Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Hecho histórico · Colonia · 1600–1780

Instauración borbónica y reorganización del gobierno neogranadino (1700–1720)

Tras la muerte de Carlos II y el ascenso de Felipe V de Borbón, la Nueva Granada vivió entre 1700 y 1720 un ciclo de bloqueo comercial inglés, hundimiento de galeones, contrabando, fraude minero criollo y el primer ensayo virreinal en Santafé, decretado en 1717 y suprimido en 1724, que condensa la tensión entre una monarquía que quiere reformarse desde arriba y una colonia que se reorganiza a su propio ritmo.

Instauración borbónica y reorganización del gobierno neogranadino (1700–1720)
1700–1720
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1700–1720
Dónde
Popayán, Quito, Panamá, Tunja, Valle del Cauca, Sabana de Bogotá, Antioquia, Chocó, Nueva Granada, Madrid, Santafé de Bogotá, Cartagena de Indias
Protagonistas
Carlos II de España, Felipe V de Borbón, Luis XIV de Francia, Jorge de Villalonga, Antonio de la Pedrosa y Guerrero, Antonio Ignacio de Meneses y Bravo de Saravia, Diego Córdoba Lasso de la Vega, Francisco Meneses Bravo de Saravia, José de Zúñiga, Familia Mosquera (Popayán), Francisco de Arboleda, Bernardo Alfonso de Saa
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Muerte sin descendencia de Carlos II en 1700 y entrega del trono a Felipe V de Borbón, nieto de Luis XIV, lo que desencadenó la Guerra de Sucesión Española (1700–1713) y la intervención francesa en todos los asuntos del imperio español.
  2. Bloqueo inglés del comercio atlántico durante la guerra: los ingleses impidieron el tráfico regular de la Flota de los Galeones, hundieron el galeón San José frente a Cartagena y asfixiaron el abastecimiento de la colonia.
  3. El Tratado de Utrecht (1713) debilitó a España en territorios y control ultramarino, otorgó a Inglaterra el Asiento de Negros y el navío de permiso, y abrió una vía legal para el contrabando sistemático en las costas americanas.
  4. Colapso secular de la producción aurífera neogranadina —de dos millones de pesos a casi nada hacia 1700— y la necesidad borbónica de reactivar las rentas coloniales mediante una administración más eficaz.
  5. Disfunción institucional crónica de la Audiencia de Santafé: disensión interna entre oidores, conflictos entre autoridades civiles y eclesiásticas, corrupción estructural de la burocracia y captura del poder regional por oligarquías criollas que controlaban simultáneamente minas, haciendas y cargos de gobierno.
1700–1720Instauración borbónica y reorganización del gobierno neogranadino (1700–1720)

Consecuencias

  1. Creación en 1717 del Virreinato de Nueva Granada con capital en Santafé de Bogotá, primera manifestación borbónica de fortalecimiento administrativo en el norte de Sudamérica, y nombramiento de Jorge de Villalonga como primer virrey formal en 1719.
  2. Supresión del virreinato en 1724 por recomendación del propio Villalonga, quien argumentó la escasa infraestructura y la pobreza de la colonia, devolviendo la autoridad al presidente de la Audiencia y evidenciando los límites reales de la reforma borbónica en esta etapa.
  3. Consolidación del contrabando inglés como circuito estructural del Caribe neogranadino: el Asiento de Negros y el navío de permiso reconfiguró el mapa mercantil de Cartagena de forma que ninguna reforma posterior pudo ignorar, con gobernadores implicados en juicios de residencia por comercio ilegal entre 1711 y 1718.
  4. Aceleración de la recuperación minera en Popayán y el Chocó mediante la introducción masiva de mano de obra esclava, con la producción de la provincia pasando de 286.300 pesos (1680–1684) a 533.710 pesos (1725–1729), pero bajo un régimen de fraude fiscal protagonizado por las mismas élites criollas que gobernaban el territorio.
  5. Supresión del carácter hereditario de las encomiendas en 1718 y sustitución del encomendero por el corregidor de indios como recaudador del tributo, transformando las formas de extracción colonial sobre la población indígena organizada en resguardos.
  6. Consolidación de las redes familiares criollas como poder real del territorio: el caso de Popayán ilustra cómo los mismos propietarios de cuadrillas esclavizadas gobernaban las provincias mineras y controlaban la contabilidad del quinto real, fusionando poder económico y administrativo en un mismo apellido.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El período 1700–1720 es el momento en que la Nueva Granada deja de ser una colonia habsburga y empieza a ser, muy lentamente, una colonia borbónica: el primer virreinato de Santafé, aunque efímero, fija el modelo institucional que se consolidará definitivamente en 1739 y que durará hasta la Independencia. Al mismo tiempo, la combinación de bloqueo inglés, Asiento de Negros y contrabando estructural revela que el verdadero orden colonial no era el que describían los decretos reales sino el que negociaban cotidianamente las élites criollas, los funcionarios corruptos y los comerciantes extranjeros en los puertos del Caribe. Entender este período es entender por qué las reformas borbónicas del siglo XVIII encontraron una resistencia tan tenaz: no combatían abusos aislados, sino un sistema de poder arraigado en el parentesco, la geografía y la economía real del territorio.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Instauración borbónica y reorganización del gobierno neogranadino (1700-1720)

El primero de noviembre de 1700 murió en Madrid Carlos II de Habsburgo sin descendencia, y con él se cerró en España una dinastía de dos siglos. Su testamento entregó la corona a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, que reinaría como Felipe V y abriría la casa de Borbón en el trono español. Lo que para las cortes europeas fue el detonante de una guerra de sucesión de trece años, para la Audiencia de Santafé —cabeza jurisdiccional del Nuevo Reino de Granada— fue el inicio de un ciclo de veinte años en que la lejana crisis dinástica se decantó como bloqueo comercial, hundimiento de galeones, contrabando inglés, fraude minero de las élites criollas y, finalmente, como el primer intento de erigir un virreinato propio en Santafé. Ese ensayo administrativo, decretado en 1717 y suprimido en 1724, condensa el arco del período: una monarquía que quiere reformarse desde arriba y una colonia cuyas estructuras reales —hacienda, cuadrilla minera, resguardo, red familiar criolla— se han venido reorganizando a su propio ritmo, sin esperar decretos.

A la vuelta del siglo, la Nueva Granada era una geografía de fragmentos apenas cosidos por el río Magdalena. Santafé de Bogotá presidía la Audiencia desde la sabana; Cartagena de Indias, el puerto fortificado del Caribe, era la puerta del imperio y el punto donde la Flota de los Galeones descargaba las mercancías destinadas a Tierra Firme y recogía la plata del Perú antes de emprender el retorno. Popayán, hacia el suroccidente, gobernaba el arco del oro aluvial que se extendía del Chocó al valle del Cauca. Quito, Panamá, Tunja y Antioquia completaban el tablero de gobernaciones y corregimientos que la Audiencia debía —en teoría— coordinar.

La economía que Felipe V heredó en este rincón del imperio venía de un largo hundimiento. La producción de oro neogranadino, que a principios del siglo XVII rondaba los dos millones de pesos plata, había caído a casi nada hacia 1700: un colapso de casi un siglo asociado al desplome demográfico indígena, al agotamiento de los yacimientos superficiales y a la desarticulación del comercio. Pero tras esa curva descendente ya despuntaba otra. Desde la década de 1680, la provincia de Popayán mostraba una recuperación sostenida: los quintos reales pasaron de 286.300 pesos en el quinquenio 1680-1684 a 533.710 pesos en 1725-1729. Esa recuperación, silenciosa y protagonizada por cuadrillas de esclavos negros aportados por comerciantes cartageneros, sería el fondo económico real sobre el que se desplegarían las reformas borbónicas del período.

A esa dinámica minera se sumaba, desde 1690, un fenómeno demográfico decisivo: la rápida reproducción de mestizos, negros y mulatos empezó a compensar la casi extinción de la población indígena de conquista. La sociedad colonial dejaba atrás el binario español-indio del siglo XVI y se convertía en un mosaico de castas donde el mestizo libre, el mulato de hacienda y el zambo de ciénaga configuraban una masa poblacional que ya no encajaba en las viejas categorías tributarias. Los resguardos —esa institución concebida para agrupar a los indígenas sobrevivientes en tierras comunitarias bajo tutela real— arrastraban un problema estructural desde su origen: los indios reunidos en ellos provenían de linajes distintos, no se resignaban a la pérdida de sus tierras originarias y tendían a abandonarlos. En 1718 se suprimió el carácter hereditario de las encomiendas, y el corregidor de indios terminó sustituyendo al viejo encomendero del siglo XVI como recaudador del tributo con destino a la Corona.

En el plano institucional, la Audiencia de Santafé llegaba a 1700 desgarrada por su disensión interna. Cada oidor veía a sus colegas como rivales y se apoyaba en su facción clientelar; los conflictos de competencia entre oidores y presidentes, y entre autoridades civiles y eclesiásticas, eran constantes en un régimen que no conocía la separación de poderes. Los arzobispos y obispos chocaban con las órdenes religiosas —dominicos, franciscanos, agustinos, jesuitas—, cuyo poder social, político y cultural las hacía tan indispensables como difíciles de gobernar. En un escalón intermedio, una red de funcionarios criollos —fiscales, escribanos, empleados de cajas reales— se integraba socialmente a las oligarquías locales, tejiendo el vínculo entre la burocracia real y las familias que dominaban la vida económica de cada provincia.

La sucesión de Felipe V no fue pacífica. Las potencias europeas —Inglaterra, las Provincias Unidas, el Sacro Imperio— vieron en la unión potencial de las coronas francesa y española una amenaza continental y formaron la Gran Alianza para oponerse a los Borbones. Aunque Felipe V terminó renunciando al trono francés ante las presiones diplomáticas, Luis XIV se convirtió en el poder real de la monarquía española e intervino en todos los aspectos —diplomáticos, políticos, comerciales, militares— del imperio de su nieto. Ese entrelazamiento franco-español desencadenó la Guerra de Sucesión Española, que se prolongaría entre 1700 y 1713.

En la Nueva Granada, la guerra se sintió sobre todo como asfixia. Los ingleses impidieron el comercio regular entre España y Tierra Firme, bloqueando el flujo de la Flota de los Galeones que había sido la arteria del sistema atlántico desde mediados del siglo XVI. Durante los años del conflicto llegó a América una sola flota, y los ingleses la atacaron. En esa acción se hundió el galeón San José frente a Cartagena, cargado con un enorme tesoro de plata peruana destinado a financiar el esfuerzo bélico de Felipe V. La pérdida material fue inmensa; el mensaje simbólico, aún mayor: el sistema de convoyes que había sostenido la conexión imperial durante siglo y medio ya no garantizaba nada.

Con Cartagena convertida en puerto de espera, el desabastecimiento empujó a la colonia hacia dos salidas complementarias. Por un lado, hacia el mercado interior: la producción del Socorro, la Sabana de Bogotá, el altiplano tunjano y el valle del Cauca se orientó a suplir lo que ya no llegaba de Sevilla. Por otro, hacia el contrabando, que dejó de ser excepción para convertirse en circuito. Los ingleses, holandeses y franceses que rondaban las costas del Caribe encontraron mercado abundante entre comerciantes de Mompox, Cartagena, Santa Marta y Riohacha.

El Tratado de Utrecht, firmado en 1713, cerró la guerra en Europa pero abrió una etapa más difícil en América. Felipe V quedó confirmado en el trono, pero España tuvo que hacer concesiones que erosionarían durante décadas su capacidad de controlar el comercio ultramarino. La central para el Caribe neogranadino fue el Asiento de Negros: Inglaterra recibió el derecho exclusivo de abastecer de esclavos africanos a las Indias españolas, incluyendo el derecho de acompañar los buques negreros con un "navío de permiso" o buque de abastecimientos. Ese navío autorizado se convirtió en la puerta legal por la que se filtraron cargamentos enteros de contrabando, y en la coartada bajo la cual los ingleses patrocinaron abiertamente la piratería, el tráfico humano y el comercio ilegal a lo largo de las costas americanas. España salió de Utrecht debilitada en territorios y en control, y perdiendo poder frente a Inglaterra.

Para Cartagena, la nueva paz fue una guerra por otros medios. El puerto, que en teoría concentraba el monopolio del tráfico legal, pasó a convivir con circuitos paralelos donde los mismos gobernadores encargados de reprimir el contrabando terminaban implicados en él. Gobernadores como José de Zúñiga afrontaron juicios de residencia relacionados con estas prácticas, y entre 1711 y 1718 se acumularon expedientes sobre conflictos vinculados al comercio ilegal, con Mompox como nodo problemático río arriba. La combinación de Asiento inglés, navío de permiso y complicidad local reconfiguró el mapa mercantil de la jurisdicción de Cartagena de forma tan profunda que ninguna reforma administrativa posterior podría ignorarla.

Mientras el Caribe se rehacía como frontera imperial disputada, en el suroccidente se consolidaba otra economía. La recuperación del oro de Popayán, iniciada en los años 1680, se aceleró en las primeras décadas del siglo XVIII gracias a la introducción sostenida de mano de obra esclava. Cartagena era la boca del sistema: entre 1698 y abril de 1700, apenas antes de la muerte de Carlos II, se registraron en el puerto 1.763 esclavos vendidos a 425 compradores, un promedio de cuatro esclavos por comprador. Predominaban las ventas individuales, propias de un mercado donde apenas empezaba la formación de las cuadrillas mineras y donde la demanda venía tanto de haciendas como de yacimientos.

Los compradores no siempre eran cartageneros. Muchos procedían de Mompox, Honda, Santafé, Antioquia y Popayán, en algunos casos actuando por encargo de terceros. Ciudades como Popayán, Medellín y Rionegro hicieron su fortuna precisamente con la internación de mercancías y esclavos hacia los reales de minas del Chocó, Rionegro y Santa Rosa: entre todos los rubros comerciales, el de esclavos negros era el más lucrativo, aunque el comercio de ropas de Castilla también tuvo gran relevancia.

El resultado fue una transformación del paisaje humano y productivo del occidente. En las tierras bajas del Pacífico, los esclavos africanos y sus descendientes fueron ocupando el lugar de la población indígena diezmada hasta convertirse en la fuerza de trabajo predominante, especialmente en las minas. Pero la asignación de esa mano de obra no operaba bajo un mercado libre. La Corona reorganizaba a los sobrevivientes indígenas en resguardos y regulaba administrativamente su distribución; la mita seguía movilizando indios para el transporte de leña, la boga en el Magdalena, el acarreo de personas y mercancías a hombros, las obras públicas y el trabajo en minas fiscales de plata como Las Lajas de Ibagué y Vetas y La Montuosa de Pamplona. La escasez extrema de trabajadores hacía que dueños de minas y haciendas se los disputaran, lo que en teoría podía mejorar sus condiciones, pero la intervención administrativa mantenía la asignación fuera del arbitrio del mercado.

Sobre esta base laboral híbrida —indios de resguardo mitayados, esclavos negros en cuadrilla, mestizos y mulatos libres empleados como concertados— se levantó la hacienda que definiría el orden rural colonial tardío. No era todavía la unidad plantacionaria del siglo XVIII maduro, pero ya combinaba tierras comunales despojadas, mano de obra multiétnica y producción para mercados regionales. Su expansión sobre montes, ciénagas y sabanas, y la deforestación asociada a las minas de oro aluvial —que exigían mover ríos enteros de cauce—, imprimieron sobre el territorio una huella ecológica cuyos efectos apenas comenzaban a acumularse.

Al margen de ese orden, o más bien en sus intersticios, crecían las poblaciones libres de color. En el Caribe se multiplicaron las rochelas, asentamientos ilegales establecidos en bosques, cerros, ciénagas y riberas de ríos, poblados por descendientes de esclavos fugitivos, indígenas no conquistados, desertores y gentes que escapaban del control colonial; hacia la década de 1770 vivirían allí unas 60.000 personas, pero su formación venía de décadas atrás. En el occidente, los palenques desafiaban abiertamente la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados regulares y constituían un reto tácito al influjo de los hacendados. Su relación con las haciendas vecinas fue casi siempre violenta, aunque en casos excepcionales, como los de Amaime y El Bolo en el valle del Cauca, llegó a haber convivencia armónica. Los palenques se sostenían con cultivos propios, caza, pesca y algún trato con las haciendas.

En el hueco entre la Corona lejana y las poblaciones dispersas y móviles, quien realmente gobernaba eran las redes familiares criollas. El parentesco, más que la riqueza, definía el acceso a la élite: las familias del Nuevo Reino unían la herencia de la Conquista, la riqueza material y el entronque con funcionarios reales en redes amplias de consanguinidad que perdurarían como forma principal de poder hasta el siglo XIX. Los comerciantes españoles inmigrantes se integraban a esas élites por matrimonio; sus hijos, educados para la Iglesia o el derecho, rara vez continuaban en el comercio de sus padres.

El caso de Popayán en las primeras dos décadas del siglo XVIII muestra el mecanismo con nitidez. Los hermanos Mosquera, Francisco de Arboleda, Bernardo Alfonso de Saa, Miguel Gómez de la Asperilla y Agustín de Valencia —todos propietarios de esclavos negros dedicados al laboreo de las minas de oro— ejercieron, cada uno a su turno, el gobierno delegado de la provincia del Chocó. Es decir: los mismos hombres cuyas cuadrillas trabajaban los ríos auríferos gobernaban el territorio donde estaban esos ríos, y por tanto fiscalizaban la fundición y el quinto real. El fraude en la explotación de las riquezas aluviales alcanzó proporciones escandalosas. Cada Mosquera y cada Arboleda que rotaba en el gobierno del Chocó era, al mismo tiempo, uno de los principales interesados en que la contabilidad real subestimara la producción.

En los grupos de poder regional más exitosos, la combinación de ingresos procedentes de propiedades urbanas, agrarias, minas, obrajes, actividades comerciales y cargos administrativos era posible precisamente gracias a esas redes familiares. La política y la economía no formaban dos esferas separadas; el mismo apellido cubría ambas. El equilibrio entre las exigencias de la Corona y la influencia no institucionalizada de estas oligarquías era perpetuamente inestable, y en cada coyuntura de reforma se renegociaba.

Los oficiales reales y clérigos, por su parte, se vinculaban rutinariamente al comercio aprovechando privilegios como la exención del almojarifazgo para importaciones personales, lo que los situaba en posición ventajosa para participar en empresas especulativas. La corrupción era estructural: los bajos salarios de la burocracia colonial incentivaban el abuso entre corregidores, recaudadores, escribanos y funcionarios menores, cuya falta de alicientes legítimos empujaba al fraude. El criollo intermedio no era un contrapoder de las élites: era su prolongación administrativa. Sobre este tejido se inscribió, tarde y mal, el proyecto reformista borbónico.

La idea de crear un virreinato en Santafé no era nueva —se venía discutiendo desde el siglo XVII—, pero fue la conjunción de la disfunción interna y la vulnerabilidad atlántica revelada por Utrecht la que la volvió urgente. La Audiencia estaba paralizada por el faccionalismo; las cajas reales de Popayán, Cartagena y Antioquia recaudaban una fracción de lo que la producción real permitía; el contrabando post-Utrecht convertía a Cartagena en un puerto que sangraba plata por sus costados; y la amenaza de futuras guerras con Inglaterra, ahora que el Asiento la había instalado dentro del sistema, obligaba a pensar en una autoridad militar capaz de coordinar la defensa desde Cartagena hasta Panamá y Quito.

En 1717 la Corona decretó la erección del Virreinato del Nuevo Reino de Granada, con capital en Santafé de Bogotá y jurisdicción sobre el occidente del actual territorio colombiano y buena parte de los territorios adyacentes. La creación fue la primera manifestación borbónica de fortalecimiento de la administración colonial en Sudamérica septentrional, anterior a las grandes reformas de mediados de siglo.

La preparación institucional del nuevo virreinato recayó en Antonio Ignacio de la Pedrosa y Guerrero, enviado como comisionado regio para organizar el terreno antes de la llegada del titular. Pedrosa aterrizó en una Audiencia dividida, con oidores enfrentados y con élites locales acostumbradas a operar sin supervisión estrecha. Sus informes eran duros con los criollos: en los conflictos que estallaron durante su gestión —incluyendo un episodio de levantamiento contra la Audiencia— tendió a culpabilizar a las redes criollas locales, en particular a los Flórez y sus allegados, por la agitación política.

En 1719 llegó el primer virrey formal, Jorge de Villalonga, militar de carrera cuya visión del territorio y de sus habitantes chocaría de inmediato con la de Pedrosa. Donde Pedrosa veía criollos díscolos capaces de conspirar contra la autoridad real, Villalonga veía "habitantes muy sumisos" incapaces, a su juicio, de haber protagonizado el golpe. La rivalidad entre ambos —personal e institucional— se convirtió en emblema de la disfunción que el virreinato había venido a corregir: dos funcionarios reales, enviados para reformar el gobierno, se pasaron buena parte del período diagnosticando de manera opuesta el mismo problema.

La noticia de la erección del virreinato llegó tarde a Cartagena —apenas en septiembre de 1719—, y el Cabildo cartagenero reaccionó con velocidad para reclamar que la capital debía ser su ciudad y no Santafé. El argumento era geopolítico y no carecía de fundamento: el eje del virreinato, sostenían los regidores, debía ser el Caribe por necesidades de defensa imperial. Utrecht había demostrado que la amenaza venía del mar, no del interior; Cartagena era el punto de contacto con el sistema atlántico, la sede de la Flota, el puerto fortificado que había resistido asedios ingleses y holandeses; Santafé, encaramada a 2.600 metros sobre la sabana, quedaba a semanas de camino del frente real. El memorial cartagenero no prosperó, pero su diagnóstico —que colocar la capital lejos del Caribe era un error estratégico— quedó anotado.

Villalonga gobernó menos de cinco años. Su balance del virreinato fue negativo: recomendó su supresión argumentando la escasa infraestructura de la colonia y la pobreza general del territorio, insuficientes para sostener el aparato virreinal. En 1724 la Corona atendió la recomendación y suprimió el virreinato, devolviendo la autoridad administrativa al presidente de la Audiencia de Santafé.

La creación del virreinato en 1717 respondió, en primer lugar, al colapso de la gobernabilidad interior. Una Audiencia dividida por facciones, unas provincias mineras capturadas por sus propias élites, unas cajas reales que recaudaban una fracción de lo que producían minas y haciendas: los reformadores borbónicos venían denunciando el problema desde décadas atrás y era su argumento principal, pues la administración colonial heredada de los Habsburgo había perdido cualquier capacidad de disciplinar a los poderes locales. La supresión del carácter hereditario de las encomiendas, decretada en 1718 en paralelo a la organización del virreinato, buscaba lo mismo: recuperar para la Corona palancas de gobierno que habían pasado, de facto, a manos de las oligarquías criollas.

En segundo lugar, la creación respondió a la nueva vulnerabilidad atlántica. La guerra de 1700-1713 había mostrado que la Flota podía interrumpirse durante años; Utrecht, que Inglaterra podía instalarse en el sistema imperial español por vía legal —el Asiento— y usar esa posición para minar el comercio y la soberanía. La memoria del San José hundido en 1708 pesaba sobre cualquier planeador imperial. Un virreinato con capacidad de mando militar unificada sobre Cartagena, Panamá, Quito y Popayán era una necesidad estratégica.

Pero las dos fuerzas que empujaron su creación fueron insuficientes para sostenerlo. Villalonga argumentó pobreza e infraestructura escasa, y en eso había verdad: el virreinato exigía recursos que las cajas neogranadinas —minadas por el fraude y por el contrabando— no generaban en cantidad suficiente. Más profundamente, el aparato virreinal chocó con las mismas estructuras que había venido a reformar. Las redes familiares criollas de Popayán no cedieron el gobierno del Chocó; los circuitos del contrabando de Cartagena y Mompox no se desmontaron con la llegada de un virrey; los conflictos entre oidores y virrey se sumaron a los que ya existían entre oidores entre sí. La reforma administrativa se disolvió sobre una base social que la absorbió sin dejarse alterar.

Las consecuencias inmediatas de la supresión de 1724 fueron limitadas: el presidente de la Audiencia recuperó la autoridad y las cosas volvieron, en apariencia, al orden anterior. Pero el ensayo de 1717-1724 dejó tres huellas de largo plazo. Primera, un diagnóstico operativo que la Corona conservaría en sus archivos y que se reactivaría veinte años después, cuando el virreinato fuera restablecido de forma definitiva en 1739 para sostenerse hasta la Independencia. Segunda, la evidencia de que el problema colonial no era administrativo sino estructural: mientras las élites criollas mantuvieran el control de las provincias mineras y del comercio interior, cualquier reforma llegada de Madrid se negociaría en los términos locales. Tercera, la constatación de que el Caribe era una frontera imperial ya perdida en parte: el contrabando inglés y holandés, instalado por el Asiento y por las complicidades de gobernadores y comerciantes, no volvería a controlarse plenamente.

Bajo la secuencia administrativa —muerte de Carlos II, guerra, Utrecht, virreinato, supresión— corrían transformaciones más lentas y más decisivas, que ninguna caja real registraba y que ningún oidor sabía medir. La recuperación demográfica iniciada en 1690 cambió para siempre la composición de la sociedad colonial; los resguardos, concebidos como recinto del indio tributario, se vaciaban al paso de sus habitantes hacia haciendas y minas; las castas libres crecían al margen de cualquier registro fiscal. Cuando Villalonga argumentó pobreza para justificar la supresión del virreinato, describía la superficie fiscal de una colonia cuya economía real se le escapaba entre los dedos.

Esa economía real tenía nombres propios. Los Mosquera y los Arboleda no eran solo funcionarios corruptos: eran los agentes que controlaban las cuadrillas, las tierras y los circuitos comerciales del oro payanés. Los palenques del occidente y las rochelas del Caribe representaban el envés del mismo movimiento: poblaciones que se sustraían al orden colonial no por rebelión política sino por desplazamiento territorial, ocupando bosques, ciénagas y montes donde ni la hacienda ni el resguardo alcanzaban. Cuando entre 1816 y 1820 reapareciera en la Provincia de Cartagena, ya al final del dominio español, el problema documentado de las deserciones, fugas, cimarronajes, rochelas y uniones libres, sería el mismo fenómeno cuya raíz venía de estas décadas iniciales del siglo XVIII.

La instauración borbónica en la Nueva Granada no fue un cambio de bandera dinástica. Fue el momento en que la monarquía española reconoció, tarde y a regañadientes, que su imperio americano había dejado de gobernarse desde Madrid. La creación del Virreinato de Nueva Granada en 1717 y su supresión en 1724 son la primera prueba —hecha y fallida— de un método reformista que la Corona ensayaría medio siglo después con más recursos y más determinación. Su fracaso no fue accidente ni error personal de Villalonga: el poder colonial real había crecido hasta un punto en que ningún decreto podía disciplinarlo sin transformarlo de raíz.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

26 documentos · 35 fragmentos
01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 86, 1102 citas
[1]d a 1 1 3 conflictos intestinos. En el ám bito eclesiástico, los arzobispos y obispos chocaban frecuentem ente con las órdenes religiosas. Del lado civil, la A udiencia se desga rraba p o r la disensión interna; cada oidor veía a sus colegas com o rivales, y cada uno se ap o y ab a en su p ro p ia facción clientelar.…p. 110
[24]e establecim iento de ciudades españolas y hatos ganaderos en el A lto M agdalena desde las prim eras décadas del siglo xvii y la m ás lim itada penetración en los Llanos O rientales d espués de 1660, se extendió bastante el área bajo control español. E l o c c i d e n t e En el lapso transcurrido entre fines del…p. 86
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 881 cita
[2](1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…p. 88
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 376, 3872 citas
[3]de C á rdenas y contra algunos personajes menores, comerciantes y propietarios. El oidor aspiraba al menos a que la causa no se con virtiera en alg ú n enredo inextrincable como (é l mismo lo dec í a) hab í a ocurrido con muchasotras en Indias. El organizador del virreinato, Antonio de la Pedroza y Gue rrero, se…p. 387
[11]abstracci ó n 392 ESTADO, ADMINISTRACION Y VIDA POL Í TICA de sus funciones ideales, para comprender la verdadera naturaleza de sus actuaciones. Finalmente, existe un nivel menos estudiado y mucho m á s problem á tico: el de las instancias puramente locales de poder, el de un equilibrio perpetuamente inestable entre…p. 376
04Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 176, 1942 citas
[4]Factores de la vida política colonial: el Nuevo Reino de Granada en el siglo XVIII (1713-1740) 201 gena apenas en septiembre de 1719. Los carta- generos se apresuraron a representar las conve- niencias de que la cabeza del virreinato funcio- nara en esa ciudad. Sus argumentos se ajustaban a las preocupaciones de la…p. 194
[14]y de lo mucho que a ellas ocurre, y el que siempre han tenido los alcaldes ordinarios que han ma- nejado la Hacienda en estos lugares retirados, como que lo hacen por un año, sin sueldo y entre sus compatriotas. Pero es menester soste- ner a los puestos y a los que se pusieren; porque es mucho lo que los hacen padecer…p. 176
05Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2281 cita
[5]la Nueva Granada. José Prieto de Salazar adquiere el cargo de tesorero de la Casa de Moneda de Santafé. Supresión del carácter he- reditario de las encomiendas. 1719 Jorge de Villalonga, nombrado primer virrey de la Nueva Granada. Juan de Herrera: Lamenta- ciones de tinieblas. 1720 Se decreta que el impuesto de…p. 228
06Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 541 cita
[6]Villalonga, recomendó suprimirlo, en vista de su escasa infraestructura. Era la colonia más pobre del Imperio español. De virreinato volvió a hablarse tiempo después, cuando la poderosa armada inglesa intentó tomarse Cartagena en 1741, hambrienta por colonizar Sur- américa. La Corona española reforzó las defensas de…p. 54
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 77, 802 citas
[7]n fue fabuloso: 10 millones de pesos y como Pointis no lo reparti ó a los piratas, é stos volvieron y saquea ron otra vez la ciudad. 84 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA En el siglo xvm las relaciones con Inglaterra alternaron periodos de paz y contrabando con periodos de guerra, ataques militares y m á s contrabando.…p. 80
[26]el Nuevo Reino. Estas familias un í an la heren cia de la Conquista y la riqueza con el entronque con funcionarios reales y creaban redes muy amplias de consanguinidad, que perdu raron como una de las formas principales de poder en el siglo xix. As í, los criollos se blanqueaban al unirse con espa ñ oles sin sospecha…p. 77
08Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2391 cita
[8]se pensaba que Felipe también accedería al trono francés en remplazo de Luis XIV formando así una potencia desestabilizadora en Europa. Finalmente, Felipe asumió el trono de España con el nombre de Felipe V y ante las presiones europeas renunció al trono francés pero su abuelo Luis XIV se convirtió en el poder real en…p. 239
09Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 831 cita
[9]conquista armada acordada con Carlos II en 1690, excepto que, al terciar el nuevo siglo, se había sentido un cambio en el ambiente Estas tendencias hacia la superioridad del varón y la [C J simultánea cosificación y domesticidad de la mujer pueden ilustrarse también con la conducta del grupo de colonos del Sinú que…p. 83
10La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 191 cita
[10]de los primeros de propiedad de la Corona española. Por su puerto salía rumbo a La Habana, Cuba, y de allí a España, la gran Flota de los Galeones, cargada de fantásticas toneladas de oro y plata. Se ha escrito bastante sobre esta caravana de imponentes barcos que surcó el mar Caribe a lo largo de dos siglos,…p. 19
11Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 2871 cita
[12]división de poderes, los con - flictos de competencia entre autoridades coloniales eran cons - tantes, particularmente, entre oidores y virreyes 19. La primera instancia de un proceso era presidida por los alcaldes ordina - rios. Sólo para delitos graves se enviaba un juez comisionado, quien abría el proceso, ordenaba…p. 287
12Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 120, 433, 4503 citas
[13]directamente desde Sevilla; la vinculación de Alavis con un funcionario gubernamental refleja el entusiasmo generalizado por el comercio entre quienes poseían un ca- pital que les permitiera formar parte del mismo. Los encomenderos y los oficiales reales con frecuencia se vinculaban al comercio ya fuera comprando…p. 433
[23]vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…p. 120
[27]política dentro de sus comunidades, puesto que llegaron a ser regido- res de cabildos y se conectaron con la sociedad criolla, lo que les permitió ser nombrados en los gobiernos locales. Al integrarse en las sociedades provincianas por medio del 285 Archivo Central del Cauca, 1763, libro capitular, tomo 23, folios…p. 450
13Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 50, 562 citas
[15]determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…p. 50
[16]Kfiídficnerst Posiblemente la producción de oro fue entre la mitad y un tercio mayor de la acuñada (Sharp, 1976) ya que así se eva- día el impuesto del quinto — 20 % del producto— y se financiaba el contrabando, que por esa misma razón sería reducido progresivamente hasta alcanzar un 3 % del valor de la producción…p. 56
14Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3561 cita
[17]las riquezas aluviales de la provincia, aunque ya se había comenzado su explotación. A comienzos del siglo XVin se encuen tran allí algunos personajes muy conocidos en Popayán. Entre ellos, los hermanos Mosquera, Francisco de Arboleda, Bernardo Alfonso de Saa, Miguel Gómez de la Asperilla y Agustín de Valencia,…p. 356
15Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 621 cita
[18]asientos partidas de más de veinte esclavos. Una proporción considerable se vendía en Cartagena por piezas sueltas a quienes los empleaban en transportes, haciendas o servicio do- méstico. Muchos comerciantes en ropas de castilla (o mercaderes de la carrera) viajaban con algunos esclavos que buscaban colocar en las…p. 62
16Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 791 cita
[19]en los consumos que le valieron el nombre de “Pamplonita la loca”, la ciudad entró en un período de larga decadencia. Poblados como Vitoria o Guamocó podían desaparecer sin dejar rastro o convertirse en sombras. Durante el siglo xvi1 ciudades como Popayán, Medellín y Rionegro hicieron su fortuna con la internación de…p. 79
17Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1791 cita
[20]hecha en 1731 y 1745, en la persona de Juan Bautista de Mier y la Torre, ya considerado como benemérito vecino y propietario, y además como buen compinche chapetón. EXPANSIÓN DEL RÉGIMEN SEÑORIAL 92B Cartagena que quedara libre de cargos sobre el particular en sus juicios de residencia 12/. 2. Importancia y sentido…p. 179
18Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1701 cita
[21]y el intercambio de alimentos y otros productos agrícolas del interior, que incluía productos de climas más cálidos como el tabaco y el algodón, tuvo una influencia decisiva en la economía interna del país, mucho más que el comercio transatlántico. Las ciudades portuarias de Cartagena y Portobello (hoy en Panamá) eran…p. 170
19Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 931 cita
[22]77 Along the tropical fertile lands that surrounded the network of rivers in Caribbean New Granada lived tens of thousands of free people of colour, including indigenous peoples that the Spanish 73 AGI, Santa Fe, 1063. 74 AGI, Santa Fe, 1063. 75 AGI, Santa Fe, 1063. 76 AGI, Santa Fe, 1063. 77 Morales, “Manumission of…p. 93
20Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 651 cita
[25]forzado de la población indígena, la mano de obra esclavizada —importada de África— se convirtió en fuerza de trabajo cada vez más numerosa, conviviendo con formas de trabajo asalariado 20. La combinación de ingresos procedentes de pro - piedades urbanas, propiedades agrarias, minas, obrajes, la incursión en…p. 65
21Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1, 102 citas
[28]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…p. 1
[29]Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…p. 10
22Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 11 cita
[30]89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…p. 1
23Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 441 cita
[31]sentido cultural—, o para fines de utilidad general: mitas para el transporte de leña, para obras públicas; y —lo que en un tiempo fue particularmente opresivo— para el transporte de perso- nas y mercancías a hombros, para la boga en el Magdalena 5, y para el trabajo de las minas de plata de propiedad fiscal de Las…p. 44
24Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2282 citas
[32]normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…p. 228
[33]normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…p. 228
25Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
[34]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…p. 13
26Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1041 cita
[35]for less than a quarter of New Granada's total of roughly 1.4 million inhabitants. This change naturally reflected both the expansion of other demographic groups and the drastic fall in Amerindian num- bers as a result of European diseases, mistreatment, and the wide- spread disruption of traditional lifestyles. In…p. 104