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Idea · Prehispánico

Orfebrería precolombina

Durante más de dos milenios, comunidades del actual territorio colombiano desarrollaron una de las tradiciones metalúrgicas más sofisticadas del continente americano: una tecnología ritual y política que fundía cosmología, poder y materia en objetos de oro y tumbaga destinados al culto, la jerarquía y el intercambio interregional.

4.111 palabras28 documentos62 fragmentos citados
Orfebrería precolombina

Trayectoria de una idea

  1. -1200

    Primeras influencias metalúrgicas en la costa Atlántica y Tumaco

  2. -500

    Segundo pulso de influencia mesoamericana y consolidación de bases técnicas

  3. 800

    Apogeo del período Yotoco en la zona Calima

  4. 1000

    Florecimiento de la orfebrería tairona en la Sierra Nevada de Santa Marta

  5. 1200

    Inicio del período Sonso en Calima y consolidación de tradiciones regionales

  6. 1499

    Contacto europeo y comienzo de la destrucción sistemática

  7. 1536

    Expedición de Jiménez de Quesada y saqueo del altiplano muisca

  8. 1939

    Inauguración del Museo del Oro del Banco de la República

  9. 1980

    Consolidación de la investigación arqueométrica y estudios de Ana María Falchetti, Clemencia Plazas y Warwick Bray

03

La lectura

La orfebrería precolombina colombiana no fue un arte en el sentido moderno europeo, sino una tecnología ritual en la que el mayor esmero del artesano se concentraba en el proceso de elaboración —particularmente en el trabajo de la cera— más que en el acabado visible del metal fundido. Sus practicantes dominaron la fundición a la cera perdida, la aleación de tumbaga y el dorado por superficie, produciendo objetos cuyo valor residía en su capacidad de condensar poder cosmológico, marcar jerarquías de rango y circular por redes de intercambio que enlazaban regiones distantes del actual territorio colombiano. El oro no era moneda sino materia sagrada: para los taironas era la manifestación física de lo divino y el don del chamán primordial; para los quimbayas, el metal incorruptible en que se fijaban las efigies de los señores para perpetuarse tras la muerte. La Conquista española destruyó sistemáticamente este patrimonio al fundir las piezas en lingotes, pero la tradición sobrevivió parcialmente hasta bien entrada la Colonia, resistiendo las campañas de extirpación de idolatrías; su recuperación científica e institucional, iniciada con la fundación del Museo del Oro en 1939 y profundizada por investigadores como Ana María Falchetti, Clemencia Plazas y Warwick Bray, ha revelado la extraordinaria sofisticación técnica, simbólica y política de esta tradición milenaria.

Orfebrería precolombina en Colombia

Durante más de dos milenios, en los valles interandinos, las sierras costeras y los altiplanos del actual territorio colombiano, comunidades sin escritura ni moneda desarrollaron una de las tradiciones metalúrgicas más sofisticadas del continente americano. No fue, en rigor, un "arte" en el sentido moderno: fue una tecnología ritual y política, una manera de fundir cosmología, poder y materia en objetos que servían al culto, marcaban jerarquías y circulaban por redes de intercambio que enlazaban la Sierra Nevada con el Cauca y el altiplano con el Magdalena. Los orfebres muiscas, quimbayas, calimas, taironas, zenúes y nariñenses, entre otros, dominaron la fundición a la cera perdida, el laminado, el martillado, el repujado y las aleaciones de tumbaga, y con ellos produjeron pectorales, poporos, narigueras, máscaras, figurillas votivas y ajuares funerarios que la Conquista española convirtió en botín, la Colonia en lingote y la República tardía en emblema de identidad nacional. La historia de esta orfebrería —su técnica, su sentido, su destrucción y su parcial recuperación— es, en gran medida, la historia del oro en Colombia.

Una tecnología, no una estética

Conviene decirlo temprano, porque casi todo lo que sigue depende de ello: para las sociedades que la produjeron, la orfebrería prehispánica no valía por su apariencia terminada. En las piezas muiscas, el mayor esmero del orfebre no se aplicaba al acabado del metal fundido sino al trabajo previo en la cera: los hilos y rollos con que se modelaba la figura, de espesor inferior a un milímetro, eran obsesivamente uniformes en forma y grosor. En los hombres-canasto de Carmen de Carupa, en los bebés en cuna de Suba, en las representaciones de gavias de Fontibón, el microscopio electrónico de barrido permite leer todavía hoy los gestos del orfebre —la presión de un dedo, el arrastre de un instrumento— impresos primero en la cera, luego en el molde de arcilla y finalmente en el metal. Lo importante ocurría antes de la fundición. La superficie que el observador contemporáneo admira en una vitrina era, para su creador, un residuo del proceso verdadero.

Este desplazamiento del sentido —de la obra al procedimiento, de la contemplación al gesto ritual— cambia lo que puede decirse del oro prehispánico. No estamos ante joyeros en el sentido europeo, sino ante especialistas de una tecnología cargada de significado cosmológico, cuya destreza se subordinaba a una función que no era, en primer término, decorativa.

De dónde viene: los antecedentes

La metalurgia no nació en el actual territorio colombiano de forma aislada. Hacia 1200 a. C., en la costa Atlántica y en la región de Tumaco, sobre el Pacífico sur, se registran influencias mesoamericanas que introdujeron túmulos funerarios, espejos de obsidiana, nuevas formas cerámicas y el culto del jaguar. Hacia 500 a. C. se dio un segundo pulso de influencia mesoamericana, esta vez asociado al cultivo del maíz. Estas oleadas prepararon el suelo cultural sobre el que se desarrollaría, siglos después, la orfebrería propiamente dicha.

Al norte, en el istmo panameño, la cultura de Coclé trabajaba con oro y cobre extraídos de cuencas cercanas, componía aleaciones de tumbaga y desplegaba un repertorio de motivos zoomorfos y geométricos compartido con la cerámica y la talla en concha. Al sur, en la franja que une Colombia con Ecuador, la técnica del dorado por superficie —una manera de hacer que una pieza con poco oro pareciera enteramente áurea— ya estaba resuelta: análisis de piezas de tumbaga halladas en esa área revelaron que la proporción de oro es mayor en la superficie que en el interior, lo que indica el uso de una base de cobre sobre la cual se fundía una mezcla de cobre y oro con martillado posterior. Se ha señalado también el uso probable de dorado por amalgama y de aplicación de placas de oro por cera perdida.

Hay, en las páginas de los estudiosos del siglo XX, una hipótesis inquietante y no resuelta: que una serie de erupciones volcánicas cuyos efectos se habrían sentido desde Quito hasta el norte de Colombia convirtió durante un lapso de entre quinientos y mil años a esa franja andina en territorio inhabitable, desplazando a las poblaciones portadoras de las técnicas metalúrgicas más avanzadas del Nuevo Mundo. La arqueología colombiana no ha testimoniado ese cataclismo. Queda como conjetura, útil para recordar que las técnicas viajaban con las personas, y que la extraordinaria pericia de los orfebres colombianos no brotó de la nada.

La técnica: cera perdida y tumbaga

El procedimiento medular de la orfebrería prehispánica colombiana fue la fundición a la cera perdida. Sobre un núcleo de arcilla mezclada con carbón vegetal, el orfebre modelaba la figura deseada y la recubría con una película de cera; sobre ella aplicaba una pasta de arcilla refractaria que formaba el molde, dividido en dos tapas que al juntarse conformaban la pieza. Al calentar el conjunto, la cera derretida escapaba por orificios abiertos en los extremos y dejaba impreso su negativo en la arcilla. Por ahí entraba, luego, el metal fundido. Cada objeto exigía romper el molde para liberar la pieza: cada figura era, técnicamente, única.

La cera que empleaban los orfebres muiscas era oscura y muy blanda, producida por una abeja sin aguijón llamada angelita —Tetragonisca angustula—, cuya materia se prestaba particularmente bien a la delicadeza de los hilos submilimétricos que caracterizan el estilo. Este detalle, aparentemente menor, importa: liga la orfebrería a una ecología concreta, a una relación con insectos que producían el material blando sobre el que se hacía verdaderamente el trabajo.

El otro pilar técnico fue la tumbaga: una aleación de oro y cobre cuya proporción variable permitía obtener un espectro cromático notable. Un caso documentado en la ofrenda de Fontibón ilustra la sofisticación del recurso. Un orfebre muisca partió de una misma colada de oro nativo y, agregando cobre en distintas cantidades, produjo aleaciones que iban del amarillo intenso hasta un rojizo casi de cobre puro, pasando por tonos intermedios. No era una limitación material sino una paleta deliberada. El color, en la orfebrería prehispánica, era una decisión metalúrgica.

Al laminado y a la fundición se sumaban, en distintas tradiciones, el martillado, el repujado, la soldadura, la aplicación de hilos y diversos procedimientos de dorado. Los taironas dominaron ese repertorio completo. En muchas de sus piezas, y en las de otras culturas del norte, la superficie estaba enriquecida artificialmente: bajo un revestimiento aurífero podía esconderse un cuerpo de tumbaga con más cobre que oro, cuya piel había sido tratada para que el metal noble aflorara. Al ojo del observador —y al del conquistador español— la pieza parecía maciza.

Los estilos regionales

Sobre esa base técnica común se desplegó una diversidad de tradiciones que la arqueología ha clasificado en estilos regionales, cada uno con su gramática propia.

El estilo muisca, propio del altiplano cundiboyacense, es rígido, lineal y altamente estilizado, con superficies opacas y formas sobrias y simétricas. Se distingue con nitidez de los estilos elaborados y a veces exuberantes de las culturas vecinas. Los muiscas trabajaron el oro y la tumbaga con la mayoría de las técnicas de los quimbayas, pero con menor elaboración; sus figuritas planas fundidas, sus tunjos votivos, sus representaciones de personajes con atributos de rango, tienen un rigor geométrico que no busca seducir. El cacicazgo de Guatavita se especializó en esta orfebrería dentro del sistema muisca, lo que implica un dato revelador: como Guatavita no producía oro en cantidad suficiente, la materia prima —y también la cera— tenía que llegar allí mediante redes de intercambio. La especialización artesanal presuponía comercio.

La tradición quimbaya, en el Valle medio del Cauca, es la más ambiciosa cronológicamente: abarca tipológicamente cerca de tres mil años, desde la Etapa Formativa Temprana hasta la conquista española. Bajo el nombre de "quimbaya" caben, en realidad, tradiciones sucesivas y diversas. Las colecciones así denominadas en los museos fueron formadas con criterios selectivos que privilegiaron el valor estético o exótico —descartaron cerámica doméstica sin decoración, por ejemplo— y por ello no son representativas del conjunto cultural. Lo que la vitrina llama "quimbaya" es, en buena medida, una construcción del coleccionismo del siglo XIX.

La secuencia calima, en el valle homónimo, se organiza en tres períodos: Ilama, Yotoco y Sonso, este último extendido desde hace aproximadamente mil doscientos años hasta la llegada de los europeos. El período Yotoco alcanzó un alto desarrollo técnico en orfebrería. El repertorio incluye grandes máscaras de oro, diademas, pectorales, orejeras, collares, narigueras e instrumentos musicales. Favorecida por su posición geográfica estratégica, la zona Calima participó en redes de intercambio en las que circulaban sal, pescado, mantas, piedras semipreciosas y esclavos de guerra.

La orfebrería tairona, en la Sierra Nevada de Santa Marta, empleó principalmente cobre dorado o tumbaga. A las técnicas de laminado y fundición sumó martillado, repujado, soldadura, aplicación de hilos y dorado. Sus objetos incluyen figuritas fantásticas con atavíos de plumas, máscaras de felinos, aves y reptiles, discos repujados, cascabeles, brazaletes y narigueras. La cultura tairona, cuyos orígenes precisos aún son difíciles de reconstruir, muestra una fuerte influencia centroamericana en su desarrollo.

El estilo nariño, proveniente sobre todo de la región de Pupiales, se desarrolló en los altiplanos y regiones montañosas del sur, limítrofes con Ecuador. Se caracteriza por abstracciones geométricas de gran rigor planimétrico —una economía de líneas que lo emparenta más con la orfebrería andina meridional que con las tradiciones del Cauca medio.

Junto a estos, la depresión momposina y las llanuras del San Jorge albergaron la orfebrería zenú, cuyos montículos funerarios estaban sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban adornos de oro; íconos, efigies, anillos para la nariz y collares formaban parte de tesoros rituales que evocaban poder sobrenatural y energía solar.

El oro como materia sagrada

Ninguna de estas tradiciones pensó el oro como dinero. La distinción es crucial porque toda la historia posterior —conquista, guaquería, fundición colonial— se apoya sobre un malentendido fundamental: los europeos vieron riqueza donde los indígenas veían potencia numinosa.

Para los taironas, el oro no era un valor de cambio sino la manifestación viva y física de lo divino, don del chamán primordial, asociado al poder y a la energía luminosa del sol, fuente de la vida eterna. Para los quimbayas, los objetos depositados como ajuar funerario estaban hechos de un material perenne e incorruptible, y en ellos se fijaban efigies de los señores fundiéndolas en el metal solar, expresando así una perpetuación tras la muerte. En varias culturas se encuentra ese haz de significados: eternidad, sol, conducto de energía cosmológica, símbolo de poder.

El poporo —recipiente ritual para la cal que acompaña el mambeo de la coca— condensa este universo con particular intensidad. Fabricado en oro, servía en vida al consumo ceremonial de la hoja; cuando el dueño moría, sus cenizas podían depositarse en su interior, en una imagen de retorno al vientre materno. La lectura ha sido discutida —Roberto Lleras ha cuestionado si aplica al célebre Poporo Quimbaya del Museo del Oro—, pero el gesto general se sostiene: el objeto de oro era un contenedor, literal y simbólico, de la persona.

El chamán ocupaba un lugar central en esta cosmología. Para los taironas, el oro había sido su don originario. Mediante plantas sagradas, el chamán podía transformarse en pájaro, jaguar o águila arpía, y esas metamorfosis aparecen fundidas en las figuras votivas. Entre los tukanos, el chamán guía a los muertos hacia el camino de la vida eterna. La orfebrería no ilustraba esos viajes: los facilitaba. Era instrumento tanto como signo.

Oro y jerarquía

Junto a la dimensión sagrada corría otra, indisociable: la política. En los cacicazgos del actual territorio colombiano, el oro fue el símbolo por excelencia del estatus y del privilegio. La diferencia con las sociedades tribales —en las que el oro tenía escasa importancia y servía apenas de adorno personal en cantidades pequeñas y poco elaboradas— es tajante. Donde había jerarquía consolidada, había orfebrería refinada.

El sistema de rango se lee con claridad en los ajuares funerarios. Los entierros de caciques, chamanes y guerreros de alto rango incluían centenares de cerámicas y objetos de prestigio, entre ellos piezas de oro. Los pectorales, las coronas en forma de tiara, los cetros de madera de palmera y el derecho a ser transportado en litera eran, entre los muiscas, insignias específicas de los dignatarios. Los cronistas del siglo XVI describieron una estructura social escalonada en señores, nobles, plebeyos y esclavos; la arqueología ha confirmado, en los ajuares, esa gradación.

Esta lógica invita a una lectura complementaria de la orfebrería: el gran desarrollo técnico y estético que alcanzó en los cacicazgos estuvo asociado a la demanda de artefactos de prestigio en sociedades con movilidad vertical y donde la riqueza personal importaba. La sofisticación de la cera perdida, la paleta de la tumbaga, la especialización de talleres regionales, todo eso responde también a una economía política de la distinción. El oro no era solo puente al mundo divino: era prueba de rango en éste.

Redes que enlazaban el continente

La producción orfebre presuponía circulación. Guatavita, sin oro propio, importaba metal y cera. El Zipa —el señor del sur del altiplano muisca— tampoco tenía oro en sus dominios, y lo obtenía principalmente de la región de Neiva y de otros puntos del Magdalena. Al menos parte de la producción orfebre muisca dependía, entonces, de un intercambio interregional que ligaba el altiplano frío con las tierras calientes.

Los hallazgos arqueológicos revelan la extensión de esa red. Piezas de estilo quimbaya han aparecido en Ubaté y Sogamoso; una nariguera clasificada como zenú, en Sogamoso; colgantes posiblemente originarios del Valle del Cauca, en Sogamoso, Tibacuy y Bogotá —aunque estos últimos podrían pertenecer a un horizonte orfebre antiguo, previo al muisca propiamente dicho, lo que solo alargaría la profundidad temporal del intercambio. Los taironas, por su parte, mantenían redes comerciales que, mediante intermediarios, llegaban hasta territorio muisca; los artículos más intercambiados eran objetos de oro, collares de cuentas de concha o piedra y caracoles marinos.

Los mercados muiscas se instalaban dentro del cercado del cacique. Eran espacios donde confluían economía y política: acudían caciques y señores principales, y el intercambio de objetos implicaba dimensiones que iban más allá de lo estrictamente comercial. Vale la pena subrayar un matiz: ni el oro ni la sal —los dos bienes de mayor circulación entre los muiscas— llegaron a ser medio general de cambio o patrón monetario. La mercancía que más se aproximó a esa función fue la manta de algodón. El oro circulaba, sí, pero no como moneda.

La especialización artesanal no implicó abandono de la subsistencia. Las comunidades que producían orfebrería, sal, coca, algodón o esmeraldas mantenían simultáneamente su agricultura. La orfebrería era un plus político y ritual sobre una base económica que seguía siendo agraria.

El Dorado: cuando el mito hizo historia

Sobre este universo cayó, a comienzos del siglo XVI, la fiebre europea del oro. Y ese choque fue mediado por un relato —El Dorado— cuyo origen estaba, paradójicamente, en la propia orfebrería muisca.

La leyenda tenía sustento real. Existían entre los chibchas tradiciones de abluciones ceremoniales de hombres cubiertos de oro. El hallazgo, en Siecha, de una balsa de oro de nueve centímetros y medio de diámetro —que representa a un cacique principal rodeado de diez figuras en una ceremonia solemne— vino a confirmar materialmente esa tradición precisamente cuando la tendencia moderna comenzaba a relegarla al terreno de la fábula. La balsa devolvió a El Dorado su historicidad.

Antes de zarpar de España, según el cronista Pedro de Aguado, Gonzalo Jiménez de Quesada había escuchado hablar de una "casa del sol" en tierra de los indígenas laches, en la actual Boyacá, célebre por sus platos y patenas de oro que resplandecían al sol. Ese relato influyó en el rumbo de su expedición. Ya como mariscal, anciano, Jiménez de Quesada seguiría obsesionado con El Dorado y regresaría a Bogotá con ese propósito; también partió con doscientos soldados hacia los llanos en su búsqueda. La quimera dorada fue motor de expediciones de conquista más allá del altiplano; su prolongación en las cuencas del Orinoco y el Amazonas la asociaría, en la memoria continental, a otros nombres.

Lo que Jiménez de Quesada y sus soldados encontraron en el altiplano cundiboyacense fue, en cierto modo, El Dorado: no un lago repleto de tesoros, sino una civilización que producía oro y que había desarrollado una relación cosmológica con el metal que los conquistadores no estaban en condiciones de leer. Vieron riqueza y actuaron en consecuencia. La violencia con que la fiebre del oro se abatió sobre estas sociedades tiene, en Colombia, una continuidad histórica que se prolonga por siglos.

Fundición y saqueo

Lo que siguió fue un largo trabajo de destrucción. La orfebrería colonial en oro fue incomparablemente más reducida y menos interesante que la del período prehispánico; sus practicantes fueron casi todos españoles o criollos que siguieron la tradición europea, aunque algunas técnicas se desarrollaron entre mestizos y negros, y los orfebres peninsulares o criollos las enseñaron después a mestizos e indígenas. La ruptura fue radical: no se trató de una transición sino de una sustitución de tradiciones.

El destino de las piezas prehispánicas fue mayoritariamente la fundición. Todavía en 1859, el Banco de Inglaterra publicó los resultados financieros de sus labores de fundición de piezas de oro aborigen americano, evidencia tardía y particularmente elocuente de una destrucción sistemática con fines monetarios. Los objetos —cargados de cosmología, de rango, de biografía— volvían a ser lingote.

Al saqueo directo de la Conquista se sumó, con el correr de los siglos, la guaquería. Durante la colonización antioqueña del Gran Caldas, en el siglo XIX, se profanaron tumbas indígenas quimbayas ricas en objetos orfebres, y la actividad estuvo financiada por grupos de comerciantes que saqueaban las sepulturas. Esos comerciantes, o bien fundían las piezas para monetizarlas, o bien las atesoraban; algunos formaron las primeras colecciones de orfebrería, que luego venderían a museos. El circuito era el mismo en las tierras taironas: tras la fundación de Santa Marta en 1525, se comenzaron a descubrir enterramientos indígenas con ricas ofrendas funerarias en las estribaciones de la Sierra Nevada, primer contacto documentado con la cultura tairona que abrió una extracción de objetos funerarios prolongada durante siglos. En los sitios de minería y guaquería frecuentaban agentes compradores de oro de compañías mineras, y las casas de fundición convertían las piezas en lingotes con eficiencia industrial.

El episodio más resonante de este circuito fue el del Tesoro Quimbaya: una colección de 122 piezas de orfebrería procedente de dos sepulturas en La Soledad, municipio de Finlandia, exhibida en Sevilla en 1892 con motivo del IV Centenario del descubrimiento de América. El presidente Carlos Holguín la donó a la reina regente María Cristina de España como reconocimiento por su labor arbitral en la delimitación de fronteras colombianas. Hoy se conserva en el Museo de las Américas, en Madrid. Un tesoro nacional donado por un jefe de Estado a otro como pago diplomático: pocos gestos condensan mejor la manera en que el oro prehispánico fue instrumentalizado por las repúblicas americanas del siglo XIX.

Los intentos de enajenación continuaron ya entrado el siglo XX. La colección de orfebrería de Leocadio María Restrepo fue declarada reliquia nacional en 1924 para impedir su venta al exterior, pero las gestiones para venderla no cesaron: en 1933, el cónsul colombiano en Nueva York adelantaba pasos en esa dirección. Que hubiera hecho falta declararla reliquia nacional dice mucho sobre el estado del patrimonio en ese momento; que aun así siguieran los intentos de venta, dice todavía más.

El Museo del Oro: recuperación y reencuadre

La reacción institucional se organizó tarde. En 1939, el Banco de la República comenzó a adquirir piezas precolombinas; de esa decisión nació la idea del Museo del Oro. Las primeras piezas provenían fundamentalmente del Quindío, es decir, de la misma región que había sido saqueada un siglo antes durante la colonización antioqueña. Cuando la colección se acercaba a las siete mil piezas, se montó una sala en los sótanos del edificio del Banco. Los inicios fueron modestos y elocuentes de la lógica que ha acompañado al museo desde entonces: la colección se exhibió en un primer momento sobre terciopelo negro, como si se tratara de joyas en un almacén, en una sala de juntas del banco.

Esta tensión entre patrimonio cultural y lógica bancaria no se ha disipado. El Museo del Oro está bajo la protección del Banco de la República, entidad encargada de regular la liquidez de la economía, emitir moneda y servir como agente fiscal del Gobierno. Elementos como las puertas de bóveda y el despliegue de seguridad en algunas salas son manifestaciones físicas de esa doble condición. Las piezas son al mismo tiempo cultura y reserva, símbolo y activo. La crítica que se le ha hecho al museo —que las piezas siguen siendo tratadas como objetos de valor material, exhibidas como joyas y custodiadas por un banco emisor— apunta a una paradoja real: la institución que protegió el patrimonio de la fundición reprodujo, con otros medios, la lógica que reduce el oro a su masa.

Al mismo tiempo, el Museo del Oro cumplió y cumple una función de construcción de identidad nacional. Presentó la orfebrería prehispánica como referente concreto y no contaminado de "colombianidad", en contraste con otros símbolos nacionales más ambiguos —los héroes disputados, las banderas partidistas, los himnos discutibles. El oro precolombino, por su antigüedad y su prestigio estético, ofrecía un anclaje difícil de impugnar. El mapa de "La metalurgia en América según Rivet" —elaborado por Paul Rivet y Henri Arsandaux, que distinguían zonas metalúrgicas diferenciadas en el continente: colombiana, peruano-boliviana y norteamericana— apareció como emblema de autoridad científica en el primer catálogo del museo y volvió a incluirse en el segundo, publicado cinco años después. La ciencia europea legitimaba el gesto nacional.

Lo que el museo logró recuperar del sentido prehispánico ha sido, necesariamente, parcial. Las piezas fueron descontextualizadas por la guaquería y llegaron a las vitrinas sin la información arqueológica que habría permitido restituirles su función. El hallazgo publicado en el Papel Periódico Ilustrado en 1882 sobre piezas prehispánicas de la hacienda Susumuco carece —como tantos otros— de documentación sobre su contexto de extracción; la pieza sobrevive, pero su biografía queda amputada.

Lo que sobrevivió

La historia de la orfebrería prehispánica colombiana no termina en el saqueo. Hay una línea de continuidad que la narración dominante —conquista, destrucción, museo— tiende a ocultar y que conviene, al cerrar, restituir.

La producción y el uso de objetos de orfebrería muisca se extendieron hasta bien entrada la Colonia, a pesar de las campañas de extirpación de idolatrías que se desarrollaron durante los siglos XVI y XVII, y a pesar de la imposición del tributo en oro. Las evidencias arqueológicas de ocupación humana en el altiplano muisca son continuas desde el año 900 d. C. hasta la conquista española y aún varios siglos después, ya en período colonial, en algunas regiones. La memoria muisca, aunque reprimida por las campañas de los frailes, no pudo ser suprimida completamente en los quinientos años posteriores a la Conquista.

Más al norte, entre los cuna, persiste el uso de narigueras de oro. Algunos autores interpretan que este uso evoca la figura mítica de Ibelel, héroe transformador que, tras cumplir su ciclo terrestre, buscó refugio en el sol. La interpretación es académica y no necesariamente la formulación que los propios portadores de la tradición harían; pero la práctica es innegable, y sugiere una supervivencia del simbolismo solar del oro que la Conquista no logró apagar. Las ideas y la cosmología que subyacen al significado de gran parte de los objetos de oro prehispánicos siguen vivas —en filosofías propias, en gestos rituales, en objetos de uso— en pueblos indígenas colombianos contemporáneos.

Este dato altera el balance. La ruptura fue brutal y las pérdidas fueron enormes: cientos de miles de piezas fueron fundidas y su información arqueológica se perdió para siempre. Pero la orfebrería prehispánica no sobrevive solo en los museos. Sobrevive también, atenuada y transformada, en las prácticas de las comunidades que descienden de aquellas sociedades cacicales. La cosmología solar, la asociación del metal con la eternidad, el uso ritual del oro en contextos ceremoniales, todo eso persiste, marginado pero no extinguido.

Comprender la orfebrería precolombina colombiana obliga, entonces, a un doble movimiento. Hacia el pasado, entender que fue una tecnología ritual y política de siete siglos —dos milenios si se cuentan los antecedentes—, no una preparación involuntaria del arte moderno. Hacia el presente, reconocer que la parte más profunda de su sentido nunca dependió del oro en sí, sino de la manera en que las sociedades que lo trabajaban entendían la relación entre materia, cosmos y poder. Esa manera —contra el saqueo, contra la fundición, contra la vitrina— sigue existiendo. Es lo más difícil de exhibir y lo más importante que queda.

04

En el archivo

2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01República Liberal1930–19461
  1. 1941Paul RivetFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Tumbaga: aleación de oro y cobre que fue el material fundamental de la orfebrería prehispánica colombiana, cuya proporción variable permitía obtener un espectro cromático deliberado del amarillo intenso al rojizo cobrizo
  2. 02Fundición a la cera perdida: técnica medular de producción que empleaba núcleos de arcilla, cera de abeja angelita y moldes refractarios, haciendo de cada pieza un objeto técnicamente único
  3. 03Ajuar funerario: contexto principal de deposición de los objetos de orfebrería en cacicazgos colombianos, donde marcaba jerarquías de rango entre señores, chamanes y guerreros
  4. 04Cosmología prehispánica: marco de significado que dotaba al oro de carácter numinoso, asociándolo al sol, la eternidad, el poder chamánico y la energía sagrada, en oposición radical a su valor monetario europeo
  5. 05Intercambio interregional: red de circulación de materias primas y objetos de prestigio que conectaba la Sierra Nevada de Santa Marta, el Valle del Cauca, el altiplano muisca y el Magdalena, haciendo posible la especialización productiva regional
  6. 06Tecnología ritual: categoría interpretativa que define la orfebrería prehispánica no como arte decorativo sino como instrumento de mediación cosmológica y política
  7. 07Sierra Nevada de Santa Marta: territorio de la cultura tairona, uno de los focos más desarrollados de la orfebrería prehispánica colombiana
  8. 08Cauca: región del Valle medio donde floreció la tradición quimbaya, con una continuidad tipológica de cerca de tres mil años
06

Documentos y fragmentos citados

28 documentos · 62 fragmentos

01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 32, 35, 45, 484 citas
[1]

lograron máxima habilidad y amplia ex- periencia en la técnica de la fundición por el siste- ma de la cera perdida, de uso universal y de anti- quísimo conocimiento, practicado con diferentes variantes y siempre con suprema maestría. El método de la cera perdida tomaba como base un núcleo de arcilla mezclada con…

p. 45
[7]

fundamentales utilizadas por es- tos orfebres fueron el laminado y la fundición a 22 Cuchillo ceremonial con decoración geométrica, antropomorfa y zoomor- fa (felina), perteneciente a la orfebrería Tayrona. Ésta se abastecía del oro de los ríos Don Diego, Buritaca y Guachica. la cera perdida, los cuales se…

p. 48
[13]

con ellos, se deduce que durante este período había una población relativamente nu- merosa, que practicaba enterra- mientos primarios aislados y en ce- menterios (4, 10, 25 o más tumbas de pozo con cámara lateral) en las laderas de las lomas, generalmente sobre pequeños aplanamientos na- turales o artificiales. Del…

p. 32
[34]

nadas con orlas punteadas en pastillaje o con inci- siones; también se fabricaron torteros o volantes hechos de arcilla con decorado geométrico a base de barras lineales y punteadas. Todos estos utensilios, después de servir en los quehaceres domésticos formaban parte del ajuar AA AAA Colombia precolombina funerario,…

p. 35
02Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 272, 4142 citas
[2]

como ilustra este caso, pudieron ser considerados como entes animados, y sin duda es probable que ese aspecto fuera importante en las negociaciones de poder, pero el caso es que ese poder no se basaba en el valor mismo del metal, ni siquiera en su apariencia dorada. Hay otro ejemplo bastante interesante: el desarrollo…

p. 414
[10]

rostros de personas. En algunos casos, el orfebre reinterpretó la nariz del animal para darle forma de pico de un pájaro con ojos grandes, tal vez guacamayos, configurando una especie de ave-humano-cocodrilo. Algunos animales aparecen únicamente representados en Ilama, como el murciélago, los armadillos o los perros…

p. 272
03Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 199, 2156 citas
[3]

oscura y muy blanda producida por un tipo de abeja sin aguijón conocida como angelita (Tetragonisca angustula), es visible sobre todo en la inspección por medio del microscopio electrónico de barrido. Este instrumento permite visualizar en los objetos los gestos del orfebre al manipular la cera, que quedaron impresos…

p. 199
[4]

oscura y muy blanda producida por un tipo de abeja sin aguijón conocida como angelita (Tetragonisca angustula), es visible sobre todo en la inspección por medio del microscopio electrónico de barrido. Este instrumento permite visualizar en los objetos los gestos del orfebre al manipular la cera, que quedaron impresos…

p. 199
[5]

elaborar todas las piezas, pero les fue agregando diferentes cantidades de cobre para conseguir distintas mezclas o “recetas” y colores en un espectro que va desde el amarillo intenso hasta un rojizo cercano al del cobre, pasando por diferentes tonos de amarillos y rojos (Diagrama 3). Cabe suponer que el tema de esta…

p. 215
[6]

elaborar todas las piezas, pero les fue agregando diferentes cantidades de cobre para conseguir distintas mezclas o “recetas” y colores en un espectro que va desde el amarillo intenso hasta un rojizo cercano al del cobre, pasando por diferentes tonos de amarillos y rojos (Diagrama 3). Cabe suponer que el tema de esta…

p. 215
[12]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
[18]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
04La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 77, 80, 833 citas
[8]

entre Colombia y el Ecuador, que la proporción de oro en ciertas piezas es mayor en la superficie y más baja hacia el centro interior del objeto, lo que revela que se usó una base de cobre sobre la cual se fundió una mezcla de cobre y oro, con martillado posterior o final. Los autores franceses (9) agregan que métodos…

p. 83
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arte y una ideología de pueblos desaparecidos? 24 En pocas palabras, el mapa de “La metalurgia en América según Rivet” funcionó en este catálogo como un emblema de autoridad, pues al igual que suele ocurrir con este tipo de imágenes, al mismo tiempo que se graban en la memoria, se olvida o se cifra su significado,…

p. 80
[53]

catálogo ocupando un lugar protagónico, no existen pruebas de un verdadero intercambio entre el etnólogo y el Museo del Oro durante su estancia en la capital colombiana, por lo menos en lo que respecta al estudio de la colección orfebre del banco emisor 10. Esto nos lleva una vez más a preguntarnos sobre tan escueta…

p. 77
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 74, 982 citas
[9]

escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…

p. 98
[29]

suntuosos de jefes y sacerdotes, verdaderos tesoros de orfebrer í a y de piedras finas, nos indican que en estas regiopes __ privilegiadas para la agricultura, se desarrollaron peque ñ os, se ñ or í os con una estructura social jer á r quica, una clase sacerdotal influyente y un alto desarrollo tecno l ó gico y est é…

p. 74
06La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 47, 512 citas
[11]

son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…

p. 51
[42]

dicho cultivo facilitó las migraciones al sur. Influencias mesoamericanas aparecieron en la costa Atlántica y en la región de Tumaco en la costa Pacífica. Entre los elementos introducidos alrededor de 1200 a. C. se encuentran túmulos, espejos de 4 Fuentes principales que se ocupan de la arqueología del macizo…

p. 47
07Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 44, 50, 2413 citas
[14]

vasijas en forma de una persona acurrucada que lleva un recipiente en la espalda, y otras más. La zona del Calima se destaca además por su orfebrería elaborada; se han encontrado grandes máscaras de oro, dia- demas, pectorales, orejeras, collares, narigueras y aun instrumentos musicales y cucharas del mismo metal. A…

p. 44
[40]

complejo. Contactos culturales Las investigaciones arqueológicas aún no permiten reconstruir los orígenes de la Cultura Tairona, y sólo se pueden hacer breves sugeren- cias acerca de algunas fases de su desarrollo. La fase protohistórica a histórica la conocemos a través de varios sitios de contacto, es decir, de…

p. 50
[62]

diseño; y el segundo, con fundi- ción menor de campanas. La metalurgia en oro (orfebrería) fue incomparablemente más redu- cida y menos interesante que la del período prehispánico, aunque algunas técnicas fueron desarrolladas por mestizos y negros. Los orfe- bres coloniales fueron casi todos españoles o criollos, y…

p. 241
08Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 137, 1592 citas
[15]

por el carbono'* los sitúa en el año 1385 d. C. En la metalurgia tairona, los objetos son varia- dos en cuanto a la forma y a las técnicas empleadas en su elaboración. Existen figuritas fantásticas que llevan grandes atavíos de plumas y máscaras de fe- linos; hay aves y reptiles, discos repujados, casca- beles,…

p. 159
[38]

y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…

p. 137
09Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 50, 56, 59, 71, 745 citas
[16]

orfebrería precolombina más de- sarrollada en cuanto al diseño de sus representa- ciones, puesto que las sometió a una de las más simples y elaboradas abstracciones geométricas de la forma dentro de una rigurosa planimetría. Cultura de Nariño De Nariño se conocen en la actualidad una serie de manifestaciones…

p. 71
[21]

se ha dicho, un maravilloso ajuar funerario, verdadero tesoro de obras de arte, que durante siglos permaneció oculto como compañía de ultratumba de estos descono- cidos señores quimbayas. La existencia de tantas piezas de oro es un fiel testimonio del suntuoso y refinado sentido de los bienes materiales que tenían los…

p. 50
[22]

los cuales se quiere fijar cada una de estas obras con materiales que permitan su con- servación, tiene mucho que ver con el hecho de que finalmente estas piezas fueran depositadas como ofrendas funerarias, que, como se sabe, habían de ser de un material incorruptible. El procedimiento que se ha descrito puede dar una…

p. 59
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todas estas piezas no hu- bieran ido a parar a las conocidas casas de fundi- ción, donde inmediatamente las habrían convertido en lingotes, como tantas veces ha sucedido, y sobre todo teniendo en cuenta que agentes compradores de oro de estas compañías siempre hacían acto de presencia en los sitios de minería y en los…

p. 56
[46]

Tras la fundación de Santa Marta, en el año 1525, se empezaron a descubrir en sus alrededores y en las estribaciones del inmenso ma- cizo montañoso de Sierra Nevada, gran cantidad de enterramientos indígenas que contenían ricas ofrendas funerarias en objetos de oro, piedras finas, conchas, hueso y cerámica. Algunos…

p. 74
10Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 262, 286, 2943 citas
[17]

cuyo límite fue encon- trado el objeto. Al examinar las colecciones «quimbaya» salta a la vista que se trata de etapas y fases cronológicas muy diversas. En efecto, se observa toda una gama tipoló- gica que abarca tal vez 3. 000 años, desde la Etapa Formativa Temprana hasta la época de la conquista española. También…

p. 286
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rasgo cultural que más se conoce son los entie- rros. El principal tipo consiste en un pozo vertical con una o varias cámaras laterales en el fondo, pero también hay entierros en tumbas rectangulares revestidas de lajas, o en simples pozos más bien superficiales. Hay entierros primarios y secundarios, individuales y…

p. 294
[25]

adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…

p. 262
11Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 78, 2862 citas
[19]

de las plantas sagradas, el chamán puede transformarse en pájaro, jaguar o águila arpía. Su poder felino, de acuerdo con la cultura paez, dio nacimiento al trueno. Para los taironas, el oro no tenía nada que ver con el dinero o la riqueza; era la manifestación viva, física, de lo divino, el don del primer Proteo, el…

p. 78
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de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…

p. 286
12La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 14, 52, 62, 784 citas
[23]

de los calabazos; los canastos para recoger el maíz de los embera-chamí, por su parte, representan la matriz femenina; las mujeres huitoto cargan a sus hijos en la espalda de la misma forma como cargan el canasto con el que recogen la cosecha en sus huertas; el recipiente del que beben el yagé los barasana, del…

p. 62
[47]

Sebastián Hoyos, miembro de la Academia de Historia de Antioquia. Leocadio siempre fue muy celoso de su colección. En 1877, el profesor Adolf Bastian, del Museo Etnográfico de Berlín, le pidió que le enviara un inventario de su colección, pero nunca lo recibió. También rechazó las invitaciones a llevarla a la…

p. 78
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dinero para adquirir objetos tan costosos. Por eso, puede decirse que el Museo del Oro también es, de cierta forma, un museo del olvido y de la historia muda de Colombia. Además, no deja de ser curioso, y un tanto contradictorio, que sea un banco el que haya tomado como propia la protección de estas piezas de oro: el…

p. 14
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la escasez de hierro. Un homicida, que se escondía en las faldas del cerro de Monserrate, halló un venado de oro en una cueva. A los muiscas que iban a ser sacrificados en honor a los dioses les servían la comida espolvoreada con oro. Vasco Núñez de Balboa, conquistador español y descubridor del océano Pacífico, habló…

p. 52
13Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 44, 216, 2333 citas
[26]

Las nociones totalmente contrarias a un espíritu divino eran los conceptos clara- mente bélicos, la riqueza y las demostraciones fastuosas, así como la poligamia. En la nobleza el hecho de tener hasta veinte mujeres no era ninguna singularidad. Este harén de los príncipes sostenía a 100, 200 hasta 400 acudientes.…

p. 216
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la memoria del estado colombiano. Muchos pensarán que ya no hay nada que hacer. Y si se puede hacer algo ante la colonización y desestructuración de la cultura muisca, ¿por qué hay que hacerlo, para quién y a quién le toca hacerlo? Luis Fernando Restrepo 322 Mirado más a fondo, la memoria muisca ha dado mucho que…

p. 233
[61]

que era idéntico al que seguían los especialistas religiosos más importantes. En 1594 se menciona que los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de su autoridad, pero es claro que los caciques también tenían ese privilegio (AGI Santa Fe, 17). Por otra parte, el escenario político en el que se…

p. 44
14Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 48, 572 citas
[27]

y de su familia y condición de plenitud femenina. Sus padres invierten sumas considerables de dinero en la compra del oro de buena calidad. ¿Por qué las mujeres mantienen la tradición del uso de oro en las narigueras? Algunos autores piensan que esta evoca “la presencia solar, vigilante, de Ibelel”, un héroe…

p. 57
[43]

embargo, por la misma época, la colonización antioqueña del Gran Caldas se hizo en gran parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo de las tumbas, fundiendo y atesorando estas piezas; algunos las conservarían formando las primeras…

p. 48
15Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 281 cita
[28]

inundación a Chibchacum como veremos enseguida. Entre sus deidades estaban Bochica, dios bienhechor y protector especial de los uzaques y de los capitanes de sus familias; Chibcha- cum, dios encargado especialmente de la nación chibcha y de ayudar a los labradores, mercaderes y plateros; Chaquen, dios encargado de los…

p. 28
16Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 103, 1352 citas
[30]

que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…

p. 135
[33]

se habrían encontrado en algunas partes del Altiplano como Tabio y Tunja, y de estilo "quimbaya" en Ubaté y Sogamoso donde además se halló un nariguera clasificada como "sinú". De otro lado, el mismo autor (Ibid., 341-343) y Falchetti (1979: 31 y 35) coinciden en afirmar que los que hoy en día se conocen como…

p. 103
17Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 121 cita
[31]

las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
18Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 371 cita
[32]

vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

p. 37
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1321 cita
[35]

activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…

p. 132
20Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 1291 cita
[36]

“lugares de mercado fueron casi todos que había de indios en estas dos provincias de Bogotá y Tunja”. Por otro, dijeron que en Tunja se hacía cada cuatro días, período relacionado con su sistema de numeración, y parece que así era en muchos otros lugares. Al parecer el sitio exacto del mercado era dentro del cerca- do…

p. 129
21Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 431 cita
[37]

que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

p. 43
22Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 75, 812 citas
[39]

[…] quienes dieron origen a esa [orfebrería] fueron si no aniquilados, sí arrojados de sus tierras por una larga cadena de inmensas erupciones volcánicas. Sus efectos se sintieron desde Quito, hasta el norte de Colombia. En este caso, se trataría no de uno, sino de una serie de desas- tres volcánicos similares a los…

p. 75
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de su creatividad imaginativa en distintos niveles temporales y espaciales, hay elementos que aparecen comunes. En el ámbito del mito, del ritual religioso y del pensamiento filosófico en torno a la creación del universo, es válido reiterar que el jaguar y la anaconda son figuras prominentes. Las vivencias actuales,…

p. 81
23Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 40, 282, 4333 citas
[41]

en el actual territorio panameño, todo parece indicar que, una vez fue adoptada, se desarrolló una producción local que utilizaba materiales y diseños propios. Por un lado, el metal utilizado en las joyas encontradas en Coclé era probablemente local, como lo demuestran estudios recientes que ubican fuentes de oro y…

p. 433
[48]

de Bogotá. Esta vasija de barro, pintada de rojo ocre y blanco, que mide 25 × 18 cm, apareció descrita y representada en el texto “El Dorado” que Zerda publicó por entregas a partir de julio de 1882 en el Papel Periódico Ilustrado, como una figura indígena sentada, con una apertura de tipo ánfora, llena de muchas…

p. 40
[56]

Investigaciones realizadas con motivo del bicentenario de la Independencia en el 2010 permitieron hacer, además de análisis formales e iconográficos, un minucioso estudio de la materialidad de este objeto, a través del cual se estableció su técnica de elaboración y sus materiales constitutivos. Esta nueva información…

p. 282
24Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 961 cita
[49]

y ancho del país, funcionando en su mayoría en construcciones que, si bien tie- nen una significación especial en la historia de las ciudades o simple- mente son lo suficientemente espa- ciosas para las labores museológicas, no fueron concebidas como museo. Sólo muy pocos museos funcionan en edificaciones diseñadas…

p. 96
25Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 1621 cita
[51]

most of his life outside the coun - try? Because they painted tropical environments, vernacular themes that are actually everywhere: whores from Medellín, mulatto women from Buenaventura, Andean condors? Because the light of the tropics caught them, that defined their paintings? (But wasn’t that same light that led…

p. 162
26El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 288, 3062 citas
[54]

entrada del recinto donde te- nía lugar el gran festejo ofrecían a los chibchas el símbolo admonitorio de la muerte. Estas tradiciones sobre la ablu- ción de los hombres cubiertos de oro dieron firme asidero a la creencia de El Dorado. Pero, en nuestro tiempo, exis- tía ya la tendencia a desplazar todo ello, de…

p. 306
[55]

relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…

p. 288
27El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 3901 cita
[57]

provincias donde rayase la luz del Santo Evangelio, como por su bondad rayó, creció y llegó 134 Fray Pedro Simón, Noticias historiales o conquistas de Tierra Firme, noticias 6 y 7, caps. 7 y 8. 391 Eí Ondicec dírstnaóc a claro y perfecto día, mediante la predicación de muchos varones apostólicos que reputaron el oro…

p. 390
28Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 2641 cita
[58]

por la edad del siglo. Era elocuente, garboso, manirroto. Tenía sus ideas. Volvió a España, anduvo por Italia, escribió libros de historia, crónicas de sus viajes. Pero su mente andaba divertida. Seguía pensando en El Dorado. Le hicieron adelantado, mariscal. Regresó a América. Fue gobernador de Cartagena. Pero su…

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