Germán Colmenares
Transversal
1938–1990
La biografía
Germán Colmenares (1938-1990) fue el historiador que le dio a la Colonia neogranadina el peso documental y la densidad analítica que hasta entonces le habían faltado. Trabajando desde Cali, con estancias decisivas en Nueva York y con los archivos del Cauca como cantera, produjo entre 1973 y 1979 dos volúmenes de Historia económica y social de Colombia que reorientaron problemas nucleares del período: el tamaño real de la población indígena al momento de la Conquista, el funcionamiento de la encomienda y el tributo, y la estructura de una sociedad esclavista provincial como la de Popayán. Junto a Jaime Jaramillo Uribe y a Juan Friede, definió la profesionalización de la historia en Colombia, aunque su papel no fue el del fundador sino el del renovador metodológico: quien tradujo al oficio local, con rigor archivístico, las corrientes cuantitativas y regionales de los Annales franceses. Su muerte a los cincuenta y dos años dejó trunca una obra que apenas había empezado a girar desde la Colonia hacia la crítica de los relatos nacionales del siglo XIX.
Línea de vida
- 1973
Publicación de Historia económica y social de Colombia (vol. I)
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Publicado en Cali, el primer volumen abordó el Nuevo Reino de Granada en el período colonial (1537-1799 en su concepción completa; 1573-1719 en la tercera edición de 1983). Desarrolló con documentación tributaria sistemática temas como la encomienda, el tributo, el comercio, la circulación monetaria y el trabajo indígena, y transformó radicalmente las estimaciones demográficas de la población indígena al momento de la Conquista, consolidando la hipótesis de poblaciones tres o cuatro veces mayores que las aceptadas hasta entonces.
- 1976
Beca Guggenheim y estancia en la Universidad de Columbia
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La Fundación John Simon Guggenheim le otorgó una beca para el período 1976-1977. Durante esos meses fue profesor invitado en la Universidad de Columbia en Nueva York, donde sostuvo un diálogo académico estimulante con el historiador Herbert Klein, especialista en esclavitud latinoamericana. La estancia enriqueció la preparación del segundo volumen de su Historia económica y social.
- 1979
Publicación de Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800 (vol. II)
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Publicado en Bogotá por La Carreta, el segundo volumen de Historia económica y social de Colombia analizó la estructura de la sociedad esclavista payanesa a lo largo de ciento veinte años, apoyándose en el Archivo Central del Cauca y en una escala temporal larga de inspiración annaliste. Reconstruyó el funcionamiento conjunto de las minas del Chocó, las haciendas del Patía, el mercado interno de esclavos y las redes de crédito notarial.
- 1983
Tercera edición de Historia económica y social de Colombia (vol. I)
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Tercer Mundo publicó en Bogotá la tercera edición del primer volumen, con el rango cronológico explícito 1573-1719, consolidando la circulación nacional e internacional de la obra y su lugar como referencia central de la historiografía colonial colombiana.
- 1986
Edición de La Independencia: ensayos de historia social
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Colmenares editó para el Instituto Colombiano de Cultura esta obra colectiva, señal de un desplazamiento temático hacia el final del período colonial y el momento de la fractura republicana, apuntando hacia una crítica de los relatos nacionales del siglo XIX que no llegó a cuajar en obra mayor por su muerte prematura.
- 1989
Participación en la Nueva Historia de Colombia (Planeta)
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Colmenares participó en el proyecto editorial de la Nueva Historia de Colombia, publicada por Planeta Colombiana Editorial S.A. en 1989, vinculado especialmente al volumen I (Colombia Indígena, Conquista y Colonia), que era una reedición del Manual de Historia de Colombia dirigido por Jaime Jaramillo Uribe.
La semblanza
Colmenares pertenece a la primera camada de historiadores profesionales colombianos, la que emergió al calor de la modernización universitaria de los años sesenta. Frente al modelo de la Academia Colombiana de Historia —fundada a comienzos de siglo, primero como Comisión de Historia y Antigüedades Patrias y reconocida oficialmente pocos años después, dominante durante medio siglo con un oficio orientado al culto de los héroes y al estudio de las antigüedades americanas—, su generación trajo fuentes seriales, historia económica, escala regional, marcos teóricos importados con criterio. Y lo hizo por desplazamiento, por la fuerza silenciosa de una manera distinta de trabajar que fue ocupando poco a poco el terreno que la vieja erudición ya no cubría con solvencia.
Su figura es indisociable de un lugar y de una institución. La Universidad del Valle, en Cali, lo acogió como investigador durante los años en que preparó sus libros mayores, y el Archivo Central del Cauca, en Popayán, fue el yacimiento del que extrajo la mayor parte de su evidencia. Su arraigo suroccidental funciona como una posición dentro del mapa académico colombiano: una historia hecha desde la provincia frente al centralismo bogotano de la Universidad Nacional y del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura que dirigía Jaramillo Uribe. Colmenares construyó su autoridad desde Cali y desde Popayán, con archivos que los bogotanos no habían frecuentado con esa intensidad, y con un tema —la sociedad esclavista del Cauca— que el canon capitalino apenas rozaba. Esa geografía intelectual no fue anecdótica: definió qué preguntas se podían hacer y qué materiales tenía sentido interrogar, y le dio al conjunto de su obra un centro de gravedad regional que la separa nítidamente del resto de la producción de su generación.
Su obra no es voluminosa, pero es densa. Dos volúmenes de la Historia económica y social, la edición de la obra colectiva La Independencia: ensayos de historia social en 1986, la participación en proyectos editoriales mayores como la Nueva Historia de Colombia de Planeta en 1989. Detrás de esos títulos, una manera de trabajar: fuentes tributarias leídas serialmente, cuentas de tributarios cruzadas con protocolos notariales, cuadros de precios, registros de esclavos, todo lo que permitiera pasar de la anécdota al patrón. Esa disciplina, más que cualquier tesis particular, es lo que lo distingue: la voluntad de someterse a la lentitud del archivo antes que ceder a la generalización cómoda, y una prosa que no se envanece con la teoría pero tampoco se pierde en la erudición decorativa.
Los orígenes
Colmenares nació en 1938 y se formó en el tránsito entre dos Colombias intelectuales. Hasta 1930, tanto la educación media como la universitaria estuvieron dominadas por el pensamiento conservador de tendencia clerical, y solo a partir de la Reforma de López Pumarejo en 1935 otras corrientes empezaron a entrar en los claustros. La generación que se formó en los cuarenta y cincuenta lo hizo, por tanto, en aulas que todavía traían el olor de la vieja retórica letrada pero que ya se abrían a la sociología, a la economía, al marxismo. Ese doble aire —el clásico y el moderno— marcó a los historiadores de su cohorte, que aprendieron a leer con las herramientas de las ciencias sociales sin desprenderse del todo de una cultura letrada heredada del siglo XIX.
La historiografía que Colmenares encontró al empezar no era un páramo. Luis Eduardo Nieto Arteta había publicado en 1941 Economía y cultura en la historia de Colombia, un libro pionero por tres razones: por el tema —la historia económica—, por las fuentes —las memorias de los secretarios de Hacienda— y por el método, una aplicación incipiente y algo mecánica del marxismo. Nieto Arteta se proponía acentuar la descripción de la realidad económica y social, situando la cultura dentro de los hechos históricos que la ocasionan, como paso previo al análisis de la realidad política. En los años siguientes vendrían las obras de Luis Ospina Vásquez y, entre 1962 y 1964, los artículos de Mario Arrubla en la revista Estrategia sobre la caracterización y evolución de la economía colombiana, luego recogidos en libro. La secuencia dibuja una tradición minoritaria pero real, en la que la pregunta económica precedió a la profesionalización del oficio y donde el marxismo funcionó menos como doctrina cerrada que como caja de herramientas para hacer preguntas nuevas.
Sobre ese suelo, Jaime Jaramillo Uribe empezó a construir la historia profesional colombiana en sentido estricto. Fundador y director del Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, director del Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, autor de Entre la filosofía y la historia (1962) y de los Ensayos sobre historia social de Colombia, Jaramillo Uribe institucionalizó el oficio. En 1964 publicó una lectura cuidadosa —pero muy restrictiva— de los datos tributarios para estimar la población indígena al momento de la Conquista. Casi al mismo tiempo, Juan Friede intuía, en trabajos menos argumentados y técnicamente más deficientes que los de Jaramillo, que esos mismos recuentos permitían postular poblaciones tres o cuatro veces mayores. Entre la prudencia argumentativa de uno y la intuición fértil pero mal probada del otro se abría el espacio para un tercero que hiciera la tarea completa: leer los recuentos con paciencia técnica y sostener las cifras con evidencia serial.
Ese era el estado del arte cuando Colmenares se puso a trabajar: temas ya identificados —encomienda, tributo, comercio, circulación monetaria, trabajo indígena—, hipótesis en el aire, un aparato profesional recién montado. Su tarea, en rigor, no fue abrir un campo sino darle profundidad. Y lo hizo desde la Universidad del Valle, no desde la Nacional, con la doble ventaja y desventaja que suponía trabajar lejos del núcleo bogotano: menos ruido institucional, menos padrinazgo, más tiempo con los legajos. La formación de esa cohorte, que aprendería a moverse entre el archivo y la teoría, se enmarcó también en las nuevas facultades de ciencias sociales de los sesenta —Los Andes, la Nacional, el Valle—, donde la historia dejó de ser una prolongación de la filología y del derecho para volverse una disciplina con métodos propios.
La trayectoria
El primer hito público es 1973: la aparición en Cali de Historia económica y social de Colombia, dedicada al Nuevo Reino de Granada. El libro cubre el período colonial temprano y medio; su tercera edición, publicada por Tercer Mundo en Bogotá en 1983, aparece con el rango 1573-1719, mientras que en referencias tempranas la obra completa se cita con el arco 1537-1799. Es aquí donde Colmenares desarrolla, con documentación tributaria sistemática, los temas que Jaramillo y Friede habían tratado localmente: la encomienda como institución económica y no solo jurídica, el tributo como mecanismo de extracción y a la vez como fuente serial para el historiador, el comercio interno, la circulación de moneda, las formas del trabajo indígena. El uso de las fuentes es lo notable: no las cita como ilustración sino que las hace hablar en serie, cuenta cabezas de tributarios década tras década, cruza padrones, deduce tendencias demográficas.
El efecto sobre la interpretación de la población prehispánica fue el más visible. La estimación cuidadosa de Jaramillo Uribe en 1964 quedaba, tras Colmenares, en el extremo bajo del espectro; la intuición de Friede —poblaciones tres o cuatro veces mayores que las aceptadas hasta entonces— se convertía en hipótesis defendible con evidencia tributaria. La demografía histórica colombiana empezó, desde ese libro, a operar con órdenes de magnitud distintos, y ese desplazamiento tuvo consecuencias sobre casi todo lo demás: la escala del colapso demográfico, la carga real de la encomienda, la lógica de la introducción de esclavos africanos. Lo que había sido una discusión técnica entre especialistas se convirtió en un problema historiográfico de fondo, con implicaciones para entender la violencia de la Conquista y la profundidad de la transformación social que siguió.
El segundo hito es el volumen II, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, publicado en Bogotá por La Carreta en 1979. Colmenares hace aquí algo distinto y en cierta medida más ambicioso: no un panorama del reino, sino la anatomía de una sociedad regional específica a lo largo de ciento veinte años. Popayán, con sus minas, sus haciendas, sus cuadrillas de esclavos, sus vínculos con la costa Pacífica y con Cartagena, ofrecía un caso donde la esclavitud africana no era un apéndice sino la columna vertebral del orden económico y social. El libro se apoya de nuevo en el trabajo directo con el Archivo Central del Cauca —Colmenares agradece en la introducción, con nombre propio, a Diego Castrillón Arboleda y a los empleados del archivo— y opera con una escala temporal larga, típica de la historiografía de los Annales: no un episodio, sino una estructura observada durante más de un siglo. La ambición no es sólo temporal sino analítica: reconstruir cómo funcionaban conjuntamente las minas del Chocó, las haciendas del valle del Patía, el mercado interno de esclavos y las redes de crédito notarial que sostenían el conjunto.
La preparación de ese segundo volumen tuvo un componente internacional decisivo. La Fundación John Simon Guggenheim le otorgó una beca para el período 1976-1977, y en esos meses fue profesor invitado en la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde sostuvo un diálogo intelectualmente estimulante con Herbert Klein, uno de los grandes especialistas de la esclavitud latinoamericana. Ese paso por Columbia no fue decorativo: Klein trabajaba entonces la esclavitud con una combinación de historia demográfica cuantitativa y análisis institucional que resonaba con lo que Colmenares venía haciendo, y el libro sobre Popayán se benefició tanto del ambiente académico neoyorquino como del acceso a bibliografía y métodos que en Cali eran más difíciles de reunir. La distancia con el archivo caucano, paradójicamente, ayudó: obligó a pensar los materiales ya recogidos con instrumentos comparativos, a ponerlos en conversación con la literatura sobre Brasil, el Caribe y el sur de Estados Unidos, y a volver después con un plan más nítido de escritura.
Entre uno y otro volumen, Colmenares consolidó su lugar. Editó en 1986, para el Instituto Colombiano de Cultura, la obra colectiva La Independencia: ensayos de historia social, señal de un desplazamiento temático hacia el final del período colonial y hacia el momento de la fractura republicana. Ese giro apuntaba, en la lógica interna de su trabajo, hacia una crítica de los relatos nacionales del siglo XIX, terreno en el que la historiografía colombiana seguía debatiendo con las cuentas del héroe y del prócer más que con las estructuras económicas. Pero ese proyecto no llegó a cuajar en obra mayor: Colmenares murió en 1990, con apenas cincuenta y dos años, en pleno proceso de desplazamiento intelectual.
Su red
La obra de Colmenares tiene detrás una red institucional, una red intelectual internacional y un tejido de colegas dentro de Colombia, y ninguna de las tres puede pasarse por alto para entender lo que hizo y lo que dejó de hacer.
La red institucional se sostiene, en primer lugar, en la Universidad del Valle. Colmenares reconoció con nombre propio, en los agradecimientos de sus libros, el apoyo del rector Álvaro Escobar Navia, cuya gestión de cuatro años creó lo que él mismo describió como un clima de tolerancia, independencia intelectual y estímulo a las actividades académicas. Colmenares atribuyó a la serenidad y al coraje de Escobar Navia el que la universidad colombiana pudiera sobrevivir "un poco más" en unos años tensos. No es una nota protocolaria: la Universidad del Valle albergaba el Centro de Investigación y Documentación Socioeconómica (CIDSE), uno de los espacios interdisciplinarios de ciencias sociales que hicieron posible en Colombia una historia económica con horizonte cuantitativo y regional. Sin ese soporte —presupuestos, cargas docentes manejables, colegas de otras disciplinas, biblioteca— el trabajo de Colmenares habría sido inviable. Un mismo historiador en la Nacional habría escrito, casi con seguridad, otros libros.
La red internacional pasa por la Fundación Guggenheim y por Columbia. La beca de 1976-1977 y la posición como profesor invitado en Nueva York situaron a Colmenares en el circuito latinoamericanista estadounidense, y el diálogo con Herbert Klein lo conectó con una discusión sobre la esclavitud que en América Latina venían liderando también historiadores como Frédéric Mauro, Pierre Chaunu y Ruggiero Romano desde Europa. La historiografía colonial colombiana de orientación económica recurría por esos años a obras como la de Pierre y Huguette Chaunu sobre Sevilla y el Atlántico, referencia visible en las bibliografías del período. Colmenares se movió con soltura en ese circuito, y trajo de él métodos —análisis serial, cuantificación de tributarios, historia de precios— que aplicó a materiales del Cauca. La ganancia no fue sólo técnica: la conversación con Klein y con la tradición de los Annales colocó su trabajo en un horizonte comparativo que impedía leer la esclavitud del Pacífico colombiano como una curiosidad local, obligando a medirla contra Bahía, Cuba o Saint-Domingue.
La red interna, más difícil de dibujar, incluye por lo menos a Jaramillo Uribe como figura tutelar del oficio, a Friede como precursor de las tesis demográficas, y a Diego Castrillón Arboleda como interlocutor local en Popayán. Con la generación que se consolidó a su lado —Álvaro Tirado Mejía, Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Hermes Tovar Pinzón, Marco Palacios— Colmenares compartió proyectos editoriales y una etiqueta común, la de "Nueva Historia", sin ocupar dentro de ese grupo el lugar del articulador institucional. Su posición fue lateral y central a la vez: lateral porque no gestionaba, central porque los otros remitían a sus libros cuando escribían sobre la Colonia. Con Tovar Pinzón el diálogo fue el más específicamente historiográfico, dado que ambos trabajaban fuentes tributarias y demografía indígena; con Melo, la afinidad pasaba por la reflexión sobre el oficio y la crítica de los relatos nacionales; con Bejarano, por el interés compartido en la historia económica de largo plazo.
Su papel en la Nueva Historia de Colombia que Planeta publicó en 1989 ilustra esa doble condición. Álvaro Tirado Mejía asumió la dirección científica del proyecto, con Melo y Bejarano como asesores; la obra se desplegó en seis volúmenes que iban de la Colonia a la historia reciente, más un tomo dedicado a literatura, pensamiento y artes. Colmenares intervino donde tenía autoridad probada y se mantuvo al margen de los tramos ajenos a su especialidad. El volumen I, Colombia indígena, Conquista y Colonia, tuvo un régimen distinto: no lo dirigió Tirado sino Jaramillo Uribe, y era en rigor una reedición del Manual de Historia de Colombia publicado antes por Colcultura y reeditado a mediados de los ochenta por Procultura. Es ahí donde la presencia de Colmenares como autor de la Colonia resulta esperable. En los volúmenes dedicados al siglo XIX y XX, dirigidos por Tirado, no aparece en los cuadros de dirección ni de asesoría. Fue una autoridad temática en el terreno colonial más que un gestor del proyecto colectivo: el historiador cuyos libros los demás citaban al escribir sobre la Colonia.
La huella
La huella de Colmenares se mide en tres registros: el metodológico, el interpretativo y el institucional. En los tres deja algo, y en ninguno la obra termina de cerrarse.
En lo metodológico, consolidó el uso serial de las fuentes tributarias y notariales coloniales como base de una historia económica y social densa. Antes de él, esas fuentes se citaban; después de él, se cuentan. El paso del expediente como anécdota al padrón como serie es el aporte más duradero, y se refleja en cómo la generación siguiente de historiadores coloniales colombianos, empezando por Hermes Tovar Pinzón, planteó sus problemas. La combinación con marcos analíticos de Annales —el énfasis regional, la larga duración, la atención a estructuras económicas antes que a acontecimientos políticos— llegó a Colombia por varias vías, pero pasó, para el período colonial, por los libros de Colmenares. La cuestión ya no era si convenía leer los tributarios en serie, sino cómo hacerlo mejor, con qué controles, con qué comparaciones.
En lo interpretativo, el desplazamiento más visible es demográfico. La lectura de las fuentes tributarias que él consolidó volvió indefendibles las cifras bajas de población indígena que la historiografía había manejado hasta los años sesenta, y abrió el espacio para postular poblaciones tres o cuatro veces mayores en el momento de la Conquista, según la línea que Friede había intuido. Ese desplazamiento cambió, por vía indirecta, la escala de todo lo demás: la magnitud del colapso demográfico, la presión real de la encomienda y del tributo, la necesidad estructural de importar mano de obra esclava africana. El volumen sobre Popayán aportó, además, una descripción anatómica de una sociedad esclavista provincial que sirvió de contrapeso al énfasis tradicional en Cartagena y la costa Caribe: mostró que la esclavitud no era solo un problema portuario y minero del Atlántico, sino la columna de sociedades enteras del interior andino occidental. Ese giro hacia el Pacífico y hacia las tierras altas del suroccidente reordenó el mapa mental de la esclavitud colombiana y obligó a repensar la geografía económica de la Colonia tardía.
En lo institucional, la huella es más ambigua. Colmenares no fundó una escuela con nombre propio, no dirigió durante décadas un departamento como Jaramillo Uribe en la Nacional, no dejó una revista. Su influencia operó por los libros y por los estudiantes que pasaron por Cali durante los años en que enseñó allí. La tercera edición de Historia económica y social de Colombia, 1573-1719 de 1983 y la circulación continuada del volumen sobre Popayán —citado con referencias precisas de página en bibliografías de historia económica regional— son la mejor medida de esa influencia sostenida. Su obra aparece también en listas de referencias de trabajos en inglés sobre la Colonia neogranadina, lo que sitúa su recepción más allá del ámbito colombiano.
La muerte prematura, en 1990, congeló ese trabajo en un punto delicado. La edición de La Independencia en 1986 y el interés temático por el tránsito al período republicano sugieren que Colmenares se preparaba para aplicar al siglo XIX colombiano el mismo tipo de disección estructural que había ensayado con la Colonia, y que ese proyecto habría implicado una crítica de los relatos nacionales heredados de la Regeneración y de la Academia. Lo que hizo Bernardo Tovar Zambrano años después al balancear la historiografía nacional, y lo que hicieron Marco Palacios y otros al reescribir el siglo XIX colombiano en clave social y económica, apuntaba en direcciones que Colmenares había esbozado sin poder recorrer.
Colmenares no es el historiador cuyas conclusiones se citan como veredicto, sino aquel cuyas maneras de trabajar se adoptan como método. Haber fijado el estándar de qué significa hacer historia económica y social con las fuentes de la Colonia es la clase de contribución que sobrevive a su autor. Bogotá, Cali y Popayán —el triángulo geográfico de su vida intelectual— quedaron después de él con un archivo colonial más legible y con una historia menos épica y más medible.
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Documentos y fragmentos citados
17 documentos · 18 fragmentos01Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · Página 251 cita
[1]de plantear un problema y de reformarlo hasta el punto en que sus términos abarquen la máxima realidad posible. IV Debo terminar esta introducción con el reconocimiento a personas y enti-. dades que apoyaron mis investigaciones. A la Universidad del Valle, en la que cuatro años de rectoría de Álvaro Escobar Navia…
p. 25
02El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 1561 cita
[2]1880, y, para todo este período, las agudas observaciones de los costumbristas José María Cordovez Maure, Eugenio Díaz y del escritor José María Vergara y Vergara, entre otros, hacen pensar que el volumen e intensidad de los tráficos comerciales entre las tierras templadas y el altiplano mostraron una tendencia al…
p. 156
03Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Página 131 cita
[3]el momento de la Conquista, apelando a fuentes tributarias: Jaramillo había optado, en 1964, por una lectura cuidadosa pero muy restrictiva de los datos, mientras que Friede, en trabajos menos x v iii H is t o r ia e c o n ó m ic a y s o c ia l I bien argumentados y técnicamente más deficientes, había intuido lo que a…
p. 13
04Conversations in Colombia: The Domestic Economy in Life and TextStephen Gudeman, Alberto Rivera · 1990 · Página 2052 citas
[4]William Davis Hooper. London: Heinemann. Chayanov, A.V. 1966. The Theory of Peasant Economy, eds. D. Thorner, B. Kerblay, and R.E.F. Smith. Homewood, 111.: Irwin. Clark, Christopher. 1979. "Household Economy, Market Exchange, and the Rise of 195 196 References Capitalism in the Connecticut Valley, 1800-1860," Journal…
p. 205
[5]William Davis Hooper. London: Heinemann. Chayanov, A.V. 1966. The Theory of Peasant Economy, eds. D. Thorner, B. Kerblay, and R.E.F. Smith. Homewood, 111.: Irwin. Clark, Christopher. 1979. "Household Economy, Market Exchange, and the Rise of 195 196 References Capitalism in the Connecticut Valley, 1800-1860," Journal…
p. 205
05Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 161 cita
[6]Normal Superior comenzó a manifestarse una reacción contra la interpretación tradicional de la historia. En 1941 apareció el libro pionero de Luis Eduardo Nieto Arteta,⁶ cuyos aspectos novedosos se relacionaban con la temática de la historia económica, con las fuentes, especialmente las memorias de los secretarios de…
p. 16
06Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 191 cita
[7]se ha ubicado a la cultura dentro de los hechos que la ocasionaron, y la ocasionan. Será posible en tal virtud, presentar en nuevas obras a la cultura como un cuerpo inhistórico y hacer de ella una exhaustiva explicación formal. Se prescindirá o se podrá prescindir de colocarla o situarla dentro de la histo- ria,…
p. 19
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 81 cita
[8]La ilustraci ó n....................................................... 566 A. Reorientaci ó n intelectual............................... 567 B. La literatura en el per í odo de la ilustraci ó n................ 576 1. La poes í a cortesana de Ladr ó n de Guevara....................... 578 2. Nuevas disecciones tem á…
p. 8
08El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Página 1941 cita
[9]ó logos y la imposibilidad de contrastar la interpretaci ó n marxista de la realidad con otros esquemas te ó ricos, debido al enclaustramiento cultural del pa í s en aquella é poca. B á stenos recordar que hasta 1930 tanto la educaci ó n media como universitaria casi en su totalidad dominada por el pensamiento…
p. 194
09Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Página 1811 cita
[10]en Colección de documentos inéditos para la historia de España, vol. 71 (Madrid, 1879). 87. Velasco, Juan de: Historia del reyno de Quito en la América Meridional (Quito, 1971). 88. Zamora, Alonso de: Historia de las provincias de San Antonio del Nuevo Reino de Granada. 3 vols. (Bogotá, 1945). C. LITERATURA SECUNDARIA…
p. 181
10Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 11 cita
[11]NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJÍA Asesores JORGE ORLANDO MELO JESÚS ANTONIO BEJARANO Plan de la obra 1 2 I II III IV V VI Colombia Indígena - Conquista y Colonia Era Republicana Historia Política 1886-1946 Historia Política 1946-1986 Relaciones Internacionales,…
p. 1
11Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 11 cita
[12]NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJÍA Asesores JORGE ORLANDO MELO JESÚS ANTONIO BEJARANO NHC Nueva Historia de Colombia IV Educación y Ciencia Luchas de la Mujer Vida Diaria PLANETA Dirección del proyecto: Gloria Zea Gerencia general: Enrique González Villa Coordinación…
p. 1
12Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 11 cita
[13]NHC Nueva Historia de Colombia 1 Colombia Indígena, Conquista y Colonia PLANETA Dirección del proyecto: Gloria Zea Gerencia general: Enrique González Villa Coordinación editorial: Camilo Calderón Shrader Director Científico: Jaime Jaramillo Uribe Título original: Manual de historia de Colombia © Instituto Colombiano…
p. 1
13Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 11 cita
[14]NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJÍA Asesores JORGE ORLANDO M E L O JESÚS ANTONIO BEJARANO Plan de la obra 1 2 I II III IV V VI Colombia Indígena - Conquista y Colonia Era Republicana Historia Política 1886-1946 Historia Política 1946-1986 Relaciones Internacionales,…
p. 1
14Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 11 cita
[15]NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJI A Asesores JORGE O R L A N D O M E L O JESÚS ANTONIO BEJARANO Plan de la obra 1 2 I II III IV V VI Colombia Indígena - Conquista y Colonia Era Republicana Historia Política 1886-1946 Historia Política 1946-1986 Relaciones…
p. 1
15Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · Página 491 cita
[16]Cesar (2000) (Angulo & Nieves, 2021, pp. 170–172), as well as at the Universidad del Rosario. In 2005, the pro - gram of the Pontificia Universidad Javeriana was reopened. At the same time, some research centers were created that allowed the development of a more interdisciplinary work positioning social sciences;…
p. 49
16Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · Página 2081 cita
[17]R. Enrrsioning Potuer: Idcologies of Dominance and Crisis. Berkeley: University of California Press, r999. Wright, Winthrop. Cat't conLecbe: Race, Class, and Notional Image inVnezuela. Austin: University ofTexas Press, r99o. Young, Robert. C olonial Desire: Hybitditl inTbeorl, Cukure, and Race. London: Routledge,…
p. 208
17Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 301 cita
[18]enseñanza de la historia en Colombia, Historia, 1951, p. 91. El autor era miembro de la Academia Colombiana de Historia y la obra fue encargada al autor por la institución.., pp. 20-21. Ibid Roberto Velandia, Un siglo de historiografía colombiana: Cien años de la Academia Colombiana de Historia, Santafé de Bogotá,…
p. 30