Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Ensayo · Transversal · —

Discontinuidad del campo intelectual colombiano

La historiografía colombiana ha tendido a fragmentar en episodios discontinuos los movimientos sociales, las tradiciones intelectuales y las categorías jurídico-políticas del conflicto. La pregunta central es si esa discontinuidad es un hecho histórico o un artefacto narrativo producido por el propio campo.

17 min de lectura3.647 palabras56 documentos62 fragmentos
Discontinuidad del campo intelectual colombiano
Actualizado 03 de agosto de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

Muchas de las discontinuidades percibidas en el movimiento estudiantil, la historiografía y la historia eclesiástica colombianas no son hechos históricos sino efectos de producción: el archivo institucional decide qué se conserva, la fragmentación generacional del campo académico decide qué se lee, y la utilidad política de cada coyuntura decide qué genealogía se rescata. Sin embargo, existen discontinuidades reales ancladas en la violencia sobre las universidades, el enclaustramiento clerical hasta 1930 y la dependencia crónica del campo intelectual respecto de árbitros externos —Iglesia, partidos, Estado contrainsurgente—. La recepción diferida de pioneros como Luis Eduardo Nieto Arteta (cuya obra de 1941 solo fue leída con seriedad en los años sesenta) ilustra que el canon se construye por utilidad política de cada coyuntura, no por valor intrínseco de las obras. Separar la discontinuidad real de la fabricada es la tarea historiográfica pendiente.

La tensión

Una primera tensión opone quienes atribuyen la dependencia partidista del estudiantado colombiano a una sociedad civil estructuralmente débil —incapaz de emanciparse del bipartidismo o de la izquierda organizada, a diferencia de la FUA argentina o la FECh chilena— frente a quienes argumentan que esa dependencia es resultado de condiciones activamente destruidas: al menos 339 crímenes documentados contra universitarios (con 1988 como año pico, 58 casos) eliminaron físicamente a los portadores de memoria y bloquearon la transmisión generacional. Una segunda tensión enfrenta la tesis de que la Nueva Historia de los setenta —el Manual de 1978 bajo Jaime Jaramillo Uribe y la Nueva Historia de Colombia dirigida por Álvaro Tirado Mejía— fue una ruptura epistemológica genuina, con la lectura de que fue también una operación ideológica que, al desplazar la historia eclesiástica sin reemplazarla con una historia crítica del clero regular, empobreció la comprensión de la sociedad colonial. Una tercera tensión recorre el problema de la canonización: la recepción de Nieto Arteta muestra que el campo construye ancestros cuando los necesita, pero la obra estaba ahí; el artefacto no es la existencia del ancestro sino su descubrimiento oportuno. Finalmente, la imagen del Santo Oficio de Cartagena —que en el siglo XVIII solo juzgó a treinta y dos personas de ascendencia africana pero aplicó penas sistemáticamente más violentas a negros y esclavizados— ha sido refundada por cada generación política para sus propias batallas, convirtiendo el siglo XVII y el XVIII en objetos casi ilegibles como períodos históricos autónomos.

Temas
Nueva Historia colombianaMovimiento estudiantil colombianoCampo intelectual y autonomía universitariaHistoria eclesiástica colonial e Inquisición de CartagenaRecepción historiográfica y canonización intelectualBipartidismo y sociedad civil
02

Ensayo completo

La lectura

¿Cuánto de la discontinuidad del campo intelectual colombiano es hecho histórico y cuánto es artefacto de producción?

Hay una figura que se repite en los relatos sobre Colombia: la de un país que empieza de nuevo cada tanto. El movimiento estudiantil habría nacido con Rafael Uribe Uribe en 1909, muerto con Gonzalo Bravo Pérez, resucitado con Camilo Torres Restrepo en los sesenta, extinguido con la represión de los ochenta, reaparecido con la Séptima Papeleta en 1989 y refundado con la MANE en 2011. La historiografía habría surgido de una sola vez con la Nueva Historia de los años setenta, sin genealogía previa digna de mención. La Iglesia colonial habría sido un bloque monolítico, la Inquisición un aparato uniforme, el conflicto armado una cosa que empezó en un año preciso —1946, 1964, 1982, según quien hable. Cada objeto llega al lector partido en episodios que no se comunican.

La pregunta admite una respuesta contraintuitiva: muchas de esas discontinuidades no son hechos históricos sino efectos de producción. El archivo institucional decide qué se conserva; la fragmentación generacional del campo académico decide qué se lee; la utilidad política de cada coyuntura decide qué genealogía se rescata. Y sin embargo hay discontinuidades reales, ancladas en el enclaustramiento clerical hasta 1930, en la violencia sobre las universidades, en la dependencia crónica del campo intelectual respecto de árbitros externos —Iglesia, partidos, Estado contrainsurgente. Separar lo uno de lo otro es la tarea.

El movimiento estudiantil y el problema de la genealogía

La memoria del estudiantado colombiano se organiza alrededor de mártires y fechas trágicas: las jornadas de 1909 que contribuyeron a la caída de Rafael Reyes, la muerte de Gonzalo Bravo Pérez en 1929, la de Uriel Gutiérrez el 8 de junio de 1954 en la Ciudad Universitaria a manos de la Policía Nacional, las movilizaciones de 1971 por la autonomía universitaria, el impulso a la Constituyente en 1989-1990, la MANE en 2011. Muchas de las protestas posteriores son, literalmente, conmemoraciones de esos hechos, aunque la prensa las registre como si carecieran de motivo.

Esa estructura conmemorativa produce, más que refleja, la sensación de continuidad. El movimiento de 1929 invocó las jornadas de 1909. El de 1971 se leyó a sí mismo a través del Mayo francés y de las movilizaciones latinoamericanas contemporáneas, pero también a través de una línea nacional que rescataba a Camilo Torres y a los universitarios que ingresaron al ELN desde comienzos de los sesenta. La MANE, en 2011, se presentó como el mayor levantamiento estudiantil de las últimas cinco décadas y trazó su propia genealogía hasta la Séptima Papeleta y más atrás.

¿Continuidad o construcción retrospectiva? Ambas cosas. Las demandas centrales —financiación, autonomía, representación estudiantil, calidad de la enseñanza, antiimperialismo, democracia— reaparecen en cada ciclo con una constancia que no puede reducirse a operación narrativa. Pero la selección de qué mártir se recuerda, qué fecha se conmemora y qué predecesor se reivindica es una operación política deliberada, no un registro pasivo. La discontinuidad que se percibe desde fuera —comparada con la FUA argentina o la FECh chilena, con sus estructuras federativas de larga duración— es en parte real: el estudiantado colombiano nunca consolidó una organización nacional estable equivalente. Pero es también efecto de que la historiografía académica dejó de estudiarlo. Los trabajos sobre movimientos sociales en Colombia crecieron casi geométricamente hasta comienzos de los noventa y luego se estancaron, mientras la actividad social continuaba. El silencio del campo académico se confundió con el silencio del movimiento.

A esto se suma la violencia sobre los universitarios como condición material de fragmentación: al menos 339 crímenes documentados contra universitarios, con 1988 como año pico —58 casos—, un 33% con responsables desconocidos y un 20% atribuido a paramilitares. Una generación asesinada o exiliada no transmite su experiencia a la siguiente por vías normales. La memoria estudiantil colombiana es intermitente en parte porque sus portadores fueron eliminados.

De ahí que la tesis de la dependencia partidista del estudiantado —síntoma de una sociedad civil débil incapaz de emanciparse del bipartidismo ni de la izquierda organizada— deba matizarse. Es verdad que el estudiantado colombiano no consolidó la autonomía sectorial de sus pares del Cono Sur. Pero atribuirlo a debilidad congénita de la sociedad civil ignora que las condiciones de posibilidad de esa autonomía —continuidad institucional universitaria, ausencia de eliminación física, campo intelectual capaz de acompañar la reflexión sectorial— fueron activamente destruidas. La dependencia no es solo síntoma; es también resultado.

La ruptura de los setenta y la producción del olvido

El Manual de historia de Colombia, publicado en 1978 bajo la dirección científica de Jaime Jaramillo Uribe con patrocinio de Colcultura, y la Nueva Historia de Colombia dirigida por Álvaro Tirado Mejía con Jorge Orlando Melo y Jesús Antonio Bejarano como asesores, marcaron un antes y un después. La irrupción vino acompañada de tensión abierta con la Academia Colombiana de Historia, que respondió con animadversión desde su Boletín de Historia y Antigüedades, casi siempre desde el desconocimiento de las corrientes historiográficas que atacaba. En 1984 se declaró el fin de la hegemonía del manual de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla en el ámbito educativo. La renovación era real: la historia dejó de ser crónica de gobernantes y padres de la patria para volverse análisis de estructuras económicas, clases sociales, movimientos populares.

La operación tuvo un costo. Al desplazar la historia eclesiástica —dominada hasta entonces por la tradición apologética que arrancaba en José Manuel Groot, quien escribió su Historia Eclesiástica y Civil de la Nueva Granada explícitamente para defender a la Iglesia de las "imposturas de los historiadores liberales"— la Nueva Historia no la reemplazó con una historia crítica del clero regular y de las órdenes coloniales, sino que en buena medida la abandonó como objeto. La producción hagiográfica sobre figuras como Eduardo Ospina S.J., el obispo Builes o los cuatro arzobispos de Agudelo Giraldo quedó intacta —útil apenas como fuente de datos fácticos, sin análisis crítico— porque la historiografía renovada tenía otras prioridades: el café, la industria, las clases, la violencia.

El empobrecimiento se pagó en la comprensión de la sociedad colonial. Durante la Colonia, la norma interna del catolicismo era norma legal: los desórdenes morales eran delitos perseguibles de oficio por alcaldes, alguaciles y párrocos, y la ortodoxia cristiana era condición para el prestigio social. Las órdenes religiosas se concentraron en los grandes centros de poder económico y político, con presencia muy reducida en regiones como Antioquia y Santander durante los siglos XVI a XVIII, lo que tuvo consecuencias medibles en la organización social de esos territorios. La historiografía tendió, además, a extrapolar datos del siglo XVI al XVII como si fueran una misma época, aplanando ritmos y particularidades. Sin una historia crítica del clero regular, esos matices quedaron ilegibles.

El caso del Tribunal de la Inquisición de Cartagena de Indias ilustra la economía política de la memoria histórica colonial. En el siglo XVIII el Santo Oficio estaba en declive global y el tribunal cartagenero solo juzgó a treinta y dos personas de ascendencia africana en ese siglo; las penas —cien o doscientos azotes— eran, sin embargo, sistemáticamente más violentas para negros y esclavizados que para libres de etnias mixtas. Ese detalle —el declive institucional coexistiendo con violencia racial diferenciada— es lo que se pierde cuando cada generación política refunde la imagen del Santo Oficio para legitimar su agenda frente a la Iglesia contemporánea. Los liberales del XIX lo agrandaron para atacar a la Regeneración; los conservadores lo minimizaron; ciertos revisionismos contemporáneos lo agrandan de nuevo para otras batallas. El siglo XVII y el XVIII, como objetos históricos autónomos, casi nunca son el punto.

Nieto Arteta y la recepción diferida como norma del campo

Luis Eduardo Nieto Arteta (1913-1956) publicó Economía y cultura en la historia de Colombia en 1941. Fue el primer intento en el país de una historia sociológicamente orientada, la primera aplicación —incipiente, mecánica, con generalizaciones típicas del marxismo vulgar— del método marxista al pasado nacional. Privilegió los procesos y las estructuras sobre los gobernantes y los héroes, y abrió el terreno donde una generación posterior sembraría. Redactó Café en la sociedad colombiana en 1948; la obra apareció una década después, hacia 1958, cuando su autor ya había muerto. Luis Ospina Vásquez publicó en 1955 su trabajo pionero sobre historia económica colombiana. Ninguna de las dos obras tuvo divulgación inmediata: fue en los años sesenta cuando empezaron a leerse con seriedad.

Este patrón —obra pionera, silencio de una década, recepción tardía cuando una nueva generación necesita ancestros— es la norma, no la excepción. La Reforma de López Pumarejo de 1935 permitió que corrientes distintas del pensamiento conservador clerical ingresaran a los claustros universitarios, pero el terreno tardó en volverse fértil. Hasta 1930, la educación media y universitaria estaba casi en su totalidad dominada por el pensamiento conservador de tendencia clerical, y el enclaustramiento cultural bloqueaba el contraste entre marcos teóricos. Nieto Arteta escribió en un país que no podía leerlo. Los sesenta lo leyeron porque necesitaban un ancestro colombiano para la crítica que ya venía haciéndose desde el marxismo internacional y la teoría de la dependencia, con Cardoso y Faletto en 1969 y con Daniel Pécaut en Política y sindicalismo en Colombia de 1973 como uno de los pocos usos directos de esa teoría en el caso colombiano.

Entre 1962 y 1964, Mario Arrubla publicó en la revista Estrategia la serie de artículos que después se convertirían en libro y que introdujeron con fuerza la crítica del subdesarrollo en el debate colombiano. Orlando Fals Borda, en su Escrutinio sociológico de la historia colombiana (1956) y en obras posteriores, situó a Nieto Arteta en una línea de "tratados sobre la nacionalidad" que arrancaba en De cómo se ha formado la nación colombiana de Luis López de Mesa (1934). Esa lista es, ella misma, una operación de canonización: fabrica retrospectivamente una tradición que los propios autores no habrían reconocido necesariamente como tal.

El canon no se construye por valor intrínseco sino por utilidad. Nieto Arteta se vuelve fundacional cuando la Nueva Historia necesita demostrar que la historiografía crítica colombiana tenía raíces locales y no era un injerto extranjero. Ospina Vásquez se vuelve pionero cuando la historia económica requiere legitimarse frente a la historia política tradicional. Y sin embargo la obra de Nieto Arteta contenía efectivamente lo que la generación posterior encontró en ella. La recepción diferida no fue una lectura arbitraria; fue una lectura tardía de algo que estaba ahí. El artefacto no es la existencia del ancestro sino su descubrimiento oportuno.

El campo intelectual bajo tutela: Iglesia, bipartidismo, Estado

La autonomía del campo intelectual colombiano ha sido siempre condicional. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 entregaron a la Iglesia el control de la educación pública —el Artículo 41 estableció que "la educación pública será organizada y dirigida en concordancia con la Religión Católica"— y la capacidad de vigilar la privada, durante los siguientes cincuenta años. Mientras varios países latinoamericanos avanzaban en el siglo XIX hacia la independencia del Estado frente al poder eclesiástico, Colombia siguió el rumbo inverso con la Regeneración. El clero colombiano tenía —y ha tenido— la reputación de ser más conservador, política y teológicamente, que el clero latinoamericano en general, y en alianza estrecha con el Partido Conservador intervino en política, lanzó anatemas contra el liberalismo y orientó comicios.

La guerra civil de 1876 se gestó, entre otras razones, por el rechazo del Partido Conservador y la Iglesia a las reformas educativas laicas del liberalismo radical desde 1870, incluida la contratación de una misión pedagógica alemana. Es la señal más clara de que el campo educativo era, ya entonces, un campo de batalla político-religioso, no un espacio autónomo. La Reforma de 1935 abrió parcialmente ese cerrojo. Pero la tutela no desapareció: se transformó.

A partir de los treinta, la modernización capitalista —industrialización, expansión del mercado interno, crecimiento urbano, irrupción de las masas trabajadoras— creó nuevas condiciones para el pensamiento crítico. La Nueva Historia de los setenta fue posible porque hubo universidades, revistas, editoriales, un público lector. Pero fue también un proyecto negociado: el Manual de 1978 se hizo con patrocinio estatal a través de Colcultura, en el marco del impulso gubernamental a publicaciones de gran tiraje. La renovación historiográfica se hizo con el Estado, no contra él. Su relación con la Academia Colombiana de Historia fue de conflicto abierto, pero su relación con el aparato cultural oficial fue de alianza. Esa dependencia estructural es lo que hace que la autonomía del campo sea siempre condicional: cambia el árbitro externo —la Iglesia hasta 1930, el bipartidismo después, el Estado contrainsurgente durante el conflicto armado— pero no desaparece.

Buena parte de la historiografía sobre Colombia se hizo, además, fuera del país: tesis doctorales en Sevilla bajo Luis Navarro García, trabajos como el de Tomás Gómez en Francia, la tesis magistral de Juan Villamarín sobre la encomienda en Santa Fe en Estados Unidos. La trayectoria de Marco Palacios —Bogotá, 1944, con formación entre la Universidad Libre, El Colegio de México y Oxford, investigador en Londres, dos veces rector de la Nacional entre 1984 y 2005— condensa un patrón: los historiadores colombianos de su generación se formaron afuera para poder pensar el país adentro. La institucionalización de la sociología muestra un campo cuya autonomía llegó tarde y siempre por la vía de la circulación internacional.

Las categorías del conflicto: campo semántico, campo estratégico

Ningún objeto revela mejor la falta de autonomía del campo intelectual colombiano que el conflicto armado. Las categorías con las que se lo piensa no son producto de una discusión académica interna; son armas.

Durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez se proscribieron denominaciones como "guerrilleros" o "subversivos" y se sustituyeron por "terroristas", "narcoterroristas" o "bandidos". La operación era doble. De un lado, descalificar al oponente. De otro, negar la existencia misma de un conflicto armado interno: si Colombia tenía una democracia sólida, cualquier levantamiento armado carecía por definición de origen político legítimo. Esta guerra semántica tenía un antecedente largo. Tras el fin de la Guerra de los Mil Días en 1903, la doctrina dominante cerró la posibilidad de reconocer el carácter político de la rebelión armada y envió a los rebeldes al espacio de la ilegalidad junto con la delincuencia común. La tendencia a criminalizar al rebelde tiene raíces profundas en la tradición jurídica colombiana.

La distinción entre "alzamiento armado" y "guerra civil" —trabajada por Rafael Pardo Rueda entre otros— no es una descripción sociológica neutral: es un artefacto discursivo del Estado negociador para fijar asimetrías en la mesa. Reconocer una guerra civil implica reconocer beligerancia; hablar de alzamiento armado permite negociar desde la superioridad moral y jurídica del Estado. Las categorías académicas replican, con menos vergüenza de la que deberían, esas necesidades estratégicas. Cuando se discute si el conflicto empezó en 1946 con la Violencia o en los sesenta con las guerrillas posrevolución cubana, se discute también, aunque no se diga, si el Estado bipartidista tiene o no responsabilidad originaria. El origen, la periodización y la naturaleza del paramilitarismo siguen siendo objeto de disputa; el paramilitarismo fue legal en Colombia entre 1965 y 1989, amparado en la doctrina de Seguridad Nacional, lo que hace insostenible la fábula de que fue un fenómeno puramente insurgente contra el Estado.

Esa disputa se libra hoy en instituciones distintas y con métodos distintos, y por eso arroja resultados distintos. El ¡Basta ya! del Grupo de Memoria Histórica documentó cerca de 220.000 muertes entre 1958 y 2012, y la producción posterior del Centro Nacional de Memoria Histórica —talleres con comunidades, análisis del uso de "listas" como mecanismo de violencia selectiva, informe conjunto con el IEPRI de la Nacional sobre la trayectoria de las FARC— buscó autonomía académica desde dentro del aparato estatal. El CINEP eligió el camino inverso: desde 1987 sistematiza eventos del conflicto cruzando más de diez fuentes de prensa nacional y regional con registros propios y con los boletines de la Vicepresidencia, en un archivo hoy custodiado por el Archivo de Bogotá. Las metodologías divergen y por eso divergen los resultados. No hay ni habrá cifra única del conflicto colombiano, y quien la busca no ha entendido el problema: lo que se comparan son tendencias, distribuciones, comportamientos espaciales y temporales de la violencia.

Esa diferencia de método no es ajena a la pregunta por el artefacto. Cada institución produce el conflicto que puede medir, y las categorías que le sirven para medirlo se vuelven categorías con las que el país se piensa. La formulación de Francisco Gutiérrez Sanín sobre "élites vulnerables" ilustra ese desplazamiento: mueve la pregunta marxista clásica —quién se beneficia— hacia otra empíricamente más manejable, quién está expuesto y tiene medios para responder. Escapa así del determinismo de la teoría de clase pura y del voluntarismo de la explicación biográfica. Contra el culturalismo fácil de la "intolerancia bipartidista heredada" —explicación circular que atribuye a la cultura lo que no logra explicar por mecanismos— la sociología política del conflicto ha ganado terreno cuando ha preguntado por incentivos, costos estratégicos y arquitecturas institucionales. La legitimidad social del uso de la violencia para determinar la política —confabularse con paramilitares para arreglar elecciones ameritaba, bajo el Código Penal de 1980, apenas catorce meses de prisión— es un dato institucional, no cultural.

Queda por fuera del análisis, casi siempre, la dimensión comunicativa del conflicto. La información como campo estratégico —qué saben los actores armados, qué transmiten, qué ocultan, cómo procesan inteligencia, cómo se comunican con las poblaciones que controlan mediante listas o repertorios simbólicos— rara vez entra en el marco. Sin ella, la historiografía del conflicto sigue tratando a los armados como agentes irracionales o puramente ideológicos, y pierde la racionalidad estratégica que efectivamente organizó sus decisiones. Las FARC en el Caguán usaron la negociación tácticamente más que como voluntad genuina de paz; esa instrumentalización de la mesa como herramienta de guerra es información pública, pero raramente se integra al análisis de conjunto.

La élite técnica y la otra continuidad

El argumento sobre el artefacto tendría un flanco débil si se aplicara solo a lo crítico. Contra la fragmentación aparente del campo intelectual disidente hay una continuidad casi invisible que sostiene, silenciosamente, el edificio: la de la élite técnica que administra las crisis económicas. Y esta continuidad no es artefacto: es rigurosamente histórica, verificable en los nombres, las trayectorias y las decisiones.

La tecnocracia colombiana forma una red personal e ideológica que atraviesa 1982, 1992, 1999 y 2018 con estabilidad notable de diagnóstico y de recetas. Los mismos apellidos circulan entre el Banco de la República, el Ministerio de Hacienda, Planeación Nacional, Fedesarrollo y las cátedras de los Andes; los mismos marcos —ortodoxia macroeconómica, apertura gradual, disciplina fiscal— sobreviven a los cambios de gobierno con una placidez que ningún otro sector de la vida intelectual colombiana conoce. Esa continuidad explica dos cosas a la vez: la relativa estabilidad macroeconómica colombiana en un continente turbulento, y la incapacidad para reformas estructurales que toquen la distribución del ingreso, la propiedad de la tierra o el régimen tributario. Lo que se preserva y lo que se bloquea son la misma cosa vista desde dos lados. La red técnica que impidió que Colombia siguiera el guion argentino de 2001 es la misma que ha hecho impensable, durante cuatro décadas, una reforma agraria seria.

La discontinuidad, entonces, es selectiva, y aquí el análisis del artefacto se cierra sobre sí mismo. Mientras el movimiento estudiantil, el clero regular, la memoria del conflicto y la recepción del canon crítico se fragmentan y refundan cíclicamente, la administración económica muestra un hilo firme. La sociedad civil que se percibe intermitente lo es en ciertas capas —las populares, las críticas, las contestatarias— y persistente en otras —las técnicas, las administradoras del orden. Colombia coexistió durante décadas con violencia armada y democracia formal simultáneas: elecciones regulares, tribunales independientes, crecimiento económico, tecnocracia estable. Esa paradoja —modernización institucional y guerra persistente— dificultó que las élites urbanas reconocieran la devastación del conflicto, y produjo un campo intelectual escindido: quienes estudiaban la violencia rara vez conversaban con quienes administraban la economía, y viceversa. La discontinuidad de un lado del campo es la condición de la continuidad del otro.

Qué es artefacto y qué es historia

La discontinuidad del movimiento estudiantil colombiano es, en parte importante, un artefacto compuesto: efecto del sesgo apologético de los archivos de la Academia, de la fragmentación generacional del campo académico, de la refundación estratégica de genealogías que cada nuevo ciclo estudiantil hace para legitimarse. Pero es también, irreductiblemente, el resultado de la eliminación física de sus portadores, del enclaustramiento confesional del país hasta 1930 y del bloqueo persistente a la circulación de marcos teóricos alternativos. El artefacto amplifica una realidad; no la inventa.

La recepción diferida de Nieto Arteta es artefacto cuando su canonización responde a la utilidad que la Nueva Historia encontró en él dos décadas después de su muerte; es historia real cuando reconocemos que su obra de 1941 contenía efectivamente los gérmenes que la generación posterior identificó. La disputa semántica sobre el conflicto armado es artefacto puro cuando se pretende neutral —"terrorista" versus "guerrillero" no es una distinción académica sino una posición jurídico-política— e historia real cuando reconoce que las categorías con que se piensa la violencia son parte de la violencia misma.

La imagen de un país que empieza de nuevo cada tanto es, en buena medida, el país que el propio campo intelectual ha necesitado producir para pensarse. Y quizá la pregunta que sigue no es cómo desmontar el artefacto —los artefactos no se desmontan, se sustituyen por otros— sino qué haría un campo intelectual que se atreviera a pensarse sin esa muleta: sin la refundación cíclica, sin el ancestro descubierto justo a tiempo, sin la genealogía a la medida de la coyuntura. Probablemente descubriría que la continuidad soterrada de la tecnocracia y la discontinuidad exhibida de la crítica no son fenómenos independientes sino los dos rostros del mismo pacto. Reconocerlo bastaría, por ahora, para dejar de escribir el próximo capítulo como si fuera el primero.

03

Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

56 documentos · 62 fragmentos de referencia
01Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 222 fragmentos
[1]

revisión hacía explícita la exposición de nuevos criterios para explicar el pasado nacional, los cuales hicieron su irrupción para EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:28:03 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 66 un amplio público a…

p. 22
[10]

79 Capítulo III Los revisionismos históricos: el momento de los años treinta Un autor no especializado se dirige a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Eduardo Galeano en (1971) Las venas abiertas de…

p. 1
02Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 11 fragmento
[2]

NHC Nueva Historia de Colombia 1 Colombia Indígena, Conquista y Colonia PLANETA Dirección del proyecto: Gloria Zea Gerencia general: Enrique González Villa Coordinación editorial: Camilo Calderón Shrader Director Científico: Jaime Jaramillo Uribe Título original: Manual de historia de Colombia © Instituto Colombiano…

p. 1
03Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 16, 332 fragmentos
[3]

al que aspirábamos trascendía la academia, tenía como objetivo primario la población y por ello buscábamos una forma sencilla que, en ocasiones, se codeaba con lo elemental. Por ese camino, en ciertos planteamientos nos encontramos con el dogmatismo y con la interpretación mecánica del devenir de las clases sociales,…

p. 33
[8]

Normal Superior comenzó a manifestarse una reacción contra la interpretación tradicional de la historia. En 1941 apareció el libro pionero de Luis Eduardo Nieto Arteta,⁶ cuyos aspectos novedosos se relacionaban con la temática de la historia económica, con las fuentes, especialmente las memorias de los secretarios de…

p. 16
04Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 11 fragmento
[4]

NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJÍA Asesores JORGE O R L A N D O M E L O JESÚS ANTONIO BEJARANO Plan de la obra 1 2 I II III IV V VI Colombia Indígena - Conquista y Colonia Era Republicana Historia Política 1886-1946 Historia Política 1946-1986 Relaciones Internacionales,…

p. 1
05Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 11 fragmento
[5]

NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJÍA Asesores JORGE ORLANDO M E L O JESÚS ANTONIO BEJARANO Plan de la obra 1 2 I II III IV V VI Colombia Indígena - Conquista y Colonia Era Republicana Historia Política 1886-1946 Historia Política 1946-1986 Relaciones Internacionales,…

p. 1
06Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 11 fragmento
[6]

NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJÍA Asesores JORGE ORLANDO MELO JESÚS ANTONIO BEJARANO Plan de la obra 1 2 I II III IV V VI Colombia Indígena - Conquista y Colonia Era Republicana Historia Política 1886-1946 Historia Política 1946-1986 Relaciones Internacionales,…

p. 1
07Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 204, 2412 fragmentos
[7]

económica y social con- temporánea, Economía y cultura en la historia de Colombia (1941) y Café en la sociedad colombiana (redactado en 1948 y publicado diez años después), abordó la evolución de la cultura na- cional —el derecho, la política, la or- ganización del Estado y las ideolo- gías—, a partir de la historia…

p. 241
[9]

Academia ha sido muy notable y cuan- tiosa; dicha producción se contiene en sus series Biblioteca de historia nacio- nal, Biblioteca de historia eclesiástica, Biblioteca complementaria, Biblioteca Eduardo Santos, Historia extensa de Colombia y Biografías sintéticas; en sus series documentales, y en sus pu- blicaciones…

p. 204
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 191 fragmento
[11]

dicho que tuvo una motivaci ó n é tica: la indignaci ó n de un moralista ante las opresoras condiciones de vida de la clase obrera en los albores de la sociedad industrial. Y para tomar casos dom é sticos, ¿ no fue el fervor de su fe cat ó lica el que llev ó a Groot a meterse en los archivos coloniales y a dedicar…

p. 19
09Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 11 fragmento
[12]

LUIS EDUARDO NIETO ARTETA antropología E c ONO mí A y c ULTURA EN LA h ISTORIA DE c OLO mb IA economía LUIS EDUARDO NIETO ARTETA E c ONO mí A y c ULTURA EN LA h ISTORIA DE c OLO mb IA economía Nieto Arteta, Luis Eduardo, 1913-1956, autor Economía y cultura en la historia de Colombia [recurso electrónico] / Luis…

p. 1
10Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 4251 fragmento
[13]

Velasco en 1912 sí contiene alguna información sobre este grupo para la última década del siglo pasado, pero de ninguna manera esto cons- tituye un estudio adecuado. En su obra, Ospina Vásquez considera el terna de los artesanos en forma poco precisa, toda vez que su principal interés radica en el surgimiento de la…

p. 425
11La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 531 fragmento
[14]

histórico-social de las crisis a que da lugar la refracción y descomposición de órdenes en Colombia, cuenta con el valioso aporte del profesor Luis López de Mesa, quien publicó un Escrutinio sociológico de la histo ria colombiana en 1956. Es esta una obra mucho más sis- temática que su anterior y clásico estudio, De…

p. 53
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 2331 fragmento
[15]

glosa e interpreta, hacen que, si- guiendo su libre voz de autodidacta, produzca una obra crítica desigual y matizada —a veces con- tradictoria— por miradas cambiantes. Panorama de ensayos Es común afirmar que en Colombia ha habido críticos, pero no crítica, y que el único verdadero ensayista que ha producido el país…

p. 233
13A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 2921 fragmento
[16]

210, 259 James Parsons 199 Jaramillo Uribe, Jaime 195, 201, 212 José Antonio Ocampo 162, 184, 225 José Hilario López 66, 89 José Ignacio de Pombo 32, 37, 44 José María Samper 73 Julio Arboleda 51 Junta monetaria 232, 235, 241, 244, 248 Kemmerer Mission 129, 158, 174, 231, 234, 236, 242, 246n6 Kemmerer, Edwin 231, 234…

p. 292
14De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 371 fragmento
[17]

Miranda Ribadencira (Eduardo Ospina S. J.: humanista colombiano, /89/-/965), o la que Jaime Sanín Echeverri escribió sobre mon eñor Miguel Ángel Builes (El obispo Builes), son, en realidad, más hagiografía que biografía, y son útiles apenas en cuanto a datos fácticos. Esto también se aplica al tratamiento…

p. 37
15Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 1611 fragmento
[18]

https://doi.org/10.1017/9781009543576.006 Downloaded from https://www.cambridge.org/core. University of Southampton Library, on 02 Oct 2025 at 23:53:04, subject to the Cambridge Core 134 Part II: Religion in Place in colonial subjects. 21 By the eighteenth century, the Holy Office of the Inquisition was in decline…

p. 161
16La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 571 fragmento
[19]

el Estado y las normas morales eclesiásticas hacen que la Colonia perdure hasta después de 1819. La penetración del gobernante y del cura en el fuero interno es constantes y se ve en el hecho de que desórdenes morales se consideran como delitos perseguibles de oficio por alcaldes, alguaciles y párrocos. La norma…

p. 57
17Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3331 fragmento
[20]

V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…

p. 333
18Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1241 fragmento
[21]

ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

p. 124
19Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 141 fragmento
[22]

algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…

p. 14
20Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 2891 fragmento
[23]

on the role of the Catholic Church should play in Spanish American Republics repudiating radical Liberal excess. By the 1880s that new order returned the Catholic Church to a position of authority by building on the national pub- lic education system developed under the Radical Olympus, yet the new state nevertheless…

p. 289
21La MANE y el movimiento estudiantil en Colombia. Agendas, luchas y desafíosAndrés Felipe Mora Cortés (compilador), Mauricio Archila Neira, Laura Isabel Buitrago Rodríguez, José Abelardo Díaz Jaramillo, Paulina Andrea Farfán Trujillo, Paola Alejandra Galindo García, Martha Lucía Gutiérrez Bonilla, Andrea Lopera Lombana, Jairo Andrés Rivera Henker · 2020 · p. 1, 172 fragmentos
[24]

operados en las distintas generaciones estudianti - les, sí quiere resaltar una línea de continuidad en ciertas demandas, lo cual podría dar cuenta tanto de la persistencia de fallas en el sistema educativo, especialmente universitario, como de una memoria colectiva ligada al esta - mento estudiantil que suele…

p. 17
[26]

LA MANE Y EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL EN COLOMBIA AGENDAS, LUCHAS Y DESAFÍOS Andrés Felipe Mora Cortés Compilador LA MANE Y EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL EN COLOMBIA Andrés Felipe Mora Cortés Compilador Autores Mauricio Archila Neira Laura Isabel Buitrago Rodríguez José Abelardo Díaz Jaramillo Paulina Andrea Farfán Trujillo…

p. 1
2225 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 187, 1972 fragmentos
[25]

de la relación estu- diantes-fuerza pública, año tras año se engrosó la lista de mártires estu- diantiles y la memoria colectiva flaqueaba. El Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977 fue objeto de conmemoraciones impulsadas por las centrales obreras. que se realizaron hasta entrados los años 80, y los…

p. 197
[27]

a Colombia". que impulsó, a partir de octubre del mismo año, la campaña "Plebiscito para el plebiscito" con el fin de que se decidiera la reforma a la Constitu- ción de 1886 y la propuesta de la Séptima Papeleta para las elecciones de marzo de 1990. En ese mes el grupo se escindió y surgió el "Movimiento Estudiantil…

p. 187
23Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7281 fragmento
[28]

que muestra que la acción criminal encubierta se masificó. Hubo acciones en las que se identificó como responsables a grupos como la Triple A (Alianza Americana Anticomunista), que actuaba desde los años setenta, y MAS, a partir de 1982. En total, hubo al menos 339 crímenes contra universitarios en este periodo, de…

p. 728
24Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 801 fragmento
[29]

de la República”. 13 Solo en el segundo semestre de 1963 hicieron estallar unos 120 artefactos, algunos de alto valor simbólico (por la consigna de abstención electoral), pre- cisamente como el que dejaron en una curul del Salón Elíptico del Capitolio Nacional. (Ver figura II.1). El movimiento estudiantil sería, por…

p. 80
25Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1301 fragmento
[30]

Hasta los últimos meses de 1929 la pregunta parecía superflua. Sin embargo había síntomas ominosos. La di vis ión de la casa azul se ramificaba hacia la Iglesia. Si todos los párrocos y todos los purpurados luchaban por el alma de la nación, muchos también querían sus votos. Pero, ¿votar por quién? Pasado el pro- ceso…

p. 130
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 771 fragmento
[31]

de Memoria y Conflicto -CNMH. 165 Tableros CEV – Registro Único de Víctimas. Base de datos desplazamiento forzado Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoano 1958 -1977. 78 fiflćflTh fl. fl, fifl fl fl fi flfiflfl Borrero, y que reivindicaba la autonomía universitaria, la libertad de cátedra e inves- tigación…

p. 77
27Parar para avanzar. Crónica del movimiento estudiantil que paró a ColombiaSandra Borda · 2020 · p. 261 fragmento
[32]

crónica del movimiento estudiantil “desde adentro”. No quise que éste fuera un análisis académico, objetivo y desapasionado sobre un movimiento social, no quise construir una crítica devastadora dedicada a señalar sus contradicciones y falencias. Quería más bien un relato muy humano del movimiento estudiantil que…

p. 26
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 681 fragmento
[33]

no proporcionaba alternativas formales, el liderazgo del movimiento estudiantil fue buscando soluciones, según los modelos ideológicos disponibles. […] Por ello, fueron surgiendo públicamente, a lo largo de 1966, comunicaciones formales estudiantiles que apoyaban los movimientos armados del país, “como único medio…

p. 68
29La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 571 fragmento
[34]

su forma de operar y el despliegue en el territorio, tan- to como la relación con pobladores y los combates con estructuras paramilitares. 1.3.1 El ELN (Ejército de Liberación Nacional) El ELN ingresó a la zona norte del país a mediados de los setenta y se ubicó en la Serranía del Perijá: “Más o menos en lo que hoy…

p. 57
30La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 2161 fragmento
[35]

llevó a la inclusión de esta guerrilla en la lista de terroristas de la Unión Europea, impulsada por el mismo gobierno que había negociado con ellas por tres años, el término terrorista se hizo más usual para denominar a los guerrilleros. Era una especie de guerra semántica, en la que se descalifica al oponente a…

p. 216
31Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 151 fragmento
[36]

enemigos internos. Cuando la última guerra del siglo X I X terminó —la Guerra de los Mil Días, en 1903—, la doctrina dominante cerró toda posibilidad al reconocimiento del carácter político de la rebelión armada y envió a los rebeldes a las tinieblas del mundo ilegal, junto con los criminales y con los exaltados que…

p. 15
32La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 411 fragmento
[37]

de esta cláusula fue derogada por la Ley 599 de 2000, pero aun así los “delitos políticos” se tratan muy indulgentemente en Colombia. Estas cláusulas cementaban el equilibrio político descentralizado de Colombia y lo hacían al tolerar bastante violencia. También abrieron el sistema para crear mucho daño colateral.…

p. 41
33Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 161 fragmento
[38]

e incluir actos que los representantes del Estado cometen para apoyar el poder de grupos sociales dominantes, como cuando, sin atenerse a las reglas jurídicas aceptadas, expulsan a unos colonos de sus tierras o queman, como se hacía a fines del siglo XIX en Colombia, las viviendas de los campesinos o de antiguos…

p. 16
34Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 461 fragmento
[39]

Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…

p. 46
35Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 121 fragmento
[40]

de los grupos paramilitares con el problema agrario y el mundo rural; 2) la diversidad de vínculos con políticos –o “pa- rapolítica”– y funcionarios del Estado. Una vez puestas las piezas básicas del rompecabezas de lo que ha sido el paramilitarismo en Colombia, en la cuarta sección se realiza un ejercicio que, desde…

p. 12
36Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 981 fragmento
[41]

guerrilla. Uno de los rasgos más pronunciados de nuestro conflicto armado es su carácter prolongado en el tiempo. Si consideramos la totalidad de los conflictos armados activos actualmente en el mundo (Anexo 1), el colombiano es el más antiguo o, al menos, uno de los tres más antiguos del globo. 1 Todo depende de la…

p. 98
37¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 21 fragmento
[42]

31 Si no se habla, si no se escribe y no se cuenta, se olvida y poco a poco se va tapando bajo el miedo. La gente que vio el muerto se va olvidando y tiene miedo de hablar, así que llevamos un oscurantismo de años en el que nadie habla de eso [...] Como nadie habla de lo que pasó, nada ha pasado. Entonces bien, si…

p. 2
38La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3371 fragmento
[43]

que en otros países de América Latina, y no tiene, ni jamás ha tenido, el monopolio de la fuerza; por ello, en las zonas alejadas del centro institucional han surgido y florecen los grupos guerrilleros de izquierda, los grupos paramilitares y los narcotraficantes. Al no haber monopolio de la fuerza por parte del…

p. 337
39Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 401 fragmento
[44]

Aceh, Nepal y Sri Lanka), fue “la capacidad de sus mandos de reevaluar el pro pósito de la lucha, sus objetivos originales y el marco discursivo a la luz de un contexto en evolución”. Se trata de un hallazgo que contradice la creencia común en torno a la rigidez ideológica que caracterizaría p er se a los movimientos…

p. 40
40Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 211 fragmento
[45]

sino en simultánea con una democracia en funcionamiento. «Colombia es un orangután en sacoleva», había dicho en los años cincuenta el intelectual y político liberal Darío Echandía. Su apunte ha seguido siendo cierto hasta hoy. Este «orangután» de la violencia ha estado siempre vestido en el «sacoleva» de un régimen…

p. 21
41Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 521 fragmento
[46]

la información recolectada por el Cinep, institución que a partir de 1987 empieza a registrar y sistematizar todos los eventos del conflicto armado tomando como base fuentes de prensa de cobertura nacional y re- gional. Esa revisión se realizó en el Archivo de Bogotá, institución que actualmente custodia los registros…

p. 52
42Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 1631 fragmento
[47]

de las que se consideraban conductas ina- propiadas o desviadas sino a eliminar cualquier señal de re- sistencia o traición. En términos de la dinámica del con fl icto armado, esto se corresponde con el aumento de la competen- cia por el control entre guerrillas, paramilitares y Ejército. El tema de la información es,…

p. 163
43Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 231 fragmento
[48]

Memoria Histórica – cmh) y el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internaciona- les de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá – iepri. A esta versión se le hicieron reajustes, aclaraciones y precisiones, al igual que se le incorporaron varios soportes documentales y testi- moniales que habían sido…

p. 23
44Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 361 fragmento
[49]

en el que la imprecisión cuantitativa puede llegar a ser un poco menos crucial cuando el análisis es robustecido con miradas a largo plazo, identificando tendencias y comportamientos espaciales y temporales de las acciones violentas, así como una adecuada caracterización de los grupos analizados. El debate…

p. 36
45Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 2011 fragmento
[50]

Research. Cambridge: Harvard University. King, G. y C. Murray. 2000. Rethinking Human Security. Program on Humanitarian Policy and Conflict Research. Cambridge: Harvard University. Lahuerta, Y., J. Moreno y D. Quintero. 2008. “Un índice de criminalidad para Colombia”. Revista Criminalidad. Bogotá: 1(50): 37-58.…

p. 201
46Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 161 fragmento
[51]

sus luchas. En la medida en que algunos movimientos adquirieron visibilidad, se convirtie- ron en objeto de investigación. En el balance historiográfico que hicimos de la producción académica en torno al tema que nos convoca, constatábamos un incremento casi geométrico de pu- blicaciones hasta comienzos de los años…

p. 16
47Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 441 fragmento
[52]

dación de un régimen confesional. Las disposiciones constitucionales y concordatarias hicieron del catolicismo una pieza fundamental del andamiaje del Estado colombiano, lo que se vio reflejado de inme- diato en los planos educativo, moral, social y cultural. Además de su influencia en la sociedad y en el individuo,…

p. 44
48Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2652 fragmentos
[53]

par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…

p. 265
[54]

par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…

p. 265
49El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1941 fragmento
[55]

ó logos y la imposibilidad de contrastar la interpretaci ó n marxista de la realidad con otros esquemas te ó ricos, debido al enclaustramiento cultural del pa í s en aquella é poca. B á stenos recordar que hasta 1930 tanto la educaci ó n media como universitaria casi en su totalidad dominada por el pensamiento…

p. 194
50Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2141 fragmento
[56]

religión Católica, Apostólica, Romano es lo res ligión de la República. Es un debor del gobierno, en ejercicio del patro- mato de la Iglesia colombiana, prote- gerda y no tolerar el culto público de ninguna otras, Adquirió asíel Estado un carácter confesional y de intole- rancia hacia cualquier culto que no fuera el…

p. 214
51Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 2151 fragmento
[57]

observant of official Roman Catholicism are the rural and urban population groups of the Carib- bean and Pacific lowlands, where the presence of the institutional church is weakest. Moreover, because free unions and households headed by women tend to outnumber conventional family units in the lowlands, a formal Roman…

p. 215
52Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 fragmento
[58]

y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…

p. 38
53Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 141 fragmento
[59]

de este intento de síntesis, se han realizado investigaciones valiosas, particular- mente en Sevilla (España) bajo la orientación de don Luis Navarro García. Varias tesis de doctorado y algunas tesinas de lo que podría llamarse con propiedad escuela sevillana se han ocupado minuciosamente de algunos-te- xvi HISTORIA…

p. 14
54Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 11 fragmento
[60]

'■'i;' /.il, HA r/y I Universidad de I ' ] } l o s A n d e s Facultad de Administración Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Marco Palacios (Bogotá, 1944) es aboga do de la Universidad Libre de Colombia, hizo estudios de maestría en Estudios Orientales (área China) en…

p. 1
55Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 11 fragmento
[61]

SOCIOLOGY TRANSFORMED SERIES EDITORS: JOHN HOLMWOOD · STEPHEN TURNER Sociology in Colombia Janneth Aldana Cedeño Sociology Transformed Series Editors John Holmwood School of Sociology and Social Policy University of Nottingham Nottingham, UK Stephen Turner Department of Philosophy University of South Florida Tampa,…

p. 1
56El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 3981 fragmento
[62]

conjun- to. La noción que empleo está desarrollada en F. H. Cardoso y E. Faletto, Desarrollo y dependen- cia en América Latina, México, 1969, especialmente pp. 22-38; 42-48; 57-81; 109-115. En otra perspectiva analítica pero con un contenido similar, W. P. Glade, en su The Latin American Eco- nomies, a Study of their…

p. 398