir a costa de las tierras y del trabajo de los pueblos originarios durante la segunda mitad del siglo XIX. Las comunidades resistieron con protestas violentas, dilaciones legales, resistencia pasiva y negociación, sobre todo en las provincias sureñas de Popayán y Pasto, donde las barreras cordilleranas, los cañones y los ríos ofrecieron a los resguardos de alta concentración indígena una tregua frente a las leyes de disolución. El desenlace largo llegó con la Ley 55 de 1905, que cedió las tierras de los antiguos resguardos a los municipios para su remate a particulares, cuyos beneficiarios finales fueron hacendados y jefes políticos locales con capacidad económica e influencia. La independencia, en materia indígena, no había cerrado nada: había abierto un ciclo de despojo con vocabulario nuevo.
Esclavitud: la gradualidad como continuidad
La segunda gran continuidad, la más brutal en sus consecuencias humanas, fue la esclavitud. La independencia se hizo con esclavos negros peleando en ambos bandos, y con una élite criolla que en su mayoría dependía del trabajo esclavo en minas y haciendas del Pacífico, del Cauca y del Caribe. Cuando llegó el momento de decidir, en el Congreso de Cúcuta de 1821, las presiones esclavistas y el compromiso político pactado con sectores del antiguo partido realista impidieron ir más allá de una manumisión de vientres muy tímida, costeada por el Estado.
La ley de libertad de vientres, aprobada por iniciativa de José Félix de Restrepo, estableció que los hijos de esclavas nacidos a partir de esa fecha serían libres, pero quedaban obligados a servir al amo de la madre hasta los 18 años, como indemnización por los gastos de crianza. Nació así el "concierto forzoso de manumisos": una figura jurídica que, bajo el nombre de libertad, prolongaba de facto la dependencia servil de una generación entera. La ley del 29 de mayo de 1842 extendió esa sujeción hasta los 25 años, empujando la manumisión efectiva hacia un horizonte cada vez más lejano.
La medida de 1821 no tuvo consecuencias económicas inmediatas. Al aplicarse solo a los nacidos después de la ley, dejaba intacta la situación de los esclavos existentes; y su carácter gradual postergaba cualquier efecto real por casi dos décadas. Bolívar liberó a sus propios esclavos —primero condicionalmente en 1814, luego de forma incondicional en 1821—, pero pocos hacendados siguieron su ejemplo. Hubo antecedentes más avanzados en algunas regiones: entre 1811 y 1815, Cartagena decretó libertad de esclavos y en Antioquia Juan del Corral estableció que los hijos de esclavos serían libres. Bolívar concedió libertad a los esclavos enrolados en el Ejército Libertador. Fueron gestos aislados, superados por la lógica general del compromiso.
La abolición definitiva llegó treinta y un años después de la libertad de vientres. El presidente José Hilario López sancionó la ley en mayo de 1851, con vigencia desde el 1° de enero de 1852. Liberaba a todos los esclavos existentes en el territorio de la República, con indemnización a los propietarios condicionada a que el Estado garantizara el pago mediante avalúos. Salvador Camacho Roldán identificó las provincias de Antioquia, Barbacoas, Buenaventura, Cauca y Chocó como las más afectadas: eran, precisamente, las regiones mineras y agrícolas donde la mano de obra esclavizada seguía sosteniendo la producción.
Y aun después de la abolición, la continuidad se replegó a otros mecanismos. Los libertos en el Cauca fueron sometidos a la ley de vagancia, que permitía su reclutamiento forzoso en el ejército si no podían probar ocupación. Los hacendados usaron la exclusión territorial —el alejamiento físico del lugar de trabajo, la negación del acceso a tierras cercanas— como estrategia para mantener a la población afrodescendiente bajo control. El movimiento de negros y mulatos hacia tierras públicas aumentó, pero también aumentaron los dispositivos coercitivos para reencauzarlos hacia el trabajo dependiente. La abolición jurídica no borró la estructura social que la esclavitud había esculpido en dos siglos.
Iglesia y patronato: el poder que no se movió
La tercera gran continuidad fue eclesiástica. Los gobernantes republicanos conservaron el Patronato como mecanismo de control sobre la Iglesia, replicando la lógica que la Corona española había ejercido durante toda la Colonia y que los Borbones habían profundizado en el siglo XVIII bajo el nombre de regalismo. Durante ese período, la Corona controlaba directamente al clero secular y regular, y los altos dignatarios eclesiásticos se relacionaban más con el rey que con el papa.
La República heredó el aparato y la lógica. La Iglesia poseía un enorme peso social, político y económico frente a la debilidad fiscal y la escasa legitimidad de los nuevos Estados. La autoridad de obispos y curas era casi universalmente aceptada por el pueblo, en contraste con la distancia que este mantenía respecto a los nuevos gobernantes. La norma moral católica siguió siendo norma legal, la ortodoxia cristiana continuó siendo condición de prestigio social, y los desórdenes morales eran perseguibles de oficio por alcaldes y párrocos. El clero conservó una penetración constante en el fuero interno de la población; era la principal —y en muchos lugares la única— fuerza formadora de opinión pública.
El Estado republicano intervino algunas piezas: impulsó la supresión de conventos menores, buscó controlar y limitar el poder del clero regular. Pero las medidas fueron limitadas y las relaciones Iglesia-Estado mostraron, después de 1819, más continuidades que rupturas. La ruptura formal con la tradición del patronato solo llegó con José Hilario López en 1850, cuando el partido liberal adoptó el principio de separación Iglesia-Estado —"Iglesia libre en el Estado libre", inspirado en Cavour— como base de su política. La ley que regulaba la elección popular de curas, del 27 de mayo de 1851, atacó las bases del control eclesiástico a nivel parroquial y provocó un cisma en Antioquia y el destierro del Arzobispo Mosquera de Bogotá y de los obispos de Cartagena y Pamplona por desobedecerla. Se llegó a debatir en la Cámara de Representantes la separación total de la Iglesia granadina de Roma.
Que la primera gran ruptura con el patronato llegara en 1850 —treinta años después de la independencia— es en sí mismo el dato. La República no había podido, y en buena parte no había querido, tocar la institución que más profundamente moldeaba la vida cotidiana de sus habitantes. La continuidad eclesiástica no fue una omisión: fue una necesidad política de un Estado incapaz de reemplazar el capital social y simbólico que la Iglesia proveía.
Hacienda, fiscalidad y estructuras de trabajo
La cuarta continuidad se instaló en la economía. La hacienda, que había surgido en el siglo XVII con el debilitamiento de la encomienda y la titulación de tierras a los antiguos encomenderos, era en 1810 la unidad productiva dominante: monopolizaba tierra y fuerza de trabajo, operaba con bajo nivel tecnológico, y se sostenía incorporando más tierras y explotando mano de obra para acumular algún excedente. No se especializaba en cultivos comerciales sino que combinaba caña, maíz, plátano, cacao, arroz, cebolla y variedad de ganado, complementados con trabajo esclavo. Ante la imposibilidad de sostener salarios, había derivado hacia formas de colonato, agregados, aparceros y medieros —arreglos que producían renta de la tierra en especie o en trabajo—.
La independencia no alteró esa estructura. En el Cauca, el concierto forzoso de manumisos no modificó la tenencia de la tierra en las haciendas y estancias costeñas. La aristocracia caucana, cuya prosperidad en el siglo XVIII se había apoyado en los ciclos mineros y en el trabajo esclavo, entró tras 1830 en una crisis provocada por el descenso minero, la manumisión gradual y las guerras civiles, y respondió sobreviviendo a costa de las tierras y el trabajo indígenas. La composición racial de la gobernación de Popayán a finales del siglo XVIII —25,4% blancos, 25,7% indígenas, 30,1% libres de color y 18,2% esclavizados— revela que los blancos eran minoría demográfica en el corazón mismo del poder aristocrático; su hegemonía dependía enteramente de las estructuras de trabajo forzado y semiforzado que la Colonia había construido y que la República heredó intactas.
En materia fiscal, la continuidad fue casi literal. Las alcabalas mayor y menor, el diezmo y el quinto minero —las contribuciones indirectas coloniales más importantes— pasaron directamente de la Colonia a la República neogranadina. El diezmo, equivalente al 10% sobre toda transacción agropecuaria, siguió gravando la producción rural. El quinto —originalmente la quinta parte de la producción minera de metales preciosos, ya reducido en la Colonia al 3% para fomentar la actividad— continuó como contribución indirecta. El diezmo fue suprimido por la Ley 20 de abril de 1850; el censo —una carga patrimonial que gravaba propiedades territoriales urbanas y rústicas, se transmitía con ellas y obstaculizaba el desarrollo de la agricultura— fue eliminado también hacia mediados de siglo. Durante casi tres décadas después de la independencia, la República se financió con los mismos gravámenes con los que se había financiado el virreinato.
A esto se sumaba una dimensión geográfica de la herencia: el localismo. Las jurisdicciones urbanas coloniales habían delimitado los ámbitos de influencia de las élites terratenientes de tal modo que el reparto de recursos —tierras, indios, minas— quedaba confinado a la jurisdicción de cada ciudad. La influencia de los vecinos de una ciudad no se extendía formalmente más allá de sus límites. Esa fragmentación jurisdiccional produjo élites intensamente locales y un mercado interno segmentado, condiciones que ni la Gran Colombia ni las repúblicas sucesoras lograron superar en el corto plazo. El virreinato había tenido, gracias a la unidad política imperial, un intercambio interno de mercancías más amplio que el del feudo europeo clásico; pero los poblados tendían a concentrar campesinos parcelarios o arrendatarios independientes, y la hacienda coexistía con esa dispersión sin homogeneizarla. La República heredó esa geografía económica sin las herramientas fiscales ni administrativas para reordenarla.
La jerarquía sociorracial
La quinta continuidad, la más difícil de fechar porque no depende de una ley sino de una manera de mirar, fue la jerarquía sociorracial. La sociedad colonial neogranadina se había organizado en categorías raciales-jurídicas —blancos peninsulares y criollos, castas, indios, esclavos negros— que servían para estructurar una fuerza laboral estratificada. Los esclavos negros estaban legalmente reducidos a la condición de mercancía comprable y vendible, y su resistencia había producido dos siglos de rebeliones en el reino colonial.
La independencia no derogó esas categorías; las volvió invisibles al derecho sin quitarles vigencia social. Las élites criollas de principios del siglo XIX percibían las razas negra e indígena como amenazas y obstáculos al proyecto de construcción nacional. El mestizaje, que la ideología nacional posterior presentaría como fundamento y realización de Colombia, fue en verdad un proyecto político del siglo XIX más que una realidad consumada del XVIII.
Los procesos electorales de los primeros años lo mostraron con claridad. En Cartagena, en diciembre de 1810, para la formación de la Junta Provincial se invitó a participar a "todos los vecinos libres", lo que otorgaba el voto a mestizos y castas. Pero quedaban excluidos los esclavos, quienes no supieran leer ni escribir sin casa poblada o ingreso independiente, y quienes estuvieran en servidumbre asalariada. Los criterios combinaban condiciones económicas y jurídico-laborales de tal modo que reproducían, con vocabulario liberal, las jerarquías coloniales. La categoría racial ya no aparecía en la ley; la selección social equivalente, sí.
Esa lógica se prolongó durante décadas. La realidad urbana era más compleja que las categorías —barrios multiétnicos, aumento demográfico mestizo, integración parcial de indígenas a poblaciones urbanas—, pero la jerarquía formal permaneció como esqueleto de una estructura social que solo empezaría a reconfigurarse con las reformas de mediados de siglo, y aun así de manera parcial y desigual entre regiones.
Las reformas de 1850 y el desmontaje tardío
Los grandes cambios estructurales llegaron en la segunda mitad del siglo XIX, casi como si la herencia colonial se hubiera prolongado más allá de la independencia. El período 1840-1860 concentró un impulso notable en la fundación de poblaciones —vinculado, sobre todo, a la colonización antioqueña— y una serie de reformas que finalmente comenzaron a desmontar el andamiaje colonial.
La abolición de la esclavitud en 1851-1852, la supresión del diezmo por la Ley 20 de abril de 1850, la eliminación del censo, la ruptura del patronato, la ley de elección popular de curas de 1851: todas estas medidas, concentradas en el gobierno de José Hilario López y en el arranque del predominio liberal, atacaron piezas específicas del edificio heredado. Que la ofensiva se produjera en 1850 y no antes revela dos cosas. Primero, que la continuidad colonial no había sido permanente ni inevitable: era políticamente reversible, y bastó un giro en la correlación de fuerzas para empezar a desmontarla. Segundo, que el obstáculo decisivo durante las tres décadas anteriores había sido menos una conspiración sostenida de las élites que la debilidad fiscal y la escasa legitimidad del Estado republicano frente al peso social de la Iglesia y de los propietarios.
Las reformas tuvieron, sin embargo, efectos desiguales. La desamortización de bienes eclesiásticos, que en algunas regiones desató transferencias masivas de propiedad, en otras apenas produjo consecuencias: en el Tequendama no había propiedades con vinculación pendiente, y en el distrito de La Mesa no se remató ninguna propiedad. En zonas cafeteras como La Mesa, Fredonia y Amagá, la presencia de propiedades eclesiásticas era escasa o nula. La abolición de la esclavitud, por su parte, agudizó las tensiones sociales en el Cauca hasta contribuir al clima que derivó en la guerra civil de 1851: los propietarios temían una ruptura del orden social al verse rodeados por una población afrodescendiente mayoritaria que apoyaba al liberalismo, y los ataques liberales a la propiedad eclesiástica agravaron esos temores.
El desmontaje llegó, pero llegó tarde, llegó incompleto y llegó con costos. Las reformas de 1850 no cerraron la cuestión indígena —que seguiría abierta hasta la Ley 55 de 1905 y más allá—, no resolvieron la estructura agraria —que reprodujo la hacienda bajo formas nuevas— y no reconciliaron la sociedad con las poblaciones cuya subordinación había sostenido dos siglos y medio de Colonia. Lo que empezaron a mover fue el suelo institucional; el suelo social continuó, en muchas de sus vetas, tal como la Colonia lo había dejado.
Huella y disputas
La continuidad colonial en Colombia no es un concepto neutro. Como categoría analítica, permite entender por qué el país que se independizó en 1810 tardó cuarenta años en abolir la esclavitud, sesenta en desarticular parcialmente el resguardo, más de un siglo en resolver la cuestión eclesiástica y, en algunos aspectos —la estructura agraria, la jerarquía racial— nunca terminó de saldar cuentas con el orden virreinal. Como argumento historiográfico, ha permitido a autores como Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Marco Palacios, Margarita Garrido y Anthony McFarlane cuestionar los relatos oficiales que presentaban la Independencia como fundación radical y la República como ruptura consumada.
Las lecturas alternas siguen vivas. Algunos ven en la continuidad el resultado de una captura deliberada del proceso por la élite criolla, que preservó las instituciones que sostenían su hegemonía. Otros la explican por la inercia estructural de un sistema tan arraigado que ninguna élite disponía de los instrumentos para desmantelarlo de golpe. Las dos lecturas son compatibles: las élites no necesitaron forzar la continuidad porque el propio peso del sistema la garantizaba, y solo cuando ese sistema amenazó su posición —como ocurrió en el Cauca tras la abolición— recurrieron a mecanismos coercitivos explícitos.
La oscilación entre la ley de 1821 y el decreto de 1828 sobre resguardos e indígenas muestra, además, que la continuidad no fue un consenso de élites sino un campo de disputa entre proyectos republicanos rivales: uno liberal-individualista, otro paternalista-corporativo. La fractura de la Gran Colombia en 1830 tiene raíces en esa tensión irresuelta sobre qué hacer con las poblaciones subordinadas y sus tierras, tensión que las reformas de 1850 tampoco resolvieron sino que trasladaron a un nuevo escenario político.
Pensar la Independencia como continuidad, no como ruptura, no es cinismo ni presentismo. Es reconocer que las revoluciones políticas producen constituciones más rápido que sociedades, y que la construcción de un orden efectivamente nuevo —cuando llega— requiere mucho más tiempo, mucho más conflicto y muchos más actores que los que caben en la firma de un acta. La República de Colombia se fundó en 1810; el orden colonial que la precedía tardó en morir, y en algunas de sus formas más persistentes —la desigualdad regional, la exclusión indígena, la jerarquía racializada, la concentración de la tierra— sigue proyectando su sombra sobre el país que hoy lo recuerda.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Reformas borbónicas: antecedente directo que intensificó la presión fiscal y reordenó las lealtades criollas, preparando el terreno para la independencia y para la herencia institucional que la república no desmontó
- 02Élites regionales: agentes principales de la continuidad colonial, capturaron el proceso independentista y preservaron la hacienda, la esclavitud y la jerarquía racial como bases de su hegemonía económica
- 03Resguardo: institución colonial cuya liquidación ordenada en 1821 y restaurada en 1828 ilustra la oscilación irresuelta entre proyecto liberal y proyecto paternalista, con desenlace de despojo en 1905
- 04Encomienda y Hacienda cafetera: eslabones de la cadena de formas serviles de trabajo —colonato, aparcería, agregados— que sobrevivieron a la independencia y sostuvieron la economía agraria republicana
- 05Simón Bolívar: figura que encarnó la tensión interna de la continuidad colonial, liberando a sus propios esclavos pero restaurando el tributo indígena y reconociendo los límites del proyecto republicano frente a la realidad social heredada
- 06José Félix de Restrepo: promotor de la ley de libertad de vientres de 1821, cuya iniciativa ilustra tanto el impulso abolicionista como sus límites estructurales dentro del pacto político de la Gran Colombia
- 07Larga duración: marco historiográfico que permite leer la continuidad colonial no como fracaso coyuntural sino como proceso de tiempo largo, desde las reformas borbónicas del siglo XVIII hasta las transformaciones agrarias del siglo XX
- 08Desamortización: proceso posterior que, al desmantelar la propiedad eclesiástica, completó parcialmente lo que la independencia no había tocado, pero reprodujo en parte el patrón de concentración de tierras en manos de élites
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
51 documentos · 60 fragmentos
01Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 49, 532 citas
[1]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
[15]en el extranjero representaron fuertes salidas de capital tanto en la Colonia como a comienzos de la República. De esta manera, este capítulo intenta describir el mecanismo por medio del 26 HISTORIA ECO:\O~ICA DE COLO~BIA, 1845-1930 cual el régimen colonial extraía el excedente generado en la colonia y lo transfería…
p. 49
02Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 65, 862 citas
[2]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
[18]exportaciones y los servicios del Gobierno, según cifras oficiales. No es cierto que se supusiera que hubo descenso en la producción agropecuaria y artesanal por habitante, como aduce Meisel, porque, por el contrario, se utilizó el supuesto de que las dos variables fluctuaban directa- mente con la población. Meisel…
p. 86
03Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1451 cita
[3]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…
p. 145
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 161 cita
[4]entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…
p. 16
05Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 cita
[5]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…
p. 108
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1281 cita
[6]u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…
p. 128
07Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 131 cita
[7]incorporado previamente en el habitas (Bourdieu, 1999b: 21). Hábito e ideología criolla... 9 Debido al proceso de expropiación de los privilegios criollos, acelerado con la visita general de 1776 y encaminado a desestimular la formación de vínculos entre ellos y los peninsulares, se desencadenó u n a creciente…
p. 13
08¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 39, 422 citas
[8]itinerario del co mercio colonial al conocer la actividad portuaria de Cartagena, Mompox y Honda, como también al tener una comunicación permanente con habitantes de Tunja y Popayán, hacia donde él mismo se dirigía para comercializar los productos de los indíge nas a los que evangelizaba en el piedemonte amazónico. Él…
p. 39
[52]de la servidumbre de las encomiendas establecidas en el siglo XVI, habitando en su gran mayoría pueblos y zonas rurales, 80 La primera idea de país (1550-1810) aunque al gu nos indígenas también desafiaron la prohibición a habitar ciudades, integrándose a la población de mestizos libres de Tunja, Popayán o Bogotá. Por…
p. 42
09Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 121 cita
[9]tido real, ella se insolento; y la gente de color, que era numerosa en la plaza, adquirio preponderancia 1095 que con el tiempo vino a ser funesta para la tran- quilidad publica». Lo que nos recuerda por cierto las palabras del cabildo de Caracas dirigidas al rey en 1797. Ocurria que entre la élite criolla y varios…
p. 12
10Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 791 cita
[10]and the "aristocrats," or Toledistas.2 68 The First Republic and the Pardos | 69 The participation of pardos as fellow patriots confronted the elite with the predicament of how to deal with lower'class political acdon in rhe new regime. The ambivalent nature of pardo involvement in the patriot movement made the…
p. 79
11Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 87, 983 citas
[11]los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…
p. 98
[12]los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…
p. 98
[48]dada el área tan inmensa monopolizada por la hacienda y explo- tada en mínima parte. Si bien existieron los ejidos de las ciuda- des, no parece haberse dado un equivalente en la Nueva Granada de aquellos poblados europeos cuyos habitantes eran arrendata- rios de las haciendas. Es más frecuente ver cómo los poblados…
p. 87
12Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1011 cita
[13]la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…
p. 101
13Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 6051 cita
[14]de Alzaga, son actos cívicos tan importantes —política- mente, mucho más— que la formación de una Junta el 25 de mayo del año x». Ya en una vieja y muy conocida obra de Esteban Echeverría, el Dogma socialista, se pueden leer las siguientes frases: «La fórmula única, definitiva, 606 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc…
p. 605
14Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 70, 742 citas
[16]no se establecié una economia nacional de tipo in- dustrial y porque el Estado carecié durante todo el siglo pasado de un registro de las propiedades pri- vadas. Al lado de esta innovacién en materia fiscal con- tinuaron las tradicionales contribuciones indirectas coloniales, las cuales gravaban los sectores eco-…
p. 70
[31]propiedad privada. Esta disposicion, referente a la poblacién indige- na, lejos de realizarse en los términos dispuestos en 1821, se convirtid en Ultima instancia en una enajenacion de las tierras comunales que pasaron a manos de particulares y no propiamente a las de la comunidad indigena. Dada la persistencia de la…
p. 74
15Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 2641 cita
[17]de la otra vida, sino por la real coacción del Estado. El diezmo pesaba fuertemente sobre todos los agricultores tanto pobres como ricos y su supresión por la Ley 20, de abril de 1850, en última instancia favoreció el latifundio. El censo: era una carga patrimonal que gravitaba sobre las propiedades territoriales…
p. 264
16El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 2341 cita
[19]la vida y en las institucio- nes coloniales no hubiese residuos feudales y medievales o que la 235 Eí ndicersdita óaíarfseia di dí csoía psp § El liberalismo como ideología de lucha por la independencia política La adopción de la idea liberal del Estado resultaba casi in- evitable para los americanos. Era no sólo el…
p. 234
17Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 2561 cita
[20]valiera la pena a los resguardos de los indígenas 277, base de su peculiar organización social —en la medida en que ella subsistía— pero la tendencia era a buscar más y más su asimilación al resto de los habitantes. A ello tendió, entre otras medidas, la supresión de la capitación. La libertad de los hijos de los…
p. 256
1830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 791 cita
[21]de la verdadera Libertad! CAPÍTULO 10 La piel no tiene color José Hilario López fue presidente en 1850, resultado de una elección disputada. En mayo de 1851, sancionó la ley sobre libertad de los esclavos con la cual puso fin a esta institución inicua. En sus memorias, Salvador Camacho Roldán estimaba que “Las…
p. 79
19Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 1701 cita
[22]He liberated his own slaves, first on condition of military service in 1814, when about fifteen accepted, then unconditionally in 1821 when over a hundred profited. 17 Few hacendados followed his example. Bolívar continued to argue that the creole rulers and property-owners must accept the implications of the…
p. 170
20Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1621 cita
[23]tierra de hacienda, además de vivienda y / o comida. 2. Concierto forzoso. El fin de la esclavitud hizo nacer otro concierto que resultó forzoso, aunque teóricamente pudiera verse como una forma de trabajo libre. La ley del 21 de julio de 1821 que dispuso la libertad de vientres (los hijos de esclavos nacidos a partir…
p. 162
21Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 3761 cita
[24]of, 209; and Mompox, 219; and civil war of 1831, 229, 230; and Nieto, 237 Santo Domingo, 55, 121, 244 Sardá, José, 226, 228–29, 233–34, 315 (n. 183) Sharp, William, 72 Sicroff, Albert, 253 Sierra, Agustín de la, 52 Sierra Nevada, 19, 20 Silva Dias, Maria Odila, 260 Silvestre, Francisco, 28, 42 Single heads of…
p. 376
22Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 3761 cita
[25]of, 209; and Mompox, 219; and civil war of 1831, 229, 230; and Nieto, 237 Santo Domingo, 55, 121, 244 Sardá, José, 226, 228–29, 233–34, 315 (n. 183) Sharp, William, 72 Sicroff, Albert, 253 Sierra, Agustín de la, 52 Sierra Nevada, 19, 20 Silva Dias, Maria Odila, 260 Silvestre, Francisco, 28, 42 Single heads of…
p. 376
23Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2791 cita
[26]abolición, con indemnización. Pero solo desde cuando el Estado garantizara el pago de los esclavos que iban a ser liberados. Aprobaron la ley de manumisión, (liberación), que entró en vigencia el 1° de enero de 1852. Cerca de 17.000 esclavos ganaron el derecho a la libertad; ese día se celebró en todo el país. Los…
p. 279
24Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1551 cita
[27]the new libertos to conform to the economic system and also allowed recruitment to be used as a form of punishment for disobedience. In Caro’s view, the “legislation does not assign the libertos to the army only for being libertos, but [applies] to the libertos that degenerate into vagabonds, that is, the ones…
p. 155
25Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 1471 cita
[28]subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Calcul ating Equalit y 129 their passports, engage in commerce with their fruits and pos- sessions, taking them to the markets and fairs of their choosing, and practice their industry and talents freely, in the way that they choose without any impediment.” 16 Unlike other…
p. 147
26La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 791 cita
[29]de más del triple en un 15 ACC, 1801: Sig. 67 13 [Col-C II 19t]. 16 ACC, 1807 Sig. 67 13 [Col-C II 19t]. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:42 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 80 L a g e n t e d e G u a m b i a período de 76…
p. 79
27Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1931 cita
[30]Los frailes huyeron hacia países vecinos como Ecuador, Perú y Venezuela, y otros se refugiaron en regiones como los llanos del Casanare. Véase José David Cortés, Curas y políticos. Mentalidad religiosa e intransigencia en la diócesis de Tunja (Bogotá: Ministerio de Cultura, 1998), y Arcila Robledo, Apuntes históricos.…
p. 193
28Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 106, 1152 citas
[32]más importante durante la Colonia y la primera parte de la República, marcó el curso de los pueblos indígenas. Es- tos debieron soportar en buena medida el peso del hundimiento 172 Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú, Primera parte, p. 173. 173 González, Margarita (1979). El resguardo en el Nuevo Reino de Granada.…
p. 115
[45]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
29Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
[33]provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…
p. 5
[34]provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…
p. 5
30Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 cita
[35]y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…
p. 38
31La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 571 cita
[36]el Estado y las normas morales eclesiásticas hacen que la Colonia perdure hasta después de 1819. La penetración del gobernante y del cura en el fuero interno es constantes y se ve en el hecho de que desórdenes morales se consideran como delitos perseguibles de oficio por alcaldes, alguaciles y párrocos. La norma…
p. 57
32Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 141 cita
[37]sus necesidades. A mas de discutir y de dotar al pais de esta Constitucién, la notable Convencién Granadina de 1832, que asi se reconoce en la historia este me- morable congreso, se ocupé de dictar una larga se- tie de decretos y de leyes tendientes a la organiza- cién del pais, de los cuales citaremos los principa-…
p. 14
33Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 301 cita
[38]las parro- quias; la dotacién de los templos, monasterios y hospitales; la revisi6n de las sentencias de los tri- bunales eclesiésticos; la autorizacién para la circu- laci6én y aplicacién de todas las disposiciones pa- pales y el recibo de los diezmos que la Iglesia re- caudaba para sus atenciones. Por su parte, la…
p. 30
34Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · p. 11 cita
[39]26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…
p. 1
35Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2611 cita
[40]a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…
p. 261
36La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1181 cita
[41]los curas (27 de mayo de 1851). Así se traducían al formalismo de la ley, algunas de las ideas motoras de la utopía liberal de la época. La última ley mencionada merece destacarse, no solo por - que pretendió atacar las bases tradicionales del control ecle - siástico, llegando «hasta los grupos ecológicos básicos y…
p. 118
37Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 461 cita
[42]vida ha sido nuestra lucha Resistencia y Memoria en el Cauca indígena Las haciendas surgieron en el siglo XVII a causa del nuevo fl ujo de la mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de la tierra a los encomenderos. Parte de esta estructura se ha heredado hasta el día de hoy. Para Fals Borda,…
p. 46
38Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 921 cita
[43]minera, en correspondencia con las actividades productivas como la ganadería y el trapiche. La hacienda era una unidad productiva que favoreció, por una parte, el monopolio de la tierra y, por otra, la fuerza de trabajo. Su nivel tecnológico era bajo y costoso frente a sus factores de producción. La incorporación de…
p. 92
39Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2731 cita
[44]pobres y todas las formas posibles de mestiza ci ó n que no estaban enmarcados dentro de un esquema institucional r í gido. Puede decirse que estos sectores fueron la base de relaciones sociales de producci ó n abiertas hacia el futuro. Como las exigen-' cias de tipo salarial no pod í an ser satisfechas por el tipo de…
p. 273
40Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1811 cita
[46]como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…
p. 181
41Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 211 cita
[47]marcado carácter patrimonial. Terminada la conquista, y con ella la influencia de los caudillos de las huestes, nadie hubiera podido re- clamar privilegios que se extendieran a toda una provincia. Por e~ta razón el reparto de recursos -tierras, indios, minas- que~ó confinado a lo que.~ sería la jurisdicci~n de una…
p. 21
42Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 701 cita
[49]of the Caribbean. In no jurisdiction 17 Helg, Liberty & Equality, 273; Tovar Pinzón, Tovar Mora, and Tovar Mora, Convoca - toria, 533. 18 McFarlane, Colombia before Independence, 47–48. 19 Helg, Liberty & Equality, 19. 20 Helg, Liberty & Equality, 19–20. 21 Tovar Pinzón, Tovar Mora, and Tovar Mora, Convocatoria,…
p. 70
43The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 431 cita
[50]forms of cultural control, varying in their relative importance over time, helped to support, first, the power of the Spanish population in general and, second, that of a small group within that population. Military and related means of cultural dominion exercised by the upper class gave way during the sixteenth and…
p. 43
44Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 301 cita
[51]Mérida, Maracaibo, Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Panama, Veraguas, Chocó, Antioquia, Popay á n, Quito, Cuenca, Guayaquil, Loja, Jaén, Mainas, Neiva, Mariquita, Santafé, Tunja, Pamplona, and Guyana were grouped under a single viceregal government. Gold, mainly, but also silver and emeralds, were the main products…
p. 30
45Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1031 cita
[53]ó n. Para formar un gobierno com ú n, si la soberan í a resid í a en el pueblo, ¿ sus representantes deb í an ser los “ cabildos ” o diputados elegidos por los vecinos?, ¿ la representaci ó n de los cabildos deb í a ser igual o proporcional a la poblaci ó n? Si el pueblo estaba formado por los ciudadanos (o vecinos) y…
p. 103
46La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 471 cita
[54]negros y mulatos libres, en relación con el de los miembros de las élites cartageneras; y, por último, algo que tampoco debería olvidarse, sobre todo, por las lecciones que arroja para la hora presente: las gravísimas consecuencias del conflicto interno para los partidarios de la revolución y la dimensión del desastre…
p. 47
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 521 cita
[55]conocedor del asunto, Las élites criollas de principios del XIX percibían aún el mestizaje como un proceso precario, que no alcanzaba, ni mucho menos, a menguar la otra percepción que se tenía de las razas negra e indígena como amenazas y obstáculos reales al proceso de construcción de una nación fundamentado en los…
p. 52
48Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1371 cita
[56]en población urbana, al menos por largas temporadas. Artesanos, pequeños "tratantes" y pulperos, arrieros, gentes de servi- cio, etc., formaban parte del paisaje urbano del siglo XVIII, concentrados en barrios enteros: San Victorino, en Santa Fe, el Ejido, en Popayán o La mano del Negro, en Cali. Hasta aquí ha tratado…
p. 137
49Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · p. 301 cita
[57]Cauca political region harbored a diverse population at that time. Tallies from the 1850s, unreliable as they are on their own, suggest a populace comprised of roughly 20 percent white (scattered in the principal towns), less than 10 percent Indigenous (or “civilized Americans,” mainly in the southern highlands),…
p. 30
50El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2681 cita
[58]años después de la expedición del decreto de Desamortización de Bienes de Manos Muertas, no había en la región del Tequendama ninguna propiedad con vinculación pendiente y debe añadirse que en el distrito de La Mesa no se remató ninguna propiedad en aplicación del decreto. La Iglesia tuvo allí un papel muy reducido…
p. 268
51Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2362 citas
[59]resguardos indígenas, más tardío que en otras regiones. Popayán y Pasto, típicas capitales y centros coloniales, conservaron su primacía durante el siglo XIX, es- pecialmente Popayán, como cen- tro cultural y académico, y Pasto, como centro de frontera. Al situar en conjunto el núme- ro de fundaciones a escala nacio-…
p. 236
[60]resguardos indígenas, más tardío que en otras regiones. Popayán y Pasto, típicas capitales y centros coloniales, conservaron su primacía durante el siglo XIX, es- pecialmente Popayán, como cen- tro cultural y académico, y Pasto, como centro de frontera. Al situar en conjunto el núme- ro de fundaciones a escala nacio-…
p. 236