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Hecho histórico · Seguridad Democrática · 2002–2016

El Bloque Centauros y la guerra intra-paramilitar en el Casanare (2002–2005)

Entre 2002 y 2005, el Bloque Centauros de las AUC, comandado por Miguel Arroyave, libró una guerra abierta contra las Autodefensas Campesinas del Casanare de Martín Llanos por el control de cultivos de coca, rentas petroleras y contratos públicos en Meta, Casanare y Vichada, con apoyo operativo de sectores del Ejército y la Fuerza Aérea. El conflicto desmonta la imagen de las AUC como federación coherente y revela que la desmovilización de 2003–2006 se negoció con estructuras que ya se destruían entre sí.

El Bloque Centauros y la guerra intra-paramilitar en el Casanare (2002–2005)
Finales de 2002 – 3 de septiembre de 2005
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Finales de 2002 – 3 de septiembre de 2005
Dónde
Meta, Casanare, Vichada, Llanos Orientales, Villavicencio, Mapiripán, San Martín, Tauramena, Aguazul, Monterrey, Villanueva, Maní
Protagonistas
Vicente Castaño, Carlos Castaño, Víctor Carranza, Gonzalo Rodríguez Gacha, Don Berna, Miguel Arroyave (comandante del Bloque Centauros), Héctor Germán Buitrago 'Martín Llanos' (comandante de las Autodefensas Campesinas del Casanare), Éver Veloza García 'HH', Pedro Oliverio Guerrero, Manuel de Jesús Pirabán 'Pirata', Álvaro Uribe Vélez (presidente durante el proceso de desmovilización), Bloque Centauros (AUC)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Disputa por el control de zonas de cultivo y procesamiento de coca, corredores de tráfico por el río Meta hacia Venezuela, extorsión a la industria petrolera y captura de contratos públicos en Casanare y Meta: los cuatro motores económicos que hacían insostenible la coexistencia de las dos facciones.
  2. Ruptura del pacto de delimitación territorial acordado entre el Bloque Centauros y las ACC, violado desde finales de 2002 cuando Martín Llanos acusó a Arroyave de avanzar sobre territorios casanareños.
  3. Decisión estratégica de Miguel Arroyave de instigar la guerra para debilitar a las ACC y arrebatarles los puntos de procesamiento de coca en el corredor Monterrey–Hato Corozal.
  4. Versiones concurrentes sobre detonantes personales: Víctor Carranza habría sugerido a Arroyave enfrentarse a las ACC; Arroyave habría exigido a Martín Llanos la entrega del mando; y Arroyave habría apropiado droga destinada a repartirse entre comandantes.
  5. Antecedentes estructurales: el paramilitarismo llanero, introducido por Víctor Carranza y Gonzalo Rodríguez Gacha desde Puerto Boyacá y el Magdalena Medio, había creado desde los años ochenta ejércitos privados con lógica de soberanía territorial y economía dual (contrainsurgencia y narcotráfico).
  6. Venta de bloques paramilitares a narcotraficantes por Vicente Castaño y Don Berna desde 2002, que inscribió al Bloque Centauros en una lógica de franquicia mercantil y escaló la competencia por rentas ilegales en la región.
Finales de 2002 – 3 de septiembre de 2005El Bloque Centauros y la guerra intra-paramilitar en el Casanare (2002–2005)

Consecuencias

  1. Conquista por el Bloque Centauros del corredor completo desde Monterrey hasta Hato Corozal en Casanare, con toma de control de los puntos de procesamiento de coca y desplazamiento definitivo de las ACC de 14 municipios que estas dominaban.
  2. Asesinato de Miguel Arroyave en septiembre de 2004, presuntamente por Cuchillo y Pirata, y fractura del Bloque Centauros en tres facciones: Los Leales (formalmente Bloque Centauros, bajo Vicente Castaño), Héroes del Llano (bajo Pirata) y Héroes del Guaviare (bajo Cuchillo).
  3. Desmovilización fragmentada: el 3 de septiembre de 2005, Vicente Castaño encabezó la entrega de 1.135 integrantes del grupo Leales a Arroyave en cercanías de Yopal; los Héroes del Llano y del Guaviare siguieron trayectorias separadas.
  4. Martín Llanos y los remanentes de las ACC no se desmovilizaron, quedando fuera del proceso de Ralito y alimentando estructuras posdesmovilización en la región.
  5. Desplazamiento forzado masivo, despojo de tierras y destrucción de la economía campesina en municipios de Meta y Casanare, agravado por la ausencia de títulos de propiedad que dificultó procesos posteriores de restitución.
  6. Evidencia judicial de coordinación operativa entre el Bloque Centauros, el Ejército Nacional y la Fuerza Aérea Colombiana —documentada en declaraciones ante la JEP por el alias Zeus— que comprometió a unidades como el Batallón XXI Vargas y la Séptima Brigada.
  7. Consolidación de un régimen fiscal paralelo en Casanare y Meta: cobro sobre contratos públicos, extorsión a la industria petrolera y gravamen sistemático sobre economías legales e ilegales, heredado por las estructuras posdesmovilización.
  8. Demostración de que la desmovilización AUC 2003–2006 se negoció con estructuras ya fragmentadas por guerra interna, lo que comprometió la coherencia del proceso de Justicia y Paz y facilitó la reconfiguración criminal posdesmovilización.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La guerra entre el Bloque Centauros y las ACC rompe la narrativa oficial de las AUC como federación disciplinada que negoció su entrega al Estado: lo que se desmovilizó en 2005 eran los fragmentos de una organización que ya se había destruido a sí misma por el control de rentas ilegales. El episodio revela además la complicidad operativa de sectores del Ejército y la Fuerza Aérea con una facción paramilitar contra otra, lo que convierte la 'Seguridad Democrática' en el Llano en un proyecto de gobernanza armada selectiva más que en una política de Estado neutral. Finalmente, el patrón de despojo, reclutamiento forzado y captura de rentas públicas documentado en Meta y Casanare entre 2002 y 2005 constituye uno de los casos más completos de lo que la Comisión de la Verdad denominó gobernanza armada territorial: un régimen paralelo que sustituyó al Estado en amplias zonas del país.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El Bloque Centauros y la guerra intra-paramilitar en el Casanare (2002–2005)

Entre 2002 y 2005, mientras el gobierno de Álvaro Uribe Vélez avanzaba en la negociación de Santa Fe de Ralito con las Autodefensas Unidas de Colombia, en los Llanos Orientales se libraba una guerra que la mesa fingía ignorar: la del Bloque Centauros contra las Autodefensas Campesinas del Casanare. No era un choque marginal ni un episodio de disciplina interna. Era una guerra abierta entre dos ejércitos privados, con miles de combatientes, apoyos operativos de sectores del Ejército y de la Fuerza Aérea, y un botín concreto —zonas de cultivo y procesamiento de coca, corredores hacia Venezuela por el río Meta, extorsión a contratistas petroleros y contratos públicos en Casanare— que ninguna de las dos organizaciones estaba dispuesta a repartir.

Cuando el Estado colombiano firmó la desmovilización del Bloque Centauros en septiembre de 2005, no pactó con una estructura unificada de las AUC: pactó con tres fragmentos de una organización rota, y legitimó en sede jurídica una captura territorial que la guerra intra-paramilitar había resuelto antes por la fuerza. Este es el episodio que desmonta la ficción de las AUC como federación coherente y muestra el paramilitarismo llanero como lo que fue: un proyecto de soberanía armada regional, inestable desde el origen, que se consumió a sí mismo justo cuando negociaba su blindaje jurídico.

El Llano como frontera paramilitar

El paramilitarismo no llegó a los Llanos Orientales con las AUC. Llevaba dos décadas instalado allí cuando el Bloque Centauros apareció en 1997. Sus dos introductores fueron Víctor Carranza, el zar de las esmeraldas, y Gonzalo Rodríguez Gacha, jefe militar del Cartel de Medellín en el occidente del país. Ambos venían del laboratorio contrainsurgente de Puerto Boyacá y trasplantaron al Llano el modelo del Magdalena Medio: ejércitos privados para defender tierras, ganado y cultivos, imbricados con narcotráfico y con sectores de la fuerza pública. Rodríguez Gacha instauró en la región a Los Masetos, prolongación llanera del MAS —Muerte A Secuestradores— que el Cartel había levantado en 1981. Carranza, por su parte, sostuvo estructuras armadas propias en el eje esmeraldero y agrícola de Boyacá y Meta.

De ese sustrato surgieron dos rasgos que marcarían todo lo posterior. Primero, la funcionalidad dual: el paramilitarismo llanero servía por igual a esmeralderos y a narcotraficantes, más allá de cualquier discurso contrainsurgente, y esa versatilidad económica lo hizo especialmente resistente. Segundo, la ocupación territorial: desde finales de los ochenta se formaron ejércitos privados para imponer control sobre extensas tierras compradas u ocupadas en Cubarral, El Dorado, Vistahermosa y San Martín en el Meta, y en Monterrey y Tauramena en el Casanare. No se trataba de operaciones puntuales de exterminio guerrillero. Era una toma de posesión.

Entre mediados y finales de los ochenta surgieron en el piedemonte casanareño las Autodefensas Campesinas del Casanare, herederas del grupo conocido como los Buitragueños y con apoyo directo de las Autodefensas del Magdalena Medio. Sus mandos serían la familia Buitrago, encabezada finalmente por Héctor Germán Buitrago, alias Martín Llanos. Para el cambio de siglo, las ACC controlaban 14 de los 19 municipios de Casanare y habían tejido un régimen de rentas anclado en la extorsión sobre contratos de las administraciones departamentales y municipales, complementado con narcotráfico y con el cobro sobre transportadores y ganaderos.

En julio de 1996, un año antes de la masacre de Mapiripán, 150 hombres armados entraron a la inspección de La Cooperativa, en jurisdicción de Mapiripán, y anunciaron que regresarían. Se presentaron como autodefensas de los Carranceros, del sur de Casanare y de San Martín. Esa frase —esa suma de procedencias— es la fotografía del paramilitarismo llanero de la segunda mitad de los noventa: una constelación de grupos regionales, con financiamiento y mandos propios, todavía sin la marca AUC pero ya operando en red. La masacre de Mapiripán, entre el 15 y el 20 de julio de 1997, cerró esa etapa y abrió otra: la irrupción de la Casa Castaño en los Llanos, con estructuras traídas desde Urabá y Córdoba —los "urabeños", en el vocabulario local— que venían con vocación centralizadora y con una brutalidad ejemplarizante que Carlos Castaño celebraría públicamente.

Arroyave: la franquicia de la muerte

El Bloque Centauros nace en 1997 dentro del proyecto expansivo de las AUC hacia los Llanos, pero su consolidación efectiva ocurre después, cuando Miguel Arroyave asume la comandancia. Arroyave era un empresario del narcotráfico con capacidad financiera y con vínculos estrechos con la Casa Castaño. Su llegada al Llano no fue una designación técnica dentro de una estructura burocrática: fue, en la práctica, la compra de una franquicia. En 2002, Vicente Castaño y Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, habían iniciado la venta de bloques paramilitares a narcotraficantes como Francisco Javier Zuluaga, alias Gordo Lindo, y los mellizos Mejía Múnera. Arroyave se inscribe en esa lógica: paga por el mando, lo capitaliza y lo administra como un activo productivo.

Ese origen mercantil marcó el proyecto entero. Bajo Arroyave, el Bloque Centauros se propuso lo que los grupos anteriores no habían intentado: unificar bajo un solo mando la totalidad de las rentas paramilitares del Meta, Casanare y Vichada. Eso implicaba, primero, desplazar a las ACC de Martín Llanos del norte y del sur de Casanare, donde controlaban catorce de los diecinueve municipios; segundo, integrar o someter a los comandantes llaneros criollos que ya operaban en el Meta y el Guaviare, entre ellos Manuel de Jesús Pirabán, alias Pirata, y Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo; y tercero, capturar los puntos de procesamiento de coca del corredor Monterrey–Hato Corozal y las rutas de tráfico por el río Meta hacia la frontera venezolana.

El Bloque Centauros que Arroyave heredó y expandió no era una unidad compacta. Era una federación de frentes con trayectorias e integraciones cambiantes entre 1997 y 2006: Frente Meta, Frente Guaviare, Frente Pedro Pablo González, Grupo Paratebueno, Héroes de San Fernando, Frente Vencedores de Arauca, Héroes del Llano, Frente Alto Ariari, entre otros. Algunos venían de las ACCU de los Castaño; otros habían nacido en la región y respondían a mandos criollos que habían acumulado tropa y base social durante años. Esa dualidad —exógenos y endógenos, urabeños y criollos— fue desde el primer día la falla geológica sobre la que se levantó el edificio, y explica por qué el proyecto de soberanía armada regional de Arroyave nunca llegó a consolidarse. El Bloque Centauros no fue un grupo armado unificado que se rompió: fue una confederación inestable que apenas logró funcionar unos años antes de estallar.

Para financiar la expansión, Arroyave puso bajo sueldo a hombres de la Policía. La captura del territorio requería, además de tropa propia, permeabilidad institucional: información, corredores logísticos, no persecución. La coordinación con el Ejército —singularmente con unidades como el Batallón XXI Vargas y con la Séptima Brigada— y con la Fuerza Aérea sería después reconocida por exparamilitares en escenarios judiciales, y constituye una de las piezas centrales del episodio.

Fuego cruzado en la altillanura: 2002–2004

La guerra entre el Bloque Centauros y las Autodefensas Campesinas del Casanare estalló a finales de 2002 y se extendió hasta 2004. Se libró en un territorio amplio —el piedemonte y la altillanura del Casanare, el norte y el centro del Meta, con proyecciones al Vichada— y produjo una escalada de violencia contra combatientes y contra población civil que reconfiguró demográficamente municipios enteros.

Los detonantes concretos aparecen en versiones distintas, no necesariamente contradictorias. Una señala que Víctor Carranza sugirió a Miguel Arroyave enfrentarse a las ACC. Otra indica que Arroyave exigió a Martín Llanos que le entregara el mando y, ante la negativa, pasó a la ofensiva. Una tercera apunta a que Arroyave se apropió de droga que debía repartirse entre comandantes y que ese hurto rompió la confianza. Una cuarta, más neutra, describe acusaciones mutuas de violación del pacto de delimitación territorial que las dos organizaciones habían suscrito, en un contexto en que Martín Llanos percibía que Arroyave pretendía avanzar sobre el Casanare y desplazar a las ACC del centro del Meta.

Todas estas versiones describen episodios reales; su convivencia sugiere que las causas personales fueron detonantes de una confrontación que la lógica económica del territorio hacía casi inevitable. El acuerdo de delimitación era insostenible mientras ambas facciones competían por los mismos recursos: tierra, cultivos ilícitos, extorsión y renta petrolera. Esos fueron los cuatro motores.

La estrategia de Arroyave fue instigar la guerra para arrebatarle a las ACC los puntos de procesamiento de coca y debilitar su control sobre Casanare y Meta. Para ello necesitaba tropa masiva y rápida. La respuesta fue el reclutamiento forzado industrial: reclutadores pagados a razón de 20.000 pesos por cada joven llevado a filas, personas trasladadas en camiones y volquetas por la altillanura, engrosamiento urgente de una nómina que no siempre alcanzaba a pagar. Un exparamilitar que testificó ante la Comisión de la Verdad describió esa urgencia con crudeza: se necesitaban más combatientes, ya, para los enfrentamientos del momento.

El otro factor decisivo fue el apoyo de la fuerza pública. Juan Carlos Rodríguez Agudelo, alias Zeus, declaró ante la Jurisdicción Especial para la Paz que existió una coordinación explícita entre el Bloque Centauros, el Ejército y la Fuerza Aérea Colombiana para atacar al Bloque Casanare, con comunicación directa entre pilotos de la FAC y comandantes paramilitares. Su formulación fue precisa: la alianza con el Ejército y la FAC fue determinante para "acabar, someter y atomizar" al Bloque Casanare. Otros testimonios recogidos en la región describen una secuencia operativa recurrente: primero bombardeo aéreo, luego incursión paramilitar, después presencia del Ejército, con participación en algunos casos de la Fuerza de Despliegue Rápido y de unidades de la Séptima Brigada. Existían versiones sobre presuntos apoyos también a las ACC, pero condicionados económicamente y sin el nivel de detalle testimonial que sostiene la coordinación con el BCe. La asimetría del apoyo estatal explica en buena medida el desenlace militar.

El resultado en el terreno fue una progresión geográfica clara. El Bloque Centauros fue tomando el control de los municipios del norte de Casanare que eran bastión de las ACC: Pore, Sabanas de Nunchía, Támara, Hato Corozal, San Luis y Trinidad. Luego cayeron los del sur: Aguazul, Maní, Monterrey, Villanueva y Tauramena. Al final de la guerra, el BCe controlaba el corredor completo desde Monterrey hasta Hato Corozal, donde estaban concentrados los puntos de procesamiento de coca. Martín Llanos, derrotado militarmente, no se desmovilizó; se sustrajo con los remanentes de las ACC y quedaría por fuera del proceso de Ralito, línea que años después alimentaría estructuras posdesmovilización.

El Llano bajo régimen paramilitar

Mientras la guerra intra-paramilitar se libraba, el Bloque Centauros ejercía sobre el territorio una gobernanza armada que iba mucho más allá del enfrentamiento con las ACC o con la guerrilla. Era un régimen: reglas de circulación, autoridad sobre disputas de propiedad, cobro sistemático de rentas, disciplinamiento de la vida civil.

En el Meta, la violencia paramilitar se intensificó tras la ruptura del proceso de paz del Caguán en febrero de 2002. En municipios como El Castillo, en la región del Alto Ariari, se documentaron operaciones conjuntas entre militares y paramilitares: bombardeos aéreos, incursiones paramilitares, presencia posterior del Ejército, ejecuciones extrajudiciales y hechos que aterrorizaron a la población y desataron desplazamientos masivos. La secuencia describía un procedimiento, no una coincidencia. En el mismo período, ejercicios de amenaza y desplazamiento forzado se aplicaron sistemáticamente contra propietarios y cuidanderos de predios en la altillanura, en el marco de la guerra contra las ACC pero con efectos de despojo que rebasaron largamente la disputa entre bloques.

Los desplazados perdían casi todo. Las familias salían con aves, cerdos, ganado bovino o equinos y los perdieron por el camino, y con ellos la soberanía alimentaria que sostenía la vida campesina. En los lugares de recepción, la precariedad se agravaba. A esto se sumaba un problema estructural: buena parte de la población campesina de los Llanos Orientales carecía de títulos de propiedad, de modo que el despojo no dejaba huella registral y los procesos posteriores de restitución tropezarían con la ausencia de documentos.

La llegada de los urabeños de la Casa Castaño escaló la violencia. Con ellos aumentó tanto el número de personas asesinadas como la brutalidad de los métodos. Eso no autoriza a leer a las facciones criollas como un paramilitarismo "amable" —los Masetos, los Carranceros y las ACC habían escrito sus propias páginas de horror—, pero sí describe un cambio de escala y de estética del terror.

En Casanare, el patrón de gobernanza tenía otro componente: la captura de las rentas públicas. Las ACC se financiaban mediante el cobro sobre contratos de las administraciones departamentales y municipales, mecanismo que el Bloque Centauros heredó y expandió al asumir el control territorial. Súmese a eso la extorsión sistemática a la industria petrolera —contratistas, transportadores, empresas prestadoras de servicios— y se obtiene la imagen completa: un régimen fiscal paralelo que gravaba tanto la economía legal como la ilegal, y que hacía del control militar del territorio una operación económicamente rentable de manera continua, no solo en episodios de guerra.

La ruptura: septiembre de 2004

La derrota militar de las ACC no fue el desenlace del Bloque Centauros. Fue el momento en que sus contradicciones internas se hicieron insostenibles. Ganada la guerra externa, la fractura interna resultaba inevitable.

Los comandantes criollos del BCe —Pirata, Cuchillo, alias Chatarro y otros— tenían quejas concretas contra Arroyave. Primero, había hostigado la base social que Pirata había construido durante años en el Meta, lo que carcomía la autoridad territorial del comandante llanero. Segundo, había descuidado provisiones y mantenimiento de la tropa: nóminas atrasadas, pagos incumplidos, tropa desabastecida en pleno esfuerzo militar. Tercero, había arrastrado al grupo a una guerra que respondía a sus intereses personales —capturar rentas cocaleras del Casanare, imponer su mando sobre las ACC— más que a los de los comandantes criollos, que operaban en Meta y Guaviare y no compartían la lógica ofensiva sobre el piedemonte casanareño. La desconfianza entre urabeños y criollos, latente desde el origen, se extendió de las comandancias a la tropa entera.

En septiembre de 2004, Miguel Arroyave fue asesinado. Los presuntos autores fueron alias Cuchillo y alias Pirata. No se trató de un ajuste de cuentas individual sino de una decisión política de los mandos criollos que rompía formalmente la fachada de unidad del bloque. Fue también un acto especialmente escandaloso desde el punto de vista jurídico: ocurrió mientras el BCe, como parte de las AUC, estaba comprometido con el cese de hostilidades pactado en el Acuerdo de Santa Fe de Ralito, firmado el 15 de julio de 2003. Los paramilitares se mataban entre sí mientras negociaban su desmovilización.

La muerte de Arroyave fracturó el Bloque Centauros en tres facciones diferenciadas. La primera, denominada Los Leales o formalmente Bloque Centauros, quedó asociada a los actores exógenos y tuvo a Vicente Castaño como figura visible. La segunda, el Frente Héroes del Llano, quedó bajo el mando de Manuel de Jesús Pirabán, alias Pirata, con base en el Meta. La tercera, el Frente Héroes del Guaviare, quedó bajo el mando de Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo. Tras la ruptura, los miembros provenientes de las ACCU se desplazaron hacia el Casanare —zona vinculada a Los Leales—, mientras los criollos permanecieron en el Meta y el norte del Guaviare. El mapa físico de la fractura reproducía el de la fisura original.

Ralito: la ficción firmada

Cuando el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, con Luis Carlos Restrepo como Alto Comisionado para la Paz, avanzó en la fase final de la desmovilización paramilitar, el Bloque Centauros ya no existía como estructura unificada. La ficción de Ralito —una federación coherente que se acoge en bloque a un proceso nacional— exigía tratarlo como si aún lo fuera. La solución práctica fue desmovilizarlo en dos ceremonias separadas, con casi siete meses de distancia y bajo mandos distintos, sin que ese hecho alterara la narrativa oficial del proceso.

El 3 de septiembre de 2005, en cercanías de Yopal, Casanare, se desmovilizaron 1.135 integrantes del grupo Los Leales, formalmente identificados como Bloque Centauros, con Vicente Castaño como figura representativa del acto. El 11 de abril de 2006, en Puerto Lleras, Meta, se desmovilizaron conjuntamente 1.765 miembros de los Frentes Héroes del Llano y Héroes del Guaviare, bajo los mandos de Pirata y Cuchillo respectivamente. Dos ceremonias, tres estructuras, dos localidades distintas, dos figuras de referencia diferentes: el Estado estaba pactando con los pedazos de una organización que había estallado.

La operación jurídica que Ralito ejecutó fue doble. Por un lado, ofreció a los comandantes un tránsito hacia beneficios penales bajo el marco de Justicia y Paz. Por otro, y menos discutido en el momento, blindó las capturas territoriales y económicas consumadas por el Bloque Centauros durante la guerra contra las ACC entre 2002 y 2004. El corredor Monterrey–Hato Corozal, los puntos de procesamiento de coca del piedemonte casanareño, las tierras despojadas en el Meta y el norte del Guaviare, las redes de extorsión sobre contratos públicos y sobre la industria petrolera: todo ese régimen paraestatal quedó congelado en el momento de la desmovilización, con sus beneficios económicos ya trasladados a manos particulares y con la restitución de tierras convertida en un problema jurídico posterior que enfrentaría la ausencia sistemática de títulos formales.

Que el Estado hubiera sido, además, actor cobeligerante en la guerra intra-paramilitar —según la coordinación con Ejército y FAC que Zeus describió ante la JEP— añade una capa incómoda a la lectura de Ralito. La desmovilización no fue el pacto con un actor externo autónomo; fue la formalización de una victoria militar en cuya producción sectores del aparato estatal habían contribuido activamente.

Ecos: el régimen que mutó

La desmovilización no terminó el paramilitarismo llanero. Terminó una de sus fases y abrió otra. Alias Cuchillo, tras desmovilizarse en abril de 2006, rearmó rápidamente estructuras en el Meta y el Guaviare bajo la marca del Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (ERPAC) y siguió operando hasta que fue abatido el 28 de diciembre de 2010 en un operativo de la Policía en Mapiripán, el mismo municipio donde en 1997 se había perpetrado la masacre fundacional del paramilitarismo llanero. El círculo se cerraba sobre la misma tierra. Martín Llanos, que no había entrado a Ralito porque sus ACC ya habían sido militarmente derrotadas, quedó por fuera del marco de Justicia y Paz y sería posteriormente objeto de procesos judiciales por vías ordinarias.

Éver Veloza García, alias HH, comandante de otros frentes de las AUC con presencia en distintas regiones, sería uno de los desmovilizados extraditados a Estados Unidos, y sus versiones aportarían material clave sobre la lógica interna del paramilitarismo. El propio Bloque Centauros dejó tras de sí dos tomos investigativos que documentan su trayectoria con detalle. Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, quien años después encabezaría el Clan del Golfo, provenía de la genealogía militar de las ACCU y sería la evidencia más elocuente de que el proyecto armado que había buscado capturar los Llanos no había muerto: había mutado.

El caso del Bloque Centauros desmiente la premisa sobre la que trabajó la primera lectura de la desmovilización: que las AUC eran una federación coherente que, negociando en bloque con el Estado, entregaba armas a cambio de un marco de justicia transicional. En los Llanos Orientales fueron otra cosa: una franquicia inestable de proyectos armados regionales con mandos, tropas, bases sociales y economías diferenciadas, atravesada por una tensión estructural entre actores exógenos —los urabeños de la Casa Castaño, con vocación centralizadora— y actores endógenos —los comandantes criollos con arraigo territorial— que nunca fue resuelta. Cuando Miguel Arroyave intentó imponer un proyecto de soberanía armada regional que capturara todas las rentas del Meta, Casanare y Vichada bajo un solo mando, esa tensión estalló en guerra abierta contra las ACC primero y en guerra interna después. La organización se autodestruyó justo en el momento en que negociaba su desmovilización.

Las consecuencias exceden el episodio. Los 2.900 hombres que entre 2005 y 2006 dejaron las armas bajo la marca Bloque Centauros no eran los soldados de un ejército unificado: eran los remanentes fragmentados de una confederación rota. La coordinación entre el BCe, el Ejército y la Fuerza Aérea para atacar a las ACC convierte a la fuerza pública en actor de la guerra intra-paramilitar, no en árbitro externo. Ralito, así, se reencuadra como formalización de una victoria producida en parte por el propio aparato estatal. Y la restitución de tierras posterior enfrentaría no solo la ausencia de títulos formales entre las víctimas, sino el hecho de que las capturas de tierra habían sido consumadas por una organización que al momento del proceso ya no existía como interlocutor unificado y cuyos comandantes tenían pocos incentivos para reconocer despojos concretos.

El Bloque Centauros mostró que el paramilitarismo colombiano en su fase AUC no fue solo criminalidad organizada ni solo contrainsurgencia: fue, en regiones como los Llanos Orientales, un proyecto de gobernanza armada del territorio, con captura sistemática de rentas legales e ilegales, con permeabilidad institucional en fuerza pública y administraciones locales, con desplazamiento y despojo como instrumentos de ordenamiento demográfico y económico. Su fragmentación no impidió que los efectos —captura de tierras, control de corredores, disciplinamiento social, redes económicas ilegales— quedaran instalados en la geografía del Llano por décadas. Cuando Cuchillo reapareció como ERPAC en el mismo territorio y con la misma lógica, no estaba fundando algo nuevo: estaba dando continuidad a un régimen que la desmovilización de Ralito había formalizado pero no clausurado.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

16 documentos · 28 fragmentos
01Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 95, 97, 993 citas
[1]tal como lo ha hecho buena parte de sus herederos paramilitares tanto de las estructuras Blo - que Centauros y Autodefensas Campesinas del Casanare duran - te los noventa e inicios de dos mil como del ERPAC y expresiones relacionadas con Manuel de Jesús Pirabán, alias Jorge Pirata, que tienen prolongaciones hasta la…p. 95
[15]interno). Pero las pugnas internas del Bloque Centauros generaron descontento por el actuar de Miguel Arroyabe, quien fue asesinado -presun - tamente por Cuchillo y Jorge Pirata- en septiembre de 2004 (Re - vista Semana, 2009, septiembre 24). Así, el Bloque Centauros se fracturó en tres facciones: los Lea - les a…p. 97
[21]- El V Informe sobre Paramilitarismo de INDEPAZ incluye esta afirmación, así como la Defensoría del Pueblo y algunos miembros de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía. Ver: INDEPAZ,(2011), V Informe sobre Paramilitarismo, Bogotá, página 4. También: El Tiempo (2011, enero 1), Así actuaba alias “Cuchillo”, el…p. 99
02Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 31, 108, 2803 citas
[2]POR LOS LLANOS Mapa 4. Presencia territorial del Bloque Centauros según menciones en el MNJCV 29 Fuente: CNMH-DAV, elaboración propia, 2020. 29- Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad y la Memoria Histórica. CAPÍTULO II TRAYECTORIA Y EXPANSIÓN TERRITORIAL DEL BLOQUE CENTAUROS (1997-2005) 109 Línea de Tiempo…p. 108
[3]del Centauros a la zona, la fuerza predominante en el departamento eran las ACC. Sin embargo, con la llegada de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y la instaura- ción del Bloque Centauros, el control departamental de las Autodefensas de Martín Llanos se vio afectado. Antes de la llegada de Arroyave…p. 31
[4]abarcar toda la extensión del Casanare entre los ríos Meta, Casanare y Cravo Sur, pero que el grupo sí hizo esfuerzos por controlar las zonas más pobladas de estas sabanas. Las regiones más orientales de los grandes municipios de Hato Corozal, Paz de Ariporo, Trinidad e incluso San Luis de Palenque, más lejanas de los…p. 280
03Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 71, 1462 citas
[5]narcotráfico (1989, página 13). El principal cambio en la naturaleza del paramilitarismo por su asociación con el Cartel de Medellín radicó en que aparte de hallarse involucrado en la guerra contrainsurgente comenzó a ser un actor muy activo en la lucha contra las drogas y se puso a favor de los narcotraficantes. La…p. 71
[7]PARAMILITAR EN LA ALTILLANURA: AUTODEFENSAS CAMPESINAS DE META Y VICHADA INFORME N.° 3 petroleras, por el otro. Tierra, cultivos ilícitos, extorsión y renta petrolera explican el porqué de la disputa armada entre facciones paramilitares de los Llanos Orientales. (…) La gue- rra entre Martín Llanos, jefe político y…p. 146
04Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 120, 1712 citas
[6]estructuras que se encontraban en la zona 421. A Paratebueno, en Casanare, enviaron un grupo de 40 hombres por pedido de ganaderos de la región 422. En julio de 1996, un año antes de la masacre del casco urbano de Mapiripán, 150 paramilitares entraron a la inspec- ción de La Cooperativa, en Mapiripán, cruzando el río…p. 120
[11]Nosotros quedamos posesionados de la zona totalmente» 690. Juan Carlos Rodríguez Agudelo, alias Zeus, también señaló ante la JEP las alianzas que tenían con la fuerza pública y de la cual participaron altos mandos: «Hubo una coordinación con el Ejército y la Fuerza Aérea para atacar al Bloque Casanare [ACC]. Lo…p. 171
05Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 532, 817, 8203 citas
[8]usted sabe que son cosas que se hacen y al fin y al cabo usted sabe y yo lo supe como a los dos o tres días. Entonces vine y le llamé la atención. Le llamé la atención al tipo y entonces el hombre... Entonces, yo siempre estaba un poco enojado y el hombre también me agredió a palabra y me amenazó, me dijo que no…p. 817
[12]Nacional a recibirlos» 2869. Así mismo, el Bloque Centauros incrementó su grupo mediante reclutamientos forzados. Un exparamilitar de la organización relató a la Comisión de la Verdad: «Nosotros teníamos reclutadores y pagábamos un porcentaje, 20.000 pesos por muchacho, o sea, si usted me decía: “Yo recojo mañana a…p. 820
[19]el que más produjera o el que menos produjera, igual que con las volquetas de carbón, que era por viaje de carbón a 2.500 pesos, igual con las minas que era por viaje de carbón que cargara en la volqueta que era a razón de 1.000 pesos por volquetada 1673. Otro mecanismo empleado por los paramilitares fue el cobro…p. 532
06Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 651 cita
[9]afectada y el 97% de la no afectada consideran que los grupos guerrilleros se han debilitado. El 90% de la población afectada y el 92% de la no afectada estiman que los grupos paramilitares se han debilitado. A pesar de la clara percepción de debilitamiento de los grupos, se rechaza contundentemente la idea de que ya…p. 65
07Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 169, 372, 3763 citas
[10]alianza que había con las ACC se rompió, y desde 2002 a 2004 se presentó una guerra entre ambos grupos que, de acuerdo con la información recolectada, fue instigada por Miguel Arroyave con el fin de debilitar el control de las ACC en Casanare y Meta y arrebatarle CONCLUSIONES 373 los puntos de procesamiento de coca.…p. 372
[13]desacuerdos que tenían los actores endógenos, en cabeza de Pirata, Cuchillo, Chatarro y otros comandantes, con Miguel Arroyave. Es- tas tensiones desembocaron en la ruptura de lo que se conoció como el Bloque Centauros, y generó su reconfiguración en Los Leales y los Héroes del Llano y Guaviare. Esta reconfiguración…p. 376
[20]a la paz de Colombia”, que firmaron el Gobierno nacional y las AUC el 15 de julio de 2003. En este documento quedó de manifiesto que las AUC se comprometían a desmovilizar la totalidad de sus filas, fijaban fechas para un cese de hostilidades con el Gobierno y coordinaban todo lo necesario para su desarme,…p. 169
08Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3011 cita
[14]otros negocios. «Esa locura de tema financiero fue la que determinó esas guerras, pues cuando se habla de las motivaciones, lo que generó la muerte de Miguel es el incumplimiento de las nóminas y el atraso (en los pagos). Eso era una locura, estamos hablando de unas cifras inalcanzables», dijo. «No me encaja el tema…p. 301
09Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1971 cita
[16]no tenían títulos de propiedad, lo que hace más compleja su restitución. Entre las masacres más emblemáticas se destaca la per- petrada en el municipio de Mapiripán, departamento del Meta, en julio de 1997. Carlos Castaño después de celebrar su éxito sentenció que “habría más mapiripa- nes”. Véase: Corte IDH, 2005.…p. 197
10Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1081 cita
[17](2020), EJC (2022) y Comisión de la Verdad (2022). Este corredor limita al norte con el río Meta –que se forma a partir de los ríos Upía y Metica– y al sur con los ríos Guaviare y Orinoco, que constituyen la frontera colombo-venezolana en el departamento del Vichada. Se erige alrededor del afluente principal del río…p. 108
11La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 601 cita
[18]población civil y los políticos rompieron el miedo y se atrevieron a pedir que cesara la violencia, bajo el lema: "Nuestro silencio está llenando de tumbas el llano casanareño". 71 Pero la violencia arreció aún más en 2002, cuando Vicente Castaño, alias "el Profe", junto con Diego Fernando Murillo alias "don Berna",…p. 60
12Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 159, 1612 citas
[22]scal ha construido sobre el paramilitarismo de los Llanos Orientales, tal como fue presentado en las audiencias de formulación de imputación y complementado en las entrevistas. A diferencia del resto de casos, aquí solo contamos con el trabajo investigativo de la fi scal relatado por ella misma. El tono apologético en…p. 159
[23]revisadas coinciden en a fi rmar que la llegada de los “urabeños” a los Llanos Orientales conllevó el escalamiento de la violencia paramilitar. La in fl uencia de la Casa Castaño en los Llanos implicó un aumento de la violencia en términos de número de personas asesinadas, pero también en el grado de brutalidad en las…p. 161
13Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 106, 1692 citas
[24]su soberanía alimentaria e hizo más intensa la precariedad económica sufrida en los lugares de recepción. Hoy en día, olvidar eso es muy difícil (…) sin el campo las cosas para nosotros acá es muy difícil. Los animales se perdieron, esa gente llegaba a la casa y cogían las gallinas y se las comían, lo de la casa y lo…p. 169
[26]intentando ahorcarlo, al tiempo que lo pateaban. Después de varios minutos, aprove- chando que los militares se habían detenido, Eider salió corriendo para intentar salvar su vida; alcanzó a correr cerca de ochenta me- tros antes que le dispararan en las piernas, cayendo herido. (…) A la familia le dijeron que lo…p. 106
14Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 1111 cita
[25]tener que difamar de un ejército constituido en Colombia, sino que a nosotros nos tenía atemori- zados era la guerra que se estaba librando desde las mismas insti- tuciones encargadas para protegernos a nosotros en compañía de las instituciones al margen de la ley (…) como son los señores pa- ramilitares (…) que…p. 111
15La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 3091 cita
[27]en Santafé de Ralito. Diciembre Desmovilización del Bloque Calima (exclusión de Gordolindo). Noviembre AUC declara cese de hostilidades. Enero Inicio negociación política. Reconfiguración del Bloque Pacífico. 2002 2003 2004 310 LA GUERRA VINO DE AFUERA EL BLOQUE PACÍFICO EN EL SUR DEL CHOCÓ: UNA HERIDA QUE AÚN NO…p. 309
16Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 2121 cita
[28]a grupos armados por resentimiento y otros por el afán subsistir (Pearce, 2004). En cuanto a los paramilitares, hay empezar por señalar que entre mediados y fi nales de la década de 1980, con el apoyo de las Autodefensas del Magdalena Medio, se conformaron en distintas zonas del país grupos que denominaban a sí mismos…p. 212