Idea · La Violencia
Acumulación originaria
Proceso histórico por el cual la tierra campesina y comunal fue transferida violentamente a grandes propietarios en Colombia, alcanzando su expresión más intensa durante La Violencia (1946-1958), cuando se perdieron o abandonaron 393.648 parcelas y más de dos millones de personas fueron desplazadas.
Trayectoria de una idea
- 1823
Inicio de la política de baldíos republicana
- 1936
Ley 200: reforma paradójica
- 1944
Ley 100: giro a favor de los terratenientes
- 1948
El Bogotazo y el inicio de La Violencia rural
- 1953
Golpe de Rojas Pinilla y colonización armada
- 1955
Pico del despojo en el Tolima
- 1958
Tribunales de Conciliación: restitución fallida
- 1978
Cuantificación del despojo: Oquist
La lectura
La acumulación originaria no fue en Colombia un episodio fundacional y remoto, sino un proceso recurrente que se reactivó cada vez que la estructura agraria desigual encontró una ventana de impunidad. Su lógica articuló tres elementos que se reforzaban mutuamente: títulos de propiedad frágiles o disputados, un aparato institucional —notarías, jueces civiles, directorios políticos— capturable por el poder local, y violencia armada que producía el éxodo necesario para que la transferencia de tierras se consumara. La paradoja central del ciclo reformista liberal (1930-1946) es que las leyes diseñadas para redistribuir terminaron saneando los derechos de los grandes propietarios y expulsando a quienes pretendían beneficiarse de ellas. La Violencia aceleró ese mecanismo hasta convertirlo en catástrofe demográfica: en el Tolima, casi la mitad de las propiedades y casi la mitad de la población se perdieron en menos de una década. El proceso no se cerró con el Frente Nacional: los Tribunales de Conciliación fracasaron, la tierra despojada quedó en manos de terceros y la geografía del despojo —las laderas cafeteras del centro, los piedemontes del sur— se convirtió en la geografía del conflicto armado de la segunda mitad del siglo XX.
Acumulación originaria en Colombia
La expresión viene de Marx, que en el capítulo XXIV de El capital describió la acumulación originaria como el proceso violento por el cual el capitalismo separa al productor directo de los medios de producción, convirtiendo la tierra comunal o campesina en propiedad privada concentrada y a los desposeídos en mano de obra disponible. En Colombia, esa categoría dejó de ser abstracción teórica para volverse llave interpretativa de un proceso concreto y prolongado: la transferencia forzosa de tierras rurales de campesinos a grandes propietarios mediante coerción armada, fraude jurídico e impunidad partidista. El período que más nítidamente cristaliza ese proceso es La Violencia (1946-1958) y la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957): en poco más de una década se perdieron o abandonaron 393.648 parcelas, más de dos millones de personas fueron desplazadas y se consolidó un latifundismo cafetero y ganadero que ninguna reforma agraria posterior desmontó. Pero La Violencia no inventó ese mecanismo: lo aceleró sobre una estructura agraria ya desigual, y su lógica sobrevivió al Frente Nacional para reaparecer, con nuevos actores, en el paramilitarismo narco-ganadero de finales del siglo XX.
La estructura heredada: baldíos, títulos y conflicto agrario antes de 1946
La Colombia rural que entró en el siglo XX cargaba con un diseño institucional profundamente asimétrico. Entre 1823 y 1931, en Antioquia y el Viejo Caldas, se traspasaron 1.235.000 hectáreas de tierras baldías, de las cuales apenas el 17 % fue a colonias organizadas y un 65 % a particulares —concesionarios y adjudicatarios individuales—. La política de baldíos, que en teoría debía poblar el país y crear pequeños propietarios, terminó siendo un mecanismo de consolidación de grandes propiedades. La tradición venía de más atrás: desde fines del siglo XVIII, la política borbónica había favorecido la concesión de extensiones amplias para producción exportadora, y esa lógica se prolongó bajo la República.
El resultado, hacia comienzos del siglo XX, era un país agrario estratificado en tres pisos: minifundio en las tierras altas, sistemas mixtos en las laderas y latifundio en las llanuras. La Costa Atlántica y ciertas zonas de los Llanos Orientales estaban dominadas por hatos ganaderos extensivos; el oriente y el occidente, por haciendas cafeteras que dependían de aparceros y arrendatarios; en los intersticios sobrevivía la pequeña propiedad. El café —eje del ingreso nacional desde finales del XIX— había nacido en grandes haciendas de Cundinamarca, Tolima y Antioquia, pero la colonización campesina abrió después espacios de mediana y pequeña propiedad, generando una competencia conflictiva por las tierras fértiles del centro del país. En Tequendama y Sumapaz, aparceros y colonos disputaban desde los años veinte títulos y condiciones de tenencia a hacendados que sostenían derechos frágiles, muchos con problemas de acreditación que se remontaban a la Corona.
La Ley 200 de 1936, sancionada bajo la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo, intentó destrabar ese laberinto. Sustituyó la exigencia de títulos coloniales o republicanos por el criterio de destinación económica: el propietario que demostrara explotación productiva veía saneado su derecho. La ley pretendía, además, presionar a los terratenientes a modernizar la producción y frenar el malestar en el campo. Sus resultados fueron paradójicos. Al subsanar el problema de los títulos, favoreció principalmente a los grandes propietarios; y ante el temor de que arrendatarios y aparceros reclamaran el estatuto de colonos amparados por la nueva norma, muchos hacendados los expulsaron preventivamente. En los años posteriores, títulos de fincas mayores de 500 hectáreas se obtuvieron por sentencias de pertenencia ante jueces civiles: la vía judicial sirvió para formalizar grandes propiedades bajo el nuevo marco.
El impulso reformista se agotó pronto. El gobierno de Eduardo Santos (1938-1942) impuso una pausa; y el segundo mandato de López, con la Ley 100 de 1944, cerró el ciclo. La norma amplió el plazo dado a los latifundios para poner tierra improductiva en producción y protegió a los terratenientes frente a los arrendatarios que buscaban asumir la condición de colonos. Jorge Eliécer Gaitán presentó al Congreso liberal un proyecto para hacer efectiva la Ley 200: no fue aprobado. Cuando en 1946 el conservador Mariano Ospina Pérez llegó a la Presidencia, las expectativas de redistribución llevaban años frustradas. Las adjudicaciones de baldíos entre 1932 y 1946 habían aumentado la proporción de parcelas pequeñas y medianas —el 13 % del área adjudicada fue a predios menores de 20 hectáreas y el 55 % a fincas de hasta 1.000—, pero la titulación de colonos había servido más para descomprimir tensiones que para alterar la estructura. La geografía de la adjudicación anticipaba, sin saberlo, la del despojo por venir: Antioquia concentró más de una quinta parte de la superficie repartida en esos catorce años (21,5 %), y el Valle del Cauca otro 15,3 %; Tolima, Caquetá y Cesar aportaban entre el 5 y el 7 % cada uno. Eran las mismas laderas y piedemontes donde la sangre correría poco después.
La Violencia como acumulación acelerada (1946-1958)
El asesinato de Gaitán en Bogotá, el 9 de abril de 1948, encendió el Bogotazo y detonó una guerra civil no declarada entre liberales y conservadores que ya venía cocinándose desde el retorno conservador al poder en 1946. Amplias zonas del centro de la capital ardieron, se quemaron iglesias y archivos, se saquearon negocios señalados como conservadores. Pero fue en el campo donde la violencia adquirió su carácter más duradero. En Tolima, Viejo Caldas, Cundinamarca, Valle del Cauca y Norte de Santander —las regiones cafeteras y de agricultura comercial del centro del país— la confrontación bipartidista se solapó con conflictos agrarios de dos décadas atrás y con una oportunidad estructural inédita de despojo.
Las cifras siguen fijando el orden de magnitud: 393.648 parcelas perdidas o abandonadas, entre ventas forzadas a precios irrisorios y abandonos por terror. En el Tolima, el informe de la Gobernación de 1959 estableció que 40.176 propiedades —el 42,82 % del total del departamento, pertenecientes a 32.400 propietarios— fueron abandonadas transitoria o permanentemente, y 321.621 personas —el 42,6 % de la población departamental— sufrieron exilio. El 46 % de esas tierras se abandonaron entre 1955 y 1956, el bienio en que el terror alcanzó su intensidad máxima. Las estimaciones de mortalidad varían: los trabajos clásicos de Germán Guzmán y sus coautores cifran las muertes por encima de 200.000 —134.820 documentadas entre 1948 y 1958, más heridos fallecidos después—; un estudio econométrico de 2019 baja la cifra a 57.737 para 1949-1958 bajo supuestos conservadores. En cualquiera de las variantes, se trata de una hemorragia demográfica sin precedentes en el siglo XX colombiano.
Entender La Violencia como acumulación originaria exige atender a los mecanismos, no solo al volumen del despojo. Los investigadores de la Gobernación del Tolima advirtieron ya en 1959 que había una estrategia detrás del éxodo. El despojo operó por dos grandes vías. La primera, la coerción violenta sin uso de figuras jurídicas: amenazas, asesinatos selectivos, masacres en veredas enteras, quema de ranchos y de cosechas. En este registro se inscribe el cambalache, esa modalidad de intercambio forzado de propiedades por otras de menor valor o en zonas remotas, que empezó a finales de los años cuarenta y se prolongó por décadas. Un campesino liberal en zona conservadora —o al revés— era conminado a permutar su parcela por otra en territorio hostil, cuando no directamente asesinado y sus tierras anexadas a la finca vecina.
La segunda vía combinó violencia y fraude notarial. En el Patía, en el Cauca, la Notaría del Circuito operó durante buena parte del siglo XX con artimañas jurídicas que escrituraban tierras a favor de terceros ajenos a ellas, invirtiendo la función registral hasta convertirla en instrumento de desalojo socioespacial. Compraventas simuladas, hipotecas ejecutadas en condiciones de coacción, permutas donde uno de los firmantes había huido o estaba muerto: el papel legalizaba lo que la violencia había arrancado. Cuando el Frente Nacional creó, tras 1958, los Tribunales de Conciliación y Equidad para los cinco departamentos declarados zonas de Violencia —Caldas, Cauca, Huila, Tolima y Valle—, buscaba precisamente reparar lesiones económicas derivadas de esas compraventas, permutas e hipotecas realizadas bajo coacción. Los tribunales desaparecieron al año siguiente sin cumplir su cometido: los inmuebles ya estaban en manos de terceros y la restitución era jurídicamente inextricable.
Ese andamiaje es lo que convierte a La Violencia en algo más que un episodio de sectarismo bipartidista. El partido en el poder —conservador entre 1946 y 1953, militar bajo Rojas— garantizaba impunidad sistemática a sus partidarios y a los cuerpos de seguridad que actuaban por ellos. Notarios, jueces civiles y directorios políticos locales quedaban integrados en una cadena que traducía terror en escritura pública. Y esa cadena tenía un premio: la valorización de la tierra. En la vereda Montegrande, en Caicedonia, una hectárea que en 1960 valía 20.000 pesos alcanzó los 50.000 en 1973, coincidiendo con nuevos brotes de violencia y con el alza del café. Los registros del notario local muestran que el recrudecimiento de la violencia de los años cincuenta se solapó con la primera gran valorización de la tierra cafetera. La violencia no era, para todos, catástrofe: para algunos era anexión. Campesinos asesinados y parcelas incorporadas a fincas contiguas configuraron lo que Darío Fajardo, Absalón Machado y otros historiadores agrarios han descrito como una revancha terrateniente contra los colonos que en los años veinte y treinta habían disputado las haciendas cafeteras del centro.
Que esto no haya sido un plan orquestado por una clase terrateniente cohesionada no le resta a la lectura su fuerza. Fue algo distinto y quizá más eficaz: una oportunidad estructural puesta a disposición de hacendados, comerciantes, gamonales y militares, que la aprovecharon de forma dispersa, oportunista y masiva. El sistema institucional que la hizo posible era reconocible: títulos frágiles saneados por la Ley 200, impunidad partidista, notarías capturables, jueces civiles al alcance del gamonal. La misma geografía lo confirma: tras 1958, cuando el Frente Nacional pactó la alternancia liberal-conservadora, la violencia residual se concentró casi exclusivamente en los departamentos cafeteros, y en especial en los cuatro principales productores de 1955, todos en la Cordillera Central. No era casualidad: eran las zonas donde la tierra valía la sangre.
La bisagra de Rojas Pinilla: tierra arrasada y colonización armada
El golpe de Gustavo Rojas Pinilla, en junio de 1953, contó con apoyo del ospinismo y respaldo dentro de las fuerzas armadas en un contexto de violencia incontrolable y fractura conservadora entre Ospina y Laureano Gómez. Rojas prometió pacificación, y en efecto ofreció amnistía a las guerrillas liberales del Llano, que se desmovilizaron parcialmente. Pero en las zonas donde el Partido Comunista había proclamado en noviembre de 1949 la consigna de autodefensa de masas —consigna que había encontrado eco entre liberales gaitanistas desalojados—, las estructuras armadas mantuvieron su organización. En la Conferencia de Boyacá de agosto de 1952 —I Conferencia Nacional Guerrillera—, representantes de grupos liberales alzados en armas habían planteado por primera vez una alianza con los comunistas. Rojas, tras la desmovilización llanera, ilegalizó al Partido Comunista y a la ideología comunista, y con ello fortaleció paradójicamente los grupos armados del PCC en Villarrica, el Sumapaz y el sur del Tolima.
A mediados de 1955, el gobierno declaró a Villarrica y a otros municipios del oriente del Tolima zonas de operaciones militares. La ofensiva combinó bombardeos, ametrallamientos y tierra arrasada. Fue el primer ensayo colombiano de contrainsurgencia aeroterrestre a escala regional, y produjo un éxodo masivo: más de cinco mil personas se refugiaron en las tierras del Alto Sumapaz, del Duda, del Pato y en las cabeceras de los ríos Ariari y Guayabero. Ese desplazamiento no fue solo huida: fue colonización armada. Los líderes campesinos y comunistas que se movieron con la población abrieron frontera agrícola en zonas hasta entonces despobladas, y sembraron —literal y políticamente— los territorios donde una década después emergerían las FARC. La geografía guerrillera del sur del país, que dominaría el conflicto armado durante medio siglo, nació en buena parte de la ofensiva de Rojas contra Villarrica.
El período de Rojas condensa así la doble cara del proceso: mientras en unas regiones el aparato militar profundizaba el despojo desalojando enclaves campesinos organizados, en otras la violencia arrojaba a los desplazados hacia baldíos donde volvían a empezar. La colonización de los Llanos Orientales, del Ariari, del Caquetá y del Guayabero recibió en los años cincuenta el mayor impulso de su historia, y lo hizo por vía patológica: no como política de poblamiento sino como válvula de escape.
Efectos de larga duración: urbanización, frontera y reforma fallida
Esa doble vía —expulsión desde el centro cafetero, absorción por la frontera baldía o por los cinturones urbanos— fue la que reconfiguró demográficamente al país en las dos décadas siguientes. Camilo Torres Restrepo vio en La Violencia el cambio sociocultural más profundo del campo colombiano desde la Conquista: un proceso que integró a las comunidades rurales en dinámicas de urbanización, división del trabajo, especialización y movilidad social, aunque por canales patológicos. El diagnóstico sigue siendo útil. El desplazamiento forzado —más de dos millones de personas— tomó dos rutas complementarias. Una, la migración a ciudades. Bogotá pasó de menos de 500.000 habitantes a comienzos de los cuarenta a 620.000 en 1950 y 1.300.000 en 1960: el desplazamiento no fue la causa única, pero sí un factor decisivo del crecimiento. Los recién llegados engrosaron tugurios y ejércitos de desempleados en los cerros orientales y en las periferias de Cali, Medellín, Barranquilla y Pereira. La otra ruta fue la colonización espontánea de frontera: Caquetá, Meta, Arauca, Putumayo, el bajo Cauca, Urabá. Allí el campesino desplazado desmontaba selva, sembraba, se instalaba —y con frecuencia era desplazado de nuevo por grandes compradores que concentraban propiedad para ganadería extensiva, empujando al colono a moverse más lejos o a regresar derrotado.
Cuando la Alianza para el Progreso presionó al gobierno de Alberto Lleras Camargo a legislar en materia agraria, se sancionó la Ley 135 de 1961 y se creó el INCORA. La reforma llegaba tarde y con la vista corta: el despojo había redoblado la concentración, pero el nuevo instituto no fue autorizado a tocar las tierras despojadas del centro cafetero. Su acción se desvió hacia la frontera. Programas de colonización dirigida se abrieron en Caquetá, Arauca y Meta —Putumayo quedó fuera de las prioridades— sobre baldíos, no sobre latifundios. La consecuencia, medible en el propio decenio, fue perversa: entre 1960 y 1970 la concentración aumentó, las explotaciones menores de 10 hectáreas perdieron número y superficie, y el estrato mayor de 50 creció en ambas dimensiones. La lógica quedó fijada para el medio siglo siguiente: la tierra fértil ya despojada no se tocó; la nueva tierra colonizada se ofreció como sustituto. Y en las zonas de colonización, la concentración volvió a repetirse: los grandes compradores llegaban tras el hacha del colono.
El paramilitarismo narco-ganadero: acumulación reproducida
El patrón reaparece, con nuevos actores y nuevas mercancías, en las últimas décadas del siglo. El paramilitarismo colombiano que emergió en los años ochenta —primero como grupos sicariales al servicio de narcotraficantes y autodefensas locales, luego confederado en las Autodefensas Unidas de Colombia— no fue una novedad histórica sino la versión cocalera-minera-ganadera de una panoplia de técnicas de despojo descubiertas y desplegadas por el sistema político cafetero-ganadero durante La Violencia.
La escala fue enorme. Entre finales de los años ochenta y comienzos de los 2000, los narcotraficantes compraron sistemáticamente entre tres y cuatro millones de hectáreas, fenómeno que ayudó a financiar el paramilitarismo como estrategia privada de contrainsurgencia contra las guerrillas. La expansión paramilitar entre 1997 y 2004 dejó más de 150.000 homicidios y desapariciones y más de 3,5 millones de desplazados. La ola coincidió con el fracaso de los diálogos del Caguán entre el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC-EP, y con la percepción pública de la guerrilla como principal amenaza, lo que permitió que la alianza paramilitar con políticos regionales pasara casi desapercibida hasta el escándalo de la parapolítica.
Alejandro Reyes Posada describió la coalición que sostuvo el proceso: élites ganaderas y rurales, políticos locales tradicionales, sectores de las Fuerzas Armadas y narcotráfico, convergentes en el objetivo de neutralizar cualquier negociación de paz con reformismo redistributivo. La huella se lee en el mapa de la concentración. En los municipios con presencia de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, el Gini rural promediaba 0,69, y llegaba a 0,81 en Guaduas y Sonsón —cifras que describen paisajes donde unos pocos hatos monopolizan casi todo el suelo cultivable—. En la zona de las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá el promedio bajaba a 0,64, pero Santa Helena del Opón trepaba a 0,85: el despojo tenía coordenadas veredales precisas.
Los mecanismos repitieron y sofisticaron los de La Violencia. Compras a precios irrisorios bajo amenaza —el o se van o se mueren que, según alias Tolemaida, Jorge 40 impuso a jornaleros por orden de Salvatore Mancuso, con la instrucción explícita de legalizar y englobar los terrenos—, escrituración en notarías afines, traspaso a testaferros y familiares de comandantes, reventa posterior a terceros de aparente buena fe, incluidas empresas agroindustriales y multinacionales. El Bloque Central Bolívar destinó los predios usurpados a la siembra de palma de aceite. El Bloque Norte, en la Costa, capturó incluso la institucionalidad agraria: la gerencia regional del INCORA en Magdalena, bajo José Fernando Mercado Polo, fue investigada por readjudicaciones fraudulentas en Chivolo, con implicación de varios funcionarios. En el Cesar, la Fiscalía estableció que el INCODER traspasó las parcelas 6, 9, 1, 45 y 48 del predio El Prado —1.231 hectáreas adjudicadas en 1997 en el marco de la reforma agraria— a familiares del comandante paramilitar David Hernández, alias Treintainueve, del Frente Mártires del Cesar. La reforma agraria alimentando el despojo: el mismo aparato que debía redistribuir titulaba a los despojadores.
Las masacres emblemáticas —Mapiripán en julio de 1997, El Aro, La Gabarra, El Salado, El Naya— funcionaron como hitos fundacionales del control territorial paramilitar, generando terror y expulsando poblaciones acusadas arbitrariamente de auxiliar a la guerrilla. En Urabá, en el Magdalena Medio, en los Montes de María, en el Catatumbo, en los Llanos, el patrón se repitió con variaciones: violencia inicial, éxodo, ocupación por testaferros, siembra de palma o expansión ganadera, legalización notarial. Mancuso, en versión libre, reconoció que la recuperación de tierras tenía como objetivo devolvérselas a los empresarios: la frase desnuda la funcionalidad del proceso más allá de la retórica contrainsurgente.
Restitución y persistencia
La Ley 1448 de 2011, sancionada bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, marcó un hito jurídico: por primera vez el Estado colombiano reconoció formalmente la existencia de un conflicto armado interno y de un proceso masivo de desplazamiento y despojo. Antes de la ley, la institucionalidad registraba el desplazamiento pero no el despojo como hecho victimizante autónomo; el reconocimiento del despojo como categoría jurídica operativa comenzó el 1 de enero de 2012. Guerrillas y paramilitares aparecieron como los principales responsables señalados por los reclamantes ante la Unidad de Restitución de Tierras.
Los obstáculos, sin embargo, eran estructurales, no coyunturales, y la propia arquitectura del despojo los preveía. La cadena había producido, durante décadas, capas superpuestas de traspasos con apariencia legal. La parcela arrancada a un aparcero en 1953 podía haber pasado por tres testaferros, dos compraventas de aparente buena fe y una hipoteca ejecutada. Solo entonces, en los años noventa, llegaba al empresario palmicultor que la explotaba. Deshacer ese ovillo exigía enfrentar a terceros que blandían escrituras impecables y a notarías cómplices durante generaciones, en un derecho civil colombiano históricamente diseñado para proteger al poseedor inscrito, no al despojado original. La carga de la prueba, incluso con la inversión parcial que introdujo la ley, seguía recayendo sobre campesinos analfabetos funcionales que habían huido sin papeles cincuenta años antes.
A ese obstáculo jurídico se sumó otro más crudo: la violencia contra los reclamantes. Líderes de restitución fueron asesinados en Urabá, en los Montes de María, en el Cesar, en el Meta, cada uno un mensaje veredal sobre el costo de reabrir el título. En muchas veredas, quienes intentaron reclamar tuvieron que hacerlo desde el exilio interno, sabiendo que el retorno físico al predio era una sentencia. Los jueces especializados, creados por la propia ley, empezaron a producir sentencias, pero el ritmo fue lento —unos pocos miles de fallos frente a decenas de miles de solicitudes— y la superficie efectivamente restituida quedó muy por debajo del universo despojado. Los predios más rentables, aquellos que ya habían sido incorporados a monocultivos agroindustriales o a proyectos mineros, resultaron los más difíciles de recuperar: la formalización productiva funcionó, en la práctica, como blindaje frente a la restitución.
Las cifras contemporáneas cierran el arco. Hacia 2016, el 1 % de las explotaciones de mayor tamaño controlaba más del 80 % de la tierra en Colombia. Entre 2000 y 2015 —con la ley de víctimas ya en marcha en su tramo final— el Gini rural aumentó en 21 de 31 departamentos: no solo no se corrigió la concentración, sino que se profundizó en dos terceras partes del país. En 2021, Colombia figuraba entre los cinco países con mayor concentración de tierras del mundo. Ningún ciclo redistributivo —el reformismo liberal de los treinta, la Ley 135 de 1961, el Acuerdo de La Habana de 2016 con su Reforma Rural Integral— ha logrado revertir la tendencia que La Violencia consolidó. La ley reconoció el despojo; la geografía siguió reproduciéndolo.
Una historia en varios tiempos
Leer La Violencia como acumulación originaria no significa reducir un conflicto de enorme complejidad —bipartidista, religioso, regional, generacional— a un solo motor económico. Significa reconocer que, bajo el sectarismo azul y rojo, operó un mecanismo estructural de transferencia de propiedad que aprovechó el marco institucional heredado —la política de baldíos del siglo XIX, la Ley 200 de 1936, la Ley 100 de 1944, la impunidad partidista, la capturabilidad de notarías y juzgados civiles— para convertir el terror en escritura, la escritura en título, y el título en riqueza durable. Ese mecanismo no requirió una clase terrateniente cohesionada que lo diseñara: le bastó con hacendados, comerciantes, gamonales y militares locales que actuaron oportunistamente en un entorno que los premiaba.
Al mismo tiempo, la agencia campesina y comunista —las autodefensas del Sumapaz, las guerrillas liberales del Llano, la colonización armada del Ariari y del Guayabero— muestra que el proceso no fue nunca una imposición unilateral desde arriba. Fue disputa. Villarrica bombardeada por Rojas es a la vez destrucción de un enclave y siembra de las condiciones organizativas que darían origen a las FARC en 1964. La geografía del despojo y la geografía de la resistencia se solapan casi punto por punto en el mapa del siglo XX colombiano. Por eso la reproducción paramilitar de finales de siglo no fue mera repetición: fue continuación de una guerra por la tierra que nunca se cerró.
Marx pensó la acumulación originaria como el momento fundacional del capitalismo: un episodio que, una vez consumado, cedía paso a la reproducción ampliada del capital. La historia colombiana obliga a corregir esa cronología. Aquí la acumulación originaria no fue un momento sino un régimen: un patrón de despojo violento, jurídicamente blanqueado y políticamente protegido, que se reactivó cada vez que una coyuntura —guerra bipartidista, expansión narcotraficante, contrainsurgencia paramilitar— lo hizo posible. La Violencia fue su expresión más intensa y su matriz duradera. Setenta años después, la restitución avanza lentamente y la concentración se mantiene. La historia de la tierra en Colombia no está terminada: sigue siendo, en cada finca reclamada y en cada líder asesinado, materia viva.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Karl Marx (formuló el concepto de acumulación originaria en El capital, capítulo XXIV, como separación violenta del productor de sus medios de producción)
- 02La Violencia (período 1946-1958 en que el proceso alcanzó su expresión más intensa, con 393.648 parcelas despojadas y más de dos millones de desplazados)
- 03Ley 200 de 1936 (reforma agraria paradójica que saneó títulos de grandes propietarios y desencadenó expulsiones preventivas de aparceros)
- 04Latifundio (forma de propiedad consolidada y ampliada mediante el despojo, especialmente en zonas cafeteras y ganaderas)
- 05Despojo (mecanismo central del proceso, operado por coerción violenta y fraude notarial)
- 06Desplazamiento forzado (consecuencia directa que reconfiguró demográficamente al país, urbanizando masas rurales y abriendo frontera agrícola en baldíos)
- 07Darío Fajardo Montaña (historiador agrario que junto a Absalón Machado describió el proceso como 'revancha terrateniente' contra colonos de los años veinte y treinta)
- 08Tolima (departamento donde el despojo fue más documentado: 42,82% de propiedades abandonadas y 42,6% de la población exiliada)
- 09Reforma agraria (horizonte frustrado cuyo bloqueo institucional —desde la Ley 100 de 1944 hasta el rechazo del proyecto de Gaitán— condicionó la explosión violenta posterior)
Personas
Lugares
Ideas
- Acumulación por desposesión1 pieza compartida
- Aparcería1 pieza compartida
- Baldíos1 pieza compartida
- Colonización1 pieza compartida
- Contrarreforma agraria1 pieza compartida
- Desplazamiento forzado1 pieza compartida
- Despojo1 pieza compartida
- Función social de la propiedad1 pieza compartida
- Hacienda cafetera1 pieza compartida
Documentos y fragmentos citados
70 documentos · 82 fragmentos
01Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 445, 4522 citas
[1]situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…
p. 445
[25]campesinos pobres. En conclusión, las cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958, con base en las pocas fuentes fidedignas disponibles, serían las que se presentan en la tabla 19.3. Tabla 19.3 Cifras de mortalidad posible causada por la violencia en Colombia entre 1949 y 1958…
p. 452
02Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 3001 cita
[2]agudos que el Gobierno consideró necesario adoptar ciertas medidas. El segundo estatuto agrario importante adoptado en el curso de ocho años, la Ley 100 de 1944, suministra evidencias que corroboran los procesos descritos atrás. La ley se proponía defender a los terratenientes contra los arrendatarios y aparceros que…
p. 300
03Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 541 cita
[3]200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…
p. 54
04Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4971 cita
[4]conflicto y sus víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, desde abajo, Bogotá: Desde abajo, 2017 (tercera reimpresión), 366. 971 Múnera, Alfonso. Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Bogotá: Planeta, 2005, p. 103. 498…
p. 497
05Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 211 cita
[5]títulos de las fincas superiores a 500 hectáreas eran sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante los jueces civiles en los años que siguieron a la Ley 200 de 1936 (Reyes Posada, 1976). Las adjudicaciones de baldíos durante el periodo liberal de 1930-1946 tendieron a corregir el sesgo a favor de las grandes…
p. 21
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2291 cita
[6]contradicciones y ca- rencia de coherencia política. Enfrentó las críticas del sector santista y de los conservadores, afrontó la generalización de la Violencia política, la cual no supo manejar, pues sus diálogos con el gobier- no habían resultado infructuosos. El país comen- zaba a desangrarse sin que se hiciera…
p. 229
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1871 cita
[7]de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…
p. 187
08El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2801 cita
[8]También pueden encontrarse cifras en los diferentes Anuarios de estadística en relación con adjudicaciones. No conozco ninguna cuantificación más técnica aunque al leer una introducción a un amplio trabajo sobre la agricultura del siglo XIX TIERRA Y SOCIEDAD: LA COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA 279 Simplificadamente, los…
p. 280
09Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1071 cita
[9]general del problema de- be tener en cuenta el hecho de que las primeras disposiciones legales afectaron muy poco la estructura de la tenencia de la tierra. En efecto, la verdadera disolución de la propiedad comunal y su distribución entre los indios tributarios fue demorada hasta 1832; aun entonces, se les prohibió a…
p. 107
10Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 211 cita
[10]de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…
p. 21
11Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1831 cita
[11]Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…
p. 183
12La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3421 cita
[12]manera de acceder a la propiedad, aunque significara una confrontación con los grandes propietarios y con el Estado. Pero fue a través de la fabricación de productos de exportación como se llevó a cabo la inserción de la economía al comercio internacional y a la modernización, primero, con la producción de tabaco y,…
p. 342
13El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2701 cita
[13]presentados por Curry en un seminario privado que se realizó en Bogotá en 1975. 268 LA APROPIACIÓN DE LA TIERRA: LA LETRA MUERTA DE LA LEY las sociedades rurales y se enclava en una visión racionalista, urbana y esencialmente políti- ca de la historia: las «medidas» que vienen de arriba y de rudo golpe cambian,…
p. 270
14Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3231 cita
[14]tañas los valerosos hijos del pueblo [...] i cuando estos hombres, que prin- cipian por disputar a las fieras el do- minio del suelo, han descuajado los montes i convertido en amenos pra- dos, cubiertos por los plantíos del café, del plátano i de la caña de azúcar la honda cañada o el áspero declive de montaña,…
p. 323
15Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 761 cita
[15](15,3 por ciento); Tolima (6,8 por ciento); Caquetá (5,4 por ciento); Cesar (5,4 por ciento); Chocó (5,1 por ciento); y Córdoba (5 por ciento). El mayor porcentaje de títulos se distribuyó así: Valle del Cauca (23,2 por ciento); Caldas (11 por ciento); Tolima (8 por ciento); Cundinamarca (6,4 por ciento) y Caquetá…
p. 76
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 59, 642 citas
[16]forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…
p. 64
[28]campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…
p. 59
17¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 70, 742 citas
[17]de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…
p. 70
[31]estallido re- volucionario en los países latinoamericanos”. Ciertamente, durante la Violencia, la confrontación en algunas zonas del país se entrelazaba con la “revancha terrateniente”, una suerte de venganza por las luchas campesinas de las décadas de 1920 y 1930. 21 La 21. Las reivindicaciones de líderes y…
p. 74
18No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[18]el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…
p. 72
19Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 441 cita
[19]años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…
p. 44
20Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4361 cita
[20]menor de muertes en comparación con los otros grandes productores de café, después de 1958 suposición entre los departamentos que padecían la Violencia esri:xu~ho-;m4saltll. (Ve~'elCuad.ro S.G).Durante este pe riodo la Violencia se limitO étlsi exclusivamente a los departamentos pro ductores de café, los más…
p. 436
21Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 cita
[21]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
p. 35
22When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 11 cita
[22]Introduction The Violencia and Its Literature On the fourth of June 1949} the registrar of voters of Santa Isabel} Tolima} picked up a pistol and fired a bullet through his brain. The news caused a ripple of interest in the village} and for several days people mused on his untimely passing. A newspaper in the nearby…
p. 1
23Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3051 cita
[23]of leading public figures to work together, and their willingness to enlist the citizenry in their partisan and personal struggles, spread violence and death over extensive portions of the nation. The armed struggle, first noted in sporadic incidents taking place in 1946, intensified over succeeding years, ul-…
p. 305
24El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 293, 2972 citas
[24]Violencia no se pueda vincular directamente al comportamicn to o los “intereses”—independientemente de lo que se entienda por esa expresión— de ciertas clases sociales, sí está críticamente ligada al diseño institucional de los derechos de propiedad sobre la tierra, es decir, a la “expansión de Legrand” y a la…
p. 293
[55]mano los paramilitares (como cuidanderos de las propiedades rurales di los narcotraficantes), pero también de agencias de seguridad del Estado. Y, en el proceso, no solo despojaron a campesinos sino también a otros terratenientes. Una vez más, nos encontramos con agentes que por una combinación de acceso a medios…
p. 297
25Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 1321 cita
[26]se logra establecer diversas modalidades de despojo. La descripción que a continua- ción se realiza no obedece necesariamente al orden cronológico en el que las diversas modalidades se han presentado; se trata más bien de un ordenamiento conceptual construido a partir de dos grandes ejes articuladores: el primero de…
p. 132
26Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2091 cita
[27]los cinco departamentos definidos por decreto como zonas de Violencia (Caldas, Cauca, Huila, Tolima y Valle), recibieron la misión de resolver las situaciones de hecho o las lesiones económicas sufridas a raíz de compraventas, permutas, hipotecas y en general las transacciones sobre bienes inmuebles, realizadas bajo…
p. 209
27Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1871 cita
[29]o s a g u a s, d o s m u n d o s 187 Paralelamente, la amañada confabulación entre los nuevos actores o inmigrantes blancos se configuró como una estrategia para imponer nuevos modelos de desplazamiento a los propietarios patianos. Esta dinámica, como se ha podido constatar, fue posible por medio de instituciones como…
p. 187
28Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 121 cita
[30]muertos en la tierra de los cafetales. Ellos fueron así alindando (sumando) a las suyas las parcelas vecinas. Actualmente, la finca promedio en esta zona tiene unas 35 hectáreas de extensión, que aquí es bastante”. Según los datos del notario, el recrudecimiento de la violencia en la década de los años cincuenta,…
p. 12
29Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1491 cita
[32]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…
p. 149
30Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1151 cita
[33]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…
p. 115
31Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 401 cita
[34]economic elites that dominated both polit- ical parties (Pearce 1990, 44). His candidacy expressed the frustration of mil- lions of Colombians disappointed with the failed reformist efforts of the López-Pumarejo government. In April 1948 Gaitan was assassinated in the streets of Bogotá. His death set off an incredible…
p. 40
32Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1371 cita
[35]to the social resentment of the middle and working classes against the mostly well-born and lighter-skinned figures who staffed the higher levels of government and of all the nation's institutions. When he pre- sented himself as candidate for president in 1946, Gaitan carried Bogota and several other large cities,…
p. 137
33Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 612 citas
[36]a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…
p. 61
[37]a quienes estaba dirigida la guerra, porque a través de ella se creaba una cortina de humo que impedía exigir las tierras y los derechos laborales que parcialmente se les concedió en la llamada Revolución en Marcha de López Pumarejo. 62 Alfonso Insuasty Rodríguez • J osé F e rnando V a l e ncia • J a neth Restrepo…
p. 61
34El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 692 citas
[38]parida necesariamente en el campo. Cuando en Colombia el Partido Comunista llamó a la autode- fensa de las masas, noviembre de 1949, en algunas regiones ya reto- ñaba entre liberales gaitanistas. Porque la alternativa era resistir o perecer. El presidente Gómez Castro, al darse cuenta que había nacido una resistencia…
p. 69
[39]parida necesariamente en el campo. Cuando en Colombia el Partido Comunista llamó a la autode- fensa de las masas, noviembre de 1949, en algunas regiones ya reto- ñaba entre liberales gaitanistas. Porque la alternativa era resistir o perecer. El presidente Gómez Castro, al darse cuenta que había nacido una resistencia…
p. 69
35Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 221 cita
[40]el comunismo —aún alejado de la toma del poder político y más focalizado en la noción maoísta de guerra popular prolongada —, se va a afianzar sobre dos escenarios que, con posterioridad, serán claves en la emergencia guerrillera de las FARC, ya en la década de los sesenta: Tequendama y Sumapaz en Cundinamarca y el…
p. 22
36Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4931 cita
[41]la violencia contra el adversario. La confrontación durante estos años llegó a su climax, las estadísticas sobre muertes violentas, masacres políti- cas y éxodos, así lo permite observar. Ni siquiera el relevo en el mando presidencial de Roberto Urdaneta ante una enfermedad de Gómez, repercute en un cambio de am-…
p. 493
37Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 451 cita
[42]la actitud de explotación y represión que a lo largo de la historia ha mostrado la oligarquía como constante” 41. La “segunda guerra” se explica igualmente por un acto injusto del Estado, que respondió a la organización pacífica de los campesinos con un operativo militar. Esa “segunda guerra” se desenvolvió en…
p. 45
38Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 511 cita
[43]comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…
p. 51
39Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 521 cita
[44]hablaba hasta que acabara. Él era muy buena gente (…) era chiquitico, pero era bravo de la lengua” (CNMH, entrevista con abuela, 2012). 1.4. Colonización, continuidad de la Violencia, e influencia del movimiento comunista En este contexto, el municipio de Villarrica, ubicado al oriente del departamento del Tolima,…
p. 52
40Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 228, 2312 citas
[45]titular de El Tiempo: ((E l Regreso a la Norma- lidad en el Llano* y abajo una fotografia panorámica a ocho colum- nas con este pie: <<... con la Cordillera al fondo y la inmensidad de la región en torno s uyo, las guerrillas caminan en fila india hacia el puesto de las autoridades militares en Tauramena para deponer…
p. 228
[47]misma guerrilla: ganar la confianza de los campesinos, conocer palmo a palmo el t erreno (desde la to- pografía hasta la configuración social de los vecindarios), aligerar el equipo, disminuir el tamaño de las unidade s y hacer la guerra psicológica. De 1960 a 1963 fu eron liquidadas 57 cuadrillas y 20 231 232 Marco…
p. 231
41Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3721 cita
[46]y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…
p. 372
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 481 cita
[48]cuello.» El segundo «en una profunda herida sobre la garganta, muy cerca del tronco [...] corriendo con fuerza un machete afilado sobre la parte anterior del cuello.». Espejo y Rozo, «El léxico de la Violencia en Colombia en algunas obras de la literatura de violencia», 10. 66 Centro Nacional de Memoria Histórica,…
p. 48
43Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 491 cita
[49]afirmaban que habrían encontrado el territorio desierto (Calle, 2017). 50 VIOLENCIA PARAMILITAR EN LA ALTILLANURA: AUTODEFENSAS CAMPESINAS DE META Y VICHADA INFORME N.° 3 grandes extensiones de tierra a manos de hacendados ganaderos, que se posicionarían como un nuevo actor social en la región, y luego tendrían que…
p. 49
44Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 681 cita
[50]con él genera una ruptura enorme en la anterior política nacional de tenencia de la tierra. Entre 1903 y 1961, se ha- bía adjudicado apenas un 10,7 por ciento de la superficie nacional, lo cual contrasta con la cifra del 28,6 por ciento que se adjudicaría en el periodo 1962-1974. En principio, el Incora se había…
p. 68
45Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 1001 cita
[51]excess population from the Departments of Santander, Norte de Santander, and Boyacá was the piedmont region on the eastern side of the Andes, or, in other words, the territories of Caquetá, Arauca, and the Depart- ment of Meta. Lleras Camargo accepted Lebret’s recommendations and began to implement them. 30 The first…
p. 100
46Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 261 cita
[52]y de nuevo cuño, y, consecuente, se preci pitó al campamento madre del eln en las selvas del Opón? Según Camilo, La Violencia ha constituido para Colombia el cambio socio-cultural más impor tante en las áreas campesinas desde la Conquista efectuada por los españoles. Por conducto de ella las comunidades rurales se han…
p. 26
47Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5072 citas
[53]fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…
p. 507
[54]fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…
p. 507
48Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 3281 cita
[56]de los años ochenta la región vivió una temprana mili- tarización de los conflictos agrarios (página 49). Para Carrillo (2004, páginas 2 y 3), narcotraficantes llevaron a cabo la compra sistemática de entre tres y cuatro millones de hec- táreas de tierra en el país, desde finales de los ochenta hasta los primeros años…
p. 328
49Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 611 cita
[57]hecho, la violenta expansión paramilitar que se produjo entre 1997 y 2004 dejó más de 150 mil homicidios y desapariciones forzadas, además más de 3.5 millones de desplazados forzados. En todo caso, esta ola de violencia se desató mientras el país observaba el fracaso de los diálogos del Caguán y se creaba la imagen de…
p. 61
50Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1591 cita
[58]planes de quienes serían afectados por un proceso de paz exi- toso. Estos sectores —élites ganaderas y rurales, políticos locales tra- dicionales, etc.—, mediante una alianza estratégica con grupos de las Fuerzas Armadas y el narcotráfico, esperan neutralizar cualquier intento de paz con negociación, lo mismo que el…
p. 159
51Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 381 cita
[59]los grupos armados en un complejo rela- cionamiento con los poderes locales y regionales (Pécaut, Daniel, 1987, 2006 y 2013; Palacios, Marco, 2012; González, Fernán, 2014). La primera generación paramilitar 19 fue una combinación de grupos sicariales al servicio de los narcotra fi cantes y autodefensas locales, que…
p. 38
52Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 571 cita
[60]derechos individuales como la vida y la libertad (CNMH, 2012b, página 246). De modo que se enmarcan en la misma lógica del discurso de Isaza y justifican la apropiación de territorios. Pero un factor adicional, que refuerza la exis- tencia de intereses ajenos a los grupos y por ello la existencia de la quíntuple…
p. 57
53Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 466, 4744 citas
[61]la propiedad, el promedio de los municipios donde hubo presencia de las ACMM reporta un total de 0,69 y para los municipios de presencia de las ACPB se registra un promedio de 0,64. Esto, si bien está por debajo del pro- medio nacional (0,86) no deja de ser una cifra alta, teniendo en cuenta que en el caso de las ACMM…
p. 466
[62]la propiedad, el promedio de los municipios donde hubo presencia de las ACMM reporta un total de 0,69 y para los municipios de presencia de las ACPB se registra un promedio de 0,64. Esto, si bien está por debajo del pro- medio nacional (0,86) no deja de ser una cifra alta, teniendo en cuenta que en el caso de las ACMM…
p. 466
[68]violencia se ilus- tra en las persecuciones y negociaciones con las víctimas, quienes se encontra- ban en una relación asimétrica y bajo la intervención del FV-ACPB: Yo escuché que era un intermediario de Lucho y que quería comprar la finca (…) Porque ni siquiera era de acá, de esta región. El caso fue que ellos…
p. 474
[69]violencia se ilus- tra en las persecuciones y negociaciones con las víctimas, quienes se encontra- ban en una relación asimétrica y bajo la intervención del FV-ACPB: Yo escuché que era un intermediario de Lucho y que quería comprar la finca (…) Porque ni siquiera era de acá, de esta región. El caso fue que ellos…
p. 474
54Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 3891 cita
[63]en torno a los propietarios de los hatos 117 y a la salvaguarda de sus intereses debido a la incapacidad del Estado colombiano para regular y proveer bienes públicos y seguridad en las áreas más periféricas, Lo anterior, conjugado con las redes de clientelismo, la corrupción de los funcionarios públicos, la preca-…
p. 389
55Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 531 cita
[64]secuestrarlo en Córdoba, en donde había comprado varias fincas y había usurpado otras, de nuevo en complicidad con los militares conformó un grupo armado que por una década fue el principal del país. Castaño dijo alguna vez que había aportado a la causa de Pérez, pidiendo contribuciones, pero en realidad, hacia final…
p. 53
56Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 991 cita
[65]desigualdad no ha dejado de aumentar 223. En 2016, s egún esta organización, Colombia se situaba en primer lugar en el ranking de desigualdad en la distribución de la tierra en Latinoamérica, seguido por Perú, Chile y Paraguay. En el país, el 1 % de las explotaciones de mayor tamaño controlaba más del 80 % de la…
p. 99
57La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 36, 692 citas
[66]compra de la tierra, sin em- bargo, muchas veces no se les ofrecía nada y, en otras ocasiones, recibían sumas irrisorias por temor. Se infiere que una vez realizada la transacción de forma forzada, esta era legalizada por medio de una notaría de confian- za para el grupo armado. En el relato se mencionan a comandantes…
p. 36
[73]5.000 0 Suma de la Guajira Suma de Magdalena Etiquetas de fila Suma de Cesar Suma de Atlántico 70 LA TIERRA SE QUEDÓ SIN SU CANTO Tabla 1. Tipos de desplazamiento y momentos de la estructura Periodo e intenciones de operación Tipo de desplazamiento Descripción Mecanismos Incursión 1997-2001 Estratégico En este periodo…
p. 69
58Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 711 cita
[67]pieza clave en las estrategias –sobre todo las que ejercieron la violencia física– utilizadas para despojar y promover el abandono de tierras y bienes en el país. Las historias territoriales compi- ladas en este tomo dan cuenta de la utilización de diferentes modalidades de violencia para arrebatarle la tierra y los…
p. 71
59Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 851 cita
[70]tuvo un componente de ocupa- ción, que fue desde la expulsión de gente del territorio. Los desplazamien- tos fueron muy profundos, fueron producidos por la presencia de las auto- defensas, por la guerra y por la presencia de la guerrilla. Los empresarios entraron sobre baldíos para sembrar palma de aceite y para…
p. 85
60Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1571 cita
[71]readjudicciones son Chivolo (47 casos), Ariguaní (32), Pivijay (24), Sitio Nuevo (12), Tenerife (8), Ciénaga, Santa Marta, Aracataca, Fundación y Plato con 2 casos cada uno y El Banco con 1 caso. La fiscalía abrió inves- tigaciones contra los funcionarios el INCORA/INCODER por 36 casos en las veredas Bejuco Prieto y…
p. 157
61La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 4691 cita
[72]parcelas fueron entrega- das a otros parceleros, algunos de ellos familiares y testaferros de comandan- tes paramilitares, para luego venderlas a las empresas multinacionales. La Fis- calía estableció que el Incoder traspasó las parcelas 6, 9, 1, 45 y 48 a familiares de David Hernández, alias Treintainueve, comandante…
p. 469
62Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 851 cita
[74]reclama gestionar acuerdos de paz con los Frentes Libardo Mora Toro y Ramón Gilberto Barbosa Zambrano, disidentes del proceso de paz con el EPL, en 1991 67. 67 Ver: Bluradio.com, 2015, Iniciar diálogos con disidencia del EPL, piden personeros del Catatumbo y Verdad Abierta.com, 2014, En Catatumbo reclaman mesa con…
p. 85
63La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1951 cita
[75]2 1 Usurpación de tierras 2 Invasión de tierras 1 Total Tierras 7 21 5 2 1 Delitos en general 175 341 146 63 42 Fuentes: Versión Libre Juancho Dique, Diego Vecino y Mancuso Procesamiento/tabulación Cifras y Conceptos, Grupo de Memoria Histórica, CNRR, Mayo 2010. Gráfica N. 14. Cantidad de veces que el versionado…
p. 195
64Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[76]puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…
p. 249
65The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 551 cita
[77]of credit and technological development. 5 The approval of Law 135 of 1961, the Agrarian Social Reform Law, came as proof that a broad political consensus had been reached among the dominant classes. When the law was submitted to a Congress com- pletely controlled by Liberals and Conservatives, only the most…
p. 55
66La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1241 cita
[78]zonas selváticas de ínfima productividad. […] el segundo gran componente de una política de ordenamiento de la población en el territorio es la urbanización planificada y ordenada de los desplazados por la violencia” [Reyes, 2009, 369-370]. La Ley de Víctimas fue expedida en noviembre de 2011 y contiene la…
p. 124
67Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391 cita
[79]leyes y políticas públicas que protegen a las mujeres víctimas se pueden destacar la Ley 1257 de 2008, por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, se reforma el Código Penal de Procedimiento Penal y la Ley 294 de 1996, y se dictan…
p. 39
68Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 111 cita
[80]Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…
p. 11
69Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4491 cita
[81]Tierra». 1394 Catálogo de Fuentes de Archivo Externas, Informe 35-OI-5fc85891b5a905584b9fbfa5, Comisión de la Verdad, «El conflicto que despojó vidas y territorios». hasta la guerra tiene límites 450 Penal. La institucionalidad, ante las denuncias de hechos victimizantes, registra prin- cipalmente el desplazamiento…
p. 449
70Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 481 cita
[82]ha contemplado el enfoque restitutivo en la Política, no existe una institucionalidad que tenga a su cargo la devolución de los bienes y la garantía de su uso, goce y libre dis- posición. Por lo tanto, no son claras las funciones de las entidades Más allá del desplazamiento 92 La protección y restitución de las…
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