Luis A. Robles
Estados Unidos de Colombia
1849–1899
La biografía
En la política colombiana del último tercio del siglo XIX, pocos itinerarios miden con tanta precisión los alcances y los límites del proyecto radical como el de Luis Antonio Robles Suárez (1849-1899). Guajiro, negro, abogado, presidente del Estado Soberano del Magdalena, secretario del Tesoro de la Unión, diputado por Antioquia en un Congreso hostil, catedrático de derecho en Bogotá: su trayectoria recorre casi entero el ciclo de los Estados Unidos de Colombia y su desmontaje por la Regeneración. Robles no fue una anécdota de color en un régimen oligárquico —el "negro Robles" del anecdotario liberal— sino un jurista y parlamentario cuya carrera pública ilumina, mejor que la de casi ningún contemporáneo, cómo el federalismo caribeño abrió espacios reales para un afrodescendiente letrado y cómo la centralización nuñista y caísta los cerró sistemáticamente. Su figura es el termómetro más fino que dejó el siglo XIX para medir hasta dónde llegó, y dónde se detuvo, el radicalismo colombiano.
Línea de vida
- 1849
Nacimiento en Camarones, La Guajira
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Nació en Camarones, caserío costero del extremo norte de la península de La Guajira, en la jurisdicción de Riohacha, perteneciente a la primera cohorte de afrodescendientes colombianos crecidos íntegramente bajo la ficción jurídica de igualdad ciudadana tras la abolición de la esclavitud de 1851.
- 1863
Formación jurídica bajo el régimen federal
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Cursó derecho en la capital del Estado Soberano del Magdalena y en Bogotá durante los años sesenta y setenta, en pleno auge del régimen federal establecido por la Constitución de Rionegro (1863), formándose en el derecho civil francés y en la cultura jurídica radical.
- 1876
Secretario del Tesoro de la Unión
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Ocupó la Secretaría del Tesoro de la Unión bajo la administración de Aquileo Parra (1876-1878), administrando la caja de un Estado que sostenía la guerra civil contra la oposición conservadora y clerical al proyecto de educación laica; el costo fiscal del conflicto equivalió al 118% del presupuesto nacional aprobado para 1878.
- 1878
Elección como presidente del Estado Soberano del Magdalena
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Fue elegido primer magistrado del Estado Soberano del Magdalena a los veintinueve años, el punto más alto alcanzado por un afrodescendiente en la administración pública colombiana desde la abolición; gobernó desde Santa Marta un estado atravesado por hacienda quebrada y facciones liberales enfrentadas.
- 1879
Golpe de Estado en Santa Marta y retiro de la costa
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Un golpe local lo derrocó del gobierno del Magdalena; tras la caída se retiró de la costa y se instaló en Bogotá, donde se dedicó al ejercicio del derecho y las letras, cerrando definitivamente la fase costeña de su carrera política.
- 1879
Exilio interior: derecho y letras en Bogotá
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Entre 1879 y 1892 llevó una vida de abogado y catedrático en la capital, enseñando derecho en universidades privadas y participando en tertulias y círculos jurídicos, mientras asistía al desmontaje del federalismo radical por la Regeneración de Núñez y Caro.
- 1892
Regreso al Congreso como primer liberal en ocho años
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Fue enviado al Congreso como diputado por Antioquia —no por su nativo Magdalena—, nominado por conservadores disidentes en protesta contra la administración de Miguel Antonio Caro; fue el primer liberal en el Congreso en ocho años. Abogó por la libertad de prensa y la austeridad fiscal, al tiempo que buscó acuerdos con Caro y la mayoría nacionalista.
- 1892
Cesión del escaño a Rafael Uribe Uribe
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Tras su único período en el Congreso, cedió su escaño al militante liberal antioqueño Rafael Uribe Uribe, se integró al directorio nacional del Partido Liberal y continuó enseñando derecho en universidades privadas de Bogotá.
- 1899
Muerte y legado
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Falleció en 1899. Su primera biografía extensa, titulada 'El negro Robles' y escrita por un autor afro-costeño, fue publicada mediante una ley especial aprobada por el Congreso colombiano para honrar su memoria; el poeta Antonio José Restrepo lo llamó el héroe 'negro' del Partido Liberal.
Un guajiro en la república de las letras
Robles nació en 1849 en Camarones, caserío costero del extremo norte de la península de La Guajira, en la actual jurisdicción de Riohacha. El año no es indiferente: coincide con el ascenso al poder de la generación liberal que en 1851 promulgaría la ley definitiva de abolición de la esclavitud, en vigor desde el 1 de enero de 1852. Robles pertenece a la primera cohorte de afrodescendientes colombianos crecidos íntegramente bajo la ficción jurídica de igualdad ciudadana, en un país donde la abolición había sido tardía, negociada e indemnizada a los antiguos propietarios, y donde la libertad legal no clausuró las jerarquías raciales heredadas del orden colonial.
La Guajira de su infancia no era todavía departamento ni provincia estable, sino una periferia difusa incorporada tarde al Estado Soberano del Magdalena, una franja donde el poder republicano convivía con las autonomías indígenas wayúu y con las redes hacendiles y comerciales de Riohacha. La memoria oral de las comunidades afroguajiras de la cuenca del río Ranchería —Tabaco, Roche, Manantial, Patilla, Chancleta— remonta su fundación hacia 1780, obra de cimarrones que se habrían liberado y asentado a lo largo del río y sus afluentes. Camarones, en la vertiente marítima, participaba de esa geografía de asentamientos negros libres o manumitidos que la abolición de 1851 apenas terminó de formalizar. De ese sustrato salió Robles: no de una hacienda esclavista clásica ni de un puerto cosmopolita, sino de una comunidad negra costera con vínculos densos al comercio y a la política provincial de Riohacha y Santa Marta.
La educación lo sacó pronto de ese mundo. Cursó derecho en la capital del Estado Soberano del Magdalena y en Bogotá durante los años sesenta y setenta, en pleno auge del régimen federal establecido por la Constitución de Rionegro (1863). Fue un estudiante y luego un abogado del molde radical: formado en el derecho civil francés, en las lecturas del liberalismo europeo posterior a 1848 —que había marcado profundamente al pensamiento radical colombiano entre 1850 y 1870, sobre todo en la juventud universitaria y los artesanos capitalinos— y en la cultura jurídica que hacía del código, la constitución y el periódico las tres armas del ciudadano ilustrado. Cuando regresó a la costa, lo hizo con las credenciales de la "república de las letras" bogotana, ese círculo estrecho de abogados, poetas, periodistas y catedráticos que se disputaban el país desde ambos partidos. Su color y su origen guajiro lo hicieron una excepción visible; su formación jurídica lo hizo un interlocutor legítimo.
El Estado Soberano del Magdalena y el ascenso costeño
El escenario en que Robles hizo su carrera política fue el régimen federal de los Estados Unidos de Colombia, nombre que la Constitución de Rionegro dio a la república al dividirla en nueve estados soberanos con amplias facultades no reservadas al poder central. Ese diseño —el más radical que ensayó Hispanoamérica en el siglo XIX— entregaba a cada estado la definición del sufragio, la organización de milicias propias, la administración de justicia y buena parte de las rentas. La reforma de la carta exigía consentimiento unánime de todos los estados, un umbral tan alto que en la práctica convertía a la Constitución de 1863 en inmodificable por vía institucional. Fue, además, la primera constitución colombiana que no invocó el nombre de Dios en su preámbulo: un gesto tan medido como polémico, que anunciaba el proyecto de secularización que enfrentaría al régimen con la Iglesia hasta la guerra civil de 1876-1877.
Ese federalismo no era el vehículo homogéneo de inclusión que después pintaría cierta nostalgia liberal. Al devolver a los estados la definición del sufragio, más de la mitad retrocedió respecto al sufragio universal masculino que había regido en algún momento previo. El fraude electoral fue sistémico, ejercido tanto por gamonales locales como por el propio gobierno federal —de orientación liberal casi siempre— para sostener facciones afines en los estados; las divisiones internas del liberalismo alimentaban golpes y contragolpes que hicieron del período radical uno de los más convulsos del siglo. En el Caribe, el poder político emanaba de redes de base hacendil que articulaban al gamonal regional con letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos: el Estado central negociaba con esos poderes, no los mandaba.
Fue dentro de esa arquitectura que Robles hizo su carrera. El Estado Soberano del Magdalena era un espacio político en el que el Partido Liberal había encontrado apoyos populares densos, y en el que figuras afrodescendientes o pardas podían ascender por la vía de la instrucción y la militancia partidista. El precedente más citado es el de Juan José Nieto, pardo claro elegido presidente del vecino Estado Soberano de Bolívar, cuya trayectoria —asimilación progresiva a la élite liberal, participación en guerras civiles, fidelidad al federalismo— trazaba el mapa de posibilidades para hombres como Robles. Nieto ha sido a menudo el ejemplo con que se ha querido probar la ausencia de racismo en Colombia; su caso, como el de Robles, muestra más bien que el liberalismo caribeño permitía ascensos individuales sin que ello alterara los criterios raciales de la élite en su conjunto.
Robles ascendió aceleradamente en los años setenta. Fue diputado y funcionario en el Magdalena, y llegó a ocupar la Secretaría del Tesoro de la Unión bajo la administración de Aquileo Parra (1876-1878), en pleno estallido de la guerra civil que desencadenaría la oposición conservadora y clerical al proyecto de educación laica del gobierno liberal. Aquel conflicto, librado principalmente en el Cauca y el Tolima durante unos once meses, tuvo un costo fiscal equivalente al 118% del presupuesto nacional aprobado para 1878, según el propio Secretario del Tesoro —cifra que un funcionario en la posición de Robles conocía de primera mano. El gobierno de la Unión movilizó veinticinco mil hombres contra las guerrillas conservadoras surgidas en casi todos los estados; las tropas liberales, predominantemente negras y mulatas, destruyeron propiedades y atacaron a hacendados conservadores, y el saqueo de Cali en la Nochebuena de 1876 quedó como el episodio más citado de aquella campaña. Robles administró la caja de un Estado que se sostenía a duras penas: la guerra dejó al fisco exhausto y al régimen radical vulnerable, condiciones que explican en parte lo que vendría después.
Presidencia del Magdalena y golpe de 1879
De la Secretaría del Tesoro Robles pasó, en 1878, a la primera magistratura del Estado Soberano del Magdalena. Su elección coronaba una carrera meteórica —tenía apenas veintinueve años— y era el punto más alto que un afrodescendiente había alcanzado en la administración pública colombiana desde la abolición. Gobernó desde Santa Marta un estado atravesado por las mismas tensiones que agitaban a toda la Unión tras la guerra: hacienda quebrada, facciones liberales enfrentadas entre radicales e independientes, y una periferia guajira que se resistía a la incorporación efectiva al Estado.
La fractura interna del liberalismo, ya insinuada en las elecciones que llevaron a Parra al poder, se consumaría alrededor de la figura de Rafael Núñez. En 1878, como presidente del Senado de Plenipotenciarios, Núñez había pronunciado el discurso del 1 de abril en que planteó el dilema "regeneración administrativa fundamental o catástrofe". El término aludía entonces a una reforma dentro del marco constitucional vigente, no todavía al cambio de régimen que después designaría; pero el diagnóstico —Estado exhausto, orden público quebrantado, incapacidad del radicalismo para gobernar— fisuró definitivamente al partido entre radicales, fieles a la Constitución de 1863 y al legado de Manuel Murillo Toro, e independientes, dispuestos a pactar con los conservadores.
Robles pertenecía al ala radical. Su gobierno en el Magdalena no sobrevivió a la reacción independiente. En 1879, un golpe local lo derrocó de Santa Marta: episodio menor en la cronología nacional, decisivo en su biografía. La caída fue una entre las muchas alteraciones del orden estatal que jalonaron el período —los estados soberanos, con sus milicias propias, eran laboratorios de golpes tanto como de elecciones—, pero cerró definitivamente la fase costeña de su carrera. Robles no volvería a gobernar. Se retiró de la costa, se instaló en Bogotá y se dedicó al ejercicio del derecho y a las letras.
Ese repliegue tiene una lectura estructural. La política costeña que había hecho posible a Robles —arraigada en redes hacendiles, en electorados populares negros y mulatos, en la contigüidad del gamonal y el letrado— empezaba a agotarse. Núñez fue elegido presidente para el bienio 1880-1882 sobre la base de una alianza entre liberales independientes y conservadores que derrotó al candidato radical, y desde el poder inició el desmantelamiento del modelo federal. Durante esa primera administración comenzó la liquidación del sistema de territorios nacionales bajo administración federal directa, establecido desde 1868, que había dado a espacios como La Guajira un régimen especial dentro de la Unión. La muerte de Manuel Murillo Toro en 1880 —el gran conductor del radicalismo desde los años cincuenta— privó al ala fiel a la Constitución de Rionegro de su articulador más influyente y selló el destino del régimen. Robles, en Bogotá, asistía desde el foro y la cátedra al desmontaje del edificio en que había hecho su carrera.
El exilio interior: derecho y letras en Bogotá
Entre 1879 y 1892, Robles llevó una vida de abogado y catedrático en la capital. Es la fase menos documentada de su trayectoria y, sin embargo, la más reveladora del reacomodo que la Regeneración impuso a los liberales letrados. Enseñó derecho en universidades privadas —el gobierno regenerador cerraría la Universidad Nacional durante buena parte del período 1886-1903—, formó parte de las tertulias y los círculos jurídicos de la ciudad, y sostuvo con su ejercicio profesional una posición de la que la política pública lo había desalojado.
Ese repliegue no fue solo suyo. Toda una generación de liberales radicales —Santiago Pérez, expresidente y luego director del periódico Relator; los redactores de la prensa opositora; los ilustrados y librepensadores que habían hecho del periódico un arma de combate— fue empujada al foro, a la cátedra y al periodismo de resistencia. La Regeneración, consolidada con la Constitución de 1886 redactada en gran medida por Miguel Antonio Caro, estableció una marcada centralización política, administrativa y económica, restringió libertades individuales y dotó al ejecutivo de poderes amplios para mantener el orden público. Un artículo transitorio autorizó al gobierno a regular la prensa y castigar sus abusos hasta que el Congreso expidiera una ley de prensa; esa disposición, invocada como principio de "responsabilidad de la prensa", permitió a Núñez y a Caro cerrar publicaciones disidentes con éxito variable. El Relator de Santiago Pérez fue clausurado en 1893. Los periódicos y pasquines que habían florecido durante el federalismo cedieron su lugar a publicaciones que la prensa liberal, no sin razón, describió como obtusas y sectarias. La represión contra el liberalismo —clausuras, sustituciones, destierros— comenzó hacia 1887 y se prolongó por los años siguientes.
Robles habitó ese Bogotá de libertades acotadas como abogado, catedrático y jurista. Su prestigio profesional le dio una posición desde la cual observar, sin poder intervenir, la clausura del proyecto al que había servido. La transición biográfica es también sociológica: del político costeño con base popular y estatal, Robles pasó a ser un liberal letrado de capital, uno de esos abogados que sobrevivieron a la Regeneración precisamente porque habían abandonado —o habían sido obligados a abandonar— las raíces territoriales y raciales que los habían hecho posibles. Su trayectoria ilustra, mejor que otras, la reconfiguración de clase del liberalismo colombiano hacia fin de siglo: el partido dejaba de ser el vehículo de la política popular caribeña para volverse, en Bogotá, una empresa de abogados y comerciantes.
El escaño de 1892 y la negociación con Caro
En 1892, Robles regresó al Congreso como el primer liberal en aquella cámara en ocho años. La cronología dice mucho: desde 1884 —cuando los liberales fueron desplazados en el marco de la elección de Núñez para el bienio 1884-1886 con apoyo conservador e independiente— y a través de toda la primera fase de la Regeneración, la representación liberal parlamentaria había sido nula. El regreso de Robles no obedeció, sin embargo, a un triunfo del liberalismo: obedeció a una fractura conservadora.
Los conservadores disidentes de Antioquia, en protesta contra la administración de Miguel Antonio Caro —que había asumido el poder efectivo tras la enfermedad y luego la muerte de Núñez, y cuya intransigencia en la defensa de la tradición conservadora y católica irritaba a sectores del propio partido—, nominaron a Robles como su candidato al Congreso. La operación era doblemente elocuente: para hacer llegar a un liberal a la cámara hacía falta una escisión conservadora, y para representar a Antioquia hacía falta un guajiro. Robles, que no había podido ser electo por su Magdalena natal —convertido en departamento centralizado bajo gobernador de nombramiento presidencial en la nueva arquitectura de 1886, con el liberalismo costeño reprimido o inactivo—, llegó al Congreso por gracia de una disidencia partidista ajena.
Su actuación en la cámara fue la de un radical realista. Abogó por la libertad de prensa —el punto más sensible del régimen, en el que las cláusulas transitorias de 1886 se habían vuelto especialmente odiosas para los disidentes— y por la austeridad fiscal, dos banderas clásicas del liberalismo del período. Al mismo tiempo, buscó acuerdos con Caro y la mayoría nacionalista. No era colaboracionismo: era el reconocimiento de que, en un Congreso donde el liberalismo tenía un solo representante, la oposición frontal equivalía al silencio. Robles negoció desde una posición marginal, con el instrumental del jurista antes que con el del tribuno.
El período parlamentario fue único y breve. Al término de su mandato, cedió su escaño al militante liberal antioqueño Rafael Uribe Uribe, que ocuparía el lugar y desde él construiría la posición beligerante que lo llevaría, años más tarde, a dirigir la insurgencia liberal en la Guerra de los Mil Días. El paso del escaño de Robles a Uribe Uribe tiene valor simbólico: marca la transición dentro del liberalismo desde la resistencia jurídica y parlamentaria hacia la opción armada. El Autonomista, el periódico de Uribe Uribe, sería precisamente el órgano de quienes propugnaban la rebelión armada para recuperar el poder. Robles no siguió ese camino. Se integró al directorio nacional del Partido Liberal, continuó enseñando derecho en universidades privadas de la capital, y así vivió los últimos años de una vida que la muerte cerraría en 1899, en el umbral mismo de la Guerra de los Mil Días.
Red y contemporáneos
La carrera de Robles se cruza con casi todas las figuras mayores del período. Manuel Murillo Toro, dos veces presidente de la Unión y arquitecto intelectual del radicalismo, fue el referente de la generación en que Robles se formó, y su muerte en 1880 marca el ocaso del proyecto al que Robles había servido desde el Magdalena. Aquileo Parra, presidente entre 1876 y 1878, fue el mandatario bajo el cual Robles ejerció como Secretario del Tesoro durante la guerra civil que puso a prueba la viabilidad fiscal del régimen. Salvador Camacho Roldán —economista, escritor, animador de la vida cultural bogotana— y Santiago Pérez, expresidente y periodista de resistencia, poblaban los círculos letrados en los que Robles se movió durante su exilio interior en la capital.
En la otra orilla, Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro fueron los dos arquitectos de la Regeneración con quienes su carrera se cruza necesariamente. Núñez provenía él mismo de Cartagena y de la política costeña, y su itinerario —de liberal independiente a presidente aliado con los conservadores— es la sombra biográfica que explica el desmontaje del mundo en que Robles había ascendido. Caro, el pensador conservador que redactó lo esencial de la Constitución de 1886 y que gobernó de hecho tras la muerte de Núñez en 1894, fue el interlocutor forzoso del Robles parlamentario de 1892: la relación entre ambos —el jurista negro liberal negociando con el letrado conservador católico— condensa, en un solo cara a cara, la tensión histórica del país. Tomás Cipriano de Mosquera, general y expresidente cuya presencia dominó el escenario nacional hasta los años setenta, pertenece a la generación anterior que legó al radicalismo el edificio federal.
Entre las figuras afrodescendientes, dos nombres acompañan siempre al de Robles en la memoria del período: Juan José Nieto, el pardo cartagenero que presidió el Estado Soberano de Bolívar, y Candelario Obeso, el poeta momposino que introdujo la voz negra en la literatura colombiana. Fue el poeta Antonio José Restrepo, eulogista de Obeso, quien se refirió a Robles como el héroe "negro" del Partido Liberal, comilla incluida —una comilla que desafiaba la etiqueta racial convencional y que reconocía, al mismo tiempo, la excepcionalidad de que un partido de mayorías blancas y letradas tuviera héroes así. Nieto, Obeso y Robles no formaron un grupo articulado, pero son las tres figuras con las que se ha querido probar la apertura racial del liberalismo caribeño del siglo XIX: la coincidencia dice tanto sobre las posibilidades del período como sobre lo estrecho de la muestra.
Sus lugares también dibujan una red. Camarones y Riohacha lo enraízan en la Guajira; Santa Marta es la capital del estado que gobernó; Bogotá, la ciudad de su formación jurídica y de su largo exilio interior; el Estado Soberano del Magdalena, la unidad política dentro de la cual hizo su ascenso; el Estado Soberano de Bolívar y Panamá —entonces todavía parte de Colombia—, los espacios costeños con los que su mundo político estaba conectado por el comercio, la prensa y las guerras.
Memoria, biografía y disputa
Robles murió en 1899. Su recuerdo quedó suspendido durante décadas en la política colombiana. La primera biografía extensa dedicada a él —titulada El negro Robles, obra del autor afro-costeño Pérez— solo pudo publicarse mediante una ley especial aprobada por el Congreso colombiano para honrar su memoria. El dato es doblemente revelador: hizo falta una decisión legislativa expresa para que su vida entrara a la historiografía nacional, y esa decisión llegó con retraso considerable respecto a su muerte. La figura de Robles quedó, entretanto, ausente del panteón liberal oficial —dominado por los mártires de la Guerra de los Mil Días y por los mandatarios de la República Liberal del siglo XX— y sostenida sobre todo por la memoria costeña.
El propio contenido de la biografía de Pérez merece lectura crítica. Escrita por un afro-costeño, atribuye el ascenso excepcional de Robles al hecho de que "su idiosincrasia difería mucho de la de los habitantes de la Costa Caribe" por ser reflexivo, controlado y sobrio. La caracterización es simpática con el biografiado pero incómoda en sus supuestos: celebra a Robles precisamente por distanciarse de su origen, reproduce los criterios raciales de la élite letrada al usarlos para elogiar a un negro, y construye la excepcionalidad individual como categoría explicativa. Es una narrativa que Robles quizá habría suscrito —el jurista formado en Bogotá que negoció con Caro no era, en efecto, el tipo social que la élite conservadora esperaba encontrar en un guajiro—, pero que revela cuán estrechos eran los términos en que se podía reconocer a un afrodescendiente en el Estado colombiano del siglo XIX: como excepción a su grupo, no como su representante.
Otros historiadores costeños lo recuperaron después. Eduardo Lemaître y Orlando Fals Borda lo mencionan en sus obras sobre el período costeño, integrándolo en historias más amplias de la política, la sociedad y la economía del Caribe colombiano. Pero Robles nunca ha ocupado, en la historiografía nacional, un lugar equivalente al de sus contemporáneos blancos de menor talla. La razón es en parte estructural: el desmantelamiento del régimen federal y la centralización bogotana de la memoria histórica borraron el mundo político costeño en que Robles había sido central, y lo dejaron como una figura periférica dentro de una narrativa capitalina.
Hay, sin embargo, un balance que la propia trayectoria de Robles impone. El liberalismo radical de los Estados Unidos de Colombia sí abrió espacios reales para figuras afrodescendientes letradas en el Caribe: sin ese régimen, sin la Constitución de Rionegro y sin las redes hacendiles y populares del Estado Soberano del Magdalena, difícilmente Robles habría sido Secretario del Tesoro y presidente estatal antes de los treinta años. Al mismo tiempo, esos espacios dependían de condiciones frágiles —fracturas partidistas, contingencias electorales, alianzas locales— y de una retórica de excepcionalidad individual que reproducía, en el elogio, los criterios raciales que decía superar. La Regeneración clausuró incluso esa apertura restringida: el Robles de 1892, itinerante entre departamentos ajenos, negociando desde una banca única, cediendo su escaño al militante antioqueño que lo reemplazaría, mide con exactitud tanto lo que el radicalismo alcanzó como el techo que nunca rompió.
Su figura no cabe en la hagiografía ni en la denuncia. Robles fue el último gran defensor parlamentario del federalismo liberal en una cámara diseñada para asfixiarlo, un jurista de primer orden formado en las mejores tradiciones del derecho civil, un guajiro que gobernó Santa Marta y un negro que enseñó derecho a las élites bogotanas cuando su mundo político había sido desmontado. Su carrera prueba que el proyecto radical de los Estados Unidos de Colombia fue, dentro de sus contradicciones, más abierto de lo que después fue el orden regenerador; y prueba también que esa apertura tuvo límites estructurales que ni el propio Robles pudo forzar. En la larga discusión colombiana sobre raza, ciudadanía y federalismo, su biografía sigue siendo el caso al que hay que volver: porque en él, mejor que en ningún otro, se ven al mismo tiempo la posibilidad y su clausura.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 39 fragmentos01The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Páginas 192, 3392 citas
[1]the kind of let- tered and business-oriented Liberal politics Medardo Rivas touted on the page. Soon after the 1879 coup that toppled his government in Santa Marta, Robles had withdrawn from the coast to a life of law and letters in Bogotá. In 1892, voters sent him to Congress—the first Liberal there in eight…
p. 192
[4]Constitution of 1863, 71; on industrial technology, 93, 98; and Obeso, 105, 107, 108; language used by, 107; and Robles, 107–8; and African American colonization, 114; and Liberal Party, 135; and poor relief, 141; and taxa- tion, 142; and land reform, 145; and popular politics, 161 Naranjo Martínez, Enrique, 222…
p. 339
02Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · Páginas 21, 2832 citas
[2]viento y marea; Park, Rafael Núñez. Notes to Pages – . Lemaître, Historia general de Cartagena, :–, and Juan José Nieto; Fals, El Presidente Nieto. . Pérez, El negro Robles. Although written in , this biography, the first book-length study on Robles, was only published in as part of a special…
p. 283
[20]figures, the most well known and the one Colom- bians generally mention to illustrate absence of racism in the nation, is the light pardo (mulatto) Juan José Nieto (–), a merchant, self-taught writer, and politician of modest origins who remained faithful to the Liberal ideals of liberty and federalism until his…
p. 21
03Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · Páginas 21, 2832 citas
[3]viento y marea; Park, Rafael Núñez. Notes to Pages – . Lemaître, Historia general de Cartagena, :–, and Juan José Nieto; Fals, El Presidente Nieto. . Pérez, El negro Robles. Although written in , this biography, the first book-length study on Robles, was only published in as part of a special…
p. 283
[21]figures, the most well known and the one Colom- bians generally mention to illustrate absence of racism in the nation, is the light pardo (mulatto) Juan José Nieto (–), a merchant, self-taught writer, and politician of modest origins who remained faithful to the Liberal ideals of liberty and federalism until his…
p. 21
04Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 192, 1972 citas
[5]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
[26]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…
p. 192
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1131 cita
[6]de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…
p. 113
06La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · Página 1391 cita
[7]auxilio, [para formar] una nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de ‘Estados Unidos de Colombia” 184. Es la primera Constitución del país que no comienza “En nombre de Dios” 185 sino “En nombre y por autorización del 183 Véase para toda la historia de la laicidad en Francia, Assemblée générale du…
p. 139
07Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1221 cita
[8]Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…
p. 122
08Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Páginas 24, 1212 citas
[9]de vías de comunicación. Como varia- ción a la estructura de la rama ejecutiva federal se sustituyó la figur Debe resaflarse de esta Constitu- ción la introducción de un mecanismo de control de constitucionalidad y Je- Evento Federa en virmud del cual la Corte Federal podía suspender los e Me aturas de los estados…
p. 24
[23]Radical José María Rojas Garrido, al prociamar la unión liberal y lanzar la candidatura presidencial de Francisco Javier Zaldúa, en abril de 1881: «El partido conservador es el cancer de la República y es preciso extirparlo Ll I-fingnmas unjurmmento solemne: antes que permitir el triunfo conser vador, que no quede…
p. 121
09Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Páginas 107, 1142 citas
[10]texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…
p. 107
[19]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1431 cita
[11]el fraude para garantizar ese voto era grande, tanto para los poderes locales como para el gobierno de la federaci ó n. Las divisio nes del Partido Liberal se convert í an en incentivos para golpes y re voluciones y, como dos estados fueron dominados por los conserva dores (Antioquia y Tolima), la disputa por los…
p. 143
11Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 53, 562 citas
[12]ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…
p. 53
[27]as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…
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12¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 681 cita
[13]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
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13El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Páginas 195, 4552 citas
[14]los créditos de la deuda exterior y en la reducción del tipo de interés de los bancos. La escuela primaria su- frió también en esta revolución profundas heridas, todavía no curadas por entero. Frente a las guerrillas conservado- ras surgidas en casi todos los estados, el Gobierno de la Unión juntó un ejército de 25.…
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[37]por sentido del deber siguieron trabajando en sus escuelas, se veían obligados a buscarse otras ocupa- ciones. Las letras de cambio con que se les pagaron algu- nos meses sólo podían hacerse efectivas acudiendo a los usureros. No puede sorprender, pues, que resultara difícil sostener los centros de formación de…
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14La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1461 cita
[15]decir que triunfen los principios subversores de la sociedad. Por el contrario, ya para enton - ces corría una fuerte tendencia dentro del liberalismo -espe - cialmente el aburguesado- para hacer arreglos con los opo - sitores ideológicos, siendo uno de los más visibles capitanes de este movimiento don José María…
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15Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Página 3201 cita
[16]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…
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16Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 101 cita
[17]el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…
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17Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 1431 cita
[18]Núñez, lo sucede en el mando en abril de 1882, mandato en el cual el ex presi- dente daría muestras de un impresionante poder político al prácticamente impedirle al anciano gobernante ejercer la plenitud de sus escasas Rafael Núñez 159 facultades constitucionales, según se aprecia en su reseña. El cartagenero…
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18Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Página 841 cita
[22]resurgieron a to- dos los niveles: provincial, seccional y cantonal. Africa en un mapa del atlas de Blaeuw. El continente africano fue la cantera constante de la que, durante siglos, se sacaron miles y miles de negros para ser condenados a la esclavitud. La captura por parte de los blancos se vio a menudo favorecida…
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19Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 160, 1702 citas
[24]1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…
p. 170
[36]la segunda mitad del siglo XIX rigieron una escuela normal y una elemental mo- delo, anexa a la normal; introdujeron la enseñanza prusiana y en especial los métodos de enseñanza pestalozziana, que se basaban en la actividad de los alumnos por medio de la inducción y con la disciplina del amor reflexivo. Como sustento…
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20Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Página 351 cita
[25]for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…
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21De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 441 cita
[28]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
22De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 441 cita
[29]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
2330 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1411 cita
[30]que éste tome el carácter de Cuerpo Legislativo, se llenarán por designaciones hechas por los Gobernadores de los Departamentos. Artículo *. Esta Constitución empezará a regir, para los Altos Poderes nacionales, desde el día en que sea sancionada; y para la Nación, treinta días después de su publicación en el Diario…
p. 141
24Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2751 cita
[31]de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…
p. 275
25Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 5841 cita
[32]paz» o entente cordiale 1526. Un habitante de la comunidad de Tabaco, en la Guajira, relata cómo su comu- nidad, junto con las de Roche, Manantial, Patilla y Chancleta, fueron producto de largas caminatas liberadoras y de la reconstrucción de tejidos comunitarios de negros cimarrones y palenques fundados en la época…
p. 584
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 491 cita
[33]gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…
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27Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · Página 131 cita
[34]The federal deficit, which was approximately equal to the sum spent on the territories between 1868 and 1881, would not have occurred if those regions had been administered by the states. 26 Adolfo Vargas added that it was a bad policy for the national government to waste its scant resources on "remote regions which…
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28Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1151 cita
[35]no entiende de “intelectualidades”— y fue clausurada o cuando menos intervenida por el clero y su censura. La reacción de los liberales contra el “nuevo” gobierno de los conservadores provocó uno de los periodos de más intransigencia, represión y oscurantismo de la historia colombiana, el que va de 1886 a 1903; tres…
p. 115
29Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1141 cita
[38]pro- liferaron en la época, se podría inten- tar una síntesis diciendo que el perio- dismo de este período se destacó por su militancia, combatividad y extrema politización. Todas esas publicaciones contribuyeron a radicalizar posiciones y a exacerbar los ánimos de unos par- tidos que buscaron los campos de ba- talla…
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30El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 2781 cita
[39]vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…
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