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Hecho histórico · Constitución de 1991 · 1991–2002

Monumento a la Paz de Montería

En 1999 se inauguró en Montería, capital de Córdoba, una escultura pública que representaba a un campesino dándole la mano a un soldado sin insignia. Carlos Castaño, comandante de las ACCU, la interpretó públicamente como una invitación al ciudadano a incorporarse a las filas paramilitares, inscribiendo la victoria del proyecto armado en el espacio urbano antes de que existiera memorial alguno para las víctimas del conflicto en la región.

Monumento a la Paz de Montería
1999
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1999
Protagonistas
Carlos Castaño, Salvatore Mancuso, Iván Cepeda, Fidel Castaño, Vicente Castaño Gil, Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Fondo Ganadero de Córdoba, Benito Antonio Osorio Villadiego
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La consolidación del dominio territorial paramilitar de las ACCU sobre Córdoba a lo largo de los años noventa, sustentada en terror militar, redes de inteligencia y alianzas con élites ganaderas, políticas y económicas regionales, creó las condiciones para que el proyecto armado se expresara sin resistencia en el espacio público.
  2. La estrategia mediática y política de Carlos Castaño, desplegada desde 1997 con entrevistas televisadas, página web y recepción de delegaciones, buscaba posicionar a las autodefensas como actor político legítimo y pacificador ante la opinión pública colombiana; el monumento fue la extensión de esa estrategia al paisaje urbano.
  3. La complicidad activa de la élite social y económica de Montería —ganaderos, comerciantes, políticos y figuras del gremio ganadero como el Fondo Ganadero de Córdoba— normalizó la presencia paramilitar en la vida pública de la ciudad, haciendo posible una inauguración sin impugnación.
  4. La apertura mediática derivada del Acuerdo del Nudo de Paramillo de 1998 otorgó a las AUC una visibilidad política que facilitó la apropiación del lenguaje cívico de la paz y la reconciliación para encubrir y legitimar el orden armado impuesto en el departamento.
1999Monumento a la Paz de Montería

Consecuencias

  1. El monumento inscribió la narrativa paramilitar de pacificación en el espacio público de Montería antes de que existiera cualquier memorial para las víctimas del conflicto en la región Caribe, estableciendo una asimetría de memoria que condicionó los debates posteriores sobre verdad, justicia y reparación.
  2. La operación simbólica borró al Ejército regular del relato de la pacificación cordobesa —al representar a un soldado sin insignia— y anuló la figura de la víctima del encuadre público, consolidando una versión heroica del victimario que persistiría como referente cultural en sectores de la élite cordobesa.
  3. El hecho reveló que la disputa por la memoria pública en Colombia precedió a la justicia transicional: cuando la Ley de Justicia y Paz se aprobó en 2005 y cuando el Acuerdo de Santa Fe de Ralito se firmó en 2003, el paramilitarismo ya había ocupado el terreno simbólico con sus propios monumentos y relatos.
  4. La normalización pública del proyecto paramilitar en Montería —de la que el monumento fue expresión visible— contribuyó a blindar políticamente a las redes de complicidad civil que sostuvieron a las ACCU, dificultando su judicialización posterior, como evidenció el largo proceso que culminó en la sentencia SP2866-2018/48031 de la Corte Suprema sobre el Fondo Ganadero de Córdoba.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El Monumento a la Paz de Montería es el caso más documentado de apropiación paramilitar del espacio público en Colombia y demuestra que la memoria histórica fue un campo de batalla antes de que las víctimas tuvieran acceso institucional a él: el victimario se autoinscribió como héroe y pacificador en piedra mientras el desplazamiento forzado y las masacres continuaban. El episodio revela la profundidad de la captura cultural y simbólica del Estado en Córdoba —no solo la captura armada o económica— y obliga a entender la justicia transicional colombiana como un proceso que llegó tarde a un terreno ya ocupado por la narrativa del perpetrador.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El Monumento a la Paz de Montería

En 1999, en el corazón de Montería, capital del departamento de Córdoba, se inauguró una escultura pública bautizada Monumento a la Paz: un campesino tendiendo la mano a un soldado sin insignia. El gesto —presentado como reconciliación entre el hombre del campo y el hombre de armas— fue leído por Carlos Castaño Gil, comandante de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, como una invitación al ciudadano común a incorporarse a las filas paramilitares. La obra se levantó en el año de mayor consolidación del dominio paramilitar sobre Córdoba, cuando las masacres, el desplazamiento forzado y la articulación con estructuras económicas legales habían convertido al departamento en el laboratorio y capital simbólica de las Autodefensas Unidas de Colombia. Antes de que existiera memorial alguno para las víctimas del conflicto en el Caribe, antes del Acuerdo de Santa Fe de Ralito de 2003, antes de la Ley de Justicia y Paz de 2005, el victimario ya se había esculpido en piedra como pacificador. El monumento no fue un accidente ornamental: fue la cristalización pública de una hegemonía. La memoria pública, en Montería, se disputó y se perdió años antes de que las víctimas pudieran siquiera pronunciar la palabra memoria.

El sur de Córdoba antes del monumento

Para entender por qué en 1999 se pudo levantar en la capital cordobesa una escultura que celebraba, con lenguaje cívico, a un ejército irregular, hay que reconstruir cómo Córdoba había dejado de ser un departamento del Estado colombiano en sentido estricto. El proceso no comenzó con los hermanos Castaño ni terminó con ellos, pero encontró en su figura la síntesis más acabada.

Desde los años setenta, el Ejército colombiano promovió en el sur de Córdoba la creación de juntas de autodefensa y grupos de defensa civil, amparadas en el Decreto 3398 de 1965, que permitía armar a la población civil como auxiliar de la fuerza pública en la lucha contrainsurgente. Ganaderos y terratenientes de la subregión —una tierra de haciendas extensas, conflictos agrarios crónicos y presencia guerrillera activa— fueron los primeros beneficiarios de ese arreglo. La ecuación fue simple y duradera: la tierra debía defenderse con armas privadas donde el Estado, a juicio de sus propietarios, no llegaba con la contundencia suficiente. Esa arquitectura, tolerada y a menudo alentada desde los cuarteles, precedió en más de una década a los Castaño.

A comienzos de los años ochenta se produjo la mutación decisiva. Fidel Castaño Gil, hermano mayor de Carlos y Vicente, socio del Cartel de Medellín y enriquecido en la economía del narcotráfico, invirtió esa fortuna en propiedades rurales del sur de Córdoba. No fue un hecho aislado: respondió a una lógica más amplia de colonización empresarial antioqueña sobre el Caribe cordobés, en la que capitales del narcotráfico buscaban simultáneamente lavar dinero, ganar aceptación social en la ruralidad y asegurar territorios estratégicos para la cadena productiva de la coca. En 1981, las FARC secuestraron y asesinaron al padre de los Castaño; el episodio alimentó el odio de los hermanos hacia la guerrilla y quedó incorporado a la mitología familiar como una motivación original, aunque el proyecto que después desplegaron desbordaba con creces la venganza personal.

En ese entramado —ganaderos con antecedentes de autodefensa, narcotraficantes convertidos en terratenientes, un Ejército tolerante— surgió el fenómeno que la sociología del conflicto nombraría como narco-ganadería: un sector social nuevo, con capital armado propio, intereses agrarios consolidados y proyección política regional. La conexión orgánica entre paramilitares y ganaderos, ya existente desde los setenta, no se rompió con la irrupción del narcotráfico; se transformó y se hizo más densa. El sur de Córdoba, con sus fincas y sus corredores hacia el Nudo de Paramillo y Urabá, fue el escenario donde esta alianza alcanzó su forma más completa.

La creación formal de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá se produjo en un arco entre 1994 y 1996, con Fidel, Carlos y Vicente Castaño Gil como fundadores y con Carlos como cabeza visible y estratega político. Las ACCU se autodefinieron desde el comienzo como un movimiento político-militar antisubversivo, no como una banda armada ni como un cartel: la ambición era propiamente política. Un factor decisivo aceleró la mutación en esos años: la desmovilización del Ejército Popular de Liberación en 1991 y la ofensiva posterior de las FARC contra los antiguos militantes de esa guerrilla —los llamados esperanzados— empujaron a numerosos exguerrilleros del EPL a las filas de las ACCU. Ese trasvase introdujo en la estructura paramilitar un mimetismo organizacional y político-militar que le permitió imitar formas de trabajo comunitario, propaganda y presencia territorial propias de las guerrillas a las que combatía.

Hacia mediados de los noventa, las ACCU habían dejado de ser una fuerza local. Se expandieron por la Costa Caribe y avanzaron hacia el departamento del Chocó, y el 18 de abril de 1997, en Urabá, los jefes de nueve organizaciones paramilitares dispersas por el país se reunieron para constituir las Autodefensas Unidas de Colombia, con dirección única, estado mayor conjunto y una definición común: "un movimiento político-militar de carácter antisubversivo en ejercicio del derecho a la legítima defensa". La aglutinación nacional se hacía desde Córdoba y con la impronta cordobesa. Ese detalle no es menor para leer lo que ocurriría dos años después en la plaza pública de Montería.

Montería como capital paramilitar

En vísperas de la inauguración del monumento, Montería no era simplemente la sede administrativa de un departamento golpeado por la violencia: era la ciudad receptora de los desplazados que producían las mismas estructuras que se paseaban por sus clubes sociales. Familias enteras venidas de Valencia, de Tierralta, del Alto Sinú y del San Jorge se hacinaban en barrios de invasión al tiempo que en los barrios elegantes las páginas sociales del diario El Meridiano de Córdoba registraban las fiestas de la élite regional. Entre los rostros habituales de esa élite figuraban Doménico Mancuso —investigado por financiar grupos paramilitares— y Pascual Mancuso, policía cívico y presunto financiador de las AUC, parientes cercanos de Salvatore Mancuso, para entonces ya comisario político de las ACCU. La normalización pública de esas figuras en la sociabilidad monteriana fue una condición previa —silenciosa, cotidiana, elegante— del monumento.

La estructura de dominación de las ACCU sobre Córdoba descansaba en tres pilares. El primero era el terror militar: masacres, castigos ejemplarizantes, desplazamientos. El segundo era un aparato de inteligencia y vigilancia rural y urbana que hacía del departamento un territorio observado. El tercero era la alianza con los dueños de los centros económicos regionales: ganaderos, comerciantes, industriales, políticos. Los tres pilares no operaban por separado: se reforzaban. El terror hacía tolerable —o inevitable— la alianza; la alianza hacía rentable y sostenido el terror; la vigilancia garantizaba que ni el terror ni la alianza fueran contestados.

Sobre esa base, las ACCU ejercieron un control social que fue mucho más allá de la coerción armada. En zonas urbanas y rurales del departamento intervinieron en la resolución de conflictos familiares, en el control de la delincuencia común, en la imposición de códigos morales sobre vestido, corte de pelo y celebración de fiestas públicas. En algunos casos, presionaron a la población del Alto Sinú y del San Jorge para participar en paros dirigidos a exigir al gobierno nacional obras viales y recursos: la movilización cívica misma quedó capturada. La lógica era transparente y despiadada: quien no estaba con las autodefensas estaba contra ellas, y esa dicotomía se aplicaba lo mismo a un guerrillero que a un vecino que rehusara sumarse a una marcha convocada por el bloque local.

El engranaje incluía, además, una pieza que hacía porosa la frontera entre lo legal y lo ilegal: las Cooperativas de Vigilancia y Seguridad Privada, conocidas como Convivir, autorizadas por el Estado colombiano en los años noventa. Salvatore Mancuso declararía años después ante la Comisión de la Verdad que Carlos Castaño le encomendó crear el Bloque Norte de las AUC apoyándose en las Convivir, a las que definió como "bisagra entre la institucionalidad y la autodefensa ilegal". La articulación no fue clandestina: se hizo con el respaldo de comandantes de brigada del Ejército, mediante pactos concretos para enfrentar de manera conjunta al "enemigo de la nación". Fusiles del Estado, cooperativas legales y comandantes paramilitares operaban dentro de un mismo circuito.

El resultado, hacia 1998 y 1999, era que Córdoba funcionaba como territorio administrado. No había gobierno paralelo en sentido estricto: había un gobierno superpuesto, con sus propias reglas, sus propios impuestos, sus propios mecanismos de sanción y sus propios símbolos. En 1998, la firma del Acuerdo del Nudo de Paramillo había marcado, además, la apertura mediática del proyecto paramilitar; a partir de allí, Carlos Castaño intensificó una estrategia de visibilidad pensada para dar cobertura política a un conjunto disperso de grupos armados que operaban de facto como uno solo. Faltaba dar el paso siguiente: inscribirse en el paisaje.

La escultura y su gramática

En 1999, en el espacio público de Montería, se inauguró el Monumento a la Paz. La composición era, en apariencia, austera y legible: un campesino, con los signos convencionales de la ruralidad cordobesa, tendía la mano a un soldado. El soldado carecía de insignia. Ese detalle —una omisión, no una adición— es la clave de la obra.

En la iconografía militar colombiana, la insignia distingue: identifica al ejército regular, define la jerarquía, ancla al portador en una institución del Estado. Un soldado sin insignia es un hombre armado sin filiación oficial; puede ser cualquier combatiente, y por lo tanto puede ser el combatiente que el espectador quiera —o deba— reconocer. En Córdoba, en 1999, ningún ciudadano necesitaba explicación adicional para completar la imagen. El soldado del monumento era, para todo el que caminara por Montería, el paramilitar que había impuesto el orden vigente en el departamento.

Carlos Castaño lo dijo sin ambages: la escultura era una invitación al ciudadano a extender la mano y sumarse a las autodefensas. La lectura del comandante coincidía con la gramática de la obra. El campesino no le pedía protección al soldado ni negociaba con él: le daba la mano, en un gesto igualitario, de alianza, casi de reclutamiento. La paz representada no era el silencio de las armas: era la incorporación del hombre común al proyecto armado que decía traerla.

La operación simbólica era doble. Por un lado, borraba al Ejército de Colombia del cuadro: al despojar al soldado de insignia, el monumento reconocía implícitamente que la fuerza armada que había pacificado a Córdoba no era la constitucional. Por otro, ocultaba a la víctima: en la escena no aparecía ni un muerto, ni un desplazado, ni una comunidad indígena, ni un campesino expulsado de Las Tulapas. La paz se representaba desde el punto de vista de sus artífices autoproclamados, y el precio de esa paz —los más de 150.000 homicidios y desapariciones forzadas y los más de 3,5 millones de desplazados que la expansión paramilitar produciría en el país entre 1997 y 2004— quedaba fuera del encuadre.

La escultura no era una alegoría ambigua abierta a lecturas plurales: era un enunciado político nítido, dirigido a una ciudadanía que llevaba años aprendiendo a leerlo. Su eficacia dependía de una condición previa —el terror ya sedimentado en Córdoba— y producía un efecto propio: convertir la victoria paramilitar en paisaje, en materia común, en algo que se atraviesa a pie sin advertirlo. La violencia dejaba de ser acontecimiento y pasaba a ser fondo.

La complicidad como argamasa

Un monumento no se levanta solo. Necesita permisos, financiación, un emplazamiento, una inauguración. Necesita, sobre todo, que ninguna voz con suficiente autoridad local lo impugne en el momento en que se instala. En Montería, en 1999, esas condiciones estaban dadas.

La élite cordobesa había sostenido activamente el proyecto paramilitar durante toda la década. El Fondo Ganadero de Córdoba, presidido por Benito Antonio Osorio Villadiego entre 1997 y 2007, compró a Sor Teresa Gómez —testaferra del clan Castaño— predios que las ACCU habían expropiado mediante amenazas a campesinos de Las Tulapas, obligados a vender sus tierras a precios irrisorios. La Corte Suprema de Justicia, en la sentencia SP2866-2018/48031 de julio de 2018, se pronunciaría sobre este entramado al examinar el caso de Benito Molina Velarde, miembro de la junta directiva del Fondo Ganadero. La principal institución gremial del sector ganadero cordobés operó como comprador de tierras despojadas por las ACCU. Ganaderos del Bajo Cauca y del San Jorge reconocerían años más tarde, en un episodio ampliamente comentado, haber apoyado a las autodefensas, sin que ese reconocimiento suscitara mayor incomodidad en las esferas del poder político nacional.

El silencio complaciente venía acompañado de sociabilidad. Los Mancuso —una familia de la élite social monteriana— aparecían en las páginas sociales de El Meridiano de Córdoba mientras uno de sus integrantes, Salvatore, dirigía la construcción del Bloque Norte de las AUC. La convivencia era, literalmente, pública. No había disociación entre el orden armado del departamento y el orden social de su capital: eran el mismo orden.

En ese contexto se inscribe la escultura. El monumento no fue una imposición sobre una ciudad hostil: fue un gesto que la ciudad —al menos la que contaba, la que decidía y la que se dejaba fotografiar— pudo recibir sin escándalo. La complicidad no fue únicamente pasiva. Salvatore Mancuso calificaría después al paramilitarismo como un "fenómeno cultural" de gran magnitud en la sociedad cordobesa, caracterización que el alto comisionado para la Paz Luis Carlos Restrepo compartiría años más tarde al hablar de las "raíces culturales" de las autodefensas y de una "mentalidad de autodefensa" propia del país. El propio Álvaro Uribe Vélez, ya siendo presidente, al recibir en su hacienda El Ubérrimo el reconocimiento de los ganaderos del Bajo Cauca y el San Jorge sobre su apoyo a las autodefensas, se limitaría a invitarlos a confiar en el Estado, sin cuestionar el hecho.

Estas coincidencias no son anecdóticas. Muestran que el discurso que dotaba de sentido al Monumento a la Paz —el paramilitarismo como respuesta orgánica de una sociedad y no como aparato de terror— se enunciaba también, con otras palabras y en otros registros, desde el Estado. La escultura era la traducción en piedra de una tesis que circulaba por la política, por los medios y por los discursos públicos de altos funcionarios: que la violencia contrainsurgente no era una anomalía criminal sino una expresión cultural. Un monumento a la paz, en Montería y en 1999, formalizaba esa tesis en el espacio común.

Una estrategia mediática convertida en piedra

El Monumento a la Paz no fue un episodio aislado dentro de la trayectoria pública de las ACCU y las AUC. Fue una pieza —quizás la más literalmente material— de la estrategia mediática que Carlos Castaño desplegó a partir de la reconfiguración paramilitar de 1997. Esa estrategia se apoyó en varios frentes convergentes.

Castaño, a diferencia de su hermano Fidel —que siempre rehusó ser fotografiado y conceder entrevistas—, asumió la vocería política del proyecto y se abrió al escrutinio mediático controlado. Concedió una entrevista televisada en el programa La Noche de RCN, presentado por Claudia Gurisatti, en la que se presentó como actor político legítimo. Puso en funcionamiento una página web de las autodefensas. Recibió delegaciones políticas, gremiales y académicas en zonas bajo control paramilitar para explicar los objetivos del movimiento y justificar sus acciones contrainsurgentes. En 2001, tras entrevistas con el periodista Mauricio Aranguren, se publicaría Mi confesión, un libro autobiográfico que consolidaba la construcción de su figura pública.

Fernando Cubides observaría que esa apertura mediática, iniciada con el Acuerdo del Nudo de Paramillo en 1998, tuvo un doble sentido: un significado político hacia afuera y un sentido organizacional hacia adentro, encaminado a dar cobertura a grupos dispersos bajo una identidad común. El Monumento a la Paz funcionaba en ambos registros. Hacia afuera, hacia la opinión pública nacional y hacia el Estado, decía: aquí hay un actor político, con símbolos propios, con capacidad para inscribirse en el espacio público como un igual entre iguales, con quien se podrá eventualmente negociar. Hacia adentro, hacia los cuadros paramilitares y sus bases sociales, decía: hemos ganado, este territorio es nuestro, nuestra victoria es visible.

La operación tenía antecedentes en la propia definición jurídica que se daban las AUC: "un Movimiento Político-Militar de carácter antisubversivo en ejercicio del derecho a la legítima defensa". La escultura traducía esa autodefinición al lenguaje del monumento cívico. El campesino y el soldado sin insignia sellaban, en piedra, la fórmula del "derecho a la legítima defensa" que las AUC reivindicaban en sus documentos. Si la palabra impresa podía ser leída por unos pocos, el monumento estaba destinado a todos los que atravesaran la plaza.

Hay un rasgo estratégico adicional: cuando se inauguró el monumento, faltaban cuatro años para el Acuerdo de Santa Fe de Ralito. La escultura precedía —y de algún modo preparaba— el escenario en el que las AUC se sentarían a negociar con el gobierno de Álvaro Uribe Vélez como interlocutores políticos. Cuando el 15 de julio de 2003 Salvatore Mancuso, Carlos Castaño, Vicente Castaño, Ramiro Vanoy, Hernán Hernández, Luis Cifuentes, Francisco Tabares, Adolfo Paz y Jorge Pirata firmaron con el alto comisionado Luis Carlos Restrepo el acuerdo que abriría paso a la Ley 975 de 2005, no llegaban a la mesa como una banda de criminales derrotados: llegaban con años de construcción pública de su condición de actores políticos. El monumento de Montería fue una de las columnas de esa construcción.

Contramemoria: lo que no había en 1999

Para dimensionar la anomalía histórica del Monumento a la Paz, conviene contrastarlo con las iniciativas de memoria de las víctimas del conflicto armado colombiano, casi todas posteriores y muchas todavía en gestación en 1999.

El Parque Monumento de Trujillo, en el Valle del Cauca, había comenzado a construirse en 1996 con aportes de la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz, el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, Amnistía Internacional de Holanda y organizaciones populares locales, sin recursos del presupuesto nacional. Era —y sigue siendo— reconocido como el centro de gravedad de la memoria de las víctimas en esa región. Pero fue posible porque contó con la protección de la sociedad civil organizada y con acompañamiento internacional; y aun así, generó y sigue generando sentimientos contradictorios en su propia comunidad.

En Segovia, para 1995, las iniciativas de memoria en torno a la masacre de 1988 incluían una peregrinación y dos murales —uno junto a la parroquia, otro en un muro de la alcaldía— explícitamente inspirados en el modelo de Trujillo. En Medellín, tras la Operación Orión de 2002, colectivos sociales de la Comuna 13 intervendrían el cementerio La América con la iniciativa Galería Viva, con murales, placas, plantas y rituales. También en Medellín, el llamado Pájaro herido del Parque San Antonio, escultura dañada por un atentado, acumularía en sus grietas monedas, estampitas y medallas ofrendadas por los ciudadanos, en un uso devocional espontáneo que lo convertiría en referente popular de memoria. El Monumento a las Víctimas de El Salado se levantaría más tarde, condensando la solidaridad entre las víctimas de El Salado y La Sierra, y reivindicando un proceso completo de violencia y no solo un acontecimiento aislado. En El Castillo, Meta, en 2012, María Eugenia Castro instalaría una placa en el lugar donde fue abandonado el cuerpo de su hermano, el personero Mario Castro Bueno, a diez años de su homicidio.

Todas esas iniciativas comparten rasgos: son posteriores, dependen del esfuerzo autónomo de organizaciones de víctimas, se sostienen sobre recursos propios o de la cooperación internacional, buscan la visibilidad en el espacio público como acto reparador. Ninguna cuenta con el respaldo institucional que sí tuvo el Monumento a la Paz de Montería. Ninguna, sobre todo, pudo instalarse antes de 1999 en la capital del departamento donde se producía la violencia.

Ese es el hallazgo incómodo. En Córdoba, cuando el victimario ocupó el espacio público, no había allí un memorial previo de víctimas al que oponerse ni al que desplazar: el terreno estaba disponible porque las víctimas —campesinos desplazados de Las Tulapas, indígenas del Alto Sinú, dirigentes asesinados en las masacres que reaparecieron con la matanza de San Pelayo el 19 de mayo de 1997, activistas LGBTIQ+ amenazadas y expulsadas, personas trans como Yuricar, oriunda de Montería, sometida a múltiples violencias en el marco del conflicto armado— no tenían voz, ni presencia organizada suficiente, ni protección para reclamar espacio simbólico. El monumento no ganó una batalla de memoria: ocupó un terreno vacío que el propio terror paramilitar había producido.

El cierre del ciclo y lo que quedó

La secuencia posterior es conocida en sus líneas gruesas. Entre 1997 y 2000, los grupos paramilitares cometieron más de 250 masacres que dejaron cerca de 1.700 muertos, en episodios como Mapiripán, El Aro, La Granja, El Salado y Chengue, con evidente omisión del Estado. La expansión continuó durante los diálogos del Caguán, en el momento de mayor intensificación del conflicto armado nacional. El Acuerdo de Santa Fe de Ralito, firmado el 15 de julio de 2003 con facilitación de la Iglesia Católica —Monseñor Germán García, Monseñor Julio César Vidal y el Padre Leonidas Moreno—, abrió el camino a la Ley 975 de 2005, la llamada Ley de Justicia y Paz, que ofreció condiciones especiales de juzgamiento a los desmovilizados a cambio de la entrega de armas y la confesión de crímenes.

El proceso de Justicia y Paz, alimentado por versiones libres y por la información obtenida del computador de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, terminó revelando lo que en Córdoba se sabía desde siempre: que el paramilitarismo era, además de una empresa armada, una red política. Las investigaciones por parapolítica alcanzaron a concejales, alcaldes, gobernadores y cerca del 30% del Congreso de la República. Muchos de los nombres que aparecían en esas investigaciones habían asistido, en algún momento, a las mismas fiestas que las páginas sociales de El Meridiano de Córdoba fotografiaban.

Para entonces, el Monumento a la Paz llevaba años en Montería. Su gramática —el paramilitar como pacificador, el ciudadano como llamado a sumarse, la víctima como ausencia— había sedimentado en el paisaje. Cuando las víctimas cordobesas comenzaron a organizarse y a reclamar memoriales, verdad y reparación en el marco de la justicia transicional, el espacio público de la capital departamental ya estaba escrito. La memoria pública no era una hoja en blanco: era una hoja ocupada.

Ese es el sentido histórico duradero del monumento. No importa tanto la calidad estética de la obra ni la biografía particular de sus autores materiales: importa la operación que hizo posible y que consumó. Un victimario inscribió su victoria en el espacio común antes de que sus víctimas pudieran nombrarse a sí mismas como víctimas. Y lo hizo en alianza con las élites locales, con la aquiescencia de sectores del Estado y con la complicidad —a veces activa, a veces silenciosa— de una sociedad que había aprendido, bajo el terror, a convivir con el orden paramilitar como si fuera el orden natural de las cosas.

La memoria pública, en Colombia, se piensa habitualmente como un campo que se abrió con la Ley de Víctimas de 2011, con la Ley 975 de 2005 o con la creación del Centro Nacional de Memoria Histórica en 2011. El Monumento a la Paz de Montería recuerda que ese campo ya se había disputado —y perdido en ciudades enteras— mucho antes. El paramilitarismo comprendió, con lucidez estratégica, que la victoria armada era incompleta si no se traducía en victoria simbólica, y que el espacio público era un campo de batalla tan decisivo como el rural. Mientras las víctimas colombianas seguían enterrando a sus muertos en fosas comunes sin nombre, el victimario ya se había esculpido a sí mismo tendiendo la mano al campesino.

Esa asimetría fundacional pesa todavía. Cada vez que una comunidad discute hoy la instalación de un memorial de víctimas del conflicto, cada vez que un colectivo social interviene un muro para pintar los rostros de los asesinados, cada vez que un artista propone en una plaza colombiana una obra que nombre a los ausentes, la pregunta no es solo qué recordar y cómo hacerlo. Es también, silenciosamente, contra qué otras memorias —ya instaladas, ya naturalizadas, ya convertidas en paisaje— se está trabajando. Montería enseñó, en 1999, que el victimario puede llegar primero. La labor larga de la memoria de las víctimas colombianas ha sido, en buena medida, la de llegar después.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

48 documentos · 57 fragmentos
01¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 107, 1162 citas
[1]de 1997), 9A. 160 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá –ACCU –, y en 1997 se dieron cita en un lugar de la región los jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos de la geografía nacional para conformar las…p. 107
[43]AUC hacia el Meta estuvo acompañado por una ofensiva sobre la zona norte del Magdalena medio: el 25 de mayo de 1998, un comando de los paramilitares incursionó en varios barrios de las comu- nas nororiental y suroriental de Barrancabermeja, donde asesinó a siete pobladores y se llevó vivos a otros 25. Esta acción…p. 116
02Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2391 cita
[2](Comisión de Superación de la Violencia, 1992). Esta oleada de violencia paramilitar disminuyó en el sur de Córdoba luego de que Fidel Castaño se sometiera a la justicia 81 En la misma entrevista realizada por Alejandro Reyes, Fidel Castaño ilustraba muy claramente la lógica de la guerra que libraron durante esos…p. 239
03La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 431 cita
[3]enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…p. 43
04Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 1551 cita
[4]al Gobierno o suplantarlo en entrevistas para la prensa (Aranguren, 2001; Ronderos, 2014). 156 ESTRATEGIAS DE GUERRA Y TRASFONDOS DEL PARAMILITARISMO EN EL URABÁ ANTIOQUEÑO, SUR DE CÓRDOBA, BAJO ATRATO Y DARIÉN El anterior relato menciona la guerra contra las FARC que Carlos heredó de Fidel en las pretensiones de…p. 155
05The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1141 cita
[5]for being a guerrilla nest, a pueblo guerrillero. Their spectacular violence was an act of purification and reeducation. The violence was performed by paramilitary groups, which had turned into powerful and well-organized regional armies. Their development and expansion were the result of the leadership and initiative…p. 114
06Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9121 cita
[6]con que paramilitares, en connivencia con miembros de la fuerza pública, perpetraron masacres en el nordeste y en el Urabá antioqueño en los años ochenta; 3) el trabajo manco- munado de agentes del Estado, narcotraficantes y paramilitares para lograr la muerte de Pablo Escobar en 1993; 4) el tránsito que…p. 912
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 90, 1042 citas
[7]pesos hasta entonces recibidos como pago del 60 % del precio de venta 183. Carlos Castaño también mencionó que la guerrilla existía «hasta llegar a Montería». Omitió decir que esa guerrilla era el EPL, quizás la insurgencia más pequeña y débil de las existentes en el país en ese momento. Vale recordar que el EPL había…p. 90
[14]de Córdoba y Urabá (ACCU). Las masacres reaparecieron con una matanza en San Pelayo, subregión del bajo Sinú, el 19 mayo de 1997. Para entonces, las Convivir y las masacres se habían extendido a otros departamentos del Caribe, auspiciadas por las ACCU. El encargado de esta tarea fue Salvatore Mancuso Gómez. En su…p. 104
08Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 1181 cita
[8]De acuerdo con el CNMH (2018) la inserción de la familia Castaño a comienzos de los ochenta en el sur de Cór- doba no se interpreta únicamente a razón de objetivos antisubversivos, sino como parte de una etapa de la larga colonización empresarial antioqueña, con la diferencia de que “a los tradicionales hacendados…p. 118
09Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
[9]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…p. 24
10La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 941 cita
[10]de María a inicios de los años ochenta, y el paramilitarismo apareció a me- diados de los años noventa para disputar el territorio. Presencia guerrillera en Córdoba Las subregiones del Alto Sinú y San Jorge en el departamento de Córdoba han sido una histórica zona de asentamiento de grupos insurgentes; fueron…p. 94
11La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 681 cita
[11]ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…p. 68
12Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 771 cita
[12]luego en las AUC. A comienzos de los años noventa, la desmovilización del EPL, y de los grupos armados del Clan Castaño en el contexto de la Asamblea Nacional Constituyente, parecían representar el princi- pio del viraje hacia el fin de la violencia política en la región. Sin embargo, a pesar de este panorama…p. 77
13Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 451 cita
[13]paradigmático de la organización político-militar que es la guerrilla. Se trata, según Cubides, de una forma de “mimetismo”. Este mimetismo se vio estimulado por el ingreso, en las fi las de las ACCU, de antiguos guerrilleros del EPL y de militares en retiro. La cooptación de desmovilizados del EPL se inscribía en la…p. 45
14A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 136, 1432 citas
[15]La prensa informó que el presidente Uribe V élez, que estaba en ese momento en El Ubérrimo, "no cuestionó la verdad que contaron los ganaderos del Bajo Cauca y San Jorge,. quienes reconocieron que tuvieron que apoyar a las autodefensas, pero los invitó a confiar en el Estado"244. Para Salvatore Mancuso "la…p. 136
[19]decreto de sanrión", 19 de marzo de 2006, p. 3A. 146 A LAS PUERTAS DE EL UBÉRRIMO evento social de su campaña 260 • Para celebrar el tercer aniversario del restaurante los hermanos Maroso organizaron una fiesta vallenata. Uno de los invitados especiales era Doménico Mancuso, investigado por fi- nanciar los grupos…p. 143
15Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 145, 4032 citas
[16]encabezado por Benito Antonio Osorio Villadiego 15, presidente del Fondo Ganadero de Córdoba entre 1997 y 2007. El caso de Las Tulapas, sector ubicado entre los municipios de San Pedro de Urabá, Necoclí, y zona rural de Turbo, fue emblemático en la alianza ganadero-pa- ramilitar. La secuencia histórica del despojo y…p. 145
[54]una Colombia en paz con opor- tunidades y garantías para todos. Por el Gobierno Nacional: LUIS CARLOS RESTREPO Alto Comisionado para la Paz Por las Autodefensas Unidas de Colombia AUC: HERNAN HERNÁNDEZ RAMIRO VANOY LUIS CIFUENTES FRANCISCO TABARES ADOLFO PAZ JORGE PIRATA VICENTE CASTAÑO CARLOS CASTAÑO SALVATORE…p. 403
16Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[17]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…p. 57
17El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 3111 cita
[18]temprano como en la célula inicial del Magdalena Medio. Pero solo se convirtió en un factor dominante a finales de la década de 1980, cuando los eos tos de mantener el aparato militar subieron de manera prohibitiva, Una economía tan ineficiente como la ganadería extensiva no podía ya sostener el esfuerzo. El…p. 311
18El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2691 cita
[20]intensiva. Las prácticas de dominación generalizado se fundamentan en el terror que impone su dispositivo militar, se estabi- liza con el dispositivo de inteligencia y vigilancia rural y urbana, y se consolida con la adquisición y/o alianza con los dueños de los centros económicos, generadores de algún empleo en la…p. 269
19El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2691 cita
[21]intensiva. Las prácticas de dominación generalizado se fundamentan en el terror que impone su dispositivo militar, se estabi- liza con el dispositivo de inteligencia y vigilancia rural y urbana, y se consolida con la adquisición y/o alianza con los dueños de los centros económicos, generadores de algún empleo en la…p. 269
20Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 1971 cita
[22]ellos. Entonces, obvia- mente la comunidad, atemorizada primero, porque era un corregimiento donde jamás se había visto la presencia de grupos armados así, ya con una presencia, digamos, continua. Entonces para la comunidad eso fue tremen- 197 III. DE LA REGULACIÓN DE LO COTIDIANO AL CONTROL DE LA INSTITUCIONALIDAD…p. 197
21Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 361 cita
[23]Castaño, yo no conozco Los Morales, pero sí sé que allá vive un señor. Ese señor tuvo problemas con mi compañero por que le debía una plata. Mi compañero desapareció un día y la ver dad yo no he podido pagarle. El día que ese señor vino a mi casa a amenazarme había una reunión en el pueblo con la guerrilla. A mí me…p. 36
22La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 981 cita
[24]1998, P.160. Demoré tres meses así con esa psicosis que yo iba caminando y a mí me parecía que alguien iba detrás, y yo miraba para atrás, así demoré tres meses, que gracias a Dios tuve que ir a psicología y todo eso. Montería, Córdoba.1996, P.160. Pienso que algún día esa gente me llegue a encontrar a mí, o a mis…p. 98
23Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3061 cita
[25]aceptaba, dijo que tenía que seguir viviendo una vida escondida, que no podía decirle a n adie. Me echó de la casa y me fui de allí con bolsas de basura. El primer mes no tuve qué comer. Desayunaba y comía pan con agua para el hambre» 923. Luego fue víctima de amenazas y desplazamiento forzado por parte de los…p. 306
24Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1201 cita
[26]expandió sus operaciones al resto de la costa atlántica, a los Llanos Orientales y a algunas regiones del centro y sur del país y del litoral Pacífico. A diferencia de Fidel, quien siempre rehusó ser fotografiado y publicar entrevistas, Carlos asumió la vocería política de las autodefensas, creó una página…p. 120
25More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · p. 2081 cita
[27]trial on trafficking charges. His only condition, he claims, is this: "If the United States government guarantees that I won't be prosecuted for my political crimes stemming from the counterin- surgency campaign, I am willing to turn myself in to the appropriate American authorities to defend myself against this…p. 208
26Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1561 cita
[28]al conflicto y más bien hay personas que los sindican de mantener rela- ciones con los paramilitares. 13 Este fue el anticipo de un comunicado oficial que las FARC expidieron justo una semana antes de la segunda vuelta y que dañó la imagen de Serpa como negociador eficaz con la guerrilla: 11 El Acuerdo del Nudo de…p. 156
27La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 1681 cita
[29]las Víctimas El monumento reivindica un proceso y no sólo un aconteci- miento de violencia paramilitar y guerrillera; y condensa la solida- ridad entre las víctimas de El Salado y La Sierra, pues los primeros siempre han reconocido a los segundos, y estos a su vez siempre han seguido a los primeros: el retorno de los…p. 168
28Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 1911 cita
[30]la callecita, derecho, arriba, fue lo que él construyó. (…) Y el de este lado sí fue ya construido por Argos y la administración. Pero, entonces, eso como que lo unieron en uno solo por- que está dentro de un predio del municipio. Pero, eso una parte la constru- yó MacGyver, y otra parte la construyó Argos con el…p. 191
29Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 3621 cita
[31]víctimas irrumpen en el escenario de la ciudad, 1995-2005 Las acciones de resistencia durante el período que va de 1995 a 2005 dan cuenta de la consolidación y el empoderamiento de procesos socia- 167 “Aunque cinco años después volvió a donar una escultura igual a la destruida a la que llamó Pájaro de la Paz, como un…p. 362
30The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 1711 cita
[32]on August 3, 1851, and Castelli proposed “a magnificent bronze equestrian statue of the type that very few cities in Old Europe can claim, a statue which the people would claim as their own.” 14 His fundraising was Figure 9.1 Statue of Bolívar in Central Caracas Source: Photo by author (2011). T H E EN D O F B O L I…p. 171
31Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 1201 cita
[33]muchos escultores extranjeros que trabajaron en nuestra patria. A la derecha, estatua del Libertador en la plaza Bolivar de Bogota, obra original del escultor italiano Pietro Tenerani, el artista extranjero que mas influyé en Colombia en la primera mitad del siglo XIX. Tepresentan a las republicas por él liberadas,…p. 120
32Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 561 cita
[34]es natu- ral, se trata de un periodo poco propicio para la creaci6n artistica. Sin embargo, el pueblo recurrié al lenguaje simbolico, desarrollandolo para expresar su descontento... 0 su complacencia con lo que es- taba ocurriendo. Asi, a la llegada del Pacificador Mo- tillo, algunas seforas se atrevieron a adornar…p. 56
33Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2301 cita
[35]1983). Capítulo 8 215 De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez. Republicanismo y gobiernos conservadores Jorge Orlando Melo Se inauguraron monumentos y esta- tuas, así como el acueducto de Cha- pinero y el Parque de la Independen- cia, con varios pabellones en los que se hicieron exposiciones industriales,…p. 230
34El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 1142 citas
[36]domi- nio paramilitar se caracterizó por el terror y la arbitrariedad, su larga duración y el despliegue simultáneo de repertorios de vio- lencia y gobierno hicieron que no todos los paramilitares fueran vistos de la misma manera. Por esa razón, es común escuchar la afirmación “sí, todos estaban armados, pero no todos…p. 114
[37]domi- nio paramilitar se caracterizó por el terror y la arbitrariedad, su larga duración y el despliegue simultáneo de repertorios de vio- lencia y gobierno hicieron que no todos los paramilitares fueran vistos de la misma manera. Por esa razón, es común escuchar la afirmación “sí, todos estaban armados, pero no todos…p. 114
35Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 611 cita
[38]hecho, la violenta expansión paramilitar que se produjo entre 1997 y 2004 dejó más de 150 mil homicidios y desapariciones forzadas, además más de 3.5 millones de desplazados forzados. En todo caso, esta ola de violencia se desató mientras el país observaba el fracaso de los diálogos del Caguán y se creaba la imagen de…p. 61
36Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1931 cita
[39]ejemplo, tienen en común su ubicación geográfica y el uso intensivo de la precaria red vial nacional, que fue fácil presa de la interferencia violenta de los distintos grupos armados ilegales. 207 A finales de la década de 1990 y comienzos de la de 2000, en el contexto de los diálogos del Caguán, mientras el Gobierno…p. 193
37Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 31, 552 citas
[40]aspectos, el ca- pítulo ofrece los antecedentes de formación de los paramilitares y brinda elementos para comprender la manera como a partir de 1997 aplicaron un plan que buscaba constituirlos en un actor polí- tico de orden nacional y convertirlos en autoridades indisputadas en regiones de su interés. 1. La…p. 31
[45]ellos se aborda, desde distintos ángulos, la forma como las representaciones de género influyeron sobre la manera como los paramilitares ejercieron vio- lencia y regularon la conducta de hombres y mujeres. Finalmente, para comprender en toda su magnitud la valentía de las mujeres que impulsan iniciativas autónomas de…p. 55
38No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 336, 4112 citas
[41]Morroa”. Ni comimos esa noche, nadie quiso comer, ni tomar agua. Fue cuando dijeron: “Nos vamos a desplazar toiticos pa Morroa, toiticos que nos tenemos que desplazar”» 1005. 1004 La primera pertenecía a Salvatore Mancuso y la segunda a Javier Piedrahita, ambos paramilitares. Estos hechos fueron confesados por Mancuso…p. 336
[44]formas de vida previas a las incursiones paramilitares y visibilizan las maneras de adaptación y resistencia de las comunidades. Momento que cada vez es más borroso, pues en algunos sitios y pese a todo ha sido una constante de tres décadas. Tal es el caso de los municipios del sur de Córdoba, que han sufrido al menos…p. 411
39Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 771 cita
[42]al resto del país. Se reproducía en cada localidad, con la disciplina militar de verdaderos psicópatas organizados. Hecho el ensayo y vistos sus resultados, el modelo de arrasamiento se aplicó luego a otras regiones y goza del silen- cio de la prensa oficial en Colombia. Y del silencio de la prensa en los países con…p. 77
40Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 210, 2142 citas
[46]procesos jurídicos. Durante esos primeros años Afavit se dedicó a eso” 158. En el año 1996 comienza la remoción del terreno de donde se va a construir el Parque Monumento, para lo cual Cartón de Colombia presta la maquinaria. Debido a lo escarpado del terre- no la ladera fue terraceada y se hizo un camino que circunda…p. 210
[51]de estado, dejando de lado aquellos cometidos por la guerrilla. Al respecto dice la hermana Maritze: “Eso fue el mayor cuestionamiento [de los prelados a la comi sión]: el paramilitarismo como actor también del estado. Fueron discusio- nes más ideológicas. Ellos [los prelados] hablaban de tres actores; nosotros…p. 214
41Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2821 cita
[47]Maritze, junto con el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (Cajar), asumen la representación de las víctimas (página 194). Parque Monumento ha sido y continúa siendo el centro de gravedad de la memoria pese a los senti- mientos contradictorios que genera (página 197). Me- moria Integra- dora 2008 feb GMH El…p. 282
42Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2991 cita
[48]en 1996 a Mutatá». 299 valor adicional de ser instrumentos de aliento y canalización de la participación social en la generación de memoria 904. Así lo ha hecho, por ejemplo, la Galería Viva, ubicada en el cementerio La América, en Medellín. Este lugar fue intervenido por colectivos sociales de la Comuna 13 de…p. 299
43Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 3701 cita
[49]estuvo la Conadhegs, ILSA (…) Ya, para 1995 tuvimos el acompañamiento de la Corporación Jurídica Libertad y el Colectivo de Derechos Humanos Semillas de Libertad, Codhesel. Entonces, ahí ya era la peregrinación. Para la peregrinación lo ideamos con base a lo de Trujillo: el acompaña- miento nacional para visibilizar…p. 370
44Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 2401 cita
[50]de estas iniciativas individuales y colectivas de memoria que por supuesto no se agotan en la siguiente tabla, que sin embargo expresa algunas de las nociones del para qué recordar. 240 Pueblos arrasados Tabla No. 10. Recuento de algunas iniciativas de la Memoria Iniciativa Descripción Placa en homenaje a Mario Castro…p. 240
45Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 111 cita
[52]distintos enfoques ideo- lógicos y políticos. Por otra parte, las formas violentas del deno- tado paramilitarismo surgieron y se consolidaron a lo largo del territorio colombiano a mediados de los ochenta y durante todo el final del siglo XX. 12 Justicia Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico…p. 11
46Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1631 cita
[53]con control sobre muchas zonas del país. Su campaña en contra de los insurgentes de izquierda, campesinos y sindicalistas ha sido realmente aterradora. Los líderes sindicalistas, los activistas de derechos humanos y quienes piden salarios justos y mejores condiciones de trabajo o reformas agrarias para los pobres han…p. 163
47Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 2611 cita
[55]contrincantes &%$. Fue así como, de la mano de la información del computador de “Jorge $) ” y de las declaraciones que hicieron los paramilitares a los medios antes de las versiones libres, se investigó por vínculos con el paramilitarismo a concejales, alcaldes, gobernadores, y a casi el +) % del Congreso. Las…p. 261
48El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 3782 citas
[56]paramilitar. Para el CNMH dado que Botalón ha reconocido que fue el creador y financiador de la Convivir, debe aceptar por la línea de mando cualquier crimen que esta haya cometido. La licencia de la Convivir fue cancelada el 12 de febrero de 2001 mediante resolución 1369. (Fiscalía Dossier BPB) 380 EL ESTADO…p. 378
[57]paramilitar. Para el CNMH dado que Botalón ha reconocido que fue el creador y financiador de la Convivir, debe aceptar por la línea de mando cualquier crimen que esta haya cometido. La licencia de la Convivir fue cancelada el 12 de febrero de 2001 mediante resolución 1369. (Fiscalía Dossier BPB) 380 EL ESTADO…p. 378