Ensayo · Pre-independencia · 1780–1809
Los Comuneros de 1781
La insurrección comunera de 1781 fue la mayor revuelta popular del Virreinato de Nueva Granada antes de la Independencia, pero cada generación historiográfica la releyó según sus propias políticas de memoria: motín fiscal para los conservadores decimonónicos, proto-revolución popular para los nacionalistas del XX, movimiento ambivalente para la nueva historia social.
Orientación para entrar
La respuesta en breve
El detonante fue fiscal pero el desarrollo desbordó lo fiscal: las Capitulaciones de Zipaquirá incluyeron demandas de preferencia criolla en cargos oficiales, articuladas por miles de hombres armados a las puertas de Santafé, lo que constituía una exigencia de recomposición política. Sin embargo, el movimiento no proclamó la independencia y su fractura interna —entre la élite criolla que buscaba reacomodo institucional y los sectores populares que empujaban hacia cambios más profundos— quedó sellada con la ejecución de Galán en 1782, firmada por el propio Berbeo. La canonización posterior de Nariño frente al silenciamiento de los Comuneros revela el carácter de clase de la historia patria forjada en el siglo XIX: el letrado criollo resultaba un símbolo manejable; el mestizo descuartizado, no.
La historiografía conservadora del siglo XIX presentó el episodio como motín plebeyo canalizado por el arzobispo Caballero y Góngora, excluyendo a Galán de la genealogía nacional para sostener una narrativa criolla pacífica de la Independencia y elevar a Nariño como precursor solitario. El revisionismo nacionalista del XX invirtió la operación y convirtió a Galán en precursor popular, leyendo Zipaquirá como ensayo general de 1810; la izquierda armada llevó esa apropiación al extremo con el Frente José Antonio Galán del ELN. La nueva historia social de los años setenta y ochenta —Colmenares, Jaramillo Uribe, Phelan, McFarlane— cuestionó ambos relatos: rechazó la teleología independentista, señaló que la alianza comunera era coyuntural y sin identidad de posición entre sus integrantes, y advirtió que atribuir a comunidades rurales del San Jorge vínculos con la revuelta carecía de respaldo en la evidencia. El nudo sin resolver es si el programa de las Capitulaciones —reducción fiscal más preferencia criolla en la administración— constituye un proto-programa político coherente o simplemente el horizonte máximo de una élite provincial que negoció, cobró su corregimiento y firmó la sentencia de muerte del ala radical que ella misma había movilizado.
Ensayo completo
La lectura
¿Fueron los Comuneros de 1781 una protesta fiscal o un movimiento proto-revolucionario?
En marzo de 1781, en la villa del Socorro, una vendedora de plaza llamada Manuela Beltrán arrancó de la pared un bando que anunciaba nuevos impuestos, y con ese gesto se desató la mayor insurrección popular que conoció el Virreinato de la Nueva Granada antes de la Independencia. En los meses siguientes, un ejército de campesinos, artesanos, mestizos, indígenas y notables criollos marchó desde las provincias orientales hasta Zipaquirá, donde impuso a la Corona un pliego de treinta y cinco capitulaciones y detuvo su avance sobre Santafé a cambio de concesiones que el virrey desconocería apenas los rebeldes se dispersaron. La represión posterior, culminada con el descuartizamiento de José Antonio Galán el 1 de febrero de 1782, cerró el episodio con una sentencia que ordenaba literalmente borrar su memoria. Casi lo consiguió: durante un siglo entero, los Comuneros permanecieron en la sombra de una historia patria que prefirió como acto fundacional el gesto letrado de Antonio Nariño traduciendo los Derechos del Hombre en 1793.
¿Fue aquella insurrección una simple protesta tributaria o un movimiento proto-revolucionario? La pregunta atraviesa desde entonces las lecturas del episodio, y responderla obliga tanto a reconstruir lo que ocurrió en 1781 como a examinar por qué cada generación posterior lo contó de otro modo.
Qué se juega en la pregunta
La disputa sobre el sentido político de los Comuneros no es una discusión erudita: define quiénes son considerados fundadores de la nación colombiana y qué tipo de ruptura se supone que fue la Independencia. Si los Comuneros fueron un motín fiscal, la Independencia se entiende como un salto abrupto protagonizado por criollos ilustrados que leyeron a Rousseau en Bogotá; si fueron un movimiento con programa político y base social ancha, la Independencia deja de ser un acto letrado de 1810 y se convierte en el segundo tiempo de un ciclo insurreccional que llevaba tres décadas cocinándose desde las provincias.
La historia patria decimonónica, conservadora en su matriz y regeneracionista en su forma madura, eligió la primera versión y elevó a Nariño como precursor solitario. Los revisionismos nacionalistas del siglo XX rescataron la segunda y convirtieron a Galán en héroe popular. La nueva historia social, hacia fines de siglo, cuestionó ambos relatos y devolvió al episodio su ambigüedad de fondo. Detrás de cada lectura late una pregunta sobre quién tiene derecho a figurar en el panteón: el letrado criollo que tradujo un texto o el mestizo que fue descuartizado.
Fiscalidad borbónica y economía moral del Socorro
Para entender por qué el Socorro estalló hay que empezar por su economía. La región, en la actual Santander, era en 1781 el corazón textil del virreinato: producía lienzos, bayetas, colchas, paños de manos y algodón en rama que remitía a Santafé y Popayán por tierra y a Cartagena, Antioquia, Santa Marta y Riohacha por los puertos fluviales de Opón y Pedregal. Una estimación de la época cifraba en un millón de pesos el valor anual de los tejidos de algodón socorranos. La provincia se organizaba en parroquias densas, rodeadas de propietarios medianos y grandes, con una masa considerable de artesanos. El crecimiento demográfico de la población criolla en el oriente del virreinato, observado por los visitadores reales desde 1755, había producido para la década de 1780 una sociedad más numerosa, más educada y más consciente de sí misma que la de una simple periferia rural.
Sobre esa economía cayó, a fines de la década de 1770, la ofensiva fiscal borbónica. Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, nombrado regente visitador en 1778, ejecutó un programa que combinaba el restablecimiento del impuesto de la armada de Barlovento, la extensión de la alcabala a nuevos productos y aumentos sobre la sal, el tabaco, los textiles y el algodón. El objetivo era financiar los gastos militares de España, especialmente la guerra contra Inglaterra. Los estancos de tabaco y aguardiente, que ya representaban entre el 31% y el 32% de los ingresos fiscales del virreinato, se endurecieron: la administración real redujo los precios que pagaba a los campesinos cultivadores, subió los precios de venta al público y reprimió las siembras que llamaba ilegales. En términos de presión sobre la economía neogranadina en su conjunto, la carga tributaria pasó de rondar el 2,9% de la producción total en el periodo preborbónico a alcanzar en algún quinquenio entre 1761 y 1800 el 10,4%, y todavía se mantenía en 8,4% hacia 1810: casi cuadruplicó su peso relativo en dos generaciones.
Cada uno de esos gravámenes tocaba una fibra específica del tejido socorrano. El impuesto al algodón y a los textiles afectaba directamente al circuito productivo regional. El estanco del tabaco expropiaba a los pequeños cultivadores y encarecía el consumo. La alcabala mordía el comercio interior del que dependía la circulación interna centrada en Bogotá, el Socorro y Popayán. El estanco del aguardiente restringía una actividad que comerciantes y agricultores criollos consideraban legítimamente suya. La resistencia no nació de una queja abstracta contra los impuestos, sino de la defensa de un orden económico específico —el de una región textil, tabacalera y agrícola con circuitos propios— frente a un Estado que, en nombre de racionalizar la fiscalidad imperial, desmontaba las condiciones de posibilidad de esa economía. La convicción de que existen precios justos, cargas soportables y usos legítimos operaba en el Socorro de 1781 como código práctico compartido: era el criterio con el que artesanos, cultivadores y pequeños comerciantes juzgaban cada nueva medida.
De Manuela Beltrán a Zipaquirá
El 16 de marzo de 1781, cuando Manuela Beltrán arrancó el bando que anunciaba los nuevos tributos, la tensión ya estaba montada. La consigna "No queremos pagar la Armada de Barlovento" resume el humor de aquellas semanas: los rebeldes no cuestionaban al rey sino a los recaudadores, no repudiaban el orden colonial sino la nueva presión fiscal. La revuelta se extendió con rapidez por San Gil, Simacota, Charalá, Mogotes, Vélez, y pronto rebasó las provincias orientales. La élite socorrana, encabezada por Juan Francisco Berbeo, Salvador Plata, Antonio Monsalve y Francisco Rosillo, se sumó al movimiento popular y constituyó la junta del Común, alianza coyuntural con artesanos, pequeños propietarios y comerciantes que canalizó políticamente lo que había empezado como motín.
El ejército comunero, calculado en varias decenas de miles, avanzó hacia Santafé. En Zipaquirá, en junio de 1781, se detuvo. El virrey Manuel Antonio Flórez, refugiado en Cartagena, había comisionado al arzobispo Antonio Caballero y Góngora para negociar. Las Capitulaciones que allí se firmaron, treinta y cinco artículos, incluían reducciones a la alcabala, ajustes al precio del aguardiente, condiciones sobre la sal, la supresión de la armada de Barlovento y demandas de preferencia para los criollos en los cargos oficiales. Su idea medular era la justicia distributiva: no la igualdad abstracta que estaba proclamando por esos años el racionalismo ilustrado, sino una distribución diferenciada de las cargas fiscales según capacidad y condición. Aquí el episodio empieza a desbordar la pura queja tributaria: pedir preferencia criolla en la administración era pedir una recomposición del poder colonial, y hacerlo con un ejército armado a las puertas de la capital era, quisiéranlo o no sus firmantes, un acto político mayor.
Y sin embargo, el techo político estaba puesto desde dentro. Berbeo negoció, firmó y con la desmovilización recibió el nombramiento de corregidor con un sueldo anual de mil pesos. La élite socorrana obtuvo lo que buscaba, descompresión fiscal y espacio institucional, y desactivó la insurrección. El virrey, apenas llegaron los refuerzos militares de Cartagena, improbó las Capitulaciones alegando que habían sido negociadas bajo amenaza de violencia. Caballero y Góngora, que había firmado en Zipaquirá como componedor, cargaría durante su gobierno virreinal posterior con el peso político de ese papel.
Solo un jefe rechazó el pacto desde el principio: José Antonio Galán, capitán mestizo que consideraba las Capitulaciones aprobadas demasiado rápido y no creía en las promesas del arzobispo. Galán intentó reactivar la marcha sobre Santafé, convocó una nueva movilización para el 15 de octubre, pero fue aprehendido dos días antes cerca de Onzaga junto con nueve compañeros. Conducido a Santafé, juzgado y condenado a muerte con Molina, Alcantuz y Ortiz, fue ejecutado el 1 de febrero de 1782. La sentencia, ahorcamiento, decapitación, descuartizamiento, dispuso que su cabeza fuera enviada a Guaduas, la mano derecha al Socorro, la izquierda a San Gil, el pie derecho a Charalá y el izquierdo a Mogotes. Ordenó además declarar infame su descendencia, confiscar sus bienes, asolar su casa y sembrarla de sal, "para dar olvido a su infame nombre y acabar con tan detestable memoria". El documento fue suscrito por los auditores de Santa Fe, por el arzobispo Caballero y Góngora y por el corregidor Juan Francisco Berbeo.
Esa firma cruzada condensa el episodio. El principal negociador civil de las Capitulaciones y el principal negociador eclesiástico convergieron con la Real Audiencia en la represión final del ala radical del movimiento que ellos mismos habían encabezado. La fractura interna de la insurrección, entre la élite criolla que buscaba reacomodo institucional y los sectores populares que empujaban hacia una recomposición más profunda, quedó sellada con sangre.
Los términos del debate
Sobre ese esqueleto de hechos se levantaron lecturas sucesivas. La versión conservadora del siglo XIX, hegemónica en la historia oficial, presentó el episodio como motín fiscal: un desborde plebeyo canalizado con habilidad por el arzobispo y disciplinado por la justicia real. Esa lectura tenía una función política precisa. La narrativa conservadora, floreciente en la segunda mitad del XIX y consagrada por la Regeneración, necesitaba contar la Independencia como una transición ordenada dentro de una tradición hispánica y católica, y no podía admitir en su genealogía un antecedente insurreccional armado, mestizo, descuartizado en la plaza pública. Los relatos de la época pintaron el pasado colonial como un tiempo de derechos respetados y avance gradual, contrastado con la agitación republicana; los manuales escolares trazaron una línea de continuidad con la herencia española que la Regeneración promovía. En ese marco, Galán no cabía. Nariño sí: letrado, criollo, propietario, autor de una traducción culta de los Derechos del Hombre en 1793, un gesto individual, textual, disciplinado, susceptible de ser convertido en símbolo sin peligro social.
La lectura nacionalista del siglo XX invirtió la operación. Los revisionismos de los años treinta, en pleno cambio de hegemonía política, empezaron a incorporar al pueblo como sujeto de la nación, y Galán ascendió a precursor popular. El episodio fue releído como capítulo temprano de una lucha social continua; el primer texto historiográfico importante sobre los comuneros, publicado en 1880, había abierto ya en clave liberal esa recuperación, señalando que la insurrección no había sido bien estudiada hasta entonces. Sobre esa base se construyó a lo largo del siglo XX un relato en el que Zipaquirá aparecía como ensayo general de 1810 y Galán como Bolívar avant la lettre. La izquierda armada de fines de siglo llevó la operación al extremo: el ELN denominó "Frente José Antonio Galán" a una de sus estructuras, adoptando explícitamente la figura del comunero descuartizado como símbolo de lucha contemporánea.
La nueva historia social, hacia los años setenta y ochenta, cuestionó ambos relatos. Rechazó tomar la vida del Estado como punto de partida y denunció que las historias fundacionales de la República habían funcionado como "cárcel historiográfica", cerrando los caminos de investigación a la infinitud de los hechos sociales. Para esta corriente, el siglo XVIII manifestaba explícitamente conflictos antes larvados que ningún análisis podía soslayar, y eso incluía leer los Comuneros como episodio dentro de una historia social más ancha que sus figuras heroicas. En paralelo, otras lecturas vincularon 1781 con dinámicas de resistencia rural en la costa y con figuras momposinas, pero pusieron también el freno interpretativo más severo: la rebelión no podía catalogarse como subversión fundamental, porque el esfuerzo de Galán fue sofocado en su cuna sin lograr impacto de entidad en la sociedad colonial. Investigaciones posteriores, ya en los años noventa, criticarían esa misma extensión geográfica del comunerismo por atribuir a comunidades rurales del San Jorge —campesinos de Ayapel, indígenas de Jegua— vínculos con la revuelta que la evidencia no soportaba, y por omitir que en ambos casos la resistencia se desactivó tras la intervención del sacerdote local.
El peso de los hechos
Los hechos, examinados sin la presión de encajarlos en una u otra genealogía, sugieren cuatro cosas.
El detonante fue fiscal pero el desarrollo desbordó lo fiscal. Las Capitulaciones incluyeron demandas de preferencia criolla en cargos oficiales, y esa exigencia, articulada por miles de hombres armados a las puertas de la capital, era una demanda de recomposición política, no una queja tributaria.
El movimiento fue socialmente amplio y transitoriamente convergente. Criollos, mestizos, indígenas, mulatos pobres, artesanos, pequeños propietarios y comerciantes coincidieron en la junta del Común, aunque sin identidad de posición entre sus integrantes. Los mulatos pobres, especialmente expuestos al hostigamiento de los recolectores de impuestos, aportaron un componente de resentimiento que las élites negociadoras no compartían.
El movimiento no proclamó la independencia. Sus demandas se centraban en revertir las medidas fiscales y obtener preferencia criolla en la administración. Los comuneros expresaron el deseo de que el gobierno real tuviera una cara más criolla, lo que representaba un paso hacia un sentimiento nacionalista pero distaba del grito de independencia. Y sin embargo, la circulación atlántica de la noticia obliga a matizar esa negación: en la "cédula del lego fray Ciríaco de Arcila", pregonada el 30 de marzo de 1781 en el Socorro, se percibe el eco de los levantamientos de México y de Túpac Amaru en el Perú, y en algunos pueblos de la región se invocó el nombre del "rebelde Tupamaro" para movilizar a la población. Que noticias del Cuzco insurgente llegaran al Socorro en semanas, y de que se usaran políticamente, indica que 1781 no fue un accidente local sino la expresión neogranadina de una agitación andina y atlántica más amplia. Francisco de Miranda lo entendió así una década más tarde, cuando incluyó en su expediente para el gobierno británico tanto la narración de la sublevación comunera del Socorro como una "Relación detallada de todo lo que sucedió en la revolución de Cuzco", presentándolas juntas como prueba de que los suramericanos estaban listos para la revolución. Una voz de la época llegó a calificar 1781 como año "cabalístico y antitiránico" por la simultaneidad de ambos movimientos.
El potencial rupturista fue neutralizado desde dentro. La firma de Berbeo en la sentencia de muerte de Galán es el documento más elocuente de esa neutralización: el jefe que negoció en Zipaquirá, ya convertido en corregidor con sueldo de mil pesos, avaló el descuartizamiento del jefe que no aceptó negociar. La élite socorrana no fue víctima de la represión; fue, en su ala moderada, coautora de ella. Ese dato, incómodo para la lectura nacionalista e invisibilizado por la conservadora, es lo que dificulta clasificar el episodio.
La respuesta
Los Comuneros de 1781 no fueron una mera protesta fiscal, pero tampoco un movimiento proto-revolucionario en el sentido pleno que las lecturas nacionalistas quisieron atribuirles. Fueron un movimiento con contenido político real —programa distributivo articulado en las Capitulaciones, demanda de recomposición del poder colonial, movilización armada masiva, radicalización galanista— cuyo alcance transformador fue abortado por la fractura interna entre la élite negociadora criolla y los sectores populares mestizos e indígenas que empujaban más lejos. Ese aborto no fue coyuntural: expresa una limitación estructural de la insurrección, que reunió transitoriamente a actores de posiciones sociales muy distintas sin construir entre ellos una identidad de intereses que les permitiera sostener el pulso una vez que la Corona ofreció concesiones parciales a los de arriba. Lo que las lecturas posteriores han oscilado entre magnificar y minimizar es un potencial que existió y que el propio movimiento no logró desplegar.
La operación que canonizó a Nariño y marginó a Galán fue, en su origen decimonónico, una operación de clase: eligió como precursor al criollo letrado que había traducido un texto y silenció al mestizo que había marchado sobre Santafé al frente de un ejército. La traducción de los Derechos del Hombre en 1793 era manejable como símbolo, individual, textual, susceptible de ser leída como gesto ilustrado dentro de una tradición cultivada; el descuartizamiento de Galán en 1782 era, en cambio, un recordatorio de que la ruptura anticolonial podía tener otros protagonistas y otras formas. La historia patria conservadora, forjada en el ambiente de la Regeneración, no podía admitir esa alternativa sin comprometer su narrativa de continuidad con la herencia hispánica, y por eso la sentencia contra Galán, que ordenaba explícitamente dar olvido a su infame nombre, se cumplió mejor en los libros que en la memoria popular. La gesta comunera permaneció en la sombra durante casi un siglo, hasta que la relectura liberal de 1880 empezó a rescatarla, y solo con los revisionismos del siglo XX y la nueva historia social recobró densidad interpretativa.
Cada relectura sirvió a la urgencia del presente que la produjo: la liberal decimonónica lo usó para criticar el centralismo, monopolismo y fiscalismo del Estado español y de la Iglesia coloniales; la nacionalista del XX lo convirtió en prehistoria del pueblo colombiano; la insurgencia armada de fines de siglo lo adoptó como símbolo de lucha continua; la nueva historia social, más cautelosa, insistió en la ambivalencia del episodio, en las alianzas coyunturales sin identidad de posición, en la ausencia de un horizonte independentista explícito, en la desactivación por la vía del pacto elitista. Todas dicen tanto del momento que las produjo como del hecho que interpretan. Hubo un contenido político desbordante y hubo también una domesticación interna del mismo, y la historia patria del XIX prefirió no ver ni lo uno ni lo otro porque necesitaba una genealogía distinta.
Queda, sobre todo, la pregunta de qué habría pasado si la marcha comunera no se hubiera detenido en Zipaquirá; si Berbeo hubiera roto con la élite y seguido a Galán; si el ejército comunero hubiera tomado Santafé en junio de 1781. Es una pregunta contrafactual, y su sola formulación indica lo que estaba en juego. Los Comuneros no hicieron la revolución, pero pudieron haberla intentado, y el hecho de que no la intentaran —porque una parte de sus jefes prefirió el pacto y otra parte fue descuartizada por ello— es el dato central que ninguna lectura posterior ha logrado incorporar sin proyectar sobre el episodio, más que reconstruirlo, las políticas de memoria de su propio tiempo.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
39 documentos · 51 fragmentos de referencia01Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2351 fragmento
[1]deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…
p. 235
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 fragmento
[2]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…
p. 231
03Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 fragmento
[3]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
04Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 651 fragmento
[4]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 792 fragmentos
[5]la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…
p. 79
[6]la misma metrópoli. Si ella quería beneficiarse de la situación debía permitir el intercambio sin cortapisas de la creciente pro- ducción de virreinatos y capitanías. La liberación del comercio entre España y América obedeció a consideraciones similares. La rebaja general de aranceles pro- mulgada en 1776 cuadruplicó…
p. 79
06Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 132, 1392 fragmentos
[7]de exportación del palo de tinte y el de la quina, de corta duración. Estos estancos o monopolios, especialmente el de aguardientes y tabaco, fueron el blanco de las mayores críticas, porque restaban campos de actividad a comerciantes y agricultores, que estaban en capacidad de hacer inversiones y explotar por su…
p. 139
[12]y lanares, o al contado, y del Socorro recoge lienzos, bayetas, colchas y otras piezas útiles. El Socorro. Remite a todo el reino algodones en rama “con pepita y sin ella”, lienzos, paños de manos, colchas y otras piezas útiles. A Santa Fe y Popayán se envían por tierra, a Cartagena, Antioquia, Santa Marta y Riohacha…
p. 132
07Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 fragmentos
[8]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[9]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…
p. 28
08The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1991 fragmento
[10]stipends. Attentive to such misery, then, the total and annual contribution for the Indians shall remain at four pesos, and at two pesos for the mulattoes; priests shall not charge for rights or gratuities on baptisms, burials or weddings, nor require them to name an official for their holy days; if no participant…
p. 199
09Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 fragmento
[11]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…
p. 108
10Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 1701 fragmento
[13]([C-19], pág. 20) da cuenta de una estimación del valor de los tejidos de algodón en la región del Socorro en la época del levantamiento de los Comuneros: un millón de pesos. No dice de dónde lo hubo. 171 Iíndicers t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 Se puede afirmar que en el periodo final de la Colonia la Nueva…
p. 170
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 87, 902 fragmentos
[14]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…
p. 90
[19]pesinos y comerciantes arrancaron los avisos de las nuevas reglas de impuestos. Las protestas crecieron con rapidez y poco a poco fueron incorporando a los notables locales de todo el oriente y se extendie ron a los llanos orientales. En decenas de pueblos se formaron gru pos de gente del “ com ú n ” que se un í an y…
p. 87
12Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1701 fragmento
[15]y el intercambio de alimentos y otros productos agrícolas del interior, que incluía productos de climas más cálidos como el tabaco y el algodón, tuvo una influencia decisiva en la economía interna del país, mucho más que el comercio transatlántico. Las ciudades portuarias de Cartagena y Portobello (hoy en Panamá) eran…
p. 170
13Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 356, 5612 fragmentos
[16]est á tico o posi blemente disminu í a, seg ú n pudieron observarlo para la parte orien tal del virreinato los visitadores reales a partir de 1755. Tal creci miento significaba una mayor participaci ó n de los criollos en los problemas p ú blicos y un mayor grado de conciencia pol í tica y social 29 Relaciones,…
p. 356
[51]é dula ” del lego fray Ci r í aco de Arcila", hermano de un capit á n de los comuneros de Simacota. Estos ú ltimos versos exaltaron a los rebeldes; seg ú n el historiador Manuel Brice ñ o, fueron pregonados en los lugares m á s p ú blicos del Socorro el d í a 30 de marzo de 1781, ante los habi tantes reunidos al son…
p. 561
14Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2071 fragmento
[17]la escena. E! gesto de Manuela Beltran comunico su propia audacia a la ira contenida de la multitud y millares de gentes hicieron sentir, entonces, el terrible poder de un pueblo enfurecido. »Los almacenes de los estancos fueron asaltados; los funcionarios perseguidos por las calles y sus casas convertidas en objeto…
p. 207
15Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 95, 982 fragmentos
[18]el rey, pero no queremos pagar la Armada de Barlovento!» El alcalde prometió que participaría al cabildo sobre los reclamos de los reunidos para informar al visitador. La muchedumbre no le prestó aten- ción y una vendedora de la plaza, Manuela Bel- trán, rompió el edicto donde se hallaba fijado el impuesto. Como…
p. 95
[23]del Socorro. En esta pro- vincia, entre el 20 de por el arzobispo Caballero y Góngora, que se ha- llaba de visita en la región, no apoyó las preten- siones del pueblo. Galán, que había llegado a Mogotes el 2 de septiembre, pertenecía al bando de quienes no creían en las promesas del arzobispo de hacer cumplir las…
p. 98
16Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 441 fragmento
[20]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…
p. 44
17Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 126, 1282 fragmentos
[21]Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…
p. 126
[33]u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…
p. 128
1830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 131 fragmento
[22]se inició el retorno de los comuneros a sus pueblos. Berbeo fue nombrado corregidor, con un sueldo anual de mil pesos. José Antonio Galán no aceptó las negociaciones, pues le parecía que habían sido aprobadas muy rápido. El tiempo acabó por darle la razón. El virrey, que estaba en Cartagena para prevenir un ataque de…
p. 13
19Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 131 fragmento
[24]incorporado previamente en el habitas (Bourdieu, 1999b: 21). Hábito e ideología criolla... 9 Debido al proceso de expropiación de los privilegios criollos, acelerado con la visita general de 1776 y encaminado a desestimular la formación de vínculos entre ellos y los peninsulares, se desencadenó u n a creciente…
p. 13
20Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1011 fragmento
[25]la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…
p. 101
21Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4051 fragmento
[26]su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes. Declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sem- brada de sal, para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detesta- ble memoria, sin que quede otra que…
p. 405
22Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 731 fragmento
[27]en esta obra de pintura-ficción no se oye —o si se oye se desatiende— el ruido de las pisadas de los comuneros que, diez años antes de su estallido, ya comenzaban a volverse perceptibles. El primero de febrero de 1782 un hombre es arrancado a golpes de la cárcel, arrastrado por el suelo, llevado hasta el lugar donde…
p. 73
23La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 981 fragmento
[28]evaluación de las cosas, dentro de la pers - pectiva general de la civilización occidental. 99 D e la subversión y la finali D a D histórica 5. Subversión y Frustración en el Siglo XIX La paz hispana se mantiene por tres centurias hasta prin - cipios del siglo XIX, sin que hubiera surgido mientras tanto ninguna…
p. 98
24Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 51, 562 fragmentos
[29]el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…
p. 51
[50]navíos que harían falta para la expedi - ción, la lista de los comisarios hispanoamericanos y una Relación detallada de todo lo que sucedió en la revolución de Cuzco, en el año de 1781, con la fuerza de las tropas regulares, milicias, artillería, etc., que componían los dos ejércitos opuestos. Se trataba del…
p. 56
25Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 2301 fragmento
[30]reunían; suponiendo órdenes del rebelde Tupamaro —Tupac-Amaru— 5 y queriéndo - les dar a entender que todos se hallaban exentos de tribu - tos y que habían cesado las contribuciones de diezmos y obligación de cumplir con los preceptos eclesiásticos, para esto, y como el principal motor y cabeza fue un vecino llamado…
p. 230
26Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 9041 fragmento
[31]por la propia organización en noviembre de 1985. 259 Óscar Castaño, El guerrillero y el político, Ricardo Lara Parada, Bogotá, Oveja Negra, 1984, p. 61. 260 Nombre en homenaje al líder de la insurrección de los comuneros de 1781, encabezada por José Antonio Galán. Capturado, fue condenado a la pena de muerte y al…
p. 904
27Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1611 fragmento
[32]a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…
p. 161
28El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3981 fragmento
[34]llevaban y llevan los españoles en la propia sangre. Con esta exposición de lo que fue un sistema feu- dal teocrático-absolutista culpamos menos a un determi- nado pueblo civilizador que a la totalidad de una época. Diversos levantamientos de mayor o menor magni- tud, como el de los Comuneros del año 1781 en Colombia,…
p. 398
29El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 1951 fragmento
[35]pág. 79. 196 Jíndi Jícídneer Ucnsi gravamen sale del peculio del rico» 127. Y la Constitución del Estado Soberano de Antioquia dirá que «ningún hom- bre, ninguna clase, corporación o asociación de hombres puede, ni debe ser más gravada por la ley, que el resto de los ciudadanos» 128. En esta forma, en ambos casos se…
p. 195
30Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 8, 134 fragmentos
[36]27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…
p. 1
[39]hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…
p. 13
[43]a la corrección de los detalles la posibilidad de una labor crítica de su empresa historiográfica […]. Aun para sus contradictores, la de José Manuel Restrepo ha constituido hasta ahora un repertorio fijo e Historia inalterable de los hechos, susceptible solo de reacomodarse en una interpretación diferente. Esta es…
p. 8
[48]79 Capítulo III Los revisionismos históricos: el momento de los años treinta Un autor no especializado se dirige a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Eduardo Galeano en (1971) Las venas abiertas de…
p. 1
31Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2011 fragmento
[37]progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…
p. 201
32Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 fragmento
[38]a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…
p. 63
33Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2931 fragmento
[40]the peasants of Ayapel’’ in and ‘‘the sedition of the ‘Indians’ of Jegua’’ in . Although these cases show the ability of two rural communities—one mostly of African de- Notes to Pages – scent, the other, indigenous—to resist abuse by the representatives of Spain, Fals presents no evidence that they…
p. 293
34Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2931 fragmento
[41]the peasants of Ayapel’’ in and ‘‘the sedition of the ‘Indians’ of Jegua’’ in . Although these cases show the ability of two rural communities—one mostly of African de- Notes to Pages – scent, the other, indigenous—to resist abuse by the representatives of Spain, Fals presents no evidence that they…
p. 293
35Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 186, 1882 fragmentos
[42]Reino de Granada en el siglo XVIII (1713-1740) Germán Colmenares Consideraciones metodológicas L a primera y gran tentación de los historiado- res ha sido la interpretación de la vida del Estado. Pero este tipo de empresa ha tenido siempre un doble riesgo. Por un lado, su aparien- cia de facilidad en la descripción de…
p. 186
[49]cada vez diferente. Bien es cierto que el his- toriador puede verse constreñido en muchos ca- sos por la relativa abundancia de fuentes de un cierto tipo. Pero la abundancia o escasez de fuentes no es el resultado de un puro azar. El nivel en que se dan contradicciones y conflictos puede ser diferente. Ni tampoco es…
p. 188
36Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2381 fragmento
[44]Villabona. Ya no eran sólo indígenas ni tampoco estaban sometidos a reglas especiales. El sistema del concierto se había abierto para incluir a rodas las personas, con el fin de emplearlas a cambio de un salario. Eran en esencia jornaleros, genre sin distinción de todas las razas y sus mezclas, que vendían su fuerza…
p. 238
37La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 1921 fragmento
[45]Pablo de Olavide, 2018, 3 vols. Martins, Amilcar y Robert B. Martins, “Slavery in a Nonexport Economy: Nineteenth Century Minas Gerais Revisted”, Hispanic American Historical Review, 63, 3, Aug. 1983, pp. 566-582. McD Beckles, Hilary, The First Black Slave Society. Britain’s “Barbarity Time” in Barbados, 1636-1876,…
p. 192
38Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 2141 fragmento
[46]con la gestion de la hambruna como arma de guerra en la Rusia sovietica, por ejemplo en Ucrania en los anos 1930. 111. Sobre estos momentos dramaticos, vease Fernando BARRIGA DEL DIESTRO, Finanzas de Nuestra Primera Independencia. Apuntes económicos, financieros y numismáticos. Bogota, Academia Colombiana de Historia,…
p. 214
39Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 2141 fragmento
[47]con la gestion de la hambruna como arma de guerra en la Rusia sovietica, por ejemplo en Ucrania en los anos 1930. 111. Sobre estos momentos dramaticos, vease Fernando BARRIGA DEL DIESTRO, Finanzas de Nuestra Primera Independencia. Apuntes económicos, financieros y numismáticos. Bogota, Academia Colombiana de Historia,…
p. 214