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Hecho histórico · Seguridad Democrática · 2002–2016

El escándalo de la parapolítica

Entre 2006 y 2010, la justicia colombiana demostró que una parte sustancial de la clase política había pactado con las AUC para ganar elecciones, controlar territorios y apropiarse de recursos públicos. El escándalo llevó al arresto de 65 congresistas y expuso la captura paramilitar del Estado regional y local durante dos décadas.

El escándalo de la parapolítica
2006–2010 (con antecedentes desde 2000)
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
2006–2010 (con antecedentes desde 2000)
Dónde
Córdoba, Sucre, Magdalena, Cesar, Caldas, Antioquia, Bogotá, Santa Fe de Ralito (Tierralta, Córdoba), Chivolo (Magdalena), La Merced (Caldas), Barranco de Loba, Pivijay (Magdalena)
Protagonistas
Álvaro Uribe Vélez (presidente de Colombia 2002–2010), Salvatore Mancuso (jefe paramilitar AUC), Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40 (jefe paramilitar AUC, Caribe), Álvaro Alfonso García Romero (senador de Sucre, condenado por vínculos con AUC), Álvaro Araújo Castro (senador de Cesar, condenado en 2010), Eleonora Pineda (representante a la Cámara por Córdoba), Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán (comandante paramilitar en Antioquia), Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez (jefe paramilitar, Pacto del Tambor), Gustavo Petro (representante del Polo Democrático, impulsor de debates parlamentarios), Iván Cepeda (político y defensor de derechos humanos), Luis Carlos Restrepo (alto comisionado de paz del gobierno Uribe), Jorge Noguera Cotes (director del DAS, investigado por vínculos con Jorge 40)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La expansión militar de las AUC hasta alcanzar aproximadamente 30.000 hombres en 2001 les permitió controlar territorialmente decenas de municipios, recaudar impuestos, impartir justicia y garantizar resultados electorales mediante coacción.
  2. La proliferación de partidos y movimientos habilitada por la Constitución de 1991 ofreció una arquitectura legal ideal para vestir con etiquetas electorales candidaturas construidas sobre dominio armado.
  3. Las élites políticas regionales preexistentes —familias, jefes de partido, ganaderos y comerciantes— pactaron voluntariamente con los paramilitares para conservar o ampliar su poder, firmando acuerdos como el Pacto de Ralito (2001), el Pacto de Chivolo (2000), el Pacto de Pivijay (2001) y el Pacto del Magdalena (2002).
  4. El proyecto paramilitar fue financiado desde el narcotráfico y concebido con vocación de expansión desde la región Caribe hacia el conjunto del Estado colombiano, convirtiendo la captura electoral en un instrumento de captura presupuestal y contractual.
  5. La Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005) y la Sentencia C-370 de 2006 de la Corte Constitucional, al exigir verdad plena desde la primera versión libre como condición para la pena alternativa, obligaron a los comandantes desmovilizados a nombrar a sus socios civiles, abriendo el caudal de revelaciones judiciales.
  6. La incautación del computador de alias Don Antonio por la Fiscalía, con los contactos entre Jorge 40 y políticos, y su publicación parcial por la Revista Semana en septiembre de 2006, detonaron el escándalo público.
2006–2010 (con antecedentes desde 2000)El escándalo de la parapolítica

Consecuencias

  1. Arresto de 65 congresistas elegidos en 2006 por vínculos con grupos paramilitares, con condenas efectivas para aproximadamente 60 investigados, entre ellos el exsenador Álvaro Araújo Castro (9 años y 3 meses, 2010) y el exsenador Álvaro Alfonso García Romero.
  2. 43 congresistas renunciaron a sus curules para trasladar sus casos de la Corte Suprema a la Fiscalía, revelando la percepción de que el tribunal era riguroso e independiente políticamente.
  3. Tensión institucional severa entre la Presidencia de Uribe y la Sala Penal de la Corte Suprema, agravada por el escándalo del DAS, cuyo director Jorge Noguera Cotes fue investigado por vínculos con Jorge 40 y por presunta participación en el homicidio del sociólogo Alfredo Correa de Andréis.
  4. Visibilización judicial de la captura del Estado: se demostró que las AUC habían diseñado listas al Congreso, sectorizado electoralmente el territorio y penetrado la contratación pública en salud, servicios y obras en departamentos como Magdalena, Córdoba, Sucre y Cesar.
  5. El proceso de desmovilización generó grupos sucesores —bandas criminales— que continuaron exportando cocaína y cometiendo violaciones a derechos humanos, y muchos desmovilizados retornaron al delito.
  6. La Ley de Justicia y Paz mostró sus límites estructurales: tras diez años de vigencia (evaluación de 2017), solo produjo 47 sentencias contra 195 postulados (8% de los aspirantes) y apenas el 6% de los montos de reparación fue cubierto con bienes de los victimarios.
  7. En varios departamentos, el capital electoral de los condenados simplemente fue transferido a familiares o allegados, preservando las redes de influencia regional dentro de las mismas familias políticas.
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La clave interpretativa

Por qué importa

La parapolítica fue el momento en que la captura del Estado dejó de ser una hipótesis académica y se convirtió en un expediente judicial: demostró que el paramilitarismo no fue solo un fenómeno militar sino un proyecto político de largo alcance, financiado por el narcotráfico y construido en alianza voluntaria con élites regionales que usaron la violencia para blindar su poder electoral y presupuestal. El escándalo tensó hasta el límite la relación entre el ejecutivo uribista y la Corte Suprema, puso a prueba la independencia judicial y reveló que la Constitución de 1991, al democratizar la participación política, también había ofrecido los instrumentos para su captura sistemática. Sus efectos sobre la representación política, la reparación a las víctimas y la reconfiguración del poder regional siguen siendo materia de disputa institucional décadas después.
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Desarrollo histórico

La historia completa

El escándalo de la parapolítica

Entre 2006 y 2010, Colombia asistió a la evidencia judicial de que una parte sustancial de su clase política había pactado, votado y gobernado en sociedad con los ejércitos privados que durante dos décadas masacraron campesinos, desplazaron aldeas enteras y traficaron cocaína. No fue una sospecha ni una hipótesis académica: fue un rastro de sentencias, versiones libres, computadores incautados y pactos escritos que, entre las elecciones legislativas de 2006 y el fin del segundo mandato de Álvaro Uribe Vélez, llevaron al arresto de 65 congresistas, comprometió a gobernadores, alcaldes y concejales de al menos cuatro departamentos del Caribe y del noroccidente, y tensó hasta el borde de la ruptura la relación entre la Presidencia, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia y el Departamento Administrativo de Seguridad. El escándalo mostró, con nombres propios, que las Autodefensas Unidas de Colombia no solo habían controlado militarmente decenas de municipios: habían participado en el diseño de listas al Congreso, en la sectorización electoral del territorio y en la contratación pública. La parapolítica fue el momento en que la captura del Estado dejó de ser una figura del debate y se convirtió en un expediente judicial abierto.

El mundo del que brota: Ralito, Chivolo y la arquitectura del pacto

El escándalo tuvo un punto de origen documentable. El 23 de julio de 2001, en el corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta (Córdoba), jefes paramilitares de las AUC —entre ellos Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40— se reunieron con gobernadores, congresistas, alcaldes, concejales y ganaderos de Sucre, Córdoba, Cesar y Magdalena para firmar un acuerdo que se proponía, en sus propias palabras, "refundar el país" y "construir una nueva Colombia". El Pacto de Ralito no fue una improvisación ni un gesto retórico: fue la formalización de un proyecto político financiado desde el narcotráfico y con vocación de expandirse desde la región Caribe hacia el conjunto del Estado colombiano. La Corte Suprema de Justicia, años después, describiría lo ocurrido en Ralito como un acuerdo consciente y voluntario entre jefes de las autodefensas y la clase dirigente regional para conservar, consolidar o adquirir el poder político.

Ralito no fue el único pacto. Un año antes, en 2000, en el municipio de Chivolo (Magdalena), Jorge 40 había suscrito con candidatos locales el acuerdo que dio vida al movimiento Provincia Unida por una Mejor Opción de Vida, plataforma electoral con la que las AUC organizaron su influencia en el Magdalena. En 2001 se firmó el Pacto de Pivijay; en 2002, el Pacto del Magdalena; en 2006, en la vereda El Tambor de La Merced (Caldas), Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, participó en un encuentro en el que dos candidatos liberales al Congreso, Enrique Emilio Ángel Barco y Dixon Ferney Tapasco Triviño, negociaron la sectorización territorial de sus campañas. Hubo además pactos en Barranco de Loba y en decenas de puntos del país. Cada acuerdo tomaba el nombre del lugar donde ocurría, y cada uno resolvía un mismo problema: asignar municipios a candidatos específicos, garantizar votaciones concentradas y repartir el acceso al presupuesto público local y regional.

La operación se apoyó en dos condiciones estructurales. La primera fue militar: hacia 2001, las AUC alcanzaban aproximadamente 30.000 hombres armados distribuidos en bloques regionales que recaudaban impuestos, impartían justicia y controlaban territorios enteros. Salvatore Mancuso llegó a afirmar que el 35% del Congreso había sido elegido en zonas bajo dominio paramilitar. La segunda condición fue institucional: la Constitución de 1991, al permitir la proliferación de partidos y movimientos, ofreció una arquitectura ideal para vestir con etiquetas legales a candidaturas construidas sobre coacción armada. Colombia Democrática, Colombia Viva, Convergencia Ciudadana, Apertura Liberal, Alas Equipo Colombia, Cambio Radical: la lista de siglas que servirían de vehículo a la bancada paramilitar fue larga y, en su mayoría, aliada del gobierno entrante en 2002.

La desmovilización y la brecha por donde entró la verdad

En julio de 2003, en el mismo Ralito donde dos años antes se había firmado el pacto refundacional, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez y las AUC —con el alto comisionado de paz Luis Carlos Restrepo como interlocutor— suscribieron el acuerdo que comprometía a los paramilitares a desmovilizar la totalidad de sus miembros. Entre 2003 y 2006 se desmovilizaron más de treinta mil combatientes en un proceso que encontró en la Ley 975 de 2005 —conocida como Ley de Justicia y Paz— su marco central. La ley diseñó un modelo de justicia transicional con penas alternativas de entre cinco y ocho años para los desmovilizados que cumplieran ciertos requisitos.

El modelo, tal como fue concebido inicialmente, era generoso con los victimarios. La Sentencia C-370 de 2006 de la Corte Constitucional lo modificó de manera decisiva: sin declararlo inexequible, endureció los requisitos y estableció que los paramilitares debían decir toda la verdad desde su primera versión libre si aspiraban al beneficio de la pena alternativa. Esa exigencia, unida a decisiones de la Corte Suprema que fortalecieron los derechos de las víctimas, transformó las salas de versión libre en un dispositivo inesperado de revelación. Los comandantes desmovilizados, obligados a hablar bajo pena de perder rebajas, empezaron a nombrar a sus socios civiles.

Al inicio, la estrategia de los jefes paramilitares fue autorrepresentarse como protagonistas legítimos de una guerra —no como criminales— y construir una imagen políticamente presentable. Pero la propia dinámica del proceso los obligó a nombrar aliados. Que la Ley de Justicia y Paz haya rendido, tras diez años de vigencia, apenas 47 sentencias contra 195 postulados —el 8% de los aspirantes— y que solo el 6% de los montos de reparación se cubriera con bienes de los victimarios, no debe ocultar lo que sí produjo: material judicial suficiente para que la Sala Penal de la Corte Suprema iniciara la persecución más sistemática que la clase política colombiana hubiera enfrentado en su historia.

El computador, las primeras revelaciones y la elección de 2006

El detonante público llegó por dos vías. La primera fue la incautación, por parte de la Fiscalía General de la Nación, del computador de alias Don Antonio, en el que aparecían los contactos entre Jorge 40 y una nómina de políticos. Fragmentos de esa información fueron publicados por la Revista Semana en septiembre de 2006 y estallaron como escándalo político nacional. La segunda vía fueron las declaraciones que los propios paramilitares comenzaron a hacer a los medios antes incluso de sus versiones libres, y las primeras confesiones en el marco de Justicia y Paz.

El terreno estaba abonado. Las elecciones legislativas y presidenciales de marzo y mayo de 2006 habían sido el escenario en el que varios partidos purgaron sus listas de candidatos señalados, aunque muchos fueron reciclados en otras siglas y terminaron elegidos. El Polo Democrático, a través de Gustavo Petro, impulsó debates parlamentarios sobre los vínculos entre congresistas y paramilitares. Las denuncias, que al principio circularon en el ámbito político y periodístico, adquirieron otra dimensión cuando la Sala Penal de la Corte Suprema acogió las acusaciones, abrió investigaciones formales y ordenó las primeras detenciones.

En noviembre de 2006 fueron arrestados tres congresistas. El escándalo, hasta entonces contenido en las páginas editoriales, se convirtió en crisis institucional. Durante 2007 se alcanzó el máximo punto de revelaciones que comprometían simultáneamente a políticos, empresarios y militares con el paramilitarismo, en una espiral que amenazaba con producir una crisis nacional sin precedentes. Las investigaciones tocaron a concejales, alcaldes, gobernadores y a aproximadamente el 30% del Congreso.

Los casos: Sucre, Cesar, Antioquia y la geografía de la captura

El mapa judicial fue, sobre todo, un mapa regional. En Sucre, Álvaro Alfonso García Romero —concejal de Sincelejo, alcalde de Ovejas, diputado, tres veces representante a la Cámara y tres veces senador— fue condenado por la Corte Suprema por sus vínculos con las autodefensas. Su trayectoria encarnaba una carrera política construida por completo desde una región donde, según sentencia de la Corte de enero de 2012, las AUC llegaron a cooptar totalmente el poder público emanado de alcaldías y gobernaciones en Córdoba y Sucre, "fruto de un acuerdo consciente y voluntario orientado a conservar, consolidar o adquirir el poder político".

En Cesar, la Corte Suprema condenó en marzo de 2010 al exsenador Álvaro Araújo Castro a nueve años y tres meses de prisión, tras encontrar que había conspirado con Jorge 40 para ganar escaños en el Congreso en las elecciones de 2002. El caso Araújo tuvo peso simbólico adicional: su hermana, María Consuelo Araújo, era canciller de Uribe cuando estalló el escándalo, y renunció al cargo por la investigación abierta contra su hermano.

En Córdoba, Eleonora Pineda —candidata a la Cámara por el Movimiento Popular Unido en 2002— obtuvo votaciones notoriamente altas y concentradas en municipios donde los grupos paramilitares ejercían control hegemónico, con porcentajes elevados en localidades donde ya no había violencia visible precisamente porque el dominio ilegal estaba consolidado. La ausencia de disputa armada, lejos de indicar normalidad democrática, era el síntoma de que la elección ya estaba resuelta.

En Antioquia, la geografía política se transformó aceleradamente a partir de 1997. La izquierda electoral prácticamente desapareció y una nueva generación de políticos irrumpió con capitales construidos en zonas como Urabá o el Bajo Cauca. El comandante Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán, aportó dos mil millones de pesos a candidatos que aspiraban a distintas corporaciones públicas antioqueñas. Otros nombres —como el senador Mario Uribe Escobar, primo del presidente— fueron señalados en investigaciones judiciales por haber buscado consolidar capital político con apoyo paramilitar, en el entramado de siglas como Alas Equipo Colombia, Cambio Radical o Colombia Democrática.

En Magdalena, el circuito organizado por Jorge 40 a través del Pacto de Chivolo produjo congresistas como Dieb Maloof y José Gamarra, elegidos con votaciones sectorizadas municipio por municipio. La red no se limitó al voto: en 2003, el grupo liderado por Jorge 40 constituyó una estructura que le permitió beneficiarse de la contratación estatal en áreas como la prestación de servicios de salud y el manejo de basuras. La captura del voto abría la puerta a la captura del presupuesto.

El común denominador importa. Los pactos no se firmaron entre paramilitares que llegaban de fuera e imponían candidatos a poblaciones inermes: se firmaron con élites políticas regionales preexistentes, con familias, con jefes de partido, con ganaderos y comerciantes. La homogenización política que produjo el paramilitarismo consistió, en buena medida, en que los mismos actores de siempre siguieran gobernando, ahora con un socio armado que eliminaba competidores y garantizaba resultados. Quién buscó a quién primero pesa menos que el resultado: una fusión funcional entre poder armado ilegal y clase dirigente civil que hizo indistinguibles, en amplias zonas del país, la contratación pública, la maquinaria electoral y la coacción armada.

La Corte Suprema en el centro

La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia se convirtió en el actor judicial que sostuvo la persecución. Su acción se nutrió de las versiones libres —muy precarias en su calidad probatoria, pero suficientes para abrir procesos— y de la información del computador de Jorge 40. El ritmo de las capturas dibuja la escalada. En noviembre de 2006 fueron arrestados los primeros tres congresistas. En febrero de 2008, cinco más. En marzo de ese mismo año, otros veintiséis. En julio de 2008 fue detenida Dilian Francisca Toro, expresidenta del Senado. Un total de 65 congresistas elegidos en 2006 terminaron bajo arresto por vínculos con paramilitares.

La respuesta de los implicados fue, en parte, procesal: 43 congresistas renunciaron a sus curules para que sus casos pasaran de la Corte Suprema —competente para juzgar a los aforados— a la Fiscalía General de la Nación, anticipando un proceso menos duro y penas más leves. La renuncia como estrategia de defensa reveló, entre otras cosas, la percepción de que la Corte era rigurosa y difícil de manejar políticamente.

Las condenas efectivas, sin embargo, fueron pocas en relación con el universo total de implicados. Cerca de sesenta investigados fueron condenados; la mayoría de las investigaciones permaneció en etapa preliminar, y la reparación a las víctimas por parte de los congresistas con nexos comprobados avanzó muy poco. Muchos de los procesados, mientras tanto, apoyaron a familiares o allegados en elecciones posteriores como estrategia para conservar la influencia política regional, de modo que en varios departamentos el capital electoral simplemente cambió de portador dentro de la misma casa.

El DAS: el Estado espiando al juez

Mientras la Corte perseguía a la parapolítica, el Departamento Administrativo de Seguridad —el organismo de inteligencia adscrito a la Presidencia— desarrollaba una red clandestina de espionaje ilegal contra magistrados, periodistas, opositores y defensores de derechos humanos. Uribe había nombrado como director del DAS a Jorge Noguera Cotes. Investigaciones y denuncias posteriores señalaron a Noguera de mantener vínculos con Jorge 40 y de haber entregado al jefe paramilitar información sensible, incluidas listas de sindicalistas y opositores. Noguera terminó investigado por presunta participación en el homicidio del sociólogo Alfredo Correa de Andréis; cuando se remitieron copias a la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema, se desempeñaba como cónsul de Colombia en Italia. En el DAS, según las mismas denuncias, se habrían borrado datos y expedientes relacionados con narcoparamilitares.

Las operaciones ilegales de inteligencia recibieron nombres codificados: Europa, Extranjeros, Canela, Imprenta, Transmilenio. Se ejecutaron con presupuesto estatal, con estructura jerárquica y con proyección internacional. Estaban dirigidas contra opositores del gobierno y contra quienes investigaban al gobierno. La Fiscalía General de la Nación calificaría después esa estructura como una red criminal articulada con grupos paramilitares al interior de la institución.

El caso más grave, por sus implicaciones para el orden constitucional, fue el espionaje al magistrado auxiliar Iván Velásquez, quien lideraba las investigaciones de la parapolítica en la Corte Suprema. El DAS interceptó sus comunicaciones, siguió sus movimientos y monitoreó sus contactos. Cuando en 2009 salieron a la luz los audios y detalles de las interceptaciones, el gobierno reaccionó primero minimizando el escándalo, presentándolo como conducta aislada de "manzanas podridas" o de exdetectives resentidos. Poco después, el presidente Uribe anunció la liquidación del DAS.

El espionaje alcanzó también a periodistas —entre ellos Daniel Coronell y Gonzalo Guillén—, quienes advirtieron que las interceptaciones coincidían con etapas de desprestigio público y amenazas contra ellos. La red no era un accidente burocrático: era un instrumento de guerra política y jurídica dirigido, en el corazón del ejecutivo, contra quienes investigaban al ejecutivo. Sobre este episodio pesarían más tarde procesos contra la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado y contra el secretario general de la Presidencia Bernardo Moreno, entre otros funcionarios.

La extradición del 13 de mayo de 2008

En la madrugada del 13 de mayo de 2008, aviones estadounidenses despegaron de bases colombianas con catorce jefes paramilitares desmovilizados a bordo. Entre ellos iban Salvatore Mancuso, Jorge 40, Diego Fernando Murillo alias Don Berna y otros once cabecillas. El gobierno colombiano levantó de manera repentina la suspensión de extradición que pesaba sobre ellos y los envió a responder ante la justicia estadounidense por narcotráfico. La justificación oficial de Uribe fue que los jefes paramilitares habían continuado delinquiendo desde la cárcel: tráfico de cocaína, manejo de depósitos de armas no entregadas, órdenes de asesinato.

La medida provocó una fractura inmediata en el proceso de Justicia y Paz. Los extraditados eran, precisamente, los principales aportantes de verdad sobre los vínculos entre paramilitares, políticos, empresarios y fuerzas de seguridad. Al enviarlos a Estados Unidos —donde serían juzgados por delitos de narcotráfico, no por crímenes de lesa humanidad—, se interrumpieron audiencias en curso y se cortó el hilo directo de la reconstrucción histórica. El gobierno prometió que los extraditados seguirían colaborando desde el exterior, pero la continuación de las audiencias resultó muy difícil por problemas logísticos y de voluntad política.

Las reacciones desde el otro lado del Atlántico confirmaron el daño. Salvatore Mancuso manifestó su intención de no seguir contribuyendo con Justicia y Paz, alegando violación de los términos legales del proceso y falta de garantías para su familia. Don Berna declaró no tener garantías para sí ni para los suyos, y al mismo tiempo propuso colaborar en los procesos de parapolítica a cambio de rebajas de pena ante los tribunales de Estados Unidos. Amnistía Internacional advirtió que, si los tribunales estadounidenses decidían no investigar a los catorce por violaciones de derechos humanos, la dimensión real de esas violaciones y sus vínculos con fuerzas de seguridad y políticos quedaría oculta.

La extradición fue leída, por críticos y víctimas, como una medida que privó al país del derecho a la verdad justo cuando esa verdad empezaba a comprometer a los aliados civiles del paramilitarismo. En clave internacional operó a dos bandas: se celebró como golpe antinarcóticos y se lamentó como interrupción del proceso de verdad, dos lecturas de signo contrario que convivieron sin cancelarse.

El choque de poderes y la coalición uribista

El período 2006–2010 se convirtió en el choque de poderes más agudo del ciclo uribista. En abril de 2008, la representante Yidis Medina se entregó para responder por haber favorecido, en 2004, la aprobación del acto legislativo que permitió la primera reelección presidencial a cambio de beneficios burocráticos. Fue condenada el 25 de junio de 2008 a tres años y medio de prisión. La yidispolítica, como se llamó el episodio, tocó directamente la legitimidad del segundo mandato de Uribe y abrió la vía a investigaciones contra ministros y funcionarios de la Casa de Nariño, entre ellos Sabas Pretelt de la Vega y Diego Palacio.

La combinación fue explosiva: la Corte Suprema procesaba a la bancada uribista por parapolítica; la misma Corte investigaba la compra de votos que había hecho posible la reelección; el DAS espiaba al magistrado que lideraba esas investigaciones; el gobierno respondía primero minimizando y luego anunciando reformas. Entre 2003 y 2004, el ejecutivo había intentado ya dos veces reformar la justicia para recortar las facultades de la Corte Constitucional; ambos proyectos fueron rechazados. En agosto de 2008, un ataque público de Uribe a la justicia desató controversia; un mes antes, en julio, Corte Suprema y gobierno intentaban restablecer un diálogo institucional que quedaba destrozado con cada ciclo noticioso.

En medio de la crisis, la popularidad presidencial no se erosionó de manera visible. Uribe mantuvo aprobaciones por encima del 70% durante su primer mandato y en los mediados de los 80 y bajos 90 durante buena parte del segundo. Algunos analistas lo describieron como el mandatario con mayor respaldo popular en las Américas. El escándalo que revelaba una captura sistemática del Estado no se tradujo en una crisis electoral para su coalición. Esa disociación —entre la evidencia judicial de captura y la aprobación pública del gobierno bajo el que ocurría la persecución y también la obstrucción— es una de las claves interpretativas del período.

Causas: por qué fue posible

Las causas estructurales anteceden por décadas al escándalo. Un Estado colombiano históricamente débil en la periferia; élites regionales que gobernaron sus departamentos como feudos con maquinarias clientelares consolidadas; una guerra contrainsurgente que en los años ochenta y noventa produjo grupos de autodefensa armados y financiados por ganaderos, comerciantes y sectores del narcotráfico, con tolerancia y en muchos casos colaboración de fuerzas de seguridad; una economía cocalera que inyectó recursos ilimitados a los ejércitos privados; y una Constitución de 1991 cuya pluralidad partidista, sin regulación efectiva del financiamiento electoral, se convirtió en oferta de siglas para candidaturas armadas.

Los detonantes coyunturales son más precisos. El proceso de desmovilización iniciado en Ralito en 2003, diseñado para desarmar a las AUC, terminó abriendo el archivo al obligar a los comandantes a hablar bajo la Ley 975. La Sentencia C-370 de 2006 endureció el requisito de decir toda la verdad. La incautación del computador de Don Antonio y la publicación de su contenido por Semana en septiembre de 2006 puso los nombres en la calle. Y la decisión de la Sala Penal de la Corte Suprema de acoger las acusaciones y ordenar detenciones transformó el escándalo mediático en proceso penal. Sin cualquiera de estos cuatro elementos, la arquitectura político-paramilitar podría haber permanecido invisible durante mucho más tiempo.

Hay una ironía estructural en el desenlace: el gobierno que negoció la desmovilización terminó siendo el que más recibió el impacto político de las revelaciones que esa desmovilización produjo. La parapolítica fue, en ese sentido, un efecto no previsto del proceso de paz con las AUC.

Consecuencias inmediatas y de largo plazo

En el corto plazo, la parapolítica reconfiguró el Congreso. Bancadas enteras de departamentos como Sucre, Magdalena, Cesar y Córdoba fueron judicializadas. Partidos y movimientos que habían servido de vehículo electoral —Colombia Democrática, Convergencia Ciudadana, entre otros— sufrieron desprestigio, algunos desaparecieron y otros se refundaron bajo nuevas siglas. La Sala Penal de la Corte Suprema consolidó una jurisprudencia sobre concierto para delinquir agravado y sobre la relación entre política y organizaciones armadas ilegales que se convirtió en referencia obligada.

En el mediano plazo, el DAS fue liquidado. La Fiscalía calificó su red de inteligencia ilegal como una estructura criminal articulada con grupos paramilitares al interior del Estado. Varios funcionarios de la seguridad y de la Casa de Nariño enfrentaron procesos. La relación entre la Presidencia y la rama judicial quedó marcada por una desconfianza que sobrepasó el fin del gobierno Uribe y se prolongó como tensión política en los años siguientes.

En el largo plazo, sin embargo, la captura territorial no fue desmantelada. Los grupos sucesores de las AUC —las llamadas bandas criminales o bacrim— continuaron cometiendo violaciones a derechos humanos y exportando cocaína, y muchos desmovilizados retornaron al delito. La red política se reprodujo mediante familiares, testaferros y allegados que reemplazaron en las urnas a los procesados. Las condenas efectivas fueron pocas frente al universo de implicados, la reparación a las víctimas fue mínima, y la extradición de mayo de 2008 truncó buena parte de la reconstrucción de la verdad. Diez años después de la Ley de Justicia y Paz, apenas el 8% de los postulados había sido sentenciado.

La parapolítica demostró que la captura del Estado en Colombia no fue un accidente ni un desvío, sino un modo de funcionamiento territorial en amplias zonas del país, sostenido por una alianza entre élites civiles y estructuras armadas ilegales, con complicidades en organismos de seguridad y protección política desde el nivel más alto. La respuesta judicial fue extraordinaria por su alcance —ningún país latinoamericano había procesado a semejante proporción de su Congreso por vínculos con grupos armados ilegales— pero operó sobre síntomas más que sobre causas, y su avance dependió de una Sala Penal a la que el propio Estado, mediante el DAS, estaba espiando.

Por qué sigue importando

La parapolítica dejó un archivo judicial —sentencias, versiones libres, documentos incautados— que permite hablar con precisión, y no en tono conspirativo, de la captura del Estado por actores armados ilegales aliados con élites civiles. Cuando hoy se discuten fenómenos análogos con otras estructuras armadas, ese archivo funciona como referencia y como advertencia metodológica: la captura no se demuestra con la sospecha sino con el pacto documentado.

También puso en tensión visible los límites del pacto entre justicia transicional y verdad. La Ley 975, la Sentencia C-370, la Corte Suprema, la extradición de mayo de 2008: cada pieza mostró que la relación entre desarme, verdad, justicia y reparación es un equilibrio inestable, y que un solo acto ejecutivo puede desbaratar años de reconstrucción. Esa lección informó los debates posteriores sobre el Acuerdo de La Habana y la Jurisdicción Especial para la Paz.

Y expuso —de manera inédita en la historia colombiana del siglo XX— la disposición de un ejecutivo a utilizar los aparatos de inteligencia del Estado contra los jueces que investigaban a su coalición. El espionaje al magistrado Iván Velásquez desde el DAS no fue un exceso burocrático: fue una ruptura del pacto democrático elemental de separación de poderes. Que ocurriera bajo un gobierno con aprobaciones populares superiores al 80% obliga a repensar la relación entre legitimidad electoral y erosión institucional, y muestra que la captura del Estado no siempre se hace contra la voluntad mayoritaria: a veces se hace con su indiferencia.

El escándalo de la parapolítica no cerró el capítulo. Lo abrió como expediente. Su archivo sigue produciendo sentencias, revelaciones y procesos años después del período que aquí se relata. Y su lección más incómoda persiste: en las regiones donde se firmaron los pactos, los mismos apellidos, las mismas casas políticas y las mismas maquinarias siguen definiendo, en muchos casos, quién gobierna. La forma cambió; la lógica, en amplias zonas del país, todavía no.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

45 documentos · 58 fragmentos
01Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1441 cita
[1]significativos de las AUC junto con más de 50 políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores cuyo último propósito no era otro que el refundar el Estado. El nombre viene del corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, y donde toman especial relevancia muchos nombres de la política…p. 144
02Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2271 cita
[2]violencia. 675 Entrevista 762 - VI - 00002. Lideresa social, mujer afrodescendiente, víctima d e desplazamiento forzado. 676 Entrevista 109 - VI - 00017. Periodista, testigo de homicidio. 677 Entrevista 811 - VI - 00004. Defensor de Derechos Humanos, víctima de amenaza y atentado al derecho a la vida. 227 El 23 de…p. 227
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1171 cita
[3]en este entramado de corrupción. Una pista para develar dicho entramado son los pactos electorales entre políticos regionales y jefes paramilitares en los municipios magdalenenses de Chivolo y Pivijay. En 2000 se suscribió el Pacto de Chivolo, que le dio vida el movimiento político de Jorge 40. El movimiento fue…p. 117
04Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 321 cita
[4]de las AUC en el Congreso colombiano. Para 2001, “las AUC quizá alcanzaron a tener treinta mil hombres armados a su disposición en distintos bloques” (Acemoglu, Daron y Robinson, James, 2012, página 444). Estos mismos autores relatan un hecho relevante en los términos del fenómeno que posteriormente se conocería como…p. 32
05Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 6471 cita
[5]del capitalismo implicó una serie de estrategias espaciales que son inseparables las unas de las otras. Es a partir de estas que se constituye la geografía del sistema mundial moderno, pues se trata de estrategias que son constitutivas de la espacialidad del capital.2 2 Entre éstas se pueden destacar el…p. 647
06A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 831 cita
[6]del senador y jefe del Partido Conservador Julio Manzur, Rodrigo Burgos de la Espriella; el ex alcalde de Chinú, Córdoba, y suplente a la Cámara de Represen- tantes, Luis Álvarez; el líder conservador, José de los Santos Negrete; el ex diputado conservador, Álvaro Cabrales Hodge; el director de la Corporación Autónoma…p. 83
07Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2551 cita
[7]influencia que el BCB llegó a tener en la esfe- ra del Congreso de la República no fue marginal, todo lo contrario, muestra el importante número de políticos relacionados con esta estructura paramilitar (y de paso con algunas otras que hacían presencia en estos departamentos). Se trata de la concreción del plan…p. 255
08La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 3091 cita
[8]en Santafé de Ralito. Diciembre Desmovilización del Bloque Calima (exclusión de Gordolindo). Noviembre AUC declara cese de hostilidades. Enero Inicio negociación política. Reconfiguración del Bloque Pacífico. 2002 2003 2004 310 LA GUERRA VINO DE AFUERA EL BLOQUE PACÍFICO EN EL SUR DEL CHOCÓ: UNA HERIDA QUE AÚN NO…p. 309
09Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 333, 3412 citas
[9]un cese al fuego unilateral, que este grupo d«e líderes de las auc aceptó mediante una carta dirigida al presidente Uribe, en la cual se acogían a esta exigencia a partir del 1 de diciembre de 2002. De inmediato el Gobierno nombró, pocas semanas más tarde, el 23 de diciembre, una Comisión Exploratoria de Paz que,…p. 333
[35]no dene ningún antecedente en América Ladna. En todo el condnente, con pocas excepciones, aunque enormemente significativas por el rango de las personas condenadas, como son los casos del expresidente Alberto Fujimori en el Perú y el expresidente Juan María Bondaberry en Uruguay, la clase política continental escapó a…p. 341
10Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · p. 51 cita
[10]fall below 10% in 2012 according to some analysts. The large, unregulated informal sector accounts for 50% to 60% of Colombian workers. Drug trafficking has helped to perpetuate Colombia’s conflict by providing earnings to both left- and right-wing armed groups. The two main leftist guerrilla groups are the FARC and…p. 5
11The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4421 cita
[11]the leftist populism of Pablo Escobar’s public rhetoric. Paradoxically, the consoli- dation of a narco-paramilitary political strategy happened just as the best-known paramilitary group, the Castaño brothers’ auc, publicly committed itself to demobi- lization. Between 2003 and 2006, the administration of President…p. 442
12¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1821 cita
[12]que también lo hicieran. Hubo dos decisiones judiciales clave que reforzaron esta actitud de los paramilitares. La primera de ellas fue la Sentencia C-370 del 2006, en la que la Corte Constitucional decla- ró exequible la Ley de Justicia y Paz, pero fortaleció los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de…p. 182
13Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1321 cita
[13]parecían tareas convergentes. Se politizaba la criminalidad de los paramilitares, asociándola al delito de sedición, y por consiguiente se la hacía negociable; mientras se criminalizaba a la insurgencia como “amenaza terrorista”, y su agenda se convertía en no negociable. En suma, se pueden destacar los siguientes…p. 132
14La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 1011 cita
[14]los desmovilizados retornaron al delito y se unieron a grupos mafiosos, generando una explosión de bandas criminales que todavía hoy afecta a grandes zonas del territorio. Finalmente, los procesos judiciales y la reparación de las víctimas contemplados en la Ley de Justicia y Paz fueron, a todas luces, ineficaces. Al…p. 101
15Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 721 cita
[15]del Es- tado, en la rama judicial y en los organis- mos de control. También han influido en la elección de cargos públicos en el nivel regional. De esta manera, la corrupción lo- cal que les sirvió de base para su llegada al Congreso ha podido, en algunos casos, re- troalimentar el poder y el control local. Al mismo…p. 72
16Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 261, 2672 citas
[16]contrincantes &%$. Fue así como, de la mano de la información del computador de “Jorge $) ” y de las declaraciones que hicieron los paramilitares a los medios antes de las versiones libres, se investigó por vínculos con el paramilitarismo a concejales, alcaldes, gobernadores, y a casi el +) % del Congreso. Las…p. 261
[50]excomandan- te del Bloque Élmer Cárdenas. Para dar cuenta del impacto que tuvieron las extradiciones en el cubrimiento del proceso de Justicia y Paz, a continuación daremos cuenta de cómo el énfasis que le dieron los medios a la voz del victimario determinó lo que se decía sobre el proceso y su &'* Verdad Abierta,…p. 267
17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 508, 5182 citas
[17]decenas de políticos, empresarios, militares, especialmente de la región Caribe, relacionados con pagos, apoyos electorales y contratos. El contenido se conoció parcialmente a través de la Revista Semana en septiembre de ese año y se convirtió en un escándalo político nacional. Esta era la tercera vez que la justicia…p. 508
[46]en los magistrados que investigaban la parapolítica. Ante este escenario, la primera reacción del Gobierno fue minimizar la gravedad de las denuncias e intentar presentarlas como acciones aisladas de «manzanas podridas» o como «exdetectives de esa entidad que que- rían hacerle daño al DAS». Cuando se divulgaron…p. 518
18Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 224, 2342 citas
[18]respecto al estatus penal de los paramilitares, otros elementos complicaron la situación. En efecto, la intervención de la Corte Suprema fue más allá de las condiciones de desmovilización y se centró en las redes que los paramilitares mantenían en el corazón del Estado. En las siguientes páginas exploramos este…p. 224
[49]internacional como un recurso para reforzar su poderío frente a los paramilitares. La amenaza de la extradición no fue el único recurso con el que contaba el Gobierno para hacer presión sobre los paramilitares. Desde cuando los jefes paramilitares depusieron las armas, fueron con fi nados en centros de reclusión. A…p. 234
19Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 801 cita
[19]de interés hacia la responsabilidad del Estado y, lo más importante, se comenzó a visibilizar a las víctimas como nunca antes había acontecido en nuestra larga confronta- ción armada (CNMH, 2012 -a). A las vicisitudes del proceso por cuenta de su poca legitimidad, a las polémicas sobre el marco jurídico para facilitar…p. 80
20La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 891 cita
[20]una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…p. 89
21Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 931 cita
[21]Suárez Mira, y los liberales Rubén Darío Quintero, Humberto Builes Correa y Mario Uribe Escobar, en su momento adscritos a empre- sas electorales como Alas Equipo Colombia, Cambio Radical o Colombia Democrática. Investigaciones judiciales apuntan a que estos jefes polí- ticos asentados en Medellín y su área…p. 93
22Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 160, 1642 citas
[22]la lista que encabezaba para el Senado a Luis Humberto Builes, el candidato de los “paras” para esta corporación; 2) permitirles representación en el Senado por un tiempo proporcional al número de votos que le pusieran; 3) gestionar proyectos para la zonas que controlaban y 4) participación del candidato que los…p. 164
[33]y ejes explicativos sobre el paramilitarismo en los informes del CNMH y en la producción académica fue un fenómeno exclusivamente “costeño” o “paisa”. También figuran departamentos como Tolima, Caldas, Norte de Santander y Boyacá. 4. Si bien las acciones judiciales emprendidas por la Corte Su- prema de Justicia, en…p. 160
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1261 cita
[23]y Mallorquín. El encuentro tuvo lugar en el sector de La Piscina, en la vereda El Tambor del municipio de La Merced. Participó el presidente de la Asamblea Departamental de Caldas, Ferney Tapasco González, así como los aspirantes a la Cámara de Representantes por el Partido Liberal Enrique Emilio Ángel Barco, Dixon…p. 126
24Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 234, 2392 citas
[24](63 %) (Arias & Acevedo, 2010a, p. 82). El gráfico 26 muestra la votación de Eleonora Pineda por concentración y dominio para el año 2002. Los municipios se discriminan por presencia armada de GAI. Resulta notorio cómo cinco de los municipios donde se presentó una votación alta tipifican como localidad sin presencia…p. 239
[26]eran élites regionales reconocidas en lo nacional y también por los niveles de intimidación que ejerció el paramilitarismo. Cualquier estudio de los resultados políticos nacionales vistos a través de los lentes de la política territorial, deben hacer un énfasis particular en los vínculos entre niveles de gobierno, y…p. 234
25Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9691 cita
[25]paramilitares para el desarrollo de campañas electorales y el ejercicio de cargos públicos y cargos de elección popular, logró penetrar en importantes sectores del Estado; fue muy impor- tante su incidencia en el ámbito local y regional, y también alcanzó niveles del poder central en la rama legislativa. Los grupos…p. 969
26Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 152, 2324 citas
[27]about links between paramilitaries and politicians. In addition to the three congressional members arrested in November 2006, five more were detained in February 2008 and another twenty-six in March 2008. In July 2008 Dilian Francisca Toro, the former president of the Senate, was also arrested, and a total of…p. 152
[28]about links between paramilitaries and politicians. In addition to the three congressional members arrested in November 2006, five more were detained in February 2008 and another twenty-six in March 2008. In July 2008 Dilian Francisca Toro, the former president of the Senate, was also arrested, and a total of…p. 152
[56]El Tiempo, February 29, 2008, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS - 3979495. 15. “Ataque de Uribe a la Justicia desata controversia,” Semana, August 14, 2008, http://www.semana.com/on-line/articulo/jueves-14-ataque-uribe-justicia-desata - controversia/94540- 3. 16. “La Corte Suprema y gobierno restablecen…p. 232
[57]El Tiempo, February 29, 2008, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS - 3979495. 15. “Ataque de Uribe a la Justicia desata controversia,” Semana, August 14, 2008, http://www.semana.com/on-line/articulo/jueves-14-ataque-uribe-justicia-desata - controversia/94540- 3. 16. “La Corte Suprema y gobierno restablecen…p. 232
27Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2911 cita
[29]fruto de un contu - bernio consciente y voluntario con la finalidad de conservar, consolidar o adquirir el poder político y en ese propósito se llegó a cooptar con las autodefensas el poder público que dimanaba de las diferentes alcaldías y gobernaciones cuyo control por parte del grupo ilegal armado fue total en los…p. 291
28Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 96, 1122 citas
[30]congreso del 2002 en zonas con influencia paramilitar I, II, II," 11 Septiembre 2005. [67] Semana, "Votaciones atí picas en las elecciones de congreso del 2002," 11 September 2005. Available at: http://www.semana.com/on - line/articulo/votaciones - atipicas - elecciones - congreso - del - 2002/74746 - 3 [68] Supreme…p. 112
[31]Noguera. Araújo Castro had become a congressman, but he remained more of a wildcard, one that would be fundamental if Jorge 40 wanted the traditional political class behind him. That is because, despite their politica l setbacks with regards to the Gnecco family, the Araújos were still important political patrons in…p. 96
29Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 3141 cita
[32]de Sucre y Alcalde del municipio de Sucre; el ex Senador y ex Representan- te a la Cámara José María Conde Romero; la ex Representante a la Cámara Muriel de Jesús Benitorrevollo Balseiro; el ex Senador Jairo Enrique Merlano Fernández; y el Diputado de la Asamblea departamental de Sucre Nelson Stamp Berrío, entre…p. 314
30Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1891 cita
[34]que los anteriores ejemplos, hasta dónde estaba dispuesto a ir el Gobierno en su afán por satisfacer sus propios intereses: magistrados de las Altas Cortes, periodistas y políticos de la oposición, académicos, intelec- tuales, fueron objeto de seguimientos ilegales por parte de agencias estatales para calumniarlos e…p. 189
31Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · p. 1461 cita
[36]Parapolftica un roceso... p~sar a manos de Ia justicia inte,rnaci~nal C JUdiCia·l· de caracter nacional que puede Pag. 15.. orporaCion Nuevo Area Iris. Bogota. 2009. 254. Ariel Avila. 294 Los senadores Despues de las capturas la gran mayoria de los parapoliticos apo- yaron en las elecciones siguientes a familiares o…p. 146
32Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1501 cita
[37]Inteligencia, DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), Uribe nombro a su amigo Jorge Noguera Cote, amigo este mismo del sanguinario cabecilla narcoparamilitar Rodrigo Tovar Pupo alias 'Jorge 40', y a quien Noguera entregaba datos secretos y daba listas de sindicalistas y opositores del gobierno para ser…p. 150
33Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1501 cita
[38]Inteligencia, DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), Uribe nombro a su amigo Jorge Noguera Cote, amigo este mismo del sanguinario cabecilla narcoparamilitar Rodrigo Tovar Pupo alias 'Jorge 40', y a quien Noguera entregaba datos secretos y daba listas de sindicalistas y opositores del gobierno para ser…p. 150
34El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 2132 citas
[39]copias de la investigación a la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia en Bogotá para que investigara la presunta participación de Jorge Noguera —cónsul en Italia para ese momento— en el homicidio de Alfredo Correa de Andréis. El procedimiento penal aplicable a la investigación reconocía a la parte civil…p. 213
[40]copias de la investigación a la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia en Bogotá para que investigara la presunta participación de Jorge Noguera —cónsul en Italia para ese momento— en el homicidio de Alfredo Correa de Andréis. El procedimiento penal aplicable a la investigación reconocía a la parte civil…p. 213
35La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1281 cita
[41]número de personas, entre las que se encuentran periodistas y defensores de derechos humanos de varios países. Las operaciones Europa, Extranjeros, Canela, Imprenta y Transmilenio se llevaron a cabo por parte de una red de inteligencia establecida al interior del DAS bien estructurada, jerárquica, interinstitucional,…p. 128
36El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1482 citas
[42]Nacional e Internacional (GONI) que reemplazó al G 3 en sus actividades (Gallón, 2013). 149 Víctimas y organizaciones de derechos humanos en busca de incidir en la satisfacción del derecho a la justicia y la implementación de un modelo de justicia transicional (2005–2012) de actividades “ofensivas” contra las personas…p. 148
[43]Nacional e Internacional (GONI) que reemplazó al G 3 en sus actividades (Gallón, 2013). 149 Víctimas y organizaciones de derechos humanos en busca de incidir en la satisfacción del derecho a la justicia y la implementación de un modelo de justicia transicional (2005–2012) de actividades “ofensivas” contra las personas…p. 148
37Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 101 cita
[44]“parapolitics” scandal in 2006 that exposed links between illegal paramilitaries and politicians, especially prominent members of the national legislature. Subsequent scandals that came to light during Uribe’s tenure included the “false positive” murders allegedly carried out by the military (primarily the Colombian…p. 10
38La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · p. 1061 cita
[45]otros fenó- menos agresivos que incidían sobre el periodismo y sobre la socie- dad local y nacional. No se debe dejar de mencionar la actitud del Presidente Álvaro Uribe Vélez en contra de defensores de derechos 106 La palabra y el silencio humanos y de algunos periodistas, como lo ocurrido a Gonzalo Guillén, a quien…p. 106
39Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 1071 cita
[47]paramilitares En la madrugada del 13 de mayo de 2008, y de manera sorpresiva, el Gobierno colombiano levantó la suspensión de extradición de los líde - res paramilitares desmovilizados (incluidos Salvatore Mancuso, Jorge 40, Don Berna, y once cabecillas más) y ordenó su traslado inmediato a Estados Unidos. La gráfica…p. 107
40Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 4301 cita
[48]de la fuerza pública fueron necesarios para el traslado de los 58 paramilitares» detenidos en La Ceja a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí. El ministro del Interior, Carlos Holguín, dijo que se iban a fugar y por eso la súbita movida. Además explicó que seguían delinquiendo desde la cárcel. No obstante, y aunque…p. 430
41«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 341 cita
[51]Justicia. De este modo, la dimensión real de las violaciones de derechos humanos cometidas a lo largo de los años por los paramilitares, así como el papel fundamental desempeñado por las fuerzas de seguridad, funcionarios públicos y destacadas personalidades de la política y del mundo empresarial en estos delitos,…p. 34
42Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4832 citas
[52]fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…p. 483
[53]fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…p. 483
43Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 2081 cita
[54]una situación crítica para el partido. Es, por el contrario, parte misma de la lógica de cómo funciona el partido dentro del sistema político actual. La U se creó como un partido que aglutinaba una coalición de políticos disidentes de los dos partidos tradicionales, principalmente liberales, con el propósito de…p. 208
44Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 401 cita
[55]representation of faith in the government and military, while provid- ing the international community with an apparent picture of stability. The polls are conducted across Colombia, and produce a quantitative measure of endorsement for state policies and programs. During President Uribe’s first term (2002–06), they…p. 40
45Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 1161 cita
[58]excluidas eran las de la penalización de la dosis personal y la extensión de periodos de alcaldes y gober- nadores. Véase Corte Constitucional, sentencia C-551 de 2003, M. P. Eduardo Montealegre. 41 Corte Constitucional, sentencia C-776 de 2003, M. P. Manuel José Cepeda. 116 Sebastián Rubiano Galvis Esas declaraciones…p. 116