Santos Acosta
Estados Unidos de Colombia
1827–1901
La biografía
Pedro Santos Acosta Castillo (Miraflores, Boyacá, 1827 – 1901) fue presidente de los Estados Unidos de Colombia entre mayo de 1867 y abril de 1868. Médico y militar de filiación liberal, llegó al Palacio de San Carlos por una vía singular: no fue elegido en las urnas ni proclamado por una revolución, sino que asumió el mando como segundo designado tras el golpe incruento del 23 de mayo de 1867 que derrocó al general Tomás Cipriano de Mosquera. Su breve mandato coincidió con dos hechos que marcarían la vida pública colombiana durante generaciones: la firma del contrato para construir el ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla y la fundación, en Bogotá, de la Universidad Nacional de Colombia. Bajo su gobierno también apareció, en las librerías de la capital, la novela María de Jorge Isaacs. Entre esas coincidencias fundacionales y el eclipse posterior de su figura se juega el sentido histórico de Santos Acosta: bisagra entre el mosquerismo militar y el radicalismo civilista, ejecutor de un cambio de rumbo cuya beneficencia programática recayó sobre otros.
Línea de vida
- 1827
Nacimiento en Miraflores, Boyacá
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Nació en Miraflores, provincia de Tunja, en la vertiente oriental de la cordillera andina, seis años después de la independencia definitiva de Colombia. Boyacá produciría cinco presidentes a lo largo del siglo XIX.
- 1851
Participación en el contexto de la guerra civil de 1851
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La guerra civil de 1851, provocada por sectores conservadores en torno a cuestiones religiosas y sociales, fue el primer conflicto de envergadura que marcó la generación política de Santos Acosta, forjando su carrera militar en el bando liberal.
- 1863
Consolidación del orden radical tras la Constitución de Rionegro
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La Convención de Rionegro, instalada el 4 de febrero de 1863, expidió la Constitución de los Estados Unidos de Colombia, que decretó la unión a perpetuidad de nueve estados soberanos con amplias autonomías. Santos Acosta desplegó su vida pública institucional —como magistrado y congresista— dentro de este marco federalista.
- 1867
Golpe del 23 de mayo y asunción de la presidencia
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El 23 de mayo de 1867, un golpe rápido e incruento derrocó al general Tomás Cipriano de Mosquera, cuyo gobierno había derivado en dictadura. Santos Acosta, segundo designado a la presidencia con aproximadamente 39 años, asumió el mando por ministerio de la ley, convirtiéndose en el rostro institucional de la restauración constitucional radical.
- 1867
Fundación de la Universidad Nacional de Colombia
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Durante su mandato se fundó en Bogotá la Universidad Nacional de Colombia, institución pública y laica que sintetizaba el programa educativo del liberalismo radical: enseñanza superior al margen de la tutela eclesiástica, financiada por el Estado.
- 1867
Contrato del ferrocarril Barranquilla–Sabanilla y publicación de María
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El gobierno de Santos Acosta firmó el contrato para la construcción del ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla, primer intento serio de infraestructura ferroviaria moderna en el Caribe colombiano. Ese mismo año apareció la novela María de Jorge Isaacs.
- 1868
Fin del mandato y retiro a la vida institucional
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En abril de 1868 concluyó su presidencia de once meses. Santos Acosta continuó activo en la judicatura y el Congreso durante las décadas siguientes, sin volver a ocupar el ejecutivo nacional.
- 1901
Muerte en las postrimerías de la Guerra de los Mil Días
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Murió en 1901, sobreviviendo casi quince años a la Constitución de 1863 que había ayudado a consolidar y que la Regeneración desmontó en 1886, y falleciendo bajo el orden constitucional centralista opuesto al federalismo radical de su época de gobierno.
La semblanza
Santos Acosta pertenece a la cohorte de mandatarios boyacenses que ocuparon la presidencia con notable frecuencia durante el siglo XIX. Es, además, una rareza estadística: en la larga lista de presidentes colombianos decimonónicos, dominada por abogados y militares de carrera, figura con la combinación poco frecuente de médico y militar. Ese perfil híbrido —hombre de ciencia y hombre de armas, no ideólogo del derecho ni pluma de periódico— lo distingue del prototipo del dirigente radical, que solía ser un jurista formado en las escuelas de Bogotá, lector de Bentham y Bastiat, aficionado por igual a la enseñanza y a la redacción de gacetas.
La anomalía biográfica tiene peso. Los líderes del liberalismo radical colombiano se movían entre el foro, la cátedra y la imprenta; construían su capital político en la doctrina antes que en el campo de batalla. Santos Acosta llegó al radicalismo por otro camino: la carrera militar en las guerras civiles del período, con el grado de general, y una respetabilidad profesional adquirida en la medicina. Esta doble condición explica dos cosas al mismo tiempo: por qué era aceptable como interlocutor para los oficiales del ejército mosquerista que rodeaban al dictador en 1867, y por qué encajaba en el proyecto de los civilistas radicales que necesitaban un rostro liberal para restaurar el orden constitucional. Fue el hombre justo en la posición justa.
Su presidencia duró apenas once meses. Su vida pública se extendió décadas más —en la Corte Suprema, en el Congreso, en los círculos del radicalismo—, pero nunca volvió a la primera línea del poder ejecutivo. Murió en 1901, en las postrimerías de la Guerra de los Mil Días, sobreviviendo casi quince años a la Constitución de 1863 que había ayudado a consolidar y que la Regeneración había desmontado en 1886. Entre el golpe que lo encumbró y la muerte que lo sorprendió bajo un orden constitucional opuesto al suyo se extiende una biografía de servicio institucional discreto, sin culto póstumo y sin monumento retórico.
Los orígenes boyacenses
Miraflores es un pueblo de la provincia de Tunja, en la vertiente oriental de la cordillera, tierra de temple frío y agricultura de páramo. Allí nació Santos Acosta en 1827, apenas seis años después de la definitiva independencia y en un país que aún debatía si sería república unitaria o federación. Boyacá era entonces —y siguió siéndolo durante todo el siglo XIX— un semillero de mandatarios: cinco presidentes del país nacieron en su territorio a lo largo de esos cien años. El altiplano de Tunja combinaba una tradición letrada heredada de la Colonia con una densidad rural que producía tanto clérigos como caudillos, y de esa mezcla salieron figuras tan distintas como José Ignacio de Márquez y Aquileo Parra.
Para los jóvenes criollos de las provincias neogranadinas, el camino ordinario hacia los cargos de gobierno pasaba por el estudio del derecho en los colegios mayores de la capital, o bien por vínculos familiares y de patronazgo con quienes ya ejercían el poder regional. Santos Acosta eligió una ruta menos frecuentada: la medicina. En un país donde el título de médico era todavía escaso, esa formación le confería un prestigio distinto al del abogado, más ligado a la beneficencia y a la sociabilidad de las élites urbanas que al ejercicio directo de la política. Sobre esa base profesional se superpuso, después, la carrera militar: no la del oficial formado en academia, sino la del general que gana galones en la guerra civil, mediante la conjunción de méritos de campo y padrinazgo político. En el siglo XIX colombiano, el grado de general se alcanzaba con frecuencia por vías extrainstitucionales —vínculos familiares, relación con el caudillo regional, oportunismo en el momento decisivo— y esa era la norma más que la excepción.
Boyacá le dio, además, una filiación regional al liberalismo. Aunque el conservatismo tenía en el altiplano fuertes bastiones, especialmente en las parroquias con clero organizado, existía también una tradición liberal boyacense que se nutriría de figuras como Santos Gutiérrez, su sucesor inmediato en la presidencia, y Aquileo Parra, presidente durante la crítica guerra de 1876. Santos Acosta pertenece a esa cofradía de liberales del oriente andino que combinaban la formación letrada con la disposición al mando militar.
La trayectoria: guerras civiles, judicatura, Rionegro
La carrera de Santos Acosta se forjó en el marco convulso de las guerras civiles neogranadinas. El siglo XIX colombiano estuvo marcado por ocho grandes conflictos armados y veintitrés contiendas o refriegas regionales, cifra que asciende a cerca de setenta enfrentamientos cuando se suman los levantamientos menores. En ese ambiente permanentemente militarizado creció su generación política.
La guerra civil de 1851, provocada por sectores del partido conservador en torno a cuestiones religiosas y sociales tras las reformas del gobierno de José Hilario López, fue el primer conflicto de envergadura que le tocó de cerca. Le siguió el reordenamiento del liberalismo hacia mediados de la década, cuando la corriente se dividió entre gólgotas —vinculados al comercio y al librecambio— y draconianos —demócratas de tendencia proteccionista, con base en los artesanos urbanos—. El aplastamiento de la coalición militar-artesanal en 1854 dejó el terreno despejado para el ascenso doctrinario de los gólgotas, cuya victoria abriría el camino al radicalismo hegemónico de las décadas siguientes.
El conflicto decisivo, sin embargo, fue la guerra civil de 1859-1862. Iniciada por Mosquera desde el Cauca contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez, terminó con el triunfo del general antioqueño y de los liberales radicales, que redactaron una nueva Constitución federalista y anticlerical. Aquella contienda tiene un lugar especial: fue el único caso, en toda la historia colombiana del siglo XIX, en que un gobierno constituido fue derrocado mediante guerra civil a gran escala. Casi todos los demás levantamientos armados del período fracasaron; el de 1859-1862 constituyó la única revolución exitosa por vía militar abierta. Al final de esa guerra, Mosquera regresaba al poder ya no como el caudillo conservador que había sido en su primera presidencia, sino como el gran jefe del liberalismo militar.
De aquella guerra emergió el orden constitucional en el que Santos Acosta desplegaría su vida pública. La Convención de Rionegro se instaló el 4 de febrero de 1863 en la pequeña población antioqueña, y expidió pocos meses después la Constitución de los Estados Unidos de Colombia. Fue la primera carta magna del país que no comenzó "En nombre de Dios", sino "En nombre y por autorización del pueblo y de los Estados Unidos Colombianos": un gesto laico deliberado que resumía el temperamento de la nueva república. Sus autores decretaron la unión "a perpetuidad" de nueve estados soberanos y les concedieron facultades tan amplias que el gobierno central quedó reducido a la administración de un puñado de asuntos comunes.
Los estados podían ejercer cualquier función que no estuviera expresamente reservada al centro: dictar sus propios códigos —minero, civil, electoral, de tierras—, determinar quiénes tenían derecho al voto en su territorio, emitir estampillas postales, mantener milicias propias. La Constitución solo podía enmendarse por consentimiento unánime de los nueve estados, cláusula que la hacía casi inmodificable. El calendario electoral fragmentaba las elecciones presidenciales de mayo a noviembre, escalonándolas por estado; el presidente quedaba elegido seis meses antes de posesionarse, y magistrados de la Corte Suprema, procurador general y demás altos cargos se elegían en comicios separados, lo que mantenía al país en permanente debate electoral. Fue el diseño constitucional más descentralizado que Colombia haya conocido, y también el más difícil de gobernar.
En esa arquitectura, Santos Acosta ocupó posiciones de peso: magistrado, congresista, hombre de confianza en las instituciones judiciales del régimen radical. Su condición de segundo designado para la presidencia en 1867 no era menor: reflejaba una jerarquía dentro del partido y una estimación de su respetabilidad institucional. En un sistema que debilitaba deliberadamente al ejecutivo nacional para engrandecer a los estados, la designación funcionaba como mecanismo de sustitución ordinaria: garantizaba que, en caso de falta del titular, el poder pasara a manos previamente sancionadas por el Congreso, no a la primera pistola disponible en el cuartel más cercano.
El golpe del 23 de mayo de 1867
La presidencia de Mosquera, iniciada en 1866, había derivado rápidamente hacia formas personalistas de gobierno que sus contemporáneos —incluidos sus antiguos aliados radicales— calificaron de dictadura. El viejo general, que había fundido monedas con su perfil y firmado como "Gran General", chocaba con el civilismo doctrinario del núcleo radical: hombres formados en las escuelas de derecho, lectores de Bentham, partidarios de un ejecutivo débil sometido a la ley. La ruptura era inevitable.
El 23 de mayo de 1867 se consumó el golpe. Fue una operación militar rápida y sin derramamiento de sangre: un movimiento de guarnición ejecutado en Bogotá que puso a Mosquera bajo arresto y restauró el orden constitucional violado por sus decretos de facultades extraordinarias. Los golpistas obraron con generosidad hacia el caudillo derrocado: Mosquera pasó un período limitado en el exilio antes de poder regresar al país. No hubo fusilamientos, no hubo guerra civil, no hubo destrucción. En el balance largo del siglo XIX colombiano, este es el episodio excepcional: casi todos los intentos de derrocar gobiernos por la fuerza terminaron en catástrofe o fracaso; el de 1867 es el ejemplo más nítido de golpe exitoso e incruento.
Santos Acosta era el segundo designado, y a él correspondió por ministerio de la ley asumir la presidencia. Su papel exacto en la conjura —si la encabezó, si la coordinó, si simplemente la aceptó al ver que era inevitable— es una zona gris. Lo cierto es que su perfil lo hacía idóneo para el momento: liberal de credenciales indiscutibles, general con capacidad para hablar de igual a igual con la oficialidad, médico con la respetabilidad civil que el momento requería. Fue el rostro más presentable para una operación delicada. Que no perteneciera al núcleo doctrinario de los radicales-abogados no era un defecto sino una ventaja: le daba al golpe el aire de una restauración institucional imparcial y no el de una toma facciosa del poder.
Esta lectura no debe llevarse al extremo. Sería equivocado presentar a Santos Acosta como una figura pasiva o meramente decorativa. Su presidencia, aunque breve, tuvo dirección política clara y coincidió con decisiones que llevaban el sello del programa radical: educación laica, obras públicas modernizadoras, integración territorial por vía del ferrocarril. Fue el instrumento institucional del giro, pero también su ejecutor efectivo.
La presidencia (1867-1868)
Once meses en el palacio, pero once meses fundacionales. Durante el mandato de Santos Acosta se firmó el contrato para la construcción del ferrocarril de Barranquilla a Sabanilla, primer intento serio de dotar al país de infraestructura ferroviaria moderna en el Caribe. La lógica era estratégica: unir el puerto fluvial del Magdalena con una salida directa al mar, aliviar la penosa navegación por las bocas del río, integrar el comercio exterior con el interior andino. El ferrocarril tardaría años en completarse y su historia posterior sería accidentada, pero la decisión inicial es de aquel gobierno.
En Bogotá, durante ese mismo mandato, se fundó la Universidad Nacional de Colombia. La medida sintetiza el programa radical con particular nitidez: un centro de enseñanza superior público, laico, financiado por el Estado, concebido como institución rectora de la formación profesional al margen de la tutela eclesiástica. En un país donde durante siglos las universidades habían estado controladas por órdenes religiosas —dominicos, jesuitas— o por instituciones vinculadas a la Iglesia, fundar una Universidad Nacional pública era un acto de política cultural mayor. Para los radicales, la instrucción pública independiente del clero era el corazón del progreso; el anticlericalismo se traducía en política educativa antes que en persecución. Santos Acosta firmó la ley y presidió su implementación inicial.
Como telón de fondo cultural, apareció por entonces María, la novela de Jorge Isaacs. El dato no es irrelevante: la publicación coincide con una presidencia que impulsó las letras y las instituciones culturales, y Colombia comenzaba a leerse a sí misma en clave romántica al tiempo que fundaba su universidad nacional.
Sería tentador leer estos hechos como el despliegue de un programa personal. La realidad es más compleja: Santos Acosta gobernó dentro de una constitución diseñada precisamente para impedir presidencias fuertes. El ejecutivo nacional era débil por diseño, los estados retenían la mayor parte de las facultades, el calendario electoral impedía consolidar mayorías nacionales estables. Lo que él pudo hacer en once meses fue avanzar la agenda radical en aquellos frentes donde el gobierno central sí tenía competencia clara: relaciones internacionales, obras públicas de alcance nacional, instituciones federales de educación. Ese es el marco de su huella.
Concluido el período, en abril de 1868 entregó el mando a Santos Gutiérrez —otro boyacense, otro liberal—, que había ganado las elecciones. La transmisión fue ordenada. Le siguieron los mandatos de Eustorgio Salgar (1870), la segunda presidencia de Manuel Murillo Toro (1872) y la de Santiago Pérez Manosalva (1874). Este es el corazón del Olimpo Radical: la sucesión de presidencias civilistas, laicas, educativas y federalistas que marcaron el apogeo del régimen de Rionegro. Santos Acosta fue el eslabón inicial de esa secuencia; sin el golpe de 1867 y su presidencia de transición, el radicalismo no habría podido desplegar la cadena.
Su red: los radicales, los adversarios, las ideas
El mundo político de Santos Acosta se sostenía sobre un grupo estrecho de figuras que se relevaban en las presidencias, los ministerios y las bancadas del Congreso durante dos décadas. A la cabeza organizativa estaba Manuel Murillo Toro, presidente en 1864-1866 y de nuevo en 1872-1874, hombre de periódico y de doctrina, encargado de darle forma administrativa al radicalismo. A su lado, Salvador Camacho Roldán ponía la pluma económica: publicista y hacendista, encarnaba el liberalismo librecambista más ortodoxo, con Bastiat y Say como referencias permanentes. Santiago Pérez Manosalva, presidente en 1874-1876, aportaba la vocación literaria y le daba al régimen su timbre más ilustrado; Aquileo Parra, boyacense como Santos Acosta, sería el hombre que tendría que sostener el orden radical en la guerra de 1876-1877.
Ese círculo compartía un perfil biográfico e ideológico bastante homogéneo. Sus miembros se habían dedicado ante todo a la política y a la ideología, y cuando no ocupaban cargos públicos, ministerios o la presidencia, ejercían la enseñanza y el periodismo. En su cabeza convivían el utilitarismo político de Jeremías Bentham —enseñado en las escuelas de derecho colombianas y verdadero núcleo doctrinario de la generación— y la economía librecambista continental. De esa filiación derivaban a la vez el credo económico y el anticlericalismo cultural: dos caras de la misma apuesta por un individuo racional emancipado de tutelas corporativas.
El anticlericalismo radical no era abstracto. Impulsaron la expropiación de bienes de comunidades religiosas —proceso iniciado por Mosquera y continuado por los radicales—, el cierre de conventos que desacataran las órdenes del Estado, la eliminación de la influencia católica en la educación pública. Buscaban un sistema educativo independiente de la Iglesia, no la persecución indiscriminada de los eclesiásticos. Esa política, sin embargo, acumuló resentimientos que estallarían más tarde.
Frente a ellos, los adversarios eran múltiples y cambiantes. El conservatismo, agrupado alrededor de Mariano Ospina Rodríguez y sus hijos, esperaba en la sombra el momento propicio. Los liberales moderados —una tendencia burguesa de conciliación con los conservadores— comenzaron a distanciarse del ala radical: José María Samper, figura ilustrada del liberalismo, terminaría diagnosticando la crisis del partido en términos de exceso de fuerza y falta de responsabilidad, y hablaría abiertamente de una "oligarquía" liberal que no merecía perpetuarse. Del propio Mosquera, humillado y luego rehabilitado, quedaba una corriente militarista incómoda con el civilismo dominante. Y en la costa Caribe crecía la figura de Rafael Núñez, liberal moderado que terminaría articulando el descontento en la Regeneración.
En esa red, Santos Acosta ocupaba un lugar de respeto pero no de liderazgo doctrinario. No era el tribuno que arengaba en las cámaras ni el publicista que orientaba las ideas del partido: era el hombre serio de la judicatura y de las magistraturas, el general con investidura civil, el presidente de transición cuyo prestigio derivaba más de la corrección institucional que del carisma o la elocuencia. Ese perfil explica tanto su ascenso puntual en 1867 como su discreta permanencia posterior en los círculos del poder sin volver nunca al primer plano.
La crisis del régimen: 1876 y después
El sistema federal, admirable en el papel, arrastraba tensiones que se acumularon durante los años sesenta y estallaron en la década siguiente. La fragmentación del poder militar entre las milicias estatales y la endeblez del ejército nacional dificultaban mantener el orden público. Las elecciones escalonadas producían un país en campaña permanente. El anticlericalismo educativo, en particular la reforma de la instrucción pública, encendió pasiones en las regiones más católicas.
En 1876 estalló la guerra civil que marcaría el principio del fin del régimen radical. Iniciada por los conservadores alzados en armas contra el gobierno de Aquileo Parra —presidente boyacense y correligionario de Santos Acosta— para frenar la reforma educativa laica, la contienda duró once meses y se libró principalmente en los estados del Cauca y del Tolima. Los clérigos de Palmira, Cartago y Tuluá abanderaron la causa antirreformista, y el conflicto adquirió tintes de tensión socio-racial: las tropas liberales, predominantemente compuestas por soldados negros y mulatos, atacaron propiedades de conservadores y ocuparon Cali en la Nochebuena de 1876. En 1877, tras el triunfo militar del gobierno, los liberales santandereanos promulgaron legislación anticlerical severa que desembocó en el destierro del obispo de Pamplona y en el arresto de varios clérigos. En 1878, el Secretario del Tesoro lamentó oficialmente que la guerra había representado el equivalente al 118 % del presupuesto nacional aprobado para aquel año: la magnitud del quebranto era innegable, y la victoria militar del régimen se tradujo, paradójicamente, en su debilitamiento político.
En la posesión del presidente Julián Trujillo, ese mismo 1878, Rafael Núñez —presidente del Congreso— pronunció el discurso famoso en que planteó el dilema: "regeneración administrativa fundamental o catástrofe". Aquella frase pasaría a la historia como el anuncio de la Regeneración, aunque en ese momento Núñez pensaba solo en una reforma administrativa dentro del marco constitucional vigente. Con el tiempo, el diagnóstico se radicalizaría hasta convertirse en el proyecto de reemplazar la Constitución de 1863 por otra centralista y confesional.
Santos Acosta, durante esos años tensos, se mantuvo en el radicalismo pero sin protagonismo de primera línea. La lógica estructural del sistema —mandatos cortos, prohibición de reelección inmediata, ejecutivo débil— condenaba a los expresidentes a papeles secundarios en el largo plazo. Continuó ejerciendo la magistratura y la representación legislativa, defendiendo desde esos cargos el orden federal contra el proyecto regenerador que iba tomando forma.
La huella: la Constitución de 1886 y la muerte
En 1886 la Regeneración culminó con la sanción de una nueva Constitución, obra política de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro. El presidente electo Núñez, por razones ceremoniales, no la firmó directamente: la sancionó el designado José María Campo Serrano. El texto instauraba un gobierno centralista con presidente elegido por voto directo y período de seis años, restablecía las relaciones privilegiadas con la Iglesia católica, suprimía la soberanía de los estados y devolvía al ejecutivo nacional el vigor que la carta de Rionegro le había arrebatado. Todo el edificio en el que Santos Acosta había construido su carrera pública quedaba desmontado.
Le tocó vivir quince años más bajo el nuevo régimen. Los detalles de su vida cotidiana en esas décadas finales se pierden en la penumbra ordinaria de los ancianos ilustres de segunda fila: presencia en actos oficiales, correspondencia con antiguos correligionarios, quizá algún artículo defendiendo la memoria del federalismo. Murió en 1901, cuando el país llevaba dos años sumido en la Guerra de los Mil Días, el conflicto en que el liberalismo derrotado intentó por última vez, y en vano, deshacer la Regeneración por las armas. Cerró los ojos en un país cuya arquitectura constitucional era la negación exacta de aquella que él había servido.
La memoria histórica lo ha tratado con discreción. No hay culto biográfico alrededor de Santos Acosta como lo hay alrededor de Mosquera, de Núñez o de Murillo Toro. Su figura aparece en los manuales como una escala en la sucesión presidencial, un nombre asociado al golpe de 1867 y a la fundación de la Universidad Nacional. Esa modestia póstuma corresponde al carácter mismo de su vida pública: fue un hombre de instituciones más que de doctrinas, un ejecutor eficaz más que un fundador visible.
Medido por sus efectos, sin embargo, su paso por el poder fue decisivo. Sin el golpe incruento de 1867, la dictadura de Mosquera habría podido consolidarse o —peor— habría podido caer en circunstancias violentas que arrastraran al país a otra guerra civil. Sin la firmeza de su gobierno de transición, la agenda radical no habría tenido el impulso institucional que la sostuvo durante casi dos décadas. Sin la Universidad Nacional fundada bajo su firma, la formación de las élites profesionales colombianas habría seguido caminos distintos. No encabezó la revolución cultural del radicalismo, pero la hizo posible; no fue el ideólogo del régimen, pero salvó el momento en que el régimen podía haberse extraviado. Su lugar es el del ejecutor que sostiene el edificio en la noche precisa en que podía derrumbarse: la letra menor del radicalismo, sin la cual la letra grande no habría podido escribirse.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
25 documentos · 32 fragmentos01Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2941 cita
[1]C/marca (2) Santander (1) Boyacá (5) Cauca (6) Bolívar (2) Año y Origen del Mando 1832 1853 1854 1854 1851 1853 1855 1857 1861 1863 1864 1864 1872 1866 1867 1867 1868 1870 1869 1874 1876 1877 1870 1878 1880 1884 1886 1892 Encargo Elegido Golpe Encargo Encargo Encargo Elegido Elegido Encargo Encargo Encargo Elegido…
p. 294
02Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Páginas 139, 3502 citas
[2]Acosta, presidente Se escribe contrato para ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla Jorge Isaacs publica María Se funda la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá 1868 Santos Gutiérrez, presidente Se actualizan la Biblioteca Nacional y el Museo Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia 1870…
p. 350
[10]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…
p. 139
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1121 cita
[3]local por la vía del m atrim onio, de tal suerte que los intereses de los criollos bien relacionados sí tenían alguna representación. A unque por lo general a los criollos no se les perm itía o cupar altos cargos políticos, algunos m iem bros de la elite n eo granadina alcanzaron prestigio com o adm inistradores de…
p. 112
04Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 811 cita
[4]truenan los cafiones. La juridicidad de la Republica esta restablecida. Si se acusara a los golpistas, si se pretendiera ir en contra de Santos Acosta, debe decirse ante todo que ellos, el 23 de mayo de 1867, restauraron el orden constitucional y libraron a Colombia de una sangrienta guerra civil. Mosquera quedo…
p. 81
05Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 521 cita
[5]dictatorship of Rafael Urdaneta that resulted from it was overthrown in its turn by a counterrebellion the very next year, so that the two "successful" uprisings in effect canceled out each other. The next three uprisingsthe War of the Supremes, the Conservative revolution of 1851, and the Melo coupall ended in…
p. 52
06El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 232 citas
[6]hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…
p. 23
[7]hasta expulsarlas, dando la independencia definitiva a Colombia el 19 de agosto de 1819. Una relativa calma se hizo presente hasta el 4 de septiembre de 1830, cuando tuvo lugar el primer golpe de Estado. Desde esa fecha no se volvió a conocer un día de paz a lo largo del siglo xix, aunque apenas otros dos golpes se…
p. 23
07Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 211 cita
[8]tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…
p. 21
08El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Páginas 437, 4492 citas
[9]conservador. Esta ley transfería a los poderes nacionales, retirándosela a los estados la in- tervención en los escrutinios de las elecciones para miem- bros del Congreso y para la Presidencia de la República. Contra esta y parecidas medidas elevó violenta protesta el Partido Liberal, amenazado en su propia…
p. 449
[14]x Colombia. Años de aprendizaje División de Colombia por la separación de Venezuela y Ecuador / La República de la Nueva Granada / Presidencias de Santander, Márquez, Herrán y Mosquera / El gobierno liberal de López; la Confederación Granadina / La guerra de los tres años de los federalistas / La Constitución de los…
p. 437
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 152, 1572 citas
[11]Mosquera expulsó del país a las otras comunidades religiosas. Tercer y cuarto gobiernos de Mosquera La Convención de Rionegro de 1863 lo nombró para su tercer mandato, el 14 de mayo, presidente de los Estados Unidos de Colombia, cargo que ejerció hasta el 1 de abril de 1864. Entre mayo y noviembre estuvo al frente de…
p. 152
[17]magistrados de la Corte Suprema de Justicia y pro- curador general de la Nación, pero cada uno de ellos debía escogerse en elecciones distintas, por lo que el país vivía en permanente debate electo- ral. Acogiéndose a lo estipulado en la Constitu- ción, las provincias de Bogotá, Cauca, Córdoba, Cundinamarca, Chocó,…
p. 157
10Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1221 cita
[12]Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…
p. 122
11Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2751 cita
[13]lasts until 1898 Colombian Chronology, 1810–1991 259 Year Politics Society and Economy Culture and Science — Modern mail system created 1860 Various states separate — Steam engines used to clean cotton — Exportation of quinine and indigo — Ezequiel Uricoechea publishes Elementos de Mineralogía — José María Vergara y…
p. 275
12Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 411 cita
[15]algunos tenían fortunas independientes, más bien modestas, y cuidaban alguna ha- cienda o un negocio comercial, la ma- yoría de los dirigentes radicales se ha- bía dedicado ante todo al mundo de la política y de la ideología. Cuando no ocupaban un cargo público, un minis- terio o la presidencia, la enseñanza y el…
p. 41
13Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 50, 532 citas
[16]Estado de Bo ya cá cuya población era cinco y media veces ma - yor. La s vo taciones para presidente, cuyo mandato era de dos años y comenzaba el primero de abril, se efectuaban con notables dife - rencias, de ma yo a no viembre. Tales calendarios debilitaban al eje- cutivo nacional. A mitad del período presidencial,…
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[28]ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…
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14Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 241 cita
[18]de vías de comunicación. Como varia- ción a la estructura de la rama ejecutiva federal se sustituyó la figur Debe resaflarse de esta Constitu- ción la introducción de un mecanismo de control de constitucionalidad y Je- Evento Federa en virmud del cual la Corte Federal podía suspender los e Me aturas de los estados…
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15Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 1071 cita
[19]texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…
p. 107
16Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1971 cita
[20]y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…
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17Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · Página 2951 cita
[21]del Código de Procedimiento Civil chileno, elaborado por Andrés Bello, entre 1840 y 1852, que a su vez era bastante si - milar a la Ley de Enjuiciamiento Civil de España de 1855. Tras la Constitución de 1886, continuó vigente a través de la Ley 57 de 1887, pero con la Ley 103 de 1923, perdió definitivamente su…
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18La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · Página 1391 cita
[22]auxilio, [para formar] una nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de ‘Estados Unidos de Colombia” 184. Es la primera Constitución del país que no comienza “En nombre de Dios” 185 sino “En nombre y por autorización del 183 Véase para toda la historia de la laicidad en Francia, Assemblée générale du…
p. 139
19La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Páginas 122, 1462 citas
[23]decir que triunfen los principios subversores de la sociedad. Por el contrario, ya para enton - ces corría una fuerte tendencia dentro del liberalismo -espe - cialmente el aburguesado- para hacer arreglos con los opo - sitores ideológicos, siendo uno de los más visibles capitanes de este movimiento don José María…
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[26]tra - dicionalista. Evidentemente, a la percepción del peligro revolucionario de subversión de clases, salta todo el grupo dominante, uni- do contra el nuevo «tirano» y «la hez de la sociedad». Con la excusa de restaurar «la democracia y la legalidad» (en lo que se incluía la defensa del derecho de propiedad que vino…
p. 122
20¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Páginas 65, 682 citas
[24]garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…
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[29]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
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21El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 821 cita
[25]Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…
p. 82
22El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 3791 cita
[27]histórico. Pero al mismo tiempo que intentaba corregir la rigidez racionalista del liberalismo clásico, conservaba como constantes de su pensamiento político las ideas de tolerancia y transacción, es decir, aquel elemento propio del liberalismo que, paradójicamente y sin coherencia con sus supuestos metafísicos, había…
p. 379
23Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 101 cita
[30]el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…
p. 10
24Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 5451 cita
[31]a saber: «La del 27 de octubre de 1857, motivada por la crea- ción del Estado; «La del 12 de noviembre de 1863, motivada por la nacional del mismo año; «La del 25 - 26 de noviembre de 1864, fruto de una insurrección local, y «La del 15 de septiembre de 1877, resultado también de otra conmoción armada que derrocó al…
p. 545
25Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2411 cita
[32]de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…
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