Idea transversal
Estado paralelo
El 'estado paralelo' designa la trama de poderes armados, políticos y económicos —legales e ilegales— que en amplias regiones de Colombia co-produjeron soberanía junto con las instituciones formales durante la segunda mitad del siglo XX y las dos primeras décadas del XXI. Es un concepto en disputa que migró de la ciencia política al lenguaje judicial y periodístico, y nombra un patrón estructural de delegación de la violencia por parte del Estado central cristalizado en fenómenos como la parapolítica.
Trayectoria de una idea
- 1965
Origen jurídico: legalización del paramilitarismo
- 1989
Derogación del marco legal y mutación hacia las Convivir
- 1995
Ausencia de cifras oficiales sobre paramilitares: asimetría estructural del Estado
- 2001
Pacto de Santa Fe de Ralito: proyecto de 'refundar el Estado'
- 2003
Cooptación de la contratación estatal por redes paramilitares
- 2006
Estallido judicial de la parapolítica
- 2010
Condena de Álvaro Araújo Castro: cierre de un ciclo judicial
- 2016
Sentencia del Tribunal Superior de Bogotá sobre las Convivir y el Bloque Centauros
La lectura
El estado paralelo en Colombia no fue una arquitectura central diseñada desde arriba, sino un patrón estructural de co-producción de soberanía que nació de una decisión deliberada del Estado: delegar el monopolio de la violencia en actores privados bajo el argumento contrainsurgente, entre 1965 y 1989, y luego tolerar su mutación en las Convivir de los años noventa. Lo que empezó como auxilio militar en regiones de colonización interna —el Magdalena Medio, Urabá, los Llanos— se transformó en aparato de acumulación regional, regulación social y captura electoral, con lógicas que los grupos armados y las élites locales sostuvieron mutuamente. La categoría desafía la imagen de dos líneas paralelas que no se tocan: lo que documentan Puerto Boyacá, Cúcuta o el Pacto de Ralito es una fusión densa entre lo formal y lo informal, entre el uniforme y el brazalete, entre la curul y el fusil. Su encarnación más visible fue la parapolítica, que llevó el fenómeno del terreno al centro del poder nacional y produjo la mayor crisis de legitimidad del Congreso colombiano en la historia reciente. Que el concepto siga siendo disputado —entre quienes ven una captura sistémica y quienes señalan penetraciones oportunistas y desiguales— no lo invalida: lo obliga a rendir cuentas ante la evidencia, que es precisamente la condición de cualquier concepto útil para la historia.
En Colombia, la expresión estado paralelo nombra un fenómeno y también una controversia. Designa, en su uso más extendido, la trama de poderes armados, políticos y económicos —legales e ilegales— que en amplias regiones del país co-produjeron soberanía junto con las instituciones formales durante la segunda mitad del siglo XX y las dos primeras décadas del XXI. Pero es, al mismo tiempo, un concepto en disputa: migró de la ciencia política al lenguaje judicial y al periodismo entre los años noventa y los dos mil, y en ese viaje se cargó de significados encontrados. Para algunos analistas describe una captura estructural del Estado por el paramilitarismo y sus aliados; para otros nombra apenas una constelación de arreglos regionales oportunistas. Lo que sigue reconstruye el concepto —su genealogía, sus definiciones enfrentadas, sus encarnaciones históricas— con la convicción de que su fuerza explicativa reside precisamente en lo que resiste toda simplificación: un patrón sostenido de delegación de la violencia por parte del Estado central, cristalizado en fenómenos como la parapolítica y sobreviviente, mutado, en las estructuras posdesmovilización.
Un concepto en disputa
Estado paralelo no es un término técnico de definición cerrada. Es una etiqueta que circula, con parientes cercanos —para-Estado, reconfiguración cooptada del Estado, áreas cafés, clientelismo armado, forma perversa del Estado— y con adversarios que le disputan su alcance. Todas esas fórmulas intentan nombrar lo mismo: que en Colombia, en franjas considerables del territorio y durante décadas, las funciones que la teoría clásica atribuye al Estado —monopolio de la violencia, administración de justicia, recaudación, regulación del orden social, elección de representantes— fueron ejercidas de manera compartida, negociada o directamente sustituida por actores armados no estatales, casi siempre con la aquiescencia, la connivencia o el patrocinio de agentes estatales.
La palabra paralelo engaña, sin embargo, si se toma al pie de la letra. Sugiere dos líneas que no se tocan, dos aparatos independientes que operan uno junto al otro. Lo que el caso colombiano documenta es lo contrario: un entrelazamiento denso, con puertas giratorias entre lo formal y lo informal, entre el uniforme y el brazalete, entre la curul y el fusil. Por eso una parte de la literatura —siguiendo a Guillermo O'Donnell— prefiere hablar de áreas cafés: zonas dentro de un mismo Estado democrático donde las instituciones son inefectivas, la ciudadanía se ejerce con baja intensidad y subsisten subsistemas subnacionales de poder con base territorial y sistemas legales informales pero efectivos. Esas áreas coexisten con un régimen que, al menos en el centro político nacional, es democrático. El concepto sirve mejor que la imagen de dos ríos separados: describe un Estado desigual consigo mismo, no un Estado duplicado.
Otra vertiente, encarnada en trabajos de Mauricio Romero Vidal, León Valencia Agudelo, Claudia López Hernández y Gustavo Duncan, prefirió hablar de para-Estado, reconfiguración cooptada o parapolítica para nombrar la forma específica que ese fenómeno tomó en Colombia a partir de la expansión paramilitar de los años noventa. Frente a esa lectura, Francisco Gutiérrez Sanín ha objetado que la evidencia disponible no siempre alcanza para hablar de una intervención sistémica, coordinada y exitosa de organizaciones ilegales en la vida política nacional: lo documentado, sostiene, apunta a penetraciones desiguales, oportunistas y territorialmente acotadas, más que a un proyecto coherente de refundación estatal. La objeción es seria y merece integrarse, no descartarse. Pero no anula el fenómeno: lo obliga a definirse mejor. El estado paralelo colombiano no fue una arquitectura central sino un patrón estructural de co-producción de soberanía, con lógica de fondo compartida y ejecuciones regionales heterogéneas.
La delegación como origen: 1965-1989
La primera clave para entender el concepto está en su origen jurídico. Entre 1965 y 1989, el paramilitarismo fue legal en Colombia. Los crímenes cometidos por esos grupos no lo eran, pero la existencia misma de estructuras civiles armadas bajo tutela militar sí, amparada en el marco de la Seguridad Nacional y en las lecturas locales de la doctrina contrainsurgente hemisférica. Esa legalidad no fue accidental: fue una decisión de Estado. El Estado colombiano delegó, en coaliciones regionales, una parte del monopolio de la violencia, permitiéndoles armarse con recursos y fusiles suyos, con patrocinio del Ejército y con el argumento de la lucha antisubversiva.
En el Gran Magdalena, tres grupos paramilitares operaron durante cerca de veinticinco años al amparo de ese marco legal que autorizaba armar a la población civil para ejecutar acciones contrainsurgentes "conjuntamente y al amparo de la fuerza pública". Esa fórmula —conjuntamente y al amparo— es la clave del asunto. No se trataba de fuerzas separadas del Estado, sino de fuerzas armadas por el Estado y coordinadas con él. Lo que después se llamaría estado paralelo nació, entonces, no como usurpación desde afuera sino como delegación desde adentro.
Esa delegación tuvo consecuencias que las estadísticas oficiales apenas alcanzaron a registrar. Antes de 1995 no existían cifras oficiales sobre paramilitares dados de baja o encarcelados, pese a su actividad violenta y pública; la acción estatal se dirigió casi exclusivamente contra la guerrilla. La asimetría no fue un descuido: fue el reverso lógico de la delegación. Un Estado que arma a un actor privado para combatir a otro difícilmente puede, sin contradecirse, perseguirlo con la misma intensidad. Las estructuras que recibieron esa concesión se especializaron rápidamente en la coerción privada al servicio de élites políticas, económicas y —cada vez más— narcotraficantes. Lo que empezó como auxilio contrainsurgente se transformó en aparato de acumulación regional y de ordenamiento social.
Cuando en 1989 se derogó el marco legal que autorizaba esas estructuras, el fenómeno no desapareció: se replegó, mutó y buscó nuevos ropajes jurídicos. Uno de esos ropajes fueron las Convivir de la década de los noventa. Salvatore Mancuso lo dijo con crudeza ante la Comisión de la Verdad: operó con "una autodefensa legal, la Convivir, amparada por el Estado, con fusiles del Estado", que servía de "bisagra, de engranaje entre la institucionalidad y la autodefensa ilegal". En 2016, el Tribunal Superior de Bogotá documentó que las Convivir Renacer Ltda., en Casanare, y San Martín Ltda., en Meta, albergaron como organizadores o representantes a personajes con trayectoria en grupos paramilitares, en conexión con el Bloque Centauros. Con las Convivir, el Estado facilitó una violencia por delegación en la que los grupos paramilitares ejecutaban lo que la fuerza pública no podía hacer legalmente. La continuidad estructural pesa más que las discontinuidades jurídicas: cambió la envoltura legal, no la lógica.
Encarnaciones territoriales: cuando el paramilitar hace de Estado
Ningún concepto sobre el poder se sostiene sin el suelo donde ese poder se ejerce. El estado paralelo en Colombia se hizo carne en municipios, corregimientos, veredas y ciudades intermedias donde la presencia estatal era débil, tardía o primordialmente militar. El Magdalena Medio ofrece el caso paradigmático: región de colonización interna, con presencia estatal ante todo represiva, dio a luz tanto al Ejército de Liberación Nacional como a las Autodefensas Unidas de Colombia. El vacío de regulación no lo llenó ni la escuela ni el juzgado: lo llenó el arma.
En Puerto Boyacá, el Frente Urbano de las autodefensas construyó una red de puntos de control, moscas y radio operadores para reportar cualquier movimiento sospechoso a la central de comunicaciones instalada en Transmisores, que se convirtió en el principal centro de detención, tortura y ejecución del grupo. Ese aparato imponía toques de queda, extorsionaba a toda la población, regulaba conflictos sociales y castigaba a los transgresores principalmente con homicidio y desaparición forzada. La palabra paralelo aquí es engañosa: no había Estado central que pudiera contrapesar. Había un aparato armado que administraba la vida cotidiana con la brutalidad de un soberano local.
Esa administración se extendió a la democracia electoral. Grupos armados reunían a la población para ordenarle votar por candidatos específicos, y en ocasiones intimidaban a los votantes con armas dentro de los cubículos electorales, ante la inacción de la Registraduría. En municipios donde operaba el Bloque Central Bolívar, integrantes armados señalaban con gestos o exhibían fusiles en las mesas de votación —así ocurrió en Morales durante las elecciones atípicas de Asín Díaz—. La regulación armada no se conformaba con imponer candidatos: aspiraba a obtener, tras la elección, espacios políticos concretos.
En Cúcuta, la escena tomó forma urbana. El Bloque Catatumbo mantenía una oficina ubicada frente a la Fiscalía. Ana María Flórez, directora seccional de Fiscalías, fue condenada por la Corte Suprema de Justicia por vínculos con los paramilitares: no era una filtración marginal, era la máxima autoridad investigativa regional actuando a favor del actor armado que decía perseguir. Que el fenómeno se llame estado paralelo pierde precisión ante casos así: no había paralelismo, había fusión.
La regulación paramilitar de la vida social se ejerció también en registros bajos, casi pastorales, que la guerrilla practicaba con métodos análogos: prohibición de robos, riñas, consumo de drogas; horarios de circulación; sanciones que iban del trabajo comunitario y la multa hasta la muerte. Esa suplantación de las funciones de justicia y orden público fue tan cotidiana como el homicidio ejemplarizante. Es en este plano donde la categoría de clientelismo armado rinde mejores frutos: describe cómo los grupos armados asumieron funciones de regulación, mediación y control mediante la prestación y contraprestación de favores y servicios, elevando a nueva escala prácticas que antaño habían caracterizado a los partidos tradicionales. El brazalete no reemplazó al caciquismo: lo militarizó.
La parapolítica y el asalto al Congreso
Si el paramilitarismo de los ochenta encarnó el estado paralelo en el terreno, la parapolítica de los dos mil lo llevó al centro del poder nacional. El nombre lo puso el país cuando la Corte Suprema de Justicia comenzó a abrir procesos, en 2006, contra congresistas elegidos con apoyo de las AUC. Pero el fenómeno venía de más atrás.
Su gesto emblemático fue el Pacto de Santa Fe de Ralito, firmado alrededor de 2001 en un corregimiento del municipio de Tierralta, en Córdoba. Allí, líderes significativos de las AUC —entre ellos Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40— junto con más de cincuenta políticos, entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores, suscribieron un texto cuyo propósito declarado era refundar el Estado. La expresión resume el proyecto: no se trataba solo de proteger negocios ni de comprar impunidad, sino de construir, desde la región Caribe, una arquitectura política que se extendiera al conjunto del país, financiada desde el narcotráfico. El propio Carlos Castaño Gil se distanció del rumbo que tomaba el Bloque Norte, en tensiones internas que anticiparon su desaparición.
La cooptación en Córdoba y Sucre fue, en sentencia de la Corte Suprema, total en lo que respecta a alcaldías y gobernaciones. En Sucre, Álvaro García Romero llegó al Senado y participó activamente en la estrategia paramilitar. En Urabá, el Bloque Élmer Cárdenas organizó una lista de cuatro candidatos —Manuel Darío Ávila Peralta, Jesús Enrique Doval Urango, Estanislao Ortiz Lara y César Augusto Andrade Moreno— que se turnarían la curul en la Cámara de Representantes durante el periodo 2002-2006, alternándose dos años para el norte de Urabá y dos para el eje bananero. La ingeniería electoral no era metafórica: era literal.
La proliferación de partidos habilitada por la Constitución de 1991 amplió el terreno de juego. Movimientos como Colombia Democrática, Colombia Viva, Convergencia Ciudadana, Convergencia Popular Cívica, Moral, Mipol, Equipo Colombia, Apertura Liberal, Sí Colombia, Integración Regional, Alas, Cambio Radical, el Movimiento Nacional Conservador, el Movimiento Nacional Progresista, Dejen Jugar al Moreno, junto con sectores del liberalismo y el conservatismo, sirvieron —en distintos grados— como plataformas para la influencia legislativa de las AUC. La red clientelar del grupo liderado por Jorge 40 se benefició, hacia 2003, de la contratación estatal en la prestación del servicio de salud y en el manejo de recursos públicos en varias regiones.
La respuesta judicial fue, en escala latinoamericana, sin precedentes. En noviembre de 2006 fueron arrestados los primeros tres congresistas; en febrero de 2008, cinco más; en marzo de ese mismo año, otros veintiséis; en julio, la expresidenta del Senado Dilian Francisca Toro. En total, 65 congresistas elegidos en 2006 quedaron bajo arresto. En marzo de 2010, la Corte Suprema condenó al exsenador Álvaro Araújo Castro a nueve años y tres meses de prisión por haber conspirado con Jorge 40 para ganar escaños. Cuarenta y tres congresistas renunciaron a sus curules para que la Corte los investigara en lugar de la Fiscalía, calculando penas más leves bajo esa jurisdicción. La Corte impuso, además de la cárcel, la muerte política: inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. El país aprendió en tiempo real que su Congreso había sido, en una proporción significativa, un producto del estado paralelo.
La infiltración del centro: DAS, Fiscalía y ramas judiciales
La parapolítica no se agotó en el Legislativo. Alcanzó también al Ejecutivo y a la justicia, y ese alcance obliga a matizar cualquier lectura que confine el estado paralelo a las periferias. Jorge Aurelio Noguera Cotes, quien había sido jefe de campaña del presidente Álvaro Uribe Vélez en el Magdalena, dirigió el Departamento Administrativo de Seguridad entre 2002 y 2005. En sentencia de 2017, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia estableció que Noguera puso el DAS al servicio de Jorge 40 y de los paramilitares de la costa Caribe. Patrocinó la creación del Grupo Especial de Inteligencia G3, que ejecutó labores de inteligencia y operaciones encubiertas al margen de la ley: hostigamientos, seguimientos y amenazas. Desde el DAS se compartió información obtenida ilegalmente con estructuras paramilitares y políticas. Sus bases de datos electorales fueron utilizadas para planear fraude en 2002; se borraron antecedentes penales de narcotraficantes y paramilitares; se elaboraron listas de ciudadanos señalados como aliados de la guerrilla que fueron posteriormente asesinados.
La cifra no permite eufemismos: el organismo encargado de la seguridad del Estado, bajo la dirección de un cuadro cercano al Ejecutivo, funcionó como oficina auxiliar de un aparato armado ilegal. En la rama judicial, el llamado Cartel de la Toga operó mediante funcionarios que desviaban investigaciones, dilataban procesos, utilizaban información privilegiada, alteraban evidencias y restaban credibilidad a testigos a cambio de pagos cuantiosos —en al menos un caso, cerca de 1.100 millones de pesos—. El paramilitarismo no solo capturó representantes locales: penetró el aparato central de seguridad, el investigativo y una parte de las cortes.
Es aquí donde la lectura del estado paralelo como fenómeno externo al Estado revela sus límites. Lo que las sentencias describen no es un asalto desde afuera sino una connivencia desde adentro. Por eso Mario Uribe Escobar, primo del presidente y expresidente del Senado, terminó investigado y condenado; por eso Iván Cepeda Castro construyó buena parte de su trabajo parlamentario en torno a la denuncia sostenida de esos vínculos; por eso figuras como Salvatore Mancuso, al negociar su desmovilización y luego al comparecer ante la Comisión de la Verdad, insistieron en la trama institucional que los sostuvo. El estado paralelo nombraba, en última instancia, un Estado consigo mismo.
Economía política del para-Estado
Todo aparato de poder requiere una base material. La del estado paralelo colombiano combinó tres fuentes: el narcotráfico, la apropiación de tierras y ganado, y la captura de contratación pública y regalías. El sur de Córdoba, el Urabá antioqueño y el bajo Atrato se transformaron de centros de acopio y corredores de comunicación en zonas con presencia de cultivos de coca y laboratorios para producción de cocaína. Los narcotraficantes invirtieron en grandes extensiones de tierra y ganado para legalizar sus ganancias, y ese proceso les otorgó poder económico y político, mientras la política antidroga se concentraba en el eslabón más débil: el cultivador.
La biografía de Carlos Castaño contiene una frase reveladora: "lo importante es el control de los territorios y si son de cultivos de coca mejor". La sentencia condensa la relación entre control territorial y economía cocalera que definió a las AUC. Figuras como Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna; Carlos Mario Jiménez Naranjo, alias Macaco; y otros de extracción narcotraficante aprovecharon su asociación con las AUC para buscar sanear su situación jurídica bajo el estatus político. Otros, como Mancuso o Jorge 40, ya integrados con el narcotráfico, optaron por respaldarlo.
El escándalo del Proceso 8.000 —la financiación de la campaña presidencial de Ernesto Samper Pizano por parte del narcotráfico— había mostrado, ya en los años noventa, que la relación entre dinero ilícito y política nacional no era una novedad de los dos mil. Lo que cambió con la parapolítica fue la escala y la forma: no solo se trataba de aportes a campañas, sino de la construcción de listas, la asignación de curules por rotación, la captura de contratos públicos y la penetración de organismos de seguridad.
Genealogías teóricas: entre Weber, O'Donnell y Pearce
El estado paralelo no habría podido pensarse sin un aparato conceptual que le hiciera lugar. La ciencia política y la sociología históricas, entre los años ochenta y dos mil, ofrecieron los términos. Francisco Gutiérrez Sanín sistematizó la literatura académica sobre formación del Estado en tres vertientes: la sociológica weberiana —que arranca de Max Weber y su definición del Estado por el monopolio legítimo de la violencia—, la belicista —donde se inscribe Charles Tilly y su tesis de que la guerra hace al Estado y el Estado hace la guerra— y la institucionalista. Sobre ese trípode se apoyó buena parte de la investigación colombiana que intentó explicar por qué el Estado nacional nunca ejerció ese monopolio de manera efectiva en amplias regiones del país.
Guillermo O'Donnell aportó una distinción decisiva: dentro de un mismo Estado democrático coexisten áreas azules con instituciones efectivas y áreas cafés con gobernanza inefectiva, donde los ciudadanos ejercen una ciudadanía de baja intensidad y persisten subsistemas subnacionales de poder con base territorial y sistemas legales informales pero efectivos. El concepto describe el mapa colombiano con precisión notable: Bogotá y algunas capitales departamentales funcionan como áreas azules; buena parte del Magdalena Medio, Catatumbo, Urabá, Casanare y el sur de Córdoba, como áreas cafés. La democracia nacional convive con soberanías locales gestionadas por otros.
Jenny Pearce llevó la pregunta un paso más allá al sugerir que quizás lo que ocurre en América Latina no es Estado fallido sino forma perversa del Estado: una configuración en la que el propio Estado habilita múltiples formas de violencia, no como falla sino como modo de funcionamiento. La pregunta, planteada como interrogante y no como conclusión definitiva, ilumina el caso colombiano mejor que la retórica del fracaso: aquí no se trata de un Estado incapaz de imponerse sobre actores externos, sino de un Estado cuya relación con esos actores es constitutiva de su forma histórica. En la misma línea, muchos grupos armados ilegales no guerrilleros mantienen relaciones mutuamente beneficiosas con miembros de instituciones estatales, o están integrados por personal de seguridad activo, en un contexto de creciente militarización y criminalización de la disidencia.
Gutiérrez Sanín introdujo, además, el concepto de brokerage aplicado a contextos clientelistas como el colombiano: los brokers conectan actores a distintos niveles territoriales, y cuando su capacidad de conexión incorpora la coerción, aparece la figura del intermediario armado. Esa figura —el político regional con jefe paramilitar, el comandante con concejal, el fiscal con emisario— es la unidad mínima del estado paralelo colombiano. No la conspiración nacional, sino el nudo local.
La territorialidad difusa del Estado colombiano se ilustra con datos elocuentes: fronteras sin control efectivo, un estimado de 40% de predios urbanos sin títulos de propiedad en grandes ciudades y la circulación libre de armas, cocaína y dinero ilegal. Sobre ese suelo, la soberanía plena era imposible y los intermediarios entre lo legal y lo ilegal, indispensables.
La disputa por el concepto
Vale la pena volver, con más pausa, a la objeción que Gutiérrez Sanín ha formulado contra las lecturas más fuertes de la reconfiguración cooptada del Estado. Su reparo es que la evidencia no siempre alcanza para demostrar una intervención sistémica y coordinada. La observación tiene fuerza empírica: la penetración paramilitar fue desigual entre regiones, oportunista en muchos momentos y limitada en sus resultados —el proyecto de refundar el Estado declarado en Ralito no se consolidó, buena parte de sus firmantes terminó en la cárcel y las estructuras armadas se fragmentaron tras 2006—.
Pero la objeción, bien tomada, no anula el concepto: lo especifica. El estado paralelo colombiano no fue una arquitectura central con plano maestro, sino un patrón estructural con ejecuciones regionales heterogéneas. Su lógica de fondo —la delegación de la violencia, el clientelismo armado, la co-producción de soberanía— fue compartida; sus formas concretas variaron. Reconocerlo así permite integrar tanto los casos de cooptación densa (Córdoba, Sucre, Urabá) como los de penetración parcial o fallida, sin renunciar a la categoría.
Hay, además, un uso del concepto que conviene señalar sin celebrarlo. Su migración desde la academia hacia la jurisprudencia y el periodismo entre los noventa y los dos mil no fue neutral. Sirvió para nombrar y perseguir judicialmente la parapolítica —un logro considerable—, pero también permitió, a ratos, fijar una narrativa en la que la parapolítica aparecía como anomalía paralela al Estado, cuando las sentencias mismas documentan que la connivencia institucional directa —desde el DAS hasta las Fiscalías seccionales, desde el Ejército hasta las cortes— fue parte constitutiva del fenómeno. Llamar paralelo a algo que en buena medida fue interno es una elección política, no solo analítica.
La huella: neoparamilitarismo y continuidades
Tras la desmovilización de las AUC negociada con el gobierno de Álvaro Uribe entre 2003 y 2006, el fenómeno no se cerró. Los llamados grupos armados posdesmovilización —las organizaciones que surgieron después de aquel proceso o que no se acogieron a él— heredaron rutas, contactos, territorios y en muchos casos mandos medios. Las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, también conocidas como Urabeños o AGC, ocuparon un lugar central en esa continuidad. Aprovecharon el caos generado en la Oficina de Envigado para intentar establecer su dominio en Medellín, y su expansión hacia zonas rurales y fronterizas dibujó un mapa en el que coexistieron con guerrillas y afectaron especialmente a poblaciones desplazadas, víctimas, indígenas y comunidades afrodescendientes.
El proceso de desmovilización fracasó en garantizar la reintegración plena de los combatientes, el empleo, el apoyo económico, la seguridad de los jefes y sus familias y, sobre todo, la evitación de la extradición. Ese fracaso alimentó las estructuras posdesmovilización. En el Eje Cafetero, el periodo 2003-2016 puede caracterizarse como uno de desmovilizaciones y fortalecimiento simultáneo de bandas criminales, con persistencia de violencia urbana y retos rurales vinculados a estructuras herederas del narcoparamilitarismo. El estado paralelo, si el concepto sirve para algo hoy, sobrevive mutado: menos ideológico, más fragmentado, más entrelazado con economías criminales globales, pero conservando la lógica de fondo —regulación armada de territorios, clientelismo con brokers coercitivos, connivencia intermitente con agentes estatales—.
Balance
Vista en conjunto, la trayectoria del concepto de estado paralelo en Colombia enseña varias cosas. Que su fuerza descriptiva es real: hay un patrón estructural —delegación de la violencia, clientelismo armado, co-producción de soberanía— que atraviesa medio siglo de historia y que no puede reducirse a episodios sueltos. Que su nombre es parcialmente engañoso: lo que llamamos paralelo fue, en amplias regiones y en momentos decisivos, interno, y la contabilidad histórica debe cargar la responsabilidad al Estado central tanto como a los aparatos armados regionales. Que el fenómeno no fue homogéneo ni tuvo plano maestro: fue una constelación de arreglos locales con lógica compartida, lo que explica tanto su persistencia como sus límites.
La judicialización de la parapolítica, con más de sesenta congresistas presos y con la muerte política impuesta por la Corte Suprema, constituye un capítulo sin equivalente reciente en América Latina. Pero el mismo país que produjo ese ajuste de cuentas judicial vio, en paralelo, la reconstitución del fenómeno bajo nuevas siglas. El concepto de estado paralelo seguirá siendo útil mientras esa dialéctica —entre la captura y su nombramiento, entre la delegación y su judicialización— siga operando en el país. Ese es, quizás, el mejor argumento para no descartarlo: nombra algo que la historia colombiana no termina de resolver.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Paramilitarismo: actor armado que materializó territorialmente el estado paralelo mediante control social, electoral y económico en regiones como Córdoba, Urabá, Magdalena Medio, Casanare y Catatumbo
- 02Parapolítica: expresión institucional del estado paralelo en el poder legislativo, judicial y ejecutivo, documentada en los procesos judiciales contra 65 congresistas elegidos en 2006
- 03Pacto de Santa Fe de Ralito: hito fundacional del proyecto político del estado paralelo, firmado en Tierralta, Córdoba, entre líderes de las AUC y más de cincuenta políticos con el propósito de 'refundar el Estado'
- 04Clientelismo armado: mecanismo operativo del estado paralelo que elevó a nueva escala las prácticas de prestación y contraprestación de favores propias de los partidos tradicionales, militarizando el caciquismo regional
- 05Convivir: figura jurídica que sirvió de bisagra entre la institucionalidad y la autodefensa ilegal en los años noventa, facilitando la 'violencia por delegación' como continuidad del estado paralelo tras la derogación del marco legal de 1989
- 06Francisco Gutiérrez Sanín: académico que cuestionó la utilidad del concepto de 'reconfiguración cooptada del Estado', argumentando que la evidencia apunta a penetraciones desiguales y territorialmente acotadas más que a un proyecto sistémico, obligando al concepto a definirse con mayor precisión
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
53 documentos · 57 fragmentos
01Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 461 cita
[1]Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…
p. 46
02Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 701 cita
[2]radicado 26.470, que dispone la detención de Álvaro Araújo Cas- tro, Mauricio Pimiento Barrera, Dieb Nicolás Maloof Cusse, Jorge Luís Caballero Caballero, Alfonso Antonio Campo Escobar y Luis Eduardo Vives Lacouture; y 2012, 1 de febrero, radicado 27.199, Sentencia condenatoria contra Miguel Pinedo Vidal. 72 Tierra y…
p. 70
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1041 cita
[3]de Córdoba y Urabá (ACCU). Las masacres reaparecieron con una matanza en San Pelayo, subregión del bajo Sinú, el 19 mayo de 1997. Para entonces, las Convivir y las masacres se habían extendido a otros departamentos del Caribe, auspiciadas por las ACCU. El encargado de esta tarea fue Salvatore Mancuso Gómez. En su…
p. 104
04El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1841 cita
[4]dirigió casi exclusivamente contra la guerrilla,1 7 5 sin prácticamente tocar;i los paramilitares. Sintomáticamente, antes de 1995 ni siquiera exis ten cifras oficiales sobre paramilitares dados de baja en combate o encarcelados, pese a su actividad simultáneamente muy violenta y pública. A juzgar por la información…
p. 184
05Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 871 cita
[5]pasó fue a ser paramilitares. Entonces es cuando ya se viene la joda los paramilitares, que ya era por todo lado que había paras porque los paracos del qué, del Bloque Centauros, que los ACCU, porque esos ya se mandaban a poner brazaletes, uno ya en ese entonces fue cuando empe- zaron a utilizar los brazaletes ya las…
p. 87
06Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 901 cita
[6]entorno, se consolidó el propósito criminal de “erra- dicar: “ la subversión, caracterizada no solo como acciones gue- rrilleras, sino también como toda forma de actividad popular o comportamiento contestatario y muchas veces social”, y de elimi- nar “toda forma de sociedad política populista ”. En esa línea, sindi-…
p. 90
07Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2671 cita
[7]al senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda, en agosto de 1994, justo en aquella época en que a Carlos Castaño le estaban dando el curso acelerado para hacerse político. Aprendió rápido. A comienzos de 1997 ya estaba dándole declaraciones a la prensa sobre la urgencia de encontrarle una salida negociada al…
p. 267
08Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2252 citas
[8]legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…
p. 225
[9]legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…
p. 225
09Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 311 cita
[10]hasta entonces empiezan a coordinarse alrededor del Clan Castaño en el sur de Córdoba, norte de Urabá y nordeste antioqueño, con intención de expandir el fenómeno a nivel nacional. Así, pasar del control mi - litar al control político, social y económico, intentan - do configurarse como un tercer actor 55 armado del…
p. 31
10Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 1041 cita
[11]que Sinisterra tenía relación con el Bloque a través de Carlos Efrén Guevara, alias Fernando Polí- 38 Algunos analistas políticos como Francisco Gutiérrez (2010) discuten que el concepto de reestructuración cooptada del Estado sea útil para hablar de la relación entre grupos ilegales y narcotraficantes con el Estado,…
p. 104
11Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4241 cita
[12]o de grupo "sólo pueden controlar a sus propios miembros y obtener su apoyo al domi- nar o invadir todos los aspectos de sus vidas, sus prácticas ritua- les, matrimoniales, económicas y de otra índole" 9. Aunque sutil, la expansión territorial de los nuevos actores en armas, en el caso colombiano, genera un triple…
p. 424
12Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 531 cita
[13]apparatus, in order to ensure social order and security the state engages in direct coercion accompanied by the expansion of law and order policies that increase militarization and criminalize dissent. In the same vein, Huggins (1991) points out that Latin American justice systems still contain many structural…
p. 53
13Borderland Battles: Violence, Crime, and Governance at the Edges of Colombia's WarAnnette Idler · 2019 · p. 4151 cita
[14]the State, Democratization, and Some Conceptual Problems: A Latin American View with Glances at Some Postcommunist Countries,” World Development 21, no. 8 (1993): 1355– 69, https:// doi.org/ 10.1016/ 0305- 750X(93)90048- E. N o t e s 385 149. O’Donnell explains how a democratic country can feature “blue areas”…
p. 415
14¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 1251 cita
[15]las citas de la Comisión Histórica del Conflicto Ar- mado y sus Víctimas que resumen la perspectiva histórica de la naturaleza, origen y evolución del conflicto armado que estamos tratando de terminar. 125 ¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? LOS FUNDAMENTOS CONCEPTUALES DE ESTA INVESTIGACIÓN Este libro también se inspira…
p. 125
15El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 4402 citas
[16]Fuente: CNMH-DAV, elaboración propia, 2019. 442 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ El FU se caracterizó por acciones de control y regulación, que incluían una red de puntos, puestos o moscas y radio operadores encargados de informar cada movimiento sospechoso a la central de comunicaciones en…
p. 440
[17]Fuente: CNMH-DAV, elaboración propia, 2019. 442 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ El FU se caracterizó por acciones de control y regulación, que incluían una red de puntos, puestos o moscas y radio operadores encargados de informar cada movimiento sospechoso a la central de comunicaciones en…
p. 440
16Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2171 cita
[18]la comunidad, y por algunos candidatos que vivieron en aquella época las dificultades del ejerci- cio de la política. No, ya eso era la información que le daban al público. Ellos reunían al pueblo y le decían: hay que votar es por fulano. Y en las urnas ellos estaban. En Morales se vio eso en las elecciones atípicas…
p. 217
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1371 cita
[19]Con el diablo adentro. Pandillas, tiempo paralelo y poder, 289. 439 Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz. 2/12/2010. MP: Uldi Teresa Jiménez López. Sentencia en contra de Jorge Iván Laverde Zapata. Radicado: 110016000253200680281. 440 Ibíd. 441 Ibíd. 138 fiflćflThxiff fffl.…
p. 137
18Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 341 cita
[20]agregado, la prin- cipal de ellas las elecciones a las alcaldías. Tal como se sostuvo en un documento anterior: “el nuevo frente de las autodefensas en Colombia lo constituye el dominio de actividades estratégicas en las ciudades más grandes e importantes del país. Mediante una extensa estructura de redes que se…
p. 34
19Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 5061 cita
[21]y la expansión de la ganadería extensiva. Históricamente, el Magdalena Medio ha sido una frontera de colonización interna y se ha mantenido como una región periférica, con débil y precaria presencia del Estado, tanto física como en términos de servicios sociales y públicos (Rudqvist y Van Sluys, 2005: 15). La…
p. 506
20Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 191 cita
[22]muy beneficiosos para el pueblo: usted no veía viciosos, como le digo; no veía gente después de las diez de la noche por ahí sentada en los andenes, ni g ente tomando; no veía ladrones, porque el tipo que se dejaba pillar robando lo sacaban. En ese tiempo, yo me acuerdo de que trajeron un muchacho y lo pasearon por…
p. 19
21Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 1621 cita
[23]la Ciénaga de Bojayá, lo cual ha generado preocupación entre los habitantes del Medio Atrato y sus organizaciones. 215 La precariedad del Estado en su ejercicio de control en esta región ha creado condiciones para la conversión del territorio en zona de ilegalidad y refugio. La ilegalidad se presenta en una do- ble…
p. 162
22La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 891 cita
[24]una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…
p. 89
23Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1441 cita
[25]significativos de las AUC junto con más de 50 políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores cuyo último propósito no era otro que el refundar el Estado. El nombre viene del corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, y donde toman especial relevancia muchos nombres de la política…
p. 144
24A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 831 cita
[26]del senador y jefe del Partido Conservador Julio Manzur, Rodrigo Burgos de la Espriella; el ex alcalde de Chinú, Córdoba, y suplente a la Cámara de Represen- tantes, Luis Álvarez; el líder conservador, José de los Santos Negrete; el ex diputado conservador, Álvaro Cabrales Hodge; el director de la Corporación Autónoma…
p. 83
25Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2911 cita
[27]fruto de un contu - bernio consciente y voluntario con la finalidad de conservar, consolidar o adquirir el poder político y en ese propósito se llegó a cooptar con las autodefensas el poder público que dimanaba de las diferentes alcaldías y gobernaciones cuyo control por parte del grupo ilegal armado fue total en los…
p. 291
26Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 321 cita
[28]de las AUC en el Congreso colombiano. Para 2001, “las AUC quizá alcanzaron a tener treinta mil hombres armados a su disposición en distintos bloques” (Acemoglu, Daron y Robinson, James, 2012, página 444). Estos mismos autores relatan un hecho relevante en los términos del fenómeno que posteriormente se conocería como…
p. 32
27Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 1141 cita
[29]coordinadores de las oficinas de Carepa, Turbo y Mutatá, y con Fredy Rendón, con la intención de debatir temas relaciona- dos con las candidaturas. Se discutieron dos propuestas: una apostaba por otorgarle dos años de representatividad al norte de Urabá y otros dos al eje bananero, y la segunda le apostaba a que cada…
p. 114
28Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 3141 cita
[30]de Sucre y Alcalde del municipio de Sucre; el ex Senador y ex Representan- te a la Cámara José María Conde Romero; la ex Representante a la Cámara Muriel de Jesús Benitorrevollo Balseiro; el ex Senador Jairo Enrique Merlano Fernández; y el Diputado de la Asamblea departamental de Sucre Nelson Stamp Berrío, entre…
p. 314
29Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9691 cita
[31]paramilitares para el desarrollo de campañas electorales y el ejercicio de cargos públicos y cargos de elección popular, logró penetrar en importantes sectores del Estado; fue muy impor- tante su incidencia en el ámbito local y regional, y también alcanzó niveles del poder central en la rama legislativa. Los grupos…
p. 969
30Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 1522 citas
[32]about links between paramilitaries and politicians. In addition to the three congressional members arrested in November 2006, five more were detained in February 2008 and another twenty-six in March 2008. In July 2008 Dilian Francisca Toro, the former president of the Senate, was also arrested, and a total of…
p. 152
[33]about links between paramilitaries and politicians. In addition to the three congressional members arrested in November 2006, five more were detained in February 2008 and another twenty-six in March 2008. In July 2008 Dilian Francisca Toro, the former president of the Senate, was also arrested, and a total of…
p. 152
31Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 3411 cita
[34]no dene ningún antecedente en América Ladna. En todo el condnente, con pocas excepciones, aunque enormemente significativas por el rango de las personas condenadas, como son los casos del expresidente Alberto Fujimori en el Perú y el expresidente Juan María Bondaberry en Uruguay, la clase política continental escapó a…
p. 341
32The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4451 cita
[35]agency], provided confirmation that paramilitaries used voter databases from the civil status registry to plan and execute a massive amount of electoral fraud in the 2002 elections. García’s testimony and other evidence demonstrated that paramilitaries committed this breach through the DAS to erase the criminal…
p. 445
33La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 3061 cita
[36]esta entidad. Jorge Aurelio Noguera Cotes. Fue jefe de campaña del expresidente Álvaro Uribe Vélez en el Magdalena, posteriormente director del DAS en 2002-2005. CAPÍTULO III. CONSOLIDACIÓN Y RELACIONAMIENTO DEL BLOQUE NORTE CON ACTORES EN LOS TERRITORIOS 307 En el marco de sus funciones patrocinó la creación de un…
p. 306
34El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 3392 citas
[37]de Informática del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), declaró públicamente y ante la Fiscalía que el entonces director de ese organismo, Jorge Noguera, puso la entidad al servi- cio de Jorge 40 y los paramilitares de la costa caribeña. Demostró lo que algunos han denunciado desde hace años, en particular…
p. 339
[38]de Informática del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), declaró públicamente y ante la Fiscalía que el entonces director de ese organismo, Jorge Noguera, puso la entidad al servi- cio de Jorge 40 y los paramilitares de la costa caribeña. Demostró lo que algunos han denunciado desde hace años, en particular…
p. 339
35Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 2681 cita
[39]desde el DAS se compartió información obtenida ilegalmente, con las estructuras paramilitares y con estructuras políticas 269 7 Estrategias y alianzas para romper el cerco de violencia y el miedo A mí me hicieron un montaje por tres delitos: uno, falsa de- nuncia, otro de auto amenazas, otro de fraude procesal;…
p. 268
36No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5151 cita
[40]funcionarios involucrados desviaban investigaciones y dilataban procesos, conseguían y utilizaban información privilegiada, retardaban trámites, alteraban evidencias y res- taban credibilidad a testigos a través de medios de comunicación. Todo para favorecer a quienes pagaban por estos «servicios», para obtener…
p. 515
37Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 721 cita
[41]del Es- tado, en la rama judicial y en los organis- mos de control. También han influido en la elección de cargos públicos en el nivel regional. De esta manera, la corrupción lo- cal que les sirvió de base para su llegada al Congreso ha podido, en algunos casos, re- troalimentar el poder y el control local. Al mismo…
p. 72
38Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 521 cita
[42]el propósito de controlar el golfo de Urabá, significó la introducción del cultivo de coca a la macrorregión y, con ello, la transfor- mación de su base productiva y de sus condiciones ambientales. Así, des- de el corregimiento de Lomas Aisladas, ubicado en el municipio de Turbo (Sánchez, 2014, p. 23) e inmediaciones…
p. 52
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1021 cita
[43]algún parentesco o cercanía, para poder enterrarlos. Así pasó con unos lideres afro de Guaviare quienes tras ir al Batallón Joaquín París a reclamar el cuerpo de alias Olimpo, un comandante negro del Frente 7 dado de baja en un enfrentamiento, fueron señalados y perseguidos por el Ejército 325. La bonanza de la coca…
p. 102
40Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 821 cita
[44]Iglesia Católica, le preguntó a Ernes- to Samper si no había visto todo el dinero que los narcotrafican- tes habían invertido en su campaña. A la pregunta retórica, el sa- cerdote respondía irónicamente a Samper que es imposible no ver un elefante cuando entra a tu casa y se pasea en la sala, frente a tu televisor.…
p. 82
41Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · p. 981 cita
[45]de los de extracción narco que aprovecharon esa asociación para buscar sanear su situación gracias al status político, como ‘Don Berna’, ‘Macaco’ o ‘Gordolindo’; la de quienes sin ser origina- riamente capos pero por estar ya integrados con ellos optaron por respaldarlos, como Mancuso o Jorge 40; y la de quienes…
p. 98
42La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 951 cita
[46]la guerrilla las rutas y zonas de cultivo del narcotráfico en la frontera con Venezuela; "lo importante es el control de los territorios y si son de cultivos de coca mejor", dice Carlos Castaño en su biografía. Esta 191 REGALÍAS, COOPERATIVAS Y FINANZAS PARAMILITARES EN LA COSTA CARIBE Odontólogo, activista social e…
p. 95
43Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 831 cita
[47]entrela- zadas y esta últin1a es una de las funciones fundan1entales de un Estado. Aquí cabe una pregunta: ¿qué representa el reto del narcotráfico den- Los paramilitares, el crimen organizado y la dinámica de la guerra 163 tro del contexto de la lucha por la hegemonía entre las guerrillas y el Estado? Si la hegemonía…
p. 83
44Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 771 cita
[48]seemed to support the candidacy of Uribe, the current president. Nonetheless, in an interview in 2002, Castaño denied having direct influence over lawmakers: “Thirty-five percent of the Congress is elected from our zones of influence, but this is not to say that we have a legal political base, that we direct these…
p. 77
45Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 221 cita
[49]1994. De tal forma, durante esa década la región Caribe al igual que otras del país, fue escenario del impacto de los procesos de paz con varias guerrillas en los noventa y de la aplicación de progra - mas de reinserción a la vida civil (Villarraga S., Álvaro, compilador y editor, 2006). Sin embargo, paralelamente en…
p. 22
46Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 3521 cita
[50]garanticen el retiro de los mineros ilegales y de los que lo ocuparon apro- vechando el desplazamiento y abandono; combata eficazmente a los neoparamilitares; cesen los combates entre actores armados; se prohíban los bombardeos de la fuerza pública 371 y se den las condiciones para el retorno digno. La mayoría de los…
p. 352
47Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 1581 cita
[51]cia de la Alcaldía de Medellín, quien actuó de manera independiente. Esta comisión logró un cese de los enfrentamientos entre estos bandos, pero esto no significó el fin de las acciones armadas de la disputa. Pocos meses después se reiniciaron los enfrentamientos, con el agravante del ingreso de un actor armado…
p. 158
48Guerras, paces y vidas entrelazadas: coexistencia y relaciones locales entre víctimas, excombatientes y comunidades en ColombiaJuan Diego Prieto Sanabria · 2012 · p. 561 cita
[52]cia las bandas criminales o neoparamilitares, o en zonas rurales y de frontera dominadas por la guerrilla. Además, la selección de los casos también afecta los perfiles demográficos de las personas consultadas. Específicamente, por tratarse de zonas urbanas, la gran mayoría de las víctimas consultadas fueron personas…
p. 56
49Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 761 cita
[53]a su colapso. Ante esta situación el Gobierno intentó distraer la discusión en la opinión pública con un señuelo que acaparó el debate: la inminencia de la derrota militar de las FARC (Vásquez, Vargas y Restrepo, 2011). Los paramilitares consideraron que los acuerdos y los bene- fi cios de la desmovilización se habían…
p. 76
50Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 111 cita
[54]Alianzas entre narcotraficantes, paramilitares y políticos 105 Desmovilizaciones de grupos armados y fortalecimiento de bandas criminales (2003-2016) 121 Parapolítica y desmovilización de los paramilitares 123 El declive de las FARC-EP 129 La Cordillera: la herencia del narcoparamilitarismo 131 Fuerza pública y…
p. 11
51Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 241 cita
[55]franja en Cúcuta y otra en Ipiales, el resto de la frontera sur-oriental ha sido tierra de nadie, por la que circulan armas, cocaína y di- nero ilegal a discreción. 7 La territorialidad difusa hace imposi- ble la soberanía del Estado sobre su territorio y es una garantía para que los intermediarios operen en la…
p. 24
52Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 3811 cita
[56]for what is Coercive Brokerage 333 relevant for this paper the three judicial sources I utilize largely coincide with each other and with national and regional press, specialized web por - tals and YouTube videos by victims and perpetrators, all of which I used to corroborate basic information. Whenever there are…
p. 381
53Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 361 cita
[57]define la política criminal y por supuesto el jefe de Estado. En cuanto al poder legislativo, son claves las comisiones que se encargan de las políticas de seguridad, defensa nacional y la política criminal. En relación con las redes, estas se construyen por las trayectorias que han tenido las élites, desde las…
p. 36