Jorge Isaacs
Transversal
1837–1895
La biografía
Jorge Ricardo Isaacs Ferrer (1837-1895) fue el novelista colombiano más importante del siglo XIX, autor de María (1867), la novela que durante casi un siglo entero representó a Colombia ante los lectores hispanoamericanos y solo fue desplazada de ese lugar cuando Gabriel García Márquez publicó Cien años de soledad. Reducirlo a esa obra —como hizo la canonización romántica que lo fijó en la memoria escolar como el autor de un idilio lloroso en el Valle del Cauca— es amputar al hombre que combatió en la guerra civil de 1860-1862, fue elegido diputado conservador y terminó converso al liberalismo radical, ejerció cargos consulares en Chile, arrastró en sus últimos años una ruina económica sin retorno y en 1884 publicó un tratado etnográfico sobre las tribus indígenas del Magdalena que ensayaba un proyecto de administración territorial sobre La Guajira. La figura completa de Isaacs, hijo de padre judío y madre católica en un país en guerra recurrente, condensa las contradicciones estructurales del siglo XIX colombiano —esclavitud, hacienda, conflicto racial, proyecto civilizador, romanticismo tardío— con una densidad que ningún otro escritor de su generación alcanzó.
Línea de vida
- 1860
Participación en la guerra civil de 1860-1862
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Con veintitrés años, Isaacs tomó parte en la guerra civil desencadenada por la rebelión del general Tomás Cipriano de Mosquera contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez, conflicto que concluyó con la victoria liberal y la instauración del federalismo radical en Colombia.
- 1864
Publicación del poemario Poesías
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Isaacs publicó su primer libro, Poesías, en la imprenta de El Mosaico, la tertulia literaria bogotana, con comentarios elogiosos de José María Vergara y Vergara. El volumen lo acreditó como poeta con oficio y reconocimiento entre sus pares antes de escribir su novela.
- 1866
Elección como diputado conservador al Congreso
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Isaacs fue elegido diputado al Congreso por el partido conservador. Viajó a Bogotá, abrió un almacén de artículos importados y fundó el semanario La República, de tendencia conservadora, integrándose al circuito político y comercial de la capital.
- 1867
Publicación de María
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Apareció María, novela romántica cuya acción transcurre en el Valle del Cauca. Escrita en parte durante su etapa como subinspector del Camino de Dagua, donde contrajo el paludismo, la obra alcanzó reconocimiento continental y fue considerada una de las ficciones fundacionales de América Latina.
- 1869
Giro al liberalismo radical
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Isaacs abandonó su curul en el Congreso para ocupar la secretaría de la Cámara de Representantes y en ese mismo período rompió con el conservatismo para adherirse al liberalismo radical, la corriente dominante que impulsaba las reformas federalistas y anticlericales del Olimpo Radical.
- 1884
Publicación del Estudio sobre las tribus indígenas del estado del Magdalena
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Fruto de trabajo de campo en La Guajira y la Sierra Nevada de Santa Marta, el texto propone un proyecto combinado de investigación etnográfica, administración territorial y misión civilizadora sobre los pueblos indígenas del nororiente colombiano, revelando la faceta de Isaacs como viajero, naturalista y etnógrafo.
Un hijo del Cauca con nombre judío
Isaacs nació en 1837 en una familia de origen judío instalada en el Valle del Cauca, al suroccidente de la naciente República de la Nueva Granada. Los judíos presentes en la Colombia decimonónica —una minoría discreta, en su mayoría sefardíes— se concentraban en las ciudades comerciales de la costa atlántica: Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Barranquilla, Magangué. Había también presencia hebrea en Bogotá y, en menor medida, en el Valle del Cauca, donde la familia Isaacs encaja como excepción antes que como comunidad. El apellido mismo —Isaacs, no hispanizado— señalaba la procedencia y sobreviviría al bautismo cristiano del hijo.
El trasfondo familiar dejó huellas oblicuas pero indelebles en la obra del novelista. En María, el personaje femenino que da título al libro proviene de Jamaica, isla británica donde florecía una comunidad de judíos sefardíes bajo la protección de la Corona inglesa; al desembarcar en territorio colombiano por la desembocadura del río Atrato y llegar a Quibdó, el nombre judío de la niña —Esther— es sustituido por María, gesto de asimilación al mundo católico que la novela registra sin dramatismo, pero que carga todo el peso de una experiencia biográfica trasladada al plano ficcional. La conversión que el texto narra como episodio menor era, en la vida de la familia del autor, el precio de la pertenencia.
De la infancia caucana de Isaacs no queda testimonio íntimo abundante, pero la meticulosidad con que la novela reconstruye los paisajes del Valle —los cañaduzales, las montañas azules al fondo, las haciendas dispersas entre ríos, la vida cotidiana de plantación— indica una impregnación temprana que solo la niñez explica. Sería en esa región, celebrada por su fertilidad y su belleza como un "paraíso" agrícola, donde Isaacs formaría el imaginario que luego devolvería a la literatura convertido en escenario romántico. Pero el Valle real que él conoció no era paraíso: era el corazón de un Gran Cauca extremadamente diverso en lo racial, lo productivo y lo cultural, atravesado por la dicotomía entre grandes propietarios blancos y poblaciones negras y mulatas descendientes de la esclavitud, y ya para entonces convertido en el principal teatro conflictivo del país.
De la guerra al primer libro
En 1860, cuando Isaacs tenía veintitrés años, el general Tomás Cipriano de Mosquera —principal fuerza política y militar del Cauca— se rebeló contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez, incapaz de controlar las regiones lejanas. Estalló la guerra civil de 1860-1862, que terminaría con la victoria de Mosquera y los liberales radicales, la redacción de una nueva Constitución federalista y anticlerical, y el reordenamiento entero del país bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia. Isaacs participó en esa guerra: el joven vallecaucano cargó fusil en una contienda que se libró, entre otros escenarios, en las montañas y los valles que conocía desde la infancia.
Terminada la guerra, la vida civil lo devolvió a los oficios prácticos. Isaacs sirvió como subinspector del Camino de Dagua, la ruta que conectaba el interior del Cauca con el Pacífico, y en esas jornadas —compartiendo la vida ruda de los obreros que abrían y mantenían la trocha— contrajo el paludismo. Fue también en ese período cuando comenzó a escribir María. La imagen del novelista romántico gestando su idilio en la fiebre del trópico, mientras cuadrillas de peones cortaban selva a machete, contiene más del país real que el paisaje sedado que después llegaría al libro.
En 1864, tres años antes de la novela, Isaacs publicó su primer libro: Poesías, aparecido en la imprenta de El Mosaico, la tertulia literaria bogotana que reunía a los escritores del romanticismo colombiano en torno a figuras como José María Vergara y Vergara. Fue Vergara quien acompañó el volumen con comentarios elogiosos, gesto de padrinazgo del establecimiento literario capitalino hacia el joven caucano. El poemario importa menos por sí mismo que por lo que anuncia: cuando Isaacs escribe María, no es un aficionado que improvisa una novela sentimental, sino un poeta con oficio previo, formación literaria y reconocimiento de sus pares.
María, 1867
María apareció en 1867. Es una novela romántica por ascendencia europea, tema, personajes y paisaje —herencia de Atala de Chateaubriand y de Paul et Virginie de Bernardin de Saint-Pierre—, pero define lo que sería el romanticismo americano precisamente por oposición a esos modelos: lo que en los franceses era exótico e imaginario, en Isaacs era vida cotidiana. La plantación de caña, el molino, los esclavos que trabajan y los libertos que trabajan igual, las cabalgatas entre montañas, el río que crece en invierno, la enfermedad que llega sin aviso: todo eso pertenecía al mundo concreto del Valle del Cauca de mediados del siglo XIX, no al catálogo literario del trópico soñado desde París.
El elemento más sobresaliente de la novela —así lo fijó tempranamente la crítica y así lo sostuvo Eduardo Camacho Guizado— es el tratamiento del ambiente humano y natural. El paisaje en María funciona como un personaje más, apacible o sollozante según el momento de la trama, en estrecha correspondencia con los estados de ánimo de los protagonistas. La naturaleza estrecha la historia sentimental hasta hacerla inseparable de ella: no hay Efraín ni María fuera del Valle, ni el Valle es escenografía neutra. Esa fusión es la operación estética que hizo posible la novela y explica su duración.
Existen, es cierto, lecturas que le reprochan a Isaacs precisamente lo contrario: que el paisaje aparezca visto "desde fuera", con la mirada del observador ilustrado, sin ligazón real con la sociedad rural del Valle. La objeción no es baladí. María incluye el relato socio-histórico de Feliciana —la esclava africana cuya vida anterior a la plantación se narra con voluntad documental— y anotaciones etnográficas sobre la población negra que revelan al Isaacs futuro etnógrafo del Magdalena. Ese material introduce en la novela una ambivalencia estructural: el idilio romántico transcurre en una hacienda esclavista, y el narrador registra la esclavitud sin abolirla del cuadro, con un tratamiento que ha sido leído tanto como denuncia velada como acomodo con el orden hacendatario. Ninguna de las dos lecturas agota el texto; ambas describen tensiones que están efectivamente ahí.
Lo que la historia literaria sí puede afirmar sin matiz es la magnitud de la recepción. Para múltiples generaciones de hombres y mujeres letrados en Ciudad de México, Buenos Aires, La Habana y Santiago de Chile, Jorge Isaacs era el escritor que más representaba a Colombia. María fue la novela colombiana que circuló por el continente durante todo lo que quedaba del siglo XIX y buena parte del XX, tantas veces reeditada que la crítica posterior la clasificaría como una de las "ficciones fundacionales" latinoamericanas: textos que construyen la nación mientras la narran. El romanticismo colombiano fue tardío —llegó cuando en Europa ya empezaba a ceder— y se prolongó hasta muy tarde, y María es a la vez su cima y el libro que lo mantuvo vivo por inercia durante décadas.
Del Congreso conservador al liberalismo radical
En 1866, un año antes de publicar María, Isaacs fue elegido diputado al Congreso por el partido conservador. Viajó a Bogotá, abrió un almacén de artículos importados —gesto pragmático de un hacendado del Valle que buscaba renta en la capital— y fundó el semanario La República, órgano de tendencia conservadora, en paralelo a su actividad parlamentaria. Es la imagen de un notable regional integrándose al circuito nacional por las vías clásicas de la política decimonónica: la elección, el negocio, el periódico.
La trayectoria conservadora duró poco. En 1869 Isaacs abandonó su curul en el Congreso para ocupar la secretaría de la Cámara de Representantes, y en ese mismo momento —o muy cerca de él— rompió con el conservatismo y se inclinó por el liberalismo radical, la corriente que controlaba el país desde el triunfo de Mosquera en 1862 y que impulsaba las reformas federalistas, anticlericales y librecambistas del período que la historiografía llama del Olimpo Radical. El giro no es una anécdota: es un cambio de campo político completo en un país donde la identidad partidista se heredaba, se defendía con armas y se cobraba en guerras. Que un diputado conservador de 32 años, autor de la novela romántica más leída del país, se pasara al radicalismo señala tanto la porosidad de las élites letradas como la fuerza gravitatoria que el liberalismo radical ejercía en esos años sobre los espíritus jóvenes.
De la conversión política se seguiría todo lo demás. Isaacs alternó a partir de entonces la literatura con la diplomacia y las empresas comerciales. Pasó dos años en Chile en calidad de cónsul, misión típica del funcionariado letrado del siglo XIX —hombres cuya obra literaria les valía representación diplomática y cuyos cargos consulares les permitían sobrevivir económicamente entre libro y libro—. Entre el diputado conservador de 1866 y el radical exiliado en oficios administrativos apenas media una década, y esa velocidad es característica del período: las lealtades se rehacían al ritmo de las guerras civiles, y las guerras civiles llegaban cada pocos años.
El Cauca en llamas
La región donde Isaacs había nacido y donde había situado su novela era, en esas mismas décadas, el principal teatro conflictivo del país. El Gran Cauca del siglo XIX cubría un territorio enorme y heterogéneo: al sur, en los altiplanos de Pasto, Túquerres e Ipiales, dominaba una fisonomía étnica y cultural de fuerte impronta indígena; al centro, en el Valle propiamente dicho, la dicotomía entre grandes propietarios blancos y poblaciones negras y mulatas —herencia directa de la esclavitud, abolida legalmente en 1851 pero no en las relaciones sociales— estructuraba la vida cotidiana; al occidente, en el Pacífico chocoano, comunidades afrodescendientes y mineras habitaban un ecosistema selvático. Todo el conjunto —mestizos, mulatos, indígenas, negros, blancos— participaba de un repertorio cultural común que se dejaba ver, entre otras cosas, en una culinaria a la que cada grupo étnico había aportado algo.
Sobre ese mosaico se libró en 1876-1877 la guerra civil que terminaría de reordenar la vida caucana. El conflicto duró once meses, se concentró en el Cauca y el Tolima, y costó al Estado el 118% del presupuesto nacional aprobado para 1878 —cifra que el Secretario del Tesoro dejó consignada como advertencia—. La guerra fue detonada por la agitación de clérigos de Palmira, Cartago y Tuluá contra las reformas educativas laicas del radicalismo, pero se entrelazó de inmediato con tensiones socio-raciales preexistentes. Las tropas liberales que la libraron eran predominantemente negras y mulatas, y destruyeron sistemáticamente propiedades de conocidos conservadores blancos; en la Nochebuena de 1876 ocuparon y saquearon Cali.
Es en ese Cauca —el Cauca de la guerra racial encubierta, el Cauca donde la propiedad blanca ardía en manos de tropas afrodescendientes— donde Isaacs situó, casi una década antes, el idilio de María. La distancia entre el mundo de la novela y el mundo de la guerra de 1876 no es la distancia entre ficción y realidad, sino la distancia entre lo que la novela pudo mostrar y lo que reservó para el silencio. La misma región produjo el paisaje sedado del libro y el saqueo de Cali; el mismo autor perteneció por origen a la clase de los grandes propietarios blancos y militó, en la política, en el partido cuyas tropas populares quemaban las haciendas de sus pares. Esa contradicción no es un accidente biográfico: es el material del siglo XIX caucano.
El etnógrafo de La Guajira
En 1884 Isaacs publicó el Estudio sobre las tribus indígenas del estado del Magdalena, obra que la memoria pública de su figura ha ocultado sistemáticamente detrás de María pero que revela otra faceta del hombre: viajero, etnógrafo, naturalista. El texto es el resultado de trabajo de campo entre los pueblos indígenas de La Guajira y de la Sierra Nevada de Santa Marta, en el extremo nororiental del país, y propone un proyecto ambicioso de investigación y administración combinadas.
Isaacs plantea allí que los territorios habitados por lo que él llama "tribus salvajes" requieren no solo geógrafos y naturalistas competentes —para levantar carta del terreno y catalogar sus recursos—, sino también etnógrafos y arqueólogos que estudien a los indígenas actuales y los vestigios de los grupos precedentes, administradores cultos y filántropos que gestionen la relación del Estado con las comunidades, y misioneros de aptitudes probadas que las incorporen a la vida cristiana. El proyecto apunta, entre otros fines, a convertir a los indígenas en población útil para el estado del Magdalena. La formulación pertenece de lleno al discurso civilizador del siglo XIX: no hay ruptura de Isaacs con la lógica dominante, sino aplicación técnica de esa lógica a un territorio concreto.
La obra importa por lo que revela sobre el autor. El mismo Isaacs que había publicado la novela romántica del sentimiento aplicaba, dieciocho años después, un lenguaje de administración territorial sobre poblaciones que consideraba "salvajes" y que su proyecto proponía integrar mediante ciencia, filantropía y misión. El liberal radical no era una voz disidente frente al orden estatal: era uno de sus operadores letrados. Y la etnografía —joven disciplina en la Colombia del siglo XIX— entra por la puerta del funcionario ilustrado que combina la observación de campo con la propuesta de gestión. Isaacs anticipa así, en 1884, el tipo de intervención estatal sobre los territorios indígenas que la Regeneración conservadora institucionalizaría en los años siguientes, ahora entregando esa tarea a las misiones católicas.
La red
La figura de Isaacs se comprende mejor situada en la red de contemporáneos con los que compartió generación y campo. El siglo XIX colombiano tuvo cuatro grandes escritores: José Eusebio Caro, poeta y político conservador de la generación anterior; Soledad Acosta de Samper, historiadora y novelista prolífica; José Asunción Silva, poeta modernista de la generación siguiente, y el propio Isaacs. En prosa narrativa, Isaacs es sencillamente el más importante. Ninguno de sus pares alcanzó con una sola obra la magnitud de circulación continental que María tuvo.
En el orden literario inmediato, Isaacs perteneció al círculo de El Mosaico bogotano y debió su lanzamiento a José María Vergara y Vergara, figura tutelar del romanticismo capitalino. En el orden político, su trayectoria lo conectó por relación de cargo o de época con Tomás Cipriano de Mosquera —el general caucano cuyas guerras marcaron los años formativos del novelista— y con los liberales radicales del Olimpo. Su giro partidista lo alejó del campo conservador donde por origen social parecía predestinado a militar y donde sus contemporáneos Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez —arquitectos de la Regeneración a partir de 1878— construían el aparato ideológico que enterraría al radicalismo hacia el final de la vida de Isaacs.
En el orden regional, Isaacs pertenece al Valle del Cauca y a la clase hacendataria vallecaucana, aun cuando su ruina económica lo apartara de ella. Ese pertenecer era también una manera de saber: el detalle con que la novela registra el trabajo de plantación, los ritmos del ingenio, la vida de los peones y esclavos, no es reconstrucción documental sino memoria de infancia y juventud.
Los últimos años
La última etapa de Isaacs fue melancólica. La ruina económica lo persiguió: el hombre que había sido diputado, cónsul y autor célebre vivió sus años finales en pobreza, arrastrando el desengaño de una vida que no había cumplido lo que la fama de María prometía. Aún con las energías menguadas, pocos años antes de morir alimentó proyectos de nuevas obras narrativas que la enfermedad y la penuria le impidieron completar del todo. Murió en 1895, con cincuenta y ocho años.
La imagen del novelista arruinado es un lugar común de las biografías románticas, pero en el caso de Isaacs corresponde con exactitud a la realidad. La biografía novelada Verás huir la calma, de María Cristina Restrepo —que reconstruye los años finales del escritor desde la perspectiva de su esposa Felisa González—, ha fijado esa imagen de un hombre desengañado, empobrecido, sobreviviente de sus propias empresas fallidas. Que ese hombre fuera también el autor de la novela más leída del país no cambia el desenlace: la fama literaria del siglo XIX rara vez pagaba las cuentas, y menos aún si su portador había gastado energía y dinero en oficios políticos, expediciones y comercios que se sucedieron sin acumular.
La huella
Se han escrito numerosas biografías de Isaacs a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, y esa continuidad del interés póstumo mide, mejor que cualquier otro dato, el peso del personaje en la memoria cultural colombiana. Durante generaciones, María fue lectura obligatoria en colegios, referencia común de la conversación letrada, umbral por donde jóvenes lectores latinoamericanos entraban en la novela hispanoamericana. La operación canonizadora fue tan eficaz que llegó a borrar al político, al militar y al etnógrafo detrás del autor de la novela, dejando en la memoria pública solamente al hombre que había escrito el idilio del Valle.
La rehabilitación del Isaacs completo —el que hizo la guerra, el que cambió de partido, el que exploró La Guajira, el que se arruinó comerciando— es tarea reciente de la historiografía y la crítica. Esa rehabilitación no diluye la potencia literaria de María, que sigue siendo, con todas las objeciones que se le puedan hacer, la novela que durante un siglo entero representó a Colombia ante el continente. Pero devuelve al personaje su dimensión histórica real: la de un hombre del siglo XIX colombiano cuya trayectoria atraviesa, en un solo cuerpo, la herencia judía en un país católico, la vida hacendataria en tierra esclavista, la guerra civil como experiencia de generación, el paso del conservatismo al radicalismo, la diplomacia como oficio, la etnografía como proyecto de Estado y la ruina como cierre.
Isaacs es figura-bisagra por eso. No porque haya elegido serlo —nadie elige encarnar las contradicciones de su época—, sino porque en su biografía se articulan, sin dejar cabos sueltos, las fracturas del país en que le tocó vivir. María condensó esas fracturas y las desplazó hacia el paisaje y el sentimiento, operación literaria que la volvió duradera y, al mismo tiempo, cómoda para la memoria pública, que prefirió al novelista romántico antes que al ciudadano en guerra. La historia, con más tiempo y menos prisa, puede permitirse recuperarlos juntos.
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Documentos y fragmentos citados
19 documentos · 25 fragmentos01The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 2031 cita
[1]Timothy F. Johnson Note 1. In this context, “Creole” means a locally born subject of the Spanish king and is gener- ally taken to refer to a person treated as white or close to white in terms of colonial racial hierarchies. 189 Killing a Jaguar Jorge Isaacs By the end of the nineteenth century, educated Spanish…
p. 203
02Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2091 cita
[2]were written from the perspective of strong female protagonists, and she generally tasked her female characters to “search for self- knowledge through experience.” 9 Acosta de Samper is considered a leading early pioneer in calling for equal treatment for women, and she insisted on the intellectual capacity of women…
p. 209
03El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 2191 cita
[3]cuadros de la vida suramericana (1869), sus Biografías de hombres ilustres o notables relativas a la época del descubrimiento, conquista y coloni- zación de la parte de América denominada actualmente EE. UU. de Colombia (1883), la Biografía del general Joaquín Acosta (1905) y la Biografía del general Antonio Nariño…
p. 219
04Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 2701 cita
[4]Familias y hogares en Colombia durante el siglo xix y comienzos del xx pío, la mayoría de extranjeros eran judíos y se dedicaron al comercio entre el puerto colombiano y la isla antillana. "Los comerciantes del Curazao enviaban sus agentes o se desplazaban personalmente con sus mercancías, a sus principales centros…
p. 270
05Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 981 cita
[5]nacido en Jamaica, en un hogar de judíos sefardíes que habitaban allí bajo el protectorado de Inglaterra. A la muerte de su madre, 104 Sebastián Pineda Buitrago la niña quedó bajo el cuidado de su tío, el padre de Efraín, quien la condujo a Colombia, entrando por la desembocadura del río Atrato. En Quibdó, al tocar…
p. 98
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2001 cita
[6]Trasladado a las selvas con el cargo de subinspector del Camino de Dagua, en el Cauca, etapa en la que comparte la vida de los obreros y contrae el pa- ludismo, comienza a escribir su nove- la María, publicada en 1867, que per- durará como una obra clásica de las letras latinoamericanas. En 1866, Isa- acs es elegido…
p. 200
07Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Páginas 14, 182 citas
[7]necesitaba, y acaso sigue necesitando, el país inconforme, pero fue la búsqueda de una solución aceptable para los partidos y para la nación..." (Óleo de Ricardo Gómez Campuzano, ca. 1938, Biblioteca Nacional). 14 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI Portada de "María" (México, Viuda de Ch. Bourel, 1928 - Fondo…
p. 14
[22]romántica), los demás poetas del romanticismo co- lombiano desmerecen mucho. Don Rafael Núñez —más importante en la política que en la poesía— escribió versos duros y sin emoción, que no lo- gran rozar —como él pretendió— la frontera de la filosofía; Epifanio Mejía —frustrado, demencial, fracasado— dejó su hermoso…
p. 18
08Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Páginas 117, 1192 citas
[8]niveles supe- restructurales que los cambiantes factores econémi- | cos, habria de aparecer como la respuesta ideolégica del sector social derrotado frente a los profundos cam- bios que sacudian la vida nacional.» Por su ascendencia, por su tema, por sus perso- najes, por su paisaje, Maria es una novela romantica,…
p. 117
[20]una naturaleza vir- gen o de una vida primitiva que reclaman justa- mente el cumplimiento de los instintos y de lo irra- cional. En estas novelas se muestran constantemente la luz y el aire, los espacios, las atmésferas locales cargadas de aromas, olores y colores, dentro de un designio a la vez sensual y sensorial.…
p. 119
09Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 771 cita
[9]exponente de lo anterior. La María, de Jorge Isaacs, es otro ejemplo: su trama, aunque geográficamente puede enmarcarse dentro del Valle del Cauca, no tiene una ligazón con esa sociedad. Es una obra del romanticismo europeo, en la que el paisaje se ve externamente. Para el autor exponente de la clase terrateniente del…
p. 77
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Páginas 183, 1862 citas
[10]suelo». RT vida del novelista fueron melancólicos a causa de su pobreza y el desenga- ño por la vida. Retrato alegórico de Jor- ge Isaacs. A pesar del enorme éxito de María, los últimos años de la manera sumatoria: las diferentes partes se entrela- zan para conformar un todo orgánico. Para Eduardo Camacho Guizado, el…
p. 186
[21]más aún a la compañía de la amada. En efecto, la mujer amada es, para el vate bogotano, la suma e interpretación de toda la creación. Al lado «del Pombo sentimental encontramos, por momentos, un poeta preocupado y angustiado por los grandes problemas metafísicos. En ese campo, la religiosidad de Pombo se torna a veces…
p. 183
11Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Páginas 139, 2252 citas
[11]Márquez, cinco pueden considerarse representativos de la producción literaria del país desde los inicios de la República, en el siglo XIX: el poeta José Eusebio Caro; la escritora Soledad Acosta de Samper, una de las primeras defensoras de la igualdad de género en Colombia; y el poeta José Asunción Silva; el novelista…
p. 225
[13]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…
p. 139
12Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2751 cita
[12]lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…
p. 275
13Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 29, 532 citas
[14]Faja Oriental>>permiten apreciar la comple- jidad interna de la s cuatro r eg iones. Por ejemplo, el Gran Cauca era extremadamente di verso por su base racial, sus tradiciones e idiosincrasias, sus ecosistemas y sus bases productivas. En el s ur, los altiplanos agrícolas de Past o, Túquerres e lpiales, pr esentaban…
p. 29
[15]ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…
p. 53
14Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 2401 cita
[16]misioneros: Aparte de los trabajos de geógrafos y naturalistas competentes —no aventureros y embaucadores, sino idóneos de veras — la obra en los territorios ocupados por tribus salvajes, no solo pide administradores cultos y filántropos y labor de etnógrafos y arqueólogos; requiere misioneros de aptitudes probadas,…
p. 240
15Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · Página 411 cita
[17]para hacer la vida posible y mejorar sus condiciones. Dicho en 42 minsit rnavcesSacvrc Biblioteca básica de cocinas tradicionales de Colombia otras palabras, criollizaron al extranjero. De cierta manera, en la región del Gran Cauca los mestizos y mulatos, los indígenas y negros, los blancos herederos ya no de España…
p. 41
16Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · Página 991 cita
[18]y a los disturbios propios de esta época, que en el Valle del Cauca alcanzaron niveles muy agudos. Para el siglo XIX, además de las fuentes notariales, los fondos de manumisión del Archi- vo General de la Nación, el Archivo Histórico de Antioquia, el Archivo Central del Cauca y otros archivos de carácter regional, la…
p. 99
17Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · Página 261 cita
[19]natural beauty and fertility.” They EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:30:17 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. The Paradise of America 27 glorified the region, declaring, “There is perhaps no other region of the New World comparable…
p. 26
18Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Páginas 421, 4512 citas
[23]la intelectualidad criolla de los salones santafereños. Allí en los saraos literarios se componían y recitaban versos en francés, se detectaban gazapos y se criticaba la pronunciación galicada de los ilustrados (Curcio 1975: 69). Infortunadamente en la historia de la expresión social escrita y propia del negro en…
p. 421
[24]C olom bia. Bogotá: Editorial ABC. Ianni, Octavio 1977 O rgan ización so c ia l y alien ación. Á frica en A m érica Latina. México: Siglo XXI Editores. Isaacs, Jorge 1867 M aría. Santiago de Chile: Editora Zig-Zag. 1970 P arte P oética. O bras Completas. Medellín: Ediciones Académicas. Jackson, Richard A. 1982…
p. 451
19Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · Página 1831 cita
[25]para su vida? El final nos deja en compañía de una protagonista que en medio de sus dudas busca antes que nada paliar su soledad. MARÍA CRISTINA RESTREPO Nacida en Medellín en 1949, María Cristina Restrepo es una de las grandes escritoras colombianas vivas. Tiene una obra extensa y contundente. Ha publicado crítica:…
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