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Ensayo · Transversal · —

La pérdida de Panamá (1903)

La separación de Panamá el 3 de noviembre de 1903 suele presentarse como una agresión imperial súbita de Theodore Roosevelt. Medio siglo de concesiones ferroviarias, tratados asimétricos, enclaves extraterritoriales y desembarcos militares sugiere que fue, en cambio, el cobro de una hipoteca firmada desde 1846.

17 min de lectura3.548 palabras31 documentos39 fragmentos
La pérdida de Panamá (1903)
Actualizado 03 de agosto de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La pérdida de Panamá fue el desenlace de un proceso semicolonial de larga duración, no un acto súbito. El tratado Mallarino-Bidlack de 1846 instaló el primer protectorado funcional de Estados Unidos sobre el istmo al convertir a Washington en garante armado de la neutralidad panameña. La construcción del ferrocarril (1850–1855) materializó ese marco jurídico en un enclave donde la soberanía granadina era tolerada, no ejercida. El incidente de la tajada de sandía (1856) fijó la doctrina operativa: cualquier fricción local activaría la cláusula de neutralidad y justificaría el desembarco de tropas. Cuando Roosevelt actuó en 1903, no inventó la ruptura: ejecutó una hipoteca que Bogotá había firmado a dos manos con Washington durante cincuenta y siete años.

La tensión

La historiografía se divide entre quienes cargan la responsabilidad de 1903 íntegramente sobre el imperialismo rooseveltiano —presentando a Colombia como víctima de una agresión imprevisible— y quienes, siguiendo la línea de la larga duración, señalan la complicidad estructural de las élites bogotanas en la cesión incremental de soberanía. El primer enfoque, cómodo para el nacionalismo herido, omite que el andamiaje jurídico y material que hizo posible la separación fue construido a dos manos: diplomáticos estadounidenses con visión estratégica sostenida y gobernantes neogranadinos atrapados entre la debilidad fiscal, el miedo al expansionismo británico y la tentación del capital extranjero. Una tensión secundaria enfrenta a quienes leen el experimento federal panameño de 1855 como anticipación separatista —ensayo general de 1903— y quienes lo interpretan como diagnóstico institucional de una integración que nunca se logró: la admisión de que el istmo ya funcionaba con reglas distintas a las del centro andino. Finalmente, el peso relativo de los factores culturales —la esfera pública anglófona de la Star and Herald durante medio siglo— frente a los factores jurídico-militares sigue siendo objeto de discusión: si la desconexión simbólica del istmo respecto a Bogotá fue causa autónoma o efecto acumulado de la arquitectura semicolonial.

Temas
Tratado Mallarino-Bidlack (1846) y el primer protectorado estadounidenseFerrocarril de Panamá y el enclave de Aspinwall (1850–1855)Incidente de la tajada de sandía (1856) y la doctrina de intervenciónFederalismo panameño y el Estado Federal de Panamá (1855)Concesión canalera francesa (1879) e intereses estadounidensesGuerra de los Mil Días y la intervención militar de 1903Semicolonialismo y soberanía territorial en el siglo XIX colombiano
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Ensayo completo

La lectura

La pérdida de Panamá

El 3 de noviembre de 1903, en la ciudad de Panamá, un puñado de conjurados encabezados por Manuel Amador Guerrero proclamó la separación del istmo. Tres días después, cuando los ministros en Bogotá apenas se enteraban de lo ocurrido, Estados Unidos ya había reconocido diplomáticamente a la nueva república. Quince días más tarde, el tratado Hay-Bunau-Varilla otorgaba a Washington control soberano sobre la Zona del Canal. La velocidad del episodio es engañosa: sugiere una amputación quirúrgica, un acto súbito ejecutado por Theodore Roosevelt sobre un cuerpo político desprevenido. Medio siglo de documentación dice otra cosa. La pérdida de Panamá fue el desenlace legible de un proceso semicolonial que empezó en la década de 1840, se consolidó con la construcción del ferrocarril interoceánico, se ensayó militarmente en 1856 y quedó escrito en los códigos, contratos y cláusulas que Bogotá firmó bajo la ilusión de estar protegiéndose. Roosevelt no inventó la ruptura: cobró una hipoteca.

Lo que se juega en la pregunta

Preguntar si 1903 fue acto súbito o culminación no es un tecnicismo cronológico. Es preguntar qué tipo de Estado fue la Colombia decimonónica, qué margen real de soberanía ejerció sobre su territorio más estratégico y qué grado de complicidad tuvieron las élites bogotanas en la cesión incremental de esa soberanía. La versión del acto súbito, cómoda para el nacionalismo herido, presenta a Colombia como víctima de una agresión imperial imprevisible y descarga la responsabilidad íntegra sobre Washington. La versión del proceso largo obliga a reconocer que el andamiaje jurídico, económico y militar que hizo posible 1903 fue montado a dos manos: por diplomáticos estadounidenses que actuaron con visión estratégica sostenida y por gobernantes granadinos y colombianos que, atrapados entre la debilidad fiscal, el miedo al expansionismo británico y la tentación del capital extranjero, firmaron en 1846 un tratado, en 1850 una concesión ferroviaria y en 1879 una concesión canalera cuyos términos ya prefiguraban el desenlace. En juego está también la definición misma del istmo como espacio: si Panamá fue siempre un territorio periférico, sociológicamente ajeno al centro andino, la separación deja de ser una traición y se vuelve la ratificación jurídica de un divorcio administrativo y cultural que llevaba décadas consumándose.

El tratado de 1846: escritura de una hipoteca

El 12 de diciembre de 1846, Manuel María Mallarino y Benjamin Alden Bidlack firmaron en Bogotá el tratado que, en apariencia, resolvía dos problemas neogranadinos a la vez. Otorgaba a la Nueva Granada una garantía formal contra el avance británico —que ya había desconocido títulos coloniales colombianos sobre la Costa Mosquitia, había tolerado el desembarco de la corbeta Tweet en Bocas del Toro en 1840 para coronar a un indio misquito como Roberto Carlos Federico I, y había reducido el comercio exterior granadino a una dependencia estructural del crédito inglés desde los años veinte— y abría al mismo tiempo una vía de compensación diplomática con la potencia emergente del norte. A cambio, la Nueva Granada concedía a ciudadanos, buques y mercancías estadounidenses privilegios e inmunidades equivalentes a los de los propios granadinos en todos los puertos de la república, incluidos los del istmo; garantizaba a Estados Unidos el derecho de tránsito sin gravámenes por cualquier medio de comunicación existente o futuro a través de Panamá; y eximía de derechos de importación a los bienes de exportación que cruzaran el istmo bajo su amparo. Estados Unidos, por su parte, se comprometía a garantizar la perfecta neutralidad del istmo, el libre tránsito entre los dos mares y los derechos de soberanía y propiedad de la Nueva Granada sobre dicho territorio.

La simetría es engañosa. Lo que Bogotá leyó como escudo, Washington leyó como llave. La cláusula de neutralidad convertía a Estados Unidos en garante armado de un territorio ajeno, con un mandato jurídico para intervenir cada vez que esa neutralidad —categoría cuya interpretación quedaba, en la práctica, en manos del garante— se viera amenazada. La cláusula de tránsito sin gravámenes, extendida a medios de comunicación aún inexistentes, hipotecaba de antemano la renta que un futuro ferrocarril o canal pudiera producir. Y el conjunto se firmaba en el mismo año en que Estados Unidos entraba en guerra expansionista con México, apenas meses antes de arrebatarle California, Nuevo México y Texas: el Destino Manifiesto no era una abstracción ideológica lejana sino la política exterior contemporánea del signatario del norte. No es una interpretación forzada leer el Mallarino-Bidlack como el primer protectorado estadounidense sobre América Latina, y como el modelo del que derivarían más tarde los protectorados sobre Cuba, Haití, República Dominicana y Centroamérica. Colombia entregó, en 1846, la escritura pública de una pérdida que tardaría cincuenta y siete años en ejecutarse.

Aspinwall: la soberanía delegada al capital

Si el tratado fue el marco jurídico, el ferrocarril fue la infraestructura material de la delegación. En 1847 se firmó el contrato De Francisco-Klein para la construcción de un ferrocarril transístmico, aprobado por unanimidad en el Congreso; un año más tarde, Tomás Cipriano de Mosquera lo declaró caduco por incumplimiento de la compañía. El fracaso no enseñó nada. En 1850 el gobierno autorizó a empresarios norteamericanos la construcción de una nueva línea, y en 1855 el ferrocarril completó el cruce entre Colón —bautizada Aspinwall por sus constructores— y la ciudad de Panamá. Con la línea llegó algo que ningún tratado había explicitado: un enclave.

La compañía fue declarada por acto del Congreso granadino como simple propietaria de la isla de Manzanillo, donde se levantó Aspinwall. En la práctica ejerció soberanía efectiva sobre toda la fachada atlántica del istmo. La autoridad granadina en Aspinwall no gobernaba: era tolerada. Las decisiones de la compañía se imponían en el territorio bajo su control con independencia de que fueran o no ratificadas por Bogotá. Y el proceso constructivo mismo, dirigido por John Lloyd Stephens en nombre de la Panama Railroad Company, arrastró consigo dinámicas que revelaban la porosidad del Estado neogranadino frente al capital extranjero: el propio Mosquera, ya como figura política prominente, compró esclavos en el Valle del Cauca y en Popayán para venderlos a Stephens bajo contrato, con la promesa de libertad al finalizar los trabajos. Un caudillo granadino financió su tránsito hacia la modernidad ferroviaria con cuerpos humanos comercializados hacia una empresa extranjera que, en el otro extremo de la línea, gobernaba territorio colombiano como si fuera propio.

La ciudad que la línea creó no habló nunca en español el idioma de sus asuntos públicos. La Star and Herald, fundada en 1853, articuló durante medio siglo una esfera pública anglófona que informaba, opinaba y organizaba la vida civil del istmo en referencia a Nueva York, Nueva Orleans y San Francisco, no a Bogotá. Una observación contemporánea señalaba que el panameño nativo tenía pocas tradiciones de interés público y que la vida municipal activa era prácticamente inexistente en Colón y Panamá; el gobierno central, a trescientas leguas de distancia, difícilmente podía suplir esa carencia. La observación era simultáneamente descriptiva y consecuencia: cuando el aparato administrativo del país está a trescientas leguas y la infraestructura, la lengua, el capital y la prensa están en manos extranjeras, la vida municipal no puede ser sino débil. La desconexión cultural no fue el resultado de una carencia panameña: fue el efecto acumulado de una arquitectura semicolonial que hizo del istmo un territorio sociológicamente extranjero a Colombia antes de serlo jurídicamente.

La tajada de sandía: cuando la asimetría se hizo doctrina

El 15 de abril de 1856, en el arrabal de La Ciénaga, a las afueras de la ciudad de Panamá, un altercado entre José Manuel Luna, vendedor local de tajadas de sandía, y Jack Oliver, viajero estadounidense que se negó a pagar los cinco centavos de la fruta, degeneró en una jornada de violencia entre población nativa y personal de la compañía del ferrocarril. El saldo fue de dos panameños muertos, trece panameños y diecisiete estadounidenses heridos. El gobernador de Panamá y los cónsules de Gran Bretaña, Francia y Ecuador coincidieron en declarar que la agresión había provenido de los estadounidenses.

La respuesta de Washington no atendió esa versión. El comisionado enviado a investigar recomendó a su gobierno la ocupación inmediata del istmo de océano a océano a menos que la Nueva Granada garantizara protección perfecta a los ciudadanos estadounidenses. En consecuencia se presentaron dos buques de guerra que desembarcaron tropas. El incidente de la tajada de sandía fijó un patrón que se repetiría durante el resto del siglo: cualquier fricción local sería interpretada desde Washington como amenaza a los ciudadanos y a la propiedad estadounidense, cualquier amenaza a esa propiedad activaría automáticamente la cláusula de neutralidad del tratado Mallarino-Bidlack, y cualquier activación de esa cláusula tomaría la forma del desembarco de tropas. La asimetría dejó de ser una posibilidad jurídica latente para convertirse en una doctrina operativa. Que los cónsules europeos coincidieran con las autoridades panameñas en atribuir el origen de la violencia a los estadounidenses no importó: el marco interpretativo lo fijaba el garante, no el garantizado. Desde 1856, el istmo aprendió que la soberanía neogranadina sobre su propio territorio era una ficción condicional, revocable a discreción del signatario del norte.

El experimento federal: autonomía como diagnóstico

Justo Arosemena había leído esa condición antes que casi nadie. En 1852 presentó al Congreso una propuesta para reunir las cuatro provincias del istmo —Chiriquí, Veraguas, Panamá y Azuero— en un único Estado federal soberano pero no independiente de la Nueva Granada, en el que el gobierno central conservaría las relaciones exteriores, el ejército y la marina, el correo nacional, la deuda nacional y la cuota istmeña a esa deuda. La propuesta se atascó cuando el golpe del 17 de abril de 1854 paralizó su avance parlamentario, pero regresó en 1855: ese año el Congreso aprobó un acto adicional a la Constitución que creó el Estado Federal de Panamá, primera excepción al esquema unitario de la república, dotado además de ciento cincuenta mil hectáreas de tierras baldías dentro de sus límites.

La lectura patriótica posterior quiso ver en ese experimento la primera pulsión separatista, un ensayo general de 1903. La lectura conservadora quiso verlo como la concesión imprudente que desencadenó la fragmentación federalista posterior: el mismo acto reformatorio permitía que en el futuro, mediante simple ley, se crearan otros estados, y Antioquia, Santander, Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Bolívar y Magdalena obtuvieron pronto igual categoría, arrastrando al país hacia el federalismo que culminaría en las constituciones de 1858 y 1863. Ambas lecturas dicen algo cierto y omiten lo más importante. La autonomía panameña de 1855 fue, ante todo, un diagnóstico: reconocía institucionalmente lo que Aspinwall demostraba en la práctica, que el gobierno central no podía ni sabía administrar el istmo, y que la asimetría instalada por el tratado de 1846 y el ferrocarril de 1855 solo podía manejarse desde una jurisdicción local con capacidad de decisión propia. El experimento federal no fue una anticipación de 1903 en el sentido separatista; fue una anticipación en un sentido más profundo: la admisión de que Panamá ya funcionaba con reglas distintas a las del resto del país, y de que el proyecto unitario nunca había alcanzado a integrarla plenamente. La República conservadora podría reunificar el país en 1885 bajo la Regeneración de Rafael Núñez, pero no podría reunificar el hecho consumado que Aspinwall y la Star and Herald llevaban tres décadas construyendo.

La concesión francesa: un tercero que solo confirmaba al primero

En 1879, bajo el liderazgo de Ferdinand de Lesseps, una compañía francesa obtuvo de Colombia el derecho exclusivo y condicional por 99 años para construir un canal a través del istmo, a cambio de un depósito en efectivo y regalías escalonadas sobre los ingresos brutos: cinco por ciento los primeros veinticinco años, seis por ciento los siguientes veinticinco, ocho por ciento los últimos cuarenta y nueve. Colombia conservaba, sobre el papel, plena soberanía sobre el istmo. La cláusula que revelaba el fondo del asunto era otra: la compañía francesa debía llegar a un acuerdo previo con la Panama Railroad Company —es decir, con los intereses estadounidenses— antes de iniciar la construcción. La concesión canalera nacía condicionada a la venia del enclave ferroviario. Los franceses podían intentar construir el canal, pero solo si los norteamericanos, dueños del corredor terrestre y del enclave atlántico, lo permitían.

El fracaso técnico y financiero de la compañía francesa, y su disolución en 1899, no cambiaron esa lógica: la sucedieron con la Nueva Compañía del Canal de Panamá, cuyo objetivo declarado era proteger la inversión y ganar tiempo para traspasar la concesión a Estados Unidos, único comprador plausible. Cuando la ley Spooner autorizó al presidente estadounidense, el 28 de junio de 1902, a adquirir por cuarenta millones de dólares los derechos de la Nueva Compañía y a obtener de Colombia una franja de territorio a lo largo del canal, con la vía nicaragüense como alternativa de reserva, el círculo se cerró. La concesión francesa, presentada en 1879 como una diversificación de socios que equilibraría el peso estadounidense, se reveló como una etapa intermedia: los intereses norteamericanos, reconocidos ya en la propia letra de la concesión, esperaron dos décadas a que el proyecto europeo se agotara para heredar la obra sin haberla financiado.

El intento de Rafael Núñez de obtener de las potencias europeas una garantía de neutralidad para el istmo, gestionado con insistencia desde la presidencia y respondido siempre con la misma negativa educada, fue el reconocimiento explícito de que la arquitectura del tratado de 1846 había dejado a Colombia sin contrapeso posible. En una conversación con un vicecónsul inglés en Cartagena, a comienzos de 1893, Núñez lo formuló con la brutalidad de quien ya se ha rendido: la toma del istmo por parte de Estados Unidos era inevitable, y las naciones débiles no podían resistirle. La misma resignación se filtró en los informes diplomáticos británicos, que registraron con tono nostálgico y defensivo el reconocimiento del predominio norteamericano como un hecho irreversible.

La Guerra de los Mil Días: el colapso que ejecutó la sentencia

La sentencia estaba escrita desde 1846, pero para ejecutarse necesitó un momento de insolvencia total. La Guerra de los Mil Días, iniciada en 1899 entre las fuerzas liberales y el gobierno conservador, lo proveyó. El conflicto devastó política y económicamente al país, debilitó al Partido Liberal y consolidó el control conservador, pero, sobre todo, dejó al Estado colombiano en un estado de disolución material que el propio presidente José Manuel Marroquín describió con crudeza: las instituciones se hallaban deshechas o empezaban a disolverse, y en la esfera política se batallaba menos por principios que por hundir o levantar personas y bandos. Al ejército y a la policía se les adeudaban meses de salario. El gobierno era un deudor insolvente incapaz de sostener sus instituciones.

En ese contexto, Estados Unidos volvió a hacer lo que llevaba haciendo desde 1856: ancló barcos de guerra frente a la costa panameña para defender su ferrocarril. La presión militar sobre el istmo hizo retroceder a los combatientes, y el general Benjamín Herrera firmó la paz a bordo del acorazado Wisconsin. Que el fin de una guerra civil colombiana se firmara en cubierta norteamericana es, en sí mismo, la fotografía más explícita del régimen de soberanía delegada: Colombia había perdido la capacidad de hacer la paz consigo misma sin la mediación material del garante extranjero.

Fue en esa condición de postración que Bogotá tuvo que negociar el tratado Herrán-Hay. Firmado el 13 de enero de 1903 por Tomás Herrán —que había continuado las negociaciones tras el paso previo de José Vicente Concha— y por el secretario de Estado John Hay, el tratado otorgaba a Estados Unidos el control de una franja de tierra a través del istmo. El gobierno colombiano, absorbido por la guerra civil, con comunicaciones deficientes con sus ministros en Washington y esperando diferir las negociaciones hasta el fin del conflicto, lo negoció desde una posición de fuerza inexistente. El Senado colombiano lo rechazó por considerar que violaba la soberanía nacional. El rechazo fue jurídicamente coherente y estratégicamente irrelevante: la soberanía que el Senado quiso proteger llevaba medio siglo hipotecada.

Noviembre de 1903: ejecución de la hipoteca

Lo que siguió tuvo la velocidad de un remate y la lógica de un cobro. Roosevelt aprovechó la insurrección panameña organizada por la clase dirigente istmeña y por Philippe Bunau-Varilla —agente de la Nueva Compañía del Canal interesado en salvar la venta de los activos franceses—, alentó los sentimientos separatistas, apoyó militarmente a los revolucionarios y reconoció diplomáticamente a la nueva república el mismo 6 de noviembre de 1903 en que Bogotá se enteraba de la ruptura. Quince días después, el tratado Hay-Bunau-Varilla, cuya cláusula primera comprometía a Estados Unidos a garantizar y mantener la independencia de Panamá, otorgó a Washington todos los derechos, poderes y autoridad que corresponderían a un país soberano dentro de la zona del canal, con exclusión total del ejercicio de esos derechos por parte de la propia República de Panamá. Colombia no tuvo capacidad material de enviar tropas ni de sostener una respuesta diplomática eficaz. El ejército al que se le debían salarios no podía cruzar el Darién.

La compensación llegaría tarde y no repararía nada. El tratado Thomson-Urrutia, firmado en Bogotá el 6 de abril de 1914 entre Colombia y Estados Unidos, cuyo Protocolo de Canje se refería a los "acontecimientos realizados en el Istmo de Panamá en noviembre de 1903", fue ratificado por Colombia el 1 de marzo de 1922, bajo la firma del presidente Jorge Holguín y del ministro Antonio José Uribe. Los veinticinco millones de dólares que Estados Unidos pagó como compensación no lograron aplacar el resentimiento nacional ni reparar las relaciones. No podían: no compensaban una pérdida súbita sino la ejecución de una hipoteca acumulada durante medio siglo, y ningún pago podía retroactivamente convertir en soberanía plena lo que había sido, desde 1846, soberanía condicional.

La respuesta

La pérdida de Panamá en 1903 no fue un acto súbito. Fue el desenlace legible de un proceso semicolonial iniciado en 1846 con la firma del tratado Mallarino-Bidlack, articulado materialmente con la concesión ferroviaria y la construcción del enclave de Aspinwall entre 1847 y 1855, revelado en su lógica coercitiva con el incidente de la tajada de sandía en 1856, diagnosticado institucionalmente por el experimento federal panameño del mismo año, culturalmente consolidado por medio siglo de esfera pública anglófona articulada en torno a la Star and Herald, jurídicamente confirmado por la concesión francesa de 1879 condicionada al aval de la Panama Railroad Company, y ejecutado finalmente en 1903 cuando la Guerra de los Mil Días redujo al Estado colombiano a una insolvencia material que le impidió resistir el remate.

Esa arquitectura no fue impuesta unilateralmente desde Washington: fue construida a dos manos. Estados Unidos desplegó de manera sostenida —con visión estratégica pero también con la voracidad oportunista del Destino Manifiesto— los instrumentos jurídicos, económicos y militares que convertían al istmo en un protectorado de facto. Pero cada uno de esos instrumentos requirió una firma bogotana: la de Mallarino en 1846, la del Congreso que aprobó las concesiones ferroviarias en 1847 y 1850, la de Mosquera que vendió esclavos al proyecto, la del Congreso que otorgó la concesión canalera de 99 años condicionada al aval norteamericano en 1879, la de Herrán que negoció bajo coacción en 1903. Las élites colombianas cedieron soberanía en cada paso, atrapadas entre el miedo al expansionismo británico —real en la Mosquitia, en Bocas del Toro, en la deuda inglesa—, la debilidad fiscal crónica, la incapacidad de articular una política istmeña coherente frente a la distancia geográfica y cultural, y la tentación reiterada de resolver los déficits presupuestales con capital extranjero cuyas condiciones no leían con suficiente cuidado.

Roosevelt no inventó la ruptura. La ejecutó. La invención había ocurrido en 1846, cuando una diplomacia neogranadina que se creía prudente firmó, en el nombre de la protección contra un imperio que retrocedía, la escritura pública de una pérdida frente a un imperio que apenas empezaba a crecer.

Lo que queda abierto

Dos flancos permanecen sin cierre. El primero es el peso relativo de la contingencia frente a la estructura. La coyuntura 1899-1903 —el colapso fiscal, la firma de la paz en el Wisconsin, el rechazo del Herrán-Hay, la insurrección organizada quince días antes del tratado— tiene un peso causal propio que no es reductible a la larga duración. Sin la Guerra de los Mil Días, el andamiaje semicolonial construido desde 1846 habría podido sostenerse indefinidamente sin producir la separación formal, del mismo modo en que Cuba fue protectorado sin dejar de ser nominalmente independiente. Pensar 1903 exclusivamente como culminación estructural corre el riesgo de naturalizar como inevitable lo que también fue producto de un momento específico de derrumbe institucional.

El segundo flanco es la voz istmeña propia. Los términos del debate colombiano tienden a discutir Panamá como un objeto de la política andina o de la política norteamericana, y a subestimar la agencia de las élites istmeñas —de los Arosemena en 1852 y 1855 a Amador Guerrero en 1903— que construyeron, con proyectos federales y separatistas alternos, una tradición política propia. Reconocer esa agencia no borra la responsabilidad estadounidense ni la complicidad bogotana, pero recuerda que Panamá no fue nunca un territorio pasivo sobre el que otros escribieron su destino: fue también un actor que, con recursos escasos y márgenes estrechos, negoció durante medio siglo su lugar en un mapa donde ninguna de las opciones disponibles conducía a una soberanía plena.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

31 documentos · 39 fragmentos de referencia
01Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 23, 262 fragmentos
[1]

y comercio, en septiembre de 1849, y además obtuvieron la cesión provi- sional de la isla. Previamente el país del norte había logrado firmar con Colombia el Tratado Mallarino-Bidlack, de amistad, comercio y navegación, el 12 de diciembre de 1846, mediante el cual se aseguraban ventajas en la eventual cons- trucción y…

p. 23
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Su pasado. Su presente. Su Porvenir: Deseaba evitar toda participación de soberanía en la zona del canal […] Esa partici- pación era la debilidad del Tratado Herrán-Hay. Hice entonces una innovación en el derecho internacional. Decidí conceder a los Estados Unidos, en el interior de la zona, todos los derechos,…

p. 26
02Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 133, 1362 fragmentos
[2]

Mallarino-Bidlack, en cuya virtud se dispuso que los ciudadanos, buques y mercancías de los Estados Unidos, disfrutarían en todos los puertos de la Nueva Granada, incluso los de la par- te del territorio granadino «general- mente denominado Istmo de Pana- má», de todos los privilegios de que en ese momento gozaban y…

p. 133
[19]

la idea de abrir un canal in- teroceánico volvía a preocupar a las grandes potencias mundiales, pues se veía claro que el ferrocarril trans- ístmico no era sino solución provisio- nal. En Washington, sobre todo, se notó en cierto momento gran ansiedad por apechar y resolver este problema definitivamente, y el…

p. 136
03Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 471 fragmento
[3]

the context of Manifest Destiny, the U.S. expansionist war with Mexico (1846–1848), and the incorporation of the Southwest into U.S. territory, this first U.S. pro- tectorate with Colombia over Panama not only signaled a sea change in U.S. foreign policy—an entangling alliance—but also served as a model for…

p. 47
04Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 164, 2112 fragmentos
[4]

to the patriot forces.” 4 Colombian independence allowed an opening up of criti- cal Caribbean ports, and British imports flooded Cartagena and Santa Marta. With the British directing New Granada’s foreign trade in the earliest days of the republic, Colombia’s debt mounted, and by the middle of the 1820s, Colombia and…

p. 211
[8]

of the country and ended up being supplanted by roadways and motorized vehicles and, to a lesser degree, by rail. The rail system with its multiple cars and locomotives and parallel tracks, which profoundly impacted how humans around the world tackled long dis- tances beginning in the early nineteenth century, was a…

p. 164
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2391 fragmento
[5]

var is best known, perhaps, for his unambiguous, provocative, and somewhat prophetic comment in another letter dated 1829. He warned, “The United States... seems destined by Providence to plague America with torments in the name of freedom.” 3 Bushnell suggests that the monarchist- leaning Liberator was lamenting the…

p. 239
06Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 55, 722 fragmentos
[6]

abiertamente con apo- derarse de la Mosquitia. La primera demostraci6n del desconocimiento de los titulos coloniales se produce con ocasién del decreto expedido por el general Santander (1822) que prohibia el trafico comercial entre Jamaica y la Costa Mosquitia. Pues Inglaterra niega su validez con el argumento de que…

p. 55
[22]

se acepto la renuncia. Entre otras cosas porque con la propuesta de nuestro representante diplomatico co- menzaba a abrirse paso la idea de aceptar la ruta de Panamay se disipaban también las posibilida- des de aprobar la ley Herburn. A ello se agregaban los movimientos sismicos que se registraban en Centroamérica,…

p. 72
07Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2811 fragmento
[7]

frente a Inglaterra y a la Unión, manifestando, por lo demás, mer- ced a la voz de su prensa y a la palabra de sus oradores en el Congreso, sus simpatías indudables por la garantía unida, propuesta por Inglaterra. En el fondo, la doctrina Monroe no es sino una opi- nión, un desideratum, el anhelo de un pueblo, que…

p. 281
08Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2381 fragmento
[9]

el ac- ceso de las tierras bajas al mar sin afectar los costos de transporte entre éstas y las zonas templadas. La distancia económica entre una y otra zonas aumentó de manera especial con el advenimiento de la navega- ción regular a vapor en el Magdalena. Es claro, entonces, que aun sin los importadores de bienes…

p. 238
09Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · p. 331 fragmento
[10]

si Sntan Mnean en el polvo y en el barro; cerdos, perros y hasta corderos devoran innumerables inmundicias que los buitres contem - plan con ojos ávidos desde los tejados; monos amarrados aúllan, papagayos y cotorras lanzan gritos estridentes: es una extraña batahola, en la cual se mezcla uno con cierto pavor. Los…

p. 33
10Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 193, 4222 fragmentos
[11]

Auguste Salomon y apoyada por banqueros f r a n c e s e sei n g l e s e s,envióun emisarioaBogotá,e lseñorMateo K l e i n,con e lf i nde que g e s t i o n a r aante e lgobierno l aconcesión d e lp r i v i l e g i opara l aconstruc ción de un f e r r o c a r r i l transoceánico v í aPanamá. A mediados de 1846, e lP r e…

p. 422
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podría facilitar la venta de sus inmensas e improductivas propiedades que en la cam biante sociedad caucana ya no servían ni para mantener el status social, ni para garan tizar la vecindad en Popayán, algo que ya no preocupaba a los Mosquera, ni a muchos caucanos importantes como José María Obando y José Hilario…

p. 193
11War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 29, 392 fragmentos
[12]

Railroad Company was a steady supplier of such merchandise, and the proceeds were enough to pay for the company's own small hospital at Colon." In 1879, under the leadership of Ferdinand de Lesseps, the driving spirit in the successful construction of the Suez Canal which was completed in 1 869, a company of French…

p. 39
[37]

Yugoslavia in the 1990s into easily exploited parts. As Bolivar's health broke and ambitious nationalists within New Granada, sup- ported by foreign interests, sought sole power for themselves, leaders in Ecuador and Venezuela moved for separation from New Granada by force. Near death and aware that his hopes for a…

p. 29
12¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 711 fragmento
[14]

la presión militar estadounidense sobre el istmo, cuyo comercio no po día detenerse, también los hizo retroceder. Los conservadores históricos, por su parte, hacían su propia lucha al deponer al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín en julio de 1 900, logrando así recuperar el…

p. 71
13Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 651 fragmento
[15]

hombres, de- muestra el animo de concordia que quiere estable- cer, a la vez que revela una plena seguridad en su gestion como gobernante. Al afo siguiente Obando es acusado ante el Congreso, en el cual es justo decir tenian asiento algunos espiritus en los cuales primaba una mente acalorada, y se decide someterle a…

p. 65
14Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 6751 fragmento
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dos panameños quedan muertos en el campo. Además, hay 13 panameños y 17 americanos heridos. El comisionado americano que investiga el caso llega a la conclusión de que Jack Oliver sacó su pistola contra el negro, pero que otro americano se la arrebató y dio el primer 676 Gíndic Anercrísta disparo. El gobernador de…

p. 675
15Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 4191 fragmento
[17]

Washington permission to construct a canal across the isthmus and to gain effective authority over the territory surround- ing the canal, President Theodore Roosevelt took advantage of both the insurrection and the Colombian government's weakness in the aftermath of the War of the Thousand Days to intervene. Having…

p. 419
16Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · p. 511 fragmento
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had given the president a rather pleasant alternative. In fact, by 6 November, the date Colombian leaders in Bogotá first learned of the revolution, Roosevelt had determined his course of action. "Colombia," he wrote, "signed [its] death warrant when [it] acted in such infamous bad faith about the signing of the…

p. 51
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1811 fragmento
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a nivel, que uno con esclusas, pero tal alternativa era más costosa y de difícil ejecu- ción. Tales dificultades se reflejaron no sólo en la demora en la construcción, sino en el flujo de ca- pitales que al comienzo fue abundante, pero que poco a poco comenzó a disminuir, lo que obligó a 425 E Junta Revolucionaria de…

p. 181
18Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 811 fragmento
[21]

de Suez, fracasó en su intento ¥ tras sucesivas prórrogas del gobierno colombiano para la entrega de la obra, fue disuelta en 1899. Los franceses, que trataben de proteger su inver sión, constituyeron la Nueva Compa- si de Canal de Paraea: que. permiso esten los traba- hasta e pytera dé cinco mi- Hors de francos. En…

p. 81
19Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 2321 fragmento
[23]

p. 32. 214 Part Three. The Winning of the Peace reform forces, especially prominent dissident Conservatives, found themselves on the losing side of the canal treaty debate, they were ultimately able to tum the issue of the loss of Panama, which occurred soon after the Senate's rejection of the treaty, to great…

p. 232
20Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 271 fragmento
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of sovereignty in the department, rejected a treaty that would have allowed the United States to build the passageway. The following year, a second agreement faltered in the U.S. Senate, which was busy investigating allegations of corruption surrounding the Ulysses S. Grant administration. When Americans turned their…

p. 27
21Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 811 fragmento
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el gobernador. 7 9 E n s a y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a po l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia Año 1855. Acto adicional a la Constitución del 27 de febrero, que creó el Estado de Panamá. Se ceden al Estado de Panamá 150.000 hectáreas de tierras baldías de las que existieran dentro de sus límites.…

p. 81
22Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1131 fragmento
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de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…

p. 113
23Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 1811 fragmento
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Santa Marta de tropas españolas y en el número que dicen, me parece que ya esto es asunto concluido. Nada siento más que no estar en mi país y al lado de mi familia”. 114 La sobrevivencia de las provincias en el régimen republicano, pese a todas las subdivisio - nes y reagrupaciones político-administrativas que se…

p. 181
24Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 2641 fragmento
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“Among the maladies caused by the perni- cious uprising of April 17 [1854], we must include the paralyzing of several important legislative projects that were working their way through Congress. One of those projects was the constitu- tional reform establishing the State of Panama.” 75 Justo Arosemena had joined…

p. 264
25Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 3611 fragmento
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por condiciones 362 Síndíice Círístc Rcniaó ineludibles que se dé franca entrada en la vida municipal, y aun en la nacional, al tercero de estos factores, al extran- jero residente, hasta ahora alejado de esas funciones; más educación en escuelas numerosas y mejor servidas al se- gundo, y que el cuarto restrinja su…

p. 361
26Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 172 fragmentos
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popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…

p. 17
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popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…

p. 17
27Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 78, 1472 fragmentos
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odo de seis a ñ os, indicaba as í, a la ligera, como sol í a, que “ el comercio y todas las industrias echan menos el sosiego que han menester para ir adelante ”, y ello despu é s de asegurar que “ los males que amenazan a Colombia y q ü e ya la afligen, n ó son de mucha menor cuenta que los consiguientes a una invasi…

p. 78
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n de la guerra. Era, pues, la arrogancia de las poten cias dictando su voluntad, que los gobernantes colombianos apren sivamente acataban. ¿ Resistir? ¿ Qu é estadista puede hacerlo res ponsablemente si carece de fuerza? Ni siquiera se dispon í a de un t é cnico en radio; y "al ej é rcito y a la polic í a se les…

p. 147
28Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2701 fragmento
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el inicio de una guerra civil, en 1899. La “regeneración” política de Colombia inauguró un periodo de hegemonía conservadora durante la presidencia de Rafael Núñez y de Miguel Antonio Caro, quien como vicepresidente estuvo al mando durante las ausencias frecuentes de Núñez, y hubo de reemplazarlo cuando enfermó, en…

p. 270
29Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1741 fragmento
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ineludible tal desenlace, lo mismo que Núñez. Un vicecónsul inglés en Cartagena repor- tó una conversación con él a principios de 1893, en que le preguntaba si no te- mía que un día los Estados Unidos to- maran el Istmo. «Eso es inevitable —fue la respuesta de Núñez—, ellos tienen que dominar a toda la América, y en…

p. 174
3030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1611 fragmento
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de veintidós de diciembre de mil novecientos veintiuno, por las presentes ratifico y confirmo dicho Tratado ya modificado, en todos y cada uno de sus artículos. En fe de lo cual, he dispuesto que se fije en las presentes el sello de la República. Firmado y sellado de mi mano, en la ciudad de Bogotá, hoy primero de…

p. 161
31Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 11 fragmento
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ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…

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