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Idea · Nueva Granada

Trabajo libre

Dispositivo jurídico y discursivo mediante el cual las élites republicanas neogranadinas reorganizaron las jerarquías coloniales del trabajo bajo el lenguaje del contrato, la igualdad ciudadana y el mercado, sustituyendo la esclavitud, la mita y la servidumbre por peonaje, terraje y concierto asalariado entre 1821 y 1852, sin repartir tierra ni herramientas a los liberados.

4.338 palabras46 documentos61 fragmentos citados
Trabajo libre

Trayectoria de una idea

  1. 1821

    Ley de libertad de vientres (Cúcuta)

  2. 1824

    Supresión de mayorazgos y libre circulación de la propiedad

  3. 1842

    Ley que prorroga la dependencia de los libertos

  4. 1850

    Reformas liberales complementarias al trabajo libre

  5. 1851

    Abolición definitiva de la esclavitud

  6. 1853

    Registro de la Comisión Corográfica sobre los negros libres

03

La lectura

El trabajo libre fue, en la historia neogranadina, la promesa más elocuente y más incumplida del liberalismo republicano: emancipar sin repartir, igualar en la ley sin igualar en la tierra. Su genealogía arranca en la Ley de Cúcuta de 1821, que al decretar la libertad de vientres inventó simultáneamente el concierto forzoso de manumisos, una esclavitud sin nombre sostenida por la tutela del amo. Tres décadas después, la abolición de 1851-1852 repitió la operación a mayor escala: liberó a cerca de 17.000 esclavos sin concederles tierra ni herramientas, entregándolos al peonaje y al terraje con sus antiguos dueños. La disolución simultánea de los resguardos indígenas completó el cuadro, poniendo en circulación dos poblaciones —negros libertos e indígenas despojados— en un mercado laboral que las esperaba sin medios de subsistencia autónoma. El concepto revela así la coherencia interna del proyecto liberal de mediados del siglo XIX: abolición, desamortización, supresión de censos y librecambio componían un régimen cuyo eje era la disponibilidad de mano de obra sin acceso a medios de producción propios.

El trabajo libre

El "trabajo libre" designa, en la historia neogranadina del siglo XIX, un dispositivo jurídico y discursivo mediante el cual las élites republicanas reorganizaron las jerarquías coloniales del trabajo bajo el lenguaje del contrato, la igualdad ciudadana y el mercado. Comprende el conjunto de figuras laborales —peonaje, terraje, concierto asalariado, agregaduría, arrendamiento con obligación de trabajo, jornal— que sustituyeron a la esclavitud, la mita, el tributo indígena y la servidumbre entre la libertad de vientres decretada en Cúcuta en 1821 y la abolición efectiva de la esclavitud en 1852, y que se prolongaron hasta la Regeneración. En la categoría se cifra la promesa incumplida del liberalismo colombiano: emancipar sin repartir, igualar en la ley sin igualar en la tierra, sustituir la coerción abierta por formas de dependencia veladas bajo la forma contractual. La entrada recorre su base colonial, su codificación jurídica, sus modalidades regionales, su disputa pública y su continuidad más allá de 1886.

Herencia colonial: los regímenes coercitivos antes de la libertad

El régimen laboral que la República heredó de tres siglos coloniales no era un bloque uniforme sino un mosaico de instituciones superpuestas, cada una atada a una geografía y a una economía particulares. La encomienda había sido, hacia 1550, la institución central en torno a la cual se organizó la explotación del trabajo indígena, y marcó la transición desde el saqueo abierto de la conquista hacia formas más sistemáticas de control. De ella derivó el concierto: una evolución de la coerción absoluta hacia una distribución político-administrativa de la mano de obra, en la que los indígenas trabajaban periodos de entre tres y seis meses a cambio de un salario. Sobre el papel era un contrato; en la práctica, tendía a fijar al indio a la tierra, hasta el punto de tipificar a la hacienda neogranadina como una formación de rasgos feudales. La escasez de funcionarios y los nexos de los corregidores de partido con los terratenientes locales volvían inefectivo cualquier control estatal.

Junto al concierto operaba la esclavitud africana, dominante en las actividades mineras del Pacífico y en las haciendas de la Costa Norte, combinada con la servidumbre indígena en el suroccidente. Al Nuevo Reino le correspondió cerca del 22% de la porción española del comercio de esclavos americano: alrededor de un cuarto de millón en todo el período colonial, a razón de 823 esclavos por año entre 1550 y 1792. Provenían principalmente de la costa atlántica africana, de las regiones de Costa de Oro y Costa de los Esclavos en el golfo de Benin, aunque las referencias tribales de los registros coloniales resultan generales y vagas. En el Chocó, en 1782, los negros representaban casi el 75% de una población de unos 35.000 habitantes; los blancos apenas el 2%. Los dueños de las minas más ricas no residían allí: controlaban sus cuadrillas desde Popayán, Cali, Buga, Cartago, Anserma o Santa Fe. La familia Arboleda y la Compañía de Jesús ilustran cómo la producción aurífera del Pacífico se integraba con haciendas del distrito de Popayán, moviendo cuadrillas entre yacimientos y campos.

A este cuadro se sumaban el peonaje y los jornaleros —gañanes contratados temporalmente—, cuya existencia era la respuesta pragmática a un hecho estructural: en la Nueva Granada no existió un sistema uniforme para asegurar la mano de obra. El creciente mestizaje, la presión sobre los pueblos de indios, la fuga de esclavos y la debilidad administrativa produjeron, mucho antes de cualquier reforma liberal, un mercado de trabajo híbrido donde el concierto coexistía con la contratación temporal según la conveniencia estacional de las haciendas. Las discusiones coloniales sobre el vagabundaje —insistentes, obsesivas— eran el reverso de esa carencia: el complemento discursivo de una política orientada a obligar al indio, y después al liberto, a aceptar el trabajo asalariado. La categoría de "vago" servía para forzar hacia el jornal a quienes no cabían en el molde del concierto ni en el de la esclavitud.

Hacia finales del siglo XVIII, el esclavismo era una forma de producción en crisis en extensas regiones del virreinato, aun donde seguía siendo económicamente dominante. A los factores internos que lo volvían antieconómico —el costo de reposición, la fuga, el envejecimiento de las cuadrillas— se sumaron los intereses de las potencias colonialistas, en especial Inglaterra: antiguos exportadores de esclavos que encubrieron con un discurso filantrópico la conveniencia de explotar mano de obra africana en su propio continente y proteger los intereses de sus productores en las colonias antillanas. El abolicionismo internacional que llegaría a la Nueva Granada tenía ya, en su cuna, esa doble condición de causa moral y cálculo económico.

La ficción fundacional: libertad de vientres y manumisión gradual

La Ley del 21 de julio de 1821, expedida por el Congreso de Cúcuta e impulsada principalmente por José Félix de Restrepo, es la primera piedra jurídica del trabajo libre neogranadino. Restrepo defendió la libertad de vientres como el "remedio radical" que extinguiría gradualmente la esclavitud sin arruinar de inmediato a los propietarios. La fórmula era, en apariencia, elegante: los hijos nacidos de esclavas a partir de esa fecha serían libres. En la letra menuda, sin embargo, se alojaba el dispositivo que definiría el siglo: esos "libres" debían permanecer bajo la tutela del amo de su madre hasta cumplir 18 años. Nació allí, en el mismo acto que la abolía sobre el papel, la figura del "concierto forzoso de manumisos": una esclavitud sin nombre, disimulada bajo la forma de una tutela educativa y compensatoria.

Junto a la libertad de vientres se creó un mecanismo de manumisión gradual de esclavos adultos, ejecutado por organismos regionales encargados de indemnizar a los propietarios con fondos recaudados para ese fin. El aparato nunca funcionó: la escasez crónica de los fondos asignados hacía imposible cumplir la tarea en los plazos previstos por los legisladores. La ley producía libertades futuras y compraba, con dinero que no existía, libertades presentes. La distancia entre el enunciado y su aplicación fue, desde el primer día, constitutiva del régimen.

Que la ficción se sostuviera veinte años sin corrección habla del pacto tácito entre el liberalismo capitalino y el esclavismo del Cauca, del Chocó y de la Costa. Cuando los primeros manumisos empezaron a cumplir la mayoría de edad prevista en 1821, el Congreso reaccionó no ampliando la libertad, sino prorrogándola en reversa. La ley del 29 de mayo de 1842 estableció que los libertos entre 18 y 25 años quedaran bajo poder de sus amos, prolongando de facto la dependencia siete años más allá de lo previsto originalmente. La emancipación fue así, durante tres décadas, un horizonte móvil que retrocedía a medida que los cuerpos avanzaban hacia él. La retórica de la libertad convivía con la práctica del trabajo forzoso; el amo era ya, en el papel, un tutor.

En paralelo operaba la manumisión voluntaria, practicada por los amos sin intervención de la ley. Beneficiaba con frecuencia a esclavas concubinas y a sus hijos mulatos, respondiendo a razones personales, afectivas o de conciencia religiosa antes que a criterios de justicia o de cálculo económico. Era la excepción íntima dentro del régimen: no lo transformaba, lo humanizaba en casos aislados y confirmaba, por contraste, la regla general.

La reforma que codifica: José Hilario López y las leyes de 1849-1853

José Hilario López fue elegido presidente de la Nueva Granada el 7 de marzo de 1849. Su gobierno, que se extendió hasta 1853, concretó buena parte de las reformas a las que aspiraban las élites criollas vinculadas al partido liberal. La abolición de la esclavitud, promulgada en mayo de 1851 y vigente desde el 1° de enero de 1852, liberó a cerca de 17.000 esclavos, y la ley estableció que la libertad de cada uno se comprobaría mediante carta de libertad expedida previos los respectivos avalúos. Los amos serían indemnizados; los libertos, no. Ninguna de las leyes de abolición contempló la concesión de tierra ni de herramientas a los recién liberados.

La omisión no fue un descuido, sino la clave arquitectónica del régimen que sucedió a la esclavitud. Las fuerzas económicas liberales de mediados del siglo XIX concibieron la libertad de los esclavos como un medio para obtener mano de obra abundante y barata, no como un fin social en sí mismo. Un liberto sin tierra ni herramientas no tenía otra opción que ofrecer su brazo al mismo dueño que hasta la víspera había sido su amo. El peonaje absorbió inmediatamente a los negros liberados en el Cauca, el Chocó y la Costa; el sistema del terraje —arrendamiento de tierras pagado en especie, dinero o trabajo— consolidó la dependencia bajo la forma nueva del contrato agrario. Los recorridos de la Comisión Corográfica en 1853 registraron el estado de pobreza de los negros libres, su carencia de educación, la ausencia de caminos y la falta de interés de los blancos hacia ellos. La libertad legal se había traducido en abandono social.

Las reformas de López no se detuvieron allí. La supresión de los mayorazgos, decretada ya por la Ley del 10 de julio de 1824, se justificaba explícitamente en el fomento de la libre circulación de la propiedad territorial para impulsar agricultura, industria y comercio. La Ley del 20 de abril de 1850 suprimió el diezmo, medida que aliviaba las cargas de todos los agricultores pero favorecía sobre todo al latifundio. Los censos, cargas patrimoniales reales que gravaban propiedades urbanas y rústicas, fueron también eliminados como obstáculo al desarrollo agrícola. Y la reducción arancelaria impulsada por el Ministerio de Hacienda del gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera en 1847 abrió el mercado interno a las manufacturas importadas, política que se mantuvo prácticamente sin interrupción hasta la década de 1880.

Cada una de estas reformas se presentaba como una liberación: del vínculo señorial, de la carga eclesiástica, de la rigidez proteccionista. Reunidas, componían un mismo movimiento: la construcción jurídica de un espacio económico donde la tierra circulara, la mano de obra estuviera disponible y las mercancías fluyeran. El "trabajo libre" era la pieza laboral de ese diseño; no podía entenderse sin sus complementos agrarios, fiscales y comerciales. Abolición, desamortización, supresión de censos y librecambio conformaban un régimen coherente. Su eje: la disponibilidad de mano de obra sin acceso a medios de producción propios. Su destinatario: la hacienda tradicional articulada con el comercio de exportación e importación.

La disolución de los resguardos: el otro flanco de la libertad

Junto a la abolición de la esclavitud —y con menor eco público, pero igual peso estructural— corrió la extinción de los resguardos indígenas. La Ley del 11 de octubre de 1821, expedida también por el Congreso de Cúcuta, suprimió la capitación —el tributo indígena— y ordenó la liquidación de los resguardos, aunque de momento no tuvo efecto mayor. Fue derogada por el Decreto dictatorial del 15 de octubre de 1828, que restableció el tributo indio en parte por presiones de sectores dominantes que dependían de esa renta o de la fijeza territorial que el resguardo garantizaba.

La legislación sobre repartimiento de resguardos volvió después con obstinación y con acuerdo transpartidista. A lo largo del siglo XIX, grupos sociales de intereses opuestos y partidos políticos de distintas ideologías coincidieron en promover la destrucción legal de los resguardos, mostrando idéntico fervor independientemente de sus diferencias en otros ámbitos. La lógica reformista era clara: convertir a los indígenas en trabajadores asalariados y ampliar el mercado de consumo, rompiendo la economía de autoabastecimiento de las comunidades. La disolución del resguardo cumplía dos funciones económicas simultáneas: liberaba mano de obra hacia las haciendas y liberaba demanda hacia las manufacturas —importadas, tras las reformas arancelarias— que reemplazarían la producción doméstica indígena.

La disposición republicana sobre tierras indígenas, lejos de beneficiar a las comunidades, se convirtió en la práctica en una enajenación de tierras comunales que pasaron a manos de particulares. En el Cauca, la manumisión de los esclavos coincidió con la liquidación de resguardos y contribuyó a una crisis de la economía señorial que la aristocracia caucana logró sortear, en parte, a costa de las tierras y el trabajo de los indios. Pero la reorganización no fue pacífica ni completa. En las provincias sureñas de Popayán y Pasto, el aislamiento geográfico brindado por las cordilleras dio a los resguardos una tregua frente a las disposiciones de disolución. Los paeces, aliados de líderes liberales regionales, recurrieron a un repertorio complejo de resistencia: protestas violentas, dilaciones legales, resistencia pasiva y negociación política. Cámaras Provinciales de otras regiones —Neiva, Riohacha, Cartagena— también plantearon objeciones a las disposiciones vigentes.

Abolición y disolución de resguardos coincidieron en la década de 1850. Dos poblaciones sujetas hasta entonces al trabajo por vías coercitivas distintas —la propiedad esclava, el tributo comunal— quedaron simultáneamente puestas en circulación en un mercado laboral que las esperaba sin medios de subsistencia autónoma. La libertad se les dio con una mano; con la otra se les retiró la tierra que la habría hecho sustantiva.

La geografía del trabajo dependiente

El "trabajo libre" no fue una sola cosa: se ramificó en modalidades regionales cuya diversidad desmiente cualquier lectura unitaria del período. En la Sabana de Bogotá y sus tierras aledañas se generalizó el sistema de agregados: gente que vivía en tierras de hacienda sin pagar arrendamiento, con la obligación de hacer rodeos y otras tareas ganaderas. Las variantes locales eran muchas, pero la lógica común era la sustitución del salario por el acceso precario al suelo. El agregado no era esclavo, no era jornalero, no era arrendatario en sentido estricto: era una figura híbrida, sostenida en la asimetría entre el terrateniente que disponía del suelo y el labrador que no tenía dónde asentarse.

En el Cauca y en zonas del Tolima proliferaron formas de vinculación de pequeño arriendo a la hacienda, con obligaciones laborales diversas hacia el terrateniente. La sujeción del trabajador residente dificultaba la movilidad y reproducía, bajo forma contractual, una fijación a la tierra que la crítica al feudalismo colonial había denunciado tres décadas antes. El terrazguero pagaba con trabajo el permiso para cultivar; el "viviente" retribuía con jornadas de labor la casa que habitaba. La libertad, entendida como capacidad de moverse y de disponer de la propia fuerza de trabajo, era una posibilidad remota.

El sistema del concierto, nacido como institución de trabajo indígena en la colonia, se extendió más allá de sus fronteras étnicas originales y llegó a incluir a personas de todas las razas y mezclas, empleadas a cambio de un salario en tareas de vaquería, arriería y otras labores de hacienda. Junto a él pervivió el peón o jornalero, labriego sin tierra contratado temporalmente para tareas específicas, que recibía un jornal y una ración de chicha, sin que el contrato distinguiera sexo ni edad. Estos peones eran los protagonistas invisibles de la economía neogranadina: aparecían cuando había cosecha, marca de ganado o zafra, y desaparecían después hacia la subsistencia precaria.

En los hatos llaneros de Casanare y otras provincias orientales, la relación laboral tenía rasgos particulares: los vaqueros recibían salario y eran dueños de sus propios caballos y equipos de trabajo. Los hatos empleaban también a algunos concertados indígenas contratados individualmente. Los mayordomos residían con sus familias en el hato, y aunque recibían salario mensual, se esperaba que los demás miembros de su familia trabajaran sin remuneración: la unidad doméstica quedaba subsumida en el contrato del jefe.

En las minas del Pacífico y en las viejas haciendas costeñas, la abolición produjo una reconversión más brusca. Los antiguos amos —cuando no vendieron y se retiraron— convirtieron sus cuadrillas en peonajes por jornal o en formas de terraje sobre las mismas tierras. La minería del oro en Barbacoas y el Chocó siguió funcionando con las mismas manos que la habían trabajado bajo cadenas, ahora sujetas por el contrato, la deuda y la ausencia de alternativas.

La pluralidad no era desorden: era el modo neogranadino de organizar la dependencia. Donde la esclavitud había sido una institución con contornos jurídicos precisos, el "trabajo libre" fue un abanico de arreglos locales cuyo mínimo común denominador era la disponibilidad del trabajador para el propietario. La retórica liberal cubría un archipiélago de sujeciones específicas.

La palabra en disputa: artesanos, prensa y el golpe de Melo

El "trabajo libre" no fue solo un dispositivo aplicado desde arriba: fue también un concepto disputado en la esfera pública, y su definición se libró en la prensa, en los clubes políticos y, finalmente, en las armas. La rebaja arancelaria de 1847 hizo conscientes a los artesanos de las capitales de que la libertad de comercio que se predicaba en su nombre era, en realidad, su ruina. La Sociedad de Artesanos de Bogotá, que contaba con 300 miembros en 1847, había crecido a cerca de 1.500 para finales de 1849 —incluyendo estudiantes universitarios y afiliados de clases altas— y cambió su nombre a Sociedad Democrática, convirtiéndose progresivamente en un club político.

Los artesanos y draconianos entendieron pronto que la doctrina del laissez-faire era, en sus palabras, una fórmula que permitía "robar, oprimir y que los lobos devoren a los corderos". Acusaban a los librecambistas —los gólgotas— de egoísmo y falta de patriotismo, y ligaban la identidad ciudadana con la defensa de la producción nacional. La libertad de trabajo, sostenían, no podía significar la libertad de ser aplastado por manufacturas importadas más baratas. Su idea del trabajo libre incluía el derecho colectivo a un mercado protegido, y chocaba de frente con la versión elitista de la libertad como sola remoción de trabas legales.

El desenlace del conflicto fue político y militar. El golpe del general José María Melo en abril de 1854 contó con el apoyo de los artesanos organizados en Sociedades Democráticas, que mantenían ejercicios militares y estaban armados. Una coalición de liberales y conservadores —alianza que reveló la comunidad de intereses clasistas entre el radicalismo económico y el conservatismo de los grandes terratenientes— derrotó al levantamiento y desterró a sus dirigentes. La política librecambista se mantuvo casi sin interrupción entre 1853 y 1870, y afectó negativamente a la industria artesanal bogotana.

La definición de "trabajo libre" fue, pues, un campo de batalla ideológico y no un consenso: los artesanos disputaron el sentido de la palabra y perdieron, pero su derrota no fue un dato natural sino el resultado de una correlación de fuerzas. La coalición vencedora atravesaba, además, las fronteras partidistas: en cuestiones fundamentales del régimen del trabajo y la propiedad, radicales liberales y conservadores terratenientes coincidieron con una claridad que sus disputas retóricas ocultaban. El trabajo libre, tal como se codificó en la Nueva Granada, fue producto de esa convergencia.

Ciudadanos en el discurso, dependientes en la práctica

El discurso liberal que acompañó la abolición de 1851-1852 presentó la emancipación como la conversión de los esclavos en ciudadanos plenos e iguales, borrando la categoría racial del derecho. La retórica era generosa; la ley del 21 de mayo de 1851 disponía que desde el 1 de enero de 1852 todos los esclavos en el territorio de la República serían libres, gozando de los mismos derechos y obligaciones que los demás granadinos. La igualdad quedaba proclamada en el lenguaje universal del ciudadano.

Pero el ciudadano abstracto necesitaba, para serlo, condiciones materiales que la reforma cuidadosamente omitió. Sin tierra, sin herramientas, sin educación, sin caminos, sin capital, el liberto entraba a la ciudadanía por la puerta más estrecha: la del peón que necesita jornal para comer al día siguiente. La ciudadanía liberal neogranadina fue, para los libertos y los indígenas despojados de sus resguardos, una ciudadanía sin condiciones de ejercicio. El voto —donde existía— quedaba condicionado por rentas o alfabetización; los derechos civiles operaban ante jueces y notarios distantes; la libertad contractual se ejercía frente a un solo comprador de fuerza de trabajo en cada valle.

La utopía liberal injertada en Colombia durante el siglo XIX dejó intacto en lo fundamental el régimen señorial heredado de la colonia. Las instituciones políticas se transformaron adoptando formas republicanas, pero el ideal democrático de igualdad quedó convertido en un mito reservado a las minorías gobernantes y letradas. La concentración de la tierra a lo largo del siglo XIX no hizo sino agravar la situación de campesinos, colonos y sectores dependientes. Miles de colonos que abrieron nuevas tierras a la producción agrícola fueron después despojados de ellas y convertidos en arrendatarios; los grandes propietarios crearon una oferta permanente de mano de obra restringiendo el acceso de los campesinos pobres a los baldíos, y generaron condiciones estructurales de dependencia que reproducían, bajo formas nuevas, la sujeción colonial.

Hacia 1880 se reportó en Medellín que más de 3.000 de sus 37.000 habitantes vagaban por las calles sin techo ni alimentación regular. Era el meollo de la cuestión social urbana, aún más aguda en los viejos centros artesanales —Bogotá, Socorro, Bucaramanga, Popayán—, donde el artesanado pauperizado y temeroso del desclasamiento alimentaba corrientes de rebeldía política. La libertad de trabajo tenía, en esas calles, la forma concreta del hambre.

Del liberalismo a la Regeneración

La Constitución de Rionegro de 1863 llevó al extremo el proyecto liberal reconociendo ampliamente las libertades individuales —incluyendo la libertad de trabajo— y aboliendo la pena de muerte. Fue el momento más alto de la retórica del contrato y del ciudadano libre. Pero ese mismo diseño federal y libertario coexistía con un régimen agrario donde la mayoría de los productores no controlaban la tierra que trabajaban, y con un mercado de mano de obra donde el jornalero, el terrajero, el agregado y el arrendatario dependían del terrateniente para su subsistencia diaria.

Rafael Núñez inauguró el período de la Regeneración con su discurso de 1878, en el que planteó el dilema entre "regeneración administrativa fundamental o catástrofe", aunque en ese momento no tenía en mente sustituir el sistema federal ni cambiar los fundamentos estructurales del ordenamiento de 1863. La Constitución de 1886 modificaría el marco político, pero las estructuras laborales heredadas del ciclo abolicionista y de las reformas de 1850 —el peonaje, el terraje, el concierto disfrazado de contrato— sobrevivirían al cambio de régimen. El nuevo orden constitucional restauró la centralidad del Estado, el concordato con Roma y la moral católica como cemento del cuerpo social, pero no revisó la ecuación básica entre propiedad concentrada y trabajo dependiente que las leyes de mediados de siglo habían dejado en pie. El giro conservador desplazó el vocabulario —de la libertad como remoción de trabas al orden como jerarquía natural—, pero heredó el mismo mapa laboral.

Ese mapa tenía, además, fuertes matices regionales que la Regeneración recibió ya sedimentados. Antioquia constituye aquí un caso aparte. Su expansión colonizadora hacia el sur del Cauca y el Tolima, sostenida por familias campesinas que abrían monte y fundaban poblados, decantó costumbres propias en materia de remuneración y jornada. La frontera agraria antioqueña —donde el terrazguero clásico tenía menor peso y donde la pequeña y mediana propiedad convivían con las grandes concesiones— produjo un tipo de trabajador mediero, aparcero o colono que negociaba en condiciones menos asimétricas que el peón caucano o el agregado sabanero. No fue una excepción idílica: la concentración también avanzó, y los colonos fueron despojados con frecuencia. Pero el arreglo laboral quedó menos ceñido a la lógica de fijación a la hacienda, y sirvió más tarde de referencia para negociaciones colectivas en otras regiones y para los primeros intentos de codificación laboral colombiana.

En el otro extremo, en regiones donde la Iglesia católica y la Compañía de Jesús no habían desarrollado su misión durante la colonia, faltó el contrapeso doctrinal —con todas sus ambigüedades— que los religiosos ejercieron sobre encomenderos y mineros. Allí la legislación indiana había tendido a dejar a los trabajadores, y a los indios en especial, en un desamparo legal que se prolongaría hasta comienzos del siglo XX. La expulsión de los jesuitas en el siglo XVIII y su ausencia posterior privó a esas zonas incluso del arbitraje precario que las órdenes religiosas habían representado. El "trabajo libre" republicano se injertó, por tanto, sobre suelos institucionales muy desiguales: no operaba del mismo modo en la montaña antioqueña, en el Cauca señorial o en los antiguos pueblos de indios del altiplano, y las variaciones no eran superficiales sino estructurales.

La continuidad más notable entre el ciclo liberal y la Regeneración estuvo, precisamente, en la naturalización de esas asimetrías. Ni el radicalismo de 1863 ni la restauración conservadora de 1886 tocaron el reparto de la tierra ni el estatuto del jornalero. La Regeneración añadió, sobre el edificio liberal del trabajo, un techo moral y una tutela eclesiástica; pero las paredes maestras —peonaje, terraje, concierto, agregaduría— quedaron donde López las había dejado. Cuando en las primeras décadas del siglo XX comenzaron a discutirse las primeras leyes obreras, indígenas y agrarias, lo que se debatía era todavía el resultado no resuelto de aquel ciclo: qué hacer con una población formalmente libre y materialmente dependiente, cuya condición había sido producida por el mismo dispositivo jurídico que decía haberla emancipado.

El "trabajo libre" designa, así, una operación jurídico-discursiva de doble filo. Desmanteló formas coloniales de coacción abierta —la esclavitud, el tributo indígena, la fijación al resguardo— sustituyéndolas por un lenguaje universal del contrato y la ciudadanía compatible con la inserción de la Nueva Granada en la economía mundial y con los intereses de las élites terratenientes y mercantiles. Pero la libertad prometida rara vez se tradujo en autonomía material: el liberto sin tierra volvió al peonaje, el indígena sin resguardo entró al terraje, el artesano sin protección arancelaria cayó en la miseria o en la rebelión.

Ese doble movimiento tampoco fue el proyecto perfectamente orquestado de una clase dirigente unificada. Los artesanos que empuñaron las armas con Melo, los paeces que resistieron con paciencia jurídica y política la disolución de sus resguardos y los libertos que negociaron los términos de su vinculación con las antiguas haciendas disputaron el sentido y los términos de la libertad ofrecida. Sus resistencias no revirtieron el orden, pero lo obligaron a operar por regiones, por transacciones, por ajustes locales, e impidieron que cristalizara como una forma uniforme de contrato asalariado moderno. Quedó un orden laboral híbrido, en el que el vocabulario liberal cubrió prácticas de dependencia heredadas del régimen colonial y en el que la palabra "libertad" sirvió tanto para legitimar la abolición como para naturalizar el peonaje que la sucedió.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01José Hilario López — presidente que promulgó la abolición de la esclavitud en 1851 y concretó las reformas liberales que codificaron el trabajo libre
  2. 02Esclavitud — régimen que el trabajo libre sustituyó formalmente sin eliminar la dependencia estructural de los libertos
  3. 03Peonaje — modalidad laboral en que desembocaron los negros liberados y los indígenas despojados de resguardos al carecer de tierra y herramientas
  4. 04Resguardo — institución cuya disolución simultánea a la abolición puso en circulación mano de obra indígena en el mismo mercado laboral que absorbía a los libertos
  5. 05Nueva Granada — unidad geográfica y política donde se codificó y aplicó el régimen del trabajo libre entre 1821 y 1852
  6. 06Terraje — sistema de arrendamiento pagado en especie, dinero o trabajo que consolidó la dependencia laboral de los negros libres carentes de tierra
06

Documentos y fragmentos citados

46 documentos · 61 fragmentos

01Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1211 cita
[1]

el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
02Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 72, 1722 citas
[2]

única mano de obra disponible. El régimen del trabajo evolucionó de una coerción absoluta, que resultaba de transformar en servicios personales la obligación de pagar un tributo, hacia un sistema de conciertos. Como se ha visto, la distribución de la mano de obra disponible se realizaba en los conciertos mediante…

p. 72
[16]

hubieran nacido después de 1821. Normalmente los amos habían practicado desde la Colonia el sistema de manumitir esclavos por decisión personal, pero en escala reducida. En la Colonia, por otra parte, los esclavos trabajaban en sus charcas o cascajeros de oro, con cuyos ingresos podían acumular el valor de su…

p. 172
03Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1031 cita
[3]

sabana cun- diboyacense y de otras regiones del país se sirvieron de la fuerza de trabajo indígena a través del sistema de concierto. Los indígenas repartidos en concierto a los distintos hacen- dados de la localidad trabajaban periodos de entre tres y seis meses, a cambio de un salario. El creciente mestizaje y las…

p. 103
04Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 92, 1032 citas
[4]

evolucionó hacia el orden señorial pues: había indígenas que, luego de ser asigna- dos a una hacienda, permanecían en ella, prácticamente en calidad de 9 Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, 1810-1930, cit., p. 14. lO Relaciones de mando, cit., p. 8. CO'\;TI'\;UDADES E'\; LA POL!TICA SOCIAL AGRARIA,…

p. 92
[7]

limitado la producción agrícola, los vagabundos (y también los trabaja- dores indígenas) se habrían dedicado a una agricultura de subsistencia que no habría generado un excedente que pudieran explotar los criollos. Es difícil aceptar la afirmación de Friede de que a fines del siglo XVIII la presión demográfica estaba…

p. 103
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 46, 834 citas
[5]

de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…

p. 83
[6]

de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…

p. 83
[43]

pan coger, raciones de la misma producción de la hacienda y algún metálico para compras en los mercados locales (fundamentalmente sal, vestido y sebo)— del trabajo sobrante. 63 Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Ediciones Efe, Mede- llín, 1956, p. 18. 50 ECONOMÍA Y NACIÓN En la Nueva Granada las…

p. 46
[44]

pan coger, raciones de la misma producción de la hacienda y algún metálico para compras en los mercados locales (fundamentalmente sal, vestido y sebo)— del trabajo sobrante. 63 Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Ediciones Efe, Mede- llín, 1956, p. 18. 50 ECONOMÍA Y NACIÓN En la Nueva Granada las…

p. 46
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2921 cita
[8]

la í ndole de h e c onom í a c olonial, la es c lavitud negra se impon í a c omo ú ni c a solu c i ó n y la Corona, para proveer a las c olonias ameri c anas de la mano de obra reque rida, super ó las di f i c ultades pol í ti c as, asi c omo las reservas morales plan teadas por algunos te ó logos. En esta f orma, la…

p. 292
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1932 citas
[9]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
[10]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
08Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 112, 2642 citas
[11]

desde finales del siglo xviii para hacer antieconómica la institución de la esclavitud, y que presionaron su abolición, se sumaron los intereses de las potencias colonialistas, especialmente Inglaterra. Con la prolongación de la caza de esclavos durante siglos, los esclavistas tuvieron que adentrarse cada vez más en…

p. 112
[37]

de la otra vida, sino por la real coacción del Estado. El diezmo pesaba fuertemente sobre todos los agricultores tanto pobres como ricos y su supresión por la Ley 20, de abril de 1850, en última instancia favoreció el latifundio. El censo: era una carga patrimonal que gravitaba sobre las propiedades territoriales…

p. 264
09Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 1731 cita
[12]

las declara- ciones disminuyen de nuevo. Entre 1755y1765 hubo una cierta estabilidad y a partir de 1770 una nueva recuperación. Durante el resto del siglo, Caloto y el resto del distrito de Popayán hi- cieron declaraciones más cuantiosas que Nóvita. Este crecimiento debe atribuirse a la multiplicación de las…

p. 173
10Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 106, 1152 citas
[13]

La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

p. 106
[34]

más importante durante la Colonia y la primera parte de la República, marcó el curso de los pueblos indígenas. Es- tos debieron soportar en buena medida el peso del hundimiento 172 Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú, Primera parte, p. 173. 173 González, Margarita (1979). El resguardo en el Nuevo Reino de Granada.…

p. 115
11Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3471 cita
[14]

contaba con 600 esclavos importa - dos y en 1782 los negros ya representaban casi el 75 % de la población en el Chocó, de un total aproximado de 35. 000, mientras los blancos constituían apenas el 2 %, y el resto los indígenas. Los blancos eran dueños o supervisores de las minas, oficiales de la Corona, curas o…

p. 347
12Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1541 cita
[15]

de las diferentes castas, naciones o países a los distin- tos grupos de esclavos. Lamentablemente, no se han adelantado trabajos sistemáticos en este sentido y las refe- rencias al origen tribal del elemento negro im- portado a la Nueva Granada son muy generales y vagas, sin que hasta el momento se haya con- frontado,…

p. 154
13Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 341, 3442 citas
[17]

razón respecto de la escasez de la renta asignada a los fondos de manumisión, con lo cual era imposible cumplir la tarea en los 30 años previstos por los legisladores más optimistas para la extinción gradual de la esclavitud. Es probable que, en el fondo, se jugó la suerte de los esclavos a otras estrategias…

p. 341
[23]

miembro de un noble cuerpo al que perte - nece. Por esas relaciones estáis obligados a someteros y respetar las leyes que os protegen con tanta generosidad, a obedecer a los magistrados, en quienes deposita la República la autoridad de hacerlas observar y cumplir; y en fin, a llenar los deberes de los verdaderos…

p. 344
14Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 741 cita
[18]

propiedad privada. Esta disposicion, referente a la poblacién indige- na, lejos de realizarse en los términos dispuestos en 1821, se convirtid en Ultima instancia en una enajenacion de las tierras comunales que pasaron a manos de particulares y no propiamente a las de la comunidad indigena. Dada la persistencia de la…

p. 74
15Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1621 cita
[19]

tierra de hacienda, además de vivienda y / o comida. 2. Concierto forzoso. El fin de la esclavitud hizo nacer otro concierto que resultó forzoso, aunque teóricamente pudiera verse como una forma de trabajo libre. La ley del 21 de julio de 1821 que dispuso la libertad de vientres (los hijos de esclavos nacidos a partir…

p. 162
16Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 1701 cita
[20]

He liberated his own slaves, first on condition of military service in 1814, when about fifteen accepted, then unconditionally in 1821 when over a hundred profited. 17 Few hacendados followed his example. Bolívar continued to argue that the creole rulers and property-owners must accept the implications of the…

p. 170
17Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 81, 842 citas
[21]

no conceder la libertad es una bar- barie; darla de repente es una precipitacion. La li- bertad social tiene ciertos grados y necesita cierta disposicién en los que la reciben para que no sea peligrosa. No se pasa repentinamente de un estado al opuesto sin exponerse a grandes inconvenientes. Por otra parte, los…

p. 81
[29]

resurgieron a to- dos los niveles: provincial, seccional y cantonal. Africa en un mapa del atlas de Blaeuw. El continente africano fue la cantera constante de la que, durante siglos, se sacaron miles y miles de negros para ser condenados a la esclavitud. La captura por parte de los blancos se vio a menudo favorecida…

p. 84
18Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 2561 cita
[22]

valiera la pena a los resguardos de los indígenas 277, base de su peculiar organización social —en la medida en que ella subsistía— pero la tendencia era a buscar más y más su asimilación al resto de los habitantes. A ello tendió, entre otras medidas, la supresión de la capitación. La libertad de los hijos de los…

p. 256
19Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 991 cita
[24]

y a los disturbios propios de esta época, que en el Valle del Cauca alcanzaron niveles muy agudos. Para el siglo XIX, además de las fuentes notariales, los fondos de manumisión del Archi- vo General de la Nación, el Archivo Histórico de Antioquia, el Archivo Central del Cauca y otros archivos de carácter regional, la…

p. 99
2030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 791 cita
[25]

de la verdadera Libertad! CAPÍTULO 10 La piel no tiene color José Hilario López fue presidente en 1850, resultado de una elección disputada. En mayo de 1851, sancionó la ley sobre libertad de los esclavos con la cual puso fin a esta institución inicua. En sus memorias, Salvador Camacho Roldán estimaba que “Las…

p. 79
21Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2791 cita
[26]

abolición, con indemnización. Pero solo desde cuando el Estado garantizara el pago de los esclavos que iban a ser liberados. Aprobaron la ley de manumisión, (liberación), que entró en vigencia el 1° de enero de 1852. Cerca de 17.000 esclavos ganaron el derecho a la libertad; ese día se celebró en todo el país. Los…

p. 279
22The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 511 cita
[27]

manumission ceremonies converted individuals like Antenor Dovale and hundreds of others into persons with full citizen- ship rights who thereby joined an egalitarian national belonging through formal freedom. The date of 1 January 1852 had done the same for the remaining 17,000 slaves. 71 The conflation of…

p. 51
23Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1001 cita
[28]

los esclavos fue la posibilidad de autocom pra, pues la m anum isión por los am os fue m enos frecuente que esta. A dem ás, m uchos de los esclavos liberados por sus am os lo fueron por razones personales, que poco tenían que ver con el precio o el valor económico. M uchos de los liberados eran esclavas, frecuentem…

p. 100
24Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 139, 1472 citas
[30]

] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…

p. 147
[49]

en 1854. Inclusive las mujeres integraron una Sociedad del Niño Jesús. Hasta el presidente López simpatizaba secretamente con la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá y asistió a una de sus sesiones. Presidencias de López y Obando Sin embargo, fue en la elección del 7 de marzo de 1849, en la cual el Congreso…

p. 139
25Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 601 cita
[31]

las cadenas que arrastro, el silencio turban De esta soledad eterna Donde ni el viento se escucha... 106. Velásquez, "La esclavitud en la María de Jorge Isaacs" (1957), pág. 98. 107. Mina, op. cit., pág. 145. 108. Palacios, op. cit., pág. 50. [63] NINA S. DE FRIEDEMANN Y MÓNICA ESPINOSA ARANGO Muero sin ver tus…

p. 60
26Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4181 cita
[32]

adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…

p. 418
27La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 401 cita
[33]

pero desplazó una gran masa de campesinos hacia las tierras de vertiente. En la segunda mitad del siglo XIX las fuerzas económicas en ascenso coincidían en la necesidad de ampliar el mercado nacional como la primera con dición de un mejor bienestar. Esta premisa llevó a obtener la libertad de los esclavos y la…

p. 40
28Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 130, 1362 citas
[35]

í a llevado al poder, pero pon í an el acento en el cambio y' el progreso m á s que en el mantenimiento del orden y la tradici ó n. El cambio m á s brusco de este gobierno fue la adopci ó n ines perada del liberalismo econ ó mico internacional. Aunque é ste hab í a sido un deseo de casi todos los dirigentes, rebajar…

p. 130
[39]

Sin embargo, las po l í ticas liberales no cambiaron y las tarifas siguieron siendo bajas durante el resto de siglo, al menos hasta la d é cada de los ochenta. En muchos momentos los grupos artesanales, sobre todo urbanos — pues los tejedores rurales, en gran parte mujeres que trabaja LA NUEVA GRANADA Y LA APARICI Ó N…

p. 136
29Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 159, 2272 citas
[36]

sucesivamente. El mayo- razgo limita colonialmente la libre y necesaria circulación de la propiedad territorial: la inmoviliza. Las vinculaciones, como su nombre lo indica, producían los mismos efectos. La primera reforma de la estructura jurídica de la agricul- tura neogranadina es la eliminación de los mayorazgos,…

p. 227
[38]

esta época de esperanzas y deci- sión; alentemos a los ciudadanos abriéndoles el campo en 160 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc que puedan emplear su energía y el espíritu de empresa que han desplegado con el solo anuncio de que el Gobierno se proponía sacar el país de la senda tortuosa de las rutinas, y hacerlo marchar por…

p. 159
30El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 1831 cita
[40]

y antes de cumplirse los cinco años de que habla el art. 2.°». De este modo el problema indio en la República se convierte en el problema de la supervivencia o desaparición del resguardo. A través de toda la República se observa una extraor- dinaria frecuencia en la expedición de leyes y decretos encaminados a…

p. 183
31Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
[41]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
[42]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
32Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2381 cita
[45]

Villabona. Ya no eran sólo indígenas ni tampoco estaban sometidos a reglas especiales. El sistema del concierto se había abierto para incluir a rodas las personas, con el fin de emplearlas a cambio de un salario. Eran en esencia jornaleros, genre sin distinción de todas las razas y sus mezclas, que vendían su fuerza…

p. 238
33Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 41 cita
[46]

of the hato owner, the veguero might also own some cattle. On the hato itself, the vaqueros were in charge of work- ing with the cattle. They owned their own horses and riding equipment neces- sary for their job and received a salary. Caballiceros took charge of caring for the horses on the estate. The hato also…

p. 4
34Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 291 cita
[47]

viajes y la educación europea, los nuevos símbolos de prestigio en la sociedad republicana. En realidad esta comunidad de intereses se reconoció oficial- mente por primera vez en las elecciones de 1853. En esas elecciones el candidato conservador para la Procuraduría General de la Nación fue don Florentino González,…

p. 29
35Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4671 cita
[48]

hijos reposan en el mismo cementerio de Montparnasse, a tiro de piedra de Cortázar y Dunlop, sintetizó en una frase el sentimiento que cayó sobre los amigos y lectores del escritor argentino al conocer la noticia imposible: «Cuando Julio murió, una parte de nuestro espejo se quebró y todos vimos la noche boca arriba».…

p. 467
36The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 861 cita
[50]

to the production of luxury consumer goods. And Bogotá's consumer-goods craftsmen (cobblers, tailors, furni- ture and cabinetmakers, etc.) faced the depressing prospect of increasing importations of fine ready-made clothes and fixtures from England and France. The drastic lowering of the tariff on finished goods in…

p. 86
37Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2161 cita
[51]

es que mucha gente consider ó que la interven ci ó n de las artesanos armados fue ú til para el partido liberal. A partir de ese momento la Sociedad se volvi ó cada d í a m á s un club pol í tico, y hasta cambi ó su nombre de Sociedad de Artesanos por el de Sociedad Democr á tica. Aunque esto la desvi ó de su pri…

p. 216
38Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 871 cita
[52]

cultural y organizativa como clase dependió del contacto con los artesanos. Estos últimos tampoco deben verse como productos típicos de modernas urbes. En las aldeas medievales o coloniales, ellos cumplían funciones complementarias a las economías agropecuarias circundantes. Es necesario romper la dicotomía entre…

p. 87
39A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 71, 752 citas
[53]

letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…

p. 71
[54]

not see that the bankers, the monopolists, and the large-scale resellers have nothing to do with any - thing sacred other than their interests? That is why they have shouted until they were deaf against the bills of the national bank, the law of public order, and the reform of the customs tariff: a trinity that will…

p. 75
40El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 2831 cita
[55]

social, cuya sociología histórica aún no se ha hecho. Sobre su situación 284 Jíndi Jícídneer Ucnsi políticas, y sobre todo el encono con que combatían a los por el año de 1839, escribía José Eusebio Caro: «Todo en la socie- dad comenzaba a tomar una marcha más arreglada y un aspecto más democrático y uniforme: los…

p. 283
41La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1061 cita
[56]

que toma casi todo el siglo XIX. En el fondo, tanto las constituciones como los conflictos r e flejan las inconsistencias implícitas en el injerto de la utopía liberal, que en estas tierras americanas, a través del diafra g ma interpretativo de las clases dirigentes, deja- 07 D e la subversión y la finali D a D…

p. 106
42Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1841 cita
[57]

a los indios americanos en especial, en una situación de desamparo legal hasta comienzos del siglo XX 19. Sin embargo y gracias a la presencia de la Iglesia Católica y de la Compañía de Jesús, en las regiones donde esta última desarrolló su misión apostólica (especialmente en Antioquia y los Santanderes), la…

p. 184
43Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 1841 cita
[58]

el tejido de la vida cotidiana y que tergiver- saba la ley para sus propios fines. En esa época el Gobierno existía principalmente para satisfacer los intereses económicos y políticos de un grupo relativamente pequeño de familias poderosas las que, si bien a menudo enfrentadas violenta- mente unas con otras, seguían…

p. 184
44Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 611 cita
[59]

- sacciones con el extra njer o en moneda -o ro y vivían e nd eudados: l as exportaciones de un año pa g aban las importa c ion es del año anterior. Así hubi e ra res ultado que se beneficiaron de la inflación 61 62 M arco Palacios causada por las emisiones de papel moneda, tales benefici os de- bieron quedar anulados…

p. 61
45Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[60]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10
46Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 351 cita
[61]

convirtió en la única posible. El segundo rasgo dominante de la Constitución era el amplio reconoci- miento de los derechos y garantías in- dividuales. Abolía por completo la pena de muerte —esto fue lo que mo- tivó los elogios de Victor Hugo— y garantizaba los derechos a la propie- dad, las libertades de pensamiento,…

p. 35