Andrés Felipe Arias Leiva
Seguridad Democrática
N. 1973
La biografía
Andrés Felipe Arias Leiva (Medellín, 1973) fue el ministro de Agricultura del segundo gobierno de Álvaro Uribe Vélez, arquitecto visible del programa Agro Ingreso Seguro y, tras su condena por la Corte Suprema de Justicia el 26 de julio de 2014, el símbolo judicial más nítido de cómo la Seguridad Democrática articuló la política agraria colombiana en la fase de posdesmovilización paramilitar. Su trayectoria compendia una época: la de un economista joven, formado en la ortodoxia norteamericana, que llegó al gabinete a los treinta y dos años como pieza central de un proyecto que prometía modernizar el campo y terminó canalizando subsidios estatales hacia parapolíticos condenados, terratenientes del Caribe y agroindustriales beneficiarios del vaciamiento territorial. Su caída no fue el desliz de un tecnócrata: fue el momento en que la coalición uribista expuso, ante sus propios tribunales, las costuras del pacto agrario sobre el que se había sostenido.
Línea de vida
- 2005
Ingreso al gabinete uribista
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Arias entró al gabinete primero como viceministro y luego como titular de la cartera de Agricultura, convirtiéndose a los treinta y dos años en el ministro más joven del uribismo y en el heredero ideológico designado del proyecto, apodado 'Uribito' por su afinidad con el presidente.
- 2007
Diseño y lanzamiento de Agro Ingreso Seguro
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Bajo la dirección de Arias se creó el programa Agro Ingreso Seguro, que transfería subsidios directos y créditos blandos a productores agropecuarios con el argumento de proteger el campo ante los tratados de libre comercio. En la práctica, los recursos terminaron en manos de parapolíticos condenados y grandes terratenientes del Caribe, entre ellos Eduardo Vives Lacouture y Silvestre Dangond Lacouture.
- 2009
Estallido del escándalo y renuncia al ministerio
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El escándalo de Agro Ingreso Seguro estalló en 2009. Arias renunció al ministerio para lanzar su aspiración presidencial por el Partido Conservador, perdió la consulta interna frente a Noel Iragorri Hormaza y quedó sin ministerio ni candidatura, con un expediente creciendo en la Corte Suprema y en la Procuraduría.
- 2011
Destitución e inhabilitación por la Procuraduría
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La Procuraduría General de la Nación destituyó e inhabilitó a Andrés Felipe Arias por hechos relacionados con la destinación irregular de subsidios del programa Agro Ingreso Seguro. En el mismo marco, el exdirector del Incoder Rodolfo Campo Soto fue destituido e inhabilitado por trece años.
- 2014
Condena penal de la Corte Suprema de Justicia
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El 26 de julio de 2014, la Corte Suprema de Justicia condenó penalmente a Arias mediante sentencia con radicado 37.462, en relación con el desvío de recursos del programa Agro Ingreso Seguro hacia parapolíticos y terratenientes. Arias no acudió al llamado de la justicia y se instaló en Estados Unidos, donde solicitó asilo político argumentando persecución.
- 2018
Extradición a Colombia
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Estados Unidos extraditó a Arias a Colombia después de que la corte migratoria estadounidense rechazara su solicitud de asilo. Regresó al país esposado y fue recluido para cumplir la condena. El Centro Democrático había promovido una acción de tutela para proteger su derecho a la segunda instancia, que Arias ganó parcialmente, pasando su caso a revisión ante la misma Corte Suprema.
El ministro más joven del uribismo
Arias entró al gabinete en 2005, primero como viceministro y luego como titular de la cartera de Agricultura, en el punto cumbre del entusiasmo uribista. Tenía treinta y dos años. Uribe gobernaba con amplias mayorías en el Senado, la Seguridad Democrática se había convertido en religión civil y las Fuerzas Militares, reorganizadas para la guerra irregular exigida antes por Washington al gobierno Pastrana, habían empujado a las FARC-EP y al ELN hacia repliegues estratégicos. En ese clima, un economista con doctorado, discurso técnico y línea directa con el presidente encarnaba la promesa de una segunda generación uribista: no los caciques regionales de siempre, sino cuadros formados capaces de traducir la retórica del caudillo en política pública.
Arias asumió esa promesa sin disimulo. Se lo llamó "Uribito" con una mezcla de sorna y reconocimiento: era el heredero designado por afinidad ideológica, el ministro que replicaba los gestos y la cadencia del jefe, el hombre que en el gabinete representaba la continuidad generacional del proyecto. Su gestión coincidió con el desempeño más débil de todos los sectores durante el auge económico del segundo mandato: mientras los precios mineros y las relaciones comerciales con Venezuela y Ecuador impulsaban la recuperación, la agricultura apenas planeaba. Fue en ese contexto de subdesempeño relativo que se diseñó Agro Ingreso Seguro, el programa que definiría su carrera.
Los orígenes: formación, ascenso y afinidades
Nacido en Medellín en 1973, Arias se formó como economista en la tradición de la ortodoxia neoliberal y llegó al Ministerio de Hacienda antes de saltar a Agricultura. El perfil corresponde al del tecnócrata de tercera generación en Colombia: no el economista clásico del Frente Nacional, sino el cuadro joven formado en universidades norteamericanas que se incorpora a los gobiernos de derecha de comienzos del siglo XXI con la convicción de que la política pública se optimiza como un modelo econométrico. Esa convicción, que en otros contextos podría ser inofensiva o incluso virtuosa, se instaló en un país donde la variable clave de la producción agraria —la tenencia de la tierra— llevaba décadas siendo intervenida por el fusil.
Su ascenso dentro del gabinete uribista se explica menos por trayectoria burocrática que por afinidad política. En un gobierno que se sostenía sobre la bandera de la seguridad democrática y una capacidad caudillista e histriónica, Arias representaba el flanco técnico que legitimaba el proyecto ante los sectores empresariales, la prensa económica y los organismos multilaterales. Fue candidato natural a suceder a Carlos Gustavo Cano en Agricultura y, una vez instalado, se convirtió en interlocutor privilegiado de los gremios agroindustriales: los ingenios azucareros del Valle del Cauca, los palmeros del Urabá y el Magdalena Medio, los ganaderos y arroceros del Caribe. Con ellos compartía diagnóstico y lenguaje. Con los corteros de caña, los pequeños productores y los desplazados que se acumulaban en las periferias urbanas por efecto de las fumigaciones y del conflicto, el ministerio guardaba una distancia consignada como rasgo estructural del gobierno: mayor comprensión hacia los problemas de los diez ingenios azucareros que hacia los de los miles de trabajadores rurales.
Esa afinidad de clase no fue un accidente de la biografía personal, sino una condición de posibilidad del cargo. Un ministro con otra sensibilidad —con vínculos, digamos, con las organizaciones campesinas o con los sindicatos agrarios— habría sido inviable en la coalición uribista de esos años. Arias no llegó a Agricultura a pesar de su perfil: llegó gracias a él.
Agro Ingreso Seguro: el diseño y la operación
Agro Ingreso Seguro nació en 2007 con el argumento de que el campo colombiano necesitaba protegerse ante los tratados de libre comercio y modernizar su base productiva. El programa transfería subsidios directos y créditos blandos a productores agropecuarios bajo criterios que, en el papel, buscaban competitividad. En la práctica, los recursos terminaron en manos de parapolíticos condenados y de grandes terratenientes del Caribe, según estableció la Corte Suprema en la sentencia condenatoria contra Arias.
El expediente registró nombres precisos. Eduardo Vives Lacouture, condenado por parapolítica, fue beneficiario del programa: la misma Corte Suprema había constatado sus vínculos con paramilitares, vínculos que le habían permitido obtener el noventa por ciento de sus votos en el departamento del Magdalena. Silvestre Dangond Lacouture, propietario de Palmas Oleaginosas del Casacará y de amplias extensiones de tierra en Becerril, en el sur del Cesar, figuró también entre los receptores. Los apellidos importan: Vives Lacouture y Dangond Lacouture pertenecen a redes familiares que dominan la política y la economía del Caribe colombiano desde hace décadas, y que en los años del "Bloque Norte" de las Autodefensas Unidas de Colombia —con presencia en Cesar, Magdalena, Atlántico y La Guajira— aparecieron entrelazadas con la maquinaria paramilitar comandada por alias "Jorge 40" y con el Frente William Rivas.
La geografía del despojo y la geografía del subsidio se superpusieron con exactitud. En el Cesar, en el Magdalena, en las tierras planas del norte del país, las mismas familias que habían consolidado su patrimonio en la fase de expansión paramilitar entre 1997 y 2005 recibieron transferencias del Estado colombiano bajo la firma del ministro Arias. No fue una coincidencia geográfica: fue la traducción, en términos de renta agraria garantizada por el fisco, de un vaciamiento territorial previo.
La operación involucró también al Incoder. Rodolfo Campo Soto, director de esa entidad entre 2006 y 2010, fue destituido e inhabilitado por trece años por la Procuraduría General de la Nación en el marco del mismo escándalo. El Incoder era la agencia encargada de la política de tierras y adjudicaciones; su participación en la cadena de decisiones que orientó los recursos del AIS confirmó que el desvío no fue un error puntual de un ministro, sino un patrón institucional que atravesó varias entidades del sector agropecuario durante el segundo mandato de Uribe. La coordinación tácita entre carteras y agencias exigía, además, que la información sobre los beneficiarios circulara por canales que blindaban las decisiones frente al escrutinio externo: los criterios técnicos —competitividad, escala productiva, capacidad de exportación— servían de cobertura semántica a asignaciones cuyo verdadero núcleo era la relación política con los receptores.
La ruptura y la salida del gabinete
El escándalo de Agro Ingreso Seguro estalló en 2009, en el momento preciso en que la sucesión presidencial de Uribe se disputaba dentro de la propia coalición gobernante. Arias renunció al ministerio para lanzar su aspiración a la Presidencia por el Partido Conservador, con la bendición implícita de los sectores más uribistas y con la expectativa de convertirse en el heredero natural del proyecto. Perdió la consulta interna frente a Noel Iragorri Hormaza y quedó, en el arranque de 2010, sin ministerio, sin candidatura y con un expediente creciendo en la Corte Suprema y en la Procuraduría.
La lectura estrictamente moral del episodio —un funcionario corrupto que abusó de su cargo— convive con otra, más política: la caída de Arias coincidió con la reconfiguración del bloque uribista en la antesala de la campaña presidencial. Juan Manuel Santos, que había sido pieza central del gobierno saliente, se distanció del ala más dura y armó su propia candidatura sobre otras bases. La exposición judicial del ministro más joven del uribismo, en ese momento, no fue solo consecuencia del funcionamiento de las cortes: fue también funcional a la reorganización interna del poder. Arias, que había sido el heredero, se convirtió en el operador prescindible.
El proceso judicial y el exilio
La Procuraduría destituyó e inhabilitó a Arias en 2011. Tres años después, el 26 de julio de 2014, la Corte Suprema de Justicia lo condenó penalmente mediante sentencia con radicado 37.462, en relación con el desvío de recursos del programa Agro Ingreso Seguro. La pena implicaba prisión efectiva y confirmaba, en términos jurídicos, lo que la Procuraduría había establecido en el terreno disciplinario: la responsabilidad directa del exministro en la destinación irregular de subsidios estatales.
Arias no acudió al llamado de la justicia. Salió del país y se instaló en los Estados Unidos, donde solicitó asilo político argumentando persecución. Desde Florida sostuvo durante años una defensa pública sobre la base de que la Corte Suprema colombiana lo había juzgado en única instancia, sin garantía de doble conformidad, y que el proceso constituía una vendetta política del gobierno Santos. El Centro Democrático —el partido que Uribe fundó tras su salida de la Presidencia— asumió su causa como bandera y promovió una acción de tutela para proteger, retroactivamente, la segunda instancia del exministro. Arias ganó, al menos parcialmente, esa tutela, y su caso pasó a revisión ante la misma Corte Suprema.
El caso recibió un tratamiento de excepción por parte del sistema judicial y del establecimiento, que lo puso a cubierto de la exposición mediática que recibían otros procesos de igual envergadura. Mientras los escándalos de la administración Uribe —Noguera en el DAS, la canciller Araújo, el ministro Zuluaga, Valencia Cossio— se acumulaban en la memoria pública, el proceso contra Arias avanzaba en un semitono que contrastaba con la centralidad política de su gestión y con la magnitud del desvío probado.
Estados Unidos terminó extraditándolo a Colombia en 2018, después de que la corte migratoria estadounidense rechazara su solicitud de asilo. Regresó al país esposado y fue recluido para cumplir la condena. En los años siguientes, la reforma constitucional que estableció la doble instancia para aforados y las tutelas sucesivas modularon la ejecución de la pena, pero no revirtieron el núcleo de la responsabilidad establecida en 2014.
La arquitectura política que explica el AIS
Para comprender por qué el programa fue posible hay que salir del ministerio y del ministro. Agro Ingreso Seguro se diseñó y operó en el segundo mandato de un gobierno cuya política central —la Seguridad Democrática— había reorganizado el control territorial del país entre 2002 y 2010. Esa reorganización tuvo dos caras.
Por un lado, el repliegue de las guerrillas hacia zonas económicamente estratégicas, particularmente el Pacífico colombiano, bajo el empuje del Plan Patriota y la modernización militar. Por otro, la desmovilización formal de las Autodefensas Unidas de Colombia, que concluyó en 2006 con más de treinta y un mil combatientes entregados, pero que dejó intactas las estructuras económicas y políticas que el paramilitarismo había construido durante casi una década de expansión. Lo desmovilizado fue el aparato de guerra; lo que sobrevivió intacto fue el aparato de renta.
La desmovilización, entonces, no fue el final del poder paramilitar sino su reconfiguración. Desde sus lugares de detención, los jefes continuaron controlando redes criminales, ordenando asesinatos, manejando cargamentos de cocaína y depósitos de armas no entregados al gobierno. En la madrugada del 13 de mayo de 2008, el gobierno Uribe extraditó de manera sorpresiva a catorce líderes paramilitares —Salvatore Mancuso, alias Jorge 40, alias Don Berna entre ellos— a los Estados Unidos, en una operación que se leyó como mecanismo de presión sobre los desmovilizados que hacían revelaciones comprometedoras desde las cárceles colombianas. Esa extradición selectiva, ejecutada un año después del arranque del AIS, retiró de la escena colombiana precisamente a los comandantes que habrían podido nombrar a los aliados civiles del proyecto paramilitar en el Caribe y en la costa —los mismos aliados civiles que en paralelo aparecían como receptores de los subsidios del programa administrado por Arias—.
Otras estructuras sobrevivieron sin necesidad de disimulo, y su continuidad en el terreno completa la escena en la que operó el ministerio. El ERPAC, en los Llanos, mantuvo una fuerza estimada en mil cien hombres pese al proceso de Justicia y Paz; cuando en diciembre de 2011, ya bajo el gobierno Santos, doscientos sesenta y nueve de sus miembros se sometieron a la justicia, solo veintiuno quedaron efectivamente a disposición judicial. El resto salió en libertad por falta de previsión jurídica. La cifra ilustra un rasgo del período que atraviesa la gestión de Arias: la coreografía de la desmovilización avanzaba en el plano normativo mientras el control territorial permanecía casi indemne, y sobre ese control territorial se depositaban los subsidios agrarios como si el terreno estuviera pacificado.
Sobre esa geografía —territorios donde el paramilitarismo se había desmovilizado formalmente pero seguía marcando el ritmo económico, donde las tierras despojadas ya habían cambiado de manos, donde las estructuras políticas regionales convivían con lo que la propia Corte Suprema llamó, en un fallo sobre parlamentarios vinculados con las AUC, "un Estado o un poder de facto o de hecho"— se desplegó Agro Ingreso Seguro. Las tierras que habían pasado a manos de terratenientes y agroindustriales por vía del despojo violento recibieron subsidios estatales para su modernización productiva. La consolidación económica de esa transferencia patrimonial se hizo, así, con firma ministerial y presupuesto público.
La red: parapolítica, palma y despojo
El mapa de los beneficiarios del AIS se superpuso con el mapa de la parapolítica. El escándalo estalló en 2006 y expuso vínculos entre líderes paramilitares y miembros prominentes del Congreso, especialmente en Córdoba, Sucre, Bolívar y Magdalena. La alianza incluía a dirigentes políticos regionales, funcionarios, ganaderos y terratenientes, y funcionaba en dos direcciones: blindaba el actuar criminal de las AUC y garantizaba a los aliados civiles el acceso al poder local, regional y nacional.
Entre los parlamentarios del Caribe condenados por vínculos con el Bloque Norte figuraron el representante a la Cámara por el Magdalena Alfonso Antonio Campo Escobar y el senador por el Cesar Mauricio Pimiento. Enrique Rafael Caballero, senador liberal por el Magdalena elegido en 1998 con 61.830 votos, fue condenado por concierto para delinquir tras establecerse que "Jorge 40" y Hernán Giraldo Serna se reunían periódicamente con él para determinar quién podía hacer proselitismo político en la región. No se trataba de contactos ocasionales ni de coacción indirecta, sino de un régimen de autorización política administrado por comandantes armados.
La parapolítica no fue un accidente individual: fue el sistema por el cual una franja significativa de la clase política tradicional del Caribe mantuvo su posición. La clase social del congresista y la fortaleza de su vínculo con el centro administrativo del Estado influyeron en la probabilidad de que estableciera acuerdos con paramilitares, lo que sugiere modalidades diferenciadas de relación según el perfil del político. Vives Lacouture, condenado por parapolítica y receptor del AIS, encarna esa superposición con exactitud.
La agroindustria de la palma añade otra capa al mapa. En el Bajo Atrato, en el Urabá chocoano, se conformó un conglomerado empresarial palmero articulado en torno a sociedades como Urapalma, Extractora Bajirá y Palmura, con solapamiento de equipos directivos que facilitó la integración industrial del sector. El proyecto palmero del Bajo Atrato se atribuía abiertamente a Carlos Castaño Gil, y una vez consolidado se proyectaba su crecimiento a entre setenta mil y cien mil hectáreas, concebido como parte del tipo de inversiones que se negocian en acuerdos de fin del conflicto con el establecimiento económico colombiano e internacional.
En los Montes de María, la lógica fue más brutal y más directa. La población campesina fue expulsada a sangre y fuego por paramilitares bajo mando de "Jorge 40" con el fin de asignar las tierras arrebatadas a un listado de beneficiarios suministrado por el propio jefe paramilitar. El despojo combinó violencia directa y prácticas de despojo jurídico apoyadas en asociaciones empresariales: primero la masacre y el desplazamiento, después la escrituración a nombre de sociedades interpuestas, por último la solicitud de subsidios de fomento productivo.
Los números de fondo confirman la magnitud del proceso. El coeficiente Gini de concentración de la tierra pasó de 0,86 en 1970 a 0,905 en 2014, según el Censo Agropecuario del DANE. Entre esas dos fechas, los predios mayores de mil hectáreas aumentaron su participación en el área agropecuaria en 30,8 puntos porcentuales —del 30,4% al 61,2%—, mientras los rangos de 50 a 500 hectáreas retrocedían. La concentración tiene raíces estructurales anteriores al uribismo; pero durante el período del conflicto y de la Seguridad Democrática, la apropiación abusiva de grandes extensiones de tierra estuvo asociada al crecimiento de la ganadería intensiva y de los cultivos agroindustriales, con respaldo armado que convirtió el despojo en un modelo económico.
La expansión paramilitar entre 1997 y 2005 no respondió exclusivamente a la lucha contraguerrillera: solo en el dieciocho por ciento de los municipios con presencia paramilitar la guerrilla representaba una amenaza a través de su actividad armada. El otro ochenta y dos por ciento del control territorial obedeció a otros factores, entre ellos la consolidación del modelo latifundista y el control del narcotráfico. Sobre ese sustrato operó el ministro Arias.
Las sombras y los matices
Conviene no reducir a Arias a un símbolo unidimensional. Nada establece que diseñara el AIS con el propósito deliberado de premiar a beneficiarios del despojo paramilitar. Lo que quedó documentado es una convergencia de intereses: una tecnocracia ministerial que priorizó, por convicción ideológica y por afinidad de clase, a la agroindustria y al gran productor; unas élites regionales que ya controlaban la tierra por vías previas —herencia, acumulación legal, despojo armado— y que se articularon con la parapolítica para influir en la formulación de la política pública; y un contexto político donde la Seguridad Democrática había vaciado, mediante la desmovilización formal y la extradición selectiva de jefes paramilitares, el espacio para el escrutinio pormenorizado de los beneficiarios del proceso.
En esa arquitectura, Arias fue operador antes que arquitecto. La agencia principal, en términos de captura del Estado, correspondió a élites territoriales preexistentes —ganaderos, agroindustriales, congresistas del Caribe— que usaron su posición en el legislativo y sus redes parapolíticas para orientar los recursos hacia sí mismas. El ministro joven y ambicioso proveyó el marco técnico, la firma administrativa y la retórica modernizadora. Su responsabilidad penal, establecida por la Corte Suprema, no debe leerse como la de un delincuente solitario que traicionó el proyecto uribista, sino como la del funcionario que fue el punto de contacto visible entre una política de seguridad y una política agraria diseñadas para reforzarse mutuamente.
El caso también admite la lectura de la competencia interna. La exposición judicial estalló en 2009, cuando Santos y el ala más pragmática del uribismo disputaban ya la sucesión. La caída de Arias, el heredero designado por afinidad ideológica, despejó el camino a otros herederos —los que en 2013 fundarían el Centro Democrático con Uribe a la cabeza, y los que en 2010 se alinearían con Santos—. Que el sistema haya podido procesar al ministro más joven del gabinete uribista no fue solo un triunfo de la justicia: fue también la manera como una coalición se reorganiza sacrificando a uno de sus operadores más expuestos para preservar a los demás.
La huella
La memoria de Arias en Colombia está partida. Para el Centro Democrático y para el uribismo militante, es un preso político, víctima de una persecución que combinó vicios procesales, envidias intragubernamentales y la venganza del establecimiento contra un joven que se atrevió a heredar a Uribe. Para los sectores críticos, es la prueba judicial de que Agro Ingreso Seguro fue el mecanismo por el cual el Estado colombiano tradujo el despojo paramilitar en renta agraria garantizada. Ambas lecturas conviven en el espacio público sin resolverse, y la propia figura de Arias —culto, articulado, joven, con familia y con biografía de tecnócrata bien situado— alimenta la primera con eficacia mediática.
Más allá de las lecturas, la ficha judicial es la que es. Un exministro de la República condenado por la Corte Suprema mediante sentencia del 26 de julio de 2014. Un exministro destituido e inhabilitado por la Procuraduría en 2011. Un exministro extraditado desde los Estados Unidos tras el rechazo de su solicitud de asilo. Un exdirector del Incoder, Rodolfo Campo Soto, sancionado en la misma órbita. Unos beneficiarios documentados —Vives Lacouture, Dangond Lacouture— cuya posición en el mapa de la parapolítica y del latifundio del Caribe está establecida por otras sentencias del mismo tribunal.
La lección estructural que su caso deja es más incómoda que la moraleja individual. Muestra que la política agraria de la Seguridad Democrática no fue un capítulo autónomo separable de la política de seguridad: fue su prolongación económica. Muestra que la desmovilización de las AUC en 2006, sin desmonte efectivo de las estructuras económicas y políticas del paramilitarismo, dejó al Estado colombiano operando en un terreno donde los beneficiarios visibles del vaciamiento territorial previo eran también los interlocutores naturales de la política pública. Muestra que el Gini agrario siguió creciendo entre 2002 y 2014, del 0,86 histórico hacia el 0,905, en un período en que el discurso oficial hablaba de modernización competitiva del campo. Y muestra que la tecnocracia joven, ese cuadro formado con el que la derecha colombiana prometía renovarse, cumplió una función precisa: dar forma administrativa y lenguaje técnico a arreglos de fondo que la política tradicional del Caribe había construido con otras armas.
Arias es, en ese sentido, más que un caso judicial. Es una pieza en el mapa mayor de la Colombia rural del siglo XXI, aquella donde el fusil que despojó, el subsidio que consolidó la renta y el título de propiedad que dio forma legal al resultado circularon por los mismos circuitos de poder. Su biografía, leída con calma, no explica todo el problema, pero permite verlo con nombres, con fechas y con radicados.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
21 documentos · 23 fragmentos01¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · Página 1441 cita
[1]colombiano, quien le ha dado un tratamiento de excepción y lo ha puesto a cubierto de los medios, mientras el Centro Democrático planteaba una acción de tutela para proteger la segunda instancia del exministro. Arias ganó, así fuera parcialmente, su tutela, y su caso pasó a revisión en la misma Corte Suprema. Menos…
p. 144
02Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 4251 cita
[2]los militares habían inducido la formación de paramilitares apoyados por el narcotráfico y los latifundistas. El presidente Pastrana (1998-2002), acosado por los gringos para frenar los avances del narcotráfico y su alianza con guerrillas y paramilitares, ideó el publicitado esperpento del proceso de paz del Caguán,…
p. 425
03Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · Página 101 cita
[3]“parapolitics” scandal in 2006 that exposed links between illegal paramilitaries and politicians, especially prominent members of the national legislature. Subsequent scandals that came to light during Uribe’s tenure included the “false positive” murders allegedly carried out by the military (primarily the Colombian…
p. 10
04Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · Página 2191 cita
[4]hacienda de palma africana. Otro, los avatares de funcionarios importantes, Noguera del Das, luego la Canciller Araujo y ahora el ministro Zuluaga, sin hablar de Valencia Cossio en complicaciones. Tiene cosas buenas. Logra capturas, aunque la planta directiva de las guerrillas sigue incólume. Logra desmovilizaciones…
p. 219
05Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · Página 1311 cita
[5]que se expandió a recursos de enti- dades nacionales. Muestra de ello es la destinación de subsidios del Programa Agro Ingreso Seguro 197 que terminaron en manos de parapolíti- cos y terratenientes 198 como Eduardo Vives Lacouture, uno de los condenados por parapolítica, y Silvestre Dangond Lacouture 199, propietario…
p. 131
06Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 3661 cita
[6]votos, el 90 % de ellos en el departamento de Magdalena” 647, lo cual sólo pudo realizarse gracias a sus víncu- los con los paramilitares, como lo constató la Corte Suprema de Justicia en su sentencia condenatoria 648. Otros parlamentarios ligados al “Bloque Norte” y su Frente Wi- lliam Rivas, serían igualmente…
p. 366
07Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 931 cita
[7]incontrovertible de la llamada parapolítica o alianza de los líde- res paramilitares de las AUC con dirigentes políticos regionales y funcionarios, ganaderos y terratenientes de Córdoba, Sucre, Bolí- var y Magdalena. La alianza entre políticos y paramilitares permitió blindar el ac- tuar criminal de las AUC cuyo…
p. 93
08Herederos del mal. Clanes, mafias y mermelada. Congreso 2014-2018León Valencia, Ariel Ávila Martínez · 2014 · Página 1501 cita
[8]en los departamentos de 2002 en la zona de mfluenCia e a fc b d 2011 El d ll ' 1 21 de e rero e · Cordoba y Sucre. Su con ena ego e, d 7 Alto Tribunal sentencio que e exsena o, I d r purgana una pena e afios y cinco meses de prision. Enrique Rafael Caballero 1, · d 1 departamento e ag a ena, d 1 M d 1 · llego a1…
p. 150
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1521 cita
[9]1985-2005, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Proyecciones de población municipal por área 2005-2020, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. 602 Entrevista 208-PR-02012. Testigo, mujer, religiosa. 153 fiflćffć́Th́ El repliegue de la insurgencia, los herederos del paramilitarismo y la…
p. 152
10El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 1522 citas
[10]fue sometida a examen en enero-abril de 2013). 153 Víctimas y organizaciones de derechos humanos en busca de incidir en la satisfacción del derecho a la justicia y la implementación de un modelo de justicia transicional (2005–2012) las víctimas, organizaciones defensoras de derechos humanos en Colombia y en el…
p. 152
[11]fue sometida a examen en enero-abril de 2013). 153 Víctimas y organizaciones de derechos humanos en busca de incidir en la satisfacción del derecho a la justicia y la implementación de un modelo de justicia transicional (2005–2012) las víctimas, organizaciones defensoras de derechos humanos en Colombia y en el…
p. 152
11Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · Página 51 cita
[12]fall below 10% in 2012 according to some analysts. The large, unregulated informal sector accounts for 50% to 60% of Colombian workers. Drug trafficking has helped to perpetuate Colombia’s conflict by providing earnings to both left- and right-wing armed groups. The two main leftist guerrilla groups are the FARC and…
p. 5
12Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 2341 cita
[13]internacional como un recurso para reforzar su poderío frente a los paramilitares. La amenaza de la extradición no fue el único recurso con el que contaba el Gobierno para hacer presión sobre los paramilitares. Desde cuando los jefes paramilitares depusieron las armas, fueron con fi nados en centros de reclusión. A…
p. 234
13Costos económicos y sociales del conflicto en Colombia: ¿cómo construir un posconflicto sostenible?María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Ana María Ibáñez, Daniel Mejía, Catherine Rodríguez · 2014 · Página 1071 cita
[14]paramilitares En la madrugada del 13 de mayo de 2008, y de manera sorpresiva, el Gobierno colombiano levantó la suspensión de extradición de los líde - res paramilitares desmovilizados (incluidos Salvatore Mancuso, Jorge 40, Don Berna, y once cabecillas más) y ordenó su traslado inmediato a Estados Unidos. La gráfica…
p. 107
14Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1622 citas
[15]Pájaro, y Darío Uribe Figueroa, alias Puntocom, rindieron indagatoria en el Palacio de Justicia de la capital del Meta. A todos ellos, un juez de control de garantías les impuso medida de aseguramiento y fueron enviados a la cárcel La Picota, para garantizar su seguri - dad durante el juicio. De las 269 personas que…
p. 162
[16]Pájaro, y Darío Uribe Figueroa, alias Puntocom, rindieron indagatoria en el Palacio de Justicia de la capital del Meta. A todos ellos, un juez de control de garantías les impuso medida de aseguramiento y fueron enviados a la cárcel La Picota, para garantizar su seguri - dad durante el juicio. De las 269 personas que…
p. 162
15Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 2681 cita
[17]50 a 100 has 2,4 98 5,9 21 100 a 500 has 1,7 99,7 12,6 33,6 500 a 1.000 has 0,2 99,9 4,8 38,4 >1000 has 0,2 100,1 61,2 99,6 Sin contar los territorios étnicos del censo agropecua- rio, el Gini de 2014 se reduce a 0, 905, bastante mayor que el de 1970 que alcanzó 0, 86, reflejo de la concentración de la propiedad que…
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16Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · Página 501 cita
[18]Medio y sur de Bolívar). De igual manera, profundizaron sus métodos de lucha contraguerrillera, logra- ron fortalecer en varias regiones el modelo de desarrollo agra- rio latifundista y agroindustrial y, por último, llevaron hasta sus últimas consecuencias la estrategia de violencia para excluir la oposición social y…
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17Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · Página 5291 cita
[19]en las estructuras y el modelo de producción y en la distribución de ingresos o, en este caso, en la falta de estos últimos. Estas actividades económicas son principalmente de tipo extractivo. El ingreso que generan beneficia solamente a unos pocos, y definitivamente no a la mayoría de campesinos y trabajadores de la…
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18La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 1471 cita
[20]secreto a voces que es un proyecto suyo que alcanzado entrará a nivelarse con cualquier emporio de los del estableci- miento, incluso promoverá su crecimiento a unas 70 ó 100 mil hectáreas como uno de los muchísimos proyectos que habrá en el pos conflicto. Es este tipo de inversiones las que se nego- cian en los…
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19Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 4431 cita
[21]de María. Entrevista 212-VI-00035. Víctima, hombre. 1353 Entrevista 261-VI-00055. Mujer, víctima. 1354 Informe 1306-CI-01879, Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro) et al., «Guerra contra el campesinado (1958-2019)»; Informe 1308-CI-01891, Comisión Colombiana de Juristas, «Silencios e…
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20Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · Página 2341 cita
[22]eran élites regionales reconocidas en lo nacional y también por los niveles de intimidación que ejerció el paramilitarismo. Cualquier estudio de los resultados políticos nacionales vistos a través de los lentes de la política territorial, deben hacer un énfasis particular en los vínculos entre niveles de gobierno, y…
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21Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · Página 1541 cita
[23]por esa vía, disciplinaron la variación territorial y temporal del fenómeno. Segundo, intro- ducen la variable violencia de manera sistemática en el análi- sis. Tercero, evidencian las tensiones entre política y economía entre los aspectos que los actores involucrados querían maxi- mizar con la gestión de estos…
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