Ensayo · Constitución de 1991 · 1991–2002
Palma aceitera y despojo paramilitar en Colombia (1996–2013)
Entre 1996 y 2013, la expansión de la palma africana sobre el Bajo Atrato, Urabá, Magdalena Medio, Catatumbo, Montes de María y el Pacífico coincidió exactamente con las oleadas de desplazamiento forzado más severas del conflicto. La pregunta central es si esa coincidencia revela oportunismo empresarial, beneficio estructural pasivo o una coproducción coordinada entre paramilitarismo, capital agroexportador y aparato estatal de fomento.
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La respuesta en breve
La evidencia disponible sostiene la tesis de la coproducción coordinada. En el Bajo Atrato, el Bloque Elmer Cárdenas desplazó comunidades afrodescendientes desde 1997, y sobre esos territorios colectivos titulados por la Ley 70 se introdujo la palma desde 1998 con apoyo paramilitar explícito, financiamiento de Finagro y el Banco Agrario por más de cuatro mil quinientos millones de pesos, licencias ambientales de Codechocó y Corpourabá, y títulos falsificados en notarías cooptadas. Vicente Castaño reconoció haber conseguido personalmente los empresarios inversores, y funcionarios del Incora aceleraron la revocación de adjudicaciones campesinas —ciento treinta y cuatro predios en dos meses en el Magdalena en 2003— invocando el 'abandono' de tierras cuyos titulares habían sido desplazados por la fuerza. El dispositivo no fue una suma de coincidencias sino un circuito con reparto de funciones: desplazar, comprar, titular, financiar y subsidiar.
La tensión historiográfica central enfrenta cuatro lecturas incompatibles sobre la naturaleza del nexo entre agroindustria y violencia paramilitar. La lectura del oportunismo empresarial —sostenida por la defensa de empresas como Urapalma y por el discurso gremial palmero— argumenta que el capital llegó a territorios ya vaciados por una violencia cuya lógica era contrainsurgente y ajena al interés económico privado. La lectura del beneficio estructural pasivo admite el patrón geográfico y temporal pero rechaza la intencionalidad coordinada. La lectura de la coproducción coordinada, respaldada por las versiones libres de Justicia y Paz, las investigaciones del CNMH y los procesos penales contra funcionarios del Incora/Incoder, sostiene que paramilitares, empresarios y funcionarios operaron con reparto explícito de funciones y mecanismos de retribución documentados. La lectura más radical —apoyada en las declaraciones de Vicente Castaño y en el trayecto de Agro Ingreso Seguro— invierte la causalidad: el paramilitarismo no fue reacción contrainsurgente que luego atrajo capital, sino vehículo de un proyecto modernizador agroindustrial que las élites adoptaron después como política estatal legítima, borrando su genealogía violenta. Lo que está en juego no es solo la interpretación histórica sino el alcance del posconflicto: si el marco de restitución restaura derechos preexistentes o blinda la acumulación ilegal detrás de una envoltura contractual que las víctimas ya no pueden desmontar.
Ensayo completo
La lectura
¿Fue la palma aceitera cómplice, beneficiaria o motor del despojo paramilitar en Colombia?
Entre 1996 y 2013, la palma africana pasó de cultivo minoritario a política nacional estratégica en Colombia. Ese ascenso coincidió, en los mismos mapas y en las mismas ventanas de tiempo, con las oleadas de desplazamiento forzado más severas del conflicto: Bajo Atrato, Urabá, Magdalena Medio, Catatumbo, Montes de María, Sur del Cesar, Llanos y Pacífico nariñense.
La pregunta no es si esa coincidencia existió. La pregunta es qué relación guarda: ¿se acomodó el capital agroindustrial a una violencia que le era ajena? ¿Fue beneficiario pasivo de un despojo hecho por otros? ¿O formó parte de un mismo dispositivo en el que estructuras armadas ilegales, empresarios y aparato estatal de fomento operaron de manera convergente sobre territorios previamente titulados a comunidades negras, indígenas y campesinas?
El fondo del asunto
De la respuesta depende cómo se lee el posconflicto: si el marco jurídico de restitución restaura derechos preexistentes o si, por el contrario, blinda la acumulación ilegal detrás de una envoltura contractual que las víctimas ya no pueden desmontar.
Depende también quién responde y cómo. Si el despojo fue obra de estructuras armadas ilegales de las que el Estado fue víctima o espectador, la reparación consiste en perseguir mandos paramilitares y devolver predios individualmente identificables. Si fue producido por una articulación entre violencia armada, corrupción institucional selectiva y arquitectura estatal de fomento, el problema es otro: los créditos, los subsidios, los títulos revocados y los incentivos de capitalización rural —todos instrumentos legales— siguen sosteniendo la geografía que la violencia produjo.
Los territorios en disputa —Curvaradó, Jiguamiandó, Pedeguita y Mancilla en el Bajo Atrato; Buenos Aires-Las Pavas en el sur de Bolívar; Tibú y Sardinata en Norte de Santander; Macayepo y El Carmen de Bolívar en Montes de María; María La Baja; Mapiripán y Puerto Gaitán en los Llanos; Tumaco en el Pacífico nariñense— no son casos aislados sino nodos de un mismo patrón geográfico y temporal: expansión palmera en las mismas zonas y en las mismas fechas en que se registraron los desplazamientos masivos entre 2001 y 2004.
Los términos del debate
Caben cuatro lecturas.
La primera es la del oportunismo empresarial: los cultivos palmeros llegaron a territorios ya vaciados por una violencia paramilitar cuya lógica era contrainsurgente, no económica. El capital habría aprovechado precios de tierra hundidos, sin coproducir el despojo. Convive bien con la narrativa gremial —la palma como agroindustria moderna e integradora de campesinos— y con la defensa penal de empresas como Urapalma, cuyo abogado, Carlos Daniel Merlano Rodríguez, sostuvo ante el Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado de Medellín que las asociaciones de pequeños palmicultores respondían a requisitos formales de Finagro y no a un diseño de despojo.
La segunda es la del beneficio estructural pasivo: el paramilitarismo, por razones propias, produjo un vaciamiento territorial que resultó funcional para la agroindustria, sin que exista una coordinación probada entre uno y otra. Admite el patrón sin comprometerse con la intencionalidad.
La tercera es la de la coproducción coordinada: paramilitares, empresarios y funcionarios operaron como parte de un mismo dispositivo, con reparto de funciones —desplazar, comprar, titular, financiar—, mecanismos de retribución explícitos y beneficiarios comunes.
La cuarta, más radical, invierte la causalidad: el paramilitarismo no fue reacción contrainsurgente que luego atrajo capital, sino vehículo de un proyecto modernizador agroindustrial promovido desde su origen por élites que lo adoptaron después como política estatal legítima, borrando su genealogía violenta.
La evidencia: cómo se hizo el despojo palmero
Bajo Atrato: laboratorio del dispositivo
Entre el 24 y el 28 de febrero de 1997, la Operación Génesis —ejecutada por la Brigada XVII del Ejército por aire y tierra— y las acciones simultáneas de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá provocaron el desplazamiento masivo de las comunidades afrodescendientes del Cacarica. Para esa operación, el teniente coronel Rigoberto Ambrosio Ojeda Prieto acordó con el comandante paramilitar Freddy Rendón Herrera, alias El Alemán, y con Raúl Emilio Hasbún que la Policía no realizaría operativos contra las embarcaciones paramilitares en el Atrato; miembros de las ACCU usaron uniformes y fusiles de la fuerza pública durante la toma. La coordinación no fue coyuntural: desde 1982, unidades del Ejército venían realizando patrullajes conjuntos con grupos paramilitares en el Magdalena Medio.
Sobre ese territorio vaciado —titulado colectivamente a comunidades negras— llegó la palma. La industria fue introducida desde 1998 con apoyo de agentes paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas, tomando como epicentro los territorios colectivos de Curvaradó, Jiguamiandó y Pedeguita y Mancilla. Para el año 2000, existían 3.636 hectáreas de palma dentro del territorio colectivo de Curvaradó y 198 en la cuenca del Jiguamiandó. El paramilitar Rodrigo Zapata, alias Ricardo, declaró ante la Fiscalía que desde 1997 estuvo en esas cuencas adquiriendo tierras y que sabía que ciertas zonas no eran aptas para la compra porque estaban en trámite de adjudicación como territorios colectivos. La titulación étnica no era ignorada: era el obstáculo a sortear.
El caso Urapalma condensa el dispositivo. La empresa recibió del Banco Agrario, con incentivos de Finagro, más de cuatro mil quinientos millones de pesos en créditos sobre predios ilegalmente adquiridos, incluido el del campesino Lino Díaz, despojado y asesinado. Para acceder a los Incentivos de Capitalización Rural, Urapalma y sus socios constituyeron asociaciones de pequeños palmicultores que servían de fachada para dar posesión efectiva sobre las tierras usurpadas. Jairo Brugés, socio de la empresa, había sido asesor de un exministro de Agricultura y de un presidente de Finagro. Codechocó y Corpourabá otorgaron las licencias ambientales requeridas por proyectos establecidos sobre tierras despojadas; en notarías se falsificaron títulos para completar el circuito.
Vicente Castaño Gil, alias El Profe, reconoció en entrevista a Semana haber conseguido personalmente empresarios para invertir en cultivos de palma en Urabá, y describió como objetivo propio llevar inversores privados a zonas bajo control paramilitar para atraer allí a las instituciones del Estado. Sor Teresa Gómez, cercana a los Castaño, figuró como representante legal de Asoprobeba —creada, según algunas versiones, junto con alias Monoleche— y bajo esa figura compró mil hectáreas en Caño Manso, en Curvaradó, para instalar cultivos de palma en el marco del proyecto de despojo impulsado por los Castaño y El Alemán en Belén de Bajirá.
El Bloque Elmer Cárdenas se financió, además, con las empresas madereras que operaban en su zona: pagaban el equivalente al cinco por ciento de la producción sobre madera fina y al tres por ciento sobre madera ordinaria, según versión libre de Rendón Herrera en junio de 2007. Maderas del Darién S.A. aportó entre veinte y treinta millones de pesos al Bloque y permitió al grupo usar las frecuencias de sus antenas repetidoras. Entre 2002 y 2006, el control territorial del Bloque se consolidó en torno a proyectos económicos sobre territorios étnicos: explotación maderera, palma, banano, plátano, ganadería extensiva y concesiones mineras. Rendón Herrera declaró su apoyo a una "gran revolución agraria" en un contexto en que su bloque impulsaba activamente proyectos palmeros.
Frente a este dispositivo, las comunidades de Curvaradó y Jiguamiandó constituyeron zonas humanitarias de refugio y zonas de biodiversidad, delimitándolas con cuerdas de nylon, maderas, banderas y rótulos en lo que denominaron la Malla de la Vida. Algunas empresas palmicultoras respondieron con desobediencia expresa al mandato de la autoridad ambiental que ordenaba suspender actividades, ignorando también el llamamiento de la Defensoría del Pueblo. Empresarios palmeros del sector antioqueño llegaron a caracterizar los consejos comunitarios como instrumentos "impuestos bajo la ley del fusil por los subversivos", invirtiendo la carga simbólica del despojo.
Magdalena, Cesar, Urabá bananero: el peaje agroindustrial
Al oriente, el Bloque Norte de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, identificó tres focos de colaboración —forzada y voluntaria— entre empresas palmeras y la estructura paramilitar: norte del Cesar en El Copey; norte del Magdalena en Ciénaga, Algarrobo, Fundación y Zona Bananera; y Atlántico como nodo financiero.
En el Urabá bananero, la sentencia contra Jaime Blanco Maya, dictada en 2013 por el Juzgado Once Penal del Circuito Especializado de Bogotá, documentó que el Frente William Rivas recaudaba de empresarios bananeros setenta mil pesos anuales por hectárea cultivada, a cambio de proveer seguridad a las fincas mediante patrullas de vigilancia perimetrales. En los Llanos, el Bloque Centauros de Miguel Arroyave Ruiz se financió con aportes de ganaderos, empresarios y contratistas, cobrando aproximadamente el diez por ciento del valor de los contratos de obra.
Salvatore Mancuso reconoció que la recuperación de tierras tenía por objeto "devolvérsela a los empresarios". La afirmación identifica un beneficiario económico externo al grupo armado, ajeno a la lógica contrainsurgente, y compatible con el reparto de rentas agroindustriales que las versiones libres fueron documentando.
En el Magdalena Medio, Indupalma ejerció control territorial sobre tierras campesinas en San Alberto, Cesar, mediante retenes privados a cargo de su personal de seguridad —los llamados "silvaperros"— y presión sobre el Incoder para que ofreciera titulaciones condicionadas a la salida de los campesinos, aprovechando la ausencia de títulos perfeccionados para calificarlos de invasores. En el Sur de Bolívar, el Bloque Central Bolívar usurpó tierras mediante violencia y compras fraudulentas o presionadas para sembrar palma, según relatos de desmovilizados.
La maquinaria institucional del despojo
El componente estatal del dispositivo no fue omisión: fue actividad. Y esa actividad tuvo un orden reconocible. Primero, funcionarios de reforma agraria revocaron adjudicaciones campesinas invocando el "abandono" de tierras cuyos titulares habían sido desplazados. Después, notarías cooptadas perfeccionaron títulos falsos. Al final, la banca de fomento inyectó recursos públicos sobre esos títulos ya lavados. Cada eslabón exigía funcionarios dispuestos y encontró.
En el Magdalena, entre febrero y marzo de 2003, el Incora revocó la adjudicación de ciento treinta y cuatro predios —dos por día en promedio—, frente a apenas ochenta predios revocados en los siete años anteriores. José Fernando Mercado Polo, ex gerente regional del Incora en el Magdalena, fue investigado penalmente por la Fiscalía por treinta y seis casos en las veredas Bejuco Prieto y El Encanto en Chibolo, en un esquema de despojo vinculado al Bloque Norte. Testimonios campesinos documentan firmas obtenidas bajo amenaza o coacción para renunciar a las adjudicaciones.
El patrón se replicó en el rediseño institucional. Entre 2007 y 2010, cincuenta y tres funcionarios del Incoder fueron investigados y veintiséis destituidos por casos relacionados con mecanismos de despojo. Carlos Reyes, exdirector del Incoder en Cesar, fue acusado de apoyar al paramilitar Hugues Rodríguez —bajo mando de Jorge 40— en acciones de desplazamiento forzado, despojo y titulación a testaferros. El exdirector del Incoder Rodolfo Campo Soto fue destituido e inhabilitado por trece años por la Procuraduría en un contexto vinculado al programa Agro Ingreso Seguro.
Sobre esos títulos lavados —o revocados y readjudicados— llegó el crédito. Además del caso Urapalma, entre 2008 y 2012 Finagro aprobó recursos para financiar la palma en Norte de Santander por setenta y siete mil novecientos dieciocho millones de pesos, bajo el modelo de alianzas productivas cuyos objetivos declarados combinaban la sustitución de cultivos de coca con la "consolidación del control efectivo de territorios". En ese modelo, los recursos se manejaban a través de una fiduciaria, los créditos eran solidarios y la asociación respondía por ellos, quedándose con la tierra —prenda real del negocio— si el pequeño socio no podía pagar. La tierra del campesino era la garantía de su propio despojo.
Encima del crédito, el subsidio. El programa Agro Ingreso Seguro, creado durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, canalizó dinero público que terminó en manos de parapolíticos y terratenientes: Eduardo Vives Lacouture, condenado por parapolítica; Silvestre Dangond Lacouture, propietario de Palmas Oleaginosas del Casacará y de amplias extensiones en Becerril, Cesar. El exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias fue condenado por la Corte Suprema de Justicia y destituido e inhabilitado por la Procuraduría.
El Plan Colombia añadió una capa. Financió proyectos de palma en Tumaco para sembrar mil quinientas hectáreas, en un contexto donde el gobierno Uribe identificó la industria palmera como estratégica y señaló a Tumaco como zona prioritaria por su condición de puerto exportador. El aval del Consejo Nacional de Política Económica y Social a las alianzas productivas y la canalización de recursos de cooperación internacional completaron una arquitectura donde el desarrollo alternativo, la lucha antinarcótica y la agroindustria de exportación se volvieron indistinguibles en los mismos territorios.
La violencia que no cesó y el suelo que la sostiene
Tras la desmovilización de las AUC, la violencia sobre líderes étnicos no cesó. El 11 de octubre de 2010, Los Urabeños asesinaron a Ana María Moreno, representante legal del Consejo Comunitario de Asti, en el Chocó; a Fredy Pestaña, del Consejo Menor de Capitán en Acandí, lo amenazaron telefónicamente con el sonido de una motosierra. Una encuesta a ciento cincuenta mujeres afrocolombianas desplazadas en Cartagena, Cali, Quibdó, Tumaco y Bogotá registró que el 63,24% había recibido amenazas de muerte bajo la condición explícita de desocupar las tierras; el 67% había sido amenazada con daños contra sus hijos u otros familiares.
Sobre el suelo despojado, el monocultivo actuó como una segunda capa de vaciamiento. La palma destruye las especies de fauna y flora incompatibles con ella y reemplaza el ambiente existente en lugar de integrarse a él. Los sistemas de drenaje de las plantaciones modifican cursos hídricos y cuencas: en el caño Elvira, un terraplén asociado a cultivos de palma impidió el flujo natural del agua acumulando caudales sin salida. La expansión del monocultivo está asociada a pérdida de diversidad biológica, uso insostenible del agua, vertimiento de sustancias tóxicas y desertificación paulatina del suelo. La transformación de coberturas vegetales naturales para el cultivo de Elaeis guineensis se realizó sin consideración por las consecuencias sobre las especies endémicas de esas regiones. El despojo humano y el ecológico comparten la misma huella cartográfica.
Entonces, ¿qué relación guarda la palma con el despojo?
Sostener que la expansión palmera fue oportunismo empresarial pasivo obligaría a explicar por qué las asociaciones de fachada, los créditos sobre predios despojados, las revocaciones aceleradas de adjudicación, los pagos regulares de las madereras al Bloque Elmer Cárdenas, el peaje bananero documentado en la sentencia Blanco Maya, la coordinación explícita entre el coronel Ojeda Prieto y el comandante Rendón Herrera, la declaración de Vicente Castaño sobre conseguir inversores para Urabá y las asociaciones de Sor Teresa Gómez en Caño Manso son eventos independientes y no eslabones de un mismo mecanismo. La lectura del beneficio estructural pasivo es más resistente, pero encuentra su límite en las declaraciones de Mancuso y Castaño, en las alianzas contractuales entre empresas y bloques, y en el hecho de que las asociaciones palmicultoras fueron creadas precisamente para acceder a instrumentos legales de fomento sobre tierras que se sabían usurpadas.
La lectura que mejor integra el expediente es la de una coproducción coordinada —aunque no monolítica ni plenamente consciente en cada eslabón— entre estructuras armadas ilegales, capital agroindustrial y aparato estatal de fomento. Los paramilitares desplazaron, mataron y coaccionaron ventas; funcionarios seleccionados del Incora y del Incoder, notarías cooptadas y corporaciones autónomas complacientes legalizaron el vaciamiento; Finagro, el Banco Agrario, el Plan Colombia y Agro Ingreso Seguro canalizaron recursos públicos que consolidaron económicamente la nueva geografía de propiedad; los empresarios aportaron capital, tecnología, redes políticas y la envoltura de "alianza productiva" que blindaba jurídicamente el conjunto. No hubo una oficina central que dictara la política, pero hubo una convergencia cuyos efectos —el mismo territorio, la misma fecha, el mismo cultivo, los mismos beneficiarios— son sistemáticos.
La lectura invertida —que hace del paramilitarismo un vehículo de un proyecto modernizador agroindustrial adoptado después como política uribista— encuentra en la propia entrevista de Vicente Castaño su apoyo más incómodo. Castaño no dijo que el capital llegó después: dijo que él fue a buscarlo. La palma como política estratégica nacional bajo el gobierno Uribe, el AIS canalizado hacia terratenientes cercanos a la parapolítica, el Plan Colombia sembrando palma en Tumaco y Finagro financiándola en Catatumbo son la continuidad, no la ruptura, de esa estrategia inicial. El proyecto se blanqueó, no se sustituyó.
El caso de Las Pavas confirma que el dispositivo sobrevivió al desmonte formal de las AUC. En Buenos Aires, sur de Bolívar, predios campesinos pasaron a las empresas palmeras Aportes San Isidro S.A. y C.I. Tequendama, del grupo Daabon. El grupo contribuyó a la elección de Juan Carlos Díaz-Granados a la Alcaldía de Santa Marta y apoyó con dinero la campaña por la reelección de Uribe. En los Montes de María, un Grupo Élite de la Superintendencia de Notariado y Registro tuvo que intervenir la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Carmen de Bolívar ante irregularidades en compraventas masivas de tierras, en un contexto en que cuatrocientas sesenta mil familias campesinas habían sido desplazadas. La restitución, cuando ocurre, se enfrenta a títulos formalmente perfeccionados, créditos ejecutados, cultivos productivos y garantías fiduciarias que el marco jurídico del posconflicto no desmonta con facilidad.
El posconflicto no restaura: convive con el despojo consolidado y, en varios casos, lo blinda. La institucionalidad de restitución opera sobre una geografía de propiedad que la propia arquitectura estatal ayudó a producir. Devolver un predio es más difícil cuando encima crece una plantación financiada por el Banco Agrario, protegida por una alianza productiva y explotada por una empresa cuyos socios tienen conexiones con exministros y expresidentes de la banca de fomento.
¿Qué queda por preguntar?
Entre 1996 y 2013, en los territorios donde la palma aceitera avanzó sobre tierras titulables a comunidades étnicas y campesinas, la violencia paramilitar, la corrupción institucional y la financiación pública operaron con una regularidad que ni la casualidad ni el oportunismo aislado alcanzan a explicar. El dispositivo tuvo nombres —Castaño, Rendón Herrera, Tovar Pupo, Arias, Brugés, Mercado Polo, Reyes, Sor Teresa Gómez— y tuvo cuentas: los miles de millones que Urapalma recibió del Banco Agrario, los que Finagro puso en Catatumbo, los ciento treinta y cuatro predios revocados en dos meses en el Magdalena.
Quedan preguntas más finas, y todas se pueden formular en el mismo terreno. La primera es hasta dónde llegó el conocimiento institucional: que Finagro y el Banco Agrario financiaran predios despojados es un hecho; que sus directivos actuaran, caso por caso, sabiendo de cada denuncia previa, es otra cosa, y solo puede establecerse operación crediticia por operación crediticia. Lo que sí puede afirmarse desde ya es que el diseño del programa —créditos solidarios con la tierra como prenda, incentivos para asociaciones sin verificación de la limpieza del título— era funcional al despojo incluso cuando cada burócrata individual actuara conforme al manual. La segunda es qué tan diferenciada es la responsabilidad de los empresarios: que Urapalma operó sobre tierras despojadas es cosa juzgada; que Daabon adquirió los predios de Las Pavas en un contexto de desplazamiento previo también. Pero distinguir entre empresas que coprodujeron el despojo desde el origen —contratando servicios paramilitares, aportando financiación a los bloques— y empresas que lo consolidaron después comprando a testaferros ya blanqueados exige una taxonomía caso por caso que todavía no está hecha. La tercera es la escala real del dispositivo fuera de los casos emblemáticos: Curvaradó, Jiguamiandó, Las Pavas, María La Baja y Tibú están razonablemente documentados; el Vichada palmero y ganadero, ciertas cuencas del Pacífico nariñense, extensiones de los Llanos presentan indicios fuertes de patrones similares que aún no han sido igualmente ventilados en tribunales.
La pregunta central, en cambio, no queda abierta. La palma aceitera colombiana, tal como se expandió entre 1996 y 2013, no fue una industria que llegó tarde a una tierra ya limpia por otros. Fue, en buena parte de sus frentes, la razón económica del vaciamiento, su beneficiaria contractual y su continuadora política. Reconocerlo es la condición mínima para que el posconflicto signifique algo distinto de su consolidación.
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Documentos usados en esta lectura
36 documentos · 56 fragmentos de referencia01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1311 fragmento
[1]coordinación opera- tiva de estructuras paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá 347 Entrevista 077-VI-00002. Hombre, víctima, Consejo Comunitario, región del Urabá antioqueño. 348 Informe 119-CI-00686, Comisión Intereclesial de Justicia y Paz et al, «Van por nuestras tierras a sangre y fuego».…
p. 131
02La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 138, 154, 1813 fragmentos
[2]desarrollo del proyecto rebelde. La masacre de 13. Uribe, M. T., Urabá: ¿región o territorio? op. cit. Garda, C. 1,. Urabá. Región, actores y conflicto, op. cit. 14. Uribe de Hincapié, María Teresa, Nación, ciudadanoy soberano, Corporación Región, Medellin, 2001. 277 LA ECONOMÍA DE LOS PARAMILITARES Brisas" dio inicio…
p. 138
[16]través de la legislación agraria, ambiental y étnica mencionada. ''Antioquia y sus gremios -dice uno de los empresarios que representa esta posición- vemos con gran preocupación el des- enlace, no solamente de 4.000 hectáreas de palma, sino 6'000.000 del Pacífico colombiano conquistadas con fines oscuros sin un solo…
p. 154
[43]zonas humanitarias de refugio y zonas de biodiversidad como una forma de permanecer (además de los otros fines ya referidos) y la eliminación de porciones de los cultivos de palma como un intento de restauración del dominio perdido. La constitución de las zonas implica un ejercicio de demarca- ción, no de lo…
p. 181
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 117, 1202 fragmentos
[3]que registra cómo miembros de las ACCU usaron uniformes y fusiles de la fuerza pública durante esta toma. Además, registra que la toma fue planeada desde el comando de la Policía del Chocó, cuando alias el Alemán –comandante de las ACCU en la región– y Raúl Emilio Hasbún –alias Pedro Bonito– se reunieron en Quibdó con…
p. 117
[17]20 de julio de 2013. 420 Corte Constitucional, Sentencia SU394/16, 28 de julio de 2016. 421 Según informes del Incoder, en el año 2000 existían dentro del territorio colectivo de Curvaradó 3.636 hectáreas de cultivos de palma africana, mientras que en el área correspondiente a la cuenca del Jiguamiandó, la extensión…
p. 120
04Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 76, 3682 fragmentos
[4]rentas de la economía del narco- tráfico 90. Entre 2002 y 2006, el control territorial ejercido por el Bloque Elmer Cárdenas de las AUC estuvo asociado a la consolidación de diferentes proyectos económicos en territorios étnicos, como la explotación maderera; agronegocios de palma, banano y plátano, y ganadería…
p. 76
[18]Superior de Medellín, las empresas madereras cancelaron a los paramilitares el equivalente del 5% de producción sobre la madera fina y el 3% sobre madera ordinaria, a cambio de seguridad, una información que aportó el propio Fredy Rendón Herrera durante una de sus versiones libres en junio de 2007 820. 817 Informe…
p. 368
05Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2791 fragmento
[5]ganó gran parte del apoyo de su comunidad en La Danta, Antioquia, por las múltiples obras públicas y sociales que hizo. 27 Al tiempo que conquistaba territorios, pensaba en los negocios futuros e imponía su visión del mundo. Fue su idea pionera, mucho antes de que el gobierno Uribe se embarcara en ello, desarrollar…
p. 279
06Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 262, 2662 fragmentos
[6]financiamos de las grandes cadenas de producción de la economía como el banano, el plátano, la ganadería. Pero en la región se adquirieron muchas tierras que se dice compraron las autodefensas. La realidad es que se quedaron con ellas los que iban atrás de nosotros ‘palmoteándonos’” (Urabá Hoy N o 34, abril 2006;…
p. 266
[40]en uso del municipio de Tumaco y el 13.3 % del área total sembrada en palma en Colombia. Colombia es el primer productor de palma de aceite en América Latina y el cuarto en el mundo, aportando Tumaco el 11% de la producción nacional de aceite de palma, con un promedio anual de 16 toneladas/ha (Fedepalma 1999). Esta…
p. 262
07Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 135, 1642 fragmentos
[7]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…
p. 164
[12]de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…
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08Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 135, 1642 fragmentos
[8]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…
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[13]de tierras, tierras robadas a campesinos, indígenas y comunidades negras para el exclusivo sembrado de la palma con el total apoyo de la Presidencia de la República. A principios del 2003 la plantación ilegal de la palma de aceite o africana, avanzaba en el norte de Colombia en las regiones próximas al Darién,…
p. 135
09Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 851 fragmento
[9]tuvo un componente de ocupa- ción, que fue desde la expulsión de gente del territorio. Los desplazamien- tos fueron muy profundos, fueron producidos por la presencia de las auto- defensas, por la guerra y por la presencia de la guerrilla. Los empresarios entraron sobre baldíos para sembrar palma de aceite y para…
p. 85
10La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 4391 fragmento
[10]Intereclesial de Justicia y Paz (2007), sus efectos nocivos se inscriben a partir de dos factores: el despojo territorial y la destrucción de ecosistemas. Desde el punto de vista de los derechos humanos, las empresas cultivadoras de palma llegan a los territorios ancestrales de comunidades nativas, des- pojando a…
p. 439
11Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 157, 161, 1643 fragmentos
[11]para… y yo lo que en ese tiempo entendía era para que cuidaran, la guerrilla se quería entrar a formar el desorden, ese desorden que ellos estaban formando, pero lo quería formar era la guerri- lla, que es lo que siempre (...). Que querían irse apoderando poco a poco de toda esa zona. 158 ESTRATEGIAS DE GUERRA Y…
p. 157
[20]habiendo generado un fondo de gastos comunes (...). (Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado de Medellín, 2014, 30 de octubre, p. 46) 23 Para garantizar la conformación de dicho triángulo, los paramilitares y empresarios se trazaron como estrategia –además de las amenazas para la venta de los predios– utilizar…
p. 164
[34]consejos comunitarios por el Incora en 2000 y fueron objeto de des- plazamiento tanto por las FARC como por los paramilitares. De este proceso de otorgamiento de titulación colectiva a las comunidades del sector ya eran conscientes los paramilitares, según se recoge en las declaraciones de Rodrigo Zapata, alias…
p. 161
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1381 fragmento
[14]las tierras de “Jorge 40”», VerdadAbierta.com. 316 Ver Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivas del Informe Final de la Comisión. 317 Juzgado Once Penal del Circuito Especializado de Bogotá, Sentencia contra…
p. 138
13Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 1251 fragmento
[15]terratenientes. Cuando se interrogó sobre la financiación del BCe, en la Sentencia quedó regis- trada la respuesta del entonces comandante general de esa organización: Esta forma de financiación [aportes de diversos actores económicos] fue aceptada por Miguel Arroyave Ruiz, en una entrevista cuando a la pregunta de…
p. 125
14Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 94, 1572 fragmentos
[19]de mucho tiempo atrás, cuando los Castaño, ‘El Alemán’ y otros jefes de las Autodefensas despojaron de sus tierras a agricultores que ocupaban las áreas rurales del municipio de Belén de Bajirá, entre otros, para establecer proyec- tos empresariales de palma de aceite 83. En esa época, Sor Teresa fi- guró como la…
p. 94
[23]readjudicciones son Chivolo (47 casos), Ariguaní (32), Pivijay (24), Sitio Nuevo (12), Tenerife (8), Ciénaga, Santa Marta, Aracataca, Fundación y Plato con 2 casos cada uno y El Banco con 1 caso. La fiscalía abrió inves- tigaciones contra los funcionarios el INCORA/INCODER por 36 casos en las veredas Bejuco Prieto y…
p. 157
15Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1221 fragmento
[21]He submitted a letter to INCORA explaining the reason why he was leaving the parcel of land he was granted in 1987. He submitted a second letter in 1995 hoping that the institution would prevent him from losing the land, but in vain. In 2007, the land appeared registered in the name of an unknown person who had never…
p. 122
16La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 43, 3882 fragmentos
[22]Verdad Abierta: (…) Entre febrero y marzo de 2003, el Incora revocó la adjudicación de 134 predios, dos en promedio por día, argumentando que los campesinos abandonaron la tierra o incumplieron con el pago de un crédito que les otorgaron quince años atrás. Se aprecia lo exagerado de la cifra, si se tiene en cuenta que…
p. 43
[54]dos sectores: por un lado, las em- presas de palma de aceite o palma africana. Por otro, los grandes cultivos industriales de banano. Respecto a la dinámica de la palma, esta estructura paramilitar encontró tres focos importantes de colaboración forzada y volun- taria: i) en el norte del Cesar, en especial en el…
p. 388
17Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 174, 1952 fragmentos
[24]Buenos Aires, que habían huido en 1997 y tres años más tarde 174 Con licencia para desplazar llegaron unos señores encapuchados y bien armados y le me- tieron candela al rancho y nos sacaron de adentro donde está- bamos durmiendo, a mí me pusieron en un barranco, ahí me insultaban y me decían palabras obesas (sic), me…
p. 174
[38]la operación. Los recursos se manejan a través de una fiduciaria. Los créditos son solidarios, o sea que la asociación respectiva responde por ellos en primera instancia, pero, claro está, si el socio no puede pagar, la asocia- ción se queda con la tierra, que es la prenda real del negocio. 148 Se define como un…
p. 195
18Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 522, 526, 5386 fragmentos
[25]INCODER no había revocado los títulos de los testaferros para devolverlos a sus dueños, ni los jueces habían aten - dido la orden de protección legal de las parcelas. El abogado defen - sor de los campesinos y campesinas, Rafael Barros, explicó: “No entendemos por qué nadie ha tomado medidas, más aún, sabiendo que,…
p. 522
[26]INCODER no había revocado los títulos de los testaferros para devolverlos a sus dueños, ni los jueces habían aten - dido la orden de protección legal de las parcelas. El abogado defen - sor de los campesinos y campesinas, Rafael Barros, explicó: “No entendemos por qué nadie ha tomado medidas, más aún, sabiendo que,…
p. 522
[27]los clientes. En esos casos no advertí irregularidad”. Sin embargo, estaba impli - cado en el caso del predio del campesino Lino Díaz, despojado y asesinado por los paramilitares, de forma que su predio fue ilegalmente dimensionado y adjudicado a Urapalma, que obtuvo créditos del Banco Agrario con incentivos y de…
p. 538
[28]los clientes. En esos casos no advertí irregularidad”. Sin embargo, estaba impli - cado en el caso del predio del campesino Lino Díaz, despojado y asesinado por los paramilitares, de forma que su predio fue ilegalmente dimensionado y adjudicado a Urapalma, que obtuvo créditos del Banco Agrario con incentivos y de…
p. 538
[50]- praron predios de forma irregular (Eltiempo.com, 2010 noviem - bre 21, “La toma ‘para’ al Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, INCODER”). Un Grupo Élite de la Superintendencia de Notariado y Registro se tomó la Oficina de Registro de Instru - mentos Públicos de Carmen de Bolívar, una vez destituida su di -…
p. 526
[51]- praron predios de forma irregular (Eltiempo.com, 2010 noviem - bre 21, “La toma ‘para’ al Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, INCODER”). Un Grupo Élite de la Superintendencia de Notariado y Registro se tomó la Oficina de Registro de Instru - mentos Públicos de Carmen de Bolívar, una vez destituida su di -…
p. 526
19Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 26, 1312 fragmentos
[29]que se expandió a recursos de enti- dades nacionales. Muestra de ello es la destinación de subsidios del Programa Agro Ingreso Seguro 197 que terminaron en manos de parapolíti- cos y terratenientes 198 como Eduardo Vives Lacouture, uno de los condenados por parapolítica, y Silvestre Dangond Lacouture 199, propietario…
p. 131
[36]Barranqui- lla, 2015, 13 de julio, radicado 2008-83160, Sentencia condenatoria contra Ferney Alberto Argumedo Torres). El auge de la marihuana coincidió con la reactivación de la in- dustria bananera en el Gran Magdalena hasta su declive a finales de los setenta por la competencia de la Frutera Sevilla, filial de…
p. 26
20Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1341 fragmento
[30]uinto Penal del Circuito Especializado de Medellín, 2014). Como vemos, el acaparamiento violento de las tierras no se llevó a cabo en un vacío institucional. No es la ausencia o la debilidad del Estado lo que explica la facilidad con la cual los paramilitares se apropiaron de la tierra. Por el contrario, fue…
p. 134
21En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 110, 1322 fragmentos
[31]a nombre de Aportes San Isidro y C. l. Tequendama, compa- ñías palmeras del grupo Daabon, un conglomerado de empresas agroindustriales -banano, café, frutas tropicales- que cultiva, comercializa y refina productos de la palma africana. Las Pa- vas hace parte de un megaproyecto de alianzas estratégicas con cultivadores…
p. 110
[37]el tiempo de retención de las reses, lo que golpeaba severamente los presupuestos campesinos. Los "silva- perros", como la gente llama a los miembros de seguridad de la empresa, se hicieron más rígidos. Por mediación del PoPMM los campesinos pidieron la presencia de la Defensoría del Pueblo y del lNCODER para negociar…
p. 132
22El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 651 fragmento
[32]paramilitares quienes tienen amenazados a los jaibanás en la zona de Bojayá, pues consideran que están empleando sus poderes espirituales contra ellos, bien sea para que sus acciones bélicas contra la guerrilla sean fallidas, o para que les caigan enferme- dades incurables. Desafios y amenazas actuales Estos efectos…
p. 65
23El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 651 fragmento
[33]paramilitares quienes tienen amenazados a los jaibanás en la zona de Bojayá, pues consideran que están empleando sus poderes espirituales contra ellos, bien sea para que sus acciones bélicas contra la guerrilla sean fallidas, o para que les caigan enferme- dades incurables. Desafios y amenazas actuales Estos efectos…
p. 65
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1381 fragmento
[35]el mapa 9 se pueden apreciar, por ejemplo, los municipios que presentan expansión de cultivos de palma en el periodo 2001-2013, en relación con los que registran fenómenos de desplazamiento forzado entre 2001 y 2004. Se evidencia allí una correspondencia en algunas regiones del Urabá, el Magdalena Medio o el Meta. La…
p. 138
25La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 1721 fragmento
[39]personas que vienen a comprar se hacen acreedores de la deuda según ellos y lo que les dan es como, le pagan es como un tiempo de estadía al campesino, es decir, si ellos tienen 10 años de estar en la parcela le doy 5 millones de pesos y nosotros solucionamos el problema, así se está manejando la situación allá. (Gru-…
p. 172
26Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 232 fragmentos
[41]alimen - tos destinada al consumo interno ha disminuido o se ha orientado a la produc - ción de insumos para la agroindustria y los biocombustibles, lo cual amenaza su vez la supervivencia de la economía campesina tradicional, especialmente la de carácter familiar. Esta experimenta fuertes presiones para su…
p. 23
[42]alimen - tos destinada al consumo interno ha disminuido o se ha orientado a la produc - ción de insumos para la agroindustria y los biocombustibles, lo cual amenaza su vez la supervivencia de la economía campesina tradicional, especialmente la de carácter familiar. Esta experimenta fuertes presiones para su…
p. 23
27Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 1781 fragmento
[44]cri - men se dio como represalia por el asesinato de los líderes Manuel Moya y Graciano Blandón por parte de las FARC y quienes eran afines a los empresarios de palma aceitera. El 11 de octubre de 2010 Los Urabeños habrían asesinado a Ana María Moreno, representante legal del Consejo Comunitario de Asti, y amenazaron…
p. 178
28Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 1191 fragmento
[45]estrechamente relacionadas con el territorio, y la afecta- ción diferencial por la variable de género no se ha hecho esperar. Una encuesta reali- zada a 150 mujeres afrocolombianas en situación de desplazamiento en las ciudades de Cartagena, Cali, Quibdó, Tumaco y Bogotá reveló que el 63,24% de ellas recibió amenazas…
p. 119
29Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 931 fragmento
[46]gral de ciénagas y restauración de la oferta ictiológica en el Mag - dalena Medio, caracterizan el cultivo de la palma en relación con su afectación de los humedales: La palma no se integra en el ambiente existente, lo reem - plaza en el suyo, lo que quiere decir que destruye las especies de fauna y flora que no son…
p. 93
30Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1701 fragmento
[47]manera, una co ntinuidad de la explotación de monocultivos que viene asociada a la pérdida de la diversidad biológica, al uso insostenible del agua, al vertimiento de sustancias tóxicas y a la paulatina desertificación del suelo. 487 Informe 365 - CI - 01261, Federación Nacion al de Cultivadores de Palma de Aceite…
p. 170
31Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 4881 fragmento
[48]un terraplene, un muro de tal modo que caño Elvira está acumulando todas estas aguas que pa- san y estas aguas no pasan ya por solera, no tienen salida” (citado por Soler y León, 2009). Sobre el incremento de plagas y cambio en la calidad del suelo, se identificaron relatos aislados de los campesinos desplazados de…
p. 488
32Plantas exóticas con alto potencial de invasión en ColombiaDairon Cárdenas López, María Piedad Baptiste E., Nicolás Castaño A. · 2017 · p. 951 fragmento
[49]de aceite ha sido objeto de me- joramiento genético para aumentar sus cualidades de producción de aceite y facilitar su cultivo ȋǦ ͖͔͕͕ȌǤ transformación de las coberturas vegetales naturales que se encuentran en las áreas donde esta especie está…
p. 95
33Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 3961 fragmento
[52]mostrar una amplia ejecución de recursos (…)”. El modelo Incuagro exigía crear sociedades a las que se les entregaba montos equivalentes al 70 por ciento de aportes públicos, el resto lo aportaban los socios privados. (http:// estrategicos.contraloria.gov.co/observatorio/advertencia/Advertencias.asp). 396 Una nación…
p. 396
34Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 631 fragmento
[53]y de control de población de los grupos paramilitares se daría simultáneamente con una intensi fi cación de las operaciones militares del Ejército en el Magdalena Medio. El Grupo de Me- moria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Recon- ciliación (CNRR) constataría que, en el Magdalena Medio, A partir de…
p. 63
35Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 571 fragmento
[55]derechos individuales como la vida y la libertad (CNMH, 2012b, página 246). De modo que se enmarcan en la misma lógica del discurso de Isaza y justifican la apropiación de territorios. Pero un factor adicional, que refuerza la exis- tencia de intereses ajenos a los grupos y por ello la existencia de la quíntuple…
p. 57
36Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 2611 fragmento
[56]contrincantes &%$. Fue así como, de la mano de la información del computador de “Jorge $) ” y de las declaraciones que hicieron los paramilitares a los medios antes de las versiones libres, se investigó por vínculos con el paramilitarismo a concejales, alcaldes, gobernadores, y a casi el +) % del Congreso. Las…
p. 261