Ensayo · Transversal · —
El Concordato de 1887
En 1887, Rafael Núñez pactó con la Santa Sede un tratado que entregó a la Iglesia católica el control de la educación pública, el registro civil, el matrimonio y los territorios de frontera, estructurando el régimen político colombiano por más de un siglo. La pregunta es si ese pacto fue una restauración ultramontana premoderna o una 'modernización conservadora' que estatalizó a la Iglesia para suplir la debilidad del Estado.
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La respuesta en breve
El Concordato de 1887 fue simultáneamente restauración ideológica, infraestructura modernizadora y solución de emergencia ante el fracaso del proyecto liberal radical previo. Núñez subcontrató a la Iglesia —la única institución con red territorial, capital humano y legitimidad simbólica— porque el Estado colombiano carecía de recursos, cuadros y tiempo para construir por sí mismo el aparato administrativo que necesitaba. Su longevidad excepcional derivó de que cada una de esas funciones creó un anclaje distinto —ideológico, funcional, político— que sus adversarios debieron desmontar por separado y nunca lograron desmontar al mismo tiempo; a ello se sumó la parálisis volitiva de los reformadores liberales, que teniendo capacidad institucional para modificarlo retrocedieron repetidamente ante la amenaza de conflicto confesional.
La disputa historiográfica enfrenta tres lecturas incompatibles en su énfasis. La lectura restauracionista, apoyada en la retórica de Miguel Antonio Caro, la condena eclesiástica sostenida del liberalismo y el Convenio de Misiones de 1902, ve el Concordato como reversión del ciclo liberal 1849-1878 y conversión de Colombia en anomalía premoderna en un continente que avanzaba hacia la separación Iglesia-Estado. La lectura modernizadora conservadora, centrada en la figura de Núñez como positivista pragmático, sostiene que el pacto no restauró sino construyó: ante un Estado quebrado por guerras civiles y sin presencia efectiva en los territorios de frontera, la Iglesia fue subcontratada como infraestructura administrativa suplente, registrando el estado civil, educando maestros y gobernando el Caquetá, el Putumayo y el Vaupés donde el Estado no llegaba. La lectura de debilidad liberal invierte la causalidad: la excepcionalidad colombiana no se explica por la fuerza del conservatismo sino por la fragilidad del proyecto radical previo, cuya desamortización fue fiscal antes que secularizadora, cuyo sistema educativo nunca alcanzó masa crítica y cuyo partido se fracturó antes de ser derrotado. El episodio del Concordato revisado de 1942 —negociado, aprobado por el Congreso y nunca ratificado por temor liberal a la reacción clerical— ilustra que la longevidad del pacto no derivó solo de su anclaje funcional ni de la fuerza conservadora, sino también de la parálisis volitiva de sus propios reformadores.
Ensayo completo
La lectura
¿Qué se firmó, en realidad, en 1887? El gobierno de Rafael Núñez pactó con la Santa Sede un tratado internacional que devolvía a la Iglesia católica el control de la educación pública, los cementerios y el registro del estado civil de los colombianos, otorgaba efectos civiles al matrimonio católico, abolía el divorcio, restablecía el fuero eclesiástico, concedía exenciones fiscales y compensaba a la Iglesia por los bienes desamortizados un cuarto de siglo antes. El Concordato complementaba el artículo 38 de la Constitución de 1886, que declaraba la religión católica "esencial elemento del orden social" y ordenaba a los poderes públicos protegerla. ¿Por cuánto tiempo sobreviviría ese pacto? Más de un siglo: la reforma constitucional de 1936 le arrancó el artículo 38 pero le dejó el corpus intacto; el Concordato revisado de 1942 nunca fue ratificado; solo en 1973, bajo Misael Pastrana, se firmó la reforma sustancial, aunque residuos importantes esperaron hasta la Constitución de 1991. ¿Cuántas piezas jurídicas han estructurado tanto tiempo un régimen político latinoamericano? ¿Cuál otra hizo de un país entero una excepción tan visible en el mapa continental de la secularización?
¿Por qué la pregunta no se responde sola?
¿No sería más cómodo leer el Concordato como pura restauración? Un retorno ultramontano, la venganza del catolicismo hispánico contra la revolución de mediados de siglo, la conversión de Colombia en anomalía premoderna en un continente que avanzaba, con más o menos brío, hacia la separación entre Iglesia y Estado. Miguel Antonio Caro, ideólogo capital del régimen del 86, era católico ultramontano e hispanófilo tradicionalista; el juramento de renegación exigido a los liberales conversos en julio de 1902 condenaba "sin reserva alguna" el liberalismo religioso y político; todavía en 1955 —casi setenta años después de la firma— la jerarquía eclesiástica colombiana seguía considerando al liberalismo doctrinalmente condenado por defender la escuela laica, el matrimonio civil, el divorcio vincular y la separación de poderes. Durante la Hegemonía Conservadora (1885-1930), en su alianza orgánica con el Partido Conservador, la Iglesia funcionó como aparato de exclusión política y hegemonía cultural, más que como servicio público.
Y sin embargo, quien firmó el Concordato fue Rafael Núñez: ex liberal, positivista, cartagenero cosmopolita, dos veces divorciado según los cánones católicos, casado en segundas nupcias por lo civil con Soledad Román. Núñez no era Caro. La Regeneración no fue un proyecto teocrático homogéneo, sino una coalición pragmática entre positivistas conservadurizados y ultramontanos genuinos, con Núñez del lado positivista. ¿Qué hacía, entonces, un liberal reciclado firmando un tratado con Roma que le entregaba a los obispos el estado civil de la República? La respuesta —y con ella el carácter del Concordato— aparece cuando se lo lee como operación de ingeniería estatal antes que como acto ideológico: Núñez subcontrató a la Iglesia porque el Estado colombiano no tenía cómo hacer lo que la Iglesia sí sabía hacer.
¿Cuáles son los términos del debate?
Groseramente, la disputa sobre el Concordato admite tres familias de lectura.
La lectura restauracionista sostiene que el Concordato revierte el ciclo liberal de 1849-1878 y devuelve a Colombia a un orden colonial adaptado, con la Iglesia como columna vertebral. Sus mejores argumentos: la retórica de Caro, la condena eclesiástica sostenida del liberalismo, el Convenio de Misiones de 1902 que entregó a las órdenes religiosas la administración civil de los territorios nacionales, la abolición del divorcio, la persistencia del artículo que subordinaba la libertad de cultos a la moral cristiana hasta 1991. Colombia, en efecto, hizo lo contrario de México, Argentina o Uruguay en el mismo período.
La lectura modernizadora conservadora propone que el Concordato no restaura: construye. La Regeneración recibió un Estado quebrado por la guerra civil de 1876-1877 y por el faccionalismo del Olimpo Radical, sin capacidad fiscal, sin ejército profesional, sin sistema educativo nacional, sin presencia efectiva en los territorios de frontera. Frente a esa vacancia, Núñez y sus aliados optaron por una salida heterodoxa: en lugar de construir por sí mismos el aparato administrativo que el Estado necesitaba —opción para la cual carecían de recursos, cuadros y tiempo—, contrataron a la única institución nacional que ya tenía red territorial, capital humano formado, arraigo social y legitimidad simbólica. La Iglesia se convirtió en infraestructura estatal suplente: registraba nacimientos, matrimonios y muertes; educaba maestros, técnicos y funcionarios; ocupaba el Caquetá, el Putumayo, el Vaupés, La Guajira y el Chocó donde el Estado no llegaba; y proveía la cohesión simbólica —el catolicismo como identidad nacional— que reemplazaba una ciudadanía republicana que la guerra civil había demostrado inexistente.
La tercera lectura, la de debilidad-liberal, sostiene que la excepcionalidad colombiana no se explica por la fuerza del conservatismo sino por la fragilidad del proyecto liberal radical previo. Los radicales del Olimpo (1863-1878) intentaron construir un Estado laico sobre bases que no tenían: una Constitución de 1863 tan federalista que apenas dejaba Estado nacional que secularizar, un sistema educativo que jamás alcanzó a formar la generación de maestros laicos que habría requerido, una desamortización motivada más por la crisis fiscal que por un proyecto secularizador coherente, y un partido que hacia 1876 ya se había fracturado entre radicales e independientes. Cuando Núñez ganó en 1880 y Manuel Murillo Toro murió ese mismo año, el radicalismo no fue derrotado: se derrumbó. El Concordato no aplastó una alternativa viable; ocupó un vacío que la alternativa liberal había dejado.
Las tres lecturas no se excluyen. Probablemente funcionen de manera simultánea, y la longevidad del pacto se explique precisamente porque el Concordato fue las tres cosas a la vez: bandera restauracionista para Caro y los obispos, infraestructura modernizadora para Núñez y sus positivistas, solución de emergencia frente a un fracaso liberal previo. Su durabilidad excepcional deriva de que cada una de esas funciones creó un anclaje distinto —ideológico, funcional, político— que sus adversarios tuvieron que desmontar por separado, y que nunca lograron desmontar al mismo tiempo.
¿Qué había antes?
La Constitución de Rionegro de 1863, obra de los liberales radicales tras la victoria de Tomás Cipriano de Mosquera, fue la única constitución colombiana entre la independencia y 1991 que no invocó a Dios como fuente de autoridad. Instauró un régimen federal de nueve estados soberanos, redujo el Ejecutivo a una figura casi decorativa con período de dos años y consagró libertades individuales amplias, incluida la de cultos. Mosquera había decretado en septiembre de 1861 la desamortización de bienes de manos muertas y la tuición de cultos, que obligaba a los sacerdotes a solicitar permiso estatal para ejercer. Aníbal Galindo defendía sin rodeos que la universidad pública debía formar liberales mientras el liberalismo gobernara; Miguel Antonio Caro respondía denunciando la invasión del Estado en los derechos de la religión. Lo que estaba en juego en aquella "polémica de los textos" no eran dos concepciones de educación, sino dos proyectos incompatibles de nación.
El problema del proyecto radical fue su base material, más que su ambición. La desamortización se hizo por asfixia fiscal más que por convicción secularizadora; el sistema de instrucción pública se levantó sin las rentas ni los cuadros para sostenerlo; los conservadores respondieron fundando sus propios colegios privados y drenando estudiantes del sistema oficial; y las guerras civiles —1876-1877 sobre todo— consumieron los recursos que habrían permitido consolidar lo construido. Cuando la coalición de independientes liderada por Núñez se alió con el Partido Conservador y ganó la presidencia en 1880, el radicalismo estaba exhausto. La muerte de Murillo Toro ese mismo año selló el fin de una época, no por golpe simbólico sino porque el partido carecía de sustituto de esa talla.
Aquí aparece el matiz decisivo. La Regeneración recibió un país sin Estado moderno pero con una Iglesia que sí tenía red nacional, y la operación de 1886-1887 —Constitución y Concordato— consistió en reconocer esa asimetría y capitalizarla. El nuevo régimen no devolvió a la Iglesia lo que había perdido bajo Mosquera. Conservó la estabilidad financiera producida por la desamortización —las tierras confiscadas no regresaron a sus antiguos propietarios en masa— y sustituyó la restitución patrimonial por una compensación pactada mediante pagos anuales. Los bienes eclesiásticos siguieron desamortizados, pero la Iglesia recuperó jurisdicción sobre las almas, la educación y el estado civil. El Estado se quedó con el patrimonio material que necesitaba y le entregó a la Iglesia el capital simbólico que él mismo no podía producir. Antes que restauración, un trueque.
¿Cómo funcionó la Iglesia como Estado en la frontera?
El documento que mejor aclara la lógica funcional del Concordato es el Convenio de Misiones firmado por José Manuel Marroquín en 1902, pocos meses después del fin de la Guerra de los Mil Días. En los territorios nacionales —Caquetá, Putumayo, Vaupés, La Guajira, Casanare, Chocó—, el Convenio otorgaba a las órdenes religiosas autoridad "absoluta" para gobernar, policiar y educar a los indígenas. El prefecto apostólico era Jefe superior de Policía en los pueblos "en proceso de reducción a la vida civilizada", máxima autoridad en materia de baldíos e inmigración, y controlaba las escuelas públicas dentro de su jurisdicción. Ninguna persona "inaceptable para los misioneros" podía ser nombrada en cargos civiles; una simple queja del delegado apostólico bastaba para remover a un funcionario.
Las cifras traducen esa autoridad en presupuesto. El Vicariato del Casanare recibía 11.500 pesos anuales. A la misión del Caquetá, que abarcaba las cuencas del Putumayo, Caquetá y Amazonas, se le añadió un rubro de 50.000 pesos para construcción. El gobierno se comprometía, además, a entregar tierras baldías "en cantidad ilimitada" para colonización.
Esto no fue suplencia simbólica: fue cesión de soberanía. En más de un tercio del territorio nacional, la Iglesia no complementó al Estado: lo reemplazó. Y lo hizo con la eficacia suficiente para que el Convenio se renovara sin modificaciones en 1928, sobreviviera intacto a la Reforma Constitucional de 1936 y siguiera vigente durante toda la República Liberal. Alfonso López Pumarejo, que consideraba las relaciones Iglesia-Estado un obstáculo a la modernización, no tocó el régimen misional porque hacerlo significaba desarmar la única presencia estatal efectiva en la frontera. La Iglesia no cedía territorio; el Estado no tenía con qué reemplazarla. La tesis modernizadora se sostiene aquí: el Concordato no restauró un poder eclesiástico que ya existía, sino que construyó uno nuevo, adaptado a las necesidades administrativas del Estado central, porque no había alternativa viable.
¿Por qué la longevidad es un enigma político?
Si el Concordato hubiera sido solamente un dispositivo funcional, habría caído cuando su función dejó de ser indispensable. Si hubiera sido solamente una imposición conservadora, habría caído cuando el conservatismo perdió el poder. Ninguna de las dos cosas ocurrió. La República Liberal (1930-1946) tuvo mayorías suficientes y proyecto claro para desmontarlo: la reforma constitucional de 1936, impulsada por López Pumarejo, suprimió el artículo 38 que declaraba el catolicismo religión de la nación. Seis años después, el Concordato revisado —negociado en Roma por Darío Echandía con el cardenal Luigi Maglione— fue firmado el 22 de abril de 1942 y aprobado por el Congreso. Aumentaba el control del gobierno sobre la Iglesia y reducía prerrogativas del 87. Nunca rigió.
Eduardo Santos, pese a la aprobación del Congreso, decidió no transmitir el instrumento al Vaticano para el canje de notas de ratificación. Por miedo: por temor a una reacción clerical violenta en un contexto ya polarizado por la anticipada reelección de López. Laureano Gómez había denunciado el acuerdo como "complot masónico"; El Siglo atacó a Echandía por su supuesta pertenencia a la masonería; obispos y sacerdotes hicieron lobby activo contra la ratificación pese a que la Conferencia Episcopal Colombiana lo había apoyado formalmente. La coalición reformista, teniendo el poder legal para modificar el pacto, se desactivó a sí misma por cálculo político.
Este episodio revela que la longevidad del Concordato no derivó únicamente de su anclaje funcional ni de la fuerza del conservatismo, sino también de la parálisis volitiva de sus reformadores. Los liberales tuvieron capacidad institucional para desmontarlo varias veces, y la amenaza de conflicto confesional los disuadió en cada ocasión. La reforma de 1936 quitó el artículo 38 pero conservó la cláusula de que la libertad de cultos no podía ser contraria a la moral cristiana —cláusula que sobrevivió hasta 1991—. La de 1942 se firmó pero no se ratificó. La reforma sustancial esperó hasta 1973, bajo un gobierno conservador que la Iglesia no podía acusar de anticlerical.
El Concordato operó, así, como dispositivo autoprotector: cada intento serio de reforma activaba una amenaza —la de una guerra religiosa, la del retorno a las guerras civiles del siglo XIX— que hacía retroceder al reformador. La memoria de la Guerra de los Mil Días, del sectarismo religioso rural, del poder de los púlpitos en las elecciones, disciplinó a tres generaciones de políticos liberales. El pacto duró un siglo no solamente porque cumplía funciones que nadie más cumplía; también porque quienes podían reformarlo temían el costo del intento.
¿Por qué divergió Colombia del vecindario?
En el ciclo 1880-1930, Colombia hizo lo contrario de casi toda América Latina. México avanzó de la Reforma juarista hacia el anticlericalismo constitucional de 1917; Argentina consolidó bajo la generación del 80 un Estado laico con matrimonio civil (1888) y registro civil estatal; Uruguay, bajo Batlle y Ordóñez, llegó a la separación completa en 1917. Esos países tenían en común sectores liberales consolidados —con base social urbana, prensa moderna, ejércitos profesionales, sistemas educativos públicos funcionales— con músculo institucional para llevar la secularización hasta el final.
Colombia no tuvo ese músculo. El radicalismo del Olimpo se agotó antes de institucionalizar su proyecto; los liberales del siglo XX gobernaron poco tiempo y con mayorías inseguras; el Frente Nacional (1958-1974) neutralizó las diferencias partidistas justo cuando la modernización social empujaba a una reforma de fondo. La singularidad colombiana no fue producto de una excepcional fuerza católica: el catolicismo popular latinoamericano era comparable en México y Colombia, y la excepcionalidad estuvo en la debilidad de sus adversarios institucionales. El Concordato duró un siglo porque enfrente nunca hubo el equivalente colombiano de un Batlle, un Juárez, una Semana Trágica capaz de forzar la ruptura.
Los efectos de larga duración fueron considerables. En materia de dispositivos familiares y sexuales, Colombia mantuvo la abolición del divorcio hasta muy tarde en el siglo XX; el matrimonio civil siguió siendo la excepción y no la regla hasta después de 1973; los efectos civiles del matrimonio católico —consagrados en el 87— configuraron el derecho de familia mucho tiempo después de que otros países latinoamericanos hubieran optado por la vía inversa. Donde otros países desarrollaron dispositivos estatales de registro y regulación de la vida privada, Colombia siguió delegando esa función en la parroquia.
¿Qué pasó con la educación?
El efecto más duradero del Concordato fue, probablemente, el monopolio educativo. Entre 1886 y 1930, las congregaciones religiosas y el pensamiento conservador de tendencia clerical dominaron casi por completo la educación media y universitaria. Otras corrientes empezaron a filtrarse en los claustros desde 1935, con la reforma de López Pumarejo. La centralización educativa liberal entre 1931 y 1944 —unificación nacional de programas, reemplazo de inspectores provinciales por directores departamentales, nacionalización de colegios municipales— fue una construcción cuesta arriba contra una infraestructura que la Iglesia había hecho suya durante medio siglo.
Ese medio siglo dejó marca. La formación de las élites políticas hasta la generación del Frente Nacional pasó por colegios confesionales; los cuadros liberales del siglo XX se educaron, en su mayoría, en instituciones católicas; incluso la izquierda católica posconciliar, encarnada en figuras como Camilo Torres Restrepo o el López Trujillo prerreaccionario, hablaba desde adentro de la matriz que el Concordato había impuesto. El desafío intelectual más serio contra el pacto —el discurso de Rafael Uribe Uribe en 1912, De cómo el liberalismo político colombiano no es pecado, respondiendo a la reforma constitucional conservadora de 1910— no atacó el Concordato: le pidió que dejara vivir al liberalismo dentro de él. El pacto se había convertido en horizonte inevitable, y la crítica seria operaba desde dentro, no desde fuera.
Cuando la Iglesia perdió el control efectivo del sistema educativo a partir de las reformas de los años sesenta y setenta —expansión de la educación pública, secularización de las universidades, reforma concordataria de 1973—, el efecto fue desorientador antes que liberador. Las identidades partidistas rurales, que durante décadas se habían construido en la parroquia y la escuela confesional, perdieron su ancla simbólica. Entre las causas de la crisis de representación política de los años ochenta —el ascenso del narcotráfico, la fragmentación electoral, la deslegitimación bipartidista que desembocó en la Asamblea Constituyente de 1991— hay que contar el vaciamiento del andamiaje simbólico que el Concordato había sostenido. La Iglesia había producido cohesión durante un siglo; cuando dejó de hacerlo, el Estado no tenía sustituto listo.
¿Restauración o modernización subcontratada?
¿Fue el Concordato de 1887 restauración premoderna o modernización conservadora subcontratada? Núñez estatalizó a la Iglesia como infraestructura suplente porque el Estado carecía de capacidad propia para producir cohesión simbólica, registro poblacional, presencia territorial y sistema educativo. Esa lectura funcional es indispensable —sin ella no se entiende por qué firmó un positivista— pero resulta insuficiente por sí sola. La retórica de Caro, el juramento de renegación de 1902, la condena eclesiástica del liberalismo vigente hasta 1955 y el Convenio de Misiones muestran que, junto a la función modernizadora, operó también un proyecto hegemónico conservador que usó el pacto para deslegitimar al adversario político como herejía. Ambas dimensiones convivieron sin fricción, porque servían a actores distintos dentro de la misma coalición.
La longevidad excepcional del pacto —un siglo, contra los desenlaces anticlericales de México, Argentina o Uruguay— se explica por la convergencia de tres factores. El primero es el anclaje funcional real: mientras la Iglesia siguiera haciendo lo que el Estado no podía hacer —especialmente en la frontera—, desmontar el pacto significaba enfrentar un déficit administrativo inmediato. El segundo es la debilidad estructural del proyecto liberal previo: los radicales del Olimpo se derrumbaron por agotamiento propio antes que por derrota conservadora, dejando un vacío que el 87 ocupó y que los liberales del siglo XX nunca supieron cómo recuperar. El tercero, decisivo, es la parálisis volitiva de los reformadores: cada vez que la República Liberal tuvo poder para modificar el Concordato —1936, 1942— se autolimitó por miedo a la reacción clerical, convirtiendo la dependencia funcional en dependencia política autosostenida. El pacto duró no solo porque servía: quienes podían quitarlo temieron los costos.
La Regeneración no fue ni restauración ni modernización pura, sino modernización con contrato de suplencia, en la que el Estado colombiano aceptó no ser plenamente moderno a cambio de existir. El arreglo funcionó en sus propios términos durante un siglo, al precio de la rigidez de los dispositivos familiares, la tutela educativa, la excepcionalidad frente al vecindario latinoamericano y la fragilidad estructural de la ciudadanía laica. La Constitución de 1991 cerró formalmente el ciclo, pero lo hizo cuando el país ya había aprendido a organizar su vida pública en torno al pacto que Núñez firmó pensando, seguramente, que resolvía un problema de gobierno inmediato. La ironía histórica es completa: el liberal cartagenero, positivista y dos veces divorciado, dejó como herencia el orden clerical más longevo del continente porque tenía un Estado que gobernar y una sola institución con la que gobernarlo.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
38 documentos · 45 fragmentos de referencia01Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1971 fragmento
[1]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
02Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1221 fragmento
[2]Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…
p. 122
03¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 651 fragmento
[3]garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…
p. 65
04Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 891 fragmento
[4]carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…
p. 89
0530 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 941 fragmento
[5]desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…
p. 94
06Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1371 fragmento
[6]encontraran oneroso el procedimiento. Además, cuando las condiciones económicas no eran buenas, se hacía imposible (o, al menos, inconveniente) pagar siquiera el modesto 6% que, se suponía, debían producir los activos legados. En consecuencia, tampoco es sorprendente que se hubieran pedido reformas al sistema. No…
p. 137
07The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1331 fragmento
[7]the deep-rooted political and re- ligious conflict that shaped the institutional relations between Church and state in Colombia—from the Independence period through the late nineteenth century. Since the “discovery” of América, altar and throne had governed jointly, as the pa- pacy conceded to the Spanish Crown…
p. 133
08Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 731 fragmento
[8]acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…
p. 73
09Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 fragmento
[9]and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…
p. 109
10Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 881 fragmento
[10]la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…
p. 88
11Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 531 fragmento
[11]Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…
p. 53
12Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 289, 3202 fragmentos
[12]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…
p. 320
[31]on the role of the Catholic Church should play in Spanish American Republics repudiating radical Liberal excess. By the 1880s that new order returned the Catholic Church to a position of authority by building on the national pub- lic education system developed under the Radical Olympus, yet the new state nevertheless…
p. 289
13Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 120, 1392 fragmentos
[13]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…
p. 139
[18]los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…
p. 120
14De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 472 fragmentos
[14]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
[45]los casos de México o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una…
p. 47
15De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 fragmento
[15]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
16Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 fragmento
[16]util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…
p. 44
17Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1681 fragmento
[17]p í tulo sobre derechos del hombre y el ciudadano — desaparecieron las libertades de expresi ó n, imprenta, pensamiento y movimiento,, ¡ aunque se mantuvo la libertad de prensa “ en tiempo de paz ” y se concedi ó a los no cat ó licos el derecho a “ no ser molestados ” por ’ sus creencias — y lo reemplaz ó con f ó…
p. 168
18Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3331 fragmento
[19]V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…
p. 333
19Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 197, 2102 fragmentos
[20]organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…
p. 197
[38]recursos generales, la misión del Casanare había dejado de ser la que más recursos recibía, en tanto que la del Caquetá (manejada por los capuchinos) y la de la Intendencia Oriental eran ahora las más beneficiadas por el Estado. Las de La Guajira, el Chocó y el Darién seguían recibiendo importantes rubros, mien- tras…
p. 210
20La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 fragmento
[21]- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…
p. 150
21Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2751 fragmento
[22]de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…
p. 275
22El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 fragmento
[23]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…
p. 130
23Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 441 fragmento
[24]dación de un régimen confesional. Las disposiciones constitucionales y concordatarias hicieron del catolicismo una pieza fundamental del andamiaje del Estado colombiano, lo que se vio reflejado de inme- diato en los planos educativo, moral, social y cultural. Además de su influencia en la sociedad y en el individuo,…
p. 44
24Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 10, 672 fragmentos
[25]fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…
p. 67
[32]de la tradición judeo-cristiana, de las instituciones ro- manas, del derecho canónico, del or - Capítulo 1 denamiento español y del código na- poleónico. Las instituciones civiles fueron adaptadas a la vida de las jóvenes re- públicas latinoamericanas a mediados del siglo pasado. Don Andrés Bello fue el gestor más…
p. 10
25Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 52, 115, 1663 fragmentos
[26]a, the places where they are created, and the functions that the respective employees perform." 21 Such glaring ambiguities would continue to inhibit effective government in the territories for the next fifty years. Church State Relations Despite efforts by radical Liberals, the Constitutional Reform of 1936 did not…
p. 52
[37]with serious Indian problems, abandoned and ignored by the great centers of the country," remained a province within the department of Boyacá. Third, disregarding the fact that geographic isolation, tropical climate, and the sparse populations of the territories required special legislation, Article 2 implied that the…
p. 115
[40]religious instruction be obligatory in the public sector and optional in the private sector, but Maglioni rejected this formula, and in the end, the new agreement did not deal with this issue. 18 The signing of the Concordat of 1942 was a major victory for Santos's diplomacy and would have increased government control…
p. 166
26El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1941 fragmento
[27]ó logos y la imposibilidad de contrastar la interpretaci ó n marxista de la realidad con otros esquemas te ó ricos, debido al enclaustramiento cultural del pa í s en aquella é poca. B á stenos recordar que hasta 1930 tanto la educaci ó n media como universitaria casi en su totalidad dominada por el pensamiento…
p. 194
27Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 661 fragmento
[28]docentes públicos y privados, en orden a procurar el cumplimiento de los fines sociales de la cultura y la mejor formación intelectual, moral y física de los educandos” (art. 14). Las anteriores disposiciones, que tenían que ver con la Iglesia Católica, se desarrollaron luego con la firma del Concordato que negoció en…
p. 66
28Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 721 fragmento
[29]crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…
p. 72
29La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 701 fragmento
[30]Nacional de Educación Primaria y Nor - malista -1931-; b) el relevo gradual de los inspectores provinciales y locales por los directores departamentales de educación y los rectores de las normales, ligados al Estado central; c) la progresiva intervención de la inspección estatal sobre la educación privada; d) la…
p. 70
30The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 1671 fragmento
[33]renounced church marriage, a practice that did not resume in San Roque until Santa Marta’s bishop offered to grant them the status of legitimate parish in 1881. 86 The Rise and Fall of Popular Politics 151 The issue of legitimate civil status appeared to matter most in the local marriage debate. Coastal states moved…
p. 167
31Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 9501 fragmento
[34]el egoísmo y la cólera en sus relaciones con un ser débil. En consecuencia, los códigos de diversos países, y tanto la religión protestante como la católica, han admitido la ne- cesidad de la separación, con el nombre de divorcio la pri- mera, con el de separación de los cuerpos la segunda. En este último caso, el…
p. 950
32La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 141 fragmento
[35]la memoria de los habitantes de la región y es fundamental para entender sus identidades y la fortaleza de sus organizaciones sociales. En la zona sur se dieron, por su parte, procesos de colonización eclesiástica llevados a cabo por misiones capuchinas, franciscanas y consolatas, a las que se les delegó la…
p. 14
33Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 71 fragmento
[36]Thousand Days, but soon after the fighting ceased, President José Manuel Marroquín and the Vatican signed the Convention on Missions of 1902. This agreement granted to the religious orders absolute authority to govern, police, and educate the natives in their mission territories. It also gave them control over the…
p. 7
34Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 2651 fragmento
[39]manejo de las escue- las públicas localizadas dentro de su territorio. Por otra, se 266 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt autorizó a las misiones la formación de haciendas en terre- nos baldíos cedidos a ellas por la nación. Se impartieron claras instrucciones para que los candidatos escogidos para ocupar los…
p. 265
35Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2041 fragmento
[41]López Pumarejo ante el presidente del Congreso, Laureano Gó- mez. Desde ese momento, López dejó claro su pro- pósito de adelantar la Revolución en Marcha. Senado de la República y sancionada por el presi- dente el día 30 del mismo mes y año, y aparecer en el Diario Oficial del 21 de enero de 1937, sólo empezó a regir…
p. 204
36Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1101 fragmento
[42]Vaticano Primero, del Concilio Plenario de Obispos 1.a tinoa- mericanos, y las enseñanzas del Syl/alms, rechazaban los conceptos básicos de libera li smo, naturalismo, socialismo y racionalismo. En julio de 1902 se emitió otro juramento para los li berales que qui- sieran renegar; el arrepentido condenaba < < sin…
p. 110
37La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1501 fragmento
[43]y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…
p. 150
38Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2261 fragmento
[44]matrimonio civil eliminandose la fórmula-de la ab- jumción y descartándoseLa excomi= nión para los contrayentes; el estables cimiento de una comisión para impul- Peso Y carl Comcintanie nt de eerieros. Palrcar de Sar retos, Bogahl,! la y religión ESOS iso o Ses Ezapuíel Morews y Dz, ie de Comsemaro (18318031 y ng…
p. 226