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Hecho histórico · Colonia · 1600–1780

Restablecimiento del Virreinato de la Nueva Granada y gobierno de Eslava (1739–1750)

En 1739 la Corona española restableció el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, suprimido desde 1724, como respuesta militar y fiscal a la inminente guerra con Inglaterra. Bajo el mando del virrey Sebastián de Eslava, el Estado colonial resistió el sitio inglés de Cartagena en 1741, extendió su presencia territorial en el Bajo Magdalena y quedó atrapado en las mismas trabas fiscales que habían hundido al primer virreinato.

Restablecimiento del Virreinato de la Nueva Granada y gobierno de Eslava (1739–1750)
1739–1750
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1739–1750
Dónde
Panamá, Quito, Popayán, Mompox, Sabana de Bogotá, Llanos Orientales, Antioquia, Caracas, Cartagena de Indias, Santafé de Bogotá, Bajo Magdalena, Castillo de San Felipe de Barajas
Protagonistas
Blas de Lezo, Sebastián de Eslava y Lazaga, Edward Vernon, Jorge de Villalonga, Felipe V de España, José del Campillo y Cossío, Marqués de la Ensenada, José Alfonso Pizarro, José Fernando de Mier y Guerra, Antonio Manso Maldonado, Consejo Real y Supremo de las Indias, Audiencia de Santafé
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. El Tratado de Utrecht de 1713 obligó a España a ceder a Inglaterra el asiento de negros, cuyo buque de abastecimiento se convirtió en vehículo legal del contrabando británico en el Caribe hispano, erosionando el control comercial español.
  2. La Guerra del Asiento, estallada en 1739, amenazó directamente los grandes puertos del Caribe hispano y evidenció que la presidencia de Santafé carecía de autoridad militar suficiente para coordinar la defensa del territorio.
  3. El desorden crónico de la Audiencia de Santafé, desgarrada por disensiones internas y facciones clientelares, había sido una de las motivaciones originales para crear el virreinato en 1717 y seguía sin resolverse tras la supresión de 1724.
  4. La precariedad fiscal estructural del virreinato —contrabando, fraude en los quintos mineros, evasión de estancos y cajas reales insolventes— impedía sostener una administración autónoma y exigía una autoridad central que articulara las rentas dispersas.
1739–1750Restablecimiento del Virreinato de la Nueva Granada y gobierno de Eslava (1739–1750)

Consecuencias

  1. La defensa exitosa de Cartagena en 1741 sepultó cualquier tentación de suprimir nuevamente el virreinato y justificó ante Madrid el mantenimiento de virreyes permanentes en la Nueva Granada.
  2. Los virreyes enviados tras el sitio de 1741 rindieron informes alarmantes sobre las precarias condiciones defensivas del interior, impulsando la militarización progresiva del Estado colonial borbónico en la región.
  3. La campaña de fundación de pueblos en el Bajo Magdalena (1744–1770), alentada por Eslava y ejecutada por Mier y Guerra, concentró poblaciones dispersas en cerca de veintidós nuevos núcleos, transformando el orden social y territorial del río.
  4. La relación de mando del virrey Eslava, redactada por el oidor Berástegui en 1751, se convirtió en uno de los documentos más citados del siglo para el estudio de la situación social, económica y política del virreinato.
  5. El modelo de gobierno delegado en hacendados regionales —como Mier y Guerra— consolidó una aristocracia local que el Estado cooptó en vez de disciplinar, sentando un patrón de poder territorial que perduró décadas.
  6. El juicio de residencia de Eslava dejó constancia documental de las prácticas de repartimiento de indios para minas y chácaras, revelando la persistencia de abusos que el propio mecanismo de control reconocía sin corregir eficazmente.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El restablecimiento del virreinato en 1739 y el gobierno de Eslava constituyen el momento en que el reformismo borbónico pasó de ser un proyecto administrativo a convertirse en una realidad militar y territorial: la defensa de Cartagena en 1741 demostró que el Estado colonial podía sobrevivir bajo presión extrema, pero también expuso que su funcionamiento real dependía de alianzas con élites regionales y no de una burocracia propia. Este período fija las tensiones —entre centralismo y poder local, entre militarización y precariedad fiscal— que definirían la historia del virreinato hasta su colapso en 1810.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Restablecimiento del Virreinato de la Nueva Granada y gobierno de Eslava (1739–1750)

En 1739, tras quince años de haber sido suprimido, el Virreinato del Nuevo Reino de Granada fue restablecido por la Corona española. La decisión, adoptada en vísperas de una guerra con Inglaterra que estallaría ese mismo año, no fue un ajuste burocrático sino una respuesta militar y fiscal: el Caribe hispano estaba a punto de ser atacado y Santafé necesitaba una autoridad capaz de coordinar la defensa, articular las rentas dispersas y proyectar el poder real sobre un territorio inmenso e insubordinado. El primer virrey nombrado tras la reinstauración, Sebastián de Eslava y Lazaga, llegó a Cartagena y desde allí gobernó los años decisivos: resistió con Blas de Lezo el sitio de Edward Vernon en 1741, alentó la fundación de veintidós pueblos en el Bajo Magdalena, dejó una relación de mando —la de 1751— que se convertiría en uno de los documentos más citados del siglo, y sometió el resto de su actuación al escrutinio del juicio de residencia. Entre 1739 y 1750, el Estado colonial en la Nueva Granada se militarizó, extendió su presencia territorial y quedó, sin embargo, atrapado en las mismas trabas fiscales que ya habían hundido al primer virreinato: contrabando, fraude minero, evasión de estancos y una hacienda perpetuamente insolvente.

El primer virreinato y su fracaso: la herencia de 1717–1724

El Virreinato del Nuevo Reino de Granada había sido creado en 1717 como primera gran manifestación del reformismo borbónico en la administración indiana. La medida respondía a dos preocupaciones simultáneas: la guerra —y el temor a nuevas guerras— con Inglaterra, que exigía consolidar el mando en el Caribe suroccidental, y el desorden crónico de la Audiencia de Santafé, un tribunal desgarrado por disensiones internas en el que cada oidor veía a sus colegas como rivales y se apoyaba en su propia facción clientelar de comerciantes, terratenientes y allegados provinciales. Jorge de Villalonga, primer virrey reconocido, llegó a la sede en 1719 con jurisdicción sobre el occidente de la actual Colombia y gran parte de los territorios de los actuales Ecuador y Venezuela, y capital en Santafé de Bogotá.

Casi de inmediato, el Cabildo de Cartagena representó ante la Corona en 1719 que la cabeza del virreinato debía funcionar en su ciudad y no en Santafé. El argumento era geopolítico: el verdadero eje del dominio debía ser caribeño e integrar Caracas, Cumaná, Margarita, Trinidad, la isla Española, Tierra Firme, Panamá y Veraguas, con Cartagena como nudo. El altiplano andino, aislado y de acceso penoso, quedaba lejos de las rutas atlánticas y de la amenaza inglesa. El debate no se saldó a favor de la costa, pero fijó una fractura que atravesaría todo el siglo: la sede administrativa quedó en la sabana, mientras el nervio militar y comercial siguió latiendo en el puerto.

Villalonga gobernó poco y mal. Su rivalidad con Antonio de la Pedrosa y Guerrero, comisionado regio previo a su llegada, dividió a la élite santafereña: Pedrosa culpaba a los Flórez y su parentela de irregularidades administrativas, mientras Villalonga consideraba a los habitantes de la Nueva Granada excesivamente sumisos para haber participado en golpe alguno. Más grave fue su diagnóstico final: en carta a Madrid, el propio virrey recomendó suprimir la institución alegando la escasa infraestructura de la región, a la que describió como la colonia más pobre del Imperio español. La recomendación se impuso. En 1724 el virreinato fue disuelto y Antonio Manso Maldonado asumió como presidente de Nueva Granada; la autoridad administrativa volvía, como antes de 1717, a residir en la presidencia asociada a la Audiencia.

La supresión dejó una lección incómoda: la Corona podía crear un virreinato con la firma de una cédula, pero no podía dotarlo de las rentas necesarias para sostenerlo. La colonia era, en efecto, pobre —o, más exactamente, aparentaba serlo—: los quintos del oro no llegaban a las cajas, los estancos rendían poco, el contrabando corría por costas y ríos, y las cajas reales, que habían crecido de catorce en 1608 a veintiocho en 1628 para controlar la percepción de tributos en regiones remotas, se sostenían con dificultad allí donde la minería había decaído, como en Cartago, Remedios, Cáceres y Zaragoza. El Estado no podía pagarse a sí mismo.

El detonante caribeño: guerra, Utrecht y contrabando

Lo que devolvió sentido político al virreinato fue la guerra. Desde el Tratado de Utrecht de 1713, España había salido debilitada del reordenamiento europeo, obligada a ceder territorios y a conceder a Inglaterra el derecho de abastecer de esclavos a las Indias mediante el llamado asiento. El privilegio incluía la autorización para que un buque de abastecimientos acompañara a los negreros, y ese buque —siempre el mismo en el papel, siempre renovado en los hechos— se convirtió en la puerta legal por la que el contrabando británico entró en el Caribe hispano. La pérdida de control comercial fue simultánea a la pérdida de reputación militar: Utrecht había señalado a España como imperio vulnerable, y los ingleses, dueños del asiento, veían las Indias hispanas como un mercado a medio conquistar.

En 1739 estalló la Guerra del Asiento —conocida en la historiografía anglosajona como War of Jenkins' Ear—, primera fase de un conflicto que se prolongaría hasta 1748. La estrategia inglesa era clara: golpear los grandes puertos hispanos del Caribe para desarticular el sistema de flotas y galeones, y el objetivo prioritario era Cartagena de Indias, llave del comercio suramericano y sede de la Casa de Contratación local. Frente a ese horizonte, Felipe V y sus ministros —en particular José del Campillo y Cossío, y luego el marqués de la Ensenada— comprendieron que la presidencia de Santafé no bastaba. Se requería un virrey con autoridad militar plena, capaz de residir donde hiciera falta y de coordinar tropas, rentas y milicias desde una sola mano. El virreinato fue restablecido por real cédula de 1739 y Sebastián de Eslava y Lazaga, militar de carrera, fue nombrado virrey. Su primera decisión fue significativa: en vez de dirigirse a Santafé, se instaló en Cartagena.

El sitio de 1741: la prueba del virreinato

En marzo de 1741, la flota del almirante Edward Vernon apareció ante Cartagena. Era la mayor armada que hasta entonces había cruzado el Atlántico contra una posesión española: más de ciento ochenta buques, cerca de veintisiete mil hombres, más de siete soldados ingleses por cada defensor. La ciudad disponía de apenas cuatro mil hombres entre blancos, indios y negros. El mando militar estaba en manos de don Blas de Lezo, comandante de la plaza, veterano al que las crónicas del período llamaron el hombre más averiado de todas las milicias del mundo por las mutilaciones acumuladas en cuarenta años de guerras; había combatido en Gibraltar en 1704, curiosamente en el bando contrario al de Vernon.

Que el virrey se encontrara en Cartagena durante el sitio era una anomalía institucional. La costumbre indicaba que residiera en la capital administrativa; su presencia en la ciudad amenazada fue calificada por los contemporáneos como cosa inusitada, y elevó tanto la moral de los defensores como el interés ofensivo de los ingleses, que veían a su alcance la cabeza del virreinato entero.

El avance inicial de Vernon fue arrollador: cayeron las baterías exteriores, se abrió paso por Bocachica y sus tropas desembarcaron en las inmediaciones del Castillo de San Felipe de Barajas, baluarte estratégico que dominaba la ciudad. En Inglaterra, la noticia del avance provocó celebraciones prematuras: se acuñaron monedas con la efigie de Vernon, se bautizaron plazas con su nombre, se dio por hecho el dominio inminente del Caribe. Pero el asalto final al castillo se estrelló. Tras un cañoneo intenso los ingleses no lograron abrir brecha; cuando lanzaron el ataque con escalas, éstas resultaron cortas —el foso era más profundo de lo calculado— y una carga de bayoneta ordenada desde la fortaleza rechazó a los asaltantes. Las bajas fueron cuantiosas. La flota, diezmada además por la fiebre amarilla que estalló en sus tripulaciones, se retiró.

La defensa de Cartagena tuvo consecuencias que excedieron el episodio. Reafirmó ante Madrid que la sede virreinal debía sostenerse con recursos militares serios; justificó a posteriori el restablecimiento de 1739 y sepultó cualquier tentación de suprimir de nuevo el virreinato; y trasladó a Santafé, en los años siguientes, a los primeros virreyes permanentes, que rindieron informes alarmantes sobre las precarias condiciones defensivas del interior. La victoria de 1741 no era garantía: si Vernon había fallado, otro podía intentarlo, y las defensas de Portobelo, Panamá, Santa Marta y Riohacha eran mucho más frágiles que las de Cartagena.

Eslava gobernador: entre el mando militar y la firma administrativa

Terminado el sitio, Eslava continuó gobernando desde Cartagena. Su virreinato se organizó, en la práctica, como un mando bifronte: en la costa se concentraban las decisiones militares, diplomáticas y comerciales; en Santafé, la Audiencia y la presidencia despachaban lo cotidiano bajo su firma remota. Los nombramientos, las provisiones y los autos que llevan el sello de Eslava aparecen suscritos en Cartagena a lo largo de toda la década de 1740, y ese hecho —aparentemente menor— refleja una decisión política: mientras durara la guerra con Inglaterra, el centro de gravedad del virreinato estaría en el Caribe.

La firma más significativa de esos años lleva fecha del 26 de octubre de 1743: en Cartagena, Eslava nombró a José Fernando de Mier y Guerra maestre de campo con mando en toda la provincia de Santa Marta. Mier y Guerra era rico hacendado y comandante de las milicias urbanas de la provincia; el nombramiento formalizaba una alianza entre la Corona y una figura de la aristocracia regional que ya ejercía, en los hechos, un poder considerable sobre el Bajo Magdalena. El sucesor de Eslava, José Alfonso Pizarro, confirmaría el nombramiento el 13 de octubre de 1752, señal de que la fórmula funcionaba.

Al margen del frente militar, el gobierno de Eslava dio continuidad a las prácticas administrativas de siempre. En sus autos aparece el repartimiento de indios para labores de minas —de oro, plata y azogue— y para chácaras, práctica vigente que sería después objeto de examen en el juicio de residencia: los interrogatorios preguntaron sistemáticamente si en dichos repartimientos se había guardado justicia, sin favoritismos ni perjuicios a terceros. La pregunta, formulada como rutina, revelaba lo obvio: el repartimiento se prestaba a abuso, y la Corona lo sabía.

El poblamiento del Bajo Magdalena: gobernar delegando

El proyecto más ambicioso del gobierno de Eslava no fue militar sino territorial. A partir de 1744, alentado por el virrey, Mier y Guerra emprendió una campaña de concentración de la población dispersa —los llamados arrochelados— a lo largo del Bajo Magdalena. La lógica era doble: reunir a los habitantes en pueblos donde pudieran ser controlados por el Estado y la Iglesia, sujetos a tributación, doctrina y milicia; y poner fin a los ataques de indígenas contra las haciendas ribereñas y contra las embarcaciones que subían y bajaban por el río, arteria comercial que unía Cartagena con Santafé.

El primer hito llegó el 2 de febrero de 1744. En el sitio de Nuestra Señora de la Candelaria del Banco, en la desembocadura del Cesar, Mier y Guerra congregó a 134 vecinos —623 personas—, trazó calles y plaza, y comenzó la construcción del templo, refundando un caserío que no había prosperado. El virrey celebró el hecho con una fórmula que recogen sus informes: el pueblo había recibido nuevo ser como si nuevamente se plantase. La imagen condensaba la ambición: el Estado no colonizaba tierras vírgenes, replantaba una presencia que se había marchitado.

En 1747 hubo una fundación en la región del brazo de Mompox. En 1749 se sumaron al menos tres poblaciones en la región del Cesar: Cascajal el 5 de abril, Chimichagua el 15 de agosto y Chiriguaná ese mismo año. El 20 de enero de 1750 fue el turno de Menchiquejo. En abril, mayo y julio de 1750, en pocas semanas, Mier y Guerra fundó tres poblaciones más: San Zenón el 12 de abril, San Fernando de Oriente el 30 de mayo y Santa Ana el 26 de julio. La cadencia era vertiginosa. Entre 1744 y 1770 —extendiéndose bastante más allá del gobierno de Eslava, pero con el mismo impulso original— se levantaron cerca de veintidós pueblos en la región, muchos de ellos sobre la margen oriental del río.

Esta política revelaba, sin proclamarlo, un rasgo estructural del virreinato borbónico: el Estado no tenía cuadros propios para gobernar el interior. Los pueblos se fundaban delegando en un hacendado local —Mier y Guerra— que aportaba prestigio, milicianos, capital y relaciones. La Corona ponía la firma, el título de maestre de campo, la autoridad simbólica; el terrateniente ponía todo lo demás. El orden social del Bajo Magdalena, concentrado en pueblos y sujeto al río, quedaría por décadas en manos de esa aristocracia regional que Eslava supo cooptar en vez de disciplinar.

La máquina fiscal: quintos, estancos y contrabando

Mientras Eslava gobernaba desde Cartagena y Mier y Guerra plantaba pueblos, el problema de fondo del virreinato seguía intacto: el Estado colonial no lograba drenar las economías regionales. La estructura tributaria era, sobre el papel, robusta. Alcabala sobre las ventas. Quinto real sobre la minería, ya rebajado desde el 20% inicial hasta un 3% para fomentar la actividad. Estancos, derechos aduaneros, tributos indígenas, diezmos eclesiásticos. En la práctica, casi todos esos ingresos se filtraban antes de llegar a las cajas.

El caso del oro era ejemplar. La minería aurífera de la Nueva Granada, principal exportación colonial del siglo XVIII, se concentraba en el Chocó, Antioquia y Popayán. Era fundamentalmente de aluvión, intensiva en mano de obra esclava en Chocó y Cauca, y sostenida por mineros independientes en Antioquia. Tras el colapso demográfico y productivo de 1700 —cuando la producción registrada cayó desde los dos millones de pesos plata anuales de comienzos del XVII a casi nada—, la recuperación había empezado hacia 1690 con el crecimiento de las poblaciones mestizas, negras y mulatas. La provincia de Popayán alcanzó un pico en el quinquenio 1725–1729, con más de medio millón de pesos oro registrados en quintos.

Pero registrar y producir no eran lo mismo. Los mineros evadían el pago del quinto absteniéndose de declarar el metal, o pagando a comerciantes en oro en polvo que lo sacaban del distrito para declararlo bajo condiciones más favorables, cuando no directamente de contrabando. La producción real pudo haber sido entre un tercio y la mitad mayor que la acuñada. Y aquí aparecía el nudo político: los grandes propietarios de esclavos del Chocó —los hermanos Mosquera, Francisco de Arboleda, otros personajes con influencia en Popayán— ejercían, cada uno a su turno, el gobierno delegado de la provincia. Los mismos hombres que debían recaudar el quinto real eran los que más se beneficiaban de eludirlo. El fraude fiscal en las regiones auríferas no era una desviación del sistema: era el sistema.

Ni siquiera la infraestructura destinada a impedirlo funcionaba. Las casas de fundición establecidas en Cartago, Anserma, Cali y otras localidades tenían por único objeto fundir el oro y recaudar el quinto, previniendo la fuga ilegal del metal. Sin embargo, el oro en polvo circulaba con facilidad, y en regiones excéntricas como el Chocó y Antioquia parecía cumplir funciones cuasi monetarias que lo mantenían al margen de las cajas. Hacia fines de la Colonia, el oro representaría más del 85% de las exportaciones del Nuevo Reino, y el Estado captaba una fracción menor de ese flujo.

Los estancos ofrecían un panorama parecido. El del aguardiente, establecido por real cédula del 23 de septiembre de 1700 y administrado inicialmente por arrendamiento, había topado desde el principio con la resistencia de una red de productores —muchos de ellos poderosos, dueños de trapiches— que preferían la ganancia del contrabando al pago del monopolio. Las prohibiciones y las excomuniones fracasaron sistemáticamente porque el consumo se extendía y la demanda pagaba. El estanco del tabaco enfrentaba dificultades similares.

Juntos, tabaco y aguardiente concentraban las mayores críticas de comerciantes y agricultores, que los consideraban la mayor restricción a la libertad de comercio y el ejemplo más claro de la política monopolista española. Y aun así —esa era la paradoja— eran los rubros más productivos. En la última década del dominio español, los ingresos promedios de la Corona en la Nueva Granada alcanzaron los 2,4 millones de pesos, y unos 770.000, alrededor del 32%, provenían de los estancos. El monopolio odiado sostenía casi un tercio del fisco: sin él, el edificio se venía abajo; con él, la Corona se enemistaba con quienes precisamente podían hacer funcionar el reino.

El contrabando, entretanto, se practicaba con descaro y osadía, favorecido por los enormes gastos de recaudación, la ignorancia y mala fe de los empleados y la incomunicación de vastos territorios. La hacienda vivía en un desgreño casi cómico si no hubiera sido crónico: el fisco colonial no producía ingresos adecuados para cumplir sus obligaciones y apenas alcanzaba a sostener una burocracia mal pagada e ineficiente y a cubrir los cuantiosos gastos militares que un imperio en guerra permanente exigía.

Oriente, Sabana, Llanos: las trabas fiscales del territorio

La incapacidad fiscal no era uniforme; se declinaba distinto según la región. Hacia mediados del siglo XVIII, el virreinato mostraba una división regional del trabajo bastante nítida. Los distritos mineros —Antioquia, Chocó, Cauca— generaban el grueso de la riqueza exportable pero la sustraían masivamente a la tributación. Los centros artesanales del Oriente —Socorro, San Gil, la actual Santander— producían lienzos y tejidos de algodón que abastecían al altiplano y a las regiones mineras, y sostenían una economía campesina densa en la que la fiscalidad chocaba con la dispersión de los productores; el estanco del tabaco allí acumularía, décadas más tarde, la energía que estallaría en el movimiento de los Comuneros. En la Sabana de Bogotá y su altiplano circundante se producían trigo, cebada y papa, se engordaba ganado y se concentraba una burocracia virreinal de altos ingresos, cuyos consumos eran atendidos por circuitos comerciales que también drenaban rentas hacia particulares. Los Llanos de Casanare y Meta, ganaderos y semiselváticos, mantenían una economía de misión y hato con contactos comerciales hacia Venezuela y Guayana, donde el control fiscal era prácticamente nominal.

En cada una de estas regiones el Estado tropezaba con obstáculos distintos. En las zonas mineras, con el poder de las élites propietarias que además ejercían cargos de gobierno. En Oriente, con la dispersión productiva y la resistencia campesina al monopolio. En la Sabana, con la porosidad de una burocracia entrelazada con el comercio: desde fines del siglo XVI ya había denuncias contra oficiales reales que aprovechaban sus privilegios de importación libre de almojarifazgo para operar como comerciantes especulativos, como el oidor Mateo de Yepes y de la Cuadra, acusado de transportar más de cien tercios de mercancías en diez años sin que hubiera llegado armada ni galeones a América. En los Llanos, con la incomunicación y la frontera abierta.

Sostener el virreinato en esas condiciones exigía una arquitectura institucional que, en teoría, existía. El Consejo Real y Supremo de las Indias, creado en 1523, era el máximo órgano centralizador de la política y la legislación, y actuaba como última instancia de los procesos provenientes de las Reales Audiencias. Los recursos jurídicos —amparo, suplicación, apelación— permitían encauzar los conflictos por vías formales. La visita, ordenada sin sujeción a períodos fijos, servía para obtener informes amplios sobre la marcha de la administración, la hacienda y la situación de la población indígena. El juicio de residencia sometía a los funcionarios al escrutinio de su gestión al concluir el período. Pero en el sistema colonial no existía separación funcional ni independencia del operador jurídico respecto de la administración central: el control era una derivación del concepto medieval de justicia retenida, ejercido por servidores de índole administrativa y no por jueces de carrera. Muchos juicios de residencia se prolongaban indefinidamente, se neutralizaban con influencias o se cerraban sin sentencia. Un virrey rico, astuto y con apoyos podía gobernar con impunidad sin temor a la residencia.

El juicio de residencia y la relación de mando

El propio Eslava fue sometido a juicio de residencia al término de su gobierno. Los fragmentos conservados muestran los interrogatorios de rigor: si en los repartimientos de indios para minas de oro, plata, azogue y otros efectos se había guardado justicia, si no había habido favoritismos, si no se había perjudicado a terceros. Las preguntas se formulaban en el vacío de un procedimiento que rara vez se cerraba con condena. Del juicio no salió una sanción de peso; salió, en cambio, un archivo que permite hoy reconstruir la trama administrativa del período.

Más importante que la residencia fue la relación de mando redactada por el oidor Berástegui en 1751, poco después de terminado el gobierno de Eslava. Ese documento, junto con las relaciones que rendirían los virreyes siguientes —Solís en 1760, Messía de la Zerda en 1772, Guirior en 1776, Caballero y Góngora en 1789, Ezpeleta en 1796, Mendinueta en 1803, Montalvo en 1818— constituye uno de los conjuntos más valiosos que dejó el gobierno colonial para el estudio de la situación social, económica y política del virreinato en su última centuria. Las relaciones no eran, formalmente, complemento del juicio de residencia; funcionaban más bien como memoria de gestión y guía para el sucesor. La de Berástegui sobre Eslava es, en ese sentido, la primera pieza de una serie que documenta, año tras año, cómo el Estado borbónico intentó gobernar la Nueva Granada y hasta dónde llegó realmente.

Causas y consecuencias: por qué el virreinato quedó a medias

Restablecer el virreinato en 1739 fue, ante todo, una decisión de guerra. La causa próxima fue la ruptura con Inglaterra y la certeza de que Cartagena sería atacada; el sitio de 1741 confirmó, sangrientamente, que la Corona había acertado en anticipar el frente. Pero las causas estructurales eran anteriores y más profundas: la incapacidad de la Audiencia para administrar por sí sola un territorio de esa extensión, la fragmentación regional de las rentas, la extensión del contrabando desde Utrecht en 1713, el poder autónomo de las oligarquías mineras y agrícolas. El virreinato fue creado para atender lo urgente y para intentar, secundariamente, lo estructural.

En lo urgente cumplió. Cartagena resistió. Las defensas se reforzaron. Los primeros virreyes permanentes se instalaron en Santafé una vez terminada la guerra, y desde allí rindieron informes cada vez más precisos —y más alarmantes— sobre las condiciones del interior. El poblamiento del Bajo Magdalena consolidó un corredor de control sobre la principal arteria fluvial del reino, y la delegación en figuras como Mier y Guerra permitió llevar la presencia estatal a zonas donde la Corona sola no habría podido llegar.

En lo estructural, en cambio, el virreinato de Eslava dejó las cosas donde las encontró. Los quintos siguieron evadiéndose, los estancos siguieron siendo combatidos por sus propios contribuyentes, el contrabando siguió corriendo por costas y ríos, y las cajas reales siguieron produciendo menos de lo que consumía el mismo aparato burocrático. La razón no era administrativa sino política: desmantelar el fraude fiscal habría requerido romper el pacto tácito con las élites regionales que sostenían el orden colonial en las provincias. La Corona no estaba en condiciones —ni parece que estuviera dispuesta— a librar esa batalla. Prefirió cooptar antes que disciplinar, y ese cálculo dejó el virreinato en un equilibrio inestable: más visible en el Caribe, más presente en el territorio, no más solvente.

Por qué importa el tramo 1739–1750

Los años del restablecimiento del virreinato y del gobierno de Eslava son la bisagra entre dos épocas de la Nueva Granada. Antes de 1739, el reino era gobernado por una presidencia sujeta a las limitaciones de la Audiencia, con Cartagena militarmente frágil y las regiones fiscalmente inasibles. Después de 1750, la Corona ensayaría con creciente decisión las reformas borbónicas maduras que culminarían en la visita de Gutiérrez de Piñeres, la expedición botánica, el reordenamiento de estancos y, finalmente, la crisis política de fines del siglo, prefigurada en 1781 por la insurrección de los Comuneros. En el medio, el tramo 1739–1750 fija tres hechos duraderos: la institución virreinal deja de ser experimental y se consolida como forma permanente de gobierno; el eje militar del reino se desplaza al Caribe y allí queda anclado hasta la Independencia; y el problema fiscal de fondo —la desproporción entre lo que las regiones producían y lo que las cajas recibían— queda expuesto como límite estructural del Estado colonial, un límite que ninguna reforma posterior lograría vencer del todo.

Hay una ironía última en el gobierno de Eslava, y quizá sea su lección más honda. El virrey que rechazó a Vernon con cuatro mil hombres nunca logró recaudar lo que valía una sola fragata inglesa hundida en la bahía. Pudo salvar la ciudad porque en Cartagena, y solo en Cartagena, el poder militar de la Corona coincidía —por unos meses, contra un enemigo concreto— con el interés vital de las élites locales, que veían amenazadas sus casas y sus almacenes. En el resto del reino, esa coincidencia no existía: gobernar significaba negociar con hacendados, mineros y contrabandistas cuyos intereses corrían en sentido contrario al fisco. El virreinato borbónico aprendió a poblar el Bajo Magdalena, a defender el Caribe y a producir archivos admirables; no aprendió a cobrar. Y como no aprendió a cobrar, todo lo demás que hizo quedó suspendido sobre un vacío que ni Solís ni Messía ni Caballero y Góngora conseguirían llenar. En Cartagena, en 1741, Eslava ganó la guerra que se podía ganar. La otra, la callada, la de las cajas y los quintos y los estancos, la había perdido antes de empezar.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

23 documentos · 45 fragmentos
01Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 110, 1162 citas
[1]d a 1 1 3 conflictos intestinos. En el ám bito eclesiástico, los arzobispos y obispos chocaban frecuentem ente con las órdenes religiosas. Del lado civil, la A udiencia se desga rraba p o r la disensión interna; cada oidor veía a sus colegas com o rivales, y cada uno se ap o y ab a en su p ro p ia facción clientelar.…p. 110
[16]"al son de cam pana", para que pudieran ser mejor controlados por el Estado y la Iglesia. En su intento por consolidar el orden social y el progre so m aterial, las au to rid ad es lanzaron una serie de cam pañas para obligar a los "arrochelados" a instalarse en com unidades m ás grandes. En el Bajo M agdalena, la…p. 116
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 881 cita
[2](1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…p. 88
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 346, 353, 376, 3874 citas
[3]de C á rdenas y contra algunos personajes menores, comerciantes y propietarios. El oidor aspiraba al menos a que la causa no se con virtiera en alg ú n enredo inextrincable como (é l mismo lo dec í a) hab í a ocurrido con muchasotras en Indias. El organizador del virreinato, Antonio de la Pedroza y Gue rrero, se…p. 387
[15]y la de los virreyes Eslava, escrita por el oidor Ber á s- tegui (1751), Sol í s (1760), Mess í a de la Zerda (1772), Guirior (1776), Caballero y G ó ngora (1789), Ezpeleta (1796), Mendinueta (1803), Montalvo (1818), se cuentan entre los m á s valiosos docu mentos que dej ó el gobierno colonial para el estudio de la…p. 346
[21]n colonial. Los funcionarios beneficiarios de elloa; frecuentemente abusaron de sus funciones tratando de obtener ef mayor lucro posible, no obstante que la Corona nunca abandon ó sus facultades de control, ni su derecho a imponer sanciones. Los tenedores de ellos estaban sujetos a residencia y visita y al requi-?…p. 353
[44]abstracci ó n 392 ESTADO, ADMINISTRACION Y VIDA POL Í TICA de sus funciones ideales, para comprender la verdadera naturaleza de sus actuaciones. Finalmente, existe un nivel menos estudiado y mucho m á s problem á tico: el de las instancias puramente locales de poder, el de un equilibrio perpetuamente inestable entre…p. 376
04Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2281 cita
[4]la Nueva Granada. José Prieto de Salazar adquiere el cargo de tesorero de la Casa de Moneda de Santafé. Supresión del carácter he- reditario de las encomiendas. 1719 Jorge de Villalonga, nombrado primer virrey de la Nueva Granada. Juan de Herrera: Lamenta- ciones de tinieblas. 1720 Se decreta que el impuesto de…p. 228
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 172, 183, 194, 1974 citas
[5]Factores de la vida política colonial: el Nuevo Reino de Granada en el siglo XVIII (1713-1740) 201 gena apenas en septiembre de 1719. Los carta- generos se apresuraron a representar las conve- niencias de que la cabeza del virreinato funcio- nara en esa ciudad. Sus argumentos se ajustaban a las preocupaciones de la…p. 194
[19]hasta 50 preguntas. El juicio termi- naba con una sentencia, absolutoria o condena- toria. Las condenas incluían desde multas mo- netarias hasta la pena de muerte. Las que se referían a los altos funcionarios como los oido- res de Audiencia, virreyes, presidentes o capita- nes generales, requerían confirmación del…p. 172
[20]1947. Ismael Sánchez Bella, La organización financiera de las Indias, siglo XVI, Sevilla, 1968. Para el Nuevo Reino de Gra- nada: José María Ots Capdequi. El Estado Español en las Indias, México, 1941. Instituciones del gobierno del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVIII, Bogotá, 1956. Nuevos aspectos del siglo…p. 183
[22]del Chocó acusaban abiertamente al oidor don Mateo de Yepes y de la Cuadra, colegial mayor de Cuenca y licenciado de Salamanca, de llevar más de cien tercios "...que los más se componen de géneros de mercancías, no habiendo habido ar- mada ni galeones en la América de diez años a esta parte..." (32). Por su parte, un…p. 197
06Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 541 cita
[6]Villalonga, recomendó suprimirlo, en vista de su escasa infraestructura. Era la colonia más pobre del Imperio español. De virreinato volvió a hablarse tiempo después, cuando la poderosa armada inglesa intentó tomarse Cartagena en 1741, hambrienta por colonizar Sur- américa. La Corona española reforzó las defensas de…p. 54
07Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 1761 cita
[7]social de los virreinatos que for- maron en esas dos naciones comenzaron su avance cultural pri- mero que nosotros y contaron con personal mejor adiestrado en la ciencia y en la política. La estratificación social se hizo más clara y firme y las capitales de los virreinatos se perfec- cionaron hasta dar la impresión…p. 176
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 801 cita
[8]n fue fabuloso: 10 millones de pesos y como Pointis no lo reparti ó a los piratas, é stos volvieron y saquea ron otra vez la ciudad. 84 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA En el siglo xvm las relaciones con Inglaterra alternaron periodos de paz y contrabando con periodos de guerra, ataques militares y m á s contrabando.…p. 80
09Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 239, 2432 citas
[9]se pensaba que Felipe también accedería al trono francés en remplazo de Luis XIV formando así una potencia desestabilizadora en Europa. Finalmente, Felipe asumió el trono de España con el nombre de Felipe V y ante las presiones europeas renunció al trono francés pero su abuelo Luis XIV se convirtió en el poder real en…p. 239
[11]de inmediato se produjo un ambiente de alegría que enardeció el orgullo británico pensando tal vez que el Caribe ya les pertenecía. Plazas y calles recibieron el nombre de Vernon para honrar al almirante. Se acuñaron monedas que mostraban al orgullo español arrodillado ante Vernon. La situación pintaba muy mal y los…p. 243
10Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 4751 cita
[10]arrojando 300 bombas sobre la ciudad. Conoce la entrada de la bahía que está defendida por los castillos más recios del Caribe. Sabe de sus murallas, que son el orgullo de España en el Nuevo Mundo. Pero, después de todo, es la misma Cartagena que asaltó Pointis, y ahora no hay, adentro de las murallas, sino 4. 000…p. 475
11Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 65, 982 citas
[12]mejor salario y ración. Archivo Nacional. Colonia. Temporalidades, tomo 9, folio 824. Por sí sola y aún poniendo una familia numerosa a cargo del con- certado, la ración implicaba un consumo grande de dos elemen- tos esenciales en el régimen alimenticio, consumo mucho mayor sin duda que el actual en la misma región y…p. 65
[39]peso de 8 reales. Al final del siglo xviii contenía 371 granos de plata pura. Se le acuñaba en la Metrópoli y en varias de las colo- nias, incluso en el virreinato —Santa Fe y Popayán—. El área en que ese peso corría como moneda era sumamente extensa puesto que, a más de los dominios americanos y asiáticos de la…p. 98
12Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 205, 211, 2223 citas
[13]esclavos, y que fue bautizada como el hato de Calenturas. La otra recompensa fue polírico-militar: el nombramiento de maestre de campo con mando en toda la provincia de Santa Marta, suscrito en Cartagena el 26 de octubre de 1743 por el virrey del Nuevo Reino de Granada, Sebastián de Eslava (confirmado el 13 de octubre…p. 205
[14]de su nombramiento como maestre de campo en octubre de 1743, yendo de sur a norte y por el brazo de Mom- pox, que era lo más fácil y menos peligroso. En las bocas del Cesar, por el sitio de Nuestra Señora de la Candelaria del Banco, habían permanecido dispersos, desde los días de los Orriz Nieto, muchos vecinos libres…p. 211
[45]16, 1747; ANC, Poblaciones varias 10, Memo- rial de Mier y Guerra, Mompox, octubre 30, 1750, fol. 893; Gnecco Rangel Pava, A i r e s g u a m a l e n s e s (Bogotá, 1948), 9- Cascajal, abril 5, 1749, Chimichagua, agosto 15, 1749, Chiriguaná, 1749,y Menchiquejo, enero 20, 1750: ANC, Poblaciones varias 10, fol. 893; NM,…p. 222
13Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 29, 2872 citas
[17]división de poderes, los con - flictos de competencia entre autoridades coloniales eran cons - tantes, particularmente, entre oidores y virreyes 19. La primera instancia de un proceso era presidida por los alcaldes ordina - rios. Sólo para delitos graves se enviaba un juez comisionado, quien abría el proceso, ordenaba…p. 287
[18]eran uni - ficadas, centralizadas y solo existió una autoridad normadora: la voluntad real. En el anterior sentido, entonces, el llamado control jurídico de los actos de los gobernantes coloniales americanos es una derivación del concepto de justicia retenida que operó en el medioevo y ejercido desde la administración…p. 29
14¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 391 cita
[23]itinerario del co mercio colonial al conocer la actividad portuaria de Cartagena, Mompox y Honda, como también al tener una comunicación permanente con habitantes de Tunja y Popayán, hacia donde él mismo se dirigía para comercializar los productos de los indíge nas a los que evangelizaba en el piedemonte amazónico. Él…p. 39
15Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 79, 1392 citas
[24]de exportación del palo de tinte y el de la quina, de corta duración. Estos estancos o monopolios, especialmente el de aguardientes y tabaco, fueron el blanco de las mayores críticas, porque restaban campos de actividad a comerciantes y agricultores, que estaban en capacidad de hacer inversiones y explotar por su…p. 139
[38]en los consumos que le valieron el nombre de “Pamplonita la loca”, la ciudad entró en un período de larga decadencia. Poblados como Vitoria o Guamocó podían desaparecer sin dejar rastro o convertirse en sombras. Durante el siglo xvi1 ciudades como Popayán, Medellín y Rionegro hicieron su fortuna con la internación de…p. 79
16Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 50, 56, 65, 71, 925 citas
[25]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…p. 65
[34]Kfiídficnerst Posiblemente la producción de oro fue entre la mitad y un tercio mayor de la acuñada (Sharp, 1976) ya que así se eva- día el impuesto del quinto — 20 % del producto— y se financiaba el contrabando, que por esa misma razón sería reducido progresivamente hasta alcanzar un 3 % del valor de la producción…p. 56
[35]Producción de oro Durante el siglo xviii el oro fue el principal producto de exportación de la Nueva Granada y durante el siglo xix esta situación no varió mucho. Fue sólo a finales de ese siglo, ante la aparición de nuevos productos de exportación como el tabaco, la quina y el café, que el oro fue relegado a un…p. 92
[36]determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…p. 50
[40]regional del trabajo entre los distritos mineros de Antioquia, Chocó y Cauca con los centros artesanales de Santander, Nariño y Santa Fe, que como centro congregaba la burocracia virreinal de altos ingresos; en el fértil altiplano que la rodeaba, se pro- ducía el trigo, la cebada y la papa, y se engordaba el ganado…p. 71
17Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 142, 1452 citas
[26]1697. La prohibición no tuvo éxito: el consumo continuó extendién- dose y los productores satisficieron la demanda incentivados por las grandes ganancias que obtenían. Se dijo incluso que el aguardiente “se fabricaba en los trapiches o ingenios de azúcar que están en la gente más poderosa y válida del Reyno”. 12 En…p. 142
[27]y no hacerse nada con las órdenes de prohibición pues se hace con libertad y se vende entre las mismas Religiones que son las más viciadas, y si algún par- ticular la hace, aunque se le castigue no se remedia el daño”. No obstante los argumentos del virrey, la Real Cédula ordenó que se mantuviese la prohibi- ción en…p. 145
18Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 356, 3922 citas
[28]de Santa Fe de Antioquia. Los mineros se abstenían de declarar el metal y pagaban a los comerciantes en oro en polvo. Estos lo sacaban del distrito y lo declaraban en condiciones más favorables o simplemente lo sacaban de contrabando de la Nueva Granada. Ya se ha visto cómo la percepción de los quintos había…p. 392
[37]las riquezas aluviales de la provincia, aunque ya se había comenzado su explotación. A comienzos del siglo XVin se encuen tran allí algunos personajes muy conocidos en Popayán. Entre ellos, los hermanos Mosquera, Francisco de Arboleda, Bernardo Alfonso de Saa, Miguel Gómez de la Asperilla y Agustín de Valencia,…p. 356
19Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 2991 cita
[29]los sistemas y procedimientos de recauda- ción, don Rufino Cuervo explica estas consideraciones: «Sin una buena recaudación, se ha dicho con justicia, no puede haber un buen sistema de hacienda, del cual ella es la base y fundamento. En Nueva Granada es lenta y cos- tosa por defecto de las leyes y por defecto de los…p. 299
20Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1991 cita
[30]casas de moneda de Santa Fe y Popayán. Funcionaron también casas de fundición en Cartago, Anserma, Cali, etc., con el único objeto de fundir el oro y recaudar el quinto real, previniendo así la fuga ilegal del metal hacia el exterior sin previo pago de derechos fiscales. 164 “A fines de la Colonia, se calculaba el oro…p. 199
21Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 14, 314 citas
[31]importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…p. 31
[32]importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…p. 31
[42]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…p. 14
[43]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…p. 14
22Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 621 cita
[33]y modernización, ¿cuál fue el más fuerte?; es de- cir, ¿fueron beneficiosos o perjudiciales los efectos netos de la política de transferencia de impuestos? La respuesta depende, en parte, de las verdaderas dimensiones cuantitativas de las remesas -y, sobre esto, solo se pueden hacer algunas inferencias de carácter…p. 62
23Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 4331 cita
[41]directamente desde Sevilla; la vinculación de Alavis con un funcionario gubernamental refleja el entusiasmo generalizado por el comercio entre quienes poseían un ca- pital que les permitiera formar parte del mismo. Los encomenderos y los oficiales reales con frecuencia se vinculaban al comercio ya fuera comprando…p. 433