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Hecho histórico · Frente Nacional · 1958–1974

Auge y radicalización de la ANUC: Mandato Campesino y recuperaciones de tierras (1970–1972)

Entre el Primer Congreso Nacional de julio de 1970 y el Pacto de Chicoral de enero de 1972, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos protagonizó la mayor movilización rural del siglo XX colombiano: con cerca de un millón de afiliados, aprobó el Mandato Campesino exigiendo la expropiación sin indemnización del latifundio y sostuvo una oleada de recuperaciones de tierras que adelantó por la vía de hecho lo que el INCORA no ejecutaba por la ley.

Auge y radicalización de la ANUC: Mandato Campesino y recuperaciones de tierras (1970–1972)
Julio de 1970 – enero de 1972
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Julio de 1970 – enero de 1972
Dónde
Bogotá, Costa Caribe, Sucre, Córdoba, Cesar, Magdalena, Montes de María, Llanos Orientales, Fúquene, Villa del Rosario de Cúcuta, Chicoral (Tolima), Bolívar
Protagonistas
Carlos Lleras Restrepo, Misael Pastrana Borrero, Orlando Fals Borda, ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos), INCORA, Jesús Antonio Pérez, Froilán Rivera, Felicísimo Sarmiento, Hernán Jaramillo Ocampo, Indalecio Liévano Aguirre, Ministerio de Agricultura de Colombia
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Fracaso de la reforma agraria de la Ley 135 de 1961: el INCORA distribuyó en 1971 menos del 1% de las tierras sujetas a expropiación, actuando casi exclusivamente sobre baldíos periféricos y dejando intacto el latifundio central.
  2. Agudización de la concentración de la tierra entre 1960 y 1970: el 0,7% de las fincas mayores de 500 hectáreas concentraba el 40,9% de la superficie agrícola, mientras los predios menores de 10 hectáreas (73,1% de las explotaciones) apenas ocupaban el 7,2%.
  3. Expansión del latifundio ganadero y la mecanización agroindustrial (arroz, algodón) en la Costa Atlántica y los valles interandinos, que desplazó a arrendatarios, terrajeros y jornaleros y generó el 76,9% de los conflictos de tierras registrados en 1971.
  4. Creación de la ANUC por el Decreto 755 de 1967 bajo Lleras Restrepo, que dotó al campesinado de una estructura organizativa nacional con cerca de un millón de afiliados, la cual se volvió autónoma cuando el gobierno de Pastrana Borrero suspendió el apoyo financiero y revirtió la política agraria.
  5. Radicalización programática acelerada por el giro represivo del gobierno de Pastrana (1970–1974), que persiguió dirigentes campesinos y reanudó la desposesión de minifundistas, empujando a la ANUC a aprobar el Mandato Campesino en Fúquene en agosto de 1971.
Julio de 1970 – enero de 1972Auge y radicalización de la ANUC: Mandato Campesino y recuperaciones de tierras (1970–1972)

Consecuencias

  1. Oleada de recuperaciones de tierras en 1971–1972, especialmente en Sucre, Córdoba, Bolívar, Cesar y Magdalena, que forzó ventas al INCORA y cristalizó en cerca de 850 empresas comunitarias sobre unas 207.000 hectáreas para 1973, con concentración en cinco departamentos del Caribe.
  2. Pacto de Chicoral (9 de enero de 1972) y posterior Ley 4.ª de 1973, que bloquearon legislativamente la reforma redistributiva al redefinir el concepto de baldío y blindar jurídicamente el latifundio, constituyendo una contrarreforma agraria bipartidista.
  3. Escisión de la ANUC en dos tendencias irreconciliables: la Línea Sincelejo, autónoma y de izquierda, y la Línea Armenia, más cercana al gobierno, que fragmentó el movimiento campesino y debilitó su capacidad de presión.
  4. Represión estatal sistemática —balaceras, detenciones, desalojos, gases lacrimógenos— que criminalizó la movilización campesina bajo el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional, asociando la lucha por la tierra con la amenaza insurgente.
  5. Consolidación del campesinado como sujeto político con programa propio (Mandato Campesino), experiencia organizativa que influyó en décadas posteriores de movilización rural y en el desarrollo de metodologías de investigación-acción participativa con Orlando Fals Borda en el Caribe colombiano.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El ciclo 1970–1972 de la ANUC representa el momento en que el campesinado colombiano dejó de ser objeto de política pública para constituirse en sujeto político con programa propio, demostrando que la organización masiva podía forzar redistribuciones de tierra que el Estado se negaba a ejecutar por la vía legal. La reacción que provocó —el Pacto de Chicoral y la Ley 4.ª de 1973— selló por décadas la estructura latifundista del agro colombiano y convirtió la cuestión agraria irresuelta en uno de los combustibles estructurales del conflicto armado posterior.
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Desarrollo histórico

La historia completa

Auge y radicalización de la ANUC (1970–1972)

En el arco breve que va del Primer Congreso Nacional de julio de 1970 al Pacto de Chicoral de enero de 1972, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos protagonizó la mayor movilización rural del siglo XX colombiano. Nacida por decreto tres años antes como instrumento de una reforma agraria oficial, la ANUC llegó a reunir cerca de un millón de afiliados, aprobó en Fúquene un programa que exigía la expropiación de los latifundios sin indemnización y sostuvo, sobre todo en la Costa Atlántica, una oleada de recuperaciones de tierras que adelantó por la vía de hecho lo que el INCORA no lograba ejecutar por la ley. Fue el instante en que el campesinado colombiano dejó de ser objeto de política pública para constituirse en sujeto político con programa propio. Duró poco: la reacción latifundista, sellada en Chicoral y traducida en la Ley 4.ª de 1973, bloqueó legislativamente cualquier redistribución y precipitó la escisión entre las líneas Sincelejo y Armenia, que dejó a la organización partida en dos.

El agro colombiano hacia 1970: concentración creciente y reforma bloqueada

La ANUC no brotó en un campo estable, sino en uno cuya estructura de propiedad se había vuelto más desigual justamente en la década en que se pretendía reformarla. Entre 1960 y 1970, a pesar de la Ley 135 de 1961 y del aparato institucional creado alrededor del INCORA, la concentración de la tierra aumentó. En el momento del Primer Congreso, casi tres cuartas partes de las explotaciones del país —el 73,1%, todas menores de diez hectáreas— apenas ocupaban el 7,2% de la superficie agrícola, mientras que en el otro extremo un 0,7% de fincas mayores de quinientas hectáreas concentraba el 40,9%. Los minifundios habían perdido superficie neta durante la década; las grandes explotaciones absorbían buena parte del crecimiento de la frontera agrícola.

La Ley 135 no contenía un mecanismo eficaz de distribución. El INCORA carecía de capacidad para responder a la demanda de tierra y, cuando actuaba, lo hacía sobre baldíos, no sobre latifundio. En 1971 se distribuyó menos del 1% de las tierras teóricamente sujetas a expropiación, y la mayoría eran baldíos. La razón era jurídica y política: los términos para calificar una tierra como expropiable eran tan ambiguos que el propio Ministerio de Agricultura tenía dificultades para determinar qué podía tocarse, y el Estado había cedido a la presión de terratenientes y gremios empresariales para excluir las mejores tierras del latifundio. La reforma, en la práctica, se ejercía en la periferia sobre suelos vacíos, no en el corazón agrícola sobre suelos ocupados.

Este bloqueo institucional se cruzó con una transformación capitalista acelerada del campo. En ocho departamentos del centro y suroccidente, un incremento de sesenta y siete mil cabezas de ganado entre 1960 y 1970 correspondió a la incorporación de ciento cinco mil hectáreas a los pastos: el latifundio ganadero avanzaba sobre suelos antes cultivados. En la Costa Atlántica, la mecanización arrocera y algodonera posterior a 1960 desplazó a miles de pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros. El conflicto tuvo así una geografía específica: en 1971, cerca del 76,9% de las disputas de tierras se concentraba en los latifundios de la costa atlántica, los valles interandinos y los Llanos Orientales, precisamente donde el capitalismo agrario avanzaba con mayor intensidad. Sobre ese mapa libró la ANUC su lucha.

Una organización creada desde el Estado

La ANUC fue creada mediante el Decreto 755 del 2 de mayo de 1967, complementado por la Resolución 061 del mismo mes, que instauró la División de Organización Campesina en el Ministerio de Agricultura. El gobierno de Carlos Lleras Restrepo la concibió como base de apoyo a su programa de reforma agraria, enfrentado a un Congreso hostil y a gremios empresariales resistentes, y también como dique frente al ascenso de los movimientos insurgentes y al populismo agrario de la ANAPO. La organización recibió apoyo financiero estatal, personería jurídica para sus asociaciones municipales y un aparato de promotores oficiales encargados de multiplicarla en el territorio.

El resultado, en escala numérica, fue extraordinario. La puesta en marcha operativa se produjo hacia agosto de 1969; hacia mediados de ese año la ANUC contaba ya con setecientos mil campesinos afiliados y más de quinientos sesenta mil usuarios organizados con personería jurídica. En julio de 1970, cuando se constituyó formalmente como organización nacional durante su Primer Congreso, agrupaba entre ochocientos cuarenta y cinco mil y cerca de un millón de afiliados. Ninguna organización campesina colombiana había alcanzado nunca esa escala.

El carácter de la ANUC fue desde el origen dual, casi anfibio: iniciativa estatal, pensada para respaldar la política oficial, y a la vez movimiento con dinámica organizativa propia, arraigado en veredas y municipios de todo el país. Esa ambigüedad constitutiva —creatura del Estado y expresión del campesinado— explica en parte por qué, cuando el Estado cambió de rumbo con el gobierno siguiente, la organización pudo darse la vuelta y usar contra él las estructuras que él mismo le había dado.

El cambio fue inmediato. El Primer Congreso se realizó en julio de 1970, en el último mes del mandato de Lleras Restrepo. Semanas después asumió Misael Pastrana Borrero, cuyo gobierno reviró la política agraria: revirtió disposiciones lleristas, persiguió y encarceló a dirigentes campesinos y reanudó la desposesión de minifundistas y colonos. El apoyo financiero estatal a la ANUC se suspendió. El campesinado, organizado hasta los tuétanos por el Estado, quedó de golpe sin el Estado.

Consignas, cuotas y una identidad propia: el Primer Congreso

En Bogotá, en julio de 1970, la ANUC debatió las dos consignas que habrían de acompañarla: Tierra para quien la trabaja y Tierra sin patrones. La primera enmarcaba una reforma agraria redistributiva dentro del capitalismo; la segunda apuntaba al horizonte de una transformación más profunda de las relaciones de producción. El Comité Ejecutivo las concilió atribuyendo a la primera el estatuto de objetivo inmediato y a la segunda el de meta de largo plazo. Con esa fórmula, sectores que se movían a velocidades políticas distintas caminaron juntos por un tiempo.

Frente a la suspensión del apoyo estatal, el Congreso aprobó cuotas modestas de afiliación para sostener la estructura. Fue una decisión emblemática: la ANUC intentaba financiarse desde abajo, dejar de depender del Ministerio. Muchos usuarios, sin embargo, no llegaron a cumplir con las cuotas, lo que anticipó las dificultades materiales de una autonomía recién declarada. La organización estaba aprendiendo, sobre la marcha, a existir sin la matriz que la había parido.

El Mandato Campesino: la ruptura programática

Entre 1970 y 1971 la ANUC recorrió un trayecto acelerado de radicalización política. A mediados de 1971 se celebró en Villa del Rosario de Cúcuta un Encuentro Nacional Campesino que fijó posiciones cada vez más incompatibles con la política oficial. La decantación programática llegó en agosto de 1971, cuando la Junta Directiva, reunida en Fúquene, aprobó el Mandato Campesino.

El documento fue una declaración de guerra al reformismo tibio. La ANUC rechazó los programas de colonización del INCORA como sustituto de la reforma agraria: colonizar baldíos periféricos, sostenía la organización, no era redistribuir; era desplazar el problema hacia las selvas y las cordilleras, dejando intactos los latifundios centrales. Exigió que los latifundios fueran expropiados sin indemnización alguna, y que el gobierno reconociera la expropiación —no la compra, no la negociación voluntaria— como el único modo legítimo de adquirir tierras para la reforma. Pidió la reducción del plazo que la ley exigía para que las tierras incultas en manos privadas revirtieran al dominio del Estado y pudieran entregarse a campesinos sin tierra.

El Mandato es el punto de ruptura. Un movimiento creado por el Estado para respaldar una reforma tutelada exigía ahora una reforma que el propio Estado, incluso en su versión llerista, nunca había estado dispuesto a ejecutar. La consigna dejaba de ser Tierra para quien la trabaja como aspiración; se convertía en la exigencia concreta de un mecanismo jurídico que despojara al latifundio sin compensarlo. La ANUC dejó de ser correa de transmisión y pasó a ser adversario programático de la política agraria oficial.

Recuperar la tierra: la reforma agraria de hecho

El Mandato no fue una declaración retórica. La ANUC lo tradujo en un método: la recuperación de tierras. En febrero de 1971 comenzó una oleada de ocupaciones de haciendas que, entre ese año y el siguiente, se extendió por buena parte del país y alcanzó su mayor densidad en la Costa Atlántica. En Sucre, Córdoba, Bolívar, Cesar y Magdalena las tomas se sucedieron con una intensidad sin precedentes, y fue Sucre el escenario de las acciones más radicales.

El método era organizado, no espontáneo. En el suroeste de Antioquia —Tarso, Salgar, Andes, Pueblorrico— las tomas se realizaban de noche: los campesinos se organizaban colectivamente para sembrar plátano, levantar casas y establecer una presencia física en la hacienda antes del amanecer. Existían redes intermunicipales de solidaridad que movilizaban campesinos de veredas vecinas para apoyar cada toma. La preparación era minuciosa: identificación previa de familias sin tierra en las veredas, catastro informal de fincas ociosas, asesoría jurídica proporcionada por abogados solidarios. La ANUC había construido, en la práctica, una infraestructura de acción colectiva capaz de coordinar cientos de acciones sin dirección centralizada.

La geografía del conflicto no era fortuita. En las sabanas de Sucre y Córdoba, el latifundio ganadero era un proceso antiguo cuyas raíces se remontaban a los años veinte, cuando grandes haciendas tabacaleras y ganaderas habían absorbido a campesinos e indígenas como terrajeros y arrendatarios. La disrupción de esas viejas relaciones de producción a finales de los años sesenta —empujada por la modernización capitalista y la mecanización— dejó a miles de familias sin el suelo del que dependían. Los invasores de 1971 y 1972 fueron, en muchos casos, colonos expulsados, arrendatarios despedidos y jornaleros desplazados por las plantaciones de arroz y algodón. Recuperaban lo que sentían suyo por trabajo y por historia.

Los Montes de María fueron uno de los principales escenarios de esas luchas. En Sucre, la presión organizativa logró que varias haciendas fueran vendidas voluntariamente al INCORA: Almagra en Ovejas, El Carmen y El Diamante en San Pedro, y otras en Toluviejo y San Onofre. La ANUC forzaba, por la vía de la ocupación sostenida, lo que la ley había vuelto imposible por la vía burocrática.

La respuesta estatal fue represiva. El gobierno de Pastrana calificó las tomas de febrero de 1971 como un "intento coordinado de perturbación del orden público". Las fuerzas del orden respondieron con balaceras, detenciones, desalojos y gases lacrimógenos. En haciendas como La Mula, la represión incluyó balaceras y encarcelamientos; los campesinos fueron expulsados y, cuando finalmente se llegó a algún arreglo, se les entregó un comodato precario en lugar de una adjudicación directa. Las mujeres campesinas participaron activamente enfrentándose a la Policía y al Ejército.

Con el tiempo, muchas de las tomas exitosas cristalizaron en empresas comunitarias, figura organizativa que el INCORA venía desarrollando desde 1968. Para 1973 existían en el país cerca de ochocientas cincuenta empresas comunitarias o mixtas sobre unas doscientas siete mil hectáreas, de las cuales cerca de dos quintas partes se concentraban en apenas cinco departamentos del Caribe —Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena y Sucre—, con ochenta y un mil ciento sesenta y dos hectáreas. Ese peso territorial dibuja el mapa de la victoria parcial de la ANUC: donde hubo movilización sostenida, hubo tierra recuperada.

La radicalización tuvo intérpretes rurales concretos. Entre los dirigentes que dieron rostro al proceso figuran Jesús Antonio Pérez, Froilán Rivera y Felicísimo Sarmiento. En otro registro, el trabajo intelectual acompañó la lucha: Orlando Fals Borda desarrolló su investigación-acción participativa en el Caribe colombiano entre 1972 y 1974, precisamente en las regiones —Sucre en particular— donde el movimiento contaba con vanguardias más decididas.

La contraofensiva latifundista: el Pacto de Chicoral

La radicalización campesina no podía ser tolerada por la coalición de intereses que dominaba el país. En los primeros días de 1972, en el municipio de Chicoral, Tolima, se reunieron dirigentes de los partidos liberal y conservador junto con representantes de los gremios agropecuarios y grandes propietarios de tierras. El 9 de enero se firmó el Pacto de Chicoral, un acuerdo bipartidista con participación empresarial que decidió modificar la legislación agraria en dirección opuesta a las exigencias de la ANUC. Entre sus firmantes se encontraban el ministro conservador Hernán Jaramillo Ocampo y el dirigente liberal Indalecio Liévano Aguirre, además de parlamentarios y connotados terratenientes.

El pacto fue explícitamente convocado como respuesta a la movilización: el Mandato Campesino, los debates en el Congreso de la República durante septiembre y noviembre de 1971 y la oleada de recuperaciones habían llevado a las élites agrarias y políticas a la conclusión de que era necesario cerrar por ley la posibilidad misma de una reforma redistributiva. La estrategia fue quirúrgica: en lugar de derogar la Ley 135 —lo que habría sido políticamente costoso—, se modificaron los mecanismos jurídicos que habrían podido activarla.

El resultado legislativo fue la Ley 4.ª de 1973. Su disposición central fue una redefinición del concepto de baldío que blindó jurídicamente el latifundio: se presumía que no eran baldíos, sino de propiedad privada, los fundos poseídos por particulares. Esa inversión de la carga de la prueba bloqueaba la posibilidad de expropiar tierras cuya titularidad efectiva era dudosa, y dificultaba enormemente la acción del INCORA sobre latifundios de origen incierto. La ley redujo además los requisitos para calificar una tierra como "explotada": bastaba una explotación mínima o formal para escapar a la expropiación. La reforma agraria quedaba viva en el papel y muerta en la práctica.

Un exfuncionario del período calificaría el acuerdo como un "reversazo" que anulaba la política de equidad en el campo impulsada bajo Lleras Restrepo. Chicoral no fue una modificación técnica de la reforma agraria, sino su desmonte deliberado en respuesta a una movilización que la había tomado en serio.

Los efectos se dejaron sentir de inmediato y a largo plazo. La concentración de la tierra en las zonas agrícolas centrales quedó intacta. Los campesinos que no habían logrado consolidar recuperaciones fueron empujados hacia la colonización periférica —selvas, piedemontes, tierras marginales—, hacia los barrios informales de las ciudades o hacia parcelas de pancoger insuficientes para reproducir una economía familiar. El proceso de colonización expansiva sobre la frontera agrícola trajo daño ecológico, ocupación desordenada del territorio y las condiciones sociales que, en el mediano plazo, se vincularían al posterior crecimiento de economías ilegales, incluido el narcotráfico. La política de vivienda urbana promovida simultáneamente por el gobierno Pastrana absorbió parte del excedente demográfico rural en las ciudades.

Los años posteriores confirmaron el bloqueo. La cuestión agraria, que había ocupado el centro de la política durante casi una década, desapareció de la agenda pública durante la segunda mitad de los años setenta y toda la década siguiente. Una congelación del proceso reformista, resultado directo del cierre legislativo pactado en Chicoral.

Las "Cuatro Estrategias": urbanización en lugar de reforma agraria

El Pacto de Chicoral se inscribía en un giro más amplio de la política de desarrollo del país. En 1971, el economista Lauchlin Currie —autor años antes de la propuesta conocida como Operación Colombia— diseñó para el gobierno Pastrana el Plan de Desarrollo Las Cuatro Estrategias, que otorgaba a la construcción de vivienda urbana el papel de sector líder de la economía, rompiendo con el enfoque cepalino y con la impronta de la Alianza para el Progreso de los gobiernos anteriores. La urbanización debía absorber la mano de obra rural excedente: si el destino del campesino era ser obrero urbano, no había necesidad de darle tierra. Donde antes se prometía tierra, ahora se prometía techo. Chicoral y las Cuatro Estrategias convergían, por vías distintas, en un mismo resultado: liberar al orden agrario tradicional de la presión reformista.

La escisión: Sincelejo y Armenia

Sin financiación estatal, con sus dirigentes perseguidos, con el marco legal cerrándose sobre ella y con miles de campesinos que habían participado en tomas sujetos a represión, la ANUC entró en crisis. El gobierno Pastrana no se limitó a la contraofensiva legislativa; promovió activamente la fractura de la organización. Funcionarios leales al gobierno —entre ellos Leonel Aguirre y Carlos Rico—, que permanecían en las juntas directivas del INCORA y del INDERENA, fueron utilizados por el Ministerio de Agricultura para promover el paralelismo desde adentro.

Así surgió la ANUC-Línea Armenia, facción oficialista alineada con la política gubernamental, frente a la ANUC-Línea Sincelejo, que reunía a la mayoría de los usuarios campesinos y defendía la orientación autónoma y radical consagrada en el Mandato. En el Valle del Cauca la división tuvo expresión regional: cada línea desarrolló su propio trabajo organizativo por separado. En Sucre y Córdoba la ANUC mantuvo estructuras significativas, con predominio del sector radical.

Las cifras del descalabro son elocuentes. Tras la escisión, la Línea Sincelejo quedó con unos trescientos mil afiliados; la Línea Armenia, con apenas diez mil. Entre uno y otro momento, cerca de quinientos mil campesinos abandonaron las filas de la organización. La ANUC que había reunido a casi un millón de personas se quedó, en su tendencia mayoritaria, con menos de un tercio. El resto se dispersó: desilusión, cansancio, temor a la represión, dificultades materiales para sostener la militancia sin apoyo financiero.

La fractura no fue solo obra del gobierno. Al interior de la Línea Sincelejo se libró una pugna intensa entre organizaciones armadas de izquierda —FARC, EPL, ELN— y el Partido Comunista, que buscaban cooptar el movimiento e incorporarlo a sus propias estrategias. En un episodio recogido por dirigentes campesinos, la presentación de una plataforma en Tomala generó escándalo no por su contenido sino por la disputa abierta entre esas organizaciones por controlar la ANUC. El resultado fue el debilitamiento adicional de una estructura ya golpeada desde afuera. La organización quedó apretada por una doble pinza: presión externa del gobierno y de los latifundistas, e implosión interna por la competencia entre corrientes revolucionarias.

El contraste con la trayectoria política del período es revelador. Mientras la lucha guerrillera atravesaba una fase marginal, la izquierda logró, a través del movimiento campesino y de la competencia electoral, una presencia significativa en el mapa institucional local: el Partido Comunista contaba en 1972 con ciento veinte concejales y nueve diputados, y en 1976 con ciento setenta y nueve concejales y doce diputados. Buena parte de esa presencia se apoyaba en la base social construida por la ANUC. La organización campesina había abierto, incluso en su declive, un espacio político que otras formas de acción no habrían logrado abrir.

La respuesta del Estado a la radicalización combinó, además, un giro contrainsurgente que rebasaba la coyuntura de la ANUC. Las fuerzas militares, apoyadas en el marco legal inspirado en la Doctrina de Seguridad Nacional, comenzaron a crear estructuras de civiles armados —las Juntas de Autodefensa— cuyo potencial represivo se desplegaría plenamente en los años ochenta. La radicalización campesina fue leída, en clave militar, como amenaza al orden público, y el tratamiento del conflicto se militarizó progresivamente.

Lo que quedó, lo que perdimos

En dos años y medio, entre el Primer Congreso de julio de 1970 y la Ley 4.ª de febrero de 1973, la ANUC recorrió el arco completo de un movimiento social: constitución, radicalización, victoria territorial parcial, contraofensiva del adversario, escisión, declive. En ese arco se concentró la mayor movilización campesina del siglo XX colombiano, y también su derrota más elocuente.

Esa derrota no obedeció a la incapacidad del movimiento. La ANUC se organizó a escala nacional, articuló un programa preciso, desarrolló una metodología de acción directa, sostuvo una red territorial de solidaridad y logró recuperaciones concretas de tierra en las regiones donde su presencia fue más densa. El Mandato Campesino de agosto de 1971 fue, en términos programáticos, uno de los documentos más avanzados producidos por un movimiento social colombiano: no pedía negociación, exigía expropiación; no pedía tutela, reclamaba autonomía; no pedía colonización periférica, exigía redistribución central.

Lo que la ANUC no pudo hacer fue romper el techo estructural que la contenía. Ese techo estaba hecho de una alianza de terratenientes, gremios empresariales y partidos tradicionales que, cuando la presión campesina se volvió intolerable, tuvo capacidad para cerrar por ley la posibilidad misma de la reforma. La coalición de Chicoral fue, en el orden agrario, lo que muchos pactos bipartidistas fueron en la política colombiana del siglo XX: un acuerdo entre las cúpulas para conjurar por arriba una presión que venía de abajo.

De aquellos años queda, antes que nada, una herencia material: cerca de doscientas mil hectáreas que pasaron a manos campesinas mediante empresas comunitarias, principalmente en la Costa Atlántica. Un número modesto frente a la estructura agraria del país, pero significativo como demostración de que la movilización puede producir redistribución cuando encuentra fisuras institucionales que aprovechar. Queda también una herencia organizativa: una tradición de acción colectiva rural y una geografía de conflicto —Sucre, Córdoba, Bolívar, los Montes de María— que reaparecería en décadas siguientes en formas nuevas, junto con la memoria de que el campesinado colombiano fue, en un momento preciso, un sujeto político con programa nacional. Y queda, sobre todo, una herencia dolorosa: la certeza de que el sistema político colombiano fue capaz de cerrar por ley la reforma agraria justo cuando el campesinado la exigía por la vía de hecho, y de que ese cierre —Chicoral, Ley 4.ª de 1973, urbanización pastranista— marcó buena parte del país que vendría después.

La cuestión agraria, congelada durante dos décadas después de Chicoral, regresaría a la política colombiana por otras puertas: por las armas, por el desplazamiento forzado, por la coca, por los reclamos de restitución. En cada uno de esos regresos hay una línea que baja hasta 1971, hasta Fúquene, hasta las tomas nocturnas de las haciendas de Sucre, hasta la ANUC que casi cambia el país y no pudo hacerlo. Lo que ocurrió después es también la historia de lo que no se hizo cuando aún era posible hacerlo.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 50 fragmentos
01Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1031 cita
[1]y en la prestacion de servicios (crédito y asistencia técnica) que en la re- distribucién de la tierra. Estos gobiernos dedicaron sus esfuerzos a atender algunas zonas criticas, afec- 1778 tadas por la violencia politica en el decenio anterior, y a contrarrestar el surgimiento de las zonas de au- todefensa campesina,…p. 103
02Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 291 cita
[2]que se tradujo en la institucionaliza- ción del movimiento campesino bajo el lema “la tierra pa’l que la trabaja” (Archila, 2005, página 97). Con base en el Decreto 755 de 1967, el Ministerio de Agricultura realizó un “empadronamiento masivo de usuarios reales y potenciales de servicios agropecuarios estatales”…p. 29
03Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 651, 7252 citas
[3]con su hijo y hermano, el 5 de agosto de 1989 2476. Más adelante hubo allanamientos, amenazas y el desplazamiento forzado de la tesorera departamental de Anmucic-Atlántico; amenazas, hostigamien- tos, desplazamiento forzado y secuestro de una de la lideresa indígena de Anmucic-La Guajira en 2003; y amenazas,…p. 725
[35]que fue un pañito de agua que se dio con el gobierno de Carlos Lleras. Y ya con el gobierno de Misael Pastrana hubo un reversazo, porque [...] se dio el acuerdo de Chicoral, y en el acuerdo de Chicoral se reversó toda la política de equidad en el campo, de reforma agraria» 2123. Estos antecedentes son clave para…p. 651
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 531 cita
[4]de tierras y siembra de pastos, forrajes y fumigación de potreros; pequeñas empresas de carne, leche y levante 79. Gracias a estos proyectos que se desarrollaron en la década de 1960, en la región se empezó a configurar un proceso de organización donde las asociaciones de usuarios cam- pesinos tuvieron un rol…p. 53
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[5]colonización cultural y territorial, que implicaron formas de violencia tanto físicas como simbólicas. 128 Becerra, «Las relaciones entre misioneros», 17. presentación 63 De la crisis de la economía campesina a la economía de la cocaína (1972—1980) 64 fiflćflThffan nexosfl. nThnflon P ara la década del 70, la promesa…p. 62
06Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1391 cita
[6]un énfasis en la dotación de tierras a los arrendata - rios y aparce ros, y la profun dización de la reforma por medio de la organiza ción de los campe sinos. Esta última medida condujo a la creación de la Asocia ción Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que constituía una osada respuesta al ascenso de los movi…p. 139
07No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1231 cita
[7]de julio de 1970, a un mes de que se terminara el gobierno de Lleras, se creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC). Para entonces, había casi un millón de hombres y mujeres afiliados a las asociaciones campesinas, y un empoderamiento que se reflejaba en las palabras del líder agrario sucreño Francisco…p. 123
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 691 cita
[8]pequeño paso para la organización campesina, pero un gran salto para reformar con equidad la estructura agraria del país. La dureza del discurso del presidente Lleras no era nueva. Tampoco gratuita. En 1968, durante la entrega de títulos de propiedad a antiguos terrajeros y aparceros del bajo Sinú, dejaba un vehemente…p. 69
09Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 951 cita
[9]pacifying existing militant peasant and guerrilla groups (Rudqvist 1983). The same law also created the Colombian Institute for Agrarian Reform (Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, or INCORA). Mostly in the early 1970s, INCORA bought up farms totalling 472,470 hectares and distributed land to 30,000 families…p. 95
109 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 591 cita
[10]su Congreso de 1988, donde un sector trató de liderar una posición más abierta a una negociación basada en parte en el fracaso del paro de octubre de 1987. Ese sector, años después, se separaría y se estructuraría como Corriente de Renovación Socialista y firmaría en 1994 un acuerdo de paz con el Gobierno. 27 — Para…p. 59
11La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 911 cita
[11]la creciente presencia del capital monopólico internacional, usurero y comprador, configuran los rasgos característicos del semifeudalismo colombiano. 93 Cuadro No. 2. 1 CONCENTRACION DE LA TIERRA EN COLOMBIA 1960 - 1970 0-10 has + 500 has TOTAL 1960 SUPER (miles # EXPLOT. has) 2.403.7 1 1.052 27.337.8 925. 750 6.902…p. 91
12Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2491 cita
[12]puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…p. 249
13Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 5051 cita
[13]de 20 hectáreas representaron entre el 84% y el 87% del total de propietarios rurales, pero solo poseían entre un 16% y un 18% de la tierra. Por el contrario, el 3%-4% de los propietarios con más de 100 ha concentraban entre el 55% y el 60% de la propiedad rural. Los cambios en la estructura fueron el resultado de dos…p. 505
14Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 30, 312 citas
[14]Aproximadan1ente 76,9% de los conflictos de tierras en 1971 ocu- rrieron en los latifundios de la costa atlántica, en los valles interandinos y en los Llanos Orientales, donde se desarrollaban los grandes latifun- dios ganaderos y el capitalisrno agrario 49. Los restantes conflictos terri- 62 Sistemas de guerra…p. 31
[15]hecho de que esta región se encuentra de Santander y del inte- rior del país una cadena de 1nontaúas y llanuras y a la baja densi- dad de población aún más el de la guerra Los términos la distribución de tierra eran tan ambiguos que el Ministerio Agricultura tuvo la determinar tierras podían ser Se llegó a este…p. 30
15La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 1221 cita
[16]como puede también fácilmente comprobarse al ob servar la evolución de la cartera bancaria en los úl timos añQs y la concentración de los créditos otor gados, consecuencia lógica, entre otras, de la modali dad de otorgar los préstamos sobre la base de garan tías reales lo cual, obviamente, solo permite el ac ceso a…p. 122
16Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 401 cita
[17]la ANUC. En ellos la Asociación rechazaba la colonización como substituto de la reforma agraria, exigía la extinción del domi- nio de tierras privadas incultas y la expropiación del latifundio, ade- más de los apoyos estatales para elevar el nivel de vida campesino. El Mandato Campesino de la ANUC, aprobado por la…p. 40
17Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3611 cita
[18]octubre de 1971, el «Mandato Campesino», varios de- bates en el Congreso en septiembre y noviembre de 1971, obligaron al go- bierno a tomar la iniciativa de una reu- nión de los sectores políticos y empre- sariales en el pueblito tolimense de Chicoral en los primeros días de 1972. En esta reunión se pusieron sobre la…p. 361
18Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 538, 5422 citas
[19]los programas de colonización del INCORA (como sustituto de la reforma agraria redistributiva) y pidieron la reducción del plazo exigido para que la tierra inculta en manos privadas volviera al dominio del Estado para su entrega a los cam- pesinos sin tierra. Adicionalmente, aprobaron estas peticiones: que los…p. 538
[20]rechazo a las políticas agrarias del gobierno de Pastrana Borrero, acorda- ron seguir promoviendo la recuperación de tierras y debatieron cuál de las siguientes consignas era más adecuada para el movimiento campesino: “Tierra para quien la trabaja” o “Tierra sin patrones”. Finalmente, el Comité Ejecutivo de la ANUC…p. 542
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 881 cita
[21][...] Era un movimiento de mucha fuerza en el suroeste, [de Antioquia] entoes había un ejercicio de solidaridad para recuperar esas tierras. Yo recuerdo que siendo muy niño yo iba y me trasnochaba en todo ese asunto porque nos metíamos a una finca en la noche, ¿cierto?; en una noche todo lo teníamos ya muy planeado,…p. 88
20Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de BolívarCentro Nacional de Memoria Histórica, Carmen Andrea Becerra Becerra · 2018 · p. 1021 cita
[22]en comparación con la zona alta. En la zona baja las tierras no producían mucho y [con la reforma agraria] los terratenientes le proponen las tierras más malas al gobierno para comprar. Todas esas tierras que fue- ron las malas como Acetuna, San Rafael, Tacaloa, fueron fincas que fueron vendidas voluntariamente cuando…p. 102
21Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 250, 2552 citas
[23]el Corrinche, el Collao, el Bolaeburro y el Chinéculeco, los mismos que han encontrado pedazos de cerámica roja puyada que debieron ser de los antiguos zenúes. Con estos niños y otros, todos hijos de luchadores por) la tierra. El pase de lista es heroico y constituye un reflejo de la condición agitacional…p. 255
[43]la rutina teórica que ha surgido de los estudios generales de la Violencia y se adelanta en la comprensión de sus factores y condiciones reales. Puede ser que continúe esta saludable tenden- cia de regionalizar el estudio de tan importante proceso. Cf. Russell W. Ramsey, "Critical bibliography on La Violencia in…p. 250
22El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 2961 cita
[24]acaba de otorgar el Incora durante más de 14 años de existencia. Muchas de estas invasiones culminaron en la conformación de empresas comunitarias, que venían conformándose desde 1968, especialmente en los distritos de aparceros y arrendatarios y en los de adecuación de tierras, cuando el Incora cambia su política de…p. 296
23The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 97, 2502 citas
[25]some sharecroppers had been de- manding land redistribution since 1965. Throughout the coastal strip, ANUC's formation had been based upon the creation of new groups and the restructuring of the existing leagues and syndicates, many of which kept their affiliation to FANAL and their contact with the Liberal trade…p. 97
[41]the movement had decided to stop sending delegates to the state agencies, but Leonel Aguirre and Carlos Rico didn't leave their seats at the boards of INDERENA and INCORA. The minister also knew who was against the land invasions. With these leaders, they started to promote parallelism and divide ANUC" (interview…p. 250
24La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 1021 cita
[26]el corazón de los Montes de María, ade- más de permitir el acceso y la disposición de agua en una región seca y caliente. Sin embargo, es importante aclarar que no se trata de una geografía como la que habitualmente se asocia con una 62 Ibíd. Grupo de Memoria Histórica 102 zona de retaguardia estratégica desde el…p. 102
25La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 207, 2202 citas
[27]de los campesinos muchas haciendas fueron ven- La tierra en disputa 209 didas por al Incora voluntariamente: Almagra en Ovejas, El Car- men y El Diamante en San Pedro, La China, Bélgica y Macajan en Toluviejo, La Conquista y La Esperanza en San Onofre, son algunos ejemplos de la fortaleza organizativa de los Usuarios…p. 207
[40]ciones con el Estado, se adhieren a la línea oficial, entonces incidió para acabar de aplastar a la organización. (Hombre/aAdulto/dirigente campesino/ Los Palmitos/ Sucre/septiembre de 2009). 139 Ibídem Grupo de Memoria Histórica de la cnrr 222 Otra de las razones de la división fue la búsqueda de coopta- ción de la…p. 220
26Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 771 cita
[28]septiembre). Las tomas de tierras eran antecedidas por la identificación de las veredas donde habitaban familias campesinas sin tierra, las zonas donde había fincas si ser trabajadas y su situación catastral. Estas indagaciones eran hechas por los mismos campesinos, vecinos, solidarios y abogados. Entonces, buscábamos…p. 77
27Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 521 cita
[29]la capacidad reivindicativa y de lucha de los campesinos, que se fueron radicalizando hasta desprenderse de la tutela del Estado de forma tal que se convirtieron en un elemento políticamente desestabilizador al adelantar una reforma agraria por su cuenta, de hecho, mediante invasiones, recupera- ción y toma de…p. 52
28La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 371 cita
[30]CAPÍTULO I. ANTECEDENTES DEL FENÓMENO PARAMILITAR EN EL ATLÁNTICO, CESAR, LA GUAJIRA Y MAGDALENA 37 tierras. Nació la reforma agraria en el Magdalena con esas setenta y siete mujeres; mujeres que peleaban, se enfrentaban a la Policía. Ellas fueron las que me enseñaron a mí a pelear con el Ejército; con la Policía. En…p. 37
29Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 3071 cita
[31]resul- tados afines en las vecindades de Santa Marta a comienzos de los años sesenta. Centenares de antiguos trabajadores de las bananeras, al encontrarse sin trabajo, iniciaron actividades de colonización tanto en baldíos como en haciendas ociosas de la región. Los terratenientes acudieron a la respuesta clásica,…p. 307
30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 661 cita
[32]para seguir defendiendo nuestro territorio ancestral». 146 Informe 262-CI-00390. Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec) y Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), «El genocidio silencioso del puebo Embera Chamí de Caldas». de las guerrillas liberales a la efervescencia social (1958-1977)…p. 66
31Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 3571 cita
[33]departamentos de Tolima, Antioquia, Huila, Cauca, Valle y Cundinamarca. Muy poco tiempo después, el gobierno de Pastrana iniciaría la contrarreforma agraria con la Declaración de Chicoral, un pacto bipartidista sobre el proyecto de modificación de la Ley de Reforma Agraria que fomentó la división del movimiento…p. 357
32Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 2651 cita
[34]olvidar la necesidad de incorporar a grandes masas campesinas a una vida digna y productiva, en un marco de respeto a la propiedad privada. Como se dijo, bajo el Gobierno conservador de Misael Pastrana, con apoyo de sectores liberales y de gremios de la producción, se suscribió el Pacto de Chicoral, que en la práctica…p. 265
33Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1821 cita
[36]y el Gobierno nacional frenó los intentos de la redistribución de baldíos en el territorio colombiano (Villaveces y Sánchez 2015). Por tal motivo, los propietarios de los grandes latifundios emprendieron un proceso sistemático de demandas, el cual tuvo como resultado la expedición de la Ley 4 de 1973, finiquitada en…p. 182
34Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 292 citas
[37]36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…p. 29
[38]36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…p. 29
35Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5031 cita
[39]Bogotá: IEPRI-Debate, 2014, 278-279. 994 Esta ley revivió la aparcería que había sido implementada con la Ley 100 de 1944. 995 Entrevista 139-VI-00039. Exfuncionario Incora, abogado, víctima. 996 Entrevista 200-PR-00847. Hombre, exfuncionario, Puerto Asís. 504 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz protagonismo en los…p. 503
36"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1761 cita
[42]por jornaleros asalariados y minifundistas, que afectaron fi ncas de la zona plana. En la ocupación de tierras también participaron campesinos a fi lia- dos a Fanal, organización que años más tarde se distanció de los planteamientos radicales de la ANUC, línea Sincelejo. 176 “Patrones” y campesinos: tierra, poder y…p. 176
37La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2641 cita
[44]ilegítimas o éticamente censurables. Algunos empresarios también están aprovechando el contexto de violencia para especular con el precio de la tierra o 482 CNMH, Buenaventura: Un puerto sin comunidad, 235. 265 C AP Í TU LO 3. Auschwitz como impulso para pensar el caso colombiano acceder a los territorios adecuados…p. 264
38Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1471 cita
[45]De Zabaleta varias decenas de esclavos negros casi exclusivamente, que las arriaban ya gordas al mercado de Cartagena. Estos esclavos vivían en un caserío con capilla propia en el sitio llamado Santa Ana del Paraíso que más tarde encubrió el cementerio de Guayabal. Cuando De Zabaleta murió en 1706, ordenó que algunos…p. 147
39¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 81, 832 citas
[46]y 1975; la mayoría de ellas entre 1970 y 1973, cuando el movimiento 130 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica el representante a la cámara Israel Santamaría, el senador Carlos Toledo Plata y un grupo de guerrilleros urbanos encabezados por Jaime Bateman Cayón, escindidos de las FARC, en 1974 conformaron…p. 83
[50]bipartidismo y de los canales institucionales diseñados para ello, poniendo incluso en riesgo la fórmula de alternación en el poder en la reñida competencia electoral por la Presidencia de la República entre el candidato oficialista y el de la Alianza Nacional Popular, ANAPO, en 1970. Por su parte, la ampliación…p. 81
40Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2521 cita
[47]Roberto Arenas Bonilla, llamó en 1971 al economista Lauchlin Bernard Currie para que ayudara a formular un plan de desarrollo para Colombia. Pocos años antes, en 1960, Currie ha- bía redactado un documento titulado Operación Colombia, por petición del Consejo Nacional de Planeación, en el que propuso la redistribución…p. 252
41A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 1991 cita
[48]the Marshall Plan had been Europe’s way out of the destruction of World War II. 8 Currie’s ideas would have to wait a few more years. Carlos Lleras Restrepo (1966–1970) tried to implement some cepalino policy recommendations during his administration. A common market, similar to Central America’s, was formed through…p. 199
42Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 2551 cita
[49]las ciu- dades, y concretamente hacia los sec- tores marginados urbanos, recompo- ner los contenidos policlasistas del electorado de los partidos tradiciona- les. Se trata de ofrecer una alternativa dentro del bipartidismo a la capacidad de cooptación popular y urbana de- mostrada por la ANAPO. El general Rojas pasaba…p. 255