Miguel Samper Agudelo
Estados Unidos de Colombia
1825–1899
La biografía
Miguel Samper Agudelo (Guaduas, 1825 – Bogotá, 1899) fue el economista político colombiano más prestigioso del siglo XIX, comerciante bogotano de fortuna hecha en el ciclo tabacalero, varias veces ministro y candidato presidencial derrotado en la última hora del liberalismo radical. Su nombre pesa por una razón que lo separa de la larga lista de notables decimonónicos: fue el defensor más lúcido del libre cambio en Colombia y, a la vez, quien mejor describió las miserias que ese mismo libre cambio dejaba en las calles de Bogotá. En La miseria en Bogotá (1867) y en Libertad y orden (1896) —los dos textos por los que se le sigue leyendo— quedó fijada una voz que combinaba la fe en el mercado con una desconfianza sorda hacia su capacidad de ordenar por sí solo la vida social, y que hacia el final de sus días se convirtió en la conciencia crítica más templada del régimen de la Regeneración. Serio, mesurado, sin brillo tribunicio ni afición al mando, Samper encarnó una versión adulta del liberalismo colombiano justo cuando esa doctrina perdía el país.
Línea de vida
- 1825
Nacimiento en Guaduas
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Nació en Guaduas, Cundinamarca, en el seno de una familia de comerciantes-letrados vinculada al tráfico del Magdalena y al camino a Honda, junto a sus hermanos José María y Tomás Samper Agudelo.
- 1850
Inserción en el ciclo tabacalero
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Vinculó su capital al comercio del tabaco del Magdalena Medio, operando desde Bogotá y Honda, articulando compras, transporte fluvial y consignaciones hacia Europa, lo que cimentó su fortuna y su defensa práctica del libre cambio.
- 1861
Primeros escritos sobre la pobreza artesanal
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En escritos de 1861 identificó a los artesanos —especialmente sastres, zapateros y curtidores de cuero— como los sectores más afectados por la pobreza generalizada de Bogotá, en el contexto de la competencia de importaciones europeas.
- 1867
Publicación de 'La miseria en Bogotá'
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Publicó su ensayo más influyente, en el que atribuyó las causas de la pobreza urbana bogotana a factores morales, sociales y políticos, sosteniendo que la moralidad era precondición de la libertad, y señalando la paradoja de un defensor del libre cambio que reconocía los límites autorreguladores del mercado.
- 1870
Actividad ministerial en el régimen radical
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Ejerció como ministro en varias administraciones liberales de las décadas de 1860 y 1870, siendo reconocido por sus contemporáneos como hombre de gran prestigio, extraordinariamente mesurado y sereno, y como técnico de las finanzas públicas.
- 1896
Publicación de 'Libertad y orden'
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Publicó su crítica más elaborada al régimen de la Regeneración, caracterizándolo como republicano en la forma pero distinto en el fondo, y defendiendo el retorno al patrón oro mediante la amortización de un millón de pesos papel al año financiada con recortes del gasto público y reanudación del pago de la deuda externa.
- 1899
Muerte en Bogotá
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Falleció en Bogotá en 1899, dejando una obra intelectual que combinó la defensa del laissez-faire con una crítica lúcida de sus límites sociales y del intervencionismo monetario de la Regeneración.
El hijo de Guaduas: formación y comercio
Nació en Guaduas, en el flanco occidental de Cundinamarca, en 1825, apenas cerrada la campaña bolivariana y en una villa cuyo destino económico dependía del camino a Honda y del tráfico del Magdalena. La familia Samper —él y sus hermanos, entre ellos José María y Tomás— pertenecía a esa capa de comerciantes-letrados que en la primera mitad del siglo XIX encontraba en el río, en la importación y en el ensayo político su forma propia de existir. Guaduas y Honda no eran meros topónimos: eran el eje logístico por donde entraba y salía la mercancía del interior, y por donde los Samper harían circular tanto sus tabacos como sus ideas.
De la juventud de Miguel interesa menos la anécdota que el ambiente. Los estudiantes bogotanos de mediados del siglo XIX, según él mismo describió más tarde, buscaban por cuenta propia el contacto con las ciencias políticas, reaccionando contra el aire clerical de las universidades y haciendo circular libros de la Ilustración entre pupitres. De ahí salió su generación: la de los liberales que en 1849 abrazaron el libre comercio como programa y como fe, convencidos de que Colombia sólo entraría en la modernidad rompiendo las barreras heredadas del régimen colonial. Samper no fue nunca un ideólogo puro; fue, sobre todo, un hombre de negocios que hizo suyas esas ideas porque sus negocios las requerían, y que las pensó con más profundidad que casi cualquiera de sus contemporáneos.
El comerciante y el ciclo del tabaco
La biografía económica de Samper es inseparable de un producto: el tabaco. Cuando en la década de 1850 la producción aurífera colombiana empezó a declinar, desplazada en los mercados internacionales por el oro de California y Australia, la clase comerciante bogotana buscó con urgencia una nueva fuente de divisas. La encontró en el tabaco cultivado en el enclave del Magdalena Medio, en particular alrededor del puerto de Ambalema, donde se levantó una gran factoría, y en zonas complementarias como El Carmen de Bolívar y Palmira. Entre 1850 y 1875, el valor de las exportaciones colombianas de tabaco osciló entre dos y tres millones de pesos oro anuales.
Los hermanos Samper vincularon su capital a este renglón con la convicción de que el país estaba entrando por fin en el mercado mundial. Miguel operó desde Bogotá y Honda, articulando compras, transporte fluvial y consignaciones hacia Europa. Ese fue el fundamento material de su prestigio: no habló del libre cambio desde una cátedra sino desde el escritorio de un exportador que veía llegar los pesos oro por la vía del Magdalena. Allí se explica también su temprana defensa de la banca privada, de la moneda dura y de la infraestructura ferroviaria: eran las condiciones prácticas de un comercio que él mismo hacía.
El ciclo, sin embargo, era frágil. Hacia 1870 se cerraron las compras de tabaco colombiano en Bremen, principal plaza consumidora del producto en Europa, y a partir de 1875 el colapso se hizo definitivo. Las plantaciones se reconvirtieron a ganado, caña y —tímidamente al principio— café. La fragilidad del andamiaje financiero se hizo visible en la misma década: el Banco de Londres, México y Suramérica, establecido en 1846, se liquidó en 1869 arrastrado por la crisis, y con él quedó al descubierto la debilidad de unas instituciones atadas al vaivén de un solo producto. La transición hacia el nuevo ciclo tomaría forma en figuras como Pedro A. López, antiguo protegido de los Samper, quien se trasladó de Honda a Bogotá hacia 1894 y, tras la Guerra de los Mil Días, se convertiría en uno de los mayores exportadores de café del país. En su trayectoria se lee el eslabón entre el ciclo agotado y el que apenas comenzaba.
Este trasfondo importa porque el liberalismo colombiano de la segunda mitad del siglo XIX —el partido, el régimen, la doctrina— vivió económicamente del tabaco. Cuando la exportación se desplomó, no cayó solo un renglón agrícola: se derrumbó la base material de una hegemonía política. Samper vio ese hundimiento desde adentro, como comerciante y como pensador.
La miseria en Bogotá
En 1867 apareció La miseria en Bogotá, el texto que fijó su nombre en la historia intelectual colombiana. Algunos pasajes circulaban ya desde 1861. La Universidad Nacional lo reeditó, un siglo después, entre 1968 y 1969, y desde entonces es lectura obligada para entender la pobreza urbana en la Colombia del XIX.
El ensayo tiene una tesis incómoda para un defensor del laissez-faire: las causas de la miseria bogotana no son sólo económicas sino, ante todo, morales, sociales y políticas. Samper identificó a los artesanos —sastres, zapateros, curtidores de cuero— como los más golpeados, en un momento en que las importaciones de manufacturas europeas, favorecidas por los tratados de libre comercio, deprimían los precios domésticos por debajo de niveles rentables para los productores locales. El censo de 1870 registraría que alrededor del 22% de la fuerza laboral colombiana se dedicaba a actividades artesanales; una parte no despreciable de esa población había perdido el mercado interno.
La paradoja está en que Samper —quien en el mismo periodo se oponía frontalmente al proteccionismo demandado por los artesanos, y llegó a proponer como alternativa asignarles pagos directos, del orden de mil pesos anuales por artesano— no pudo dejar de ver lo que el libre cambio hacía en la calle. Su lectura fue moral antes que estructural: sin hábitos morales adecuados, sostenía, la libertad de una nación era ilusoria, y el progreso económico presuponía un fondo de virtudes públicas que el mercado, por sí solo, no producía. La moralidad —insistía— era precondición de la libertad, no su resultado.
Esta es la tensión central de su pensamiento. Defendía el libre comercio con la convicción de un exportador, pero desconfiaba de la capacidad autorreguladora del mercado con la lucidez de quien recorría a pie los barrios pobres de Bogotá. No fue un converso al proteccionismo ni un socialdemócrata anticipado; fue algo más difícil de clasificar: un liberal que reconoció, sin abandonar el liberalismo, sus límites internos.
Política, cargos y el radicalismo templado
Samper fue varias veces ministro en las administraciones liberales de las décadas de 1860 y 1870. La descripción que le dedicaron sus contemporáneos —hombre de gran prestigio, extraordinariamente mesurado y sereno— no es adjetivación decorativa: en el Partido Liberal, cuyas facciones eran ruidosas y cuyos jefes militares tenían el gesto rápido, Samper representó siempre lo contrario del caudillo. Era el civil por excelencia, el técnico de las finanzas públicas, el ensayista que llegaba con cifras en lugar de proclamas.
El liberalismo colombiano de esos años —el régimen inaugurado en torno a 1850 y consolidado con la Constitución de 1863— apostó por un federalismo extremo. La Carta rionegrina dividió el país en nueve estados soberanos, redujo al mínimo el Ejecutivo nacional y otorgó libertades individuales amplísimas, permitiendo a cada región adoptar sus propios códigos. El resultado, entre otras cosas, fue la aparición de aduanas internas entre estados, que frenaban el comercio interior y fragmentaban el mercado nacional. Samper, comerciante que necesitaba fluidez logística y unidad de reglas, no fue nunca un federalista dogmático: perteneció al radicalismo por afinidad de ideas económicas y por convicción libertaria, pero su temperamento buscaba orden institucional donde otros radicales cultivaban la dispersión.
La guerra civil de 1876-1877 fracturó al Partido Liberal entre radicales e independientes. Los segundos, encabezados por Rafael Núñez, se aliaron con el Partido Conservador para desplazar del poder al candidato radical Aquileo Parra. La muerte de Manuel Murillo Toro en 1880 selló la suerte del radicalismo: ese mismo año Núñez fue elegido presidente por primera vez e inauguró lo que él llamaría la Regeneración. Samper vio la transformación con distancia crítica. No siguió a los independientes ni se convirtió en cabeza radical; se mantuvo en un lugar propio, incómodo, desde donde criticaría al nuevo régimen con más eficacia que muchos combatientes de tribuna.
La Constitución de 1886 y el retorno del orden
El colapso del régimen federal se consumó entre 1885 y 1886. En noviembre de 1885 se instaló en Bogotá el Consejo Nacional de Delegatarios, integrado por unos dieciocho miembros conservadores e independientes, sin representación liberal. Núñez lo abrió con un discurso que denunciaba la "permanente discordia" del régimen anterior y exigía una estructura política y administrativa "enteramente distinta". La Constitución que salió de aquellas sesiones fue sancionada el 4 de agosto de 1886 y refundó el país como una república unitaria y centralizada, con Iglesia restablecida en sus privilegios y un Ejecutivo fuerte.
Conviene aquí un desdoblamiento, porque a veces se confunden las figuras: el que firmó la Constitución de 1886 como delegatario por el Estado de Bolívar —junto a Juan Campo Serrano— fue José María Samper, hermano de Miguel, para entonces desplazado del radicalismo hacia posiciones más cercanas al orden regeneracionista. Miguel, en cambio, permaneció como voz crítica del proceso. La distancia entre los dos hermanos —uno cofundador jurídico del nuevo régimen, el otro su detractor más templado— es en sí misma un síntoma: el liberalismo colombiano se partía en dos direcciones opuestas bajo el mismo apellido.
En 1885, en el punto más bajo de la depresión de la agricultura de exportación, el Partido Liberal ofreció apenas una resistencia simbólica a la restauración conservadora. La razón de fondo no era intelectual sino material: el hundimiento del tabaco y de la quina había desactivado la base económica sobre la cual se había construido la hegemonía liberal. Samper lo entendía. En su diagnóstico, la derrota del radicalismo no era una simple derrota militar ni electoral, sino el desenlace de una crisis estructural que las guerras y las alianzas sólo habían acelerado.
Libertad y orden
En 1896 Samper publicó Libertad y orden, el texto que corona su trayectoria intelectual y que constituye la crítica liberal más elaborada al régimen de la Regeneración. El título mismo era una toma de posición: donde Núñez y Miguel Antonio Caro habían levantado la bandera del orden contra el desorden radical, Samper insistía en que libertad y orden no eran términos opuestos sino condiciones recíprocas, y que un orden sin libertad era tan ficticio como una libertad sin orden.
La caracterización que hizo del régimen en aquellas páginas era demoledora en su serenidad: la Regeneración era republicana en la forma pero, en el fondo, otra cosa. Sus dirigentes se comportaban como el jefe del partido triunfante y Supremo Magistrado, en una fusión de poder militar convertido en civil que conservaba sus hábitos originales. El diagnóstico ampliaba una tipología que ya venía de la generación anterior: el caudillo colombiano había comenzado siendo exclusivamente militar y se había hecho civil con el tiempo, conservando la misma influencia y los mismos reflejos.
En materia económica, Libertad y orden profundizaba una batalla que Samper venía librando desde años atrás. El régimen había establecido en el Banco Nacional un instrumento de emisión estatal de papel moneda que, a su juicio, ahuyentaba tanto al capital extranjero como al doméstico. El Banco Nacional fue clausurado por el Congreso en 1894, tras el deterioro evidente de la tasa de cambio y una inflación creciente que evidenciaban que había sobrepasado sistemáticamente sus compromisos de emisión moderada. Pero la política de papel moneda continuó por otras vías, y Samper —junto con sus aliados— denunció en 1896 que sin retorno al patrón oro no habría progreso posible.
Su programa monetario era preciso: amortizar un millón de pesos papel al año mediante recortes del gasto público, eliminación de contratos gubernamentales, ampliación del fondo de amortización y reanudación del pago de la deuda externa. No era una consigna: era el plan de un antiguo ministro que sabía leer un balance.
La disputa por los ferrocarriles
Un capítulo específico de la crítica de Samper a la Regeneración fue la política ferroviaria, terreno donde su condición de comerciante experimentado le daba una autoridad difícil de contrarrestar. Sostenía que los ferrocarriles construidos hasta la fecha no habían avanzado más allá de las tierras planas y no habían cumplido su objetivo primordial: conectar las tierras altas del interior con el río Magdalena, arteria por donde salían al mundo las exportaciones colombianas.
El ejemplo que eligió como emblema del fracaso fue la Carretera de Cambao, construida para transportar en carreta de bueyes el equipo ferroviario desde el Magdalena hasta la Sabana de Bogotá. Samper la calificó como una absurdidad costosa: un país que necesitaba trenes para bajar sus mercancías al río estaba usando bueyes para subir los rieles hasta la meseta. La imagen concentraba, en un solo trazo, la crítica al desorden administrativo del régimen.
Su solución no era proteccionista ni estatista: consistía en atraer capital extranjero, y eso exigía terminar con el sistema de papel moneda, reanudar el servicio de la deuda externa y garantizar reglas estables. La coherencia era total: la crítica monetaria y la crítica ferroviaria eran la misma crítica, articulada alrededor de la idea de que ningún inversionista serio pondría capital de largo plazo en un país cuya moneda perdía valor mes a mes.
Samper también se opuso al monopolio estatal de emisión bancaria que había defendido Núñez. Sostenía que si bien es lícito a todo gobierno dirigir el crédito público, la esfera del crédito privado debía permanecer abierta a la iniciativa de los bancos particulares. En esta disputa, como en tantas otras, hablaba tanto el economista del laissez-faire como el antiguo socio de casas comerciales que sabían operar sin bancos oficiales.
El ensayista de la sociedad colombiana
La obra escrita de Samper no se limita al diagnóstico económico. Fue también un observador de la sociedad colombiana en un sentido más amplio, y sus páginas conservan uno de los mejores retratos del país republicano en el siglo XIX. Describió el periodo posindependencia como dominado por hombres que, faltos de educación política, plantearon programas basados en ideas absolutas —autoridad fuerte o libertades absolutas— y desarrollaron un culto fetichista por los sistemas ideológicos. La imagen no perdonaba: dejaba mal parados tanto al caudillismo militar como al doctrinarismo radical, y sugería que la política colombiana adolecía de una falta de mesura que era, en última instancia, un problema de formación cívica.
En textos complementarios elaboró una geografía humana notablemente precisa. Su descripción del neivano —el habitante del Huila— como tipo social proteico que alternaba entre pastor, agricultor, pescador, tratante y peón asalariado ofrecía una representación etnográfica de la movilidad laboral campesina que se adelantaba a la antropología del siglo XX. En el mismo tono, observó que muchos de los llamados "ricos" en Colombia habían comenzado como obreros, cargueros y arrieros, apuntando —con más matiz que optimismo— a una cierta plasticidad social de la república.
Ese impulso descriptivo lo emparentaba con su hermano José María, autor de una tipología del "elemento peninsular o tradicionalista" —quienes debían su posición a las instituciones y tradiciones del régimen colonial, junto con los militares elevados por la revolución que habían desarrollado una conciencia de clase y una defensa de sus privilegios en el nuevo orden republicano—. Los dos hermanos, cada uno a su manera, construyeron un retrato de la sociedad colombiana que sigue siendo lectura de referencia.
La red: comerciantes, políticos, hermanos
Miguel Samper no fue una figura aislada, y buena parte de su influencia se explica por la red de la que formó parte. El círculo familiar era el núcleo inmediato: José María Samper, escritor y político de trayectoria mucho más ruidosa que la suya, firmante de la Constitución de 1886 y polemista temido en la prensa de su tiempo; Tomás Samper Agudelo, socio en las operaciones comerciales y ancla operativa de los negocios que Miguel diseñaba desde el escritorio; y, en la generación siguiente, José María Samper Brush y Luis Samper Sordo, encargados de custodiar y editar el legado escrito, tarea sin la cual el corpus de Miguel se habría dispersado.
Alrededor de ese núcleo se extendía el círculo mercantil bogotano de la segunda mitad del siglo XIX: comerciantes vinculados al tabaco, importadores instalados entre Bogotá y Honda, banqueros incipientes que probaban fortuna con instituciones frágiles como el Banco de Londres, México y Suramérica, y a los que se sumaría después la generación de Pedro A. López. Ese medio fue la matriz social del liberalismo económico colombiano, y explica por qué la doctrina del libre cambio no se pensaba en abstracto: se pensaba desde las casas comerciales que operaban entre Bogotá, Honda, el Magdalena y las plazas europeas. No era una casta cerrada sino una red de intereses convergentes que hicieron del libre cambio una política porque era, antes que nada, su forma de existir.
La red política tenía otra textura. Samper fue interlocutor —muchas veces adversario intelectual, siempre en el mismo campo doctrinario— de figuras como Manuel Murillo Toro, Aquileo Parra, Santiago Pérez, Nicolás Esguerra y Tomás Cipriano de Mosquera. Con ellos compartió gabinete, comisiones legislativas y debates de prensa, y frente a ellos afinó un estilo de disidencia interna que no rompía filas pero tampoco cedía en el argumento. Frente a Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro ejerció una oposición articulada que nunca cayó en la conspiración ni en el llamado a las armas, y que precisamente por eso resultó más difícil de descalificar. Los gobiernos de la Regeneración toleraron mal la crítica; su intolerancia hacia opositores como Samper reflejaba el reconocimiento de la fuerza potencial de esa oposición contra sus políticas fiscales heterodoxas, en particular el papel moneda y el Banco Nacional.
Los últimos años y la derrota lúcida
En sus últimos años, Samper vio consolidarse aquello que había combatido en la pluma: la Regeneración se prolongó como sistema, el papel moneda continuó en circulación pese al cierre del Banco Nacional, los ferrocarriles siguieron sin conectar la meseta con el río, y el Partido Liberal —dividido, empobrecido, sin ciclo exportador propio— derivó hacia la desesperación armada que estallaría en la Guerra de los Mil Días apenas después de su muerte.
Su candidatura presidencial en la última hora del radicalismo fue una derrota anunciada más que una campaña: los términos del juego electoral estaban ya escritos por el régimen, y Samper concurrió menos con esperanza de triunfo que con voluntad de dejar constancia. En esa constancia se cifra buena parte de su figura tardía: un hombre que argumenta contra la marea, sin ilusiones y sin estridencias, porque considera que el argumento en sí mismo tiene valor cívico.
Murió en Bogotá en 1899, el mismo año en que comenzó esa guerra. La coincidencia parece un guiño de la historia: el crítico templado del régimen se apagaba justo cuando la nación entraba al conflicto que confirmaría todos sus diagnósticos. En 1902, al terminar la guerra, el país estaba arruinado y la inflación había alcanzado niveles que habrían horrorizado al Samper de las cifras exactas. Poco después, Pedro A. López y su generación harían del café —no ya del tabaco— la nueva base exportadora, en una transición que Samper había previsto sin llegar a verla completa.
La huella
¿Qué queda de Miguel Samper? Dos libros que se siguen leyendo. La miseria en Bogotá es fuente obligada para todo estudio de la pobreza urbana en Colombia y una piedra angular de la historia social del siglo XIX; su descripción de los artesanos deprimidos por la competencia de las importaciones es una de las mejores fotografías del costo humano del libre cambio en América Latina. Libertad y orden es el testimonio más lúcido de la oposición liberal a la Regeneración, y sigue siendo consultado por historiadores de la política y del pensamiento económico colombianos.
Queda también una figura de estilo cívico: la del político mesurado, técnicamente competente, que hace oposición sin caudillismo y crítica sin insulto. En el panteón liberal colombiano —poblado de tribunos, guerreros y polemistas— Samper ocupa un lugar particular: el del hombre serio, el del ministro que sabía de finanzas, el del comerciante que escribía bien. Esa figura fue reivindicada tanto por liberales del siglo XX como por historiadores del pensamiento económico que reconocieron en él a un pionero.
Y queda una lección más incómoda. Samper defendió el libre cambio con más rigor que casi cualquiera de sus contemporáneos y, al mismo tiempo, describió los daños sociales del libre cambio con más precisión que casi cualquier crítico del sistema. Esa contradicción no era hipocresía: era honestidad intelectual llevada al límite. Sostenía que la moralidad era precondición de la libertad porque sabía —desde su escritorio de comerciante y desde sus caminatas por Bogotá— que la libertad económica sin fondo moral producía miseria concreta, y que ninguna doctrina podía tapar esa evidencia.
Perdió casi todo lo que se disputó en su tiempo. Perdió la presidencia, perdió la batalla contra el papel moneda mientras vivió, perdió el país liberal en el que había creído. Ganó otra cosa: la forma. Dejó una prosa que todavía se lee, un diagnóstico que la Guerra de los Mil Días vendría a confirmar y una manera de estar en la política —sin caudillo dentro— que en Colombia era, y sigue siendo, rara. El nombre pesa por ahí: no por las victorias, que no hubo, sino por la exactitud con que supo nombrar la derrota.
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Documentos y fragmentos citados
28 documentos · 34 fragmentos01El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 5431 cita
[1]a quedar tan anémico, que la servidumbre se acepta entre las masas con abúlica indife- rencia — aguantando —. Se soporta, se calla de continuo, para de repente volver a vociferar. Más característica es la resistencia que los principios de gobierno de Núñez han encontrado entre los conservadores, buenos católicos y…
p. 543
02Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1331 cita
[2]a fervent advocate of laissez-faire and the most prestigious Colombian political economist. 36 If Murillo’s ideal country was one without gov- ernment, Samper’s ideal was one without trade barriers. In his oppo- sition to the protectionist measures demanded by the artisans, Samper suggested that a better solution…
p. 133
03El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Páginas 82, 1112 citas
[3]Miguel Samper, Muchos de los llamados aquí ricos, porque han acumulado un mediano capital que les permite vivir lejos de los empleos, han sido antes obreros infatigables, que se han impues- to duras privaciones, empezando sus carreras desde lejos de convento, cargueros y arrie- ros. Ellos han ganado sus grados en la…
p. 111
[25]Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…
p. 82
04Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Página 461 cita
[4]behind the aphorism that 'bankers live off peace': the Banco de Bogota, and presumably the Banco de Colombia too, made loans to enable Radical- dominated central government to establish control of Antioquia, whose own bankers were among the first victims of this action. 15 Bankers survive by power. A theoretical…
p. 46
05A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Página 681 cita
[5]view reflects the emer - gence of an alignment among interest groups that led to a cultural change and the confrontation between liberal and anti-liberal positions, the former taking inspiration from England and the United States and the latter from France and Prussia. However, the story is not that simple. This…
p. 68
06Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 4721 cita
[6]subterfugio, y preocupa- ron poco a los teóricos del radicalismo. Lo que requería explicación y se consideraba, a pesar de todo, como una actividad de discuti- ble «pureza», era el abandono del laissez-faire en materia de vías de comunicación. El porqué en esta materia no rigiera el laissez-faire para los estados,…
p. 472
07Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · Página 1331 cita
[7]de los ingresos agrícolas. El nivel de educación era muy bajo en muchos de los distritos artesanales (Vélez, por ejemplo) y los habitantes eran pobres y frecuentemente andrajosos, pero en comparación con otras áreas del país la situación no parecía ser muy mala. Después de 1850, sin embargo, las importaciones de…
p. 133
08Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 651 cita
[8]la Independencia hasta la década de 1880. El clero debió, entonces, acudir a los laicos para que estos asumieran varias tareas, desde el apoyo político, la más conocida, hasta su colaboración en la catequesis, educación y, por supuesto, la beneficencia y caridad 108. Por otra parte, sus exponentes pertenecían a…
p. 65
09Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 2231 cita
[9]idea, marcada por un individualismo acen- drado, se pronunció Rafael Núñez, quien siempre propugnó por la con- sagración de la potestad de emisión como privilegio exclusivo del Estado. Entre los escritores que defendieron con vehemencia el privilegio de emi- sión a favor del Estado se recuerda a Felipe de Ángulo y a…
p. 223
10Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · Páginas 57, 862 citas
[10]emphatically for a return to the gold standard through amortization of one million paper pesos a year. Such a plan could be implemented, he insisted, by curtailing government expen- ditures, eliminating government contracts, expanding the amortiza- tion fund, and resuming payment on the foreign debt. These measures…
p. 86
[11]many of the Conservatives backing Nunez must have felt they were entitled to take any steps necessary to secure their continued exclu- sive enjoyment of the honors and perquisites of public office. Moreover, many leading Nationalists sincerely believed theirs was a sacred mission to rescue Colombia from the dangers…
p. 57
11Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Páginas 114, 1232 citas
[12]los billetes. El Banco era independiente en su diseño institucional y al secreta- rio de Hacienda se le prohibía asistir a su junta directiva. Sin embargo, sus compromisos de emisión moderada no fueron creíbles, en especial el de no superar el límite de los 12 millones de pesos, que era en ese entonces el presu-…
p. 123
[24]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
12Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 591 cita
[13]e el manifiesto proteccionismo de N úñe z y la c re ación del Ba nco Nac ional y del papel mone da plantaron la se- milla de la industrialización co mo un p royec to de d esarrollo na - cional autónomo. El grad o de inter vención eco n ómica de la Re ge n erac i ón fue moderado en compara ci ón co n otros modelo s co…
p. 59
13Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · Páginas 194, 2172 citas
[14]que realmente constituían una economía minifundista tanto dentro como fuera de los complejos latifundistas. 153 Camacho Roldán, Salvador, 1871, «Proyecto para la fundación de un establecimiento de añil en gran escala y de banco hipotecario», septiembre 15, Escritos varios, vol. ii, Bogotá, 1983, pág. 453. 154 Morales…
p. 217
[28]guarda su dinero y se contrata como peón en alguna hacienda de la parte inferior del valle, trabaja allí durante dos o tres meses en desmontes y otras operaciones agrícolas, y luego regresa al hogar a continuar sus faenas habituales, llevando buena provisión de patacones (piezas de cinco francos), herramientas y…
p. 194
14Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 3001 cita
[15]en lo relativo a estudios y colaci ó n de gra ¿ ^ que sirviesen de verdaderas garant í as de idoneidad, dado^ í r é gimen de privilegio profesional y de las ense ñ anzas s ó g^ nidas por el Estado. Jam á s, sin aquella disciplina, se lograr á ^ entre nosotros resultados satisfactorios en materia de instru í ci ó n p ú…
p. 300
15Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 3241 cita
[16]y regiones aledañas, en el Carmen de Bolívar y en Palmira, fueron habilitadas para su cultivo. El desarrollo de la producción de tabaco con destino a la exportación debe explicarse en condiciones históricas muy concretas. Precisamente en la década del cincuenta, la rica y gran producción de oro de California y…
p. 324
16Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 3511 cita
[17]El valor de las exporta ciones de tabaco, producidas en un' pequeño enclave del Magdalena Medio, aumentó rápidamente hasta promediar entre dos y tres millones de pesos oro entre 1850 y 1875. Pero el colapso de la economía exporta· dora de tabaco, a partir de la última fecha, simultáneamente con la calda de la demanda…
p. 351
17La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1351 cita
[18]m po a los colinos del tabaco. Fundan también en el cercano puerto de Ambalema una gran factoría, en la que se prepara el producto para la exportación (Díaz, 1889, II, cap. XX). Ya por el río corrían los primeros vapores de rueda traídos desde los Estados Unidos de América por Juan B. Elbers. Pero todo esto, en…
p. 135
18El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Páginas 126, 1672 citas
[19]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
[20]de abril de 1874. p. l. 6 J..M. Cordovez Moure, &miniscendas de Santa Fe y Bogotd. 166 EL CAFÉ EN COLOMBIA, 1850-1970 recuerdos y en abierta hostilidad con el porvenir", lo que significa para el historiador contemporáneo, más que una condición geriátrica, el malestar que atacó a los tradicionalistas en la segunda…
p. 167
19Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 1261 cita
[21]época tam- bién dieron al traste, ya fuera la casa de cambios de Landínez o el Banco de Londres, México y Surámerica. La Casa Landínez quebró en 1841 y dejó arruinada a una parte considerable de los rentistas santafereños, desvalorizando con especulaciones un pe- queño capital, si puede llamarse así a las rentas y…
p. 126
20Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1971 cita
[22]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
p. 197
21Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · Páginas 320, 3952 citas
[23]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…
p. 320
[32]objects to Liberal creation of new provinces, 202–5; and Regener- ation government, 302–3; response to Peregrinación de Alpha, 189–90; role in federalism-centralism question, 5, 220, 251; in Soatá, 186; view of Church disen- tailment, 263, 266, 269, 272–73, 274, 276, 279–80, 281; view of constitutionalism, 216; view…
p. 395
22La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · Página 351 cita
[26]ron el período 1820-1850. Tres fuerzas sociales coa 6 NIETO ARTETA. Op. cit. p. 73. 33 ligadas hicieron que el cambio prometido y espe rado no se cumpliera. Los grandes terratenientes y los militares defendieron sus privilegios que here daron de su§; mayores junto con los valores sociales que conformaban su conducta.…
p. 35
23Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · Página 971 cita
[27]Samper el periodo republicano de me- diados de siglo: «Faltos de una verdadera educación y tradición de hombres de gobierno y de auténtico sentido político, los hombres de la Independencia se plantearon programas basados en ideas absolutas, de autoridad fuerte los unos, de libertades absolutas los otros. Veían el…
p. 97
24The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 3421 cita
[29]narratives of, 41; Reclus on, 50; José María Samper on, 112–13; Obeso on, 121, 122, 130; and civil marriage, 150; Jiménez López on, 222 Race war: and civil war of 1859–62, 64–68 Racial difference: and citizenship, 2, 9; and national unity, 3; and posteman- cipation civil equality, 9–10, 36–37; historicizing race,…
p. 342
2530 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 1411 cita
[30]que éste tome el carácter de Cuerpo Legislativo, se llenarán por designaciones hechas por los Gobernadores de los Departamentos. Artículo *. Esta Constitución empezará a regir, para los Altos Poderes nacionales, desde el día en que sea sancionada; y para la Nación, treinta días después de su publicación en el Diario…
p. 141
26Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 981 cita
[31]caso de que ninguno tenga ducha mayoría, el Congreso eje irá entre los que reúnan mayor má mero de votos= (articulo 75) Las fa- cultades del presidente se velan redu- cidas por el federalismo y la acción del Congresoy, básicamente, ye enca- minaban a las relaciones exteriones Constitución de 1886 El de noviembre de…
p. 98
27El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 3791 cita
[33]histórico. Pero al mismo tiempo que intentaba corregir la rigidez racionalista del liberalismo clásico, conservaba como constantes de su pensamiento político las ideas de tolerancia y transacción, es decir, aquel elemento propio del liberalismo que, paradójicamente y sin coherencia con sus supuestos metafísicos, había…
p. 379
28Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 801 cita
[34]fueron a pique y, en su forma original, resultó tan inadecuada a la realidad nacional (a pesar de reconocer mejor que la Cons- titución del 63 algunos aspectos bási- cos de esta realidad) como las anterio- res. Mientras no fue modificada, lo que ocurrió a consecuencia del gran fracaso representado por la guerra de los…
p. 80