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Idea · Regeneración

Canal interoceánico

El canal interoceánico por el Istmo de Panamá fue durante más de medio siglo la promesa geográfica que definió la política exterior colombiana: no una obra construida por Colombia, sino un proyecto, una concesión, una expectativa fiscal y una carta diplomática cuyo desenlace fue la separación de Panamá en 1903.

3.934 palabras32 documentos41 fragmentos citados
Canal interoceánico

Trayectoria de una idea

  1. 1846

    Tratado Mallarino-Bidlack

  2. 1869

    Fracaso del protocolo Sullivan-Samper-Cuenca

  3. 1878

    Concesión Wyse y entrada de Lesseps

  4. 1881

    Inicio de la construcción francesa

  5. 1886

    La Regeneración centraliza el istmo

  6. 1894

    Nueva Compañía del Canal y prórrogas colombianas

  7. 1899

    Disolución de la compañía francesa y Guerra de los Mil Días

  8. 1903

    Tratado Herrán-Hay y separación de Panamá

03

La lectura

El canal interoceánico por el Istmo de Panamá existió durante décadas como entidad jurídica y fantasma de infraestructura antes de existir como obra: fue sucesivamente un derecho de tránsito pactado con Estados Unidos en 1846, una concesión de 99 años entregada a inversores franceses en 1879, una fuente de rentas hipotecadas por la Regeneración y, finalmente, el objeto de un tratado rechazado que precipitó la separación de Panamá. Su historia institucional revela la asimetría fundacional de un pequeño país soberano sobre un bien de valor global: Colombia era dueña nominal de un paso que se discutía en Londres, París y Washington, y cuyo destino se decidía en cancillerías donde ella figuraba apenas como interlocutora obligada. La Regeneración lo heredó como palanca de modernización y lo administró con lógica clientelar, convirtiendo expectativas fiscales futuras en liquidez presente mediante préstamos y prórrogas que transferían gradualmente el control estratégico a actores extranjeros. Núñez lo entendió con lucidez tardía: en 1893 admitió ante un diplomático inglés que la dominación estadounidense era inevitable y que ninguna potencia europea arriesgaría un enfrentamiento con Washington por defender la neutralidad de una obra en la esfera de la Doctrina Monroe. El canal no fue arrebatado a Colombia en un instante; fue cedido en cuotas, contrato por contrato, prórroga por prórroga, a lo largo de medio siglo.

El canal interoceánico por el Istmo de Panamá

El canal interoceánico fue, durante más de medio siglo, la promesa geográfica que definió la política exterior colombiana y, a la vez, la trampa soberana en la que el país fue perdiendo el control efectivo sobre su departamento más estratégico. No una obra —porque Colombia nunca lo construyó— sino un proyecto, una concesión, una expectativa fiscal y una carta diplomática: el canal existió durante décadas como entidad jurídica y como fantasma de infraestructura antes de existir como zanja. En esa condición híbrida se cifra su peso en la historia nacional. La Regeneración lo heredó como palanca de modernización y soberanía, lo administró con la lógica centralista y clientelar que la caracterizó, y lo transmitió, ya deshilachado, a los gobiernos que en 1903 verían separarse a Panamá. Entender el canal como sujeto histórico —con biografía institucional propia, con acreedores, contratos y prórrogas— es entender por qué la pérdida del Istmo fue, mucho antes que un episodio militar, el desenlace de una larga cesión legal y financiera.

Un istmo entre dos océanos: la larga vocación geográfica

La idea del canal es tan antigua como el descubrimiento del istmo. Cristóbal Colón, en su cuarto viaje, buscó en las costas de Veragua un estrecho natural que comunicara los dos océanos y llevara a Asia; cuando esa esperanza se desvaneció, la posibilidad de suplirlo con obra humana pasó a los geógrafos y cronistas de la Corona. Durante más de tres siglos, la única vía interoceánica practicable en América fue la que subía por el río Chagres en canoas hasta Gorgona o Cruces y de allí, a lomo de mula, cruzaba hasta la ciudad de Panamá: por ese sendero pasaron los tesoros de la costa occidental que buscaban los galeones españoles en el Caribe. La franja de tierra que separaba las aguas —unos 2.200 kilómetros de istmo prolongado entre las dos Américas, con su punto más estrecho en Panamá— fue reconocida desde temprano como una de las encrucijadas comerciales del planeta.

Con la independencia y la expansión del comercio atlántico en el siglo XIX, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos convirtieron el paso interoceánico en objetivo de política exterior. La construcción de un canal —o, en su defecto, el control de un ferrocarril transístmico— dejó de ser especulación de geógrafos para volverse pieza de las rivalidades imperiales. Colombia, o más precisamente la Nueva Granada, se descubrió a mediados de siglo dueña de un territorio cuyo valor no dependía de lo que ella misma pudiera hacer con él, sino de lo que otros quisieran hacer allí. Esa asimetría fundacional —la de un pequeño país soberano sobre un bien global— marcaría todas las negociaciones posteriores. El istmo pasó a ser lo que los diplomáticos europeos llamaban una "cuestión abierta": un espacio cuyo destino se discutía en Londres, en París y en Washington, y cuyo dueño nominal figuraba apenas como interlocutor obligado.

El pacto fundacional: Mallarino-Bidlack, 1846

El primer acto formal de esta historia es el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado en Bogotá el 12 de diciembre de 1846 por Manuel María Mallarino, entonces secretario de Relaciones Exteriores neogranadino, y Benjamin Alden Bidlack, encargado de negocios estadounidense. Ratificado por Washington en 1848, el Mallarino-Bidlack fijó las reglas del juego para las siguientes décadas: Estados Unidos garantizaba la neutralidad del istmo y la soberanía de la Nueva Granada sobre él, a cambio del derecho de tránsito libre y sin gravámenes de sus ciudadanos, buques y mercancías por cualquier medio de comunicación existente o futuro.

La cláusula parecía equilibrada, pero contenía en germen la subordinación futura. Al comprometer a una potencia externa como garante de la soberanía nacional sobre una porción del propio territorio, la Nueva Granada aceptó implícitamente que Estados Unidos tuviera opinión —y, llegado el caso, presencia— sobre lo que ocurriera en Panamá. El tratado sería invocado repetidamente durante el siglo XIX para justificar la intervención norteamericana en el istmo cada vez que un motín, una revuelta o una huelga amenazaran el tránsito. La neutralidad garantizada por otro es una soberanía condicionada, y Colombia no volvería a discutir esa condición hasta después de perder a Panamá.

Sobre este marco jurídico se levantó, en 1855, la primera infraestructura que materializó la vocación interoceánica del istmo: el Ferrocarril de Panamá, obra de capital estadounidense que en la práctica ejerció una soberanía de facto sobre la franja atlántica. La compañía fue descrita en su tiempo como "el verdadero soberano" de esa zona, ante la cual la autoridad granadina debía conformarse con ser tolerada. Antes de 1855 prácticamente no había intercambio comercial entre Bogotá y Panamá; después, el istmo entró en una órbita económica cuya cabeza no estaba en la capital colombiana sino en Nueva York. Esa distancia previa —la debilidad histórica de los nexos económicos entre el interior y el istmo— condicionaría de raíz cualquier política soberana posterior.

Los protocolos frustrados de la era Grant

En las décadas de 1860 y 1870, Estados Unidos convirtió el canal en objetivo explícito de su política exterior. El presidente Ulysses S. Grant envió expediciones para estudiar rutas interoceánicas desde Tehuantepec hasta Colombia y ordenó a sus diplomáticos en Bogotá negociar un tratado canalero. Fruto de esa gestión fueron dos protocolos sucesivos que anticiparon, en pequeño, todos los conflictos del futuro.

El primero, firmado en 1869 —el protocolo Sullivan-Samper-Cuenca—, buscaba facilitar a los Estados Unidos la construcción del canal. Fue rechazado por el Senado colombiano, que condicionó cualquier aprobación a que se garantizara "perfecta igualdad" a todas las potencias en el uso del canal, en paz y en guerra: una fórmula que no era del agrado de la administración Grant, cuyo interés era precisamente asegurar una posición privilegiada. Al año siguiente, en 1870, se firmó un segundo protocolo, que esta vez naufragó del lado norteamericano, arrastrado por las investigaciones de corrupción que envolvían a la administración Grant.

El doble fracaso tuvo dos consecuencias duraderas. Estados Unidos desvió su atención, aunque no su interés, hacia Nicaragua, cuya ruta lacustre parecía técnicamente más simple. Y Colombia, viendo cerrada por el momento la vía norteamericana, orientó sus aspiraciones canaleras hacia Europa. En ese desplazamiento se abrió la ventana por la que entraría Ferdinand de Lesseps.

La concesión Wyse y el sueño francés

El 20 de marzo de 1878, el teniente de marina francés Lucien Napoléon Bonaparte-Wyse —sobrino nieto de Napoleón I— firmó con el gobierno colombiano una concesión para construir un canal por el istmo. Wyse había recorrido la región con el ingeniero Armand Reclus estudiando trazados posibles, y la concesión que obtuvo, luego traspasada a Lesseps y ratificada en 1879, otorgaba el derecho exclusivo por 99 años. Colombia recibiría el 5% de los ingresos brutos durante los primeros 25 años, el 6% en los siguientes 25 y el 8% en los 49 años restantes. La construcción comenzó en 1881.

Lesseps llegaba a Panamá envuelto en el aura del héroe de Suez. Su Compañía Universal del Canal Interoceánico movilizó capital francés en escala nunca vista y prometió repetir en América lo que había logrado en Egipto: un canal a nivel, sin esclusas, que se abriría paso por la tierra a fuerza de excavación. La empresa se estrelló contra tres muros. El primero fue geográfico: el terreno del istmo, con la cordillera cortada por el Culebra y el régimen de crecientes del Chagres, no permitía un canal a nivel sin obras titánicas. El segundo fue sanitario: la fiebre amarilla y el paludismo mataron a los trabajadores por millares, en una mortandad que la medicina de la época no supo contener. El tercero fue político: la inestabilidad colombiana, con sus guerras civiles recurrentes, encarecía y demoraba cada etapa.

Lesseps rectificó tarde. Ante lo imposible del canal a nivel, aceptó un proyecto de esclusas cuya construcción encargó al ingeniero Gustavo Eiffel, ya célebre por su torre. Pero el vuelco llegaba con la caja vacía. Las estimaciones de la época situaban el costo total en cifras del orden de los 540 millones de dólares, muy por encima de cualquier previsión inicial, y el capital francés se agotaba en un escándalo financiero que aún hoy da nombre en Francia a las corrupciones de gran escala. Hacia finales de la década de 1880, la Compañía Universal colapsó, arrastrando en su ruina a decenas de miles de pequeños accionistas y salpicando a la clase política de la Tercera República.

La Regeneración y el canal como palanca fiscal

Cuando la Compañía Universal empezó a naufragar, Colombia atravesaba una refundación política. La Regeneración, encabezada por Rafael Núñez y su vicepresidente Miguel Antonio Caro, había puesto fin al federalismo radical con la Constitución de 1886, que sustituyó los Estados Soberanos por departamentos y devolvió al Ejecutivo central los resortes del poder. Al mismo tiempo, el régimen tejió su alianza con la Iglesia mediante el Concordato de 1887 con la Santa Sede y creó el Banco Nacional en 1881, en una recomposición institucional que buscaba dotar a Bogotá de instrumentos hasta entonces inexistentes para gobernar el conjunto del territorio.

En esa arquitectura, el istmo ocupaba un lugar peculiar y contradictorio. Por un lado, era pieza clave del ingreso fiscal: la renta del Ferrocarril de Panamá había llegado a ser el tercer ingreso del Estado colombiano. Por otro, era la frontera más lejana y menos integrada del país, con una tradición autonomista propia y con élites vueltas hacia el Caribe y hacia Nueva York más que hacia Bogotá. El centralismo regenerador se apoyó en las rentas del istmo pero no logró —ni intentó seriamente— integrarlo política ni económicamente al resto de la nación. Panamá enviaba dinero a Bogotá y recibía a cambio gobernadores, guarniciones intermitentes y decretos que llegaban con semanas de retraso: una relación colonial en miniatura, sostenida por el ferrocarril y las anualidades del canal.

La gestión del canal en este periodo tuvo un rasgo definitorio: la conversión de una expectativa futura en liquidez presente. Ya en 1880, el gobierno de Núñez había negociado con la compañía del ferrocarril un préstamo de dos millones de dólares como anticipo por 27 anualidades futuras, hipotecando la participación estatal durante casi tres décadas. Cuando Panamá se separó en 1903, esos pagos aún no se habían reanudado. La operación —un préstamo garantizado con rentas que ya no llegarían al Tesoro— retrata con exactitud el modo regenerador de administrar el istmo: como fuente de recursos inmediatos, no como territorio a gobernar.

El subsidio anual pactado con la compañía, reducido mediante un acuerdo que el Congreso nunca aprobó formalmente a 100.000 dólares, ingresó regularmente hasta 1880. Después, el flujo se enredó en litigios y agravios que reaparecerían más tarde en los episodios de la separación. El istmo, para Bogotá, era menos una porción del territorio que una cuenta bancaria en Nueva York.

La Nueva Compañía y la lógica de las prórrogas

El fracaso de la Compañía Universal no cerró la aventura francesa: la transformó. Los inversores constituyeron en octubre de 1894 la Nueva Compañía del Canal de Panamá, que recibió 50.000 de las 650.000 acciones de propiedad colombiana. El objetivo real de esta segunda entidad, como quedaría claro después, no era terminar la obra —para eso no tenía ni capital ni ingeniería— sino ganar tiempo y mantener viva la concesión el tiempo suficiente para traspasarla a un comprador capaz de ejecutarla. Ese comprador solo podía ser Estados Unidos.

Colombia colaboró, sin plena conciencia, con esa maniobra. El gobierno regenerador otorgó sucesivas prórrogas para la entrega de la obra, cada una de las cuales alargaba la vigencia de una concesión que en la práctica había dejado de tener contenido constructivo. Cada prórroga era, técnicamente, una decisión soberana; en conjunto, sumaban una transferencia gradual del control estratégico del istmo desde el Estado colombiano hacia una sociedad anónima extranjera cuyo activo principal era el derecho a vender lo que Colombia le había concedido.

La compañía francesa fue finalmente disuelta en 1899, año que también trajo el estallido de la Guerra de los Mil Días. La coincidencia no fue casual en sus consecuencias: en el momento exacto en que la concesión francesa entraba en su fase terminal y Estados Unidos volvía la mirada al istmo, Colombia se sumía en la guerra civil más destructiva de su historia.

La lucidez tardía de Núñez

Rafael Núñez murió en 1894, pero antes tuvo tiempo de formular con precisión el diagnóstico que la Regeneración fue incapaz de traducir en política. A principios de 1893, retirado ya en su casa de El Cabrero, en Cartagena, recibió a un vicecónsul inglés destinado en la costa. La conversación, que el diplomático consignó por escrito y remitió a su cancillería, es uno de los documentos más elocuentes sobre la conciencia estratégica del régimen. Núñez habló sin rodeos: la dominación estadounidense sobre el istmo era inevitable, y sus propios intentos, repetidos a lo largo de años, de obtener una garantía europea de neutralidad para el canal habían fracasado uno tras otro. Había sondeado a Londres, a París, a Berlín; ninguna cancillería del Viejo Mundo estaba dispuesta a comprometerse a defender la neutralidad de una obra que se construía en la esfera de influencia proclamada por la Doctrina Monroe. La política europea, entretenida ya en el reparto colonial de África y en el equilibrio interno del continente, no arriesgaría un enfrentamiento con Washington por un canal americano.

El vicecónsul anotó, con la frialdad del observador extranjero, que el presidente colombiano hablaba de todo aquello como de un hecho consumado. No había indignación ni cálculo defensivo; había una resignación lúcida, casi filosófica, sobre la desproporción entre las fuerzas en juego. Núñez era, en ese momento, un hombre enfermo, aislado en Cartagena, que gobernaba desde la distancia mientras Caro despachaba en Bogotá; y su reflexión al vicecónsul tenía el tono de un balance final más que el de una consulta política.

La confesión es doblemente significativa. Por un lado, muestra que el primer arquitecto de la Regeneración veía con claridad la asimetría de fondo: sin garantía europea, la soberanía colombiana sobre el istmo dependía únicamente del Tratado Mallarino-Bidlack, es decir, del compromiso de aquella misma potencia cuyo apetito buscaba contener. Por otro, revela el fatalismo con que el régimen encaró la cuestión. Convencido de la inevitabilidad, el liderazgo regenerador dejó de invertir energía política en construir alternativas —integración interna del istmo, diversificación de socios, capacidad militar propia— y se concentró en administrar la renta mientras durara.

Hay algo profundamente melancólico en esa escena: el hombre que había refundado el Estado colombiano, que había roto con el federalismo radical y reescrito la Constitución, aceptaba en voz baja, ante un funcionario menor de una potencia amiga pero ajena, que la parte más valiosa de ese Estado estaba en trance de perderse. Y lo aceptaba no porque le faltara información, sino porque tenía demasiada. La política exterior de la Regeneración, en materia canalera, fue una política de duelo anticipado.

Esa combinación de lucidez estratégica y pasividad ejecutiva sería la herencia envenenada que la Regeneración transmitió a los gobiernos posteriores. Miguel Antonio Caro, que asumió el mando durante las frecuentes ausencias de Núñez y lo reemplazó cuando enfermó en 1892, gobernó un país cuya renta cafetera empezaba a despuntar, cuyas industrias nacientes crecían al calor de aranceles proteccionistas, pero cuya frontera más estratégica estaba, sin que se dijera con estas palabras, en liquidación.

La Guerra de los Mil Días y el colapso negociador

El 17 de octubre de 1899 estalló la Guerra de los Mil Días. El conflicto, que enfrentó a liberales y conservadores en el marco autoritario del régimen regenerador, se extendió hasta 1902 y dejó al país devastado, al Partido Liberal gravemente debilitado y a los conservadores consolidados en el poder. Un episodio previo había preparado el terreno: el golpe del 31 de julio de 1900 que depuso al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín, con la participación de conservadores históricos que buscaban recuperar el poder pero que no lograron con la maniobra terminar la guerra.

En términos del canal, la Guerra de los Mil Días fue el factor contingente que precipitó todos los desenlaces latentes. Durante el último año del conflicto, el departamento de Panamá era considerado esencialmente liberal y sirvió de base para ataques sorpresivos contra el gobierno; las hostilidades entre el istmo y Bogotá se acentuaron, el sentimiento separatista tomó cuerpo, y la atención de las autoridades centrales, absorbida por la supervivencia militar, se desvió de las negociaciones canaleras en el peor momento posible.

Simbólicamente, la paz se firmó el 21 de noviembre de 1902 a bordo del buque de guerra estadounidense Wisconsin, anclado frente a la costa panameña. Que Colombia terminara su guerra civil sobre la cubierta de un navío extranjero, precisamente frente al istmo cuya suerte estaba a punto de decidirse, es una imagen que resume la asimetría del momento mejor que cualquier tratado.

Herrán-Hay: la última negociación

Con la guerra apenas terminada, Marroquín debió enfrentar la negociación decisiva. Estados Unidos, por su parte, había resuelto en 1902 —tras el debate legislativo entre la ruta de Nicaragua y la de Panamá— inclinarse por esta última, siempre que Colombia cediera el control efectivo de la zona. La Nueva Compañía del Canal francesa esperaba, agazapada, el traspaso de sus derechos. El 22 de enero de 1903, Colombia suscribió el tratado que autorizaba a la Nueva Compañía a vender al gobierno de Estados Unidos sus derechos y propiedades en el istmo. Nueve días antes, el 13 de enero, se había firmado en Washington el tratado que debía sellar la operación: el Herrán-Hay.

La conducción diplomática colombiana fue un desastre en tres actos. Marroquín había nombrado como jefe de la misión a Carlos Martínez Silva, un negociador que conocía los antecedentes y las claves del asunto. Pero cuando se supo que Martínez Silva había entrado en contacto en Nueva York con el general liberal Rafael Uribe Uribe —un gesto imprudente en plena guerra civil—, el presidente lo relevó. En su lugar envió a José Vicente Concha, quien desconocía el estado de las negociaciones y no hablaba inglés. La negociación terminó finalmente en manos de Tomás Herrán, secretario de la legación, un hombre culto pero sin autoridad suficiente, a quien ni siquiera se le contestaban las notas ni se le remitían las instrucciones que pedía.

El tratado firmado por Herrán y el secretario de Estado John Hay cedía a Estados Unidos una franja de tierra a lado y lado del canal, en condiciones que comprometían de manera severa la soberanía colombiana sobre esa zona. El Congreso colombiano lo rechazó. Las razones formales del rechazo son objeto de discusión, pero el contexto es claro: un tratado negociado sin instrucciones, firmado por un funcionario sin autoridad, en el momento inmediatamente posterior a una guerra civil que había dejado al régimen sin capital político para vender concesiones territoriales.

El análisis histórico ha oscilado desde entonces entre dos lecturas. La primera atribuye la pérdida a la ineptitud diplomática: si Martínez Silva hubiera continuado, si Concha hubiera hablado inglés, si Herrán hubiera tenido autoridad, si el Congreso hubiera ratificado, otra habría sido la historia. La segunda apunta a factores estructurales: los objetivos estratégicos de Estados Unidos estaban determinados por realidades geográficas, técnicas, económicas y militares ante las cuales incluso una diplomacia impecable habría tenido escaso margen. Ambas lecturas capturan una parte del problema. La torpeza fue real y aceleró el desenlace; pero la asimetría era anterior y no dependía de las virtudes personales de los negociadores. La Regeneración había construido, a lo largo de dos décadas, una posición desde la cual perder era la opción más probable, aunque no la única.

La separación y sus arquitectos

El rechazo del Herrán-Hay por el Congreso colombiano fue el detonante inmediato. Philippe Bunau-Varilla, ingeniero francés que había participado en la Compañía Universal y era ahora agente de la Nueva Compañía, comprendió que el traspaso de la concesión —y con ella la recuperación parcial de la inversión francesa— solo era posible si Panamá dejaba de ser Colombia. Junto con abogados de la compañía y sus asesores en Washington, organizó la compra de autoridades panameñas y coordinó el movimiento separatista con los intereses estratégicos de la administración Roosevelt.

El 3 y 4 de noviembre de 1903, Panamá proclamó su independencia. Buques de guerra estadounidenses bloquearon el paso de las tropas colombianas hacia el istmo, invocando —irónicamente— aquel mismo Tratado Mallarino-Bidlack de 1846 cuya letra las obligaba a garantizar la soberanía neogranadina. El Departamento de Estado de Estados Unidos aconsejó que no era oportuno que Colombia desembarcara tropas para controlar el levantamiento, y su gobierno se apresuró a reconocer a la nueva república. El 4 de noviembre, Bunau-Varilla fue designado ministro plenipotenciario de Panamá; el 18 de noviembre, en esa condición y sin que ningún panameño lo acompañara en el acto, negoció y firmó con John Hay el Tratado Hay-Bunau-Varilla, que otorgó a Estados Unidos, dentro de la zona del canal, todos los derechos, poderes y autoridad que corresponderían a un país soberano, con exclusión del ejercicio de esos derechos por parte de Panamá.

Todo el arco quedaba así cerrado: la concesión Wyse de 1878 desembocaba, veinticinco años después, en manos estadounidenses; y el vehículo del traspaso había sido la secesión de un departamento cuya soberanía Bogotá nunca supo hacer efectiva.

La huella

Colombia tardó una década en reconocer formalmente la nueva realidad. En abril de 1914 se firmó en Bogotá el Tratado Urrutia-Thompson, por el cual el país reconocía la soberanía panameña. Pero la cicatriz política y económica fue más honda que cualquier reparación. Con la pérdida del istmo, Colombia dejó de ser un país con acceso directo al comercio interoceánico y su horizonte marítimo se estrechó. La reorientación hacia el interior, hacia la cordillera y el café, no fue solo una elección de desarrollo: fue también la consecuencia de haberse quedado sin la frontera que la abría al mundo.

Sobre la Regeneración, la pérdida arrojó una luz retrospectiva. El régimen que se había justificado a sí mismo como restaurador de la unidad nacional y del orden, y que administró el istmo durante los años decisivos, transmitió a la República un territorio mutilado. Dos factores concurrieron en el desenlace. Uno estructural: Colombia dependía, desde 1846, de una garantía externa para sostener su soberanía sobre el istmo, y no había construido en medio siglo los nexos internos que le habrían permitido gobernarlo por sí misma. Otro coyuntural: la sucesión Martínez Silva–Concha–Herrán ilustra hasta el detalle personal la incapacidad del régimen para conducir una negociación de esa envergadura. Los dos factores se potenciaron. Colombia llegó a 1903 sin instrumentos reales para retener a Panamá porque durante veinticinco años había gestionado el istmo como si nunca fuera a perderlo. Los apologistas de la secesión, Bunau-Varilla el primero, usaron la Guerra de los Mil Días como justificación principal: sin ella, dijeron, no habría habido separación. La afirmación es tramposa pero no del todo falsa; la guerra fue el detonante que hizo estallar una carga que la Regeneración había ido acumulando.

El canal interoceánico existió para Colombia, entonces, como una entidad de tres caras: fue un concepto geopolítico —el paso entre dos océanos—, una institución empresarial —la Compañía Universal, la Nueva Compañía, la concesión Wyse— y un recurso fiscal —la renta del ferrocarril, los anticipos, las anualidades. En cada una de esas caras, la Regeneración operó con la lógica que le era propia: centralizó el poder sin integrar el territorio, buscó aliados externos sin capacidad para negociar en pie de igualdad, extrajo rentas presentes a cambio de derechos futuros. Cuando el canal se hizo por fin realidad —bajo bandera estadounidense, inaugurado en 1914—, Colombia lo miró desde afuera, como espectadora de una obra sobre la que había tenido, durante décadas, todos los derechos y ninguna capacidad.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Ferdinand de Lesseps — concesionario francés que obtuvo en 1879 el derecho exclusivo por 99 años para construir el canal y cuyo fracaso abrió la puerta a la intervención estadounidense
  2. 02Manuel María Mallarino — negociador colombiano del Tratado Mallarino-Bidlack de 1846, pacto fundacional que condicionó la soberanía neogranadina sobre el istmo
  3. 03Rafael Núñez — presidente de la Regeneración que administró el canal como fuente fiscal y reconoció en 1893 ante un vicecónsul inglés que la dominación estadounidense sobre el istmo era inevitable
  4. 04Tomás Herrán — encargado de negocios colombiano que firmó el Tratado Herrán-Hay el 13 de enero de 1903, cuyo rechazo por el Congreso colombiano precipitó la separación de Panamá
  5. 05Panamá — territorio soberano colombiano cuya vocación interoceánica lo convirtió en objeto de disputa entre potencias y cuya separación en 1903 fue el desenlace del proceso canalero
  6. 06Soberanía territorial — concepto central tensionado por cada concesión y prórroga otorgada, erosionado progresivamente desde el Mallarino-Bidlack hasta la separación de 1903
  7. 07Doctrina Monroe — marco geopolítico invocado por Estados Unidos que impidió a Colombia obtener una garantía europea de neutralidad para el canal, según reconoció el propio Núñez
06

Documentos y fragmentos citados

32 documentos · 41 fragmentos

01Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 6651 cita
[1]

unidas sólo por el nudito de tierra que se interpone entre el mar Rojo y el Mediterrá- neo, y como para el hombre en movimiento estas ataduras de la tierra no son sino un estorbo, cortar ese nudo era como lanzar un grito de independencia y libertad. Así lo sintieron los egipcios, los griegos, los asiáticos, desde el…

p. 665
02Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 131 cita
[2]

de Hornos aumentando en 20.000 kilómetros el recorrido, lo cual repercu- tía más que sobre gasto de combustible sobre el aumento del — 12 — tiempo, ya que exigía el 40% más, lo cual es de importancia suma en la actividad del mundo moderno. Todos los puntos que como Panamá podían dominar el co- mercio mundial en todo o…

p. 13
03Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 48, 58, 613 citas
[3]

Estados Unidos, ya que, una vez pudieron desligarse de sus compromisos con Inglaterra, sustituyeron sus clausulas por el tra- tado de Hay-Paucefote de 1901. Y con su firma per- dimos Panama. Proyectos para lograr una via interoceanica Desde los dias del descubrimiento, Panama ya se senalaba en América como la posible…

p. 58
[12]

en las selvas pestilentes del Istmo, atormentados sin descanso por los in- sectos. A ello se agregaba el clima, que ahuyentaba y diezmabaa los trabajadores. A tal punto llegaron las cosas que se pens6 en sustituir a los negros, europeos y americanos con mil chinos traidos de Canton. Pero la experiencia no pudo ser mas…

p. 61
[31]

instante, Herrera comprende que todo esta perdido. Dolido en lo mas profundo de su ser, rompe sobre sus rodillas su es- pada victoriosa y capitula, dejando escapar aquella frase que se ha hecho célebre en los anales de nuestra historia: «La Patria por encima de los par- tidos». El tratado de paz se firma a bordo del…

p. 48
04Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 334, 392, 3973 citas
[4]

el río en canoas hasta Gorgona en verano, y hasta Cru - ces en invierno —ocho leguas—: las ocho restantes hasta Panamá se hacían, a mula, por un camino de tierra, so- portable en verano, espantoso sobre toda ponderación, a causa de los profundos fangales, en invierno. Durante más de tres siglos esta fue la única vía…

p. 334
[9]

fecta igualdad a todas las potencias en el uso del Canal, en paz y en guerra; condiciones que el Congreso colombiano 398 Síndíice Círístc Rcniaó puso, en efecto, a la aprobación, pero que no fueron del agrado de la administración del general Grant. Esta entonces dirigió sus miradas al istmo de Nicara- gua, en donde…

p. 397
[14]

casas de habitación, estudios, etcétera) $ 87.500.000 3.º Excavaciones que aún faltaban (116.903.400 metros cúbicos), a razón de $ 1,25 por metro cúbico $ 146.200.000 4.º Canales de derivación, lago artificial, tajamar en Panamá y Colón, etcétera (suma en extremo baja) $ 40.000.000 5.º Interés sobre $ 100.000.000…

p. 392
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2111 cita
[5]

to the patriot forces.” 4 Colombian independence allowed an opening up of criti- cal Caribbean ports, and British imports flooded Cartagena and Santa Marta. With the British directing New Granada’s foreign trade in the earliest days of the republic, Colombia’s debt mounted, and by the middle of the 1820s, Colombia and…

p. 211
06Viaje a la Sierra Nevada de Santa MartaÉlisée Reclus · 2016 · p. 33, 382 citas
[6]

temible, la de los vapores del lago de Nicara - gua, y aun, gracias a las piraterías de Walker, gracias tam - bién a las intrigas de los plenipotenciarios americanos, que exigían para los Estados Unidos una cuasi soberanía sobre el camino del tránsito, esta competencia ha desaparecido completamente durante algunos…

p. 38
[39]

si Sntan Mnean en el polvo y en el barro; cerdos, perros y hasta corderos devoran innumerables inmundicias que los buitres contem - plan con ojos ávidos desde los tejados; monos amarrados aúllan, papagayos y cotorras lanzan gritos estridentes: es una extraña batahola, en la cual se mezcla uno con cierto pavor. Los…

p. 33
07Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 23, 262 citas
[7]

y comercio, en septiembre de 1849, y además obtuvieron la cesión provi- sional de la isla. Previamente el país del norte había logrado firmar con Colombia el Tratado Mallarino-Bidlack, de amistad, comercio y navegación, el 12 de diciembre de 1846, mediante el cual se aseguraban ventajas en la eventual cons- trucción y…

p. 23
[29]

Su pasado. Su presente. Su Porvenir: Deseaba evitar toda participación de soberanía en la zona del canal […] Esa partici- pación era la debilidad del Tratado Herrán-Hay. Hice entonces una innovación en el derecho internacional. Decidí conceder a los Estados Unidos, en el interior de la zona, todos los derechos,…

p. 26
08Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 1361 cita
[8]

la idea de abrir un canal in- teroceánico volvía a preocupar a las grandes potencias mundiales, pues se veía claro que el ferrocarril trans- ístmico no era sino solución provisio- nal. En Washington, sobre todo, se notó en cierto momento gran ansiedad por apechar y resolver este problema definitivamente, y el…

p. 136
09Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 271 cita
[10]

of sovereignty in the department, rejected a treaty that would have allowed the United States to build the passageway. The following year, a second agreement faltered in the U.S. Senate, which was busy investigating allegations of corruption surrounding the Ulysses S. Grant administration. When Americans turned their…

p. 27
10War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 391 cita
[11]

Railroad Company was a steady supplier of such merchandise, and the proceeds were enough to pay for the company's own small hospital at Colon." In 1879, under the leadership of Ferdinand de Lesseps, the driving spirit in the successful construction of the Suez Canal which was completed in 1 869, a company of French…

p. 39
11Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2751 cita
[13]

busquéis en las estadísticas oficiales, que ocultan esas cosas, sin duda para no turbar la diges- tión de los accionistas europeos. Buscadlo en las cruces de los cementerios, en las fosas comunes repletas, y formaos una idea de la cantidad de bajas en ese pequeño ejército de trabajadores, recordando que muchos…

p. 275
12Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 170, 1812 citas
[15]

a nivel, que uno con esclusas, pero tal alternativa era más costosa y de difícil ejecu- ción. Tales dificultades se reflejaron no sólo en la demora en la construcción, sino en el flujo de ca- pitales que al comienzo fue abundante, pero que poco a poco comenzó a disminuir, lo que obligó a 425 E Junta Revolucionaria de…

p. 181
[18]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
13Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 811 cita
[16]

de Suez, fracasó en su intento ¥ tras sucesivas prórrogas del gobierno colombiano para la entrega de la obra, fue disuelta en 1899. Los franceses, que trataben de proteger su inver sión, constituyeron la Nueva Compa- si de Canal de Paraea: que. permiso esten los traba- hasta e pytera dé cinco mi- Hors de francos. En…

p. 81
14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2701 cita
[17]

el inicio de una guerra civil, en 1899. La “regeneración” política de Colombia inauguró un periodo de hegemonía conservadora durante la presidencia de Rafael Núñez y de Miguel Antonio Caro, quien como vicepresidente estuvo al mando durante las ausencias frecuentes de Núñez, y hubo de reemplazarlo cuando enfermó, en…

p. 270
15El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 5431 cita
[19]

a quedar tan anémico, que la servidumbre se acepta entre las masas con abúlica indife- rencia — aguantando —. Se soporta, se calla de continuo, para de repente volver a vociferar. Más característica es la resistencia que los principios de gobierno de Núñez han encontrado entre los conservadores, buenos católicos y…

p. 543
16El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[20]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
17Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 471 cita
[21]

1 823 habían sido exped idas 170 leyes sob re el impuesto de la sal y que en ese mo- m e nto regían 89. Por un tiempo la renta del Ferrocarril de Panamá fue el t ercer ingreso. No obstante, se convirtió en fu ente de los agravios como pudo comprobarse en los ep isodios de la separac i ón en 1903. La d escentra li…

p. 47
18Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1711 cita
[22]

gobern ó desde un pueblo remoto, pues ■ ai salud le imped í a subir a las alturas de Bogot á. Durante los gobiernos de 1886 a 1898 el gobierno, para obte ner recursos, cre ó un Banco Nacional al que dio el derecho de emi- lir billetes de curso forzoso. Su manejo fue descuidado o ilegal, pero la expansi ó n monetaria…

p. 171
19Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 127, 1742 citas
[23]

ineludible tal desenlace, lo mismo que Núñez. Un vicecónsul inglés en Cartagena repor- tó una conversación con él a principios de 1893, en que le preguntaba si no te- mía que un día los Estados Unidos to- maran el Istmo. «Eso es inevitable —fue la respuesta de Núñez—, ellos tienen que dominar a toda la América, y en…

p. 174
[36]

La expansión norteamericana afec- tó también a Colombia, al estimular la escisión de Panamá, con la finalidad de apoderarse del Canal. La interven- ción norteamericana fue el resultado del fracaso de sus gestiones con Co- lombia para construir un canal. Al ser rechazado por el Congreso colombia- no el tratado…

p. 127
20Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 232, 2362 citas
[24]

p. 32. 214 Part Three. The Winning of the Peace reform forces, especially prominent dissident Conservatives, found themselves on the losing side of the canal treaty debate, they were ultimately able to tum the issue of the loss of Panama, which occurred soon after the Senate's rejection of the treaty, to great…

p. 232
[34]

the New Panama Canal Com- pany and the backing of the United States government. Colombian military and diplomatic efforts to recover the lost department ended in failure, thwarted by United States naval units and Washington policy makers. The loss of Panama was partly a consequence of the War of the Thousand Days, for…

p. 236
21Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 661 cita
[25]

ringleader of both the successful and illegal coup of July 31, 1900, and of the unsuccessful and also illegal coup attempt of August 31, 1901. In spite of all that, Marroquín had the forbearance and good sense to make Martínez Silva head of the diplomatic mission charged with negotiating a Panama canal treaty with the…

p. 66
22Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 811 cita
[26]

desautorizaci ó n oficial de algunas de sus actuacio nes. Negocio de tanta gravedad y que compromet í a intereses tan vitales del pa í s fue dejado en las manos de un secretario, don Tom á s Herr á n, hombre apocado, quien carec í a de suficiente auto ridad y a quien ni siquiera se le contestaban sus notas, ni se le…

p. 81
23Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 1031 cita
[27]

Panamá ” y con sus asesores y los abo- gados de la Compañía del Canal, organizó la compra de autoridades panameñas para la secesión». Los Estados Unidos, «aliado eventual y egoísta», como lo califica Bolívar, que se habían opuesto desde el Congreso de Pa- namá planeado por el Libertador en 1826, a toda posible…

p. 103
24Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · p. 651 cita
[28]

Rapprochement: England and the United States, 18951914 (New York: Atheneum, 1968), 17485; and Charles Campbell, Jr., Anglo-American Understanding, 18981903 (Baltimore: Johns Hopkins, 1957), 186239. 11. The New Panama Canal Company had been organized in October 1894; it gave Colombia 50,000 of its 650,000 shares of…

p. 65
25¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 711 cita
[30]

la presión militar estadounidense sobre el istmo, cuyo comercio no po día detenerse, también los hizo retroceder. Los conservadores históricos, por su parte, hacían su propia lucha al deponer al presidente Manuel Sanclemente en favor del vicepresidente José Manuel Marroquín en julio de 1 900, logrando así recuperar el…

p. 71
26De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 471 cita
[32]

o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una completa exclusión de…

p. 47
27De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 471 cita
[33]

los casos de México o Argentina- fueron reforzadas por el concordato y por un ULTRAINTOLERANClA 48 régimen conservador, rabiosamente antiliberal, que gobernaría al país desde 1885 hasta 1930. y los conservadores gobernaron de manera muy parecida a como lo habían hecho anteriormente los liberales, llevando a cabo una…

p. 47
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[35]

gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…

p. 49
29Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 431 cita
[37]

se construyó un país desde mediados del siglo XIX, y allí se destruyó un país a mediados del siglo XX. Hay que saberlo para entender lo que ocurrió en Colombia en los últimos setenta años, y el modo como se fue gestando la catástrofe. Porque si el triunfo de la Regeneración y de la república conservadora había…

p. 43
30Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 1751 cita
[38]

norteamericanas. Lo que vino lue- go, la pérdida de Panamá, tuvo suficiente elo- cuencia para hablar por sí mismo. Dicho sector del territorio patrio había hecho parte desde los tiempos del virreinato de la Nueva Granada y se había integrado voluntariamente a Colombia desde la tercera década del siglo XIX. Tras la…

p. 175
31Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2381 cita
[40]

el ac- ceso de las tierras bajas al mar sin afectar los costos de transporte entre éstas y las zonas templadas. La distancia económica entre una y otra zonas aumentó de manera especial con el advenimiento de la navega- ción regular a vapor en el Magdalena. Es claro, entonces, que aun sin los importadores de bienes…

p. 238
32Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2651 cita
[41]

temporal de la Compañía, a que el subsidio se redujera a $100.000, el Congreso no aprobó la negociación, y esta suma entró cumplidamente en las arcas públicas hasta 1880. En ese año, y con el objeto de conseguir capital para el Banco Nacional que proyectaba el Gobierno de Rafael Núñez, se negoció un anticipo de la…

p. 265