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Hecho histórico · Regeneración · 1886–1929

Los ferrocarriles colombianos y la modernización infraestructural (1885–1910)

Entre 1885 y 1910 Colombia pasó de 236 a 875 kilómetros de vía férrea, impulsada en gran medida por el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros. El resultado no fue una red nacional sino un archipiélago de líneas cortas, con trochas incompatibles y trazados centrífugos diseñados para exportar, no para integrar el país.

Los ferrocarriles colombianos y la modernización infraestructural (1885–1910)
1885–1910
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1885–1910
Protagonistas
Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Rafael Reyes, Francisco Javier Cisneros, José María Campo Serrano, Gobierno nacional de Colombia
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La herencia de un sistema de transporte preindustrial basado en cargadores humanos y mulas, con fletes de 22 a 60 centavos por tonelada-kilómetro frente a 1,25 centavos en Estados Unidos, hacía imposible integrar mercados regionales y exportar productos competitivos.
  2. La topografía andina —tres cordilleras, valles profundos, páramos superiores a 3.000 metros y ríos no navegables en toda su extensión— separaba físicamente las regiones y encarecía cualquier obra de infraestructura.
  3. El proyecto político de la Regeneración (Constitución de 1886) buscaba desmantelar las aduanas internas del federalismo radical y construir un espacio económico unificado, lo que requería infraestructura de transporte como condición material.
  4. La expansión de la economía cafetera generó una demanda creciente de transporte barato y confiable para sacar el grano desde las zonas de cultivo hasta los puertos de exportación, convirtiendo el ferrocarril en una necesidad económica urgente.
  5. La debilidad fiscal del Estado y la carencia de capitales nacionales obligaron a recurrir a contratistas y casas financieras extranjeras, cuya disponibilidad condicionó el ritmo y la forma de la construcción.
1885–1910Los ferrocarriles colombianos y la modernización infraestructural (1885–1910)

Consecuencias

  1. La red ferroviaria pasó de 236 kilómetros en 1885 a 875 kilómetros en 1910, reduciendo costos y tiempos de transporte en los corredores servidos y articulando las principales zonas exportadoras con los puertos marítimos y el río Magdalena.
  2. Barranquilla consolidó su posición como principal puerto del país gracias al ferrocarril de Sabanilla (1870), desplazando a Cartagena y Santa Marta, lo que reconfiguró la jerarquía urbana y comercial de la costa Caribe.
  3. El sistema resultante fue un archipiélago de líneas cortas con trochas incompatibles y lógica centrífuga —cada línea hacia su puerto, ninguna conectando regiones interiores entre sí—, lo que perpetuó la fragmentación del mercado interno que se pretendía superar.
  4. La fórmula financiera de subsidio estatal por kilómetro más capital privado extranjero se consolidó como matriz de la política de infraestructura, creando dependencia estructural del capital foráneo y dejando al Estado sin control técnico ni estándares nacionales unificados.
  5. El Ferrocarril de Antioquia, al abrir los valles del Nus y el Porce, contribuyó a retener población en la región y a articular la colonización antioqueña con la economía cafetera, aunque las principales zonas cafeteras del sureste antioqueño no recibieron servicio ferroviario hasta 1917–1918.
  6. La Guerra de los Mil Días (1899) interrumpió la construcción, destruyó infraestructura y retrasó el programa ferroviario, evidenciando la vulnerabilidad de la modernización material ante la inestabilidad política.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La expansión ferroviaria de 1885 a 1910 es el momento en que Colombia intentó resolver materialmente su problema geográfico más antiguo, y el modo en que lo hizo —fragmentario, exportador, dependiente del capital extranjero y sin estándares técnicos unificados— prefiguró las limitaciones del desarrollo económico colombiano durante todo el siglo XX. La figura de Cisneros encarna la paradoja central: un agente externo que construyó más infraestructura que cualquier institución nacional, pero cuya lógica de contratista privado reprodujo la desintegración que el Estado decía querer superar. El archipiélago ferroviario que quedó en 1910 no fue un fracaso accidental sino el resultado coherente de las condiciones estructurales —fiscales, topográficas, políticas— en que se intentó la modernización.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Los ferrocarriles colombianos entre 1885 y 1910

Entre la instauración de la Regeneración en 1885 y el fin del Quinquenio de Rafael Reyes en 1909, Colombia pasó de contar con unos 236 kilómetros de vía férrea a tener cerca de 875. La cifra es modesta comparada con la de cualquier país vecino, pero encierra el intento más sostenido de la República por saldar su vieja deuda con la geografía. En esos veinticinco años se contrataron, empezaron, paralizaron y reanudaron casi todas las líneas que después definirían el mapa ferroviario colombiano: las de Antioquia, La Dorada, Girardot, Cauca, Cúcuta, Santa Marta, Calamar. La mayor parte de esos tramos llevó la firma, la ingeniería o el capital gestionado por un solo hombre, el cubano Francisco Javier Cisneros, o por la red de contratistas y casas extranjeras a la que estuvo asociado. Al final del período, lo construido no formaba una red nacional sino un archipiélago de líneas cortas, con trochas incompatibles y trazados centrífugos: cada una diseñada para sacar carga hacia un puerto marítimo o hacia el río Magdalena, ninguna concebida para unir el país consigo mismo. Esa forma —fragmentaria, exportadora, dependiente del río— es la que este artículo reconstruye.

El país sin rieles: caminos de mulas, cargueros y fletes imposibles

Para entender lo que significó el ferrocarril en Colombia hay que empezar por lo que había antes, y lo que había antes era, en muchos tramos, casi nada. A mediados del siglo XIX, buena parte de las principales rutas terrestres del país debía transitarse a lomo de cargador humano —los tercios—, porque el estado de los caminos no admitía siquiera el paso de mulas. En épocas lluviosas, muchos senderos resultaban intransitables incluso para esos cargadores; los propietarios de recuas se negaban a aceptar carga en invierno por el riesgo que corrían los animales. En las cordilleras, trasladar a una persona ciento cincuenta kilómetros sobre una tarima cargada al hombro de decenas de hombres se consideraba una proeza de ingeniería.

Los fletes traducían esa fricción en cifras. El transporte de mula oscilaba entre 22 y 34 centavos por tonelada-kilómetro en verano, y se duplicaba —entre 40 y 60 centavos— en estaciones de lluvia o cuando las guerras civiles hacían escasear las bestias. En Estados Unidos, por los mismos años, canales y ferrocarriles habían abatido el costo a cerca de 1,25 centavos por tonelada-kilómetro. La brecha era de un orden de magnitud, y explicaba por qué Colombia importaba caro, exportaba poco y comerciaba internamente aún menos. El camino entre Honda y Bogotá —uno de los más transitados, pues unía el puerto fluvial principal con la capital— arrancaba quejas amargas a viajeros y a la clase alta que lo padecía: en el mejor de los casos era un abrupto camino de mulas; en el peor, un lodazal impracticable.

La consecuencia estructural saltaba a la vista. Colombia, hacia mediados del siglo XIX, tenía una sola ciudad con más de 30.000 habitantes —Bogotá— y una constelación dispersa de pueblos medianos y pequeños incomunicados entre sí. Ir de Bogotá a Medellín, de Cúcuta a Popayán o de Cali a Buenaventura podía tomar semanas a caballo o a pie. El relieve andino, con sus tres cordilleras y sus valles profundos, no separaba solo territorios: separaba mercados, monedas, dialectos y clases dirigentes. La navegación a vapor por el Magdalena, introducida décadas antes, había reducido los costos fluviales mucho antes de que se abarataran los terrestres, lo cual condicionó desde temprano a que los primeros productos de exportación —tabaco, quina, luego café— se cultivaran cerca del río o de sus tributarios. El país que iba a construir ferrocarriles entre 1885 y 1910 era, en rigor, un país cuya economía interior ya estaba organizada alrededor de una sola arteria líquida y de sus puertos de embarque.

A esa herencia se sumaba un antecedente jurídico incómodo. En 1847 se había firmado, con aprobación unánime del Congreso, el contrato De Francisco-Klein para construir un ferrocarril transístmico por Panamá. El presidente Tomás Cipriano de Mosquera lo declaró caduco un año después por incumplimiento de la Compañía de Panamá, y desde entonces el episodio quedó como precedente sospechoso de las concesiones ferroviarias que vendrían. La lección tácita —que los contratos con capitales extranjeros podían salirse de las manos del Estado— se guardaría, sin ser aprendida del todo, para las décadas siguientes.

Cisneros: el ingeniero que construyó el archipiélago

Ninguna figura resume mejor la expansión ferroviaria del período que Francisco Javier Cisneros. Ingeniero cubano formado en el mundo norteamericano, contratista antes que funcionario, llegó a Colombia en la década de 1870 y acumuló una serie de encargos desmesurados para un solo hombre: el Ferrocarril de Antioquia, el de La Dorada, el de Girardot, el de Buenaventura a Cali, arreglos en varios puertos del río Magdalena y una línea de tranvía en Barranquilla. En 1880 publicó en Nueva York, en la imprenta de N. Ponce de León, una Memoria sobre la construcción de un ferrocarril de Puerto Berrío a Barbosa que fijaba las bases técnicas de lo que sería el Ferrocarril de Antioquia. La existencia misma de esa memoria, impresa en el exterior y dirigida a inversionistas y gobiernos, marca el carácter transnacional de su empresa.

La obra de Cisneros en Antioquia fue la más ardua y la más costosa en vidas. El trazado desde Puerto Berrío hacia el interior obligaba a atravesar zonas tropicales insalubres, con fiebres y calenturas que diezmaban a los trabajadores, y luego a trepar por el flanco oriental de la cordillera Central hacia Medellín. Las enfermedades tropicales, el clima, el relieve y hasta los animales salvajes se combinaron para hacer plantearse, más de una vez, la cancelación del proyecto. El propio Cisneros fue sacado tres veces moribundo de los focos de pestilencia; sus amigos y su médico le insistieron una y otra vez en que abandonara. No lo hizo. Confiaba en que la apertura de los valles del Nus y el Porce retendría a los emigrantes antioqueños y en que el café —una industria entonces incipiente— resolvería el problema clásico del ferrocarril colombiano: la falta de carga de compensación en el viaje de retorno hacia el río.

El caso de La Dorada muestra con precisión cómo operaba financieramente. En 1883 Cisneros tomó a su cargo la empresa después del fracaso de una intentona anterior: el ciudadano estadounidense Modica había contratado la obra en sociedad con una casa americana; el ingeniero Wheeler había rectificado el trazado y acopiado materiales; pero la firma financiadora quebró antes de que se iniciara la construcción, y los gastos ya hechos arruinaron al doctor Rengifo, cuya modesta fortuna quedó comprometida. Cisneros construyó en poco más de un año las catorce millas existentes, con un desembolso de cerca de 700.000 pesos —unos 150.000 pesos por legua— y con un subsidio del Gobierno nacional de 4.200 pesos por kilómetro. Esa fórmula —subsidio estatal por kilómetro más capital privado gestionado por contratistas extranjeros— sería la matriz financiera de casi toda la expansión posterior.

La composición humana de sus obras merece mención. La fuerza laboral en las líneas de Cisneros era una mezcla de personas de distintos países, negros e indios: mano de obra multiétnica y transnacional, dirigida por ingenieros que provenían tanto del extranjero como de las escuelas provincianas del país. Zenón Caicedo, formado en el Colegio de Santa Librada del Cauca y luego autodidacta en construcción de puentes, o Julián Uribe Uribe, que estudió en colegios provinciales de Medellín y Buga y ascendió desde conductor y jefe de estación, son ejemplos de una ingeniería occidental colombiana menos politizada y burocrática que la bogotana, más dependiente de la empresa privada, y por tanto más disponible para trabajar bajo contratistas como Cisneros. La retención de trabajadores veteranos "connaturalizados" al clima tropical era, en las obras del ferrocarril, un criterio explícito de gestión: la experiencia adquirida a costa de fiebres tenía valor de mercado.

La Regeneración como marco: centralismo, aduanas y unificación del mercado

El impulso ferroviario del período no se explica sin el proyecto político que lo enmarca. La Regeneración, encabezada por Rafael Núñez en alianza con el Partido Conservador y con Miguel Antonio Caro como ideólogo, surgió en parte como respuesta a la fragmentación del mercado interior heredada del federalismo radical. Bajo la Constitución de Rionegro de 1863, los estados federales habían llegado a imponer aduanas internas que frenaban el comercio entre regiones colombianas; el proyecto centralista de Núñez buscaba desmontar esas barreras y construir un espacio económico único. La Constitución de 1886 —centralista, católica, presidencialista— fue el instrumento jurídico de esa reunificación.

En la práctica, el centralismo político no se tradujo automáticamente en centralismo de la política de infraestructura. Cada línea siguió negociándose por separado, con concesionarios distintos, montos distintos, trochas distintas y sin autoridad técnica que impusiera estándares nacionales. El gobierno de José María Campo Serrano, designado que ejerció la presidencia entre abril de 1886 y enero de 1887, sancionó la constitución del ferrocarril de Santa Marta y contrató el acueducto de la capital, pero cada uno de estos actos fue una operación aislada. La red que emergía era la suma de decisiones puntuales, no el despliegue de un plan.

Los obstáculos objetivos ayudan a explicar esa dispersión. La debilidad fiscal de los estados —y luego de los departamentos— hacía imposible que ninguno financiara por sí mismo un tramo largo; la carencia de capitales nacionales obligaba a acudir a casas extranjeras que ponían sus propias condiciones; la topografía elevaba los costos hasta niveles prohibitivos. Santander, con páramos superiores a 3.000 metros, cañones profundos y ríos no navegables en toda su extensión, no era un obstáculo menor que Antioquia. En cada región, la enfermedad y el clima se sumaban al relieve. Cualquier propuesta de red integrada chocaba contra la realidad de que ni siquiera los tramos aislados podían terminarse a tiempo.

Trazados centrífugos: cada línea hacia su puerto

Si se mira el mapa que dejan los años 1885 a 1910, la lógica salta a la vista: casi todas las líneas van del interior a un puerto —marítimo o fluvial—, casi ninguna intenta conectar dos regiones del interior entre sí.

El ferrocarril de Barranquilla a Sabanilla, de 27 kilómetros, había sido concluido en 1870 y permitió a Barranquilla desplazar a Cartagena y Santa Marta como principal puerto del país al resolver el problema de la barra de arena que obstruía la salida del Magdalena al mar. Su éxito temprano fijó un patrón: el ferrocarril corto que salva un cuello de botella en la conexión fluvial-marítima.

En Antioquia, el trazado avanzó desde Puerto Berrío, sobre el Magdalena, hacia Medellín. En 1885 tenía 45 kilómetros; entre 1885 y 1904 solo se construyeron 57 kilómetros adicionales. En dos décadas de trabajo intermitente, la línea creció menos de tres kilómetros por año en promedio. Las principales zonas cafeteras del sureste antioqueño —Angelópolis, Fredonia— no recibirían servicio ferroviario hasta 1917 y 1918 respectivamente, cuando la expansión cafetera de esa región ya llevaba décadas.

El ferrocarril del Cauca, iniciado en 1878 para conectar Buenaventura con Cali, había avanzado apenas 27 kilómetros en 1885 y 35 en 1897; no se concluiría hasta 1914. Su historia es la de una obra crónicamente subfinanciada, atrapada en la lentitud de perforar la cordillera Occidental para bajar al Pacífico.

En Cúcuta, el ferrocarril hacia el Zulia se inició en 1878 y se concluyó una década después sobre 71 kilómetros, buscando conectar la zona cafetera santandereana con el lago de Maracaibo y, a través de él, con la exportación por Venezuela. La geopolítica se coló pronto: el vecino construyó su propio ferrocarril cafetero y respondió con aranceles aduaneros que buscaron desviar el tráfico; los cafés santandereanos llegaron a venderse hasta a la mitad del precio de otros cafés colombianos.

En el centro, el eje Honda–La Dorada–Girardot articuló el paso obligado entre el interior andino y el Magdalena navegable. El ferrocarril de Honda a La Dorada, construido a principios de los años 1880, salvaba el tramo del río afectado por rápidos y saltos —el del Guarinó, entre otros— donde la navegación se hacía imposible. El de Girardot, ascendiendo hacia la sabana de Bogotá, empalmó en 1910 con el ferrocarril de La Sabana, aunque con una trocha más ancha, lo que obligaba a un transbordo. El detalle es revelador: incluso donde dos líneas se encontraban, sus dimensiones no coincidían.

En la costa Caribe, la línea de Calamar a Cartagena resolvió otro cuello de botella entre puerto y río, y fue una de las pocas que cumplió razonablemente la función para la que había sido pensada. En Santa Marta, la extensión hacia Fundación se convertiría, entrado el siglo, en el eje de la exportación bananera.

Hacia 1910, las líneas en operación se agrupaban en cuatro conjuntos según su lógica geográfica y comercial: las de los puertos caribeños (Barranquilla, Cartagena y Santa Marta); las de la sabana y sus prolongaciones (Sabana, Nordeste y Suroeste); las del corredor central (Girardot, El Espinal, La Dorada y Antioquia); y un cuarto grupo con las restantes. Esa clasificación es más precisa que la costumbre posterior de dividir los ferrocarriles en "cafeteros" y "no cafeteros" según si una parte de su carga era café, un criterio arbitrario que oculta la verdadera lógica del sistema: cada línea era, ante todo, un afluente de exportación.

El Quinquenio: autoritarismo y aceleración

La Guerra de los Mil Días, iniciada en 1899, interrumpió con dureza la construcción ferroviaria. La contienda destruyó vías y material rodante, quebró las finanzas y retardó las obras por años. Cuando terminó, en 1902, Colombia había perdido además Panamá —lo que era otra manera de perder el ferrocarril transístmico— y arrastraba una deuda nacional que hacia 1905-1906 rondaba los 19,5 millones de dólares. El valor de la moneda colombiana había caído de 0,297 dólares en 1899 a 0,010 dólares en 1904-1905: una depreciación catastrófica.

En ese contexto ganó la presidencia en 1904 el general Rafael Reyes, héroe militar cuya principal ventaja política era no haber estado directamente comprometido con la guerra recién terminada. Su gobierno —el Quinquenio— combinó autoritarismo político y ambición modernizadora en dosis inseparables. Reyes cerró el Congreso y lo reemplazó por una Asamblea Nacional Constituyente nombrada por él, con participación cuidadosamente dosificada de conservadores y liberales. Impulsó una reorganización fiscal en la que un banco central asociado a Pepe Sierra administró las finanzas gubernamentales, corrigió déficits presupuestales e hizo posible por primera vez en años el pago de la deuda externa, aunque la institución no alcanzara plenamente lo que se esperaba de ella.

Sobre esa base fiscal parcialmente saneada, el Quinquenio aceleró la construcción ferroviaria en varios frentes al mismo tiempo. Se amplió el kilometraje del Ferrocarril de Antioquia hacia Puerto Berrío; se completó el empalme del de Girardot con la Sabana; el de Honda–La Dorada se extendió hasta Ambalema; se prolongaron el de Bogotá–Zipaquirá y el de Girardot–Ibagué; el del Cauca avanzó hasta Papagayeros; el de Santa Marta llegó hasta Fundación, sobre 95 kilómetros, permitiendo el despegue de las exportaciones de banano; y se iniciaron los trabajos del ferrocarril de Puerto Wilches, pensado para dar a Santander su propia salida hacia el Magdalena. El programa incluyó también mejoras en las carreteras, especialmente en Cundinamarca y Boyacá.

La visión que animaba a Reyes era, en teoría, más integradora que la de sus predecesores. La falta de una red de transporte eficiente era uno de los mayores obstáculos económicos del país, y el presidente lo sabía. Contaba, incluso, con que un acuerdo con Estados Unidos sobre Panamá aportara una indemnización en efectivo que ayudara a financiar la expansión. Pero las negociaciones con Washington y con la nueva república panameña despertaron una oposición interna que se sumó al malestar por su autoritarismo y por sus choques con el Congreso. Reyes abandonó la presidencia en 1909. La red ferroviaria que dejó era, en cifras, mayor que ninguna anterior: cerca de 875 kilómetros para 1910. En estructura, seguía siendo un archipiélago.

Lógica exportadora y ferrocarriles cafeteros

Se ha repetido tantas veces que el ferrocarril fue el instrumento decisivo del despegue cafetero colombiano, que conviene mirar de cerca las cifras del período. En Cundinamarca y Tolima, al final del primer ciclo de expansión cafetera —hacia 1898—, solo había 65 kilómetros de vía férrea construida. En Antioquia, solo 57 kilómetros nuevos entre 1885 y 1904. Las principales zonas cafeteras del sureste antioqueño esperarían hasta la segunda década del siglo XX. Durante el primer gran ciclo cafetero colombiano, el ferrocarril fue más una promesa que una realidad, y en muchas regiones la expansión del grano precedió, no siguió, a la llegada de los rieles.

La mirada desde 1922 confirma la orientación exportadora sin desmentir la modestia del impacto interno. En ese año, de los 1.481 kilómetros de vía férrea existentes en Colombia, 992 estaban localizados en regiones típicamente cafeteras, 313 se orientaban directamente a puertos de embarque y solo 76 conectaban regiones no vinculadas al comercio exterior. Del tráfico total del sistema, apenas el 17,5% correspondía a comercio interno; el resto eran productos de exportación. La red que existía servía sobre todo para sacar café, banano y otros productos primarios hacia el mundo; no para articular un mercado nacional entre Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena y Cúcuta.

Lo cual no significa que los ferrocarriles no importaran. Mejoraron las comunicaciones entre puntos de producción y puertos de exportación; los ingresos del café permitieron al Estado colombiano superar las crisis fiscales crónicas del siglo XIX; los sectores cafeteros pudieron diversificar inversiones hacia el comercio y la industria naciente. El punto es más fino: el impacto real del ferrocarril sobre la integración interna del país fue menor que el que la memoria histórica suele atribuirle, y su función principal —al menos hasta 1910— fue reforzar, no corregir, la orientación centrífuga de la economía colombiana.

Fragmentación como estructura

Al mirar el período completo, la pregunta obligada es por qué, con casi tres décadas de construcción ferroviaria intensa, Colombia no logró siquiera esbozar una red integrada. Las respuestas se ordenan en tres planos.

En el plano de las restricciones objetivas, la geografía era literalmente enemiga. Tres cordilleras que atravesar, valles insalubres, ríos innavegables en tramos críticos, distancias enormes entre centros poblados, enfermedades tropicales que mataban a trabajadores y a ingenieros. Construir un kilómetro de ferrocarril costaba, en dinero y en vidas, más que en casi cualquier otro país del continente. Con capitales escasos y una hacienda pública crónicamente débil, financiar una red integrada estaba fuera del alcance material del país.

En el plano de las decisiones, hubo elecciones que agravaron la restricción. La política de subsidios por kilómetro incentivaba a los concesionarios a construir tramos rentables —los cortos, los planos, los cercanos a un puerto— y a demorar los difíciles. La ausencia de una autoridad ferroviaria nacional con capacidad técnica permitió que cada línea adoptara la trocha que le convenía a su contratista o a su fuente de financiación, lo que produjo empalmes fallidos como el de Girardot con la Sabana. La delegación de la construcción a contratistas extranjeros —Cisneros, casas americanas, ingenieros de distintos orígenes— dio ejecución rápida a tramos individuales pero ninguna coherencia al conjunto. El Estado central, débil bajo la Regeneración y autoritario pero corto de tiempo bajo Reyes, careció de la voluntad, la capacidad o la duración necesarias para imponer una lógica nacional sobre la suma de intereses regionales.

En el plano de los intereses, cada élite regional quería su línea hacia el puerto, no la línea del vecino hacia otro puerto. Los cafeteros de Cundinamarca no necesitaban conectarse con los cafeteros de Antioquia; ambos necesitaban conectarse con Europa y Estados Unidos. Los comerciantes de Barranquilla no ganaban nada uniéndose por tierra con los de Buenaventura; ganaban asegurando su propia primacía como puerta del Magdalena al Caribe. La lógica centrífuga no era solo consecuencia; era, para muchos de los que la construían, la lógica preferible.

Herencia

Cuando Reyes abandonó la presidencia en 1909, Colombia tenía cerca de 875 kilómetros de vía férrea, un puñado de tramos operativos que no se comunicaban entre sí, trochas incompatibles en varios de los pocos puntos de empalme, y un país que seguía viajando semanas para cruzarse. La era ferroviaria, en el sentido pleno de red integrada, no había llegado —no llegaría nunca del todo—. Lo que había llegado era otra cosa: una infraestructura fragmentaria que consolidó como estructura duradera lo que empezó siendo una limitación geográfica.

Cada línea era un afluente del Magdalena o del mar; cada región miraba hacia afuera antes que hacia adentro; cada élite regional había codificado en contratos, kilómetros y trochas su propia relación privilegiada con el mercado mundial. El Estado central que emergió del período aprendió a gobernar sobre esa fragmentación, no contra ella. La Regeneración construyó un Estado unitario en la letra constitucional; la infraestructura, en los rieles, reprodujo la desarticulación federal. Reyes intentó corregir el patrón, pero cinco años y una crisis fiscal no bastaban para reordenar veinticinco años de decisiones acumuladas, ni mucho menos la geografía que las había forzado.

Cisneros, que había puesto el cuerpo y la ingeniería en tantos de esos tramos, murió sin ver Medellín conectada por rieles con Puerto Berrío ni Cali con Buenaventura; ambas obras se concluirían años después. La imagen del ingeniero sacado tres veces moribundo de los focos de pestilencia encarna la paradoja del período: la energía extraordinaria de una modernización material que, por su propia lógica financiera y política, no podía sino producir fragmentos.

La forma del país que vino después —economía cafetera dependiente del mercado externo, regiones fuertes y débilmente vinculadas entre sí, Estado central que aprendió a mediar antes que a integrar— no fue causada por los ferrocarriles del período, pero quedó impresa en ellos. Los rieles que se tendieron entre 1885 y 1910 dijeron, en su trazado, lo que Colombia era y lo que tardaría casi otro siglo en dejar de ser: un país que llegaba antes al mar que a sí mismo.

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La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

38 documentos · 44 fragmentos
01María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 351 cita
[1]como avergonzada de mostrarse tan pálida ante un rival creado por la inteligencia humana 15. En los años que siguieron a la muerte de sus padres, el mundo de María se transformó. Empezó a vivir y experimentar, como mujer adulta, estos cambios vertiginosos de una Medellín que se volvía cada vez más bullosa, compleja y…p. 35
02Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 831 cita
[2]1870-1920, Santa Marta sera un puerto insig- nificante, excepto en lo que respecta a las expor- taciones bananeras. El desarrollo del crédito moderno El otro cuello de botella del comercio exterior colombiano fue la virtual inexistencia de un sistema bancario moderno. Después de 1860 aparecen bancos comerciales…p. 83
03Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 1321 cita
[3]determinados momentos se consideró una enemiga del proyecto. La dificultad del relieve, las enfermedades 355, el clima y la conformación de los lugares por los cuales debían instalarse las vías férreas dificultaron toda la empresa, hasta casi proponer su cancelación. Incluso el propio ingeniero cubano Francisco Javier…p. 132
04Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 318, 3992 citas
[4]mercados del mundo”. Francisco Javier Cisneros, Memoria sobre la construcción de un ferrocarril de Puerto Berrío a Barbosa (Estado de Antioquia) (Nueva York, Imprenta y Librería de N. Ponce de León, 1880), p. 41. 282 Ver sobre esto último Luis Eduardo Nieto Arteta, El café en la sociedad colombiana (Breviarios de…p. 318
[10]The Manizales Rope Way Ltd. 200.000 _______ Fuente: Francisco Posada Díaz, Colombia: violencia y subdesarrollo (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1969), p. 76 y Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia (Medellín, Santa Fe, 1955), p. 352. El siglo xix fue escenario de la inversión inglesa en los…p. 399
05La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1211 cita
[5]27. García, op. cit., págs. 417 y sgts. 28. Cisneros, op. cit. 246 La colonización antioqueña CUADRO 15 CARGA MOVILIZADA POR EL CABLE AÉREO DE MARIQUITA (EN AMBAS DIRECCIONES) 1923 1925 1935 1945 TONELADAS 28.765 36.944 35.132 50.921 Era cosa reconocida que se debía desarrollar algún género de agricultura exportable…p. 121
06Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 2501 cita
[6]de míster Modica, ciudadano americano, tomó a su cargo la empresa, en relación con una casa americana, y otro in- geniero, míster Wheeler, rectificó el trazado, acopió dur- mientes, pidió rieles, y hubiera empezado la construcción, a no haber quebrado la firma de quien los empresarios es- peraban los primeros…p. 250
07Un año en los Andes, o, Aventuras de una Lady en BogotáRosa Carnegie-Williams · 2017 · p. 2121 cita
[7]lugar ha mejorado mucho desde cuando vinimos y tiene varias casas nuevas de madera blanca. En la orilla había una confusión de voces y un conglomerado de todos los países, negros e indios. Todos estaban empleados en la construcción del nuevo ferrocarril del señor Cisneros, que ya ha avanzado 20 millas hacia el…p. 212
08The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 220, 3372 citas
[8]North Carolina, 1958. Hoffman, H. Theodore. "A History of Railway Concessions and Railway Develop- ment Policy in Colombia to 1943." Ph.D. dissertation, American Univer- sity, 1947. Horna, Hernan. "Francisco Javier Cisneros: A Pioneer in Transportation and Economic Development in Colombia." Ph.D. dissertation,…p. 337
[44]estab- lish a connection with a foreign enterprise, they not only had to train them- selves but also had to assume the entrepreneurial function. The engineers in the western provinces, therefore, tended to be much less politicized and bureaucratic than the bogotanos. They relied more on private enterprise, in many…p. 220
09Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1581 cita
[9]mo una empresa cultural propia el difícil desarrollo de su provincia, a juzgar por su libro Francisco Javier Cisneros y el ferrocarril de Antioquia (Medellín, 1924), en el que narró bellamente las hazañas de quienes se aventuraron en semejante construcción. 65 Ibíd., p. 68. 165 c uarta P arte ENTREGUERRAS O ENTRE LAS…p. 158
10Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 4241 cita
[11]abundancia. Es muy cierto; pero también lo es, que no pueden existir los ingenios sin agua fértil: y ¿no se necesita también mucha cantidad para mantener 56 yuntas de dotación en los trapiches?» (Dumont, 1832, p. 29)” (Funes, 2012, p. 126). 27 “El volumen del dulce cubano en los mercados se correspondía, a mediados de…p. 424
11El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 601 cita
[12]elevados teniendo en cuenta la dispersión de la población, las condiciones topográficas, la debilidad fiscal de los Estados para garantizar deudas o administrar eficientemente el sistema y la carencia de capitales nacionales o extranjeros. Menciona ocho proyectos de los cuales cua- tro fracasaron, lo que considera…p. 60
12Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2201 cita
[13]y financiación de los estados, se definieron los trazos más o menos inconexos de los ferrocarriles propuestos como parte de hipotéticas líneas interoceánicas. Además del ferrocarril de Panamá, terminado en 1856 por una compañía de capital norteamericano, se iniciaron las siguientes líneas: 1. Barranquilla-Sabanilla:…p. 220
13Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 5241 cita
[14]ferrocarril de Panamá— 655. La guerra de 1899 causó la destrucción de vía y material que es de suponer, y retardó la construcción de ferrocarri- les por muchos años. Algunos de ellos —Panamá, Barranquilla-Puerto Colombia, Calamar-Cartagena, Zulia-Cúcuta, y, parcial- mente, el de La Dorada— habían alcanzado sus…p. 524
14Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1651 cita
[15]pursued by the Reyes govern- ment worked against the expansion of coffee in its former 'speculative' manner. The impact of the railways on coffee expansion before 1920 has recently been exaggerated. 25 By 1898, the end of the first cycle of ex- pansion, in Cundinamarca and Tolima there were only 65 kilometres of track…p. 165
15Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 301 cita
[16]por Pepe Sierra, consuegro y amigo personal de Reyes, y aunque no tuvo los resultados esperados, durante el periodo se ocupó de la política monetaria, administró las finanzas guber- namentales, corrigió los déficits presupuestales e hizo posible el pago de la deuda externa. En cuanto al Ministerio, adelantó lo…p. 30
16El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 100, 1042 citas
[17]más segura y menos cíclica estaba constituida por las mer- cancías importadas. Se sabe que las importaciones son más inelásticas al precio y sus ciclos depresivos, rezagados del ciclo de las exportaciones, tienden a ser, bajo el esquema agroexportador, mucho más moderados. En este sentido se puede criticar la…p. 104
[42]de Santander, 1850, pp. 29-50; Comtitución municipal i ordenanzas expedidas por la Legislatura Provincial de Santander en sus sesiones de 1853, p. 24; Ordenanzas de la Cdmara Provincial del Socorro expedidas en 1850, pp. 21-22; Ordenanzas de la Cdmara Provincial del Socorro, 1852, p. 5. Sobre caminos en Cundinamarca…p. 100
17Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4221 cita
[18]Auguste Salomon y apoyada por banqueros f r a n c e s e sei n g l e s e s,envióun emisarioaBogotá,e lseñorMateo K l e i n,con e lf i nde que g e s t i o n a r aante e lgobierno l aconcesión d e lp r i v i l e g i opara l aconstruc ción de un f e r r o c a r r i l transoceánico v í aPanamá. A mediados de 1846, e lP r e…p. 422
18Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2751 cita
[19]de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…p. 275
19Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 16, 202 citas
[20]tales que los propietarios de recuas no aceptaban carga en las épocas de crudo invierno debido al gran riesgo para los anim ales. A un d u ran te el verano, los fletes de m uía fueron relativam ente altos: de 22 a 34 centavos por tonelada-kilóm etro a m ediados del siglo xix. En estaciones de lluvia o cuando la guerra…p. 16
[41]om unidades pequeñas y dispersas tam bién caracterizaron zonas de ecología m uy diferente, com o las selvas chocoanas y am azónicas. Estas últim as perm anecieron prácticam ente ignoradas por los colom bianos hispanohablantes hasta el siglo xx e incluso hoy día tales regiones están apenas parcialm ente inte g ra d as…p. 20
20Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 231 cita
[21]cuenta con un importante nú- mero de ríos como el Sogamoso, el Suárez, el Opón y el Chicamo- cha, entre otros, con fuertes flujos hídricos estacionales, profundos cañones y altas pendientes, lo que impide que sean navegables en toda su extensión. La parte occidental del departamento hace parte del valle na- tural que…p. 23
21Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 345, 3492 citas
[22]los ferrocarriles en el caso de los Estados Unidos 1. l. EL SISTEMA DE TRANSPORTES EN 1850 A mediados del siglo XIX muchas de las principales rutas terrestres del país debían ser transitadas por cargadores humanos (tercios), en razón de que su mal estado impedía el paso de mulas u otras bestias de carga. Durante…p. 345
[43]Revolution, 1815-1860, Nueva York: Harper Torchbooks, 1968, p. 389. Los datos de población se extrajeron de Eighth Census ofthe United S tates: Mortality and Miscel/aneous Statistics, p. xvrn. "Estearina: es una sustancia blanca, ínsípida e ínsoluble en agua que se usa para la fabricación de velas": Real Academia…p. 349
22Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 2101 cita
[23]Cordillera Central y para las carretas en los altiplanos. Pero el hombre ya sólo rara vez es degradado como ani- mal de carga. El viaje por el río Magdalena de la costa hacia Bogotá duró, hace unos setenta años, siete días con aguas favora- bles, pero se podía demorar también semanas. Luego, tres días a caballo para…p. 210
23Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 374, 3942 citas
[24]los caminos no eran caminos y el viajero de los ríos debía disputar el espacio del champán con las cargas de tabaco de Ambalema y los géneros im- portados de Londres, viajar constituía no sólo un «mal necesario» sino un auténtico suplicio. Cuando por al- gún milagro inexplicable conseguía llegar a su destino, 395…p. 394
[28]de ruta inevitable hacia y desde el exterior y, en forma concordante, aumentó progresivamente la navegación. Pero, no obstante su importancia histórica y el creciente tráfico en ambas direcciones, durante el largo periodo transcurrido desde la fundación por los españoles de los principales puertos ribereños y la…p. 374
24Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 431 cita
[25]intereses de las empresas. Los beneficios del sector exportador-importador fueron evidentes, y, entre los indirecto s, debe mencionar se la valorización y concen- tración de las tierras beneficiadas. La era del ferrocarril resaltó la importancia del río Magdalena 43 4 Mar co Palacios qu e, una vez más, fue la arter ia…p. 43
25Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 341 cita
[26]ciudad era plaza militar de primer orden: la seguridad del virrey en Santa Fe dependía de la fortaleza de Honda. Los comerciantes y capitanes del puerto solían veranear con sus familias en El Fresno o en Mariquita, seis leguas adentro, de clima más suave, almendrones, mangos y caimitos. Estaba la ciudad fluvial tan…p. 34
26Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1771 cita
[27]su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…p. 177
27El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 781 cita
[29]más alta; la vegetación, menos exuberante; la corriente, más rápida. Hacia el atardecer estamos en Nare, donde existe un tin- glado — bodega le llaman— para la descarga de mercan- cías con destino a Antioquia. Aquí descienden algunos de nuestros nuevos compañeros de viaje. Con espanto los veo desaparecer en la oscura…p. 78
28Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 4581 cita
[30]quedando atrás de todo el mundo…». A mediados del siglo pasado, las distintas vías de comu- nicación al río Magdalena eran las siguientes: el camino del Carare, que unía el pequeño río del mismo nombre con la ciudad de Vélez y tenía una extensión de 20 leguas; el de Barrancabermeja, que unía el puerto de idéntico nom-…p. 458
29Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1441 cita
[31]La Miel, Cimitarra y Opón, Lebrija, Nare, Carare y Sogamoso, además de una serie de pequeños afluentes. Cuando llega a Puerto Berrío, a más o menos doscientos kilómetros en línea recta desde Honda, es más del doble de ancho —casi quinientos cincuenta metros—. Al acercarse a los humedales y la ciénaga de Simití, otros…p. 144
30Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[32]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…p. 114
31Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 181 cita
[33]Panama’s declaration of independence sparked a protracted series of negotiations with the United States, for the latter at once signed a treaty with the infant republic that allowed it to begin construction of the long-delayed isthmian canal. The U.S. comple- tion of the canal in 1914 and its signing of the…p. 18
32Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 731 cita
[34]exemplary way. Outbreak of the War of the Thousand Days found him in Paris on govern- ment business. By then he was a widower, suffering early effects of a malady that would eventually leave his left arm paralyzed. When Secretary of War Guillermo Valencia suggested that he might again be called to active service,…p. 73
33¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 741 cita
[35]les Benjamín Herrera y Rafael Uribe Uribe- y al priorizar la recuperación económica del país por encima de las viejas disputas partidistas, bajo el lema de "menos política y más administración". El propósito de Reyes se logró impulsando una serie de reformas económicas para desarrollar la industria, las comunicaciones…p. 74
34Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · p. 1091 cita
[36]1899 that value had dropped to $.297; by 1900, to $.104; by 1901, to $.038; by 1902, to $.014; by 1903, to $.011; and during both 1904 and 1905, to $.010. 53 In addition, the Reyes administration faced a total national debt calculated at $19,541,567 (U.S.) by 190506. 54 In view of such dismal financial realities,…p. 109
35Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 581 cita
[37]los ferro- carriles, sólo el 17.5 % correspon- día a comercio interno y el resto es- taba representado por productos pa- ra la exportación. En efecto, de los 1.481 kilómetros de vías férreas exis- tentes en 1922, 992 kilómetros esta- ban localizados en las regiones típica- mente cafeteras, 313 kilómetros se orientaban…p. 58
36Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 421 cita
[38]and Consular Reports on Trade and Finance, Annual Series, No. 446 (Lon- don, 1888), p. 10. 8. By 1888 Santander enjoyed the services of a fifty-five kilometer railroad connecting Cticuta to Puerto Villamizar on the Zulia River, but the railroad only exacerbated com- mercial relations with the Venezuelans who had built…p. 42
37Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 151 cita
[39]Valle y parte de Cundinamarca, lo que permitió a esas zonas conocer un desarrollo muy significativo; el transporte ferroviario mejoró las comunicaciones, al menos entre los puntos de producción y los puertos desde donde era embarcado el grano hacia el exterior. No menos importante, los dividendos generados por el café…p. 15
38Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 151 cita
[40]s 150 kil ó metros sobre una tarima al hombro de decenas de cargueros) era una proe za de ingenier í a. Las v í as de comunicaci ó n — los mejores caminos de mu í as y los ferrocarriles — redujeron poco a poco los costos del transporte y permitieron un comercio interregional m á s activo, as í como la exportaci ó n de…p. 15