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Ensayo · Transversal · —

El viraje del paramilitarismo colombiano

Entre 1981 y 2006, el paramilitarismo colombiano mutó de autodefensa reactiva a proyecto autónomo de reordenamiento territorial, financiero y político. Datar ese viraje no es un tecnicismo cronológico: cada fecha propuesta reparte responsabilidades distintas entre narcotraficantes, élites agrarias, mandos militares y clase política.

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El viraje del paramilitarismo colombiano
Actualizado 03 de agosto de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El viraje no ocurrió en una fecha única sino a lo largo de una fusión secuencial —MAS (1981), ACDEGAM (1984), alianza Rodríguez Gacha-Pérez (1984), ACCU (1995), AUC (1997)— en la que el narcotráfico no fue un añadido tardío sino un ingrediente constitutivo desde el origen. El resultado maduro fue una formación híbrida de soberanía en la que lógicas contrainsurgente-estatal, señorial-agraria y narco-empresarial se fusionaron de modo que cada una resignificó a las otras, escapando por igual a las categorías de contrainsurgencia estatal, mafia y autodefensa campesina. Datar el viraje es una operación política antes que historiográfica: cada fecha exculpa o compromete a actores distintos, desde los ganaderos del Magdalena Medio y el Batallón Bárbula hasta la clase política nacional de los años noventa.

La tensión

Tres lecturas se disputan el sentido del fenómeno. La primera lo entiende como estrategia contrainsurgente estatal que se autonomizó por contagio narco: el paramilitarismo nació de la doctrina de Seguridad Nacional y los patrullajes conjuntos desde 1982, y solo se torció cuando el dinero de la cocaína desbordó los controles institucionales, cargando la responsabilidad principal sobre las Fuerzas Militares y tratando al narco como agente corruptor externo. La segunda lo lee como actor autónomo desde el origen: la reunión de 1981 convocada por los Ochoa Vásquez, la compra masiva de tierras por Escobar y Rodríguez Gacha en el Magdalena Medio desde los años setenta, y la constatación de que en zonas como Puerto Triunfo la presencia guerrillera era marginal desmienten el relato defensivo y sitúan la responsabilidad en los carteles, con el Estado como cómplice pero no arquitecto. La tercera —la más productiva historiográficamente— lo describe como coproducción señorial de soberanía: élites regionales agrarias, narcotraficantes convertidos en terratenientes y agentes estatales de rango medio construyeron coaliciones que ejercían funciones del Estado sin ser el Estado, con su tolerancia, sus armas y a menudo sus uniformes, lo que desafía las dicotomías Estado/no-Estado y narco-violencia/violencia política. La tensión entre estas lecturas explica por qué la desmovilización pactada en Santa Fe de Ralito (2003-2006) fue cuestionada como desmonte real del aparato o como refundación pactada de una coalición que ya había capturado buena parte del país.

Temas
Narcotráfico y acumulación de tierrasDoctrina de Seguridad Nacional y contrainsurgenciaCaptura del Estado y élites regionalesDesmovilización paramilitar y Justicia y PazDesplazamiento forzado y despojo territorial
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Ensayo completo

La lectura

¿Cuándo dejó el paramilitarismo colombiano de ser lo que decía ser?

Entre la fundación del MAS en 1981 y la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia en 2006, el paramilitarismo colombiano dejó de ser lo que decía ser —una defensa reactiva de ganaderos contra el secuestro guerrillero— para convertirse en un proyecto autónomo de reordenamiento territorial, financiero y político, capaz de disputarle porciones de soberanía al Estado que lo había amparado. La pregunta por el momento exacto de esa mutación no es un tecnicismo cronológico: cada fecha propuesta reparte responsabilidades distintas entre narcotraficantes, élites agrarias, mandos militares y clase política, y determina si lo que se negoció en Santa Fe de Ralito fue el desmonte de un aparato armado o la refundación pactada de una coalición que ya había capturado buena parte del país. El viraje no ocurrió en una fecha, sino a lo largo de una fusión secuencial —MAS, ACDEGAM, alianza Rodríguez Gacha-Pérez, ACCU, AUC— en la que el narcotráfico no fue añadido tardío sino ingrediente constitutivo, y en la que el resultado maduro escapa por igual a las categorías de contrainsurgencia estatal, mafia y autodefensa campesina.

La pregunta y lo que se juega al responderla

Que el paramilitarismo cambió de naturaleza entre el Magdalena Medio de comienzos de los ochenta y los Montes de María de finales de los noventa es hoy terreno común. Lo que no está zanjado es cuándo dejó de ser una cosa y empezó a ser otra, y qué nombre darle a esa cosa nueva. Las respuestas disponibles no son inocentes.

Si el viraje ocurrió en diciembre de 1984, cuando fuerzas paramilitares al mando de Henry Pérez interceptaron un cargamento de cocaína de Gonzalo Rodríguez Gacha cerca de Puerto Boyacá y sellaron con él un pacto de protección de laboratorios a cambio de armamento, entonces el paramilitarismo se contaminó por acoplamiento con el narcotráfico y los ganaderos y militares que lo fundaron pueden reclamar una génesis limpia. Si ocurrió antes, con la reunión de 1981 convocada por los Ochoa Vásquez tras el secuestro de Marta Nieves por el M-19 —origen del MAS, Muerte a Secuestradores—, entonces la marca del narcotráfico está en la partida de nacimiento y la denuncia del procurador Carlos Jiménez Gómez en febrero de 1983, que identificó a 163 personas, 59 de ellas militares en servicio activo, deja de ser un episodio incómodo para volverse la evidencia de que la coalición fundacional ya mezclaba mafia, élites y Estado. Si ocurrió después, en 1997 con la conformación de las AUC o en julio de ese mismo año con la masacre de Mapiripán, entonces el proyecto contrainsurgente autónomo aparece como desenlace y las alianzas previas quedan como preparación.

Cada una de esas dataciones exculpa o compromete a actores distintos. La primera protege a los ganaderos de Puerto Boyacá y al Batallón Bárbula; la segunda los hunde. La tercera absuelve a la política nacional de los años ochenta y carga la responsabilidad sobre los noventa, cuando ya había alternancia democrática y no dictaduras contrainsurgentes. Datar el viraje es una operación política antes que un ejercicio historiográfico: no hay fecha neutral.

Los términos del debate

Tres lecturas se disputan el sentido del fenómeno, y ninguna es descartable de plano.

La primera lo entiende como estrategia contrainsurgente estatal que se autonomizó por contagio narco. El paramilitarismo nació de la Ley de Defensa Nacional y del Estatuto de Seguridad de 1978, encajó en la doctrina global de Seguridad Nacional, se materializó en las tácticas conjuntas del Ejército con civiles armados desde 1982 en el Magdalena Medio —patrullajes mixtos, escuelas de entrenamiento militar a cargo de oficiales y exoficiales— y solo se torció cuando el dinero de la cocaína desbordó los controles institucionales. La responsabilidad principal recae sobre las Fuerzas Militares y la doctrina de seguridad; el narco es agente corruptor externo.

La segunda lo lee como actor autónomo desde el origen, financiado por el narcotráfico. Aquí el paramilitarismo nunca fue rigurosamente estatal: fue un ejército privado de narcotraficantes que compró cobertura militar y ropaje contrainsurgente. La reunión de 1981 convocada por los Ochoa, la compra masiva de tierras por Pablo Escobar y Rodríguez Gacha en el Magdalena Medio desde los setenta, la aparición temprana del término masetos como marca genérica que cubría toda la operación armada regional, y la constatación de que en zonas como Puerto Triunfo y Doradal la presencia guerrillera era marginal —lo que desmiente el relato defensivo— alimentan esta versión. La responsabilidad recae sobre los carteles; el Estado fue víctima o cómplice, pero no arquitecto.

La tercera —la más productiva— lo describe como captura del Estado desde la periferia territorial y coproducción señorial de soberanía. Élites regionales agrarias y ganaderas, narcotraficantes convertidos en terratenientes y agentes estatales de rango medio construyeron, en regiones específicas y con secuencias distintas, coaliciones que ejercían las funciones del Estado —cobrar tributos, administrar justicia, monopolizar la violencia legítima, decidir quién habita el territorio— sin ser el Estado, aunque con su tolerancia, sus armas y a menudo sus uniformes. Salvatore Mancuso lo dijo con precisión ante la Comisión de la Verdad cuando describió a las Convivir como bisagra entre la institucionalidad y la autodefensa ilegal, con respaldo de comandantes de Brigada, División, Batallón, Policía, DAS y Fiscalía: "El Estado delegó las acciones de la guerra combinando todas las formas de lucha en las autodefensas".

La evidencia: una fusión secuencial

El rastreo cronológico no arroja una fecha de viraje sino una acumulación de saltos cualitativos. Cada uno integró más profundamente al narcotráfico en la osamenta del proyecto sin nunca reducirlo a él.

1981-1983: el MAS y la marca fundacional. El secuestro de Marta Nieves Ochoa por el M-19 en noviembre de 1981 desencadenó la reunión de narcotraficantes convocada por los Ochoa Vásquez en Medellín, de la cual nació el MAS. Cuando en febrero de 1983 Jiménez Gómez denunció ante el Congreso los 163 nombres, los procesos disciplinarios y penales contra los 59 militares en servicio activo fueron trasladados al fuero castrense bajo el argumento de que los uniformados estaban permanentemente al servicio de la Nación. La figura jurídica operó como blindaje. Por primera vez narcotraficantes, militares y élites quedaron articulados en una estructura armada conjunta, y la denominación masetos se extendió como marca genérica a Boyacá, Mariquita y los Llanos.

1982-1984: militarización del Magdalena Medio y ACDEGAM. Desde 1982 el Ejército intensificó tácticas contrainsurgentes con patrullajes conjuntos y escuelas de entrenamiento para civiles bajo mando de oficiales y exoficiales. Óscar Echandía, alcalde militar de Puerto Boyacá en 1982, describió una reunión organizada por el coronel Jaime Sánchez Arteaga del Batallón Bárbula: allí estuvieron Gonzalo y Henry Pérez, Nelson Lesmes, Luis Suárez, Rubén Estrada, Carlos Loaiza con sus tres hijos, y Pedro y Jaime Parra. En 1984, tras el secuestro por las FARC de Gonzalo de Jesús Pérez, padre de Henry, nació ACDEGAM: fachada legal con servicios de salud, droguerías, tiendas comunales y campañas políticas para las alcaldías. Los ganaderos asociados pagaban una vacuna de mil pesos mensuales por cabeza de ganado; quienes se negaban podían ser asesinados.

Diciembre de 1984: la alianza que cambió la escala. El cargamento interceptado por Henry Pérez cerca de Puerto Boyacá derivó en un acuerdo con Rodríguez Gacha: los paramilitares protegerían los laboratorios a cambio de armamento y financiación. No fue la contaminación de un proyecto puro, sino la fusión de dos economías de violencia privada que ya se venían buscando. Sin abandonar la guerra contrainsurgente, el paramilitarismo se volvió actor activo a favor de los narcotraficantes, con una versatilidad funcional que lo hizo útil también para esmeralderos y para redes de tráfico independientes del compromiso ideológico antisubversivo.

Finales de los ochenta: el narcotráfico se vuelve dominante. Los costos de mantener el aparato militar superaron pronto la capacidad de la ganadería extensiva. Los narcotraficantes no solo aportaron recursos: se convirtieron en terratenientes y ganaderos, dando origen al sector de los narco-ganaderos, y compraron masivamente tierras en zonas de presencia guerrillera aprovechando precios bajos. Para 1989 ACDEGAM estaba cooptada y financiada por el narcotráfico. La violencia paramilitar aumentó durante las cuatro elecciones realizadas entre 1988 y 1995 —coincidiendo con la apertura política que trajo la elección popular de alcaldes— y se concentró en candidatos, militantes y simpatizantes de partidos de izquierda, organizaciones sociales y defensores de derechos humanos que respaldaban las políticas de paz y las reformas del gobierno central.

1987-1988: exportación del modelo. Henry Pérez y su padre compraron tierras en Urabá en 1987; en 1988 asesoraron y coordinaron con Fidel Castaño Gil las primeras masacres en la zona bananera. La fórmula del Magdalena Medio —narcos convertidos en terratenientes, cobertura militar, fachada gremial, terror ejemplar— se replicó en el sur de Córdoba y Urabá con Castaño, originalmente jefe de seguridad del Cartel de Medellín. En los Llanos, Rodríguez Gacha y Víctor Carranza fueron las figuras conductoras; en los Llanos del Yarí, Putumayo y Nariño, las autodefensas provenientes del Magdalena Medio operaban primordialmente para proteger los laboratorios de Rodríguez Gacha.

1993: Los Pepes y la refundación castañista. Los Pepes, integrados por los Castaño y aliados con el Cartel de Cali y el Bloque de Búsqueda, operaron en la persecución contra Escobar hasta su muerte el 2 de diciembre de 1993. Carlos Castaño se presentaba con frecuencia ante el Bloque, donde también operaban la CIA, la DEA y fuerzas especiales de la marina estadounidense: la red de colaboración con agencias estatales y extranjeras construida en esos meses se convirtió después en capital político y operativo. Del lado judicial, Fidel Castaño fue el único miembro condenado —por promoción y financiación de grupos armados— y murió aproximadamente un mes después que Escobar; los demás implicados no fueron llevados a juicio pese a las evidencias del fiscal De Greiff. Tras la caída de Escobar, los Castaño regresaron al sur de Córdoba con nuevo armamento, contactos con el Cartel de Cali y las Fuerzas Militares, y parte de los hombres de Escobar en sus filas.

1995-1997: de las ACCU a las AUC. Las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá se fundaron hacia 1995 bajo el liderazgo de Carlos Castaño, con un proyecto ya en marcha desde antes de la muerte de Fidel. Constituyeron la columna vertebral de la expansión hacia Sucre, Chocó, Magdalena, Antioquia, los Llanos Orientales y el Catatumbo. En 1997 se conformaron las AUC, con nueve organizaciones bajo dirección única y estado mayor conjunto, autodefinidas como Movimiento Político-Militar de carácter antisubversivo en ejercicio del derecho a la legítima defensa. La masacre de Mapiripán en julio de ese año —por la que fue condenado a 37 años el general (r) Jaime Humberto Uscátegui— marcó el paso del accionar expedicionario al emplazamiento y control territorial permanente.

1997-2004: dominio, terror, captura política. La expansión dejó más de 150.000 homicidios y desapariciones forzadas y más de 3,5 millones de desplazados. Las masacres de Mapiripán, El Aro, La Gabarra, El Salado, El Placer y El Naya se inscribieron en un patrón declarado: matanzas ejemplares para expulsar poblaciones y ocupar territorios, culminando en el traspaso forzado de tierras abandonadas. En El Placer y La Gabarra los paramilitares relataron ante Justicia y Paz que los militares conocían sus operaciones sin impedirlas. El 23 de julio de 2001, en Santa Fe de Ralito, jefes paramilitares se reunieron con gobernadores, congresistas, concejales, alcaldes y ganaderos de Sucre, Córdoba, Cesar y Magdalena para refundar al país. La Corte Suprema calificó ese acuerdo como vínculo entre grupos de poder criminales y gobernantes. En Cúcuta, la directora seccional de Fiscalías Ana María Flórez fue condenada por alertar al Bloque Catatumbo sobre operativos policiales; la sentencia del Iguano concluyó que absolutamente todas las instituciones del Estado estuvieron al servicio de los paramilitares en esa ciudad.

La respuesta: coproducción señorial de soberanía

El paramilitarismo maduro, el de las AUC entre 1997 y 2006, no fue apéndice del Estado, no fue mafia con discurso político, no fue autodefensa campesina desviada. Fue una formación híbrida de soberanía en la que tres lógicas —contrainsurgente-estatal, señorial-agraria y narco-empresarial— no se sumaron sino que se fusionaron de modo que cada una resignificó a las otras.

La lógica contrainsurgente-estatal proveyó cobertura legal, doctrina y una parte no despreciable del pie de fuerza. Sin la Ley de Defensa Nacional que amparó grupos de autodefensa desde al menos 1968, sin el Estatuto de Seguridad de 1978, sin los patrullajes conjuntos del Batallón Bárbula, sin las Convivir de los años noventa que Mancuso llamó bisagra, el proyecto no habría tenido escudo institucional ni fórmula jurídica. Los procesos contra los militares del MAS trasladados al fuero castrense en 1983 inauguraron el patrón de impunidad que se repetiría en Mapiripán, El Placer y La Gabarra.

La lógica señorial-agraria proveyó legitimidad territorial y base social. Los ganaderos del Magdalena Medio agrupados en ACDEGAM, los hacendados de Córdoba, los esmeralderos del occidente de Boyacá, los terratenientes de Sucre no eran víctimas de una imposición externa sino socios activos. La vacuna de mil pesos por cabeza de ganado no era extorsión: era contribución voluntaria a un aparato que protegía intereses de clase y disciplinaba mano de obra rural. La violencia paramilitar contra dirigentes sindicales de la Unión Patriótica y del sindicalismo agrario no era daño colateral de la guerra contrainsurgente: era su función central.

La lógica narco-empresarial proveyó la escala financiera y la versatilidad. Cuando la ganadería extensiva ya no bastaba para sostener el aparato, el narcotráfico no solo aportó recursos: convirtió a los propios narcos en terratenientes, integró la protección de laboratorios y rutas como tarea permanente, y permitió que jefes paramilitares y narcotraficantes se volvieran intercambiables. La compra de franquicias paramilitares por narcotraficantes al final del proceso les permitió construir aparatos armados propios y transformarse de bandidos ordinarios en bandidos políticos, con la posibilidad abierta de un asiento en las negociaciones con el Gobierno.

La fusión de esas tres lógicas produjo algo que ninguna por separado hubiera podido: un actor capaz de administrar territorio, cobrar tributos diferenciados —rentas agrarias, cobros al comercio urbano, 10% a contratistas de obra pública en el Bloque Centauros según reconoció Miguel Arroyave Ruiz, gravámenes al narcotráfico local—, elegir alcaldes y concejales, capturar rentas del Estado, ejercer justicia sumaria y negociar de tú a tú con la Presidencia. Cabe llamarlo coproducción señorial de soberanía: no captura hostil del Estado por una banda externa, sino producción conjunta de orden por una coalición donde lo lícito y lo ilícito, lo estatal y lo privado, lo político y lo criminal dejaron de ser distinguibles en la práctica cotidiana.

Datar el viraje se vuelve, entonces, un problema mal planteado. No hay un momento en que la autodefensa se convirtió en otra cosa: hubo una construcción por capas en la que cada momento fundacional —1981, 1984, 1988, 1993, 1997— integró más profundamente a los tres vértices sin nunca eliminar del todo la retórica original. Lo que existía en Puerto Boyacá en 1983 ya contenía en germen la lógica de las AUC; lo que existía en las AUC de 2002 seguía invocando la retórica de autodefensa de Puerto Boyacá. La continuidad no es inercia: es la evidencia de que el proyecto nunca fue lo que decía ser y siempre fue algo más de lo que reconocían sus lecturas críticas.

La contradicción interna y el enfrentamiento con el Estado

La misma fusión que dio potencia al proyecto contuvo su contradicción destructora. La alianza con el narcotráfico, palanca de expansión, se volvió obstáculo cuando la presión estadounidense por extradiciones convirtió a los jefes paramilitares en objetivos judiciales de una potencia extranjera contra la cual el Estado colombiano ya no podía protegerlos. La lógica señorial, que reclamaba estatus político y reconocimiento como beligerantes, chocó con la lógica narco, que sus socios estadounidenses solo aceptaban ver como delincuencia común. Y la lógica contrainsurgente-estatal, que dependía de la utilidad militar del paramilitarismo, dejó de necesitarlo a medida que el Ejército recuperaba iniciativa territorial en los años dos mil.

El proceso de Santa Fe de Ralito entre 2003 y 2006 fue el intento de resolver esa contradicción por vía política. La zona de ubicación operó con escaso control estatal —los comandantes organizaban fiestas con whisky, modelos y prostitutas traídas de varias ciudades, y tras su clausura las autoridades encontraron fosas comunes en el lugar—. La extradición posterior de jefes a Estados Unidos, donde respondieron principalmente por narcotráfico, rompió el pacto tácito: Diego Fernando Murillo Don Berna y Salvatore Mancuso expresaron su negativa o resistencia a continuar colaborando con Justicia y Paz, aunque Don Berna también propuso condicionar su colaboración a rebajas de pena ante la justicia estadounidense, lo que matiza la ruptura como maniobra negociadora.

El resultado es la prueba retrospectiva de la tesis. La emergencia inmediata de las llamadas bandas criminales tras la desmovilización mostró que lo desmovilizado eran las estructuras armadas visibles, no la coalición que las sostenía. Los vínculos con élites regionales, la captura de rentas estatales, el control territorial ligado al narcotráfico, la red parapolítica que llevó a decenas de congresistas ante la Corte Suprema: nada de eso quedó desmontado. Ralito fue refundación pactada más que desmonte real, precisamente porque el paramilitarismo maduro nunca había sido un aparato armado sostenido por élites, sino una coalición de élites que sostenía un aparato armado.

Lo que queda abierto

Tres flancos resisten cierre.

El primero es la ponderación relativa de los tres vértices en cada región. El modelo funciona bien para el Magdalena Medio, Urabá, Córdoba y el Caribe. En los Llanos Orientales, la síntesis pareció inclinarse más hacia la economía esmeraldera-narca —con Rodríguez Gacha y Víctor Carranza como figuras conductoras— y menos hacia una tradición señorial-agraria comparable. En Trujillo, Valle del Cauca, la violencia atribuida a Henry Loaiza Ceballos El Alacrán combinó acumulación señorial y economía cocalera en una síntesis que merece estudio propio.

El segundo tiene que ver con la vulnerabilidad del propio modelo trifásico. Si la fusión dependió tanto de intersecciones biográficas concretas —Rodríguez Gacha embarcándose en el Magdalena Medio, Fidel Castaño montando Los Pepes con la anuencia del Bloque de Búsqueda, Carlos Castaño heredando la red construida en la cacería contra Escobar—, la teoría estructural que acabamos de defender queda tensada por su reverso: la coalición que produjo soberanía señorial también pudo haber tomado formas más regionalizadas, más caducas, menos capaces de proyectarse a Ralito. Que se haya nacionalizado tiene tanto de secuencia estructural como de encadenamiento contingente, y esa doble determinación es lo que impide sustituir un relato de fases por una ley del proceso.

El tercero es de horizonte historiográfico. La categoría paramilitarismo nació como sombra del Estado y arrastra esa marca; la categoría narcoterrorismo nació como sombra del delito y arrastra la suya. La coproducción señorial de soberanía no cabe cómodamente en ninguna de las dos. Puede que la mejor herencia conceptual del caso colombiano sea, precisamente, la exigencia de nombrar formaciones híbridas que la teoría política heredada —moldeada sobre Estados occidentales consolidados— no supo prever. Datar el viraje del paramilitarismo colombiano es difícil porque el objeto mismo desborda las categorías con que solemos datar, y esa insuficiencia conceptual es también parte de la historia.

03

Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

65 documentos · 86 fragmentos de referencia
01Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 64, 1142 fragmentos
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de Puerto Boyacá, así como con figuras de la historia del paramilitarismo como Henry Pérez y Gon- zalo Rodríguez Gacha (CNMH, 2019), que con el grupo identificado por la sigla MAS o Muerte a Secuestradores, creado en 1981 por miembros de las mafias del narcotráfico. 16 La contribución realizada por un exintegrante del…

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suroccidente colombiano (2018a); Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada (2018); y el informe El Estado suplantado. Las autodefensas de Puerto Boyacá (2019a), sobre los grupos para- militares del Magdalena Medio. 40- Este tema será abordado en el apartado 2.5 del presente…

p. 114
02Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 871 fragmento
[2]

y fincas ganaderas. El surgimiento del movimiento Muerte a Secuestradores (MAS) en 1981 marca un hito en la evolución del con- flicto en Colombia, llevando el antagonisn1o social a mayores niveles de violencia. En noviembre 1981, el M-19 (una organización guerrillera des- movilizada en 1990) secuestró a Marta Nieves…

p. 87
03Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 49, 522 fragmentos
[3]

yo entiendo, este señor Gacha, Pablo Escobar se unieron con los señores estos del Magdalena Medio, formaron las autodefensas en la hacienda Nápoles. Empezó como el ejército privado de ellos. El ejército privado de ellos, pa’ que los cuidaran. En ese momento que tenían un enemigo en común, que era la guerrilla. Ellos…

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protección de bienes y tierras de los ganaderos, entre los cuales resaltan Evelio Monsalve, Alberto Villegas, John Yepes, Ignacio López y Carlos Salazar (Fiscalía Dossier ACMM, s. f.). Otros de los ganaderos reconocidos en la región que vivían entre La Estación Cocorná y Las Mercedes eran Gabriel Echeverry, Misael…

p. 49
04¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 95, 1072 fragmentos
[4]

crecimiento del conflicto armado dalena medio, el 18 de enero de 1989. 94 Ante esta masacre, el Gobierno impartió una orden al DAS para que investigara la estructura criminal de los grupos paramilitares en esa región. Igualmente, derogó la Ley 48 de 1968, a través de los decretos 813 y 814 de 1989, que penalizaban la…

p. 95
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de 1997), 9A. 160 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica En 1995 se fundaron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá –ACCU –, y en 1997 se dieron cita en un lugar de la región los jefes de nueve organizaciones paramilitares de distintos puntos de la geografía nacional para conformar las…

p. 107
05Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 59, 632 fragmentos
[5]

paramilitares contra los miembros de las Fuerzas Ar- madas y la Policía Nacional señalados en el Informe de la Procura- duría General de la Nación. Poco después, todos los procesos con- tra los uniformados pasarían a la Jurisdicción Penal Militar, por decisión del Tribunal Disciplinario, el órgano judicial encargado…

p. 59
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y de control de población de los grupos paramilitares se daría simultáneamente con una intensi fi cación de las operaciones militares del Ejército en el Magdalena Medio. El Grupo de Me- moria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Recon- ciliación (CNRR) constataría que, en el Magdalena Medio, A partir de…

p. 63
06Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · p. 211 fragmento
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un consenso acerca del origen exacto de los grupos paramilitares. El gru - po Muerte a Secuestradores (mas) es visto por algunos como una de las primeras manifestaciones del paramilitarismo en el país. El mas se creó como respuesta al aumento de los secuestros, el robo de ganado y los co - bros de extorsiones por…

p. 21
071989María Elvira Samper · 2019 · p. 401 fragmento
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de confianza y quien es uno de los fundadores de la Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio, Acdegam, organización que nace en 1984 luego de que las Farc secuestran al padre de Pérez, Gonzalo de Jesús Pérez, el Viejo. En sus inicios aparece como una entidad que ofrece servicios de salud y…

p. 40
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 911 fragmento
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funcionarios del Estado del DAS, la dirección del DAS, estaba articulada con las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio [...] No pareciera que hubiese una responsabilidad institucional del liderazgo político y del liderazgo institucional de las Fuerzas Armadas, el nivel de articulación de la infraestructura…

p. 91
09Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 221 fragmento
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y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…

p. 22
10Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 67, 712 fragmentos
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(Iepri, persona entrevista- da, Proyecto “Sistema político y Violencia 1970-1998”, 2000). Rodríguez Gacha tenía conflictos de distinta naturaleza con las FARC: en la época en mención, este narcotraficante había es- tructurado en los Llanos del Yarí un complejo de laboratorios para la producción de cocaína 11, había…

p. 67
[23]

narcotráfico (1989, página 13). El principal cambio en la naturaleza del paramilitarismo por su asociación con el Cartel de Medellín radicó en que aparte de hallarse involucrado en la guerra contrainsurgente comenzó a ser un actor muy activo en la lucha contra las drogas y se puso a favor de los narcotraficantes. La…

p. 71
11La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 471 fragmento
[13]

extensiones de tierra allí donde la presencia guerrillera era nutrida, aprovechando los bajos precios que para entonces imperaban en esas regiones violentas. Los nuevos propietarios llegaron listos para enfrentar la amenaza guerri- llera, primero patrocinando y luego asumiendo directamente el mando de organizaciones…

p. 47
12Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1442 fragmentos
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Carranza y Molina quienes lo presentaron al grupo de traficantes de Medellín. Para mediados de los años ochenta, Rodríguez Gacha actuaba como una espe- cie de intermediario entre el cartel de Medellín y la mafia de las esmeraldas. 77 Esto resultó importante para Rodríguez Gacha cuando sus instalaciones de producción…

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Carranza y Molina quienes lo presentaron al grupo de traficantes de Medellín. Para mediados de los años ochenta, Rodríguez Gacha actuaba como una espe- cie de intermediario entre el cartel de Medellín y la mafia de las esmeraldas. 77 Esto resultó importante para Rodríguez Gacha cuando sus instalaciones de producción…

p. 144
13El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 297, 3112 fragmentos
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temprano como en la célula inicial del Magdalena Medio. Pero solo se convirtió en un factor dominante a finales de la década de 1980, cuando los eos tos de mantener el aparato militar subieron de manera prohibitiva, Una economía tan ineficiente como la ganadería extensiva no podía ya sostener el esfuerzo. El…

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mano los paramilitares (como cuidanderos de las propiedades rurales di los narcotraficantes), pero también de agencias de seguridad del Estado. Y, en el proceso, no solo despojaron a campesinos sino también a otros terratenientes. Una vez más, nos encontramos con agentes que por una combinación de acceso a medios…

p. 297
14Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 150, 1552 fragmentos
[17]

región del Magdalena Medio fueron: San Vicente de Chucurí (1.026 personas), El Carmen de Chucurí (904 personas), Cimitarra (818 personas), Barrancabermeja (489 personas), Yacopí (473 personas), y Puerto Boyacá (395 personas). 155 Éxodo rentista: disputas por la tierra y el territorio Así también lo reconoció el propio…

p. 155
[67]

afectando el 60 por ciento de los mu- nicipios del territorio nacional (ver Mapa 4). Al analizar la magnitud del desplazamiento a nivel regional, tres regiones sobresalen como las mayores expulsoras y represen- tan más de la mitad de los éxodos registrados en este periodo: Urabá; Magdalena Medio; y Alto Sinú y San…

p. 150
15Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 1711 fragmento
[18]

decir que no, pero ante un magistrado ustedes no van a salir con cuentos raros, no se los va a creer nadie”. Yo les digo así en la versión, esto no se lo cree nadie, que usted sea comandante y no… es su problema, el proceso es suyo”. 340 Capítulo 2 341 JUSTICIA Y PAZ: ¿Verdad judicial o verdad histórica? crimen…

p. 171
16Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 3772 fragmentos
[19]

Magdalena Medio las haciendas y las fin- cas eran muy pocas. Y las pequeñas fincas, digamos, que nos colaboraban, habían fincas que daban hasta quinientos mil pesitos, que no era mucho. Otras daban cien mil, doscientos mil. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2013, 27 de septiembre) En los años ochenta, sin duda existieron aportes…

p. 377
[20]

Magdalena Medio las haciendas y las fin- cas eran muy pocas. Y las pequeñas fincas, digamos, que nos colaboraban, habían fincas que daban hasta quinientos mil pesitos, que no era mucho. Otras daban cien mil, doscientos mil. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2013, 27 de septiembre) En los años ochenta, sin duda existieron aportes…

p. 377
17Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 85, 1732 fragmentos
[21]

Magdalena Medio, paramilitarismo territorializado, pero con una vocación profundamente localista; 2) lógica mafiosa en el norte del Valle, con intereses localistas; 3) Urabá y sur de Córdo- ba, territorializado, pero con vocación expansiva; 4) los llaneros con orientación y objetivos más localistas. Por su parte, para…

p. 173
[64]

fue una estructura militar, sino “un movimiento social y político de carácter regional” (CNMH, 2012c, página 33). Mientras en el sur de Córdoba, los comandantes Salvatore Man- cuso y Don Berna, influyeron en la elección de alcaldes y conceja- les de manera sostenida y visible desde las elecciones de 2000. El…

p. 85
18Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 46, 1812 fragmentos
[22]

Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…

p. 46
[59]

paramilitar. 183 4. ACCIONAR DE LA ESTRUCTURA ARMADA Prácticamente toda actividad agropecuaria y comercial que tuviese alguna renta significativa estuvo obligada a dar una cuota extorsiva periódicamente. Dada la influencia de sectores ganaderos desde los orígenes de este grupo pa- ramilitar, fueron estos y los grandes…

p. 181
19Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2681 fragmento
[24]

de la droga, el ejercicio de la coerción privada era un mecanismo ideal para producir poder y para controlar el negocio. En el largo plazo, quienes hacían la guerra en el terreno se encontraron con que tenían los medios para imponer sus condiciones a quienes se dedicaban exclusivamente a la producción y el transporte…

p. 268
20Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 531 fragmento
[25]

secuestrarlo en Córdoba, en donde había comprado varias fincas y había usurpado otras, de nuevo en complicidad con los militares conformó un grupo armado que por una década fue el principal del país. Castaño dijo alguna vez que había aportado a la causa de Pérez, pidiendo contribuciones, pero en realidad, hacia final…

p. 53
21Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 1261 fragmento
[26]

tal in the training and financing of these groups, especially in the Atlantic Coast region. However, rivalries within the Medellín cartel and efforts by CIVIL-MILITARY RELATIONS IN COLOMBIA 114 Pablo Escobar to centralize his power contributed to many paramilitary groups breaking away from Escobar and working with the…

p. 126
22Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 fragmento
[27]

por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…

p. 24
23La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 297, 3012 fragmentos
[28]

Eduardo Ramírez, 95 Hacia 1987 el paramilitarismo del Magdalena Medio comenzó a perturbar re- giones de Córdoba y Urabá. La expansión del grupo paramilitar comandado por Gonzalo y Henry Pérez a territorios que transcendían al Magdalena Medio tuvo cierta semejanza con el proceso de enquistamiento que años atrás…

p. 297
[69]

de un crimen contra la justicia 302 no le quedaron muchas opciones, y por eso llama la atención que los habitantes del Magdalena Medio, acaso todavía movidos por una vieja cultura de lucha, hayan podido preservar, en medio del fuego cruzado, una significativa capacidad de protesta. En cual- quier caso, la disputa…

p. 301
24El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 332 fragmentos
[29]

huir de la persecución de la Policía Antinarcóticos en el Magdalena Medio y se llevó a cabo en sus inicios estableciendo una alianza con el Bloque Sur 12 Comisión Andina de Juristas, Putumayo. Serie informes regionales de derechos humanos, 102. 13 Medina Gallego, Carlos y Mireya Téllez Ardila, La violencia…

p. 33
[30]

huir de la persecución de la Policía Antinarcóticos en el Magdalena Medio y se llevó a cabo en sus inicios estableciendo una alianza con el Bloque Sur 12 Comisión Andina de Juristas, Putumayo. Serie informes regionales de derechos humanos, 102. 13 Medina Gallego, Carlos y Mireya Téllez Ardila, La violencia…

p. 33
25Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 264, 3382 fragmentos
[31]

Verdad Abierta. 1 de febrero de 2015. Centro Nacional de Memoria Histórica. El Estado suplantado, las autodefensas de Puerto Boyacá. Bogotá: CNMH, 2019, p. 214. 369 Informe Confidencial del DAS del 20 de julio de 1988. Citado en: Equipo Nizkor y Derechos Human Rights. Proyecto Nunca Más. 2001. los entramados del…

p. 264
[65]

cocaína y llevar adelante la lucha contrainsurgente fueron las de Mapiripán, Meta, en 1997; El Placer, Putumayo, en 1998; y La Gabarra, Norte de Santander, en 1999. Estas tres masacres tuvieron dos factores comunes. El primero de ellos es la responsabilidad de miembros de la fuerza pública en ellas, tanto por acción…

p. 338
26The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4211 fragmento
[32]

history of Colombia was called: the pepes. Our existence was tolerated by the public prosecutor’s office, the police, the army, the DAS (Colombia’s main intelligence agency), and the Attorney General’s Office. Even President César Gaviria Trujillo never ordered a move against us. Journalists applauded in silence. And…

p. 421
27Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9151 fragmento
[33]

del Bloque de Búsqueda no fueron llevados a juicio, a pesar de las evidencias del fiscal Gustavo De Greiff 3292. Por los crímenes de los Pepes solo investigaron a Fidel, Carlos y Vicente Castaño y a Eugenio León García Jaramillo, socio de Escobar conocido con el alias de Taxista. Pero solo Fidel Castaño –quien murió…

p. 915
28El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 2242 fragmentos
[34]

un Robin Hood desa- fiando a la oligarquía, al poder político y a los “gringos”. Los pobres de Medellín le construyeron un altar en la casa donde murió, y dicen que hasta realiza milagros. Castaño Gil cuenta en Mi confesión... lo que puede parecer inve- rosímil a los oídos de muchos ciudadanos en el mundo, pues por…

p. 224
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un Robin Hood desa- fiando a la oligarquía, al poder político y a los “gringos”. Los pobres de Medellín le construyeron un altar en la casa donde murió, y dicen que hasta realiza milagros. Castaño Gil cuenta en Mi confesión... lo que puede parecer inve- rosímil a los oídos de muchos ciudadanos en el mundo, pues por…

p. 224
29Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 501 fragmento
[36]

June 1991 Escobar surrendered to authorities on condition that he dictate the terms of his im - prisonment, which was in a compound dubbed “the Cathedral,” and from which he continued to carry out hom i cides and drug business. When he es - caped from confinement in July 1992, the hunt for him galvanized a power - ful…

p. 50
30Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 531 fragmento
[37]

—, que luchaba por todos los medios militares posibles, para derribar el gobierno revolucionario sandinista, que había logrado deponer al sanguinario dictador Anastasio Somoza, sostenido durante décadas por los Estados Unidos. El presidente Reagan y el director de la CIA Bush, encargaron de la misión al coronel…

p. 53
31Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 531 fragmento
[38]

—, que luchaba por todos los medios militares posibles, para derribar el gobierno revolucionario sandinista, que había logrado deponer al sanguinario dictador Anastasio Somoza, sostenido durante décadas por los Estados Unidos. El presidente Reagan y el director de la CIA Bush, encargaron de la misión al coronel…

p. 53
32Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 371 fragmento
[39]

la acción que ustedes sostienen», «no creemos que ustedes expresen una voluntad popular libre», es la hora de «una rectificación radical de años de equivocaciones». Pero las guerrillas no oyeron ni entendieron nada. Se encerraron en su mundo corporativo, se afianzaron como máquinas de guerra y renovaron sus planes…

p. 37
33Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1941 fragmento
[40]

como se analizará en la siguiente sección. L OS CAMBIOS EN EL NARCOTRÁFICO Y EN EL CONFLICTO La guerra del Estado contra Escobar se hizo en alianza con sus competidores en el narcotráfico. Desde finales de los años ochenta Escobar había agregado dentro de su lista de enemigos al Cartel de Cali y del Norte del Valle y…

p. 194
34Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 31, 352 fragmentos
[42]

aspectos, el ca- pítulo ofrece los antecedentes de formación de los paramilitares y brinda elementos para comprender la manera como a partir de 1997 aplicaron un plan que buscaba constituirlos en un actor polí- tico de orden nacional y convertirlos en autoridades indisputadas en regiones de su interés. 1. La…

p. 31
[66]

que no empezó ni acabó en el corregimiento El Salado (municipio de El Carmen de Bolívar) sino que se extendió a los corregimientos Canutal, Canutalito y Flor del Monte (municipio de Ovejas, en Sucre) y la vereda La Sierra (municipio de Córdoba, en Bolívar); masacre de Mampuján, acontecida en el corregimiento Mampuján…

p. 35
35Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 1551 fragmento
[43]

al Gobierno o suplantarlo en entrevistas para la prensa (Aranguren, 2001; Ronderos, 2014). 156 ESTRATEGIAS DE GUERRA Y TRASFONDOS DEL PARAMILITARISMO EN EL URABÁ ANTIOQUEÑO, SUR DE CÓRDOBA, BAJO ATRATO Y DARIÉN El anterior relato menciona la guerra contra las FARC que Carlos heredó de Fidel en las pretensiones de…

p. 155
36Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 1171 fragmento
[44]

en el cual cada grupo involucró a sus bases. Además, le permitió a la Casa Castaño, de la mano de las élites económicas y políticas de la zona (Carroll, 2011), terciar en ese escenario con- troversial y convertirse en un actor central, lo que aprovechó para moldear las percepciones de algunas personas desmovilizadas e…

p. 117
37No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1571 fragmento
[45]

Córdoba, bajo el mando de Fidel, Vicente y Carlos Castaño, entre 1983 y 1994 se crearon grupos paramilitares como los Tangueros, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y, posteriormente, en 1997, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Su centro de control estaba ubicado en un conjunto de fincas…

p. 157
38Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 851 fragmento
[46]

reclama gestionar acuerdos de paz con los Frentes Libardo Mora Toro y Ramón Gilberto Barbosa Zambrano, disidentes del proceso de paz con el EPL, en 1991 67. 67 Ver: Bluradio.com, 2015, Iniciar diálogos con disidencia del EPL, piden personeros del Catatumbo y Verdad Abierta.com, 2014, En Catatumbo reclaman mesa con…

p. 85
39Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 42, 1904 fragmentos
[47]

del paramilitarismo, 1982-2002 Coyunturas entre 1982 y 2002 3 1 Impacto en crecimiento y expansión paramilitar Las primeras negociaciones de paz con las guerrillas durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) Coincide con el surgimiento de los primeros grupos de autode- fensas y paramilitares. Apertura…

p. 42
[48]

del paramilitarismo, 1982-2002 Coyunturas entre 1982 y 2002 3 1 Impacto en crecimiento y expansión paramilitar Las primeras negociaciones de paz con las guerrillas durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) Coincide con el surgimiento de los primeros grupos de autode- fensas y paramilitares. Apertura…

p. 42
[50]

ocasionada en la guerra que libraban, bajo el derecho de legitima, autodefensa, eran guerrilleros. En una entrevista realizada por la revista Cambio en 1997, por ejemplo, Cataño afirmaba lo siguiente: “Me están satanizando. No soy ningún monstruo. Lo único que acepto es que mato guerrilleros fuera de combate, que no…

p. 190
[51]

ocasionada en la guerra que libraban, bajo el derecho de legitima, autodefensa, eran guerrilleros. En una entrevista realizada por la revista Cambio en 1997, por ejemplo, Cataño afirmaba lo siguiente: “Me están satanizando. No soy ningún monstruo. Lo único que acepto es que mato guerrilleros fuera de combate, que no…

p. 190
40Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1711 fragmento
[49]

civil defensiva en armas” que sustituía al Estado, dada su “conducta omisiva”, en las tareas de “garantizar la vida, el orden social, la paz ciudadana, el patri- monio económico, cultural y ecológico de la nación: la justicia social y eco- nómica, la libre participación democrática, la seguridad pública [...]” (p. 1).…

p. 171
41La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 431 fragmento
[52]

enviados a Cesar por el ganadero cordobés Sal- vatore Mancuso, cumplían órdenes de René Ríos, alias Santiago Tobón y del exguerrillero Baltazar Mesa Durango (Verdadabier- ta.com, 22 de agosto de 2013, “La historia del “Juan Andrés Ál- varez””). En 1996 el paramilitarismo iniciaba una expansión sin precedentes bajo la…

p. 43
42La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 681 fragmento
[53]

ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…

p. 68
43Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1041 fragmento
[55]

de Córdoba y Urabá (ACCU). Las masacres reaparecieron con una matanza en San Pelayo, subregión del bajo Sinú, el 19 mayo de 1997. Para entonces, las Convivir y las masacres se habían extendido a otros departamentos del Caribe, auspiciadas por las ACCU. El encargado de esta tarea fue Salvatore Mancuso Gómez. En su…

p. 104
44Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 611 fragmento
[56]

hecho, la violenta expansión paramilitar que se produjo entre 1997 y 2004 dejó más de 150 mil homicidios y desapariciones forzadas, además más de 3.5 millones de desplazados forzados. En todo caso, esta ola de violencia se desató mientras el país observaba el fracaso de los diálogos del Caguán y se creaba la imagen de…

p. 61
45Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 1871 fragmento
[57]

sin él, fue una imposición dentro del contexto de violencia que se vivió en el sur de Córdoba, el Urabá antioqueño y el bajo Atrato. 2.3.1 Tasación a la propiedad Rural La separación entre comandos urbanos y rurales que sirvió para dar sustento a la estrategia militar de los bloques paramilitares objeto de este…

p. 187
46Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 1251 fragmento
[58]

terratenientes. Cuando se interrogó sobre la financiación del BCe, en la Sentencia quedó regis- trada la respuesta del entonces comandante general de esa organización: Esta forma de financiación [aportes de diversos actores económicos] fue aceptada por Miguel Arroyave Ruiz, en una entrevista cuando a la pregunta de…

p. 125
47Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1241 fragmento
[60]

María y con empresarios de los ingenios. Luego llegó HH, quien hizo contactos con personas del ingenio San Carlos y logró aportes de 20 millones de pesos a cambio de seguri- dad. También pusieron a disposición los ingenios, sus vehículos y radios de comu- nicación. […] El grupo financiero se ubicó más que todo en…

p. 124
48Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 52, 2092 fragmentos
[61]

guerra irregular y pudiendo servir como base para el reclutamiento y el entrenamiento de nuevos combatientes. Los compradores de las franquicias eran narcotra fi cantes que tenían un doble interés en orquestar su transformación en paramilitares. Por una parte, la fl uidez de las redes económicas de la cocaína…

p. 52
[86]

y para de fi nir las categorías políticas. En este caso, el interés está en una situación en la cual la multiplicidad de actores capaces de utilizar la violencia no elimina la capacidad del Estado para ser reconocido como el espacio legítimo de su cali fi cación. Utilizando los términos de Pierre Bourdieu (1993), se…

p. 209
49La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1091 fragmento
[62]

colonos. Los actores y beneficiarios del despojo son múltiples y heterogé- neos, y así sus motivaciones. Los actores armados, en primer lugar los paramilitares, seguidos por la guerrilla; y detrás los «actores históricos»: hacendados y grandes ganaderos; o los más modernos, como los narcotraficantes 87 o los…

p. 109
50La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2691 fragmento
[68]

grandes masacres, perpetradas con métodos crueles, que dejaron un alto número de víctimas. El 75 % de las masacres documentadas por el Grupo de memoria Histórica con un número reducido lograron ser sacadas a la luz. A continuación, me permito describir una de las primeras masacres do - cumentadas por el Centro de…

p. 269
51Una sociedad secuestradaCentro Nacional de Memoria Histórica; César Caballero Reinoso (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2013 · p. 381 fragmento
[70]

“La historia detrás del pacto de Ralito”, en VerdadAbierta.com, enero 18 de 2010, [en línea] http://www.verdadabierta.com/ las-victimas/2103-la-historia-detras-del-del-pacto-de-ralito 38 U NA SOCIEDAD SEC U ESTR ADA eran las 8:30 a.m., cuando un miembro de un grupo armado que le salió al paso le dijo: “Me lo tengo que…

p. 38
52Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 701 fragmento
[71]

radicado 26.470, que dispone la detención de Álvaro Araújo Cas- tro, Mauricio Pimiento Barrera, Dieb Nicolás Maloof Cusse, Jorge Luís Caballero Caballero, Alfonso Antonio Campo Escobar y Luis Eduardo Vives Lacouture; y 2012, 1 de febrero, radicado 27.199, Sentencia condenatoria contra Miguel Pinedo Vidal. 72 Tierra y…

p. 70
53Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 2231 fragmento
[72]

se estabilizaron con los arreglos políticos e institucionales derivados de la promulgación de la nueva Constitución Política de 1991. Los militares aceptaron un control administrativo más fuerte y la sanción de miembros de la fuerza por la justicia civil en casos individualizados. En contrapartida, el poder civil…

p. 223
54Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2271 fragmento
[73]

violencia. 675 Entrevista 762 - VI - 00002. Lideresa social, mujer afrodescendiente, víctima d e desplazamiento forzado. 676 Entrevista 109 - VI - 00017. Periodista, testigo de homicidio. 677 Entrevista 811 - VI - 00004. Defensor de Derechos Humanos, víctima de amenaza y atentado al derecho a la vida. 227 El 23 de…

p. 227
55No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5081 fragmento
[74]

decenas de políticos, empresarios, militares, especialmente de la región Caribe, relacionados con pagos, apoyos electorales y contratos. El contenido se conoció parcialmente a través de la Revista Semana en septiembre de ese año y se convirtió en un escándalo político nacional. Esta era la tercera vez que la justicia…

p. 508
56Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 721 fragmento
[75]

del Es- tado, en la rama judicial y en los organis- mos de control. También han influido en la elección de cargos públicos en el nivel regional. De esta manera, la corrupción lo- cal que les sirvió de base para su llegada al Congreso ha podido, en algunos casos, re- troalimentar el poder y el control local. Al mismo…

p. 72
57Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1371 fragmento
[76]

Con el diablo adentro. Pandillas, tiempo paralelo y poder, 289. 439 Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz. 2/12/2010. MP: Uldi Teresa Jiménez López. Sentencia en contra de Jorge Iván Laverde Zapata. Radicado: 110016000253200680281. 440 Ibíd. 441 Ibíd. 138 fiflćflThxiff fffl.…

p. 137
58¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 1031 fragmento
[77]

repositorio de esperanzas democráticas y protagonista de paros cívicos que transformaban la sociedad y ponían en cuestión los poderes estable- cidos, la "periferia" territorial se convirtió en escenario de captura del Estado, primero con el fenómeno del narcotráfico y después, en mucha mayor escala, con el del…

p. 103
59A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 1031 fragmento
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personas que están dentro de la zona, es un asunto que 1I0sotros hemos man~ado con el mayor Cl/idado para evitar 11/1 escándalo público qlle nos haga daño" 183 El Tiempo, "Hijo de Orlando Benítez está decepcionado porque Justicia absolvió a 'don Berna"', 15 deJullio de 2007. 184 Luego de clausurada la zona de…

p. 103
60Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 581 fragmento
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administración anterior. 59 1 El fenómeno paramilitar y la actual etapa de los GAPD. Una aproximación cualitativa ción para legalizar sus actividades. Situación a la que se opo- nían sectores tan disímiles como las organizaciones de derechos humanos, el Gobierno de Estados Unidos, la opinión pública e incluso…

p. 58
61El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2531 fragmento
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legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…

p. 253
62El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2531 fragmento
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legitimación estatal de la hegemonía paramilitar a nivel nacional, que por obvias razones tiene su “zona de diálogo” en Santafé de Ralito, un corregimiento del mu- nicipio de Tierralta. Un proceso bastante cuestionado a nivel nacional e internacional dada la impunidad rampante. Buena parte de estas dinámicas de tipo…

p. 253
63Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 221 fragmento
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resumió en sus propias palabras: “No podemos tener más un país amenazado por guerrillas o defendido por grupos paramilitares. Necesitamos control central” 2. Los rápidos éxitos logrados en la seguridad ciudadana, que fueron evidentes en el mayor control en las carreteras, la disminución del secuestro, la casi…

p. 22
64Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1321 fragmento
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parecían tareas convergentes. Se politizaba la criminalidad de los paramilitares, asociándola al delito de sedición, y por consiguiente se la hacía negociable; mientras se criminalizaba a la insurgencia como “amenaza terrorista”, y su agenda se convertía en no negociable. En suma, se pueden destacar los siguientes…

p. 132
65Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 4832 fragmentos
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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

p. 483
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fue asesinado en Cúcuta (El Espectador, 2011, 3 de agosto, “La salida de ‘Cuco’”). A esta declaración se sumó la de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien afirmó que no había garantías para él y su familia, la cual estaba amenazada (El Espectador, 2010, diciembre 13, “´Don Berna´ reitera que no declarará más…

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