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Hecho histórico · Regeneración · 1886–1929

Ley 55 de 1905 y la disolución de los resguardos indígenas del Caribe

La Ley 55 de 1905, sancionada por la Asamblea Nacional Constituyente de Rafael Reyes, transfirió las tierras de los antiguos resguardos indígenas a los municipios para su remate a particulares, despojando jurídica y materialmente a las comunidades zenúes de Córdoba y Sucre de sus territorios comunitarios y consolidando el latifundio ganadero en el Caribe colombiano. Aunque el despojo venía gestándose desde el siglo XVIII, la ley le dio su forma jurídica definitiva y estructuró el conflicto agrario de la región durante todo el siglo XX.

Ley 55 de 1905 y la disolución de los resguardos indígenas del Caribe
25 de abril de 1905
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
25 de abril de 1905
Dónde
Córdoba, Sucre, Costa Caribe, Bogotá, San Andrés de Sotavento, Chinú, Chima, Río San Jorge, Río Sinú, Cartagena de Indias
Protagonistas
Rafael Reyes, Luis López de Mesa, Juana Julia Guzmán, Asamblea Nacional Constituyente de 1905, Comunidades zenúes de San Andrés-Mexión, Chinú y Pinchorroy, Hacendados y jefes políticos locales de la Costa Atlántica, Familia Ospina Vásquez
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Proceso secular de descomposición de los resguardos coloniales desde el siglo XVIII, impulsado por el latifundismo, la economía monetaria y las ventas de tierra autorizadas por la Corona, que dejó a las comunidades indígenas en situación de extrema vulnerabilidad territorial antes de 1905.
  2. Consenso bipartidista republicano en torno a la extinción de la propiedad comunitaria indígena: liberales y conservadores coincidieron durante el siglo XIX en que los resguardos eran un obstáculo al mercado de trabajo libre, al desarrollo manufacturero y al proyecto de construcción nacional basado en el mestizaje y la asimilación.
  3. Articulación del proyecto autoritario-modernizador de Reyes con los intereses de las clases poseedoras —hacendados y jefes políticos locales—, que encontraron en la Asamblea Constituyente nombrada por el ejecutivo el instrumento para legislar sin oposición parlamentera.
  4. Ideología del mestizaje republicano que negaba la persistencia indígena como sujeto colectivo diferenciado, concibiendo la propiedad comunal como lastre incompatible con la nación que las élites criollas querían construir.
  5. Estructura de poder político regional articulada en redes hacendiles que controlaban los cabildos municipales, convirtiendo al municipio —receptor de las tierras bajo la Ley 55— en el eslabón donde se consumaba la apropiación privada.
25 de abril de 1905Ley 55 de 1905 y la disolución de los resguardos indígenas del Caribe

Consecuencias

  1. Transferencia masiva de tierras de resguardo a hacendados y jefes políticos locales con capacidad económica e influencia política, consolidando el latifundio ganadero extensivo en las sabanas del Sinú y el San Jorge en Córdoba y Sucre.
  2. Conversión de los comuneros zenúes en terrajeros y arrendatarios de las haciendas que ocupaban sus antiguas tierras comunitarias, obligados a pagar con trabajo el derecho a permanecer en ellas desde los años veinte del siglo XX.
  3. Despojo jurídico de la existencia colectiva del pueblo zenú como sujeto territorial: al extinguirse el resguardo en el papel, la comunidad perdió su lugar en el ordenamiento legal republicano, quedando la personalidad jurídica reconocida por la Ley 89 de 1890 como cascarón sin suelo.
  4. Consolidación de un conflicto estructural por la tierra en Córdoba y Sucre que precedió y condicionó la llegada de guerrillas y paramilitares en la segunda mitad del siglo XX, con la hacienda ganadera como eje organizador de las relaciones sociales y políticas regionales.
  5. Genealogía jurídica de larga duración que conecta el despojo de 1905 con las reivindicaciones étnicas y territoriales zenúes tras la Constitución de 1991, cuando el Estado se vio obligado a reconocer como pueblo indígena a una comunidad que la Ley 55 había declarado inexistente.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La Ley 55 de 1905 es el instrumento jurídico fundacional del despojo indígena en el Caribe colombiano: no inauguró la violencia sobre los resguardos, pero le dio su forma legal definitiva y estructuró el régimen agrario de Córdoba y Sucre durante todo el siglo XX. Su importancia radica en que permite trazar una genealogía continua entre la política indigenista del Quinquenio, el latifundio ganadero de los años veinte, el conflicto armado de finales del siglo y las reivindicaciones territoriales zenúes posteriores a 1991, revelando cómo una ley de redacción administrativa puede operar como acta de defunción de un pueblo y como acta de nacimiento de un orden social violento.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Ley 55 de 1905 y la disolución de los resguardos indígenas del Caribe

El 25 de abril de 1905, la Asamblea Nacional Constituyente convocada por Rafael Reyes sancionó una ley breve, de redacción administrativa, que ordenaba transferir a los municipios las tierras de los antiguos resguardos indígenas para que las remataran a particulares como si fueran baldíos. La Ley 55 de 1905 no inventó el despojo —los resguardos venían siendo desmantelados desde el siglo XVIII— pero le dio su forma jurídica definitiva en la costa Atlántica. Sobre los zenúes de las sabanas de Córdoba y Sucre, y en particular sobre el antiguo resguardo colonial de San Andrés-Mexión, Chinú y Pinchorroy, la ley operó como acta de defunción: al reclasificar las tierras comunitarias como propiedad municipal rematable, cerró la puerta legal a la existencia del pueblo zenú como sujeto territorial y abrió la de las grandes haciendas ganaderas que, desde entonces, definirían la fisonomía agraria del Caribe. Su sombra alcanza hasta 1991, cuando la nueva Constitución obligó al Estado a reconocer lo que la Ley 55 había borrado.

El resguardo zenú antes de 1905: tres siglos de erosión

El resguardo que la Ley 55 desmantelaría había sido creado casi tres siglos antes. En 1611, el visitador Juan de Villabona y Zubiaurre concedió el resguardo de tierras para los caseríos de San Andrés-Mexión, Chinú y Pinchorroy —lo que hoy corresponde a San Andrés de Sotavento, Chinú y Chima—, agrupando bajo una misma unidad territorial a poblaciones zenúes que hasta entonces habían estado bajo régimen de encomienda. La encomienda de San Andrés-Mexión había pasado sucesivamente por Rodrigo Méndez de Montalvo, su hijo Andrés y su nieta Ana Vitalina de Fuentes entre 1580 y 1649, y culminaría, tras la última encomienda del marqués de Villa Alta, con el paso del pueblo a la Real Corona.

El título fue confirmado por Jacinto de Vargas Campuzano en 1675 y ratificado nuevamente por el gobernador Roque de Quiroga en 1773. Estos tres actos —1611, 1675, 1773— constituyen el andamiaje documental sobre el cual los zenúes fundaron durante siglos su derecho a la tierra, y al cual regresarían en el siglo XX para probar que existían. La institución del resguardo, en su lógica colonial, sustituía la encomienda por el corregidor de indios como receptor del tributo destinado a la Corona, organizando a los nativos dentro de un territorio de propiedad comunitaria. Pero esa propiedad colectiva cargaba desde su origen con una fractura: concentraba en una misma unidad a poblaciones de distintos orígenes y tradiciones, y los indígenas así reunidos no se resignaban a la pérdida de sus tierras originarias.

Desde el siglo XVIII, en paralelo al remate de baldíos a particulares, comenzó un ataque sistemático contra los resguardos: se redujeron sus extensiones y se concentraron varios en uno solo —generalmente en tierras de menor calidad y alejadas de los centros urbanos— para vender las áreas desocupadas. La institución venía en descomposición bajo la presión conjunta del latifundismo, la economía monetaria y las ventas de tierra que la propia Corona autorizaba. Cuando terminó el dominio colonial, esa descomposición no se detuvo: se aceleró.

La genealogía republicana del despojo

Uno de los rasgos más notables del siglo XIX colombiano fue la coincidencia entre grupos sociales, partidos e ideologías opuestos en materia de legislación sobre resguardos. Liberales y conservadores, federalistas y centralistas, radicales y regeneradores mostraron un fervor semejante por la extinción del régimen comunitario, aunque discreparan en casi todo lo demás. La ideología liberal concebía la propiedad colectiva como obstáculo al desarrollo de las manufacturas, al mercado de trabajo libre y al comercio; los conservadores compartían, con distinto ropaje, el mismo horizonte de asimilación. La política indígena oficial, desde el período republicano temprano hasta los años sesenta del siglo XX, buscó incorporar a los indígenas a la población general mediante mezcla biológica y asimilación cultural, y la propiedad comunal era vista como un lastre en ese proyecto de construcción nacional.

El proceso culminó hacia mediados del siglo XIX. La mayoría de los resguardos fueron expropiados y sus tierras tendieron a quedar en manos de terratenientes y élites no indígenas, empujados por la voracidad latifundista, la presión de colonos y mestizos, y un Estado de criterio fiscalista. La descomposición generó una masa de indígenas desposeídos que, junto a otros campesinos sin tierra, se incorporaron como peones, aparceros y arrendatarios al servicio de los terratenientes bajo diferentes sistemas de producción.

La Ley 89 de 1890, promulgada por los conservadores entonces en el poder, frenó parcialmente esa disolución. Reconoció a las parcialidades indígenas como personas jurídicas con cabildo propio, declaró inembargables e imprescriptibles las tierras de resguardo y sometió su eventual división al cumplimiento de un procedimiento reglado. Sobre ese armazón, los pueblos indígenas conservaban un asidero legal para resistir la extinción. Ese equilibrio duraría apenas quince años. La Ley 55 de 1905 operó por una vía distinta y complementaria: en lugar de tocar directamente el régimen de la Ley 89, reclasificó las tierras de los antiguos resguardos coloniales como propiedad de los municipios, autorizados a rematarlas al modo de los baldíos. La personalidad jurídica de la comunidad quedaba en pie, pero sin territorio sobre el cual ejercerla; los títulos coloniales que la Ley 89 había asumido como fundamento del régimen especial dejaban de producir efectos frente al remate municipal. El reconocimiento comunitario de 1890 sobrevivió como cascarón sin suelo.

El Quinquenio: un régimen a medida del despojo

La Ley 55 no puede entenderse sin el régimen que la sancionó. El Quinquenio de Rafael Reyes (1904–1909) fue una dictadura de carácter autoritario-modernizador. Reyes había disuelto el Congreso legítimo y lo había reemplazado por una Asamblea Nacional Constituyente nombrada por él mismo, con representación de dos conservadores y un liberal por departamento. Esa misma Asamblea, en 1905, extendió su período presidencial hasta el 31 de diciembre de 1914.

El proyecto de Reyes articuló los intereses de las clases poseedoras —hacendados en primer lugar— con el Estado central, y resolvió así el divorcio que había existido entre el partido Conservador nacionalista y esas clases, comprometiéndolas en acciones concretas de gobierno. Su política de reorganización territorial dividió los departamentos existentes para debilitar a los caudillos regionales y centralizar el poder ejecutivo; entre las nuevas unidades creadas figuraron Nariño, Atlántico y Valle. Bajo la misma lógica, el gobierno promovió la expansión del ferrocarril de Santa Marta hasta Fundación —95 kilómetros que permitirían disparar la exportación bananera del Caribe.

La legislación agraria de esos años funcionó como sistema, y conviene leerla como partitura antes que como catálogo. La Ley 55 cedía las tierras de los antiguos resguardos a los municipios para su remate. La Ley 56 del mismo año condicionaba el otorgamiento de títulos de baldíos a colonos a que los terrenos estuvieran previamente explotados, y consagraba al cabildo municipal como intermediario obligado en las solicitudes de cesión de baldíos a poblaciones. La Ley 25 de 1908 acentuaría el manejo centralista de la administración de las tierras baldías. Vistas en conjunto, las tres normas dibujan una arquitectura donde el Estado central fija las reglas, el municipio administra el remate y el hacendado con capital e influencia adquiere la tierra.

En el lenguaje del régimen, la división territorial buscaba impedir que el poder se refugiara en las grandes haciendas y entre los propietarios terratenientes. En la práctica costeña ocurrió lo contrario: la Ley 55 puso a disposición de esos mismos propietarios el mayor botín territorial disponible.

El mecanismo: cómo funcionó la Ley 55

El artificio jurídico era simple. Los antiguos resguardos —incluidos aquellos con títulos coloniales confirmados en varias oportunidades, como el de San Andrés-Mexión— eran declarados extinguidos y sus tierras transferidas a los municipios respectivos, que quedaban facultados para rematarlas. Con esa operación, las tierras comunitarias zenúes de Córdoba y Sucre pasaron a ser tratadas como baldíos, es decir, como tierras sin dueño legítimo. La existencia de títulos de origen colonial no era un obstáculo: la ley simplemente los ignoraba, y la aritmética del remate público hacía el resto.

Las tierras rematadas quedaron en manos de hacendados y jefes políticos locales con mucha capacidad económica e influencia política. No era casualidad. En las primeras décadas del siglo XX en la Costa Atlántica, el poder político regional estaba articulado en redes de base hacendil: el gamonal articulaba sus intereses con letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, conformando poderes locales con los que el Estado central se vio obligado a negociar. El municipio, encargado por la Ley 55 de administrar el remate, era precisamente el escalón donde esas redes concentraban su fuerza. El cabildo municipal —que la Ley 56 investía como interlocutor privilegiado ante la Nación en materia de tierras— era, en las sabanas del Sinú y el San Jorge, el instrumento cotidiano de los mismos hombres que iban a comprar.

El resultado no fue una simple redistribución de propiedad: fue una recomposición completa del régimen agrario. Las sabanas del río San Jorge y el Sinú, que ya albergaban actividades ganaderas desde mediados del siglo XIX, vieron consolidarse tras 1905 un latifundio ganadero de escala regional. La ganadería extensiva transformó la fisonomía de la Costa Atlántica. A ello contribuyó una lógica económica adicional: la escasez de mano de obra en la costa dificultaba el desarrollo de proyectos de agricultura comercial, pues el alto costo relativo del trabajo —agravado por la competencia de obras públicas, exploración petrolera y navegación fluvial— ponía en desventaja esa actividad frente a la ganadería, que requería menos trabajadores. Un latifundio con pocas reses y grandes extensiones era, en el Caribe de las primeras décadas del siglo XX, la forma más rentable de aprovechar la tierra recién adquirida.

Los zenúes bajo la ley: de comuneros a terrajeros

Sobre las comunidades zenúes de San Andrés de Sotavento, Chinú, Sampués y Tuchín, la Ley 55 tuvo un efecto doble. Por un lado, las despojó materialmente de sus tierras comunitarias, que pasaron al remate y de allí a manos de los grandes propietarios de la región. Por otro, y quizá más grave a largo plazo, las despojó jurídicamente de su existencia como pueblo: si el resguardo dejaba de existir en el papel, el sujeto colectivo que lo habitaba dejaba también de tener sitio en el ordenamiento legal republicano.

Los zenúes desposeídos siguieron habitando las mismas tierras, pero bajo un estatuto radicalmente distinto. Desde los años veinte del siglo XX, las grandes haciendas tabacaleras y ganaderas de Córdoba y Sucre aglutinaban a la población campesina e indígena como terrajeros o arrendatarios. El terraje —la obligación de trabajar para el hacendado a cambio de acceso a una parcela— convirtió al comunero en peón adherido a la hacienda. El indígena que hasta hacía una generación había sido copropietario colectivo de su tierra pasaba a pagar con trabajo el derecho a permanecer en ella. Ese conflicto estructural por la tierra, sembrado por la Ley 55 y consolidado en los años veinte, precedería la llegada de guerrillas y paramilitares medio siglo después.

La incursión de familias antioqueñas sobre haciendas de Córdoba —los Ospina Vásquez sobre Marta Magdalena, Santa Helena y Cañaflecha desde 1920— añadió un ingrediente adicional. La colonización antioqueña introdujo elementos de modernización en la estructura hacendataria de Córdoba, dándole una configuración sociodemográfica algo diferente a la de Sucre y Bolívar, sin reemplazar del todo las relaciones sociales tradicionales. El resultado fue una hacienda de propietarios ausentes con administradores locales, población zenú convertida en fuerza de trabajo adscrita, y una red de poder político-hacendil que unía Montería con Bogotá.

Ideología y coartada: mestizaje, degeneración, progreso

La Ley 55 no fue solo un acto de despojo material; fue también la traducción jurídica de una manera de imaginar la nación. Para las élites criollas de principios del siglo XIX, el mestizaje era percibido como un proceso precario, y las razas negra e indígena eran vistas como amenazas al proyecto de construcción de una nación basada en valores occidentales. El mestizaje fue más un proyecto central del siglo XIX que una realidad acabada, asociado al tipo de nación que la élite criolla quería construir. El indio, como sujeto colectivo con tierras propias y régimen legal diferenciado, era incompatible con la nación que se quería.

Esa gramática se prolongó y endureció hacia el cambio de siglo. Desde finales del XIX, ciertos discursos presentaban a los indígenas como sujetos que debían ser conducidos hacia la civilización, la ciudadanía y la productividad a través de misiones y colonias agrícolas. Cuando la Ley 55 ya llevaba trece años en vigor, el debate racial dio un paso más explícito: en 1918, el médico Miguel Jiménez López abrió la discusión sobre la "degeneración racial" en Colombia con la tesis "Nuestras razas decaen"; el psiquiatra Luis López de Mesa respaldó esa lectura, y como salida se propuso la inmigración de poblaciones del norte para "regenerar" la sangre colombiana. Lo que en el XIX había sido un ideal de asimilación se convertía, en la posguerra del Quinquenio, en diagnóstico patológico.

El argumento económico-liberal se solapaba con esta gramática racial. Los resguardos eran presentados como obstáculo al desarrollo de manufacturas y a la libre disposición de la fuerza de trabajo, al mantener al indígena atado a la posesión forzosa de la tierra sin posibilidad de venderla. Los latifundistas promovieron la supresión de los resguardos no solo para apoderarse de la tierra sino para forzar a los indígenas a vender su fuerza de trabajo en las haciendas a salarios reducidos, construyendo para ello el estereotipo del "indio perezoso" que había que obligar a trabajar. Rafael Uribe Uribe, en el otro extremo del arco político, propuso una política de incorporación productiva de las tierras baldías y de frontera a partir de la asimilación de la población indígena, apoyándose en Darwin y resaltando el vasto mestizaje de la población para contrariar las teorías de superioridad blanca. La divergencia era sobre el método, no sobre el destino: la desaparición del indio como sujeto colectivo era el horizonte común.

Los propios zenúes intuyeron con precisión la lógica del asunto. La destrucción del resguardo era percibida por ellos como condición de la desaparición de la raza, pues la colectividad indígena proporcionaba la seguridad y resistencia necesarias dada la precariedad de sus medios de producción y su posición desprotegida en la sociedad moderna. Perder el resguardo no era perder unas hectáreas: era dejar de existir como pueblo.

El contraste andino: por qué el Cauca resistió lo que el Caribe no pudo

La aplicación de la Ley 55 sobre las comunidades zenúes tuvo una intensidad que no encontró equivalente exacto en los resguardos andinos, y la comparación ilumina las razones. Las provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, se beneficiaron de un relativo aislamiento geográfico —barreras cordilleranas, cañones y ríos— que permitió a sus resguardos resistir con mayor éxito las presiones de disolución republicana. Las sabanas de Córdoba y Sucre, planas y accesibles, no ofrecían refugio equivalente.

A la geografía se sumó la política institucional regional. La Legislatura del Cauca se opuso a la política nacional de división de resguardos hasta 1886, cuando la nueva Constitución modificó el marco. Esa resistencia institucional protegió parcialmente los resguardos andinos de la disolución formal, aunque no impidió la invasión de tierras por colonos blancos. En la Costa Atlántica no existió contrapeso legislativo equivalente: los poderes locales que hubieran podido oponerse eran precisamente los interesados en el remate.

A esa geografía protectora se sumó una tradición andina de resistencia legal organizada, aliada muchas veces con sectores del liberalismo regional, que combinó protesta, dilación en los tribunales, resistencia pasiva y negociación política. Los guambianos no obtuvieron el título completo de sus tierras hasta 1966, tras décadas de usurpaciones por parte de familias blancas que establecieron haciendas sobre su resguardo; el dato mide bien la lentitud del pulso, pero también su persistencia. Nada de eso —o mucho menos de eso— tuvieron los zenúes en 1905. La geografía costeña era hospitalaria para el latifundio ganadero; el aparato político-hacendil regional era homogéneo en su apetito por la tierra; la Ley 55 aplicó con eficacia porque encontró el terreno preparado.

Resistencia soterrada: títulos enterrados y viajes a Bogotá

Que la ingeniería jurídica de 1905 fuera eficaz no significa que fuera absoluta. Bajo la fachada de la desaparición jurídica, los zenúes conservaron una memoria territorial obstinada. Un comunero guardó clandestinamente un título colonial enterrado debajo de su cama, en una lata, por temor a que los "blancos" se lo quitaran si lo sacaba a la luz. La imagen resume medio siglo de resistencia silenciosa: el documento que probaba la existencia legal del pueblo debía ocultarse para no desaparecer con él. La preservación clandestina de los títulos respondía al miedo generado por la violencia terrateniente y a la negación de la existencia del pueblo zenú como pueblo originario, negación que también erosionaba el autorreconocimiento identitario de sus propios miembros.

Desde 1959, el líder zenú Feria viajó a Bogotá para defender los derechos del pueblo ante despachos presidenciales y ministeriales, gestionando entre otras cosas el rechazo al cobro ilegal del impuesto de catastro en un resguardo cuya existencia el Estado alternativamente ignoraba y gravaba. La gestión ilustra la paradoja legal en que la Ley 55 había dejado a los zenúes: eran cobrables como propietarios cuando convenía al fisco, e inexistentes como comunidad cuando reclamaban tierras.

Ese mismo año 1959, la Ley Segunda sobre economía forestal añadió una vuelta de tuerca al declarar los terrenos baldíos como zonas de reserva forestal, con lo cual afectó los territorios de posesión ancestral indígena sin titulación. Para comunidades que carecían de títulos vigentes tras el desmantelamiento de 1905, la reclasificación forestal era una segunda expropiación sobre la primera.

De 1905 a 1991: la larga duración del despojo

El régimen agrario que la Ley 55 consolidó marcó al Caribe colombiano durante todo el siglo XX. Las haciendas ganaderas de Córdoba y Sucre, con su población de terrajeros y arrendatarios, fueron el escenario donde se libraron —desde los años veinte— las luchas campesinas costeñas: las de Juana Julia Guzmán, las expresiones locales de la quintinada liderada por Manuel Quintín Lame en clave más andina, y más tarde el movimiento por la recuperación de tierras que atravesó los años sesenta y setenta.

En las décadas finales del siglo, esa estructura agraria heredada estalló como conflicto armado, y lo hizo sobre el mismo mapa que la Ley 55 había dibujado. Las guerrillas se instalaron en Córdoba, Sucre y Bolívar apoyándose en el reservorio de campesinos sin tierra que el régimen hacendil venía produciendo desde los remates de 1905. Su presencia detonó la formación de grupos paramilitares dirigidos inicialmente por Fidel Castaño Gil, cuya expansión coincidió con el interés de los mismos ganaderos herederos de aquel régimen por proteger la tierra acumulada. La violencia paramilitar en Córdoba durante 1976-1990 golpeó asentamientos campesinos y persiguió a líderes agrarios precisamente donde las disputas por la tenencia se remontaban, línea directa, a los remates municipales.

Las masacres y el desplazamiento forzado que siguieron completaron, un siglo después, la operación iniciada en 1905: si la ley había vaciado el resguardo por vía administrativa, la violencia vació ahora las veredas por vía armada, sobre los mismos territorios estratégicos —el Nudo del Paramillo, los Montes de María, La Mojana, los valles del Sinú y el San Jorge, la hidroeléctrica de Urrá, Cerromatoso, el oleoducto Coveñas— cuyo control seguía definiendo la economía regional. El desplazamiento no fue un episodio: fue una temporalidad. En los Montes de María se sostuvo con intensidad alta entre 1997 y 2003, sin remitir; en el sur de Córdoba, Urabá y Chocó dibujó una curva de dientes de sierra —pico en 1997 y 1998, descenso en 1999-2000, nuevo repunte en 2001-2002— que trazaba, en cada oscilación, el mapa de la disputa por lo que quedaba del botín de las tierras rematadas casi un siglo antes.

La restitución del sujeto borrado: 1991 y después

La Constitución de 1991 fue, entre muchas cosas, la respuesta tardía del Estado colombiano a lo que la Ley 55 había hecho ochenta y seis años antes. El nuevo texto incorporó el reconocimiento del carácter pluriétnico y multicultural de Colombia y consagró derechos territoriales explícitos para las comunidades indígenas. Para los zenúes, ese reconocimiento significaba la restitución de una existencia jurídica que la ingeniería legal del Quinquenio había suprimido: podían, otra vez, ser un pueblo ante la ley.

Sectores del indigenismo colombiano habían preparado ese momento desde antes. En los años cuarenta, el Instituto Indigenista Colombiano se había aliado con Quintín Lame y con comunidades del Cauca y el Sibundoy en defensa de los resguardos, en oposición a posiciones como la de Sergio Elías Ortiz, que favorecía la división. La recuperación de tradiciones ancestrales indígenas en los años previos a 1991 tuvo un carácter político deliberado de reivindicación identitaria y produjo efectos positivos para los pueblos indígenas tras la nueva Constitución.

El reconocimiento constitucional no cerró la disputa: la reabrió en otros términos. La aplicación de políticas derivadas del reconocimiento pluriétnico añadió un ingrediente más a las disputas sobre territorios y recursos entre diferentes sectores de la sociedad. En reuniones posteriores, actores zenúes invocarían los títulos coloniales de 1611, 1675 y 1773 como fundamento de legitimidad superior a los títulos republicanos, y sostendrían que la Constitución de 1991 obligaba a clarificar dichos títulos coloniales, algo que, según los propios comuneros, no se había hecho efectivamente. Ya bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, los zenúes argumentarían que el Plan de Desarrollo requería consulta previa; ante la imposibilidad de realizarla en el plazo disponible, la Presidencia propuso crear una comisión, sin que ese cauce derivara en definiciones sustantivas. La línea de la disputa, sin embargo, es nítida: un pueblo que la Ley 55 declaró inexistente vuelve a exigir, con títulos coloniales bajo el brazo, lo que le fue quitado por decreto.

Por qué sigue importando la Ley 55

La Ley 55 de 1905 fue mucho más que un detalle técnico del derecho agrario colombiano. En un mismo instrumento se combinaron una ideología asimilacionista de larga duración, compartida por liberales y conservadores, que veía en la propiedad comunal indígena un obstáculo a la nación mestiza; un oportunismo latifundista estructural, encarnado en las redes hacendiles de Córdoba, Sucre y Bolívar; y la ingeniería territorial de un régimen autoritario que buscaba articular las clases poseedoras con el Estado central. La reclasificación de las tierras zenúes como baldíos y la consiguiente invisibilización jurídica del pueblo no fue nombrada como proyecto racial en la letra de la ley, pero eso importa poco: aplicada sobre comunidades que, a diferencia de las andinas, carecían de aislamiento geográfico, de contrapesos institucionales regionales y de una tradición documentada de resistencia legal organizada, la norma produjo exactamente el efecto que su arquitectura permitía anticipar.

Durante casi noventa años, el Estado colombiano pudo afirmar que en el Caribe no había indígenas —solo campesinos, terrajeros, jornaleros de hacienda— porque una ley de 1905 lo había establecido así. El resurgimiento zenú posterior a 1991, con sus cabildos reactivados y sus títulos coloniales exhumados de las latas enterradas bajo las camas, no es una invención identitaria ni un oportunismo de nuevo cuño: es la restitución de un sujeto jurídicamente borrado, la reaparición de un pueblo que la ingeniería legal del Quinquenio había expulsado del ordenamiento sin lograr expulsarlo del territorio. Entender la Ley 55 es entender por qué esa restitución era necesaria, y por qué sigue, un siglo después de su sanción, sin haberse completado.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

44 documentos · 54 fragmentos
01Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 25, 502 citas
[1]las encomiendas sucesivas de Rodrigo Méndez de Montalvo, su hijo Andrés y su nieta Ana Vitalina de Fuentes (1580-1649), hasta la última del marqués de Villa Alta en el siglo XVIII, cuando el pueblo se declaró de la Real Corona. El respectivo resguardo de tierras —para tres caseríos, de 56 a 85 mil hectáreas de…p. 50
[39]el desprestigio indígena que éstos hacían. Recordemos la opinión del cacique Pedro Jerónimo Dignases, que cuando el presidente Pedro Nel Ospina le preguntó en el Palacio de la Carrera si ellos eran liberales o conservadores, respondió: "Cuando subieran los conservadores somos soberanos conservadores; cuando subieran…p. 25
02Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 691 cita
[2]extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…p. 69
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2282 citas
[3]normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…p. 228
[4]normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…p. 228
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
[5]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…p. 13
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 49, 522 citas
[6]conocedor del asunto, Las élites criollas de principios del XIX percibían aún el mestizaje como un proceso precario, que no alcanzaba, ni mucho menos, a menguar la otra percepción que se tenía de las razas negra e indígena como amenazas y obstáculos reales al proceso de construcción de una nación fundamentado en los…p. 52
[21]gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…p. 49
06Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1531 cita
[7]histórico, logró la constitución y el reconocimiento de resguardos de origen colonial y republicano, principalmente en las regiones Caribe y Andina. Si bien los pueblos indígenas contaban con estos títulos, casi en su totalidad fueron ocupados por hacendados y colonos. Esto también sucedió en territorios que no…p. 153
07El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 52, 1832 citas
[8]y antes de cumplirse los cinco años de que habla el art. 2.°». De este modo el problema indio en la República se convierte en el problema de la supervivencia o desaparición del resguardo. A través de toda la República se observa una extraor- dinaria frecuencia en la expedición de leyes y decretos encaminados a…p. 183
[33]histórico, no dicho claramente en estas lamentaciones pero existente en todas ellas, y es la firme convicción de que a la destrucción del resguardo seguirá inevitablemente la desaparición de la raza, pues 53 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa destruyendo la colectividad indígena, que le proporciona la seguridad y la…p. 52
08Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 21, 482 citas
[9]indígenas acudían a vender su fuerza de trabajo para cubrir los tributos con el salario obtenido; la economía monetaria empezó a introducirse en estos núcleos de economía natural y las ventas de tierra por la Corona a partir del siglo XVIII y el robo descarado de ellas por los terratenientes vecinos fueron reduciendo…p. 48
[10]y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…p. 21
09Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1981 cita
[11]to forcibly extract a tribute in the form of labour, gold, or other products from a certain number of indigenous people from within a given geographic area. In exchange the colonizer was responsible for converting them to Catholicism and teaching them Spanish. The encomendero had property rights over the labour of the…p. 198
10Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 2331 cita
[12]r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge en la cual no existe la propiedad individual territorial, y sí la posesión colectiva de las tierras. Está íntimamente unida a la economía familiar agrícola. Los resguardos cultiva- ban en régimen de indivisión de la propiedad, las tierras que constituyeran su respectivo territorio.…p. 233
11Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 501 cita
[13]1810, the system became, if anything, more repressive: legislation and judicial rulings autho - rizing the sale of resguardo lands legitimized their expropriation by outsiders, often achieved through violence. 5 A great deal of land was lost in this way. The dominant ideology of the era, enacted into law, facilitated…p. 50
12Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 51 cita
[14]had tried to put down the Panama revolt without success, was able to gain the presidency in 1904 by calling for a program of na- tional restoration. Once installed, he quickly adopted authoritarian meas- ures to create a dictatorship known as the Quinquenio that endured until 1909. 10 Historians find the Quinquenio a…p. 5
13Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1741 cita
[15]modificaci ó n del sistema electoral, ordenando que en toda elecci ó n donde hubiera tres o m á s curules (las de concejos y Congreso) el partido minoritario deb í a obtener parte de é stas. El presidente, admirador del mexicano Porfirio D í az, promovi ó el desarrollo econ ó mico, impulsando obras para el comercio…p. 174
14¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 741 cita
[16]les Benjamín Herrera y Rafael Uribe Uribe- y al priorizar la recuperación económica del país por encima de las viejas disputas partidistas, bajo el lema de "menos política y más administración". El propósito de Reyes se logró impulsando una serie de reformas económicas para desarrollar la industria, las comunicaciones…p. 74
15Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1141 cita
[17]el restablecimiento de la pena de muerte, el fortalecimiento del Ejecuti- vo, el confesionaliemo, la eduración organizada conforme alos dogmas de la religión católica. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 con frguraron el neevo arden, El liberalismo empezó a padecer los rigores de la discriminación; desespe…p. 114
16When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 653 citas
[18]has penned an imaginative account of the language Reyes might have used in explaining his actions: At the Threshold of aNew Age Compadre, such are the things of life. Some make you smile, some make you angIy, most make you sad and a very few bring happiness. You will remember that when I went to congress for the first…p. 65
[19]has penned an imaginative account of the language Reyes might have used in explaining his actions: At the Threshold of aNew Age Compadre, such are the things of life. Some make you smile, some make you angIy, most make you sad and a very few bring happiness. You will remember that when I went to congress for the first…p. 65
[20]has penned an imaginative account of the language Reyes might have used in explaining his actions: At the Threshold of aNew Age Compadre, such are the things of life. Some make you smile, some make you angIy, most make you sad and a very few bring happiness. You will remember that when I went to congress for the first…p. 65
17Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2051 cita
[22]sa- gacidad, resolvió el divorcio existente entre el partido dominante, el Nacio- nal (o conservatismo nacionalista), y las clases poseedoras, colocándose abiertamente al lado de estas últimas, consultándolas permanentemente y comprometiéndolas en acciones con- cretas. Al referirse a Reyes como go- bernante,…p. 205
18Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 1791 cita
[23]sidente y designado (el vicepresidente González Valencia había renunciado el 9 de marzo de 1905 por "falta de armonía entre el primer man- datario y el destinado a reemplazarlo", como dijo en su mensaje de retiro). También suprimió el Consejo de Estado y reformó la Constitución al disponer que el período presidencial…p. 179
19Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 2461 cita
[24]by intransigent Conservatives) Reyes re- solved to name Herrera minister of war. Although Reyes abandoned this initiative at the insistence of a delegation of retired Conservative army officers and the pleadings of Jose Manuel Marroquin and Arch- bishop Bernardo Herrera, Benjamin Herrera continued to support the…p. 246
20Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 301 cita
[25]por Pepe Sierra, consuegro y amigo personal de Reyes, y aunque no tuvo los resultados esperados, durante el periodo se ocupó de la política monetaria, administró las finanzas guber- namentales, corrigió los déficits presupuestales e hizo posible el pago de la deuda externa. En cuanto al Ministerio, adelantó lo…p. 30
21Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 531 cita
[26]vial. 3. Reiteró, como condición para otorgar a los colonos títulos de baldíos, el que los terrenos solicitados estuvieran explota- dos previamente y en la proporción fijada por la ley. 4. Ordenó a los concejos municipales “inscribir en el catastro de la propiedad raíz los baldíos que no hayan sido cultiva- dos, cuyas…p. 53
22El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 561 cita
[27]J. Parsons, "Spread of African Pasrure Gra.sses ro the American Tropics", }ourna/ of Rang< Managmzent 25 (1972); Brew, El desarrollo económico, 179-181. "Comraloría, Geagrafia...,Antioquia, 137; Diego Monsalve, Colombia cafiura (Bogotá: Artes Gráficas, 1927); Brew, El desarrollo económico, 181. " B. Le Roy Gordon,…p. 56
23Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 361 cita
[28]Santander, palos de tinte en la costa Atlántica, y caucho en el Caquetá, Vichada y Putumayo y en me - nor escala en To lima. Pero por su base demográfica y por su im- pacto en definir las grandes regiones colombianas del siglo xx, las colonizaciones decisivas habrían de ser las del café, muy identifi- cadas con el…p. 36
24La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2641 cita
[29]ilegítimas o éticamente censurables. Algunos empresarios también están aprovechando el contexto de violencia para especular con el precio de la tierra o 482 CNMH, Buenaventura: Un puerto sin comunidad, 235. 265 C AP Í TU LO 3. Auschwitz como impulso para pensar el caso colombiano acceder a los territorios adecuados…p. 264
25La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 34, 4382 citas
[30]armados que han aparecido y desapare- cido en la región, pero cuya presencia los ha perpetuado en la memoria de la colectividad. El Departamento de Córdoba recibió durante muchas décadas un flujo importante de colonizadores antioqueños y de la costa Caribe, quienes le dieron una configuración socio-demográfica un poco…p. 34
[54]institucional, especialmente las muje- res campesinas y las comunidades indígenas, y posteriormente los reinsertados de la guerrilla, que optaron por desarrollar proyectos productivos agropecuarios. Algunos sectores campesinos de los tres departamentos continuaron la lucha por la tierra; la persecu- ción contra sus…p. 438
26Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 1551 cita
[31]Entre las zonas pobladas del extenso territorio colombiano, los departamentos de la costa sobresalían por contar con la más baja densidad dem o gráfica. Las restricciones en la oferta de trabajo podrían explicar el temprano surgi miento de una mano de obra asalariada en la región, com o lo ha expuesto Fais Borda. Tal…p. 155
27Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1801 cita
[32]fue el Teatro Municipal de Bogotá, entre mayo y octubre de 1920, con la “famosa discusión de las razas”. Desde 1918, Miguel Jiménez López, médico conservador de Boyacá, abrió la polémica en el Tercer Congreso Nacional de Médicos con la tesis “Nuestras razas decaen”. Decadencia sustentada en “la inferioridad…p. 180
28Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1331 cita
[34]arrendatarios y les estaba vedado residir en los resguardos por no ser indios puros. Pero como muchas veces sucede, se le halló escape a la ley, y como lo muestra el caso de Soatá, muchos individuos que no eran indios entraron a vivir en los pueblos indígenas y a arrendar la tierra de los resguardos. Obsérvese, no…p. 133
29Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 2071 cita
[35]Beneficencia y las asociaciones de caridad privadas. Con la medida propuesta, cesaría del todo el germen de individualidades inhá- biles que sólo dan al mundo, generación por generación, seres inútiles, enfermizos y dispuestos á vivir a expensas de los sanos y trabajadores: seres para los cuales son indiferentes el…p. 207
30Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3751 cita
[36]del país apenas habría unos treinta mil nativos. Sin embargo, ar- gumentaba que las 2/3 partes de la na- ción eran habitadas por diversos gru- pos indígenas. «La población cristiana posee apenas una reducida porción de la parte central de esa enorme área lla- mada Colombia: casi toda la circun- ferencia está en manos…p. 375
31Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 801 cita
[37](CNMH, CV, entrevista hombre Zenú, 2017, 30 de octubre). La vio- lencia terrateniente de años anteriores y la negación de la existencia de un pue- blo originario, tuvo, además, impactos en términos del autorreconocimiento: Y, entonces, a través de ir, llevarle y dialogar, decirle que era para un bien de los indígenas,…p. 80
32Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 271 cita
[38]proceso de!" años, con muchas di fi cultades y alti- bajos, y un futuro que de ningún modo está despejado. El proceso de los años $" comenzó con la lucha por la tierra y la utilización de un instrumento organizativo muy propio: los cabildos indígenas. 1. Los cabildos: eje político – organizativo La inclusión, a manera…p. 27
33A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 1022 citas
[40]eran campesinos rasos, para mi sorpresa se levantó un personaje y muy solemne pidió la palabra no para aclararme a mí su punto de vista, sino para hacer una sonora declaración pública. Dijo así: “Lo que pasa, doctor, es que sobre estas tierras hay un título colonial que está por encima de todos los demás que, sin ser…p. 102
[41]eran campesinos rasos, para mi sorpresa se levantó un personaje y muy solemne pidió la palabra no para aclararme a mí su punto de vista, sino para hacer una sonora declaración pública. Dijo así: “Lo que pasa, doctor, es que sobre estas tierras hay un título colonial que está por encima de todos los demás que, sin ser…p. 102
34Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
[42]provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…p. 5
[43]provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…p. 5
35Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1151 cita
[44]más importante durante la Colonia y la primera parte de la República, marcó el curso de los pueblos indígenas. Es- tos debieron soportar en buena medida el peso del hundimiento 172 Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú, Primera parte, p. 173. 173 González, Margarita (1979). El resguardo en el Nuevo Reino de Granada.…p. 115
36La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 831 cita
[45]El titulo estableció los límites, pero esto fue después de que los blancos ya habían usurpado parte de su territorio. La oposición de la Legislatura del Cauca a la política nacional de la división de los resguardos continuó hasta 1886, cuando se aprobó una nueva Constitución. Esta Constitución, con modificaciones,…p. 83
37Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1121 cita
[46]con la reconstrucción histórica de las dinámicas pobla - cionales de los yanaconas hecha por Sodemman y otros, “una nieta de Huáscar, Pascuala Inca, casada con un español de apellido Salazar trajo a los pueblos yana, yanacona y anacona al macizo” (Sodemann, 2014, p. 21). Debido a la temprana pérdida de la lengua por…p. 112
38Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 2511 cita
[47]los diferentes grupos. Entre los indigenistas de entonces, Ochoa menciona de manera especial a Sergio Elías Ortiz, quien se coloca en posición antagónica a sus contemporáneos, pues “Desafortunadamente se afianza en las posiciones individualistas del gamonalismo territorial dominante en los departamentos del Cauca y…p. 251
39Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 1561 cita
[48]contenido específico: 1) el reconocimiento del carácter pluriétnico y multicultural de la sociedad colombiana, con el cual se reafirma la concepción li- beral, hegemónica, de la autodeterminación de los individuos con voluntad política en la Constitución de la nación colombia- na y, 2) la incorporación explícita de…p. 156
40La alteridad radical que cura. Neochamanismos yajeceros en ColombiaAlhena Caicedo-Fernández · 2015 · p. 1721 cita
[49]los indios hasta ese momento. En Colombia, desde décadas atrás, el ejercicio de convertir la lucha indígena en una demanda política consciente y organizada estuvo influido en buena medida por la participación de antropólogos. Colaboradores y solidarios, su compromiso político tenía varios matices y objetivos. Pero más…p. 172
41Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 571 cita
[50]cultivos de coca en el Guaviare, el sur del Meta y Caquetá. Más tarde llegaron al Valle del Cauca, el Cauca y otras áreas del Tolima, así como a algunas 58 Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico regiones de la costa Caribe, como los alrededores de la Sierra Ne- vada de Santa Marta y…p. 57
42El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2531 cita
[51]legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…p. 253
43El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2531 cita
[52]legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…p. 253
44Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1581 cita
[53]de abandono de tierras por desplazados han sido: 1. Alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta, en La Guajira, Cesar y Magdalena. La pérdida de tierras comenzó en 1998 y aumentó hasta llegar a ser alta en Magdalena en 2002 y en Cesar en 2003. 2. Región de Perijá y Catatumbo, en Cesar y Norte de Santander. En…p. 158